Entrevista a Lucha Anarquista, colectivo combatiendo en Rojava

Entrevista hecha por la FAU que se puede leer aquí, de la cual hacemos difusión desde nuestra plataforma

1) Desde América Latina venimos siguiendo con atención y especial interés lo que acontece en Rojava y Siria. En primer lugar, ¿podrían explicar la conformación del Batallón de compañeros libertarios y sus vínculos con la resistencia kurda?

Desde el inicio de la revolución de Rojava, especialmente a partir de 2015 tras la resistencia de Kobane, brigadistas internacionales han acudido para hacer frente al Daesh (ISIS) y defender la revolución. En los primeros años la mayoria de brigadistas internacionales llegaban en coordinación con las YPG y las YPJ, las milicias de autodefensa kurdas. Dado el caracter antiestatista del proyecto politico de Rojava, anarquistas de distintos continentes nos sumamos a la lucha y a la defensa de la revolución, a menudo llegando de forma dispersa y desorganizada. En 2015, además de internacionalistas en las YPG y las YPJ se organiza el IFB (International Freedom Batallion), integrando a brigadistas de organizaciones revolucionarias turcas junto con otros militantes internacionalistas. Dentro del IFB se conforma una primera brigada anarquista bajo el nombre de IRPGF (International Revolutionary People Guerrilla Forces), que opera durante aproximadamente un año durante las operaciones de Tabqa y Raqqa.

Têkoşîna Anarşîst (Lucha Anarquista) nace a finales de 2017 después de la liberación de Raqqa. Buscamos no sólo participar en la lucha contra el Daesh, sino también aprender del movimiento de libertación de Kurdistán y construir puentes con movimientos libertarios de todo el mundo. Como anarquistas, vemos la importancia de tomar las armas contra el despotismo teocrático del Estado islámico, pero también contra la opresión fascista del Estado turco, el Estado sirio, las diversas potencias imperialistas y los innumerables grupos fundamentalistas islámicos que luchan en Siria. La realidad de la guerra es muy compleja, y a veces nos sumerge en un mar de contradicciones sobre nuestro papel aquí. Los conflictos interétnicos e interreligiosos convergen con una guerra de poder de las potencias regionales y geopolíticas, en la que las influencias imperialistas y coloniales marcan el ritmo de un Oriente Medio bañado en sangre y petróleo. Pero la resistencia kurda es un ejemplo emblemático de organización revolucionaria, y el proyecto social y político de Rojava es ciertamente inspirador. Después de algunos años trabajando aquí hemos visto los lados buenos y también los lados malos de la revolución, y nuestro compromiso con esta se basa en un marco de internacionalismo y solidaridad critica.

La puesta en práctica del confederalismo democrático, una sociedad sin estado basada en la liberación de la mujer, la ecología y la democracia directa, es un ejemplo para quienes creemos en un mundo libre de capitalismo y patriarcado. Esto es lo que nos llevó a Rojava, pero ¿Y ahora qué? Un gran número de internacionalistas que vienen a Rojava, participan en la defensa de la revolución durante unos meses y luego regresan a sus vidas anteriores. ¿Es eso lo que queremos? ¿Es esta nuestra idea de solidaridad internacionalista? No, queremos algo más. Para entender mejor lo que buscamos estudiamos sobre la historia del internacionalismo, pero en lugar de fijarnos en la estructura centralizada de la tercera internacional preferimos inspirarnos en la lucha anticolonial de la Conferencia Tricontinental. Revolucionarios como Almícar Cabral de Guinea-Bissau, Ben Barka de Marruecos o Che Guevara de Argentina, se unieron para, en palabras de Franz Fanon «resistir junto a los miserables de la tierra para crear un mundo de seres humanos». Sus perspectivas sobre la solidaridad internacional eran muy claras: «No se trata de desear el éxito al agredido, sino de correr su misma suerte; acompañarlo a la muerte o a la victoria». Entonces hablaban de crear 2, 3, muchos vietnamitas, ahora hablamos de crear 2, 3, muchas Rojavas, muchas Barbachas, muchas Chiapas.

Tekoşîna Anarşîst no es simplemente un grupo anarquista en Siria o en Kurdistán, nuestra existencia está condicionada por la lucha y el proceso revolucionario de Rojava. La opresión que sufre el pueblo kurdo es otro ejemplo de la dinámica colonial que sufren los pueblos indígenas, pueblos con culturas y raíces ancestrales que se ven amenazados por la hegemonía capitalista. Como internacionalistas, también es nuestro deber estudiar y comprender las formas en que las potencias imperialistas ejercen la opresión sobre los países del Sur global. Luchábamos contra la opresión en nuestros hogares y ahora continuamos la lucha aquí. Vinimos a Rojava respondiendo a la llamada de solidaridad internacional, y por eso nuestra prioridad es entender las necesidades de la gente y la dinámica del movimiento revolucionario local. En el pasado habíamos trabajado en coordinación con el IFB (International Freedom Batalion), pero hoy somos una organización autónoma integrada en las Fuerzas Democráticas Sirias, junto con kurdos, árabes, asirios y otros internacionales que luchan por una Siria democrática, ecológica y libre de la opresión patriarcal.

2) ¿Cuáles son sus principales diferencias con el PKK y sus grupos armados?

El PKK es un partido revolucionario creado en respuesta a la opresión que sufre el pueblo kurdo. Tekoşina Anarşist es un colectivo creado para apoyar y aprender de la revolución de Rojava. Esta realidad conlleva un gran numero de diferencias en relación con el tamaño de la organización, los objetivos, las dinamicas internas, la proyección a futuro, las tácticas, las estategias.

El PKK fue fundado hace más de 40 años como movmiento de liberación nacional con prespectiva internacionalista, conformandose como un movimiento anticolonial en Oriente Medio. Su lucha por la liberación nacional ha permitido a este partido, que nació con una orientación marxista-leninista-maoista, evaluar sus logros y sus errores y reconfigurar sus objetivos y su paradigma político. «El cambio de paradigma, motivado en gran medida por el movimiento de mujeres kurdas»El nuevo paradigma propuesto por Abdullah Öcalan se nutre de prespectivas libertarias, posicionandose contra el modelo de estado-nación, contra el patriarcado y contra el ecocidio que producen el capitalismo y el sistema tecno-industrial. Frente a esto, el nuevo paradigma apuesta por modelos de democracia directa, con comunas y cooperativas como base social. Prioriza la liberación de la mujer como base de la transformación social a través de la organización autónoma de las mujeres. Está comprometido con una perspectiva ecológica y una reconexión con la naturaleza, reconstruyendo un modelo de vida acorde con los demás seres vivos de este planeta.

«El cambio de paradigma, motivado en gran medida por el movimiento de mujeres kurdas»

También sus prespectivas sobre la violencia son distintas a las de sus origenes maoistas, donde la violencia revolucionaria era concevida como un objetivo en si mismo. El cambio de paradigma, motivado en gran medida por el movimiento de mujeres kurdas, reorientó el analisis alrededor del concepto de autodefensa. Las dinamicas patriarcales y coloniales de los Estados, que basan su existencia en la dominación mediante la guerra, el genocidio y el esclavismo, se han encontrado siempre con la resistencia de aquellos a quienes buscaban someter. Las sociedades que han vivido una vida libre, no pueden aceptar la dominación de los sistemas centralizados, y es por eso que toda sociedad, todo ser vivo, necesita asegurar sus sistemas de autodefensa.

Como anarquistas, como revolucionarias, concordamos con esta visión, con este horizonte politico y social. El ecologismo, el feminismo, el comunalismo o el confederalismo no son desconocidos para el anarquismo, bien al contrario. Tampoco la lucha amada lo es, y en Rojava hemos tenido que defendernos con todos los medios a nuestro alcance contra el fascismo teocratico del Estado islamico y de la invasión del Estado fascista turco. En momentos de guerra, hemos luchado codo a codo con las YPG, las YPJ, con guerrilleras y guerrilleros del PKK, con militantes de otros partidos revolucionarios turcos, con otros internacionalistas de distintas ideologias, con kurdos, con arabes, con assirios. Cuando el enemigo dispara, cuando las bombas caen, quien está en nuestro lado de la trinchera es compa, es heval, y las diferencias ideológicas no pesan tanto como la pasión por defender la revolución, la pasión por construir una sociedad libre. Pero sin duda hay diferencias ideologicas que, cuando no llueven las balas y los morteros, nos llevan a debates y reflexiones que influyen en nuestra forma de pensar la revolución y de entender el anarquismo. Las diferencias que discutieron Marx y Bakunin, entre muchos otros, en los congresos de la primera internacional de trabajadores, son aún a dia de hoy fuente de conflicto. Pero es precisamente este conflicto lo que nos ayuda a reflexionar, a aprender, a seguir creciendo.

Respondiendo a la pregunta en cuestión, las principales diferencias que hemos encontrado son, por un lado organizativas, y por otro ideológicas. A nivel organizativo, priorizamos la descentralización y la distribución de tareas, responsabilidades y liderazgos, evitando deliberadamente la creación de un comité central o una institución autoritaria. Sabemos que las estructuras militares se ven siempre condicionadas por una organización jeraquica y una cadena de mandos, y en algunos aspectos hemos tenido que adaptar nuestra estructura a las necesidades militares. Pero a diferencia de otras fuerzas, ponemos especial atención en funcionar de forma inclusiva y horizontal, fomentando responsabilidades y liderazgos rotativos. El aprendizaje colectivo, la confianza y el apoyo mutuo, pero por encima de todo el deseo de una vida libre, son la base de nuestro trabajo y proyecto político.

A nivel ideológico, las diferencias pueden ser más complejas. La más relevante es quizás nuestro firme apoyo a las luchas LGBT+, que en el movimiento de liberación kurdo no cuentan con un apoyo tan determinado. Sin duda hay corrientes que trabajan en la misma dirección, y las prespectivas del movimiento de mujeres kurdas que se enmarca en la jineolojî tienen un horizonte político donde podemos coincidir. Ellas mismas estan cuestionando y reflexionando el aparente esencialismo de este movimiento, abriendo la puerta a una comprensión más extendida de mujer

más próxima a las teorias queer, aunque todavía de forma minoritaria. También el pragmátismo de este movimiento nos lleva a veces a contradicciones ideológicas, sobretodo en aspectos relacionados con la propiedad. En Rojava hay iniciativas comunales y prespectivas de propiedad colectiva, pero la realidad capitalista de la propiedad privada sigue presente en la sociedad, sin grandes esfuerzos por cambiar esta realidad. Dentro de los movimientos revolucionarios, la propiedad es en gran medida colectiva, y la vida comunal que se fomenta cuenta con una clara orientación socialista, pero a veces es dificil que estas ideas lleguen a la mayoria de la población.

