La abstención es un gesto activo: La política de la dignidad

Nota: ésta es una crítica simpatizante con el texto «La abstención es un gesto pasivo: La política del día a día», al cual me gustaría resaltar los argumentos que yo personalmente considero acertados, así como complementarlo con otras ideas que se alejan de lo escrito por el compañero Liberty Cravan. Por lo tanto, se recomienda la lectura del primer texto antes de proceder con éste.

La abstención, lejos de ser un gesto pasivo, es tal vez uno de los gestos más activos en política parlamentaria. Entiendo como abstención el mero hecho de no ir a votar por el motivo que cada persona quiera adoptar. Esto abre un gran abanico de motivos: algunas personas no votan porque no tienen tiempo. Otras personas no votan por que les da pereza levantarse un domingo de la cama. Otras no votan porque no quieren legitimar el sistema electoral. Y otras personas pueden no votar simplemente porque no les da la gana ese día. Algunos motivos tienen un trasfondo político, mientras que otros no. Algunos motivos nos gustan más, mientras que otros tal vez los rechacemos tanto como el ir a votar. Pero lo mire como lo mire, veo que todos los motivos para abstenerse son activos.

Cuando vives en una sociedad como la del Estado español donde la televisión, la radio, y la prensa te bombardean inhumanamente cada vez que hay elecciones para lo que sea, el decidir no ir a votar se me antoja como algo activo. Cuando todo discurso socio-político de responsabilidad ciudadana, dignidad humana, y buen comportamiento gira alrededor de concurrir a elecciones y ejercer nuestro «derecho» constitucional, entonces, el no ir a votar y abstenerse me parece algo muy activo. Más cuando ese discurso hegemónico, institucional, y profundamente socializado se impone de una manera tan brutal (desde el colegio hasta la universidad nos enseñan el valor de «ir a votar»).  Abstenerse de votar no solamente es romper con las reglas del juego que nos quieren imponer, sino también una manera activa de decir que nos importa bien poco lo que nos quieran imponer. ¿Hay algo más activo que la rebeldía contra lo impuesto?

Si votar es lo «normal» en un proceso electoral, entonces abstenerse es lo «anormal.» Y para ser une anormal hay que romper primero con la comodidad de la cultura dominante. Se abstenga una persona por el motivo que sea, aunque sea por pura pereza, ahí encontramos una valiosa fuente de actividad. Cuando la cultura política dominante estigmatiza a la persona que se abstiene, cuando nos llaman «irresponsables», o cuando nos culpan de todos los males electorales, entonces el no ir a votar se convierte en algo más que activo, pues implica una ruptura con toda normalidad establecida (y esto no se hace por pasividad). Que se lo pregunten a les católiques que les da pereza ir a misa un domingo: me da lata ir pero voy por lo que pueda decir el vecino, la madre del vecino, o el párroco. El ir a misa (en este ejemplo tonto) sería cumplir con la normalidad de la (sub)cultura dominante en tu contexto. El no ir a misa, lejos de ser un gesto pasivo, es un hecho activo en tanto que se decide romper con la presión social y cultural.

Ahora, el tema que propone Liberty Cravan no solamente es si la abstención es un gesto pasivo o activo. El compañero escribe que la abstención activa no conlleva, necesariamente, a un aumento de la lucha diaria contra el capitalismo, la autoridad, y todo lo demás. Y bien cierto es: la lucha en la calle, en los puestos de trabajo, en las escuelas, y en todo lugar no depende directamente de la abstención activa, pues ésta ni crea consciencia de por sí ni lleva a ningún tipo de milagro. Estas otras cosas caen en otro terreno que poco o nada tiene que ver con la política institucionalizada. Aunque los nexos existentes entre prácticas políticas no institucionalizadas e institucionalizadas puedan ser de gran interés, no explican (o no pueden explicar) el valor ético que es intrínseco a la abstención. Sí, lo que cuenta para el cambio social en importante medida es eso que Cravan llama «la política del día a día.» Pero abstenerse de votar no conlleva mal alguno. [1] Puede que no conlleve mejora alguna tampoco, pero al menos garantizamos que no haya mal (cosa que no pasa votando).

