Recolección urbana

El pasado 21 de Octubre se organizaba en la ciudad de Zaragoza un evento llamado «Feeding Zgz.» La idea era muy simple: recuperar y cocinar alimentos desechados por los supermercados, y distribuirlos entre la gente.

Me gustaría que este escrito sirviera de ayuda e inspiración para otras personas que, preocupadas por la situación social en sus localidades, decidan pasar a la acción social de alguna forma. Esto no es ningún manual: es simple y llanamente una narración descriptiva (con alguna que otra observación) de mis experiencias en la práctica de la recolección urbana, las cuales espero que sirvan de algo para alguien.

¿Qué es la recolección urbana?

La recolección urbana es simplemente buscar en los contenedores de basura aquello que el capitalismo no quiere que obtengamos, ya sea porque dicen seguir «normativas de higiene y salud», o porque los útiles tienen algún tipo de defecto que impide la venta de los mismos. La recolección urbana puede realizarse en multitud de contextos, pero este texto se centrará solamente en la búsqueda de alimentos desechados por supermercados. Estos alimentos son arrojados a la basura por multitud de razones: por estar cerca de la fecha de vencimiento (lo que no significa que no se puedan consumir), por tener algún desperfecto (lo que tampoco significa que no se puedan seguir consumiendo), o por lo que sea. Así pues, los supermercados prefieren tirar toneladas y toneladas de comida al año antes que repartir esos alimentos a gente necesitada (¡cómo lo van a hacer, eso no reporta beneficios económicos!). Es por ello que la recolección urbana de alimentos (aunque no solamente) torna en toda una declaración política, y en una práctica que merece ser contemplada.

¿Cómo organizarse?

El mejor momento para recuperar la comida despilfarrada es la noche, aunque la hora puede variar dependiendo de tu país o de tu localidad. En el país donde yo vivo el mejor momento es sobre las 22.00: los supermercados están cerrados y todo lo que se tenga que arrojar al contenedor ya está arrojado.

Hay una gran variedad de escenarios posibles con respecto a los contendedores de basura: muchos supermercados tienen los contendedores dentro del establecimiento, mientras que otros los tienen tras verjas cerradas. Muchos otros cierran con llave los propios contenedores, y se dice que Lidl echa lejía u otros productos químicos a la comida en buen estado que desecha. Sea como sea, lo primero de todo es tener localizados tres o cuatro supermercados en los alrededores y saber dónde y cómo se colocan los contenedores de la basura.

Tener una ruta a seguir, planificada y estudiada de antemano, es de lo más útil que puedes hacer, porque evitas paseos innecesarios a las tantas de la noche, lo que podría llevar a pérdidas tontas de tiempo: cuanto más rápido mejor. Dependiendo del país, la práctica de la recolección urbana será más o menos permitida por la policía. En la ciudad donde yo resido la policía es más o menos permisiva: en caso de verte cogiendo algo de los contenedores lo máximo que te dicen (al menos en mi experiencia) es que dejes todo de nuevo donde estaba y desfiles para otro lado. Cuando esto ha pasado, lo que hicimos fue dejar todo de nuevo dentro de los contenedores, pero cuidando que las bolsas con cosas útiles no se mezclaran con aquellas que habías descartado. Así, una vez que nos «despedimos» de la policía, nos damos una vuelta por el barrio y volvemos a los quince minutos a por lo nuestro.

Volviendo a las rutas: tener un plan es muy importante para evitar lo dicho más arriba, pero también para maximizar la comida recuperada en una noche (puesto que no siempre vas a encontrar comida en los contenedores, lo que te obligaría a ir al siguiente supermercado). Es imprescindible contar con algún tipo de medio de transporte, siendo la bicicleta la mejor opción sin duda alguna. La bicicleta te permite moverte con facilidad por la localidad, es increíblemente silenciosa, y además te permite conversar con tus compañeres (si vas en grupo) mientras vais de camino al próximo contenedor.

Una vez que tengas localizados los supermercados con los contenedores accesibles, es de vital importancia ser eficiente y ordenado. Dentro del contenedor encontrarás una multitud de bolsas que contendrán cosas variopintas, muchas de ellas desagradables. Sin embargo, nunca se sabe qué puede haber en ellas. Por ello es necesario abrir todas y cada una de las bolsas y rebuscar en su interior, y esto nos obliga a llevar guantes de plástico desechables. Además, desde mi experiencia recomiendo llevar varias botellas de agua para después aclararse las manos en la calle. Personalmente me he encontrado muchos tipos de bolsas: desde bolsas llenas de pan y tartas en perfecto estado, pasando por bolsas con papel de limpiar y comida como envases de jamón, hasta bolsas repletas de desechos no aptos para el consumo humano.

