Escuela, despensa y siete llaves al sepulcro de Pestaña

Por Grupo Bandera Negra, adherido a la FIJL

Respuesta al texto Escuela, despensa y siete llaves al sepulcro de Durruti de Nemo/Yeray

Nuestro Grupo, tras la lectura del texto del compañero, no pudo en su día evitar la necesidad de elaborar una respuesta crítica con el citado artículo. Al final no lo publicamos en ningún sitio por ninguna razón en especial. Sin embargo, algunas cosas dichas en el texto del compañero merecían una respuesta, dada las alusiones a nuestra Organización Juvenil y en general otra serie de aspectos. Tras revisarlo, corregirlo y actualizar algunas cosas, nos animamos a publicarlo, siempre buscando el debate entre las partes, con el fin de fortalecer la formación ideológica de los lectores fundamentada en el intercambio de ideas entre anarquistas. Vamos a ello.

En primer lugar, manifestar que nada más leer el primer párrafo el artículo nos transmitió cierta desconfianza. Desconfianza, basada en comparar la necesidad de revisar ciertas actitudes del anarquismo ibérico con el regeneracionismo burgués de principios de Siglo XX. Ejemplificar la propuesta a transmitir con la misma fórmula aplicada al movimiento anarquista y al contexto actual supone necesariamente aceptar la lógica burguesa de Joaquín Costa, acérrimo enemigo de todo lo que tenga que ver con lo libertario.

A pesar de todo, hemos decidido emplear el mismo título con un pequeño cambio, para hacer referencia al artículo al que pretendemos dar respuesta. Bien, ya metiéndonos en materia, en el primer párrafo del que se habla de las distintas ramas del movimiento libertario y de su poderío en los años treinta, observamos una importante omisión en la tarea de estas organizaciones, en concreto a las FIJL y a la FAI. Aparte del lógico trabajo que a las organizaciones específicas anarquistas les corresponde, que es la difusión del anarquismo a la sociedad y la autoformación de sus integrantes, estas organizaciones tenían otra labor, no menos importante. Hablamos del combate de la influencia reformista y/o marxista en el seno del Movimiento Libertario. Y no estamos hablando de un combate a través de erigirse como vanguardia o controlando las asambleas de la central anarcosindicalista, tal y como los historiadores burgueses o reformistas se empeñan en afirmar. Nos referimos a un combate basado en el ejemplo de integridad y coherencia que los miembros de las organizaciones específicas resultaban para el resto de los compañeros, a la par, de una inmensa obra de difusión anarquista en los ateneos y sindicatos. La FIJL además, desarrollaba un importante papel en la autoformación anarquista entre sus jóvenes miembros, haciendo del aprendizaje en la juventud una tarea colectiva.

En los primeros 30 años del siglo XX, dentro del movimiento libertario se dieron diversas tendencias, que habitualmente chocaban entre sí. Los “posibilistas”, “reformistas” o “sindicalistas” frente a los “anarquistas” o “faistas” (a pesar de que una amplia mayoría de ellos no eran miembros de la FAI). A grandes rasgos, la lucha de las tendencias se centralizaba en la CNT. Unos defendían que esta debía de centrarse en lo meramente sindical, integrarse en los mecanismos del sistema (especialmente durante la República) y en una colaboración con el resto de fuerzas izquierdistas, haciendo de la idea de la revolución una aspiración filosófica y secundaria. Dentro de esta tendencia incluimos a importantes figuras, firmantes del famoso y conocido manifiesto de los 30 con Pestaña a la cabeza. Los otros, consideraban que la lucha sindical era un medio mediante el cual la clase obrera debía fortalecerse a través de la lucha y la acción directa  y su principal objetivo era la culminación de una revolución social libertaria que acabara con el régimen estatal-capistalista.

El tiempo puso a cada uno en su lugar. Angel Pestaña, máximo representante de la facción “posibilista” o “sindicalista” acabó por romper definitivamente con el anarquismo, y formó un partido político, el Partido Sindicalista. Muchos otros firmantes del manifiesto de los 30 fueron importantes actores en la labor contrarrevolucionaria del año 37 realizada por el Gobierno de unidad popular y los distintos comités de las organizaciones libertarias.

