¿Puede la clase trabajadora cambiar el mundo?

Traducción de la reseña de Ian Angus del libro «Can the working class change the world?» de Michael Yates (Monthly Review Press, 2018).

El título del nuevo libro de Michael Yates es una pregunta que todos los socialistas han escuchado muchas veces. La escuchamos por parte de los liberales, que piensan que los cambios solo pueden hacerse trabajando desde dentro del sistema. La escuchamos de los radicales, que son simplemente incapaces de imaginar a las personas que trabajan yendo en contra del sistema. Y, si somos honestos, admitiremos que cuando la actividad radical está en un período de calma y es difícil ser escuchados, a veces nos lo preguntamos también a nosotros mismos.

¿Es realmente posible que las personas que votaron por Trump o Clinton, dos caras de la reacción global, puedan algún día derrocar al capitalismo?

Si te sientes así, este libro es el antídoto perfecto. En menos de 200 páginas escritas de forma clara, muestra cómo la gente trabajadora ha cambiado ya el mundo de una manera profunda, así como lo que queda por hacer (mucho) y lo que debe suceder para que la clase obrera cumpla su potencial como fuerza revolucionaria.

Yates presenta su tesis en seis capítulos, empezando por qué es la clase trabajadora, pasando sobre por qué debe terminarse el reinado mortal del capitalismo, hasta cómo la gente trabajadora debe organizarse para obtener un cambio radical. En cada paso, ilustra sus puntos con ejemplos concretos de luchas reales en todo el mundo.

El primer capítulo sostiene que la definición formal de la clase trabajadora —todos los que trabajan por un sueldo o salario— es inútil para determinar quién puede cambiar el mundo. La policía y los guardias de la prisión trabajan por un salario, pero no están de nuestro lado. Tampoco los políticos, los ejecutivos corporativos y «otros abogados altamente cualificados y apologistas de los negocios». Por otro lado, hay millones de personas que no reciben salarios pero son parte de la clase trabajadora o aliados potenciales: aquellas cuya responsabilidad a tiempo completo es criar niños, personas desempleadas, trabajadores de la economía informal, pequeños agricultores que viven permanentemente al borde del hambre.

“En todo momento hay varios miles de millones de personas trabajando o en el ejército de reserva de mano de obra. Si se encontraran formas de organizar y unificar, por ejemplo, incluso solo al 20 por ciento de ellos, seguramente podrían cambiar el mundo».

El segundo capítulo proporciona un marco analítico para entender el capitalismo como «un sistema social hegemónico», que se basa en la explotación en el lugar de trabajo, pero que «busca dominar la mayor cantidad de aspectos de nuestras vidas como sea posible». Yates muestra que «los trabajadores son explotados y expropiados, haciendo imposible que alcancen una verdadera libertad, autonomía y vida no alienada en una sociedad capitalista «.

El tercer capítulo analiza concretamente la explotación y la opresión, y explica por qué los marxistas ven a las personas trabajadoras como agentes del cambio social. No solo considera las fuerzas que unen a los trabajadores contra el sistema, sino también las barreras (niveles de habilidad, nacionalidad, raza y género, en particular) que los enfrentan y debilitan la lucha.

El cuarto capítulo aborda un tema que incluso los socialistas experimentados a menudo descuidan, las victorias y los cambios que las luchas de la clase trabajadora ya han ganado, sobre la oposición decidida de los patrones y los gobiernos capitalistas. En ese sentido importante, las personas trabajadoras no solo pueden cambiar el mundo, sino que ya lo han hecho.

“Solo el pensamiento y la actuación radicales tienen alguna posibilidad de evitar los niveles acelerados de barbarie. Se deben forjar nuevos instrumentos: sindicatos y partidos políticos radicalmente democráticos, una ampliación de las actividades colectivas de apoyo mutuo, niveles masivos de ‘ocupar, resistir, producir’ … Llevará tiempo para una clase partida por tantas divisiones fundamentales (principalmente por raza, género y por el imperialismo) unificarse y destruir a su enemigo de clase».

El quinto capítulo demuestra que, a pesar de esas victorias, el poder del capital sigue intacto, y algunos avances importantes, incluyendo las exitosas revoluciones en Rusia y China, se han revertido. Mientras el capitalismo siga dominando globalmente ninguna victoria para la democracia y la justicia es permanente.

Al igual que el libro en su conjunto, el capítulo seis se titula ¿Puede la clase trabajadora cambiar el mundo? La primera palabra de esa pregunta es importante: está claro que los trabajadores pueden cambiar el mundo, pero ¿lo harán? Llegar de la posibilidad de hacerlo a la voluntad de hacerlo no va a ser fácil ni rápido.

En este capítulo, Yates analiza los “múltiples terrenos de lucha” que serán fundamentales para construir nuevas organizaciones basadas en la democracia y la solidaridad, y que luchen por ganancias inmediatas sin perder nunca de vista el objetivo central.

“No hay razón para que exista un proyecto político de clase trabajadora a menos que su objetivo sea la derrota del capital. Las demandas deben ser radicales y de principios, y deben ser respetadas. El compromiso táctico puede ser necesario a veces, pero nunca puede ser una estrategia».

Michael Yates ha trabajado durante muchos años como educador laboral, formando a personas trabajadoras en las aulas y reuniones sindicales en los EE. UU. Esos años le enseñaron algo muy importante: cómo expresar las ideas marxistas en un lenguaje cotidiano, sin condescendencia, sin falsas bravatas ni ilusiones, y sin indicio alguno de dogmatismo. El resultado es una excelente descripción popular de lo que va mal con el capitalismo y de lo que las personas trabajadoras deben hacer para librarse de él. Incluso si crees que sabes todo esto, deberías leerlo para aprender, gracias a un brillante ejemplo, cómo explicar las ideas socialistas en términos claros, concisos y convincentes.

«¿Puede la clase obrera cambiar el mundo?» debería encontrarse en cada librería ecosocialista. Más que eso, debería estar en manos de todos los trabajadores radicales. Es un libro para ser leído, discutido y aplicado. Michael Yates ha hecho una importante contribución a la construcción de movimientos que no solo pueden cambiar el mundo, sino que deben hacerlo.

