Crónica de una resistencia colectiva: La Rimaia

Aquel lunes 24 de octubre me enteré de que amenazaron con desalojar La Rimaia con fecha abierta, es decir, que pueden venir los Mossos en cualquier momento. Así pues, se convocó una respuesta a través del hashtag #ResistènciaSorpresa ese mismo día a las 18:30, donde una hora después comenzaron a haber conciertos en el balcón y recitales de poesía, además de lectura de comunicados. ¿Que dónde estaba Rimaia? En Ronda Sant Pau nº12, llegando desde <M> Paral·lel L2 o L3. Más fácil imposible, contando de que además podéis hacer el viaje gratis. Decidí entonces pasar la noche aquel primer día aun sabiendo a lo que me estaba enfrentando. Decidí correr el riesgo y apoyar a la causa, a una causa totalmente legítima y que visibiliza el problema de la vivienda tanto en Barcelona como en el resto de las ciudades españolas.

El bloque okupado estaba categorizado por el propietario como pisos de alto standing construidos en los años 90 y no se consiguió vender ninguno. Fue entrar en él y ver que todo estaba equipado, nadie más vivió allí excepto quienes están ahora llevando adelante el proyecto de La Rimaia, desalojado varias veces y reokupado también. Ahora están en situación, de nuevo, de desalojo que puede llegar en cualquier momento. Esta es una de las peores situaciones a las que nos podemos enfrentar, puesto que es una especie de guerra de desgaste en la cual les obligan a los y las ocupantes a estar alerta y con la idea del desalojo en la cabeza constantemente. A esto hay que sumar a los secretas merodeando la zona del edificio a modo de acoso. Ante esta situación, no hay otra salida que plantear la resistencia colectiva y llamar a todas a participar en ella para que este proyecto no termine con las puertas tapiadas.

Así pues, acudí a echar una mano en lo que pueda y participar en la resistencia. Aquí, en La Rimaia, viven familias con hijos e hijas que como cualquier familia buscan un hogar donde poder vivir tranquilas. Ese día hubo bastantes personas durmiendo, pero hemos cabido todas allí. Llegamos unas cuantas personas de Sants y otras eran del barrio. Dormimos bien aquella primera noche, y a la mañana siguiente hemos tenido un buen desayuno con comida reciclada. Después he participado en tareas de limpieza, cocina, alguna asamblea, reciclaje de comida, hacer carteles… En estos tres días que me quedé me he llevado un buen sabor de boca (nunca mejor dicho, en alusión también a las buenas comidas populares). ¡Y estuve por aceptar que me diesen una llave para pasarme con frecuencia sin tener que llamar a la puerta! Aunque por tema de trabajo fuera de Barcelona he tenido que dejarlo. Volveré cuando pueda, he conocido muy buenas personas que me acogieron bien y siempre ha habido buen ambiente en todo caso. Os animo a las personas y colectivos de Barcelona (o de donde sea y podéis pasaros) que visitéis La Rimaia, sea para ver las actividades que se hagan allí, o sea para organizar unas para que se siga dinamizando el espacio y no decaigan los ánimos. Pasaros por el local, haced vuestras asambleas allí, participad en las reuniones que hayan y preguntad si podéis dormir alguna noche allí, os agradecerán las personas que viven allí por el apoyo. También, echad una mano en las tareas del día a día y participad en el mantenimiento del espacio.

Y nada más, os dejo mi pequeña contribución en forma de cartel y dibujito:

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¡Ante el desalojo sorpresa, resistencia sorpresa! ¡Este desalojo lo vamos a parar!

Anarquía a pie de calle (I)

Dos anarquismos

“El anarquismo no es una fábula romántica, sino un duro despertar […]” (Edward Abbey, A Voice Crying in the Wilderness [Vox Clamantis en Deserto], 1990).

Periódicamente las dicotomías entre “anarquismos” se suceden. A finales del siglo XIX era entre colectivistas y comunistas, organizadores y anti organizadores, individualistas y sindicalistas, sindicalistas puros y anarcosindicalistas, etc. Actualmente esta reyerta teórica, que parece desarrollarse de forma cíclica, se ha establecido entre insurreccionalismo y anarquismo social.

En tiempos decimonónicos algunos anarquistas quisieron desatar el nudo gordiano hablando de “anarquismo sin adjetivos”, y ya avanzando el siglo XX de “síntesis”. Hoy día apremia evolucionar.

