Razones contra el ecoleninismo de Andreas Malm

La literatura climática tiene una nueva estrella: el sueco Andreas Malm. El pasado otoño se publicó El murciélago y el capital, un muy buen ensayo para explicar el origen del virus SARS-CoV-2 y para introducir la crisis ambiental generalizada provocada por el capitalismo, de la cual el coronavirus es solo una de sus manifestaciones. Como indica Malm, el coronavirus es una bala y el cambio climático es como una guerra. Lo que deja entrever su dialéctica del desastre es que efectivamente detrás de esa guerra y estas balas, hay un general ordenando el ataque y ese no es otro que el capitalismo.

Pero por desgracia, el libro no se limita a esta parte brillante e indiscutible, sino que se sumerge en proponer inventos del TBO político-sociales, como se refirió un compañero a las distintas alternativas que alegremente suelen circular por los espacios ecologistas en una charla inefable que fue un ejemplo palmario de estas ideas: la exposición de Nate Hagens en Valladolid en un lejano 2019.

En primer lugar, el autor acierta en situar el capitalismo como agente promotor de la crisis ambiental, para después descartar tanto el colapso fortuito del capitalismo, como su reforma en clave socialdemócrata como su superación en clave anarquista -aboliendo el estado-.

La propuesta de Malm se reduce a la necesidad de dirigir desde el estado la caída del capitalismo fosilista. Partiendo de la necesidad compartida de transitar a una nueva civilización que elimine el capital como origen de la crisis ambiental, vamos a señalar los puntos ciegos del comunismo de guerra que Malm propone contra la crisis climática.

1 El fetiche del estado ecologista.

Malm plantea una defensa cerrada de la necesidad de dirigir la necesaria transición ecosocial desde el Estado. El problema es que el concepto de Estado que maneja Malm es una suerte de administración de las cosas, una estructura administrativa que gestiona los recursos y media entre los intereses contrapuestos. Siendo así, se entiende la necesidad de poner a este superadministrador a trabajar por un buen capitaloceno.

Malm propone, claro, una toma del Estado que habilitaría tomar las posiciones de fuerza suficientes para hacer descarrilar al capital fosilista y forzar una economía política sostenible. Todo esto además en el tiempo récord al que obliga la emergencia climática en la que estamos por haber agotado el tiempo que quedaba antes de desencadenar los peores efectos sobre nuestra civilización.

El problema es que esta concepción del estado es falsa, tramposa y posiblemente negligente. El Estado no es esa administración de las cosas, no es un órgano neutral de mediación entre particulares. El Estado es la estructura social que permite el gobierno de las personas, y más en concreto, de sus voluntades. De ahí que el estado como agente ante la crisis climática puede ser un aliado tremendamente eficaz. Lo que se omite es que esta apuesta nos dirige a los escenarios que habitualmente conocemos con el neologismo de ecofascismo, lo que sería el Behemoth climático de G. Mann y J. Wainwright. La idea de que el Estado es una máquina, una cosa que se puede poner bajo el control de un programa internacional de mitigación de emisiones y transición ecológica es un auténtico idealismo enmascarado en el peor de los oportunismos. La existencia de Estados nacionales por todo el globo parece ofrecer la oportunidad perfecta para disponer de ellos al antojo que se considere.

Para Malm el ejemplo claro de esta posibilidad es la revolución bolchevique, en la que un reducido grupo de militantes revolucionarios tomaron un Estado mastodóntico, pararon la guerra imperialista e iniciaron una titánica reconversión económica y política desde ese estado. Ese ejemplo sirve a Malm para proponer que necesitamos un periodo similar a ese comunismo de guerra, un estado de movilización permanente con el que vencer al capital fósil y sentar las bases de una NEP ecológica. No es el objetivo de estas líneas cerrar el balance que el movimiento socialista internacional tiene que hacer de la experiencia soviética, pero desde luego proponer la etapa del comunismo de guerra como objetivo político del ecologismo es un despropósito inexplicable teniendo en cuenta que dicha fase fue una salida coyuntural e improvisada para encauzar una revolución en medio de una crisis global interimperialista.

Existe una mitificación del asalto bolchevique al Imperio Ruso que centra su atención en la relevancia del Estado en el proceso y obvia que dicho Estado fue una pieza entre otras que los bolcheviques tuvieron que cooptar para abrir camino a la revolución, pero que ni la revolución fue el Estado ni posiblemente el Estado fuera la pieza clave del proceso. La conquista de la consciencia de obreros y soldados, de las estructuras del movimiento popular cristalizadas en los soviets, de las innovaciones técnicas que permitieron poner las industrias a su servicio…La propuesta de la toma del Estado sería más creíble si no tuviésemos en la historia otras tomas de estados menos idealizables: desde Burkina Faso al socialismo del siglo XXI.

2 La absurda critica del anarquismo antisemáforos.

La banalización del Estado pasa por una previa crítica al anarquismo que resulta inexplicable. Malm apunta contra el anarquismo posterior a la caída del muro de Berlín, a “cambiar el mundo sin tomar el poder” de J. Holloway. En realidad, Malm no está apuntando contra el anarquismo sino contra el movimiento antiglobalización muerto y enterrado tras la época de las grandes cumbres de finales de los años 90. Malm sitúa como icono del anarquismo a James Scott, al que postula como teórico de un anarquismo que propone la desaparición del Estado y la autorregulación popular, que centra en el ejemplo de “la desaparición de los semáforos”.

