[Inocentada 2018] La internacional progresista, un gran paso para frenar el fascismo

Desde Regeneración recibimos con esperanzas la noticia de la nueva internacional progresista presentada por Sanders y Varoufakis y hemos recibido las invitaciones formales de Varoufakis y Sanders unos días atrás.

Creemos necesaria que la izquierda tenga un referente a nivel internacional capaz de ser una oposición real al ascenso de la ultraderecha alrededor del mundo. Ante una izquierda aún dividida y una socialdemocracia alineada con el neoliberalismo, es hora de revertir años de retroceso e inoperancia recuperando la verdadera socialdemocracia que describió Rosa Luxemburgo. A la vez, es necesario que recuperemos el discurso de clase que la propia izquierda se ha negado utilizarla, entregando el espacio político a la derecha. Este discurso de clase ha de interpelar a la clase trabajadora y sus condiciones materiales reflejarse en un programa y unas hojas de ruta realistas y realizables, que sirvan como referente no solo para los partidos políticos de izquierda y centro izquierda, sino también para las organizaciones políticas extraparlamentarias de Europa y el mundo, adaptándolo a la coyuntura de cada país y municipio.

Hasta ahora, la izquierda radical en los países del capitalismo tardío, es decir, de Occidente, solo tiene incidencia en lo local y a pequeña escala. Pese a nuestras diferencias con la socialdemocracia, creemos necesario construir un bloque unido de izquierdas como un bloque político confrontado con el bloque político de derechas. De esta manera, se nos abre una ventana de oportunidades para dar el salto de la micropolítica a la macropolítica al tejer alianzas con otras fuerzas políticas que tienen más influencia a nivel de país. También, a partir de estas alianzas, podremos radicalizar esta internacional para no solo recuperar el espíritu original de la socialdemocracia, sino también que la izquierda radical tenga voz en la macropolítica.

Conociendo el peligro de que fracase de nuevo otro «asalto institucional», debería ser clave para las anarquistas formar parte de la Internacional para proponer la necesidad de tener un pie en las calles y centros de trabajo, de manera que mantengamos la movilización social en las calles potenciando las organizaciones sociales ya existentes. Tener una fuerza electoral que capte los votos descontentos de la población es importante para frenar el avance de la derecha en las instituciones con el fin de impedir que sigan recortando en derechos sociales y difundiendo mensajes de odio. No obstante, no todo debe quedarse en lo institucional, y los programas radicales serán papel mojado si no hay presión social desde las calles. Es por esta razón por la que hace falta que estemos las libertarias, para equilibrar la balanza entre lo institucional y la calle.

Por ello, estamos en contacto con la internacional progresista para compartir material que quieran publicar así como que puedan empaparse de las ideas libertarias. Como propósito de año nuevo, consideramos participar en la internacional con el fin de frenar el fascismo que está creciendo prácicamente sin una oposición real. Es un desafío que nos concierne a todas.

Mitos del ‘paraíso nórdico’: ser trabajador inmigrante en Dinamarca

Artículo publicado por ‘Victor Stanzyk’ originalmente en Izquierda Diario

 

Cuando uno se ve forzado a buscar trabajo fuera de España, entre los candidatos más recurrentes suelen estar los países nórdicos. No se escatima en halagos cuando se habla del éxito que el capitalismo, con una férrea intervención estatal, ha tenido en esos lares. Se ven como la consolidación de un Estado de bienestar y los resultados, al menos en apariencia, resultan incomparables: desempleo bajo (frente al 16.4% de España, Noruega: 4%, Suecia 6.5% y Dinamarca 5.1%); servicios públicos de calidad y gestionados por el Estado (Finlandia y Dinamarca invierten casi el 53% de su PIB en los recursos públicos, en contraposición con España, que se limita a un 40%) y modelos de gestión laboral que flexibilizan y protegen el trabajo tanto como fomentan la inversión extranjera.

En esto último, el modelo de flexiseguridad danés, país que tomaré como caso paradigmático, ha sido un referente. En el aspecto laboral, se crea un mercado flexible que permita a los trabajadores una ‘adaptación constante’, sin por ello reducir la protección social, lo cual genera una mano de obra muy cualificada. Por otra parte, se fomenta la inversión extranjera con impuestos fiscales bajos, dinero que se recupera en los impuestos al consumo.

Si confiamos en los números y comparamos estos baremos con otros países de la CE podría llegarse a la conclusión de que el Báltico es la nueva fuente de la vida eterna y Escandinavia, un nuevo Edén. Sin embargo, basta analizar la realidad social y la política de un país como Dinamarca para ver que de este oro sólo relucen las cifras; y los mitos que los mismos imperialistas narran sólo se los creen la derecha y la izquierda reformista más abnegada.

La derecha se abre paso: Políticas xenófobas y nacionalistas

La llegada al poder de Donald Trump ha sido una expresión de una crisis política global acaecida tras el periodo de recesión económica. Lo que al principio se tradujo en una alianza económica mundial ha concluido en una defensa a ultranza de la frontera. El barco se hunde y cada Estado lucha por no ser el primero en ahogarse. Esta tendencia se ha traducido en Europa con el auge de partidos de derecha nacionalista, y Dinamarca, Escandinavia en general, no ha sido una excepción. Los países nórdicos se han situado en el ojo del huracán mediático con sus intransigentes políticas nacional-conservadoras llevadas cabo por sus frentes de derecha.

En el caso que nos ocupa, el Partido Popular Danés (Dansk Folkeparti), dirigido por Kristian Thulesen Dahl, sigue la estela del sueco Björn Söder o del finlandés Timo Soini, o si se quiere de la francesa Marine Le Pen. El atentado de Copenhague en mayo de 2015 (un mes antes de las elecciones) constituyó el último envite para un discurso que ganó notoriedad con la oleada de refugiados y las medidas proteccionistas posteriores a la crisis de 2007. De tendencia xenófoba y ultranacionalista, se convirtió en la primera fuerza política en el parlamento danés, pese a ceder el cargo de primer ministro a Lars Løkke Rasmussen, del Venstre (Partido Liberal Danés), quien gobierna en coalición además con demócratas-cristianos y la Alianza Liberal.

