Programa de emergencia

Este texto es únicamente un boceto o parte de un texto mayor y que aún está por venir por parte del Colectivo Brumario.

 

Que nos encontramos en un momento de crisis, de impasse, parece ya evidente. Podemos querer no verlo porque era mucho más agradable cuando a cualquier convocatoria acudían cientos o miles de personas y salíamos a 3 o 4 por semana como poco, pero el caso es que diversos factores que no vienen aquí muy al caso analizar han llevado a un estancamiento del proceso que se inició con el 15M y devolvió la voz a las calles, aunque fuese para gritar consignas o levantar las manos. Sin embargo, de este periodo han salido experiencias sumamente enriquecedoras como es el mismo uso de la asamblea como herramienta fundamental para la organización popular y otros proyectos más concretos, además de ciertas victorias como la lucha por la vivienda. El caso es que ahora nos encontramos no solo con que las manifestaciones o convocatorias de todo tipo han disminuido, sino que el número de asistentes resulta en muchos casos alarmante. A esto hay que sumar la ilusión electoralista que estamos viviendo, y lo que nos queda, y una oleada represiva de un nivel que muchos no hemos conocido.

Conviene, entonces, preguntarnos cómo afrontar esto que se nos viene y que parece que no va a ser cosa de un mes, sino quizás un periodo de algunos años, teniendo en cuenta que ni los desahucios van camino de desaparecer ni la miseria general va a ser barrida por una vuelta a los felices años 2000. En este contexto parece importante prestar atención a las presuntas medidas de salvación que van formulando los distintos gobiernos y partidos aspirantes a serlo, especialmente aquellos que se reclaman como defensores del pueblo y la ciudadanía. Especialmente en ciertos ambientes tendemos a considerar la política institucional como algo impuro, sobre lo que no debemos trabajar y que, además, de eso ya se encargan otras. Como llevamos viendo desde que existe la ley y pronto veremos sobre el ejemplo concreto de la llamada ley Mordaza, esto no es así, sino que la legislación tiene un impacto si no directo, al menos de modificación del contexto en el que nos desenvolvemos. Es por esto por lo que algunos creemos que no podemos dejarlo pasar sin más.

Así pues, volviendo al tema de estos programas de emergencia social elaborados por determinados partidos consideraría necesario “salir de la ideología y situarnos en el terreno práctico de la lucha de clases”, parafraseando a los Colectivos de Solidaridad de París. Esto, en nuestra situación, implicaría atender a qué tipo de problemas sociales  podemos solucionar desde nuestra alternatividad, y también de qué manera es esto posible. Es decir, podemos afirmar que es factible alimentarse reciclando comida o vestirse robando ropa, pero deberíamos considerar en estos y otros casos que esta no es una solución por no ser generalizable y por no responder a las necesidades de muchas personas por su diversidad de situaciones vitales. Si hay soluciones a estos problemas probablemente pasen por la creación de un tejido social dedicado a la resolución de problemas muy concretos, algo que, por la inversión necesaria de esfuerzos y el mantenimiento de los mismos no siempre es posible.

Como libertario, o llámalo x, el otro día me caía de culo al encontrarme la noticia de una mujer de 60 años que cada vez que quería salir de su casa tenía que cargar escaleras arriba y abajo con su hijo de 40 años y 80 kilos a su espalda como un fardo debido a los problemas psicomotrices de este a encontrarse sin ningún tipo de ayuda. Vale que es un caso verdaderamente extremo, o eso quiero pensar, pero tampoco podemos pensar que es una situación única. Y estas personas necesitan una ayuda que nosotras, en nuestras condiciones actuales, difícilmente podríamos prestarles.

La preparación de cualquier cambio social que queramos llevar a cabo debe pasar indefectiblemente por asumir nuestras propias carencias y actuar en consecuencia. Y esto implica no dar la espalda a aquellas realidades que nos molestan bien por su complejidad, bien porque supongan adentrarnos en incómodas contradicciones. Desde esta óptica, actualmente muchas situaciones de necesidad no podrían verse si no resueltas, al menos paliadas gracias a las ayudas estatales, subvenciones u otros tipos de ayudas que no vienen de un CSOA. Si esto ha venido sucediendo desde que se inaugurase el bienquerido Estado del Bienestar, parece evidente que las realidades antes descritas y otras se agudizarán en un momento como el actual en el que si este no se está desmantelando, al menos se está desprendiendo de determinadas cargas. No es aquí sitio de mantener una u otra postura en cuanto a los cambios del Estado, por no ser el tema y por no contar con los conocimientos necesarios. Sin embargo sí podemos dar cuenta de lo evidente, y es que determinadas ayudas que se prestaban desde el Estado han dejado de prestarse o han disminuido hasta cotas insultantes. El caso, al final, es que hay personas en situaciones insostenibles, situaciones a las que no podemos dar solución en este momento y, si queremos incluir a estas personas en el cambio social que preparamos en vez de asumir una política antisocial y de autoconsumo, no podemos, por muchas contradicciones que suponga, oponernos a un tipo de medidas que pretenden restablecer el suministro eléctrico a quienes se lo han cortado las eléctricas o mejorar en alguna medida las ayudas a la dependencia, por mucho que esto venga del Estado.