Original en inglés: https://climateandcapitalism.com/2018/11/13/can-the-working-class-change-the-world/

Crónica de la feria del libro anarquista en Dublín

El pasado día 16 de abril tuvo lugar en Dublín la feria del libro anarquista organizada por el WSM (Workers Solidarity Movement), organización anarquista de Irlanda. En ese día, a su vez, hubo multitud de charlas a las cuales no asistí a todas, sino a las que pude ya que las hubo simultáneas durante la misma jornada de mañana. Voy a narrar los acontecimientos en orden cronológico y desde mi experiencia personal estos dos días en que estuve en Dublín. Siendo sincero, no pude entender el 100% de lo que dijeron en las charlas ya que apenas llevo dos semanas por estas tierras y aún tengo que mejorar mi inglés.

El día anterior a las 19:30, asistí a una charla sobre los acontecimientos en Rojava donde estaban de ponentes Janet Biehl y unos kurdos. En ella, comentaron las influencias de Bookchin sobre el Confederalismo Democrático como proyecto político para el pueblo kurdo y Oriente Próximo. También explicaron cómo se estructuraba socialmente, la administración democrática, el contrato social y el TEV-DEM como movimiento social amplio. Como habremos leído en otras ocasiones, esta nueva administración tiene como bases las comunas y cooperativas gestionadas asambleariamente; este proyecto tiene carácter laico y multiétnico, lo cual, todas las etnias tienen voz y voto en las asambleas y pueden profesar su fe libremente. No han comentado demasiado acerca de las YPG. Luego, una representante del Congreso de Mujeres Libres (KJA por sus siglas en kurdo) nos presentó su organización y las áreas en que trabaja, tales como en la economía, la política, lo social, la diplomacia, los derechos humanos, la autodefensa y la lucha contra la violencia machista, la ecología, los medios de comunicación y prensa, etc. El KJA es afín al proyecto político promovido por el PKK, considerando la liberación de la mujer una cuestión crucial para la revolución. Tienen su sede en Diyarbakir y aquí tenéis más información. En Rojava, mencionaron a la Fundación de Mujeres Libres en Rojava (WJAR), la cual promueve la mejora de la participación de la mujer en diversas áreas, y se involucra en proyectos cuyas actoras principales son mujeres, tales como de aperturas de centros de salud, cooperativas, parques, villas, etc…

La charla fue bastante concurrida, hubo alrededor de 100 personas aproximadamente, y el acto terminó un poco tarde debido a que la gente preguntaba bastantes cosas. Tras acabar, tuve la suerte de poder dormir en casa de unos kurdos.

Al día siguiente, fui a la feria como tal y ahí he visto puestos del propio WSM, de AF(Anarchist Federation), IWW, AK Press y otros tantos más que se pueden ver en el post de la página web del WSM. Los libros que adquirí finalmente fueron: «The adventures of Tintin – Breaking Free», «The anarchist movement in Japan» y «Myths and memories of the Easter Rising», además de materiales sueltos gratuitos que he ido pillando.

Luego llegué tarde a una charla sobre la reconstrucción de los sindicatos desde abajo donde miembros del IWW trataban cuestiones sobre la necesidad de la organización sindical por parte de los propios trabajadores e independiente del Estado y la patronal, cómo impulsarlas en el actual contexto y qué propuestas y proyección de futuro pueden aportar. Después, fui a otra sobre la rebelión irlandesa durante la I Guerra Mundial contra la imposición británica y la participación de la clase trabajadora en ella. No he podido enterar muy bien porque el ponente hablaba muy rápido… Tras un breve descanso, fui a otra charla donde comentaron ejemplos de diversas luchas sociales basadas en la acción directa como la campaña contra la subida de las tasas del agua, a favor del aborto, etc.

Al finalizar las charlas, he asistido a una breve sesión de debate acerca de la necesidad y el papel que tendría una organización anarquista. Se hablaron temas sobre el feminismo dentro de las organizaciones, la influencia en las diferentes luchas sociales, qué podríamos aportar desde el anarquismo a ellas, etc. Fue entonces cuando pude intervenir, aunque solo fuesen 5 minutos, explicando la necesidad de construir un proyecto político basado en el poder popular y tener una línea estratégica hacia el socialismo libertario, siendo el papel de la organización anarquista el convertirse en referente en la creación de un proyecto político capaz de hacer frente a la Europa del capital. Finalmente, tenían programado un After party con música en directo, pero no pude estar por más tiempo porque si salía demasiado tarde, no habría autobuses de vuelta.

Algunas notas tras finalizar la jornada;

—Los actos se realizaron en lugares muy concurridos, prácticamente en el centro de la ciudad y alrededores de una enorme plaza llamada «Smithfield Sqare», teniendo lugar las charlas en los pubs «The Cobblestone», «Ryans» y en un gran hotel llamado «Generator» estaban los stands de libros, además de acoger algunas charlas. Llama la atención que, al contrario de lo que aquí se realizan este tipo de jornadas donde se realizan solamente en nuestros espacios, el WSM organizó estos actos en locales que no tienen relación alguna con el movimiento. La elección del sitio, pienso, responde a la cuestión de que sea vista por la mayor cantidad de gente posible y que son actos que no se realizan para autoconsumo, sino de actos dirigidos para todo el público, lo que abrirá la posibilidad de que algunas personas puedan interesarse por el anarquismo o en las luchas.

—Por contra, los costes económicos son bastante elevados, la propia organización lo reconoce pero consiguen sufragar parte de estos gastos por las donaciones recibidas, ya que he observado que logran recaudar una cantidad considerable.

—Tienen formularios como feedbacks para recoger las impresiones de la gente con preguntas cortas tales como el medio por el que se enteró del evento, su ideología (anarquista, marxista, feminista, ecologista, otros…), y en qué aspectos sería mejorable. Además, dejaba unos campos donde podías dejar tus datos de contacto y las áreas que te interesen (diseño, antifascismo, antirracismo, escribir artículos, etc…).

