Luchar por una Educación Libertaria

Frente a los recortes en el sector educativo han salido multitud de voces en defensa de la educación pública, de calidad y gratuita, y por este motivo creo que es necesario tomar aire y reflexionar un poco sobre este tema.

El sector educativo en la actualidad funciona de la siguiente manera. Desde que somos pequeños nos agrupan por edades, como si ese factor fuera el mas importante, y nos meten en escuelas durante todo el día. En ellas los docentes tienen un plazo de tiempo en el cual su misión es introducir determinados conceptos en las mentes de sus alumnos.

Pasado ese tiempo se elaboran unas pruebas denominadas exámenes, las cuales mediante un sistema de calificación estipulan si tienes esos conocimientos y en qué grado los adquiriste. Si no pasas esas pruebas te mandan repetir curso para intentar de nuevo que adquieras esos conocimientos. Por el contrario, si el docente consiguió su objetivo te mandan a un nuevo curso y así sucesivamente.

De esta forma se va otorgando al alumno los conocimientos considerados básicos y que todas las personas deben tener. Después tienes la posibilidad de seguir en el sector educativo para adquirir una supuesta formación superior que emplea el mismo método antes citado o la de intentar entrar en el mundo laboral.

Pero, ¿quién dice cuales deben ser estos conocimientos básicos que todos debemos aprender? Bien, pues el encargado de estipular los conceptos y en qué cantidad, así como el orden en que se deben aprender es el  Ministerio de Educación. De esta forma la formación de las personas de un país está elegida a la carta por el gobierno de turno, dando como resultado un cambio en los planes de estudio cada vez que entra uno nuevo, así como un cambio en la doctrina de estos.

Entonces estaréis de acuerdo conmigo en que hace falta separar el gobierno de la educación, o mejor dicho, separar el Estado de la educación, ya que es el Estado al fin y al cabo el que estipula y permite este hecho.

Una vez dicho esto, planteémonos algo más, ¿de verdad que siendo diferentes y únicos cada uno de nosotros  tenemos que aprender todos los mismos conceptos y de la misma forma? Es decir, cada uno tiene su propia naturaleza. Cada conciencia es única al igual que lo es su manera de asimilar su entorno y conceptos. Lo mismo pasa con la curiosidad, no a todos nos surgen las mismas dudas al mismo tiempo ni nos interesan los mismos temas.

Entonces, ¿por qué intentar enseñarnos las mismas cosas, al mismo tiempo y de la misma forma? ¿Acaso no sería mejor que cada uno de nosotros fuera por propia vocación y a su ritmo aprendiendo aquellos temas que le fueran interesando?

A lo largo de los años el ser humano ha explorado e intentado explicar todo lo que se encontraba, de esta manera se ha ido acumulando una cantidad ingente de información. Supongamos que toda esta información está dividida en los frutos de un árbol con multitud de ramas, que a su vez se dividen en más ramas y que en cada división hay un fruto; entonces, ¿por qué tenemos que comer solo unos determinados frutos y no podemos escoger aquellos que más nos atraigan?

Es cierto que para alcanzar los que están más altos primero tendrás que recoger los que los preceden, pero esto es lógico. Es el mismo caso que cuando haces una casa, que para hacer el tejado primero tienes que hacer las paredes, y antes de las paredes tienes que hacer los cimientos, y así sucesivamente. Así, el propio interés de cada persona la llevará a adquirir cada vez mas conocimientos, los cuales a su vez les motivarán el querer aprender más de uno u otro tema.

Además, de esta manera el docente no es el encargado de meter unos conocimientos prefijados en las mentes de sus alumnos, sino que desde su posición más alejada del tronco, tiene que facilitar la recogida de alimentos pero sin que ello implique la forma o cantidad en la que han de ser cogidos y/o comidos.

Y, ¿cómo los docentes pueden hacer esto? Pues delegando esa responsabilidad en la experimentación propia, en la enseñanza mediante el método del ensayo y error.

Esta metodología de enseñanza es denominada como pedagogía libertaria, y se rige por los siguientes principios:

– Antidogmática y antiautoritaria: Sin imponer ningún dogma y/o religión.