Decía antes que todas las bolsas han de ser inspeccionadas, y esto es porque muchas de ellas están mezcladas: pueden contener alimentos en buen estado junto con papel de limpiar las estanterías, por ejemplo. Recupera todo lo que puedas en el mínimo tiempo posible, pero no sacrifiques la calidad de la búsqueda por la rapidez: aprende a ser eficiente. Lo más difícil in situ es evaluar si algo es apto para el consumo humano o no. Aquí habrá mil factores que no se pueden explicar en un texto como éste, pero yo diría que el sentido común es lo primero de todo. Pongo un ejemplo real que me pasó: en un contenedor encontramos siete u ocho envases de jamón cocido, los cuales estaban en perfecto estado y bien cerrados. El único problema era que el fondo del contenedor estaba inundado por una mezcla de agua de lluvia (esa noche llovía) y líquido suavizante de una botella desechada. Sabíamos que era suavizante de ropa porque la botella estaba allí abierta. Tras examinar los envases in situ y considerar que el suavizante no había penetrado el envase de plástico al vacío, probamos a abrir uno de los envases en casa y, como personas solidarias, nos comimos todes una rodaja (supongo que la máxima fue «si algo pasa, que le pase a todo el mundo»).

Otra norma de vital importancia es el orden: hay que dejar todo tan ordenado como estaba o más. Si llegas y empiezas a rebuscar tirando y esparciendo las bolsas y su contenido por todos lados, entonces, no estás ayudando a la causa. Primero, porque ensuciar el medio que te rodea es irresponsable. Segundo, porque estarás haciendo limpiar tu destrozo a otras personas. Y tercero, porque si les encargades del supermercado ven que ha habido alguien hurgando en la basura, la próxima vez cerrarán los contenedores o llamarán a la policía.

Nosotres recolectamos por dos motivos: personales (para suplirnos de alimentos semanales), pero también para distribuirlos en la ciudad. El grupo monta cada X días un tenderete en un sitio muy frecuentado de mi ciudad y a la vez que repartimos la comida gratis (que puede ser desde sopa caliente, hasta sandwiches de jamón) también repartimos nuestros panfletos anarquistas u octavillas con las convocatorias de eventos futuros. Como es algo que llama la atención, mucha gente se acerca interesada, y éste es un momento ideal para entablar una conversación sobre el despilfarro de alimentos y la necesidad de hacer algo al respecto, pero también es un buen momento para entablas una conversación política y hacer llegar nuestro mensaje libertario a la gente.

Si como nosotres vas a repartir la comida gratuitamente (la única manera de hacerlo, aunque también se pueden pedir donaciones voluntarias, cosa que nunca he probado a hacer), te tienes que asegurar que absolutamente todo lo que repartas está en buen estado. De ahí que todo lo que se vaya a distribuir pase primero por tu estómago. Nosotres tenemos una regla de oro: no se distribuye nada que no nos comeríamos nosotres mismes, y si nos comeríamos algo, como somos unes muertes de hambre, pues probamos toda la comida la noche anterior o esa misma mañana. Fácil y sencillo.

Fines y utilidades

Como he expuesto, hay varias razones por las que una persona puede estar interesada en recolectar: desde conseguir alimentos para el consumo propio, pasando por la búsqueda de objetos útiles (yo me he llegado a encontrar una caja de velas aromáticas en perfecto estado, hasta cajas enteras con películas VHS), o hasta por motivos políticos y sociales. Nosotres, como grupo de afinidad, nos movemos más por los últimos motivos, pero aun cuando se recolecte por motivos personales se estará haciendo un bien a la comunidad (más que nada porque te ahorrarás el tener que comprar en el supermercado y ser partícipe del sistema capitalista). Personalmente no conozco a nadie que pueda sobrevivir solamente con la práctica de la recolección urbana, pero supongo que con esmero y dedicación se podría salir adelante en cierta medida. No obstante, la recolección es muy inestable como ya he explicado: unas noches te encuentras de todo, otras sólo pan, y otras nada de nada.

Espero que esta narración sirva de algo.

Addendum: recuerda que este texto está basado en mi experiencia personal en una ciudad concreta y un país que lo más seguro no sea el tuyo propio. Es por ello que lo escrito aquí no se pueda aplicar a tu entorno, ya sea porque los contenedores son de otra forma, porque los supermercados operan de manera distinta, o simplemente porque la comida se desecha de manera diferente.

Les matamos de hambre

Según últimas informaciones, una veintena de países en el mundo sufren de niveles alarmantes o extremadamente alarmantes de hambre. El informe centra su atención en el mal uso de los recursos naturales y en el acuciante cambio climático que influye directamente en la disponibilidad de agua.

