Reflexiones para crear una respuesta no institucionalizada en el contexto actual

El año 2015 se abre en la sociedad española en un contexto político y económico muy particular, en el que mucha gente alberga esperanzas próximas de cambio real que por fin logren superar las tremendas dificultades que la sociedad viene sufriendo desde el inicio de la crisis en el año 2008. Sin embargo, dichas ilusiones de cambio vienen en gran parte de la mano de proyectos electoralistas cuyo objetivo es alcanzar las instituciones para usarlas y transformarlas de tal manera que resuelvan o al menos mitiguen los efectos de la crisis que, en no pocos aspectos, ha llegado a un punto límite y extremadamente trágico. En este contexto nos paramos a preguntarnos por qué se vuelve a fijar la mirada en nuevas (o no tan nuevas) propuestas electoralistas y en qué posición se encuentran aquellas propuestas de salida no solo de la crisis, sino de las condiciones económicas y políticas que la generaron, que no pasan por la vía institucional, como lo son por ejemplo las propuestas anarquistas. Para ello vemos necesario hacer un breve repaso a las transformaciones sociopolíticas que la sociedad española ha experimentado en los últimos años.

Como punto de partida tenemos que situarnos en el 15M, puesto que la irrupción de este movimiento en el año 2011 supuso un antes y un después, ya que consiguió desbloquear lo que parecía una sociedad tremendamente pasiva ante los duros efectos de una crisis que venía sufriendo desde hacía 4 años e iniciar un nuevo ciclo de movilizaciones y luchas. El 15M fue el despertar de la conciencia colectiva ante el paro brutal, la pérdida progresiva de derechos y el enriquecimiento general de la población, que veía cómo paralelamente aquello que en los últimos tiempos se ha venido llamando “casta”, es decir, las elites que manejan este país (tanto políticas como económicas) continuaban enriqueciéndose, manteniendo e incluso aumentando sus privilegios. El 15M puso en cuestión por primera vez aquel constructo nacido del pacto del 78, tanto en lo referente a las formas tradicionales de hacer política (basadas en un delegacionismo extremo y una enorme pasividad ante los problemas y responsabilidades propias) como en una serie de mitos o mantras repetidos durante décadas (por ejemplo, la idea de que el estudio y el esfuerzo personal tendría como recompensa un trabajo estable, decente y con un salario digno). El 15M abrió la puerta a una crítica generalizada del bipartidismo (y no solamente, puesto que el sistema de partidos en su conjunto fue puesto en cuestión), al inoperante y burocratizado sindicalismo de concertación (con CCOO y UGT como máximos exponentes), a instituciones hasta entonces “intocables” como lo era la Monarquía, e incluso al papel de los medios de comunicación. Dentro del 15M surgieron infinidad de preguntas que animaban a cuestionarse todos y cada uno de los pilares del sistema actual y a buscar alternativas al mismo. El ciclo de movilización y de luchas que se abrió en aquel momento comenzó a plantar cara de forma seria a los mazazos que daba la crisis y a expandirse a lo largo y ancho del territorio estatal. Sin embargo no podemos olvidar que las críticas y luchas que iban apareciendo no eran nuevas, sino que desde hacía muchos años venían produciéndose, eso sí, desde colectivos más minoritarios, pero que siempre habían estado planteando alternativas sistémicas. Como ejemplo tenemos la experiencia que aportó el movimiento okupa de cara a la liberación de espacios donde realizar asambleas, actos de financiación de las luchas o directamente para servir de viviendas al colectivo tan afectado de desahuciados, que a través de la PAH supo articular una de las luchas más ejemplares e importantes. Asimismo queremos destacar (como ya se ha hecho anteriormente en bastantes ocasiones) la influencia de las ideas y (quizás principalmente) las prácticas utilizadas tradicionalmente por movimientos y colectivos anarquistas o cercanos al anarquismo. La práctica asamblearia, si bien no es exclusiva del anarquismo, es defendida como la base de toda organización, fue en todo momento de la mano del 15M; la autogestión, la acción directa, el apoyo mutuo, muchas de las críticas y propuestas que se lanzaban desde las asambleas tenían claros antecedentes libertarios. Sin embargo, la respuesta del anarquismo propiamente dicho no fue en todos los casos de apoyo y colaboración activa con el movimiento; atendiendo a diferentes contextos particulares de cada pueblo, barrio o ciudad, los colectivos afines al “movimiento libertario” se acercaron de forma diferente al 15M. En algunos casos se volcaron con las asambleas, en otros se aceptaba aunque con cierta distancia e incluso recelo y en otros (por suerte, creemos, los más minoritarios) directamente se rechazaba y criticaba al 15M.

