Caminando hacia la huelga general: Dignidad y Educación

Mañana sábado 21 de Marzo vuelven las marchas de la Dignidad a Madrid bajo el lema «Pan, techo, trabajo y dignidad». En este largo caminar avanzan hacia la movilización de Octubre, que tendrá su colofón en una Huelga General laboral, de consumo y social. Como se puede leer en su comunicado, desde la última movilización hace ya un año la situación no sólo no ha mejorado, sino que ha empeorado para muchísimas familias (un 30% de la población en situación de pobreza). Todo eso a pesar de la campaña mediática del PP para defender que sus políticas de ahogo a la población nos están sacando de la crisis. Sí, están sacando a la economía financiera de la crisis destruyendo las pocas conquistas sociales con que contábamos y a costa de arruinar a las familias.

Las demandas de las marchas son una exigencia al gobierno, pero también un punto de enfoque de lo que queremos conseguir a corto plazo:

  • No al pago de la deuda, ilegal, ilegitima y odiosa,
  • La defensa de los servicios públicos para todos y todas,
  • Trabajo digno con derechos y salario suficiente, reducción de la jornada de trabajo y renta básica,
  • Por el derecho a decidir de las personas, los pueblos y las naciones del estado en los aspectos que atañen a su vida y futuro,
  • La defensa de los derechos de la mujer y por un futuro para nuestra juventud.
  • Contra la precariedad laboral y social. No a las reformas laborales.
  • Contra la represión y contra la Ley Mordaza.
  • No a los tratados entre gobiernos y transnacionales contra los derechos sociales. No al TTIP,
  • Por el derecho a una vivienda digna y no al corte de los servicios esenciales de luz, agua y gas.
  • No a la OTAN, No a las guerras.

Son demasiadas cosas para centrarnos en una sola las que anuncia la descomposición del régimen del 78, incapaz de sostener a la sociedad, y del propio capitalismo, que nos empuja al fondo del hoyo. Desde este blog ya nos expresamos al respecto: La dignidad se conquista. El bienestar real es el que toma en cuenta la sostenibilidad con el medio y el desarrollo pleno de todas las personas y pueblos.

Los libertarios estaremos en la movilización sumando, codo a codo con cientos de miles de los de abajo, demostrando nuestro trabajo en la consecución de estos cambios que ayudan al empoderamiento popular revolucionario (por mucho que algunos desconocidos hayan elegido la marginalidad carente de reflexión y estrategia). Para nosotros estas demandas, que sobre todo en algunos de sus puntos cuenta con un consenso general de la mayoría de la sociedad, no se quedan en la movilización puntual de mañana. Ésta ha de servir para concretar y visibilizar el trabajo diario de lucha que estamos realizando en los movimientos sociales mediante la acción directa: en los desahucios, en los centros sociales, en las facultades, en los medios de contrainformación, en los puestos de trabajo… Porque la acción directa es política del día a día, es el pueblo organizado marcando su propia agenda, al margen de los representantes parlamentarios.

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Movilización educativa

Seguidamente a la convocatoria de marchas tenemos la movilización en Educación. Los trabajadores y estudiantes de todas las universidades del Estado están llamados a secundar la Huelga del próximo martes 24 de marzo. También algunas agrupaciones que componen la Federación de Estudiantes Libertarios han convocado a la movilización dicho día. El lema de la movilización:

En Madrid, los estudiantes organizados en Toma la Facultad (coordinadora de asambleas de facultad) convocan 2 días más de huelga en las universidades madrileñas, extendiéndola hasta el jueves, bajo el lema: No al 3+2. Por una educación pública gratuita, crítica y universal.

El 3+2 es un paso más en la mercantilización de la educación superior que comenzara a principios del presente siglo con la reforma de la LOU, el proceso de Bolonia y las sucesivas reformas, como el Tasazo aprobado por el gobierno en el año 2012. En concreto, el 3+2 supone una subida de tasas encubierta. Al reducir un año el grado y aumentar un año el master, con un precio por crédito mayor, la misma formación pasa de costar 10.000€ a 14.000€ sin que el cambio implique ninguna mejora. Más bien al contrario, pues la reducción en la financiación en universidades supone un empeoramiento manifiesto del nivel educativo en la universidad pública. Hay que recordar que el proceso de Bolonia ya preveía este aumento de tasas, dirigido a un repago de la educación superior (a través de impuestos y de manera directa); y que con la implantación del modelo de grado y máster 4+1 ya supuso un encarecimiento (de menos de 6.000€ a los 10.000€ que señalábamos antes). Sobre la mercantilización de la educación superior podemos leer este texto de Chomsky. O ver el documental Universidad S.A.

La lista de reivindicaciones de los estudiantes movilizados incluyen:

  • No al decreto 3+2
  • No al plan EU2015
  • No a la externalización de los servicios en las universidades.
  • No a las privatizaciones de los servicios y la subcontratación
  • No a la LOU lomce, no a bolonia, no a nuevas formas de elitización de la universidad.
  • Absolución estudiantes detenidas

También merece la pena leerse el comunicado de tomalafacultad. Las movilizaciones convocadas en Madrid para el martes y el jueves pueden verse en la imagen inferior.

Es de destacar el proceso de movilización seguido por los estudiantes, que llevan años organizados desde la base. Sobre todo frente a la convocatoria de los sindicatos mayoritarios, que se han limitado a convocar desde las cúpulas, sin dar lugar a un verdadero debate entre los trabajadores que permitiera que la convocatoria fuese el resultado de la movilización y el trabajo de las personas implicadas. También ha dejado que desear la comunicación de la convocatoria, ya que al margen de Toma la facultad resulta dificil descubrir qué organizaciones están convocando y cuáles se limitan a apoyar.

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Movimiento Estudiantil, articulación y espacios comunes

Este es un texto escrito desde dentro del movimiento estudiantil universitario madrileño, aunque las ideas fuerza reflejadas entiendo que son comunes al resto de ciudades y pueblos, así como para el resto de luchas no estudiantiles.

El Movimiento Estudiantil (ME) actual se ha mostrado incapaz de ejercer un contrapeso a la batería de recortes y leyes que atacan de forma clara los derechos fundamentales relativos a la enseñanza. Desde las reformas universitarias (Bolonia, EU2015), la subida de tasas, la reducción de becas, la entrada de la LOMCE, la reducción de puestos de trabajo y sueldos… en definitiva un proceso de precarización de la enseñanza ante el cual el ME se ha mostrado como un actor incapaz de conseguir ejercer una respuesta clara y contundente. Las razones de esta incapacidad son varias, algunas son de raíz estructural (la implantación de Bolonia y la consecuente reducción de tiempo del estudiantado para organizarse, por ejemplo) pero vamos a centrarnos en las razones de puertas para dentro del movimiento, sin buscar excusas ajenas.

Ideologeización vs praxis, partidismo vs autonomía.

