A vueltas con el discurso

La ventana de Overton es una teoría política que describe el mecanismo mediante el cual se puede modificar la aceptación de posturas políticas o morales por parte de la sociedad, estableciendo la viabilidad política de una propuesta.

Y creo que es la clave de lo que ha sucedido a raíz de la noticia del Sindicato de Prostitutas OTRAS. No se trata solo de los problemas legales que impiden que pueda incluirse en el registro del Ministerio de Trabajo (el sindicato de manteros tampoco es reconocido como tal de facto, pero da igual porque se trata de una organización creada para apoyar a los mismos y toma ese nombre). En su artículo 6 concreta y cierra la afiliación a quien ejerza la prostitución por cuenta ajena.

El problema es que la prostitución por cuenta ajena implica proxenetismo, recogido este en el CP.

Por otro lado, existe también una contradicción con su art 22.

Pero al margen de estas problemáticas legales, a mi lo que me interesa ahoraes enfocarlo desde el punto de vista del discurso.

En sus inicios, el movimiento se autodenomina prosex. Esto a mi me recuerda al término “provida” de los que están en contra de la capacidad de decidir sobre el propio embarazo. Ahora hay quien responde que se refiere a “profesionales del sexo”, pero en realidad viene de una traducción del término estadounidense sex-positive, dejando deducir que el que no lo es,es sex-negative o algo. Mal vamos cuando nos imponen un marco falso y nos dejamos encerrar en él.

Pero además en sus inicios, el discurso prosex hablaba de que frente a todas esas prostitutas atrapadas en burdeles, había muchas ejerciendo por cuenta propia, siendo sus propias jefas, estableciendo sus horarios, clientes y servicios en base a sus propias necesidades y situaciones. Se hablaba mucho de que ese modelo podía aportar mucha más autonomía que el de las trabajadoras de la limpieza o muchas otras profesiones también feminizadas, devaluadas, con riesgos para la salud, violencias y estigmatizadas. Pero sí se establecía esa condición de prostitución autónoma para poder decidir. Durante un tiempo el argumento fuerte era precisamente esa autonomía sobre el propio cuerpo. A pesar de que podamos o no ideológicamente estar cómodas con la idea de que mercantilizar el cuerpo sea algo que nos acerque como grupo social a una mejora, el hecho es que es difícil contraargumentar que alguien que prefiera poner su cuerpo en una prostitución donde decide cliente, servicio, horario y condiciones (salvo lo que viene impuesto por el mercado, claro) a ponerlo limpiando váteres, o trabajando de percebeira (por poner otros ejemplos de trabajo arriesgado y mal pagado y no concentrarlo siempre en las trabajadoras de la limpieza como ejemplo eterno de “lo que nadie quiere hacer”, que tampoco me parece ni neutral, ni casual ni ajeno a la moral actual donde limpiar váteres y culos da mucho asco a todo el mundo, por muy necesario que sea).

Lo que plantea este sindicato sin embargo es precisamente formalizar una contratación, que precisamente se requiere de jefes que den de alta en la SS, que regulen horarios, etcétera. Y yo aquí lo que observo es lo que puede representar un sutil cambio de discurso, pero el suficiente como para que comencemos a asumir con naturalidad la prostitución de burdel. Algo en lo que parece que podíamos estar de acuerdo, que era la firme oposición al proxeneta, parece que se diluye. ¿Por qué? Simplemente porque asumir que existe ese sindicato con ese estatuto implica que se asume como “normal” esa relación contractual. Pero no sólo no lo es, sino que algunas entendíamos que desde ninguna de las propuestas para la prostitución se pretendía que lo fuera.

Algunas leímos, preguntamos, escuchamos e incluso varias nos planteamos personalmente sobre la prostitución. Al margen de que añorásemos una sociedad no mercantilizada, comprendemos que la realidad actual es la que es. Vimos noticias de la creación de alguna cooperativa y asociación y nos pareció bien (y si no, podría también haber dado igual, no lo digo como intento de “avalar nada”). El problema es que lo hicimos concibiendo que una cosa estaba clara y es que, trata mediante o sin trata, los burdeles eran infernales, los proxenetas unos cabrones y los clientes de esos establecimientos mucho más agresivos e incontrolables. Así que era lógico concebir, porque fue lo que muchas dijeron desde el discurso prosex, lo que mejoraba los derechos de las putas era apoyarlas en su autonomía e independencia de empresarios.

Ahora sin embargo estamos debatiendo sobre nuevas necesidades y nuevas formas de favorecer a las putas que esta vez implican aceptar el burdel como un espacio de seguridad y mejores condiciones para las putas. Y lo que ha sucedido con este acontecimiento es modificar el marco de lo aceptable. Y a mí no me parece adecuado aceptar la prostitución en burdeles, porque son espacios de aislamiento y donde las putas dependen y se ven forzadas de maneras más o menos sutiles o violentas a acatar las órdenes del proxeneta.

Esta relación contractual implica quizá un avance en algunos derechos, como Seguridad Social, vacaciones, cotización, etc. El problema es que todo trabajo implica una serie de derechos acompañados de deberes: tareas a realizar por la trabajadora, no puedes seleccionar las que te apetece realizar y cuando sino que debes obedecer a las indicaciones de tu jefe. Así que lo que hacemos es normalizar que “libertad sobre tu cuerpo” implica entregar esta capacidad de decisión bajo contrato. No sabemos tampoco si podría haber un convenio colectivo acerca de condiciones y servicios, pero lo más probable es que no y esa autonomía no se tenga. Se podría pensar que eso ya les sucede en los burdeles, y es terrible. Así que en todo caso tendrían el mismo maltrato pero ahora con algunas de las ventajas expuestas anteriormente. Pero el golpe no ya a las putas, sino a todas las mujeres y a toda la clase obrera con el establecimiento de un tipo de contrato tal que tenga sustento legal el hecho de tener que verte forzada por cumplimiento de contrato a realizar determinadas prácticas y no poder negar a clientes desde luego suena a una horrible distopía y no a ganancia de derechos de ningún tipo. Al respecto por cierto hay varias noticias sobre en qué ha derivado el modelo alemán, holandés y neozelandés al respecto.

Pero además porque es una herramienta para asumir algunos preceptos que tienen mucho que ver con la moral hegemónica según la cual el mundo se afronta desde una serie de decisiones individuales. Como comentaba, esto no sólo puede afectar a las relaciones entre hombres y mujeres, sino a la relación de toda la clase obrera con el capital. Eso, unido al desparpajo con el que se utiliza la neolengua desde hace tiempo, creo que no es adecuado aceptar acríticamente todo lo que por nombre o aspecto suene a “revolucionario”. Igual lo que hace es conseguir que normalicemos la mercantilización de cada aspecto social, que normalicemos que tenemos derecho a comprar aquello que deseamos y podemos pagar, que normalicemos que todo son “libres contratos entre adultos”, mito clásico del liberalismo y que menciona Despentes, causando no poca acidez estomacal a muchas de nosotras que como poco vemos una confusión clara de conceptos, etc.

Desde cualquiera de las perspectivas del feminismo yo entiendo que no se pretende atacar a las putas. Se estará en desacuerdo respecto a la sociedad que queremos lograr e incluso a las herramientas para conseguirla. Pero no me he encontrado aún una feminista que persiga causar perjuicio a las putas como colectivo.

Tras conocer, hablar, leer, escuchar a un amplio abanico de putas, creo que las putas no son un grupo monolítico y con una misma visión sobre las herramientas que puedan favorecerles. Algunas hacen mucho hincapié en la inserción laboral para salir de la prostitución. Otras prefieren incidir en la eliminación de Ordenanzas Municipales persecutorias, pero mantener la situación en esta situación de alegalidad, por motivos que van desde ahorrarse la cotización a concebir que la legislación lo que va a hacer es convertir al Estado en proxeneta y muchas veces conlleva más estigma al ser ellas las que son obligadas a realizarse analíticas de ETS periódicamente, etc; las hay que no quieren ni de broma eso de que se legalice; otras sí prefieren la despenalización confiando en el modelo neozelandés y las hay incluso abolicionistas.

Y existe esta variedad porque las prostitutas son personas, con distintas perspectivas de lo que debería ser un mundo mejor y cómo encaminarnos a él, así como de lo que hay que hacer para sobrevivir en este en mejores condiciones.

Siempre se eleva el mantra de que la visión que se opone a todo esto, lo hace desde una postura moral. Como si existiera una neutralidad moral desde la que se pudiera proponer algo. Como si concebir la mercantilización, la libertad de comprar, la atomización del funcionamiento social, no respondiera a una visión moral. Sucede que si coges un lápiz de pintura blanca y pintas sobre un folio, no puedes apreciar casi el trazo, no se ve y pasa desapercibido. Así que si algo parece carente de carga moral es sencillamente porque está avalado por la moral que rige en ese momento. Y hoy en día esa moral es la del capitalismo, la del neoliberalismo, incluido el sexual, y la invisibilización de las estructuras de poder. Es imposible que una propuesta sea ajena a la moral.

Y estas críticas a este sindicato y a lo que establece no significan deseos de taparle la boca a las putas. Pero me preocupa mucho el cambio de discurso que en un primer momento se centró en la imagen de la puta autónoma, empoderada y con capacidad de decisión sobre su cuerpo, para situarse ahora en el de la puta bajo mando del proxeneta. Y me preocupa porque no creo que nos esté acercando a la sociedad que realmente queremos, y lo que es peor, lo está haciendo con juegos discursivos. Así que sería interesante que por lo menos fuéramos conscientes de ellos para poder debatir con claridad sobre lo que se quiere conseguir, lo que se puede conseguir y lo que se pretende.