Las organizaciones específicas y el resto de anarquistas fueron derrotadas no en el año 39, tal y como dice el texto al que contestamos, sino en el año 37 con la contrarrevolución, fruto del abandono de los postulados anarquistas de importantes miembros del ML y la consiguiente represión a los elementos revolucionarios. La FAI fue copada por aspirantes a políticos y la FIJL, tras resistir a un intento burocratización interna, sufrió la represión y el asesinato de muchos de sus miembros a manos de los estalinistas. El colaboracionismo y la entrada en el Gobierno republicano supusieron la derrota del anarquismo y de la revolución social. El fascismo triunfante solo fue la puntilla.

El texto del compañero Yeray no menciona la etapa del exilio y la clandestinidad, para nada exenta de choques de tendencias y otras turbulencias internas en el seno del ML y pasa de puntillas por la reestructuración de las organizaciones libertarias tras el cambio de régimen. Nos parece un análisis simplista afirmar que, «con todo, sobrevivimos al franquismo. La CNT daba en el 77 un mitin en Montjuic al que acudieron varios centenares de miles de personas. Tras ello, el desastre, la fragmentación y el desmoronamiento del movimiento libertario», en un texto que pretende analizar las causas de la debilidad del movimiento libertario en la actualidad y los errores cometidos en las últimas décadas.

Convendría señalar, y ahondar en las causas de por qué un ML que parecía resurgir de sus cenizas acabó estrellándose. No vamos a profundizar demasiado en el asunto, pues a nuestro texto no le corresponde. Pero desde luego convendría preguntarse por qué bajo excusas de “actualizar el anarquismo a los tiempos que corren” o “poner los pies en la tierra”(i) una minoría pretendió institucionalizar el Movimiento Libertario, haciéndole partícipe en los mecanismos de integración del sistema (elecciones sindicales, subvenciones…) vuelven a resurgir, nuevamente, en el seno del Movimiento Libertario. Lo dejamos para reflexiones futuras.
Pasamos a continuación, a responder desde nuestro punto de vista, las tres cuestiones que el texto de Yeray aborda:

Escuela

Es cierto lo que comenta el compañero sobre la falta de formación en aspectos básicos del anarquismo entre la militancia del ML, en su más amplio espectro -nos referimos a todo el conjunto de los anarquistas del Estado español más allá de las tres ramas “clásicas” del ML-.
La coherencia entre medios y fines, principal rasgo de la honestidad que ha caracterizado a los anarquistas en el transcurrir de los siglos parece ser tratado ahora como “losa ideológica”. Nos sorprende ver a compañeros que rebajan su discurso, lo adaptan a términos asumibles por la “inculta plebe” y actúan como auténticos políticos. ¿Se debe a esto a falta de formación? ¿Es un desconocimiento que la ideología anarquista no es un disfraz con el que vestirse, sino una realidad aquí y ahora, una ideología pragmática que encuentra su sentido en la inmediata puesta en práctica de sus postulados «Horizontalidad, antiautoristarismo, integridad, antidelegacionismo, antiparlamentarismo, humildad, coherencia»?

Por otro lado, las cuestiones organizativas son las que creemos que más falta y urgencia le hacen al movimiento libertario. Seguimos enfrascados en debates repetitivos en torno al modelo organizativo. Un concepto tan básico como el federalismo, por ejemplo, es en muchas ocasiones completamente desconocido o malinterpretado. Es muy difícil crear así un tejido asociativo fuerte que trascienda de meros contactos informales, con el cual plantear una alternativa seria y fuerte al actual régimen de barbarie. Los proyectos crecen y se desmoronan por doquier, quedando poco o nada de esa experiencia colectiva.