Que existen(imos) personas con ideologías varias dentro del ME es una realidad y las realidades se asumen, no se niegan ni ocultan. El problema es cuando se trata de imponer una ideología sobre otra o cuando se trata de imponer una ideología al conjunto del movimiento, el cual debe tener ideas fuerza, pero no una ideología, las ideologías son para las organizaciones políticas (partidos, sindicatos, federaciones…). Los movimientos amplios deben ser entendidos como espacios comunes a todas las familias que luchan por unos objetivos concretos, en nuestro caso contra la mercantilización y elitización de la enseñanza, por una educación gratuita y universal.

Por ello los espacios comunes no deben ser entendidos como espacios de disputa de las distintas corrientes, si no como espacios de puesta en común y trabajar codo con codo.

Y aquí es donde surge uno de los problemas. Las ganas de las distintas tendencias de arrimar el ascua a su sardina. Las estrategias dirigidas a convertir un movimiento en un chiringuito propio, siendo esta la estrategia más nefasta posible para todas, para el movimiento porque lo fragmenta y para la corriente porque se gana la enemistad y falta de confianza del resto.

Hay que luchar y trabajar por la autonomía de los movimientos amplios, autonomía de tendencias, partidos y organizaciones. No por una razón anti-partidos, si no por una cuestión pro-movimientos. Las organizaciones políticas y los movimientos se complementan, cada una tiene su espacio y deben ser respetados. Los movimientos sirven como espacio de confluencia, como imagen pública de unas reivindicaciones sectoriales, un espacio que construya su propio camino y no se vea limitado por agentes externos. ¿Luchamos por nuestras marcas, logos y banderas? ¿O luchamos por nuestras reivindicaciones? Tenemos que construir un pueblo organizado, tenemos que crear nuestras propias estructuras de contrapoder y nuestras organizaciones políticas deben acompañar dicho movimiento, no dirigirlo y coptarlo, pues entonces deja de ser movimiento para ser correa de transmisión, endogamia y derrota.

Participación vs especialización

Las asambleas son una herramienta de participación política cuyas características son la toma de decisiones colectivas, la igualdad entre sus miembros y el carácter abierto a quien esté interesado en participar. Esta base proporciona una potencialidad y proyección que ninguna otra forma organizativa de base da. Para crear movimiento este debe ser de masas y esto solo se logra haciendo a la mayor cantidad de gente posible partícipe de las decisiones, pues alguien que participa en la toma de una decisión, y todo el debate que conlleva, producen un empoderamiento individual y colectivo que se refleja en un movimiento vivo y proactivo. Las otras propuestas organizativas caen en el delegacionismo en las figuras de “los más entregados a la causa”, “los más militantes”, “los más…”, esto fomenta una micro-profesionalización de la política y reproduce las miserias de la sociedad de clases, es un método cuya intención de cambio se ve truncada cuando en el propio ejercicio de cambio se mantienen las premisas de la vieja sociedad capitalista. La política y nuestros derechos son algo demasiado importante como para que la tarea sea delegada en unas pocas personas. Vivimos momentos en los que se trata de trasvasar el asamblearismo hacia estructuras de profesionalización. Las asambleas no son perfectas y requieren de una participación activa de sus integrantes, pero la alternativa son estructuras y formas de hacer que ya conocemos a donde nos derivan. Además, ¿No entra entre nuestros objetivos la participación activa de las estudiantes en los asuntos que les afectan? ¿Como vamos a conseguir eso desde la profesionalización y el delegacionismo? ¿O es que acaso esos aguerridos militantes tienen miedo de que sus propuestas no le gusten al común de los mortales?

Organización vs informalidad

La tiranía de las estructuras, el gran problema sin resolver. Necesitamos estructuras que nos permitan dar respuestas rápidas a problemas urgentes, necesitamos estructuras que no nos quiten mucho tiempo de la acción cotidiana, necesitamos estructuras que tengan proyección pública, que se conozcan, que se hable de ellas, que sean tenidas en cuenta a nivel social. La informalidad (la falta de estructuras o la existencia de estructuras flexibles y no establecidas en el tiempo) es un lastre para un movimiento, lo que es una virtud para pequeños grupos de acción es una debilidad para un movimiento amplio y que abarca diferentes sensibilidades. La informalidad en espacios amplios crea jerarquías informales, quien más habla, quien mejor se expresa, quien más tiempo tiene, al final es quien/es tienen la capacidad de dirigir al movimiento. Por ello son necesarios espacios de coordinación y distintos ejes de trabajo, unos acuerdos de mínimos son siempre muy útiles, un programa a corto, medio y largo plazo quita muchas horas de discusiones estériles. Portavocías bajo mandato asambleario con capacidad para ceder ante otras opiniones, flexibilidad para crecer en común y unos objetivos claros por los que luchar. Aparcar las diferencias y luchar por lo común.

Proyección pública vs aislamiento

Nadie está de acuerdo con el trato que dan los grandes medios de comunicación de los movimientos políticos y sociales que plantan cara al régimen. Pero todos podemos estar de acuerdo en que es desde los grandes medios desde donde tenemos la posibilidad de expresar a un público amplio nuestras opiniones, una estrategia comunicativa bien pensada y trabajada siempre va a dar réditos positivos. La imagen de malas ya la tenemos y si seguimos en la lucha la mantendremos y sin necesidad de negarla, ¿Pero qué problema tenemos con aprovechar distintas oportunidades que nos van apareciendo? Tenemos que infligir miedo a quienes mandan y para ello lo primero que tenemos que hacer es perder nuestros propios miedos y echarle cara a la vida.

La (no)estrategia de no trabajar de cara a los medios (que no para los medios) nos aísla e invisibiliza para la amplía mayoría de sectores de la población, aíslados somos débiles y más fácilmente criminalizables. Además si no hablamos por nosotras mismas, ya se encargarán ellos de hablar por nosotras. Demos la cara y alcemos la voz.

El lastre del Sindicato de Estudiantes

Todas nos quejamos, y con razón, del aparente monopolio del Sindicato de Estudiantes (SE). Una organización fantasma en la mayoría de centros cuyos militantes hace años que dejaron los estudios y son auténticos profesionales de la política. Una organización que de cara a la opinión pública “son las estudiantes”, pero que todas sabemos que no tienen capacidad de movilización alguna y que las huelgas quienes las organizan son las estudiantes desde sus asambleas. El SE no es capaz por si solo de movilizar a más de 100 estudiantes en una manifestación en Madrid en sus mejores momentos, pero aun así ahí sigue ¿Por qué? Porque les dejamos, porque no les enfrentamos donde tenemos que hacerlo. Tratamos, sin éxito, de realizar un boicot físico, pero no trabajamos porque la estela del SE desaparezca. El SE tiene contactos con otros sindicatos, con AMPAS, organizaciones sociales… ¿Y nosotras? Quizás deberíamos empezar a trabajar por tejer redes de contacto con organizaciones que luchen dentro de nuestro propio sector y ganarnos sus simpatías. Para ello es obvio que se necesita de una estructura y una repartición de tareas, la organización siempre es la organización de las tareas ¿Qué hay que hacer?¿Como lo vamos a hacer?¿Quienes lo van a hacer? Aislar al SE de los movimientos políticos, ser nosotras, las asambleas de facultad, realmente el referente en el movimiento estudiantil y no solo las que nos curramos las huelgas y movilizaciones.