Fuera como fuese, el movimiento se extendió a los barrios (que no así a los centros de trabajo, uno de sus grandes fallos o incapacidades), impulsando y desarrollando luchas variadas durante los años siguientes, creciendo tanto cuantitativa como cualitativamente, e impregnando determinadas luchas relativamente potentes (hablamos, por ejemplo, de las luchas en sanidad o en educación, las llamadas mareas, aunque también podríamos hablar de otro tipo de luchas como las protestas del barrio de Gamonal). Asistíamos a manifestaciones y concentraciones masivas que tenían un impacto mediático importante (muchas veces porque acababan en enfrentamientos con la policía): la marcha minera que concluyó en Madrid, los diferentes Rodea el Congreso. La más multitudinaria de esas manifestaciones, la que se produjo el 22 de marzo de 2014 cuando confluyeron las Marchas de la Dignidad en Madrid, y también la más espectacular (y no solo por los duros disturbios del final de la manifestación), supuso el fin del ciclo de luchas abierto el 15M. A partir de aquí, ya con una nueva formación política que pretendía recoger todo el descontento que había explosionado en 2011 (hablamos, evidentemente, de Podemos), parece que asistimos a un desinflamiento de las movilizaciones y de las protestas a la par que aumentaba el interés por el nuevo partido político. Desde entonces hasta ahora la desmovilización en la calle es más que evidente, y de nuevo parece que se vuelven a poner esperanzas en la vía institucional, las elecciones y los partidos políticos.

En vista de todo lo anterior cabe preguntarnos, como anarquistas, ¿por qué este cambio?, y ¿cuál está siendo la actitud y la influencia del movimiento anarquista? Respecto a la explicación de este cambio de posturas habría que hacer un análisis de los fallos que arrastraba el 15M, que no eran sino la continuación de fallos e incapacidades de los movimientos sociales anteriores a él (por ejemplo, la incapacidad de crear organizaciones fuertes, unidas y constantes, que enfrentasen a problemas concretos y consiguieran soluciones prácticas, con la salvedad de la PAH). Con el paso del tiempo y la agudización de los problemas sociales, la sensación de incapacidad (al menos aparente), de que no se generan victorias (o no las suficientes), y de que se está siendo incapaz de transformar la sociedad en la línea que la enorme ilusión que nació con el 15M preveía, puede generar impotencia y hacer aumentar la tentación hacia otras vías en principio más rápidas: las elecciones y las instituciones. Tampoco vamos a obviar que la situación de mucha gente es extrema, y el reclamo y búsqueda de soluciones inmediatas es una necesidad (habría que analizar hasta qué punto las instituciones son una vía más rápida y efectiva de resolución de estos problemas, aunque no analizaremos esto aquí).

El punto más importante y que queremos resaltar más aquí es la postura y actitud del movimiento anarquista. Las críticas del movimiento libertario hacia la opción que postula Podemos son constantes y necesarias (nosotros mismos somos partícipes de estas críticas), sin embargo en ocasiones parecen críticas más fruto de la impotencia y la frustración propias, con argumentos a veces infantiles y muy pobres, y también con determinados análisis erróneos a nuestro parecer. Con todas las críticas que se le puedan (y deban) hacer a Podemos, pensamos que también es necesario ser humildes y hacer un amplio ejercicio de autocrítica; reconocer que la estrategia que se está siguiendo por parte de estas posturas institucionales (estrategia, eso sí, que no compartimos) les está dando, al menos en estos primeros momentos, frutos considerables; que han conseguido atraerse a gran parte de la sociedad y que han abierto una brecha importante en el régimen del 78 (si bien no es esto lo único necesario, puesto que se echa en falta una crítica más abierta hacia el capitalismo, que es lo que realmente genera la miseria y desigualdad, y no el bipartidismo). Tenemos que reconocer que el anarquismo no está consiguiendo un avance notable, estamos siendo incapaces de terminar de conectar con la gente y de generar un contrapoder efectivo basado en principios libertarios y con objetivos netamente anarquistas. Sí es cierto que hemos conseguido algunos pequeños avances, como por ejemplo el aparecer ante la sociedad con una cara más amable de la que tradicionalmente se ha achacado al anarquismo, el ganar simpatías y acercamiento a la gente, fruto de haber participado codo con codo en desahucios, asambleas de barrios, manifestaciones y todo tipo de protestas desde la efervescencia del 15M. Pero más allá de esta simpatía, en ocasiones condescendiente (“las anarquistas tenéis buenas intenciones, pero vuestras ideas son utópicas”), no hemos roto la barrera para que la gente vea en nuestras propuestas una solución a sus problemas cotidianos que les haga abrazar las ideas, organizaciones y finalidades anarquistas. En esto los principales culpables somos nosotros mismos. Adolecemos de determinados problemas que no somos capaces de superar y que deberíamos revisar, como por ejemplo nuestras estrategias comunicativas, el lenguaje, simbología y actitud que adoptamos, cargados en no pocas ocasiones de cierto sectarismo o arcaísmo. También la apelación constante al pasado es un escollo que debemos salvar; es necesario estudiar y aprender de experiencias históricas, pero no siempre son útiles para los retos del presente, y nuestra preocupación máxima ha de ser, precisamente, la realidad actual y el futuro que queremos construir. Otro de los graves problemas, a nuestro entender, es la fragmentación del movimiento libertario, que a pesar de la enorme variedad de organizaciones que posee (sindicatos, colectivos, grupos, editoriales, etc) se mantiene disperso, sin una estrategia común que, creemos, lo ayudaría a cohesionarse y a avanzar.

