El eterno retorno de la social-democracia

En tiempos como los que nos ha tocado vivir es complicado sustraerse de una recurrente sensación de Déjà vu. Como si el eterno retorno nietzscheano tomara un tinte trágico y nos obligara en el breve lapso de una generación a repetir los mismos errores e ingenuidades políticas.

Que Podemos es un partido social-demócrata moderado es una realidad que ya ni ellos mismos se esfuerzan en ocultar. Hace un par de semanas podíamos escuchar a Pablo Iglesias, en la presentación del programa económico del partido, afirmar que: “Las propuestas que asumimos son las que hasta no hace mucho tiempo iba a asumir cualquier socialdemócrata”. Al menos, añadió, hasta la llegada del ex primer ministro laborista británico Tony Blair. Siendo así, ¿dónde queda esa ilusión que nos prometieron que recuperaríamos? ¿Acaso el sueño es volver a repetir una segunda transición que nos condene a otros treinte años de silencio y resignación? Aunque la historia nunca se repita de manera exacta, y nuestro país ha cambiado tanto que la situación es necesariamente diferente, el eco de la algarabía que produjo el ascenso al poder del PSOE de Felipe González resuena aún en este Podemos que promete que su asalto institucional cumplirá las expectativas de todos aquellos que se han situado a la contra del estado de cosas actual durante los últimos años. No olvidemos que dicha victoria tan sólo trajo una paz social injustificada, la devastación de los territorios y la desarticulación de formas de vida en la Península que sólo tiene parangón con la perpetrada por el franquismo durante la explosión desarrollista de los años 60.

Son muchas las preocupaciones que pueden surgir a la vista del meteórico ascenso de la formación de Iglesias. Desde el riesgo de desactivación de la protesta social (por desgracia no asociada a la consecución de sus objetivos políticos) hasta el peligro muy real de absorción de todo movimiento social en el seno del artefacto político de Podemos. Sin embargo por su gravedad y falta de miras me centraré hoy en los problemas asociados a la propuesta económica que, de mano de Juan Torres y Vicenç Navarro, Podemos hizo publica a finales del mes pasado.

Llevamos más de doscientos años inmersos en una catástrofe que no parece alcanzar su final. Desde que el proceso modernizador tomó impulso en el s.XIX, nuestro planeta ha sido testigo de una transfiguración generalizada que ha modificado territorios, formas de vida, valores e incluso deseos y sueños. Sería largo desgranar aquí las diferentes etapas de este proceso de expropiación generalizada, a la par que reivindicar a todas y todos los que se opusieron y oponen al mismo. En esencia se puede decir que el Capitalismo en su estadio actual ha olvidado, y necesita olvidar, que existen límites al crecimiento económico y material dados por la propia finitud del planeta Tierra.

Más de la mitad de la población mundial a día de hoy vive ya en ciudades. El impacto de esta realidad no debe ser en absoluto menospreciado, ya que lleva implícita el hecho de cada vez más seres humanos desarrollan su vida en un entorno basado en la movilidad permanente (elemento fundamental de las emisiones de gases de efecto invernadero), la total ausencia de producción de alimentos (que lleva como correlato la extensión y reforzamiento de la agricultura de corte industrial basada en los fertilizantes y pesticidas químicos confeccionados a partir de petróleo) o la mercantilización de todos los aspectos de la vida (el trabajo toma un papel central como garante de la satisfacción de todas las necesidades vitales, cada vez más asociadas a la esfera de lo económico) entre otros. Por otro lado, el proceso globalizador en gran medida culminado a lo largo de la última década, ha alumbrado un nuevo orden productivo en el cuál el consumo de los paises desarrollados descansa sobre la explotación humana y material del resto del planeta. La deslocalización de fábricas e industrias contaminantes ha permitido una ilusión de conciencia ecológica en los países occidentales, que en cualquier caso ha sido siempre hipócrita ya que no han dejado de situarse en ningún momento a la cabeza de los emisores de gases de efecto invernadero. De igual modo la carrera extractivista no ha dejado de tomar impulso, lo que se puede constatar dando un breve repaso a la enorme cantidad de luchas en defensa del territorio que se están desarrollando en toda Sudamérica frente a las grandes multinacionales energéticas, especialmente mineras.

