Más allá de Vox. Nos quieren llevar a un pasado que nunca existió

GRUPO ANARQUISTA CENCELLADA

Termina 2019 y el Estado Español pone su reloj en hora con el resto de Europa. La crisis económica ya llegó. Los chalecos amarillos ya llegaron. La representación política del neofascismo ya llegó.

Llevamos una década viéndolo venir. Primero con una desmovilización social que se tradujo en una “vuelta a la normalidad”, mientras que el canibalismo social crecía. Vimos como el bloque político del PP se descomponía, primero en un “Podemos de derechas” que fue Cs y ahora en favor del partido que mejor domina la comunicación viral y endemoniada de hoy, que es Vox. A la vez el PSOE recupera su posición de poder en su papel de siempre de ser el estabilizador del régimen del 78.

Al final, quién ha levantado el monstruo hasta llevarlo a tener el peso que tiene en las instituciones del régimen ha sido un movimiento social que existe hoy en favor de la represión. Hemos hablado en anteriores comunicados de este movimiento, pero ahora, que se encuentra en un clímax, es bueno señalarlo específicamente:

– Como movimiento social tiene un arraigo en las capas sociales más favorecidas: rentas altas y medias junto a posiciones acomodadas (aristocracia obrera, rentistas…). Pero sobre todo, entre quienes tienen relación con los cuerpos represivos del estado: policías, ejército, carceleros…

– Es un movimiento en tanto que tiene múltiples expresiones, organizacio-nes y segmentos dentro de él que no actúan de forma uniforme. Actualmente es fácil reconocer en Vox la expresión política de este movimiento, pero hay muchos más elementos: desde Jusapol hegemoni-zando la organización de la policía a las masivas recogidas de firmas para restablecer la Cadena Perpetua (la prisión permanente revisable que dicen los bienpensantes).

– Es un movimiento social que emerge “de abajo”. No surge y se dirige desde un despacho oscuro, sino que cuenta con el empuje de sectores sociales por iniciativa propia.

– Como movimiento es esencialmente reaccionario en torno al orden vigente y a un mitológico pasado mejor, en el que las cosas no estaban “tan desmadradas”. No hay base racional ni empírica para hablar de una situación de inestabilidad o delincuencia extrema, menos aún si lo comparamos con cualquier momento pasado. Sin embargo este el sustrato mitológico sobre el que se edifica este movimiento. Como propuesta: la represión. Contra todo y en todas sus formas, cumplir la ley y ser rectos. En el propio 15M hubo algún atisbo de esta tendencia cuando se trataba el tema de la corrupción y la casta política. Durante años era un lugar común señalar la necesidad de más mano dura con los corruptos. Pues bien, para algunos ese fue el punto de partida al que luego ir añadiendo lo demás. ¿Inmigración? CIEs. ¿Violencia machista? Cárcel, cadena perpetua. ¿Manifestaciones y huelgas? Multas, palos. ¿Terrorismo islámico? Cadena perpetua. ¿Conflicto catalán? Cárcel, ilegalizaciones, palos. Esa es la manera de “volver” a la normalidad. Importante señalar aquí que se trata de volver, no de avanzar.

Señalamos la existencia de este movimiento porque aunque se encuentra incrustado junto a otras manifestaciones políticas a veces más estridentes, creemos que es el vector principal y lo que le ha articulado. Por ejemplo, suele venir en un conjunto con el nacionalismo español, con el antifeminismo quejica de la “dictadura de lo políticamente correcto” o con el negacionismo climático. Sin embargo, ni el nacionalismo español, ni el antifeminismo ni el negacionismo climático han articulado y propulsado este movimiento. Solo le han dado vigor y cohesión, especialmente en el caso del nacionalismo.

Que este movimiento este fuerte y a la ofensiva nos tiene que poner alerta para no reducirlo solo a su expresión política más fuerte y clara que es Vox, que simplemente se ha aupado sobre él. En otros partidos hay claras corrientes que forman parte de esta corriente y que tienen que ser señaladas, como por ejemplo quienes enarbolan un punitivismo feminista o una tentativa de punitivismo “climático”. El arraigo de esta tendencia tiene más que ver con la extracción social de la gente que con su expresión política o partidista, por eso es importante señalar cuáles son esos sectores. Y que estos sectores no son nuevos. Son los mismos sectores que apostaron fuerte en las décadas pasadas por la hipervelocidad, el casino inmobiliario y la “normalidad democrática”. Ideológicamente avergonzados por su derechismo, votantes del PP, huérfanos de una derecha nacionalista hasta que ésta llegó en 2017. En 2019 se trata fundamentalmente de las mismas personas que en las últimas décadas votaron a Aznar, a Rajoy y a Rivera, las mismas personas que consolidaron una “normalidad democrática” basada en el ladrillo, la explotación laboral y la desigualdad social. Cuando los analistas los buscan en los mapas los encuentran en urbanizacio-nes creadas en el boom inmobiliario, bajo el diseño ideológico de la ciudad-cárcel. Son parte de nuestra sociedad, pero han sido militantes de una apatía que recientemente han convertido en odio.