Mirándolo desde una prespectiva más amplia, si pensamos no solo en nuestra organización pero en el anarquismo de forma más general, vemos grandes contradicciones con la deriva individualista que vive el movimiento anti-autoritario en las ultimas décadas. Têkoşîna Anarşîst matniene su compromiso con una lucha colectiva que escape la logica individual y el pensamiento liberal, en sintonia con las tendencias del anarquismo social, pero sin dejar de reflexionar el papel del individuo en la sociedad. Sabemos muy bien que cuando las ordenes son impuestas de arriba a abajo, sin respetar las decisiones colectivas o sin escuchar las voces minoritarias, se genera coerción en el individuo. Por el otro lado, cuando el individuo no actua acorde a los objetivos comunes de un movimiento, este deslegitima la organización y la lucha colectiva. Otro debate de gran relevancia entre el anarquismo tradicional y las ideas de confederalismo democrático es la influencia del positivismo y el racionalismo. A menudo el anarquismo ha visto la ciencia y a la razón, que se resignificaron con con la llamada “ilustración”, como el unico camino para lograr una sociedad libre. Aquí se pone en cuestión esta premisa, buscando prestar especial atención a formas de entender el mundo y la sociedad que escapen del pensamiento colonial europeo, con especial atención a las mitología y los conocimientos ancestrales. Estas prespectivas son importante a la hora de aprender de los movimentos indigenas, repensando nuestro lugar y nuestra relación con la naturaleza, con la civilización y con la vida misma.

Evaluar estas ideas, estos parecidos y diferencias que hemos encontrado con nuestros movimientos y la realidad de Rojava, nos han llevado a priorizar dos objetivos. Primero el desarrollo de personalidades militantes, trabajando para deconstruir la influencia patriarcal y capitalista que tenemos interiorizada. Segundo la necesidad de consensuar estándares organizativobasados en la responsabilidad y el compromiso, en harmonia con la voluntad de las y los militantes pero también con las necesidades de nuestra organización. Y a pesar de que estos objetivos se desarrollen de formas distintas a como lo puede hacer el PKK, las metodologias que apendemos aquí nos son de gran ayudad. Los procesos de tekmil, plataforma, critica y autocritica, son sin duda un cabo de guia para crecer y desarrollarnos como personas y organizaciones revolucionarias, pero queremos también estudiar y aprender de la historia y los movimientos anarquistas y revolucionarios de todo el mundo.

3) ¿Cómo analizan el proceso de construcción del Confederalismo Democrático? ¿Cuál es su participación en esta construcción?

La construcción del confederalismo democrático es sin duda más visible en Rojava, pero no puede desconectarse del resto de Kurdistan. En los ultimos años las ideas de este paradigma político se han puesto en practica a gran escala en Rojava, pero debemos tener en cuenta también otros territorios como el campo de Mexmur o la también reciente zona autonoma de Sengal en Basur, en la fronteras de Iraq. También los desarrollos políticos en Rojhilat, en las fronteras del Estado de Iran, pero sobretodo en Bakur, en las fronteras del Estado turco. Es necesario tener en cuenta las cuatro partes en que Kurdistan se encuentra dividido a dia de hoy para entender por qué el movimiento kurdo se orienta hacia una solución anti-estatista.

A la hora de analizar su construcción, es imprescindible referirnos al trabajo ideológico de Abdulah Öcalan y su “Manifesto por una sociedad democrática”. A diferencia de otras propuestas políticas, el confederalismo democrático no se limita a describir una utópica sociedad libre de opresión, sino que abre un dialogo de preguntas y respuestas sobre cómo transformar la sociedad actual y cómo realizar este modelo utópico al que aspiramos. Cómo queremos vivir, cómo queremos relacionarnos, cómo queremos luchar, son importantes preguntas a la hora de construir una sociedad revolucionaria. Las respuestas que esboza Öcalan no son facilmente resumibles en unos pocos párrafos, pero es importante entender algunos de los conceptos que nombra para transmitir sus ideas, para plantear la transición de la modernidad capitalista a la modernidad democrática. Esta modernidad democrática, como hemos comentado, se basa en la liberación de la mujer, la ecologia y la democracia sin estado.

Esta progresión ideológica muestra similitudes con otros procesos revolucionarios como el movimiento zapatista, movimiento insurgente en las montañas del sur-este mexicano. Ambos movimiento nacen con un marco maoista pero se reorienta hacia un socialismo libertario, ambos crecen y encuentran refugio en las montañas, ambos son herederos de un pueblo con origenes ancestrales, ambos cuentan con un fuerte movimiento autónomo de mujeres, ambos son un ejemplo para movimientos anticapitalistas del mundo entero. El confederalismo democrático no es una ideologia nueva, es una forma de entender la sociedad y la civilización que nos inspira a la hora de construirnos como movimientos revolucionarios, a la hora de tomar un compromiso con nuestras ideas y avanzar con pasos determinados hacia una sociedad más justa.

A la hora de llevar estas ideas a la practica en Rojava, el proceso ha sido enormemente influenciado por la guerra de Siria. A su vez ha sido la guerra la que ha hecho posible la revolución, permitido la radical transformación social necesaria para sentar las bases de este modelo político. En 2012 las YPG/YPJ, por aquel entonces milicias populares mal armadas, expulsan los soldados y burocratas del Estado sirio sin apenas tener que disparar unas pocas balas. A la vez combaten acarnizadamente contra los grupos islamistas como al-Nusra y luego el Estado Islámico. Tras la liberación de kobane del asedio del daesh en 2015, las YPG/YPJ se expanden y lideran la coalición militar de las Fuerzas Democaráticas Sirias (SDF por sus siglas en inglés), y para la liberación de Raqqa en 2017 las SDF son prácticamente una fuerza militar regular, entrenada y equipada a nivel semi-profesional.

Estos desarrollos militares van acompañados de un proceso transformación social en base a las ideas del confederalismo democrático, con la creación de comunas, cooperativas, centros de mujeres, comites de justicia, academias, programas escolares en kurdo, centros culturales, etc. Las instituciones sociales como el TEV-DEM (Tevgera Democratic – movimiento democrático) junto con el trabajo político del PYD (Partiya Yekineyen Democratic – Partido de la Unidad Democratica) y otros partidos políticos y movimientos sociales, se coordinan para la creación de la Administración Autónoma, organizada al principio en 3 cantones (Afrin, Kobane, Cizire). Vemos así la voulntad de gestionar el territorio en base a la organización local, basado en un modelo municipalista, sin buscar la centralización de un modelo estatal.

Ninguna revolución es un proceso fácil, y a pesar de las criticas que podamos tener sobre lo acertado o no de ciertas decisiones, sin duda el proceso que vive Rojava en los 8 años que dura la revolución es admirable. Una vez más, se hace dificil resumir todo lo que sucede en unos pocos párrafos, pero cabe destacar el increible desarrollo de la situación que viven las mujeres y el papel que juegan las YPJ en este proceso. Las mujeres en Siria, como todas las mujerees del mundo, sufren la violencia y opresión de sistemas patriarcales, pero a partir de 2014 se ven especialmente amenazadas por el fascismo teocrático del Estado Islámico. Daesh es sin duda un exemplo parádigmatico del patriarcado más brutal y sangriento, con miles de mujeres capturadas y vendidas como esclavas sexuales. En palabras de la combatiente del YPJ Amara de Kobane «Nuestras opiniones filosóficas nos hicieron conscientes a las mujeres del hecho de que sólo podemos vivir resistiendo», dando perspectivas sobre por qué muchas mujeres deciden tomar las armas para liberarse de tal amenaza, sobre por qué eligen la autodefensa y la acción directa contra lo que amenaza sus vidas. Tras las victorias militares contra Daesh nadie puede cuestionar el enorme valor y sacrificio que las mujeres han aportado a la revolución. El movimiento kurdo dice que ninguna sociedad puede ser libre si las mujeres no son libres, y en Rojava este lema se convierte en el corazón del proceso revolucionario.

Nuestra participación en todo este proceso es relativamente modesta, pues apenas contamos con tres años de recorrido en Rojava. Al principio lo más importante fue entender la realidad local, la lengua y la cultura kurdas, el proyecto político y el funcionamiento de las organizaciones y estructuras. Esto también trajo algunas contradicciones ideológicas junto a muchos aprendizages metodológicos. A pesar de nuestras similitudes ideológicas y las referencias de Öcalan a diferentes pensadores anarquistas, como Bakunin, Kropotkin o Foucault, el anarquismo sigue siendo un gran desconocido para el movimiento kurdo. En el tercer volumen del «Manifiesto por una civilización democrática», Öcalan reflexiona sobre la importancia del anarquismo como aliado clave en el desarrollo de la modernidad democrática, compartiendo sus críticas y perspectivas para los movimientos anarquistas. En el campo ideológico, nuestro trabajo se ha centrado en reflexionar sobre estas ideas y contradicciones, traduciéndolas y haciéndolas más accesibles a un amplio público. También hemos dedicado tiempo a debatir y cponer en común nuestras ideas , puesto que somos un grupo internacional de anarquistas de varios países, a menudo con diferentes prespectivas y trayectorias.  Esta labor nos ha dado mayor entendimiento de los movimientos libertarios en distintas partes del mundo y como situarlos en el contexto del proceso revolucionario que vivimos.

En el campo práctico, nuestra labor se ha centrado en la defensa de la revolución. Tras participar en diferentes campañas militares contra el Estado Islámico, hemos trabajado para capacitarnos como médicos de combate, ya que la atención sanitaria en los primeros minutos puede ser crucial para la supervivencia. Tekoşîna Anarşîst trabajó como equipo médico de combate en la campaña de Baghouz, el último bastión del Estado Islámico, y desde entonces ha sido nuestra principal tarea siempre que ha habido un frente activo en Rojava. Operar como equipo médico de combate también significa ser capaces de formar a los nuevos miembros en estas disciplinas, así que hemos puesto mucho esfuerzo en compilar lo aprendido para compartirlo con nuevos compañeros y compañeras que llegan para sumarse a la revolución.

4) ¿Cómo analizan la coyuntura actual del conflicto en Siria y qué perspectivas prevén que se desarrollen?

A dia de hoy, julio de 2020, la guerra continua en Siria. Recientemente celebramos el octavo aniversario de la revolución de Rojava, recordando el dia 19 de julio de 2012 cuando se declaró la autonomía en la ciudad de Kobane. El Estado islámico ha sido derrotado tras la batalla de Baguz a finales de 2019, pero aún hay celulas y grupos operativos que siguen realizando atentados. Muchos de sus antiguos miembros también se han unido a los grupos islamistas apoyados por Turquia, que desde principios de 2018 ocupan el cantón de Afrin. Hace menos de una año de la ultima ocupación militar de Turquia y sus mercenarios islamistas en Rojava, cuando atacaron las ciudades y puebloscomprendidos entre las ciudades de Serekaniye y Gire Spî (Tel Abyad en árabe)  a lo largo de la frontera.