Desde luego, una buena formación en aspectos básicos del anarquismo y su puesta en marcha es necesaria (como decimos, no valen NADA si no son ejecutados desde ya, careciendo de todo sentido). Un buen repaso a los “clásicos” no estaría de más, siempre partiendo de la base, de que los “clásicos” no son gurús a los cuales adorar, sino compañeros que gracias a su capacidad sintética, lograban plasmar en papel diversos aspectos de una ideología como la anarquista emanada de la acción de las masas populares. Igual de importante vemos, la necesidad de formación con respecto a la historia del movimiento anarquista. Los aciertos y errores del pasado de nuestro movimiento deben servirnos como referencia para la construcción de un proyecto de transformación social que no vuelva a tropezar dos veces con la misma piedra.

En cualquier caso, lo que urge, además de conocerlas, es darle vida a las ideas-fuerza anarquistas. Ponerlas en práctica ya y ahora y dejar de preocuparse tanto por las “modas” de los movimientos sociales y estar al arrastre de los vaivenes del batiburrillo de sopas de letras de organizaciones marxistas y/o ciudadanistas.

Con respecto a las críticas que el compañero realiza hacia autores como Rodrigo Mora, no vamos a ahondar, ni en sus facetas criticables ni en sus aspectos positivos. Pero desde luego convendría preguntarse, por qué escritores no anarquistas, como Félix Rodrigo Mora, tienen que ser en la actualidad autores que resalten la importancia de la ética en el movimiento revolucionario.

Sin embargo, sí tenemos un pero a este apartado del artículo del compañero. Es falso que en los últimos 30 años el ML no haya pretendido realizar trabajo de formación a sus militantes. Han existido (y existen) diversos proyectos como centros sociales, ateneos y organizaciones que pretendieron ofrecer espacios de formación colectiva y recíproca. Que los proyectos no lograrán tener la repercusión que deseaban no significa que no se hayan dado.

Sin despreciar los muchos proyectos que hubo, mencionaremos brevemente un proyecto que tuvo mucho que ver con la juventud: la FIJL de los años 90 y principios de la década del 2000. Las juventudes de estos años lograron formalizar un proyecto de formación conjunta para cientos de jóvenes anarquistas, logrando alcanzar un nivel de formación que por el contacto mantenido por nuestra parte con antiguos miembros de las “julis” y la lectura de sus materiales, fue bastante más que satisfactorio. En como acabó, y en que derivó aquello (al igual que tantos otros proyectos) no corresponde a este artículo, que ya se está alargando demasiado. Pero desde luego, convendría profundizar en la interesante historia de estos viejos compañeros y encontraremos una jugosa fuente formativa que ayudaría a entender ciertas cuestiones actuales.

Despensa

Del primer párrafo de este apartado no tenemos nada que objetar. Es a partir de entonces cuando el artículo empieza a decir una serie de, a nuestro entender, despropósitos.

En referencia a las organizaciones del ML y su reconstrucción, el compañero comenta: cometieron un error que, considero, las ha condenado. Y es que el anarquismo español, tras perder a sus bases, quedando solo sus elementos más comprometidos. Intentó reconstruirse desde arria hacia abajo, al contrario de cómo corresponde al federalismo anarquista. ¿Cómo puede reconstruirse una organización anarquista sin estructura jerárquica ni vertical desde arriba? El federalismo anarquista tiene la característica de ser especialmente sencillo y necesitar de pocas complicaciones: un pacto asociativo e individuos interesados en aceptarlo libremente. Así se reconstruyeron en los 70 las organizaciones libertarias y así se reconstruyó el proyecto de las Juventudes hará unos años. Varios grupos de jóvenes sintieron la necesidad de realizar acción propagandística específica anarquista, y decidieron dotarse de las herramientas de acción y de crecimiento que una estructura federalista les podía otorgar. ¿Cómo puede haber rastro de verticalidad en este proceso?
El entramado de una organización federalista anarquista crece acorde sus miembros sienten la necesidad, bien por utilidad o funcionalidad, o bien porque debido al crecimiento, necesitan aumentar su estructura. ¿Es esto una forma organizativa compleja? ¿Es complejo el que varios grupos se junten y decidan dotarse de un pacto asociativo y crear una organización fuerte, que permita ser un referente del anarquismo a la sociedad? Animamos al compañero a indagar sobre cómo nos organizamos federalmente como FIJL, y si esto supone una estructura compleja, kafkiana, enredosa o burocrática.