Las disputas, si no se enconan y enquistan, son positivas; el debate teórico es sano; lo que es insalubre y suicida es que el debate sustituya a la militancia. Ciertos anarquistas no tienen más problemas militantes que el propio anarquismo: o vigilar sus esencias o ponerlo al día, pero la disputa sigue fijándose en un marco erróneo, igual que en el XIX.

Sí, la disputa entre colectivistas y comunistas nos ayudó a vislumbrar cómo una parte del anarquismo de la época seguía ligado a cierta concepción de propiedad privada y salario y cómo otra quería transcender de eso y ser generosa; también cómo una parte trataba de ser realista y práctica y cómo otra podía pecar de optimismo exacerbado. Era una cuestión de fondo que dibujaba maneras y actitudes. Pero también era una disputa por algo que aún no se había producido: una revolución social que pusiera la economía en manos de los trabajadores. El debate quizás pudo ayudar a perfilar mejor lo que sucedería en situaciones revolucionarias como la del 36, pero el debate por el debate, sin transcender del plano teórico, puede dibujar el mejor de los futuros, pero no deja de ser una especulación, un discurrir sobre la nada, cuando falta crearlo todo. Puede también que el debate sobre las distintas concepciones sindicalistas tuviera una dimensión más práctica, pero seguía basándose en una premisa errónea: transformar la praxis ajena. Sólo nos es dado cambiar nuestra propia actividad; si algo no te gusta trabaja en sentido contrario y que la práctica demuestre si andas errado o acertado. En consecuencia, el debate no debe fijarse más –no desde luego prioritariamente– en el terreno ideológico; la validez de una idea debe medirse en el terreno práctico, en el terreno de los hechos.

No se puede discutir cual o tal teoría es mejor sobre el papel, cuál satisfará mejor nuestras necesidades sin transcender de la hipótesis; debe comprobarse empíricamente y que los resultados hablen. ¿Pero qué requiere esto? Trabajo de campo, duro trabajo de campo. Y es eso, y no otra cosa, lo que divide a los anarquismos en liza. Basta ya de supuestas divergencias en base a acuerdos, congresos, pensadores y modelos imaginarios.

Desde mi punto de vista sólo hay dos anarquismos: el contemplativo y el combativo. Ya pueden recibir el nombre de insurreccionalismo o anarquismo social, cualquiera de los dos puede representar a alguna de las dos tendencias en algún momento.

El anarquismo contemplativo vive a través de vidas ajenas, su terreno es el debate centrípeto. Se sienta a analizar y a discursar, a anatemizar enzarzado en eternas luchas internas. Su campo es el de la teoría y el quietismo, sea de comité, de asamblea, de manifestación, de red social o de quema de contenedor (un teórico del molotov no es menos contemplativo que un teórico de despacho). El inmovilismo como modus vivendi; la pontificación como modus operandi. Charlas y difusión de ideas es su terreno natural, el ambiente donde se siente cómodo; incapaz de transcender de ese hábitat y saborear los adoquines o el bancal. El propio anarquismo en su campo de batalla, su objeto de disección, el sujeto de su militancia. El anarquismo contemplativo es la etapa infantil e inmadura de la ideología anarquista; por muy seria, respetable y vetusta que parezca.

El anarquismo combativo, el que defendemos y practicamos desde la FAGC, es el anarquismo que se faja, el que está a pie de calle, el que lucha. Sea tensionando en una manifestación para evitar que la gente quede impasible ante una carga policial, sea forzando las circunstancias para que un conflicto laboral no acabe en armisticio. Es el anarquismo que se moja, el que se arremanga y se mancha las manos. El que lucha en la fábrica, en la asamblea de barrio, en la calle. Gamonal y Can Vies son ejemplos de esto, la Comunidad “La Esperanza” también. Es el que ha sobrepasado los límites de las tertulias y la militancia oral. Ya no cree que verbalizando algo se consiga cambiarlo. Su actividad es centrífuga, no va dirigida a complacer a los “iniciados”, a convencer a los “convencidos”; el circuito de los compañeros se le queda estrecho. El discurso de consumo interno se le antoja cacofonía. No milita para los anarquistas; milita para llevar la anarquía al suelo, para llevar la anarquía al pueblo. Diseña sus tácticas y su estrategia, su hoja de ruta, definiendo bien qué quiere y cuándo lo dará por conseguido, para poder avanzar a la siguiente etapa. Su hábitat es el barrio, la chabola, el parque, el tajo, el terreno abandonado, la casa expropiada. Es el anarquismo entendido como ideología adulta, por osada y audaz que sea su actitud, por nuevos que parezcan sus planteamientos.