Aunque señalamos que ha sido la represión el aglutinador de la reacción que estamos viendo, el papel del nacionalismo español en todo esto merece unas palabras. Hace años que se rehabilitaron vía deporte los símbolos nacionales proscritos por ser patrimonio de un ejército despreciado por la Mili. Generaciones y generaciones despreciaron al himno y la bandera por ser patrimonio de un ejército que les secuestró durante una temporada y luego, una vez libres, podían olvidar. Eso no acabó cuando acabó la mili, sino cuando empezaron los mundiales. La sensibilidad que se construyó desde 2008 explotó años después cuando en 2017 esos símbolos se convirtieron en un símbolo político de masas, utilizados por un movimiento que pedía “más represión”. Si teníamos un movimiento social naciente en las comisarías, los símbolos españoles fueron su vía para propagarse por la sociedad hasta constituir un movimiento social en toda regla, con sus mitos, sus símbolos y sus códigos de conducta. Sólo faltaba alguien que canalizara este movimiento para sacar rédito político. Ese alguien ya estaba ahí en 2017, trabajando en un ángulo muerto del movimiento antifascista. Mientras que la militan-cia social trabajaba contra el Hogar Social y el clásico área patriota hasta llevarles a la marginalidad, Vox agluti-naba tranquilamente en torno a un programa liberal a esos sectores que se empezaban a movilizar, captando sus cuadros y estableciendo canales de comunicación voraces. Por ello hoy no tenemos una extrema derecha fascista al estilo europeo en las españas sino una copia del Tea Party americano con más nacionalismo y un montón de elementos folclóricos vetados en su vieja casa – el PP -. Por lo menos por ahora.

El riesgo que entraña Vox es enorme. Pero no por ser una cuadrilla de escuadristas callejeros que van a intentar dinamitar al movimiento popular. No estamos ante un partido fascista a ese respecto, sino ante algo peor: Vox quiere “balcanizarnos”. Es común encontrar entre la derecha y la izquierda españolista referencias continuas a la supuesta pretensión de los movimientos independentistas de los pueblos ibéricos de emular la disolución de la República Federal Socialista de Yugoslavia en el Reino de España, cumpliendo con un programa secreto establecido desde Berlín. Pues bien, la realidad nos demuestra que el conflicto catalán tiene hoy más que ver con el de los chalecos amarillos franceses que con el de los paramilitares racistas croatas, serbios o kosovares. Sin embargo, Vox es la combinación perfecta para llevarnos a un escenario mucho más similar a la Yugoslavia de 1989: un plan de ajuste económico salvaje que desmantele todo rastro del estado social combinado con una política represiva y centralista en lo territorial que sólo puede traducirse en la movilización de los pueblos en los que el españolismo es mayoritario contra aquellos en los que no.

Enfrente, lo que nos toca, además de seguir construyendo tejido social es rastrear esos elementos que nos unen más allá de fronteras y mares. La lucha por una vida digna en Chile o Ecuador, la resistencia al golpe imperialista de Bolivia o la respuesta contra la represión española que vemos en Cataluña comparten elementos que nos dan claves importantes sobre el camino que hemos de seguir en nuestra lucha por la emancipación: la lucha contra la represión y la lucha por una vida digna. A pesar de la persistente imagen de decadencia que difunden los propagandistas del desánimo sobre nuestra época, la historia está en marcha a todos los niveles y ahora mismo nos encontramos en una encrucijada a varios niveles debido a las transformaciones que están sufriendo, desde las bases materiales de nuestro sistema (todos los procesos productivos están en una profunda revisión), hasta las élites que toman las decisiones (la recomposición geopolítica de los estados es la parte más visible del proceso). Que haya fuertes conflictos sociales en todo el planeta es una confirmación de que ante estas mutaciones, hay resistencias.

