La tormenta en México

 Por abd

No es novedad la violencia en México, tampoco sus causas son una novedad, lo que sí podría serlo es la rapidez y las coincidencias. Lo primero que se asoma en la lista de coincidencias son las fechas, es sorprendente como las autoridades se empeñan por sumar efemérides al movimiento estudiantil.

A unos meses de que pasara el aniversario de la matanza del jueves de corpus (10 de junio 1971), a unas semanas del aniversario de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinap (26 de septiembre del 2014)[i] y a tan solo un mes del aniversario 50 de la matanza de Tlatelolco (2 de octubre 1968), el país vuelve a salir a las calles por la agresión de un grupo de golpeadores atacaron la huelga del Colegio de Ciencias y Humanidades perteneciente a la UNAM.

Múltiples universidades en el resto del país  se movilizaron, en algunas se quedó en le momentum, en otras se preparan para crear organizaciones y las organizaciones ya en proceso sin duda se verán fortalecidas. Menos viral pero igual de importante es la represión que sufrieron compañerxs de la Escuela Normal Rural Mactumatzá en Chiapas, en general, las normales rurales se caracterizan por tener una organización fuerte, pero el fallecimiento de un alumno durante la “novatada” ha sido utilizada para criminalizar a los líderes estudiantiles, a esto se respondió con barricadas y el gobierno desató la represión.

La violencia no se limita a la lucha estudiantil. Los últimos años del gobierno de Peña Nieto han difíciles para indígenas y defensores de la naturaleza. Pareciera que quieren limpiar el país antes de que AMLO tome el poder. Esta semana asesinaron a César Vargas Castro del Frente Nacional por la Liberación de los Pueblos y desapareció Sergio Rivera Hernández a manos del gobierno y la minera Autlán.

Mientras escribo este texto (11 de septiembre 2018) se sepultó el cuerpo de Margarito Díaz, activista pacífico y líder espiritual del pueblo wixárika que fungía como presidente fungía como Presidente del Consejo de Vigilancia de la Unión Wixárika de Centros Ceremoniales de los Estados de Jalisco, Durango y Nayarit, A. C.

Solo puedo mencionar los hechos que sobresalen en las redes, ya sea por su importancia o por la construcción de grandes y pequeños medios libres, pero sé y quiero que quien lea este texto sepa que existen decenas si no es que centenas de casos como estos que ocurren a diario en México. La situación sin duda es una tormenta.

Pero con la tormenta viene la organización y tras las declaraciones del presidente electo sobre que el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México sería puesto a consulta pública a pesar del completo rechazo de quienes viven en dichos territorios, la izquierda no electoral se a quitada una importante venda de los ojos y comienzan a crecer las organizaciones, los frentes, las huelgas y los grupos de estudio. A unas horas de publicar este artículo, 15 personas salieron lesionadas en un enfrentamiento entre pobladores de Atenco y golpeadores de la empresa Pinfra.

Tal vez aún no podemos huir de la totalidad de su tormenta, pero poco a poco se alcanza a apreciar que llega la nuestra.

[i] Este hipervínculo lleva a la Plataforma Ayotzinapa, una cartografía de la violencia, proyecto en el que muestra de manera interactiva todos los datos y detalles de aquella noche del 2014

[Reseña] El Chapo, la serie

Arnoldo Diaz

Antes de comenzar debo advertir que mis vicios de historiador me impiden considerar que una serie o película histórica contiene spoilers. Dicho lo anterior, si no sabes nada de la historia de Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo, y quieres vivir la sorpresa de tan peculiar biografía sugiero dejes de leer y te dirijas al servidor pirata más cercano para ver tan entretenida serie.

La historia del narcotráfico es muy larga, mucho más de lo que los medios quieren reconocer. Pero la narrativa que ha manejado el equipo de Netflix para dar un aire de conexión entre la serie Narcos y la serie El Chapo parten de un punto determinante de la historia reciente del narcotráfico latinoamericano: el asesinato de Enrique Camarena, agente de la DEA, a manos del entonces hegemónico cartel de Jalisco.

Este hecho se presenta como el punto de “quiebre” entre el gobierno mexicano y la organización de Miguel Ángel Félix Gallardo, el jefe de jefes, así como también lo fue para incrementar la presencia de la DEA en Colombia. La serie sobresale por ser sumamente directa, empezando por las identidades de cada uno de los personajes a quienes se les cambia el nombre pero la mayoría del elenco cumple con características físicas de algunos personajes públicos como los presidentes o algunos patrones del narco.

Tan directa es la serie que en la primera temporada no se duda en afirmar que Félix Gallardo y el gobierno de Salinas de Gortari (1988-1994) pactaron un acuerdo para repartir los territorios entre los diversos patrones, división que benefició al Chapo, adquiriendo unas plazas en la frontera norte del país donde desarrolló los túneles que lo hicieron famoso y millonario.

Quizá la primera temporada es la más lenta ya que muestran al Chapo en su camino como un nuevo patrón, más débil que sus adversarios, sin el apoyo del gobierno mexicano y en guerra con Tijuana. Dándonos unas cuantas anécdotas bastante terroríficas como la tragedia del Güero Palma y una de las muchas desventuras del general Acosta Chaparro (en la serie Gral. Blanco).

Pero cabe aclarar que en la serie Joaquín no es el único personaje central. El coprotagonista es Conrado Sol, en la vida real Genaro García Luna, aliado del Chapo en la guerra del Cartel de Sinaloa-Gobierno Federal vs Cartel del Golfo-Juárez-Zetas, que duraría la mayoría del sexenio de Felipe Calderón (2006-2012) periodo en el que dicho personaje se desempeñó como secretario de Seguridad Pública, conocida también como la guerra contra el narco.