Si consideramos la idea que desde ciertos ambientes se viene repitiendo  de apostar por un anarquismo social, y que esto pasa por participar en espacios que no siempre son los que tenemos como nuestros y que pueden no sernos cómodos no podemos pasar por alto todo lo señalado anteriormente. Ello no quiere decir ponernos a aplaudir las iniciativas electorales que asumen estos paquetes de emergencia, sino una defensa de los mismos desprendiéndolos de su componente electoral. La tarea se antoja complicada a la vez que necesaria.

Las Marchas de la Dignidad son un ejemplo de una herramienta con potencial suficiente para crear una fuerza en la calle que haga suyos estos paquetes de necesidades y dote a estos de un sentido más allá del apoyo electoral a un partido concreto. Nótese que se está hablando de potencialidad como herramienta, pues si nos remitimos a la última experiencia vivida no podemos pensar que aquello pasase de un mitin al que se había invitado a muchísima gente y con unos contenidos escasísimamente elaborados, como así manifestaba el infame lema de “Pan, trabajo, techo y dignidad”. Nuevamente hay que tener en cuenta también el incremento de la presión policial, con la lección aprendida de la ocasión anterior.

Sea como fuere, el caso es que este tipo de medidas pueden ser separadas de su uso electoralista y puedan asumirse como una victoria colectiva de aquellas que llaman de abajo. No hacerlo pasar como tal, sino asumirse efectivamente gracias a una presión activa y real, conocedora de sus límites pero dispuesta a ir a por todas.

[Recomendación] El tiro por la culata. Sobre Podemos y la crisis civilizatoria

El tiro por la culata: nueve tesis sobre el fenómeno PODEMOS y la crisis civilizatoria

Me ha impactado tanto (positivamente) la lectura de este texto en el blog de Emilio Santiago Muiño que considero necesario recomendarlo aquí con una entrada dedicada.

El texto utiliza a Podemos para recorrer algunas de las críticas y aportaciones más necesarias a la reflexión política actual, sobre todo a aquella que quiere contribuir desde la óptica anarquista (en un sentido amplio) a los movimientos sociales que están hoy respondiendo a los ataques del capitalismo. La lectura del momento social del texto tiene su punto de partida en una visión libertaria constructiva (escéptica con lo institucional, pero no ideológicamente enfrentada a sus partidarios), estratégica (capaz de ver el potencial y las miserias del experimento Podemos), que renuncia a la ortodoxia anarquista pero que es al mismo tiempo, o quizá por ello, una visión crítica y transformadora.

Es de destacar el análisis crítico de la deriva de Podemos, que es una crítica a la propia dinámica electoral. Resumiendo podríamos decir que cualquier partido político con vocación de gobernar en el momento actual debe incorporar elementos interclasistas y, por tanto, alejarse de la difusión de ideas transformadoras para acercarse al centro político, donde se juegan las mayorías. En palabras de Emilio, «el caballo del Estado tiene reglas que hay que cumplir si quieres montarte sobre él«. Es clarificadora de esta presión ineludible esa imagen que utiliza el texto de Jorge Riechmann espantando electores en un mitin o tertulia política debido a su compromiso ecológico sin concesiones.

Partiendo de ese análisis creo necesario remarcar que, como los libertarios siempre hemos defendido, el verdadero desafío estaría entonces en desplazar el centro político a la izquierda. O, en otros términos, disputar la hegemonía cultural. Esto implica difundir los valores revolucionarios mediante la pedagogía y la propaganda al mismo tiempo que se defienden (y, llegado el caso, se toman) las instituciones económicas y sociales. En eso, tiene mucho más que decir la participación diaria en los conflictos sociales con una perspectiva de empoderamiento popular que el triunfo institucional. Acepto la idea del texto de que los gobiernos de izquierdas también han posibilitado el desarrollo de luchas radicales que realizaban enmiendas a la totalidad del sistema. Lo determinante es, por tanto, reconocer que si la mayoría social vuelca sus ilusiones en lo institucional se debe a que los libertarios llevamos años desertando de disputar los espacios en conflicto. Los que apostamos por el cambio consciente de las mayorías sociales tenemos la llave de la debilidad de Podemos. Se trata de reconstruir el «sentido común» desde unos valores radicalmente distintos a los de la «democracia» liberal; un cambio tal como el logrado, por poner un simple ejemplo, por el feminismo en lo referente a la aceptación social del aborto.

