[Reseña] Sorry to bother you

Sorry to bother you es una comedia norteamericana obra del director Boots Riley. Se presentó el 20 de enero de 2018 en el festival de Sundance y se estrenó el 6 de julio en Estados Unidos recibiendo muy buenas críticas desde el principio.

Sinopsis: Cassius «Cash» Green es un joven afroamericano sin dinero que consigue un trabajo como vendedor telefónico. Con los consejos de otro veterano vendedor pronto empezará a despuntar. Es entonces cuando los trabajadores deciden crear un sindicato para combatir las malas condiciones laborales con una huelga. Cassius será ascendido dejando a sus amigos contra la empresa convirtiéndose así en un esquirol. Pronto empezará a plantearse si moralmente vale la pena todo el dinero ganado.

La película está ambientada en una distópica parodia del tardo-capitalismo en el que vivimos, con empresas que prometen una vida sin preocupaciones a cambio de un contrato de trabajo temporal de por vida para que ellos les manden a las empresas que contraten sus servicios, satirizando así sobre el papel de las ETTs en Estados Unidos. La película también toca el tema del racismo, ya que hasta que Cassius no empieza a usar su voz de blanco siempre le cuelgan enseguida pero cuando la usa las ventas empiezan porque esa voz transmite más seguridad y confianza a los potenciales compradores que la de un negro. Con esta habilidad y su carisma empieza a destacar en número de ventas sobre sus compañeros. Por eso en lugar de despedirlo por sumarse a la huelga lo ascienden a la categoría de Vendedor en Potencia, donde se dedica a vender mano de obra esclava y armas por teléfono.

Aquí aparece el plateamiento moral que es el tema principal de todo el film: ¿Se puede comprar la moral? Y si se puede, por cuanto? Cassius va aceptando cada vez propuestas más amorales por más dinero hasta que llega a un límite. En el ámbito moral también retrata una sociedad productivista moralmente enferma que interpone cualquier cosa ante el dinero y alaba al que lo hace. Una sociedad en la que  Cassius se tiene que humillar en público para poder destapar cómo la empresa que vende mano de obra esclava en forma de ETT de por vida está cruzando humanos con caballos para que rindan más y sean más obedientes, y en lugar de ser cerrada y juzgar a todos sus directivos es premiada con una gran subida en bolsa.

Es un soplo de aire fresco una película americana como esta, ya que va a contracorriente de la mayoría que ensalzan el individualismo, el patriotismo y los valores de la burguesía. A nivel militante no podemos decir que sea una película anticapitalista porque claramente no luchan por acabar con el capitalismo. Si que luchan por sus derechos como un son salario digno y el derecho a descansar, dando así una lección sobre sindicalismo. Si hay una moraleja en esta película es que la unidad de la clase trabajadora contra el Estado y el capital son la única vía.

 

 

 

 

¿Puede la clase trabajadora cambiar el mundo?

Traducción de la reseña de Ian Angus del libro «Can the working class change the world?» de Michael Yates (Monthly Review Press, 2018).

El título del nuevo libro de Michael Yates es una pregunta que todos los socialistas han escuchado muchas veces. La escuchamos por parte de los liberales, que piensan que los cambios solo pueden hacerse trabajando desde dentro del sistema. La escuchamos de los radicales, que son simplemente incapaces de imaginar a las personas que trabajan yendo en contra del sistema. Y, si somos honestos, admitiremos que cuando la actividad radical está en un período de calma y es difícil ser escuchados, a veces nos lo preguntamos también a nosotros mismos.

¿Es realmente posible que las personas que votaron por Trump o Clinton, dos caras de la reacción global, puedan algún día derrocar al capitalismo?

Si te sientes así, este libro es el antídoto perfecto. En menos de 200 páginas escritas de forma clara, muestra cómo la gente trabajadora ha cambiado ya el mundo de una manera profunda, así como lo que queda por hacer (mucho) y lo que debe suceder para que la clase obrera cumpla su potencial como fuerza revolucionaria.

Yates presenta su tesis en seis capítulos, empezando por qué es la clase trabajadora, pasando sobre por qué debe terminarse el reinado mortal del capitalismo, hasta cómo la gente trabajadora debe organizarse para obtener un cambio radical. En cada paso, ilustra sus puntos con ejemplos concretos de luchas reales en todo el mundo.