El anarquismo, para bien o para mal, no es esto que nos critica Malm. El anarquismo no postula la desaparición del Estado sino su abolición, una destrucción activa y que necesariamente implica la sustitución por otra estructura que sea, efectivamente, un superadministrador de las cosas y no un gobierno de las personas. El anarquismo que Malm desconoce es el de otro antropólogo: David Graeber. Un anarquismo pragmático, concreto, militante y revolucionario -aunque políticamente endeble desde hace décadas. Este anarquismo nos acerca más a Rojava que a Chiapas, lo que implica tener que acercarse a situaciones mucho más complejas y que tienen más que ver con ejercer el poder que con tomarlo.

Malm señala cómo durante la pandemia ha sido el lugar tanto de experiencias de apoyo mutuo como de la aparición de mafias y cárteles que han aparecido allí donde el Estado ha perdido el control, como prueba de la necesidad de un Estado en nuestra época. Pero lo cierto es que de nuevo se idealiza el Estado como puesto de mando de nuestras sociedades, y aquí es donde el anarquismo tiene mucho que decir. El Estado es el producto de unas determinadas relaciones sociales, las cuales están mediadas por la mercancía, el espectáculo y el poder. La transformación social que necesitamos para destruir al capital fosilista pasa, necesariamente, por la destrucción del Estado que le acompaña. Eso no significa apagar los semáforos y cerrar los edificios de la administración tributaria y el ejército. Destruir el Estado fosilista significa reemplazar la actividad del Estado por formas de administración populares que nazcan de otro tipo de relaciones sociales. Para el anarquismo, estas relaciones están definidas por la reciprocidad y la libertad, ahí está el núcleo de su cultura política. Lo que no es definitorio del anarquismo es cómo deben ser las formas de administración que permitan desarrollar esas relaciones sociales sin dominación. Más o menos centralizadas, más o menos globales, más o menos militarizadas. En cualquier caso, la propuesta anarquista pasa por la eliminación del Estado por ser, precisamente, el corsé que impide que los problemas sociales tengan soluciones autónomas. El caso del cambio climático es palmario, pero no es el único.

Las limitaciones del Estado para la gestión de los eventos que nos depara la crisis ambiental han quedado bastante patentes en el macabro fracaso de los Estados del primer mundo en la gestión de la pandemia de 2020. Las mayores cifras de enfermos y muertes han acompañado a las medidas más duras de confinamiento y represión social. A diferencia de las sociedades asiáticas, sudamericanas o africanas, en las que una mayor autonomía técnica y social han permitido el uso de una suma de remedios independientes del capital farmacológico y de las instituciones interestatales como la OMS. El caso Chino puede ser el más paradigmático, dado que el Estado Chino no es precisamente una institución poco dominante y, sin embargo, las medidas más efectivas respecto a confinamientos y control de la pandemia han emergido de las estructuras con mayor participación popular y más localizadas.

3 Narrativas para un mal relato.

El comunismo de guerra de Malm más que una propuesta teórica cerrada, siendo honestos, hay que entenderlo como un recurso retórico. De hecho, como la respuesta al recurso retórico dominante en la escena ecologista que vino desde EEUU: el Green New Deal. Frente al relato del pacto social verde y generador de riqueza que nos propone el Partido Demócrata de EEUU, Malm contrapropone una narrativa revolucionaria y de confrontación. Una narrativa que justifique hacer sacrificios por la causa, que nos movilice en términos militarizados y no tanto económicos.

Pero también en el campo de las narrativas la propuesta del comunismo de guerra es como poco, conflictiva. La primera etapa de la Unión Soviética no se recuerda con especial cariño por ninguna sociedad ni se la tiene especial estima en ningún movimiento político, precisamente, por ser una etapa de esfuerzos y contradicciones difíciles de justificar. El comunismo de guerra fue posible por un empuje popular que miraba más allá, empujado por la mitología socialista cultivada durante décadas, por el tecno-optimismo industrial y por la convicción de que cualquier futuro era mejor que la guerra y el hambre. Malm comete un auténtico despropósito pretendiendo movilizar con la promesa de tiempos duros y decisiones complicadas, del mismo modo que el ecologismo decrecentista suele cometer el error de invocar una Icaria feliz de tintes medievales como algo deseable. La estrategia comunicativa que tiene que acompañarnos no está clara y definida y parece claro que quién dé con ella tendrá un activo político de primer orden. En general en el movimiento ecologista existe una amplia discusión por las narrativas y los imaginarios que se discuten, conscientes de que el cambio ecosocial pasa necesariamente por tener el empuje popular que nace del deseo de mundos mejores.

Febrero de 2021

G. Juncales

Militante del Grupo Anarquista Cencellada

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Los problemas ecológicos son problemas sociales

Autor: Murray Bookchin, traducción y extraído de Red Antihistoria

Lo que define a la ecología social como social es su reconocimiento del hecho de que a menudo es pasado por alto que todos nuestros problemas ecológicos surgen de problemas sociales  profundamente enraizados. Contrariamente, nuestros problemas ecológicos actuales no pueden ser claramente entendidos, mucho menos resueltos, sin lidiar resueltamente con problemas dentro de la sociedad. Para hacer más concreto este punto, los conflictos étnicos, culturales y de género, entre muchos otros yacen en el núcleo de otros problemas ecológicos que enfrentamos hoy en día-aparte, de aquellos  que son producidos por catástrofes naturales.

Si este acercamiento parece un demasiado sociológico para aquellos ambientalistas que identifican el primer problema ecológico como el preservar la vida silvestre, o más ampliamente como asistir a la “Gaia” para alcanzar la “singularidad” planetaria, pueden desear considerar ciertos desarrollos recientes. El enorme derrame de petróleo por parte de un buque de Exxon en  el Estrecho Príncipe William, la extensa deforestación de árboles de secuoya por la Corporación Maxxam, y la propuesta de proyecto de hidroeléctrica James Bay que inundaría vastas áreas de bosque del norte de Quebec, para citar sólo algunos problemas, son recordatorios que el real campo de batalla sobre el que el futuro ecológico del planeta se decidirá es claramente uno social.