Dice el compañero que es necesario crear “escuela”. Eso hacemos con nuestra organización, manteniendo contacto que genera debate, que genera a su vez formación, de la que se desprende una acción anarquista en las calles coordinada a nivel estatal, con un referente claro a ojos de la juventud y de la clase trabajadora en general. Crear Organización es necesario para el ML como espacio de formación y almacenamiento de experiencias colectivas de lucha anarquista. El federalismo anarquista es por tanto válido para bases multitudinarias o para un puñado de individuos conscientes. El federalismo anarquista es poner en práctica, aquí y ahora, como decíamos anteriormente, las ideas anarquistas, ponerlas en acción. No vamos a esperar a ser “masas”, lo haremos con las fuerzas que contemos, sean muchas o pocas.

¿Que hay Sindicatos de CNT mantenidos por grupos de la FIJA (ahora FIJL), de la FAI o por otros anarquistas?(ii) Pues eso no lo sabemos, porque somos el Grupo Bandera Negra de la FIJL y no corresponde a nosotros confirmar o desmentir tales afirmaciones. Lo que sí preguntamos es qué hay de extraño, que en una sociedad desmovilizada, sean los compañeros comprometidos ideológicamente los que mantengan los locales de CNT abiertos para los trabajadores, impregnen las calles de su ciudad de propaganda, y tengan un nivel militante que ya quisieran otros organizaciones con subvenciones y liberados. ¿Insinúa acaso el compañero que los anarquistas no queremos crecer en nivel de militancia? ¿O es que el compañero valora más tener 200 afiliados que utilicen el Sindicato como una gestora de servicios, pero luego a la hora de militar se sean apenas 10 personas? CCOO y UGT convocan a centenares de miles y sus sedes atienden a centenares de trabajadores diariamente. ¿Eso es a lo qué aspira el compañero?

Nosotros apostamos por un crecimiento real, con unas bases fuertes ideológicas, desde las cuales crecer con el trabajo constante en el día a día. Bases fuertes para evitar crear un gigante con pies de barro, que acabe derrumbándose como aconteció en la etapa de la transición.
Los conflictos en el movimiento libertario no lo originan sus estructuras (al menos no exclusivamente), sino la lucha ideológica entre distintas tendencias. Esto en sí mismo no es malo, el problema reside cuando esta lucha torna en corruptelas y se acaba convirtiendo en un esperpéntico juego de política al más puro estilo del parlamentarismo burgués. Y que quede claro que no solo nos referimos al ML “clásico” sino que esta crítica es extensible a ciertas actitudes del movimiento anarquista en tierras ibéricas(iii).

Abrir las puertas al futuro suena muy bien. Pero no nos parece un argumento bien construido. ¿Qué concepción de futuro tiene el compañero? ¿Aceptar subvenciones del Estado? ¿Salir a la calle conjuntamente con partidos políticos que solo quieren rédito electoral? ¿Renunciar a la ética y la coherencia entre fines y medios como siempre ha propugnado el anarquismo? ¿Vestir como los modelos de la tele para ser más cool?

Siete llaves al sepulcro de Pestaña

Si el compañero ve necesario “cerrar el sepulcro” de Buenaventura Durruti, por nosotros encantados. Estamos hartos de que muchos miembros del Movimiento Libertario hagan bandera y proselitismo de tiempos y revoluciones pasadas y, ahora, su acción revolucionaria se queda en los butacones de los locales. Hartos estamos de ver como nuestro pasado y nuestros muertos son utilizados y recuperados por anarco-burócratas y/o el propio sistema y sus lacayos (sindicatos, partidos políticos marxistoides o incluso, ¡Jueces!).