En mi experiencia en estos últimos cuatro años en la FAGC, y especialmente en los dos últimos en la Comunidad “La Esperanza”, he llegado a concebir el anarquismo en esos términos, como una ideología adulta. El idealismo es necesario, pero no basado en irrealidades ni quimeras, sino en la capacidad real de aplicar las ideas pertinentes para transformar el entorno. Hay que descifrar los límites de los propios mitos, sean ideológicos, teóricos o de cualquier clase; descubrir la falsabilidad de los pensadores de referencia y tratar de aplicar las propias ideas teniendo en cuenta que por muchos antecedentes que tenga lo que te propones, y por más jugo que le saques a experiencias pasadas (la historia debe entenderse como pista, no como remanencia), la realidad es que esta experiencia, esta concreta, nadie la ha intentado antes; sólo tú y los que te acompañan. El discurso exclusivamente autorreferencial se diluye y queda la dura realidad. Es dura, pero es tuya.

Esta realidad lo es porque se asienta en algo tangible. En los siglos XIX-XX existía un anarquismo de fábrica, y esa fue su gran fuerza. Existió también en ese periodo fini/primisecular un anarquismo cultural que dotó de soporte teórico y literario la obra muscular. Nosotros proponemos un anarquismo de calle, un anarquismo callejero, de barrio, de exclusión social. El obrero salido del siglo XX y que despierta al siglo XXI se da cuenta, después de haber sobrevivido a la coartada capitalista de la crisis, que de obrero cualificado que fabricaba casas para otros ha pasado a ser un sin techo. Personas abocadas a la marginalidad porque sin apenas transición han sufrido un cambio: obreros ayer; indigentes hoy. Algunos no han mutado; de forma endémica han nacido condicionados socialmente para ser carne de asfalto. El discurso anarquista les complace en su utilidad: les es natural la hostilidad a la policía y el rechazo a la sacralidad de la propiedad privada; les es imprescindible sobrevivir a través de ciertas formas de apoyo mutuo, por lo menos en determinados estadios. Si este discurso se convierte en la práctica en un modelo eficiente de necesidades básicas plenamente satisfechas entonces la anarquía funciona, es útil para ellos, y con eso, sin necesitad de hacerse anarquistas, les basta.

No hace falta que se nos encuadre en el insurrecionalismo por nuestra radicalidad o el anarquismo social por nuestra labor. Somos anarquismo de combate y las etiquetas de ese tipo se nos quedan estrechas. Hemos recibido un baño de realismo y hemos descubierto que la anarquía llevada a la práctica funciona, que puede gestionarse una micro sociedad de 250 personas de manera eficaz siguiendo ese modelo. Pero también sabemos que ayudar a alguien no cambia necesariamente su mentalidad, y esto ya lo expondré en un futuro artículo.

Lo que importa ahora es saber que un anarquismo de barrio, sumergido en la marginación social, trabajando en el ghetto, es imprescindible; un anarquismo implicado en los problemas reales de la gente. Es imprescindible no porque suponga por sí mismo la “conversión de la gente”, sino porque es la mejor, si no la única, forma de llegar a ella. Para llegar a la gente no queda otra que tocar sus intereses y necesidades.

Pero si para esto no funciona la provocación vacua, que al menos remueve el avispero, menos funciona el discurso de reformar instituciones. En un momento en el que la gente está más desapegada de la política que nunca, nuestra misión es forzar la ruptura, no invitar a la conciliación con nuevas maneras dentro de las mismas estructuras. La situación es proclive para relanzar la organización popular desde abajo, para movilizar a la gente (movilizarnos con la gente) en base a sus necesidades y exigencias primarias, para estructurar el subsuelo, para dotar de cuerpo y músculo a los que no tienen (tenemos) nada. Enredarlos en promesas electorales, en aspiraciones de políticas locales, en la creación de instituciones, es un suicidio: primero, porque nunca se han sentido tan distantes de ellas; segundo, porque por fin son capaces de hacer otras cosas. A un enemigo herido que tiene que reestructurarse a toda prisa no se le refuerza, se le remata. Las instituciones deben ser vistas como el adversario al que se le arrebatan cosas por la fuerza, a través de la presión y el desgaste; el contrincante al que se mina hasta que se le pierda el temor y el respeto. No como el arma que es buena o mala en función de quién tenga la empuñadura. Más allá del maquiavelismo y el oportunismo de la hipótesis, tengo una cosa clara: también los ratones antes de ser devorados imaginan estar jugando con el gato. Eso es jugar a la política: creer que le estás dando cuartelillo al que está apunto de fagocitarte.