No debería ser complicado darse cuenta de que todo esto es una gran locura. Desde que los valores de crecimiento económico, es decir trabajo y consumo a toda costa, comenzaron a subyugar a cualquier consideración de tipo político o moral hemos asistido al alumbramiento de una razón común que sólo se puede definir como delirante. Ante el ya manifiesto agotamiento de los combustibles fósiles nuestra sociedad se entrega en una desesperada huida hacia adelante a la extracción de casi cualquier cosa que se pueda quemar para producir energía (fracking, arenas bituminosas, etc.). Por otro lado el nivel de emisiones de gases de efecto invernadero no ha sido reducido en ningún momento, sino que ha seguido aumentado en las últimas décadas. Esto nos sitúa ante el horizonte de un seguro cumplimiento de las predicciones climáticas más pesimistas (subida del nivel del mar, desertización, caos climático, impactos en la producción de alimentos, etc.). A esta lista se podrían sumar la tecnificación generalizada de la vida, la contaminación química creciente, la desertización y agotamiento de los suelos por las malas prácticas agrícolas, etc.

Y todo esto es inseparable de la idea de que un crecimiento económico y material sin trabas es posible. Una concepción fundamentalmente ideológica que es condición de necesidad para que el Capitalismo pueda seguir teniendo pretensiones de constituir un discurso mínimamente creíble. Y asociado a este crecimiento va el problema del trabajo asalariado, que al ser una institución venerada e incuestionada obliga sin otra alternativa a la continuacióm de las dinámicas destructivas en las que nos vemos inmersos. Sólamente a través del trabajo es posible alimentar un consumo, a todas luces desmedido, que pueda dar algo de sentido a una vida en la que parece casi no existir nada, si acaso los sueños, que no pueda y deba ser comprado y vendido.

Y ante esto lo que Podemos viene a ofrecernos como alternativa es, por supuesto, más de lo mismo. Desde el momento en que el trabajo adquiere una prioridad total ante cualquier otro tipo de consideración y se entiende que acabar con la desigualdad social pasa necesariamente por la generación de más riquezas que puedan ser redistribuidas, la conclusión es esperable: reindustrializar nuestro país para que el tren del crecimiento pueda seguir su curso. Es en estos términos, en los de reindustrialización, es en los que Podemos se ha pronunciado en las últimas semanas al ser consultado sobre su plan económico para el país. En vez de cuestionar desde la base las necesidades y formas de vida que nos están abocando al suicidio, lo que nos han ofrecido es la clásica propuesta neokeynesiana de crecimiento más redistribución. La ilusión, muy en la línea de las propuestas de Attac (organización de la alguno de los ingenieros del plan económico son parte), es de nuevo que el enriquecimiento de los propietarios y empresarios a través de un nuevo proceso reindustrializador se transformará en un bienestar social generalizado a través del papel mediador del Estado como redistribuidor de la riqueza.

En primer lugar podríamos afirmar sin rubor que este escenario de perpetuación institucionalizada de la desigualdad es más que poco deseable, intolerable. Pero además de eso, es más que cuestionable que sea tan siquiera posible. Y no hablo aquí de una imposibilidad de tipo técnico como la que es enarbolada desde las filas de la derecha para intentar poner en tela de juicio la propuesta de Podemos. Más bien hablo de una imposibilidad material de volver a reactivar un proceso de crecimiento despilfarrador similar al que permitió al PSOE en la década de los 80 generar todo un entramado de bienestar. Dicho proceso ha devastado ya grandes extensiones de territorio que serán difíciles de recuperar. Por otro lado el ocaso de la energía y los materiales es una realidad. Seguir pensando que vamos a poder contar con energía barata y abundante, además de con recursos minerales de iguales características, para mantener una producción industrial en crecimiento es sólo una ilusión. Pero más allá de esta forma de determinismo energético técnico que suele ser habitual en las líneas de cierto ecologismo, es extremadamente relevante afirmar con rotundidad que nos oponemos a la perspectiva de continuar con la artificialización total del mundo sea esta o no posible. Si realmente nos planteamos una vida en la cuál la opresión desaparezca hasta los límites de lo posible, será necesario que el horizonte sea la conquista del mayor nivel posible de autonomía. En este sentido dicha autonomía debe mantener en mente no sólo la libertad de los actuales habitantes del planeta, sino que debe articularse de tal forma que no hipoteque la posibilidad de futura vida humana en la Tierra.