La propuesta

Tras este breve y escueto análisis vienen algunas propuestas. Lo primero, la asamblea de facultad/centro de estudio como espacio legítimo para la participación política y la movilización. La voluntad de todas las tendencias políticas de trabajar de cara, sin ocultismos, con respeto y en común por unos objetivos concretos. Que el trabajo de las asambleas esté orientado a la difusión de las problemáticas y a paliarlas, dejar en un segundo plano las discusiones meramente ideológicas y trabajar por la praxis, por ponerle solución a la miseria en la que vivimos. La coordinación de las asambleas, coordinaciones efectivas y ágiles, que las portavoces tengan una leve capacidad de movimiento para llegar a acuerdos satisfactorios entre todas las partes, no se pueden postergar las decisiones semanas, vivimos en momentos de auténtica emergencia social, cada día que pasa es un día perdido en la lucha social. Explorar herramientas telemáticas de coordinación, de manera que seamos capaces de trasladar propuestas de asamblea a asamblea sin necesidad de hacer una reunión para trasladar propuestas, que las reuniones sean para la toma de decisiones. Crear comisiones permanentes para las tareas técnicas, la difusión y la propaganda, que estas comisiones sean formadas por gente que se pueda comprometer a echarle tiempo a dicha tarea. Una imagen pública activa, redes sociales activas y una página web sencilla en la que se muestre quienes somos, qué queremos y cómo lo vamos a conseguir. Que todas las organizaciones políticas acompañen al movimiento, que las movilizaciones se convoquen a través del movimiento a modo de “marca paraguas” y las organizaciones apoyen, dando una imagen de fuerza y unidad de acción. La plataforma que cumple con la mayoría de estos puntos con sus respectivas carencias es Toma La Facultad, un espacio a potenciar y dotar de mayores herramientas. Cualquier otro espacio tiene los vicios de ser auténticas marcas blancas de organizaciones políticas, siendo por ello espacios no autónomos e ideologeizados y por tanto espacios no abiertos a todas las personas.

La enseñanza, sobretodo la universitaria, está cambiando a pasos agigantados, dentro de unos años (yo no le doy más de 5) la universidad será una auténtica escuela de élites, donde solo una minoría económicamente privilegiada podrá estudiar. Los problemas que tenemos delante son más mundanos que discusiones acerca de la toma del poder, la revolución o la toma de las armas, quizás también sean más aburridas, pero si no somos capaces de ponernos de acuerdo en cómo luchar contra una subida de tasas ni de evitarla ¿Cómo vamos a llevar a cabo la tarea de la transformación revolucionaria? La revolución es un proceso, no un acto heroico, estamos en tiempos de sentar los cimientos de la nueva sociedad, construir en común es nuestra tarea, sentemos las bases hoy de la sociedad de mañana.

@armin_tamz (miembro de la Federación Estudiantil Libertaria)

Enlaces del mes: Marzo 2014

[Recomendación] Lectura: La Universidad en la sociedad de clases

La Universidad, como institución educativa, es visto mayormente en el imaginario popular como un espacio que brinda oportunidades de escalar posiciones en la sociedad de clases. No obstante, a través de la historia, el acceso a la educación superior no fue universal, sino que fue restringido a las élites dominantes en las cuales intercambiaban y creaban conocimientos. Conforme las fuerzas productivas se iban desarrollando y ante la creciente demanda de mano de obra cualificada, la Universidad se abrió a las clases populares, aunque no totalmente, ya que siguieron existiendo y siguen existiendo hoy en día Universidades privadas en las cuales solo podían acceder a ellas las clases dominantes. Actualmente, nos encontramos con una Universidad estatal en transición hacia la Universidad empresa, orientada a satisfacer las demandas de mano de obra específicas para ciertas empresas. La mercantilización de la Universidad supondría su degradación y deterioro, lo que conllevaría a que el intercambio, aprendizaje y acumulación de conocimientos quede en un segundo plano, siendo desplazado por aquellos conocimientos orientados a generar beneficios económicos.

La Universidad tampoco ha sido ni es un espacio neutral y aislado de la sociedad, sino que viene influenciada de las ideologías dominantes y hoy en día tiene como función la reproducción de las mismas. Sin embargo, pese a ser un aparato ideológico del Estado -y del Capital-, es un espacio en el cual los y las estudiantes van adquiriendo conciencia política. Así pues, la entrada de las clases populares a las universidades posibilitó la expresión de las inquietudes políticas de ciertos estudiantes que cuestionaban la ideología dominante. Desde nuestra perspectiva, deberíamos ver la Universidad, no solamente como un aparato ideológico del Estado y una institución con la función de crear mano de obra cualificada, sino también como espacio político en el cual disputarle la hegemonía a la clase e ideología dominantes para llevar a cabo una transformación radical de la Universidad para ponerla como institución educativa bajo los intereses del pueblo trabajador. Ello significa, en el plano inmediato, frenar la ola privatizadora orquestada por el neoliberalismo y a la vez crear espacios políticos que nos permitan avanzar hacia un modelo universitario de carácter obrero y revolucionario.

El presente texto es un análisis de la Universidad a través de la historia y sus diferentes modelos para así poder desarrollar las herramientas de lucha necesarias para el cambio político.

La Universidad en la sociedad de clases

Universidad, autogestión y anarquismo. Análisis y tácticas

Anónimo. Barcelona Octubre, 2013

En el contexto actual, un momento en que están surgiendo numerosas asambleas libertarias por el Estado Español, creo que no solo es importante tener herramientas apropiadas de análisis social, para la lucha, sino que es importante desarrollar estrategias y objetivos concretos para materializar los cambios que queremos para pasar de las consignas a la construcción de realidades alternativas. Esto es un ensayo que intenta empujar a ello, a debatir sobre estas líneas o imaginar nuevas. Aunque se esté tratando temas ya comentados anteriormente, creo que es importante sintetizar un seguido de temas para trazar la respuesta.

La propuesta. ¿Pública, privada o autogestionada?

En el escenario actual, de retroceso de la clase obrera en un “Estado de Bienestar” es normal que los anarquistas nos encontremos sobre la paradoja de estar defendiendo esos servicios sociales, que por un lado están gestionados por el Estado y que a la vez le cumplen funciones para reproducir el sistema de dominación.

Bastante se ha escrito ya sobre eso y creo que una visión que se reduzca a “lo publico sí o no”, es reduccionista, a la vez que dejar la puerta abierta a las privatizaciones es permitir que el capitalismo se lucre aun más de necesidades o servicios varios, aumentando su poder de eso modo y facilitando la imposición de un modelo de vida cada vez más mercantilizado. Si entendemos lo público como algo financiado básicamente por la clase trabajadora a través de los impuestos (en un sistema capitalista), simplemente estamos defendiendo lo que es nuestro, que se gestiona por el Estado y que lo moldea a sus intereses.