En palabras de Emilio: «Me parece mucho más preocupante la carencia de fuerzas no institucionalizadas que puedan radicalizar un hipotético gobierno de PODEMOS, y sobre todo  ayudar a solventar, desde la base,  problemas sociales capilares a los que un Estado en contracción fiscal y energética nunca podrá llegar. Especialmente cuando esté se vea atrapado en una pinza formada por sus incumplimientos electorales, la pauperización creciente y el auge de un rupturismo de extrema derecha.«

Hay un punto especialmente controvertido, convenientemente argumentado, que daría para el debate. Según el texto el agotamiento del ciclo de luchas no institucional es resultado no sólo de la irrupción de las propuestas electorales en donde algunos militantes han depositado sus esperanzas (Podemos, Ganemos…); si no también y fundamentalmente de los propios límites de las propuestas asamblearias barriales (como las que impulsó el 15M). Aún más, de los propios límites de la autogestión.

Comparto la afirmación de Wilde de que el socialismo requiere muchas tardes libres, incluso podría aceptar que cierto grado de profesionalización sea un mal necesario para que el anticapitalismo deje de ser una opción marginal. Con todo, creo que se descarta con demasiada facilidad el ejemplo de Lavapiés. Quizá sea este barrio «un gueto cultural anticapitalista con una población de perfil militante absolutamente desproporcionada en comparación al resto de Madrid y del país», pero en esa asamblea hay personas que trabajan, que disfrutan y viven… y que sacan buena parte del trabajo político del barrio adelante. Sin pretender con esto enterrar definitivamente las críticas a la propuesta de autoorganización barrial que puso sobre la mesa el 15M (sobre las que resulta necesario reflexionar para construir un modelo de lucha y participación política democrático y anarquista), sí pretendo indicar que estamos bien lejos aún de poder determinar los límites de la autogestión en los barrios.

Para finalizar, merece especial relevancia la crítica realizada a Podemos desde una perspectiva ecológica muy lúcida. Comparto cierta preocupación curiosa sobre si un gobierno de Podemos sabría marcar la linea entre la táctica electoral, que requiere simplicidad en los discursos, y la urgente necesidad de un cambio radical en la política ecológica. Un cambio que es, además, incompatible a todas luces con el mantenimiento de los procesos de acumulación capitalista. Aquí el problema vuelve a entroncar con el que repetidamente señala el texto: La necesidad de fuerzas sociales autónomas que impulsen el cambio social. Unas fuerzas que se encuentran disgregadas, que son las únicas capaces de impedir que la estrategia electoral se vuelva contraproducente para las aspiraciones anticapitalistas y que evitarán un reflujo hacia tendencias políticas reaccionarias. Un poder popular fuerte que está aún por crear.

El texto al que hace referencia esta entrada: https://enfantsperdidos.wordpress.com/2015/04/12/el-tiro-por-la-culata-nueve-tesis-sobre-el-fenomeno-podemos-y-la-crisis-civilizatoria/

Enlaces del mes: Febrero 2015

Entrevista a las compañeras de La Alzada, agrupación feminista y libertaria chilena, de parte de la IWW. En ella hacen un repaso de su recorrido como organización, de sus objetivos, de sus alianzas y de sus prácticas. Su perspectiva es antipatriarcal, anticapitalista, de acción directa y se encuentra inserta en los movimientos sociales: «nuestro trabajo se dirige hacia una crítica conjunta contra el patriarcado y el capitalismo en tanto sistemas de dominación […] Nuestra intención es apuntar a un trabajo que, desde el género como lectura primordial, pueda funcionar como un lugar para interpelar las contradicciones derivadas del sistema económico«. Defienden una militancia organizada, comprometida, esforzada y activa: «La Alzada requiere de un compromiso mucho más fuerte y fehaciente«; «nosotras consideramos que justamente éste [la estructura organizativa] es el fundamento de una repartición horizontal de las tareas dentro de una organización.» Sobre sus actuaciones, destacan su trabajo social: «trabajando con organizaciones sindicales, territoriales y estudiantiles, haciendo uso de varias metodologías provenientes de la educación popular y de las técnicas participativas, como lo es el Teatro del Oprimido, en particular el Teatro-imagen y el Teatro-foro. Estas herramientas, que permiten concientizar una condición de opresión haciendo vivenciar el problema a través del lenguaje del cuerpo, han constituido un aporte fundamental dentro de nuestra organización, tanto para el desarrollo interno, para llevar nuestras discusiones y reflexiones estratégico-tácticas, orgánicas o teóricas; como para los talleres externos, permitiendo potenciar la oratoria y la expresión corporal de las mujeres del sindicato de casa particular con el cual trabajamos desde varios meses usando esta herramienta«.

Sobre la necesaria influencia de los trabajadores y los movimientos sociales en el proyecto de transformación social podemos leer este artículo. «Desde los barrios, desde los centros de trabajo, desde la precariedad, la clase trabajadora intentará ser cada vez más consciente de sus intereses y posibilidades, y procurará organizarse autónomamente. A las fuerzas democráticas, si pretenden algo más que un simple recambio de élites, de nada les servirá ignorarla«. En una linea que confluye con el manifiesto de Construir un pueblo fuerte.