No obstante, si bien es cierto que los recursos naturales y el cambio climático afectan de forma increíble a la hambruna mundial, no podemos dejar de lado que la explotación y reparto de dichos recursos, así como la creación del cambio climático, dependen de factores político-económicos que siguen una lógica de clase muy delineada.

Para la teoría económica liberal, el comercio internacional es un juego de ganancias absolutas en el que todas las partes ganan algo. Esta lógica es la que ha venido imperando desde los años setenta, y como resultado tenemos acuerdos regionales como NAFTA (por sus siglas en inglés). El planteamiento se puede resumir como sigue: las potencias mundiales se benefician económicamente al comerciar con otros países menos desarrollados. Sin embargo, los últimos también se benefician puesto que entran a formar parte del sistema mundial de comercio. Las evidencias que manejan les liberales para argumentar su postura son, entre otras: la inversión de capital extranjero en países menos desarrollados, el desarrollo de las infraestructuras del país, o el aumento de puestos de trabajo.

Pero nada de esto es totalmente cierto, y mucho menos cuando tenemos en cuenta qué es ético. Si bien es cierto que la parte menos desarrollada se puede beneficiar de tratados internacionales, este beneficio será siempre mucho menor que aquel que obtenga la parte más poderosa. Es decir: las relaciones internacionales de este tipo son esencialmente explotadoras. Y esto no depende de la política, sino de la economía política (que no es lo mismo).

Les liberales se empeñan siempre en culpar a la esfera política: si en tal país africano hay guerra es porque sus políticos son corruptos, no porque la presencia de una empresa americana haya roto el equilibrio social. Para la gente en la línea de Hayek y Friedman, el sistema capitalista de libre mercado funciona perfectamente en papel, el problema está cuando se aplica en un mundo humano donde la política tiene la mala costumbre de arruinarlo todo. De ahí que hoy en día culpemos más a les polítiques y no tanto al sistema económico en el que vivimos.

Por desgracia, como éste es el paradigman dominante, gran parte del mundo se hunde en la miseria para que nosotres en el «Primer Mundo» podamos mantene e incrementar nuestro nivel de vida material. Mediante organizaciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial ahogamos a países del hemisferio sur. Y lo peor es que nos enseñan desde pequeñes a pensar que esto tiene que ser así. La gente se mata en África porque son una «panda de locos» que no tienen valores democráticos. Tal genocidio en el Sureste Asiático viene dado por una casta militar cruel. Los males de les demás son siempre por factores políticos-humanos. Pero la verdad es que la culpa es nuestra y de nuestro sistema económico que imponemos al resto del mundo.

Como esto no es un artículo de historia no entraré a narrar cómo, por ejemplo, los conflictos tribales en África vienen dados por la desaparición del Imperio Británico. O cómo muchos caciques en Latino América han sido, y siguen siendo, puestos a dedo por magnates occidentales que se benefician de gobiernos corruptos que les dejan seguir explotando a niñes en minas de carbón.

Pero como esto es una pequeña reflexión sobre relaciones económicas internacionales, sí que diré que el hambre no es tanto una cuestión de falta de alimentos, sino que es una cuestión de mala distribución y explotación humana. Esto va de nosotres contra elles, y lo triste es que nos socializan para pensar que nosotres estamos del lado de les que mandan, cuando la verdad es que también somos explotados en nuestras modernas ciudades occidentales.

Claves para entender el anarquismo IV

En la última entrega veíamos los elementos y conceptos básicos del anarquismo filosófico, el cual definimos como una postura intelectual antiautoritaria sin forma política definida, es decir: sin propuesta de modelo social alternativo. En este número veremos la postura de William Godwin, uno de los padres del anarquismo filosófico.

Introducción

William Godwin (1756 – 1836) fue un filósofo y escritor inglés que, desde la filosofía utilitarista [1], propuso líneas de pensamiento que posibilitaron el anarquismo moderno. Godwin nació en un contexto social de clase media, y como otros muchos autores de la época, fue educado estrictamente en los valores religiosos del calvinismo. Su padre fue en vida sacerdote separatista, y el propio Godwin fue educado en la profesión de su padre, la cual desarrollaría desde una postura radical. Una frase famosa suya es «el propio Dios no tiene derecho a ser un tirano» (Wikipedia, 2012).

A través de amistades republicanas, William Godwin llegó al pensamiento enciclopedista francés y de ahí a la conclusión de que todas las instituciones (sociales, políticas, y religiosas) debían ser eliminadas. No obstante, él creía firmemente que el cambio social era posible mediante la vía pacífica, y por ello rechazó todo tipo de violencia y se dedicó de manera entusiasta a la escritura de sus ideas.

