El retorno del haz de lictor

Hay a quienes hoy en día la idea de un nuevo resurgimiento del fascismo les pareciere una idea ridícula. Lo vencimos, lo erradicamos. Perseguimos a las tropas alemanas hasta el Nido de Águilas, Hitler se suicidó y Mussolini fue colgado por partisanos italianos. Lo vencimos. Entonces vino la democracia, la libertad, los derechos civiles, la derrota del bloque soviético, el fin de la historia, en palabras de Fukuyama, líder espiritual de los neocon.

Nuestro país, más que ningún otro, debería conocer la mentira que todo ello supone. Durante treinta años se mantuvo aquí un régimen de base fascista sin que eso supusiera conflicto alguno con los regímenes demoliberales de su entorno. La relación entre fascismo y Gran Capital ya ha sido de sobras demostrada, nombres tan conocidos como Hugo Boss, Volkswagen, Fiat o Banesto aparecen completamente asociados durante el dominio de los fascismos. Todos ellos son líderes en sus respectivos sectores económicos.

¿Cuál es exactamente esta relación? La historiografía burguesa, es decir, la historiografía de los Estados demoliberales que ganaron la segunda guerra mundial, a menudo explica el fascismo, o su variante nacional-socialista, como producto del empoderamiento de un psicópata. Todos hemos oído esa historia: Hitler, un loco con carisma obsesionado con la supremacía aria, logra engañar al pueblo alemán y hacerse con el poder, tras lo cual desarrolla sus planes de supervillano de la edad de oro del cómic norteamericano.

No afirmo, y menos aún teniendo en cuenta su autobiografía, que Hitler fuera lo que entendemos por una persona libre de traumas psicológicos. Sin embargo, su llegada y, sobre todo, su permanencia en el poder no se explican si no se tienen en cuenta el sostén que supuso para su partido la gran burguesía alemana a partir de los años treinta. La cuestión de cómo este sector social acabó dando su apoyo al fascismo, cosa que no solo hizo en Alemania, sino también en Italia y España, se explica con facilidad.

Todos los países en los que el fascismo triunfa tienen varios elementos en común: la descomposición del orden capitalista, especialmente de sus relaciones productivas y de mantenimiento del Estado, la agudización de la lucha de clases y el inevitable fracaso de otras salidas. Es decir, estos países se encontraban en una situación que posibilitaba el triunfo la revolución social de la clase trabajadora. La alta burguesía, atemorizada, cierra filas en torno a los movimientos fascistas con el objetivo de fortalecer hasta el máximo el Estado burgués, unificar a la clase capitalista y liquidar el movimiento obrero revolucionario.

Volviendo al ejemplo de Alemania. Tras la primera guerra mundial Alemania se sume en una crisis producto del endeudamiento que supone la guerra y el debilitamiento tanto del Estado como del ejército. Ante esta crisis la burguesía acaba por partirse y el movimiento obrero se torna revolucionario, protagonizando la formación de consejos y levantamientos populares. Es aquí cuando aparece la socialdemocracia como salida, como pacto de clase entre la clase obrera y la burguesía. Desde el punto de vista de los socialdemócratas, una retirada pactada de la burguesía que dará paso, gradualmente, al socialismo, a la república de los trabajadores. El fracaso de la socialdemocracia alemana de solucionar la crisis del capitalismo, al ser ésta una crisis solo salvable por la revolución de la clase trabajadora, fue lo que aupó al poder al Partido Nacional Socialista. Se ha hablado mucho de la matanza de seis millones de judíos pero muy poco de la persecución que sufrieron los elementos revolucionarios del pueblo trabajador. No digo con esto que lo primero no sea relevante, pues el señalar un mítico  enemigo es el recurso del fascismo para crear un pensamiento único que le permita unir y, en definitiva, subordinar al pueblo al Estado corporativista.

