Regeneración de corazones

Se cierne en nuestras manos

una luminaria de libertad,

será confiada

a nuestras hijas

escrita en renglones solidarios.

 

Ninguna máscara

puede impedirnos ver el sol,

pues en nuestros ojos está tatuada

la mirada límpida

de quien no tiene nada que perder.

 

No estamos preparados aún

para el canto del jilgero,

ni para sentir el color de sus plumas.

 

No estamos preparados

para quitarnos la sal de las manos,

tampoco para relamernos las heridas.

 

Nuestra ilusión no cabe

en envases artificiales

ni en barrotes trabados;

se atesora en la escuela, en el ateneo

en cada pincelada del tono

«ármate de vida».

 

Los surcos de la tierra común

germinan esperanza

y nuestros corazones sembrados

prometen un mundo nuevo.

METAMORFOSIS

La mariposa se comió las flores

las engulló una a una,

se alimentó del lila de sus corolas

la pasión de sus espinas

el opio de su perfume.

La libación de la primavera

comenzó en su lengua

secuestrando la carne súbita

y entregándose a la zoogamia.

Las marcas de sangre

se asentaron en sus alas,

le dieron fuerzas

para desatar un huracán

en espera de su próxima

catarsis metamórfica.

 

Justicia

Justicia, que estás en boca de tantos
y de tantas.
Siempre al opresor haces flaco favor,
¿por qué no escuchas
al pueblo que sufre de miseria y dolor?

Justicia, que estás en el lado del explotador
y nos abandonas.
Pero no eres ciega, tus ojos te vendaron.
¿Por qué no recapacitas,
te quitas las vendas y miras a tu alrededor?

Justicia, acércate a nuestro bando
y verás
que las injusticias del Capital depredador
son una realidad contra el pueblo trabajador.

Justicia, que estás en boca de tantos
y de tantas.
Te queremos en nuestro barco,
Te queremos una realidad y no un mero vocablo.
Porque no hay justicia
donde reine la desigualdad y la explotación.

Esperanza

Nos movemos en la más absoluta vacuidad,
aun cuando pretendamos lo divino,
y ansiemos rozar lo eterno,
somos poros de la realidad vacía;
despojos que pululan cabizbajos,
languideciendo entre el frío asfalto,
soñando permanecer impertérritos,
mientras la vida todo lo asfixia;
vida que se deslíe en muerte,
que deviene en engranaje maquinal
de acero, óxido, lágrima
y latido usurpado.

El poder todo lo aflige,
todo lo contamina,
todo lo turbia…

Tenemos existencias aherrojadas
al vil querer del poseído,
que torna irrebatible
[lo desconocemos]
en querer del desposeído,
al que le ha sido arrebatada toda luz,
toda gracia y toda humanidad,
al que hemos tomado por nuestra
oscuridad y coronado con nuestra indeferencia…,
es a ése al que nos debemos,
al que brilla más hondo que nosotros mismos,
pero todo lo ve negro,
como exánime viviente;
como una orquídea diurna…,
al que la burla cercaría si pudiere,
[y puede]
al que la savia le ha sido negada,
pero que guarda,
en cerca recóndita,
alguna ignota pasión…,
ése que no posee reflejo en la mirada
mientras la fija en la infinita viscosidad
de un procesador mental,
de una máquina martilleante
o de un ruido mercantil…,
a ése nos debemos,
[somos hermanos]
pues en lo putrefacto de su carne,
perenne,
se encuentra la pureza
del gesto revolucionario.

Catorce, catorce de noviembre

A todos los que padecen este mundo y no se rinden: este breve poema.

Catorce, catorce de noviembre…

Se oía un rumor:
el del trabajador luchando,
solemne;
a la par que se alzaba un rubor:
el del trabajador trabajando,
inerme.
Uno,
puño en alto y pasión en vuelo,
grita,
rebosa
su corazón ardiente,
ayuda,
conmueve,
se libera,
se defiende…
Otro,
mirada en los pies y alma inerte,
muerde ansioso -galopín-
un anzuelo anclado,
anclado al bolsillo de algún dirigente…
‘¡Derecho a trabajar, derecho a trabajar!’,
exclaman sus dientes,
mientras el sistema,
usurpador,
que le roba el usufructo,
que le amordaza el espíritu,
que le acongoja la mirada,
que le aprieta las costillas,
le vocifera tranquilo al oído…
Me alimentaré de tu esfuerzo y de tu vida
hasta el día de tu muerte.

XXXIV

Cave canem.
Cuidado con las estrellas,
cuidado con el firmamento ardiente,
cuidado con tu pelo ardiente
y con tu alma sangrienta e inmortal,
y con tu Libertad, tus pájaros y tu aire.
¡Cuidado con la Libertad!
Ten miedo de ella, joven,
¡ten miedo!
¡Cuidado con tus sueños!
¡No juegues con fuego!
¡No juegues con piedras!
Juega sólo con estos bellos papeles
de colores de primavera
y no alces de ellos la vista,
juega sólo con cifras de miseria
que marcan la talla del zapato que te aplasta.

Puede elegir:
¿Prefiere una 40 o una 42?

Por Arkady Rócimberg.
Estudiante de Historia comunista libertario. Aficionado a las artes, especialmente a la poesía vanguardista. Publica sus poemas en http://nubesdehumo.blogspot.com.es/

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