El primer capítulo sostiene que la definición formal de la clase trabajadora —todos los que trabajan por un sueldo o salario— es inútil para determinar quién puede cambiar el mundo. La policía y los guardias de la prisión trabajan por un salario, pero no están de nuestro lado. Tampoco los políticos, los ejecutivos corporativos y «otros abogados altamente cualificados y apologistas de los negocios». Por otro lado, hay millones de personas que no reciben salarios pero son parte de la clase trabajadora o aliados potenciales: aquellas cuya responsabilidad a tiempo completo es criar niños, personas desempleadas, trabajadores de la economía informal, pequeños agricultores que viven permanentemente al borde del hambre.

“En todo momento hay varios miles de millones de personas trabajando o en el ejército de reserva de mano de obra. Si se encontraran formas de organizar y unificar, por ejemplo, incluso solo al 20 por ciento de ellos, seguramente podrían cambiar el mundo».

El segundo capítulo proporciona un marco analítico para entender el capitalismo como «un sistema social hegemónico», que se basa en la explotación en el lugar de trabajo, pero que «busca dominar la mayor cantidad de aspectos de nuestras vidas como sea posible». Yates muestra que «los trabajadores son explotados y expropiados, haciendo imposible que alcancen una verdadera libertad, autonomía y vida no alienada en una sociedad capitalista «.

El tercer capítulo analiza concretamente la explotación y la opresión, y explica por qué los marxistas ven a las personas trabajadoras como agentes del cambio social. No solo considera las fuerzas que unen a los trabajadores contra el sistema, sino también las barreras (niveles de habilidad, nacionalidad, raza y género, en particular) que los enfrentan y debilitan la lucha.

El cuarto capítulo aborda un tema que incluso los socialistas experimentados a menudo descuidan, las victorias y los cambios que las luchas de la clase trabajadora ya han ganado, sobre la oposición decidida de los patrones y los gobiernos capitalistas. En ese sentido importante, las personas trabajadoras no solo pueden cambiar el mundo, sino que ya lo han hecho.

“Solo el pensamiento y la actuación radicales tienen alguna posibilidad de evitar los niveles acelerados de barbarie. Se deben forjar nuevos instrumentos: sindicatos y partidos políticos radicalmente democráticos, una ampliación de las actividades colectivas de apoyo mutuo, niveles masivos de ‘ocupar, resistir, producir’ … Llevará tiempo para una clase partida por tantas divisiones fundamentales (principalmente por raza, género y por el imperialismo) unificarse y destruir a su enemigo de clase».

El quinto capítulo demuestra que, a pesar de esas victorias, el poder del capital sigue intacto, y algunos avances importantes, incluyendo las exitosas revoluciones en Rusia y China, se han revertido. Mientras el capitalismo siga dominando globalmente ninguna victoria para la democracia y la justicia es permanente.

Al igual que el libro en su conjunto, el capítulo seis se titula ¿Puede la clase trabajadora cambiar el mundo? La primera palabra de esa pregunta es importante: está claro que los trabajadores pueden cambiar el mundo, pero ¿lo harán? Llegar de la posibilidad de hacerlo a la voluntad de hacerlo no va a ser fácil ni rápido.

En este capítulo, Yates analiza los “múltiples terrenos de lucha” que serán fundamentales para construir nuevas organizaciones basadas en la democracia y la solidaridad, y que luchen por ganancias inmediatas sin perder nunca de vista el objetivo central.

“No hay razón para que exista un proyecto político de clase trabajadora a menos que su objetivo sea la derrota del capital. Las demandas deben ser radicales y de principios, y deben ser respetadas. El compromiso táctico puede ser necesario a veces, pero nunca puede ser una estrategia».

Michael Yates ha trabajado durante muchos años como educador laboral, formando a personas trabajadoras en las aulas y reuniones sindicales en los EE. UU. Esos años le enseñaron algo muy importante: cómo expresar las ideas marxistas en un lenguaje cotidiano, sin condescendencia, sin falsas bravatas ni ilusiones, y sin indicio alguno de dogmatismo. El resultado es una excelente descripción popular de lo que va mal con el capitalismo y de lo que las personas trabajadoras deben hacer para librarse de él. Incluso si crees que sabes todo esto, deberías leerlo para aprender, gracias a un brillante ejemplo, cómo explicar las ideas socialistas en términos claros, concisos y convincentes.

