Por una sociedad sin racismo

El 12 de noviembre salimos a la calle a mostrarnos como somos, con nuestros acentos, nuestro color de piel y nuestras identidades, vamos a enfrentarnos y a hacernos fuertes contra el racismo institucional y callejero. También vamos a pelear por nuestra dignidad, a honrar a todos los asesinados en nombre del supremacismo blanco (el 13 de noviembre de 1992 fue asesinada Lucrecia Pérez) y a unir la riqueza que aportamos a una sociedad que debe ser plural y abierta.

Bien muchas personas podrían pensar que el racismo en España ya no existe solo porque ya no somos usados como moneda de cambio, ni nos asesinan sin impunidad. En anteriores líneas he hablado de que el racismo es una cuestión de privilegios. Todo lo que hacemos es puesto en tela de juicio: se duda de nuestra forma de amar, de aprender, de escribir, de hablar, de leer… ¡hasta nuestros nombres son insultados cuando no pueden ser pronunciados correctamente!

Tomamos las calles para hacer visible no solo el racismo más evidente, sino también el más escondido y habitual. Porque nos siguen encerrando sin un juicio previo y, además, por tan solo cometer una falta administrativa, la cárcel invisible sigue estando muy presente para las personas migrantes, en todo el Estado español hay un total de 10 Centros de Internamiento para Extranjeros, siendo los motivos de encierro muy variados y arbitrarios. Porque seguimos muriéndonos sin recibir atención sanitaria básica, en 2016 el Gobierno central excluyó de este derecho a unas 800.000 personas, incluso la ONU se mostró «preocupada» por esta situación.

El racismo sigue latente y muy vivo, recordemos a las 15 personas muertas en el Tarajal, acción en la que la Guardia Civil tuvo una alta responsabilidad y participación, estos agentes no solo fueron exculpados de estos asesinatos, sino que la juez que instruyó el caso determinó que la muerte de estas personas había sido responsabilidad de ellas mismas, el auto dice lo siguiente: «Los inmigrantes asumieron el riesgo de entrar ilegalmente en territorio español por el mar a nado, en avalancha y haciendo caso omiso a las actuaciones disuasorias tanto de las fuerzas marroquíes y de la Guardia Civil»1. Las políticas tomadas por la Unión Europea en los últimos años van dirigidas a que el Mediterráneo se convierta en un enorme cementerio, el diario alemán Der Tagesspiegel acaba de publicar los nombres de cerca de 33.293 personas ahogadas en el Mare Nostrum desde 19932. Naturalmente, la cifra es aún mayor, muchos de los ahogados nos son anónimos. Europa es la responsable de estas muertes.

Pero resulta preocupante no solo el racismo que nos mata, sino también aquél que vivimos a diario en las calles, ese que nos cruza la piel de arriba a abajo. Ese que parece inocente pero que, en realidad, es la misma raíz de la discriminación, encasillándonos en parámetros en los que no encajamos solo porque no somos blancos, ese que habita detrás de supuestas bromas y chanzas inocentes, pero racistas, realizadas por comediantes como Ignatius Farray. Queremos dejar de ser elementos exóticos, queremos dejar de aparecer en las películas como el negro camello, el latino pandillero, el musulán terrorista o el chino mafioso. Todo debe empezar a subvertirse, desde el protagonismo social de los blancos, hasta la producción cultural y la imagen que de nosotros se construye en los discursos culturales. En otras palabras: ¡queremos dejar de ser un estigma y un prejuicio!

Pero el problema seguirá existiendo si los blancos siguen negando el racismo, ¿cómo van aceptar algo que no viven en sus carnes? Es urgente avanzar en una educación no eurocéntrica, que deje de dibujarse en las escuelas y universidades una Europa poderosa y orgullosa de su pasado colonial y, por otro lado, comience a ser responsable de las realidades sociales presentes, consecuencia directa de todas esas políticas pasadas. La migración además de ser un hecho natural y constante en la historia de la Humanidad, ahora es una cuestión nacida de la expansión territorial y económica de los europeos.

En esta línea vale la pena incidir en las políticas de integración, en nombre de una convivencia pacífica se anulan la lengua y tradiciones de origen del individuo migrante, imponiéndole las del país de destino pero, al mismo tiempo, recordándole que solo es un huésped. Se le invita a callar antes las injusticias, pues es de malagradecidos quejarse, esto se agrava si encima eres mujer. Se le recuerda que lo que venía haciendo desde niño está mal, las festividades y tradiciónes culinarias europea y blanca son las correctas, que aprenda algo de civilización. A los migrantes no les hace falta una correcta integración, sí una adecuada visibilización. No parece que ningún europeo la necesitara cuando entró a sangre y fuego en América o África.

Incluso a la izquierda más progresista le costó entender todo este lío del racismo, tanto así que se tuvieron que inventar el concepto del Otro, en contrapartida a la identidad. Pero se olvidaron mencionar que no hay un Otro, sino que hay muchas variantes a la alteridad, casi tantas como personas. Pero, naturalmente, fueron filósofos europeos como Sartre, Simone de Beauvoir o Lacan quienes lo desarrollaron, no dejaron al Otro que hablara. A disciplinas como la Antropología nacidas al calor del racismo del siglo XIX aún le cuesta desprenderse de todo el estigma de poder y dominación que la concibieron, a pesar de todo el esfuerzo hecho desde diversas escuelas de pensamiento.

Este racismo de baja intensidad es lo que ha producido todo lo arriba mencionado y, en realidad, muchas cosas más, como las políticas de ayuda al desarrollo impulsadas desde Europa, la imposición a la producción científica, la ocultación del desarrollo artístico colonial no blanco, etc. Todo ello queremos denunciar este domingo en Madrid, estando en la vanguardia de una lucha que solo es nuestra, pero donde los aliados son bienvenidos, pero siempre conscientes que «no hace falta que me maten para que hablemos de racismo. En España existe racismo sí, pero más refinado”3.

1Extraído de: http://www.eldiario.es/desalambre/Archivado-muerte-personas-frontera-Ceuta_0_441656238.html

2Extraído de: http://www.tagesspiegel.de/politik/die-liste-von-banu-cennetoglu-kuenstlerin-dokumentiert-das-sterben-von-33-293-gefluechteten/20558658.html

3Como afirmó Lucía Mbomio a El País. Extráido de: https://elpais.com/elpais/2017/11/06/planeta_futuro/1509973183_806384.html?id_externo_rsoc=FB_CM

Racismo en la cultura mainstream

El racismo es un hecho cultural y que se evidencia en grados diferentes en el cine o en las series que se emiten en diferentes plataformas de Internet. El cine y la televisión está dominada por hombres blancos, es el canon de lo correcto, de lo que se tiene que ser. Todo lo que salga de ahí, es una deformidad, una rareza. Así, la cultura mainstream1 ha reforzado un esquema de valores que se perpetúan en la sociedad, manteniendo, a través de su programación, prejuicios y privilegios que alimentan el racismo. La invisibilización de las personas no blancas y de las mujeres ha sido una constante en las series televisivas de mayor audiencia; en otras ocasiones, las personas no blancas han servido de aliciente para la broma fácil a través de estereotipos que se escudan en el humor.