En 1793, y en pleno apogeo de la Revolución Francesa, escribe «Disquisición sobre la justicia política y su influencia en la virtud y felicidad de la gente,» una obra de máxima importancia en la época que serviría para movilizar a la clase oprimida, o al menos para ayudar a crear el germen del movimiento obrero en muchos círculos sociales. Con esta  obra, Godwin se convirtió en todo un referente para los filosófos radicales, aunque también atrajo la crítica de reaccionarios como Edmund Burke.

Utilitarismo y bien común

Si bien es cierto que a Godwin no se le puede clasificar como «anarquista,» es igualmente cierto que su filosofía radical hizo posible el surgimiento del anarquismo moderno. Si recordamos el número anterior, el anarquismo filosófico aunque no tiene una propuesta política definida, sirvió de base conceptual para el desarrollo posterior del anarquismo. Por ello, el estudio de Godwin se hace necesario si queremos comprender la historia de nuestro bello movimiento.

Así pues, Godwin parte del utilitarismo y define acordemente que la virtud de una acción viene dada por la fórmula: Cantidad Total de Placer (Beneficio) – Cantidad Total de Dolor (Coste). Pongamos un ejemplo: digamos que queremos ir a un concierto de música, pero esa misma tarde se pone a llover como si fuera el Diluvio Universal. El cálculo vendría dado por el placer que nos reporta ver a nuestro grupo favorito menos el fastidio de tener que ir hasta el concierto bajo una lluvia torrencial y soportar el temporal de pie durante el mismo. Este cálculo, el cual es común a todos los filósofos utilitaristas de la época, es no obstante modificado por Godwin, y es precisamente esta modificación la que marcará profundamente a todo el movimiento anarquista posterior.

De esta manera, para Godwin el cálculo racional de más arriba ha de ser llevado a cabo por cada individuo de forma libre e independiente, y ha de ser así incluso cuando existen fuertes constricciones morales y religiosas (Miller, 1984: 18). Para él, todas las personas tenemos que ser libres para poder evaluar la virtud de cada acto en función a la fórmula anterior. En el ejemplo del concierto y la lluvia, dependerá de cada persona decidir si va o no va. Si esto pudiera parecer trivial, para comprender mejor el radicalismo de Godwin supongamos que vivimos en una sociedad donde «mojarse con el agua de lluvia» está estrictamente condenado por una religión dominante. Godwin diría: incluso si una religión dice que mojarse es malo ante los ojos de Dios, cada persona debe ser libre e independiente para considerar si asistir al concierto le reporta más placer aunque se tenga que mojar (y contradecir a la religión imperante).

El bien común o el bienestar general era para Godwin la máxima meta que toda persona tenía que tener. La búsqueda de la felicidad del mayor número de personas posibles era un imperativo que debía incluirse en el cómputo utilitarista de las acciones sociales. Su filosofía, pues, estaba fuertemente enfocada hacia el futuro, hacia la consecución de una sociedad mejor, y es por ello que rechazó las instituciones de su época, las cuales, según él mismo, estaban enfocadas en logros del pasado. La consecución de la felicidad general, decía, no puede ser subordinada a intereses personales (otro elemento radical que le diferencia de muchos otros filósofos de la época).

Pongamos otro ejemplo: la lluvia torrencial de antes ha hecho que el río de nuestra ciudad se desborde. Las calles han quedado inundadas y la corriente se lleva con ella todo lo que pilla por su camino. Desde nuestra ventana vemos a dos personas siendo arrastradas calle abajo: una de ellas es una famosa científica que ha estado trabajando en una vacuna contra el SIDA (lo sabemos porque es famosa y ha aparecido repetidas veces en los periódicos). La otra es nuestra hermana. Nosotres, desde la ventana, podemos arrojar una cuerda para salvar únicamente a una de las dos personas. ¿A quién salvamos? Godwin diría que es imperativo moral salvar a la científica, pues esa decisión reportaría en un futuro  mayor bienestar para toda la sociedad (presuntamente una vacuna contra el SIDA). No obstante, esta decisión ha de ser tomada por cada individuo bajo una estricta independencia.

Autonomía individual

Nada de lo mencionado hasta ahora nos lleva al anarquismo, pues de hecho muchos autores utilitaristas establecieron que los gobiernos y el Estado eran necesarios para la consecución del mayor bienestar general. Es por ello que tenemos que tener en cuenta otro concepto de Godwin: el principio de autonomía individual o el principio de juicio privado.

El principio de juicio privado antepone ante todo la capacidad y libertad de cada persona para juzgar una situación y actuar según crea conveniente. De esto se deriva que el juicio de cada cual es el único elemento que se puede imponer legítimamente une misme. Además, existiría para él una esfera de juicio privado que sería inviolable, es decir: nadie desde el exterior al individuo tendría que ser capaz de imponerse en el pensamiento privado.