¿Volvería el próximo año? Dependerá de mis circunstancias personales, pero la verdad es que me ha quedado un buen sabor de boca. Os dejo algunas fotos de las jornadas:

 

Charla del viernes con Janet Biehl

La organización social en Rojava (Foto de un militante del WSM)

Entrada del hotel Generator en la céntrica plaza de Smithfield Square. Dentro están los puestos de libros y algunas charlas se darán allí

Puesto de IWW

Puesto del WSM

Otros puestos

Más stands con banderas de YPG/YPJ de fondo

Charla sobre sindicalismo

Charla sobre las ideas de Bookchin (Foto de un miembro del WSM)

Comenzando el After party

En la espiral de la energía

Vol. 1 Historia de la humanidad desde el papel de la energía (pero no solo)

Vol. 2 Colapso del capitalismo global y civilizatorio

Ramón Fernández Durán y Luis González Reyes

Edita : Baladre y Libros en Acción

A la hora de abordar una obra tan vasta y ambiciosa, dos volúmenes que abarcan entre los dos unas novecientas páginas, sesenta de ellas sólo en bibliografía, descartamos desde el primer momento hacer algo así como un comentario exhaustivo de todo lo que en ella se trata. Incluso intentando ser muy esquemáticos, dicho comentario desbordaría la extensión de cualquier publicación periódica.

Nos conformaremos más bien con dar nuestra opinión sobre lo que vemos de mayor interés, sin obviar las críticas y objeciones que nos parezcan oportunas.

En cuanto a la forma, extensión y presentación general del libro, comenzaremos con un reproche que se refiere al título, En la espiral de la energía, y el subtítulo del primer volumen, Historia de la humanidad desde el papel de la energía (pero no solo). Dado el contenido de esta primera parte, el subtítulo que acompaña puede dar lugar a confusión. La mayor parte de la obra está compuesta por apartados históricos y descriptivos de gran extensión donde la energía sólo adquiere un protagonismo discreto, llegando en ocasiones a borrarse. Y ese “pero no solo”, que parece un poco añadido in extremis, no hace sino recargar el título general, sin arreglar gran cosa.

Se podría decir que el primer volumen es más bien una historia general de los sistemas de poder. Dentro de la argumentación que se desarrolla a través de los diferentes apartados, la energía no se coloca en el centro sino que hay otros polos como la agricultura, la técnica, la expansión de los mercados, el nacimiento del Estado, el colonialismo, la demografía o el fenómeno urbano, que van formando la trama de una gran narración histórica. Y tampoco podemos decir que la energía sea el hilo delicado con el que se va tejiendo todas estas cuestiones. Estaríamos más bien ante una historia de la humanidad desde el punto de vista de la dominación social, tomando como base la ecología política y, por tanto, todo lo que concierne la cultura material (agricultura, agua, ciudades, deterioro ambiental, cambio tecnológico y, claro, energía). No negamos, claro, que los autores hayan concedido un papel muy importante a la energía, sólo que nos parece que ese papel no es principal, y a su lado desarrollan tantos aspectos, y a veces con tanto detalle, que necesariamente eclipsan el supuesto objeto central.

En el segundo volumen, el subtítulo se correspondería mejor con el contenido. Hay tres grandes apartados. El primero explica los entresijos de la crisis financiera, articulándola en ocasiones con la cuestión de la energía. El segundo apartado aborda de manera explícita la cuestión del agotamiento de los recursos energéticos y sus posibles recambios. Finalmente, el tercer apartado, de más de 150 páginas, constituye más bien un conjunto de ensayos que analizan temas muy variados, ya sugeridos en las partes finales del primero volumen: tecnología, colapso, agricultura, urbanismo, nuevas claves del capitalismo, factores ideológicos, nuevos conflictos, etc.

La segunda objeción que tendríamos que hacer al conjunto de la obra es que su enorme extensión, junto con el carácter de algunos de los apartados, nos hace pensar a veces en una suma de pequeños libros cuya articulación no parece siempre bien conseguida 1. Pensamos que hay muchos desarrollos que se podrían haber condensado. En ocasiones se dan explicaciones detalladas, por ejemplo de la teoría marxista del capital, que en el año 2015 nos parece que sobran. Así mismo los apartados 6 y 9, analizando cuestiones de actualidad tan semejantes, podrían hacer sido sintetizados en una sola sección, con lo que se habría aligerado la obra. En muchas ocasiones, leyendo el libro, se tiene la impresión de que los autores han querido abarcarlo y explicarlo todo y el lector pierde el camino a través de inacabables páginas de apretado texto. Un libro siempre es importante por lo que dice, pero también por lo que omite. Y la voluntad de esta obra parece la de no querer omitir nada, con lo que muchas veces se pierde la aportación verdaderamente personal y tenemos la molesta sensación de encontrarnos delante de un manual o de una obra divulgativa de gran formato.

En fin, todo esto por lo que respecta al aspecto formal. Excúsenos si pecamos de quisquillosos, pero la forma del libro no es en absoluto ajena a los contenidos. Hablemos de estos.

Como ya lo hemos señalado antes, el primer volumen podría ser considerado como un tratado de historia, antropología y ecología política que intenta ofrecer un cuadro de la formación de los sistemas de dominación social. Uno de los aciertos de la obra es justamente la radicalización del lenguaje con respecto a otros textos producidos por militantes o teóricos de la ecología en los últimos tiempo. Es verdad que las aportaciones de Ramón Fernández Durán, sobre todo en los últimos años de su vida, fueron cada vez más al encuentro de la ecología libertaria y de los movimientos anti-desarrollistas. En esta obra estas aportaciones parecen revisadas y matizadas por Luis González. Aparecen, con saludable insistencia, términos como “megamáquina” o “dominación”, lo que hace diez o quince años, dentro de un documento escrito por miembros de Ecologistas en Acción, no habría sido tan usual. En el prólogo podemos leer: “Otra relación determinante es la existente entre energía y dominación. Una cantidad y calidad mayor de la energía disponible ha permitido controlar a más personas y más territorios.” No habría estado de más que los autores lanzaran una mirada crítica retrospectiva sobre la manera en la que el movimiento ecologista fue marginando hasta hace pocos años este tipo de perspectivas que, sin embargo, estaban bien presentes en los años setenta, cuando la ecología, en muchos casos, estaba aún vinculada a una crítica radical de la sociedad.