Una vez más Sudamérica aportando ejemplos de lucha y organización: Una propuesta para el movimiento estudiantil, por parte del Grupo Estudiantil Anarquista de Colombia. Especialmente interesantes sus consejos al respecto de lo que NO HACER: No usar lenguaje autorreferencial ni hacer planteamientos que se salen de las bases sociales. Tampoco infantilizar a tus interlocutores. No cooptar espacios amplios. No caer en la repetición ni en la falta de autocrítica… Al respecto del movimiento estudiantil en España, el periódico anarquista Todo por Hacer analiza la reforma universitaria que impone el 3+2 frente a la oposición de la comunidad educativa. Un proyecto que viene a apuntalar la mercantilización de la educación superior.

En alasbarricadas.org, un artículo sobre horizontalismo y anarquismo, o las diferencias entre movimientos de protesta y de transformación social. «El horizontalismo, sin visión ni método revolucionarios, lo único que aporta son protestas más allá de las que lo único que sucederá es que un gobierno en sustituya otro. Esta fue una de las lecciones de las experiencias de Argentina en 2001 cuando se gritaba ‘que se vayan todos’, un eslogan que se refería a todos los gobernantes pero que después de un tiempo, se impuso la estabilidad y un nuevo gobierno estable subió al poder y permaneció«.

En Píkara encontramos un artículo que habla de lo que ahorra el capitalismo en reproducción, asistencia y cuidados explotando a las mujeres. Los recortes en dependencia solo son una vuelta de tuerca más para las que ayudan a vivir.

El sector de la economía social y las cooperativas ha vivido un auge como resultado del 15M. Su papel en el proyecto revolucionario anticapitalista podría ser motivo de un amplio análisis. En la revista economía crítica se centran en el aspecto ecológico del asunto, analizando con qué potencial cuentan las Cooperativas en la transición energética [PDF], tan necesaria para un mundo libre.

Una reflexión sobre urbanismo y feminismo (que es por tanto una reflexión entre urbanismo y anticapitalismo) en el periódico Diagonal. ¿Es posible una ciudad pensada para todas las personas y no para la reproducción del capital y la circulación de individuos entregados a los roles que este impone?

El poder popular contra la vía institucional

Hace falta construir también, no solo derribar, porque si únicamente derribamos y no sabemos construir, otras construirán lo que derribemos, y entonces tocará de nuevo derribar, entrando en un ciclo interminable donde los y las perdedoras somos nosotras.

Hemos escuchado muchas veces la asociación del poder popular a un gobierno popular o de izquierdas. No obstante, la definición de poder popular no pasa realmente por ser sinónimo de un gobierno popular¹, sino que sería definido, desde una perspectiva anarquista, como la capacidad material de un pueblo para materializar sus reivinidicaciones revolucionarias a través de su propia autoorganización que permita articularse como fuerza política de clase, independiente y autónoma al margen de las instituciones del Estado. Este poder popular constituiría una oposición efectiva fuera de las instituciones burguesas y una fuerza política capaz de crear sus propias instituciones u órganos que sustituyan a los organismos del Estado. Esto implica no optar por la vía institucional, sino por la superación del orden capitalista a través de potenciar la autoorganización en el seno de la clase trabajadora a todos los niveles (nivel de barrio, territorial, estudiantil, sindical y político), aspirando a implantar un nuevo sistema político, social y económico basado en la cooperación, la toma de decisiones asamblearia, la solidaridad y la propiedad colectiva de los medios de producción.

Antes que nada, nos pondremos en situación con un breve análisis de coyuntura. Desde la aparición de los movimientos sociales al calor de la crisis, pasamos por un período de inflexión donde están surgiendo nuevas formas de movilización social y también el surgimiento de nuevos partidos políticos, tras la entrada del capitalismo en una nueva fase de reestructuración. La coyuntura de los años de bonanza en los países capitalistas estuvo marcada por una paz social casi total, un consenso entre clases tras la derrota de los movimientos revolucionarios de los ’60, ’70 y ’80. No obstante, actualmente vivimos un nuevo resurgimiento de la movilización popular en una coyuntura que se hace imprescindible la inserción social de los y las anarquistas y ser partícipes de los cambios en el escenario político actual. Podemos apuntar un breve repaso en el aumento de las diferencias de clase por un lado, y por otro, se marca cada vez más una relación de colonia-metrópolis dentro de la propia UE, siendo los países centrales como Alemania y Francia los que formarían la metrópolis, mientras que países de la periferia conformarían la periferia colonial, como los PIGS, Rumania y otros.