La influencia del PPD ha sido decisiva para un rotundo giro a la derecha en el ya de por sí conservador gobierno del Venstre. Además de acentuar los recortes que el Venstre había llevado a cabo durante sus numerosas legislaturas, ha dejado su propia marca anti-inmigración. Respecto a los refugiados, Dinamarca dista mucho de haber cumplido su cuota exigida por la UE. La ministra de Integración, Inger Stoejberg, aseguró que Dinamarca «no quiere comprometerse» con ningún objetivo humanitario, teniendo tal exigencia como «intransigente» en materia de inmigración. Esto se ha materializado en brutales medidas disuasorias. La más famosa de ellas es la llamada Ley de Joyas, que estipula que ningún refugiado puede cruzar la frontera sin desprenderse de sus bienes hasta un valor de 1.340 euros, según el gobierno, para «sufragar gastos». A esto hay que analizar los obstáculos puestos para la reunificación familiar, recortes en los presupuestos para ayudar a los refugiados y las infrahumanas infraestructuras para su recepción, que carecen incluso de edificaciones aptas para el alojamiento. Basta analizar el fracaso de esta sangrante recolecta (apenas han logrado recaudar 118.000 euros) y la caída en picado de las solicitudes de asilo (un 70% menos) para confirmar, si es que hacía falta, que estas políticas xenófobas tenían como único objetivo impedir la entrada por la fuerza a los refugiados (aun a pesar de mostrar su apoyo a los recientes bombardeos y contribuir económica y militarmente a la guerra de Siria).

Mano de obra barata y xenofobia

No obstante, los refugiados no son una excepción. Las políticas de inmigración contrastan con las estadísticas del país. En efecto, hay pleno empleo, los trabajadores están protegidos laboralmente y se invierte en su esperanza de vida laboral. Pero en lo que respecta sólo a los sectores más privilegiados de los trabajadores daneses, los cuales se benefician de estas prestaciones. Teniendo en cuenta que Dinamarca es un país con apenas seis millones de habitantes, el gobierno cae en una contradicción. Por un lado, defender su frontera y el trabajo nacional frente al extranjero; por otro, Dinamarca necesita mano de obra que no duda en traer de otros países europeos (para empresas igualmente foráneas, por cierto).

Detrás de las restricciones de inmigración hay una clara política económica para sacar beneficio de la mano de obra, tal y como no tiene vergüenza en reconocer Kristian Jensen, ministro de Hacienda: «La inmigración puede ser un buen negocio para las finanzas del gobierno, siempre y cuando la gente quiera trabajar. Si la inmigración no se relaciona con el mercado de trabajo, es un mal negocio». Las cifras antes citadas no carecen de sentido, pero no son una radiografía de la realidad. Los éxitos recaudados por la planificación danesa sólo es uno de los ángulos de un espejo curvo que, visto en su totalidad, nos muestra un monstruo deforme afectado de nacionalismo y un racismo imperialista de la peor clase.

En este hacer tienen un fundamental papel los dirigentes sindicales, sin los cuales, el modelo económico de Dinamarca no se sostendría. El modelo de flexiseguridad requiere de una dirección obrera con la que negociar las condiciones laborales del país a nivel estructural. Dinamarca es un país que tiene un salario medio (una media aritmética de los salarios), pero no un salario mínimo. Lo que cobra un trabajador no está estipulado por ley (la cual regula los marcos de negociación) sino que está concretado según los convenios firmados con los sindicatos de cada sector, siendo los más fuertes los relacionados con la metalurgia y la construcción.

Dos aspectos marcan la vida del trabajador: la primera, el sindicato posee un poder político y estructural mayor que en otros países, como por ejemplo España, lo que hace que las negociaciones tengan mucho peso y la dirección responda «debidamente» a los trabajadores (en 2013 la afiliación estaba por encima del 65%, mientras que en España es de casi un 18%, aproximadamente la media de Europa). La política nacional tiene por lema el consenso (todos los partidos se enorgullecen de que la nación se sostenga también gracias al pluralismo democrático); y los sindicatos se hacen eco de esta tendencia: impiden cualquier movimiento que ponga en peligro el status quo que, aunque más favorable que en otros Estados hacia el trabajador nacional, no deja de condenar a la opresión a miles de trabajadores siendo los inmigrantes los más afectados.

El segundo aspecto viene dado de la relación entre los trabajadores subsumidos por los sindicatos y aquellos que no lo están, especialmente inmigrantes que, dadas las dificultades para obtener la residencia y el permiso de trabajo, carece de esta protección. Quedan fuera de los convenios daneses y de la ley del trabajo danés, de forma que se entregan a la voracidad de las empresas, llegando a cobrar en ocasiones cinco veces menos que un trabajador profesional por el mismo trabajo (el sindicato 3F ofrece asesorías gratuitas a trabajadores extranjeros, pero carece de ningún tipo de perspectiva política y es más una oficina de turismo laboral que otra cosa).

Una clase obrera dividida: solo ganan ellos

La conclusión es una clase obrera divida. Los sindicatos y el gobierno amparan a los trabajadores nacionales frente a los extranjeros, favoreciendo tanto directa como indirectamente las políticas xenófobas del gobierno danés. Se abre una brecha en la conciencia de la clase trabajadora muy difícil de eludir y que funciona como obstáculo para cualquier intento de unificación de clase. Los inmigrantes, así, se convierten en una piedra angular para articular cualquier reivindicación política en tanto que su conciencia en tanto que trabajadores no está articulada a través de los sindicatos daneses.