El anarquismo tiene una potencialidad enorme en los tiempos que vivimos, pero tenemos que saber desarrollarla y aprovecharla. Hemos de saber ofrecer a la sociedad algo más que un conjunto de ideas “bonitas” y justas (pero vistas como utópicas), tenemos que ofrecer alternativas reales y efectivas que logren resolver a corto-medio plazo los problemas cotidianos de la gente y a partir de ahí continuar en la lucha por la emancipación total. Si logramos concretar nuestras propuestas habremos dado un paso de gigante. Pero para ello primero tenemos que hacer, una vez más, un enorme e importantísimo ejercicio de autocrítica, de reelaboración de nuestros esquemas analíticos y de nuestro lenguaje, y quizás un diálogo conjunto de todo el espectro libertario para definir nuestra acción en los años venideros. El anarquismo que viene será, ni más ni menos, que aquel que los y las anarquistas seamos capaces de articular.

ANARQUISTAS CONTRA EL GUETO

Reflexiones sobre un pueblo fuerte

En mi anterior artículo ya hablé de la necesidad de que les anarquistas dejáramos de estar a la defensiva para pasar a la acción. Lo que yo expuse en mi anterior artículo puede que fueran mis reflexiones personales e individuales, pero sé a ciencia cierta que eso mismo lo pensaban y lo piensan muchas personas más. Análisis, debates y artículos que reflexionan en torno al problema del movimiento-ghetto anarquista que, guste o no, hemos creado o, al menos, es lo que tenemos en buena parte, abundan. Se torna manifiestamente claro que si nuestras ideas actualmente no tienen más seguidores entre el pueblo no es principalmente por acierto de les que nos oprimen, sino por defecto nuestro. Llevamos mucho tiempo sin una estrategia clara y haciendo muchas cosas mal o con un objetivo diferente al de convertir al movimiento libertario en un movimiento de masas, capaz de transformar nuestros anhelos en algo real. Que también se han hecho otras muchas cosas bien es obvio, pero para tirarnos flores nos sobra tiempo, para reaccionar y posibilitar alcanzar otro mundo, no.

Ha surgido Construyendo Pueblo Fuerte . Por ahora no es más que un manifiesto firmado por militantes y activistas sociales que buscan superar al capitalismo y al Estado y conseguir una democracia de verdad (directa, económica, participativa, inclusiva: libertaria ) luchando desde abajo al margen de los cauces institucionales, pero puede llegar a ser mucho más: puede llegar a ser lo que pretende.

La cosa está clara. Ante el eterno retorno de la socialdemocracia, les que no nos identificamos con las instituciones de este sistema y no creemos en las vías electoralistas y en los parlamentos, necesitamos organizarnos, reconocernos y visibilizarnos . Pero no merece la pena que nos visibilicemos si no tenemos nada que proponer. Sí, abolir el Estado y el capitalismo; comunismo libertario, democracia directa y asociación libre. Vale, muy bien, pero igual necesitamos algo más . Igual necesitamos ponernos manos a la obra a elaborar un programa específico para las necesidades políticas, económicas y sociales de nuestro tiempo . Igual necesitamos juntarnos alrededor de una iniciativa confluyente para poder tener fuerza de verdad, poder popular , sin abandonar nuestros principios (al revés, reafirmándolos) ni nuestras organizaciones. Igual necesitamos estar dispuestes a lanzarnos al barro y ponernos de mierda hasta las orejas, como han hecho todes aquelles a les que admiramos y que ya solo son palabras en libros o en nuestras bocas.

Este mundo es complejo. Como diría una gran persona, «no escogemos el tiempo que nos toca vivir, solo lo que hacemos con el tiempo que nos ha sido dado». Nuestro tiempo nos ha puesto en una situación realmente complicada, una muy difícil, pero eso no debe asustarnos ni hacer que nos quedemos resguardades dentro de nuestro caparazón, aunque las condiciones sean adversas y nada bueno se augure. Yo estoy hasta las narices de esperar . Estoy ya cansado y no tengo… mejor dicho, no tenemos (tanto) tiempo. Entre nosotres no hay jerarquías, ni órdenes ni jefes, construiremos lo que nosotres mismes queramos construir , así que basta de excusas y basta de cobardías.

Cada une que haga lo que crea conveniente para sí. Yo lo tengo claro.

@LuisAcrata

El poder popular contra la vía institucional

Hace falta construir también, no solo derribar, porque si únicamente derribamos y no sabemos construir, otras construirán lo que derribemos, y entonces tocará de nuevo derribar, entrando en un ciclo interminable donde los y las perdedoras somos nosotras.

Hemos escuchado muchas veces la asociación del poder popular a un gobierno popular o de izquierdas. No obstante, la definición de poder popular no pasa realmente por ser sinónimo de un gobierno popular¹, sino que sería definido, desde una perspectiva anarquista, como la capacidad material de un pueblo para materializar sus reivinidicaciones revolucionarias a través de su propia autoorganización que permita articularse como fuerza política de clase, independiente y autónoma al margen de las instituciones del Estado. Este poder popular constituiría una oposición efectiva fuera de las instituciones burguesas y una fuerza política capaz de crear sus propias instituciones u órganos que sustituyan a los organismos del Estado. Esto implica no optar por la vía institucional, sino por la superación del orden capitalista a través de potenciar la autoorganización en el seno de la clase trabajadora a todos los niveles (nivel de barrio, territorial, estudiantil, sindical y político), aspirando a implantar un nuevo sistema político, social y económico basado en la cooperación, la toma de decisiones asamblearia, la solidaridad y la propiedad colectiva de los medios de producción.