La población refugiada de estos conflictos bélicos se encuentra en campos de refugiados, como los campos de Sheba donde tuvo que huir la población de Afrin, o el campamento Waşokani donde la población de Serekaniye huyó buscando refugio de las bombas turcas. También el campo de al-Hol es de dificil gestión, donde decenas de miles de mujeres y niños que vivian bajo el califato islámico se encuentran retenidas. En al-Hol se encuentra población civil que huyó del califato pero también mujeres que mantinen sus ideas fundamentalistas islámicas, a menudo organizando motines y declaraciones de apoyo al Daesh, atacando las fuerzas de seguridad del campo así como a otras mujeres, apuñalando, arrojando ácido o prendiendo fuego a otras tiendas. También las carceles especiales para combatientes del daesh se añaden a las dificultades que afrenta la Administración Autónoma a la hora de estabilizar la región, esperando un tribunal internacional que juzgue sus crimines y permita encontrar soluciones. Pero la comunidad internacional no parece muy interesada en apoyar este tipo de proceso judicial, y son pocos los paises que han repatriado los combatientes internacionales que dejaron sus paises para unirse a las filas del Estado Islámico. También en estas cárceles se viven a menudo motines e intentos de fuga.

Los campos de refugiados son también focos de emergencias sanitarias, con brotes de salmonelosis u otras enfermedades, como leishmaniasis en los campos de Sheba. Por ahora, Rojava no ha sufrido brotes de COVID-19, pero la Auto-administración ha estado trabajando en los preparativos para prevenir futuros riesgos. Nuestra trabajo en temas sanitarios nos ha permitido también aprender y apoyar en estos campos y comprender mejor la situación, así como colaborar en el desarrollo de formación y preparativos de medidas preventivas en caso que la pandemia se empiece a expandir por aquí. El hospital de Serekaniye, ahora bajo ocupación turca y sus mercenarios islamistas, era el unico equipado para hacer tests de PCR, y es sabido que turquia está enviando allí a un gran número de infectados con COVID-19. También en Afrin la epidemia se extiende, dada la directa conexión del ejercito turco con los grupos islamistas que ocupan la zona, posiblemente en un intento del ejecutivo de Erdogán para expandir el virus a Rojava. También en las partes de Siria que siguen bajo control del Estado Sirio el virus se ha extendido, así que no sabemos hasta cuando Rojava se va a ver libre de los efectos de la pandemia.

La situación militar tampoco es fácil. Por un lado el gobierno de Erdogán sigue amenazando con la ocupación de la región, con especial riesgo para Tal Rifat y los campos de Sheba, así como Manbij y Kobane. Como hemos visto con otras operaciones, no es cuestión de si Turquia va a atacar de nuevo o no, sino de cuándo va a hacerlo. Recientemente el Erdogán ha anunciado una nueva operación en Basur, Kurdistán en territorio iraqui, que se inició con más de 80 bombardeos realizados por las fuerzas aereas del Estado Turco. Entre los objetivos se encontraban el campo de Mexmur, un hospital en Sengal, posiciones de la guerrilla y pueblos civiles en las montañas fronterizas con Turquia y con Iran, donde el PKK tiene sus bases. También a finales de junio un dron ha bombardeado un pueblo a las afueras de Kobane, donde se celebraba una reunión de Kongreya Star (el movimiento de mujeres en Rojava) asesinando a 4 mujeres, incluida la responsible del area de Kobane. Todos estos ataques se realizan a la vez que Turquia mantiene su frente en Idlib, apoyando a HTS (coalición islamista liderada por la rama siria de al-Qaida), sus operaciones militares en Libia, su agresiva politica internacional en el mediterranio contra Grecia y una brutal represión interna contra la población kurda en las propias fronteras de Turquia.

La deriva autoritaria del Estado Turco en las ultimas decadas va acompañada de una purga de los mandos militares, sobretodo tras el llamado intento golpe de estado de 2016, así como una fuerte inversión en gasto militar. Erdogán ha adquirido recientemente un segundo cargamento de sistemas antiaereos s-400 de Rusia, a la vez que ha cerrado un acuerdo para adquirir misiles patriot de Estados Unidos. Vemos como se arma hasta los dientes, buscando mantener su puesto en la OTAN a la vez que bascula hacia una eje Euroasiático con Rusia, tratando de reorganizar el tablero geopolítico de oriente medio evocando el pasado del imperio otomano. Estos sueños expansionistas, narrativa habitual del fascismo, necesitan siempre de un enemigo interno a quien culpar. En 1915 el mundo presenció el genocidio armenio en que se fundó el Estado Turco, donde no solo armenios y otras minorias cristians fueron masacradas y forzadas abandonar sus hogares, sino que sentó un ejemplo que luego seria referenciado a la hora de perpetuar el holocausto (“Después de todo, ¿habla hoy de la aniquilación de los armenios?”, dijo Hitler antes de invadir Polonia). Ahora es la población kurda quien sufre estas políticas genocidas, y sin duda Rojava se encuentra en su punto de mira.

La situación económica en Rojava también se encuentra en un momento muy complejo, con enormes dificultades por delante. La libra siria ha caido a minimos historicos, en los ultimos meses ha perdido mas de un 300% de su valor en el mercado interno. A esto hay que añadir las nuevas sanciones contra Siria impuestas por la administración de Trump, un movimiento de guerra economica que pese a estar dirigido contra el gobierno de al-Assad, repercute profundamente en toda Siria. Trump prometió que la auto-administración de Rojava estaria exempta de estas sanciones, pero por ahora esta promesa no se ha materializado, y hay que sumarlas all embargo que sufre Rojava desde el inicio de la revolución. En cuestión de recursos, en Rojava hay abundancia de dos recursos clave, trigo y petroleo, pero también estos encuentran ahora dificultades. La crisis del COVID-19 ha causado una caida del precio del crudo, lo que repercute enormemente en los ingresos de la auto-administración. Además, las sanciones mencionadas contra el gobierno de Assad dificultan la venta del crudo, que necesita de las refinerias en las zonas bajo control del Estado Sirio para poder procesarlo. También la cosecha del trigo, importante recurso que se recoge en estos meses, atraviesa dificultades. Por un lado la auto-administración ha decidido avanzar la cosecha para evitar lo que ocurrió el año pasado, donde grupos insurgentes prendieron numerosos fuegos a los campos de trigo. Avanzar la cosecha ha permitido reducir los incendios y asegurar que no se pierde el trigo, pero a la vez se ha recogido aún verde y el precio al que se puede vender es menor. A esto hay que sumar el robo de trigo que se encontraba almacenado en los silos de las zona ocupada por turquia, como los importantes silos de Gîre Spî.

Un último punto que queremos mencionar está también relacionado con los efectos globales de la pandemia, y es el cierre de fronteras que ha limitado la movilidad de internacionalistas. Durante los ultimos 4 meses ningún internacionalista ha podido entrar o salir de Rojava, esto limita el número de gente nueva que quiere viajar a Rojava pero no tiene forma de acceder.

Con toda esta situación, se hace dificil preveer lo que va a suceder. La situación es altamente inestable, hay tantas variables y tantos intereses en juego que las cosas cambian rápidamente de un dia para otro. Sin duda la mayor amenaza es una nueva invasión por parte del Estado Turco, probablemente en Kobane, pues es su resistencia contra el daesh la que cautivó la atención internacional. El poder simbólico de esta ciudad es muy importante, y es por eso que el Estado Turco quiere ocuparla, pues sabe que será muy dificil mantener la fe en la revolución sin la ciudad que logró romper el avance del daesh. Es probable que ejercito turco y sus aliados islamistas decidan atacar antes Ain Issa y Manbij, pues son ciudades cercanas e imprescindibles a la hora de brindar apoyo logistico en caso que Kobane se vea asediada de nuevo. Ante un ataque así, Erdogán sabe que necesita luz verde de las potencias internacionales y regionales. La guerra de influencias entre Rusia y EEUU en Oriente Medio puede jugar un papel relevante, y según como cambien los equilibrios de poder y los objetivos de ambas potencias imperialistas los efectos se harán notar, no solo en Siria, sino en todo Oriente Medio y en el mundo entero. En los ultimos meses vemos una retirada constante de la presencia de tropas de EEUU en Siria, aunque nunca definitiva, pues entre sus prioridades sigue estando evitar que otras potencias ganen influencia, sobretodo Rusia e Iran. A estos movimientos los sigue una carrera no solo del gobierno de Bashar al-Assad, sino principalmente de Rusia, que busca llenar los vacios de poder que esta retirada pueda ocasionar, reforzando así su hegemonía en suelo Sirio y asegurando su acceso al Mar Mediterraneo.

También otras potencias regionales pueden influir en el futuro de Siria, como el Estado de Israel, que sigue manteniendo su ocupación en los altos del Golan, así como constantes ataques y bombardeos contra diferentes objetivos en suelo Sirio. La presencia de Iran en Siria tampoco es ningún secreto, de hecho la mayoria de los ataques de Israel sulen ser contra objetivos de hizbola o otras fuerzas cercanas al regimen teocrático de Iran. El gobierno sionista de Netanyahu aprovecha la enemistad de Iran con EEUU para atacar impunemente y debilitar así las potencias que rodean el Estado de Israel. También Estado Egipcio empieza a dar muestras de agitación, con amenazas de intervenir en el conflicto en Libia para detener la expensión de la influencia turca. Por ahora Egipcio está fuera del tablero Sirio, pero el gobierno de al-Sisi ve el despligue de Erdogán como una amenaza, dado su discurso neo-otomanista y su fuerte relación con los hemranos musulmanes, principal oposición al gobierno de al-Sisi.

Otro escenario posible en un futuro cercano es un ataque total por parte del Estado Turco a Qandil, en el kurdistán Iraquí, donde se encuentran las bases del PKK. Erdogán lleva años asediando las montañas donde el movimiento insurgente kurdo tiene su corazón, y espera contar con el apoyo de la OTAN y su entramado mediático y tecnológico para poder realizar dicha operación. Pero para asediar las montañas, Erdogán necesita la colaboración no solo del Estado Iraquí, sino también las fuerzas del Estado de Iran, pues Qandil se encuentra en las frontera que separa ambos estados. También seria una operación muy costosa, y dada la inestable situación económica de Turquia y sus multiples frentes abiertos, no está muy claro si Erdogan será capaz de iniciar una campaña a gran escala. Sin duda, un ataque así condicionaria enormemente Rojava, puesto que las influencias ideológicas de Abdullah Öcalan en el desarrollo del confederalismo democrático son claves, y la revolución de no puede quedarse de brazos cruzados ante un ataque de tal magnitud contra el pueblo kurdo.