Sin embargo, la destrucción del movimiento obrero es su principal raison d´etre. Solo tras ello pudieron  refundarse, tras la segunda guerra mundial, los regímenes demoliberales en Europa occidental. Volviendo a la cuestión introducida más arriba. ¿Es posible en la actualidad el resurgimiento del fascismo? Lo cierto es que nos encontramos en una crisis que recuerda en cierta medida a la crisis del período de entreguerras. La situación de España o Grecia, endeudadas ante el imperialismo europeo no está muy alejada de aquella República de Weimar, igualmente endeudada ante Francia y Reino Unido. Con todo, las fricciones sociales y la agudización de la lucha de clases aún no ha llegado, menos todavía en España, al nivel de entonces. Mientras esto sea así lo que vamos a ver es la imposición de las salidas pactadas. Aquí distinguimos dos posibles salidas. Por un lado, puede darse (y, de hecho, se está dando) la formación de un Estado autoritario al estilo de la dictadura Primorriverista o del Estado Novo portugués. Las instituciones del régimen demoliberal se tambalean, se forma entonces un gobierno de concentración, se resta importancia al parlamento y se refuerza el aparato represor del Estado, mientras se pretende buscar el pacto con ciertos sectores del movimiento popular (no olvidemos aquí el pacto que se da entre Primo de
Rivera y la UGT o el apoyo del Partido Socialista a la monarquía Italiana). Todos estos elementos los estamos presenciando actualmente en Grecia, España o Italia.

Ocurre, sin embargo, que la salida del Estado autoritario puede no llegar a solucionar las tensiones sociales generadas por el capitalismo en crisis. Aquí es cuando puede producirse la segunda salida, producto de la división de la burguesía y del pacto entre los sectores progresistas-liberales de la burguesía y el movimiento obrero. Es la salida que proponen Syriza en Grecia o Izquierda Unida en España, la configuración de una socialdemocracia. Cuando, repito: inevitablemente, la socialdemocracia Alemana fracasa, cuando fracasa la república de la izquierda burguesa en España, en sus proyectos de alianza de clase es el momento en que, temiendo la revolución obrera
(única salida posible a la crisis del capital) la alta burguesía pasa a dar su apoyo a los fascismos.

Debemos entonces estar advertidos. Ningún pacto de clase es solución a la crisis, ésta solo puede lograrse mediante el triunfo total de la clase obrera, la eliminación del Estado burgués y la imposición de un nuevo orden económico, social y político basado en la libre organización del pueblo trabajador, en la descentralización de la economía y, en definitiva, en el avance del socialismo. Quienes defienden cualquier forma de pacto de clase están defendiendo no la solución al problema del capitalismo, si acaso su prolongación, que solo facilita la posibilidad del resurgimiento del fenómeno social que es el fascismo. Un triunfo de Syriza en los próximos años podría significar, no mucho después, un triunfo de Amanecer Dorado, ya fuera electoral, mediante una tranquila «marcha sobre Roma» (la socialdemocracia tiende a desarmar a la clase trabajadora) o bien mediante un levantamiento violento. A no ser, claro está, que esto sea impedido por el pueblo griego. Paralelo sería el caso de España, si el bipartidismo se descompone y triunfa Izquierda Unida, ¿cuánto tardaría la burguesía en apoyar a un movimiento de carácter fascista? La revolución es la única salida posible. Trabajemos pues, los revolucionarios, en facilitarla y, para ello, necesitamos construir un pueblo fuerte. Solo así es posible el definitivo triunfo ante los haces de lictor.

Fran.

Ensayo contra la conspiranoia

Prefacio

La crítica hacia el conspiracionismo -o la conspiranoia- va dedicado especialmente a aquellas personas que están integradas en algún movimiento social, especialmente hacia los libertarios, que por falta de formación política u otros motivos, vieron atractiva la conspiranoia y se adentraron en indagar en dichos laberintos. El contacto del anarquismo en concreto con la conspiranoia resultaría nocivo, convirtiendo un movimiento político-social en una suerte de pseudo-movimiento centrado en debates de salón, pues desvirtúan el funcionamiento del actual sistema económico y político atribuyendo a que todo está planificado por unos poderes ocultos superiores a nuestra especie. Ello ocasionaría una incapacidad de ofrecer análisis ajustados a la realidad social para poder incidir en ella, lo que quedaría en un anarquismo de salón totalmente inocuo. Pese a que este problema no es expresamente relevante, pues dentro del anarquismo hay todo un espectro de ramas que para bien o para mal pudieren ser más un obstáculo que una renovación, considero igualmente interesante hacer un análisis y llevar a debate este tema, pues la conspiranoia constituye una trampa para aquellos con pocos conocimientos sobre las ciencias sociales y tiendan a caer en el morbo que contienen ciertas teorías.

¿Qué es?