A partir de aquí, se está configurando una nueva coyuntura política y social, donde por un lado vuelven a salir las tendencias fascistas y la complicidad de la clase dominante con ellos, como se demuestran en el apoyo al gobierno de Kiev por parte de la comunidad europea y su pasividad hacia partidos fascistas como Frente Nacional y Amanecer Dorado. Y por otro lado está la izquierda parlamentaria que se está reorganizando en torno a una socialdemocracia inspirada en movimientos ciudadanistas estilo 15M, tal es el caso de Podemos y similarmente, Syriza. Respecto al terreno social, podemos encontrar, tras la desmovilización del 15M, una nueva reconfiguración en las movilizaciones populares que actúan en diferentes ámbitos, como el de barrio, la vivienda, la salud, la educación… sin que la tendencia sindical de clase sea el eje central. Estos movimientos tienen una composición muy heterogéneos y carecen de una orientación política clara. También, dentro del movimiento libertario están surgiendo nuevas tendencias que tratan de disputarse un espacio en el escenario político. No somos ajenas al cambio que se está dando actualmente, y están surgiendo procesos, iniciativas y formas organizativas que miran hacia la inserción social, la articulación de movimiento y la construcción de una alternativa política en el seno de la clase trabajadora. Sin embargo, todavía al movimiento libertario le falta consolidarse. Estamos en un proceso de reconstrucción y con miras a enterrar los viejos vicios para salir del estancamiento, sabiendo que si no superamos la marginalidad, acabaremos muriendo y sin posibilidad de plantar cara materialmente al neoliberalismo desde una perspectiva anarquista.

Con la irrupción de Podemos en el escenario político y una derecha que está perdiendo la hegemonía en favor del discurso socialdemócrata, y siendo este año en el que se aproximan las elecciones municipales y más tarde las generales, es probable que tengamos que contar con nuevas caras en ayuntamientos y en el gobierno estatal. Nos han pasado por encima numerosos ajustes neoliberales, la más destacada la reforma laboral del 2012, más la LOMCE y ahora con más vueltas de tuerca del Plan Bolonia en el ámbito estudiantil, sin olvidar tampoco el acecho del TTIP que mermará aún más los derechos sociales en favor de los mercados. El neoliberalismo está en continua ofensiva mientras que los movimientos sociales están en una posición a la defensiva, y los pocos actores políticos que se presentan como opositores al modelo neoliberal llevan tintes socialdemócratas, mientras que la izquierda revolucionaria (léase marxistas y anarquistas) brillamos por nuestra ausencia.

Las coyunturas están en constante cambio, es un gravísimo error de análisis afirmar que no ha cambiado nada, lo cual, quiere decir que es un error pensar que con otras caras en las instituciones vaya a seguir todo igual. Aquí hay que diferenciar entre lo estructural y lo coyuntural. Mientras que lo primero es referido a la base material en las relaciones de producción, lo segundo es referido al conjunto articulado de fuerzas políticas y sociales en un determinado espacio y tiempo. En otras palabras, un cambio de gobierno (no la forma del Estado) no ocasionaría un cambio en las relaciones de producción, pero sí provocaría un cambio en la coyuntura, esto es, que ante una posible victoria de un partido socialdemócrata, la correlación de fuerzas cambie en favor de unos sectores sociales, como sería la de la pequeña burguesía y parte del proletariado. Esto supondría un pequeño desplazamiento de las tendencias neoliberales en favor de una tendencia keynesiana, aunque posteriormente ese supuesto gobierno socialdemócrata termine asimilando el discurso neoliberal.

Así pues, medidas decretadas por dicho gobierno como, por ejemplo, una subida del salario mínimo interprofesional, la paralización de los procesos de privatización, moratorias sobre las ejecuciones hipotecarias, derogación de leyes restrictivas, etc, supondrían un respiro para las capas sociales más desfavorecidas entre la clase trabajadora. No obstante, puesto que la sociedad de clases no desaparece sino que la clase capitalista sigue siendo dominante, las medidas no se aplicarían si no hay un poder social que las ponga en vigencia, es decir, si no existe una movilización popular que obligue a la clase capitalista a aplicarlas. Por ejemplo, a una trabajadora se la puede someter con amenazas de despido para que acepte un sueldo por debajo del salario mínimo decretado si ésta no se organiza en su sindicato, o un banco puede igualmente echar a la gente de las casas pese a las moratorias si no hay un Stop Desahucios que los frene. Dentro de la relación instituciones–pueblo, podemos ver con este ejemplo que existen dos fuerzas separadas: por un lado, la del partido de turno en el poder ejecutivo² y por otro, la de los movimientos populares. Las relaciones entre estas fuerzas pueden variar: desde la dependencia absoluta del partido y su funcionamiento como una extensión de éste para captar votos, tener una base de apoyo ideológico y de legitimación de sus medidas, hasta una fuerza independiente con su propio proyecto político. O incluso puede darse el caso de una ausencia casi total de movimientos populares. Los factores que determinan la fuerza real de los movimientos populares son: su grado de presencia en el escenario político y de organización, capacidad para adaptarse a los cambios, su composición interna y la existencia o no de un discurso político, es decir, si está articulado también a nivel político.