Pero volvamos al contenido. Ante el formidable aparato histórico y antropológico del primer volumen, poco tenemos que decir. No podemos sino estar de acuerdo con el análisis político que asocia el despliegue del potencial energético a la nueva forma planetaria de la dominación social:

“La restricción en el acceso a la energía había sido una de las limitaciones fundamentales para la dominación de unos seres humanos sobre otros. Con el uso masivo de la energía fósil este límite se diluyó. La conversión de energía fósil en mecánica dio unos poderes sin precedentes a las organizaciones jerárquicas, coercitivas y centralizadas, que desbordaron el aparato estatal, que hasta entonces era el espacio principal donde se manifestaban, para reproducirse en la gran empresa capitalista, expandiendo su influencia por todo el cuerpo social.” (p. 253, primer volumen).

Dentro del último apartado, donde se habla de la “era trágica del petróleo”, se analizan todos los desastres y situaciones de conflicto que una economía basada en los combustibles fósiles ha provocado: explosión urbana y demográfica, luchas sociales, colonialismo, desigualdades, una ideología del consumo ahora alimentada por esa “tercera piel” digital y, sobre todo, una agricultura industrial, altamente destructiva, que se define de manera muy lúcida: “Así la agricultura dejó de ser una fuente energética para convertirse en un transformador energético para que los cuerpos humanos pudiesen metabolizar los combustibles fósiles.” (p. 426, primer volumen)

A veces, aparecen no obstante apuntes sobre cuestiones laterales que habrían necesitado de un desarrollo más consecuente para poder ser entendidas. Un caso claro es la cuestión relativa al patriarcado y la situación de la mujer. Por ejemplo:

“Ya vimos que, como consecuencia del inicio de la Revolución Industrial, se produjo una primera crisis de los cuidados. Para afrontarla, en esta época se terminó de implantar la visión de que los dos sexos eran naturalmente distintos y el femenino, inferior.” (p. 297, primer volumen)

No creemos que hiciera falta mucha implantación para que el común de la gente aceptara que entre los dos sexos, aunque sólo fuera a nivel morfológico, había algunas diferencias naturales bastante evidentes. Otra cosa puede ser la elaboración social de las funciones de hombres y mujeres. Ese es otro cantar. En cuanto a la supuesta inferioridad de la mujer, aún a riesgo de generalizar mucho, seguramente era un lugar común que venía de períodos anteriores, ya que el machismo no nacía, por desgracia, entonces.

Otro ejemplo:

“Y en la familia fueron las mujeres quienes se tuvieron que encargar de estas labores básicas, por lo que les impusieron socialmente dos valores básicos: amor y sacrificio.”

Sin embargo, todo esto es bastante inexacto. A partir de la Revolución Industrial, también muchas mujeres, y niñas, son incorporadas al sistema del trabajo asalariado, dentro de la mina o la fábrica, y con un sueldo inferior al de los hombres, cosa que los autores de este libro no ignoran. Por otro lado, si muchas mujeres tuvieron que aceptar un cierto tipo de sacrificio, también lo hicieron millones de desgraciados varones que sucumbieron física y moralmente durante la industrialización. Quizá podríamos afirmar que si el varón tuvo que sufrir la industrialización, la mujer, además de la industrialización, tuvo que soportar a su hombre industrializado. ¿Podríamos aceptar entonces que el sacrificio de la mujer fue doble? Tal vez, pero para entender esta cuestión crucial no podemos despacharla en cuatro párrafos 2.

Ocurre algo parecido con el asunto del “individualismo”, cuestión que es recurrente en la obra. Se establece una relación, a nuestro juicio simplificadora, entre el nacimiento progresivo de la persona individual en la edad moderna, en detrimento de una personalidad relacional, lo que daría lugar al individualismo y a la atomización social, pilares ambos del sistema capitalista. Sin embargo, en la evolución histórica de las sociedades, la tensión entre grupo e individuos es siempre contradictoria y paradójica. Para que haya verdadera relación tiene que haber individuos diferenciados. En cualquier caso, el concepto de persona individual, o de individuo, no se opone necesariamente al de cooperación, mientras que el individualismo no tiene por qué ser siempre sinónimo de “egoísmo”. Habría que ver más bien como todas estas nuevas “partículas elementales” humanas de la edad contemporánea se integran hoy en una amorfa sociedad de masas, donde queda poco de persona individual o de cooperación.

Estos dos problemas, el de la situación de la mujer y el individualismo, convergen en el apartado “Crisis de los cuidados”, contenido en el segundo volumen, en una interesante reflexión:

“Así, un porcentaje creciente de mujeres han desarrollado una identidad individual, como la de los hombres, en la que desvalorizan las necesidades emocionales. El trabajo doméstico ha ido pasando a verse como una atadura del pasado de la que hay que huir. Pero la situación de las mujeres, en general, es distinta a la de los hombres pues, junto al aumento de su conciencia individual, son responsables de las labores colectivas de reproducción social, lo que les obliga a enlazar la identidad individual con la colectiva en una identidad relacional-individual.” (p.165)

Los autores vuelven sobre este problema en el apartado 9.10, en concreto entre las páginas 300 y 312, que nos parecen de lo más valioso del segundo volumen ya que abundan sobre la cuestión del individuo y la relación, ofreciendo pistas en cuanto a valores y emociones que deben extenderse si queremos emprender un cambio social en un sentido emancipador. La revalorización de la empatía y la compasión, en su sentido literal, sentimientos atribuidos tradicionalmente a la mujer, podría revelar una dimensión política plena de promesas.

En cuanto a la cuestión de la energía y el colapso, en el segundo volumen estas cuestiones se abordan abiertamente. En el segundo apartado se empieza dando algunas nociones básicas sobre el fenómeno del famoso “peak oil”. En la página 87 podemos leer:

“Sin embargo, es importante entender que el “pico de extracción” es un concepto que solo se basa en las características geológicas del recurso, obviando otros factores fundamentales, como los políticos (ayudas públicas, inestabilidad), económicos (inversiones), sociales (resistencias a la explotación), ambientales (falta de recursos necesarios para la extracción) o tecnológicos (mejoras en la maquinaria). Todos ellos condicionan cuando será el cenit y, sobre todo, cómo será el descenso de la extracción una vez se sobrepase.”