Se podría afirmar que las cosas han cambiado, que el racismo en Hollywood o en el mundo del espectáculo ya no es como en años pretéritos, casi hay que agradecer que ya no se produzcan películas de añoranza de la esclavitud como Lo que el viento se llevó (1939), todo un largometraje que romantiza a los soldados confederados y presenta a unos personajes negros infantilizados, menores de edad, que tienen que ser tutelados por los blancos. Es cierto que han aparecido series tan interesantes como Master of None o Dear White People, series que critican abiertamente los privilegios de los blancos, a ellas irán dedicadas unas palabras más adelante.

La intención de estas líneas es poner el foco de atención sobre aquellas producciones audiovisuales contemporáneas o recientes donde el racismo se expresa de diferentes modos, tanto en la gran pantalla como en series de televisión bien conocidas por todos. Se parte de la premisa de que el racismo no es, necesariamente, el agravio a una persona en razón de su etnia u origen, sino que también lo es su invisibilización, la no presencia de actores no blancos (negros, latinos, asiáticos, etc.) es también racismo.

No vamos a hablar de aquellas tan evidentes como El nacimiento de una nación (1915), Un día de furia (1992), Una tribu en la cancha (1994), El precio del poder (1983)2, ¿De qué color me quieres? (1986), El Planeta de los simios (1968) o Apocalipsis Now (1979), La lista, por cierto, es aún más larga, simplemente aquí se han expuesto algunas películas donde el racismo es evidente.

Veamos, pues, algunos ejemplos de películas en las que su racismo podría pasar desapercibido, puesto que este mantenimiento de los privilegios de los blancos tiene que seguir existiendo, pero de una manera más disimulada, vamos a exponerlos según su fecha de estreno

  • La misión (1986): Este drama histórico dirigido por Roland Joffé nos cuenta la historia de unos jesuitas que quieren proteger a los indígenas de la caza furtiva de esclavos, para ello se enfrentan directamente a los intereses de las Coronas española y portuguesa. En ella vemos toda una justificación para la imposición cultural y la evanvelización de los indígenas y, por otro lado, se disfraza la labor de los jesuitas, la presencia de los blancos como salvadores y civilizadores.

  • La guerra de las Galaxias Episodio I: La amenaza fantasma (1999): En la ya penúltima trilogía, George Lucas desarrolló una serie de personajes en los que se reflejaban estereotipos raciales como el jamaicano con rastas Jar Jar Binks, que si se ve la película en su versión original, podrá escucharse el acento que le adjudican a este personaje. También tenemos al ávaro mercader judío representado en Watto.

  • La milla verde (1999): El afable papel de Michael Clarke no es más que la representación del negro dócil, incapaz de hacer nada, excepto violar a blancos. Esta misma docilidad de los negros aparece en libros como La cabaña del Tío Tom de la caucásica Harriet Beecher Stowe.

  • El último Samurai (2003): En esta película vemos una constante que aparece en otros largometrajes como Avatar (2009), Danza entre lobos (1990) o la reciente The Great Wall (2016) y que ya adelantamos en La misión: El blanco como salvador. Nathan Algren interpretado por Tom Cruise es un borracho soldado estadounidense que termina en Japón y, se desconoce cómo, pero decide que debe preservar el estilo de vida Samurai. A esto lo llamamos apropiación cultural.

  • Apocalypto (2006): Si antisemita fue su Pasión de Cristo mucho mejor no lo pudo hacer con esta película. La intención de Mel Gibson era promover la cultura maya y aupar a los jóvenes a hablar en su lengua, de ahí que se filmara en maya yucateco. Sin embargo, Gibson se deja llevar por los estereotipos y muestra una cultura violenta, sangrienta, sedienta de sangre y sacrifios humanos, cuando no existe evidencia histórica que permita hacer tales afirmaciones sobre los mayas. Lo que pudo haber sido una bonita oportunidad para hablar sobre estos maravillosos pueblos precolombinos fue desaprovechada.

  • Transformers (2007): Esta superproducción contó con la subvención del Ejército de los Estados Unidos y con su ayuda para grabar en varias bases del propio ejército. El personaje de Jazz, uno de los Autobots, es un negro cuyas frases están llenos de esterotipos y palabras mal sonantes. Este personaje tiene muy pocas líneas en el guión, disminuyendo su visibilización y reduciéndolo a frases como What’s up, little bitches?, entre otras del mismo tipo.

  • El mayordomo (2013): Cecil Gaines (Forest Whitaker) es un afroamericano que comienza a servir como mayordomo en la Casa Blanca. En ella conoce a Eisenhower y a todos sus sucesores, al tiempo que se nos expone el crecimiento del descontento de los afroamericanos por la segregación racial existente. Aquí vemos dos líneas interesantes: por un lado a unos presidentes blancos preocupados por el racismo en su país, en una de las escenas aparece un John. F. Kennedy (James Marsden) realmente afligido por el ataque del Ku Klux Klan a un autobus lleno de afroamericanos, quien acaba promulgando la Ley de Derechos Civiles de 1964, de nuevo el blanco salvador. Por otro, uno de los hijos comienza a militar en los Black Panther y a seguir a Malcolm X, a lo que su padre, el mayordomo, se opone. Así pues hay dos tendencias: la de los afroamericanos que buscan acabar con la segregación con la acción directa y, por otro, a los Martin Luther King, quienes representan la docilidad y la obediencia al blanco.

A lo arriba comentado, hemos de sumar la práctica del whitewashing que sigue siendo muy habitual en el cine contemporáneo. Consiste en actores blancos que hacen de personas no son blancas, el caso más famoso es el de Mickey Rooney en Desayuno con diamantes (1961) donde su papel es un japonés. Sin embargo, en la última década son muchas las películas que han usado el whitewashing, impidiendo así la aparición en la gran pantalla de actores y actrices no blancos. Entre los más recientes tenemos títulos como Dragonball Evolution (2009) donde Justin Chatwin interpreta a Goku. A esta podemos sumar otros como Prince of Persia: las arenas del tiempo (2010), Jake Gyllenhaal interpreta a un príncipe persa; The social Network (2010) en la que Max Minghella tiene el papel de Divya Narendra, confundador de ConnectU quien es de origen indio; en Argo (2012) Ben Affleck interpreta al jefe de operaciones de la CIA, Tony Mendez; y más recientemente Ghost in the Shell (2017) donde Scarlett Johansson o Michael Pitt interpretan papeles que en los personajes animados son japoneses, por no hablar de toda la filosofía oriental que ha sido ignorada en el film.