La segunda temporada es dedicada a dicha guerra y no escatima en detalles gráficos y dramáticos. Sin duda la temporada mejor lograda y que más le llega al público mexicano. Cabe destacar el capítulo titulado “Los Otros”, dedicado a tres historias distintas: un estudiante reclutado, la búsqueda de una madre y el infierno de una familia campesina.

Sorprende no solo la fidelidad con la que se interpretan los sufrimientos de la guerra, la serie también destaca por su nivel de profundidad y la seguridad con la que lanzan datos claves de la historia reciente de México. Por poner un ejemplo de la segunda temporada, no dudan ni un segundo en asegurar que el Chapo financió la campaña de Felipe Calderón así como la de Peña Nieto, dinero que terminó en manos del sindicato de maestros quienes se encargaron de realizar un fraude electoral de abajo hacia arriba.

Finalmente la tercera temporada está llena de frustraciones. Temporada final de la serie, dedicada a Juan Carlos Olivas, que muestra a un Chapo poderoso, imparable, con negocios por todo el mundo y no es exageración, el imperio de este personaje era tan grande que el jugador principal de esta historia tiene que llegar a poner orden al juego. La DEA le da un ultimátum al Chapo y la verdadera prueba comienza.

Es digno de mencionar que más allá de una retórica de buenos contra malos, las series de narcotráfico en Netflix han sido construidas a raíz de múltiples notas periodísticas –que en más de una ocasión costó la vida de quien la creó- se han preocupado por resaltar el control de los negocios y la guerra en América Latina por parte del imperialismo gringo. La DEA, presente en “Narcos” y “El Chapo”, y la CIA, presente en “Narcos” y salpicada en “El Chapo” por los vínculos que en la vida real el general Acosta Chaparro con dicha agencia, son quienes ponen las reglas al juego y al primero que las rompa, ahora sí que como se dice por acá: se los carga la chingada.

Insisto, en la historia no hay spoilers y en todo caso la misma serie empieza por el final: la extradición de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera. La serie en tres temporadas muestra los acontecimientos más relevantes de este personaje, sus encuentros y desencuentros con Don Sol (Genaro García Luna), así como los conflictos entre jefes de los carteles más importantes de México, mostrando con un poco de claridad cómo se llegó a manejar el submundo del narcotráfico y la guerra.

Pero queda un vacío, que la misma serie se encarga de transmitir. El Chapo en USA, Genaro García apuntalado como candidato presidencial (cosa que afortunadamente es más ficción que realidad), pero la violencia no termina. La serie llega al 2017 pero la historia no acaba ahí. Un año más tarde arrestarían a Damaso “El Licenciado” López, cabecilla del Cartel de Sinaloa tras la extradición del Chapo. Y aún con todo el show que implican las detenciones, la violencia crece en México.

No saben cómo llamarle a la violencia, niegan las tendencias e ignoran a los grupos que se han estado peleando el territorio desde la salida del Chapo y de Damaso, los cuerpos se acumulan o desaparecen. Y aunque lo quieran negar, de manera organizada o no, esa violencia tiene nombre, se llama patriarcado y civilización.

Acercarse al tema de la necroeconomía y la necropolítica en México no es cosa fácil. Si bien la serie de El Chapo es bastante gráfica (aunque no gore), en la lectura de notas periodísticas de los años más agitados de la guerra podemos encontrar atrocidades que ni Netflix ni HBO se atreverían a plasmar. México es un país lastimado, pero también es un país con alternativas que pronto comenzarán a dar frutos. Esperamos ver pronto una serie de este otro México.

Elecciones en México: Guerra, dominación y lucha contra el Estado

Colaboración compartida por Marcelo Sandoval Vargas, militante libertario en Guadalajara y profesor adjunto en el CUCSH (Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades) en la Universidad de Guadalajara, México.

 

¿Qué gana el proletario con el hecho de depositar en la urna una boleta electoral en la que ha puesto el nombre de la persona que ha de formar parte del gobierno? […] el gobierno es fuente de la injusticia, del odio, de la guerra entre los seres humanos.

El trabajador que empuña una boleta electoral es digno de lástima, porque él mismo se nombra a sus verdugos, él mismo fabrica el látigo que ha de cruzarle el rostro, él mismo permite que perdure este sistema infame

Ricardo Flores Magón

 

El 1º de julio de 2018 a través de la jornada electoral que se vivió en México, asistimos a un espectáculo que mantiene al espectáculo general de la sociedad de clases, de la sociedad patriarcal, estatal y colonial. La sociedad actual es un espectáculo generalizado y es, al mismo tiempo, una acumulación de espectáculos. Para los poderosos el espectáculo es la única posibilidad de participación, una que se realiza en términos de apariencia y pasividad, donde la capacidad de hacer e imaginar está subsumida al mundo instituido. La política del espectáculo es la que llevan a cabo los ciudadanos, ese sujeto que se conforma en el momento en que un individuo atomizado delega el destino de su vida, cuando decide abandonar el compromiso de hacerse cargo de su propia existencia.

El proceso electoral mexicano se realizó en medio de una guerra, se organizó sobre fosas clandestinas, sobre la vida de desaparecidos, de mujeres asesinadas, de jóvenes y niños esclavizados. Los mecanismos y formas de despliegue de la etapa actual de la guerra histórica del capitalismo contra la vida dio inicio en 2006, momento en que se comenzó a experimentar un aumento de la violencia estatal contra los pueblos; violencia y represión que irrumpió de manera clara con dos acontecimientos que marcaron el inicio de una nueva política estatal, reflejo del recrudecimiento de los procesos de acumulación, a través de la destrucción de la vida, los territorios y los cuerpos de las personas.