– Sin premios ni castigos: Ya que la función de estos es modelar la conducta.

– Sin exámenes: esto pretende eliminar la distinción entre “alumnos buenos” y “alumnos malos”, ya que tales calificaciones no existen, solamente alumnos con distintas aptitudes y capacidades.

– Integral: Entendiendo que la formación intelectual tiene que ir a par con la formación manual así como con el desarrollo físico del cuerpo.

Coeducación de sexos: La igualdad entre sexos no es posible sin una educación igual a hombres y mujeres.

– Accesible para todos: Sin hacer distinciones por la cultura, clase, color de piel, orientación sexual…

– Principio de libertad: Sin horarios fijos ni obligatoriedad de asistencia, donde los alumnos puedan entrar y salir del aula cuando quieran, cambiar de sitio, salir voluntariamente a la pizarra…

– Autogestión: Entendiendo que la gestión de la educación tiene que ser responsabilidad de los docentes y de los educados y no depender de terceros.

Es cierto que dentro de la educación anarquista o libertaria, ambos términos son homólogos, hay diferentes tendencias y propuestas. De este modo, podemos dividirlas entre las tendencias no directivas y las de tendencia sociopolítica [1]:

«Las teorías no directivas parten del individuo como eje de toda acción educativa, y se basa en muchos de los principios pedagógicos que Rousseau desarrolla en el Emilio, aunque con críticas a su posición liberal.

Entienden que la libertad del educando debe ser absoluta, y la misión del educador debe ser la de evitar toda influencia coactiva en el desarrollo natural del individuo, puesto que se entiende que este es bueno por naturaleza (o al menos que no es malo), y son las influencias represoras de la sociedad adulta las que lo corrompen. Comparten con Rousseau la idea de que un individuo es incapaz de razonar moralmente hasta su adolescencia, y que por tanto es necesario aislarlo de la enseñanza de todo tipo de dogma, para evitar la manipulación del niño. […]

Son varias las teorías de esta tendencia, que van desde los planteamientos anarquistas individualistas de Stirner hasta la corriente de escuela neutral y las ideas educativas de Tolstói. […]

En el otro polo del paradigma anarquista de la educación nos encontramos con las teorías que defienden que la educación debe tener una fuerte orientación social.

Estos planteamientos no entienden la libertad individual al margen o en contraposición a la libertad social, la libertad no es una característica natural, sino social (Bakunin), y por tanto, la libertad se convierte en un fin, no en el medio. “Si la libertad es conquistada y construida socialmente, la educación no puede entonces partir de ella, sino que puede llegar a ella. Metodológicamente, la libertad deja de ser un principio, lo que aparta a esta línea de las pedagogías no directivas”.

En este polo, el carácter político de la educación se acentúa, pues se entiende que no existe ninguna educación neutral, ya que todas se basan en una idea del ser humano y en una concepción de la sociedad, y por tanto, el/la educador/a debe definirse por un modelo de ser humano y de sociedad. La educación anarquista, para estas tendencias, debe educar para el compromiso moral y político de transformación de la sociedad, no debe ni puede renunciar a transmitir ideología (no a dogmatizar), porque de lo contrario la sociedad capitalista inculcará la suya propia sobre los educandos. En este sentido, dentro de este polo encontramos diversos planteamientos, desde los que van a limitarse a proponer un corpus fundamental de enseñanzas científicas y racionales que faculten para una toma de posición en la sociedad (la enseñanza racionalista) hasta aquellos que proponen una pedagogía de la confrontación que eduque a luchadores sociales contra el Estado y el Capital.

En esta tendencia encontramos diversas teorías como la de Bakunin, los planteamientos educativos de Ferrer i Guardia o la teoría de la desescolarización. […]»

En la actualidad hay pequeños centros donde estas ideas se están llevando a la práctica todo lo mejor que se puede, ya que al final siempre tienes que entrar en el sistema educativo controlado por el Estado o por la iglesia para tener el graduado escolar, título que necesitas para poder trabajar y vivir en sociedad. Pero entiendo que esta no es la solución o método definitivo para alcanzar una educación libertaria, sino que es un medio más para conseguir tal fin.