De hecho, separar los problemas ecológicos de los sociales – o incluso para minimizar o simbolizar el reconocimiento de su actual relación crucial- sería mal interpretar enormemente las fuentes de la crisis ambiental creciente. En efecto, la forma en que los seres humanos lidian con otros como seres sociales es crucial para dar dirección a la crisis ecológica. Al menos que reconozcamos esto claramente, de seguro fracasaremos al ver que la mentalidad jerárquica y la relación de clase que tan profundamente permea es lo que ha dado origen a la idea de dominar el mundo natural.

Al menos que nos demos cuenta que la presente sociedad de mercado, estructurada alrededor del imperativo brutalmente competitivo de “crece o muere”, es mecanismo  impersonal, auto-operado, tenderemos a culpar falsamente a otro fenómeno –la tecnología como tal o el crecimiento de la población- de los problemas ambientales. Ignoraremos la raíz de la causa, tales como comercio por ganancia, expansión industrial, y la identificación del progreso con el interés corporativo. En corto, tenderemos a enfocarnos en los síntomas de una patología social salvaje en lugar de en la patología en sí, y nuestros esfuerzos serán dirigidos hacia metas limitadas cuyos logros serán más cosméticos que curativos.

Algunas críticas han cuestionado recientemente si la ecología social ha tratado el tema de la espiritualidad en la ecología política adecuadamente, pero la ecología social fue  de hecho entre las primeras de las ecologías contemporáneas en llamar por un cambio en los valores espirituales existentes. Tal cambio sería una transformación de largo alcance de nuestra mentalidad actual de dominación hacia una de complementariedad, una que vea nuestro rol en el mundo natural como creativo, de apoyo, y aprecie profundamente las necesidades de la vida no humana. En la ecología social, una espiritualidad “natural” se centraría en la habilidad de una humanidad despierta para funcionar como agentes morales para disminuir el sufrimiento innecesario, comprometiéndose en la restauración ecológica, y patrocinando una apreciación estética de la evolución natural en toda su fecundad y diversidad.

Así, en su llamado por un esfuerzo colectivo para cambiar la sociedad, la ecología social nunca ha evitado la necesidad de una mentalidad o espiritualidad radicalmente nueva. En 1965, la primer declaración pública que adelanta las ideas de ecología social concluyó con la interjección: “la tendencia de pensamiento que hoy en día organiza diferencias entre los humanos y otros forma de vida a través de líneas jerárquicas de “supremacía o inferioridad” abrirá camino a una visión que lida con la diversidad en una manera ecológica- esto es, de acuerdo con la ética de complementariedad”. En tales éticas, los seres humanos complementarían a los seres no humanos con sus propias capacidades para producir una especie más rica, creativa y capaz de desarrollarse- no como una especie dominante sino una que apoya. Aunque esta ética, expresada a veces como un deseo para la “respiritualidad del mundo natural”, recurre a través de la literatura de la ecología social, no debe confundirse con una teología que eleva  una deidad sobre el mundo natural o incluso que busca descubrir una dentro de ella.  La espiritualidad avanzada por la ecología social es definitivamente naturalista (como no esperaría, dada su relación con la ecología misma, que surge de las ciencias biológicas) más que supernaturalista o panteísta.

El esfuerzo en algunos cuartos del movimiento ecológico de priorizar la necesidad de desarrollar una “eco-espiritualidad” panteísta sobre la necesidad de atender factores sociales (que de hecho erosionan todas las formas de espiritualidad) eleva una seria de preguntas acerca de su habilidad para agarrarse a la realidad. En un momento en que un mecanismo de ceguera social, el mercado, convierte suelo en arena, cubriendo suelo fértil con concreto, envenenando agua y aire, y produciendo cambios climáticos y atmosféricos, no podemos ignorar el impacto que una sociedad de clases y jerárquicas tiene sobre el mundo natural. Debemos enfrentar el hecho de que el crecimiento económico, las opresiones de género, y dominación étnica- por no hablar de los intereses corporativos , de estado, y burocráticos – son mucho más capaces de dar forma al futuro del mundo natural de lo que son las formas privadas de auto-regeneración. Estas formas de dominación deben ser confrontadas por la acción colectiva y por un gran movimiento social que rete los recursos sociales de la crisis ecológica, no simplemente a través de formas personalistas de consumo e inversión que suelen darse bajo el nombre de “capitalismo verde”. La presente sociedad altamente absorbente está muy ansiosa de encontrar nuevos medios de engrandecimiento comercial y agregar verborrea ecológica a sus anuncios y esfuerzos de relaciones comerciales.

Este artículo se publicó originalmente en Michael Zimmerman, ed., Environmental Philosophy: From Animal Rights to Radical Ecology (Englewood Cliffs, N.J.: Prentice Hall, 1993) y fue levemente revisado para su publicación en Climate and Capitalism

Traducido para Antihistoria por la Dra. Carolina L. Vergara

Enlaces del mes: Diciembre 2016

Destacamos un artículo que analiza la organización horizontal no jerárquica de algunas tribus en contraposición al argumento clásico de Hobbes. Las sociedades pequeñas pueden mantenerse de forma «familiar» y por ende, horizontal. Algunas de ellas incluso no dan ni «las gracias» pues suponen que dar las gracias supone esperar una recompensa.