No obstante, esta división no deja de ser un instrumento de los capitalistas para maximizar ganancias. El gobierno danés, sin duda, ubica a los inmigrantes como enemigos. Ello no quita que no escatime en ataques contra la clase trabajadora en su totalidad. En los últimos años, el gobierno ha reducido los impuestos para motivar la inversión privada en el mercado laboral y socavar las bases del Estado de bienestar. Dicha bajada de impuestos va en detrimento de los sectores públicos y pretende liberalizar el mercado de manera que acepte más trabajadores extranjeros y aumenten, a su vez, las horas de trabajo. De esta manera, la reforma favorece antes los planes de jubilación que la cotización de las pensiones. Reducir los impuestos para incentivar la mano de obra extranjera no puede concurrir más que en perjuicio de los trabajadores nacionales, quienes, en vez de reconocer un ataque por parte de una burguesía ultraconservadora e imperialista, arremeten contra los inmigrantes.

Las políticas de inmigración del gobierno danés acompañadas de su planificación laboral, o más bien desplanificación laboral al crear un campo en el cual las empresas y los sindicatos pueden negociar libremente, crea una clase obrera corporativa que percibe sus condiciones objetivas radicalmente distintas de sus compañeros extranjeros. La polarización social que genera el estado de bienestar danés y la realidad de sus cloacas tiene como conclusión una clase obrera nativa abocada a la atomización.

Desde luego, el envés positivo es que existe una conciencia muy fuerte respecto a las condiciones laborales a defender. Pero ahí se queda todo, en una posición defensiva y sesgada que si no cambia no tiene horizonte de éxito. Los sindicatos se sientan en la mesa de negociación con el único fin de afianzar su posición privilegiada.

La política, reformista y más cívica que de clase, de la Alianza Roji-Verde no logró frenar el discurso del PPD. Una vez más, el conservador y huero proyecto de construir una democracia ciudadana y subirse al barco parlamentario a la espera de que los vientos soplen a otro rumbo en los gobiernos constituidos de derechas, demuestra ser una vía nefasta e irreal, un olvido de la lucha de clases y de toda perspectiva de superación política. Pese a las denuncias que pudieran hacer a un gobierno que ha reducido en un 25% el salario de los trabajadores públicos, que la diferencia salarial entre hombres y mujeres sea de un 18% o que se acentúa cada vez más la precariedad, la falta de análisis y método pasa factura a las mejores intenciones. Aferrarse a la subida nimia de votos en las últimas elecciones del 2015 respecto del 2011 (1%), como si de una victoria se tratara, es la ceguera agridulce de quien actúa sin orden ni concierto. Como he pretendido hacer ver, en lugar de polarizar más la situación, apoyando la actividad en la clase trabajadora más pauperizada (los inmigrantes) de forma que impulsen la lucha contra su miseria y buscando la unidad con los trabajadores nativos, es el sopor político la bandera que airean. En un país donde las condiciones objetivas pudieran resultar abrumadoramente favorables, donde los caudales de acción tienen una gran infraestructura, de nuevo es la dirección la que prefiere el terciopelo de la complacencia en lugar de la grava de la lucha. He aquí una traición que no se dirige sólo a sus propios militantes y trabajadores, sino también a los miles de inmigrantes que año tras año cruzan la frontera danesa para sobrevivir y a los miles de refugiados que no pueden siquiera soñar con ello.

Islam, democracia y ultraislamismo: lo que no quisimos aprender en Chechenia

Con la guerra en Siria, se habla intermitentemente de Rusia como potencia que no se resigna a dejar de serlo. Hay incluso quienes, llevando el antiimperialismo por religión más que por posicionamiento moral y político, quieren ver en ella una esperanza en forma de contrapeso al eje Washington-Tel-Aviv (pero ¿alguien ve Burger King como un contrapeso a McDonald’s?). Esto va en alguna ocasión de la mano de alusiones a los miembros chechenos de la oposición yihadista al régimen sirio, pero a los menores de treinta años esto de Chechenia no parece sonarles mucho –ni a los mayores importarles–. Si hay una región con motivos para recordar la historia reciente de Chechenia, probablemente sea la española, pero, teniendo en cuenta el desinterés de nuestras paisanas por la historia del suelo que pisan, esperar nuestro interés por ese pequeño país del Cáucaso sería mucho esperar.

Cheche… ¿qué?