Yo no juego a juegos donde las reglas las imponen otros. Y hay un anarquismo que tampoco. Ese anarquismo sabe dónde está su lugar natural para incidir en la vida social, se aleja de las peleas de capilla y se une a las aspiraciones del pueblo para punzarlas, hostigarlas, y ver si pueden ir más lejos. Este anarquismo no se establece en unos parámetros de superioridad moral (y lamento si mi retórica lo da a entender, pero no es mi intención repartir sopas con hondas), no lo propongo porque sea “la última palabra” en revolución social; lo planteo por una simple cuestión de supervivencia. O nos abocamos a la endogamia de “la anarquía para los anarquistas” (cuando la anarquía debe ser para la gente de a pie) o nos dejamos matar metiéndonos en estructuras de poder que nos comerán y excretaran antes de darnos cuenta. Hasta ahora esas parecían ser las únicas opciones: o cerrarse en banda o entregarse con armas y municiones. No puede ni debe ser así, nuestra supervivencia y la de nuestro mensaje está en el combate, está en la calle, está en las necesidades más instintivas del pueblo. Es necesario detectar qué necesita, ver si nuestra praxis puede proporcionárselo, adaptar nuestras herramientas al momento, elaborar un programa que dé soporte teórico a nuestras conquistas y, una vez alumbrado el camino, compartir dichas herramientas y colectivizarlas (sabiendo cuándo hacerse a un lado).

No me importan las caricaturas; lo de “anarquismo barriobajero” o “anarco-lumpen” no es la primera vez que lo oigo. Me importan los resultados. El anarquismo callejero ha proporcionado la mejor carta de presentación de nuestra práctica en años. La mayor ocupación de inmuebles del Estado español no la ha conseguido un partido, una coalición electoral ni una organización pro-sistema; la ha iniciado una organización anarquista a través de herramientas anarquistas y haciendo funcionar un modelo anarquista sin necesidad de que los implicados lo fueran. Ese anarquismo de barrio ha dado 71 viviendas a 71 familias que equivalen a más de 250 personas. No habla la teoría; hablan los números, hablan los hechos, habla la tozuda realidad.

Ruymán Rodríguez | Federación Anarquista Gran Canaria

Lee aquí la segunda parte.

[Recomendación] Lectura: Plan B

¿Qué está pasando con las publicaciones anarquistas que ya no se hablan de los mismos temas de siempre? Ninguna novedad, puesto que las tendencias anarquistas también están cambiando, es lógico que estemos viendo publicaciones distintas a las tradicionales, es decir, los típicos fanzines que casi siempre habla de lo mismo: el Estado, el voto, la libertad, el capitalismo… Este texto que os traigo no es otro más de teoría pura y dura, tampoco de los años ’90 o ’00 de nuestra era. Es una publicación que toca temas más actuales, así como la fibra sensible de ciertas personitas, y más cercanas a la realidad que vivimos en el día a día. En esta revista podremos encontrar diversos temas los cuales tratan algo respecto a la persecución de anarquistas como terroristas, la cuestión nacional, algo de literatura, movimiento libertario en el nuevo siglo, cambio de tendencias, sindicalismo, etc con un toque de humor (y plagios, algo de cuyos autores y autoras se enorgullecen). Sin más, os dejo el link de descarga directa y no el de ISSUU que es para hipsters que tienen cuenta. Así que pongo este panfleto al alcance de los y las lúmpens, que lo disfrutéis:

Plan B

[Recomendación] Vecinas Okupas

Partamos de una obviedad: para la gran mayoría ocupar un piso para vivir no es siquiera una posibilidad. Para la inmensa mayoría de la gente entrar por la fuerza en un piso es algo a rechazar, propio de delincuentes. No ha contribuido a mejorar esta situación ciertos comportamientos de quienes utilizan espacios liberados sin ningún tipo de respeto a sus vecinos y evadiendo cualquier responsabilidad. Ejemplos escasos, pero que por negativos se multiplican en su influencia frente a los casos de ocupaciones respetuosas y comprometidas con el cambio social.