Pero para que dicha reformulación sea posible es necesario que dejemos de lado el trabajo asalariado como único mediador social y recuperemos un concepto más amplio de necesidad que se desacople del consumo. Si nos planteamos como horizonte el socialismo, este debe pasar necesariamente por la reapropación de las distantes facetas de nuestra vida para pasar a basarlas en la actividad comunitaria no monetaria. Se me puede tachar de iluminado, como ya hiciera Jorge Fonseca en el acto que Podemos realizó en la Universidad Autónoma de Madrid hace un par de semanas. Pero personalmente considero que, por mucho que queramos ser pragmáticos, lo anterior constituye un realidad que será una traba permanente para cualquier proyecto anticapitalista que no se sitúe con decisión frente a ella.

Para terminar me parece importante señalar que nada de esto resulta muy sorprendente. Al fin y al cabo al haber elegido Podemos la forma de partido político, y en ese sentido situarse en la conquista del poder estatal como terreno de batalla, sus límites estaban ya marcados de antemano. Recordando las reflexiones de Antonio Turiel en su articulo «Lo que no Podemos» la cosa es sencilla. Cuando la gran mayoría de la población no considera como problemáticas ningunas de las realidades de las que antes hemos hablado y nuestro único objetivo es conseguir la adhesión de dichas mayorías, ¿qué sentido tendría sacarlas a relucir?

Cronos

Enlaces del mes: Agosto 2014

Con un poco de retraso llegan los enlaces de lo que más nos interesó el pasado mes:

Ante la muerte de un chaval afroamericano, Michael Brown, vimos la reacción de miles de personas manifestándose y enfrentándose a la policía en Missouri. Las palabras de Mummia Abu Jamal nos recuerdan que «lo que hace falta en los suburbios de St. Louis, Missouri –y en cada comunidad negra en Estados Unidos– son colectivos negros que sean independientes, resueltos y revolucionarios. Colectivos decididos a proteger la vida y bienestar de la gente negra».

En Manifiesto a la locura nos hacen un repaso sobre el origen del patriarcado, la propuesta feminista libertaria y la aportación actual del feminismo al movimiento anarquista.

En esta entrevista a John Holloway, el autor de Cambiar el mundo sin tomar el poder nos habla de cómo conectan todas las iniciativas dirigidas a «agrietar el capitalismo» y cómo iniciativas políticas como Syriza o Podemos, aunque pueden mejorar las condiciones de vida, no transforman el mundo, no cambian la vida.

En Diagonal se plantean: ¿Existe un turismo que no sea masivo y depredador?

Entre la luz y la sombra: últimas palabras del subcomandante Marcos, antes de dejar de existir, en audio y texto. Sobre su levantamiento, sobre el éxito/fracaso del proyecto zapatista, sobre la realidad de sus consignas y de los personajes que crean y luego desaparecen. Dice así: «En lugar de dedicarnos a formar guerrilleros, soldados y escuadrones, preparamos promotores de educación, de salud, y se fueron levantando las bases de la autonomía que hoy maravilla al mundo. En lugar de construir cuarteles, mejorar nuestro armamento, levantar muros y trincheras, se levantaron escuelas, se construyeron hospitales y centros de salud, mejoramos nuestras condiciones de vida. En lugar de luchar por ocupar un lugar en el Partenón de las muertes individualizadas de abajo, elegimos construir la vida. Esto en medio de una guerra que no por sorda era menos letal. Porque, compas, una cosa es gritar “no están solos” y otra enfrentar sólo con el cuerpo una columna blindada de tropas federales, como ocurrió en la zona de Los Altos de Chiapas, y a ver si hay suerte y alguien se entera, y a ver si hay un poco más de suerte y el que se entera se indigna, y otro poco más de suerte y el que se indigna hace algo.«

En alasbarricadas leemos una joya de artículo que explica las claves de los conflictos en Oriente Medio, redactado por @BlackSpartak y que se complementa con este sobre cómo el PKK está impulsando una revolución social en el Kurdistán.