Imaginad un estado de una superficie como la mitad de Cataluña o el doble de la provincia de Madrid que en la década de 1990 tenía un millón de habitantes. Imaginad el resto de la Federación Rusa, mil veces más grande –literalmente– y ciento cincuenta veces más poblada. Imaginad las ganas que tenían las chechenas, un pueblo de pequeñas campesinas y ganaderas mayoritariamente musulmanas, de ser anexionadas por Rusia en el siglo XIX, teniendo en cuenta que la invasión empezó en 1819 y no pudo completarse hasta entrada la década de 1860. Imaginad un bandolerismo nacionalista –supervivencia armada contra el Estado que ha usurpado su soberanía y contra los colonos y colaboracionistas que han usurpado sus mejores tierras– que entroncará con todos los levantamientos nacionalistas posteriores. Imaginad que con la revolución bolchevique hay una fuerte esperanza en el colectivismo, pero también cierta desconfianza por el origen de ese colectivismo: mayoritariamente de fuera, de las grandes ciudades eslavas, industrializadoras y desconocedoras de la idiosincrasia chechena. Imaginad una integración en la URSS más tolerada a desgana que acompañada con entusiasmo y uno de cuyos principales valedores, Mirsaid Sultan-Galiev (representante musulmán en el Comisariado popular para las nacionalidades, presidido por Stalin, encargado de la estrategia para llevar el leninismo a la comunidad musulmana), sería depurado en 1923, detenido en 1923, 1928-1931 y 1937-1940 y fusilado en este último año. Imaginad tensiones crecientes bajo el liderazgo de Stalin, desengaño ante la promesa incumplida de un mayor autogobierno, persecución de los líderes informales de la comunidad y de los líderes religiosos. Imaginad a toda la población chechena evacuada a la fuerza a Qazaqstán y Siberia en el invierno de 1944 (todavía se debate si el pueblo de Jaibaj fue deliberadamente borrado del mapa o la muerte de sus setecientas habitantes fue un cúmulo de torpezas y desgracias), acusada de traición colectiva por la supuesta intención de algunos de sus líderes de colaborar con el nazismo. Imaginad a esa población, como la armenia de Turquía en la primera guerra mundial, diezmada por la deportación: por sus condiciones y por el asesinato de quienes se resistían, imaginadla recibida en su destino como una horda de reos filonazis y autorizada a volver a su tierra sólo con la desestalinización. Imaginad un retorno a la normalidad considerado una amnistía de esa traición colectiva que las chechenas y otras minorías habrían cometido durante la «gran guerra patria»: sin reconocimiento del crimen sufrido, sin repatriación organizada, sin derecho a volver a sus casas y tierras más que comprándolas, inhabilitadas para algunos trabajos y funciones públicas, teniendo que padecer cuatro días de pogrom anticaucásico en 1958. Imaginad otros treinta y cinco años de integración a desgana.

Más recientemente.

Con el fin de la URSS y en paralelo a otras partes de la Unión, varias cosas se constatan en Chechenia: existen líderes del viejo sistema que quieren encabezar una nueva etapa (empezando por el capitán de aviación D. Dudaiev y A. Masjadov, en el caso checheno), el sistema no ha permeado tanto como cabría pensar las mentalidades de la población indígena (cuya identidad está marcada, sobre todo, por hasta siete círculos de entramado social en red, de la familia nuclear al país, pasando por el clan, etc. y antes por la región norcaucásica que por el nacional-cosmopolitismo de la URSS/Rusia) y se dice que las redes de la economía informal –contrabando, tráfico, etc., históricamente vinculados al bandolerismo nacionalista, los abrek– están generando, junto al renacer nacionalista, un submundo capaz de convertirse en un equivalente checheno de la mafia siciliana, al calor del recién llegado liberalismo (la obshina o «comunidad», supuestamente creada por chechenos de Moscú con lazos en su tierra).

El 6 de septiembre de 1991, Chechenia se declara independiente y se encuentra con una actitud de no-reconocimiento y no-agresión por parte de la URSS, a la que quedan menos de cuatro meses de vida. En los años que siguen, se extienden por la ex-URSS los rumores que subrayan esa idea de la mafia nacionalista y los que dicen que la población de habla rusa estaría siendo progresivamente marginada, acosada y extorsionada por la mayoría chechena y viéndose forzada a un exilio cada vez mayor. No hay datos que lo demuestren, pero sí parece que hubo emigración rusohablante, como en otras partes de la ex-Unión, y que tuvo que ver con la desindustrialización y el paro que provocó, pero también mucho con la (in)seguridad: la transición de la URSS a la Chechenia independiente no estuvo muy organizada, lo cual significó, en lo represivo, que, cuando no existían esos lazos sociales tradicionales –es decir, sobre todo para población rusohablante y urbanita–, ser víctima de un delito era mucho más fácil. También se habla de chechenos que habrían combatido al ejército rojo en Afganistán, junto a los muŷahidin más o menos islamistas de medio mundo, algunos de los cuales, a su vez, habrían combatido después con Azerbaiyán contra los independentistas proarmenios del Alto Karabaj y contra Yugoslavia y Croacia en Bosnia.

Esta situación con respecto a la Federación Rusa prosigue hasta que, en diciembre de 1994, la Federación lanza una guerra que se revelará infructuosa y concluirá, en el verano de 1996, con el acuerdo de paz de Jasav-Yurt y la salida del ejército ruso de Chechenia.

Habían muerto entre setenta y tres mil y noventa mil mil chechenas (entre ellas, el presidente Dudaiev, al que mató un misil ruso) y más de cinco mil rusas, pero se ganó la guerra y se ganó la paz.

Desinterés internacional.

Decíamos que sólo la F. Rusa se interesó por Chechenia, para intentar invadirla, concretamente, así que, en tiempos de paz, nadie se interesó por el pequeño país norcaucásico.
¿Nadie? En realidad, hay un estado al que parece interesar cualquier país de mayoría musulmana e incluso la comunidad musulmana de cualquier país: Arabia Saudí. Explicar la historia de dicho país sería extenso y desbordaría tanto este artículo como nuestra capacidad, así que nos centraremos en señalar lo más importante y reciente. Arabia Saudí, monarquía absoluta que hasta en su nombre lleva la preponderancia de la familia real, los Saud, es un importante aliado regional de EEUU y su bloque por al menos dos motivos: 1) es el mayor productor mundial de petróleo y 2) no sólo no representa un modelo político próximo-oriental alternativo a Israel, sino que lleva desde 1967 sin atacar a dicho país, pese a que no ha dejado de ocupar los dos islotes que Arabia Saudía tenía junto al golfo de Aqaba. Además, esta petromonarquía se sitúa en la interpretación wahhabita del Islam, una rama reciente (siglo XVIII) con una visión taqfirista (sectaria), misántropa y violenta de la religión que sólo comparten Qatar y uno de los Emiratos Árabes Unidos y que Arabia Saudí ha intentado exportar con la ayuda del abundante capital que genera su petróleo.

