Blablacar, Uber y taxis: polvo en el camino

El pasado 11 de junio los telediarios abrieron con la noticia de que estaba habiendo una Huelga de Taxis en las principales megápolis del continente. Como es de esperar por parte de las empresas de comunicación, la información que dieron fue bastante limitada, mezclando el morbo del conflicto que se disparó en algún caso con datos aleatorios sobre el conflicto: Uber, Taxis, Comisión Europea, compartir coches, competencia desleal… Este artículo pretende verter un poco de luz sobre cuál es el conflicto en marcha, cuales son las fuerzas que hay en liza y por último intentar ofrecer una visión del problema estructural en torno al transporte que padecemos.

El conflicto ha estallado entrado 2014. Por un lado, el pasado marzo la patronal de autobuses Fenebús denunció ante el Defensor del Pueblo, la CNMC y ante la prensa la “competencia desleal” que suponía Blablacar. Fenebús es la asociación patronal del autobús que aglutina al 76% de las líneas regulares, teniendo una representatividad menor para estaciones, líneas de servicio urbano y servicios discrecionales. Por otro lado, en abril Uber se presenta en Barcelona sumándose a las más de 20 ciudades europeas en las que ya estaba presente. El sector del taxi de esas ciudades ha sido capaz de coordinar una huelga a nivel europeo que se materializó en un paro con muchísimo seguimiento el pasado 11 de junio, al que se sumaron otras ciudades para pedir que se regulen –prohíban- estas nuevas plataformas y para mostrar en general el malestar de un sector muy afectado por estos últimos años de precios disparados del petróleo, depauperación social masiva y condiciones precarias en el segmento asalariado del sector.

Este conflicto se articula a 2 niveles, pues el conflicto urbano Taxis-Uber es distinto y tiene distintos sujetos que el conflicto Patronales-Blablacar que es principalmente sobre el transporte interurbano. Sin embargo, los paralelismos son bastante significativos y es lo que hace que tanto la prensa convencional, como las instituciones, como algunas voces en el Taxi los hayan englobado como un solo problema entremezclado.

Es necesario definir que actores hay sobre el terreno:

Las nuevas empresas: Uber y Blablacar.

Uber: empresa dedicada a poner en contacto personas que ofrecen viajes y personas que necesitan viajar. Uber controla las condiciones del contacto, ofrece aseguramiento al viajero y al conductor y por supuesto, cobra por el servicio. La diferenciación de la empresa se basa en que funciona mediante una aplicación móvil, por lo que ofrece inmediatez y se permite definirse como empresa de alta tecnología. La empresa es de origen americano, fundada por Travis Kalanick, un californiano de buena posición social. Actualmente, y sólo según su web[1], está financiada por Google Venture, Goldman Sachs, Benchmark, Lowercase capital, Menlo y First Round Capital.

Blablacar: empresa dedicada a servir de plataforma para que conductores y viajeras se pongan en contacto. Blablacar en un principio servía como simple red social en la que la gente se apunta y puede hacer los contactos necesarios para satisfacer sus necesidades: llenar su coche de gente y amortizar el viaje o viajar más barato, rápido y flexible. Sin embargo, tras la denuncia que se venía gestando por las patronales del transporte, el servicio se ha modificado notablemente y aunque aún hoy está en fase de pruebas, ya la web se lleva un 10% del coste del viaje en concepto de reserva del asiento y, a mayores, el IVA del 0,21 vigente en el reino de España. Aún con esta medida, que modifica sustancialmente las condiciones iniciales del “servicio”, el 17 de junio el Ministerio de Fomento español registraba[2] su sede en el marco de la investigación abierta para ver si este tipo de negocio es legal.
La empresa es originaria de Francia, de la mano de Frédéric Mazzella, otro acomodado emprendedor que puso en marcha su idea tras volver de estudiar en EEUU. La web no hace públicos sus inversores, pero sin rebuscar mucho encontramos esta[3] noticia de 2012 en la que leemos que 2 grupos de inversión pusieron en su día su granito de arena de 7,5 millones de euros para que Blablacar se asentase en territorio peninsular.

Ambas empresas se enmarcan en una “nueva” generación de empresas adaptadas a las posibilidades de internet y de la “Web 2.0” para ofrecer servicios materiales, frente a las empresas pioneras en este campo que han servido tan solo para el entretenimiento –redes sociales, videos, noticias virales…-. En este sentido, las empresas con raíz en internet entran a competir con la economía del “mundo real”, lo que supone un cambio de paradigma que están vendiendo como una democratización de la actividad comercial e industrial. Ambas empresas han sido defendidas públicamente por la web http://www.consumocolaborativo.com/, que mantiene ese discurso de que las nuevas tecnologías permiten un consumo participativo y, por tanto, democrático. Encontramos una explicación de este “nuevo” tipo de consumo en este artículo de la Revista Exarchia [4].

Sin embargo, y como era de esperar viendo los credenciales que acompañan a las dos empresas de las que hablamos, algo huele raro en todo esto. El hecho de que grandes empresas inversoras apuesten por modelos de “consumo alternativo” es porque estos modelos tan solo son alternativos en el formato, pero no en la estructura económica que los envuelve. En este sentido conviene sacar a la luz este extracto de “El manifiesto Telecomunista”[5]:

La Web 2.0 es el Boom de la Inversión en Internet 2.0. La Web 2.0 es un modelo de negocio de apropiación privada del valor creado colectivamente. Nadie niega que la tecnología de sitios como YouTube, por ejemplo, es trivial. Esto está más que evidenciado por el gran número de servicios idénticos, tales como Daily Motion, de compartición de videos. El valor real de YouTube no es creado por los desarrolladores del sitio; en cambio, es creado por la gente que carga videos en el sitio. Aun así, cuando YouTube fue comprado por un valor de mil millones de dólares en acciones de Google, ¿cuántas de esas acciones fueron adquiridas por los que hicieron esos videos? Cero.“

En efecto, la desmaterialización de la economía que predican quienes ponen por ejemplo estas empresas web no es más que un truco en el que lo que genera valor es la propaganda y la información, no el “servicio” prestado. Lo que genera valor -mientras no cobran comisión, claro- de estas empresas “colaborativas” es usar a los usuarios como mercancía, negociar con la información que generan y la que se les puede hacer llegar. En este sentido, la descripción completa del funcionamiento de este tipo de negocio, el contexto en el que nace y la alternativa más honesta planteable se recogen ampliamente en el citado manifiesto.