La propuesta de defender lo público e ir más allá a través de la autogestión resuena por varios medios libertarios, no es nueva. ¿Pero a que nos referimos con la autogestión? Un texto titulado “Universidad ¡Obrera y Antiestatal!” aparecido en diferentes páginas web anticapitalistas y antiautoritarias hace diferentes aportaciones al tema universitario, entre otras:

“Una crítica más dura merecen quienes dentro de un anticapitalismo estético han querido resolver la evidente incongruencia que supone defender lo que percibimos que es una herramienta de dominación con la receta mágica y ambigua de la autogestión o de lo popular. Ante el proceso privatizador y frente al decadente estado del bienestar se acepta renunciar a la palabra “público” por ser un vocablo desgastado por las corrientes ideológicas antes descritas y se reemplaza por la universidad autogestionada o popular, sin un mayor análisis. Es un síntoma de la inercia que llevan los movimientos anticapitalistas que hace que sus luchas sean estéticas y espectaculares el hecho de que el discurso que se presenta en el ámbito universitario para romper con la corriente hegemónica en el movimiento estudiantil sea caer en la trampa de discutir el modelo de gestión sin entrar a discutir el objetivo de esa gestión o haciéndolo muy de pasada para rellenar líneas en un panfleto. En todo caso, si esta postura supone un peligro enorme para el movimiento estudiantil es por la falta de pensamiento estratégico y táctico que supone. Ni desde el punto de vista de clase económica dominada, ni desde el punto de vista del individuo coartado, emprender una lucha en el medio estudiantil por la autogestión de la universidad puede llevar ni individual ni colectivamente a trazar estrategias de victoria porque obvian la naturaleza absolutamente dependiente de la academia, eje de la universidad, del resto de la sociedad tanto por su naturaleza material (falta de recursos) como por lo intelectual (contexto en que se da).»[1]

De manera similar opino que la palabra autogestión ha sido extendida más allá de los movimientos sociales cercanos al anarquismo, la misma palabra es de origen del socialismo yugoslavo, aunque en otros momentos en el movimiento anarquista clásico se hablase de control obrero o colectivización de los medios de producción. Parte del marxismo hetereodoxo actual reclama la autogestión como un concepto básico, a la vez que también los movimientos ciudadanistas toman esta palabra, haciendo que esta pueda ser objeto de recuperación por parte de la ideología dominante, vaciándola de potencial revolucionario al poner “ de moda” un concepto simplista que implica mucho más (al menos para nostrxs). En clase he llegado a escuchar de la boca de una profesora que “nuestro espacio de campus virtual es un espacio autogestionado por los alumnos “.

Autogestión puede tener muchos significados, pero cuando hablamos de autogestión en términos económicos hablamos de la socialización de los medios de producción. La autogestión dentro del capitalismo es imposible más allá del cooperativismo, que se encontrará con las limitaciones y contradicciones que impone el propio sistema. ¿Nos podemos referir a autogestión cuando compramos una parcela y vendemos nuestros productos ecológicos aunque la producción se organice horizontalmente y por asamblea? Puede que sí, que sea un sistema más cercano al que queremos, pero dentro de una lógica de competición y de propiedad privada que no deja de ser capitalista.

Aplicando esto al tema universitario y educativo, nos vemos con el siguiente problema. Primero que la financiación la controla el Estado, y que una alternativa autogestionada dentro del sistema capitalista significaría que los mismos usuarixs deberían asumir los costes, cosa imposible en el mismo sistema universitario, aunque también lo queramos cambiar. En el texto titulado “Lo público y la autogestión. Defensa y avance”, el grupo de la FAI Albatros escribía lo siguiente acerca del tema de la financiación.

“¿Y qué ocurre con los recursos necesarios para garantizar el óptimo financiamiento de los servicios públicos? Estos deben ser exigidos de las arcas estatales, al ser éste el espacio en el cual se concentra el capital producido socialmente y acumulado (mediante la recaudación de impuestos, por ejemplo), un hecho que no podemos ni debemos obviar. En este sentido, no se trata de “legitimar” al Estado, sino de reapropiarnos socialmente de los recursos que las clases dominantes nos enajenan y que el Estado concentra, para poder utilizarlos según la libre determinación popular.” [2]

Aunque lo vea como una opción válida, pienso que difícilmente cederían la financiación del Estado a la gestión popular, a la vez que seguiríamos en dependencia con el Estado. Aunque a nivel discursivo nos es útil recordar los recursos del Estado no son más que fruto de lxs trbajadorxs.

Por eso, cuando se plantea una Universidad Autogestionada, adjetivo que debería ser reemplazable con colectivizada, obrera o lo que sea, esta no puede verse apartada de un clima revolucionario. Cito otro texto que habla este mismo tema:

“Hablar de autogestión es indisociable al ataque de las bases mismas del sistema: en sus relaciones de propiedad y en las relaciones jerárquicas que se desprenden de la organización de la sociedad de clases. Para nosotros la autogestión no puede bastarnos con ser un submodelo coexistente con la producción capitalista y que, directa o indirectamente, participe de sus leyes. Por tanto, la autogestión sólo cobra pleno sentido en función del proceso revolucionario, de reapropiación del conjunto del Capital social sobre nuevas bases socialistas y libertarias. Entendido esto, creemos que no se trata de cómo fundamos nuevos servicios públicos, sino de cómo aspiramos en la lucha a la reorganización de los mismos, es decir, a la capacidad de decidir los trabajadores y usuarios sobre qué y cómo se hacen las cosas, bajo un proyecto de expropiación socia. […] una superación revolucionaria de la sociedad capitalista y del estatismo.”[3]

Entiendo entonces, que la lucha por la Universidad Autogestionada, es una lucha que no puede separarse de la revolución, no puede ser una parcela aislada, uno de los errores del movimiento estudiantil que no acaba de solucionar.

Y por otro lado también queremos cambiar las funciones que realiza la Universidad. Por otro lado hay que analizar las funciones que realiza la Universidad. En el primer texto se citan 3 funciones extraídas del análisis situacionista:

“a) La universidad como aparato de la clase dominante para generar y extender la ideología dominante.
b) La universidad como aparato para la valorización del conocimiento transformándolo en capital.
c) La universidad como medio de producción de cuadros técnicos y de técnicas que servirán a la producción en el mercado capitalista.”[4]

Una universidad autogestionada debe romper con estos funcionamientos, el objetivo debe ser la emancipación social y la posible trasmisión de conocimientos a toda la población que quiera acceder a estos. No hay que olvidar que la educación nunca es neutra, y lo más cercano a esta es fomentar un verdadero espíritu crítico que en la universidad realmente no se da.

Romper con las desigualdades a través de la práctica igualitaria no solo mediante la gestión por nosotrxs mismxs, de lxs implicadxs, sino también mediante los medios adecuados para conseguir los fines que queremos, mediante otros métodos pedagógicos. No quiero extenderme en este tema, pero puede ser otro aspecto en el que basar y potenciar la lucha, tan importante como todos los demás. Quizás la misma comunidad educativa tiene que ser ella la quien decida con que modelo aprender, y puede ser que en un marco más libre, educadorxs y educadxs puedan borrar esa frontera con más facilidad.