Antes que nada, nos pondremos en situación con un breve análisis de coyuntura. Desde la aparición de los movimientos sociales al calor de la crisis, pasamos por un período de inflexión donde están surgiendo nuevas formas de movilización social y también el surgimiento de nuevos partidos políticos, tras la entrada del capitalismo en una nueva fase de reestructuración. La coyuntura de los años de bonanza en los países capitalistas estuvo marcada por una paz social casi total, un consenso entre clases tras la derrota de los movimientos revolucionarios de los ’60, ’70 y ’80. No obstante, actualmente vivimos un nuevo resurgimiento de la movilización popular en una coyuntura que se hace imprescindible la inserción social de los y las anarquistas y ser partícipes de los cambios en el escenario político actual. Podemos apuntar un breve repaso en el aumento de las diferencias de clase por un lado, y por otro, se marca cada vez más una relación de colonia-metrópolis dentro de la propia UE, siendo los países centrales como Alemania y Francia los que formarían la metrópolis, mientras que países de la periferia conformarían la periferia colonial, como los PIGS, Rumania y otros.

A partir de aquí, se está configurando una nueva coyuntura política y social, donde por un lado vuelven a salir las tendencias fascistas y la complicidad de la clase dominante con ellos, como se demuestran en el apoyo al gobierno de Kiev por parte de la comunidad europea y su pasividad hacia partidos fascistas como Frente Nacional y Amanecer Dorado. Y por otro lado está la izquierda parlamentaria que se está reorganizando en torno a una socialdemocracia inspirada en movimientos ciudadanistas estilo 15M, tal es el caso de Podemos y similarmente, Syriza. Respecto al terreno social, podemos encontrar, tras la desmovilización del 15M, una nueva reconfiguración en las movilizaciones populares que actúan en diferentes ámbitos, como el de barrio, la vivienda, la salud, la educación… sin que la tendencia sindical de clase sea el eje central. Estos movimientos tienen una composición muy heterogéneos y carecen de una orientación política clara. También, dentro del movimiento libertario están surgiendo nuevas tendencias que tratan de disputarse un espacio en el escenario político. No somos ajenas al cambio que se está dando actualmente, y están surgiendo procesos, iniciativas y formas organizativas que miran hacia la inserción social, la articulación de movimiento y la construcción de una alternativa política en el seno de la clase trabajadora. Sin embargo, todavía al movimiento libertario le falta consolidarse. Estamos en un proceso de reconstrucción y con miras a enterrar los viejos vicios para salir del estancamiento, sabiendo que si no superamos la marginalidad, acabaremos muriendo y sin posibilidad de plantar cara materialmente al neoliberalismo desde una perspectiva anarquista.

Con la irrupción de Podemos en el escenario político y una derecha que está perdiendo la hegemonía en favor del discurso socialdemócrata, y siendo este año en el que se aproximan las elecciones municipales y más tarde las generales, es probable que tengamos que contar con nuevas caras en ayuntamientos y en el gobierno estatal. Nos han pasado por encima numerosos ajustes neoliberales, la más destacada la reforma laboral del 2012, más la LOMCE y ahora con más vueltas de tuerca del Plan Bolonia en el ámbito estudiantil, sin olvidar tampoco el acecho del TTIP que mermará aún más los derechos sociales en favor de los mercados. El neoliberalismo está en continua ofensiva mientras que los movimientos sociales están en una posición a la defensiva, y los pocos actores políticos que se presentan como opositores al modelo neoliberal llevan tintes socialdemócratas, mientras que la izquierda revolucionaria (léase marxistas y anarquistas) brillamos por nuestra ausencia.

Las coyunturas están en constante cambio, es un gravísimo error de análisis afirmar que no ha cambiado nada, lo cual, quiere decir que es un error pensar que con otras caras en las instituciones vaya a seguir todo igual. Aquí hay que diferenciar entre lo estructural y lo coyuntural. Mientras que lo primero es referido a la base material en las relaciones de producción, lo segundo es referido al conjunto articulado de fuerzas políticas y sociales en un determinado espacio y tiempo. En otras palabras, un cambio de gobierno (no la forma del Estado) no ocasionaría un cambio en las relaciones de producción, pero sí provocaría un cambio en la coyuntura, esto es, que ante una posible victoria de un partido socialdemócrata, la correlación de fuerzas cambie en favor de unos sectores sociales, como sería la de la pequeña burguesía y parte del proletariado. Esto supondría un pequeño desplazamiento de las tendencias neoliberales en favor de una tendencia keynesiana, aunque posteriormente ese supuesto gobierno socialdemócrata termine asimilando el discurso neoliberal.