El conspiracionismo, teorías de la conspiración o conspiranoia trata de una serie de teorías propagadas a través de documentales o blogs por la red cuyo contenido abarca, principalmente, desde “sociedades secretas que dominan el mundo» hasta la “existencia de OVNIs y aliens”. El mensaje consta de una serie de afirmaciones con bases argumentales poco rigurosos que nos presentan dichos fenómenos como verdades indiscutibles. Su discurso consta de la simplificación de la realidad entre un grupo minoritario y apoderado que tiene prácticamente todo el control del mundo y la mayoría de subordinados insignificantes condenados a ser meros objetos.

La propagación de estas teorías se realiza a través de la red de manera anónima o citando fuentes cuya procedencia resulta dudosa. En ocasiones se utilizan verdades a medias y parten de discursos tomados desde la izquierda. Podemos destacar por ejemplo, las conspiraciones sobre el Club Bilderberg, en donde se juntan los personajes más influyentes (grandes empresarios, inversores, banqueros, financieros y personajes políticos) en reuniones secretas en las cuales toman decisiones sobre la trayectoria de la economía mundial. No es nada nuevo, aquellos que tienen gran poder económico tienden a reunirse para conocerse mejor, saber cómo han llegado hasta esas posiciones y qué estrategias a seguir para perpetuar el dominio, mantener los beneficios o acceder a más cuotas de poder.

Cualquiera con un poco de sentido crítico sabe que los medios de comunicación al servicio del capitalismo manipulan y tergiversan la realidad mostrándonos sólo la que ellos quieren que veamos porque dichos medios son empresas en las cuales los accionistas que invierten en ellas toman las decisiones que les beneficien. También sabemos que lo que llaman “sistema educativo” no es más que una simple herramienta hecha para adoctrinar a las nuevas generaciones para que sean sumisos, poco problemáticos y fieles seguidores de los dogmas neoliberales para ser “competitivos” en los mercados laborales. Ahora más que nunca, la ofensiva neoliberal sobre el sistema educativo se está realizando a pasos agigantados, tratando de convertir las escuelas y universidades en un negocio. Todo ello responde al mantenimiento de la hegemonía del sistema capitalista, lo que da como consecuencias la interiorización del individualismo burgués y narcisista, la insolidaridad, el rechazo del conocimiento, etc… No responde expresamente a los intereses del poder a controlar totalmente las vidas de la gente, en otras palabras, a instaurar un totalitarismo orwelliano.

Origen

Éstas teorías teñidas de “revolucionarias” son discursos que provienen, en la mayoría de los casos, de los llamados libertarians, un colectivo con una ideología proveniente de EEUU que se considera conservadora a pesar de que rechaza la regulación de la economía por parte del Estado y tienen un partido, el Partido Libertariano. Tiene conexiones con la Escuela de Chicago y las doctrinas de Friedman sobre la economía, diferenciándose de la Escuela de Austria en que éstos no defienden la extinción total del Estado sino que su papel se relegue únicamente a su función represiva, es decir, manteniendo los cuerpos policiales, de inteligencia, el Ejército, el sistema judicial y las prisiones. Dicha ideología defiende la propiedad, las libertades individuales y la no regularización del mercado y critica la intervención de un gobierno en la economía alegando que éste lo corrompe. Además tienen vinculaciones con grupos nazis y patrióticos al mencionar a judíos o judeomasones de la dominación y de tener fines perversos. También se les puede llamar “anarcocapitalistas”.

Si quisiéramos indagar más, al buscar información sobre los teóricos de la conspiración, nos damos cuenta de que son conferenciantes que viven de ello, vendiendo esas teorías como un simple producto. Para colmo, a ellos se le unen toda una pandilla de reaccionarios y conservadores que utilizan ese discurso pseudorrevolucionario y simplista para captar adeptos.

El elemento discursivo

No solo hay que analizar el contenido del mensaje sino también la forma en que se transmite. La comunicación verbal y audiovisual es el medio por el cual se transmiten los pensamientos y por eso resulta importante analizar de qué manera nos intentan persuadir.

Analizando un poco el material audiovisual, cualquiera que haya visto películas o haya estudiado audiovisuales, notará una clara manipulación de los vídeos. Las técnicas utilizadas generalmente consisten en mezclar imágenes impactantes y efectos especiales propios de las películas de ficción con música apocalíptica y preguntas retóricas apuntando a que cuestione la realidad. Luego pasa a dar datos, una vez que el espectador haya caído en la trampa de haber sido manipulado y, fruto de la incertidumbre inducida, acaba por asimilar acríticamente lo que se dice. Lo que transmiten esos pseudodocumentales, acompañados de testimonios de gente simpatizante de las teorías de la conspiración o cortes de otros discursos, pueden ser desde tergiversaciones de la historia hasta verdades a medias y falacias que no encuentran la resistencia del individuo para ser asimilados.

