El frente al que vamos a morir sin darle mayor importancia

No es la crisis económica, la falta de inversión en I + D, ni la fuga de cerebros. Aunque tenga que ver con eso, el meollo del asunto no está ahí. Algo se está tragando los mejores años de nuestra vida (eso nos dijeron que serían) y no son sólo los recortes presupuestarios o la derecha.
Sintiéndolo mucho, ese desagüe traga y traga y seguirá haciéndolo aunque se acaben la crisis, los recortes y demás. Hay que ganarse la vida, he ahí el problema. Literalmente: nuestras vidas no son nuestras ni nosotr@s dign@s de ellas, vivimos en un sistema socioeconómico donde da igual que haya de sobra para tod@s porque el número de sillas es el que es y, cuando se pare la música, alguien tendrá que quedarse de pie hasta la próxima partida. O la siguiente. O hasta que en vez de la partida, sea la vida la que se le acabe, o lo haga su interés por semejante «vida».

La competencia y la angustia por ganarse la vida, por buscarse la vida en vez de vivir, componen el matadero al que entramos sin resistencia, sin siquiera una bandera blanca porque a esta guerra que declaró la economía a la vida ni se la menciona. Nos cuesta hasta usar la palabra «capitalismo»… va a ser cierto que «el mejor truco del Diablo fue convencer al mundo de que no existe».

Estudia una carrera o un ciclo formativo; después ¿por qué no otra carrera o ciclo? y después, ¿por qué no un máster? ¿El antiguo CAP? ¿Mejor unas oposiciones, para mayor estabilidad? No basta con ser buen@; buen@s, hay much@s, ¿eres el mejor? ¿De l@s mejores, al menos? Y prácticas, ¿has hecho prácticas? ¿Has hecho suficientes prácticas? ¿Lo bastante mal remuneradas? ¿Tanto que hayas tenido que repetirte «Es para hacer curriculum» como una letanía? Y el trabajo en sí, ¿cuánto has trabajado? Piensa en todo el tiempo que no lo hayas hecho: a menos que hayas estado estudiando algo productivo, serán «lagunas» en tu CV.
Piensa que todo el tiempo que sí lo hayas hecho es tiempo que no recuperarás jamás… ¿lo echarás de menos? Piensa en la gente mayor que tú conoces, en la edad a la que se han jubilado –l@s que se han jubilado– y la edad a que han muerto, l@s que ya han muerto. ¿No echarás de menos todas esas horas si mueres a los 90? Y ¿a los 76? ¿A los 65, a los 59, a los 46? Todo lo que has hecho para «desconectar», para no pensar en esos trabajos (o esas prácticas, o esos estudios) que devoraban tu tiempo o, simplemente, para descansar de un cansancio que no habías deseado, ¿echarás de menos el tiempo consumido?

* Este texto se publicó originalmente en el blog personal del autor el 13-V-14, pero, por desgracia, sigue de actualidad.

9M: Resaca emocional y breves reflexiones

Por Araceli Pulpillo extraído de Amanece Metrópoli
Las críticas que produce el feminismo es lo mejor que ha dado el siglo XX. Es la postura política que va más al fondo, porque va a discutir justamente que cualquier jerarquía puede encontrar un lugar natural en los cuerpos y debe ser desarticulada desde allí.
Diana Maffía – Desafíos actuales del feminismo

El pasado 8 de marzo la calle gritó feminismo desde cada lugar del Estado. En una convocatoria que venía ya gestándose desde hace un año y que pretendía ser diferente a la de años anteriores. Y lo ha sido. Porque la valentía del movimiento feminista ha sabido articular una Huelga General más allá del ámbito laboral y de consumo. Más allá de la mente patriarcal. Poniendo las desigualdades asignadas al binomio mujer-hombre que hay en toda la estructura social en el centro de la lucha para erradicarlas.