Al hilo de la apertura del blog Donbass Antifascista traemos este texto sobre la situación en Ucrania.

José Luis Carretero sobre empleo precario y juventud: «La juventud (y no sólo la universitaria) encara una vivencia laboral cada vez más discontinua, lábil y disfrazada de experiencia necesaria para su formación humana y personal. El “empresario de sí mismo”, la figura retórica en la que el mundo globalizado quiere que se subsuma la subjetividad proletaria, es responsable de su propia formación, lo que implica obtenerla más allá de la estructura institucional de la escuela pública, mediante el ejercicio para-laboral, en condiciones de precariedad, y normalmente en la gran empresa. Tras unos años agradecido por la emergente posibilidad de “formarse”, el joven trabajador puede empezar a ver que esa rueda, supuestamente liberadora, no tiene final, y que su única expectativa creíble es someterse a la precariedad continua y a la imposibilidad de edificar proyectos de vida coherentes.

Habrá, también, que plantearse el inicio de un proceso decidido de transformación social que, poniendo a los trabajadores en el centro de los lugares de toma de decisión empresarial y fomentando una economía social y ambientalmente sostenible, permita ensayar una salida progresiva del capitalismo.«

Enlaces del mes: Julio 2014

  • ¿Cuál puede ser el aporte del movimiento libertario a una transición post-capitalista? A esta pregunta nos responde Emilio Santiago en su blog Los Niños Perdidos. Donde podemos leer: la acción anarquista siempre ha sido una militancia ligada a los movimientos de masas y las grandes luchas sociales.  Y esto significa, sencillamente y aunque no nos encontremos del todo cómodos, estar ahí, como dice Jorge Riechmann en una reflexión ética y poética cargada de sentido político: tenemos que estar ahí y participar no en el mejor de los procesos revolucionarios, no en la verdadera lucha que siempre parece que está ausente (como decía Rimbaud de la verdadera vida), sino en estos procesos y en estas luchas, que son los que tenemos y los que decidirán las cosas. También leemos en este blog una reflexión del autor sobre el manifiesto Última Llamada, que pretende llamar la atención sobre la urgente cuestión ecológica y que se presentó a principios del mes de julio con un importante apoyo de figuras mediáticas de la izquierda.
  • El manifiesto de la asamblea Orgullo Madrid 2014 en defensa de la diversidad sexual y de género y contra la precarización de nuestras vidas.
  • En el diario La Jornada, Raúl Zibechi nos relata el legado de represión dejado por el mundial de la FIFA en Brasil.
  • Rafael Narbona se pregunta en La Haine: ¿Es Podemos una alternativa de izquierdas?
  • Cooperativas, sindicatos, municipalismo, pueblos recuperados… ¿Con qué herramientas contamos para la superación del Estado? Leemos al respecto en alasbarricadas.org: Es decir, que siendo “posibilistas” respecto a lo que tenemos aquí y ahora, en realidad hay varios organismos que si se coordinaran en un proyecto coherente en realidad podrían gestionar la sociedad. Se necesitan grandes dosis de formación en todos los niveles, y de voluntad de derrotar el Estado, y no dejarlo a un lado. La lucha es multifacética y debe construir sus propias instituciones post-revolucionarias a partir de lo que hay. Este es el reto de nuestros días.
  • La soberanía alimentaria es la base para una autonomía popular real, nos lo argumenta Concepción Cruz en Borroka Garaia Da.
  • En La Marea, Antonio Baños repasa cómo las empresas tecnológicas, bajo la fachada del consumo colaborativo y el buen rollo, imponen entre las personas el capitalismo más salvaje.
  • ACTUALIZACIÓN: Entrevista a Francisco Sainz, del Frente de Estudiantes Libertarios (FEL) en El Desconcierto.

 

 

La abstención es un gesto pasivo: La política del día a día.