En primer lugar, casi la totalidad de textos se nos presentan en forma de noticia para atraer la atención del lector utilizando títulos breves expresando algo impactante utilizando frases cortas y directas acompañado de anglicismos y otras palabras o expresiones que hacen referencia a organizaciones secretas, oscurantismo, ocultismo… que mantienen a lo largo de todo el escrito. Luego, en la introducción encontramos un párrafo (o algunos más) que nos ‘invita’ a que sigamos leyendo ya que a primera vista nos venden hechos ciertos. En el cuerpo de la noticia, los datos y argumentos que dan son una mezcla de datos reales y falsos combinados con verdades a medias e incluso utilizan el discurso de la izquierda para darle “un toque revolucionario”. Sobre todo hay que resaltar que en todos sus artículos siempre señalan como culpables de todos los males a un enemigo común claramente marcado: Illuminatis, reptilianos, Anukis…

Éste es el mismo método que usa la ultraderecha para convencer, atraer y unir a las masas con el pretexto de luchar contra un supuesto enemigo con fines oscuros y perversos. De hecho, una de sus principales reliquias es la táctica de «decir lo que la gente quiere oír». Un ejemplo de ello sería que, ante algún escándalo de corrupción o una crisis económica, se aprovechen para lanzar piedras y esconder la mano, soltando su verborrea de que todo ello tiene relaciones con «poderes ocultos» que lo han planificado todo hasta el más mínimo detalle, cuyos intereses son controlar la población y exterminarnos. Finalmente, dan un discurso esperanzador que consiste en que “despertemos”, veamos “la realidad de las cosas” que nos han expuesto, etc para dar la sensación de que hay unos salvadores al que debemos seguir por habernos mostrado una supuesta verdad. Lejos de ello, solo nos induce inconscientemente a que nos sumerjamos más en sus trampas.

Debido a la gran cantidad de material existente y a la falta de pluralidad, el individuo que caiga en esas teorías quedará reducido a la impotencia, su capacidad crítica y de generar una opinión propia se pierde así como la reflexión y la autocrítica. La consecuencia de ello es que el individuo termina por sacrificar sus propios pensamientos, sustituyéndolos por las teorías de la conspiración y haciendo de esas teorías como si fueran propias, cuando en realidad son impuestas. Por tanto, se verá incapaz de articular una respuesta fuera de los esquemas marcados y se limitará a reproducir el discurso conspiranoico.

Análisis erróneo de la realidad social

Dentro de la conspiranoia existen diversas teorías que intentan explicar la realidad. Unas están basadas en supersticiones y misticismo como la existencia de ‘conciencias superiores’ que manejan los hilos del mundo, la dinámica de energías en el universo o similares. Otras, algo más materialistas, apuntan a sociedades secretas y razas superiores alienígenas que han ido manejando la historia desde el comienzo de la humanidad. Lejos de ello, nuestra historia ha ido transcurriendo sin intervención de ningún ser superior y el rumbo que fue tomando responde más a la aleatoriedad que al determinismo, aunque no toda la realidad actual sea fruto íntegro del azar sino que ha sido el resultado de conflictos sociales en el pasado que se traducen mayormente en disputas por el poder, las rebeliones populares y las revoluciones sociales.

El gran error del análisis de los conspiranoicos es su simplificación de la realidad social en una gran masa uniforme de dominados y una élite todopoderosa que maneja todos los hilos, como si de un totalitarismo encubierto se tratase. Sin embargo, la complejidad de la actual realidad social desborda considerablemente todo lo que puedan decir los conspiranoicos. Una de las características más relevantes es que no mencionan el concepto de clase social y la conciencia de clase, surgida hace dos siglos a raíz del desarrollo del socialismo marxista, que hoy en día siguen vigentes debido a que el capitalismo sigue en pie y que hoy denominamos ‘neoliberalismo’ como su nueva etapa. Este sistema económico y político hegemónico no está planificado por una élite sino que es resultado de la evolución histórica en el cual, tras la derrota del movimiento obrero después de la II Guerra Mundial y la caída de la URSS, este sistema económico tuvo vía libre para conquistar nuevos mercados y por tanto, consolidarse como el sistema dominante en todo el mundo, que en cierta medida, también fueron decisivas las teorías económicas de la Escuela de Chicago para la expansión y consolidación del neoliberalismo.