Si en 1952-1970 su gran enemigo fue el nasserismo, laico y panarabista, desde 1979 es el Irán de los ayatollahs. En primer lugar, por sus respectivos roles en la tradición musulmana (islam sunní contra islam shií), pero, sobre todo, por el carácter del régimen iraní, menos clasista y más basado en la idea de la soberanía popular y por su capacidad para influir en países con exponentes de ambas comunidades como Iraq o, más aún, el Líbano, donde los admiradores del Irán reciente (Hezbollah) se han ido convirtiendo en un referente realmente nacional y antisionista mientras Arabia Saudí, que promueve el odio a toda la comunidad judía sin dejar por ello de convivir pacíficamente con el sionismo, financia a todo el campo contrario, desde la derecha cristiana hasta los yihadistas. El enfrentamiento, decíamos, empieza con la revolución de 1979, que es también el año en que la CIA aprueba apoyar (armas, instrucción, etc.) a los taliban mientras Arabia Saudí los adoctrina en lo religioso-político, todo ello en paralelo la construcción del aparato propagandístico wahhabita. En 1978 fundan el periódico Ash-Sharq al-Awsat, en 1988 compran el veterano Al-Hayat y en 1991 fundan con los EAU el grupo MBC (Middle East Broadcasting Corporation) que desde 2003 incluye la cadena de informativos 24 h/día por satélite Al-Arabiyya, competidora directa de la qatarí Al-Jazeera (en aquel entonces, una prestigiosa televisión). Ofrecen en sus universidades una formación que permite a los teólogos de cualquier país volver a a él explicando las bondades del wahhabismo y proliferan también las mezquitas financiadas por aquel estado, con imanes seleccionados por ellos, y, desde la década de 1990, el sector más fanático se aseguraría de disponer de agentes en cada embajada saudí.

El 27 de enero de 1997 tienen lugar las últimas elecciones normales en Chechenia hasta la fecha. Decimos que fueron normales en cuanto a que no tenían lugar bajo ocupación, pero hablamos de unas elecciones medio año después de una guerra en la que ocho o nueve de cada cien habitantes han muerto y otras muchas miles se han ido del país o siguen desplazadas en su interior, y en las que las candidatas prorrusas no están permitidas. Dentro de esos condicionantes, los resultados son claros: el primer ministro Masjadov recibe el 59% de los votos y el militar Shamil Basaiev (el más destacado de esos muŷahidin que mencionábamos), el 23,5%, dejando menos del 18% para todos los demás candidatos, incluido el jefe de estado en funciones, Iandarbiyev.

En la Federación Rusa, como en el resto de la antigua URSS, florece el libre mercado y, con él, proliferan la opulencia y la pobreza, el paro y la economía informal, incluida una vasta red de crimen organizado. No está clara la relación entre las autoridades y este mundo, pero huelga decir que nadie tiene más facilidades para ejercerlo o encubrirlo que quienes disponen de poder institucional. En torno a la primera guerra chechena, como pasaría en la segunda, abundan las historias sobre militares rusos que habrían aprovechado el ser enviados a Chechenia para todo tipo de negocios y contrabandos (empezando por el de petróleo, abundante para la pequeña superficie del país). De hecho, si bien hemos mencionado a la supuesta obshina, en la Rusia postsoviética se habla de todo tipo de mafias, con mayor o menor componente étnico, y de la consolidación como estado dentro del Estado, como Estado profundo, de los llamados siloviki: funcionarios militares, policiales y del FSB (Servicio Federal de Seguridad, ex-KGB) capaces de comprar o coaccionar políticos electos, jueces o periodistas. Abundando en esto, entre 1998 y 1999, los agentes de una unidad especial del FSB salen a la luz para denunciar que se les está encargando, aseguran, que intimiden o asesinen a personajes que molestan a sus superiores mientras se normaliza el que ellos (los agentes secretos) ganen dinero extorsionando a pequeños empresarios.
En paralelo, la proliferación de armas favorecida por la primera guerra facilita la proliferación de delitos, especialmente de secuestros y atracos y la presión de un lobby integrista minoritario en la calle, pero bien situado en las instituciones –empezando por el propagandista Movadi Uduglov y por Shamil Basaiev– consigue que en febrero de 1999, Masjadov quiera proclamar Chechenia república islámica e implementar la ley islámica. Un intento de desarmar a ese lobby integrista que no ayudaba a la credibilidad internacional de la pequeña república y obligaba al parlamento a desautorizarle.

Entre el 4 y el 22 de septiembre de 1999, poco después de un ataque a Daguestán dirigido por Basaiev y a meses de las elecciones presidenciales en que el heredero político de Ieltsin será Vladimir Putin, ministro de Defensa, estallan bombas en edificios de viviendas de Moscú y otras ciudades rusas, con 293 personas muertas y más de mil heridas. Desde el FSB apuntan al Cáucaso norte y suenan tambores de guerra: hay que invadir Chechenia de nuevo.

El agente M. Trepashkin, también del FSB, encuentra indicios de que los atentados de septiembre podrían ser obra del propio FSB, pero no es escuchado y pronto será apartado del caso y del Servicio y, cuando colabore como abogado con las familias de las víctimas, será acusado de distintos delitos con tal de quitarlo de en medio. Dos cosas han cambiado: Rusia no quiere empantanarse como en ocasiones precedentes o como EEUU en Vietnam y no está asegurada la sucesión de Ieltsin por Putin, encarnación de los siloviki como ex-agente del KGB y el FSB que es. Así pues, Putin ganará la mayor parte de sus galones electorales capitaneando esta guerra que se basará aún más en destrozar moral y materialmente a las chechenas: si la especialidad chechena es la guerra de guerrillas (apoyo popular, conocimiento del medio y explotación de las debilidades del invasor), Rusia les dará el triple de tropa que atacar (140.000 efectivos) y, sobre todo, precedida y acompañada de mucha más artillería.