En todo caso, y esto es significativo, estas empresas no son empresas del sector del transporte puesto que su actividad solo afecta tangentemente a la actividad del sector. Son empresas de internet, de aplicaciones móviles, webs de contactos…vallas publicitarias en un sentido y traficantes de información por otro. Es por ello que no tienen ningún tipo de preocupación, ni influencia, ni programa sobre los problemas estructurales del sector: la mortalidad, la vulnerabilidad energética, el impacto ambiental asociado…Excepto para su discurso mediático, en el que se aclaman como “una ayuda para luchar contra el cambio climático”, como si sus usuarios hubiesen evitado viajar en su propio vehículo o se hubieran quedado en casa sin su web.

El Estado: El Estado Español y la Unión Europea.

Sin entrar en todos los detalles, la actuación institucional en este conflicto está siendo contradictoria. Básicamente, el Estado está apoyando a la industria tradicional, o más bien, persiguiendo o dispuesto a perseguir a las novedosas empresas mientras que desde la Comisión Europea se afirma que este modelo de empresa es el futuro y que son perfectamente legales.

Nos encontramos con las dos posibilidades de las que puede actuar el estado, en tanto que “comité de gestión de los asuntos de la burguesía”: o a favor de unas empresas o a favor de otras. Mientras el Estado español, mediante su ministerio de Fomento, nos habla de lo importante que son para las consumidoras las leyes relativas a la seguridad viaria que con estos servicios se estarían incumpliendo, desde la Comisión Europea o el propio ministro de economía estatal nos dicen que es introducir competencia en el mercado y que eso sólo puede beneficiar también a las consumidoras.

El pueblo: los trabajadores del taxi y las usuarias del “consumo colaborativo”.

Los trabajadores del Taxi: Organizados en sus asociaciones corporativas o en sindicatos al uso, la respuesta está siendo tajante: esto es competencia ilegal e ilegítima. El grupo más significativo que ha organizado la movilización sería La Élite[6], un grupo de taxistas autoorganizados para defender sus intereses corporativos, creada recientemente para luchar contra el “intrusismo”. Sin embargo, el grupo del que podemos encontrar un trabajo más constante y con más amplitud de miras lo representa la sección del Taxi de CNT[7], que también ha participado activamente en las protestas.

Las críticas que hacen es principalmente que estas nuevas formas de negocio atentan contra su modo de vida, lo que sería el colofón a años y años de subidas de los combustibles, bajadas de los ingresos, precarización del modo de vida de los asalariados del taxi…En el comunicado de la sección de CNT ante la huelga se incluye a Uber al mismo nivel que el resto de plataformas para compartir coche, alertando de que “el transporte público está seriamente amenazado y puede quedar eliminado y sustituido por monopolios de telefonía como Uber o Blablacar”. La Élite hace hincapié en la legalidad que los nuevos servicios no cumplen, y aprovechan para cargar contra otros competidores que les amenazan desde hace tiempo como los hoteles con servicio propio de recogida en aeropuertos, por los mismos motivos.

En general la movilización tiene un discurso defensivo del sector y de la legislación actual como garante de sus derechos. Receta que ha recorrido otros tantos sectores amenazados por la austeridad en estos últimos años, abrazarse al “status quo del bienestar” e implorar su defensa. Evidentemente aquí se está teniendo una perspectiva puramente obrera, las “patronales” del taxi no están teniendo, al parecer ningún peso en estas movilizaciones aun considerando las particularidades de un sector donde son mayoría los autónomos.

Sin embargo, al no ser el propio Estado el agresor en este caso el conflicto tiene bastantes más visos de radicalizarse y conseguir objetivos por la vía de la acción directa, dejando en una posición seguramente muy incómoda al estado, si no ha resuelto sus incongruencias entre el liberalismo y el proteccionismo.

Las usuarias del “consumo colaborativo”: De Uber por lo pronto no hay datos de la cantidad de clientes en Barcelona, única ciudad peninsular donde tienen presencia, y en todo caso por ser un servicio con costes fijos asociados parece difícil que pueda despertar verdadero interés entre la gente trabajadora. Por contra, de Blablacar la última cifra dada[8] es de 1.000.000 de desplazamientos en los 12 estados en los que opera. Si todos los países tuviesen la misma cantidad de viajes -lo cual es seguramente falso siendo los estados más grandes los que más cantidad tengan- la cantidad en el reino de España sería algo menor de 100.000 viajes, cuando el total de viajes interurbanos en autobús en un mes ronda los 50.000.000. Es una cifra bastante pequeña, en torno a un 0,2% de lo que mueve el autobús, y sin embargo ha hecho saltar las alarmas de la patronal del autobús, que a la vez es el modo de transporte menos útil para los usuarios, o sea: el más caro, más lento y menos cómodo de entre los disponibles.

Según las variables típicas por las que en teoría las personas elegimos el modo en que viajar según las opciones disponibles -condición socioeconómica de la persona, comodidad subjetiva, coste y tiempo del modo elegido- parece que el coche compartido es una opción más que competitiva excepto por la condición socioeconómica para la que está disponible la alternativa. No olvidemos que el acceso a este modo pasa por tener acceso a internet, saber manejar internet para configurarse un perfil personal en una web y además saber interactuar un mínimo en redes sociales. Estas características, aunque a una cierta generación nos parezcan naturales como a otras les parece pelar judías verdes son una limitación muy importante, más allá de los extendidos prejuicios hacía “el desconocido” que vas a llevar o te va a llevar en el coche, que también son un freno importante. Es por lo tanto una cuestión cultural y generacional lo que ha potenciado y limitado la extensión de esta plataforma.