«¿Puede la clase obrera cambiar el mundo?» debería encontrarse en cada librería ecosocialista. Más que eso, debería estar en manos de todos los trabajadores radicales. Es un libro para ser leído, discutido y aplicado. Michael Yates ha hecho una importante contribución a la construcción de movimientos que no solo pueden cambiar el mundo, sino que deben hacerlo.

Original en inglés: https://climateandcapitalism.com/2018/11/13/can-the-working-class-change-the-world/

[Reseña] El Chapo, la serie

Arnoldo Diaz

Antes de comenzar debo advertir que mis vicios de historiador me impiden considerar que una serie o película histórica contiene spoilers. Dicho lo anterior, si no sabes nada de la historia de Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo, y quieres vivir la sorpresa de tan peculiar biografía sugiero dejes de leer y te dirijas al servidor pirata más cercano para ver tan entretenida serie.

La historia del narcotráfico es muy larga, mucho más de lo que los medios quieren reconocer. Pero la narrativa que ha manejado el equipo de Netflix para dar un aire de conexión entre la serie Narcos y la serie El Chapo parten de un punto determinante de la historia reciente del narcotráfico latinoamericano: el asesinato de Enrique Camarena, agente de la DEA, a manos del entonces hegemónico cartel de Jalisco.

Este hecho se presenta como el punto de “quiebre” entre el gobierno mexicano y la organización de Miguel Ángel Félix Gallardo, el jefe de jefes, así como también lo fue para incrementar la presencia de la DEA en Colombia. La serie sobresale por ser sumamente directa, empezando por las identidades de cada uno de los personajes a quienes se les cambia el nombre pero la mayoría del elenco cumple con características físicas de algunos personajes públicos como los presidentes o algunos patrones del narco.

Tan directa es la serie que en la primera temporada no se duda en afirmar que Félix Gallardo y el gobierno de Salinas de Gortari (1988-1994) pactaron un acuerdo para repartir los territorios entre los diversos patrones, división que benefició al Chapo, adquiriendo unas plazas en la frontera norte del país donde desarrolló los túneles que lo hicieron famoso y millonario.

Quizá la primera temporada es la más lenta ya que muestran al Chapo en su camino como un nuevo patrón, más débil que sus adversarios, sin el apoyo del gobierno mexicano y en guerra con Tijuana. Dándonos unas cuantas anécdotas bastante terroríficas como la tragedia del Güero Palma y una de las muchas desventuras del general Acosta Chaparro (en la serie Gral. Blanco).

Pero cabe aclarar que en la serie Joaquín no es el único personaje central. El coprotagonista es Conrado Sol, en la vida real Genaro García Luna, aliado del Chapo en la guerra del Cartel de Sinaloa-Gobierno Federal vs Cartel del Golfo-Juárez-Zetas, que duraría la mayoría del sexenio de Felipe Calderón (2006-2012) periodo en el que dicho personaje se desempeñó como secretario de Seguridad Pública, conocida también como la guerra contra el narco.

La segunda temporada es dedicada a dicha guerra y no escatima en detalles gráficos y dramáticos. Sin duda la temporada mejor lograda y que más le llega al público mexicano. Cabe destacar el capítulo titulado “Los Otros”, dedicado a tres historias distintas: un estudiante reclutado, la búsqueda de una madre y el infierno de una familia campesina.

Sorprende no solo la fidelidad con la que se interpretan los sufrimientos de la guerra, la serie también destaca por su nivel de profundidad y la seguridad con la que lanzan datos claves de la historia reciente de México. Por poner un ejemplo de la segunda temporada, no dudan ni un segundo en asegurar que el Chapo financió la campaña de Felipe Calderón así como la de Peña Nieto, dinero que terminó en manos del sindicato de maestros quienes se encargaron de realizar un fraude electoral de abajo hacia arriba.

Finalmente la tercera temporada está llena de frustraciones. Temporada final de la serie, dedicada a Juan Carlos Olivas, que muestra a un Chapo poderoso, imparable, con negocios por todo el mundo y no es exageración, el imperio de este personaje era tan grande que el jugador principal de esta historia tiene que llegar a poner orden al juego. La DEA le da un ultimátum al Chapo y la verdadera prueba comienza.