Todo ello es exacto, pero los autores deberían precisar si estas consideraciones justifican o no seguir utilizando, en general, el concepto de cenit o “pico de extracción”. En efecto, es ésta una noción poco nítida que tal vez se pueda utilizar con sentido a la escala de una región productora o incluso de una nación pero, ¿y a la escala del planeta? Se sabe, por ejemplo, que los Estados Unidos, ya desde finales de los años cuarenta, fueron progresivamente “descuidando” la prospección en sus propios territorios en el momento en que comprobaron que el petróleo que venía de Oriente Medio podía ser más barato, siempre por causas políticas (a parte de que materialmente, tuviera un costo de extracción muy bajo). Esto condicionó necesariamente la evolución de su industria. Las limitaciones geológicas son pues evidentes pero la manera en que estas se imponen a la ambición de los imperios deja lugar a muchas incógnitas. Lo que interesa entonces no es tanto saber si estamos antes o después de ese hipotético cenit mundial, sino cómo los Estados industriales van reaccionando al encarecimiento de la extracción de los combustibles fósiles según las estrategias políticas y de mercado. El caso del petróleo de esquisto es significativo ya que a finales de los años noventa, muy pocos analistas críticos habrían anticipado que los gobiernos de las naciones desarrolladas llegarían a interesarse por métodos de extracción tan costosos a todos los niveles. No sugerimos que la extracción de petróleos no convencionales pueda contrarrestar sustancialmente el imparable descenso de la producción, pero hay que poner el énfasis no en la fragilidad del sistema, que evidentemente no negamos, sino más bien en la obstinación de la sociedad capitalista a la hora utilizar todos los medios para seguir asegurando su dominación.

Hace una década la posición de base de las organizaciones ecologistas con respecto a estas cuestiones era, resumiendo bastante, la siguiente: el cenit petrolero es ya un hecho y hay que prepararse para el descenso; la energía nuclear es una energía en declive, por su carestía y sus problemas técnicos, y no tardará en declinar; existen no obstante energías alternativas, como la eólica y la solar, que pueden poco a poco substituir a las convencionales e incluso llegar al famoso 100% renovables. Dado el estado de deterioro ambiental y el avance del cambio climático, junto con la inminencia de las burbujas financieras, la única vía posible que se abre para los Estados es emprender una transición energética que nos lleve a una sociedad más justa, igualitaria y respetuosa con el medio ambiente.

Insistimos, hemos sintetizado la cuestión pero, en esencia, las posiciones eran estas. ¿Qué ha ocurrido en estos diez últimos años? El descenso de la capacidad general para extraer petróleo barato sigue presente pero esto no ha impedido que la industria y los Estados continúen, desesperadamente, buscando nuevas formas de extracción. El proceso es más lento y penoso de lo que muchos habían pensado. En cuanto a la energía nuclear, incluso con el desastre de Fukushima, hoy por hoy parece que se mantendrá durante mucho tiempo. Es verdad que, grosso modo, sus perspectivas de crecimiento en el mundo actual se volatilizan. Muchos siguen insistiendo en que el aporte de energía de las centrales nucleares, en términos globales, es mínimo. En la obra que nos ocupa se nos recuerda: “A nivel mundial la aportación nuclear a la generación de electricidad ronda el 15%, pero su contribución a la energía primaria mundial es mucho menor, del orden del 2%.” De acuerdo, pero lo importante es que la mayor parte de la producción de energía nuclear se concentra en algunos de los países más poderosos del mundo y no es inocente que hoy China, que poco a poco se coloca al lado de estos países, haya optado también por desarrollar este tipo de energía. En términos cuantitativos puede que la energía nuclear esté en declive pero en lo que respecta a las estrategias industriales y militares de los poderosos, es una opción que está muy presente. En cuanto a las llamadas energías renovables, que organizaciones como Ecologistas en Acción apoyaban hace una década, no se tuvo en cuenta, o no lo suficiente, que aquellas no podían escapar, dadas las condiciones en que se implantaban, a una lógica de desarrollo industrial y empresarial, como ha sido el caso. Ya cuando Fernández Durán sacó su libro sobre el declive del petróleo, año 2008, había justamente en sus páginas un oportuno rechazo a las panaceas tecnológicas renovables.

En cuanto a las energías renovables, en esta parte no se dedican apartados específicos a su análisis. Pero se ofrecen algunas pistas. Se insiste, de todas formas, en que su desarrollo está ligado a la evolución del petróleo y a la extracción de minerales cuyas reservas están también comprometidas en el futuro. En ocasiones, se habla de “renovables centralizadas”, lo que nos parece acertado, ya que de todas formas, salvo muy contadas excepciones, es la forma que adquieren hoy este tipo de energías. Otros aspectos que nos parecen interesantes en el segundo volumen es la crítica del mito tecnocientífico, de la desmaterialización, de la sociedad de Internet y del “capitalismo verde”. Como se dice en la página 174: “La “vía verde” consistiría en intentar hacer una transición energética sin poner en cuestión la lógica del actual capitalismo global, es decir, sin parar su necesidad intrínseca de crecimiento y acumulación constante.” Cierto. Y más adelante: “La economía verde sigue siendo una apuesta especulativa y gran parte del negocio consiste en decir que habrá grandes beneficios y, con ello, conseguir la inversión pública y privada, siempre con la garantía última del Estado.” También muy cierto.

¿Cual sería el resultado de todo ello? Una de las partes más discutibles del segundo volumen sería precisamente su inmersión en la naturaleza de un hipotético colapso donde se adelantan escenarios más o menos desastrosos para el siglo XXI. Sobre esta cuestión poco podemos decir ya que en el intento de anticipación, fuera del campo de la ficción, o nos atenemos a generalidades que aportan poco, o intentamos escrutar con detalle un futuro que siempre es el terreno de la incertidumbre. Los autores descartan el escenario de un colapso ordenado, o “decrecimiento justo” e indican que la probabilidad mayor se inclina por un colapso caótico (decrecimiento injusto): “Como ha ocurrido en otros momentos históricos de quiebra de distintas organizaciones sociales, habrá fuertes crisis económicas y cortes en los mercados; rebeliones y caídas de regímenes; reducción de la estratificación social y simplificación de las formas de vida; desurbanización; aumento de las migraciones; y disminución de la población. Aunque, dentro de este gran marco caben muchos grises, que serán resultado de las articulaciones sociales que se pongan en marcha.” (p. 198)

A continuación, en las “Etapas del colapso” los autores glosan algunas de las posibles perspectivas a contemplar en el futuro. Valgan como posibles líneas de orientación, teniendo en cuenta que su contenido poco tiene de novedoso con respecto a lo que se viene escribiendo sobre estas cuestiones.