Ahora bien, puestos a sellar ataúdes, cerrémoslos todos. Empezando por aquellos que pretenden hacer del anarquismo un movimiento izquierdista, integrado en las estructuras del sistema (o en la ideología del sistema). Si el Pestañismo y el manifiesto de los 30 fue una reacción a la radicalización del movimiento libertario y de sus bases, es hora de que lo enterremos de una vez por todas. Paremos el vacío de contenido ideológico de nuestras luchas. Desterremos de una vez por todas al posibilismo que causó la derrota de la revolución social en el pasado y que ha amenazado con anular el anarquismo como idea revolucionaria. Acabemos con los mitos de la ortodoxia y el reformismo.

Nosotros, como jóvenes anarquistas, no queremos un anarquismo que para dejar de ser “marginal”, renuncie a sus principios y praxis revolucionaria. No queremos un movimiento libertario que sea más de lo mismo. Estamos hartos de oír hablar de acción directa y comprobar como esta se relega acudir a abogados, pleitos y la justicia burguesa en definitiva. Estamos hartos de oír hablar de antiparlamentarismo e ir de la mano de partidos y sindicatos electoralistas. Estamos hartos de oír hablar revolución y encontrarnos que esta ha quedado relegada a una exposición realizada en los salones del espectáculo cultural burgués. Estamos hartos de escuchar a compañeros que hablan de llegar a la gente y de la propaganda como si la concienciación ideológica fuera un producto más de la sociedad de consumo, al que llegar a través de la manipulación, más propio de la publicidad destinada al pasivo consumidor que la propaganda anarquista destinada a individuos con las mismas capacidades humanas que nosotros.

Estamos hartos también,  en tanto jóvenes, de aguantar la tutela de supuestos “compañeros” veteranos en la lucha. Nos asquea el adultismo y el paternalismo que muchos anarquistas, antiautoritarios declarados, estilan con aquellos que somos más jóvenes. El autoritarismo sale a luz de muchas y diversas formas, y a veces somos incapaces de verlo en nosotros mismos.

Estamos hartos de que los principios anarquistas no sean más que puro espectáculo con el que dotarse de un aura de radicalidad vacía de todo contenido real, anulando toda puesta en práctica de los mismos. Porque para nosotros, eso es la muerte del anarquismo. Porque no hay situación, ni momento histórico, ni “crisis” que hagan de la puesta en práctica de los principios anarquistas una tarea secundaria. Nuestra ética, como anarquistas, hace que la mejor propagación del ideal anarquista sea un funcionamiento lo más acorde posible con el mismo.

Es cierto, estamos derrotados y en el suelo. Es hora de hacer autocrítica. Es hora de que, como jóvenes o como no tan jóvenes, nos formemos para luchar contra toda forma de autoridad venga de donde venga. Desterremos la política y la corruptela de nuestras organizaciones. Construyamos un Movimiento Libertario fuerte en sus bases ideológicas, que se convierta en una auténtica amenaza real para el desorden capitalista. Pongamos en práctica los principios anarquistas, y empecemos a dar vida desde el ahora a la sociedad del mañana.

Grupo Bandera Negra, adherido a la FIJL

Notas:

(i) «No pienso aceptar un sindicalismo a tres, CCOO, UGT y CNT, sino un sindicalismo a dos, UGT y CNT, pero para eso, la CNT, debe poner los pies en la tierra y aceptar las elecciones sindicales» Alfonso Guerra (vicepresidente del gobierno 1982-1991) en reunión con José Bondía (Secretario General de CNT-AIT 1979-1983). Este último, unos días antes de la resolución del VI Congreso de CNT-AIT en 1983 con respecto a las elecciones sindicales, suelta un bulo-comunicado a los medios de comunicación afirmando que CNT aceptaba las elecciones sindicales. Bondía acabaría recompensado por su “labor” con distintos cargos oficiales.

(ii) Esperamos que el compañero haya comprobado estas afirmaciones con sus propios ojos y no sea algo de “me lo dijo no sé quién”

(iii) No queremos decir con esto que en todo el ML se den estas repudiables actitudes, claro está.

La anarquía, ¿poder o antipoder? (Respuesta a «El poder en la anarquía»)

Por Octavio Alberola.