Todo el cine representado ha sido producido en los Estados Unidos, no porque el cine europeo este libre de ello, sino porque la intención es mostrar la cultura mainstream, y el cine europeo suele estar fuera de dicha categoría. Por otro lado, hay series muy interesantes donde el racismo se ha expresado de una manera más fina y cuidada. Veamos algunas series o programas de televisión:

  • Friends (1994 – 2004): Esta sitcom no cuenta en su elenco a ningún personaje no blanco invisibilizando una parte de la demografía de una ciudad tan multicultural como es Nueva York. Solamente vemos la aparición de Charlie en las últimas temporadas, una paleontóloga afroamericana que saldrá con Joey y Ross. La serie Cómo conocí a vuestra madre (2005 – 2014), hija directa de Friends, caerá en los mismos defectos que esta serie, añadiendo al personaje de Barney, un auténtico misógino con unos chistes machistas que perpetúan el patriarcado.

  • The Big Bang Theory (2007 – actualidad): Que una serie contenga en su elenco a un personaje no blanco como Kunal Nayyar quien interpreta al indio Rajesh Koothrappali, no la hace no ser racista. El personaje de Koothrappali sirve como blanco perfecto para las bromas racistas sobre su condición de hindú, así como por su exagerado acento, que el guion le obliga a hacer. Mientras otros personajes son víctimas de los chistes por su comportamiento asocial (el caso de Sheldon Cooper), las que se hacen sobre el personaje indio son de índole racista o de burla contra su cultura. Por ejemplo, en uno de los episodios la madre de Sheldon ha ido a visitarles y dice la siguiente línea: «He hecho pollo, creo que no es uno de esos animales que tu gente cree que es mágico». Incluso la propia MTV de la India tiene un artículo muy interesante que se explaya más sobre por qué esta serie es racista3.

  • The Walking Dead (2010 – actualidad): Esta trama postapocalíptica tiene todos los estereotipos que desea toda buena serie estadounidense: el hombre heterosexual blanco proveedor y líder (Rick Grimes interpretado por Andrew Lincoln) y los personajes no blancos que cuando mueren son reemplazados por otros personajes no blancos. Es en las últimas temporadas cuando parece comenzar a vislumbarse cierta paridad racial y en la exposición social de los tramas, quizá porque así lo requiera. Sin embargo, los líderes de los clanes (por asignarle un concepto antropológico) son y han sido, en todas sus temporadas, blancos. Normalmente varones.

  • Juego de Tronos (2011 – actualidad): Esta superproducción nos muestra un mundo en el que los blancos son los amos y señores, ¿cuántos no blancos poseen algún señorío? Solo son sirvientes o guerreros incapaces de tener descendencia. Que quede bien claro: ¡los blancos son los amos y señores de los Siete Reinos!

Fuera de esta lista quedan series como Modern Family, Breaking Bad, The Strain entre otras por cuestión de espacio, pero con ello lo que se pretende es evidenciar la falta de personajes no blancos en un país donde los blancos ya no son la mayoría demográfica. No obstante, ha habido un cambio de paradigma, también de mercado y eso lo han sabido ver los productores en los Estados Unidos.

Así, han nacido series como Master of None (2015 – actualidad), protagonizada, producida, dirigida y escrita por Aziz Ansari (Dev Shah en la serie) un joven de origen indio quien tiene que lidiar con el racismo cotidiano al que se enfrenta. Es especialmente revelador como en el episodio 4 de la pimera temporada, en un capítulo llamado «Indios en la tele», vemos porqué está bien que haya más de un personaje gay blanco en una serie (clara referencia a Modern Family), pero no así que haya más de un indio, la respuesta es porque entonces los espectadores creerán que es un programa para minorías étnicas. Esto demuestra que los blancos están tan acostumbrados a ser los dueños del ocio televisivo que cualquier show que no los tenga a ellos como protagonistas, entonces estará dirigido a minorías.

También vale la pena mencionar Dear White People (2017 – actualidad) serie que se ambienta en la exclusiva Universidad de Winchester, es toda una denuncia a los privilegios de los blancos, serie dirigida, por cierto, por el afroamericano Justin Simien. A su estreno hubo un gran revuelo en las redes, se la calificó de racista contra los blancos, lo cual es realmente imposible, los blancos jamás podrán sufrir racismo, porque el racismo es una cuestión de privilegios y los blancos los tienen todos.

Sin embargo y a pesar del entusiasmo que puedan suscitar estas dos series, junto con otras como Orange is the New Black, Being Mary Jane, Insecure o la interesante The RuPaul Show, no podemos olvidar que bien pueden permitir un empoderamiento de las personas no blancas, solamente están aprovechando la influencia de movimientos sociales como el feminismo o el antirracismo para obtener buenos beneficios económicos.

El racismo está muy presente en nuestra cotidianeidad y es importante detectarlo, por muy escondido que se encuentre. Ya está bien que los no blancos nos veamos representados en personajes latinos como narcotráfiantes, camellos o bandas armadas. Tampoco queremos ser presentados como el Jim Crow u otro estereotipo que refuerce a los blancos. No parece que vayamos por mal camino, ya nuestra presencia incomoda como se evidenció en los Óscar del 2016, donde varios actores y directores acusaron de racismo a estos premios, ya que no hubo ningún no blanco nominado a los galardondes de mayor relevancia. No faltaron reacciones de blancos que ven sus privilegios amenazados, tal y como expresó la británica Charlotte Rampling, afirmando que boicotear los Óscar es racismo contra los blancos4… Cuando hayan sufrido la mitad de genocidios, discriminaciones y rechazo los blancos por su color de piel, entonces comprenderán que esas palabras esconden un profundo reforzamiento de los privilegios de los blancos. Cuando no de odio étnico.

Cerremos estas líneas con unas estadísticas recogidas en un estudio del que se hace eco la revista Cinemanía5 y veamos si, después de todo, sigue habiendo o no racismo en Hollywood. El 44% del público que va al cine en los Estados Unidos es no blanco, mientras que los filmes protagonizados por blancos son el 76% de lo que se estrena. De 500 películas estrenadas entre 2007 y 2012, solo 33 de ellas eran dirigidas por negros y dos mujeres. Sí, lo que vemos en nuestros cines y en las pantallas de nuestros ordenadores sigue siendo racista y machista.

1Es una dominación actual para el fenómeno de cultura de masas, con especial relevancia gracias a los medios de comunicación de los siglos XX y XXI

2Además de ser una película profundamente anticomunista

4https://elpais.com/cultura/2016/01/22/actualidad/1453466448_655181.html

5http://cinemania.elmundo.es/noticias/el-cine-de-hollywood-sigue-siendo-racista/

El machismo en la música: consideraciones más allá del reguetón

La música es una expresión cultural, un reflejo social de los valores que una sociedad promueve y conserva. Con la globalización y un posmodernismo mal entendido y peor aplicado, hemos perdido muchas identidades, se nos han sido impuestas otras, mas la música sigue siendo un elemento determinante para la creación de nuevas identidades sociales y culturales. La música, a su vez, tiene la capacidad de cargarse de rebeldía contra el status quo, porque al igual que los rapsodas y juglares del pasado, el mensaje explícito e implícito de cada obra suele calar hondo en las personas, pues refleja las preocupaciones de una sociedad y, a su vez, es creadora de roles. Por ello, tampoco es casualidad que los artistas – también intelectuales – suelan ser las primeras víctimas en caer durante procesos represivos, como el caso Víctor Jara durante los primeros días de la dictadura de Pinochet.