Es digno de mencionar que más allá de una retórica de buenos contra malos, las series de narcotráfico en Netflix han sido construidas a raíz de múltiples notas periodísticas –que en más de una ocasión costó la vida de quien la creó- se han preocupado por resaltar el control de los negocios y la guerra en América Latina por parte del imperialismo gringo. La DEA, presente en “Narcos” y “El Chapo”, y la CIA, presente en “Narcos” y salpicada en “El Chapo” por los vínculos que en la vida real el general Acosta Chaparro con dicha agencia, son quienes ponen las reglas al juego y al primero que las rompa, ahora sí que como se dice por acá: se los carga la chingada.

Insisto, en la historia no hay spoilers y en todo caso la misma serie empieza por el final: la extradición de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera. La serie en tres temporadas muestra los acontecimientos más relevantes de este personaje, sus encuentros y desencuentros con Don Sol (Genaro García Luna), así como los conflictos entre jefes de los carteles más importantes de México, mostrando con un poco de claridad cómo se llegó a manejar el submundo del narcotráfico y la guerra.

Pero queda un vacío, que la misma serie se encarga de transmitir. El Chapo en USA, Genaro García apuntalado como candidato presidencial (cosa que afortunadamente es más ficción que realidad), pero la violencia no termina. La serie llega al 2017 pero la historia no acaba ahí. Un año más tarde arrestarían a Damaso “El Licenciado” López, cabecilla del Cartel de Sinaloa tras la extradición del Chapo. Y aún con todo el show que implican las detenciones, la violencia crece en México.

No saben cómo llamarle a la violencia, niegan las tendencias e ignoran a los grupos que se han estado peleando el territorio desde la salida del Chapo y de Damaso, los cuerpos se acumulan o desaparecen. Y aunque lo quieran negar, de manera organizada o no, esa violencia tiene nombre, se llama patriarcado y civilización.

Acercarse al tema de la necroeconomía y la necropolítica en México no es cosa fácil. Si bien la serie de El Chapo es bastante gráfica (aunque no gore), en la lectura de notas periodísticas de los años más agitados de la guerra podemos encontrar atrocidades que ni Netflix ni HBO se atreverían a plasmar. México es un país lastimado, pero también es un país con alternativas que pronto comenzarán a dar frutos. Esperamos ver pronto una serie de este otro México.

[Reseña cinematográfica] Marguerite Duras. París 1944

‘Marguerite Duras’, o ‘La Douleur’ en su lengua original francesa, es una película realizada por Emmanuel Finkiel estrenada en 2018, fue presentada en el Festival de cine francófono de Angoulême en 2017. Un drama histórico y biográfico sobre la vida de la escritora vietnamito-francesa Marguerite Duras. Este filme es la adaptación de la novela homónima ‘La Douleur’ de dicha escritora publicada en 1985. La primera parte relativa a la espera del regreso de su marido deportado y la segunda parte, relatando su relación con un agente francés de la Gestapo para obtener información sobre su marido en prisión.

Sinopsis: Al encontrar unos viejos cuadernos en una caja olvidada, Marguerite Duras recuerda su pasado. En la Francia ocupada por los nazis en 1944, la joven escritora participa activamente en la Resistencia junto con su marido, Robert Antelme. Cuando Robert es deportado por la Gestapo a una cárcel francesa y después al campo de concentración alemán de Dachau, Marguerite se embarca en una lucha desesperada para conseguir que vuelva. El final de la guerra y el regreso de los prisioneros suponen para Marguerite el comienzo de una espera insoportable, una agonía lenta y callada en medio de la algarabía en las calles parisinas por la Liberación.

Su obra novelística es una colección de historias parcialmente autobiográficas, y también con dosis de ficción en parte inventadas, pero que describe perfectamente los sentimientos de las familias de refugiados y deportados en plena Segunda Guerra Mundial. Su esposo, Robert Antelme, publicó la historia de su deportación en su libro ‘L’Espèce humaine’. Ella fue acusada de mentir para soportar su dolor y recuperar a su esposo. Se le reprochará haber arreglado la realidad a su manera, pues su historia también es la del desamor, ya que una vez liberado su marido, ella marchó a convivir con su amante, también antiguo miembro de la Resistencia francesa. Al contrario que el mito de la ‘buena esposa’, ella fue una compañera incansable hasta volver a ver vivo a su esposo y regresar a su hogar, pero el drama de la guerra no la obligaba a tener que perpetuar una relación sentimental que ya estaba más que finalizada, y que cualquier intento de mantenerla viva hubiera sido pura compasión y obligación moral de lo que se esperaba de ella como mujer.