La abstención es un gesto pasivo. Un no-hacer. Da igual que lo acompañemos del adjetivo «activa» porque, al final, sigue expresando un dejar de hacer, más que un hacer activamente. El gesto activo, en cambio, es la lucha anticapitalista diaria, la organización libertaria, el trabajo de base: anarcosindicalismo, defensa de los servicios sociales, construcción de espacios de socialización y alternativas económicas, resistencia frente a procesos destructores de medio, enfrentamiento político… Quiero poner en duda que, al defender la abstención, incluso al incluir ese adjetivo de activa, estemos consiguiendo de manera efectiva transmitir un mensaje movilizador, que llame a la población a activarse. Quiero ponerlo en duda porque, desde mi punto de vista, la defensa de la abstención eclipsa, más que dar luz, a esa defensa de la toma de conciencia que se expresa de manera constante. Ese que es, en definitiva, el programa de los libertarios respecto a la participación en los asuntos comunes.

Vaya por delante que soy abstencionista, por si la cuestión personal resultase relevante para el debate. Considero que es la posición más coherente entre aquellos que rechazamos este modelo de participación política, además de la más util a nivel estratégico en el contexto actual. Pero entre anarquistas esta ha sido siempre una cuestión estratégica más que de principios. Por ello, tampoco creo que la abstención sea la posición más útil en todo contexto, aunque sí en la mayoría (si no todos) los contextos electorales en que pueda verse inmerso hoy día cualquier lector habitual de este artículo.

Pero lo que me interesa cuestionar es lo siguiente: si lo que pretendemos es defender la lucha diaria y de base, ¿por qué lo ocultamos tras la idea de la abstención? ¿De qué forma nos beneficia hablar de abstención (incluso de abstención activa) en lugar de hablar de organización y lucha, de participación directa en política, de devolver esta a una escala local y federalista?

Vale la pena dar una vuelta a la diferencia abstención/abstención activa. El argumento mil veces repetido es que añadir el adjetivo activa cambia el carácter del gesto de una decisión pasiva a una decisión resultado de una toma de conciencia. Bien pero ¿es la abstención requisito o, más bien, resultado del proceso de toma de conciencia y movilización? Porque si se trata de lo segundo, como defiendo, me parece más estratégico trabajar por difundir una toma de conciencia y apelar a la movilización. De tal modo que es ese mismo proceso, más fundamental, el que se concretará en un gesto abstencionista.

¿Por qué defiendo que añadir el adjetivo de «activa» no basta para mejorar la labor movilizadora del concepto? Porque no es lo mismo lo que queremos transmitir que aquello que efectivamente transmitimos. En esto vuelvo a una idea recurrente: La recepción correcta del mensaje no depende sólo de la intencionalidad del emisor, si no también y fundamentalmente de la capacidad del receptor para interpretar el mensaje. Para buena parte de la gente la abstención ACTIVA es aquella que se lleva adelante como gesto político consciente de rechazo al sistema, es decir, diferenciada de aquella abstención que ocurre por pasividad o vagancia. Hasta ahí de acuerdo. Sin embargo, eso no dirige necesariamente (como pretenden algunos) a la idea de la participación diaria y directa en política que defendemos los anarquistas. Valga el ejemplo de la izquierda abertzale que ha llamado a la abstención activa, consciente, cuando su partido de referencia ha sido ilegalizado, pero que no estaban por ello haciendo una defensa de la participación directa (no delegada) en política. De hecho, probablemente haya sido uno de los llamamientos a la abstención activa más exitosos (a nivel cuantitativo) de los últimos años en el estado español.

Otro ejemplo más de la poca capacidad movilizadora del concepto es que, en los pocos debates en los que participamos, se plantea la dicotomía como votar/abstenerse. En ese caso estamos dando lugar a un equívoco que resulta necesario explicar una y otra vez, que no basta con abstenerse sino que además hay que luchar. Sin resultado, porque la idea mayoritaria que permanece es que, simplemente, los anarquistas no votamos. Mi impresión es que la idea que debemos transmitir es que los anarquistas defendemos la participación diaria y directa en política y que por ello el voto nos parece secundario. Mi propuesta es hablar de «Política del día a día» en lugar de «Abstención activa». De otro modo, parece que defendemos la abstención como una alternativa efectiva (en términos de utilidad) al voto, cuando no es tal. La alternativa real está en lo que ya se ha nombrado y que merece la pena repetir: la lucha anticapitalista diaria, la organización libertaria, el trabajo de base… El objetivo está en difundir este mensaje de manera clara y sin vuelta de hoja; hacerlo el día de las elecciones, el día previo a las elecciones y, sobre todo, los días posteriores.