En ese año el gobierno mexicano reprimió al pueblo de San Salvador Atenco, estado de México; pueblo que defendía su tierra desde el 2001 ante las pretensiones de construir sobre su territorio un aeropuerto. En mayo de 2006, el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT), organización que aglutinaba a los ejidatarios de Atenco, decidió acompañar a unos floristas que resistían un desalojo por parte de la policía, frente a este acto de solidaridad, la policía respondió con represión y violencia, por lo que algunos floristas y los lideres del FPDT se alojaron en una casa durante varias horas para protegerse. La acción represiva obligó a los miembros del FPDT a bloquear una carretera que comunica al estado de México con la ciudad de México, para exigir la liberación de los floristas y ejidatarios de Atenco. La respuesta por parte del gobierno fue un operativo policiaco-militar que tuvo la intención de aprehender a sus lideres, acusándolos de secuestro; el pueblo fue invadido por policías, que estaban en busca de cualquier poblador o persona que hubiera ido a solidarizarse con la gente de Atenco, cuando encontraban a alguien lo golpeaban y detenían. El saldo final fue dos personas asesinadas, decenas de mujeres vejadas y violadas por los propios policías, decenas de personas golpeadas y torturadas. A todos ellos se le encarceló por varios años por delitos que no cometieron. La represión se utilizó para romper la organización y resistencia del pueblo, así como amenaza a todas las luchas, movimientos y organizaciones del país.

La segunda acción represiva ocurrió en noviembre de 2006, fue otro operativo policiaco-militar; esta vez contra los pobladores de ciudad de Oaxaca, los pueblos indígenas y las organizaciones que protagonizaron este movimiento insurreccional, que desde junio de ese año organizaron una de las mayores experiencias de lucha y auto-gobierno de las últimas décadas. Fue conocido como la Comuna de Oaxaca y fue obra de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO). El movimiento irrumpió como respuesta al intento del gobierno de desalojaron un plantón de maestros de educación básica en el zócalo de esa ciudad, que se montó en mayo en exigencia de aumento salarial y mayores derechos laborales. Cuando los policías comenzaron a atacar a los profesores, la gente salió de sus casas en defensa de los maestros. Primero volvieron a instalar el plantón, pero la organización no quedó en eso, decidieron de manera espontánea tomar bajo su control la ciudad. La insurrección se llevó a cabo mediante la instalación de barricadas en todos los barrios, tomaron varias radios, universitarias, gubernamentales y comerciales así como la televisión estatal, utilizaron los medios de comunicación para dar a conocer su lucha y hacer denuncias del hostigamiento que llevaba a cabo el gobierno, pero no sólo, lo más importante fue que los usaron como organizadores del movimiento. Durante los meses de insurrección el gobierno se escondió y la gente organizó la vida de toda la ciudad. La experiencia duró alrededor de 5 meses, tiempo en el que fue permanente la violencia del Estado: convirtió a los policías, vestidos de civil, en un grupo paramilitar que por las noches salía a atacar con armas de fuego a la gente de las barricadas; todos los días había enfrentamientos con las fuerzas del orden en distintos puntos de la ciudad; constantemente se hostigaba los territorios controlados por los insurrectos. Finalmente, en el mes de noviembre el gobierno realizó un operativo policiaco-militar que recorrió calle por calle con tanques y hombres armados con la intención de destruir las barricadas, golpear, encarcelar y asesinar a quienes mantenían la resistencia. Hasta el momento no se sabe con seguridad cuantas personas fueron asesinadas, desparecidas y encarceladas, pero se calcula en cientos.

Lo que representan estas dos represiones es el inició de una nueva política estatal; una que está caracterizada por el estado de excepción para los pueblos, donde la violencia es la primer respuesta gubernamental con el fin de garantizar la acumulación y la ganancia de los capitalistas, lo que implica es la intensificación y reconfiguración de la guerra capitalista, esa conflagración de largo aliento entre los desposeídos y los poseedores. Lo que definitivamente redondeó dicho cambio en la política estatal, fue el fraude electoral que se organizó en el mismo año, fraude que se cometió contra el candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador (de tendencia socialdemócrata). La intencionalidad de fraude fue permitirle al candidato de derecha Felipe Calderón llegar a la presidencia, pues éste fue quien se comprometió con los poderosos, bajo el discurso de que iba a imponer una guerra contra el narcotráfico, concretar la nueva etapa de guerra capitalista contra la vida. Todo ello contribuyó a que se diera rienda suelta a un episodio de la historia de México que ha dejado un saldo de 118 mil personas asesinadas y decenas de miles de desaparecidos, según las cifras oficiales.

Hasta ahora son 12 años de guerra, puesto que el presidente que siguió a Felipe Calderón, el derechista Enrique Peña Nieto, ha sido continuador de la misma política terrorista por el control de territorios y de la vida, de esta guerra contra los pueblos, contra las mujeres y contra la naturaleza, pero que se ha enmarcado en los medios de comunicación y en los discursos de los gobernantes como guerra contra el narcotráfico. Durante este periodo, la gente se dio cuenta que el principal asesino y criminal es el propio Estado. Pues ha sido evidente, por ejemplo, la participación directa de la policía, el ejército y los gobernantes en el asesinato de 3 y la desaparición de 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa el 26 de septiembre de 2014. Se comprobó la masacre que realizó el ejército en Tlatlaya, estado de México, en el mismo 2014. Por esta razón emergió un grito de batalla que comenzó a repetirse en las calles: ¡Fue el Estado!