Análisis de la lucha estudiantil, diálogo y reformismo

El objetivo de este texto es el debate y el planteamiento de una serie de temas, no una biblia. Por eso quiero hacer explicito que las recetas mágicas no existen, que las contradicciones las tendremos siempre y como leí en alguna parte, estas solo aparecen al caminar. Y quien haya luchado dentro del movimiento estudiantil sabrá que es una lucha difícil, del mismo modo que otras también lo son, en un contexto de correlaciones de fuerza muy desequilibradas en las que los explotados no concebimos mas que quizás reducir los golpes que estamos recibiendo. Parece ser que imaginar la revolución es imposible.

Para realizar un diseño de estrategias tenemos que analizar también la universidad y el movimiento estudiantil. La composición de los actores sociales en la universidad, aunque sea un espacio donde se tienda a la elitización, podemos encontrar que aun conviven estudiantes de la clase trabajadora y estudiantes de clases más altas. No creo en que la condición económica sea sinónimo de una ideología determinada, y posiblemente menos en un espacio donde tradicionalmente se le ha asociado como una herramienta de ascensor social en la economía capitalista, y por otro lado es obvio que parte de la clase trabajadora asimila el discurso dominante, así que tenemos estudiantes de nuestra propia condición que están en contra de un proyecto de transformación radical del sistema aunque se posicionen de manera superficial (y la mayoría de veces solo de palabra) a los recortes. Los estudiantes que forman parte de las clases más ricas es obvio que sea poco probable que estén a favor nuestro y que lo único que quieran es que la normalidad no sea alterada.

Esta reflexión hace patente que las asambleas nunca serán totalmente horizontales y participativas. Por una banda no solo hay una separación con “la derecha”, si no que personas de “izquierdas” también quedan excluidas porque quizás están de acuerdo con las demandas para defender lo público pero critican ciertas formas, criminalizando las asambleas, que tienen unas maneras “más combativas” (con todo el respecto y como parte de autocritica, tristemente a veces estas se miden por la espectacularidad que por otra cosa, por los motivos que sean). Esta parte “progresista” utiliza las vías institucionales para intentar parar los cambios, sin mantener una confrontación directa con las jerarquías dirigentes de la universidad, a les cuales pueden optar para acceder. Estas “izquierdas” institucionales se confrontan para conseguir la legitimidad de la representatividad del estudiante, pero ni las asambleas ni los consejos elegidos en un sistema donde hay partes de las instituciones que se eligen mediante voto estamental (valiendo este de distinta proporción) [5] realmente no son representativas por la escasa participación del estudiantado en la lucha. Es obvio que la cultura de la no participación política (entendiendo la lucha política como la lucha para decidir por decidir en tu vida) ha enraizado en la sociedad y el movimiento estudiantil no es más que el reflejo de esto.

En relación a los espacios heterogéneos donde se negocia y se decide, creo que quizás es importante pensar en nuestros espacios como clasistas. Nosotros no nos podemos parar a negociar un consenso con alguien que tiene muchos más poder que nosotros, no podemos caer en ese juego. Nuestro objetivo es acabar con las desigualdades y el suyo es perpetuarlas. No podemos rebajar nuestro discurso y nuestras aspiraciones con alguien que nos pisa simplemente para respetar el consenso y la horizontalidad en la toma de decisiones. Este consenso seria una imposición en el momento en que no jugamos con las mismas cartas. Un ejemplo seria el “dialogo” con las autoridades:

“El diálogo, la discusión libre tan solo se puede llevar a cabo entre iguales, sino fuese así habría entre las posibles interlocutoras unas diferencias de poder efectivo tan abismales que sería poca cosa más que un monólogo. Si una de las interlocutoras no tan sólo está llevando a cabo la acción de la cual pretende hablar, sino que tiene en sus manos el poder de ejecución, una fuerza de coacción incomparable y su decisión descansa sobre el poder militar y policial, mientras que de la otra parte se tiene poca cosa más que su voluntad, llamar a esto diálogo es digno de un chiste de Eugenio.”[6]

Este dialogo, esta enmarcado en aquello que se llama “la legitimidad democrática” que no es más que el discurso ciudadanista: la imposición de unos medios para conseguir cambios dentro de un sistema el cual esta estructurado para que no cambie en más que en la superficie. El Poder nunca va a permitir mecanismos que puedan acabar con él. Hablan de igualdad, de democracia y de respecto en un sistema capitalista que en su normalidad produce desigualdades, guerras y una multitud de consecuencias más. Lo peor es que parte de este discurso esta asumido por la clase explotada. Y otra pieza clave es el discurso de lo que es violento y lo que no es. No me extenderé en este punto, que esta totalmente relacionado con la educación que recibimos y en los medios de comunicación y en su papel de legitimar ante el público quien tiene la razón o quien se merece una intervención de los antidisturbios.

Entonces intentar legitimarse como los agentes democráticos, que buscamos su dialogo es un error en el que muchas veces cae el movimiento estudiantil. Es necesario la legitimización ante la gente, pero jugar su juego es una victoria más para ellos y sabemos que tendremos en contra todo un aparato mediático, político y policial en nuestra contra.

¿Como podemos luchar sin caer en este reformismo estéril? No creo que conseguir mejoras sea un error porque de esta manera la gente deja de luchar. Es necesario conseguir pequeñas victorias para darse cuenta de que juntxs podemos cambiar todo esto, e ir cambiando la correlación de fuerzas. Las mejoras son una cuestión estrategia y serán útil si nos ayudan a caminar hacía la utopía. Si tenemos que dividirlo todo entre abandonar una lucha por reformista o apostarlo todo por una revolución, lo tenemos crudo. Entre otras cosas interesantes, los compañerxs de Terra Cremada escribían en relación al movimiento estudiantil en el contexto de Bolonya:

“No es lo mismo una petición que se hace como afectado de un sistema del que quieres formar parte, dirigiéndote a la autoridad concedida, que una exigencia que haces desde la propia dignidad e integridad violadas a un poder impuesto. El contenido de las demandas señalaba la voluntad de formar parte de este sistema, de expresar la necesidad y la importancia del mundo académico y estudiantil en el funcionamiento y perfeccionamiento del sistema democrático. Es decir, la vinculación expresa a la democracia, en lugar de, una vez rechazado el papel de la formación académica, en tanto que engranaje del mundo de las mercancías, intentar trasladar este descontento a la sociedad entera que es, en última instancia, la que necesita nuestra obediencia y sumisión en las aulas, en el curro y en las calles para seguir reproduciendo el sistema de dominación capitalista y estatal.”[7]

Soy consciente de que me dejo temas a comentar, como las luchas políticas entre colectivos “radicales”, la caída en viejas estrategias que parecen no funcionar, la improvisación y a veces el poco compromiso de lxs militantes, etc.