Un argumento recurrente en defensa de la abstención es que esta deslegitima al sistema. Tampoco me parece del todo correcto, si bien es el argumento más profundo en favor de su utilidad. La legitimidad de un gobierno con un porcentaje de voto ínfimo podría (y debería) ser puesta en entredicho: Este gobierno carece de apoyo para gobernar. Hasta ahí bien, puesto que es una importante baza con la que jugar, que además el resto de la izquierda se niega a contemplar cuando presenta sus propuestas electorales fragmentadas y con un margen de maniobra mínimo (y este es el caso incluso en el reciente «triunfo electoral» de Podemos). Con todo y haciendo un análisis realista, los gobiernos muy minoritarios siguen gobernando sin que su falta de legitimidad se lo impida. ¿Por qué? Porque si bien la abstención sirve para no-legitimar, el desgaste y la paralización real de los gobiernos solo puede venir de un movimiento organizado que trabaje de manera constante, que haga política en el día a día. Para ese movimiento la abstención podría ser un arma más, por supuesto. Pero de nuevo volvemos sobre la prioridad fundamental de potenciar la movilización, el trabajo diario y de base frente al gesto de la abstención. Gesto que sin movimiento real que lo justifique carece de potencia.

¿Qué aspectos positivos presenta, a cambio, el hecho de una defensa de un concepto como la política del día a día? Fundamentalmente, que activa el marco teórico de que la lucha es un compromiso constante. Que pone lo fundamental por encima: No el gesto abstencionista, si no el compromiso que lleva a cuestionar el voto.

Lo que quiero decir, en definitiva, es que la idea que ha calado es que el anarquismo no vota, frente a la idea que nos interesaría proyectar de que el anarquismo, ante todo, prima la organización y la lucha diaria. Afirmo que el uso del concepto abstención activa tiene mucho que ver en ese problema, ocultando lo fundamental y poniendo por delante lo accesorio. Que faltan conceptos que hagan referencia a la organización permanente en política, falta comunicarlos y desarrollarlos (¿Cómo nos organizamos? ¿Cómo se lucha?) y falta llevar estas propuestas a la práctica. La idea-fuerza que debe calar es que las cosas solo se consiguen luchando cada día y que esto es una evidencia práctica, no un principio rector ni un empeño teórico. Para ello, propongo adoptar el concepto de política del día a día, dándole forma como alternativa libertaria al voto desde el apoyo mutuo y la acción directa.

Sobre Podemos y otras cuestiones

Irab Zaid

Mayo 2014, Madrid

El triunfo de “podemos” no nos debería sorprender. Tras el 15m se abrió un escenario político bien distinto, ya no vale la cultura política post 78, tampoco el bipartidismo, y la abrumadora crisis del capitalismo, la corrupción sistemática (no son corruptos por una cuestión moral, sino que se trata de algo sistemático) son cuestiones que están a la orden del día, y los grandes partidos del régimen caducos de ideas y proyectos de estado (más aun cuando el capital financiero se impone sobre el estado-nación) parecen lanzar sus últimos aletazos. No obstante y desgraciadamente una gran parte la clase trabajadora del estado español no está pensando en grandes revoluciones que derroten al capitalismo, sino que trata de luchar de cualquier forma contra la mísera cotidianidad, la del desahucio, la del despido, la del miedo. “Podemos” ha sabido jugar sus fichas en este escenario, ha sido una bocanada de aire fresco y de diferencia. Los que apostamos por la lucha no electoralista (asambleas de vivienda, centros sociales, colectivos de barrio, sindicatos no pactistas…) tenemos que pararnos a reflexionar. Mirar a nuestro alrededor e intentar jugar nuestras cartas de la mejor forma posible en la realidad existente.