Como respuesta a la guerra capitalista, existen pueblos que se han organizado para resistir y defenderse. Algunos movimientos y luchas se han dado cuenta que no pueden esperar nada del gobierno, que el problema es el mismo Estado, por tanto, han surgido experiencias de autonomía y auto-gobierno, así como formas de seguridad y auto-defensa comunitarias. Las familias de los desaparecidos se han puesto a buscar a sus hijos e hijas, van de ciudad en ciudad, de fosa en fosa, saben que el gobierno nunca encontrará a sus familiares, pues es parte del mismo sistema que los desaparece. Sin embargo, en estos 12 años de terror y caos no se ha tenido la capacidad de conformar un proyecto revolucionario que aglutine parte del descontento, una alternativa real desde la cual los movimientos, pueblos y luchas sean capaces de combatir. No obstante es manifiesta la rabia y el dolor de la gente, los procesos de resistencia están dispersos y aislados, las sensación de desolación frustra las posibilidades de organización, convirtiendo es misma rabia y dolor en miedo paralizante.

Razón fundamental para que con todo y que a finales del año 2017 la legitimidad del Estado y los partidos políticos se encontraba en su peor situación en las últimas décadas, puesto que la clase política gobernante era despreciada de manera casi unánime y que se expresaba un temor y una rabia general contra el ejército, la marina y la policía por sus participaciones en desapariciones, masacres, despojos y detenciones injustas, no fue posible construir una salida revolucionaria a la barbarie capitalista. Dicha imposibilidad fue aprovechada por los partidos políticos en la apertura de las campañas electores, el candidato socialdemócrata Andrés Manuel López Obrador, apareció como en el 2006 arriba en las encuestas, a una distancia muy grande de sus dos competidores, los derechistas Ricardo Anaya y José Antonio Meade, los cuales propusieron continuar con la misma política de terror, mientras que López Obrador desarrolló un discurso que llamaba a buscar la paz y el desarrollo en el país.

En el plano económico los tres principales candidatos representaban la continuidad del neoliberalismo, la misma búsqueda de ganancia y acumulación capitalista, sólo que Anaya y Meade hablaron explícitamente de continuar con la misma dinámica de violencia generalizada, de guerra civil no declarada; y López Obrador planteó que esa misma acumulación y ganancia se pueden concretar de una mejor manera si hay paz y cierta tranquilidad para la gente. Ese discurso, asociado a 12 años de desesperación para la gente, le permitió mantenerse muy arriba en las encuestas durante toda la campaña electoral y finalmente ganar las elecciones el 1º de julio de 2018.

El desprecio por las campañas electores de los diferentes partidos fue generalizado. El porcentaje de votación se mantuvo dentro del promedio para una elección presidencial, alrededor del 60% del electorado. En general se percibió desencanto, a pesar de que el candidato socialdemócrata López Obrador ganó por una distancia muy grande, obteniendo más del 50% de las preferencias; no se ha manifestado entre la gente de abajo esperanzas para que cambie la situación de forma profunda, aspiran a vivir con menos violencia, aspiran a que los asesinatos y las desapariciones disminuyan, que haya trabajo para que se pueda consumir, que haya tranquilidad para que se pueda producir.

Lo que se observa, con la victoria del López Obrador, es que se ha vuelto a legitimar el Estado. Además, al ser un personaje que tiene un discurso izquierdista en el plano social, estamos seguros que las formas de represión que se utilizaran por parte del gobierno que represente serán la cooptación y la guerra de baja intensidad. La clase media se ha vuelto su principal aliado y es su primer línea de defensa. Sin embargo, lo que olvida la clase media es que en un país como México, donde los fraudes electorales son la regla, el triunfo de López Obrador significa que las élites han dado su aprobación, significa que existe un acuerdo entre las dos partes y seguramente una  serie de compromisos que debe cumplir el nuevo gobierno que tomará posesión el 1º de diciembre de 2018.

Para quienes tratamos de posicionarnos de modo radical y revolucionario, el panorama es adverso de una manera diferente a como veníamos lidiando con los dos gobiernos anteriores, donde primera respuesta era la violencia para quienes estaban en defensa del territorio y de la vida. Esta vez nos enfrentamos a un consenso entre entre los medios de comunicación y la clase media en su apoyo al nuevo gobierno; los partidos políticos de todas las tendencias aceptaron su derrota fácilmente y se han alineado al que será el próximo presidente. Por ello la critica radical, antiestatista y anticapitalista, se volverá necesaria en un contexto donde se le va desdeñar aún más que antes.

Bajo el discurso de darle una oportunidad a un gobierno que por primera vez representa una postura socialdemócrata e izquierdista, se va a promover la pasividad. Y como en todos los gobiernos progresistas que ocurrieron en Sudamérica, cualquier crítica será tachada de reaccionaria y pro-imperialista. Eso deja un camino sinuoso para las opciones revolucionarias, que en la actualidad están dispersas, aisladas y débiles, mientras que los movimientos y pueblos que luchan y defienden el territorio se enfrentaran a mecanismos represivos basados en la cooptación y el asistencialismo, sin descartar, por supuesto, la violencia cuando los intereses del capital se vean amenazados.