Sin embargo, una persona utilitarista podría decir ante estos argumentos que ciertas personas, para alcanzar el bien común, requieren de asistencia externa a su esfera privada, y en este caso el principio de autonomía individual quedaría sujeto al principio de utilidad. Por esto, Godwin argumentó dos defensas para proteger su postura:

1) La primera hace referencia a la falibilidad de las decisiones: nadie puede saber si sus juicios morales son los correctos en términos absolutos, y por ello, nadie debe imponer nada al resto de personas. A esto, una persona utilitarista diría que entonces el propio Godwin podría estar equivocado, por lo que la idea de juicio privado sería errónea. A lo que Godwin respondería: sí, efectivamente, yo puedo estar equivocado, pero toda persona tendría que ser capaz de actuar acorde con sus creencias individuales hasta que por sí misma decida o descubra que son erróneas. Es decir: para Godwin tenemos que actuar acorde con el principio de autonomía para buscar el bien común, por el tiempo que nuestro juicio privado así lo crea justo.

2) La segunda defensa es mucho más drástica: según Godwin, ninguna persona es capaz de actuar moralmente si no es por la búsqueda del bien común. En otras palabras: los actos morales son aquellos que buscan el bien de la comunidad, es decir, aquellos actos guiados por buenas intenciones benevolentes. No obstante, él mismo advierte que no tiene sentido obligar a una persona a actuar por el bien común, eso debe ser algo que nazca de la esfera privada de cada cual. Pero para terminar de rizar el rizo, Godwin añade una cláusula más: si para ser moral hay que ser benevolente, para adquirir predisposiciones benevolentes hay que ser libre en la esfera privada, o lo que es lo mismo: la benevolencia la obtenemos mediante la absoluta libertad de pensamiento y decisión.  Como os imagináis, la guinda de esta segunda defensa sería: los individuos morales son creados gracias al principio de autonomía (ibid.: 21), y no mediante imposiciones externas (lo que es una afirmación totalmente anti-autoritaria).

Proyecto político

Como hemos dicho, William Godwin, al igual que el resto de filósofos anarquistas, no tenía un proyecto político concreto en mente. Sin embargo, sí que rechaza rotundamente la democracia directa como un método organizativo deseable. En el capítulo «sobre las asambleas nacionales» de su libro «Disquisición sobre la justicia política y su influencia en la virtud y felicidad de la gente,» afirma que la democracia directa no sería justa porque una mayoría impondría siempre sus ideas a una minoría. Aquí queda reflejada su idea sobre el consenso: la unanimidad es para Godwin una ficción imposible de alcanzar. Siempre habrá personas que tengan ideas diferentes y no puedan ponerse de acuerdo con el resto, a pesar de que muchas lo harán por temas sociales como la amistad, la búsqueda de prestigio, el deseo de no quedar marginado, etcétera.

A este respecto, Godwin solamente nos dejó una propuesta: que cada persona se gobierne a sí misma desde su propia esfera privada de pensamiento. Recordemos que para él, esta esfera es inviolable. Por otro lado, Godwin sí que dejó algunas notas sobre el gobierno: él personalmente no aboliría el gobierno inmediatamente porque, decía, la población necesita primero de educación (idea muy de la Ilustración [2]) y sabiduría para poder emanciparse. Aquí vemos una contradicción en sus ideas, pues claramente está anteponiendo el principio de utilidad (un gobierno es necesario porque la gente no es lo suficientemente sabia como para gobernarse a sí misma) al principio de juicio privado.

No obstante, de la unión de ambos principios, el de utilidad y el de autonomía, se obtiene una buena base filosófica para propiciar el movimiento anarquista que se desarrollaría después, de ahí que se le considere uno de los padres del anarquismo moderno. Y con esto podemos dar por finalizado el capítulo sobre William Godwin. Recordad que la próxima entrega será sobre Max Stirner.

Notas

[1] Aquellas personas que no estén familiarizadas con el utilitarismo pueden hacer click para ir a la entrada en Wikipedia. La idea básica de esta corriente filosófica es sencilla: todo aquello que me reporta utilidad es bueno; lo que no lo hace es malo y se debe evitar.

[2] En la Ilustración predominaba la idea entre los intelectuales de que la educación era un elemento imprescindible de la emancipación humana. Recordemos que el proyecto de la Ilustración se basaba en la razón humana, de ahí la relevancia de la educación y la sabiduría. Kant, por mencionar a un autor, afirmó (y aquí parafraseo) que los hombres tienen que alcanzar la mayoría de edad intelectual, es decir, tenían que estudiar y educarse para poder ser buenos ciudadanos.