Ese día desde por la noche a las 00.00, en Tirso de Molina, emprendí la marcha con compañeras para colocar carteles y pegatinas llamando a la Huelga. Llevábamos un altavoz donde sonaba A la Huelga compañeras de La Tía Carmen, canción con la que íbamos cantando y bailando mientras caminábamos, las mujeres nos sonreían y alzaban los brazos. Mi primera emoción vino desde bien temprano en la jornada. Antes de entrar a Sol para participar en la cacerolada unos 15 policías nacionales rodearon a mis compañeras y a mí y nos pidieron la documentación. Al principio confusión y un poco de miedo. Después un rio de mujeres que se acercaron con cacerolas, rodearon el círculo en el que nos tenía, empezaron a vociferar Nos tocan a una, nos tocan a todas (ahora mismo, mientras lo cuento, se me eriza el vello). Tras diez minutos de abrazo feminista, los nacionales se marcharon con la cabeza gacha y con los oídos un poco más sordos. Continuamos nuestra marcha.

Por la mañana participé en diferentes piquetes informativos en Leganés, Villaverde Bajo, Villaverde Alto… En todas partes había un chorro de mujeres haciendo actos y leyendo manifiestos cargados de fuerza y llamando a la manifestación de la tarde en Atocha. Con los coches pitábamos y la gente de la calle se unía a los pitidos y cánticos. Se acercaban para coger los dípticos informativos. Al medio día, unos compañeros nos habían preparado la comida en el Ateneo. Una sopa calentita de verduras y unas hamburguesas veganas sin gluten con patatas de guarnición. Estaban sosteniendo la Huelga y se encargaron de los cuidados a los que renunciamos por un día para que se hiciera visible su importancia. Llevábamos lazos anarcofeminstas que hizo una compañera semanas antes y nos los colocábamos las unas a las otras con emoción. En la sobremesa hablábamos sobre la manifestación de después, sobre reuniones tras el 8, sobre actos y mesas redondas que queríamos hacer, sobre cómo continuar trabajando. Empezamos a inflar globos para el camión. Todas las allí presentes nos pusimos a una a inflar un montón de globos. La fuerza de la unión. En diez minutos ya estaban inflados. Adornamos el camión. Nos pusimos en marcha para Puerta de Alcalá.

En el camino ya notaba que las calles eran un río de mujeres y hombres que iban a la manifestación. El tren y el metro lleno de mujeres con las caras pintadas y con pancartas de lemas feministas: No es no, Somos las nietas de las brujas que no pudisteis quemar, Hoy grito por todas las que no pueden… Una vez en Puerta de Alcalá hubo un mitin del bloque sindical combativo. Me emocioné con las palabras de Ana Sigüenza, la primera y única mujer, por desgracia, secretaria general de un sindicato en el Estado español (CNT): decía que «nosotras lo que queremos es acabar con la desigualdad, acabar con la verticalidad, acabar con los privilegios, mañana empezaremos a trabajar mejor todavía» y a mí los vellos de punta. Después nos dirigimos a Cibeles para esperar a la cabecera de la organización. Esperamos durante más de una hora, miraba a mi alrededor y veía a miles de mujeres por todas partes. Cuando llegó al fin la cabecera, me subí al camión y divisé que no había fin para la marea de personas que avanzaba. Me volví a emocionar. Éramos un río. Mujeres de todas las edades. Voces de mujeres en todos los altavoces. Cánticos al unísono. Saltos que eran miles. Miradas de compañeras casi con lágrimas en los ojos. Cuando al fin pudimos avanzar entre tantas personas, nos dejamos la voz, literalmente, gritando fuerte que el feminismo ha venido para quedarse.

Ha sido diferente. Sí. Hemos aparecido a nivel internacional en numerosos periódicos y aunque esta convocatoria haya sido un éxito antes incluso del mismo día de Huelga, también nos debe servir para reflexionar de cara a que las críticas sean cada vez más certeras y más inclusivas. Para seguir construyendo juntas lazos que nos hagan avanzar en una sociedad más justa e igualitaria.