Aparte de las variables típicas que influyen en el comportamiento de los usuarios de transporte hay en el fenómeno Blablacar un matiz que lo hace defendible para quienes lo usan. Es el hecho de conocer gente y compartir un tiempo que de otra forma sería muerto. Aunque evidentemente esto ha generado situaciones violentas –absolutamente anecdóticas-, en nuestra sociedad de individuos atomizados sumidos en un mar de antidepresivos parece saludable crear escenarios para la sociabilidad aleatoria, aunque en ocasiones pueda suponerle a las anarquistas pasarse un viaje entero con un policía al lado hablando del tiempo y de recetas de la abuela.

Hay que reconocer en el formato de coche compartido esa potencial virtud, aunque con ese razonamiento, eso debería ser una defensa férrea de los transportes colectivos tipo bus, avión o tren, en el que viaja mucha gente muy diversa y sin embargo por lo normal estos modos no son espacios de sociabilidad ninguna. ¿qué diferencia hay? Pues que el Blablacar y sucedáneos son modos muy marginales, disponibles para ese sector de población dispuesto a socializarse así.

Ahora que las condiciones han cambiado, el servicio mayoritario –Blablacar- se ha “burocratizado” y ha subido de precios, sin duda perderá usuarias aunque se mantenga como uno de los modos más útiles del “mercado” del transporte interurbano.

Como “consumidoras” de Blablacar no ha habido ni movilizaciones ni respuestas más allá de pataletas en redes sociales, como Twitter. FACUA-Consumidores en acción, como organización portavoz de los consumidores sí que se posicionó en el conflicto abierto con un comunicado [9] atacando principalmente a Uber desde el mismo planteamiento que el grupo de taxistas La Élite: que deben acogerse a derecho para proteger a quienes consumen.

Como reflexión desde el punto de vista obrero –superando las ficticias divisiones entre consumidoras y trabajadoras, parados y estudiantes, nativas y extranjeras…- estamos ante un conflicto en el que se nos intenta enfrentar, una vez más, a quienes defienden sus derechos laborales con quienes defienden sus derechos como usuarias. Hay que señalar a las herramientas del “consumo colaborativo” super-alternativo como una trampa en la mayoría de los casos, tendida desde las escuelas de negocios más chungas –ESADE, IESE…- para captar mercados “alternativos” y como se ha esbozado antes, generar valor de las relaciones humanas que más espontáneas debieran ser. Tenemos que ser autocríticos. Frente a la posibilidad de generar herramientas P2P, descentralizadas y autoorganizadas, para cosas como compartir coche –o información tipo redes sociales- esperamos que grandes empresas multinacionales nos lo ofrezcan gratis. En vez de examinar nuestro sector laboral y encaminarlo hacía escenarios autogestivos que limiten la labor gestora del estado –y aumenten la nuestra como trabajadores y consumidores- y la labor intrusiva del mercado y por tanto del capital, nos entregamos al amparo protector del Estado que una vez más, en este caso en el Taxi, nos va a apuñalar por la espalda a la mínima oportunidad.

Pero por desgracia este conflicto levanta polvo en el camino y nos impide ver donde estamos o a donde vamos.

Lo que el “consumo colaborativo” no plantea, porque no es “su negocio”, es cómo afrontamos los problemas estructurales del transporte. Y desde luego ni las patronales del transporte, ni las estructuras del estado están tampoco por la labor de hacerlo. Compartir coche está bien en términos eco-eficientes, pero es más de lo mismo en términos eco-efectivos[10] y la efectividad hoy en día es una virtud que debería estar más en boga, frente a una eficiencia dogmática que no deja de ser la razón del mercado.

Reducir el consumo energético, amortizar mejor la maquinaria fabricada y las infraestructuras ya instaladas es menos malo que no hacerlo, pero no es necesariamente bueno. La reducción de consumo energético hoy en día ya no es una opción, hace 8 años que la producción de petróleo está en declive y es el eslabón más débil de la cadena del transporte. Es normal que ahora estemos dispuestas a apretarnos 5 desconocidas en un coche. Es normal que el taxista haga casi el doble de horas de las que haría hace 10 años, porque la gasolina vale tanto que hace 10 años decían que con los precios de hoy la economía no podría sostenerse. Y resulta que la economía que no se sostiene es precisamente la nuestra, la de la gente trabajadora.

El transporte, en taxi o Blablacar, no deja de ser una necesidad impuesta en la mayoría de los casos, veamos cómo:

Punto 1: La distancia a recorrer nos ha venido dada por el urbanismo moderno que es un instrumento más de control social. [11]

Punto 2: Ir a trabajar, ir a consumir –mercancías u ocio- son también ritmos de vida bajo el poder de la mercantilización y la explotación, sobre los que poco podemos decidir, ni siquiera opinar. [12]

Punto 3: Los modos de transporte existentes –coche, bus, tren, avión, bicicleta…- no responden más que a sus propias necesidades y no a las necesidades humanas. La historia del transporte es la historia de cómo los inventos se imponen a las necesidades, especialmente por las infraestructuras, lo que nos devuelve al punto 1 y los usos del urbanismo.

¿Cuál es entonces la solución al conflicto del taxi y el blablacar? Según lo dicho no parece ser una solución técnica o legislativa. Es un problema con raíces sociales y por tanto, sólo el cambio social puede solucionarlo.