No queda más que evitar que decaiga la crítica antiestatista y anticapitalista. Es necesario construir un proyecto real desde el cual se pueda articular una resistencia efectiva contra la dominación capitalista, que sea capaz de organizar la vida de una forma distinta. El Estado sigue siendo el mismo, sólo que ahora se ha vuelto más fuerte y tiene legitimidad otra vez, por lo que es un enemigo más peligroso, seguramente no dejará de recurrir a la violencia, las desapariciones y el despojo, sino que a esos mecanismos de opresión se le incorporan nuevos mecanismos de control. La jornadas electorales del 1º de julio y el desenlace que tuvo, confirma que el sistema capitalista está tratando de renovarse para seguir explotando y dominando. Las elecciones significaron una de tantas alternativas ilusorias que sólo llevan a la restauración de la misma dominación. A la persistencia de la guerra.

Para los pueblos indígenas y los oprimidos, para los desheredados y los desposeídos, no hay más alternativa que la resistencia. El mundo capitalista significa la destrucción de la vida, está contra quienes resisten, se rebelan y luchan. Por eso, nuestra única respuesta es la revolución social, entendida como acumulación de esfuerzos que apuesten por vivir en el ahora de la lucha bajo otros modos, desde otras relaciones sociales. Nuestro camino, en este sentido, se va a ir creando en tanto nos decidamos a ir enfrentando problemas cotidianos, enfrentándolos de modo colectivo y mediante el ejercicio de nuestra acción directa, sin representantes ni dirigentes. La auto-organización de los oprimidos para descolonizar la vida entera, la organización a través de la cual se logre desplegar la autogestión integral de nuestras existencias, significa la única opción de emancipación.

Despojo Urbano en Monterrey: Colonia Independencia

Desde hace años ya el concepto de “gentrificación” ha sido muy sonado, particularmente en países desarrollados, para describir aquellos procesos en donde un espacio urbano esta reconstruido a través de un aumento en los alquileres/rentas acompañado por una oleada de nuevos habitantes de otra clase y condición económica. Con muchas mañas, tácticas, maniobras y manipulaciones, la gentrificación se ha vuelto como un veneno que se mete, a escondidas cuando es necesario, o bien de forma explícita, para privarnos de lo poco que nos queda, se acelera el deterioro del barrio y su infraestructura para que nos veamos forzados a irnos, se transforman nuestras condiciones comunitarias generacionales y el desplazamiento es provocado. Para muchos y muchas, esto es sinónimo de despojo urbano.

Este proceso de despojo provoca que los habitantes tradicionales abandonen sus barrios y se vean obligadas y obligados a buscar nuevos espacios de vivienda cada ves más hacía los márgenes de la ciudad, alejándolos así no solo de sus barrios originarios, pero también de sus trabajos, y quitándoles consigo los bienes que han tardado generaciones en obtener. Lo que parece inentendible para las y los empresarios encargados de estas transformaciones y re-acomódos urbanos es que en estos espacios también se encuentren otras formas de medir el valor. Ya que en los barrios el valor de uso es mucho mayor que el valor de cambio que le puede ofrecer un mercado el cual solo mira estorbos ante sus planes y proyecciones económicas.

En 1964 Ruth Glass, sociólogo ingles acuñaba el termino de gentrificación, el cual era tomado de la palabra gentry, del antiguo ingles, usada para describir a la alta burguesía de aquellos tiempos. Gentry-ficación es decir: “La invasión y ocupamiento territorial de la alta burguesía en terrenos de la clase trabajadora y popular”, “La desaparición de barrios para la construcción de edificaciones controladas por la alta burguesía para sustraer la plusvalía (renta) de aquellas y aquellos hoy considerados como clases medias, medias altas”.

Si bien en México las luchas indígenas han sido vanguardia en la resistencia ante el despojo de esta “Gentry” hoy globalizada y trasnacionalizada, es importante mirar las resistencias urbanas de las grandes ciudades (como Monterrey), que en ocasiones quedan aisladas debido al avance voraz de los megaproyectos pero que son de suma importancia para resistir la destrucción de la tierra, y la vida misma por la que luchan los pueblos indígenas.

En Monterrey es la confabulación de familias históricas, gobiernos estatales y municipales, y los proyectos de “bienestar social” de empresas como CEMEX, OXXO, FEMSA, entre otras más que hoy, bajo el nombre de “distritos”, pretenden transformar la ciudad para el bien de todas y todos. ¿Será que se busca el bienestar de todos?, o ¿es solo un engaño más para generar acumulación de riqueza a través de la especulación inmobiliaria al estilo estadounidense?

Son años ya en el que el barrio de la Independencia, ubicado al centro de la ciudad en el cerro de la Loma Larga ha resistido a proyectos que pretenden eliminar la cultura popular que ha venido creándose desde décadas atrás en el siglo pasado. Y mientras esa “Gentry” se empeña en señalar de barrio problemático, violento, sucio, entre muchos más adjetivos, se niegan y ciegan a ver la comunidad, la historia, y las tradiciones que hay en ella.

Si bien es cierto que hay deficiencias de muchos tipos debido a las condiciones del territorio, éstas nunca han sido atendidas adecuadamente por el estado (infraestructura de drenaje, alumbrado, recolección de basura, calles y accesos adecuados, entre muchas mas), y como en todo país sub-desarrollado estas condiciones de abandono han sido aprovechadas para la especulación financiera, para el comercio de droga, y durante la “guerra de Calderón contra las drogas” como centro de desestabilidad social, en donde el reclutamiento de menores para trabajos ligados al narcotráfico fue aprovechado al máximo.