Chávez por cuarta vez

Hugo Chávez sale victorioso de nuevo con más o menos el 55% de votos. En un escenario de masiva participación (algo más del 80%), Chávez se asienta en la presidencia por cuarta vez: y ya van 14 años…

La prensa internacional se ha llenado, como era de esperar, de artículos a favor o en contra de Hugo Chávez. Yo aquí quiero tocar un tema mucho más sensible para aquellas personas que nos consideramos socialistas: ¿es la Venezuela de hoy en día una vía deseable para la sociedad futura? ¿Es deseable el socialismo de Chávez?

Los portales web de izquierda en castellano se han inundado de artículos eufóricos alabando la así llamada revolución bolivariana. Que Hugo Chávez no es un dictador está claro, por mucho que se empeñen los medios de derecha y del capital. Y esto es algo que les anarquistas debemos admitir: Hugo Chávez no es un dictador. Ha quedado claro que en Venezuela el sistema electoral funciona tan bien, o mejor, que en Europa. Además, tampoco se puede negar que tras 14 años de Chávez el país ha avanzado en ciertas materias como educación, sanidad, y atención social. No obstante, existen otras áreas que no se han desarrollado tanto (como la vivienda o el medioambiente), y otras que parecen ir a peor.

Una de estas «áreas negras» en Venezuela es el sindicalismo revolucionario independiente, el cual está amenazado y oprimido bajo el yugo del partido oficial y su representación sindical. Como cuenta el compañero anarquista venezolano Rafael Uzcátegui, incluso personas afines al partido de Chávez han sido encarceladas por perseguir mejoras laborales. Pareciera que la revolución bolivariana es justa menos cuando se realiza en empresas estatales: hagan ustedes la revolución pero no me toquen las empresas del Estado.

Admitiendo que los gobiernos de Chávez han tenido éxito en ciertas áreas, pero no tanto en otras, les anarquistas nos debemos preguntar si esta vía hacia el socialismo es realmente deseable. Volvemos al viejo dilema que hace malabarismos sobre la complicada línea que separa reformismo y revolución. Pero en el caso de Venezuela la cosa se complica mucho más, puesto que se puede argumentar fácilmente que la revolución bolivariana es una simple continuación del capitalismo anterior, eso sí, bajo una elaborada máscara socialista (socialismo petrolero, como dirían algunas personas). Bajo estos términos, la evolución bolivariana de revolución tiene bien poco, y se puede defender con relativa sencillez que ha asentado las bases capitalistas internacionales en un contexto fuertemente estatal (recordemos que el Estado venezolano mantiene relaciones comerciales con empresas capitalistas de Occidente, incluyendo Repsol).

Lo cierto y verdad es que las evidencias empíricas son poco favorables para el proyecto chavista, al menos desde una óptica verdaderamente socialista. Como anarquistas entendemos que la libertad sin socialismo es privilegio, y el socialismo sin libertad es esclavitud. Y en Venezuela tenemos de lo segundo (en buenas cantidades, además). El Estado no solamente es poderoso, y por lo tanto más opresor, sino que todo el movimiento bolivariano se basa en el show y carisma de un único hombre que, a veces socialista a veces petro-socialista, se encomienda a Dios para realizar la emancipación de la especie humana. Que las personas sean religiosas o no es lo de menos, lo verdaderamente peligroso es cuando la revolución social se estanca en las estructuras del Estado y muestran al mundo una suerte de pop-revolución-social que es televisada durante los grandiosos mítines y sermones del Presidente.

Pero todavía hay algo mucho peor: el atasco ideológico que deriva de este tipo de situaciones. Cuando dos bloques fuertes y bien diferenciados se enfrentan por el poder político, la sociedad tiende a separarse según estos dos bloques ideológicos. De esta forma, en Venezuela eres chavista o anti-Chávez, dejando de lado y marginando otras alternativas como la libertaria. El mundo queda definido en blanco y negro, en capitalismo o comunismo soviético durante la Guerra Fría; en Chávez o Capriles hoy en día, lo que hace todavía más difícil nuestra lucha por el verdadero socialismo; aquel sin Estado.

Por lo tanto: ¿es deseable tener un Chávez en Venezuela? Seguramente sea mejor tener a Chávez que a Capriles, pero está claro que estamos hablando de escoger el mal menor, y hablar de males menores es admitir que el mal existe. Considero que el anarquismo debe reconocer ciertos avances sociales del proceso bolivariano, pero precisamente porque se trata de «hermanos y hermanas socialistas,» debemos ser doblemente crítiques con elles.

No esperemos que el Estado solucione nuestros problemas; el Estado es el problema.