Quizá tampoco ayude una actitud y una estética impostada llena de referencias violentas, oscuras… En este texto, la gente de la oficina de vivienda nos da algunas razones más por las que la okupación, además de una posibilidad, puede ser un acto justo y socialmente positivo. Una posibilidad más para cualquiera con sus limitaciones y problemas, como el resto de posibilidades, pero también con su potencial. Por nombrar algunos de estos argumentos:

  • Cuando no están habitados, es mucho más probable que los pisos tengan problemas de humedad y salubridad que cuando tienen habitantes.
  • Cuando los bancos son los dueños de las viviendas –por ejemplo, porque se ha producido una ejecución hipotecaria- estos se niegan a pagar los recibos de la comunidad. En cambio, la mayoría de las personas que okupan una vivienda hacen lo posible por contribuir a estos gastos.
  • La existencia de viviendas vacías que permanecen cerradas mantiene elevados los precios de los alquileres y las hipotecas, ya que todas esas viviendas no salen al mercado. En cambio, cuando existe un movimiento fuerte de okupación, los propietarios de pisos se ven obligados a bajar los precios.

El texto recomendado es este: Vecinas okupas.

También merece la pena recomendar el Manual de Okupación, una guía con consejos para llevar adelante el proyecto de liberar una casa. Que también puede consultarse en la web de la Oficina de Okupación de Madrid. Es de destacar el trabajo de estas personas en la visibilización de la okupación y el intento de generalizarla como una posibilidad más al alcance de cualquiera.

La okupación es, ante todo, una opción política. Ocupar una casa es liberar un inmueble de las dinámicas especulativas del mercado. El espacio deja de ser mercancía y pasa a ser un servicio para la sociedad. En ese sentido, cabe preguntarse ahora de qué modo el movimiento de ocupaciones puede organizarse para ir más allá de lo que es. Pasar de representar una opción personal o limitada a pequeños grupos, para generalizarse y convertirse en una herramienta más en la lucha por una sociedad más justa y más libre, esto es, por un socialismo ecológico y libertario.

Koukouloforos

Paso a traducir unos artículos de un periódico ácrata de la ciudad de Tesalónica, Grecia, los cuales a su vez están recogidos en la colección de escritos «We Are an Image From the Future. The Greek Revolt of December 2008», editado por A. G. Schwarz, Tasos Sagris, y les compas de Void Network (es de la editorial AK Press, por si alguien lo quiere adquirir). Recordad que ya publiqué otra traducción de la Void Network hablando sobre las experiencias de diciembre de 2008 (la podéis leer aquí). Los extractos del periódico se recogieron bajo el nombre de «Koukouloforos», que viene a significar en griego «encapuchado.» El libro en cuestión, que se traduce como «Somos una imagen del futuro. La revuelta griega de 2008» recoge un número notable de artículos, entrevistas, artículos de opinión, sobre la rabia desatada tras el asesinato de Alexis en Exarcheia, Atenas. El libro también trata sobre diversos proyectos que fueron organizados tras el asesinato, así como cuenta las historias de diferentes grupos, personas, generaciones, de personas dispuesta a poner fin al capitalismo y al Estado. Sin más, os dejo con el texto.

Les invisibles tienen rostro

Éramos sombras. Sombras en eso a o que llamas «vida cotidiana.» Innumerables sombras de las que pasabas de largo en las calles. Caras que te recordaban algo de lo que nunca estabas segure.

La pinta de cerveza en el bar, llena de nuevo.

«He pedido una pizza hace media hora pero el chico del reparto todavía no ha llegado.»

Estanterías de supermercado y suelos relucientes.

«¿Dónde está la chica que vacía los ceniceros?»

Ponte el casco, el chubasquero, conduce tu moto por la ciudad.

«Posición 146, ¿en qué puedo ayudar?»

Tras las casetas, doblando ropa, en los pasillos ordenando libros en las estanterías.

«Parece un poco ajustado en la cintura.»