Es sabido entre anarquistas que la vía institucional es un engaño, un callejón sin salida que termina en la conciliación de clases y prepara a su vez el terreno para los totalitarismos de corte fascista cuando desmoviliza el movimiento obrero. Hemos estado repitiendo hasta la saciedad esta premisa, así como el discurso de la abstención activa pero, ¿hemos conseguido poner sobre la mesa unas alternativas políticas concretas como hojas de ruta más allá del «organízate y lucha»?. Por eso, no está de más añadir unas cuántas líneas más que vayan más allá de la mera negación. Consideremos que las dinámicas que emanan desde las instituciones nos afectan y que no podemos permanecer pasivas con los cambios que desde allí se dan y ver por dónde podemos avanzar sin entrar en el juego electoral, apostando por el fortalecimiento de los movimientos sociales y la creación de alternativas a través de la lucha cotidiana. La coyuntura legal y la tendencia del poder ejecutivo influyen, de alguna manera aunque sin ser un factor determinante, en la configuración de los movimientos sociales. Por ejemplo, en una situación donde esté reconocida en las leyes la libertad sindical, podría favorecer el surgimiento de sindicatos independientes, cosa que sería más difícil en otra donde dicha libertad esté restringida. Sin embargo, que la libertad sindical esté recogida en las leyes no hace que comiencen a brotar numerosas centrales sindicales ni que la clase trabajadora vaya en masa a organizarse en el sindicato, esto dependerá de otros factores. Puede darse el caso también que en situaciones más represivas surja un grado de organización popular y conflictividad social mayor que en otra donde se reconozcan más derechos y libertades.

La limitación de la vía institucional radica en que no es capaz de cambiar lo estructural, solo puede aspirar a reformar el capitalismo. Por ello, siempre en última instancia, será el grado de presencia de los movimientos populares, su organización y su politización lo que determinaría cómo se configuraría la correlación de fuerzas. Por tanto, un pueblo fuerte sería capaz de avanzar incluso en coyunturas donde la represión sea más fuerte que en las democracias liberales. Así pues, tomando como referencia el ejemplo del párrafo anterior, aunque estuviesen prohibidos los sindicatos al margen de los oficiales ni estuviese legalizado el derecho de reunión, aquel pueblo fuerte, o un movimiento popular fuertemente organizado, seguiría siendo capaz de organizarse y articularse como fuerza política capaz de dirigir una ofensiva contra las clases dominantes desafiando su orden y poner en marcha los programas políticos de carácter popular y revolucionario.

En resumen, hemos de destacar la separación entre lo institucional y el pueblo. Mientras que desde las instituciones se pueden aplicar medidas para aliviar los efectos de la reestructuración capitalista sobre la clase trabajadora, si el pueblo se constituyese como un actor político independiente, puede llegar a desestabilizar el viejo orden capitalista y llevarnos a una situación revolucionaria mediante la agudización de la lucha de clases. El poder popular desde una perspectiva anarquista es una vía alternativa al asalto institucional y a la conquista del poder político, lo cual quiere decir que en lugar de mirar hacia el Estado, concibe la articulación del pueblo como sujeto político, siendo una fuerza independiente y un actor político fuera del marco institucional. Pero independiente no significa marginalidad ni aislamiento, sino llevar discurso propio que no parta de las abstracciones ideológicas, sino del análisis de coyuntura, de la realidad de las luchas sociales, y de los problemas sociales inmediatos, impulsando la movilización social y defendiendo su autonomía frente a los intentos de ciertos partidos a fagocitarlos.

Por suerte, en estos momentos están saliendo propuestas interesantes como alternativas a la vía institucional y que apuesten por el poder popular frente al electoralismo³. Hay vida más allá de la abstención y de las críticas destructivas, y es la estrategia de acumulación de fuerzas. No olvidemos que la batalla se tiene que librar en el terreno social, que necesitamos crear hojas de ruta y un programa político que apunte a aumentar el grado de autoorganización popular con base en la lucha de clases, el feminismo, el antirracismo y el ecologismo. Porque si no planteamos alternativas a la vía institucional, de nuevo nos encontraremos en la impotencia viendo cómo la gente termina por abandonar las calles y poniendo sus esperanzas en el voto. Ahora más que nunca, toca construir y avanzar, o estaremos contemplando por los siglos de los siglos cómo construyen encima de lo que queremos derribar.

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Notas

1- Cabe señalar que desde la concepción marxista del poder popular sí se orienta a la conquista del poder político, no así entre anarquistas que adoptan la estrategia del poder popular. La orientación del poder popular dependerá de qué tendencia política sea la mayoritaria y la que articule el discurso político y las praxis.

2- Aunque cabría señalar una tercera fuerza que sería el brazo armado del Estado: policía y ejército. Estos cuerpos armados no siempre están subyugados al poder ejecutivo, sino que, dependiendo de su composición y de sus mandos, podrían sublevarse contra el gobierno legítimo dando un Golpe de Estado. No obstante, aquí no vamos a tratar este tema en profundidad ya que no es la intención de este artículo.