Teniendo presente este contexto, desde las sociedades occidentales existe música estigmatizada y llena de prejuicios porque, teóricamente, no se adapta a los cánones sociales que una sociedad pretende defender. De ahí que, por ejemplo, se señale a los ritmos latinos en general, pero al reguetón en particular, como música machista por excelencia. Se le acusa de ser cosificadora y opresora hacia la mujer. Aplicar tal calificativo a este estilo musical es, y en palabras de Irantzu Varela en uno de sus vídeos del Tornillo: «un poquito racista, etnocéntrico, un pelín colonialista» y como afirma unos segundos después: «históricamente toda la música, como toda la cultura popular, ha sido bastante machista y un poquito, por no decir mucho, legitimadora de la violencia contra las mujeres»1

Por ello, y con el objetivo de romper con estos prejuicios racistas, veamos algunos ejemplos de música blanca no estimagtizada que hemos cantado y bailado pero a la que nadie le ha pedido responsabilidades por machista. Nadie ha acusado a Sting por acosador, como si se ha hecho contra, por ejemplo, Daddy Yankee, aunque ambos hayan alimentado de igual modo el machismo. Probablemente al ser blancos su música esté fuera de sospecha.

Así el machismo se viene reproduciendo desde hace décadas, tanto en la radiofórmula2 como en la música indie3 o en la escena underground4. Partimos con la premisa ya mencionada antes: toda expresión cultura nacida en una sociedad patriarcal va a ser, por ende, patriarcal. Vamos pues a analizar algunas pocas canciones.

Probablemente porque no nos hayamos parado a pensar en la letra o por desconocimiento del idioma, a The Police nunca se les tachó de machista, quizá por haber pertenecido a la nobleza del New Wave, pero contamos con canciones que son el reflejo de un acosador que somete a vigilancia a perpetúa a su compañera. La canción en concreto es Every breath you take de su álbum Synchronicity (1983)

Every breath you take                 Cada aliento que tomes

and every move you make         y cada movimiento que hagas

every bond you break                 cada atadura que rompas

every step you make                    cada paso que des

I’ll be watching you                      te estaré vigilando.

Lo que es aún peor: ¡ganó un premio Grammy a canción del año!

Otro clásico es Guns N’ Roses, probablemente uno de las bandas de hard rock que mejor expresa la masculinidad y masculinización del género, solamente hay que ir a sus videoclips para entender cuál es la actitud que tienen hacia las mujeres5. Por un lado, tenemos aquella pegadiza canción Paradise City, en donde su ideal de ciudad se basa en un césped verde y chicas guapas (where the grass is green / and the girls are pretty), como si los hombres tuviéramos que calificar a las mujeres por su normatividad fisica.

Pero esta mítica banda estadounidense, llena de blancos, nunca ha sido perseguida por letras tan machistas como la de su canción You could be mine, el título ya nos da un adelanto de qué nos cantará aquí el caucásico Axel Rose. Un fragmento de la canción:

When I come home late at night                Cuando llegue tarde a casa

Don’t ask me where I’ve been                     no pregunte donde he estado

Just count your stars I’m home again      solo cuenta tus estrellas y ya estoy en casa

‘Cause you could be mine                              Porque podrías ser mía

But you’re way out of line                             pero estás fuera de lugar

With your bitch slap rappin’                        con tus golpes de puta

And your cocaine tongue                              y tu lengua de cocaína

You get nuthin’ done                                       Nunca terminas nada

I said you could be mine                                dije que podrías ser mía

La canción continúa y, ciertamente, no mejora en sus líneas posteriores. también de esta misma banda: Used to love her con estrofas esclarecedoras como las siguientes:

I used to love her                            Solía amarla

but I had to kill her                        Pero tuve que matarla

I had to put her                               tuve que meterla

Six feet under                                  A dos metros bajo tierra

En una entrevista posterior, la banda señaló que se trataba de una canción que tenía un tono jocoso, pero cuando a diario son asesinadas mujeres a manos de hombres, ¿dónde está realmente la ironía, la chanza y el humor detrás de unas estrofas que repiten durante varios minutos que ha de matarla y meterla bajo tierra?

Continuando con canciones que hacen apología clara y directa de violencia contra la mujer, tenemos a los celebérrimos The Beatles, su tema Run for your life, escrita por McCartney y John Lennon. Lennon expresó, tiempo después, que fue su canción menos favorita. Una parte del estribillo dice lo siguiente:

Well I’d rather                                 Preferiría verte muerte

See you dead, little girl                  chiquilla, antes que

Than to be with another man      con otro hombre

Dando un salto temporal a la música contemporánea, no está de más señalar a los alemanes Rammstein que actuaron hace pocos días en España y quienes a través de sus canciones y su estética perpetúan la imagen de macho dominante curtido a base de trabajos físicos y un cuerpo musculado. Solo nombremos dos canciones: Te quiero puta de su álbum Rosenrot (2005), canción enteramente en español y que es toda una cosificación de la mujer. Por si esta se quedaba corta, tenemos también su canción Pussy, de su álbum Liebe ist für alle (2009) que en directo, de hecho, es interpretada mientras un cañón, en forma de pene, expulsa espuma al público. Falocentrismo y cultura de la violación:

Just a little bit                          Solo un poco

be my little bitch                     Sé mi pequeña puta

you’ve got a pussy                 Tú tienes un coño

I have a dick ah                      Yo tengo una polla

so what’s the problem?        Así que ¿cuál es el problema?

Lets do it quick!                     ¡Hagámoslo rápido!

Y sobre violencia y misoginia contra la mujer conocemos muy bien unas cuantas canciones en nuestra lengua, el rock y el pop español está plagado con artistas que van desde Alejandro Sanz con una canción reciente No soy una de esas, donde el cantante madrileño dice lo siguiente: no deberías haberme tentado / te gusta jugar. O a Natalia Jiménez y su canción Por ser tu mujer, que promueve un estigma de la mujer profundamente conservador y sumisa, no sin antes pasar por encima de Sabina y toda la misoginia que destilan canciones como Contigo, o Leiva y su Sincericidio: Te quiero cuando me destrozas / te quiero reventar la boca. Canción que vio la luz en el año 2016…

Sin embargo, es de destacar que personajes como Loquillo que igual son capaces de sacar un álbum en 2005 titulado «Mujeres en pie de guerra» a canciones como La mataré en la que podemos escuchar lo siguiente: Solo quiero que una vez / algo le haga conmover/ que no la encuentre jamás o sé que la mataré. Canción, por cierto, de 1987.

Los Ronaldos, en el mismo año, estrenaba la siguiente estrofa: Tendría que besarte / desnudarte, pegarte / luego violarte/ hasta que digas sí / hasta que digas sí. La canción se titula Sí, sí. De nuevo cultura de la violación producida, por cierto, en España, por blancos caucásicos. Estopa , que tampoco podía quedarse atrás, con su La raja de tu falda en la que vemos a un músico que tiene un accidente en su coche y después se le rompen las cuerdas de su guitarra por culpa de la vestimenta de una mujer.