Enfrente de ordenadores contestando teléfonos.

Seleccionando anuncios pequeños, «se busca mujer con experiencia previa.»

Y algunas veces haciendo cola fura de la OAED [las oficinas de empleo y desempleo].

«Firmando cheques todos los lunes, miércoles, y viernes.»

 Programas sobre escenarios, seminarios, «nuevas ofertas de trabajo.»

Nunca aquí, nunca allí. En constante movimiento, en un infinito y angustioso estado de espera.

Vendiéndonos toda la vida para poder sobrevivir. Siempre presentes, siempre invisibles, extrañes en nuestras propias ciudades.

Y de repente un disparo…

«¿Has escuchado las noticias? Lo han matado, ¡esos cabrones!»

«¿A quién han matado?»

«¡Han matado a ese chico, tío!»

Asesinato. Violencia. Esta palabra es familiar. Sí, es familiar…

Temprano en la mañana, en pie para ir a trabajar. Los sellos que no me dieron. El alquiler que tengo que pagar todos los meses. De repente accionando los frenos y el escalofriante sonido al trepar en la carretera. Las noches a solas. Mi jefe llamando—joder… tengo que ir a trabajar mañana. Mi lucha para cobrar las horas que he trabajado. Los ojos de los clientes escrutando mi cuerpo mientras les sirvo. Contando mis sellos—¿puedo cobrar el paro? Anuncios clasificados. El reloj en el trabajo que parece estar atascado, y mi jefe recién se compró un coche nuevo. Y durante todo esto un disparo. Fue asesinado. ¡En las calles, tío! Rabia. Rabia por el asesinato, rabia por nuestras muertes cotidianas.

Nos reunimos en las calles. Gritamos a sus caras juntes. Construimos barricadas juntes. Rompemos las aceras y nos metemos piedras en los bolsillos. El gas lacrimógeno es asfixiante pero nosotres seguimos adelante. Nosotres seguimos adelante, todes nosotres, quienes hasta ayer hablábamos idiomas distintos, quienes hasta ayer éramos invisibles. Nosotres seguimos adelante porque tras esto nada volverá a ser lo mismo de nuevo. Lejos de todes aquelles que intentan representarnos, lejos de polítiques y sindicatos que hablando un idioma extraño, foráneo, lejos de les expertes de los medios de comunicación que todavía se siguen preguntando de dónde vinimos todes nosotres.

No tenemos ninguna demanda. No, no tenemos. Nosotres luchamos por todas las razones en el mundo. Queremos de vuelta la vida que nos roban todos los días. La violencia del madero que disparó al chaval es la violencia condensada que nosotres sufrimos todos los días. Contra esto nosotros nos rebelamos. Ya no somos sombras, aunque empezamos como tales…

Vivir en comunismo, difundir la anarquía

Vivir en comunismo, difundir la anarquía. No es la primera vez que los maderos asesinan, así que no es la primera vez que la gente se rebela, ataca a la madera, o quema oficinas bancarias. Pero esta vez las cosas son diferentes. La rabia que se desató lleva inscrita su propia historia. Sí, es una insurrección. Y lo que es característico de las insurrecciones es ala corazonada que todo cambiará, que nada volverá a ser lo mismo. Esto es lo que sentimos. La historia se está condensando, nuevas fuerzas se desatan, y la autoridad se congela. La pregunta inmediata es como tirar para adelante si ya no somos les mismes. ¿Qué hacemos cuando no haya ningún banco que destruir, ninguna comisaria intacta? ¿Dónde nos reunimos tras los disturbios? ¿Cómo continuamos implacablemente, como solíamos hacerlo, la destrucción del capitalismo en el mundo? Desde la primera noche tras el asesinato, la Escuela Politécnica de Atenas fue okupada por cientos de personas. Desde el 8 de diciembree la ASOEE también está okupada. Lo que sigue es un extracto del blog de la okupación: «Como parte del conflicto social entre clases, la okupada Universidad de Economía y Negocios se constituye como un espacio abierto de información y generación de acción colectiva en las calles. Al mismo tiempo, consideramos muy importante la okupación de instituciones académicas para crear espacios reorganizados y autogestionados de nuestras fuerzas en contra de la represión del Estado. Por esta razón, la okupación de la Universidad de Economía y Negocios permanece abierta y llama a una asamblea el lunes día 8 a las 20:00. Declaramos que la okupación se alargará hasta que no dejen en libertad a todes y cada une de les arrestades por la madera en todo el país.»