Nuki

Elecciones en México: Guerra, dominación y lucha contra el Estado

Colaboración compartida por Marcelo Sandoval Vargas, militante libertario en Guadalajara y profesor adjunto en el CUCSH (Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades) en la Universidad de Guadalajara, México.

 

¿Qué gana el proletario con el hecho de depositar en la urna una boleta electoral en la que ha puesto el nombre de la persona que ha de formar parte del gobierno? […] el gobierno es fuente de la injusticia, del odio, de la guerra entre los seres humanos.

El trabajador que empuña una boleta electoral es digno de lástima, porque él mismo se nombra a sus verdugos, él mismo fabrica el látigo que ha de cruzarle el rostro, él mismo permite que perdure este sistema infame

Ricardo Flores Magón

 

El 1º de julio de 2018 a través de la jornada electoral que se vivió en México, asistimos a un espectáculo que mantiene al espectáculo general de la sociedad de clases, de la sociedad patriarcal, estatal y colonial. La sociedad actual es un espectáculo generalizado y es, al mismo tiempo, una acumulación de espectáculos. Para los poderosos el espectáculo es la única posibilidad de participación, una que se realiza en términos de apariencia y pasividad, donde la capacidad de hacer e imaginar está subsumida al mundo instituido. La política del espectáculo es la que llevan a cabo los ciudadanos, ese sujeto que se conforma en el momento en que un individuo atomizado delega el destino de su vida, cuando decide abandonar el compromiso de hacerse cargo de su propia existencia.

El proceso electoral mexicano se realizó en medio de una guerra, se organizó sobre fosas clandestinas, sobre la vida de desaparecidos, de mujeres asesinadas, de jóvenes y niños esclavizados. Los mecanismos y formas de despliegue de la etapa actual de la guerra histórica del capitalismo contra la vida dio inicio en 2006, momento en que se comenzó a experimentar un aumento de la violencia estatal contra los pueblos; violencia y represión que irrumpió de manera clara con dos acontecimientos que marcaron el inicio de una nueva política estatal, reflejo del recrudecimiento de los procesos de acumulación, a través de la destrucción de la vida, los territorios y los cuerpos de las personas.

En ese año el gobierno mexicano reprimió al pueblo de San Salvador Atenco, estado de México; pueblo que defendía su tierra desde el 2001 ante las pretensiones de construir sobre su territorio un aeropuerto. En mayo de 2006, el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT), organización que aglutinaba a los ejidatarios de Atenco, decidió acompañar a unos floristas que resistían un desalojo por parte de la policía, frente a este acto de solidaridad, la policía respondió con represión y violencia, por lo que algunos floristas y los lideres del FPDT se alojaron en una casa durante varias horas para protegerse. La acción represiva obligó a los miembros del FPDT a bloquear una carretera que comunica al estado de México con la ciudad de México, para exigir la liberación de los floristas y ejidatarios de Atenco. La respuesta por parte del gobierno fue un operativo policiaco-militar que tuvo la intención de aprehender a sus lideres, acusándolos de secuestro; el pueblo fue invadido por policías, que estaban en busca de cualquier poblador o persona que hubiera ido a solidarizarse con la gente de Atenco, cuando encontraban a alguien lo golpeaban y detenían. El saldo final fue dos personas asesinadas, decenas de mujeres vejadas y violadas por los propios policías, decenas de personas golpeadas y torturadas. A todos ellos se le encarceló por varios años por delitos que no cometieron. La represión se utilizó para romper la organización y resistencia del pueblo, así como amenaza a todas las luchas, movimientos y organizaciones del país.

La segunda acción represiva ocurrió en noviembre de 2006, fue otro operativo policiaco-militar; esta vez contra los pobladores de ciudad de Oaxaca, los pueblos indígenas y las organizaciones que protagonizaron este movimiento insurreccional, que desde junio de ese año organizaron una de las mayores experiencias de lucha y auto-gobierno de las últimas décadas. Fue conocido como la Comuna de Oaxaca y fue obra de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO). El movimiento irrumpió como respuesta al intento del gobierno de desalojaron un plantón de maestros de educación básica en el zócalo de esa ciudad, que se montó en mayo en exigencia de aumento salarial y mayores derechos laborales. Cuando los policías comenzaron a atacar a los profesores, la gente salió de sus casas en defensa de los maestros. Primero volvieron a instalar el plantón, pero la organización no quedó en eso, decidieron de manera espontánea tomar bajo su control la ciudad. La insurrección se llevó a cabo mediante la instalación de barricadas en todos los barrios, tomaron varias radios, universitarias, gubernamentales y comerciales así como la televisión estatal, utilizaron los medios de comunicación para dar a conocer su lucha y hacer denuncias del hostigamiento que llevaba a cabo el gobierno, pero no sólo, lo más importante fue que los usaron como organizadores del movimiento. Durante los meses de insurrección el gobierno se escondió y la gente organizó la vida de toda la ciudad. La experiencia duró alrededor de 5 meses, tiempo en el que fue permanente la violencia del Estado: convirtió a los policías, vestidos de civil, en un grupo paramilitar que por las noches salía a atacar con armas de fuego a la gente de las barricadas; todos los días había enfrentamientos con las fuerzas del orden en distintos puntos de la ciudad; constantemente se hostigaba los territorios controlados por los insurrectos. Finalmente, en el mes de noviembre el gobierno realizó un operativo policiaco-militar que recorrió calle por calle con tanques y hombres armados con la intención de destruir las barricadas, golpear, encarcelar y asesinar a quienes mantenían la resistencia. Hasta el momento no se sabe con seguridad cuantas personas fueron asesinadas, desparecidas y encarceladas, pero se calcula en cientos.

Lo que representan estas dos represiones es el inició de una nueva política estatal; una que está caracterizada por el estado de excepción para los pueblos, donde la violencia es la primer respuesta gubernamental con el fin de garantizar la acumulación y la ganancia de los capitalistas, lo que implica es la intensificación y reconfiguración de la guerra capitalista, esa conflagración de largo aliento entre los desposeídos y los poseedores. Lo que definitivamente redondeó dicho cambio en la política estatal, fue el fraude electoral que se organizó en el mismo año, fraude que se cometió contra el candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador (de tendencia socialdemócrata). La intencionalidad de fraude fue permitirle al candidato de derecha Felipe Calderón llegar a la presidencia, pues éste fue quien se comprometió con los poderosos, bajo el discurso de que iba a imponer una guerra contra el narcotráfico, concretar la nueva etapa de guerra capitalista contra la vida. Todo ello contribuyó a que se diera rienda suelta a un episodio de la historia de México que ha dejado un saldo de 118 mil personas asesinadas y decenas de miles de desaparecidos, según las cifras oficiales.

Hasta ahora son 12 años de guerra, puesto que el presidente que siguió a Felipe Calderón, el derechista Enrique Peña Nieto, ha sido continuador de la misma política terrorista por el control de territorios y de la vida, de esta guerra contra los pueblos, contra las mujeres y contra la naturaleza, pero que se ha enmarcado en los medios de comunicación y en los discursos de los gobernantes como guerra contra el narcotráfico. Durante este periodo, la gente se dio cuenta que el principal asesino y criminal es el propio Estado. Pues ha sido evidente, por ejemplo, la participación directa de la policía, el ejército y los gobernantes en el asesinato de 3 y la desaparición de 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa el 26 de septiembre de 2014. Se comprobó la masacre que realizó el ejército en Tlatlaya, estado de México, en el mismo 2014. Por esta razón emergió un grito de batalla que comenzó a repetirse en las calles: ¡Fue el Estado!

Como respuesta a la guerra capitalista, existen pueblos que se han organizado para resistir y defenderse. Algunos movimientos y luchas se han dado cuenta que no pueden esperar nada del gobierno, que el problema es el mismo Estado, por tanto, han surgido experiencias de autonomía y auto-gobierno, así como formas de seguridad y auto-defensa comunitarias. Las familias de los desaparecidos se han puesto a buscar a sus hijos e hijas, van de ciudad en ciudad, de fosa en fosa, saben que el gobierno nunca encontrará a sus familiares, pues es parte del mismo sistema que los desaparece. Sin embargo, en estos 12 años de terror y caos no se ha tenido la capacidad de conformar un proyecto revolucionario que aglutine parte del descontento, una alternativa real desde la cual los movimientos, pueblos y luchas sean capaces de combatir. No obstante es manifiesta la rabia y el dolor de la gente, los procesos de resistencia están dispersos y aislados, las sensación de desolación frustra las posibilidades de organización, convirtiendo es misma rabia y dolor en miedo paralizante.

Razón fundamental para que con todo y que a finales del año 2017 la legitimidad del Estado y los partidos políticos se encontraba en su peor situación en las últimas décadas, puesto que la clase política gobernante era despreciada de manera casi unánime y que se expresaba un temor y una rabia general contra el ejército, la marina y la policía por sus participaciones en desapariciones, masacres, despojos y detenciones injustas, no fue posible construir una salida revolucionaria a la barbarie capitalista. Dicha imposibilidad fue aprovechada por los partidos políticos en la apertura de las campañas electores, el candidato socialdemócrata Andrés Manuel López Obrador, apareció como en el 2006 arriba en las encuestas, a una distancia muy grande de sus dos competidores, los derechistas Ricardo Anaya y José Antonio Meade, los cuales propusieron continuar con la misma política de terror, mientras que López Obrador desarrolló un discurso que llamaba a buscar la paz y el desarrollo en el país.