 

Claves para entender el anarquismo III

Seguimos con nuestra laboriosa tarea de comprender y analizar el movimiento anarquista. Recordemos que hay dos números previos: el primero trató la definición anarquista de Estado, mientras que el segundo introducía algunos elementos de la teoría de Proudhon. En este número introduciremos las premisas del anarquismo filosófico para dejar todo preparado para el siguiente número, el cual tratará sobre William Godwin.

Podemos argumentar que la teoría anarquista se basa, en líneas generales, en varios elementos como la oposición al Estado y a la autoridad coercitiva. No obstante, la teoría anarquista y las diferentes formas de vivir y practicar el anarquismo beben de diversas posturas filosóficas que, trascendiendo su carácter abstracto, han terminado por cristalizar y arraigar profundamente en la ideología anarquista (en un sentido amplio e inclusivo).

Así pues, tras la postura anti-Estado de les anarquistas hallamos una premisa filosófica mucho más trascendental: la negación absoluta de la autoridad política y moral de unas personas sobre otras, sea ésta legal o no bajo un sistema de leyes vigente (Miller, 1984: 15). De esta manera, el anarquismo filosófico ha de entenderse más como una postura intelectual que sirve de base para los desarrollos posteriores, y no tanto como una articulación teórica dirigida a la acción política.

Uno de los problemas de hablar sobre anarquismo filosófico (o filosofía anarquista) es que no es propiamente anarquismo, en tanto que el anarquismo filosófico no propone ni articula ningún modelo de organización social (como sí lo hacen las diferentes ramas anarquistas), ni ninguna receta para acabar con los Estados y sus opresión. El anarquismo filosófico, pues, es más una actitud intelectual vacía de acción política.

El anarquismo filosófico nos proporciona una distinción clave para entender la vida social: poder y autoridad no son la misma cosa (ibid.: 16). Al reconocer que los Estados tienen poder, es decir, la capacidad violenta de imponer determinadas cosas sobre las personas, no significa que estemos reconociendo su autoridad, que sería la aceptación del poder. El poder, que es normalmente violencia física (pero no siempre), se convierte así en autoridad cuando es aceptado por las personas. El poder del Estado español está claro: policías, ejército, armamento militar… Y este poder es reconocido como legítimo por muchas personas, esto es: muchas personas reconocen la autoridad del Estado español sobre eso que llamamos les españoles. El anarquismo filosófico diría: el Estado español ciertamente tiene poder, está claro, pero no tiene la autoridad moral de imponer nada sobre las personas.

No obstante, Miller lista tres diferentes formas de acatar órdenes sin tener que reconocer la autoridad de aquella institución o persona que emite esas órdenes. Pongamos un ejemplo sencillo: imaginemos que enfermamos y tenemos que ir a nuestra doctora de cabecera. Como enfermes podemos tomar dos posiciones:

1) Podemos aceptar las recomendaciones de nuestra doctora porque sabemos que ha estudiado medicina y sus conocimientos son de fiar (además de útiles).

2) Podemos aceptar que nuestra doctora tiene el derecho de recetarnos determinado antibiótico porque les doctores tienen un estatus social superior.

En el segundo caso estaríamos otorgando a nuestra doctora el derecho de mandar y dirigir la vida de otras personas, es decir, estaríamos sugiriendo que la doctora tiene el derecho de imponer (estaríamos reconociendo su autoridad). Sin embargo, en el primer caso estaríamos reconociendo su conocimiento como experta en una materia que nosotres mismes no dominamos y, en la cual, necesitamos ayuda. Pero hacer esto no significa reconocer la autoridad de nuestra doctora. ¿Se ve la diferencia entre aceptar la autoridad y aceptar una sugerencia/mandato?

El anarquismo filosófico nos dice en esta situación que cumplir una orden (tomarnos un medicamento recetado por otra persona) no supone necesariamente doblegarse ante el poder de esa persona, mucho menos reconocer su autoridad. Simplemente estaríamos admitiendo la posición ventajosa (ya sea moral, intelectual, técnica, etcétera) de otra persona más capacitada para hacer algo. Otro ejemplo: hoy en día la mayoría de Estados en el mundo prohíben matar a otros seres humanos. Nosotres, como anarquistas, seguimos este mandato no porque creamos en la autoridad del Estado, sino por razones morales.

Otra forma de aceptar mandatos sin reconocer la autoridad de otras personas o instituciones es, según el anarquismo filosófico, acatar las órdenes de un gobierno, por ejemplo, porque nosotres como individuos libres y racionales consideramos que no hacerlo sería más perjudicial para nuestra causa. En este caso estaríamos atendiendo a razones estratégicas. Otro ejemplo de esto sería la acción directa violenta: aunque estemos en contra del sistema financiero no vamos quemando sucursales bancarias por la calle, aunque así quisiéramos hacerlo. Podemos argumentar que, aunque queremos eliminar uno de los pilares del sistema capitalista, no lanzamos un cóctel molotov a la sucursal de nuestro banco porque esto llevaría al rechazo de nuestros vecines quienes, potencialmente, pueden sumarse a nuestra causa en un futuro.