Lo de antes es una pequeña, muy pequeña, muestra de lo que existe realmente en el panorama musical, el problema es mayor, de dimensiones inabarcables para un artículo de estas características. Resulta también preocupante esta reproducción de roles en grupos escuchados por todas nosotras y que identificamos como aliados en los movimientos sociales. Es el caso por ejemplo de los raperos vallecanos H. Kanino, o del ilerdense Pablo Hasel, que una de sus canciones afirma abiertamente que no soy machista por llamarte puta. Tenemos el paradójico caso de Los Chikos del Maíz, cuyas letras han ido cambiando para adaptarse a un discurso feminista que, al parecer, no terminan de comprender. En su canción A D10s le pido, podemos escuchar versos como los siguientes:

me tiro a hippies que están forradas y tienen papis de derechas

¿Te has hecho mechas? ¿rayos uva? te metes ciclos, levantas pesas?

Yo levanto faldas y aparto compresas

(…)

Niñata, chúpamela y vete que esto del rap no te pega

y podrás presumir en clase: !eh, se la he chupado al Nega!

O la canción en solitario que el propio Nega estrenó en su disco Geometría y Angustia. Toda una apología a la virilidad sexual del rapero, al uso de la mujer como moneda de cambio, como botín de guerra, elemento de conquista contra el enemigo que es la derecha: follarse a pijas es follarse a la derecha, escuchamos en su Mi novia es de derechas. Además, con este tipo de afirmaciones se mantiene en el imaginario la concepción de que el coito y el acto sexual no es otra cosa que la sumisión absoluta de la mujer hacia al hombre, la penetración como elemento de castigo y no de placer bidireccional e igualitario. Si bien es cierto que en su momento los Chikos del Maíz se disculparon por estas letras, estas siguen presentes en el ideario cultural sexista.

Continuando con grupos «aliados», no se puede dejar todo el falocentrismo que el punk en general ha mostrado. Sin tener que ir directamente a canciones, nos podemos hacer una idea viendo las portadas de bandas como The Real Mckenzies, Fiddler’s Green, y todo el punk celta en los que hay una sexualización del cuerpo femenino, cuando no una exaltación de comportamientos y atributos propios de la masculinidad tradicional y la apología de la violencia o el alcohol, podemos remitirnos a bandas como Discharger, The Casualties o Non Servium.

Pero más preocupante resulta cuando hay bandas tocando en CSO. Es el caso de Penetrazion Sorpresa, banda de punk irónico que, escudándose en tal calificativo, han sacado canciones a la luz como «Zorra cadáver» o la «La puta de tu hermana», que rezan del siguiente modo:

¡Zorra Cadaver! Al instante mi polla de su boca saqué, y

de un golpe seco la aparté

(…)

Al poco tiempo, volví a enterrarla,

así nunca más podría mamarla

«La puta de tu hermana»:

Detrás de ella estaba y cuando se la fui

a meter me dijo: nooo,

He dejado de creer en la puta de tu hermana

Parece que el mensaje queda más que claro, cultura de la violación en su máxima expresión y por mucho punk que hagan, no están exentos, en absoluto, de caer en comentarios machistas. A pesar de la crítica solo nos queda, como hombres cis y músicos, hacer una cosa: pedagogía feminista. Replantearnos qué queremos promover con nuestras canciones, si queremos ser parte de la solución (feminista) o del problema. No podemos, naturalmente, querer estar en la vanguardia de una lucha que solamente les pertenece a ellas, pero, desde luego, no podemos tolerar la continuación de mensajes y actitudes que luego vamos a seguir repitiendo en nuestra cotidianeidad.

En realidad todo lo anterior no es más que un grano de arena de un problema de características amplias pero que se tiende a banalizar. Bajo la excusa de la broma, la paradoja, el chiste o la ironía se esconde toda una violencia sistemática que está dirigida contra aquellos colectivos que carecen de privilegios. Al fin y al cabo la música puede ser revolucionaria, sí, pero también puede ser profundamente reaccionaria y conservadora. Es el altavoz perfecto para el mantenimiento de los estándares tradicionales. Solo hay que echar un vistazo a los festivales que ahora en verano tenemos y preguntémonos: ¿cuántas mujeres están sobre el escenario? La cifra es irrisoria. Y desde luego no es por falta de talento y mujeres en la escena, sino por la camaradería masculina. Tampoco olvidemos que ellas cargarán con el estigma de tener que ser atractivas, infravalorando su talento interpretativo que es, desde luego, otra forma de violencia contra las mujeres. Aquí planteo un problema, pero en futuros artículos vamos a ver que también existe el reguetón y los ritmos latinos feministas. ¡Si no puedo perrear, no es mi revolución!

1Enlace al Tornillo 5×27: «Música machista»

2El térmimo radiofórmula define un tipo de radio de programación monotemático. Este puede ser deportivo, religioso, informativo, pero también, y especialmente, músical. Los 40 Principales es la radiofórmula musical por excelencia.

3Hay cierta confusión en lo que a la música indie respecta. Lo indie es entendedido como creación artística que busca estar fuera de los cánones y géneros tradicionales en los que se engloba la música. La palabra viene del inglés y viene a significar toda aquella expresión cultural (no tiene que ser músical) fuera y alejada de los círculos globales mercantiles y que promocionan su arte por sus propios medios. A veces es entendida como música de culto, al ser una expresión artística. Es el arte por el arte.

4Son también músicos independientes, pero que a diferencia del indie, no necesariamente expresan su música por el deseo de crear arte, sino por intención de manterse fuera de la cultura oficial o el mainstream.

5El heavy metal, el hard rock y el glam rock crearon una estética que marcaba una nueva masculinidad con patalones ajustados y pelo cardado, pero masculinidad al fin y al cabo que no se planteaba, en ningún caso, sus privilegios de hombre. Bandas como Bon Jovi, Whitesnake, Saxon, Iron Maiden, etc, marcaron ese camino. En este sentido tampoco se quedan atrás bandas españolas como Obús, Barón Rojo o Muro, por ejemplo.

Microracismos: una movida

El racismo es una cuestión de privilegios que se extiende en el tiempo desde todas las personas blancas hacia aquellas que no lo son, independientemente de su lugar de nacimiento. Incluso en aquellos países donde existe una mayoría no blanca, la mayor parte de las responsabilidades de poder está en manos de hombres y blancos. Naturalmente, todo ello es fruto de los privilegios que el racismo dota a las personas blancas de unas aptitudes que les posiciona en un lugar relevante en la sociedad, relegando a ciudadanos de segunda a todas las personas no blancas. Así, cuando una persona no blanca llega a su mismo nivel en la jerarquía se les aplaude, no por la meritocracia neoliberal, se le aplaude haber llegado a ser un blanco. Puro paternalismo racial.