En nuestro caso, además, nos toca declarar claramente los sujetos de esa lucha: qué sindicalismo, qué centros sociales, qué territorios… y que proyecto político queremos defen-der. Es cierto que la fragmentación del movimiento popular en luchas particulares es un riesgo con el que convivimos, cuyo remedio no está en subordinar luchas o en coordinarlas en el espacio y el tiempo. Es necesario definir un proyecto político que opere en nuestro territorio, teniendo en cuenta los actores que hoy existen en esa constelación de luchas. Ni castillos en el aire, ni trabajos de fin de carrera:

NECSITAMOS ENCONTRARNOS PARA PONER EN COMÚN

Valladolid, noviembre de 2019
cencellada.noblogs.org
grupoanarquistacencellada@riseup.net

Todos a votar, que viene la derecha!

Parece que durante los próximos meses vamos a vivir un desenfreno electoral. Pedro Sánchez ha convocado elecciones al no poder aprobar los presupuestos así que el calendario queda así: Elecciones generales el 28 de abril y para pasar la resaca un mes después, el 26 de mayo, tenemos municipales, autonómicas y europeas.

Así que en previsión de las grandes cantidades de basura electoral con las horribles caras de los que van a manejar los hilos durante los próximos 4 años, me he puesto a escribir este artículo.

Como todas las elecciones, los partidos que se denominan de izquierdas siempre intentan movilizar a la gran cantidad de abstencionistas que hay. Los mensajes para este grupo no suelen ir acompañados de ninguna propuesta ni estimulo que lleve a votar a la gente decidida y convencida de un voto útil. Más bien son amenazas como “Si no votas no te puedes quejar”(de esto hablaré luego), “Si no nos votáis ganarán los otros que son peores”, presumen de los cambios mínimos que han hecho y poca cosa más. Si no fuera por la retórica de “que viene la derecha” creo que podría contar con los dedos de una mano la gente que conozco que iría a votar.

Actualmente la “izquierda” está completamente falta de discurso más allá de intentar convencer de que si ellos no están al mando las cosas van a empeorar. Ese que había sido más o menos el discurso del PSOE ahora hasta vale con Podemos, que hace dos días estaban con los discursos sobre asaltar los cielos y la verdad es que tenían bastante convencido a todo el mundo de que ellos eran la revolución. La verdad que a mi nunca me convencieron, probablemente porque Pablo Iglesias nunca me ha caído bien, porque la verdad es que prácticamente todo el mundo que se consideraba de izquierda les pensaba votar, hasta alguno que salía a pintar A circuladas.

También tenemos anarquistas que votan, que aunque no son un porcentaje destacable existen y están entre nosotros. Y por experiencia ya os digo que suele ser bastante gracioso ver a alguien con una camiseta con un símbolo anarquista y que está bastante formado decir que si no votas no te puedes quejar.

La realidad es que cuando votas estas aceptando el proceso democrático y el funcionamiento del Estado, y es el que vota el que no se puede quejar del resultado de una votación según esa afirmación, ya que gane quien gane lo ha hecho democráticamente. Yo no voy a seguir ese juego y creo que votes o no puedes y debes protestar por el resultado si te da la gana. Muchos incluso pretenden hacer el voto obligatorio como lo es en algunos países. Y hombre, si te consideras de izquierdas y no respetas mi derecho a no participar, mal vamos.

Además, la nueva jornada electoral viene acompañada de una fuerte subida de la derecha con la entrada de Vox en el congreso sembrando el terror en toda la izquierda. Porque un pacto que haga resucitar al PP de Pablo Casado de la mano de Ciudadanos y Vox es lo más esperado. Y la verdad es que no veo porque tanta alarma social, Vox no es nada más que el PP con la careta democrática un poco caída. Sus programas coinciden en la mayoría de puntos. Lo más preocupante de su ascenso al hemiciclo es el efecto que tendrá su discurso en la calle (aun más) y como desde allí se le dará total libertad de expresión y se normalizará más. Otro problema de los grandes con Vox es que se empieza a ver como opciones al PP o C’s y se les deja de considerar amenazas. Vox es el enemigo, pero no más que el PP o Ciudadanos y otros partidos que algunos quieren votar para evitar al trifachito. Y al enemigo nunca hay que infravalorarlo pero tampoco sobrevalorarlo como se está haciendo.

Es por eso que llamar a votar a todo el mundo para evitar que formen gobierno los malos y que lo hagan los menos malos es una pésima excusa. Hasta hace prácticamente dos días teníamos al PP de la mano de C’s en el gobierno y la verdad es que nadie iba diciendo por ahí “que viene la ultraderecha!” y en las grandes manifestaciones de jubilados y feministas de la pasada legislatura no se vio a casi nadie hablar de ultraderecha como lo están hacinedo ahora.