Apoyo Mutuo nos ha dejado este mes la reflexión democracia versus Estado, en donde la experiencia histórica demuestra que el Estado, lejos de actuar como un facilitador de los procesos sociales de transformación democrática, ha actuado siempre como un obstáculo.

El «no» en Italia sobre la reforma que pretendía reforzar la partitocracia en Italia significa un nuevo fracaso para las élites políticas del país.

El carbón es una fuente de energía que ya no tiene futuro, pero en España, nadie apuesta por una transición hacia un modelo sostenible. Es más, su consumo se incrementó.

Un tema clave que nos debería preocupar es la estrategia comunicativa, ya que es imprescindible para que nuestros mensajes dejen de ser silenciados, tergiversados o que nadie nos preste atención. Temas como el lenguaje o los relatos que vayan más allá de los argumentos, son importantes sobre las que ir trabajando.

«Creo que la batalla política fundamental en Europa va a ser quién construye el pueblo, y qué se puede construir de dos lados.» En esta entrevista a Iñigo Errejón, podemos sacar algunas lecturas políticas interesantes que deberíamos aprender el resto de la izquierda.

(Traducción) Esperanzas para una nueva era: ejemplos de antes y después de restauración permacultural de la tierra. Solucionando nuestros problemas desde la base

Introducción del traductor: El motivo de la traducción de este artículo es la búsqueda de técnicas necesarias en un contexto de crisis económica, pero también energética, en la que se deberá replantear todo el sistema para que podamos seguir comiendo, ya que comenta el artículo, nuestra producción de comida depende casi totalmente del petroleo, energía que en las próximas décadas dejara ser rentable extraer (por cada unidad de energía iremos sacando menos, ya que hemos extraído el crudo más fácil y superficial, y nada puede substituir dicho combustible). En este artículo, ante la catástrofe ecológica, nos da algo de esperanzas debido a la existencia de planteamientos y herramientas que demuestran que otra manera de relacionarse en el entorno es posible. Sin embargo, no me gustaría que se entendiese de manera simplista, que el camino es una “vuelta al campo”… las implicaciones sociales de como plantear estrategias requerirían otro artículo.

Rio + 20 ha sido y se ha acabado, y, en el gran esquema de las cosas, ha logrado poco, o incluso lo ha empeorado. Con este post[1] me gustaría aprovechar la oportunidad para anotar algunos pensamientos e imágenes que podrían ayudarnos a sacudir la decepción, la desilusión y la desesperación, y darnos algo en lo que todos podemos considerar, acostumbrarnos y apoyar. Nuestros “líderes” nos están llevando “por un camino de rosas”, pero desafortunadamente, en un sentido proverbial más que literal. Realmente es el momento de forjar nuevos comienzos, crear nuevas economías, y priorizar el capital natural y social con el objetivo de restaurar la salud ecológica y social.

El problema que nosotros tenemos como cultura[2] (particularmente los anglosajones como yo mismo), es que creo, que, cuando pensamos en la naturaleza, tendemos a compartimentarla. Es esa “reserva” o “parque” que necesita ser “protegida” de nosotros. Tendemos a admitir que nosotros somos destructivos, pero el problema central es que, puesto que no podemos ver que somos algo más que destrucción, concluimos que si podemos dejar suficiente espacio que no toquemos “allí afuera”, entonces todo estará de alguna manera en equilibrio. Este es un fracaso totalmente arraigado, pero poco reconocido, de nuestra cultura moderna.

Los permacultoristas miran el mundo de manera diferente – pensando en que la humanidad también es parte de la naturaleza. No sólo eso, y no sólo que nosotros (como parte de la naturaleza) merecemos sobrevivir, sino que también podemos ser un organismo beneficioso para el conjunto. Si esta capacidad (que ha sido probada) pudiese ser verdad para todos los seres humanos, entonces no importaría donde las personas viven, incluso si cubriesen prácticamente el globo, ya que es un activo para el planeta, y no un parásito. Esto, por supuesto, sólo puede suceder si aprende a trabajar con la naturaleza, y no la combate a cada paso, como lo hace hoy en día. Donde, por ejemplo, un agrónomo puede tomar un buen trozo de tierra y convertirlo en un desierto en el transcurso de unas pocas décadas, o incluso sólo unos pocos años, un permacultor puede tomar un desierto, convertirlo de nuevo en un terreno perfectamente bueno, y puede diseñar para que se (como un bosque natural) autoperpetúe por sí solo mientras produce alimento.

Pero, aparte de eso, quiero compartir algo con vosotros. Es básicamente una lógica que me resulta difícil dejar de lado, y que me mantiene en mi trabajo y en mis propósitos:

  1. Si estudias la ciencia del suelo (como yo he hecho, y quisiera que fuese obligatorio en las escuelas) – y no sólo desde un punto de vista químico y reduccionista como lo hacen los agrónomos, sino desde un punto de vista biológico, donde estás observando la “magia” de las interacciones e interdependencias biológicas/químicas – entonces te das cuenta rápidamente de que cuanto mayor sea la escala que vas con la agricultura, más compromisos empiezas a hacer respecto a trabajar con la naturaleza. A cuanto más tierra esfuerzas para cuidar por persona[3], más empiezas a “forzar las funciones” (intentando conseguir que la naturaleza haga algo que no quiere hacer – un poco como empujar agua cuesta arriba). A mayor escala ocurren dos cosas: 1) cuanto mayor es la escala, mayor es la separación entre el propietario y su tierra – así que la observando de las sinergias a nivel macro y su ajuste se hace cada vez de más difícil, a imposible, y 2) los monocultivos se convierten en una necesidad para la automatización necesaria, y entonces acabas consiguiendo menos energía de la que pones, empezando en un espiral que se muerde la cola de trabajo, fertilizantes, productos químicos, etc., que son el resultado inevitable de intentar mantener lo que la naturaleza no permite normalmente. (Este post da un buen resume fácil de entender mediante un ejemplo de esto)
  2. Sabes muy bien que, con los sistemas actuales, estamos utilizando enormes cantidades de combustibles fósiles para producir “alimentos” (“comida” está entre comillas, porque está cada vez más vacía de nutrición). Y, sabes muy bien que simplemente no tenemos esa energía para quemar más. Además, debido a nuestro sistema globalizado, no estamos comiendo las plantas que podríamos, simplemente porque no viajan bien, son marginadas por las multinacionales de la agroindustria[4] (piensa en las bayas, y todo tipo de variedades de plantas). El sistema que prometió más diversidad en nuestra dieta realmente la ha reducido dramáticamente. Incluso de esa gama limitada de productos que es “aprobada” por el modelo globalizado de las multinacionales, alrededor del 25-50% de los alimentos se desperdicia (según la FAO). Incluso antes de llegar a los supermercados (¡y mucho más se pierde también después de la compra!).
  3. El uso de combustibles fósiles (pesticidas, fertilizantes) no sólo ha aumentado nuestra población de manera exponencial, sino que simultáneamente ha consumido la vida de nuestro suelo a un ritmo creciente.
  4. Los últimos tres puntos significan que la humanidad está en una posición altamente precaria (suelos muertos, el pico del petróleo, poblaciones en auge). Estamos entrando en un territorio definitivo de hambruna…
  5. Después añade el cambio climático, que está empeorando seriamente nuestra capacidad para corregir los problemas mencionados. Gran parte de este cambio climático se debe a lo anterior – el carbono que debería estar en nuestros suelos está ahora en nuestra atmósfera, debido a la ignorancia y la codicia.
  6. Añade a lo anterior que la mayoría de la gente vive ahora en ciudades densamente pobladas, por lo que es incapaz de trabajar la tierra aunque quisiera, incluso si supiera cómo hacerlo.
  7. Lo anterior significa inevitablemente que dos cosas importantes deben suceder: un movimiento masivo de reaprendizaje de habilidades y de reeducación, combinado con una transición de la gente a la vuelta al campo, para aquellos que no tienen acceso a ella.
  8. Dado que en gran parte del mundo “desarrollado”, la mayoría de la tierra está ocupada por grandes explotaciones, e incluso por un puñado de grandes multinacionales (con los agricultores a menudo siendo poco más que siervos en ellas – “manejando” sus granjas con una perspectiva dictada por sus señores feudales empresariales, como espacios a los que colorear), el reaprendizaje y la transición para la vuelta a la tierra se complica con una difícil necesidad de redistribución de la tierra -algo que históricamente casi nunca ocurrió sin revolución y derramamiento de sangre.
  9. Donde hoy tenemos incentivos económicos que favorecen el cultivo a gran escala y las multinacionales de la agroindustria, si vamos a trabajar en el ámbito político, entonces creo que tenemos que apuntar a la necesidad de ver promulgadas políticas que incentiven el “hacerse más pequeño o irse”, cosa muy opuesta a las políticas de los últimos 50 años. Una vez más, esto sólo funcionará si las personas que manejan estas parcelas más pequeñas se educan en cómo hacerlo, de lo contrario, en lugar de aumentar la resiliencia y disminuir la inseguridad alimentaria, sólo podremos empeorar la situación.
  10. Para los urbanitas, esta es una buena opción de transición provisional, donde relegamos el césped a su lugar como anécdota de corta duración en nuestros libros de historia: www.permaculturenews.org/2011/05/13/the-grass-isnt-greener.
  11. Es clave entender la biología que hay detrás del calentamiento globalcómo la deforestación y la mala gestión de nuestra tierra empezó el incremento de CO2 atmosférico mucho antes de que incluso comenzase la minería de carbón y  la extracción del petróleo. Si la gente entendiese esto mejor, en vez de mirar desde el punto de vista de las emisiones de los combustibles fósiles, una perspectiva reduccionista, estaríamos un paso más cerca de entender las soluciones holísticas al cambio climático (restablecimiento sumideros de carbono, por medio de bosques comestibles y la metodología agrícola permacultural – que también nos liberarían de nuestra adicción a los combustibles fósiles-.

La educación es clave. La creación de sitios inspiradores de demostración es clave. La colaboración es clave.

Ejemplos de antes y después para inspirar

Este post será editado y extendido mediante el envío de personas de ejemplos de antes y después de acción restaurativa permacultural a lo largo del mundo. Se espera que esta página se convierta en un ejemplo inspirador de cambio positivo y factible, y que aliente a una nueva generación a abandonar la mentalidad inaplicable e insostenible basada en el consumo que hemos heredado de generaciones anteriores, y programada junto con los sistemas económicos y políticos contemporáneos, para de otro modo adherirse a una vida que integre de manera armoniosa no con sólo las realidades ecológicas, sino que también satisfaga las necesidades reales y presentes de la humanidad – agua limpia, aire y suelos vivos, refugio cómodo y saludable, y trabajo positivo, agradable y relaciones sociales interdependientes, en colaboración pacífica, con las personas y las comunidades que nos rodean.

No digas que no se puede hacer. Como verás a continuación, se está haciendo – solo necesitamos ver ejemplos de este tipo replicados en todo el panorama mundial. Las personas deben convertirse en un elemento positivo en su entorno, y la buena noticia es que pueden hacerlo.

