¡May Day, May Day!

Como cada año desde 1890, tal día como hoy se conmemora a los Mártires de Chicago, estableciendo este día como el Día Internacional de los Trabajadores. La historia del 1º de mayo tiene origen en los comienzos del movimiento obrero en EEUU, momentos en que existía una creciente conflictividad de la clase trabajadora, cuya principal reivindicación era la jornada de 8h. No obstante, no voy a dedicar este artículo a relatar la historia de la revuelta de Haymarket o quiénes fueron los Mártires de Chicago, pues hay un artículo que lo explica con bastante detalle, así que pasaré a tratar el significado de este día hoy, en la actualidad.

Prácticamente a día de hoy a casi nadie le suenan los nombres de George Engel, Samuel Fielden, Adolph Fischer, Louis Ling, Michael Schwab, Albert Parsons, Oscar Neebey y August Spies, ni sabrían que fueron obreros anarquistas, unos condenados a la horca, y otros cumplieron penas de cárcel. Nos hicieron perder la memoria y ya siquieran habla del Día Internacional de los Trabajadores, sino que hemos llegado a oír aberraciones como Fiesta del Trabajo. Tal es así el olvido que ya no sabemos los motivos por el que se conmemora este día y los sindicatos del régimen —los del pacto social y los que firman retrocesos en derechos laborales— hacen flaco favor al olvido, o incluso apropiándose de este día para sus propios intereses.

A las anarquistas nos corresponde rescatar la memoria de los Mártires de Chicago, de la conquista de la jornada de 8h a través de la huelga general y no negociando con la patronal, pero además de rescatar la memoria, algo importante por el cual llenar de contenido político este día, nos corresponde dar unas respuestas acordes a la coyuntura en que nos encontramos. Ya no estamos en 1917, ni 1936, ni los ’70 ni los ’90. Siquiera los felices años 2005. Estamos en 2015, en un panorama de recortes en derechos sociales en general y de derechos laborales en particular. Estamos viendo cómo la patronal está a la ofensiva aprovechando la crisis como excusa para abaratar despidos, saltarse convenios cuando les dé la gana, hacer EREs, subcontratar, la temporalidad… y en general, exprimirnos cada vez más con la amenaza de engrosar el ejército de parados y paradas. El tejido productivo ha sufrido y está sufriendo una reestructuración en el cual ganan peso las PYMES y el sector servicios, con una industria mermada y los campos destrozados. La precariedad laboral y la temporalidad están a la orden del día en el sector servicios y en las PYMEs, lo que dificulta la creación de secciones sindicales en la empresa debido a la volatilidad en el puesto de trabajo así como la cercanía del jefe como obstáculo. No solo eso, la subcontratación también es otro gran obstáculo para neutralizar el sindicalismo. Es por esto que el modelo sindical clásico ya no resulta tan operativo en entornos donde en un mismo centro de trabajo la división de los y las trabajadoras están a la orden del día entre plantilla indefinidas y temporales, subcontratadas y falsas autónomos. A esto hay que sumarle también la precariedad en las PYMEs del sector servicios y sus plantillas pequeñas, volátiles y altamente flexibles que impiden el establecimiento de un entorno favorable para la actividad sindical. Por todo esto principalmente, es necesario adaptar el sindicalismo (de clase) a los nuevos tiempos y hacer de los sindicatos unas herramientas funcionales para la defensa de los intereses de la clase trabajadora a la vez que nos permita avanzar y confluir con otros movimientos sociales.

A pesar de todo, nos encontramos con una clase trabajadora también desencantada con los actuales sindicatos de concertación, y una gran mayoría de trabajadores y trabajadores que no tienen afiliación sindical. No obstante, el sindicalismo sigue estando vigente y sigue siendo necesario mientras no desaparezca el conflicto capital-trabajo. Conste que no estamos hablando del sindicalismo vertical o de concertación, sino de modelos sindicales alternativos y de clase. En este aspecto, desde el anarcosindicalismo hemos de impulsar una alternativa sindical acorde a los tiempos que corren, teniendo claro que el combate no está solamente en criticar el nefasto modelo sindical de los sindicatos del régimen, sino ganarles en los centros de trabajo, aprovechando también el descrédito por el que están pasando. Para terminar, podéis echar un vistazo a las convocatorias para este 1 de mayo de 2015 y acudir a la convocatoria de tu localidad.