Así pues, medidas decretadas por dicho gobierno como, por ejemplo, una subida del salario mínimo interprofesional, la paralización de los procesos de privatización, moratorias sobre las ejecuciones hipotecarias, derogación de leyes restrictivas, etc, supondrían un respiro para las capas sociales más desfavorecidas entre la clase trabajadora. No obstante, puesto que la sociedad de clases no desaparece sino que la clase capitalista sigue siendo dominante, las medidas no se aplicarían si no hay un poder social que las ponga en vigencia, es decir, si no existe una movilización popular que obligue a la clase capitalista a aplicarlas. Por ejemplo, a una trabajadora se la puede someter con amenazas de despido para que acepte un sueldo por debajo del salario mínimo decretado si ésta no se organiza en su sindicato, o un banco puede igualmente echar a la gente de las casas pese a las moratorias si no hay un Stop Desahucios que los frene. Dentro de la relación instituciones–pueblo, podemos ver con este ejemplo que existen dos fuerzas separadas: por un lado, la del partido de turno en el poder ejecutivo² y por otro, la de los movimientos populares. Las relaciones entre estas fuerzas pueden variar: desde la dependencia absoluta del partido y su funcionamiento como una extensión de éste para captar votos, tener una base de apoyo ideológico y de legitimación de sus medidas, hasta una fuerza independiente con su propio proyecto político. O incluso puede darse el caso de una ausencia casi total de movimientos populares. Los factores que determinan la fuerza real de los movimientos populares son: su grado de presencia en el escenario político y de organización, capacidad para adaptarse a los cambios, su composición interna y la existencia o no de un discurso político, es decir, si está articulado también a nivel político.

Es sabido entre anarquistas que la vía institucional es un engaño, un callejón sin salida que termina en la conciliación de clases y prepara a su vez el terreno para los totalitarismos de corte fascista cuando desmoviliza el movimiento obrero. Hemos estado repitiendo hasta la saciedad esta premisa, así como el discurso de la abstención activa pero, ¿hemos conseguido poner sobre la mesa unas alternativas políticas concretas como hojas de ruta más allá del «organízate y lucha»?. Por eso, no está de más añadir unas cuántas líneas más que vayan más allá de la mera negación. Consideremos que las dinámicas que emanan desde las instituciones nos afectan y que no podemos permanecer pasivas con los cambios que desde allí se dan y ver por dónde podemos avanzar sin entrar en el juego electoral, apostando por el fortalecimiento de los movimientos sociales y la creación de alternativas a través de la lucha cotidiana. La coyuntura legal y la tendencia del poder ejecutivo influyen, de alguna manera aunque sin ser un factor determinante, en la configuración de los movimientos sociales. Por ejemplo, en una situación donde esté reconocida en las leyes la libertad sindical, podría favorecer el surgimiento de sindicatos independientes, cosa que sería más difícil en otra donde dicha libertad esté restringida. Sin embargo, que la libertad sindical esté recogida en las leyes no hace que comiencen a brotar numerosas centrales sindicales ni que la clase trabajadora vaya en masa a organizarse en el sindicato, esto dependerá de otros factores. Puede darse el caso también que en situaciones más represivas surja un grado de organización popular y conflictividad social mayor que en otra donde se reconozcan más derechos y libertades.

La limitación de la vía institucional radica en que no es capaz de cambiar lo estructural, solo puede aspirar a reformar el capitalismo. Por ello, siempre en última instancia, será el grado de presencia de los movimientos populares, su organización y su politización lo que determinaría cómo se configuraría la correlación de fuerzas. Por tanto, un pueblo fuerte sería capaz de avanzar incluso en coyunturas donde la represión sea más fuerte que en las democracias liberales. Así pues, tomando como referencia el ejemplo del párrafo anterior, aunque estuviesen prohibidos los sindicatos al margen de los oficiales ni estuviese legalizado el derecho de reunión, aquel pueblo fuerte, o un movimiento popular fuertemente organizado, seguiría siendo capaz de organizarse y articularse como fuerza política capaz de dirigir una ofensiva contra las clases dominantes desafiando su orden y poner en marcha los programas políticos de carácter popular y revolucionario.

En resumen, hemos de destacar la separación entre lo institucional y el pueblo. Mientras que desde las instituciones se pueden aplicar medidas para aliviar los efectos de la reestructuración capitalista sobre la clase trabajadora, si el pueblo se constituyese como un actor político independiente, puede llegar a desestabilizar el viejo orden capitalista y llevarnos a una situación revolucionaria mediante la agudización de la lucha de clases. El poder popular desde una perspectiva anarquista es una vía alternativa al asalto institucional y a la conquista del poder político, lo cual quiere decir que en lugar de mirar hacia el Estado, concibe la articulación del pueblo como sujeto político, siendo una fuerza independiente y un actor político fuera del marco institucional. Pero independiente no significa marginalidad ni aislamiento, sino llevar discurso propio que no parta de las abstracciones ideológicas, sino del análisis de coyuntura, de la realidad de las luchas sociales, y de los problemas sociales inmediatos, impulsando la movilización social y defendiendo su autonomía frente a los intentos de ciertos partidos a fagocitarlos.