La desesperación y falta de confianza en el sistema electoral sigue presente con más del 50% de abstención. Pero no podemos pasar por alto la victoria de “podemos”, es ahora, tras el triunfo, cuando “podemos” se puede construir como otro partido más existente, o como una extensión del movimiento, “podemos” puede ser movimiento. Que “podemos” sea movimiento significa que traspase su aspiración electoralista y de la institución, para conformarse como un órgano semi horizontal de participación directa en la política de los barrios. Los círculos bien podrían ser asambleas post 15m. No negamos el carácter reformista y socialdemócrata de podemos, ni su liderazgo, pero en esta situación, ya solo nos quedan dos caminos, pensando siempre en estrategia, ya no nos vale ser autorreferenciales, ni quedarnos en nuestros pequeños colectivos de afinidad, en esta fase de crisis del capitalismo financiero, todo es posible. O nos conformamos como un actor político visible o seremos un cadáver, o intentamos crear un proceso de unificación en torno cuestiones básicas como “anticapitalismo” “no participación en la democracia del capital” “horizontalidad” o tendremos que ocupar esos espacios de participación en donde el movimiento reside, por muy reformistas que sean.

Son duros momentos para los revolucionarios, pero debemos pararnos a pensar, dejar ortodoxias aparte, e intentar buscar la fórmula para dar un salto tanto cualitativo como cuantitativo.

Enlaces del mes: Enero 2014

  • En Todo por Hacer leímos un artículo que analiza la ley mordaza, que pretende atajar la protesta social aumentando la represión y la mano dura contra los movimientos sociales.
  • Un audio donde Rafael Cid nos habla de sus impresiones sobre el proyecto de Pablo Iglesias y cómo este se sale de las dinámicas que generalizó el 15M. También podemos leer las palabras de Carlos Taibo al respecto.
  • En Borroka Garaia Da analizan la conexión de las luchas en Gamonal con las luchas en EH, concluyendo: «Lo que está ocurriendo en Gamonal está lejos de tener una conexión vasca. Y no hablo de la kale borroka sino del modelo de participación horizontal de democracia participativa, de la auto-organizacion asamblearia como punta de lanza y no accesoria y subsidiaria. Es decir, apartando parte de los males que han asediado a la izquierda, el protagonista no son ni partidos ni organizaciones sino el mismo pueblo».
  • Un texto sobre la relación entre la falta de conciencia de clase y la burla generalizada hacia los canis.
  • De cómo el gobierno utiliza el discurso de los derechos de las personas con discapacidad para limitar la libertad de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, en Pikara Magazine.
  • En alasbarricadas.org podemos leer un análisis sobre los escenarios donde podría tener cabida e incidencia el municipalismo libertario.
  • Un artículo sobre cómo distintas formas de autoritarismo estatal se asemejan al fascismo. La idea de la democracia representativa no es más que una fachada para un trasfondo de pobreza masiva, sumisión a las corporaciones, manipulación mediática, intervenciones paraestatales y, en definitiva, opresión de la mayoría a manos de una minoría en el poder.
  • El futuro ha de ser verde, rojo, negro y femenino; así se expresa Robert Jensen: «La especie humana ha de reconocer que cualquier futuro que nos permita retener nuestra humanidad tendrá que prescindir del capitalismo, el patriarcado y la supremacía blanca —y basarse en una visión del mundo ecológica—».
  • Dos entrevistas muy interesantes en el periódico CNT. La primera, a Heleno Saña: «En su fase de plenitud, el anarquismo era un movimiento de masas […] gracias a cuya militancia fue posible, en el curso de la guerra civil, colectivizar la economía, una gesta que desde entonces no se ha repetido en ningún otros sitio y que quedará como testimonio imperecedero de lo que puede ser una sociedad autogestionada. […] Lo que queda de anarquismo y anarcosindicalismo es «hoy solo una pálida sombra de lo que fue en el pasado, también en España»[…] lo más triste es la división que reina en el seno del movimiento libertario, también las rivalidades y querellas internas entre los diversos grupos y bandos y las animosidades personales». La segunda, a Laure Akai, nueva secretaria general de la AIT: «Creo que sería positivo que pasemos más tiempo discutiendo para poder desarrollar unas buenas ideas y aplicarlas a la realidad, que tratando de hacer una docena de cosas para una impresionante lista de planes. La verdadera prueba para nosotros es hacer algo viable y positivo de estas ideas».
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