Valladolid. Junio de 2014

@botasypedales

[1] https://www.uber.com/

[2] http://www.elmundo.es/economia/2014/06/16/539f5336e2704ee2348b4578.html

[3]http://www.europapress.es/economia/noticia-comunicado-blablacar-cierra-ronda-financiacion-75-millones-euros-accel-cabiedes-20120227120124.html

[4] http://revistaexarchia.org/2014/03/17/tiempo-de-conexion-para-un-consumo-colaborativo/

[5] http://endefensadelsl.org/manifiesto_telecomunista.html#el-comunismo-de-pares-contra-el-estado-capitalista-cliente-servidor

[6] http://www.elitestaximadrid.blogspot.com.es/

[7] http://cnt-taxi-bcn.blogspot.com.es/

[8] http://www.blablacar.es/blog/quienes-somos

[9] https://www.facua.org/es/noticia.php?Id=8538

[10] Términos en el sentido usado en el libro Cradle to Cradle de M. Braungart y W. McDonought

[11] http://cuadernosdenegacion.blogspot.com.es/2012/12/nro7-recorrido-por-el-territorio.html

[12] http://estudios.cnt.es/wp-content/uploads/2014/01/2Analisis_Paradelo.pdf

La abstención es un gesto pasivo: La política del día a día.

La abstención es un gesto pasivo. Un no-hacer. Da igual que lo acompañemos del adjetivo «activa» porque, al final, sigue expresando un dejar de hacer, más que un hacer activamente. El gesto activo, en cambio, es la lucha anticapitalista diaria, la organización libertaria, el trabajo de base: anarcosindicalismo, defensa de los servicios sociales, construcción de espacios de socialización y alternativas económicas, resistencia frente a procesos destructores de medio, enfrentamiento político… Quiero poner en duda que, al defender la abstención, incluso al incluir ese adjetivo de activa, estemos consiguiendo de manera efectiva transmitir un mensaje movilizador, que llame a la población a activarse. Quiero ponerlo en duda porque, desde mi punto de vista, la defensa de la abstención eclipsa, más que dar luz, a esa defensa de la toma de conciencia que se expresa de manera constante. Ese que es, en definitiva, el programa de los libertarios respecto a la participación en los asuntos comunes.

Vaya por delante que soy abstencionista, por si la cuestión personal resultase relevante para el debate. Considero que es la posición más coherente entre aquellos que rechazamos este modelo de participación política, además de la más util a nivel estratégico en el contexto actual. Pero entre anarquistas esta ha sido siempre una cuestión estratégica más que de principios. Por ello, tampoco creo que la abstención sea la posición más útil en todo contexto, aunque sí en la mayoría (si no todos) los contextos electorales en que pueda verse inmerso hoy día cualquier lector habitual de este artículo.

Pero lo que me interesa cuestionar es lo siguiente: si lo que pretendemos es defender la lucha diaria y de base, ¿por qué lo ocultamos tras la idea de la abstención? ¿De qué forma nos beneficia hablar de abstención (incluso de abstención activa) en lugar de hablar de organización y lucha, de participación directa en política, de devolver esta a una escala local y federalista?

Vale la pena dar una vuelta a la diferencia abstención/abstención activa. El argumento mil veces repetido es que añadir el adjetivo activa cambia el carácter del gesto de una decisión pasiva a una decisión resultado de una toma de conciencia. Bien pero ¿es la abstención requisito o, más bien, resultado del proceso de toma de conciencia y movilización? Porque si se trata de lo segundo, como defiendo, me parece más estratégico trabajar por difundir una toma de conciencia y apelar a la movilización. De tal modo que es ese mismo proceso, más fundamental, el que se concretará en un gesto abstencionista.

¿Por qué defiendo que añadir el adjetivo de «activa» no basta para mejorar la labor movilizadora del concepto? Porque no es lo mismo lo que queremos transmitir que aquello que efectivamente transmitimos. En esto vuelvo a una idea recurrente: La recepción correcta del mensaje no depende sólo de la intencionalidad del emisor, si no también y fundamentalmente de la capacidad del receptor para interpretar el mensaje. Para buena parte de la gente la abstención ACTIVA es aquella que se lleva adelante como gesto político consciente de rechazo al sistema, es decir, diferenciada de aquella abstención que ocurre por pasividad o vagancia. Hasta ahí de acuerdo. Sin embargo, eso no dirige necesariamente (como pretenden algunos) a la idea de la participación diaria y directa en política que defendemos los anarquistas. Valga el ejemplo de la izquierda abertzale que ha llamado a la abstención activa, consciente, cuando su partido de referencia ha sido ilegalizado, pero que no estaban por ello haciendo una defensa de la participación directa (no delegada) en política. De hecho, probablemente haya sido uno de los llamamientos a la abstención activa más exitosos (a nivel cuantitativo) de los últimos años en el estado español.

Otro ejemplo más de la poca capacidad movilizadora del concepto es que, en los pocos debates en los que participamos, se plantea la dicotomía como votar/abstenerse. En ese caso estamos dando lugar a un equívoco que resulta necesario explicar una y otra vez, que no basta con abstenerse sino que además hay que luchar. Sin resultado, porque la idea mayoritaria que permanece es que, simplemente, los anarquistas no votamos. Mi impresión es que la idea que debemos transmitir es que los anarquistas defendemos la participación diaria y directa en política y que por ello el voto nos parece secundario. Mi propuesta es hablar de «Política del día a día» en lugar de «Abstención activa». De otro modo, parece que defendemos la abstención como una alternativa efectiva (en términos de utilidad) al voto, cuando no es tal. La alternativa real está en lo que ya se ha nombrado y que merece la pena repetir: la lucha anticapitalista diaria, la organización libertaria, el trabajo de base… El objetivo está en difundir este mensaje de manera clara y sin vuelta de hoja; hacerlo el día de las elecciones, el día previo a las elecciones y, sobre todo, los días posteriores.