En la sección «Análisis», de la web alasbarricadas, colgué un comentario al artículo «El poder en la anarquía«(*) preguntando cómo su autor, Adrián Tarín, podía llegar a la conclusión de que la anarquía «es también un poder -y no un antipoder«. Luego leí un comentario-nota, firmado por los responsables de la web regeneraciónlibertaria, invitándome «a escribir una respuesta (al texto de Adrián) para ser publicada en el portal» de Regeneración Libertaria. Como prometí, aquí va mi respuesta:

Una «curiosa” tesis…
Como se puede comprobar leyendo su texto (*), para Adrián los anarquistas abordan «las cuestiones acerca del poder… desde la oposición al concepto» y no lo hacen «desde la comprensión científica del término«. De ahí que él defienda, desde su personal aproximación «a la teoría del poder» (?), «la compatibilidad del mismo con la anarquía» y que concluya tal aproximación, tal análisis, afirmando que la anarquía «es también un poder -y no un antipoder«.

Por supuesto, Adrián no pretende que la anarquía sea un «macropoder«, un «poder negativo» como el de Estado, ni que debamos renunciar a combatir el poder «negativo» de éste. No, no pretende -como Foucault- «disminuir la importancia y eficacia del poder de Estado”; pero también cree “que al insistir demasiado en su papel exclusivo, se corre el riesgo de no tener en cuenta todos los mecanismos y efectos de poder que no pasan directamente por él«.

Lo curioso es que, por el hecho de constatar que «existe poder fuera del Estado«, Adrián se plantee esta pregunta: «¿puede la anarquía ser un poder?» Y digo “curioso” porque él debería saber que la anarquía es la negación de toda forma de poder, no sólo el que pasa por el Estado. Además, es “curioso” porque él ha puesto un poco antes esta otra cita de Foucault: «Asimismo, sería preciso saber hasta dónde se ejerce el poder, mediante qué relevos y hasta qué instancias, a menudo ínfimas, de jerarquía, control, vigilancia, prohibiciones, coacciones. En todo lugar donde hay poder, el poder se ejerce (…) no sabemos quién lo tiene exactamente, pero sabemos quién no lo tiene». Efectivamente, los anarquistas sabemos quién tiene el Poder y quién no lo tiene; además de saber quién no lo quiere… Es pues sorprendente que Adrián olvide esto y quiera atribuir poder a quienes, en principio, no sólo no lo tienen sino que, además, no lo quieren. ¿Por qué tal empeño?

La confusión…
Sí, ¿por qué tal empeño en equiparar lo que es antinómico? ¿No será porque, al definir el «macropoder» como «negativo» y el «micropoder» como «positivo«, Adrián aborda «las cuestiones acerca del poder… desde la oposición» entre los conceptos de «negativo» y «positivo» sin hacerlo «desde la comprensión científica» de estos términos? Tal parece ser el origen de la “confusión” de Adrián y la explicación a sostener una tal aporía. Y ello a pesar de atribuir -muy curiosamente- tal confusión a los anarquistas: «reconocer el poder como algo positivo o negativo«, «liberador o represor«, «destructivo o productivo«. Salvo si Adrián piensa en los «anarquistas» que, para participar en el ejercicio del poder, defienden esa hipócrita falacia que llaman «poder popular«.

Es sorprendente que Adrián crea a los anarquistas (los que no han renunciado a luchar contra el poder) incapaces de integrar el macropoder y el micropoder en sus análisis, y, en consecuencia, de ver que el poder se sostiene y es aceptado porque, como dice Foucault, «no pesa sólo como potencia que dice no, sino que cala de hecho, produce cosas, induce placer, forma saber, produce discursos«. Es decir, porque es también «una red productiva«.

Sí, es sorprendente, porque Adrián debería saber que los anarquistas, además de tomar en cuenta que el poder funciona como «red productiva«, saben, con Foucault, que «si el poder no tuviese por función más que reprimir, si no trabajase más que según el modo de la censura, de la exclusión, de los obstáculos, de la represión, a la manera de un gran superego, si no se ejerciese más que de una forma negativa, sería muy frágil«.