Que el feminismo es anticapitalista, antirracista, antifascista, antihomófobo, y anti toda teoría e ideología que pretenda subyugar a las personas, es algo que sabemos las que llevamos militando o acercándonos al feminismo desde hace tiempo (o no tanto). Las muestras desde los medios de “información” de intentar vaciar este contenido han sido numerosas. También es cierto que tienen herramientas suficientes para tergiversar y para quedarse en la superficie de lo que realmente sucede en las asambleas y en las calles… Por eso debemos estar atentas a que el capitalismo y sus vasallos (como suelen hacer con todo lo que puede llegar a beneficiarle) no se apropien de nuestra lucha. Que el parlamentarismo no nos convenza de nada. Y este, a pesar de ser un trabajo arduo, ha de ser necesario. Ya vemos como empresas que explotan a mujeres en países colonizados, o en nuestros propios países, venden camisetas con el lema I`m feminist y como se compran a cascoporro; o como líderes y lideresas de partidos que atacan constantemente con sus políticas económicas y sociales a las mujeres se abogan abanderados del feminismo; hasta han intentado rescatar al dictador Franco como feminista. Aquí se intenta sumar todo el mundo, pero el feminismo es mucho más que una tendencia, y nosotras, las feministas, tenemos la responsabilidad de defenderlo.

El feminismo pone la vida en el centro y busca el buen vivir. Como precaria, vivo en mis propias carnes la dureza de este sistema perverso. Llevo militando en Comando Sororidad cinco años desde mi etapa estudiantil, donde he aprendido mucho como feminista. Ahora que pretendo hacerme un hueco en este mercado laboral lleno de obstáculos, he visto como una necesidad de clase militar también en un sindicato. Digo esto porque siento orgullo de que el sindicato al que estoy afiliada, CNT, haya sido uno de los que han formalizado a nivel laboral la convocatoria de 24 horas que pedíamos desde el movimiento feminista. Y lo digo como una crítica en ambas direcciones. El sindicalismo necesita feminizarse y dejar de copar las primeras filas. El feminismo necesita contemplar el sindicalismo como una herramienta de alianza. No todos los sindicatos son iguales. El sindicalismo combativo está demostrando ser una herramienta útil. Y creo que el feminismo debe tejer una red con los sindicatos que han sabido vivir en su tiempo. Además, ahora vendrá la represión contra algunas mujeres que han ido a la Huelga General Feminista y debemos trabajar conjuntamente para arropar a todas en estos procesos que pueden llegar a ser largos y tediosos.

«El feminismo blanco insiste en que todas somos mujeres, eso es un problema con el privilegio […] si hay una cosa que yo intento siempre aclarar es que el feminismo negro del que yo hablo, no es el feminismo, es parte del discurso de la mujer». Estas son las palabras de Antoinette Torres, fundadora de Afroféminas, en una entrevista que le hice hace unos meses para Labio Asesino Fanzine. Y las dejo aquí para entender la posición del portal de no ir a la Huelga. Quizá esta es una de las críticas al feminismo que más llevo reflexionando desde hace tiempo. Porque las feministas blancas debemos revisar nuestros propios privilegios, debemos hacer un ejercicio de interseccionalidad para crear alianzas con mujeres que hacen feminismo desde otras posiciones y opresiones; mujeres gitanas, musulmanas, negras, latinoamericanas, andaluzas, con diversidad funcional; personas que no forman parte del binomio impuesto mujer-hombre como transexuales o intersexuales; mujeres con orientaciones diversas: lesbianas, bisexuales, asexuales… Su voz debería estar incluida en el oleaje feminista, pero la realidad es bien distinta. Aún hay resistencias dentro del feminismo para transformar nuestra mirada en una mirada más inclusiva. Aún cuesta la autocrítica y el tomar posiciones más distantes para que sean compañeras atravesadas por otras opresiones diferentes a las nuestras las que tomen posiciones en primera fila. Debemos seguir remando para ser más certeras.