Padre, en tus manos nos encomendamos.

A finales de diciembre, la Federación Rusa toma el control de Grozni (ruinas y poco más) y, en mayo de 2000, restablece oficialmente el gobierno directo sobre la pequeña república caucásica. Unas ciento veinte mil de sus habitantes habían muerto en esta segunda guerra, había casi un soldado ocupante por cada tres ocupadas y el parlamento checheno pasaba a la clandestinidad.

Desde 2000, esas serían las opciones. El único interés internacional fue el proselitismo ultra de Arabia Saudí y la implicación de Turquía (recordémoslo: socia de la OTAN, aliada euro-estadounidense) como principal país de asilo de exiliadas chechenas y principal suministrador de contratas para la reconstrucción del país. Para colmo, esas contratas se hicieron sobre todo con mano de obra turca, por lo que apenas revirtió en puestos de trabajo para la población chechena. De cada cinco chechenas, sólo una tiene trabajo a tiempo completo.

Ante la integración de la gran mayoría en ese régimen de ocupación y la actuación, cada vez mayor, de las colaboracionistas kadirovistas en la represión (secuestros, asesinatos, saqueos), la minoría resistente, muchas de cuyas integrantes habían perdido a familiares y cercanas en las dos guerras, dieron por perdida la república chechena y, encontrando alguna solidaridad en las otras etnias norcaucásicas de mayoría musulmana (daguestaníes, cherkeses, avaras, kabardinas, etc.) abandonaron su religiosidad tradicional –generalmente sufí– y se echaron en brazos de esa otra importada del golfo Pérsico, extrema y extremista. Masjadov había muerto en combate en 2005 y su sucesor, Abdul-Halim Sadulaiev, con un perfil político más religioso, buscó hacer frente común con otros grupos musulmanes anti-rusos del Cáucaso; murió en otra operación militar rusa en 2006. Su sucesor, Dokka Umarov, proclamaría el Emirato del Cáucaso Norte en 2007, encomendándose a Dios y dando por muerta la república chechena y la mera noción de soberanía nacional; se llevaba consigo a la mayor parte de combatientes. La mayoría de la población que no ha muerto en las guerras ni elegido la emigración ha tenido que elegir entre la integración en el régimen kadirovista o en la insurgencia yihadista (recientemente dividida, a su vez, entre este emirato o el califato de Raqqa). Las noticias de la verdadera Resistencia chechena, sea del parlamento clandestino o de los pocos boivikii (combatientes no yihadistas) que quedan, son escasas y confusas, y ni siquiera tenemos constancia de otras formas de resistencia al invasor.

Lo que no quisimos aprender.

Igual que España fue abandonada en 1939, igual que lo fue después Palestina, así lo fue Chechenia (como después le llegaría el turno a Iraq). No hubo derecho internacional que valiera, no hubo más ley que la ley del más fuerte. Síndrome de Estocolmo colectivo, la población española, en general, aceptó el régimen del vencedor o las opciones disidentes que querían pactar con él. En Palestina, donde la integración en el régimen enemigo no se ha conseguido normalizar, se ha torpedeado desde Israel y desde la llamada «comunidad internacional» (EEUU y amigos, ante todo) a la Resistencia y, al macerarse esta –mayoritariamente laica– en sus errores, crímenes y contradicciones, se ha conseguido favorecer el auge de un integrismo de importación que ya es electoralmente mayoritario en Gaza y se ve pujante en Cisjordania. (En la foto, el líder pactista de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, con el presidente colaboracionista checheno, Ramzan Kadirov.) Para algunos aprendices de brujo, Hamas es algo que se les ha ido de las manos y que, para colmo, no deja de ser una organización nacional que realmente responde antes a las claves de la política palestina que a la nostalgia de los tiempos del profeta Muhammad.

Con Chechenia, la cosa ha salido mejor. No hay, que sepamos, un equivalente checheno de Hamas, no digamos un equivalente de lo que en su día fueron el FPLP y demás. La internacional del liberalismo, donde sólo algunas han usado a Chechenia como arma antirrusa por simpatía atlantista, en general la olvidó. La internacional de la nostalgia stalinista también la olvidó y algunas de sus exponentes, desamparadas con el desmorone de cualquier régimen que les sirviera de faro en las últimas décadas, obsesionadas con la geopolítica y los estados-nación (daría para varios artículos la convergencia de algunas, en el nacionalismo y el complotismo, con la ultraderecha) ahora la considera un símbolo del mal menor ruso frente al yihadismo y a su protector, el mal mayor yanqui-sionista, el único imperialismo que su visión sesgada le permite ver. Da igual si Lenin se apoyó en el imperialismo alemán para volver a Rusia, da igual si la URSS pactó con la Alemania nazi incluso la entrega de refugiadas antifascistas, da igual su ataque a Finlandia (1939-40), su invasión de Estonia, Letonia y Lituania (1940), sus posteriores pactos con EEUU y Reino Unido en la segunda guerra mundial o su injerencia en los países ocupados (1945-55) de Europa del este y central, así como sus invasiones de Hungría (1956) y Checoslovaquia (1968), da igual la guerra sino-soviética de 1969, el ataque chino a Vietnam (1979) o su apoyo a las milicias antivietnamitas en Camboya (Jmeres Rojos) y Laos (Frente de Liberación Nacional Lao), que para ellas no hubo imperialismos ni intervencionismos soviético ni chino, no lo puede haber ruso y, si lo puede haber turco o puede haber expansionismo wahhabita, es sólo dentro del imperialismo estadounidense.