La lucha en el día a día es fundamental, necesaria, e imperativa siempre que existan elementos de autoridad. Pero no considero que el concepto de «abstención activa» merme u obstaculice nuestra lucha libertaria. De hecho, no tengo muy claro si el uso de otro concepto aumentaría la militancia en sindicatos, grupos de afinidad, o redes horizontales. Como tampoco tengo muy claro de qué manera exactamente la abstención activa dificulta «la política del día a día.» Yo diría lo contrario: animemos a la gente a luchar, organizarse, y vivir con dignidad. Pero también animemos el boicot de uno de los mayores circos de la humanidad. Te abstengas por el motivo que te abstengas, bien por ti.

Notas

[1] Escribo que «no conlleva mal alguno» puesto que abstenerse no legitima un sistema político injusto y opresor. Es más, abstenerse no legitima la autoridad de las instituciones burocráticas ni a los estados-nación. Abstenerse en masa puede llevar a que un grupo nazi consiga 10 escaños. Pero votar en esas mismas elecciones a Podemos (por ejemplo) implica la reproducción de la autoridad fáctica y simbólica de todo aquello que el anarquismo critica. Sopesad vosotres mismes qué es más ético y práctico teniendo perspectiva histórica.

Seguirá habiendo injusticia

Acabadas las elecciones al Parlamento Europeo, Pablo Iglesias de Podemos decía que no habían ganado al PP ni al PSOE, pero que seguirían «luchando» porque les banqueres corruptes (entre otres) seguirán existiendo. Se deduce de esto que la cuestión de les banqueres corruptes, les males policías, y les males polítiques es cuestión de quién gobierne. El contexto institucional no importa. El funcionamiento burocrático del Estado tampoco. Lo que importa es quién gobierna y cómo lo hace. O esto parece ser lo que piensan todes les candidates del partido político que sea. Y es que no hay mayor ceguera que la de la persona que no quiere ver. La historia contemporánea está repleta de ejemplos en los que las mejores intenciones políticas acabaron en estrepitoso fracaso. Quien no lo quiera ver, que no lo vea.

Los sistemas democráticos de eso que llamamos «países capitalistas avanzados» se basan en una tensión irresoluble: la tensión que existe entre política y mercado. En términos formales, la democracia representativa que plantea el liberalismo se basa en la igualdad política. Es decir, todes tenemos los mismos derechos políticos como votar, presentarse como candidate, expresar nuestras ideas, etcétera. No obstante, la democracia liberal sustenta un sistema económico, el capitalista, que no está basado en la igualdad económica de las personas. En el capitalismo algunas personas tienen más que otras (y algunas no tienen absolutamente nada). Y esto está bien, porque el capitalismo no aboga por ningún tipo de igualdad económica. ¿Cómo influye esto sobre el ejercicio político?

Lo que les candidates polítiques de «izquierda» parecen no ver es que los mercados y la política se entrelazan en multitud de niveles. Tenemos leyes aprobadas en parlamentos que claramente favorecen los intereses materiales de las personas que tienen más. Pero también tenemos personas en política que o bien tienen intereses personales en ciertos mercados, o bien conocen a gente que sí los tienen (y normalmente esta «gente» tiene suficientes recursos materiales como para comprar un traje aquí, una cena allá, una casa más allá… etcétera). Como las dinámicas capitalistas no pueden funcionar sin estados-nación que regulen los flujos de capital, de forma inevitable intereses económicos e intereses políticos terminan encontrándose.