¡Primero de mayo, nada que celebrar, mucho por conquistar!

El barrio y la organización popular

Cuando hablamos de lucha y organización de los trabajadores, nos solemos centrar en imaginarla en los centros de trabajo y en el local sindical. Sin embargo, aunque pienso que no se olvida, sí creo que se suele dejar un poco de lado del esquema el barrio y toda su amplia problemática social y vivencial del trabajador.

Este trabajo barrial de organización y capacitación del pueblo fue impulsado en otro tiempo por los afiliados a los sindicatos (por ejemplo en los años 30 con las organizaciones de inquilinos) y generalmente en forma de ateneos donde se trabajaban todas las temáticas que influyeran en la vida obrera. En la Transición este espacio lo recogieron las asociaciones de vecinos y, de forma efímera, los ateneos libertarios.

En la actualidad, con la pérdida de influencia de las asociaciones de vecinos, y la irrupción del 15-M (con su extensión en los barrios), esta última impulsó toda una serie de respuestas ante la necesidad de resolver unos problemas propios de la gente y de convivencia en el barrio: vivienda, empleo, alimentación, salud, cultura, educación, transporte…

De esta ebullición nacieron los grupos de la PAH, una reactivación de las asambleas de parados, redes de cooperativas sociales, las mareas de los servicios públicos y en ciertos barrios oficinas o redes de apoyo mutuo.

Pasada la efervescencia social, los proyectos en los barrios continúan en muchos casos de forma aislada unos de otros, es por eso que se hace necesaria una convergencia de los proyectos, en dirección a una organización popular que aglutine en sí misma estas iniciativas, de cara a formar un referente físico en el barrio. Lo que suma de este proceso es el poder capacitar a los participantes en una proyección barrial-local de forma global, en tanto que responde a las problemáticas de la gente en el barrio. Además, esta respuesta se enmarca en las necesidades básicas (alimentación, vivencia, trabajo, educación, cultura, transporte…).

Son muchos años ya los que hemos mamado por el sistema capitalista la idea de que los problemas colectivos hay que enfrentarlos de forma individualizada. Hay que señalar, por tanto, la importancia que tiene el estar unidos frente a lo que nos afecta en lo cotidiano, ya que genera unas prácticas sociales que fortalecen las relaciones con nuestros vecinos. Porque con ello avanzamos en la formación de un movimiento social que construye nuevas relaciones interpersonales y que configura una sociedad solidaria y contraria al sistema de valores capitalista. Un ejemplo actual es el desarrollo de la lucha emprendida por el barrio burgalés de Gamonal.

Otro efecto de la ideología individualista dominante es la ruptura de ese apoyo mutuo de barrio que vivieron nuestros abuelos y padres, lo que genera un efecto de dejación ante el devenir de la vida de nuestros vecinos que es suplantado por la caridad. Una práctica que es promovida por el Estado y las grandes fortunas en colaboración con las organizaciones de la Iglesia. La caridad, por tanto, se torna paternalista e humillante al ejercerse verticalmente y desde arriba, mientras que la solidaridad se practica de forma horizontal e implica apoyo mutuo. Por eso, un barrio en donde sus vecinos son conscientes de la cuestión social que viven y generan herramientas con las que apoyarse unos a otros, es un barrio vivo que es capaz de hacer frente a las desigualdades que le impone el sistema capitalista.

Concluyendo, para pensar hoy la organización popular en el barrio es necesario pensar cómo coordinar y aglutinar distintos proyectos sociales o fomentarlos en cada barrio, así como federarlos a toda la localidad. Pensar cómo tener un referente físico y una estructura de clase que sea capaz de empoderar las fuerzas vivas en cada barrio y que responda a las necesidades básicas de los trabajadores (alimentación, vivienda, trabajo, educación, cultura, ocio…) con proyección barrial y municipal.

Julio F.

Ante una huelga general en otoño

Después de un agosto extrañamente tranquilo en un año que ha batido récords de movilizaciones, se aproxima el que será, a buen seguro, un otoño calentito.

Los primeros en anunciar una huelga general para otoño fueron el sindicato CGT, que en junio anunciaba estar preparándose para una huelga contra los recortes en derechos sociales y laborales. No especificó el sindicato, sin embargo, que fecha tendría esta huelga esperando, imagino que por estar a la espera de la fecha que den los sindicatos oficiales.