Comienzo con dos ejemplos urbanos, ya que la mayoría de la población mundial se encuentra ahora en esta situación. “Resalvajar[5]” las ciudades es una necesidad urgente.

Los céspedes pueden convertirse en huertas y bosques comestibles. Los jardines ornamentales pueden ser reemplazados por versiones que nos puedan alimentar, igualmente estéticas y mucho más prácticas. El sistema masivo de intercambio de alimentos, que necesita grandes inputs, puede ser progresivamente desmantelado, en el momento en el que comencemos a transportar alimentos desde la puerta de nuestra casa a la mesa de la cocina, en lugar de cruzar la nación, o el globo. Al igual que nosotros, de esta manera, reducimos nuestra necesidad de ingresos monetarios, podemos aumentar la cantidad de tiempo que podemos invertir en aprender nuevas habilidades y proveernos para nosotros mismos.

Estos contrastes de antes y después son de Eric Toensmeier (véase el perfil de Eric), de su patio en Massachusetts:

1before_after_eric_toensmeier_20042004

2before_after_eric_toensmeier_20112011

El siguiente ejemplo urbano es el “resalvajamiento” de “terrenos públicos” – el sendero frente a la casa de Brad Lancaster en Tuscon, en Arizona.

3before_after_brad_lancaster_19941994

4before_after_brad_lancaster_20062006

¡Imagina la diversidad, la tranquilidad y los servicios del ecosistema que senderos como este podrían proporcionar en todo el mundo!

La meseta de Loess de China, según lo registrado por John D. Liu, proporciona un ejemplo impresionante de cómo la colaboración de la comunidad puede alcanzar maravillas a gran escala:

5before_after_loess_plateau_01_1995La meseta de Loess, ejemplo 1a: a principios de septiembre, en 1995

6before_after_loess_plateau_01_2011La meseta de Loess, ejemplo 1b: a principios de septiembre, en 2009. China

7before_after_loess_plateau_02_1995
La meseta de Loess, ejemplo 2a: a principios de septiembre, en 1995. China

8before_after_loess_plateau_02_2011La meseta de Loess, ejemplo 2b: a principios de septiembre, en 2009. China

9before_after_loess_plateau_03_1995
La meseta de Loess, ejemplo 3a: a principios de septiembre, en 1995. China

10before_after_loess_plateau_03_2011
La meseta de Loess, ejemplo 3b: a principios de septiembre, en 2009. China

A continuación se muestra un fragmento de la obra de Tony Rinaudo, con su abordaje mediante el “gestión de cultivo regenerador natural” (GCRN)[6]. Puedes encontrar más información aquí, aquí y aquí:

11before_after_loess_plateau_01_2011Etiopía, 2000

12before_after_fmnr_01Etiopía, 2006 (La misma ladera como la imagen anterior, pero no desde exactamente el mismo punto de vista)

13before_after_fmnr_03
Tierra sin árboles en el Níger…

14before_after_fmnr_04
… y tres años después.

Las dos imágenes de satélites de abajo muestran más trabajo de la GCNR en la reforestación:

15before_after_fmnr_05Níger, 1975

16before_after_fmnr_06Níger, 2005

Las dos siguientes imágenes demuestran gráficamente los éxitos de la permacultura en una comunidad zimbabwense, un excelente ejemplo de transformación a gran escala:

chikukwa-before
Este plano muestra cómo las tierras Chikukwa se veían a principios de los noventa,
laderas desnudas y el suelo erosionado, con la consecuencia de una mala nutrición del suelo.

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Esta imagen muestra una pequeña sección de las tierras del clan Chikukwa, de cómo son ahora. Las casas protegidas entre los huertos, los diques con hierba vetiver en los campos de cultivo y los extensos bosques son todos típicos elementos de esta estrategia de diseño.

La siguiente es la propia Granja Zaytuna del Instituto de Investigación de Permacultura[7], en el norte de Nueva Gales del Sur de Australia, que ha pasado de ser una propiedad degradada y propensa a la sequía,  a convertirse en un ejemplo de permacultura en acción fértil, biodiverso y a prueba de sequía en una típica, a una escala de granja de tamaño mediano:

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before_after_geoff_lawton_20122012

Aquí está el “detalle” del antes y después de la granja Zaytuna:

before_after_geoff_lawton_stump_2002Un tocón de árbol, abandonado en una propiedad utilizada con anterioridad por el ganado, seca y deteriorada, en 2002.

before_after_geoff_lawton_stump_2012El mismo tocón, escondido entre un bosque frondoso, en 2012

Un recuento reciente de fauna aviaria sobre y por encima de la granja Zaytuna nos dio esta lista de 64 especies de aves. Aunque no sabemos cuántos pájaros habríamos contado antes de que el proyecto comenzara hace una década, no es necesario ser un genio para reconocer que los alrededores inhospitalarios en las instantáneas del “antes” no darían cabida a tanta diversidad de vida salvaje.

Para más información sobre la Granja Zaytuna, vea el videotour de 2012.

Todo lo que somos y tenemos, se debe a los servicios prestados por el mundo natural y sus sistemas cíclicos. En lugar de gigantescas instituciones financieras que se desmoronan, nuestro suelo es nuestro banco y satisfará nuestras necesidades si podemos aprender a mantener las cuentas equilibradas. Nuestra economía actual está parasitando la base misma de nuestra existencia, así como esa misma economía está parasitando el 99%. Es seguro que los ricos y poderosos no renunciarán fácilmente a su dominio en el mundo natural, ni entregarán su dominio sobre nosotros, su preciada base sostenida por nuestra fuerza de trabajo y luego consumidora. Pero, podemos socavar el sistema y reemplazarlo…. En este contexto me acuerdo de la siguiente cita muy astuta:

Aquí hay un buen consejo para practicar: asociarse con la naturaleza; ella hace más de la mitad del trabajo y no pide nada de los honorarios. – Martin H. Fischer (1879-1962)

Actualizaciones (ejemplos agregados después de la primera publicación del artículo anterior):

before_after_happy_earthComparación de 18 meses, en Wollongong, NSW, Australia. Puedes ver más aquí.