En el plano económico los tres principales candidatos representaban la continuidad del neoliberalismo, la misma búsqueda de ganancia y acumulación capitalista, sólo que Anaya y Meade hablaron explícitamente de continuar con la misma dinámica de violencia generalizada, de guerra civil no declarada; y López Obrador planteó que esa misma acumulación y ganancia se pueden concretar de una mejor manera si hay paz y cierta tranquilidad para la gente. Ese discurso, asociado a 12 años de desesperación para la gente, le permitió mantenerse muy arriba en las encuestas durante toda la campaña electoral y finalmente ganar las elecciones el 1º de julio de 2018.

El desprecio por las campañas electores de los diferentes partidos fue generalizado. El porcentaje de votación se mantuvo dentro del promedio para una elección presidencial, alrededor del 60% del electorado. En general se percibió desencanto, a pesar de que el candidato socialdemócrata López Obrador ganó por una distancia muy grande, obteniendo más del 50% de las preferencias; no se ha manifestado entre la gente de abajo esperanzas para que cambie la situación de forma profunda, aspiran a vivir con menos violencia, aspiran a que los asesinatos y las desapariciones disminuyan, que haya trabajo para que se pueda consumir, que haya tranquilidad para que se pueda producir.

Lo que se observa, con la victoria del López Obrador, es que se ha vuelto a legitimar el Estado. Además, al ser un personaje que tiene un discurso izquierdista en el plano social, estamos seguros que las formas de represión que se utilizaran por parte del gobierno que represente serán la cooptación y la guerra de baja intensidad. La clase media se ha vuelto su principal aliado y es su primer línea de defensa. Sin embargo, lo que olvida la clase media es que en un país como México, donde los fraudes electorales son la regla, el triunfo de López Obrador significa que las élites han dado su aprobación, significa que existe un acuerdo entre las dos partes y seguramente una  serie de compromisos que debe cumplir el nuevo gobierno que tomará posesión el 1º de diciembre de 2018.

Para quienes tratamos de posicionarnos de modo radical y revolucionario, el panorama es adverso de una manera diferente a como veníamos lidiando con los dos gobiernos anteriores, donde primera respuesta era la violencia para quienes estaban en defensa del territorio y de la vida. Esta vez nos enfrentamos a un consenso entre entre los medios de comunicación y la clase media en su apoyo al nuevo gobierno; los partidos políticos de todas las tendencias aceptaron su derrota fácilmente y se han alineado al que será el próximo presidente. Por ello la critica radical, antiestatista y anticapitalista, se volverá necesaria en un contexto donde se le va desdeñar aún más que antes.

Bajo el discurso de darle una oportunidad a un gobierno que por primera vez representa una postura socialdemócrata e izquierdista, se va a promover la pasividad. Y como en todos los gobiernos progresistas que ocurrieron en Sudamérica, cualquier crítica será tachada de reaccionaria y pro-imperialista. Eso deja un camino sinuoso para las opciones revolucionarias, que en la actualidad están dispersas, aisladas y débiles, mientras que los movimientos y pueblos que luchan y defienden el territorio se enfrentaran a mecanismos represivos basados en la cooptación y el asistencialismo, sin descartar, por supuesto, la violencia cuando los intereses del capital se vean amenazados.

No queda más que evitar que decaiga la crítica antiestatista y anticapitalista. Es necesario construir un proyecto real desde el cual se pueda articular una resistencia efectiva contra la dominación capitalista, que sea capaz de organizar la vida de una forma distinta. El Estado sigue siendo el mismo, sólo que ahora se ha vuelto más fuerte y tiene legitimidad otra vez, por lo que es un enemigo más peligroso, seguramente no dejará de recurrir a la violencia, las desapariciones y el despojo, sino que a esos mecanismos de opresión se le incorporan nuevos mecanismos de control. La jornadas electorales del 1º de julio y el desenlace que tuvo, confirma que el sistema capitalista está tratando de renovarse para seguir explotando y dominando. Las elecciones significaron una de tantas alternativas ilusorias que sólo llevan a la restauración de la misma dominación. A la persistencia de la guerra.

Para los pueblos indígenas y los oprimidos, para los desheredados y los desposeídos, no hay más alternativa que la resistencia. El mundo capitalista significa la destrucción de la vida, está contra quienes resisten, se rebelan y luchan. Por eso, nuestra única respuesta es la revolución social, entendida como acumulación de esfuerzos que apuesten por vivir en el ahora de la lucha bajo otros modos, desde otras relaciones sociales. Nuestro camino, en este sentido, se va a ir creando en tanto nos decidamos a ir enfrentando problemas cotidianos, enfrentándolos de modo colectivo y mediante el ejercicio de nuestra acción directa, sin representantes ni dirigentes. La auto-organización de los oprimidos para descolonizar la vida entera, la organización a través de la cual se logre desplegar la autogestión integral de nuestras existencias, significa la única opción de emancipación.

Anarca y Sumisa (II). Consenso y consentimiento.

Foto de Gemma Evans.

Puedes leer aquí la 1ª parte de la serie.


La Manada vs. La Realidad: ¿son situaciones tan distintas?

Volvamos a la lamentable historia de La Manada. La sentencia ha resonado con fuerza en gran parte de la sociedad debido a su injusticia y a que, quizá por primera vez, las mujeres en masa nos hemos empoderado para salir a la calle y gritar lo que ya sabíamos pero no decíamos: que algo diferente a un claro y contundente significa, simplemente, no*.

Tristemente, incluso cuando un no es articulado con claridad (tanto en el BDSM como en las relaciones vainilla), la voluntad de la persona puede ser atropellada –a esto nos referimos, en un contexto sexual, cuando hablamos de violación–. La gran lección que nos deja la respuesta ante agresiones como las de La Manada es que, en ocasiones, no negarse no significa inmediatamente sí. Es decir, que situaciones en las que la superviviente o la víctima no se defiende, no grita, no huye, no dice que no, son también, de facto, una violación. Quiero remarcar la importancia de esto para introducir un concepto, el de la date rape –violación durante una cita–, que suma un porcentaje muy alto de las agresiones sexuales. El término se refiere a las violaciones cometidas por una pareja, amigo, marido o conocido, y en EEUU supone el 78% del total**.

Por lo tanto, para hablar de consentimiento es necesario analizar cómo nos comunicamos y, sobre todo, cómo no nos comunicamos, pues es en este impasse de la duda o el silencio en el que las violaciones de los límites son más frecuentes.

Consentimiento explícito vs. consentimiento tácito.

En una entrada sobre la cultura del consentimiento (en inglés), Cliff Pervocracy escribe:

(…) forzar a la gente a que haga cosas forma parte de nuestra cultura, en general. Destierra esa mierda de tu vida. Si alguien no quiere ir a una fiesta, probar un plato nuevo, levantarse y bailar, o charlar durante la comida, está en su derecho [de no hacerlo]. Evita los “venga, anda”, y los “venga, sólo esta vez”, y los jueguecitos en los que obligas mediante bromas a alguien a participar [en algo que no quiere]. Acepta que no significa no –en cualquier situación.

Otro ejemplo, esta vez del mainstream más mainstream, acerca de la cultura de la no-comunicación y el no respeto a las necesidades de la otra persona: una reportera de Playground va entrevistando por la calle a hombres de todas las edades –y a alguna mujer– sobre el sexo y el orgasmo. La respuesta media a la pregunta «y ella, ¿llega al orgasmo?» es «ni lo sé ni me importa» (o, alternativamente, «no lo puedo saber porque las mujeres fingen», o sea, «todo es culpa de las mujeres, una vez más»).

La relación entre la cultura de la violación y la cultura de la no comunicación es bidireccional. No estamos educados para preguntar y, si preguntamos, no nos educan para respetar. La comunicación de los deseos no se enseña, y el consentimiento tácito, que es una práctica generalizada en la mayoría de interacciones sexuales, está basado en la normalización social de las mismas de acuerdo al patrón coitocéntrico que gira en torno al orgasmo masculino como punto final.

Quizá ayudaría, para comenzar a ponerle solución a esto, redefinir el consentimiento: pensar que va más allá de respetar una negativa, y enfocarlo desde la perspectiva de los privilegios, según la cual alguien en una situación de coerción no puede tomar una decisión plenamente voluntaria y consciente, dado que pesan muchas variables sobre su sí, quiero.

En un contexto como el BDSM, donde muchas veces las acciones pactadas acarrean dolor o incomodidad física, prima la necesidad de la comunicación clara y respetuosa. Dar por sentado el consentimiento puede llevar a malinterpretaciones con consecuencias graves, tanto físicas como psicológicas, por lo que la comunicación se establece como una parte fundamental de la relación desde un comienzo. Esto no significa que la escena kinkster esté exenta de dinámicas comunicativas nocivas; pero existe, por lo general, un interés muy marcado en el consentimiento, que tiene por resultado una defensa de la integridad de las personas y la denuncia de aquellos individuos que reiteradamente se niegan a respetar los límites marcados por sus compañeros. Es decir, que existe una comunidad local que vela, con más o menos éxito, por la seguridad y la ética de la práctica del BDSM.

La Lista de Límites: ¿realmente existe?