3- Equilibrismos, Proces Embat y Construir un Pueblo Fuerte.

Enlaces del mes: Enero 2015

En el número de enero del periódico CNT pudimos leer la siguiente entrevista al proceso Embat. «[El anarquismo] es un movimiento profundamente atomizado, […] aún estamos en una fase de colectivos y no de organizaciones. Es decir, que la gente que se considera libertaria ha pasado de estar desorganizada u organizada por afinidades personales (y no en base a posturas políticas) a militar en pequeños colectivos de ámbito local. […] Apenas hay ámbitos de trabajo más generales, como por ejemplo, cómo dar una respuesta libertaria al TTPI, cómo intervenir en el tema de la vivienda, qué propuesta como movimiento tenemos ante la sanidad, las pensiones, la enseñanza, el paro, etc. Cosas que nos afectan a todas y que las respuestas que damos son fragmentadas y a veces incluso contradictorias.»

Antonio Turiel hace una recapitulación en su blog sobre la situación de las reservas y el mercado de petroleo a nivel mundial. Muy interesante por cómo argumenta que este será el año en que alcancemos el pico de producción de hidrocarburos líquidos en volumen. Un buen repaso para lanzarse a abordar la cuestión de cómo (o, incluso, de si es posible ya) construir un mundo más libre y ecológico, que reduzca sus necesidades energéticas. Interesante complementar la lectura con este texto de la revista Argelaga, también sobre la situación energética, con una lectura más política y haciendo referencia a las posibilidades de aumento de la conflictividad social derivadas del futuro (ya presente) que se dibuja.

Dos artículos en la Marea, este primero, y este después, sobre los desastres en la gestión de la Sanidad pública madrileña, que la llevan al colapso. Siendo la sanidad un servicio tan esencial en manos de una gestión tan corrupta, injusta y demoledora, creo que debería despertar la necesidad de un programa libertario. Que deberíamos organizarnos para conseguir una gestión más democrática y más directa por parte de los usuarios y trabajadores del sector.

Sobre la xenofobia y el ataque a Charlie Hebdo, considero interesante la reflexión que realizan en Anarkismo.net. Pues bien, yo no soy Charlie. No me identifico con la representación degradante y “caricaturesca” que hace del mundo islámico, en plena época de la llamada “Guerra contra el Terrorismo”, con toda la carga racista y colonialista que esto conlleva. Europa se consume en una espiral de odio xenófobo, de islamofobia, de anti-semitismo (los palestinos son semitas, de hecho) y este ambiente se hace cada vez más irrespirable. Los musulmanes ya son los judíos en la Europa del siglo XXI, y los partidos neo-nazis se están haciendo nuevamente respetables 80 años después gracias a este repugnante sentimiento. Por todo esto, pese a la repulsión que me causan los ataques de París, Je ne suis pas Charlie.

Reconstruir la acción colectiva. Una aportación reflexiva del colectivo Equilibrismos al respecto del momento histórico y las posibilidades del anticapitalismo revolucionario, sobre la (re)construcción de espacios de socialización política («sólo donde hay una cultura política mínima se pueden proponer cuestiones que pongan sobre la mesa críticas radicales del capitalismo») y sobre las posibilidades de intervención no institucional, sobre lo que se extienden más en la segunda parte del artículo.

En Píkara nos hablan del compromiso feminista dentro de las comunidades zapatistas y la necesidad de descolonizar el feminismo poniendo a dialogar a las mujeres de diferentes contextos.

Rafael Cid habla en Red Libertaria sobre los tejemanejes de Podemos de cara a las elecciones en Andalucía, que bien pudieron dirimirse en las conversaciones mantenidas con miembros destacados de eso que llaman la casta como Zapatero o José Bono. A esta crítica se le unen otras muy certeras, como las que hace Carlos Taibo también desde el periódico CNT, «esa cercanía a las instituciones y ese desdén por la movilización y por la lucha acaso se deben a que Podemos considera los movimientos sociales como meros resortes al servicio de un proyecto que dicta una vanguardia omnisciente, en un escenario que no puede estar más alejado del retratado por la palabra autogestión«.

Finalmente, leemos sobre el Magonismo, una corriente indígeno-libertaria mexicana, en Reflexiones desde Anarres. Este movimiento que compartía con esta web el nombre de su periódico impulsor: Regeneración.

Hasta aquí los enlaces de este mes. Te animamos a comentar para completar con más propuestas, o incluso a reflexionar sobre los que hemos escogido.