Estos sucesos brindaron las perfectas condiciones para que la “Gentry” pueda señalar a un barrio popular que busca vivir a vivir de manera digna y sencilla como un barrio problema por borrarse, atravesándolo con grandes carreteras que conectarían San Pedro (la ciudad pudiente y “buena”) con el centro de Monterrey, la cual se proyecta como una ciudad de servicios de consumo y esparcimiento para los años venideros. Es así que la realización de este proyecto de interconexión vial (ver el manifiesto más abajo) no solo afectará a los pobladores del barrio Independencia sino a toda la gente que aún tiene su vivienda en el centro de la ciudad, así como a los pequeños comerciantes que trabajan en él.

Hoy en día vecinas y vecinos del barrio de la independencia juntos con aliadas y aliados solidarios de la ciudad se organizan para resistir este embate contra la vida y la convivencia. A continuación un manifiesto de la Junta de Vecinos en Resistencia por las Obras de la Interconexión -Independencia-Tanques-América.

Manifiesto: No Interconexión por la Indepe

por Vecinos en Resistencia

El proyecto Distrito Nueva Independencia se propone a base de una interconexión vial entre los municipios de Monterrey y San Pedro. Dicho proyecto pretende realizar obras viales que conectan el sector Valle Oriente con el Centro de Monterrey a través de la Colonia Independencia generando graves afectaciones al patrimonio colectivo de nuestro barrio.

La interconexión es claramente un proyecto del Gobierno del Estado que involucra a los municipios de Monterrey y San Pedro pero es promovido por el Estado. El Gobernador designó a Manuel Vital Courier como titular del Fideicomiso de Proyectos Estratégicos, entre dichos proyectos se encuentra la interconexión.

Recordemos que a Manuel Vital como director General del ISSTELEON, se le involucra en la desaparición de millones de pesos, dinero de los trabajadores del Estado y maestros jubilados. El gobierno niega que su cambio de puesto se deba a un encubrimiento.

Debemos tener siempre presente que lo que quiere el gobierno es sacarnos para repartirse la renta de los terrenos entre las empresas constructoras y los políticos que les han llevado al poder. La administración actual está comprometida con los constructores para dejarlos hacer lo que ellos quieran con la ciudad.

La interconexión no es para nosotros y nosotras, tampoco es para los vecinos que viven en San Pedro, es para que llegue más gente de otras partes a consumir a sus negocios. Es para forzarnos a huir a los municipios más lejanos, sin dinero suficiente para recuperar el patrimonio de tantos años forjado por nuestros abuelos y padres.

Al gobierno no le importa a donde se va a malvivir la gente, sólo les preocupa generar “plusvalía” para sacar más dinero y seguir sirviéndose con la cuchara grande. Es un proyecto Corrupto, que sólo busca el beneficio de los Corruptos.

Desde que tenemos memoria el gobierno ha pretendido disponer de la Colonia Independencia y sus vecinos. Propiedades centenarias, legados familiares de generaciones corren el riesgo de ser demolidos y familias con arraigo de décadas pretenden ser sometidas a una migración innecesaria por el capricho de unos cuantos.

Vecinos, recuerdan que nuestros padres y abuelos lucharon por lo que es suyo, sin tener los medios ni estudios, y le ganaron al gobierno! Nosotros no nos quedaremos atrás y también ganaremos!

La Indepe es un barrio histórico, el único mencionado en el Corrido de Monterrey.

¡Exigimos respeto a nuestro barrio, a nuestro hogar!

Es necesario salir a defender lo nuestro hasta que entiendan que :

¡Este Barrio No Está En Venta!

¡Nadie se Va, Todos Nos Quedamos!

¡La Indepe No se Vende, La Indepe se Defiende!

Cherán, pueblo indígena construyendo autonomía

Cherán, el pueblo indígena localizado en la parte alta de la meseta michoacana (México), se armó de valor y rabia el 15 de abril de 2011 para gritar BASTA. Basta de violencia, de extorsiones, secuestros, violaciones y asesinatos a manos del crimen organizado. Este lugar se encontraba en un conflicto social entre los propios habitantes del pueblo purépecha y el narcotráfico que controlaba y dominaba totalmente la zona por aquel entonces. Sometido a una situación descontrolada e injusta, donde grupos de narcotráfico expropiaron y saquearon todos los terrenos, así como sus tierras de bosques de encinos. Los talamontes eran las personas que saqueaban la zona, llegaban, talaban hectáreas de árboles para conseguir madera y, por consiguiente, dinero fácil. Estas personas abusaban metódicamente y de forma violenta el pueblo de Cherán, teniéndolas en todo momento bajo su orden y discurso, ya que iban armados y no había autoridad que superase el miedo.

Por todo esto, en 2011 un grupo de mujeres, jóvenes de la comunidad y demás personas afectadas por la situación, decidieron tomar las calles “sin otra arma que el corazón y lo que tenían a la mano que eran palos, machetes y los instrumentos de labranza”.

Me asombra enormemente esta iniciativa popular, el inicio de lo que acabaría siendo una revolución contra todo tipo de Estado. ¿Cómo logra iniciarse un movimiento tan fuerte desde abajo? ¿Cómo puede todo un pueblo armarse de valor y fuerza psíquica para luchar contra el enemigo que nos ataca desde arriba? Me parece admirable este primer paso, el inicio de todo movimiento, esa chispa que prende contra todo lo establecido, lo impuesto. Porque cuando estás completamente invisibilizado por el sistema, este camino se vuelve mucho más difícil, de manera que sufres una doble presión de poder.