Andamos y construimos. Debemos aprehender(nos) en el proceso. El feminismo ha venido para quedarse pero también para desarticular(nos) y para hacer críticas que apunten directamente al corazón de nuestras propias creencias como sociedad. Después de la resaca emocional del día 8, debemos seguir trabajando. Debemos aprovechar los lazos creados en este proceso para cuidarlos. Debemos seguir haciendo lazos con otras realidades para ser aún más fuertes.

Hemos cogido la salida hacia delante

Cualquier parecido con el año pasado es casualidad o inercias. Se nos va otro año con muchas historias que contar, muchas experiencias, muchas cosas aprendidas y batallitas de todo tipo. Hace exactamente un año, escribí una metáfora de la rotonda el cual era a la vez un breve repaso a brocha gorda y reflexiones sobre cómo afrontar este 2016. Un año pasa rápido cuando echamos la vista atrás, y es momento también de hacer una valoración general de lo que hemos hecho y las expectativas que tuvimos. Comenzamos el año con una España sin gobierno, recordamos el atentado del ISIS en Bruselas y la militarización de la ciudad, la oleada de huelgas en Francia contra la reforma laboral este primavera-verano, las ZAD, la matanza de Orlando en un bar gay y en Xalapa, la temporada veraniega del trabajo precario, los incendios, el machismo en las Olimpiadas de este año, el referéndum por la paz en Colombia, el acoso policial al pueblo de Altsasu, la victoria de Donald Trump, los asesinatos de un embajador ruso y un miebro de la OTAN por investigar las fuentes de financiación del ISIS… y más acontecimientos de un mundo revuelto.

A pesar de que este año en España la política haya tenido su epicentro en las instituciones, en las calles no dejaron de haber movilizaciones. A pesar de todo, todavía queda pendiente reactivar un nuevo ciclo de luchas ya que el ciclo electoral ha tocado a su fin. Se puso sobre la mesa muchos puntos de vista acerca del sindicalismo revolucionario y la proyección que pueda tener sobre la actual coyuntura laboral, la Gestión Comunitaria como propuesta de modelo educativo es un gran avance de cara a plantear una ofensiva en el ámbito educativo en este país. No obstante, la amnistía social como salida en adelante para trabajar en el ámbito antirrepresivo no ha salido como se esperaba, ni la idea de la soberanía popular. Queda pues por consolidarse todas estas ideas y propuestas dentro de una línea estratégica enfocada al poder popular.

Vamos dejando atrás ya el seguir siendo la pescadilla que se muerde la cola o Homer Simpson incapaz de salir de la rotonda. Los tiempos han cambiado, la crisis para la clase trabajadora continuará en los próximos años y asistimos a la intensificación de conflictos armados. Sobre todo, hay que tener muy en cuenta la modernización de la ultraderecha, que utilizando un discurso obrerista y populista mezclado con el nacionalismo, están creciendo políticamente en casi todo el mundo occidental. Ante este contexto, las izquierdas que se declaren revolucionarias y más en concreto el anarquismo, tiene que saber leer los momentos y hacer política en el día a día de modo que devuelva la ilusión a la clase trabajadora, demostrando que la alternativa no la dará la derecha y que dicha alternativa pasa por la construcción del poder popular en aras de recuperar nuestra soberanía sobre todas las esferas de la vida: política, economía, sociedad y territorio. Una administración democrática, el control de la economía en manos de la clase trabajadora y los sindicatos, una sociedad basada en el apoyo mutuo, la libertad y la solidaridad, y un territorio soberano. Seguramente todo ello no llegará el año que viene, pero es un norte al que aspiramos como bases para un proyecto político revolucionario.

Para el año que viene, el activar un nuevo ciclo de movilizaciones y la consolidación de nuestras líneas políticas y estratégicas serán las claves para salir adelante, construyendo poder popular y un actor político libertario como interlocutor legítimo en la lucha de clases.

¡Feliz 2017 y que nada detenga nuestro avance!

¿Que por qué soy materialista?