Enlaces del mes: Diciembre 2014

Un artículo sobre el asesinato de un seguidor del Deportivo de la Coruña perpetrado por un fascista, al respecto de su tratamiento en los medios como una pelea de ultras: «No son iguales los fascistas, racistas y xenofobos que persiguen, amedrentan y apalean inmigrantes, activistas o personas con identidades culturales o nacionales distintas, que jóvenes y aficionados al fútbol comprometidos con sus barrios y comunidades que en muchas ocasiones tienen que enfrentarse a los ataques directos de las bandas fascistas como ocurrió en el Manzanares el domingo pasado. Una sociedad que no discrimina entre fascismo y antifascismo es una sociedad que puede albergar monstruos autoritarios en su seno y desarrollar tendencias políticas neonazis como Amanecer Dorado en Grecia.»

Carlos Taibo hace un llamamiento a la construcción de una organización libertaria, que revierta la dinámica desmovilizadora, que barra las miserias heredadas y permita una intervención realmente transformadora de la realidad social. Esa intervención partirá de la defensa de los espacios de autogestión y el impulso a los ateneos libertarios, anarcosindicatos y demás instancias libertarias organizadas.

Este artículo nos recuerda a Pippi Calzaslargas, icono infantil que se reía de la propiedad privada y las leyes. Todo un ejemplo de autonomía, feminismo y anticapitalismo para una generación.

Un debate en torno a la participación institucional, desde tres visiones libertarias contrapuestas. ¿Es favorable un escenario municipalista para la aportación ideológica y programática de los libertarios? ¿Merece la pena embarcarse en un proyecto de este tipo? ¿Debemos los libertarios permanecer aislados de las dinámicas de organización política? Ante la irrupción de Podemos y el nuevo municipalismo, los libertarios tienen tres opciones: el enfrentamiento, el diálogo y la participación. ¿Qué hacer?

Para el antropólogo anarquista David Graeber lo que está sucediendo en Rojava (Kurdistán) es una verdadera Revolución. Podemos leer en esta entrevista sus palabras gracias a la traducción de alasbarricadas: «Ahí está el autogobierno democrático que tiene todas las formas y atavíos de un estado –parlamento, ministerios, etc.– pero que fue creado para estar cuidadosamente separada de los medios de poder coercitivo. También tienes el TEV-DEM (Movimiento de la Sociedad Democrática), instituciones de democracia directa de-abajo-a-arriba. En última instancia –y esto es clave– las fuerzas de seguridad son responsables ante las estructuras de-abajo-a-arriba y no ante las de-arriba-a-abajo. Uno de los primeros lugares que visitamos fue una academia de policía (Asayiş). Todos tienen que realizar cursos sobre resolución no violenta de conflictos y teoría feminista antes de que se les permita tocar un arma. Los co-directores nos explicaron que su objetivo final es dar a todos los habitantes del país seis semanas de entrenamiento policial, con lo que podrían eliminar la policía en última instancia.» Sobre la falta de apoyo de algunos anarquistas sentencia: Creo que mucha gente en la izquierda internacional, incluyendo a la izquierda anarquista, en realidad no quiere ganar. No se pueden imaginar que pueda darse realmente una revolución y secretamente, ni siquiera la quieren, ya que significaría compartir su club guay con la gente común; ya no serían especiales. Así que de algún modo es bastante útil para distinguir a los verdaderos revolucionarios de los farsantes. Pero los verdaderos revolucionarios se han mantenido firmes.

Sobre los límites del petróleo, el cambio climático y la construcción de alternativas en transición nos hablaban este mes pasado en el periódico anarquista Todo Por Hacer.

En el mes del acuerdo entre Cuba y EEUU, leemos sobre el reencuentro entre Estados capitalistas de distinto signo en La Haine: «Hay que ver lo que sucede con las dinámicas emergentes, resistencias y construcción de formas de vida comunitaria del Buen vivir en general en todo el continente. Las izquierdas saludarán alborozadas el fin del bloqueo, pues están muy necesitadas de referentes e imágenes para disputar ideológica y propagandísticamente los espacios de poder con las derechas, aunque sin tocar el capitalismo como acumulación, pues es de allí que todos sacan dinero para el clientelismo […]La lucha ambiental y de defensa de la naturaleza y la vida serán pisoteados por el incremento del extractivismo, los monocultivos y las edificaciones urbanas, lo que llevará al aumento de las dinámicas de resistencia, en tanto ya es fácil percibir que muchas de esas dinámicas transitan de la lucha a las formas de autoorganización para instalar nuevas relaciones sociales que poco a poco van configurando un mundo nuevo reconstruido desde abajo y por territorios o localidades donde las formas de vida en común van siendo la tónica, a diferencia de las formas de vida de individualidades separadas articuladas por el poder, por los partidos y las ideologías.»

En Faktoria Lila nos hablan sobre el empoderamiento resultante de conocer y realizar los deseos propios: ¿No sería mejor probar a ver qué tal se vive decidiendo, cómo sienta decir “no, eso no me gusta”, “prefiero esto”? Y ver cómo es plantar, en tu territorio, tus propios deseos.

Un análisis, en forma de entrevista, sobre el fantasma de la recuperación económica griega y el posible ascenso al poder de la coalición Syriza.

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