Pero lo más sorprendente es que Adrián no se dé cuenta del por qué el poder es, además de censura-exclusión-represión, también una “red productiva”. Y eso pese a que él mismo reconoce que, «de hecho, si el poder descansase sólo en la figura de la represión más palpable, la de las balas y las porras, éste sería un poder fácilmente subvertible«.

Así pues, si el poder se traviste en “red productiva” sólo para mantenerse como lo que es realmente, censura-exclusión-represión, ¿qué sentido puede tener considerarle como algo “constructivo”, “positivo” y “creador”? ¿Se puede disociar lo que es consustancial?

La anarquía, ¿un poder o un “micropoder” ?
El problema con Adrián es que, tras reconocer que el poder sólo es «constructivo», «positivo» y “creador” para no ser «frágil» y «subvertible«, persista en que la anarquía «es también un poder -y no un antipoder«. Pues tampoco aclara si es un «micropoder» o también un «macropoder«. No, no hay nada claro, sólo afirmaciones perentorias. Ni siquiera cuando trata de argumentar su tesis con reflexiones contradictorias sobre la «construcción del consenso«; pues también -para él- el «consenso» buscado por los anarquistas, a través de su propaganda, es «para ejercer su dominio sobre los (discursos) de los demás«. O cuando habla del poder como “consenso hegemónico» ejercido “de manera colectiva”; pues es evidente que este «consenso» no tiene nada que ver con el que buscan los anarquistas: un consenso no impuesto (física o culturalmente) sino basado en la libertad de disenso y de experimentación.

¿En qué consiste pues ese «poder libertador, positivo y creador manifestado en la propia dinámica libertaria y en cada pequeño paso que sirva para edificar la anarquía» del que habla Adrián? ¿Qué clase de poder es ése? Todas las citas aportadas por Adrián confirman que el poder político, el Poder es dominación: ya sea impuesta por la fuerza o a través del «consenso» obtenido gracias a las múltiples formas de la sumisión voluntaria de los dominados propiciada por el «micropoder«. ¿A cuento de qué persistir en afirmar que «la anarquía es poder»?

Finalmente, Adrián ha dado la respuesta al contestar a uno de mis comentarios en alasbarricadas. No sólo confesando que para él «la manera de ejercer el poder de manera colectiva y no como una dominación autoritaria es a través del poder popular«, sino afirmando compartir lo que piensan y dicen los defensores del llamado «poder popular» en un artículo, Anarquismo y poder popular (**), en el que se pretende que con tal denominación se consigue «socializar el poder y evitar que éste se convierta en el privilegio de unos pocos«.

¿Socializar el poder?
Que Adrián quiera ejercer el poder es su problema No es el primero ni será el último en desearlo; pese a creerse anarquista… Pero, ¿por qué no decirlo claramente? Hay muchos socialistas y comunistas que también dicen ser anarquistas en el fondo de ellos mismos; pero que, a pesar de lo que enseña la historia, creen que a través del Poder se puede ir hacia una sociedad más justa y libre… De ahí que militen en partidos que aspiran a «conquistar» el Poder. Lo que es coherente; pues no se esconden detrás de una denominación tan vaga como esa de un “poder popular” que se pretende “horizontal” y “anarquista”; pero que aspira a ser reconocido por el Poder (ver a los “anarquistas” del “poder popular” llamando a votar por Chávez en Venezuela) y a ser parte de él si las circunstancias lo permiten.

Por eso, más allá de la retórica hay los hechos de la vida cotidiana y lo que la lengua dice a cada uno desde que la usamos. Deberíamos pues evitar toda clase de confusionismo y utilizar la palabra Poder (con mayúscula) para significar imposición… y poder (con minúscula) para dar a entender la capacidad de hacer… por ser las acepciones más comunes y las que todos sabemos reconocer y diferenciar.