Hay gente que piensa que ser materialista es ser un tipo simple que solo ve lo material o lo relaciona con el individualismo y lo superfluo. Es casi como sinónimo de consumista. No obstante, realmente no va en ese sentido. De hecho, ni siquiera le veo sentido a ese significado que le dan. ¿Por qué es superfluo lo material? ¿Acaso se es más profundo creer en espíritus, la suerte, el horóscopo o apreciar cosas aparentemente inmateriales como la literatura y el arte? Lo material, en el sentido de todo aquello que es tangible y cuantificable tal y lo conocemos actualmente, es base de toda la existencia, de todas las formas de vida y de todo aquello inorgánico presente en la naturaleza y en el Universo. Aunque, ¿es la energía materia? Allí no voy a entrar. Partiendo de la definición dicha anteriormente, y unido al materialismo histórico y dialéctico marxista, podemos afirmar que todas las creaciones humanas están condicionadas por las relaciones de producción y el régimen de propiedad sobre los medios de producción predominantes en una sociedad.

Y partiendo desde esa base, todas las formas de pensamiento, las costumbres culturales, las creaciones artísticas y literarias a lo largo de la historia… están condicionadas materialmente. No se puede concebir todo aquello sin tener en cuenta el factor de la infraestructura, es decir, las relaciones de producción. E incluso fuera de éste, los factores territoriales y geográficos también influyen sobre las costumbres de las sociedades y por ende, de las huellas que va dejando. El pensamiento es materia, la personalidad es materia, y la creatividad también, y todo ocurre en el mundo material, incluidas las ciencias formales. ¿Disfrutamos leyendo libros? ¿Escuchando música? ¿Contemplando cuadros? ¿Acaso estos ejemplos no son materiales, no solo por el medio físico sino también la información que procesamos y nos produce una serie de reacciones en nuestro cerebro?

Dejando a un lado el tema filosófico, soy materialista porque pienso que los problemas actuales y el capitalismo como sistema económico origen de estos problemas, no son productos de fuerzas sobrenaturales, ni de la existencia del bien y el mal, sino que tiene sus raíces u orígenes en la realidad material. De hecho, afirmaría que el capitalismo ha sido —y sigue siendo— fruto de la apropiación de los comunes donde podemos destacar el expolio de las tierras de las Américas, Asia y África, el saqueo de materias primas como el petróleo en Oriente Próximo o minerales en el Congo… y en los países capitalistas avanzados se traduciría en privatizaciones de los servicios públicos. Y no solo eso, este sistema necesita de un aparato político-ideológico como un Estado que mediante la ley y el monopolio de la violencia, defienda la propiedad sobre los medios de producción, y una ideología hegemónica con base en el individualismo y la competencia que justifique el statu quo.

Como hemos dicho, el capitalismo es producto de unas dinámicas que se han dado a lo largo de la historia y tiene su origen en la realidad material. Si esta realidad es dinámica, será susceptible de ser cambiada o subvertida. Los cambios que se produzcan en esta realidad depende de las relaciones de poder entre diversas fuerzas políticas y sociales que se disputan la hegemonía. Aquí es a donde quiero llegar, que por muy difícil que nos parezca actualmente un cambio en favor de nuestra clase (la trabajadora), no es imposible. El «no hay alternativa» se lo dejamos a los derroteros, pero tampoco podemos caer en falsas ilusiones ni en triunfalismos. A partir de ahora, son muchas otras preguntas que nos van surgiendo y la del millón es ¿cómo logramos este cambio o cómo lo impulsamos? Unos primeros pasos: un cambio de perspectivas y culturas militantes, unas cuantas dosis de realidad, la necesidad de trazar planes estratégicos y hojas de ruta a partir de los análisis que extraigamos de nuestro entorno, y consolidar una línea política socialista libertaria que dispute lo existente a través del poder popular.