La destrucción del medio ambiente, el deterioro de la calidad de los alimentos, la industria cárnica, las aguas contaminadas con flúor, los transgénicos, las guerras, la lobotomización de la sociedad, los recortes en derechos, las reformas laborales… son consecuencias de anteponer el máximo beneficio privado por encima de todo lo demás, responde a la necesidad de estar manteniendo, expandiendo, diversificando y conquistando nuevos mercados porque si se renunciara a ello, el neoliberalismo acabaría colapsando ya que necesita continuamente de la creación de nuevas necesidades por la iniciativa privada para que el dinero siga fluyendo. No obstante, aquí los conspiranoicos señalan que todo ello son planes de una supuesta élite (sean reptilianos, Illuminatis o los vecinos de Marte) para controlar a la sociedad y/o exterminar gran parte de la humanidad.

Sin embargo, cabe señalar ciertos puntos en que hay información cierta como algunos casos de Monsanto o relacionados con la medicina y la salud pero mayormente los acompañan con su habitual discurso apocalíptico de que existen planes perversos contra la humanidad y los evangélicos mensajes como que tenemos que despertar.

En todo caso, existen también un gran abanico de teorías dentro de la conspiranoia que ofrecen puntos de vista diferentes, aunque no tanto, pero en la mayoría de los casos siempre acusa a que todo es manipulado por poderes ocultos, incluyendo al movimiento 15M, DRY, entre otros, en el cual algunos llegaron a calificarlo como «anarcocapitalistas». Prácticamente todos los conspiranoicos carecen de conciencia política y de clase, olvidando que la raíz del problema es el sistema capitalista, los Estados que los mantiene y la ignorancia en que está sumida la mayor parte de la sociedad.

Inocuidad para el sistema e inoperancia

¿Por qué no existen presos conspiranoicos? ¿Por qué no existen casos de represión hacia ese colectivo? Precisamente porque son inofensivos. Al carecer de medios materiales que permita la organización de quienes tengan en común esas ideas ni una base teórica para la praxis, no pueden ocasionar daño alguno al sistema. La inoperancia práctica de los conspiranoicos reside principalmente en el análisis erróneo de la realidad y al no saber qué métodos existen para combatir a la supuesta élite que ellos mismos creen, son incapaces de organizarse y quedándose en la difusión de la información a través de la red o en raras ocasiones, a unirse a alguna manifestación. Pero lo que más destacamos es la carencia de estructuras organizativas, de una conciencia política y del sectarismo en el que están envueltos.

Incompatibilidad

Pero ¿por qué no son compatibles el conspiracionismo con los movimientos sociales? Sencillamente porque hay demasiada documentación y material visual difundida de manera anónima y a través de la red cuyos fines no están claros o de dudosa procedencia, además de utilizar métodos opacos en la transmisión de información y en muchos casos de manera sucia, recurriendo al miedo. Por tanto, debido a que hay infinidad de material, desvía la lucha y la lleva a los debates de salón de cuyas discusiones no es posible sacar algo útil, productivo o creativo de cara a la elaboración de estrategias para dar el salto de la teoría a la praxis. De hecho, las teorías de la conspiración carecen totalmente de aplicación práctica, siquiera son capaces de crear estructuras orgánicas que sirvan como herramienta para la lucha. Es más, presentan un enemigo tan lejos del alcance de la población y tan poderoso que se limitan en ir a rebufo de las actuaciones de los poderes ocultos que manejan los hilos. Así pues, por desconocimiento de la complejidad que ha adquirido el sistema económico actual, se crean muchas visiones falsas y simplistas que acaban siendo difusas, ocultando el verdadero problema de este sistema que es la explotación del ser humano por el ser humano, producto del capitalismo y la sociedad de clases.

Ciertamente, no podamos comparar la trayectoria que ha seguido el anarquismo a través de la historia, desde sus orígenes hasta el panorama actual, con la conspiranoia porque el anarquismo no solo es una ideología política sino también una alternativa antiautoritaria posible que se pudo realizar y cuyos principios siguen vigentes hoy en día. Mientras, la conspiranoia no es más que una serie de teorías de nula aplicación práctica. Otra de sus reliquias es que la gran mayoría son gente cerrada que solo cree lo que reproducen otros conspiranoicos y los tienen como única fuente de información, llegando a desconfiar de los medios de contra-información.