Una acción racista, o macroracista por hacer una disimilutd terminológica, sería la discriminación directa de una persona por su color de piel, esgrimiendo diferencias xenófobas o culturales. El macroracismo se refiere a comportamientos de alta intensidad, visibles y de un impacto profundo. Por ejemplo, la Federación SOS Racismo sacó a la luz este vídeo como parte de un experimento social. Simulaba la existencia de un supuesto concurso para asistir a un spa, mientras una persona rellenaba las papeletas, se acercaba una de las actrices, una chica con velo sobre su cabeza y acento foráneo, mostrando su deseo de participar en dicho concurso. La otra actriz, quien está recogiendo las papeletas, le dice que no puede concursar, porque que es «para personas normales».

A lo largo del vídeo salen a la luz los prejuicios y estigmatizaciones en los que se basa el racismo. El racismo, entre otras cosas, se basa en la ignorancia. Ignorancia y dominación suelen ir de la mano, se domina lo que se desconoce. En realidad, y si lo pensamos bien, el machismo tiene las mismas bases: los roles de género son, al fin y al cabo, estigmatizaciones y prejuicios, lo que se espera de alguien por ser hombre o mujer.

En contraposición, las acciones «micro», sean micromachismos o microracismos, son acciones de baja intensidad, modos de dominación suave y que al estar tan integradas en nuestra sociedad, pasan absolutamente desapercibidas. A veces se ocultan bajo el manto de bromas o chascarrillos. Los microracismos no agreden directamente a la persona, no la matan, pero mantienen y perpetúan la segregación racial.

Canal Sur sacó en su momento un grupo de vídeos de teórico contenido social, haciendo también algo así como experimentos sociales. Más allá del morbo que puedan tener y de lo poco que aportan, estos pseudo-experimentos sociales han ayudado a ensalzar la figura de la persona no blanca pasiva, callada e indefensa, en oposición a la gallardía y valentía de las personas blancas. Para muestra el siguiente vídeo en el que un hombre increpa a un chico negro en una parada de autobús de Granada. Ambos actores crean una situación extrema en la que el chico en vez de protestar ante su agresor, pasa a una situación de sumisión absoluta, y cabizbajo soporta, estoicamente, los improperios del hombre blanco. Lo ideal sería mejor mostrar un experimento social en el que la persona no blanca se empodera y se enfrenta a su agresor, sería curioso ver la reacción de las personas blancas. No es por ser desagradecido, y es bueno saberse arropado y apoyado, puesto que esto empodera muchísimo, pero no nos hacen falta caballeros de blanco corcel y reluciente armadura.

La gran mayoría de las personas no se consideran racistas, como tampoco se creen machistas, pero las vejaciones son habituales y comunes en ambos casos. El vídeo anterior, por ejemplo, ya es una prueba de microracismo. Probablemente ese canal televisivo lo hiciera con toda su buena intención, quizá quisieran visibilizar esta problemática, pero les ha faltado una buena reflexión.

Hay extrañeza y hasta miradas de soslayo cuando un no blanco habla perfectamente español o incluso cualquiera de las otras lenguas del estado. ¡Hasta te felicitan por ello! Mi casera, a la que lejos calificaría de homófoba (también se podría tratar el tema de la microhomofobia) o racista, la primera vez que me conoció se sorprendió por lo bien que hablaba el idioma. No sabe que el español es mi lengua materna. En realidad lo que a ella le pareció fascinante era mi pronunciación meseteña.

¿Pero qué son comportamientos microracistas? El blog afroféminas da la siguiente lista de microracismos:

  • Que te pregunten si te quemas si te da el sol, como si los negros en lugar de piel tuviesen cartón.
  • Los hay que consideran gracioso llamar Baltasar a un negro, entre otros.
  • Llamar morenito a un negro para no ofenderle, como si ser negro fuese una ofensa. Peor aún pudiendo llamarle simplemente por su nombre.
  • Que te digan que AUNQUE seas negra, eres guapa porque tienes rasgos suaves.

A ellos me gustaría añadir los siguientes de experiencias personales:

  • Asumir que sabes bailar ritmos latinos porque tienes orígenes latinoamericanos. Aquí cámbiese por cualquier otro baile y/o comida, etc.
  • Que la segunda pregunta que te haga una persona al conocerte sea indagar acerca de tus orígenes.
    Conectando con lo anterior, preguntar de dónde te sientes.
  • Decir que tienes unos apellidos muy raros. Como si García o Fernández en Corea del Sur fueran lo más corriente y habitual. O todo lo contrario, ser no blanco y que se extrañen ante lo hispano de tus apellidos.
  • Dar por hecho una serie de elementos solamente por tener otro color de piel, como características físicas, etc.

Y junto a estos ejemplos, muchos otros que bailan entre el microracismo y el macroracismo y que, en realidad, depende del enfoque que se le de. Por ejemplo, la invisibilización histórica del genocidio llevado a capo por españoles, portugueses, ingleses, franceses y holandeses perpetuados en América Latina, probablemente el mayor genocidio de la historia de la Humanidad. La negación perpetúa de todos estos hechos en el pasado no hacen más que mantener la infravaloración de las personas no blancas en el presente.

También vale la pena mencionar el famoso Test de Bechdel, el cual valdría la pena adaptar a la segregación racial. El Test de Bechdel mide, a través de unos parámetros, si toda producción artística o audiovisual cumple con unos requisitos mínimos para evitar la discriminación de género. Básicamente ha de cumplir tres reglas:

1 – En la película aparecen, al menos, dos personajes femeninos
2 – Estos personajes hablan entre ellos en algún momento
3 – La conversación trata de algo distinto a un hombre.

Además, dichos personajes femeninos deben tener un nombre. Podemos cambiar femenino por persona no blanca y hombre por blanco. Obtendríamos resultados muy similares a los hechos para analizar la presencia femenina en estas obras. Casi toda la literatura fantástica queda descartada, o quedaría relegada a apariciones anecdóticas.

Está claro que aún queda mucho por hacer, también debemos ser nosotros y nosotras quienes tomemos la iniciativa y tomemos el espacio social, cultural y político que nos corresponde por ser personas. Si no nos lo ceden, lo tendremos que tomar. También llamar la atención y hacer pedagogía acerca de estos comportamientos. Aún sigue existiendo un límite de lo que significa comportarse como un blanco y lo que es comportarse como un no blanco, con elementos negativos asociados al migrante.

Estereotipos integrados en nuestra sociedad que hay que derribar, y esto empieza por los microracismos, tan relevantes como los macro. Porque aunque estos no sean agresivos para la persona, sí resultan dañinos y ocultan un problema grave de racismo, y si queremos crear una sociedad horizontal, libre de privilegios, tendremos que continuar poniéndolos de relieve para poder acabar con ellos y, de paso, toda práctica segregadora para todas.

Simulacro de vida

Solía soñar con puentes alados de colores que sonreían cuando un vehículo o un globo lo atravesaban, con casas colgantes en forma de pez, donde los moradores se dedicaban a leer y a fumar en pipas de cristal. En alguna otra ocasión, mis ojos se cerraban y nadaban dentro de mí, y sobre sus tejados había nubes abrazadas a la tierra, gravitando entre susurro para mantener sus suspicaces figuras. Pero la pizarra y el uniforme se impusieron, erigiendo una cárcel para encerrar mi felicidad onírica. La obligaron a permanecer en silencio, observando por una pequeña rendija de una recia puerta.