Las siguientes imágenes de antes y después son de Penny Livingston-Stark, con su primer jardín de permacultura en Pt. Reyes Station, en California, Estados Unidos:

before_after_penny_livingston_1Antes: observa el nogal a la izquierda y el peral floreciente a la derecha. Es finales de invierno / principios de primavera.

before_after_penny_livingston_2Alrededor de dos años más tarde. Nota: el nogal de la izquierda tiene hojas que comienzan a salir, por lo que esta foto fue tomada en la primavera un poco más tarde. Ya no podemos ver el peral en la derecha, o la casa en el fondo. Construimos 8 pulgadas (N. del T., 20,3 cm) de humus en unos 10 años haciendo esto. La construcción del suelo a este nivel debe ser considerado en la construcción de cimientos, etc.

Notas

[1] (N. del T.) Artículo original de Permaculturenews. Traducido del inglés por A Bandazos.

[2] (N. del T.) Raza en el original. En el mundo anglosajón, raza se utiliza a menudo como sinónimo de cultura y etnia, sin las condiciones biologicistas (y racistas) que tiene la palabra en contextos como en el nuestro, aunque no esté exenta de debate. También se ha editado el artículo para substituir expresiones a nivel de género como “las personas” en vez de “los hombres”.

[3] (N. de T.) Cursiva propia

[4] (N. del T.) BigAgri en el original)

[5] (N. del T.) Traducción propia de Rewilding. Más información del concepto aquí. Sin embargo, la explicación que desarrolla en el párrafo tiene cierta relación con el término utilizado en nuestro idioma de rurbanizar, aunque no son sinónimos.

[6] (N. del T.) Farmer Managed Natural Regeneration (FMNR) en el original, traducción propia. Entrada en inglés de Wikipedia del concepto. Similar a la Agricultura Regenerativa

[7] (N. del T.) Permacultural Research Institute (PRI) en el original.

Implicaciones políticas del término Naturaleza

Cuando hablamos de ecologismo, a menudo surge de manera recurrente el termino natural o naturaleza como una forma categórica de clasificar lo que está bien de lo que está mal, muchas veces simplificando y contaminando los debates éticos y políticos, usándose como un hecho, como un argumento de autoridad con el que zanjar las discusiones. Así por ejemplo, podemos oponernos a ciertas tecnologías como los transgénicos “argumentando” que van “contra natura”, porque modifican “el orden natural de las cosas”, o podemos realizar una critica construida y bien argumentada basada en las problemáticas ambientales y sociales que puede causar dicha tecnología (ver Transgénesis, ¿Sólo una herramienta?).

Asociamos naturaleza con orden, con equilibrio, con armonía, y vemos como natural aquello que es habitual y está aceptado en una determinada sociedad, y a menudo conforme con la clase dominante. De este modo, este término se puede usar y se ha usado frecuentemente como normalizador y represor de las conductas o acciones disidentes. Permite invalidar cualquier teoría evitando la argumentación y nos dota de una visión determinista e inmutable de las cosas. Este término no sólo se usa en los debates sobre temas ambientales, sino que se ha usado y se usa para justificar el neoliberalismo, el colonialismo, el racismo, el sexismo o el especismo.

La historia demostró que toda justificación del orden social por las leyes de la naturaleza, sirvió al totalitarismo (el nazismo se valió de la selección natural) (Simonnet, 1979; 76 apud Diegues 1994).

Así por ejemplo cuando se hace una descripción biologicista y dicotómica de los sexos, o cuando se critican temas como la homosexualidad, o a las personas transgénero, se suele recurrir al término naturaleza como a una Verdad científica irrefutable o se acusa a estas personas de transgredir unas supuestas “leyes naturales” que definen lo que está permitido, lo que es “normal”; o simplemente se utiliza este término para definir lo que debería ser, para lo que están destinadas las cosas o las personas (las mujeres estarían destinadas a procrear pues son definidas por el mero hecho de tener un útero).

Del mismo modo, para trazar la linea divisoria con la que se define que seres son los que merecen tener una consideración moral o ética, se basa en la dicotomía humanidad/naturaleza propia de la tradición judeo-cristiana-islámica, dotando a los seres pertenecientes a nuestra especie de un valor intrínseco:

Nuestra humanidad, parece tomar valor solamente en proporción al desprecio acordado a los animales. Se define enteramente por contraste con la “animalidad”, es decir con sus representantes más indicados de una Naturaleza a la cual se opone punto por punto: los humanes son individuos que poseen un valor intrínseco, tienen una historia, son racionales, conscientes y libres, han emergido del “estado natural”, mientras que los animales son mecanismos funcionales del orden (de la Naturaleza), especímenes de su especie, que actúan por instinto (1) y presos de su naturalidad sin esperanza de remisión (Yves Bonnardel).

El término naturaleza y sobre todo el cómo nos consideramos con respecto a esta (si formamos o no, lxs humanes y lo producido por ellxs, parte de la naturaleza) tiene una gran influencia tanto en la ecología como ciencia, como en los movimientos ecologistas y en las distintas vertientes ideológicas derivadas de ellos. Estas implicaciones no son sólo a nivel teórico, pues al fin y al cabo definen los objetivos, las prioridades y en definitiva las luchas de estos movimientos. Pero el análisis detallado de las implicaciones en el movimiento ecologista me las reservo para la próxima entrada.