Como podemos ver, Rojava es un actor pequeño en un tablero de potencias llenas de rencores y conflictos. Su breve historia se ha visto siempre amenazada por el contexto de guerra y conflicto que le rodea, y su mera existencia desafia planes y agendas de las potencias que intervienen en Siria. A pesar de breve alianzas tácticas es claro que ningún estado tiene interés en permitir que este proyecto revolucionario prospera y se expanda. Ahora que el Estado Islámico ha sido derrotado, otras fuerzas y poderes continua hostigando este proyecto revolucionario, principalmente a través del Estado Turco y sus aliados. Rojava existe gracias al compromiso y al esfuerzo colectivo de miles de militantes, y debemos tener siempre presente que, sin su sacrificio, nada de lo que hoy vivimos aquí seria posible. Los ataques sufridos han provocado perdidas muy importantes y procesos muy dolorosos, teniendo que seguir adelante y reconstruir las ruinas que la guerra ha dejado. Como militantes, estas experiencias nos han obligado a apreciar la necesidad de autodefensa a niveles muy profundos, y a apreciar la vida y los momentos de felicidad con más gratitud de lo que jamás antes habiamos experimentado.

A dia de hoy Rojava sigue siendo un modelo inspirador para movimientos revolucionarios de todo el mundo, un espacio de debate y práctica política demostrando que otro mundo es posible. Rojava no es una sociedad anarquista, pero es una sociedad donde anarquistas de todo el mundo podemos aprender y poner en práctica nuestras ideas. No podemos permitir que este faro de esperanza se apague, y aunque sigan atancando seguiremos construyendo, defendiendo y desarrollando el mundo en que soñamos vivir. Los ataques que vendrán seguirán causando dolor y destrucción, pero nos dan miedo las ruinas porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones.

Tekoşina Anarşist
Julio 2020
Rojava

La epidemia de gripe de 1918 en los medios de la Confederación

La famosa epidemia de gripe de 1918, llamada “gripe española”, apareció por primera vez entre los soldados americanos que iban a las trincheras de la Primera Guerra Mundial. A causa de la gran movilidad de tropas de aquellos días la dolencia pudo extenderse con gran libertad entre nuevas poblaciones. De este modo mató la barbaridad de 50 millones de personas en todo el mundo. Se dice rápido. Constituye un poderoso ejemplo del potencial destructivo que tiene una pandemia.

En el Reino de España la dolencia llegó entre abril y mayo de 1918. Se conoce que al no existir una censura en la prensa, los medios españoles informaron de la epidemia a las pocas jornadas de su aparición. Por eso al principio se pensaba que la dolencia venía de España y se había contagiado hacia Europa, cuando fue al revés. Para contextualizar la dolencia, esta tuvo un rebrote en septiembre y octubre de 1918 que fue la época con mayor mortalidad. Y más tarde otro repunte en febrero de 1919, que duró un par de meses. Finalmente, en 1920 hubo otra oleada de la epidemia. En total murieron alrededor de 150.000 personas en España y el año de 1918 fue el único hasta la Guerra Civil en el cual la población total del país descendió.

Pero bien es verdad que la epidemia llegó a una España que apenas sobrevivía a la miseria. La prensa de la época destaca los aciertos de las autoridades, como, por ejemplo, la organización de brigadas de limpieza o el cierre de las escuelas. Pero siendo realistas, la mayoría de la infancia apenas pisaba una escuela, teniendo que ir a trabajar desde edades muy tempranas. Las organizaciones obreras no pudieron preocuparse de la dolencia y la solían atribuir a las pésimas condiciones higiénicas en las cuales vivía la clase obrera. De esta forma los sindicatos catalanes afectos a la CNT celebraron el Congreso de Sants, en el verano de 1918 (cuando la primera oleada de la epidemia había remitido), los mineros asturianos el suyo en septiembre y la UGT celebró su congreso nacional a Madrid en octubre de 1918 (en pleno rebrote de la dolencia).

Hay que entender que no se descubrirían los virus hasta 1935 y que la clase obrera del momento conocía los efectos del cólera, de la tuberculosis, de las diarreas y fiebres, del tifus, la polio o la viruela. Cada epidemia se cobraba las vidas de miles de personas, y se cebaba especialmente con las capas sociales más pobres. Pobreza y carencia de higiene suelen ir íntimamente unidas y esta una de las razones de la alta tasa de mortalidad. A este factor se le puede asociar también el hambre, que acompaña los periodos de crisis, y 1918, lo era. Europa vivía los últimos episodios de la “Gran Guerra” y las fábricas iban echando el cierre. Esto agravaba la situación de las familias que veían un futuro incierto. Las continuas muertes iban dando pie a procesiones religiosas y a oraciones públicas “por nuestros pecados”, como había tenido lugar durante las epidemias anteriores.

Pero también hay que tener en cuenta que se da en un periodo de altísima conflictividad política y social, como es el final de la guerra europea. La pandemia se cobró millones de vidas a Europa siente el marco en el cual se dieron las revoluciones de 1918-19. No es nada osado considerar que la gripe fue un factor más del estallido huelguístico de 1919 en Cataluña, que se abriría con la famosa huelga de la Canadiense en febrero de aquel año.

En Solidaridad Obrera – hacia octubre – aparecían cada día publicadas noticias referentes a la epidemia. Se hablaba de muertes cada día, en las calles de Barcelona y también en los pueblos españoles. Se constataba la muerte de doctores, y el traslado de sanitarios desde unos lugares poco azotados por la dolencia hacia otros más necesitados. Y se notificaban protestas ante el abandono sanitario de la villas y ciudades. Es un contraste evidente hacia el que decían las autoridades que estaban haciendo. Es obvio que no hacían bastante. El pueblo exigía el cierre de locales insalubres o establecimientos alimentarios que provocaban fuertes malos olores – recordemos que no se sabía exactamente de donde vendía la gripe. La propia Solidaridad Obrera respondía a un artículo que ante su local se vendían plátanos medio podridos. Otro factor eran las aguas negras de las ciudades que proliferaban después de los días de lluvia o de aquellos riachuelos urbanos totalmente insalubres de la época industrial.

Además se constata el colapso de los hospitales y las pompas fúnebres. En este caso hubo una huelga en Barcelona producida por el despido de 21 trabajadores para protestar ante las durísimas condiciones que tuvieron que afrontar. El Sindicato de la Madera hizo suya la protesta y convocó una huelga del sector en octubre de 1918, que ganó en pocos días. También los ebanistas de València hicieron lo mismo. En el caso barcelonés se constata la pérdida – por gripe – de Josep Escofet (15 de Octubre), uno de los principales militantes del Sindicato de la Madera. Otros ramos también hicieron huelga (caldereros de cobre, tranvías, Casa Girona, fabricantes de vehículos – todos de Barcelona, vidrio de Gijón, mineros asturianos, campo andaluz, empresas de Terrassa, Mataró, Sabadell, Sitges, etc.), en aquellos tiempos sin confinamientos. Incluso estuvo rondando por Barcelona una huelga de alquileres impulsada por la Unión de Inquilinos (con local social en c/ Santo Pablo, 83 – suyo del sindicato de fideuers) ante el encarecimiento de los pisos y habitaciones. Las reivindicaciones eran similares: además de los precios las quejas eran por pisos sin retretes ni agua corriente.

Cuando hicieron públicas estas peticiones a los propietarios, estos las recibieron con risotadas mientras el Ayuntamiento se encogía de hombros. Las propuestas de las organizaciones obreras eran totalmente lógicas. No discutían la necesidad de ir a trabajar. Están en una época a la cual quien “no trabaja no cobra”. Se pedía trabajar menos horas para tener más fuerzas para afrontar la epidemia, puesto que se pensaba, con razón, que la falta de fuerzas debilitaba los cuerpos y los hacía blancos fáciles de la dolencia. También se pedía que se instalaran lavabos en los talleres para lavarse las manos. Otra petición era instalar cocinas en las empresas para poder comer caliente. Era normal comer alimentos fríos sentados en el suelo. Además se incidía en mejorar la ventilación de los centros de trabajo, que solían estar cargadísimos de polvo en suspensión, microtejidos o humos.

En València la Sociedad Vegetariana Naturista se ofreció al gobernador de la provincia para prestar auxilio a los enfermos de gripe. El ofrecimiento fue rechazado por la Junta de Sanidad por cuestiones morales. Hablamos de la mal llamada moral cristiana, está claro. El movimiento higienista, naturista o vegetariano se fue extendiendo despacio, en parte a causa de esta epidemia, de la cual acusaban directamente el estado por haber fracasado al velar por la salud pública. También acusaban la ignorancia de la población por no saber combatir la dolencia, que entendían que se resolvía con dietas vegetarianas.

En resumen, en 1918, la epidemia fue un factor más en un mundo en plena convulsión. Esta sería una diferencia con nuestra pandemia actual: el coronavirus es el “choque”, mientras que la gripe de 1918 se daba en medio de otros “choques”. El fin de la guerra mundial produjo una profunda crisis económica y el fantasma de la revolución recorrió el mundo. No sabemos con certeza la influencia de la gripe en las revoluciones de la época. Solo se conoce que tuvo impacto en el Brasil como preludio a su insurrección (los burgueses se fueron a sus lujosas villas, mientras el proletariado moría a miles). Es conocido que después de una epidemia la vida cobra un nuevo valor y esto da pie a nuevas luchas sociales antes impensables. Veremos el que nos ofrece esta pandemia que vivimos.

@Blackspartak

Militancias sin norte

Los hechos acontecidos tras la sentencia del Procés son de sobra conocidos, por lo que me ahorraré la tinta en descripciones. En todo caso ahí estábamos el grupo de afines de siempre acudiendo a las manifestaciones de repulsa a dicha sentencia, heterogéneos en nuestros propios análisis de la situación aunque todas situadas en líneas libertarias. El recorte en derechos civiles escondido bajo el dictamen de castigo por el uno de octubre, así como el enésimo ejercicio de represión y criminalización de la protesta, nos obligaba a salir a la calle. Así pues marchábamos de nuevo al lado del independentismo; entre sus masas muchas caras conocidas de tantas luchas compartidas en el día a día anticapitalista catalán, y notábamos resurgir una inquietud interna que hacía tiempo que no sentíamos. La sensación de que hacíamos lo correcto equivocándonos, o que nos equivocábamos haciendo lo correcto.