La solidaridad nuestra mejor arma

Es una de las consignas típicas que se corean en las manifestaciones y quizás el problema es que realmente no la practicamos a niveles que realmente marcarían la diferencia. Tejer redes de afectados por el capitalismo sea cual sea el sector es una asignatura de la clase explotada pendiente. La dictadura y el capitalismo consiguieron romper estas redes que tardaron mucho tiempo en hacerse y quizás es su gran victoria. Cuando la sociedad entienda que cada problema sectorial es propio y causante del mismo sistema y se implique con todos las sectores, quizás el panorama cambia. Desahucios, privatizaciones, etc. son parte del mismo problema y solo juntxs podremos hacer frente y construir nuevas realidades

También es tarea nuestra sacar el conflicto estudiantil fuera de las aulas. Aunque no nos engañemos, la universidad es un punto accesible para pocxs, y quizás por ello cueste a la gente identificarse con la lucha que se lleva acabo. Asimismo hay que luchar contra la idea de que los universitarios somos unos acomodadxs. Somos de clase trabajadora trabajemos o no, porque no tenemos el poder político ni económico, y en la mayor parte estudiamos para acceder a un trabajo para cubrir con dificultad nuestras necesidades si es que lo encontramos.

La crítica al falso “dialogo democrático”, la autocrítica propia y la solidaridad son algunos aspectos con los que podemos empezar a trabajar. La tarea es difícil, pero actualmente se esta dando una lucha en las Baleares en la que se esta implicando una buena parte de la sociedad. Una victoria suya seria una victoria con la que poder afirmas que no todo esta perdido, con toda la crítica que podamos hacerles lxs libertarxs a algunos aspectos, su lucha no es nada despreciable.

Otros proyectos que podemos realizar para intentar construir la universidad (sociedad) que queremos pueden ser la formación de grupos críticos de las diferentes disciplinas, enredando así también a más gente que en una lucha tradicionales no se unirían, a la vez que se construyen espacios de contrapoder en las mismas universidades. Sin olvidar que para construir la nueva sociedad es imprescindible destruir la vieja.
Con todo este texto no creo que diga nada nuevo, simplemente recoger ideas que ya aparecen. Posiblemente las estrategias aparecerán con la práctica y con el conflicto mismo. Si existe la necesidad de buscarlas, es que hay gente que se plantea y lucha para conseguir unos objetivos. Por eso es importante acumular experiencias en un movimiento que parece renovarse cada año, una de las dificultades de la lucha estudiantil. ¡Que continúe la lucha!

[1] Universidad ¡Obrera y Anticapitalista! Nihil http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/24609

[2] Lo público y la autogestión. Defensa y avance. Grupo Anarquista Albatros (FAI) https://reglib.anarquismo.social/lo-publico-y-la-autogestion-defensa-y-avance

[3] Ibid.

[4] Obra citada. Nihil

[5] Tampoco es que este de acuerdo con un sistema de voto igualitario

[6] Terra Cremada. Tropezar con la misma piedra. http://terracremada.pimienta.org/tropezar.html

[7] Ibid.

Bibliografía para ampliar

Terra Cremada. Autogestión de la miseria o miserias de la autogestión. http://terracremada.pimienta.org/autogesti%C3%B3_cas.html

Universidad ¡Obrera y antiestatal!

Los panfletos no sirven para entendernos. Las asambleas no sirven para debatir. Las consignas no sirven para argumentar. Las huelgas no sirven para definir un programa. Es necesario utilizar otros medios. Por ello nace este escrito. Este escrito nace del movimiento. En concreto del movimiento estudiantil. Este escrito nace de la lucha y nace para la lucha.

Este escrito quiere plantear la necesidad y las posibilidades del movimiento estudiantil de desterrar la lógica izquierdista de luchar “por lo público” de sus luchas cotidianas. En lo sucesivo el texto se referirá al contexto universitario, aunque tenga partes extensibles no solo al resto del sistema educativo sino al resto de estructuras y servicios públicos y estatales, desde las carreteras a la sanidad.

Por la pública

La defensa de la “educación pública” es una especie de moda que el movimiento estudiantil asume como propia desde hace casi 30 años. Es una especie de moda, dicho coloquialmente, porque aunque pudiera tener una justificación racional y estratégica como movimiento, viene impuesta por una corriente de opinión e ideológica que ha ido calando hasta hacerse hegemónica dentro del movimiento estudiantil. Esta defensa aparece en la década de los 80, especialmente con el nacimiento del movimiento estudiantil contemporáneo en la explosión del 86-87. Previamente las luchas estudiantiles tenían componentes políticos y sindicales íntimamente ligados a la ideología y las prácticas de la clase trabajadora en la que se desenvolvían. Esa ideología y esas prácticas se desarrollan durante todo el ciclo largo de lucha de los 70 con la influencia del 68. Pero la influencia del 68 queda reducida a una fachada espectacular cuando dentro del movimiento obrero gana peso la parte “formal” y lo pierde la parte “espontánea”. Esto es, crecen partidos y sindicatos frente a las asambleas, comandos y grupos autónomos que habían marcado el ritmo anteriormente. Eso significó una enorme aceleración de los procesos de recuperación por parte de la socialdemocracia que controlaba el estado español y un ciclo de pacificación social masiva.

En el preámbulo del estallido estudiantil del 86-87 aparece lo que luego se conocería como el Sindicato de Estudiantes. Esta estructura elaboró el discurso de la educación pública, a imitación de cómo se desarrollaba en otros territorios por parte de la izquierda europea más cercana al “estado del bienestar” que a la “dictadura del proletariado”. Desde que ese discurso nace y se generaliza acríticamente entre las asambleas estudiantiles que cíclicamente nacen y mueren ha sido el punto común de todas las luchas que ha vivido el movimiento estudiantil.

El discurso de “lo público” explica panfleto tras panfleto que la universidad pública está en peligro por la inminente reforma, sea cual sea. La universidad pública es entonces un derecho a defender por parte del estudiantado. Pasados unos años, tras varios ciclos como los de los 90, bricall, LOU…el discurso de la pública se tiñe de una cierta nostalgia. Se transmite la idea de que la universidad antes era más pública y estamos en medio de un proceso de privatización. La universidad pública es entendida como lo entendían los ilustrados: un espacio neutral para el aprendizaje y la investigación. Esta concepción, apoyada en una fuerte ideología, está muy vinculada a la creencia de que el conocimiento, la ciencia o la técnica son autónomas de la sociedad en que se desarrollan, es decir, son neutrales y sólo toman un sentido según la voluntad de quién las usa. El discurso de “la pública” se combina con un anticapitalismo de pega atribuyendo la misión de mantener neutral a la universidad al estado frente la parcialidad de “el mercado”. El estado, que en  nuestro caso es la monarquía parlamentaria con sus poltronas autonómicas, es entonces el garante de que la universidad sea un vergel de sabiduría del que podamos disfrutar los hijos y las nietas del proletariado.