Por ello, la contaminación del anarquismo por esos sectarios constituye un gran obstáculo a la vez que distorsiona nuestras teorías, y puede que en ocasiones, hasta la práctica.Dentro del conspiracionismo no existe ningún discurso relativo a la articulación de respuestas sociales, ni la creación de organizaciones que sirvan como herramienta para la acumulación de experiencias en las luchas y un punto de encuentro de gente afín, sino que solo se paran a señalar “lo malo que son los que tienen el poder”, teniendo la cara además de criticar otros movimientos sociales como el 15M diciendo que están controlados por el poder, sin siquiera los conspiranoicos saber cómo tomar decisiones en asamblea, sino que se quedan en seguir a rebufo de las supuestas «acciones de los poderes ocultos/sociedades secretas/etc». Y así, mientras éstos se queden en debates de salón, a nosotros nos toca levantarnos y constituirnos como una alternativa política real con presencia en la clase trabajadora, lejos de inmediatismos, la autorrealización personal y la estética; comenzando siempre por la formación teórica de los militantes  que nos permitirá construir estructuras organizativas estables para poder llevar a cabo la acción social, utilizando la organización anarquista como herramienta material para la transformación.

Nota: este artículo-ensayo fue publicado en Sección Libertaria, pero a raíz del cierre de mi blog, he decidido rescatarlo y publicarlo aquí, eso sí, con algunas modificaciones.

La represión como estrategia eficaz. La resistencia como actitud necesaria.

En las últimas semanas hemos visto cómo la represión estatal ha aumentado en muchos puntos del planeta. Los estados griegos y español sean seguramente los casos más obvios, pero podemos identificar las mismas dinámicas a lo largo y ancho del planeta. Desde que irrumpiera la crisis financiera—global y sistémica—en el año 2008, los movimientos sociales de todo el mundo han venido agitándose, atrayendo cade vez a más personas y radicalizando a grupos ya existentes en localizados puntos del planeta.

No obstante, la represión es una condición sine qua non para la existencia de cualquier estado; el control de los grupos disidentes y las dinámicas de disuasión que persiguen la reproducción institucional son elementos fundamentales para la preservación de un modo organizativo tan artificial como el estatal. De esta manera, encontramos sonados casos de represión en los últimos tiempos: desde les 5 del Primero de Mayo—compañeres de Seattle acosades por el FBI—, pasando por las detenciones políticas de anarquistas en Grecia, hasta el despliegue policial en el CSOA La Traba el otro día en Madrid. Y la cosa va a más, porque cada vez estas actuaciones policiales son más recurrentes y, sobre todo, más intensas—sino que se lo digan a Alfon.

Todo esto sigue una lógica de reproducción estatal: los estados necesitan de legitimidad para existir—existencia que se da, entre otras cosas, por el principio de soberanía—y la legitimidad se consigue, entre otras cosas, repartiendo leña a les que se oponen a la realidad imperante. ¿Cómo funciona esto de «repartir leña»? Muy sencillo: primero se criminaliza a un colectivo que molesta, y después se aplica «todo el peso de la ley.» Así de simple. ¿Y cómo se criminaliza a la gente que discrepa? También es sencillo: mintiendo, manipulando, y controlando la opinión pública a través de los grandes medios de (des)comunicación.

Sin embargo, cualquiera con un poco de perspicacia puede ver que en la Red la sociedad civil se posiciona cada vez más con aquellos colectivos que sufren la criminalización estatal. Y es que las mentiras y las manipulaciones no funcionan tan bien en Internet—que es un medio mucho más libre y abierto que los canales convencionales de comunicación. Pero ojo, Internet funciona como un arma de doble filo: por una parte, ayuda a desmentir todas las patrañas que los estados nos intentan meter en la cabeza, pero por otra parte Internet puede reforzar manipulaciones ya inculcadas.

Un caso de manipulación-ya-inculcada es la desconfianza que se tiene en el Estado español a los black blocs—desconfianza que, por otro lado, no es exclusiva de nuestra región. Se empeñan en meternos en la cabeza que cualquier persona encapuchada trabaja «de tapado» para la policía. En el menor de los casos, a la persona encapuchada se la estigmatiza de «rabiosa radical»—negándole inteligencia y raciocinio. Les anarquistas somos les que más sufrimos este tipo de criminalización, la cual, es interiorizada incluso por colectivos «de izquierdas» y progresistas—aunque, después de todo, ¿quién pensó que la «izquierda» reformista estuviera en contra de las patrañas estatales?