Pero, más allá de la semántica, deberíamos saber si Adrián se reconoce en el “Poder Popular” que hay en Cuba. Pues, si «socializar los medios de producción» es dejarlos en manos de los que los utilizan sin que haya nadie por encima de ellos para decidir lo que deben hacer, eso no se ha hecho en Cuba. Como tampoco se ha intentado «socializar el poder«, para «evitar que éste se convierta en el privilegio de unos pocos«. Al contrario, el “Poder Popular” es el mecanismo institucional que ha permitido a los hermanos Castro de tener el privilegio del Poder en exclusiva durante ya más de cincuenta años.

Así pues, si «ejercer el poder de manera colectiva» significa para Adrián que nadie – ni dentro del colectivo ni fuera de él- tenga el privilegio de decidir por los demás, ¿por qué no reconoce que tal es el consenso al que aspiran llegar los anarquista y no el consenso “hegemónico” que impera en donde el Poder se camufla detrás de esa institución hipócrita llamada “Poder Popular”? Y en ese caso, ¿por qué no decirlo claramente?

Sobre las “pequeñas manifestaciones de poder”…
Adrián nos dice que incluso diría «que la asamblea puede ser considerada una manifestación de poder en según qué circunstancias» y que también ve «pequeñas manifestaciones de poder» en «todos esos procesos de actividad anarquista cotidiana (consensos, asambleas, propaganda)«.
Sí, claro que los hay con la pretensión de ser «anarquistas» pese a ser autoritarios en sus praxis privadas o públicas, en comportarse en las asambleas autoritariamente y tratar de manipularlas para imponer sus propuestas o sus intereses, como en cualquier partido político. Sí, claro que sí, e incluso los hay creyendo sinceramente que la anarquía deberá imponerse… Pero, ¿tiene algún sentido creerse anarquista y ser autoritario? ¿Son esos casos los que sirven de ejemplo para definir lo que es ser anarquista, lo que es o debe ser el anarquismo?

Adrián nos dice que la suya «es una postura difícil de defender, compleja, sujeta a críticas» y que, “posiblemente”, le «cueste una etiqueta de autoritario difícil de salvar«; pero que cree “que las ciencias sociales en este caso” le “proporcionan más argumentos para pensar así que para pensar que el anarquismo lo que busca es que no haya poderes”.

Efectivamente, no sólo es indefendible una tal postura desde un punto de vista ideológico y político sino que tampoco las ciencias sociales le proporcionarán «más argumentos» para seguir pensando que el anarquismo busca que haya poder y no «que no haya poderes«; pues también en las ciencias sociales las palabras tienen un sentido y no se puede caprichosamente atribuirles otro que el que ellas tienen: ya sea por razones etimológicas o por el uso que se hace de ellas. Sí, Adrián, también en las ciencias sociales el sentido de la palabra poder (con minúscula o con mayúscula), como concepto político, es el de «dominio, imperio, facultad y jurisdicción que alguien tiene para mandar o ejecutar algo«. De ahí que los anarquistas luchen contra el poder, como Poder político o como autoridad para mandar; pues aspiraran a la libertad: para ellos y para los demás.

Claro que se pueden tener dudas sobre cómo conseguir un consenso que permita llegar a la anarquía sin tener que imponerla por la fuerza. Claro que es más simple pensar y actuar como lo hacen los adeptos a las ideologías autoritarias, aunque tampoco esa simplicidad les haya permitido alcanzar los objetivos manumisores que esas ideologías presuponen. Lo lógico es pues dejar de pensar la anarquía como «ismo», como ideología, y comenzar a pensarla como actitud de convivencia sin autoridad, como conducta basada en el ejercicio de la libertad sin más límite que el de respetar la libertad de los (y las) demás. No sólo porque es más consecuente defender la libertad cotidianamente sino también porque es más eficaz para que la sociedad pueda avanzar hacia la libertad y la igualdad en todos los campos de la actividad humana. Un avance amenazado de más en más por el Poder hegemónico del Capitalismo y por las diatribas entre los diferentes “ismos” que pretenden combatirlo; pese a que, al día de hoy, ninguno puede pretender haber conseguido su objetivo.

(*)https://reglib.anarquismo.social/el-poder-en-la-anarquia
(**)http://agitacao.wordpress.com/2009/02/27/anarquismo-y-poder-popular/

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