Evidentemente, si aceptamos un declive más o menos rápido de la civilización industrial tenemos que estar de acuerdo en que asistiremos a un desmoronamiento de la complejidad de la sociedad. Uno de los apartados más interesantes es el titulado “Menos energía y en formatos más descentralizados dificultarán la dominación”. En realidad, sobre este punto no hay tampoco mucha certidumbre. Se nos dice: “Además, en la medida que el ser humano vuelva a ser un vector energético importante socialmente, su poder se incrementará. A la vez que “sobrará” población por la falta de alimentos, “faltará” para sostener una producción más intensiva en mano de obra. Será lo contrario de lo que ocurrió con el proceso de mecanización. Todo esto conllevará una gestión de la dominación más difícil, como sucedía en las sociedades dominadoras agrarias.” (p. 208) Pero también podemos explicarlo afirmando simplemente que se volverá a una gestión de la dominación más rudimentaria y brutal. La descomposición de esta sociedad como la conocemos puede conllevar la disgregación de sus redes de energía, transporte y producción, pero como ignoramos la verdadera naturaleza de esa futura disgregación poco podemos decir de cómo afectará al mantenimiento de las estructuras de poder y jerarquía. Se abre delante de nosotros un inmenso interrogante. Un poco más abajo, los mismos autores llegan a admitirlo cuando afirman: “El tipo de organización social es una opción política humana, no una imposición ambiental.” En cualquier caso, podemos estar de acuerdo cuando hablan de un desplazamiento del conflicto y una vuelta a la “centralidad de la tierra” 3.

En cuanto a las conclusiones políticas finales, sólo podemos dedicarles algunas líneas. Ramón Fernández Durán falleció justo en el momento en que se iniciaba el movimiento del 15 de mayo que sembró de esperanzas y de tiendas de campaña no pocas plazas urbanas del territorio español. Por lo que cuenta el autor del prólogo, suponemos que íntegramente escrito por Luis González, el libro se terminó de redactar y componer en los tres años posteriores. Esos tres años han sido de una notable agitación política en el país y la obra en su conjunto se hace eco de esa efervescencia 4. De alguna manera, la crisis económica y las respuestas espontáneas de un sector de la juventud dieron en buena parte razón a la línea de reflexión que Fernández Durán llevó a cabo especialmente en sus últimos años de vida, en la medida en que esta reflexión exigía una ecología radical, desengañada de los dogmas del progreso 5y de las actitudes dialogantes con el poder. Y el trabajo de continuación de Luis González, aunque por nuestra posición de simples lectores es difícil de evaluar y valorar, parece ser fiel a ese legado. El movimiento del 15 de mayo ha defraudado, sin embargo, estas exigencias. En las partes finales del libro se insiste sobre una revuelta institucional, profunda, que acentúe la dispersión del poder, la adecuación de medios y fines, la profundización de la democracia asamblearia, la revalorización de lo femenino, etc. Por supuesto, la cuestión ecológica como cuestión de primer orden 6.

En ese sentido, creemos que los dos volúmenes recogen lo más prometedor no sólo de la última obra de Ramón, que suponemos ampliado y profundizado por Luis González, sino que al mismo tiempo muestran una posible vía para un ecologismo que estaba estancado en el laberinto institucional, en el diálogo estéril con el poder, en la ecotecnocracia. ¿Servirá este libro para despertar las conciencias del ecologismo reducido a cogestión del desastre? ¿Representa de todas formas la opinión generalizada de la organización que respalda la edición?

Esperamos que, desde esta consideración, el libro no sólo remueva las conciencias y la opinión pública en general, sino que promueva un necesario debate en el seno de las mismas organizaciones ecologistas. De ser así, ya habrá servido para mucho.

José Ardillo

1En el prólogo ya se nos previene del carácter independiente de los textos, pero esto no nos parece precisamente una virtud ya que en este caso se pierde la integridad del conjunto.

2A diferencia de otras nociones, explicadas en el libro in extenso de manera prescindible, aquí los autores deberían haber desarrollado más la argumentación.

3« Pero lo determinante será el control de la tierra. En la medida que los recursos energéticos y materiales se vayan volviendo cada vez más escasos, volverá la relación directa entre poder y tierra que observamos durante toda la etapa agraria de la humanidad. » p. 209

4Decimos tres años porque es justo en 2014 que surge Podemos y otras plataformas que intentan recuperar lo poco de sano e interesante que podía haber en el movimiento del 15 de mayo.

5Así se afirma lúcidamente en el segundo volumen : « Las sociedades que tenían fe en el progreso han sido más fácilmente gobernables. » (p.299)

6 Es una pena, no obstante, que en el libro, dentro del apartado de las luchas anti-desarrollistas, no se haga mención significativa a algunos ejemplos del estado español (la lucha contra el TAV en País Vasco o la acción directa contra la agricultura transgénica).

Un relato en espiral

Ayer en Valladolid se ha presentado el libro de dos tomos “En la espiral de la energía”. El libro se propone hacer un recorrido por toda la historia de la humanidad desde el punto de vista del metabolismo energético de los distintos modelos de civilización de la historia para terminar con dos capítulos en los que se argumenta lo inevitable del Colapso del sistema agro-urbano-industrial actual en el corto-medio plazo. Esta conclusión, que es también una premisa del libro, lleva a los autores a especular con los posibles escenarios que se abren tras ese colapso. Es una obra ambiciosa pero que cumple las expectativas. La carta de presentación de la obra es que enfoca la historia desde el punto de vista de la energía, pero quien se adentre en sus páginas se dará cuenta de que abarca mucho más.

En dicha presentación, Carlos de Castro señalaba la importancia que en el mundo académico tendrá este libro por ser un perfecto manual de Historia, Antropología, Economía y Ecología entre otras disciplinas que al entrecruzarse forman un edificio sólido. Pero lo cierto es que el libro debe de servir más allá del mundo académico, y eso es tarea nuestra.