Sea como sea, en todos los casos de represión estatal el ingrediente común es el miedo. Crear miedo funciona. Y es extremadamente sencillo. Basta con detener arbitrariamente a una quincena de activistas pacífiques para sembrar incertidumbre en los colectivos menos involucrados. Basta con desalojar una okupa para meter el temor en el cuerpo a todo un grupo de activistas anteriormente involucrados. Es verdad, en muchas ocasiones esto juega a nuestro favor, pues la represión puede ser motivo de refuerzo moral y colectivo. Pero al Estado le basta con difundir un par de vídeos y notas de prensa a través de las agencias de eso tan prostituido que llamamos «periodismo» para hacer dar con los huesos en el suelo a personas que antes estaban por la labor de resistir dignamente.

Y precisamente porque sabemos que las cosas funcionan de esta manera tenemos que ser capaces de resistir más y mejor. Muchas son las cosas podemos perder al resistir, cuantitativamente hablando sobre todo materiales. Pero tenemos mucho más que ganar: libertad y dignidad. Cualquier Estado, sea comunista, liberal, o vaya usted a saber qué, funciona bajo los mismos preceptos básicos: control, administración, y represión. La gente, al menos en Europa, está claramente «despertando», sobre todo la gente joven—que no casualmente es la que más usa Internet. La represión refuerza nuestros sentimientos de identidad colectiva, pero el miedo es un arma muy poderosa que puede tumbar hasta al más fuerte de los castillos—y el Estado sabe muy bien cómo usar el miedo. No caer en la tentación de echarse atrás es lo fundamental en la situación actual: por cada desalojo okupemos dos casas más; por cada detención llenemos las calles con más ferocidad. «Que lluevan piedras», dejó alguien escrito anónimamente en un muro de Madrid.

El mayor terrorista es el Estado, que no te engañen.

Utopía en el horizonte

En mayo de 2011, centenares de miles de griegos irrumpieron en la Plaza Sintagma en Atenas para protestar contra la liquidación de su país, de sus derechos laborales y de sus medios de subsistencia a las corruptas elites nacionales y los intereses financieros en el extranjero.

En cuestión de días, un campamento de protesta fue creado – organizado bajo los principios de democracia directa, autogestión y ayuda mutua – proporcionando una vislumbre de utopía en medio de una devastadora crisis financiera, política y social. El 28-29 de Junio, durante una votación parlamentaria sobre nuevas medidas de austeridad, el estado finalmente respondió con fuerza brutal, eventualmente desalojando a los manifestantes de la plaza y aplastando el potencial radical de su experimento social.

Un año más tarde, Leonidas Oikonomakis y Jérôme Roos – investigadores en el Instituto Universitario Europeo y coautores del blog activista ROARMAG.org – regresaron a Atenas para hablar con activistas involucrados en el movimiento y la ocupación de la Plaza Sintagma, así como el héroe de la resistencia en la Segunda Guerra Mundial, Manolis Glezos. Lo que sigue es este retrato dramático de un país al borde del colapso; y de las personas que decidieron luchar para construir un mundo nuevo sobre viejas ruinas.

ROAR

Dirección: Jérôme Roos y Leonidas Oikonomakis
Producción: Jérôme Roos y Andrés Cornejo
Duración: 28 mins. aprox.

De organización y otras cuestiones

La asociación de los seres humanos responde a una necesidad de realizar algo en común. En cuanto a los anarquistas, existe hoy en día una gran controversia en torno a qué método organizativo resulta más adecuado. Este artículo es en realidad una respuesta a un comentario aparecido en las redes sociales. Cito textualmente:

«Respecto a lo de que es necesaria una organización formal, ya sabes lo que pienso. Creo que esa labor la pueden hacer colectivos autónomos sin necesidad de siglas y centralismos burocráticos que de hecho, demostraron no funcionar y derivar en dinámicas nada propias en mi opinión del anarquismo. No hay que dar de lado a la situación social, pero tampoco creo que haya que obcecarse en dinámicas obsoletas y fracasadas. Hay que sentarse e idear herramientas nuevas recogiendo lo positivo de cada experiencia y probando, y dejarnos de ir de anarco-leninistas santificando que si la “organización formal”, que si “sentar las bases en el futuro inexistente”, que si “legalismo queda-bien”… No hablo de ilegalismo por ilegalismo, pero como dice Folie a Trois:

“Mantener la estructura por la estructura es burocracia pura y si me apuras una postura inmadura”

Y siempre hablas de sentar las bases desde esa perspectiva legalista y activo-pasiva, pero olvidas que la acción insurreccional ha aportado muchas veces a sentar esas bases, por lo que es cierto que no es oro todo lo que reluce, pero muchas cosas sí lo son.