Es cierto que se han puesto infinidad de matices a este discurso por parte de muchos de los sectores, organizaciones, asambleas e individuos implicados en las luchas. En el momento actual, mayo de 2013, en la paralización general previa a un cambio de ciclo de los movimientos sociales y en concreto los estudiantiles, es cuando más urgencia puede tener emprender un debate sobre el sentido de las luchas que hemos mantenido y sobre los palos de ciego dados. La superación de un discurso manifiestamente caduco e inútil pueda servir para romper esa parálisis.

¿Por lo estatal?

Los análisis algo más fundamentados y reflexionados sobre la universidad, su crisis y su futuro quedan encerrados en libros a los que el movimiento estudiantil no tiene mucha afición. Libros como “De la nueva miseria. La universidad en crisis y la nueva rebelión estudiantil”, “La universidad en conflicto. Capturas y fugas en el mercado global del saber”[1]  encierran unas herramientas de análisis para interpretar el papel de la universidad que no sólo rompen con el discurso de “la pública” sino que permiten elaborar nuevas herramientas tanto de análisis como de combate para las luchas antiautoritarias en el medio estudiantil.

Este análisis sobre la universidad, heredero del 68 y sus principales impulsores situacionistas, se fundamenta en la cosmovisión marxista de la sociedad de clases para explicar el papel de la universidad. Esta cosmovisión marxista sirve para entender la dominación económica vigente al explicar de forma bastante esquemática las relaciones entre la clase dominada, la trabajadora, y la dominante, la propietaria. Así se distinguen 3 funciones de la universidad en la sociedad de clases:

a)La universidad como aparato de la clase dominante para generar y extender la ideología dominante.

b)La universidad como aparato para la valorización del conocimiento transformándolo en capital.

c)La universidad como medio de producción de cuadros técnicos y de técnicas que servirán a la producción en el mercado capitalista.

Estas 3 funciones están interrelacionadas. En una determinada época de expansión de un sector económico, ese sector necesitará de cuadros técnicos. La formación de cuadros técnicos se hace asignando a las personas un conocimiento transformado en capital individual, un capital que el individuo interioriza y se hace oficial mediante el título. Esta transmisión de conocimiento, en forma de título, transmite ideología dominante al naturalizar la división del conocimiento en áreas, la división del trabajo en categorías patriarcales y asignar un valor a las personas en función de su capital académico. Este es un ejemplo de cómo interaccionan las 3 funciones de la universidad y de la complejidad de las interacciones entre las 3 funciones.

Estas 3 funciones sitúan la universidad como una herramienta de dominación de la clase capitalista independientemente de la gestión estatal, autogestionaria o privada de esta institución. La literatura estudiantil de estos últimos 30 años se ha centrado más en la cuestión pasajera de quién gobierna la universidad que en el problema fundamental que es la función de la universidad. La gestión de la academia es un tema importante que conviene tratarlo con una perspectiva más amplia que mirando solo las consecuencias inmediatas de quién y cómo se gestiona la institución en cada momento.

El avance de las políticas liberales lo que están modificando es la gestión de la institución, para que mantenga sus 3 funciones mientras se gestiona según unos criterios que permiten sacar pasta de la clase trabajadora a la que la patronal fuerza a adquirir una serie de títulos como requisito para ser empleada.

En retroceso y decadencia se presenta el modelo socialdemócrata del estado del bienestar, en que la universidad se gestiona como un recurso que el estado ofrece a la clase trabajadora para adquirir esos títulos que la patronal la exige. Esta concepción, que tiene como fundamento la idea de que el estado es una providencia neutral que mediante la democracia parlamentaria puede ser útil y beneficioso para la clase trabajadora; se sitúa dentro de la ideología dominante en la que la dominación económica del capitalismo es una verdad intocable, como también lo sería el estatismo.

Otro punto de vista que defiende la gestión estatal, más propio de las ideologías anticapitalistas, es el que defiende que la universidad “de masas” es una conquista de una parcela de poder de la clase dominada frente a la dominante y por tanto la gestión estatal la manera más factible de obtener unas ciertas cuotas de control de la institución. Así las relaciones mercantiles que se dan en la universidad –la compra de títulos- siguen la lógica de los servicios públicos y no de la empresa privada, lo que es mejor para la clase dominada. Este punto de vista se ha ido sedimentando en ciertas corrientes pretendidamente anticapitalistas hasta perder de vista que la cuota de poder de clase que se puede tener sobre cierta institución se va desgastando si no supone una ofensiva constante y expansiva a la sociedad de clases, que es precisamente lo que ha ocurrido en estos 27 años de defensa de la “pública”.

Una crítica más dura merecen quienes dentro de un anticapitalismo estético han querido resolver la evidente incongruencia que supone defender lo que percibimos que es una herramienta de dominación con la receta mágica y ambigua de la autogestión o de lo popular. Ante el proceso privatizador y frente al decadente estado del bienestar  se acepta renunciar a la palabra “público” por ser un vocablo desgastado por las corrientes ideológicas antes descritas y se reemplaza por la universidad autogestionada o popular, sin un mayor análisis. Es un síntoma de la inercia que llevan los movimientos anticapitalistas que hace que sus luchas sean estéticas y espectaculares el hecho de que el discurso que se presenta en el ámbito universitario para romper con la corriente hegemónica en el movimiento estudiantil sea caer en la trampa de discutir el modelo de gestión sin entrar a discutir el objetivo de esa gestión o haciéndolo muy de pasada para rellenar líneas en un panfleto. En todo caso, si esta postura supone un peligro enorme para el movimiento estudiantil es por la falta de pensamiento estratégico y táctico que supone. Ni desde el punto de vista de clase económica dominada, ni desde el punto de vista del individuo coartado, emprender una lucha en el medio estudiantil por la autogestión de la universidad puede llevar ni individual ni colectivamente a trazar estrategias de victoria porque obvian la naturaleza absolutamente dependiente de la academia, eje de la universidad, del resto de la sociedad tanto por su naturaleza material(falta de recursos) como por lo intelectual(contexto en que se da).

Saltemos la trampa.

Tenemos ante nuestro movimiento la necesidad de sacudirnos de un lastre teórico y es que no tenemos programa para la universidad en la que luchamos. Como se ha apuntado hasta ahora en este escrito la cuestión del carácter público-privado-popular de la universidad no debe ser el eje principal de nuestro discurso sino una consecuencia de este. El eje principal de nuestro discurso debe contemplar sobre todo el objetivo de la universidad y debe atravesar nuestra vida actual, sin idealizaciones, y llegar a la vida que aspiramos, sin matices. Eso significa ser radicalmente sinceras con nuestra situación de estudiantes y con nuestras aspiraciones anticapitalistas. Clarificar la cuestión de nuestra situación nos servirá para trazar estrategias y definir nuestras aspiraciones para concretar los fines de la lucha.