Era necesario salir a la calle en oposición a la nueva jugarreta del estado para surtirse de armas jurídicas contra la disidencia, sin importar la ideología de esta, con vistas claras a la conflictividad social que nos trae el futuro. Pero nos presentábamos bajo un pavés ajeno.

Nuestros motivos no iban a ser leídos, nuestro discurso era mudo y nuestra presencia servía a los objetivos de otro proyecto político, que para algunas puede ser simpático, incluso afín, pero siempre ajeno.

Veíamos con ilusión la aparición en la escena política de una nueva generación capaz de llevar la aburguesada sociedad a la confrontación contra el poder represor. En medio de estos pensamientos la masa arrancaba a cantar otra vez Els Segadors, haciéndome cuestionar de nuevo el porqué de mi presencia en esta lucha. Podría ser por solidaridad, solidaridad hacia el pueblo con el que convivo a diario, el pueblo con el que sueño construir una utopía anarquista y el mismo que salía ese día a la calle a defenderse. En general cuando una manifestación corea algo con lo que no estoy plenamente de acuerdo me quedo en silencio, pero este himno expresa la transversalidad de las gentes ahí reunidas, si quería reivindicar mi entidad propia ese era el momento. Decidí pues alzar las manos haciendo el símbolo de la solidaridad obrera entre un mar de puños y manos de cuatro dedos. La respuesta que recibo: “Què significa això que fas amb les mans?” (¿Qué significa esto que haces con las manos?).

No nos entienden. Ni falta que les hace. Vuelvo a mi casa después de unas horas con la sensación de haber realizado un acto de colegueo ideológico. En realidad en esa manifestación era un actor de segunda, ni se me ha pedido que vaya ni les ha hecho falta mi presencia. Yo he decidido adherirme, ¿Por qué? No podíamos quedar pasivos ante las injusticias que se estaban produciendo; a algún lugar teníamos que ir. La triste realidad es que si gorroneamos la trinchera de otro es porque nos falta la nuestra propia. Y esto ya es más grave.

Esta juventud que sube indignada necesitará un discurso que explique su realidad, de precariedad impuesta y represión política, en el marco del colapso ecosistémico global y la lucha por la hegemonía capitalista imperial. Por contra, en ausencia de esta guía de comprensión, caen en promesas reformistas que ofrecen, a más estirar, subidas discretas del salario mínimo vendidas como logros revolucionarios, o promesas de regeneración social a través de proyectos de nuevos estados libres y populares, que aún está por ver cómo se configurarían, pero muy probablemente lograrían asegurar la supervivencia de la estructura de poder burguesa, dada la actual sociología.

Si pensamos sinceramente que el anarquismo tiene respuestas y soluciones a esta realidad, ¿Por qué estamos abandonando la juventud al nihilismo o la militancia estatista?

Yo, aun joven, me afilié de la mano de Salvador Seguí, quien me convenció de que era en el sindicato el único lugar donde el pueblo trabajador podía representarse a sí mismo, usando la libre federación y el papel basal de la proletaria en el esquema productivo para conquistar poder político. Lejos de partidos de vanguardia que por ir en cabeza no van con el pueblo, o parlamentarismos que desmovilizan a las trabajadoras a base de esperanzas infundadas de reforma radical; mano a mano, tejiendo una red de solidaridad que aspire a dinamizar el pulso al poder.

Por el contrario, lo que he visto en mi escaso tiempo de militancia es un movimiento quebrado internamente por no poder evitar replicar las mismas dinámicas sociales que debería, supuestamente, combatir. Militantes más veteranas podrán analizar mejor esta situación, por lo pronto se me ocurre lo siguiente: la lucha interna es consecuencia de la falta de un proyecto propio.

Sin una propuesta libertaria alrededor de la cual aglutinar militancia, afiliación y simpatizantes nuestra gente se pierde, nos perdemos. Nuestro sujeto político, la unión libre de individuos que es el pueblo trabajador, no ha desaparecido, pero ya no tiene orejas para nuestro discurso. Trata de sobrevivir impulsando proyectos con más vitalidad, aparente por lo menos. En esta época de espectáculos la apariencia lo es todo. El pueblo se encuentra dividido por la heterogeneidad que le caracteriza, creando la base para la batalla entre las diferentes opciones políticas por conseguir la hegemonía para sus propios objetivos.

Nosotras, al ser pueblo y querer cerrar filas con él, pues sin él no somos nada, reproducimos sus cismas en nuestras organizaciones. La militancia hace gimnasia ideológica para acomodarse a la facción que le parece más útil, cuando no elije bando por simpatías o directamente se pierde en el laberinto que es la ideología. Estos posicionamientos generan tensiones en el sino de la organización, dando pie a la lucha intestina en la que todas, más novatas o veteranas, nos hemos visto involucradas. El ambiente de asedio es asfixiante.

Esto no es nuevo. Ya lo vimos, salvando muchas distancias, en la encrucijada que se encontraron los anarquistas ucranianos ante la guerra en el Donbáss. La realidad de un movimiento infantil en sus planteamientos, desorganizado y disperso, impidió formalizar una respuesta seria a tan grave situación. Ante esta falta de proyecto y referentes toda elección era un error:

– La crueldad de la guerra hacía de la no-intervención la actitud de la inmoralidad, ¿Estaban los anarquistas de acuerdo con el baño de sangre?, ¿O les era ajeno? En todo caso, la pasividad les alejaba del pueblo que pretendían representar. Ni siquiera se podía perdonar perder el tiempo en juegos cuando la sangre se desperdiciaba en otro conflicto imperialista.

– El frente ucraniano permitía responder la injerencia imperialista rusa sobre la soberanía ucraniana, así como compartir trinchera con las peligrosas facciones fascistas que se alzaron, con sospechosa facilidad, durante el Maidán.

– El frente ruso permitía enfrentar de cara el alza del fascismo en Kiev, a la vez que servir los intereses geopolíticos de la Federación Rusa, actor conocido por ser represor de las libertades civiles.

Podemos extraer una enseñanza de este ejemplo: Es vital acudir a las luchas históricas con un proyecto propio. La militancia en una organización anarquista debería ser un acto con contenido propio, relegando los votos útiles y los “mejor que nada” a la marginalidad. ¿A caso hemos dado por caducado el proyecto emancipador que proponía el comunismo libertario?

De ser así, si hemos aceptado relegarnos a sindicatos dedicados únicamente a la batalla laboral, asambleas de posmodernos trasnochados, huertos urbanos y conciertos de puretas alcoholizados, más nos valdría emprender la diáspora militante definitiva para migrar allá donde más caliente el sol. Parecería que el pensamiento libertario ha perdido toda capacidad de impulsar un cambio revolucionario, pero si la experiencia kurda ha de servir para algo en la historia que sea para demostrar que un proyecto basado en líneas libertarias, si es disciplinado y cuenta con objetivos claros, tiene, aún en estos tiempos aciagos del siglo XXI, mucha batalla por presentar.

Las kurdas consiguieron presentar un programa coherente con su contexto histórico. Supieron dar voz a los anhelos del pueblo, aglutinándolo en su discurso. Así han podido construir una realidad revolucionaria digna de defenderse. El crimen será destruirla, no defenderla; la legitimidad de su movimiento es total, sus frutos son positivos. Han creado vida en un mundo que languidece.

No olvidemos que una de las inspiraciones del faro ideológico kurdo, Abdullah Öcallan, para crear su Confederalismo Democrático no es otro que Murray Bookchin con su Municipalismo Libertario, una recuperación y actualización de los postulados del viejo Kropotkin. El sueño sigue vivo aunque nuevas generaciones lo imaginen diferente.

Mientras tanto aquí seguiremos con militancias diluidas, dando bandazos entre proyectos ajenos ya que el quietismo ante la ignominia es la más rastrera maldad; cuando no encerrándonos en la tarea sindical esperando que “La Conquista del Pan” se convierta en éxito de ventas por intervención divina.

Al fin en casa, asistía a las imágenes de la protesta, amenizadas con el discurso criminalizador de los medios oficiales en bloque, ante las que no podía evitar pensar que con toda probabilidad entre las capuchas se escondían anarquistas, jugándose su libertad e integridad física en la barricada. No esas anarquistas italianas que anuncian por televisión con trompetería de apocalipsis, sino de las que viven vidas corrientes con la mente despierta y el corazón compungido. En algún momento veremos qué impacto en nuestra realidad provocará esta revuelta, mientras tanto la gran esperanza parlamentaria morada pugna por ser reconocida por los partidos de orden como actor político legítimo y la cúpula de mi sindicato muestra dificultades para empatizar con una generación agitada, aun con represalias de cárcel y amputaciones por en medio.

Son tiempos malos para la esperanza en la comarca anarquista.

Nuestras mejores militantes acaban apostando por proyectos estatistas, de ámbito español o catalán, cuando no son directamente purgadas en las luchas internas, mientras aun debemos congraciarnos porque el sindicato fue capaz de adherirse, poco a poco y empujado por la represión policial, a una huelga ajena. Pues ese viernes muchas secundamos la convocatoria de huelga de otra organización, que se llevará la simpatía del pueblo que pretendemos emancipar. Y aun hubiera sido peor si nos hubiéramos quedado en casa. No hay opción correcta.

Vienen tiempos duros en que el capital se revolverá violentamente en su agonía. O cavamos nuestra propia trinchera, la de la libertad y la justicia, o la realidad nos pasará por encima a todas.

Carles

Más allá de Vox. Nos quieren llevar a un pasado que nunca existió

GRUPO ANARQUISTA CENCELLADA

Termina 2019 y el Estado Español pone su reloj en hora con el resto de Europa. La crisis económica ya llegó. Los chalecos amarillos ya llegaron. La representación política del neofascismo ya llegó.

Llevamos una década viéndolo venir. Primero con una desmovilización social que se tradujo en una “vuelta a la normalidad”, mientras que el canibalismo social crecía. Vimos como el bloque político del PP se descomponía, primero en un “Podemos de derechas” que fue Cs y ahora en favor del partido que mejor domina la comunicación viral y endemoniada de hoy, que es Vox. A la vez el PSOE recupera su posición de poder en su papel de siempre de ser el estabilizador del régimen del 78.