Un relato

“En la espiral de la energía” presenta un relato sólido que explica la historia de la humanidad y este tránsito extraño en el que estamos inmersos desde hace 6000 años, cuando aparece el Patriarcado y con él, la Dominación. Es un relato sólido, detallado y riguroso, que rompe con los esquemas de los manuales hegemónicos de “Historia Universal” y a la vez unifica en un solo discurso las interpretaciones y las epistemologías antagonistas de la Modernidad, sin alejarse del racionalismo y la ciencia como método de análisis. Las principales tesis del feminismo, el marxismo, la ecología y otras tantas teorías del campo crítico quedan hiladas en un solo relato que nos explica cómo hemos llegado a “Esta Cosa Escandalosa”, que diría Amaia Pérez Orozco. Con esa base, se explica qué está pasando y qué puede pasar. Sin perder rigor, usando las herramientas propias del Pensamiento Sistémico acuñado por D. Meadows y su escuela.

Un relato unificado y sólido. Este podría ser el mejor fruto de este último ciclo de movilizaciones, en el que los distintos discursos antagonistas han emergido desde las catacumbas de los años 70, forzados a actualizarse y superar la fragmentación de las últimas décadas. El campo antagonista ha sufrido la posmodernidad y el neoliberalismo en forma de infinidad de plurales que no dialogaban, que no convergían. Feminismos, anarquismos, marxismo hetero y heterodoxo, ecologías, la autonomía de cada país, independentismos, la unidad popular…Cada uno con su tradición teórica que se tradujo en una tradición grupal. Hasta esta última ofensiva popular, en la que el diálogo se ha hecho obligatorio y ahora podemos empezar a ver el fruto.

Aquí tenemos un relato antagonista que es fruto de ese diálogo que se ha dado en los movimientos sociales en estos años. Es responsabilidad nuestra traducir este relato a nuestro quehacer diario. Quitarle el academicismo del que en ocasiones peca y popularizarlo. Porque necesitamos relatos populares capaces de dar respuestas y de recuperar la esperanza.

Una oportunidad para la esperanza

La historia del campo popular nos demuestra la importancia de popularizar relatos emancipadores. El ejemplo más reciente es cómo el relato socialista prendió entre la clase trabajadora a mediados del siglo XIX y como esa unión fructificó en el mayor reto que el capitalismo industrial ha tenido que doblegar: el comunismo internacional. La necesidad de un relato convincente, homogéneo y sólido con el que acceder a la población ha sido una necesidad no cubierta tras mayo del 68 y la oleada de combate posterior. En esa oleada se pone en duda lo que se había convertido en fetiche y mito: la mesiánica tarea del proletariado de emancipar a la humanidad completa. Con o sin razón, esa puesta en duda abre la puerta a la posterior desintegración del discurso antagonista internacional que se extendió con la Primera Internacional –“la emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores o no será”`+”proletarios de todos los países ¡uníos!”- y abrió el abanico de discursos, movimientos y fracasos.

Casi 50 años después podemos recuperar un nuevo discurso emancipador de la mano del feminismo y el ecologismo, que son las dos corrientes más recientes y con más difusión en el mundo contemporáneo tal y como se explica y justifica en el primer tomo. Ambas corrientes, combinadas con las imborrables aportaciones de las teorías socialistas para la emancipación son los componentes principales de este relato.

¿Pero qué esperanza puede haber en el Colapso?¿no es un discurso negativo?¿no sería deseable evitar el Colapso? “En la espiral de la energía” desde la introducción ya empieza a explicar por qué esta civilización está colapsando ya y porqué sea cual sea nuestra opción, no hay posibilidad de esquivar “el fantasma del “Gran Colapso” que tanto incomoda.

Colapso es una palabra fuerte, que crea aversión. Genera sensación de inseguridad, nos trae imágenes de Mad Max y series de apocalypsis zombie varias. Sin embargo el Colapso se define aquí como una transición entre una sociedad de mayor complejidad a una de menor complejidad técnica, social, económica y cultural. Colapso significa transición. Transición es otra palabra cargada de significado en Castilla y en el resto de las Españas. Tal vez haya que buscar otras palabras para acercar las conclusiones de este trabajo a las clases populares. Pero es una necesidad hacerlo.

Las conclusiones dan lugar a la esperanza porque tras toda la exposición y situándonos en un mundo caótico e impredecible, nos recuerdan que no hay ninguna estructura cuya dominación sea perfecta y que el Colapso significa precisamente una menor capacidad de control y dominio o al menos, una simplificación de ese dominio. El texto nos recuerda como la mayor hiperpotencia militar que ha existido sobre la tierra, el ejército de los EEUU, no ha conseguido el dominio completo–duro ni blando- sobre sus últimas invasiones por recursos –Irak y Afganistán. Si a eso añadimos que las inestabilidades provocadas en Ucrania y Siria lejos de estar planificadas desde un oscuro centro de mando demuestran que el futuro está abierto se rompe la idea arraigada en la guerra fría de que el destino de la humanidad está en manos de un botón rojo que están en algún despacho del Pentágono. Por otro lado, los posibles contrapesos imperiales también se ven limitados. Hay que recordar que China tiene una vigorosa clase obrera en plenas luchas ofensivas y además, está situada en un territorio muy vulnerable para los cambios ambientales que ya están en marcha –desertificación, pérdida de biodiversidad, tifones y huracanes… No hay ni habrá superpotencias todo-poderosas en un mundo con cada vez menos recursos. La Dominación tiene límites.

En suma, el texto nos recuerda que el apocalypsis de Hollywood, simplemente, no es nada probable. No está el Fin del Mundo dentro de los posibles escenarios consecuentes con este relato y esta metodología de análisis. Por lo tanto podemos combatir ese mantra de nuestra cultura hegemónica por la cual es más probable un Holocausto zombie que el comunismo internacional. Lo que es más probable es la desaparición de la dominación actual pero lo importante es lo que es seguro: que la Historia sigue en marcha y que la Historia la escribimos los pueblos, las sociedades, las clases en lucha, esto son: los colectivos humanos.

Pero para ese combate por la hegemonía además de tener la razón tenemos que tener “armas” con las que defenderla. Tenemos que formarnos como militantes como de manera lúcida apunta JL Carretero. Pero de manera más importante, tenemos que trabajarnos la comunicación de nuestros conceptos y traducirlos al lenguaje cotidiano, que ponga sobre la mesa no sólo la conclusión de que podemos decidir sobre nuestro futuro sino también un método racional y científico de tratarlo, desterrando la conspiración, el misticismo y la mitología de nuestra comunidad de lucha.