De adulto, y con dolores en los ojos, hago malabares con los números y sin éxito me figuro la manera más simple y sencilla de vivir, sin delatarme, sin percatarme de que es imposible llegar sin miedo al día 30 de cada mes. Así, doce castigos, 365 torturas al año. Pero el encierro se desvanece con cada día que mi imaginación se vende por algo de dinero usado, diciéndome a mí mismo por lo bajo que soy más que un carné de identidad, ¿lo soy?

La puerta está desvencijada y aún no he aprendido de eso que llaman amor. A golpes de soledad negué que era más sencillo decir te quieros al espejo que a un oído ajeno. Plegarias y dioses no existirían si la humanidad hubiera recogido los juguetes abandonados y los cristales esparcidos dentro de un alma perdida en este callejón, entre las facturas, el alquiler y un aire viciado por la usura y el placer ególatra. Los maestros sabían de ecuaciones, pero no de amor libre, ni de amor liberado.

Pero te has ido. O no te has ido. Mi ilusión sigue presente, algo andodina, desde aquella oscuridad accidental. Aquella noche en la que afilábamos nuestros bordes, a esas horas que en el presente me dibuja una montaña de melancolía y las voces de Jimmy Cliff y Paul Weller me acunan cuando intento pacificarme. A veces creo que te quiero. En otras ocasiones, todo lo contrario.

Es que en esto de las relaciones afectivas siempre he sido un tanto torpe. Me he acostumbrado a ser el cobijo y la protecciones de algunas personas rotas, y yo mismo he ayudado a poner parches a mis descosidos. Al contrario de lo que decía Simone de Beauvoir, yo cada vez te conozco menos, pero mi corazón lo siento cada vez más cerca. Tal vez algún día termináramos siendo dos extraños. O bien todo lo contrario.

Pero para calmar el dolor que se acumula en la boca del estómago y salta por nuestros cerebros, nos dieron unas pastillas y un trabajo mecánico, solo faltaba perder el cerebro o que sustituyeran mi agotamiento vital por unas semanas en la playa. Pero ignoro quiénes fueron esos maleantes que nos creyeron transhumanos en este simulacro de vida. Mas no engañan cuando afirman, con los dientes afilados y la boca pequeña, que podemos elegir: morir en la ciudad o en el campo. Creí que la cuchilla servía para cortar las ataduras que nos hacen ser marionetas, erraba y erré.

Estamos tan limitados que hasta nos frenan el miedo, y nos han hecho tan tolerantes que tolero mejor lo injusto de todos los días, y es que de siete, aborrezco cinco. No es mal ratio. Escupo las pastillas sobre los guiones configurados. Mi mayor deseo es poseer una ráfaga de viento que me eleve y dibujar, desde el aire, las fronteras mentales que le han impuesto a la geografía. A mis profesores, grandes teólogos y biólogos, se les escapó una mente (y otras más) que se mueven al compás de los tambores de la rebelión. A espera de tiempos mejores, sigo haciendo sonreír a puentes que se eleven hasta el cielo, bajo el sonido de nuestros pasos, construyo casas para quienes duermen bajo las lágrimas de las estrellas y abrazo nubes que no han dejado de tararear nanas, hasta que ellos, los que nos obligan a inhalar un oxígeno cargado de nitrógeno y corrupción, se ahoguen tan profundamente que ya no se oiga nada más.

De qué hablo cuando hablo de autolesiones

Hace unas cuantas semanas que estaba deseando escribir acerca de este tema. Lo reconozco, tengo sentimientos encontrados mientras escribo y releo estas palabras, y todo es porque mi relato aquí es el de persona que se ha autolesionado. No ha sido fácil hacerlo, pero he caído en varias ocasiones en la trampas de las autolesiones. Con este texto pretendo hablaros de mi experiencia personal y también, al menos eso espero, sirva para quien esté en una situación similar sepa que hay muchas otras formas de expresar el dolor, más allá de las marcas en el cuerpo, más allá de coger un elemento puntiagudo y pasarlo sobre la piel hasta que la sangre se derrame.

¿Qué son las autolesiones?

Existen numerosos artículos en Internet al respecto y sorprende la frialdad con la que se habla de este tema. En realidad, y si se piensa bien, tal es la concepción que se tiene hacia cualquier enfermedad, en especial si es mental. Que quede claro ya: las enfermedades mentales son un gran tabú en nuestra sociedad. Son incómodas porque trastornan el comportamiento del ser humano, y todo el que se salga de la norma, aunque sea involuntario, es rechazado por una sociedad que se funda en un status quo débil que baila junto al vacío, a un hilo de romperse. Pero la autolesión no es una enfermedad, más bien es un síntoma. Algunos la definen como un comportamiento «parasuicida»1, que dicho así suena muy grandilocuente y hasta preocupante. En cualquier caso, las autolesiones son daños que el individuo se hace así mismo,cortándose, quemándose, golpeándose o envenándose. Los cortes son los más comunes.

¿Qué nos lleva hacia tales prácticas? He aquí la complejidad del tema. Existe un puñado de supuestas razones que llevan al sujeto a hacerse daño, incluso depende del momento, pueden mezclarse varias de ellas. Algunos lo hacen como castigo, sentirse culpables por algo o no merecedores de algo. Aquí una baja autoestima juega un papel muy relevante. Otras personas lo hacen para alejar un dolor emocional, si hay algo rondando en la cabeza y un dolor profundo en el pecho, la manera de distraer ese dolor es con otro dolor aún mayor. Las autolesiones pueden bloquear temporalmente los pensamientos negativos, depresivos y de ansiedad.

Al parecer las autolesiones también sirven como tanteo de personas con pensamientos suicidas, para el conocimiento previo de un dolor intenso. También hay situaciones que se salen de las manos y para asumir el control mental sobre las mismas, algunas personas deciden recurrir a la autolesión. Hay una causa más, y es la necesidad de sentir algo. El deseo de sentirse vivos, las autolesiones serían una especie de falso despertar del letargo. Rara vez es monocausal. Desde mi experiencia personal, los momentos de ansiedad, de ánimo bajo, o en el que sentía que todo me sobrepasaba, la manera de paralizarlo era precisamente así. El hecho también de pasar largas horas intentando buscar un sentido a algo y al no encontrar nada o, sencillamente al no ser capaz de deslumbrar nada, tenía que pellizcarme, metafóricamente, como así pudiera darme cuenta que no vivía en un sueño, que era todo real.

Todo el proceso de autolesión es muy complejo de describir, y lo que yo aquí comente bien pudiera ser absolutamente subjetivo, porque mi percepción probablemente sea muy diferente al de cualquier otra persona. No obstante, sí puedo afirmar que dista de existir placer en la autolesión. Tras un proceso autodestructivo, yo me sentía agotado, fatigado y hastiado conmigo mismo. Lo cual es aún peor, porque tras las lesiones viene el sentimiento de culpa, y es peligroso porque puede llevarnos a un círculo vicioso, ya que la culpa nos lleve a una situación extrema y, de nuevo, a otra autolesión.