Dando vueltas en la rotonda

Pareciese que el 1 de enero fuese ayer y a la vez mañana. Pronto este año pasará a las páginas de la historia, y siempre nos viene la vena de mirar por el retrovisor. A veces, o muchas, nos da cierta impresión de que las cosas se repiten: los Reyes, la Semana Santa, la riada del Ebro, las vacaciones de verano, la vuelta al cole y las Navidades, al igual que la rutina de siempre: levantarse, desayunar, ir al cole o al trabajo, hacer cosas, cenar y echarse a la cama, que también se repite semanalmente: madrugar en entre semanas y en los findes no dar un palo al agua. Eso es lo habitual, el relato que se repite en las conversaciones de los bares. Pero en realidad existen otras aventuras más allá de lo que se cuenta normalmente. Solemos oír, por otro lado, esa expresión de que la historia se repite, o que tropezamos dos veces (o más) con la misma piedra. Sí y no. La historia no expresamente se repite, pero sí existen ciertos paralelismos y reminiscencias, acontecimientos que nos recuerdan a sucesos pasados. En cambio, sí caemos más de una vez y repetimos errores.

Mucho ha llovido este 2015, que de refilón me vienen recuerdos como la victoria de Kobanê a finales de enero, el éxodo de refugiados sirios huyendo de la guerra, las elecciones municipales, las huelgas de las BRIF, la caída de los mercados de valores chinos, el derrame de residuos tóxicos de la minería en Brasil, los atentatos en París, el XI Congreso de la CNT, las pérdidas de Arabia Saudí en la guerra de Yemen, la cumbre del clima, las victorias electorales de la derecha en Argentina, Venezuela y Francia, las elecciones generales que han dado una situación de ingobernabilidad… Y aquí estamos, viendo pasar ante nuestros ojos otro año más con una coyuntura agitada aunque a nivel de calle se viva bastante tranquila, al menos en mi entorno cercano.

La parábola de las vueltas a la rotonda hace alusión a nuestro propio entorno político y militante. Pues todavía existen dinámicas que beben de la mitología del ’36 o de la literatura situacionista y nihilista de los ’70 o de los escritos de Stirner. Y repetimos esquemas que se están viendo inútiles, movidos por inercias, unas veces a rebufo de lo que hacen los demás y otras, siendo la pescadilla que se muerde la cola, o como aquella vez que Homer Simpson entró por primera vez en una rotonda no sabiendo cómo salir de aquella trampa de circulación rotatoria. Por suerte, estas dinámicas ya se están abandonando y cada vez hay más gente que está viendo esos problemas y trata de encontrar las soluciones. Parecerá sencillo tomar una de las cuatro salidas que suele tener una rotonda, pero lo difícil quizá sea escoger por cuál salir. Así estamos prácticamente casi toda la izquierda: además de llevar cada cual su coche, se chocan unos con otros y cambiando de carril sin poner intermitente ni ceder el paso.

Pero no todo lo llovido sabe amargo. Nos dejan un buen sabor de boca los ejemplos de los movimientos sociales: la lucha de los mineros asturianos, las Marchas de la Dignidad, las mareas ciudadanas, la PAH, diversas huelgas como las de Movistar, la de Alumalsa, la de los barrenderos de Madrid, etc. Aunque por otro lado, la deriva hacia el asalto institucional fue una salida hacia delante en un período de reflujos. Ahora que va a terminar el ciclo electoral (si es que no vuelven a convocar otras elecciones por no haber posibilidad de formar gobierno), tocará volver de nuevo a las calles. Unas calles que no están tan llenas como hace dos o tres años durante los años más activos de los movimientos sociales y el 15M.

Creo que hemos dado ya muchas vueltas y se nos acaba el fuel, así que hay que ir tomando las salidas adecuadas y tomar con decisión el camino hacia un proyecto político socialista, un modelo territorial y de país construido a través del poder popular. ¿Nos queda organizar el pesimismo? El proceso estará lleno de obstáculos y dificultades, y tenemos que romper dinámicas y esquemas repetidos que solo funcionan en coyunturas de otras épocas. Tocará mojarse, salir de nuestros espacios de confort militantes, asumir numerosas contradicciones, saber llevar a cabo tareas en espacios amplios, escuchar, ser humildes,… en definitiva, a recuperar la calle para los movimientos populares. Consolidar nuestro proyecto político y nuestras líneas estratégicas, construir pueblo y movimiento político, conquistar la hegemonía y ganar. Esta será la salida que veo más acertado tomar y así dejar atrás de una vez por todas la maldita rotonda.