El testimonio de un comunero: “tardamos unas horas en reaccionar pero lo hicimos, dijimos: compañeros vamos a levantarnos que ya estuvo bueno y todo el pueblo se alzó, mujeres, jóvenes, niños, todos, y ahí detuvimos los carros y los quemamos y agarramos presos a los talamontes”.

A partir de ese momento el pueblo se organizó en busca de su autonomía, y la lucha que en un principio estaba orientada a defender el bosque, fue mucho más allá. Es un caso de expansión y expropiación del territorio, abuso de las tierras, mercantilización y puesta en marcha de negocios controlados por bandas de narcotráfico. Se trata de un caso extremo de falta de humanidad, el pueblo entero estaba sometido y controlado de manera que la sumisión parecía el único camino, o al menos el más fácil.

Poco a poco, el pueblo fue aprendiendo sobre procesos de autoridad, de manera que pronto acabaron con el ayuntamiento constitucional y gritaron al PRI “ni un partido más que divida la comunidad”. Además, montaron barricadas en cada calle y se instalaron casetas de seguridad para controlar toda persona que entrase y saliese del pueblo.

Los encargados de cuidar las entradas a la comunidad y el patrullaje del territorio eran los integrantes de “La Ronda Comunitaria”, constituida por 95 hombres voluntarios reconocidos

por el Consejo Mayor y el pueblo. Ellos eran los responsables de evitar que a la comunidad se ingresara con armas, vino, publicidad de los partidos políticos o drogas.

En diferentes vídeos se muestra el proceso de autonomía que van trazando, se ve cómo llegaron a vivir en comunidad, cómo el pueblo estuvo más unido que nunca por la causa de autonomía. Se organizaban grupos de vigilancia, se convivía en las casas, se encendían hogueras por las noches donde cantar, hablar al fuego o simplemente convivir con los demás camaradas e intercambiar ideas, diferentes perspectivas o los sentimientos que estaban a flor de piel. Me parece muy bonito también este proceso de conocimiento, donde antes apenas se relacionaban entre los vecinos del vecindario y gracias en parte a esto, se logró una mayor comunicación y vida en comunidad. Pasaron de ser 60 fogatas de vigilancia a más de 100 que acabaron siendo núcleos organizativos y no sólo por seguridad o vigilancia.

Me parece todo un ejemplo de lucha pacifista, porque a pesar de ir armados con lo poco que se tenía, se logró respetar el buen aura del pueblo, su esencia, y todo ello propició la recuperación de los valores perdidos por la presencia exterior, la vuelta a sus raíces.

A seis años de organización autónoma, los cheranenses son a día de hoy los dueños de sus tierras, los encargados de la paz, justicia y dignidad de su pueblo.

Se ha conseguido reducir la tala de bosques casi en su totalidad, de manera que a día de hoy están reforestándose y para talar una cantidad de madera, por pequeña que sea, debes tener un permiso. Además, el sistema educativo se ha adaptado a la idiosincracia del lugar, de manera que a los niños se les enseña la historia del pueblo, la verdadera historia de autonomía y lucha.

Me parece todo un ejemplo de autonomía, lucha y recuperación de valores primarios.

Lo ocurrido en Cherán no es más que un caso extremo de dominación de los pueblos, donde existe una represión salvaje contra este y, por tanto, las personas que lo habitan. Así, bajo mi punto de vista, se crea un doble conflicto ya que esta continua violación de los derechos humanos, acaba con las raíces de un pueblo rico en tradiciones y culturas relacionadas con la naturaleza. Se rompe de lleno esta unión con la naturaleza al ser expropiados sus terrenos y bosques, donde la población cheranense ya no tiene cabida, donde su idiosincracia es tapada, olvidada y donde la corrupción y violencia se normaliza hasta tal punto de acabar todo un pueblo en manos de narcotraficantes ajenos al territorio, cayendo pues en una relación de poder absoluta.

Pienso que la autodefensa como búsqueda de la libertad en este contexto es el mejor camino, y el primer paso para llegar hacia esta ansiada libertad reside en la unión del pueblo y la conformación de un sistema horizontal, donde las decisiones tomadas provengan de un colectivo no jerarquizado ni institucionalizado, porque de ser así volveríamos a caer en el sistema contra el que estamos luchando.

Si analizamos el transfondo del problema, llegamos a la reproducción de relaciones de poder dentro del sistema capitalista establecido. En tanto que se rompe esta relación con la naturaleza, se establece una situación de dominación, donde los hombres hacen uso de la misma naturaleza desde una relación jerárquica de poder, de manera que se cae en el abuso y no respeto de la misma.

Así, volvemos al mismo círculo reproducido por el sistema capitalista, donde lo único que prima, en este caso, es la producción masiva de madera para convertirla en capital rápido y fácil. Fácil porque desde la perspectiva que comentaba antes donde se ve la naturaleza como algo ajeno a nosotros, se nos hace sencillo abusar de ella sin que nos produzca ningún dolor o remordimiento. En cambio, desde la visión indígena, la naturaleza conforma todo lo que somos y de dónde venimos, y bajo ningún concepto se entiende como un elemento que pueda venderse o maltratarse, pues forma parte de la comunidad. La relación con ella va más allá del simple sustento o habitación. Luego la idea de Estado autónomo o el simple concepto de “comunidad” queda muy alejado del ideario capitalista y neoliberal.

Se trata pues, de un claro ejemplo de necesidad de repensar el Estado tal y como lo tenemos impuesto, tal y como lo reconocemos como natural nosotras y nosotros. Los zapatistas tienen un largo camino andado en cuanto a la creación de espacios libres y búsqueda de gobiernos autónomos. Ambos ejemplos son claros en cuanto a lo que piden y reclaman de su pertenencia.