Un argumento recurrente en defensa de la abstención es que esta deslegitima al sistema. Tampoco me parece del todo correcto, si bien es el argumento más profundo en favor de su utilidad. La legitimidad de un gobierno con un porcentaje de voto ínfimo podría (y debería) ser puesta en entredicho: Este gobierno carece de apoyo para gobernar. Hasta ahí bien, puesto que es una importante baza con la que jugar, que además el resto de la izquierda se niega a contemplar cuando presenta sus propuestas electorales fragmentadas y con un margen de maniobra mínimo (y este es el caso incluso en el reciente «triunfo electoral» de Podemos). Con todo y haciendo un análisis realista, los gobiernos muy minoritarios siguen gobernando sin que su falta de legitimidad se lo impida. ¿Por qué? Porque si bien la abstención sirve para no-legitimar, el desgaste y la paralización real de los gobiernos solo puede venir de un movimiento organizado que trabaje de manera constante, que haga política en el día a día. Para ese movimiento la abstención podría ser un arma más, por supuesto. Pero de nuevo volvemos sobre la prioridad fundamental de potenciar la movilización, el trabajo diario y de base frente al gesto de la abstención. Gesto que sin movimiento real que lo justifique carece de potencia.

¿Qué aspectos positivos presenta, a cambio, el hecho de una defensa de un concepto como la política del día a día? Fundamentalmente, que activa el marco teórico de que la lucha es un compromiso constante. Que pone lo fundamental por encima: No el gesto abstencionista, si no el compromiso que lleva a cuestionar el voto.

Lo que quiero decir, en definitiva, es que la idea que ha calado es que el anarquismo no vota, frente a la idea que nos interesaría proyectar de que el anarquismo, ante todo, prima la organización y la lucha diaria. Afirmo que el uso del concepto abstención activa tiene mucho que ver en ese problema, ocultando lo fundamental y poniendo por delante lo accesorio. Que faltan conceptos que hagan referencia a la organización permanente en política, falta comunicarlos y desarrollarlos (¿Cómo nos organizamos? ¿Cómo se lucha?) y falta llevar estas propuestas a la práctica. La idea-fuerza que debe calar es que las cosas solo se consiguen luchando cada día y que esto es una evidencia práctica, no un principio rector ni un empeño teórico. Para ello, propongo adoptar el concepto de política del día a día, dándole forma como alternativa libertaria al voto desde el apoyo mutuo y la acción directa.

La posibilidad del anarquismo en el contexto actual

Probablemente nos hayamos preguntado alguna vez si es posible materializar una sociedad anarquista a una mayor escala en el actual contexto o en un futuro cercano. Si bien existen ya comunidades que tienen un funcionamiento cercanas al anarquismo y al socialismo libertario en diversas zonas del mundo, nos planteamos aquí si sería posible realizar una sociedad anarquista en lo que llamamos «Occidente». A nivel general, en los países con un capitalismo más avanzado, el anarquismo se ve realizado a muy pequeña escala en okupas, en algunas fábricas recuperadas o en ciertas zonas rurales pero, ¿existe una posibilidad no muy remota de aplicar el socialismo libertario a gran escala? Probabilidades hay. No obstante, conforme vayamos analizando la complejidad del contexto actual, las probabilidades de materializar una sociedad libertaria en un plazo no muy largo tienden cada vez más a cero. Para comprender el por qué de las probabilidades casi nulas de realizar el anarquismo en un futuro cercano, nos situaremos en el panorama actual y conoceremos así la posición de los anarquistas en el espacio político presente.

Tras la caída del muro de Berlín y el colapso de la URSS, el neoliberalismo se impuso como el sistema dominante prácticamente a escala global debido principalmente a la carencia de una resistencia obrera organizada como aquella de principios del siglo XX. La conciencia de clases hoy en día se ha perdido casi por completo entre la clase trabajadora actual en «Occidente» y en su lugar se introdujo en el imaginario popular el individualismo pequeñoburgués, el éxito personal, la ilusión de la clase media y la ideología del emprendimiento. Sin embargo, a la llegada de la crisis para la clase trabajadora, ha habido cierto repunte de una conciencia crítica en la sociedad así como el crecimiento de la movilización social y una tendencia hacia la polarización que se traduce en: por un lado, la ultraderecha y sus discursos nacionalistas comienzan a calar cada vez más entre parte de los sectores populares y la pequeñaburguesía, como se observa en Francia, Grecia y Ucrania principalmente; y por otro, las izquierdas más allá de la socialdemocracia parece también ir ganando terreno entre la clase obrera, aunque muy tímidamente. Nuestra posición estaría dentro de la izquierda radical y revolucionaria, teniendo también dentro de esta misma izquierda a ciertas tendencias marxistas.

Los anarquistas estamos ante un panorama en el cual encontramos una mayoría social despolitizada o con poca formación política, un despertar de la conciencia política entre los sectores populares, lo que ocasionó una creciente movilización social; una izquierda revolucionaria muy dividida, incluso entre los círculos libertarios; y un movimiento obrero casi desarticulado, y de lo que queda, en su mayoría domesticado por los sindicatos amarillos, aunque el desprestigio de tales sindicatos favoreció en parte el crecimiento del sindicalismo de clase y combativo. Al frente, me refiero aquí a las fuerzas del Capital, nos encontramos ante dos tendencias: una conservadora caracterizada por el auge de la extrema derecha que cuenta con el apoyo del neoliberalismo y los sectores conservadores de la burguesía, que ante el aumento movilización social, necesitan reforzar sus aparatos represivos a través del Estado para mantener sus privilegios de clase. Esto sucede a la vez que el sector público sufre un progresivo desmantelamiento en favor del capital privado, al igual que la destrucción de los derechos sociales en favor de los intereses del capital. Y otra progresista caracterizada por el reformismo socialdemócrata tendiente al pacto social, la conciliación de clases y la vuelta del Estado del bienestar de los años de bonanza. Cuentan con el apoyo de la pequeña burguesía progresista que en base a las teorías keynesianas, pretenden reforzar el papel del Estado en el control sobre los mercados, así como el desarrollo de políticas que favorezcan a las pequeñas y medianas empresas.