Considero que todo aquel que este relacionado con la educación y la pedagogía, da igual si es docente, alumnado, etc., debe luchar con el objetivo de conseguir una educación libertaria en una sociedad libertaria, ya que solo en este contexto se podrá desarrollar plenamente.

¿Cómo luchar? Pues organizándonos siguiendo los principios del anarcosindicalismo, (que son la autogestión,  el federalismo y la ayuda mutua, además de todos los que son consecuencia de estos tres), y mediante la utilización la acción directa, el boicot, el sabotaje, la información-propaganda, la huelga, etc., ya que entiendo que la emancipación de la educación debe llevarse a cabo por parte de los propios interesados, y no se tiene que esperar a que un tercero facilite el contexto para que se pueda desarrollar de forma completa.

De este modo, la lucha debe perseguir cambios en el sistema educativo enfocados hacia el acercamiento de la educación hacia una pedagogía libertaria y los principios que la definen, o lo que viene siendo lo mismo, por conseguir la emancipación de la humanidad.

Creo que si somos capaces de afrontar este reto y llevarlo a cabo de forma sólida, es decir, de menos a más, trabajando en grupos locales, y una vez consolidados estos grupos confederarse entre sí, seremos capaces de plantarles cara a los que quieren que la educación sea una instrucción militar subordinada al sustento e interés del Estado y del capital.

Alekseievich

[1]  Noa, Francisco José Cuevas. La propuesta sociopolítica de la pedagogía libertaria.

Perdiendo el miedo

Se dice que el ser humano es un ser racional pero seguimos conservando los instintos. Y es que nuestra mente, como la de otros vertebrados, tiene también su parte emocional que no está supeditada a la razón por muy desarrollada que esté. Entre esas emociones se encuentra el miedo, que es un instinto natural que nos previene de peligros que puedan ocasionarnos un daño físico o psicológico. De alguna forma, el miedo nos “reprime” para impedir que asumamos riesgos que pongan en peligro nuestra integridad. Pese a que el miedo sea un instinto que nos previene de peligros desconocidos (y no tantos), también puede ser una debilidad, ya que cuando una persona le entra el pánico, actúa instintivamente y resulta fácil de moldear y someter. Esto es lo que ha llevado a gran parte de la sociedad a someterse a las reglas del juego del sistema hegemónico: el neoliberalismo.

Miedos hay muchos, pero vamos a tratar este tema atendiendo a la influencia de éste en los individuos y cómo repercute en la sociedad. Es imposible que el miedo desaparezca y lo sentimos cuando se nos presenta situaciones de incertidumbre, cuando desconocemos de dónde vendrán los golpes o cuando sabemos que no hay escapatoria y se hace mayor cuando uno se siente aislado e incapaz de producir un cambio. Mediante la propagación del miedo se consigue someter a la población pero antes de socializarlo, se ha de romper los lazos de apoyo mutuo entre la gente porque el miedo nace también de la impotencia producida por el aislamiento.

La amenaza de un castigo cruel genera más temores que el castigo en sí, por lo tanto, si se induce a un individuo a pensar lo que le ocurriría si recibiera cierto castigo, éste tratará de evitar que le apliquen dicho castigo agarrándose a cualquier solución fácil que se le ofrezca, lo que da como resultado la aceptación a someterse a voluntades ajenas. Podemos citar como ejemplos prácticos el miedo al fracaso o el miedo a la marginación: las iniciativas se vienen abajo cuando existen temores de que no saldrán bien o que si uno se muestra crítico con el pensamiento mayoritario, será visto por los demás como un “extraño” y termine siendo ninguneado. Ese miedo al fracaso y a la marginación, inculcado ya en edades tempranas, impide el desarrollo pleno del individuo, que en caso de no existir esos miedos, no se verían impotentes y no serían sujetos pasivos. Pero el temor más extendido entre la población es el miedo al cambio, principalmente causado por el desconocimiento de alternativas posibles, los métodos para conseguir materializar el cambio y las estructuras organizativas que permitan avanzar hacia otro modelo socioeconómico más justo. Podríamos afirmar pues que el miedo coarta la libertad y quienes no controlan sus miedos terminan siendo controlados.