¿Cómo afrontar las autolesiones?

Quien ha cometido alguna vez autolesiones sabe cuando «el león interior comienza a rugir» (así es como llamo yo a mis procesos de ansiedad) y probablemente intuya en qué momento puede darse una situación de peligro. En particular, mis autolesiones las he cometido en la privacidad de mi habitación, porque no es un momento que se quiera compartir con nadie, en especial al haber una sobreexcitación de las emociones. Lo ideal es sacar de ese ámbito los elementos peligrosos, las herramientas para cortar o quemar, y alejarse físicamente también de ese entorno que a veces alimenta la ansiedad. Si se está en casa, lo ideal es salir a dar una vuelta, llamar a alguien, hacer deporte… distraer a la mente, especialmente si es algo que implique actividad física. Yo a mi león lo duermo saliendo a correr o dando un paseo largo. Pero no todos tenemos esa facilidad o ese deseo, habrá que buscar, según las necesidades y deseos propios, las maneras de alejarse de las autolesiones. Por consejo de mi psicóloga, también llevo un kit de emergencia en mi mochila, consta de una bolsa pequeña para respirar en caso de hiperventilación y dos pelotas antiestrés.

También hay otros trucos que he leído, yo nunca los he probado, pero a cualquier otra persona podrían serles de utilidad: pintar con boli rojo en vez de cortar, vendar la zona, hacer una herida con maquillaje, golpear una almohada o un saco de boxeo, hacer ruido, aprender palabrotas en otros idiomas, meterse bajo una ducha de agua fría o caliente (no demasiado caliente, sería otra forma de autolesión), dibujar sobre las caras de la gente en revistas, masajear en vez de lesionar, pinchar globos, etc. Las opciones son variadas. En realidad todas se basan en la misma idea: distraer la mente hasta salir de ese estado que nos lleve a la autolesión.

Sin embargo, esto no es más que un parche, la verdadera solución es buscar ayuda profesional. Y también apoyo emocional en el entorno cercano. Comentar a la familia o a amigos lo que hacemos con nuestro cuerpo es una opción, pero al menos conocerán de dónde provienen las cicatrices y no preguntarán, ingenuamente, a qué gato has querido acariciar y te ha arañado. A extraños o compañeros de trabajo que no quería dar más explicaciones, inventé un gato malvado de una amiga para poder encubrir las heridas de los brazos.

A pesar de todo, tenemos que comenzar a tomar conciencia de lo que hay detrás de todo ello. Hemos de ser responsables de todo ello. Las autolesiones, como comentaba al principio, son síntomas de algo más, depresión, ansiedad, etc. Es cierto que vivimos en un contexto social, económico y político que no ayuda ni facilita tener una vida mentalmente sana, más bien promueve la existencia de una mentalidad desequilibrada. Es sencillo culpar al sistema, al capitalismo, a tal o cual persona, y puede que algo de razón haya detrás de esas justificaciones, pero la última palabra es nuestra. No es sentir culpa, es responsabilidad hacia nosotras mismas y nuestro entorno. Al fin y al cabo las decisiones son tan individuales como comunitarias. Además, la toma de responsabilidades es un gran paso previo al controlar nuestra vida, puesto que en el momento en el que emocionalmente se es responsable y consciente, podemos ser también un poco más libres. Más libres de nuestros prejuicios y también de la educación que nos han dado. Si queremos crear una sociedad nueva, esta no solamente ha de basarse en un sistema económico justo, horizontal y libre, también ha de ser justo, horizontal y libre con respecto a nuestras emociones. Aquí, probablemente, hay mucho trabajo por hacer. A mí aún me queda mucho camino por recorrer.

Desaconsejo afrontar esto solo. Yo lo intenté por orgullo y también por una ausencia de educación e inteligencia emocional de la que aun carezco, pues es contraproducente. Las cicatrices a veces son vergonzosas,  son las huellas de que algo hay en nuestra cabeza y debemos escucharla. Por otro lado, y esto me parece relevante, también tenemos que ser responsables en cómo gestionamos las emociones de quienes nos dan su cariño. Ellos también pueden sentirse fatigados, puesto que es difícil gestionar este tipo de comportamientos. A su amor hemos de ser responsables y responder con más amor. Amor hacia nosotras y hacia nuestros seres queridos.

¿Y si es alguien a quien conozco?

Es bastante duro ser consciente del problema en el que se encuentra un ser querido, estando sumido en situaciones extremas como estas. Probablemente quien ha de marcar los ritmos sea la persona que se autolesione, pero debe ser ella quien intente comunicarse y expresar, abiertamente y sin ambigüedades, sus necesidades. Hay momentos en los que se desea más soledad y otros, todo lo contrario, ¿pero cómo lo pueden saber ellos si no nos comunicamos? Por otro lado, y si esa comunicación es fluida, también tiene que ser en ambas direcciones. Creo que cuando alguien muestra su apoyo, también tiene todo el derecho de retirarse un poco cuando así lo necesite.

Por otro lado, creo que tampoco han de hacerse comentarios de lógica aplastante: «Pues no te lesiones» o «anímate». Eso ya lo sabe, es lo último que necesita escuchar, a mí me pone un tanto ansioso oír eso. Tampoco magnificar las heridas, ni mostrar repulsión hacia ellas, eso solo puede agravar los sentimientos de culpa y rechazo propio que se sienten. Si necesita asistencia médica o simplemente curando las heridas, vendarlas si es necesario, ya es mucho. Es una manera de sentirse arropado y querido.

A veces con saber que hay personas dispuestas a escuchar, que existen otras vías de expresión alternativas a las autolesiones, es suficiente. A lo mejor la persona decide apenas hablar del tema, o quizá se sienta más cómoda tratando con otras personas que se han autolesionado por empatía (ese es mi caso). Lo último que se debe hacer es, desde luego, juzgarlas, para eso ya tiene su conciencia, lo hará por él.

Las autolesiones se suelen vivir en silencio. Al menos solo un 10% de personas han perdido ayuda, las demás por vergüenza o miedo las mantienen en silencio y siguen ocultando su cuerpo para, así, poder ocultar las heridas a ojos de los demás. Y es que no es fácil en una sociedad de culto a la imagen, los cuerpos cicatrizados tienen mala recepción social, y ya que todo se vende y compra en una sociedad de mercado globalizada, luchemos para que nuestra salud mental no sea comercializada. Por ello, todo esto – y ya como colofón – también es política y su análisis debería estar integrada en un ideario revolucionario libertario, ya que la salud actualmente está basada en números y estadísticas, pero las cabezas que petan tienen nombres y apellidos. Sin embargo, y no está de más decirlo, amemos también nuestras heridas y sus cicatrices, también forman parte del proceso de curación.

1Se define como comportamiento parasuicida a cualquier actividad dirigida voluntaria e intencionadamente a infligirse daño y dolor, pero sin la intención de dar por finalizada la vida.

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