Sabemos que para derrocar el orden capitalista es necesario una revolución, pero no somos la única fuerza política dentro del espectro socialista revolucionario, ni tampoco nos encontramos con una situación revolucionaria a la vuelta de la esquina. En el terreno de la lucha social, tenemos que contar con la existencia de movimientos sociales sin una línea política claramente definida pero con un discurso crítico contra el neoliberalismo, aunque no necesariamente revolucionario, y un funcionamiento articulado desde estructuras horizontales. En dichos movimientos sociales encontramos diversas fuerzas políticas que se disputan el espacio en ellos, que van desde la izquierda parlamentaria y extraparlamentaria, pasando por marxistas-leninistas hasta marxistas heterodoxos y anarquistas. Aquí la presencia anarquista en las luchas sociales -entre ellas la lucha de clases- es esencial para evitar que otras fuerzas políticas sean las que marquen la agenda a los movimientos sociales, pero sin descartar la posible colaboración en reivindicaciones inmediatas comunes sin caer en el apoyo político a ellas. El contenido político de una posible revolución dependerá pues de qué fuerza política sea la hegemónica. Pese a todo, aún queda lejos esa situación revolucionaria, y aún más la realización de una sociedad anarquista.

Y he aquí la pregunta del millón: ¿entonces por qué seguimos siendo anarquistas y seguimos luchando contra el capitalismo y el Estado si esta generación (la de los años ’90 y anteriores) lo más probable es que no vivamos una posible situación revolucionaria, y me temo que mucho menos la realización del socialismo libertario en «Occidente»? La historia de los pueblos y, en particular, la historia del anarquismo nos demuestra que, pese a los errores que se cometieron en el pasado, la anarquía funciona y fue posible. Aunque en la actual coyuntura de «Occidente» estemos muy lejos de alcanzarla y sea muy difícil realizarla a una escala mayor, siguen siendo efectivas las herramientas de lucha que a día de hoy se pueden aplicar en la praxis como son las estructuras organizativas horizontales, el asamblearismo, la autogestión y la acción directa colectiva, y los principios de la cooperación, la solidaridad y la ayuda mutua. Si aspiramos a una revolución social de carácter libertario, nos toca en el ahora, además de organizarnos los anarquistas, participar en los movimientos sociales poniendo a disposición de todos y todas aquellas que quieran un cambio real nuestras herramientas de lucha y demostrar que la organización popular, de clase y la acción directa colectiva es más efectiva que la vía institucional, tanto para frenar los ataques del neoliberalismo como para avanzar hacia la construcción de una sociedad libertaria.

Sin embargo, aunque no la consiguiéramos ver, la lucha de hoy servirá para defender las conquistas de generaciones pasadas y evitar ser aplastadas por la barbarie neoliberal, sin olvidar, claro está, la articulación de una fuerza política revolucionaria y de carácter libertario.

La preponderancia del todo.

Para escribir esta pequeña reflexión parto simplemente de la siguiente cuestión: ¿Qué es la sociedad? Y antes de empezar, me gustaría remarcar cuánto me entristece la ligereza con la cual se habla de «sociedad» o de «humanidad» en términos tan generales hoy en día. Creo que estos conceptos son inabarcables en su totalidad, demasiado complejos y heterogéneos para nuestro limitado conocimiento y nuestro eterno desconocimiento. Aquí solamente pretendo esbozar y matizar algunos prejuicios acerca de ella e interpretar la consecuencias de dichos prejuicios.

¿Qué es, pues, una sociedad? Se suele afirmar de forma cotidiana que una sociedad es simple y llanamente el resultado de un conjunto de individuos. Creo ver aquí el primer error. Si una sociedad fuese solamente la suma de individuos sin relación alguna entre ellos, no sería sociedad en ningún caso. Los individuos son necesarios para la creación de una sociedad, naturalmente; son necesarios pero no suficientes. También interviene, de forma igualmente necesaria, las relaciones sociales que entre ellos se forman. Estas pueden no verse, no percibirse, pero forman la estructura misma de cualquier tipo de sociedad.

Como consecuencia, o al menos, como influencia de esta primera mala interpretación, surge en el camino otra. Es el error de confundir la sociedad con la asociación, que es aproximadamente lo contrario de aquélla. Una sociedad no se construye por acuerdo de voluntades. Al contrario; todo acuerdo de voluntades presupone la existencia de una sociedad, de gentes que conviven, y el acuerdo no puede consistir sino en precisar una u otra forma de esa convivencia, de esa sociedad preexistente. La idea de sociedad como reunión contractual, y por lo tanto, jurídica, es el más insensato ensayo que se ha hecho de poner la carreta delante de los bueyes, por así decirlo. Porque el Derecho es, si se me perdona, la secreción, la separación espontanea de la sociedad, y no puede ser otra cosa. Querer que el Derecho rija las relaciones sociales entre seres que previamente no viven en efectiva sociedad, me parece tener una idea bastante confusa de lo que es la organización social.

Es como intentar hacer encajar por la fuerza piezas de por sí dispares. Muchos pensadores y eruditos han estudiado, escrito y especulado sobre esto, y para ellos es una cuestión muy difícil en la que tú, el individuo, te sientes totalmente perdido en sus filosofías, y ellos han llegado a la conclusión de que tú no cuentas en absoluto. Lo que es importante, dicen ellos, no eres tú, sino «el todo«, toda la gente junta. Este «todo» lo denominan ellos «sociedad», o «el Estado», y los pícaros han decidido actualmente que no importa si tú, el individuo, eres miserable, mientras que la «sociedad» esté en orden.

De alguna u otra manera olvidan explicar cómo puede estar en orden la «sociedad», o «el todo», si los miembros singulares de ella son desgraciados. Esto es todavía más claro cuando se habla del Estado propiamente dicho. Éste es el sacrificio de la libertad y de los intereses de cada uno, tanto de los individuos como de las unidades colectivas más pequeñas, como las provincias y las asociaciones,  a la libertad de el todo, de todo el mundo, a la prosperidad del gran conjunto. Pero este «todo el mundo», ese gran conjunto, ¿qué es, sino? Es la aglomeración de todos los individuos y de todas las colectividades humanas más restringidas que lo componen.