Sin embargo, si entre los individuos existen ciertos lazos de unión y esas personas poseen una mayor confianza en sí mismos, el miedo acaba siendo controlado, al contrario que en las sociedades donde predomina el individualismo narcisista, donde la desconfianza hacia sus semejantes ocasiona un temor mayor. La capacidad para afrontar ese miedo se hace mayor cuando más se estrechen los vínculos solidarios y exista una comunicación real y sincera entre los individuos, en donde predomine la ayuda mutua. Gracias a la práctica del apoyo mutuo, que inspira confianza y seguridad en los individuos, permite controlar el miedo que intentan propagar para someter a un pueblo, perdiendo así el miedo a luchar por una transformación radical de la sociedad.

Cortometraje: More

FICHA:

Duración: 6 min.

Año: 1998.

Director: Mark Osborne.

Sinopsis: En un mundo apático y fabril un trabajador de una cadena de montaje consigue crear un invento revolucionario…

Crítica: Si anteriormente se publicó en Regeneración el considerado mejor corto de la historia, es ahora, para que no decaiga la calidad de contenido y mensaje, cuando, en mi opinión, se hace más que necesario vislumbrar otro de los mejores cortometrajes jamás hechos.

La analogía entre el mundo del protagonista y el nuestro es obvia y nada sutil, sin embargo, a fuerza de un colorido, de un monocolorido mejor dicho, grisáceo y monótono; y a través de una música de fondo (‘New Order’) sencillamente extraordinaria, te consigue atrapar durante sus escasos 6 minutos produciéndote una espeluznante sensación que perdurará, a buen seguro, durante un tiempo en tu imaginario.

Fuente: Youtube.

 

 

 

Cortometraje: La isla de las flores

Ficha:

Duración: 13 min.

Año: 1989.

Director: Jorge Furtado.

Sinopsis: Considerado como una de las obras culmen del cine, en tanto cortometraje y documental; La isla de las flores es además una de las críticas satíricas más ingeniosas, crudas y brillantes al actual modo de vida, no ya de Brasil, sino de todo el globo: el capitalismo.

Crítica: La degradación humana está llegando, si no lo ha hecho ya, a sus límites teóricos y prácticos: los elementos fútiles, inertes y grises han adquirido mayor valor que lo vivo, que lo hermoso, que lo humano. Con momentos de juicio desternillantes, la cinta no se queda en la crítica banal, sistemática y panfletaria a la que, por desgracia, estamos acostumbrados los que rechazamos este modelo imperante; no, va mucho más allá, creando su propia cosmovisión narrativa sin caer en tópicos. A falta de espacio temporal -con sus escasos 13 min. no se puede decir mucho más- para desarrollar una amplia crítica sin desgajar parte de lo que se muestra en este fabuloso cortometraje, cabría decir por último, cómo no, que es de difusión y visionado ineludibles.

Fuente: Vimeo.

 

Individuo y masa

En los albores de la Revolución Industrial y con el creciente éxodo rural de la población, los individuos comenzaron a concentrarse en las ciudades, residiendo en las periferias y abandonando la tranquila vida de los campos. Durante aquel tiempo, el modo de vida cambió radicalmente y las grandes aglomeraciones de gente en las ciudades formaron masas. Hoy en día, las sociedades humanas, fruto del crecimiento exponencial de la población, tienden a aglomerarse en masas, en grandes urbes que siguen creciendo sin parar. Sabiendo que las masas son compuestas por individuos, ¿son realmente los individuos iguales unos a otros quienes forman masas?