Por suerte, en estos momentos están saliendo propuestas interesantes como alternativas a la vía institucional y que apuesten por el poder popular frente al electoralismo³. Hay vida más allá de la abstención y de las críticas destructivas, y es la estrategia de acumulación de fuerzas. No olvidemos que la batalla se tiene que librar en el terreno social, que necesitamos crear hojas de ruta y un programa político que apunte a aumentar el grado de autoorganización popular con base en la lucha de clases, el feminismo, el antirracismo y el ecologismo. Porque si no planteamos alternativas a la vía institucional, de nuevo nos encontraremos en la impotencia viendo cómo la gente termina por abandonar las calles y poniendo sus esperanzas en el voto. Ahora más que nunca, toca construir y avanzar, o estaremos contemplando por los siglos de los siglos cómo construyen encima de lo que queremos derribar.

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Notas

1- Cabe señalar que desde la concepción marxista del poder popular sí se orienta a la conquista del poder político, no así entre anarquistas que adoptan la estrategia del poder popular. La orientación del poder popular dependerá de qué tendencia política sea la mayoritaria y la que articule el discurso político y las praxis.

2- Aunque cabría señalar una tercera fuerza que sería el brazo armado del Estado: policía y ejército. Estos cuerpos armados no siempre están subyugados al poder ejecutivo, sino que, dependiendo de su composición y de sus mandos, podrían sublevarse contra el gobierno legítimo dando un Golpe de Estado. No obstante, aquí no vamos a tratar este tema en profundidad ya que no es la intención de este artículo.

3- Equilibrismos, Proces Embat y Construir un Pueblo Fuerte.

Homenaje a Kobanê

«A los combatientes caídos, a las guerrilleras caídas,
a las que plantan cara, a los que luchan…
Honor y gloria a las YPG e YPJ,
Larga vida a la resistencia kurda contra el Estado Islámico y el imperialismo.
Madrid — Stalingrado — Kobanê»

homenaje-kobane

—Por @ana_resya

El conflicto, la guerra y los refugiados del Kurdistán

Contexto histórico y geográfico

Kurdistán (كوردستان) es una región geográfica con una etnia (kurda) que posee un sentimiento de nación —cabe subrayar y tener en cuenta que la palabra «nación» está entendida bajo la definición histórica alemana y que es especialmente importante distinguirla de la palabra Estado o país— pero que no tiene Estado (a lo que aspiran). Dicho territorio comprende las regiones del noreste de Siria, norte de Irak, oeste de Irán y sureste de Turquía (y algunos también reivindican un pequeño enclave en el estado de Armenia).

La supuesta aparición de esta identidad nacional se remonta a los Medos de antes de Cristo. En la Edad Media ya tenían cierta libertad bajo el islam, aunque con la llegada del Imperio otomano la región quedó dividida en dos (otomanos y persas), donde la parte otomana gozó de bastante autonomía hasta casi el s. XIX y donde hubo conflictos políticos que desembocaron en dos rebeliones independentistas.

Tras la Primera Guerra Mundial, con la desintegración de los imperios y el “derecho de libre determinación” se preveía una creación del Estado kurdo, pero una insurrección kurda fue derrotada por las tropas turcas, por lo que Kurdistán quedó dividida en los países actuales que hemos citado anteriormente, exceptuando Armenia, pues era una república socialista soviética (URSS).

Después de la Segunda Guerra Mundial, el Kurdistán que pertenece al territorio iraní proclamó una república independiente de carácter comunista con el partido PDK hasta que la capital fue invadida por los iraníes. Durante la Guerra Fría se suceden revueltas kurdas en Iraq, Irán, Siria y Turquía, todas sin éxito, aunque se consigue crear el PKK (Partido de los trabajadores de Kurdistán). Desde el 2000 la tensión va en aumento con mayor actividad independentista kurda (manifestaciones, levantamientos…) lo cual produce una mayor represión hacia los kurdos. Empieza a haber divisiones del pueblo kurdo entre el PDK, el PKK y el nuevo UPK (Unión Patriótica del Kurdistán, escisión izquierdista del PDK). Tras la guerra de Iraq con EE.UU., la región kurda iraquí consigue una autonomía federal.

Actualmente, el territorio reivindicado por los kurdos es de casi 400.000 km², lo que representa, en esa región, una de las mayores reservas petrolíferas de Oriente Medio. Está situado entre el Tigris y el Éufrates, donde según el Antiguo Testamento de La Biblia (y por lo tanto, La Torá) se halla el paraíso terrenal, por eso es también un territorio importante para la religión.

El Kurdistán es además un territorio rico culturalmente con su propia lengua —el kurdo, que se diferencia del árabe, del turco, del armenio o del persa—, su historia, su música, su gastronomía… También en este territorio conviven distintas religiones que van desde el islam, el cristianismo hasta una religión propia del territorio denominado yazidismo. A partir de estos factores, se ha forjado la idea de la nación kurda, es decir, la identidad nacional.

Situación actual

Es un conflicto que sigue vigente hoy en día, y ya no es solo la lucha del pueblo kurdo por la independencia de su nación y la creación de un Estado propio, sino que ahora mismo, hay un suceso de mayor relevancia en el cual están invirtiendo sus esfuerzos: repeler la expansión del Estado Islámico sobre su territorio.