Por último, existe otra manera de obedecer una orden o mandato sin reconocer la autoridad de la fuente. Supongamos, como dice Miller (ibid.: 17), que nos encontramos atascados en un inmenso accidente de tráfico. Los coches arden y se requiere evacuar rápidamente la carretera. Entonces, una persona espontáneamente decide tomar el cargo y empieza a dar órdenes: que si nos movemos para este lado, que si las mujeres con niñes pequeñes pasan primero, etcétera. Ante esta situación que requiere una solución urgente podemos obedecer las órdenes del hombre que nos grita, sin embargo, esto no implica que estemos reconociendo su autoridad para imponerse sobre otras persona. Sencillamente decidimos seguir sus órdenes de manera temporal porque pensamos que es la mejor manera de salvaguardar el bien común. En este caso estaríamos atendiendo a razones organizativas y racionales.

Es útil aclarar que en los dos primeros ejemplos estaríamos admitiendo la autoridad de determinadas personas, pero esta autoridad tiene un carácter muy especial: es una autoridad técnica, de conocimiento, o estratégica. El anarquismo filosófico aquí es tajante: admitir la autoridad técnica de nuestra doctora es válido, puesto que no estamos reconociendo una autoridad moral superior que permite a nuestra doctora imponerse sobre el resto. El anarquismo filosófico argumenta que las personas libres admitirían la autoridad técnica de la doctora en base a sus propias consideraciones morales, es decir: yo como enfermo me tomo lo que me receta mi doctora porque libremente he decidido que ella está más capacitada que yo para recetar medicamentos (hasta qué punto somos capaces de decidir libremente es otra cuestión que no toca tratar ahora).

Así que resumiendo tenemos que: el anarquismo filosófico afirma que nadie, ninguna persona en el mundo, tiene la autoridad moral para imponer cosas sobre el resto. Podemos aceptar ciertas órdenes en ciertos contextos especiales, pero nadie tiene el derecho moral para imponer. Reformulando esto en otros términos: nadie está obligado a obedecer, todes tenemos que tener la libertad individual para analizar por nosotres mismes las diferentes situaciones de la vida y tomar decisiones por nuestra propia cuenta.

Una vez dicho esto, hemos dejado el terreno preparado para estudiar los tres principales autores del anarquismo filosófico: William Godwin, Max Stirner, y Robert Wolff. En esta ocasión los «deberes» son las mismas lecturas recomendadas en el número dos de esta serie de artículos. En la cuarta entrega analizaremos el pensamiento utilitarista de Godwin y lo contextualizaremos dentro de la filosofía anarquista, identificando así sus puntos fuertes y sus debilidades.

El PP pretende modificar la ley que regula el derecho de manifestación

Que nuestro estimado gobierno del Partido Popular no es muy amigo de la gente que se manifiesta es algo conocido por todes nosotres. Que la señora delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, tiene una opinión peculiar sobre los derechos civiles también lo sabemos. Así que, por desafortunado que sea, que ahora intenten limitar el derecho de manifestación no nos sorprende. Pero sí que nos entristece.

Según comentan en Público, la señora Cifuentes hace poco que ha afirmado que la ley que regula el derecho de manifestación es muy permisiva (sic) y que debería ser modulada para racionalizar mejor el uso del espacio público. ¿Su argumento? Pues que en Madrid hay demasiadas manifestaciones (casi 2.200 en lo que va de año). Pero yo me pregunto: ¿se puede hablar de demasiadas manifestaciones? ¿No es acaso un derecho que tenemos les ciudadanes del Estado español? Nos manifestaremos cuando queramos y cuantas veces creamos convenientes, digo yo.

Pero ni el PP ni la señora Cifuentes parecen pensar de este modo. Para la señora delegada del Gobierno, el derecho a manifestarse ha de respetar el derecho que tiene el resto de ciudadanes a pasear tranquilamente por la calle (como si ahora ella fuera la defensora del pueblo, o  mejor dicho, la defensora de les viandantes). Pero va más allá, porque también aseguró que la ley que regula el derecho es muy vieja por ser de 1983 (y yo me pregunto, entonces, cómo de vieja es nuestra Constitución que permite la existencia de la Casa Real).

Eso sí, la señora Cifuentes se ha esmerado en dejar claro que su intención no es la de recortar los derechos civiles, sino modular un derecho que necesita ser racionalizado. Ella misma afirmó que el tema requerirá de un amplio consenso, aunque lo cierto y verdad es que para el Partido Popular la palabra consenso se limita a un color: el azul.

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