Por lo tanto, haciendo un adelanto al próxima articulo sobre los distintos movimientos o ideologías ecologistas, propongo, deshacernos del término e idea de naturaleza, por que al final, las palabras y conceptos que usamos definen nuestra forma de pensar y por lo tanto de actuar.

Notas:

Humán o humanes: Miembro de la especie Homo sapiens

Bibliografía:

– Diegues A.C. 1994. O Mito moderno da natureza intocada. Editora Hucitec. P 28-53

– Yves Bonnardel. 2005. En finir avec l’idée de Nature, renouer avec l’éthique et la politique. Les Temps Modernes. (http://tahin-party.org/textes/finir-idee-nature_texte-seul_format-lettre.pdf). También se puede encontrar en castellano (no muy bien traducido) en: http://tahin-party.org/textes/terminar-idea-naturaleza_texto-solo_formato-a4.pdf

Autor: Un biólogo contestatario.

Ante la Cumbre del Clima

Frenar el cambio climático a tiempo es uno de los retos más importantes que tiene la población mundial hoy en día. La concentración de CO2 en la atmosfera supera ya las 400ppm (partes por millón), cuando el límite para controlar el cambio climático fue fijado en 350ppm en su día. Esto nos ha traído ya los primeros efectos que crecen año tras año, la temperatura global a ascendido 0.85ºC desde la era preindustrial y el nivel del mar está aumentando debido a deshielos de glaciares como los del Ártico, región que ya ha perdido tres quartas partes de su extensión en los últimos 30 años. A todos estos efectos se le suman sequías, fenomenos meteorológicos extremos y la acidificación de los oceanos, si seguimos en la misma línea el aumento de la temperatura mundial podría rondar los 5ºC para final de siglo.

Ante estos problemas, del 30 de noviembre al 11 de diciembre, se celebrará en París una cumbre internacional para tomar cartas en el asunto, la COP21 (21st Conference of the Parties). En este encuentro entre naciones, después de no haber conseguido fijar una base clara en la anterior COP20 de Lima del año pasado, se decidirá finalmente las medidas que los distintos estados habrán de asumir, por ello es importante que se muestre una presió ciudadana para que los acuerdos sean lo más profundos posibles y así las medidas sean notables, y que no pase como con acuerdos anteriores como el Protocolo de Kioto que no fue repestado.

Millones de personas están centralizando sus fuerzas en este tema, para ello se ha creado un Manifiesto por la Justici Climática, entre otras cosas se pide que los países se comprometan a reducir drásticamente sus emisiones de efecto invernadero. Que este proceso sea fomentada por los países más desarrollados ya que son los que más recursos tienen para hacerlo y los principales causantes del cambio climático. Aparte también que los países más desarrollados contribuyan al desarrollo sostenible de los menos desarrollados. Por otro lado se ha de garantizar el derecho a un medio ambiente sano y el acceso a recursos de una manera sostenible. Por último, hace falta unos mecanismo para que el acuerdo se cumpla.

Para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero se ha de cambiar el modelo energético. Debemos minimizar hasta eliminar la quema de combustibles fósiles, e invertir en energías renovables y limpias, pero debido a las innumerables pegas puesta por el lobby energético en España tendríamos que conseguir una democratización del sector y eliminar leyes como el llamado “impuesto al sol”, que perjudican al autoconsumo de renovables. Por otro lado se ha de reducir el consumo energético, crear sistemas que regulen el consumo electrico y no consumir más de lo necesitado. En cuanto al transporte, conviene promover el transporte público y facilitar la movilidad en bicicleta, estas medidas también ayudarían a que grandes ciudades como Madrid y Barcelona, que ahora están en riesgo, disminuyan la contaminación atmosférica mejorando así la salud y calidad de vida de sus habitantes. Es importante acabar con los proyectos de prospecciones de hidrocarburos no convencionales que se nos quieren imponer hoy en día, como el fracking, al invertir en estos recurso retrasamos todavía más el cambio de modelo energético a la vez que ponemos en riesgo el medio ambiente y nuestra salud. Además, debemos proteger áreas clave como el Ártico, ya que el hielo polar actua como un espejo reflejando los rayos de sol al espacio, y bosques como los de la Amazonia, Indonesia o África tropical, son el principal filtro de CO2 de la Tierra. Finalmente, también hay quien apunta a la reducción del consumo de carnes, ya que la industria ganadera representa casi una quinta parte de los gases de efecto invernadero. Un objetivo un poco ambicioso pero posible y eficaz sería lograr una emisión 0 de gases de efecto invernadero para 2050 en España.

Desde Embat luchamos por la nacionalización del sector eléctrico y un plan de desecentralización energética. Vemos la necesidad de la existencia de una empresa pública con participación cooperativa encargada de producción limpia, local y autocentrada de energía. También comtemplamos la necesidad de la eficiencia energética y la producción local de la energía.

De vuelta a la COP21, a pesar de las prohibiciones por parte del Gobierno francés, se espera que el 29 de noviembre y 12 de diciembre se reunan millones de personas en dos grandes marchas para visibilizar la preocupación social por el cambio climático y la necesidad de tomar medidas urgentes. También se han convocado manifestaciones por todo el mundo, Barcelona no se queda al margen, y el próximo 29 de noviembre habrá una marcha desde la Plaça de la Catedral a las 11:30.

Anímate y ven a la Marxa Mundial pel Clima.

Eneko activista medioambiental y miembro de Embat

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