La Escuela de Teatro de Tesalónica es okupada el sábado por la noche tras los disturbios en las calles Aristotelous y Egnatia. Lo siguiente es de su blog: «El sábado por la noche, tras la manifestación en Tesalónica en respuesta al asesinato de Alexandros, antiautoritaries okuparon la Escuela de Teatro de Tesalónica para proveer contra-información a les protestantes de la ciudad. Desde el principio, el MAT intentó en vano invadir el edificio. Al día siguiente de la asamblea, la okupación fue respaldada por estudiantes de drama y por personas que no pertenecían a ninguna asociación política.» La Escuela de Teatro de Tesalónica se ha convertido en un centro de convocatorias, de intercambio de ideas, un espacio para organizar acción. Al siguiente día el edificio de la Asociación de Abogades de Tesalónica también fue okupado. Allí, varias asambleas tuvieron lugar, sobre todo asambleas de estudiantes, y funcionará como un centro de contra-información hasta la huelga a nivel estatal del día 10 de diciembre—cuando okupaciones sin precedentes, y sin demanda alguna, tomarán muchas escuelas e instituciones académicas del Estado.

Durante el 12 de diciembre el edificio del Ayuntamiento de Aghios Dimitris en Atenas fue okupado y se convocó una asamblea pública. Del blog de la okupación: «Nos insurreccionamos. Funcionamos con los principios de la democracia directa porque así es como queremos vivir. Hemos tomado el control de nuestras vidas. Nos desharemos de nuestres jefes y ayudaremos a les detenides a librarse de sus cargos. Usamos este edificio público como un centro abierto de contra-información, como un lugar de encuentro donde personas que han decidido cambiar sus vidas puedan venir en grandes números y formar ideas y acciones de forma colectiva.» Trescientas personas acudieran a la primera asamblea. Se planearon acciones, se discutieron eventos de actualidad, personas de diferentes generaciones se dieron lugar allí, personas de diferentes contextos sociales se encontraron, y se organizaron actividades culturales y clases de griego para migrantes. Desde el principio, la Asociación de Funcionaries de la municipalidad de Aghios Dimitrios se mostró favorable a la okupación y está activamente involucrada en su defensa. Ésta es la primera vez en la que el ayuntamiento está realmente abierto, como un espacio político, para el vecindario. No tiene sentido mencionar aquí las reacciones, esperadas, del alcalde y de la madera.

En el mismo día, fue okupado el antiguo Centro de Información y Servicios Ciudadanos [KEP] en la plaza de Halandri. En un blog se puede leer: «La tristeza y la rabia que todes nosotres sentimos no se puede expresar haciendo zapping en la televisión desde el sofá. Decidimos okupar el antiguo KEP del Ayuntamiento en la plaza de Halandri, espacio de reunión de concejales, y transformarlo en un espacio de contra-información y discusión de futuras acciones. Invitamos a les vecines de Halandri, y a las personas de áreas circundantes, a defender este espacio okupado y tomar parte en las actividades abiertas, igualitarias, y autogestionadas.» Una asamblea pública se convocaba todos los días hacia las 7.00pm, así como se defendían numerosas acciones y protestas. El lunes, día 15, el edificio del Ayuntamiento de Sykies en Tesalónica fue okupado. Se convocó una asamblea pública ese mismo mediodía. El lema principal que se puede ver en la pancarta que cubre la fachada del edificio demanda la inmediata puesta en libertad de todas las personas arrestadas por las fuerzas policiales.