Del ejemplo de Cherán quisiera destacar tres puntos importantes:

Primero destacar su capacidad organizativa del territorio, donde han logrado hacer frente al crimen organizado tan brutal que estaban viviendo. Segundo hacer una mención especial al uso que hacen de sus derechos, que de manera muy respetable deciden elegir ellos y ellas mismas a sus autoridades. Además de la capacidad de estructurar una forma de gobierno comunal de manera legal y legítima. Todo esto bajo el discurso de la globalización y el neoliberalismo, encaminado a la privatización y explotación de recursos naturales y humanos donde, por consiguiente, aparece la visión capitalista que sostiene todo este conjunto de ideas productivas.

Sin duda Cherán me parece un referente en cuanto a la lucha contra el Estado, movimiento de resistencia y empoderamiento de las sociedades y comunidades indígenas.

 

Desde Guadalajara, Jalisco.

Teresa López González

Un pequeño caracol en la ciudad

Centro Social Ruptura: Espacio convivencial de pensamiento libertario y de experiencia autogestionaria en Guadalajara (Estado de Jalisco, México).

El centro social Ruptura no es un espacio y un tiempo concretos, es una infinidad de lugares, de personas, de luchas, de deseos por vivir otra vida; un bagaje atesorado a través del más indomable de los silenciosos hilos del pasado. Una tradición de ateneos, asambleas, bibliotecas sociales que llegan a nuestros días como un sujeto que sigue escribiendo sobre el suelo las huellas de un camino de autonomía.

Este proyecto ha cumplido recientemente ya cinco años recuperando espacios de vida en la ciudad de Guadalajara, el centro social Ruptura nace en julio de 2011, afincado hasta mayo de 2016 en el barrio de la Capilla de Jesús; y desde entonces hasta la actualidad en su ubicación en la calle 8 de julio #334, en el barrio del Centro.

El centro social Ruptura está conformado por una enriquecedora diversidad de personas, familias y pequeños colectivos, que durante este tiempo han trabajado juntos para potenciar un proyecto de autogestión que se extienda a todos los niveles de nuestra cotidianeidad. Este espacio supone un importante medio de aprendizaje de otras vidas posibles, un mundo donde quepan muchos otros mundos, y sobre todo, potenciar el motor creativo y de participación que merece nuestra actividad diaria.

Uno de los integrantes de este espacio comentó que “cuando los compas del centro social Ruptura abrieron sus puertas, las personas no solo vieron un espacio nuevo, sino, un lugar donde se podían hacer actividades dentro de la ética del hazlo tú mismo. Ahora, han crecido en espacio y gente y es un lugar que ha estado dando influencia a otros locales que se han estado abriendo, no solo a nivel local, sino nacional. La autonomía requiere de trabajo constante, y el Centro Social Ruptura es un espacio donde día a día rompe con lo establecido por este sistema.”

Por eso mismo, el Centro Social Ruptura también es un importante punto de referencia en la ciudad para la formación política, la edición de textos, la propaganda y la agitación. Un espacio que cuida su particular biblioteca de librepensamiento y un archivo donde guardar la memoria que se construye en las acciones cotidianas. Han puesto en marcha dos talleres de serigrafía, un taller de decoración y artesanía, un colectivo de bordado y tejido, un colectivo de periodistas que elaboran contenidos solidarios con las luchas sociales, la sede de la editorial Grietas y la revista Verbo Libertario, y el cuarto de ensayo de una banda de música anarcopunk llamada Fallas del Sistema. Además, cuentan con un pequeño huerto en el traspatio y la azotea, mientras que fuera del espacio-casa, se sostiene un proyecto de autogestión alimentaria en el pueblo de Palos Altos, en un terreno de media hectárea.

En mi conversación con una persona que participa en el proyecto, este afirmó que “desde la contracultura también se buscan espacios de compatibilidad de ideas; okupas, salas de conciertos, centros culturales, centros sociales, etc. En los 90s siempre vimos este tipo de espacios en actividad solo en Europa, EE.UU, y algunas veces, bastante pocas, en Sudamérica, noticias que venían en los fanzines.”

En el mundo urbano en México, a diferencia todavía de la realidad rural, se han perdido los vínculos con el mundo indígena, y a raíz de la pérdida de esa identidad, se han olvidado muchísimos saberes que conectaban nuestra existencia como individuos en una sociedad colectiva. Por lo que, espacios como el Centro Social Ruptura, suponen una semilla que trata de reactivar esa memoria de elementos sociales comunitarios aun latentes y recuperables, no tanto para mejorar simplemente nuestro mundo, sino para transformarlo radicalmente y asegurar una supervivencia con dignidad para todas las personas.

El objetivo según sus propias palabras es hacernos comprender que “pensar desde la autogestión no significa obviar la existencia del Estado y el capital, tampoco implica un intento de evasión o de escape de las relaciones sociales jerárquicas y de explotación. La autogestión es un ejercicio de acción directa, es despliegue de una praxis que se concibe tanto para destruir las relaciones de dominio, como para construir otros modos de existencia, teniendo como exigencia no recurrir, no usar, a los establecimientos que están organizados desde una lógica estatal y capitalista.”

Habrá que acercarse entonces a este pequeño espacio tapatío lleno de singularidad, teniendo claro que crear una ruptura no es destruir, sino, como dicen los zapatistas, trabajar colectivamente para agrandar la grieta que nos permita mirar más allá del muro, pues detrás de ese muro no espera nada más que lo que la comunidad desee construir.

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