Architects

Los cambios de tendencias vienen siempre primero por un cambio en sí mismo, de las circunstancias y del entorno. Seguramente, te hayas sentido alguna vez identificade con una canción porque describe algún acontecimiento importante en tu vida, y eso me pasa a mí y a muchas otras personas. En mi caso es esta canción de Rise Against titulado Architects que comparto con vosotras, cuya letra traduzco aproximadamente a continuación del vídeo con las letras en inglés…

¿Ya no quedan más luchadores ahora?
¿Somos la generación que habíamos estado esperandolos?
¿Estamos pacientemente en ascuas, esperando a ser salvados?

Nuestros héroes e iconos se han moderado con la edad
Siguiendo las reglas que una vez ellos desobedecieron
Ahora son dirigidos cuando ellos solían marcar el camino.

[Estribillo]
¿Aun crees en todo aquello
que sostuviste antes?
¿Estás ahí fuera en las primeras líneas
o en casa haciendo las cuentas?

¿Y te preocupa ser la capa
de ladrillos que selle tu destino?
¿O quizás prefieras ser el arquitecto
de aquello que podríamos crear?

Ellos diseñaron los planos, sentaron una base.
Soluciones concretas para ralentizar nuestra decadencia
pero cuando se fueron
¿Quién mierdas irá a sustituirles?

Sí, ¿serán los cínicos, los abundantes críticos?
el cliché apático, desmayado en el suelo
Ese confiado cómplice
a quien ignoran colectivamente.

[Estribillo]

¿No recuerdas cuando eras joven
y quisiste prenderle fuego al mundo?
En en fondo, sé que lo recuerdas.

¿Y no recuerdas cuando éramos jóvenes
y quisimos prenderle fuego al mundo?
Porque todavía lo soy y lo recuerdo.

No lo dudes, no tenemos miedo
de aguantar la carga de repetir lo que están pensando en todo momento
Subamos las apuestas sobre el desafío que hicimos
Decidamos ser los arquitectos, los dueños de nuestro destino.

Sí, todavía creemos en aquellas cosas
que sostuvimos antes
Y todo aquello que hemos visto aquí
quizá aún más.

Y sé que no somos los últimos
ni tampoco los primeros
Y sin arrepentimiento,
seguimos estando detrás de cada palabra.

———

De hecho, esta canción es, según un espontáneo, una respuesta a I was a teenager anarchist. Para mí, representa la superación de ese infantilismo anarquista que nada se involucra en lo político-social y es parte de una subcultura, ese anarquismo que hablaba de fuego, libertad, barricadas y revolución, que no son más que sueños húmedos de la efímera adolescencia, y que tras pasar este período, llegamos a la mayoría de edad y todas esas tonterías se nos va pasando ya que cada vez más nos vemos obligadas a buscar un trabajo para sobrevivir. No solo eso, cuando las expectativas chocan con la realidad, nos llega la frustración ya que dicha realidad es completamente distinta a las expectativas, y de allí comenzamos a desechar todo aquello en lo que habíamos creído. Aunque en el fondo mantengamos esa semilla revolucionaria, empezamos a ver las cosas de otra manera, al menos yo: menos emocionalmente y más racionalmente.

Y es que cuando tomé contacto por primera vez con el anarquismo, fue por lo subcultural y todo ese panfletarismo incendiario. Estuve un tiempo flipándome con esas tonterías e incluso llegué a tragar el discurso nihilista, aunque por poco tiempo, porque todo aquello no era más que literatura incendiaria radicaloide. Rompí con todo ello tras debates con otros compañeros y me di cuenta que la realidad es otra cosa, y que no se cambia con fuego y la vida pirata, sino a través de la lucha social y de la articulación política del anarquismo. Obviamente, las interpretaciones que acabo de hacer son plenamente subjetivas.

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