Al final, quién ha levantado el monstruo hasta llevarlo a tener el peso que tiene en las instituciones del régimen ha sido un movimiento social que existe hoy en favor de la represión. Hemos hablado en anteriores comunicados de este movimiento, pero ahora, que se encuentra en un clímax, es bueno señalarlo específicamente:

– Como movimiento social tiene un arraigo en las capas sociales más favorecidas: rentas altas y medias junto a posiciones acomodadas (aristocracia obrera, rentistas…). Pero sobre todo, entre quienes tienen relación con los cuerpos represivos del estado: policías, ejército, carceleros…

– Es un movimiento en tanto que tiene múltiples expresiones, organizacio-nes y segmentos dentro de él que no actúan de forma uniforme. Actualmente es fácil reconocer en Vox la expresión política de este movimiento, pero hay muchos más elementos: desde Jusapol hegemoni-zando la organización de la policía a las masivas recogidas de firmas para restablecer la Cadena Perpetua (la prisión permanente revisable que dicen los bienpensantes).

– Es un movimiento social que emerge “de abajo”. No surge y se dirige desde un despacho oscuro, sino que cuenta con el empuje de sectores sociales por iniciativa propia.

– Como movimiento es esencialmente reaccionario en torno al orden vigente y a un mitológico pasado mejor, en el que las cosas no estaban “tan desmadradas”. No hay base racional ni empírica para hablar de una situación de inestabilidad o delincuencia extrema, menos aún si lo comparamos con cualquier momento pasado. Sin embargo este el sustrato mitológico sobre el que se edifica este movimiento. Como propuesta: la represión. Contra todo y en todas sus formas, cumplir la ley y ser rectos. En el propio 15M hubo algún atisbo de esta tendencia cuando se trataba el tema de la corrupción y la casta política. Durante años era un lugar común señalar la necesidad de más mano dura con los corruptos. Pues bien, para algunos ese fue el punto de partida al que luego ir añadiendo lo demás. ¿Inmigración? CIEs. ¿Violencia machista? Cárcel, cadena perpetua. ¿Manifestaciones y huelgas? Multas, palos. ¿Terrorismo islámico? Cadena perpetua. ¿Conflicto catalán? Cárcel, ilegalizaciones, palos. Esa es la manera de “volver” a la normalidad. Importante señalar aquí que se trata de volver, no de avanzar.

Señalamos la existencia de este movimiento porque aunque se encuentra incrustado junto a otras manifestaciones políticas a veces más estridentes, creemos que es el vector principal y lo que le ha articulado. Por ejemplo, suele venir en un conjunto con el nacionalismo español, con el antifeminismo quejica de la “dictadura de lo políticamente correcto” o con el negacionismo climático. Sin embargo, ni el nacionalismo español, ni el antifeminismo ni el negacionismo climático han articulado y propulsado este movimiento. Solo le han dado vigor y cohesión, especialmente en el caso del nacionalismo.

Que este movimiento este fuerte y a la ofensiva nos tiene que poner alerta para no reducirlo solo a su expresión política más fuerte y clara que es Vox, que simplemente se ha aupado sobre él. En otros partidos hay claras corrientes que forman parte de esta corriente y que tienen que ser señaladas, como por ejemplo quienes enarbolan un punitivismo feminista o una tentativa de punitivismo “climático”. El arraigo de esta tendencia tiene más que ver con la extracción social de la gente que con su expresión política o partidista, por eso es importante señalar cuáles son esos sectores. Y que estos sectores no son nuevos. Son los mismos sectores que apostaron fuerte en las décadas pasadas por la hipervelocidad, el casino inmobiliario y la “normalidad democrática”. Ideológicamente avergonzados por su derechismo, votantes del PP, huérfanos de una derecha nacionalista hasta que ésta llegó en 2017. En 2019 se trata fundamentalmente de las mismas personas que en las últimas décadas votaron a Aznar, a Rajoy y a Rivera, las mismas personas que consolidaron una “normalidad democrática” basada en el ladrillo, la explotación laboral y la desigualdad social. Cuando los analistas los buscan en los mapas los encuentran en urbanizacio-nes creadas en el boom inmobiliario, bajo el diseño ideológico de la ciudad-cárcel. Son parte de nuestra sociedad, pero han sido militantes de una apatía que recientemente han convertido en odio.

Aunque señalamos que ha sido la represión el aglutinador de la reacción que estamos viendo, el papel del nacionalismo español en todo esto merece unas palabras. Hace años que se rehabilitaron vía deporte los símbolos nacionales proscritos por ser patrimonio de un ejército despreciado por la Mili. Generaciones y generaciones despreciaron al himno y la bandera por ser patrimonio de un ejército que les secuestró durante una temporada y luego, una vez libres, podían olvidar. Eso no acabó cuando acabó la mili, sino cuando empezaron los mundiales. La sensibilidad que se construyó desde 2008 explotó años después cuando en 2017 esos símbolos se convirtieron en un símbolo político de masas, utilizados por un movimiento que pedía “más represión”. Si teníamos un movimiento social naciente en las comisarías, los símbolos españoles fueron su vía para propagarse por la sociedad hasta constituir un movimiento social en toda regla, con sus mitos, sus símbolos y sus códigos de conducta. Sólo faltaba alguien que canalizara este movimiento para sacar rédito político. Ese alguien ya estaba ahí en 2017, trabajando en un ángulo muerto del movimiento antifascista. Mientras que la militan-cia social trabajaba contra el Hogar Social y el clásico área patriota hasta llevarles a la marginalidad, Vox agluti-naba tranquilamente en torno a un programa liberal a esos sectores que se empezaban a movilizar, captando sus cuadros y estableciendo canales de comunicación voraces. Por ello hoy no tenemos una extrema derecha fascista al estilo europeo en las españas sino una copia del Tea Party americano con más nacionalismo y un montón de elementos folclóricos vetados en su vieja casa – el PP -. Por lo menos por ahora.

El riesgo que entraña Vox es enorme. Pero no por ser una cuadrilla de escuadristas callejeros que van a intentar dinamitar al movimiento popular. No estamos ante un partido fascista a ese respecto, sino ante algo peor: Vox quiere “balcanizarnos”. Es común encontrar entre la derecha y la izquierda españolista referencias continuas a la supuesta pretensión de los movimientos independentistas de los pueblos ibéricos de emular la disolución de la República Federal Socialista de Yugoslavia en el Reino de España, cumpliendo con un programa secreto establecido desde Berlín. Pues bien, la realidad nos demuestra que el conflicto catalán tiene hoy más que ver con el de los chalecos amarillos franceses que con el de los paramilitares racistas croatas, serbios o kosovares. Sin embargo, Vox es la combinación perfecta para llevarnos a un escenario mucho más similar a la Yugoslavia de 1989: un plan de ajuste económico salvaje que desmantele todo rastro del estado social combinado con una política represiva y centralista en lo territorial que sólo puede traducirse en la movilización de los pueblos en los que el españolismo es mayoritario contra aquellos en los que no.

Enfrente, lo que nos toca, además de seguir construyendo tejido social es rastrear esos elementos que nos unen más allá de fronteras y mares. La lucha por una vida digna en Chile o Ecuador, la resistencia al golpe imperialista de Bolivia o la respuesta contra la represión española que vemos en Cataluña comparten elementos que nos dan claves importantes sobre el camino que hemos de seguir en nuestra lucha por la emancipación: la lucha contra la represión y la lucha por una vida digna. A pesar de la persistente imagen de decadencia que difunden los propagandistas del desánimo sobre nuestra época, la historia está en marcha a todos los niveles y ahora mismo nos encontramos en una encrucijada a varios niveles debido a las transformaciones que están sufriendo, desde las bases materiales de nuestro sistema (todos los procesos productivos están en una profunda revisión), hasta las élites que toman las decisiones (la recomposición geopolítica de los estados es la parte más visible del proceso). Que haya fuertes conflictos sociales en todo el planeta es una confirmación de que ante estas mutaciones, hay resistencias.

En nuestro caso, además, nos toca declarar claramente los sujetos de esa lucha: qué sindicalismo, qué centros sociales, qué territorios… y que proyecto político queremos defen-der. Es cierto que la fragmentación del movimiento popular en luchas particulares es un riesgo con el que convivimos, cuyo remedio no está en subordinar luchas o en coordinarlas en el espacio y el tiempo. Es necesario definir un proyecto político que opere en nuestro territorio, teniendo en cuenta los actores que hoy existen en esa constelación de luchas. Ni castillos en el aire, ni trabajos de fin de carrera:

NECSITAMOS ENCONTRARNOS PARA PONER EN COMÚN

Valladolid, noviembre de 2019
cencellada.noblogs.org
grupoanarquistacencellada@riseup.net

Carta abierta a las y los jóvenes en lucha por el clima

El Rastro (Madrid), 18/03/2019

El pasado viernes me manifesté como vosotras por las calles de Madrid. Aunque cada día me parezca más lejano, hace apenas diez años que abandoné un instituto muy parecido al que recorréis todos los días y al que decidisteis faltar el pasado 15 de marzo para mostrar en la calle vuestro compromiso con la lucha contra el cambio climático. En estos diez años que me separan de muchas de vosotras he dedicado gran parte de mi tiempo a tratar de comprender cómo hemos llegado a la situación presente que hoy os alarma. También a intentar aclarar en mi cabeza a qué problema nos enfrentamos.

Me encuentro, como veis, en una posición extraña. A la vez cerca y lejos de vosotras. Lo suficientemente joven como para compartir la convicción de que el cambio climático es un problema que me afecta a mí y a mi vida, y lo suficientemente lejos como para no poder sentirme del todo una más de vosotras, en las que más bien veo a mi hermana pequeña (a la que recuerdo cambiar pañales y dar de comer hace ahora quince años).

Y desde ahí, desde ese punto un tanto indefinido, es desde donde escribo esta carta. Si habéis llegado a leer hasta aquí, no penséis que lo que pretendo es daros lecciones. Este movimiento es vuestro, y seréis vosotras las que tendréis que decidir qué hacer con él. Está claro, además, que ya os planteáis vuestras propias preguntas y buscáis respuestas que, al menos en mi experiencia, tienen la mala costumbre de ser un tanto escurridizas.

Lo que pretendo en estas líneas es transmitiros lo que quizá yo hubiera querido que ese hermano mayor que nunca tuve me hubiera contado cuando empecé a luchar por transformar este mundo. Escribo, de hecho, pensando en lo que hubiera dicho a mi hermana pequeña si me la hubiera cruzado el otro día por las calles de Madrid. Y son únicamente tres cosas, conclusiones personales de estos diez años de lucha y cuestionamiento que, por supuesto no son incuestionables. Para mí, sin embargo, han sido primordiales y me acompañan en casi todo lo que hago.

La primera es que el cambio climático no es ni el único ni el más grave de los problemas a los que hacemos frente a inicios de este siglo XXI. No voy a ofreceros datos, ni remitiros a informes, ni a alarmaros con plazos breves de acción. Tan sólo quiero señalaros que el proceso en el que estamos hoy inmersos más que a una crisis puntual, la climática, se parece a una especie de fallo múltiple de casi todo en lo que se ha basado la vida de sociedades como la nuestra en los últimos siglos. Y ahí un factor clave es el de la energía, en particular el petróleo.