Pero en el preciso momento en que los individuos y las localidades se componen y se coordinan con «el todo», ¿qué ocurre con los intereses  individuales y locales? Deben de ser sacrificados; no queda otra. Y el todo que supuestamente les representa, ¿qué es? No es el conjunto viviente, que deja respirar a cada uno a sus anchas y se vuelve más fecundo cuando más se desarrollan en su seno la libertad y la prosperidad; es al contrario, la inmolación perpetua tanto de cada individuo como de cada asociación local, es la completa negación de la vida y del derecho de todas las partes que componen ese «todo el mundo», por el llamado bien de todo el mundo. Es el Estado sobre el cual se anula la sociedad e individualidad natural.

La contradicción existe y ha existido de todas formas, porque sin la independencia personal se anula el individuo y sin la asociación de individuos la vida es imposible. La asociación lleva consigo un acto deliberado de voluntad libre; cualquier otra cosa es subordinación, en ningún caso asociación. Por lo tanto, el pacto entre seres iguales y libres resuelve la contradicción y asegura la independencia personal y realiza la solidaridad.

Cualquier otro tipo de sociedad que se ampare en el Estado y en el todo (incluyendo al socialismo gubernamental) podrá hablar de libertad, pero esta estará de tal modo condicionada que sería mejor hablar de subordinación forzosa a la soberanía de la sociedad y «del todo». En este punto, quien aprecie su libertad individual tendrá que inclinarse de forma necesaria al anarquismo.

Fuera de él toda promesa de verdadera liberación es un engaño, una falaz mentira.

Radix

[Recomendación] Lectura: Cómo derrocar a los Illuminati

Tras tanto tiempo yendo a rebufo de los trapicheos de los Illuminati, dimos con la solución de cómo derrocarlos: declarando la conspiranoia sobre los Illuminati como ciencia ficción. Si bien los Illuminati existieron en la historia, concretamente en la época de expansión de la Ilustración, terminaron disolviéndose pese a que los teóricos de la conspiración digan que pasaron a la clandestinidad.

El texto que hoy recomiendo trata precisamente de refutar las teorías Illuminati, de cómo unas teorías conservadoras y elaboradas por la clase dominante para intentar explicar los grandes movimientos de masas, al no entender que pudiesen llegar a tales magnitudes de movilización contra la misma clase dominante, puedan no tener algún líder que los guíe, y que hoy en día se ha asimilado por ciertos sectores de la clase explotada para tratar de explicar su propia opresión. Aunque es aplicado a la coyuntura estadounidense, pienso que es igualmente un buen aporte.

La actual teoría Illuminati se sienta en las siguientes bases: la existencia histórica y documentada de los Illuminati bávaros y la francmasonería, el antisemitismo y el anticristo. Sin embargo, los análisis de la realidad social que ofrece la teoría Illuminati no deja lugar a la aplicación del método científico al haberse construido como una teoría inmutable, donde no deja lugar a sucesos casuales en la historia aludiendo a que todo está controlado por los mismos de siempre: los todopoderosos Illuminati. Esto a la vez tira por la borda toda la historia social documentada hasta hoy. Además, dichas teorías son elitistas al considerar al resto de la población una gran masa uniforme de esclavos manipulados y dominados por un reducido y conocido grupo que supuestamente controla todo el sistema, lo que conlleva también una simplificación de la realidad social y la negación de las relaciones de poder entre las clases sociales. Debido a la explicación errónea de la realidad social y al mostrar al enemigo tan lejos del alcance de la población, a quien considera un rebaño de ovejas, se muestran inoperantes y desmovilizadoras, no permiten una articulación de respuestas sociales inmediatas y el empoderamiento del pueblo. Por lo tanto, se podría decir que dichas teorías son conservadoras.

La diferencia entre la conspiranoia Illuminati y el análisis materialista es que los primeros se centran únicamente en la personificación del dominio, ignorando que la explotación de una clase sobre otra la otra -que de ello se deriva la acumulación de capital en manos privadas, y por tanto, da como consecuencia el dominio de una clase sobre otra- es la base en la que se sustenta el capitalismo y que debemos acabar con esta relación de explotación para poder acabar con la opresión. Como bien expone una frase en el texto, «Las teorías solo mueven a la gente a actuar cuando ofrecen explicaciones certeras a situaciones que viven y ofrecen vías viables de acción para cambiarlas. Las teorías conspirativas no ofrecen ninguna.», os dejo que disfrutéis con la lectura y a deshacernos de esas ideas reaccionarias y desmovilizadoras:

Cómo derrocar a los Illuminati

¿Por qué no se lucha?

Mucha gente no se puede explicar cómo no hay una gran movilización social con seis millones de parados, la economía a pique, una reforma laboral que dinamita derechos laborales fruto de antiguas luchas, una ley de educación que acaba con la igualdad de oportunidades, la privatización de la sanidad, la supresión de políticas sociales, etc, etc., con la previsión de que va a peor. Todo tiene una explicación que apunta a la crisis de la izquierda.

Oigo decir “¡nadie hace nada!”, “hay que movilizarse”, “con la que está cayendo y aquí todos tan tranquilos”… Por otra parte grupos organizados se quejan de que convocan manifestaciones, actos de protesta y los afectados no van. ¿Por qué?. Es lo que nadie quiere analizar.

Desde mi punto de vista son tres las causas de esta situación.

1.- Las luchas reales siempre son por los demás, no por lo que le afecte a uno. Una situación personal puede abrir la conciencia a los problemas sociales, pero no puede ser el motor de la lucha. De esta manera se defienden privilegios, por muy loables que estos sean. Por tal motivo no podemos buscar la excusa de que los parados no luchan; ¡no pueden!, como no puede un herido en el campo de batalla. Es un planteamiento absurdo pedir que actúen los que sufren dramáticamente las decisiones políticas, las mismas que acomodan a quienes se indignan sin má, sobre todo para no sentirse culpables.