Votar no evitará el ascenso del fascismo y sino basta mirar hacia atrás hasta 1936. La única manera de parar el fascismo es organizándose. Y aun así, el antifascismo solo sirve para frenarle los pies limitadamente, porque el fascismo solo es capitalismo en su fase avanzada. Para combatir el fascismo hay que combatir el capitalismo.

“El fascismo es una fase histérica del capitalismo, y, por consiguiente, algo muy nuevo y muy viejo.” B. Brecht

Para acabar, votéis o no, si sois antifascistas organizaos. Dejad de pedir a todo el mundo que vote porque el sobre que metáis en una urna no va a cambiar nada por arte de magia. Uníos a cualquier organización que tengáis a vuestro alcance y sino cread una y trabajad en vuestro pueblo o barrio. Porque la solidaridad y el apoyo mutuo son las vacunas contra el fascismo.

El PP ha vuelto

Con Casado, el PP se suma a la retórica fascista de las derechas europeas. El movimiento estratégico no es nuevo, el objetivo consiste arrastrar al centro y convertirlo en un rehén de la ultraderecha. El contexto parlamentario, con la caida del PP a la oposición, les facilita radicalizarse y disputar ese espacio político a Ciudadanos.

El problema, para la mayoría de la sociedad, es que este movimiento abre aún más puertas para el fascismo. No es casualidad que el caballo de batalla escogido para desgastar al gobierno sea, precisamente, la crisis de refugiados. A los movimientos sociales nos toca combatir la retórica xenófoba que pretende, una vez más, criminalizar a los migrantes. Apoyar a las personas que huyen de las guerras que provoca el capitalismo es una obligación ética. Pero además, en un país cuyos ricos no han dejado de aumentar sus beneficios en los últimos años, tenemos capacidad de sobra para afrontar la entrada de nuevos trabajadores y, al mismo tiempo, mejorar nuestras condiciones de vida. Tenemos que dejar esto muy claro. Sobre todo en este momento en que la derecha, carente de argumentos, acusa una vez más a los personas trabajadoras, en este caso extranjeras, de los problemas causados por el modelo económico criminal que ellos defienden.

Es una vergüenza ver a Casado paseándose por Algeciras e, incluso, saludando a aquellos a los que ataca sin que nadie le echase en cara su cinismo y su hipocresía. Afortunadamente, mientras esto ocurría los madrileños han dado una lección de convivencia impidiendo un acto racista en el metro de esta ciudad. También los taxistas, ejemplares en su lucha en defensa del transporte público, han retirado la pancarta de un grupo fascista que pretendía aprovecharse para propagar su ideología del odio. Estos ejemplos demuestran que la sociedad española entiende más de convivencia, respeto, democracia y solidaridad que buena parte de sus dirigentes. A pesar de los pataleos cínicos de la derecha, con estos mimbres puede construirse una respuesta antifascista a cualquier crisis humanitaria y a cualquier intento político de propagar la xenofobia. Ayudemos a construirla.

La solución para los trabajadores pasa por lograr comunidades diversas, populares, solidarias, cohesionadas y fuertes. Precisamente porque los migrantes no serán los únicos ni los últimos señalados. Casado irá también contra las mujeres o contra la diversidad sexual y de género, como ya ha hecho esgrimiendo una retórica machista y ultracatólica durante las primarias de su partido. Irá contra los catalanes por reclamar democracia y derecho a decidir, o por su rechazo a la derecha española. Irá contra todas las personas trabajadoras buscando enfrentarlas entre sí para mostrarse, a continuación, como solución a sus problemas. Lo hará del mismo modo que lo ha hecho Trump y el resto de fascistas como él que tenemos que aguantar hoy en el poder. Devolvamos al fascismo al basurero de la historia. Plantemos cara.

Enlaces del mes: Febrero 2017

Este mes pudimos leer cómo las críticas de cierta izquierda reafirman a la ultraderecha que se abre paso. Pasó en la elección de Trump como presidente de EEUU y volverá a ocurrir en Francia con Le Pen si algo no lo remedia. La izquierda debe volver a situarse como herramienta de los de abajo, organizando a la clase trabajadora y abandonando un elitismo clasista. Mientras, la ultraderecha se mueve.