Es una de esas películas francesas de época que no dejan indiferente, porque tras muchísimas obras cinematográficas de pura acción bélica en el marco de la Segunda Guerra Mundial, pocas centran el relato en una temática tan particular como el dolor y la espera agónica de los deportados, la liberación de los campos de concentración que dejó a miles de personas abandonadas a su suerte con un pijama de rayas y un número de presidiario. El final de la guerra también fue el principio del caos para las comunidades sociales que lucharon y padecieron las batallas en su territorio, habiendo resistencia el objetivo era claro, acabar con el ocupante nazi, sin embargo, una vez finalizadas las operaciones militares, la reconstrucción del tejido social, el descubrimiento del terror causado y la verdad del destino de miles de luchadores dejaron decenas de miles de historias particulares. No es nada sencillo darle forma cinematográfica a una obra que retrata una época de confusión de tiempos e identidades.

Una excelente adaptación dando a conocer a la mujer, pero también una mirada sobre la Segunda Guerra Mundial, se elabora un guión narrativo que engancha y sobre todo nos emociona a través del elemento literario de la voz en off. Es un filme de impronta intensa, que nos muestra la angustia y la desesperación en tiempos de guerra, pero sin recrearse en una emocionalidad abusiva, es un ensayo atractivo convertido en obra cinematográfica. La historia de Marguerite Duras es parcialmente ficticia porque incluyó detalles inventados a la hora de escribir su novela autobiográfica en base a los escritos y cartas de la época. El escritor Finkel hace lo mismo dando su toque personal y construyendo la película en dos etapas: antes y después de la liberación de París, elaborando un metraje largo pero de un ritmo intenso.

La dolorosa e incierta espera que narra este filme es un precioso documento histórico cinematográfico nada desdeñable, a pesar de que el conflicto de la Segunda Guerra Mundial sea uno de los más llevados a la gran pantalla en toda la historia del cine.

[Reseña cinematográfica] El hombre que mató a Don Quijote

The Man Who Killed Don Quixote —traducido literalmente en español como El hombre que mató a Don Quijote— es una película británica de género fantástico y aventuras dirigida por Terry Gilliam. Inspirada en la popular novela Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra, la película fue iniciada en 1998 pero tras diversos reveses de producción y tras ocho intentos de rodaje fallidos a lo largo de diecinueve años, fue reconocida como una de las producciones más infames del séptimo arte. Después de diecisiete años de producción, la película se estrenó el 19 de mayo del 2018 cerrando el Festival de Cannes de ese mismo año.

Sinopsis: Narra la historia de un anciano convencido en la actualidad de que es Don Quijote y que confunde a Toby, un ejecutivo publicitario, con su fiel escudero, Sancho Panza. La estrambótica pareja de personajes se embarca en un viaje extraño, con saltos hacia atrás y adelante en el tiempo, entre el siglo XXI y el siglo XVII. Poco a poco, Toby, como el caballero de la triste figura, se va contagiando de ese mundo ilusorio incapaz de separar sueño y realidad.

La etapa de preproducción se inició a finales de los noventa con un presupuesto inicial de $32 millones de dólares y con Jean Rochefort, Johnny Depp y Vanessa Paradis en los papeles estelares. El rodaje comenzó en Navarra en el año 2000, pero tras graves problemas durante la grabación, entre ellas la destrucción del equipo de filmación en una inundación, el retiro de Rochefort del proyecto debido a enfermedad, problemas con la aseguradora de la película y otras dificultades de financiación, el filme fue cancelado. El épico intento por grabar la película fue compilado en un documental bajo el nombre Lost in La Mancha, estrenado en 2002. En un intento en vano, el director Terry Gilliam trataría de revivir el proyecto nuevamente entre los 2005 y 2015, sin embargo fracasó nuevamente.

Un año más tarde, Gilliam anunció que las grabaciones se reiniciarían en octubre de 2016 pero el proyecto fracasó una vez más debido a la imposibilidad del productor Paulo Branco de encontrar fondos para la filmación. ​ En marzo de 2017 las grabaciones comenzaron por primera vez en 17 años, esta vez con Jonathan Pryce como Don Quijote. El 4 de junio, Gilliam anunció vía redes sociales que el rodaje había concluido. En este año 2018 ha sido estrenada esta película a la que ha perseguido durante demasiados una maldición, o más bien los obstáculos habituales en su conjunto de la industria cinematográfica.