Como breve reseña, el Estado Islámico surge de la guerra de Irak con EE.UU. y la caída de Saddam Hussein (2003). Aparecieron en ese territorio muchas milicias para defenderse de las tropas extranjeras en su territorio. Una de ellas fue la facción de Al Qaeda en Irak, cuyo líder fue asesinado en 2006. Tomó el mando un egipcio llamado Abu Ayub quien en ese mismo año declaró la formación del Estado Islámico, arropado por Al Qaeda y unos 800 milicianos. En 2010 una nueva operación americana acabó con el antiguo dirigente, quedándose al mando Abu Bakr, que tras la retirada de tropas americanas, pudo reforzar la organización llegando hasta las 2.500 personas integradas, las cuales al participar en la guerra Siria, pasaron a denominarse ISIS (Islamic State of Irak and Siria). Al Qaeda quedó escindida entonces por ISIS al no aprobar su intervención en territorio sirio. Al conquistar la segunda ciudad más importante de Irak, Mosul, ISIS creó de la zona bajo su dominio un califato con Abu Bakr como califa. Los últimos éxitos del Estado Islámico le han hecho enriquecerse (al quedarse con los bancos de cada pueblo o ciudad conquistada) y multiplicar sus combatientes hasta llegar a los 15.000.

Tras el avance de ISIS por territorio sirio en dirección a Turquía, los kurdos residentes en Siria han puesto en manifiesto su contrariedad al Estado Islámico y, a pesar de haber formado numerosas milicias, han ido cayendo una a una todas las ciudades o pueblos por los que el ejército islamista iba pasando. Próximo a la frontera con Turquía, hay una pequeña localidad que sigue resistiendo hoy en día a las ofensivas del Estado Islámico por anexionársela, y que está en el punto de mira por el gobierno turco y estadounidense, el cual, lleva creando polémica en la prensa estos últimos días.

Kobanê

“Es una ciudad en la gobernación de Alepo, al norte de Siria (frontera con Turquía). Tenía una población de 44.821 habitantes en el censo de 2004. Es habitada mayoritariamente por kurdos (89%) y también por árabes (5%), turcos (5%) y armenios (1%).”¹

Es una ciudad peculiar que se ha hecho relativamente famosa en el mundo entero por oponer una resistencia eficaz al Estado Islámico. Mientras otros pueblos y ciudades eran anexionados en menos de 24 horas, Kobane lleva más de un mes (desde el 16 de septiembre) resistiendo y continúa a día de hoy sin estar plenamente conquistada por ISIS (el Estado Islámico penetró en la parte este de la ciudad el 6 de octubre). Una de las principales causas por las que están plantando una resistencia tan feroz es la extraordinaria gestión con la cual está trabajando el pueblo kurdo residente en Kobane, el cual, bajo la milicia del YPG (Unidades de Protección Popular, existentes desde 2012 en el Kurdistán sirio —cabe mencionar que fueron dichas unidades las que conquistaron la ciudad y llevan luchando desde ese momento para defender la autonomía política del territorio—), han conseguido organizar, movilizar y armar a una población civil que sigue resistiendo en las fronteras.

Lo curioso es que este ataque no sólo lo han retenido “los kurdos” en masculino, pues un factor esencial es la participación de las kurdas; el YPG está compuesto por un alto número de mujeres que hacen que no se deje de lado a la mitad de la población que quiere y puede luchar igualmente contra ISIS (de hecho, han creado una nueva y exclusiva sección de la milicia, llamada YPJ). Dejan un claro mensaje feminista de superación al mundo entero y demuestran cómo una población unida, independientemente del sexo que sea, puede frenar el avance del Estado Islámico a nivel militar.

Estos hecho sucedieron bajo la complicidad del gobierno turco que conoce las aspiraciones últimas del YPG (Brazo armado del PYD) y el PKK (Partido de Trabajadores del Kurdistán) de querer crear una autonomía kurda sin Estado. A esta autonomía kurda le pertenece un territorio que actualmente está dentro de las fronteras turcas y, por ello, el gobierno ha tomado la decisión de cerrar las fronteras para que, por una parte, no pueda huir la población incapacitada para luchar en Kobane a territorio turco y, también, para que no se pueda suministrar a Kobane con armas provenientes de Turquía. Finalmente, tras semanas de denuncia y mala prensa internacional sobre la actuación del gobierno turco y, es probable, que bajo la gran influencia de los EE.UU., se ha conseguido llevar a cabo bombardeos sobre Kobane en la parte ocupada por el Estado Islámico. Todo esto, ha hecho que no únicamente se frenase al Estado Islámico en esta ciudad, sino que ahora también, parece ser que el pueblo kurdo está volviendo a ganar terreno. Constancia de ello son esquemas militares de la zona, como muestran aquellos después del 14 de octubre, los kurdos han conseguido retomar algunas posiciones.

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Se observan los frentes de la ciudad de Kobane en ambas fotografías anteriores. El primer mapa corresponde al 14 de octubre (en amarillo YPG, en gris ISIS) y la segunda al 17 de octubre. La fotografía nos ayuda a entender el importante papel que juega el gobierno turco, ya que el norte de Kobane hace frontera directa con Turquía.