Lo que cuenta para que estos ejemplos se difundan, para que la gente empiece a tomar control sobre sus propias vidas, es que se cuestionen las propias ideas de representatividad, de responsabilidad, de pertenencia a un partido político. Ahora es el momento. Ahora, cuando todo ha cambiado. Las okupaciones espontáneas de muchos espacios académicos y no-académicos—no necesariamente realizadas por estudiantes—nos otorgan la posibilidad de encontrarnos los unes con les otres. Pero estos espacios ya no pueden alojarnos más. Por ello tenemos que okupar edificios de Ayuntamientos, casas vacías, edificios públicos, y transformar estos espacios en lugares de encuentro para organizarnos. Más espacios de este tipo han de ser creados, más espacios han de ser liberados, nuevos espacios de comunicación y resistencia han de ser fundados. Todas las okupas anarquistas deberían pensar cómo pueden hacer sus espacios más accesibles para los vecindarios. Los colegios deben paralizarse y ser transformados en espacios libres de educación capitalista-nacionalista. Los espacios de trabajo deben ser bloqueados por les trabajadores, y los medios de contratación deben ser discutidos y re-inventados. Las ideas de autogestión y solidaridad deben ser llevadas a todos y cada uno de los colectivos. No necesitamos jefes, no necesitamos ningún tipo de guía, no queremos ningún representante. Es hora de empezar a vivir en anarquía, de crear las comunas del futuro.

Nuevo Espacio Liberado en la UAM

Nos llega información de que hoy, 12 de marzo, se ha liberado un nuevo espacio social en la Universidad Autonóma de Madrid, os dejamos aquí el comunicado de apertura:

NUEVO ESPACIO-TIEMPO SOCIAL LIBERADO AUTÓNOMO (E.T.S.L.A.) EN LA UAM

Sobrevivimos. Porque vivir no puede significar no saber si mañana vas a comer, si tendrás dinero para finalizar los estudios, si aun así llegarás a encontrar un trabajo estable con los derechos laborales que hoy día conoces. Porque no solo cambiaremos de trabajo constantemente a lo largo de nuestras vidas, sino que además nos veremos obligados a emigrar, y quizás incluso nos hagan un flaco favor, dado que en un país sin sanidad ni educación, que recorta en dependencia, en el que no consideran que las mujeres sepamos decidir sobre nuestros cuerpos, y donde no tomemos garantía de dormir bajo un techo, no debería llamarse Estado de Bienestar. Además, como colofón, se persigue y castiga a quienes protestan y buscan un mundo mejor. No son más que consecuencias de la crisis actual como tantas otras inherentes al capitalismo.

Han logrado aislarnos. El individualismo más atroz ha enraizado en nuestra convivencia como germen de la competitividad, pilar del sistema político, económico, social y cultural. Nos quieren sumisas, y nos tienen porque solas no podemos. Sin embargo, siempre surgen brotes verdes de inconformismo, mucho más reales que los brotes verdes del ministro Guindos. Brotes verdes de inconformismo por la solidaridad entre iguales. Solidaridad que ya muestra su efecto en la reivindicación de los pocos derechos de los que hoy gozamos y que continúa haciéndolo en las mareas ciudadanas, colectivos como la PAH y en tantos barrios que se organizan.

No. Sin lazos sociales no podemos recuperar la solidaridad como valor básico de la sociedad con el fin de plantar cara a la injusticia de la miseria y crear un futuro de todas para todas. Por eso creemos que una de las muchas que puede avivar las brasas del conflicto social es construir nuestros lazos. Acercarnos, apoyarnos, ayudarnos. Y la chispa, los espacios comunes donde podamos crear y crecer.

Es aquí donde nace el nuevo ETSLA en la UAM, donde antes había una sucursal bancaria símbolo de la corrupción, la explotación y la avaricia asesina que impera y pretende abrirse paso en todo resquicio. Sabemos que sólo se destruye lo que se sustituye, y estamos decididas por la propuesta de un espacio social que sirva de encuentro interfacultativo, que dé lugar a conocimiento multidisciplinar y que, en definitiva, enciende la llama de la vida universitaria, ya apagada y subyugada a la asistencia obligatoria y el plan Bolonia. Un centro para alimentar nuestras inquietudes, llevando proyectos a cabo; charlas, talleres, actividades… desde nuestro propio interés e iniciativa, es decir, de manera autogestionada por la comunidad universitaria. De esta forma, habría cabida para aquellos colectivos y asociaciones que se ven privados de lugar en el que reunirse por la inoperancia de la gestión de los espacios de la universidad.

 Y, porque sobrevivimos, un ETSLA que dé visibilidad  y soporte al movimiento asambleario que lucha en contra del desmantelamiento de la educación que nos quiere robar el gobierno y el libre mercado.

Nuestra pretensión es clara: no vale liberar el espacio si no concebimos el tiempo de otra manera en que la desidia del minutero no arrastre nuestras vidas como un peso muerto.

Es el momento.

Para más info: etslauam.blogspot.com.es

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