Los sindicatos vascos (ELA y LAB), anunciaron poco después una huelga general en Euskadi para el 26 de septiembre, a la que se sumaron otras organizaciones sindicales como CNT y CGT. Por su parte, CNT y Solidaridad Obrera pasaban a principios de agosto a secundar la convocatoria de CGT de una huelga para otoño, pero sin atreverse todavía a dar una fecha definitiva.

Mientras tanto, el PSOE se organiza en una mal llamada «cumbre social» liderando a CCOO y UGT y anuncian, que «no descartan la posibilidad de una huelga general para otoño». Esta claro pues, huelga va a haber. La pregunta es ¿Cuándo?

Primero, hay que tener en cuenta que CCOO y UGT hace tiempo que no se comen un colín en Euskadi, así que es difícil que lleguen a hacer coincidir su convocatoria con la de los vascos. Por otro lado, CGT, liderando al sindicalismo alternativo, hace gala de su habitual falta de iniciativa propia, no atreviéndose a dar un paso hasta que no lo hagan los mayores. Depende, por tanto, de éstos la fecha para la huelga.

Y en cuanto a éstos, si revisamos las fechas, vemos que CCOO tiene un buen número de congresos regionales programados para diciembre, lo que supone un gran gasto de energías que impediría que optasen por realizar la huelga general en esa fecha, o incluso a finales de noviembre. Personalmente, me da en la nariz que la fecha escogida será, más pronto que tarde, a principios o mediados de octubre. ¿Por qué? Porque el 21 de octubre tenemos las elecciones gallegas y vascas, y al PSOE le interesa un clima de descontento con el gobierno del PP.

Ahora, a nosotros, se nos presenta una importante cuestión. Creo que estaremos de acuerdo que, ante los embistes que el Estado capitalista está ejerciendo contra la clase trabajadora en los últimos tiempos hay que empezar a actuar. Pero por otro lado, nos encontramos a un PSOE débil, más débil que nunca, que va a intentar apoderarse de los movimientos sociales para volver a crecer y a ganar confianza. Y a los dos amarillos, UGT y CCOO, cuyas cúpulas necesitan quedar bien con su afiliación.
El sindicalismo alternativo no tiene ni los medios ni la afiliación de esos dos grandes sindicatos, pero eso no significa que nada se pueda hacer. Se está dando en españa un primitivo movimiento de trabajadores asindicados, las «mareas», que de momento y en algunas regiones se han mostrado críticas con el sindicalismo oficial, acercándose a los alternativos. Existe también en algunas ciudades un movimiento estudiantil en alza con el que unir fuerzas. Un bloque de fuerzas ,como el que ya ha propuesto Solidaridad Obrera en Madrid, puede vconvocar a tanta gente, puede que incluso más, que la que puedan el maltrecho trio UGT-CCOO-PSOE. El sindicalismo vasco aprendió pronto a dejarlos a un lado, y gracias a ello crecieron por su iniciativa propia, lo mismo deberíamos hacer en el resto de España.

Comentaré, por último, que habría que empezar a plantear auténticas alternativas para la clase trabajadora. No basta con reclamar que no nos quiten el derecho a una cama de hospital o a una escuela, la crisis supone más que todo eso. Actualmente, en el proceso productivo, muchos trabajadores se quedan en la calle (aunque personalmente, considero que los que sobran son sus patrones). Es una situación similar a la que se vivió a finales del siglo XIX y que solo se salvó gracias a que la clase obrera supo organizarse y reclamar la jornada de ocho horas, cosa que logró tras mucho luchar. Una jornada de seis horas o menos no solo es completamente posible sino que además es necesaria, trabajando menos, trabajaremos todos. Por otro lado, nos venden la moto de la necesidad de los emprendedores para que se reactive la economía, como si la empresa privada fuera el único motor económico. ¿Qué hay de las cooperativas que permitirían a los trabajadores hacerse cargo de las fábricas que cerrasen? ¿Qué hay de la empresa pública que permitió a un país como Francia salir de la crisis tras la Segunda Guerra Mundial? Es la clase burguesa la que ha ocasionado la crisis. ¿Seguro que también va a ser quien nos saque?

Lo dicho, este otoño, a la huelga. Seis millones de desempleados son el mejor motivo.