Cuando Pablo Iglesias habla de banqueres corruptes da a entender que une banquere puede ser buene. Lo mismo hace cuando habla de la «casta política» (tal vez su palabra favorita tras «hegemonía»), pues sugiere que hay polítiques males, y polítiques buenes (les que están con él, qué casualidad). De nuevo: todo depende de quién gobierne y cómo lo haga. Todo depende de les jugadores, como si el juego en sí no importara nada. Bueno, precisamente lo que la abstención activa del anarquismo plantea es que el problema no es solamente quiénes juegan y cómo lo hacen, sino también, y en mayor medida, el juego en sí mismo.

La tensión entre democracia representativa y mercados capitalistas está más que documentada. Estudios en los Estados Unidos han probado que a lo largo de las últimas décadas las personas con mayor posesión de capital han ejercido una influencia mayor sobre las personas que deciden las políticas del futuro estadounidense. Una vez más, los Pablos Iglesias del mundo podrán decir que el problema de los Estados Unidos es que tienen males gobernantes. ¿Pero qué hay de los contextos institucionales y burocráticos en los que se encuentran les polítiques?

Dejando de lado las críticas filosóficas que se puedan hacer a los sistemas representativos-liberales, lo cierto es que nos sobran razones tangibles para desconfiar de cualquier gobierno, elección, y parlamento del mundo. Cualquier persona que haya estudiado los modernos estados-nación de Occidente habrá visto que las arcas de los estados dependen en gran medida de dinámicas capitalistas que mueven una cantidad inmensa de dinero. Es más, el juego internacional entre estados-nación ya no se desarrolla, mayormente, en el terreno militar como era antaño. Ahora son las corporaciones, los tratados económicos, y las dinámicas comerciales las que dictaminan quién es fuerte o quién es débil en la política internacional. Por ejemplo: el imperialismo de los Estados Unidos no solamente se mide por el número de bases militares que tienen en otros países, sino también por el número de empresas que firman contratos con otros estados-nación; por el número de corporaciones que proveen servicios a los ejércitos de otros países; por el número de agentes económicos influyendo las decisiones que se toman en otras tierras… ¿Acaso es algo nuevo todo esto?

Finalmente les querría decir a aquelles polítiques de buenas intenciones (como Pablo Iglesias, quiero presuponer) que consigan un puesto en cualquier parlamento capitalista del mundo que han de saber que:

  1. Todo el edificio sobre el que vuestro estatus social se sostiene está basado en la tensión existente entre política y mercado. La política, si bien autónoma hasta cierto punto, no puede prescindir de los actuales lazos de dependencia hacia el capital.
  2. Cuando queráis promover vuestras «políticas socialistas» ya nos contaréis cómo solucionáis la brecha entre «la política formal» y la «política ideal», porque una cosa es decir qué se piensa, y otra cosa es hacer lo que realmente se piensa. Lo sabemos, tendréis mil obstáculos y millones de presiones para no votar tal o cual otra cosa. Pero cuando fracaséis, no digáis que no os avisamos.
  3. Desde los parlamentos del mundo las cosas, como mucho, se pueden reformar. Eso lo sabéis de sobra. No pretendáis cambiar la desigualdad que produce el capitalismo a base de votar políticas, porque la historia no parece contarnos que eso sea posible. Si queréis dar una cara «más humana» al capitalismo no habléis de «revoluciones» (como Elena Valenciano. Qué bochorno).
  4. Da igual lo que cobréis al mes o cómo viajéis hasta Bruselas. Le polítique profesional sigue, y seguirá, siendo una persona parásita que se cree con derecho a representar los intereses materiales de miles de personas. En el mejor de los casos será una persona parásita «marginada» en el Parlamento. Pero, entonces: ¿qué tanto de profesionalidad, acorde con los estándares liberales, tenéis si estáis marginades a un grupo minúsculo de parásites?

Cuando realmente nos creamos que se puede revolucionar el mundo, que se puede sustituir al capitalismo por otro modo de organizar la vida humana de forma justa e igualitaria, entonces, no hará falta ningún texto ni ningún mitin electoral. Una sola palabra se susurrará de oreja a oreja hasta que se convierta en un grito de millones de registros al unísono: ¡insurrección!