Entre otras cosas, aquello que ha hecho de nuestras sociedades una verdadera excepción histórica ha sido la posibilidad de utilizar un combustible como el petróleo. Éste, en el fondo, está detrás de la construcción de nuestras ciudades, permite que vivamos en ellas como lo hacemos, ha generalizado la posibilidad de viajar mucho y muy lejos, ha permitido que la economía crezca, ha sostenido un aumento tremendo de la población, y muchas otras cosas. Pero también ha sido el causante de fondo, como sabéis, del cambio climático. Y no sólo.

El modo en que las sociedades humanas se han extendido por todos los rincones del globo ha tenido un efecto muy fuerte sobre el resto de la vida, vegetal y animal, del planeta. Nuestra forma de vivir ha arrasado en pocas décadas territorios enormes y ha puesto en tela de juicio el funcionamiento de muchos ecosistemas. De hecho, hoy se habla ya de que vivimos una Sexta Gran Extinción, de que nuestra mera presencia en el planeta es equiparable al impacto del meteorito sobre la tierra que acabó con los dinosaurios. Y eso no significa únicamente que muchas plantas y animales vayan a desaparecer, sino que como para vivir (tener agua, respirar aíre limpio, alimentarnos, etc.) dependemos directamente de todo el conjunto de vida de nuestro planeta, de Gaia, la destrucción que estamos generando se parece mucho a cortar poco a poco una rama sobre la que estuviéramos sentados a una altura considerable.

Por tanto, nuestra adicción a los combustibles fósiles pone en peligro el clima, destruye nuestro planeta y además nos mete en un callejón sin salida. Y es que el petróleo, el gas y el carbón (como cualquier otro material que podáis imaginar) es finito. La idea de que nuestro consumo de ellos puede crecer de manera indefinida para sostener un crecimiento parejo de la economía es simplemente absurda. Hoy sabemos ya que la disponibilidad de petróleo está empezando a decaer y por eso hablamos de que se ha atravesado el pico del petróleo (y también de otros materiales…).

La suma de las consecuencias desastrosas del uso del petróleo y de los efectos devastadores que tiene ya, y que cada vez más tendrá en el futuro, su escasez, es la que nos permite decir que además de en una emergencia climática estamos inmersos en una crisis social y ecológica que pone severamente en cuestión la posibilidad de continuar manteniendo un modo de vida como el que vosotras y yo mismo hemos conocido durante toda nuestra vida.

Y esto me lleva a la segunda cosa que querría compartir con vosotras, que es mi convencimiento de que ante el problema al que nos enfrentamos no bastarán cambios legislativos parciales y transformaciones tecnológicas. Justificar algo así requeriría, probablemente, mucho más espacio del que pretendo que esta carta ocupe. De modo que hasta cierto punto seguramente hará falta un análisis propio por vuestra parte para decidir si creéis o no lo que digo.

Lo que personalmente considero que se concluye de lo que decía en el primer punto es que el problema que tenemos no es parcial, sino que afecta a casi todos los elementos que forman hoy parte del funcionamiento “normal” de nuestras sociedades. Pensad un momento a qué se parecería un mundo en el que no usásemos combustibles fósiles. En primer lugar, no podríamos tener un coche personal, ni nosotros ni nadie. La vida en las ciudades como las nuestras, que depende de consumir mucha energía y de productos que vienen desde muy lejos a través de los sistemas de transporte, no podría mantenerse. Pero la economía tampoco podría crecer como lo hace, y creo que todos sabemos a qué se pareció el episodio más reciente de bloqueo (en realidad desaceleración) de la economía: eso fue la famosa crisis económica que os habrá acompañado como un fantasma en casi toda vuestra vida consciente.

Pero es que, además, si todo lo anterior es así, nuestros deseos y expectativas tampoco podrían mantenerse sin cambios. Sin combustibles fósiles habría que despedirse de coger un avión cuando nos dé la gana. Si no podemos depender de comer la comida que, producida en otros continentes y envasada en plástico en grandes fábricas, llega a nuestra casa en las ciudades a través de los supermercados, ¿qué haremos? Quizá tendríamos que tomarnos en serio aprender a cultivarla, e incluso vivir en lugares en los que pudiéramos hacerlo (y eso no es precisamente el centro de la gran ciudad…)

¿Y qué me decís del enorme consumo eléctrico del que hoy depende nuestro ocio y nuestro trabajo? Móviles, ordenadores, televisiones… Todo ello consume enormes cantidades de electricidad que, sí, se produce sobre todo a partir de petróleo (cuando no de cosas peores, como el uranio de las centrales nucleares. Imagino que todas vosotras recordáis Fukushima…).

Por tanto, lo que necesitamos para hacer frente a la crisis ecológica y social es cambiar por completo nuestra vida, nuestra economía, nuestros deseos, nuestra forma de habitar, de comer… Y eso no depende de una ley o de un impuesto, de una prohibición puntual o de un decreto. Incluso si una ley prohibiera de un día para otro el uso de combustibles fósiles, todos los problemas de los que os hablaba seguirían estando ahí. El drama de que nuestro mundo necesite autodestruirse para funcionar significa que parar la destrucción implica volver a pensar cómo hacer casi todo.

Seguro que muchas de vosotras, al leer lo anterior, habréis pensado que exagero. O más bien que olvido la existencia de muchas tecnologías que quizá mitigarían la radicalidad de los cambios que apunto, que harían posible que muchas cosas siguieran funcionando casi igual a como lo hacen hoy en día. El coche eléctrico, las energías renovables, los robots de producción de alimentos y mercancías, etc.

Mi experiencia, y mis estudios, me han llevado a concluir que es un error pensar que podremos luchar contra esta crisis simplemente mediante la invención de nuevas tecnologías. Y eso por dos razones. La primera, que no existe ninguna innovación tecnológica que pueda compatibilizar el fin de la crisis ecológica y social y el tipo de sistema económico y productivo que tenemos hoy. Las energías renovables no pueden sustituir al petróleo porque ni producen la misma cantidad de energía ni sirven para muchas cosas importantes que dependen del petróleo (por ejemplo, fabricar fertilizantes químicos); los coches eléctricos siguen dependiente de materiales escasos y no hacen frente a, por ejemplo, el problema de la destrucción de Gaia, etc.

Y, por tanto, si es así, las tecnologías tampoco bastan porque simplemente algunos de nuestros problemas no son técnicos. ¿Pueden las tecnologías cambiar automáticamente nuestras expectativas, transformar nuestras economías, llevarnos a acordar una reducción de consumo? Yo creo que no. Es más, lo que históricamente han demostrado es que por cada problema que solucionan suelen generar otros inesperados y, a veces, más graves. Pensad si no en la energía nuclear, que al pretender (falsamente, por otro lado) dar por cerrado el problema energético en realidad generó el enorme problema de los residuos nucleares y de los accidentes, además del de la proliferación nuclear (es decir, la extensión por todas partes de las armas nucleares).

Y, hablando de armas, termino ya con la tercera cosa, quizá la más desagradable pero no por ello menos importante. No podemos olvidar que cualquier lucha por transformar el mundo, como la vuestra (o más bien la nuestra), está profunda e irremediablemente atravesada por el conflicto y la violencia.

Imagino que a menudo os habréis preguntado, o al menos yo lo hago, cómo es posible que hayamos podido llegar hasta aquí sin que nadie haga prácticamente nada frente a problemas que son o relativamente evidentes o, a día de hoy, profundamente conocidos y estudiados. Una clave que en mi opinión es muy importante es simplemente ser consciente de que esta autodestrucción del mundo es “beneficiosa” (en el sentido estrecho del beneficio económico) para una enorme cantidad de gente.

En el fondo es relativamente sencillo. Igual que ningún jefe ha tenido históricamente demasiado problema para empeorar conscientemente la vida de sus empleados con el fin de enriquecerse, las grandes empresas y los especuladores internacionales no parecen tener demasiado problema en seguir alimentando esta auténtica locura destructiva si con ello pueden seguir manteniendo sus ganancias.

Y esto, que dicho así puede resultar desagradable pero relativamente inocuo, encierra una enorme cantidad de violencia. La violencia de la esclavitud en las fábricas chinas, de los pueblos y territorios devastados para obtener determinada materia prima, de los migrantes llamados “climáticos” (aquellos que tienen que abandonar sus tierras por las transformaciones que éstas sufren como efecto del cambio climático), de una vida vacía basada únicamente en un consumo que hoy ha demostrado sólo poder llamarse suicida…

Pero lo anterior no debería situarnos en la posición de eludir cualquier responsabilidad, de culpar únicamente a las élites y quedarnos tan tranquilos. Los primeros privilegiados, y por tanto hasta cierto punto responsables, de lo que sucede en el mundo somos nosotros y nosotras, especialmente en un país como España. Gran parte de la violencia que vemos en el mundo no surge de la nada, espontáneamente, de la barbarie o la ignorancia de pueblos que se matan entre ellos por placer. La realidad es que el grueso de los conflictos están relacionados con intereses geopolíticos que en el fondo sólo reflejan una cosa muy simple: para que nosotras y nosotros podamos mantener nuestro modo de vida es necesario que exista guerra, violencia y miseria en muchos otros lugares del mundo (que, paradójicamente, soportan toda esa misera gracias a la promesa de que algún día, y de alguna manera, también podrán vivir como nosotros lo hacemos).

¿Cómo no conectar la presencia de combustibles fósiles, y la lucha por su control, y todas las guerras que han sacudido a Oriente Medio? ¿De verdad pensamos que es casualidad que el Congo, un país que lleva décadas inmerso en una guerra perpetua, posea uno de los yacimientos más grandes del mundo de coltán (un mineral fundamental para la construcción de todas las nuevas tecnologías)? Los ejemplos se podrían multiplicar. Y, de hecho, aunque no entraré en esa cuestión, lo que vemos es que en verdad nuestro mundo se ha introducido en una especie de dinámica que no parece dejar mucho margen de maniobra, que se impone por igual a los ganadores y los perdedores de su sanguinario juego.

Lo anterior, sin embargo, es importante tenerlo en cuenta porque lo que nos dice es que cualquier cambio necesariamente será, en un grado u otro, violento. Si partimos de la base de que no va a ser posible que exista un consenso general, mundial y simultáneo al respecto de qué hacer frente a la crisis social y ecológica, siempre existirá quien se oponga. Más bien grupos enteros que se opongan a transformaciones que pongan en tela de juicio sus intereses. Y con ello no sólo pienso en las grandes multinacionales del petróleo, sino en todas y cada una de nosotras si tuviéramos que renunciar al 90 % de nuestro consumo a fin de construir un escenario a la vez equitativo y sostenible en el tiempo.