Si hay un pueblo fuerte que construir, un relato sólido son los planos de la obra.

Valladolid, 27/03/2015

@botasypedales

Cinco lecturas por el ateísmo

El ateísmo, la negación de la idea del Dios o los Dioses, ha tenido firmes defensores a lo largo de la historia, especialmente en época contemporánea, periodo en el que comienza a darse la emancipación en Occidente de las mentes respecto al oscurantismo y la dominación ideológica que representaban las religiones cristianas.
Traigo aquí una selección de cinco textos, cinco trabajos en defensa del ateísmo. Algunos de ellos marcaron la historia del pensamiento, pero todos ellos tenían un objetivo: liberar a la humanidad del control que suponen las religiones, sus engaños y sus promesas de falsos paraísos.. Acompaño, junto a una breve reseña, un enlace para su descarga gratuíta.

1. El Anticristo, Friedrich Nietzsche.

La filosofía de Nietzsche supuso una contundente respuesta contra el idealismo clásico, heredero del platonismo y su idea de la moral universal y respresentado en la moral cristiana.
En esta obra, escrita en 1888 y cuyo título completo es: El Anticristo, Maldición sobre el cristianismo, Nietzsche desenmascara a la moral cristiana como una «moral de esclavos», creada para que los dominados se contenten con su condición de dominados, prometiendo un paraíso más allá del mundo real, lo que Nietzsche considera amor a la muerte. El cristianismo es, para Nietszche, la degeneracion, contraria a su concepto de aristocracia espiritual. Propone, en su lugar, el amor a la vida, el vitalismo y la persecución de un individuo capaz de crear sus propias normas morales acanzando, así, el superhombre.
Al contrario de su gran obra: Así habló Zaratustra, El Anticristo está escrito en un lenguaje mucho más prosaico y supone una obra excelente para introducirse en la filosofía de Nietzsche.
A modo de crítica, decir que cuando leer a Nietzsche hay que ser conscientes de que se lee a una persona profundamente defraudada con la sociedad de masas creada por el capitalismo, pero que, en su lugar, propone la vuelta a los antigüos valores, en definitiva, a la sociedad aristocrática del feudalismo. Hecho que ha causado que su pensamiento fuera muy infuyente en círculos reaccionarios.
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2. Dios y el Estado, Mijaíl Bakunin.

Muy distinta es la obra del padre del anarquismo colectivista, escrita (de forma inconcusa) en 1871.
Bakunin fue, de entre los anarquistas clásicos, el que atacó a la religión con mayor contundencia. Siendo en este heredero del materialismo crítico de Feuerbach y de su concepto de alienación religiosa, poniéndola a su vez en relación con el concepto marxista de dominación de la infraestructura económica, si bien la tesis marxista de «La religión es el opio del pueblo» quedaría mucho más desarrollada en la obra de Bakunin.
En esta obra el ideólogo ruso realiza un análisis materialista de las relaciones dialécticas entre la religión y el Estado. Analizando como la religión surge en beneficio de las clases dominantes a lo largo de la historia y como el poder del Estado proviene del poder religioso.
En definitiva, un texto muy recomendable pare entender el análisis materialista de la religión, así como la importancia de la misma a la hora de mantener la dominación ideológica sobre las clases dominadas en el sistema capitalista.
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3. El mundo y sus demonios, Carl Sagan.

Carl Sagan fue uno de esos científicos conscientes de que la ciencia no puede quedarse en las academias, de que la ciencia debe llegar a todos y actuar en beneficio de toda la sociedad. Fue, sin lugar a dudas, uno de los mejores divulgadores científicos del siglo pasado.
En este libro, publicado en 1995, Sagan realiza una firme defensa del método científico como mejor forma para comprender la realidad que nos rodea, así como del escepticismo frente a la superstición o a la multitud de pseudociencias que, al igual que las antiguas religiones, aprovechan la ignorancia para crear ídolos.
En este libro Sagan intenta dar a sus lectores las herramientas para defenderse de mitos, dioses, ovnis, brujas, profetas y magufos que se dicen poseedores de habilidades paranormales.
En tiempos de crisis sistémica es en este tipo de creencias donde mucha gente encuentra esperanzas, distrayéndose de la auténtica solución a sus problemas: la persecución de una sociedad basada en la libertad, el socialismo y la ciencia. Un libro como el de Carl Sagan llega a ser algo necesario.
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4. Doce pruebas de la inexistencia de Dios, Sébastien Faure.

Faure, que en su juventud fue seminarista, acabó convirtiéndose en un ateo, socialista y libertario. Este folleto de 1920, que supone una respuesta a las Cinco Vías de Santo Tomás de Aquino, tuvo una gran difusión e influencia entre la clase trabajadora francesa y, sobre todo, española, de inicios del siglo pasado.
La influencia que en aquel entonces tenía la iglesia católica sobre la educación y sobre la política hacía necesario el surgimiento de un espíritu ateo y anticlerical que reivindicara la ciencia y la razón en favor de la clase obrera. Hoy en día, cuando aún no se ha arrebatado buena parte del control de la iglesia sobre la educación de la juventud obrera, cuando, en palabras de Bakunin, un amo celestial igue ligitimando la actuación de los amos en la Tierra, este texto no ha dejado de ser vigente.
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5. Paseo humorístico a través de las religiones y los dogmas, Maître Simon.

Quizás no sea una obra tan conocida como las anteriores, pero sin ninguna duda la obra de Maître Simon es muy divertida de leer.
Editada por la CNT de Francia en 1961 Simon investiga en las raíces de la religión judeocristiana, mostrándola, con un afilado sentido del humo como un pastiche de mitraismo, zoroastrismo, religión griega y otras creencias anteriores del próximo oriente. En definitiva, una religión para nada original y, desde luego, que resultaría un absurdo creer verdadera (justo como todas las demás).
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Y hasta aquí mis recomendaciones para hoy. Creo que es importante que los anarquistas sigamos realizando una defensa de la ciencia y una oposición firme a cualquier intento de las múltiples sectas de hacerse con el control ideológico de la clase obrera. Más aún en momentos en el que esas sectas comienzan a tener individuos afines dentro de nuestro propio movimiento anarquista, que difunden su peste tradicionalista y su moralina religiosa.
Salud y buena lectura.