No podemos evitar detenernos en este tema, y hacerlo tanto, porque es un problema recurrente y que parece irresoluble: no basta con abordar un problema, hay que desarmar esas trampas que son las falsas soluciones. Si ya sabíamos que poca cosa se podía esperar del liberalismo o de las distintas capillas de la ultraderecha –donde, en esto, como en el Donbass o en Palestina, hay posiciones para todos los gustos–, esperábamos que al menos las que se llaman a sí mismas marxistas-leninistas hicieran el mínimo esfuerzo de intentar ser materialistas y partir de los hechos para llegar luego a las valoraciones, en lugar de establecer valoraciones primero y tratar luego a los hechos consecuentemente, como algunas, nos tememos, hacen. Afortunadamente, no es el caso de todas, pero con algunas sí vemos cómo la historia se repite y el pueblo de turno (españolas, chechenas, kurdas… poco importa) es acusada y condenada de estar en el lado que no debían de esa frontera que separa a las buenas de las malas en el imaginario mundo bipolar.

Enlaces del mes: Junio 2016

Como cada mes, recogemos aquellos artículos de otros medios que nos han parecido de interés. Entre principios y mediados de mes leíamos que la Audiencia Nacional acusa a la empresa Acuamed, entre otras cosas, de planear un vertido de ácido clorhídrico en el río Ebro, a beneficio de la poderosa FCC de Florentino Pérez.

También de la AN llegaba la noticia del archivo de la causa contra las nueve personas detenidas en la «operación Pandora II», una operación que no tenía más objetivo que criminalizarnos y golpearnos. Aquí textos en catalán y castellano.

Sin salir del ámbito estatal, tres textos nos parecieron especialmente para entender las relaciones entre los nuevos dirigentes de los ayuntamientos y el conjunto de la población: el que dedicó un miembro de la CGT del metro de Barcelona a la gestión de su conflicto por Barcelona en Comú, o este del periodista Iker Armentia sobre el clasismo de izquierdas el cual asume mediante tópicos que los votantes del PP son idiotas, obviando que los votos vienen de las clases altas y el miedo a Podemos mayoritariamente. Y uno del profesor de filosofía Pablo Lópiz que pretendía hacer balance del primer año de los llamados «ayuntamientos del cambio».

En el plano internacional, un bar frecuentado por la comunidad LGBT de Orlando (EEUU) fue escenario de una matanza con un balance de unos 50 asesinados y asesinada (texto en inglés) que recibió mucha más atención que la ocurrida en Xalapa (México), donde hombres armados, posiblemente en el contexto de la guerra por el control de las drogas ilegales, dispararon contra decenas de personas, de las que cinco murieron y más resultaron heridas.

Por último, se ha publicado recientemente la transcripción (traducida al castellano) de las respuestas que dio Noam Chomsky en 2010 a varias preguntas sobre el movimiento anarquista de nuestro tiempo.

Crónica de la feria del libro anarquista en Dublín

El pasado día 16 de abril tuvo lugar en Dublín la feria del libro anarquista organizada por el WSM (Workers Solidarity Movement), organización anarquista de Irlanda. En ese día, a su vez, hubo multitud de charlas a las cuales no asistí a todas, sino a las que pude ya que las hubo simultáneas durante la misma jornada de mañana. Voy a narrar los acontecimientos en orden cronológico y desde mi experiencia personal estos dos días en que estuve en Dublín. Siendo sincero, no pude entender el 100% de lo que dijeron en las charlas ya que apenas llevo dos semanas por estas tierras y aún tengo que mejorar mi inglés.

El día anterior a las 19:30, asistí a una charla sobre los acontecimientos en Rojava donde estaban de ponentes Janet Biehl y unos kurdos. En ella, comentaron las influencias de Bookchin sobre el Confederalismo Democrático como proyecto político para el pueblo kurdo y Oriente Próximo. También explicaron cómo se estructuraba socialmente, la administración democrática, el contrato social y el TEV-DEM como movimiento social amplio. Como habremos leído en otras ocasiones, esta nueva administración tiene como bases las comunas y cooperativas gestionadas asambleariamente; este proyecto tiene carácter laico y multiétnico, lo cual, todas las etnias tienen voz y voto en las asambleas y pueden profesar su fe libremente. No han comentado demasiado acerca de las YPG. Luego, una representante del Congreso de Mujeres Libres (KJA por sus siglas en kurdo) nos presentó su organización y las áreas en que trabaja, tales como en la economía, la política, lo social, la diplomacia, los derechos humanos, la autodefensa y la lucha contra la violencia machista, la ecología, los medios de comunicación y prensa, etc. El KJA es afín al proyecto político promovido por el PKK, considerando la liberación de la mujer una cuestión crucial para la revolución. Tienen su sede en Diyarbakir y aquí tenéis más información. En Rojava, mencionaron a la Fundación de Mujeres Libres en Rojava (WJAR), la cual promueve la mejora de la participación de la mujer en diversas áreas, y se involucra en proyectos cuyas actoras principales son mujeres, tales como de aperturas de centros de salud, cooperativas, parques, villas, etc…

La charla fue bastante concurrida, hubo alrededor de 100 personas aproximadamente, y el acto terminó un poco tarde debido a que la gente preguntaba bastantes cosas. Tras acabar, tuve la suerte de poder dormir en casa de unos kurdos.

Al día siguiente, fui a la feria como tal y ahí he visto puestos del propio WSM, de AF(Anarchist Federation), IWW, AK Press y otros tantos más que se pueden ver en el post de la página web del WSM. Los libros que adquirí finalmente fueron: «The adventures of Tintin – Breaking Free», «The anarchist movement in Japan» y «Myths and memories of the Easter Rising», además de materiales sueltos gratuitos que he ido pillando.