Amplitud de estrategias y cooperación entre las distintas tendencias revolucionarias para que la práctica insurrecta no choque con la labor cultural y vice-versa. No hay tiempo que perder y está todo por hacer.»

¿Te parece que el FEL chileno, una organización que lleva 10 años inserto en la lucha estudiantil, una organización burocrática? ¿Te parece que la FAU uruguaya, la específica con más años, una organización anquilosada? Por desgracia, la FAI española está muerta y a nivel europeo, la corriente especifista no pasa por buenos momentos. Esto es debido a la escasa dinamización de los militantes, que tras perder el norte, no supieron elaborar un programa político de carácter libertario viable. Veo que tu crítica va hacia aquellas organizaciones que han quedado enquistadas. Sin embargo, no todas las organizaciones formales derivan en estructuras pétreas y estancadas, como está sucediendo en general en Europa. Pese a todo, están saliendo iniciativas organizativas -muy tímidas- de esta tendencia inspirada en las experiencias de las específicas latinoamericanas.

Tengo esperanzas en la organización formal porque pienso que es la mejor herramienta que nos permitirá el aprendizaje mutuo, adquirir experiencias en la lucha, creciendo como colectivo conforme vayamos avanzando y acumulando fuerzas. Esto es lo que entiendo por “sentar las bases”, no me refiero a quedarse en el salón debatiendo en aspectos teóricos y difundiendo textos sobre teoría política, teniendo como objetivo crecer únicamente, y que por arte de magia llegue la Revolución. No. Soy consciente de que el ser humano no tiene un destino predeterminado y que por sí sola, la sociedad no tiende a avanzar hacia el comunismo. Todo es fruto de las voluntades de la sociedad y es preciso que sepamos articular una respuesta social capaz de transformar esas voluntades en una fuerza revolucionaria que aspire a acabar con el capitalismo y el Estado para construir una sociedad sin clases.

Así que, cuando hablo de “sentar las bases” digo que se ha de aplicar la teoría a la práctica y participar de las diferentes luchas sociales, y por supuesto, en la lucha de clases. No, no la santifico, pienso que la organización formal es la mejor manera para poder materializar nuestros objetivos, pudiendo elaborar nuestros propios programas políticos y que el anarquismo no quede en restos marginales que se dedican a criticar al resto y a realizar atentados.

¿El anarquismo necesariamente tiene que estar en la ilegalidad? ¿Si nos movemos dentro de los márgenes legales somos esos “legalistas queda-bien”? Antes de responder a tu afirmación, he de hacer una distinción entre lo legal y lo legítimo: lo legal es todo aquello que no viola la ley (obvio) pero lo legítimo no expresamente está reconocido por la legalidad. Un ejemplo: la ley que prohíba el asesinato puede ser obedecido por ser ley o puede ser respetada porque es legítima. En cambio, una ley a favor de la tiranía es ilegítima porque atenta contra los intereses de la mayoría en favor de una élite dominante. En lo que a mí me respecta, debemos atender más a la legitimidad que a la legalidad, y si nos movemos dentro de los márgenes de la ley, no significa que necesariamente estemos obedeciéndola.

No puedo negar que la acción insurreccional haya podido generar una cohesión social en las luchas por la tierra en Val di Susa, Italia, pero hemos de atender al contexto también. Pienso que a nivel del Estado español sería más conveniente apostar por un anarquismo social y organizado, para tener más presencia en los movimientos sociales que actualmente están siendo acaparados por la izquierda institucional y el ciudadanismo. Solo acabamos de empezar y todavía nos queda mucho trabajo por delante.

Estamos de acuerdo en la construcción de una sociedad libre pero en lo que diferimos es en los métodos organizativos y también estamos de acuerdo en que las luchas intestinas no ayudan a fortalecernos. Sin embargo, compartir diferentes puntos de vista sin llegar a calumniarnos siempre resulta enriquecedor.

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