Usemos de nuevo ese boom editorial y cinematográfico que ha supuesto un aumento exponencial en la visibilización del (supuesto) BDSM: 50 Sombras de Grey y el resto de la saga***. Si no habéis leído la trilogía, no os lo recomiendo. Pero os cuento, para quien sea ajeno a la historia, que un multimillonario hecho a sí mismo se enamora perdidamente y a primera vista de una estudiante universitaria de último año. Además de acosarla, seguirla a todas partes y no permitirle ver a sus amigos sin que él esté presente, decidir por ella el método anticonceptivo que deberá usar, prohibirle la masturbación, e inundarla con regalos excesivos que ella no quiere y no puede reciprocar –una táctica de gaslighting y chantaje emocional en toda regla–, entre otras cosas, el tipo en cuestión le presenta una larga lista de actividades sexuales y kinks que ella debe aceptar o no.

Junto a cosas como el sexo anal, recibir latigazos, dejarse amordazar o el uso de pinzas en los pezones, aparecen las palabras mágicas: límite fuerte, límite débil, y no, en absoluto, de ninguna manera. Hasta aquí todo bien: las personas tenemos preferencias distintas, y si nos decidimos a mantener una relación sexual o de otro tipo con alguien lo más lógico es discutir qué y qué no nos gusta, qué nos apetece probar y qué está fuera de discusión. Lo que no es tan normal es pisotear las preferencias de alguien una vez que esta las ha expresado. Grey intenta convencer y revocar las decisiones de Ana en cada uno de los kinks que esta no quiere probar pero él sí. Esto es coacción, chantaje, y abuso. No BDSM.

La comunicación en torno a las preferencias sexuales o de juego de dos o más personas se articula siempre en base al consenso de todas las partes implicadas. Sin esto no puede existir el juego seguro. Recordemos los requerimientos para llegar a un consenso:

  1. Que todas las partes tengan un objetivo común.
  2. Que todas las partes quieran llegar al consenso.
  3. Que exista confianza y apertura entre las partes.
  4. Que las partes expresen sus deseos y necesidades, y que estos sean escuchados.
  5. Tiempo suficiente para hablar de los deseos y las necesidades de las partes implicadas.
  6. Un proceso definido para llegar a soluciones consensuadas.
  7. Participación activa de las partes implicadas.

Grey pasa como una apisonadora por encima de todos y cada uno de estos puntos: el objetivo no es común, sino el suyo propio; desde luego no quiere llegar al consenso, sino que la otra persona se atenga a sus normas; la confianza y la apertura desde luego no son su fuerte; las necesidades y deseos de la otra parte no están siendo escuchadas y consideradas con respeto; no le da a Anastasia el tiempo suficiente para reflexionar e impone límites; el proceso que se sigue para alcanzar el consenso es la firma sin cortapisas de un contrato redactado por él; y la participación activa no se valora, ya que él prefiere que Ana acepte y calle sin poner muchos problemas.

Nunca en mi vida me he encontrado con una persona dispuesta a relacionarse conmigo de esta forma. Espero que vosotras tampoco, sea en el BDSM o en cualquier otra relación. Y si lo habéis hecho, el consejo de hoy es: corred y no miréis atrás.

Negociaciones básicas.

No obstante, sí que existe una negociación inicial en el BDSM, especialmente si es tu primera experiencia con una persona. Se asume que existe un objetivo compartido –follar, pasárselo bien, recibir o dar dolor–, y las especificidades se consensúan de acuerdo a las necesidades y límites de las personas. –¿Quieres recibir dolor? +Sí, pero no con demasiada fuerza. –¿Está bien si utilizo una fusta? +No, no me gusta el dolor inflingido con instrumentos accesorios. –¿Sólo con las manos? + Sí, pero sólo con las palmas, no con los puños. –¿Podemos tener sexo mientras tanto? +No, cuando estoy sintiendo dolor no estoy en un estado emocional en el que quiera follar. –¡Perfecto!

Todo el mundo está contento, se ha hablado, los límites de la gente han sido escuchados y respetados, se han buscado soluciones comunes con las cuáles todo el mundo está cómodo, win-win, línea y bingo. Imaginémonos que por un momento todas nuestras interacciones fueran así; que no se asumiera que podemos abrazar o tocar el pelo a otra persona sin su consentimiento; que no insistiéramos para que otro nos acompañara a un festival o se bebiera otra copa más. Imaginémonos que un no significara siempre no, y que nada más que un sí, por favor significara sí.


*La polémica ha surgido, y con razón, en las redes sociales, cuando las violaciones sistemáticas denunciadas por un grupo de trabajadoras de la fresa no ha recibido tanta atención mediática ni la misma expresión de inconformismo y rabia social que el caso de La Manada; recibiendo críticas bastante acertadas sobre cómo afecta la racialización a este tipo de problemáticas y también cómo las respuestas de apoyo en Andalucía no han sido visibilizadas por el sector feminista mayoritario (o sea, urbano).

**No he encontrado estadísticas similares para el estado español o los países hispanohablantes, pero algo me dice que las cifras serían asombrosamente similares.

***Supuesto BDSM, porque nada en la relación de abuso psicológico entre los protagonistas tiene semejanza con un pacto voluntario y entusiasta entre dos personas.

Anarca y Sumisa (I). ¿Qué es esto del BDSM y por qué importa?

¿Qué se te viene a la cabeza cuando piensas en sadomaso? Quizá la infame saga de Cincuenta sombras de Grey. Quizá Donatien Alphonse François, alias Marqués de Sade. Quiźa, directamente, pienses que es pura violencia. ¡Vayamos por partes!

Definiciones básicas.

BDSM es un acrónimo múltiple que responde a bondage, disciplina, dominación, sumisión, sadismo y masoquismo. Es un término paraguas muy amplio que recoge comportamientos y formas de sexualidad no normativas, desde el fetiche sexual por los monos de látex hasta las relaciones de intercambio total de poder 24/7, pasando por el voyeurismo. En general, esta laxa comunidad también se acoge al término kink –literalmente: vicio– para autodefinirse. Porque, sobre todo, el BDSM es un vicio, algo que proporciona placer en un espacio de seguridad.

Algunos principios.

¿Qué pinta todo esto en el debate sobre los feminismos? Muchas cosas, en realidad. Empecemos con lo que define las relaciones BDSM: el intercambio de poder.

Desde los ochenta (¡e incluso antes!) nos venimos dando cuenta, cada vez más, de que la supremacía masculina (y blanca, y de clase alta) es el régimen que gobierna el mundo, no sólo en lo parlamentario sino en lo cultural. Cualquiera que pertenezca a un grupo marginalizado, sea del tipo que sea, experimenta el rechazo, la opresión y en ocasiones la represión que este entramado deja caer sobre su persona. Lo mismo da que seas mujer, que seas una persona de color, o que tu sexualidad no se ajuste al modelo heterosexual: lo hegemónico carga contra todas, apoyado en las muletas de la publicidad, los medios de comunicación, y las políticas estatales. La intención es mantener el control.

El BDSM entra a jugar en este espacio normativo de poderes impuestos involuntariamente. Su juego es una lucha. Su propuesta: hacer que esas dinámicas de poder se debatan, se discutan, sean consensuadas y consentidas entre los que participan de ellas. Una podría pensar que, a título personal, su opción es, simplemente, no acceder al intercambio de poder, evitar la dominación a toda costa; y eso está bien. Sin embargo, seguimos quedando a quienes nos interesa este pacto de dominación y encontramos en él un espacio para probar los límites, las estrategias y el funcionamiento de sus dinámicas.

A veces es difícil de entender, incluso para una misma. ¿Por qué posicionarse voluntariamente como una víctima de la dominación (que puede o no ser sexual) cuando luchas contra ella, cuando un mundo libre no puede existir sin la dominación? Vuelvo a un ejemplo histórico, a modo de analogía. El Movimiento de Objeción de Conciencia del estado español llevaba a cabo reclusiones voluntarias de sus miembros, con el objetivo de prepararlos para una posible estadía en la cárcel. Una vez dentro, cuando quisieron amnistiarlos a todos de manera silenciosa y sin hacer ruido, se organizaron y quisieron quedarse presas para levantar escándalo en la sociedad, para hacer de su encarcelamiento un asunto político.

Resignificar la violencia.

Intentemos trazar analogías con un ejercicio de similitud casi poética. El BDSM es un buen escenario para experimentar los distintos niveles de sumisión y violencia sexual que, ahí afuera, en el mundo, en La Vida Real®, acontecen todos los días (se estima que hay una media de tres o cuatro violaciones al día en España; los cinco de La Manada salen de la cárcel mientras esperan su sentencia definitiva, la violencia de género e infantil en el ámbito doméstico no parece estar decreciendo; han asesinado a 27 mujeres en lo que va de 2018; y así). Como las compañeras del MOC que participaban en los encierros voluntarios, los que en el sexo o en la vida nos alineamos con el BDSM experimentamos con la crudeza de la norma heteropatriarcal que asesina y humilla. Mediante el aprendizaje de los límites propios y las posibles respuestas ante la opresión analizamos y estudiamos el sistema en general: somos un pequeño nodo privado que replica el sistema. Es un ejercicio de sandboxing. Y, como tal, en ambos casos, el del MOC y el del BDSM, se realiza en una situación controlada, donde existen mecanismos de control por ambas partes para hacer del momento algo seguro.

Sí: mecanismos de control por ambas partes. Se habla mucho de cómo la persona en situación de inferioridad física es la que realmente lleva las riendas en una escena BDSM. De cómo, con una palabra, un gesto, o una simple mirada acordada de antemano, la violencia cesa y se ponen en marcha los mecanismos de cuidado. Porque el BDSM es, también y por encima de muchas cosas, cuidado mutuo.