En esta última foto se puede apreciar la coalición de los ataques aéreos (los círculos, uno al sur de la ciudad y el otro al noreste, casi en la frontera con Turquía) y como el YPG/PKK/FSA (las diferentes milicias kurdas) están aprovechándolos para recuperar el terreno perdido en la zona. También, en la línea de puntos queda reflejada la línea del frente del día 15 de octubre y se puede apreciar cómo en el día que fue tomada la foto (18 de octubre) ha habido un avance generalizado de los kurdos y un retroceso del Estado Islámico.

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Gestión de la política en un territorio sin Estado

Recordamos que el pueblo kurdo es un pueblo que carece de Estado propio (así como de ejército regular) pero aun así está consiguiendo frenar a ISIS. ¿Cómo es posible esto? La respuesta pudiera darse por el novedoso régimen político que están llevando a cabo en Rojava, Kurdistán sirio. Cabe decir que el pueblo kurdo siempre ha tenido unas aspiraciones emancipadoras y revolucionarias para alcanzar a ser una nación política y perpetuar su identidad. También, el contexto material es muy importante: el Kurdistán ocupa un espacio muy rico en materias primas, sobre todo desde el punto de vista energético.

A nivel meramente político, el PKK siempre ha seguido una línea de ideología Marxista-Leninista que desde su creación ha intentado crear una república socialista del Kurdistán integrada en la antigua Unión Soviética. Tras el derrumbe de la URSS y la entrada del nuevo milenio, el PKK comenzó a alejarse del centralismo democrático del leninismo para abrazar una política que Abdullah Öcalan llamó Confederalismo Democrático, y que a partir de ello, se creó el KCK (Unión de Comunidades de Kurdistán), tiempo en que empezaron a desarrollar una organización económico-territorial de corte socialista libertario.

Es una idea de gestión política del territorio que no abandona los principios del marxismo pero que se actualiza incorporando características del municipalismo libertario-ecologista de Murray Bookchin (un historiador, profesor e ideólogo estadounidense que progresó desde una juventud de ideología marxista hasta un socialismo libertario ecologista, influido por las obras principales del conocido ideólogo anarquista Piotr Kropotkin). Esta evolución les llevo a adoptar unas nuevas ideas ecologistas, socialistas y feministas, que fueron decisivas para la incorporación de las mujeres a las milicias y la creación de las YPJ citadas anteriormente.

El régimen político aspira a implantar una democracia sin Estado. Para ello, han llevado a cabo una ‘comunalización’ de la economía, unas decisiones tomadas desde la base y un confederalismo que da autonomía propia a cada territorio sin que éste tenga que depender de un aparato central, como era en el caso del centralismo democrático. Bien es cierto que no todas las características implantadas en Kurdistán sirio y turco —zonas donde tienen mayor implantación la tendencia de Öcalan— obedecen a una lógica libertaria ni a la teorizada por Bookchin, por ello hay que resaltar que creen en la intervención institucional y participan en elecciones estatales.

A pesar de ello, no han alcanzado el poder político a nivel institucional en ninguno de los Estados en los que se encuentran, por eso, la política que les repercute directamente está basada en un entramado de autogestión de los distintos territorios, que queda plasmado en el asamblearismo para la toma de decisiones.

No hay que olvidar que este sentimiento emancipador del pueblo kurdo y de regenerar la política para lograr su emancipación viene de la idea de querer formar un Estado propio y de un arraigado y fuerte sentimiento nacionalista. Aunque parece ser, que con la implantación del confederalismo democrático, la idea de Estado-Nación va perdiendo fuerza entre los kurdos sirios y turcos, por ser esta misma idea anacrónica y acarrear valores que ahora no son bien vistos por la sociedad como el machismo o la modernidad capitalista, como así lo apuntó el antropólogo y periodista kurdo Dogan: “El Estado-Nación capitalista es un Estado que legitima la dominación en tres sentidos: en primera instancia, permite que una clase explote a las clases populares; en segunda instancia, a través del machismo; y, por último, tenemos la dominación sobre la naturaleza². Y que ve al PKK como la única fuerza democrática y revolucionaria que puede llevar al pueblo kurdo a la emancipación (como se ve, no abandonan los postulados marxistas en ciertos aspectos y siguen creyendo en la necesidad de un partido vanguardista de la clase obrera que guíe al pueblo para lograr la revolución emancipadora del proletariado).

Como conclusión política, el pueblo kurdo (como también el turco, con la aparición del Partido Democrático del Pueblo, un partido outsider de carácter izquierdista compuesto por más de 600 movimientos sociales que participaron en las protestas de la ocupación de la plaza Taksim) está viviendo una situación de gran cambio político a enormes zancadas y que algunas características podrán servir de punto de referencia para regenerar la política de países mediterráneos más occidentales. Para finalizar, como apunta también Mehmet Dogan en el final de la entrevista con Facundo Guillén: Se prevé un desarrollo político y unos años interesantes en este sentido.

@Matxapunga

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