En el otro país vecino, Portugal, una coalición de izquierdas gobierna entre el silencio mediático. Ese gobierno ha logrado algunos avances gobernando contra las políticas de austericidio que merece la pena conocer: Recuperación de los sueldos públicos y reducción de la jornada de trabajo, subida del salario mínimo y de las pensiones. Una demostración de que las políticas de austeridad no son ineludibles, sino la opción ideológica impuesta por el poder para robar al pueblo.

Si el ejemplo de Portugal nos demuestra que sí se puede llevar adelante una política progresista, los estibadores nos muestran un camino para quienes la defendemos mediante el poder popular y no mediante las instituciones. No debemos permitir que se siga precarizando el empleo. Necesitamos seguir trabajando para construir una organización sindical fuerte y revolucionaria.

Mientras tanto, en España sigue mandando el IBEX. En esta entrevista Rubén Juste analiza las relaciones del poder político y económico para desvelar cómo este último impone su dictadura de mercado, el régimen posfranquista español.

Las mujeres lideran la lucha popular con un ejemplo de acción directa contra la violencia machista. 25 puntos exigidos mediante una acampada en la plaza de Sol y una huelga de hambre sostenida por ocho mujeres desde el pasado 9 de febrero, que mantendrán hasta que los partidos cumplan sus demandas.

Pero la lucha contra el patriarcado no se limita a denunciar el asesinato y la violencia física, porque el machismo nace en actitudes cotidianas y es necesario combatirlo desde la calle y la plaza hasta la misma alfombra roja y los comportamientos aprendidos. Leticia Dolera, actriz española, nos habla de las contradicciones que vive una feminista en la gala de premios Goya.

Los videojuegos no se libran de un marcado sesgo machista. En el reportaje «Me pido a la chica», las compañeras de Píkara analizan a los personajes femeninos de los videojuegos: «En la mente de la mayoría de los programadores (recordemos, hombres), los “temas serios”, como la guerra (Call of Duty), las mafias (Grand Theft Auto) o las intrigas políticas y de espionaje (Metal Gear Solid), se instalan en terrenos muy masculinizados, mientras que ciertos juegos de corte minoritario parecen venir de fábrica destinados a nosotras. […]

Con todo […] la que personalmente me parece la verdadera cumbre como personaje femenino de todo el universo de los videojuegos no es otra que Ellie, coprotagonista del maravilloso The Last of Us. Una espabilada chiquilla de apenas catorce años que demuestra tener más agallas que nadie en el desarrollo de la trama, empoderada, resuelta y, además, lesbiana (o al menos bisexual), como quedó demostrado en la preciosa escena de su beso con Riley en la precuela Left Behind y que desató las críticas de los mismos descerebrados de siempre.»

También un ejemplo de solidaridad nos llega desde Grecia, donde el activismo anarquista busca soluciones para la crisis humanitaria. El barrio de Exharchia se organiza para acoger a los refugiados.

Pero la solidaridad debe ser más que un modo de resistencia, debe ser una herramienta para transformar la sociedad por completo. Podemos aprender mucho mirando hacia el Kurdistán sobre esa necesidad de revolución y sobre cómo llevarla adelante. Abdullah Öcalan, lider del PKK, contribuye con un pequeño análisis para pensar en la revolución en nuestro siglo.

La revolución es, si cabe, más urgente a nivel ecológico en una sociedad que ha sobrepasado los límites biofísicos del planeta y que sigue dependiendo del crecimiento tecnológico y económico. Frente al futuro de colapso al que nos condena el capitalismo, Ted Trainer nos propone la vía de la simplicidad, un modelo de sociedad democrática y descentralizada para vivir mejor y respetar el medio ambiente.

Finalmente, un espacio para la memoria histórica en el testimonio de la superviviente de la mayor masacre llevada a cabo por el franquismo durante la Guerra Civil Española: La desbandá, en Málaga: Legionarios del Tercio, los novios de la muerte sedientos de sangre, allanaban las casas y lo edificios en busca de la “canalla roja”. Los Regulares yihadistas –Franco les prometió el paraíso– con sus cuchillos afilados se preparaban a degollar a esos ateos y apóstatas que ofendían a Jesucristo (su amado profeta). “¡Qué vienen los moros!”. La gente gritaba y corrían como almas que lleva el diablo. Las palabras de Queipo de Llano (el pionero del terrorismo mediático) retumbaban en su cerebro: “Nuestros valientes legionarios y regulares han enseñado a los rojos lo que es ser hombres. De paso, también a las mujeres de los rojos, que ahora por fin han conocido hombres de verdad y no castrados milicianos”