Considerando que cada individuo es un ser único e irrepetible, quizá nos lleve a una contradicción, pues si las masas son formadas por individuos iguales no puede ser que existan diferencias en sus componentes. Pero analicémoslo con mayor profundidad. La masa es un grupo enorme de gente que comparte unos mismos objetivos, inquietudes, opiniones y/o aficiones. No poseen forma definida sino que son ‘entidades’ que surgen cuando una gran cantidad de individuos comparten dichas características. El individuo es en realidad un ser único si lo examinamos pormenorizadamente. Puede compartir ciertas características con otros individuos pero a la vez discrepar en otras. Un ejemplo de masa puede ser unos aficionados de un equipo fútbol. Sus componentes comparten una misma afición y apoyan a un mismo equipo, deseando siempre que ‘su’ equipo triunfe y dé buen juego en el campo. Sin embargo, al analizar a cada individuo nos topamos con que a lo mejor uno es de derechas y otro de izquierdas, uno es un fanático y otro simplemente disfruta verlos jugar, a unos les invade la euforia o la ira más fácilmente y otros se muestran más pasivos… Y así, desde las hinchadas hasta los públicos de un concierto de rock.

Entonces podemos distinguir entre el comportamiento del individuo cuando vive su vida privada y cuando entra en el papel que le haya tocado en la sociedad, es decir, entrar en ‘estado de masa’. Así pues, cuando vemos una masa uniforme de gente que va de un lado para otro en hora punta, significa que las personas asumen su rol de ir al trabajo y de llegar puntual como muchos otros con el mismo objetivo. No obstante, esos mismos individuos se podrían encontrar en un domingo por la tarde paseando con sus hijos, hablando con sus familiares o tomándose unas cañas.

Hace un siglo, cuando el movimiento obrero poseía fuerza y, poniendo el caso de España a principios del siglo XX y concretamente los años ’30, el anarquismo consiguió ser una ideología de masas. Eso quiere decir que entonces, las ideas anarquistas estaban en las mentes de los individuos y entonces se agrupaban en masas, siendo evidente que cada uno de esos obreros y campesinos tenían concepciones diferentes del anarquismo, así como entre ellos existen diversas opiniones y comportamientos. Entonces, el movimiento libertario consiguió ser un movimiento de masas en que ellas mismas tenían forma y estaban organizadas, al contrario que las masas de hoy en día, que son moldeadas por los grandes medios de comunicación privados. Por ello, las masas actuales están formadas por sujetos pasivos sin contacto entre sí, una masa amorfa de gente incomunicada que comparte aisladamente unas mismas características.

Las masas actuales, al contrario que los movimientos revolucionarios del pasado siglo, están subordinadas a unas pautas impuestas desde la autoridad de la opinión pública. Las diferencias entre individuos que conforman esas masas son cada vez menores e incluso insignificantes. Todas ellas incapaces de articular una respuesta firme y sus componentes acaban comportándose como un rebaño, eso sí, manteniendo sus particulares diferencias. Pero entonces, ¿existe realmente una relación entre masa e individuo? La respuesta es afirmativa, pues son los individuos quienes forman las sociedades y las organizaciones sociales dependen de qué individuos la constituyan.

Así encontramos una gran diferencia entre unas masas revolucionarias anarquistas y unas masas estúpidas. Las primeras poseen una forma definida compuesto por sujetos activos y organizados, capaces de generar una contestación al poder establecido y con el objetivo de conquistar la libertad, la emancipación de sus componentes. En ellas, la masa no absorbe al individuo sino que es una estructura en que el individuo puede garantizarse su libertad junto con el resto y asumiendo unas responsabilidades. En cambio, en las segundas, las masas absorben al individuo que, al estar aislado unos de otros, no hay entre ellas comunicación y por lo tanto, no existen individuos responsables. Por eso se hacen amorfas, una masa incapaz de articular respuestas y necesitada de una autoridad externa para guiarlas.

Actualmente, la ideología dominante es la no-ideología. Un amalgama de mentiras vertidas por los medios de comunicación, los anuncios de la tele y una cultura hegemónica sensacionalista, superflua y sin valores que entre todo ello conforma una sociedad de masas desorganizada, amorfa, sumisa y estúpida. Mientras, el anarquismo sigue siendo una alternativa en la marginalidad y tenemos que volver a ser un movimiento de masas. Nos sigue quedando mucho trabajo por delante y tendremos la tarea, no de iluminar a la gente ni hacer de vanguardia guiando unas masas, sino de hacer de los individuos unos sujetos activos.

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