Todas las luchas a lo largo de la historia han sucedido gracias a personas privilegiadas conscientes de las injusticias, conciencia que muchas veces no tuvieron las víctimas. Quienes se han rebelado han luchado para conseguir algo, en favor de un nuevo modelo de sociedad. No para meramente protestar. Pero un modelo educativo, mensajes permanentes en los medios de comunicación en favor de la competitividad a lo largo de muchos años ha hecho mella, se ha creado un individuo egoísta como característica fundamental. Pero no el egoísmo de toda la vida propio de la especie humana, sino que se ha tecnificado de tal manera que se ha convertido en la ideología dominante, en una mentalidad que abarca todo. Hay gente con su pancarta contra el gobierno que va a la manifestación después de cumplir con su horario de trabajo. Y lo llama responsabilidad. No arriesga. No se la juega. Su puesto de trabajo por encima de todo. Entonces no hay lucha, sino egoísmo disfrazado.A lo que se responde “y porque tengo yo que…”.

Y lo más grave es que los partidos políticos, cuanto más a la izquierda más actúan en favor de sus intereses de partido, sobre estrategias electorales, para salir en los medios de comunicación, radicalizan mensajes, consignas, pero sin luchar, se limitan a ver cómo aumentan perspectivas electorales o rebañan votos de los colectivos sociales con los que “participan”. Sus acciones se basan en manifestaciones, coger firmas y salir en los medios de comunicación. Ésta es la gran crisis, la falta de respuesta.

Lo expuesto ha hecho que no haya espíritu de lucha. Es necesario recuperarlo, sin poner trabas y frenos pensando que hacer cualquier cosa es imposible, porque depende de la voluntad y del conocimiento de las cambios sociales a lo largo de la Historia.

2.- Toda lucha que se haga ha de tener en cuenta y como primer punto a los más desfavorecidos. De otra manera toda reivindicación pierde su fuerza moral, base ésta para vencer en la lucha. Se sale porque han rebajado las inversiones en investigación, porque han suprimido una paga extraordinaria a los funcionarios, porque suprimen las juntas vecinales, etc… Todo lo cual en caso de lograr que se mantenga ¿qué soluciona a quien nada tiene que llevarse a la boca?. Es el cinismo y la perversión de todas las movilizaciones actuales, es lo que apagó el aldabonazo del 15M, la manifestación del egoísmo social y una izquierda a la deriva. Toda movilización, ¡toda!, desde stop desahucios, a las protestas por el cierre de fábricas o de las minas deben exigir en primer término  que no haya nadie sin recursos para vivir, lo cual no es posible mediante el empleo. De lo contrario son protestas parciales que pueden beneficiar a unos pocos discriminando a la inmensa mayoría de los que no sufren el problema por el que luchan y menos a quienes viven en la miseria. Exigir la Renta Básica, en principio para los más desfavorecidos, sin recursos, individualmente e incondicional, para evitar su explotación y humillación como se hace en la actualidad es una condición sine que non. Sin embargo convertimos a las víctimas en chivos expiatorios, son los vagos, no quieren trabajar, o que se busquen la vida… Otros asuntos también son importantes, pero se han de integrar a una lucha global por más democracia y la abolición de la pobreza y el malestar. Es decir: si no hay un horizonte de un nuevo modelo social en cada paso que se dé, son fuegos artificiales. Lo cual hace que le derecha se mantenga y una izquierda progre se derechice a pasos agigantados.

Una cosa es luchar y otra protestar. La lucha va al corazón del sistema, el cual ha de ser analizado, no vale inventar fantasías ni las obsesiones sin sentido de un partido (como defender el pleno empleo). Hay que ir a las causas actuales, no a las de antaño, y menos quedarnos en arremeter contra los síntomas, pues si permanecen las causas aunque se elimine un síntoma aparecen otros.

y 3.- No haber luchado a tiempo. Los problemas se van fraguando y si no se reacciona crecen y cuanto más grande más se normaliza y más difícil es reaccionar. A la vez carecer de unas propuestas por las que luchar, hace que las movilizaciones sean siempre a la contra. La ley Wert de educación es terrible, pero es la consecuencia de las anteriores, del plan Bolonia, de basar la enseñanza en los exámenes, de no diversificar modelos pedagógicos adaptados a las diversas inteligencias de la juventud, etc. Con la reforma laboral otro tanto.Sin una propuesta que defender no hay impulso para la lucha, porque ¿para qué?, ¿para volver a la ley anterior?…

Son necesarias propuestas por las que luchar, pero la izquierda, en todo su espectro, ha caído en el inmovilismo de ideas y como consecuencia lleva al inmovilismo social. Cuando se dice que nadie se mueve es un error, porque la cuestión es quién comienza una lucha seria hasta sus últimas consecuencias, con objetivos claros.

Por ejemplo es necesario plantear que la deuda se pague con el dinero que la ha creado. Establecer por lo tanto el embargo de las fortunas de políticos y empresarios que se han enriquecido con el dinero público, de los políticos convertidos luego en asesores de empresas e instituciones que se han llevado en conjunto, año tras año, ese el dinero que hoy da lugar a la deuda, la cual los gobernantes quieren resolver mermando los servicios públicos y bajar el poder adquisitivo de los trabajadores. Desde ex presidentes de gobierno, diputados, ministros, alcaldes y concejales, consejeros y diputados de comunidades autónomas y diputaciones se han enriquecido con inversiones erráticas que han producido los grandes beneficios. Es aquí donde está la deuda pública.

Una vez queda embargado el dinero que ha ocasionado la deuda pública poner en la mano de la ciudadanía el 20% del mismo del PIB, en forma de la Renta Básica Universal. De lo contrario políticos sin escrúpulos se lo seguirán llevando con la connivencia de empresarios de proyectos chorras como Urdangarín, constructores, directivos de empresas farmacéuticas, empresarios mineros, empresas de abastecimiento. El dinero público sólo puede ser para empresas públicas, nunca para el beneficio de empresas privadas.

Mientras que esto no se plantee y se haga una estrategia para vencer con el apoyo social, no es posible emprender la lucha necesaria para decir ¡al ataque!, y empezar. 

Ramiro Pinto

http://ramiropinto.es/

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