Ser sinceras con nuestra realidad como estudiantes: El movimiento estudiantil no deja de ser un movimiento social, colectivo y con aspiraciones colectivas, por lo tanto lo más inteligente es articular nuestra conciencia como colectivo, como estudiantado. Siendo estudiantado y según las 3 funciones llegamos rápidamente a la conclusión de que los estudiantes somos mercancía desde el punto de vista del sistema universitario. Desde nuestro punto de vista, ver la universidad como una institución por donde la gente de nuestra clase debe pasar para poder acceder luego a unas condiciones laborales algo mejores, nos sitúa como clientes de la universidad. Desde nuestro punto de vista, y en esto hay que ser sinceras, si estamos en la universidad es por el título. La romántica afirmación de que a la universidad se va a aprender por voluntad propia es un enemigo del movimiento estudiantil que tenga conciencia de clase, porque niega u obvia que en la sociedad autoritaria no hay espacio para nuestra voluntad si no se conquista luchándolo. En concreto niega que dentro de la dominación capitalista, la clase dominada se vea forzada a seguir unos ritmos de vida impuestos por la producción, que es precisamente lo que ocurre con la juventud forzada a comprar títulos universitarios para cumplir la función que la patronal espera para ella.

Esta visión de nuestra situación actual nos abre varios frentes de actuación que chocan con la ambigüedad con la que se emprenden luchas a día de hoy.

Primero: Las luchas estudiantiles puramente materiales, como las que giran en torno a los precios de matrícula, las normativas académicas, la estructura de las titulaciones, la carga de trabajo, la propiedad intelectual…se pueden enfocar desde un punto de vista netamente sindical y aplicar toda la experiencia organizativa y de combate acumulada por el movimiento obrero sin necesidad de matices. A día de hoy, las luchas supuestamente sindicales en el medio universitario se tiñen de estudiantiles y todas se ven fuertemente influenciadas por la defensa del modelo “público” como antes se ha descrito. Actualmente, en época de recortes como vía rápida para la reestructuración y puesta en marcha de la universidad-empresa, los conflictos surgidos como la subida brutal de tasas se están gestionando como ataques a la universidad “pública” y como situación colateral, ataques a la clase trabajadora. Desde un punto de vista de clase como el propuesto, la subida de tasas es una consecuencia de unos cambios en la universidad que van en contra de la universidad como manera de redistribuir los beneficios, facilitando la compra de títulos a las trabajadoras, y por tanto una reconquista de la clase dominante de un terreno perdido en los 70. En este ciclo de transformaciones regresivas en la universidad podría, desde el propuesto punto de vista, articular la respuesta tanto defendiendo la adquisición “barata” de títulos para nuestra gente como atacando sindicalmente a las empresas y sectores que exijan a sus empleados haber comprado unos títulos que ahora nos son inaccesibles. Además, al resituar el debate en términos de clase como condición material se hace tabla rasa entre estudiantes de lo público, de lo privado y de lo autogestionado. Esto abre un campo de lucha tabú hasta ahora en el movimiento estudiantil que son por un lado los centros privados y la gente que va a ellos, muchas veces bajo la banalización de afirmar que quién va ahí es gente adinerada cuando no la realidad es que es la misma gente que va a la “pública”; y por otro lado la inclusión en el movimiento estudiantil a toda la gente que participa de la educación no formal que se da dentro de todos los movimientos sociales de forma más o menos explícita.
En suma, esta propuesta de acción en la universidad significa dejar de defender una universidad pública para defender una universidad que sirva a las clases dominadas y a nadie más, pues eso precisamente es arrebatarles parcelas de poder al capital y al estado. Que las luchas estudiantiles giren en torno al sometimiento de la universidad a los intereses de los trabajadores llevará sin duda a clarificar las posiciones de las clases en conflicto en la actualidad, todo lo contrario que lo que se consigue con discursos ciudadanos y demócratas.
Merece una mención el hecho de que dentro del contrapoder sindical que podría suponer un movimiento estudiantil declaradamente clasista, la reivindicación de la defensa de la gestión “pública” podría ser parte de un programa estratégico a corto plazo. Desde el punto de vista de clase se puede defender la gestión “pública” de las instituciones universitarias como mal menor frente a lo privado, pero sin perder de vista que esta defensa de la gestión pública es circunstancial, no fundamental, y que es una mínima parte de lo que está en juego.

Segundo: El otro frente que permite desarrollar esta concepción es “liberar a la academia”. Al desvincular nuestra relación con la universidad con toda inquietud académica y reduciéndola a lo material dejamos un campo enorme de actuación que es la estructuración de realidades que nos permitan, no solo como movimiento estudiantil sino como clase dominada, la socialización del conocimiento y la creación embrionaria de la “universidad” anticapitalista. Al negar que sea la universidad como institución el campo en el que deba socializarse el conocimiento, por ser esta institución una mera herramienta de dominación, nos forzamos a crear herramientas de aprendizaje e investigación colectivos. Esto no significa que se deba renunciar a la infraestructura física ni intelectual de la universidad actual, pero si necesariamente a su sistema de funcionamiento. Eso significa que el movimiento estudiantil puede y debe desarrollar sistemas de aprendizaje colectivo en las facultades y escuelas, con el conocimiento que se maneja e instrumentaliza en ellas, pero lejos de la reglamentación y la lógica que impone y reproduce la universidad, osea, sin títulos. Queda claro, que dentro de esta vía de actuación no hay espacio alguno para la defensa de la “pública”.

Ser sinceras con nuestros fines como anticapitalistas: La visión clara sobre nuestros fines a lo que nos conduce a reconstruir el comunismo y la anarquía, ambas metas que las clases dominadas se han marcado como objetivos a lo largo de la historia, con esos o con otros nombres. En el área de la universidad el objetivo es importante definirlo porque sirve para trazar los métodos y estrategias de la “liberación de la academia”. La universidad que el movimiento estudiantil define como modélica, dentro de los desvarios de confundirla con la “pública”, es ese espacio imposible en una sociedad autoritaria en la que la universidad es un espacio donde el conocimiento, su transmisión y expansión, se realizan en libertad de estudio, cátedra e investigación. Eso significa resituar las funciones de la universidad en su posición ideal de espacio neutro en donde encontrar conocimiento y técnica, por lo que estamos ante una universidad anárquica, sin autoridades académicas ni influencia de dominación alguna. Pero ello, y no debe perderse nunca de vista, será imposible en la  sociedad patriarcal -que nos somete por género-, capitalista –que nos somete por nuestra necesidades económicas- y estatista –que nos somete por el lugar en que vivimos-. Eso sitúa al movimiento estudiantil que aspire a esta universidad anárquica como un movimiento necesariamente rupturista con la universidad actual dado que es parte del entramado de la dominación que hoy padecemos.

La propuesta aquí presentada es la de llegar a la ruptura mediante una lucha estudiantil muy proletaria y la construcción de la universidad anárquica en paralelo. Que ya va siendo hora de que empecemos a tomarnos en serio nuestra capacidad de transformar las cosas.

[1] De la nueva miseria. La universidad en crisis y la nueva rebelión estudiantil. Joseba Fernández, Carlos Sevilla y miguel Urbán. Akal. Madrid. 2013.

La universidad en conflicto. Capturas y fugas en el mercado del saber. Edu Factory y Universidad Nómada. Traficantes de sueños. Madrid. 2010.

BARCELONA, MAYO DE 2013

NIHIL

nihil.org@gmail.com

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