Luego llegué tarde a una charla sobre la reconstrucción de los sindicatos desde abajo donde miembros del IWW trataban cuestiones sobre la necesidad de la organización sindical por parte de los propios trabajadores e independiente del Estado y la patronal, cómo impulsarlas en el actual contexto y qué propuestas y proyección de futuro pueden aportar. Después, fui a otra sobre la rebelión irlandesa durante la I Guerra Mundial contra la imposición británica y la participación de la clase trabajadora en ella. No he podido enterar muy bien porque el ponente hablaba muy rápido… Tras un breve descanso, fui a otra charla donde comentaron ejemplos de diversas luchas sociales basadas en la acción directa como la campaña contra la subida de las tasas del agua, a favor del aborto, etc.

Al finalizar las charlas, he asistido a una breve sesión de debate acerca de la necesidad y el papel que tendría una organización anarquista. Se hablaron temas sobre el feminismo dentro de las organizaciones, la influencia en las diferentes luchas sociales, qué podríamos aportar desde el anarquismo a ellas, etc. Fue entonces cuando pude intervenir, aunque solo fuesen 5 minutos, explicando la necesidad de construir un proyecto político basado en el poder popular y tener una línea estratégica hacia el socialismo libertario, siendo el papel de la organización anarquista el convertirse en referente en la creación de un proyecto político capaz de hacer frente a la Europa del capital. Finalmente, tenían programado un After party con música en directo, pero no pude estar por más tiempo porque si salía demasiado tarde, no habría autobuses de vuelta.

Algunas notas tras finalizar la jornada;

—Los actos se realizaron en lugares muy concurridos, prácticamente en el centro de la ciudad y alrededores de una enorme plaza llamada «Smithfield Sqare», teniendo lugar las charlas en los pubs «The Cobblestone», «Ryans» y en un gran hotel llamado «Generator» estaban los stands de libros, además de acoger algunas charlas. Llama la atención que, al contrario de lo que aquí se realizan este tipo de jornadas donde se realizan solamente en nuestros espacios, el WSM organizó estos actos en locales que no tienen relación alguna con el movimiento. La elección del sitio, pienso, responde a la cuestión de que sea vista por la mayor cantidad de gente posible y que son actos que no se realizan para autoconsumo, sino de actos dirigidos para todo el público, lo que abrirá la posibilidad de que algunas personas puedan interesarse por el anarquismo o en las luchas.

—Por contra, los costes económicos son bastante elevados, la propia organización lo reconoce pero consiguen sufragar parte de estos gastos por las donaciones recibidas, ya que he observado que logran recaudar una cantidad considerable.

—Tienen formularios como feedbacks para recoger las impresiones de la gente con preguntas cortas tales como el medio por el que se enteró del evento, su ideología (anarquista, marxista, feminista, ecologista, otros…), y en qué aspectos sería mejorable. Además, dejaba unos campos donde podías dejar tus datos de contacto y las áreas que te interesen (diseño, antifascismo, antirracismo, escribir artículos, etc…).

¿Volvería el próximo año? Dependerá de mis circunstancias personales, pero la verdad es que me ha quedado un buen sabor de boca. Os dejo algunas fotos de las jornadas:

 

Charla del viernes con Janet Biehl

La organización social en Rojava (Foto de un militante del WSM)

Entrada del hotel Generator en la céntrica plaza de Smithfield Square. Dentro están los puestos de libros y algunas charlas se darán allí

Puesto de IWW

Puesto del WSM

Otros puestos

Más stands con banderas de YPG/YPJ de fondo

Charla sobre sindicalismo

Charla sobre las ideas de Bookchin (Foto de un miembro del WSM)

Comenzando el After party

Enlaces del mes: Agosto 2015

Este dossier sobre refugiados en occidente que elabora Diagonal, contrasta con la desobediencia y resistencia desde los cuidados de Las Patronas, que dan refugio y alimento desde hace años a los inmigrantes que parten hacia EEUU.

Un repaso a lo que está pasando en Rojava, por si alguna persona anda aún despistada.

El progresismo latinoamericano ¿Avance o retroceso? Una pequeña reflexión que termina con unas palabras muy apropiadas para el contexto actual y que apuntan directamente a la socialdemocracia: Una parte sostiene que los gobiernos progresistas fueron un avance, siendo su principal argumento que redujeron la pobreza llevándola a los niveles más bajos en la historia reciente. […] otro sector, en el que me incluyo, argumenta que no hubo cambios significativos en la desigualdad, ni reformas estructurales, que hubo desindustrialización y se registró una re-primarización de las economías (centralidad de las exportaciones de bienes primarios). En este sentido se puede afirmar que el progresismo no fue un avance. […] El problema ahora es cómo enfrentar la ofensiva de las derechas con sociedades despolitizadas y desorganizadas, porque la izquierda dilapidó la energía social acumulada bajo las dictaduras.

Como consecuencia de la guerra en Ucrania viviremos el mayor despliegue militar desde la Guerra Fría. Además, España liderará las fuerzas de despliegue rápido durante 2016. Las protestas no se han hecho esperar.

Breve análisis en clave libertaria sobre el acercamiento entre Cuba y EEUU que podría dejar en situación de desamparo a las mayorías de trabajadores cubanos.

Destacamos por último esta reseña sobre el último libro de Mumia Abu Jamal desde la cárcel de Pensilvania: La escritura en la pared. «Fanon murió en 1961, un año antes de que Argelia obtuviera la independencia que él había dado su vida a ganar, pero su brillante obra, publicado póstumamente, Los Condenados de la Tierra, se volvió un libro esencial para los revolucionarios negros en Estados Unidos e influyó profundamente su pensamiento. El análisis de Fanon pareció explicar y justificar la violencia espontánea que azotaba a los guetos negros por todo el país, y relacionó las incipientes insurrecciones con el surgimiento de un movimiento revolucionario….Fanon explicó cómo la violencia era intrínseca a la imposición de la dominación colonial blanca, y retrató a los oprimidos que respondieron con violencia como personas involucradas en restaurar la dignidad humana que se les había quitado en el proceso de colonización…»

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