Es una película que ha recibido críticas generalmente intermedias cuando no negativas, calificándola de fiasco o de obra cinematográfica que nunca debió producirse, debido a sus múltiples fallidos intentos desde hace casi una veintena de años. Este gafe ha perseguido a la película desde sus inicios, y sin embargo, el resultado no es tan malo como las críticas afirman. La idea es profundamente original, desarrollada al más puro estilo de Terry Gilliam, con viajes temporales y realidades imaginarias, una narración repleta de excentricidades y estupendas locuras para contarnos una historia fiel al espíritu de ‘Don Quijote de la Mancha’. La superposición de la realidad actual con un imaginario histórico, permite situar escenas anacrónicas cargadas de fina crítica social a la realidad del presente.

El batiburrillo de ideas grotescas  se va desarrollando desde un inicio prometedor hacia un final convenientemente resuelto con espíritu quijotesco y gran audacia. Las imágenes y las escenas son muy ricas a la hora de mostrarnos una deformación carnavalesca de la realidad actual, nos invita a sumirnos en la locura a la que pretende acercarnos su director. La muerte de Don Quijote de la Mancha supone el cénit a esta enajenación cinematográfica.

Esta tragicomedia molida a palos por la crítica, no ha sido en absoluto valorada ni entendida, imprime un estupendo ritmo de flash-back iniciando una aventura metaficcional y elaborando un digno homenaje a la figura de El Quijote. Se encuentra  mucho más cerca del verdadero Quijote que otras adaptaciones menos arriesgadas que se conformaron con una prudente narrativa lineal, ya que ha costado tanto terminar de realizarla al menos Gilliam ofrece una película distinta. También debe reconocerse la labor de vestuario, caracterización, fotografía y escenarios, y sobre todo la obsesión de Gilliam por acabar una obra que parecía inacabable en la que hay aventura entretenida y un mensaje contra la sociedad frívola, interesada y cobarde.

 

 

[Reseña cinematográfica] The florida project

The Florida Project es una película dramática estadounidense del 2017 dirigida por Sean Baker y escrita por Chris Bergorch. El filme muestra la cara amarga de la sociedad norteamericana desde la visión de unos niños. Sean Baker nos narra la miseria en la que están sumidos muchos estadounidenses bajo la mirada inocente pero consciente de unos niños, que solo piensan en pasarlo bien.

La película se estrenó en el festival de Cannes de 2017 y fue elegida por el National Board of Review y el American Film Institute como una de las diez mejores películas del año. Obtuvo la nominación a los Premios Oscar y los Globos de Oro, por la actuación de Willem Dafoe como mejor actor de reparto.

Sinopsis: Una niña de seis años y sus amigos pasan el verano en un pequeño motel muy próximo a Disneyworld, en Orlando, mientras sus padres y el resto de adultos que les rodean sufren aún los efectos de la crisis económica, sumidos en la pobreza a la que se ven forzados por la situación social.

Por su carácter independiente y social alejado del clásico cine estadounidense, ha recibido críticas muy favorables. Narra un drama social que no pretende caer en efectismos cinematográficos, sencillamente nos muestra la vida de muchas personas estadounidenses que sobreviven en la miseria, bien de la beneficencia, o bien de trabajos precarios, como la venta ilegal de productos, e incluso la prostitución. Una realidad a la que no estamos acotumbrados a ver reflejada en el cine hollywoodiense, un guión con impronta propia que no exporta la cultura yankee a través de los momentos más idílicos de una vida perfecta, sino la más cruda realidad y momentos de mayor dureza social.

Comienza desenvolviéndose con soltura en forma de comedia con las travesuras de los críos, pero paulatinamente nos introduce en un mundo de desesperaciones, de miseria social y sobre todo de represión a todos los niveles: económica, social, cultural… la vida de una madre soltera joven que no cumple con las expectativas morales estadounidenses que se la exigen. Es el sistema social quien la condena a una vida de miseria, y es el mismo sistema quien la reprime por su pobreza. Un filme magnífico que recuerda casi a una narración documental, con un planteamiento muy ingenioso, mostrándonos cada una de las escenas siempre desde el punto de vista de los niños. Una mirada desde la infancia, y no por ello inocente, pues los críos en todo momento son receptores de la situación social que deben vivir junto a sus familias. La Norteamérica más profunda narrada de manera conmovedora.

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