Esto no es todo, claro. No todo el mundo que practica sexualidades disidentes lo hace en todo momento como reivindicación política. Muchas de nosotras, simplemente, lo hacemos por vicio. Porque nos da la gana. Porque nos gusta. Porque podemos. Porque estamos orgullosos de no fiscalizar nuestra (a)sexualidad ni la de los otros.

Lo cual, si nos fijamos, es también una acción política. Una profundamente feminista, liberadora y necesaria.


El resto de la serie aquí:

2ª parte.

La dialéctica serial y su funcionalidad contemporánea

Diego Saiegh
Instituto de Teoría e Historia Anarquista (ITHA)

Introducción

Analizar la realidad, interpretarla y comprenderla en su complejidad para ponerla al servicio de un proyecto y de una praxis emancipatoria, implica aplicar una lógica, un método, para a su vez generar un posicionamiento al respecto que derive en acción. En la historia del pensamiento ha habido distintas formas de abordar esta temática, pero si nos situamos específicamente en el campo revolucionario, por lo menos de un siglo y medio a esta parte, una variable ha predominado: la lógica dialéctica; y sobre ella se han elaborado distintas formas de abordaje. En este trabajo nos enfocaremos en explorar la que tal vez menor consideración ha tenido en el amplio espectro de las investigaciones teórico-políticas, tanto históricas como contemporáneas. Estamos hablando de la llamada dialéctica serial o también conocida como dialéctica proudhoniana por ser el francés P. J. Proudhon quien fuera su impulsor en primera instancia allá por mediados del siglo XIX. En este sentido, haremos un recorrido desde su surgimiento histórico, pasando por sus características, campo de ejercicio, sus huellas en distintos autores y por sus posibilidades de aplicación en el estudio de nuestra convulsionada época actual a los fines de una intervención político-social libertaria lo más prolífica posible.

La(s) dialéctica(s)

Decíamos más arriba que una de las formas históricamente de llevar adelante análisis sobre la realidad y de los fenómenos histórico-sociales ha sido y es a través de la perspectiva dialéctica. No vamos a hacer aquí un desarrollo analítico extensivo de la misma, algo que por otra parte excede los límites de este trabajo, pero sí, a los fines de situar nuestro objeto de estudio, haremos algunas consideraciones.

La dialéctica tiene una larga historia que se remonta en el mundo occidental a la filosofía griega, arrancando desde Heráclito, pasando por Platón y Aristóteles. La filosofía alemana también ha hecho sus aportes ya reorientando en parte su sentido original más asociado al orden del discurso. Salvando sus matices podemos nombrar en esta corriente a Kant, a Fitche y a Hegel.

Ahora bien, es particularmente con Hegel que la dialéctica tomará su impronta más contundente desde el punto de vista de la filosofía moderna, considerándola como un método de conocimiento y como la expresión del devenir de la realidad en el que la contradicción de elementos opuestos se resuelve en una síntesis que lleva a la comprensión de la realidad como un todo absoluto. Sobre esta base, se realizarán distintas reformulaciones, que veremos más adelante, pero todas partiendo de las tesituras hegelianas.

Promediando el siglo XIX, Karl Marx, en su formulación del materialismo histórico como concepción y método de análisis de la realidad social e histórica, toma críticamente la lógica hegeliana y le imprime base material, eliminando su sustrato teológico e idealista, e incorporando, a su vez, lógica dialéctica al materialismo mecanicista de Feuerbach. Luego de esta primea reelaboración vendrán otras dentro del campo marxista, como la de Engels con su “Dialéctica de la naturaleza”, luego tomada por el marxismo soviético, conformando lo que se denominaría “materialismo dialéctico”, de un tono más dogmático que la del propio Marx. Más tarde, la Escuela de Frankfurt hará sus aportes, fundamentalmente a través de Theodor Adorno y su “Dialéctica negativa” y el filósofo existencialista J.P. Sartre hará lo suyo también con su “Critica a la razón dialéctica”, entre otras obras de distintos autores que de alguna u otra manera tomarán a la dialéctica, desde distintas ópticas, para la realización de sus investigaciones teórico-políticas.

Volviendo a Marx, si tuviéramos que destacar algunas de las diferencias fundamentales entre sus posiciones y las de Hegel, podríamos considerar que si para Hegel el sujeto de la dialéctica es la Idea o Dios, para Marx, es el mundo finito, la naturaleza, la historia y el mundo humano. Por otro lado, si bien coinciden en ver que la dinámica de la realidad presenta una racionalidad o un orden racional que está identificado con el lineamiento tesis-antítesis-síntesis, para Hegel el momento de negación de la negación (síntesis) incluye en su interior los momentos anteriores (la tesis y la antítesis), pero para Marx la negación de la negación es más compleja y no conlleva necesariamente a ello; Marx señala más bien, el momento de la contradicción, de enfrentamiento de elementos opuestos y su capacidad para promover el cambio. La prueba de que este momento de síntesis no recoge los términos antitéticos es que en la sociedad comunista planteada por Marx, las clases sociales contradictorias (burguesía y proletariado) desaparecen, por lo que no se mantiene en su seno, ninguna de las clases antagónicas.

Contemporáneamente a las tesituras marxianas, el francés Pierre Joseph Proudhon, también imprimía su sello en torno a un modo de interpretación dialéctico, por lo pronto distante tanto de Hegel como de Marx aunque referenciado en éstos, y que supo conocerse como “dialéctica serial”. Este trabajo, dijimos, se abocará a esta modalidad, por lo cual más adelante avanzaremos en concreto sobre el particular, pero a priori podemos decir que su singularidad se sustenta en la afirmación de que las antinomias, con sus tesis y antítesis en el marco de una realidad compleja, no se resuelven en una síntesis superadora, sino más bien se complementan en un tenso equilibrio dinámico, sin hacer desaparecer la contradicción. Se denomina serial puesto que comprende “series” dialécticas (o cadenas de antinomias) constituidas por elementos antitéticos, a la vez antagónicos y solidarios que no se anulan, ni permanecen simples ni estáticos. Como diría Ángel Cappelletti, Proudhon, “propone así una dialéctica abierta y pluralista”1. Y el mismo pensador francés lo reafirma diciendo; “la serie es a la vez, multiplicidad y unidad, particular y general: verdaderos polos de toda percepción, que no pueden existir el uno sin el otro”2.

Por lo pronto, por aquí dejaremos este brevísimo recorrido sobre la dialéctica en sus implicancias genéricas, sin desconocer, por supuesto, que no se agota aquí ni en las referencias citadas. De alguna manera, y por esto mismo, es que al apartado le hemos puesto en su título, la posibilidad de leerlo en plural, habida cuenta de la multiplicidad de cosmovisiones que surgen de un mismo concepto, y de la imposibilidad de hacer una lectura unitaria o de tomar una postura como la “verdadera”. De nuestra parte creemos, que en tanto la realidad o los procesos histórico-sociales son complejos, multifacéticos y dinámicos y de acuerdo a determinados contextos y ámbitos de aplicación, pueden ser utilizables distintas variables de análisis, atendiendo justamente a ese rasgo de complejidad.

Si hacemos un recorte en este trabajo sobre el planteo dialéctico serial, es porque nos parece interesante visualizarlo como una contribución teórica libertaria importante (no muchas veces soslayada) al campo de la reflexividad social y que creemos puede brindar algunas pistas para entender y actuar en el mundo actual, a condición de no hacer (como han hecho otras corrientes) un fetiche de esta ni de otras herramientas y tomándola como lo que debería ser; una hipótesis posible que responde a un determinado paradigma y que se sustenta frente a otras posibilidades.

La dialéctica serial

Para hablar de la dialéctica serial tenemos que partir de sus primeras elucubraciones que como hemos dicho fueron realizadas por el teórico francés Pierre Joseph Proudhon hacia mediados del siglo XIX. En principio, estaríamos tentados a decir que Proudhon hizo de su propia vida intelectual una manifestación de la dialéctica por él propuesta. Personalidad contradictoria como muchas de su época, pero sin que ello atente contra su infatigable espíritu de creación y renovación. Dice Daniel Colson al respecto:

La obra de Pierre Joseph Proudhon ha tenido un destino extraño. Ella no deja de provocar un doble movimiento contradictorio pero que alcanza un efecto común. Por un lado (a menudo) suscita el desprecio y la indiferencia (…) Por otro lado, nunca dejó de suscitar un vivo interés para los autores más diversos, al momento que se decidieron leerlo (…) y es verdad que es difícil leer a Proudhon (…) sobre todo debido al carácter heteróclito, comprometido y circunstancial de un modo de pensamiento y de escritura que no se presta para la constitución de una escuela y tampoco para una interpretación unificada3

Volviendo al tema que nos atañe, podríamos decir que tal vez la primera formulación relacionada a su particular forma de concebir la dialéctica se encuentra en su obra De la création de l’ordre dans l’humanité” de 1843, en donde plantea partir de un análisis que contemple la afirmación de lo Uno y lo Múltiple en un equilibrio inestable y constante generado por la balanza de fuerzas en donde la unidad ya no es una generalidad absorbente, sino la afirmación de la singularidad que presupone la pluralidad o multiplicidad que presupone lo Uno4.