Sólo hace falta recordar la explosión que en Francia han protagonizado los “chalecos amarillos”. Aunque como todo fenómeno social su naturaleza es compleja, no podemos olvidar que una de sus bases fue una subida de la gasolina que simplemente actuó como una suerte de límite al consumo que se vivió como una imposición brutal a la libertad y los privilegios asumidos por la sociedad francesa.

Y esto es importante. Incluso en el escenario en que tuviéramos un Estado que decidiera poner en marcha medidas encaminadas a hacer frente a la crisis presente, no podemos olvidar que tanto los mercados como los ciudadanos de a pie sentirían éstas como un enorme ejercicio de violencia y, por tanto, no dudarían en levantarse y oponerse a ellas. Y entonces, ¿qué habría que hacer? ¿Imponerlas por la fuerza, usando a la policía o los militares? Hoy se multa a quien no respete las restricciones de Madrid Central, pero ¿qué nivel de represión haría falta desplegar para imponer el abandono de los combustibles fósiles o la reducción del consumo? Y, por otro lado, ¿cómo no pensar, sabiendo lo que sabemos de la corrupción y del Estado, que la gente en los cargos de poder no limitaría a la fuerza los privilegios de los demás manteniendo, o incluso aumentando en el peor de los casos, los suyos propios?

Todo lo anterior nos deja ya en el ámbito de las preguntas sin respuesta, esas preguntas que movimientos como el vuestro o como muchos otros que trabajan por los mismos objetivos deben responder en la práctica y en la teoría con su trabajo cotidiano. En mi opinión, lo único que es difícil no ver es que la violencia que generará el deseo de mantener los privilegios, o la imposición desde arriba de lo que “necesitamos” en el marco de una falta de acuerdo, nos obliga a tener en mente que conseguir acabar con la emergencia climática, o más en general con la crisis social y ecológica, pasa por la lucha y la resistencia.

Por eso personalmente hace tiempo que concluí que luchar y resistir significa trabajar colectivamente (solos siempre seremos débiles), ponerme en cuestión a mí mismo y mis expectativas (un ejercicio que puede llegar a ser tremendamente violento) y lograr, en la medida de mis posibilidades, transformar aquí y ahora mi vida y mi territorio de manera que lo haga compatible con aquello que pienso que necesitaríamos, que evite la violencia de una imposición forzosa de algo que entre todas podemos voluntariamente construir, y que por supuesto nos tocará defender en el presente y en el futuro de aquellos que no tienen interés en que seamos autónomas.

Y eso lo han entendido bien, por ejemplo, los pueblos originarios que en América Latina, Asia o África arriesgan sus vidas para defender sus territorios y su autonomía (política y material) contra el extractivismo, contra la destrucción causada por el ansia de obtener más materiales, más petróleo, más agua dulce… Sin embargo, la respuesta que cada una dé, individual o colectivamente, a la pregunta sobre qué puede significar luchar y resistir le pertenece. Nadie debería robarle su derecho a encontrarla. Y yo, desde luego, ni podría hacerlo ni lo pretendo. Espero simplemente que estas líneas se integren como un renglón más en una larga conversación que nos pertenece a todas. Yo, por mi parte, seguiré leyéndoos atentamente.

Adrián Almazán Gómez

Los que se nos van ¿Libertarios en el mundo electoral?

¿Cuantos compañeros han transitado de los movimientos sociales o libertarios a las instituciones del Estado? ¿Cuantas manos y cabezas más vamos a tener que perder antes de reflexionar acerca de los por qués?

Las militancias políticas nunca son lineales, y menos mal. El valor de la crítica y autocrítica debe estar siempre presente, debemos replantearnos constantemente si nuestra práctica política sirve a nuestros objetivos. Y claro, para ello debemos tener claro cuáles son nuestros objetivos. Que un compañero tome la vía electoral provoca tres tipos de reacciones: amigos y conocidos que dan la enhorabuena, con más o menos diferencias, quienes cargan por incoherente o por haber sido en el pasado azote de “refors” y “electoralistas” y luego están quienes simplemente se ríen de la situación. Pero ¿de verdad nadie va a reflexionar sobre cómo gente con un determinado bagaje político-ideológico acaba en la lista electoral de las magdalenas?

La madurez

Quienes con 20 años basan su actividad política en la verborrea radicaloide, quienes desde una torre de marfil ideológica se dedican a sentar cátedra sobre qué es o qué no es revolucionario, son probablemente quienes más papeletas tienen para o dejar de militar a los 35, acabar votando al PSOE o algo peor. La militancia revolucionaria es una carrera de fondo, no un sprint donde hay que quemarlo todo y ya, exige de compromiso, de buenos compañeros y de un proyecto más allá de lo vivencial.

Aguantar los ritmos de asambleas soporíferas, interminables y en las cuales se habla de lo mismo que se ha hablado en tantas anteriores asambleas no es algo sencillo. Cuando llevas años militando y ves a tu alrededor que se siguen cometiendo los mismos errores, que con cada avance hay nuevas complicaciones o que la gente con la que has convivido en la militancia toma diferentes rumbos, aguantar se torna complicado. Si encima has acabado tu etapa juvenil y llegan las responsabilidades: familia, hijos, alquiler, trabajo… Tu realidad material modela tu forma de ver el mundo y tu forma de intervenir en él.

Esto no implica que en el proceso de maduración uno deba volverse irremediablemente un reformista o un reaccionario. Implica que si no existen unas bases materiales donde desarrollar un proyecto político adecuado a las vidas post-juveniles, quienes siguen teniendo esa intención de cambiar el mundo que nos rodea opten por trabajar en espacios donde se puedan realizar parte de esos cambios. Mientras que desde los movimientos sociales se tiene una decente capacidad de movilización, tenemos una débil capacidad para proveer de unas bases materiales que nos permitan reproducir otras formas de vida. No en el plano exclusivamente vivencial, en el plano laboral, investigativo, activista, económico, de cuidados… Lo que fue la gran CNT de los años 20 y 30, un mundo dentro de otro mundo. Lo que representa el Movimiento de Liberación de Kurdistán en Turquía o los Zapatistas en México. Debemos ser capaces de generar unos movimientos políticos en los cuales las distintas etapas vivenciales tengan cabida.

La emergencia climática

La cuestión ecológica es hoy central en cualquier paradigma transformador. No es una cuestión de gusto ideológico, es un imperativo de la realidad. No se puede posponer más cualquier acción que esté encaminada a la reducción de gases de efecto invernadero, del consumo energético y del cambio de modelo productivo. La conclusión es lógica y pragmática: estrategias duales, influir en el Estado y construir alternativas populares más allá de él. Por desgracia, hoy solo los Estados, y sus distintas escalas, tienen capacidad política, legislativa y coercitiva para implantar medidas que son imprescindibles a gran escala, nacional y transnacional. Las iniciativas populares dinamizadas por la vía de los movimientos sociales apenas traspasan las escalas locales, no digamos la internacional. Por supuesto que la escala reproductiva a la que se debe tender es la local, pero su viabilidad no será posible en un mundo que siga derrochando y caminando hacia los límites del abismo climático y ecológico.

Esta necesidad de ocupar los espacios de decisión desde los que desarrollar políticas, que a la par que dan espacio a los movimientos, desarrollan políticas encaminadas al objetivo de reducción del consumo energético, cobra peso. ¿De verdad alguien piensa que da igual que un negacionista del Cambio Climático como el partido de Santiago Abascal tenga capacidad de presión sobre las políticas medioambientales? La reproducción de la vida está en peligro. Y sin vida no hay revolución.

Entiendo que esta es un poco la idea de algunos compañeros de las filas libertarias que hoy transitan por la vía Estatal. La idea no parece descabellada, el problema estará en cuanta capacidad de maniobra se logre desde dentro. Puede ser que tantos esfuerzos puestos en esa vía, y no en la alternativa, devengan en fracaso y pérdida de fuerzas del a fuera.

Altavoz mediático

Militantes revolucionarios en los parlamentos los ha habido siempre. Giuseppe Fanelli pudo introducir la 1ª Internacional en España gracias a su condición de diputado. Ángel Pestaña fue diputado por el Partido Sindicalista y anteriormente Secretario General de la CNT e impulsor de los grupos armados de defensa frente al pistolerismo patronal. Esto no es una comparativa con nuestros compañeros actuales, es un ejercicio de memoria histórica.

La estrategia de los movimientos revolucionarios que contaban con un frente electoral fue siempre la de usar los parlamentos como un altavoz de denuncia, nunca como un fin. En el mundo que vivimos donde los medios de comunicación de masas ejercen un poder determinante, nuestras charlas de movimientos sociales son incapaces de contrarrestar toda la propaganda que las élites proyectan a través de toda la industria cultural. Ser un cargo electo te da una proyección mediática que es más difícil de conseguir desde lo social. Hay una diferencia entre convencer a 50 en una charla que realizar políticas públicas que modifican la vida de millones.

Falta de proyecto

Que compañeros convencidos de la necesidad de abolir la sociedad de clases se integren en el aparato del Estado es muestra de la incapacidad de los movimientos populares. No hay una fuerza social estructurada capaz de dotar de proyección, futuro, certezas y seguridades a nuestras militancias. Nuestra reducida capacidad de influencia puede resultar insuficiente a muchas. La tarea de construir una alternativa institucional, organizativa y de base es inmensa y requiere de muchos esfuerzos, compromisos y debates lentos y colectivos. Necesitamos muchas manos y cabezas para esta tarea. Que algunas de ellas no dediquen su tiempo a esta tarea nos debilita.

Han pasado 5 años desde que la hipótesis del asalto institucional cristalizara en Podemos. 5 años en los que se han visto muchos de los límites y miserias de esa estrategia tan poco nueva. Pero también 5 años en los que no se han sentado las bases de una alternativa real. El problema no es que haya menos manifestaciones, el problema real es que la nube infinita de proyectos, colectivos, grupos, centros sociales… no se piensan así mismos como parte de un proyecto común con unos objetivos definidos, por que no lo hay. Debemos machacar esta idea en todos nuestros espacios, trabajar en común para sustentar nuestras vidas de forma colectiva, defender nuestras necesidades, ganar espacios y transformar el mundo. Solo generando algún tipo de proyecto ilusionante y con capacidad de influencia y transformación real evitaremos la fuga de militantes hacia los tentáculos del Estado.

militante ecologista en Apoyo Mutuo (@_ApoyoMutuo_)

 

1 2 3 4 53