Es posible ver el pensamiento filosófico de Proudhon atravesado por distintas influencias, pero nunca tomadas al pie de la letra, sino siempre revisadas críticamente y reelaboradas a través de posicionamientos propios que desarrollará a lo largo de sus distintas obras. Podríamos nombrar a Heráclito, Kant y Hegel, éste último profundizado junto a sus primeros contactos con Karl Marx en 1844 de quien no sólo se distanciaría tiempo después, sino al que se enfrentaría luego de la publicación de parte del alemán de “Miseria de la filosofía” en respuesta a “Sistema de las contradicciones económicas, o Filosofía de la Miseria” por parte del francés. Dice Capi Vidal:

Parece ser que Proudhon, en la línea de la labor que haría posteriormente Bakunin, habría advertido a Marx sobre el dogmatismo y la intolerancia de sus postulados, lo que supondría una declaración de enemistad por parte del alemán5.

De ahí, amén de concretas diferencias teórico-políticas, el ensañamiento plagado de inexactitudes y falsedades con que está escrita “Miseria de la Filosofía”. Por eso, como sugieren algunos autores, es una obra que conviene tomarla con pinzas, dada la inquina con que está escrita.

Marx solía decir que Proudhon “no había entendido” la dialéctica de Hegel. Ahora, si bien claramente no era un erudito como seguramente lo era el autor de “El Capital”, hizo exactamente lo mismo que él hizo; reelaborarla desde su propia óptica diferenciándose, tanto de Hegel como de la versión del propio Marx. Decía Proudhon:

La fórmula hegeliana (tesis-antítesis-síntesis) no constituye una tríada más que por capricho o error del maestro, quien distingue tres términos allí donde sólo existen dos, y no ha visto que la antinomia no se resuelve, sino indica una oscilación o antagonismo susceptible sólo de equilibrio”6.

Y en otro texto agrega: “La antinomia sólo puede ser balanceada sea por equilibración de contrarios, sea por oposición a otras antinomias”7. Nuevamente continúa Capi Vidal:

Proudhon rechazó la dialéctica, la metafísica y las fórmulas de Hegel, consideró que el filósofo alemán se anticipaba a los hechos, en lugar que aparecieran, y rechazó su tentativa de construir el mundo de las realidades partiendo de las formulas de la razón. No existe solución única (…). Frente a lo que consideró un pensamiento monolítico y dogmático, apostó por la pluralidad (…) negándose a aceptar el “absolutismo” de ningún elemento8.

Llámese esos “absolutos” Espíritu Absoluto, Estado, obligatoriedad del “destino histórico” o necesidades históricamente determinadas. Asimismo;

(Tanto) para Marx, igual que para Hegel, el movimiento dialéctico se caracteriza por el enfrentamiento de dos elementos contradictorios (tesis y antítesis) hasta su fusión en una categoría nueva (síntesis). Para Proudhon no habrá tres elementos, sino únicamente dos, que se mantienen uno junto al otro de principio a fin. No hay final sintetizador, sino equilibrio, una especie de antinomia persistente. Numerosos marxistas acusarán a Proudhon de renuncia o impotencia para resolver los antagonismos sociales. Nada más lejos de la realidad. (…) Desconfía de la perfección, pero no renuncia en absoluto al progreso, su dialéctica no es estéril ni inmovilista, se alimenta de un empirismo en permanente renovación. Es más, el auténtico progreso se encontraría en constante flujo y reflujo. La guerra o polémica (tensión, lucha) sería una de las principales categorías de la razón humana, tanto especulativa como práctica y de la dinámica social. La paz se establece en la permanencia del antagonismo, no en la destrucción recíproca, sino en la conciliación ordenadora y en el perfeccionamiento sin fin9.

Esta concepción de la dialéctica se enmarca dentro de lo que algunos autores llaman ideo-realismo o hiper-empirismo puesto que resulta del intento de establecer un equilibrio entre la idea y la realidad. Una bajada material propositiva de la dialéctica proudhoniana es su planteo federativo como forma de articulación social radicalmente distinta a la lógica estatal centralista, alienante y autoritaria. No hay superación, en su perspectiva, en el antagonismo entre autoridad y libertad, o entre centralización y descentralización, hay que relacionarlas en tenso equilibrio dinámico. Ahí surge la federación como respuesta empírico-política. En este sentido:

El Estado, al concentrar la autoridad y subordinar la libertad, es un evidente generador de desequilibrio. La alternativa es, pues, un equilibrio organizativo producto de la puesta en práctica de intercambios y de mutuos compromisos, algo que puede llamarse justicia recíproca. Tanto el federalismo, a nivel político, como el mutualismo, en lo económico, constituyen propuestas proudhonianas que niegan la resolución de los conflictos en una instancia superior (una síntesis, un absoluto), pero garantizan una unidad social organizada de abajo-arriba en la que la libertad es producto también de la asociación. Es el camino que conduce a la autogestión social, política y económica. Dentro de la asociación, también se produce una tensión entre opuestos, entre el individuo y la colectividad, sin que ninguno de ellos pueda verse anulado ni como un absoluto10.

Parte de estas tesituras fueron tomadas tiempo después por otros referentes del anarquismo, como por ejemplo Mijail Bakunin al plantear su famosa noción de la libertad social en tanto relación de tenso equilibrio entre la libertad individual y la libertad colectiva. También por caso el italiano Errico Malatesta al ponderar el elemento de la voluntad en relación dialéctica con las estructuras histórico-sociales, elemento muchas veces ninguneado por algunas corrientes de pensamiento que suelen postular la determinación absoluta de las “condiciones objetivas”. Las apreciaciones de Proudhon fueron, podría decirse, las primeas aproximaciones y de ahí la importancia en lo ateniente a su concepción de la dialéctica serial, que luego otros autores, como seguiremos viendo fueron profundizando y/o reelaborando en tanto forma de comprender los procesos y fenómenos de la realidad social.

Para sintetizar, podemos dilucidar que un análisis desde la óptica de la dialéctica serial implica ver que la realidad sería una dinámica compleja y multifacética constituida de elementos irreductibles, a la vez antagonistas y solidarios, formado por una serie o cadena de antinomias que buscan un tenso equilibrio entre contrarios sin hacer desaparecer la contradicción ni el movimiento.

Algunas huellas…

Diversos intelectuales en distintas ramas del pensamiento después de Proudhon y hasta nuestros días se han hecho eco, como dijimos, explícita o implícitamente de la opción dialéctica por él formulada, tanto sea para sus investigaciones como para sus posicionamientos teórico-políticos.

Uno de ellos, sin dudas ha sido el sociólogo ruso Georges Gurvitch, tal vez su mayor deudor teórico, quien supo decir que “Proudhon anticipó los desarrollos modernos de la dialéctica y la diversidad de medios que con ella se emplean para seguir las sinuosidades de la misma”11. Para Gurvitch toda dialéctica implica una interrelación entre método, movimiento real y experiencia, por lo que muchos catalogan su visión como una “dialéctica de la complementariedad” que caracteriza la vida social y la observación social. Dice: “Toda dialéctica, trátese del movimiento real o del método, considera a la vez los conjuntos y sus elementos constitutivos, las totalidades y las partes”12. Por otro lado planteó que un acercamiento dialéctico a los fenómenos sociales impide el establecimiento de absolutos dogmáticos y destaca la fluidez y las características cambiantes de la realidad social. Por esto descree de los análisis puramente racionalistas o lógicos;

Ciertamente (para Gurvitch) la razón y la lógica desempeñan un papel significativo en la construcción teórica y la categorización de ciertos aspectos de la realidad social; pero un acercamiento racionalista a los fenómenos sociales tiende a generar modelos estáticos, objetivos, como a también a cristalizar o simplificar la realidad vivida de la existencia social. Una dialéctica social debería enfocar las sinuosidades, flexibilidades y tensiones perpetuamente renovadas de la vida social, en sus dimensiones vertical y horizontal. (…) La multiplicidad de los fenómenos sociales, así como la manifestación multidimensional se describe en términos de esta interrelación (entre la realidad parcial y global) fundamental. Esta interrelación se expresa en situaciones sociales reales por virtud de “polarización”, “contradicción”, “ambigüedad”, “complementariedad” y una “reciprocidad de perspectivas”13.

Agreguemos en tenso equilibrio dinámico o al decir de Gurvitch “permanentemente cambiante”. Si sumamos, como planteo, lo que este sociólogo esgrimió con respecto a las formas institucionales de lo social, en cuanto a que según el grado de equilibrio que se dé entre la unidad y la multiplicidad, definirá si se trata de una formación de tipo confederal, federal, o la forma Estado unitario con todas sus vicisitudes, se verá que la influencia proudhoniana está más que clara.

Desde otro ángulo, pero emparentado con algunas de las apreciaciones anteriores, Cornelius Castoriadis sostenía en su libro “La institución imaginaria de la sociedad” que:

Cuando en el racionalismo de Marx se da una expresión filosófica explícita, se presenta como dialéctica; y no de una dialéctica en general, sino como la dialéctica hegeliana a la que se habría quitado “la forma idealista mistificada” (…) (pero) nada de esto; si Marx conservó la dialéctica hegeliana, conservó también su verdadero contenido filosófico que es el racionalismo. Lo que en el modificó no es más que el traje que pasó de ser “espiritualista” en Hegel a “materialista” en él. Pero, en este sentido, esto no son más que palabras. Una dialéctica cerrada, como la dialéctica hegeliana, es necesariamente racionalista. Presupone y “demuestra” a la vez que la totalidad de la experiencia es exhaustivamente reductible a determinaciones racionales. (…) Sin este cierre, el conjunto del sistema se queda suspendido en el aire. (…) Toda dialéctica sistemática debe desembocar en un “fin de la historia”, ya sea bajo la forma del saber absoluto de Hegel o del “hombre total” de Marx. (…) (Otra dialéctica) debe apartar la ilusión racionalista, aceptar la idea de que hay infinito e indefinido, admitir, sin por ello renunciar al trabajo, que toda determinación racional deja un residuo no determinado y no racional, que el residuo es tan esencial como fue lo analizado, que necesidad y contingencia están continuamente imbricadas una dentro de la otra (…)14.

A su vez, define que:

Lo histórico-social no es producto de la agregación indefinida de redes intersubjetivas (aunque también sea eso) ni desde luego, su mero “producto”. Lo histórico-social es lo colectivo anónimo, lo humano impersonal que colma toda formación dada, pero que también la engloba, que circunda cada sociedad entre todas las otras y las inscribe a todas en una continuidad. (…) Lo histórico social es la unión de la sociedad instituyente y de la sociedad instituida y también la tensión entre ellas; así como es unión y tensión de la historia ya hecha y de la que se está haciendo15.

Esta visión implica ver que los procesos sociales e históricos están atravesados por una dinámica relacional que conjuga dimensiones instituyentes e instituidas; lo instituyente como ese momento, esa capacidad continua de la creación, lo instituido como el producto de esa creación en términos de materialización que a su vez tiende a la cristalización alienante. Por esto, la relación entre ambas dimensiones se establece como conflicto, en permanente tensión. En tanto es característico e inherente a lo social según Castoriadis, no es posible escapar a ello, y no hay síntesis absoluta posible. Resuenan aquí aunque implícitamente, los ecos proudhonianos de por ejemplo la contradicción entre autoridad y libertad y su planteo político del principio federativo como forma de articular las dos dimensiones en un equilibrio tenso y dinámico.

Por su parte en una investigación reciente, el sociólogo francés Philippe Corcuff se plantea como objetivo promover un nuevo estilo te teoría general, para lo cual se desmarca de los “sistemas” teóricos cerrados con pretensiones totalizantes para orientarse preferentemente hacia una dinámica exploratoria que detecta conexiones entre diferentes espacios de interrogación. Esta desmarcación la propone a su vez, en beneficio de un enfoque renovado de lo global, en vista de un conocimiento globalizante que no pretenda agotar lo real considerado en su diversidad, pero que tampoco se sostenga en el “desmembramiento” posmoderno. Para lo cual:

Nos proponemos intervenir en el campo de las relaciones entre dos disciplinas; la sociología y la filosofía, tratando de clarificar epistemológicamente algunos aspectos del dialogo que pueden darse entre las mismas. Estas dos disciplinas son consideradas aquí como “juegos de conocimiento” autónomos aunque relacionadas entre sí (…)16.

Concretamente, lo que pretende Corcuff, es un ensayo de clarificación epistemológica en acto y dotado de un alcance ampliado a propósito de ciertas herramientas o instrumentos conceptuales y de sus usos. Y una de esas herramientas sobre la que hace foco es en la antinomia proudhoniana. Dice:

Las nociones de antinomias y de equilibración de contrarios pueden resultar útiles para el “juego de conocimiento” sociológico en la medida en que constituyen un instrumento transversal a las dimensiones ontológica, epistemológica y teórica”17.

En tanto dimensión ontológica, el sociólogo francés sostiene que la antinomia se presenta como una “ley de la naturaleza” y, por lo mismo, como “causa primera de todo movimiento”, principio de “vida y evolución”, conjuntamente con la equilibración de contrarios;

Lo que es y podría ser”, se caracterizarían entonces en primer lugar por el movimiento y equilibración de antinomias. (…) Esta dimensión ontológica debe ser considerada a la manera de un “como sí” hipotético, punto de apoyo de una serie de instrumentos teóricos y metodológicos18.

En tanto dimensión epistemológica, las nociones proudhonianas orientan la reflexión hacia la puesta en tensión de diferentes polos antes que su “resolución” en beneficio de un solo polo o de una síntesis englobante de las mismas;

Esto sirve para por ejemplo, en lugar de zanjar unilateralmente en favor del distanciamiento científico o del compromiso en la vida social, partir simultáneamente de las intersecciones y de las tensiones dinámicas (tomando en cuenta su equilibración variable) entre ambos registros19.

Y por último, en tanto dimensión teórica, según Corcuff, las nociones aludidas pueden nutrir igualmente las conceptualizaciones de las investigaciones sociológicas, orientando miradas hacia las tensiones que son propias de las relaciones sociales. Y como ejemplo de esto, se puede ver en el marco de investigaciones recientes, la elaboración de la noción de contradicción entre capital e individualidad. En esto, dice el francés:

Se trata de pensar el capitalismo justamente como forma contradictoria destacando la tensión entre coacciones estructurales que pesan sobre las individualidades y colectivos, y las posibilidades de emancipación que dejan abiertas. Y estas posibilidades son englobadas a su vez, por una antinomia entre frustraciones relativas (del lado negativo) o imaginarios utópicos (del lado positivo). También en este caso, la realidad observable es interrogada bajo el ángulo de las antinomias que las trabajan20

Redondeando, Corcuff plantea que las pistas por él expuestas tienen un carácter exploratorio y tentativo, y que están abiertas a debate, pero reitera que los instrumentos transversales señalados (En este caso la antinomia y la tensión y equilibración de contrarios de cuño proudhoniano) constituyen una de las maneras de alimentar una concepción reproblematizada de lo global que evite los escollos de la nostalgia de totalidad por un lado, y de la fragmentación posmoderna por el otro. Escollos, dice, que todavía dominan con frecuencia el debate epistemológico en las ciencias sociales.

Pues bien, hasta aquí llegaremos con este pequeño raconto de ciertos autores que, en distintos campos de las ciencias sociales, referencian la formulación dialéctica proudhoniana o lógica de la “tensión permanente” para el abordaje de los fenómenos histórico-sociales. A continuación, trataremos de enfocarnos a través de esta perspectiva en determinados aspectos de nuestra época contemporánea a los efectos de dilucidar posibilidades de aplicación analítica y claves para una intervención transformadora de carácter emancipatorio-libertaria.

Complejidad épocal y praxis emancipatoria

No es una novedad que desde hace varias décadas asistimos a nivel global (con sus matices, regionales y locales) a ciertos cambios de paradigmas en distintos ámbitos y dimensiones de la vida de las sociedades. Cambios de orden político y económico pero también de tipo cultural, ideológico, en lo relacionado a los imaginarios sociales, a las relaciones de poder, etc., tanto en lo macro, como en lo micro social. A tal punto son esos cambios, que desde muchos sectores lo avizoran como una transformación épocal. Si bien no es intención de este trabajo dilucidar todos los pormenores multifacéticos de estos cambios, sí, al menos, intentaremos esbozar algunas caracterizaciones y sobre ellas ver qué puntas de análisis nos sugieren.

Las polémicas en torno a la relación entre las pretensiones y efectos generados por la modernidad como época histórica han dado lugar a una serie de críticas y a la redefinición de cosmovisiones y prácticas sociales que postulan la crisis de dicho período histórico y a la emergencia de lo que se conoce como posmodernidad, que sería la época que hoy transitamos. Amén de las conceptualizaciones semánticas, podemos visualizar que efectivamente vivimos una época distinta, entendiendo a la misma no solo como proceso histórico integral de carácter estructural (factor objetivo), sino también como condición cultural (factor subjetivo) que a su vez se sustenta en elementos legitimadores o ideológicos. Entender esto nos permite situarnos en nuestro contexto y focalizar el análisis y eventualmente las críticas y reorientaciones sobre los “productos” de dicho contexto.

Otra cuestión a tener en cuenta es que un cambio épocal de las características que estudiamos, no se produce mecánicamente ni por simple evolución. Se establecen conflictos, tensiones y contradicciones entre paradigmas que no se resuelven simplemente con la mera superación (inclusive si uno de los paradigmas logra imponerse circunstancialmente) de uno por sobre el otro. Las tensiones persisten y esto es así por la condición antagónico-solidaria de todo fenómeno social. En esto, es importante ver también que los dos paradigmas en este caso, a su vez, contienen tanto elementos progresivos como elementos dignos de furibundas críticas en términos de una praxis emancipatoria. Lo problemático es que, (hablamos en este caso puntalmente de los legitimadores posmodernos) presentan las diferencias y/o rupturas formuladas o realmente acontecidas como superadoras de un antagonismo irreductible. Por poner algunos ejemplos; nociones como razón, progreso, valor universal, necesidad histórica, sujeto centrado, propias de la modernidad y presentadas como vectores de emancipación y bienestar, han caído en desgracia y son fuertemente cuestionadas y rechazadas, no sólo por haberse constituidas en “promesas incumplidas”, sino por los efectos negativos y totalitarios que desarrollaron; como ser la mera instrumentalidad, absolutización y teologización de la razón; la devastación de bienes comunes y culturas asociada la idea de progreso; la totalización del universalismo en tanto validez práctico-discursiva para todos los seres humanos y en todo tiempo y lugar; la historia convertida en historicismo, en tanto “necesariedad” determinista, y el sujeto alienado y envuelto en la “objetividad”…

Si bien estas críticas podemos apreciarlas como válidas, al igual que a algunos de sus aportes como la aceptación de la pluralidad de discursos e identidades; la emergencia de múltiples reivindicaciones y luchas desde una óptica de dominación multidimensional; el rescate de lo subjetivo; la puesta en crisis de ciertas formas de representación y la puesta en valor de las significaciones imaginarias, entre otras cuestiones, lo cierto es que el posmodernismo como generalización, no ha logrado constituir mejores alternativas al pasado al cual defenestran con tanto ahínco. Tal es así, que incluso algunos intelectuales ya plantean su crisis y el pasaje a un estadio de transición:

La modernidad había sido hipócrita, prometía imposibles. Justicia universal, conocimiento absoluto, arte como forma de vida total. La posmodernidad fue cínica, no disimuló oportunismos, pastiches o ambigüedad moral. Pero ¿ambas subsisten? ¿O deambulamos sobre cadáveres que paradójicamente, emiten señales de vida?21.

Fenómenos entre otros, como la fragmentación del sujeto, de la realidad y de las luchas; el pragmatismo y el relativismo cultural; el culto a lo superfluo y al inmediatismo; la negación de las proyecciones a largo plazo y de las perspectivas revolucionarias; el desencanto; la extrema dependencia de la “aceleración” tecnológica; la valoración de las diferencias sin tener en cuenta las desigualdades y fundamentalmente, la continuidad con “otros rostros” de la dominación del capitalismo, el patriarcado y el estado, dan muestra de todo lo antedicho.

Ahora bien, insistimos en que resulta complicado y reduccionista caracterizar el complejo panorama contemporáneo descripto, en tanto polos antinómicos desmembrados y estancos, dentro de los cuales debemos optar por uno u otro elemento de la contradicción. A nuestro modo de ver, existe una relación dialéctica dinámica que no permite superación absoluta y que en todo caso podemos configurar como una tensión instituyente-instituida. Por lo tanto en función de una praxis emancipatoria, es importante que las corrientes que la sustentan (en general nacidas al cobijo de los valores de la Ilustración) no queden enquistadas en perspectivas que respondieron a otras condiciones históricas ya agotadas, pero tampoco que hagan tabula rasa con todo sus lineamientos crítico-radicales todavía válidos.

Para finalizar, vemos asimismo, que si establecemos una mirada tensional-dinámica sobre los procesos en boga, en igual fundamento deben recostarse las opciones propositivas. En eso, recobrar la racionalidad objetiva con subjetividad, relacionar estructuras y acción colectiva, valorar la prefiguración y la proyección revolucionaria, fortalecer convicciones junto con experimentación, entre otras configuraciones complejas, pueden ser un buen aporte para una intervención prolífica en el contexto actual. Siguiendo este camino, sostenemos y creemos haber demostrado, que el legado de la dialéctica serial proudhoniana no ha pasado de largo en la historia, sino todo lo contrario…tiene total vigencia.

Bibliografía

Ángel Cappelletti, La ideología anarquista, Buenos Aires, Libros de la Araucaria, 2006.

Capi Vidal, La original visión dialéctica de Proudhon, Reflexiones desde Anarres, http://reflexionesdesdeanarres.blogspot.com.ar/2014/05/la-original-vision-dialectica-de.html, 2014

Cornelius Castoriadis, La institución imaginaria de la sociedad, vol. 1, Barcelona, Ed du Sevil, 1975.

Daniel Colson, Proudhon y la actualidad del anarquismo, en Edición de La Congregación [Anarquismo en PDF], http://www.espaciomurena.com/3224/, 2012.

Esther Díaz, Nuestra época es póstuma, publicado en revista Ñ, julio 2012.

George J. Stack, La dialéctica social en Gurvitch y Sartre, en Revista Diánoia, Vol19, Nº19, 1973.

Georges Gurvitch, Dialéctica y sociología, Madrid, Alianza, 1969.

Georges Gurvitch, Proudhon, su vida, su obra y su filosofía, Madrid, Guadarrama, 1974.

Pierre J. Proudhon, De la création de l’ordre dans l’humanité, Paris, A. Lacroix et Cie, 1873.

Pierre J. Proudhon, De la justicia en la revolución y en la iglesia, París, Fayard, 1988.

Pierre J. Proudhon, Teoría de la propiedad, Buenos Aires, La pléyade, 1963.

Philippe Corcuff, Antinomias y analogías como instrumentos transversales en sociología: A partir de Proudhon y Passeron, en revistas UNAM, vol. 10, Nº20, http://revistas.unam.mx/index.php/crs/article/view/54675, 2016.

1 Ángel Cappelletti. La ideología anarquista, Buenos Aires, Libros de la Araucaria, 2006.

2 P. J. Proudhon, De la création de l’ordre dans l’humanité, Paris, A. Lacroix et Cie, 1873.

3 Daniel Colson, Proudhon y la actualidad del anarquismo, en Edición de La Congregación [Anarquismo en PDF], http://www.espaciomurena.com/3224/, 2012.

4 P. J. Proudhon, Op. Cit.

5 Capi Vidal, La original visión dialéctica de Proudhon, Reflexiones desde Anarres, http://reflexionesdesdeanarres.blogspot.com.ar/2014/05/la-original-vision-dialectica-de.html, 2014.

6 P. J. Proudhon, De la justicia en la revolución y en la iglesia, París, Fayard, 1988.

7 P. J. Proudhon, Teoría de la propiedad, Buenos Aires, La pléyade, 1963.

8 Capi Vidal, Op. Cit.

9 Capi Vidal, Op. Cit.

10 Capi Vidal, Op. Cit.

11 Georges Gurvitch, Proudhon, su vida, su obra y su filosofía, Madrid, Guadarrama, 1974.

12 Georges Gurvitch, Dialéctica y sociología, Madrid, alianza, 1969.

13 George J. Stack, La dialéctica social en Gurvitch y Sartre, en Revista Diánoia, Vol19, Nº19, 1973.

14 Cornelius Castoriadis, La institución imaginaria de la sociedad, vol. 1, Barcelona, Ed du Sevil, 1975.

15 Cornelius Castoriadis, Op. Cit.

16 Philippe Corcuff, Antinomias y analogías como instrumentos transversales en sociología: A partir de Proudhon y Passeron, en revistas UNAM, vol. 10, Nº20, http://revistas.unam.mx/index.php/crs/article/view/54675, 2016.

17 Philippe Corcuff, Op. Cit.

18 Philippe Corcuff, Op. Cit.

19 Philippe Corcuff, Op. Cit.

20 Philippe Corcuff, Op. Cit.

21 Esther Díaz, Nuestra época es póstuma, publicado en revista Ñ, julio 2012.

Eliminando la manzana podrida no salvamos todo el cesto

…O por qué la cárcel de algunos no es la libertad de todas nosotras

La violencia que vivimos cada día puede ser directa, pero lo es también simbólica y estructural. La violencia institucional y su cometido se hace evidente con casos recientes como el mediático caso de La Manada. A pesar de denunciar el sesgo androcéntrico, e incluso misógino, de muchas de las sentencias judiciales, el feminismo no pide más años de prisión como solución a nuestros problemas, como se deja entrever en la mayoría de los medios de comunicación, sino que intenta poner de manifiesto lo escandaloso que supone no considerar esos hechos una violación.

No queremos reproducir las dinámicas de las estructuras jerárquicas de dominación con las que nos someten, generadoras de tantas desigualdades, y por lo tanto no creemos que la vía judicial y penal sea la única alternativa para las mujeres. Es más, en el caso de las mujeres migradas, o con otro tipo de dificultades o situaciones, el acceso a la justicia puede suponer un problema en su situación administrativa.

La construcción de los problemas sociales en clave delictiva evita que se señale al Estado como responsable de las consecuencias de sus políticas y facilita su uso electoralista por la lucha contra la inseguridad. El populismo punitivo es una fórmula política y penal conservadora surgida del neoliberalismo y su aplauso proviene en gran parte de la distorsionada percepción social del funcionamiento del sistema carcelario y de su imaginaria relación con la seguridad en la calle, explotando las inseguridades de la colectividad. Un ejemplo de ello es la utilización, últimamente habitual, de asesinatos de menores a través de un discurso populista para la defensa de la prisión permanente revisable. En la estrategia de marketing hoy entran las violaciones a mujeres. Nos preocupa que se haga tanto hincapié en soluciones de castigo en vez de en propuestas educativas, así como la obsesión punitivista del feminismo institucional.

“Adoptar el encarcelamiento como estrategia es abstenernos de pensar en otras formas de responsabilización”, dice Angela Davis. La violencia machista, los problemas sociales, son problemas colectivos y como tal se han de abarcar. Eliminando la punta visible del iceberg en vez intervenir englobando toda la estructura que es el Patriarcado obviamos que existe todo un sistema social que mantiene y genera, e incluso se nutre, de esas violencias y da pie a dar por eliminado el problema. El heteropatriarcado funciona porque parece el estado natural de las cosas y señalando a ciertos individuos como “seres extraños” o “no-personas” nos exculpamos como sociedad ante cualquier responsabilidad colectiva y nubla la necesidad de revisión de cada persona socializada como hombre.

Son soluciones fáciles y rápidas ante fenómenos complejos, que despolitizan los hechos y eliminan del discurso el concepto de “opresión estructural”, aportando más bien nada a la transformación social en pro del control social. Mª Luisa Maqueda critica este discurso paternalista exponiendo que “La “colonización legal” nos priva del control de nuestras necesidades y de la autonomía de nuestras decisiones“.

Creemos en un feminismo para dejar de socializar como víctimas y poner en práctica el apoyo mutuo entre iguales y la autodefensa. Echamos en falta una estructura autoorganizativa que dé respuesta a la violencia recibida, pero a la vez y sin quererlo nosotras mismas generamos otro atropello: invertimos gran parte de nuestro tiempo en no morir. Lo que nosotras queremos es vivir.

Valladolid, junio de 2018

Grupo Anarquista Cencellada

cencellada.noblogs.org

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