Hasta entonces seguirá habiendo banqueres corruptes, policía represora, y polítiques males. Da igual quién juegue, pues el problema es el mismo juego al que estamos jugando. Las reglas injustas se cambian cambiando de juego (valga la redundancia), y no jugando al juego de manera distinta (pues las reglas vienen dadas por contextos institucionales, no por manuales de Monopoly). Hasta entonces seguirá habiendo injusticia.

Tensión vegana

Nota a les lectores: Algún día de estos me decidiré a escribir mi opinión sobre por qué el veganismo es la dieta más consecuente para con el anarquismo. Sin embargo, hoy se me empeña meter el dedo en la llaga donde más nos duele a les veganes: el medio ambiente y el impacto que nuestra actividad humana tiene sobre éste. Como ni soy biólogo, ni médico, ni nutricionista, ni tan siquiera entiendo mucho de ciencias del medio ambiente—más allá de eso que llamamos «conocimiento popular»—aviso a les lectores que aquí no habrá ni datos reveladores, ni números impactantes. Me limito a dar una impresión personal de lo que se le ha ocurrido a mi propia ignorancia a lo largo de ciertos años en contacto con veganes del mundo.

Lo primero que une piensa cuando se introduce al veganismo es que está dando un paso importante en su vida. Una dieta libre de sufrimiento animal es consecuente con las ideas anarquistas, y la consecuencia que pueda existir entre palabras y acciones es siempre placentera. Sin embargo, a medida que une se familiariza con el veganismo se empieza a dar cuenta que hay ciertas cosas que ya no cuadran tanto con otras ideas que podamos tener como anarquistas responsables. Lo primero que a mí, particularmente, me llamó la atención fueron lo que en mi entorno llamamos «productos estrella veganos», que vienen a ser el tofu, la quinoa, y el seitán.  Si me llamaron la atención no fue por sabor o nombre, sino por su procedencia—¡y precio! No sé en vuestras localidades, pero en los sitios en los que he vivido yo estos productos son de difícil acceso, monetariamente hablando, para la gran inmensa mayoría de personas.

Pero este artículo no tiene que ver con la mercantilización capitalista del veganismo—ni sobre los precios abusivos de las «tiendas orgánicas» que explotan las responsables decisiones de les veganes para forrarse a base de tofu, quinoa, y seitán. Esto tiene que ver con lo que escribía más arriba de la «procedencia» de estos productos. Y es que pocos «productos estrella» se producen localmente donde se consumen mayoritariamente, sino que se producen en países donde la mano de trabajo es barata, donde la ley facilita la explotación intensiva, y donde la destrucción del medio ambiente importa poco a las élites del cotarro. Pero ya sean «productos estrella» o no, lo cierto es que casi todo lo que les veganes—y no veganes—consumimos viene de países lejanos, más «baratos», y más explotados.

Dejando de lado la crítica al capitalismo explotador, me quiero centrar en el «viaje» de estos productos alimentarios. Un «viaje» que, al menos a mí, me produce cierta tensión mental. Resulta que para comer sano—es decir, para llevar una vida alimentaria saludable—, sin sufrimiento animal—que es muy importante—tengo que adquirir productos que viajen miles y miles de kilómetros en el medio de transporte que sea, contaminando en su «viaje» y añadiendo así, con mi supuesta responsabilidad, más daño al planeta y su futuro ecológico. En mi entorno hemos intentado buscar alternativas a esta tensión, y son bastante sencillas de encontrar: adquirir productos locales que no tengan que «viajar» tanto. No es cuestión de poner banderas a lo que adquirimos, sino de reducir al máximo posible nuestra huella ecológica. No obstante, no siempre es sencillo adquirir productos locales, ni siempre se produce todo lo que necesitas de manera local. A esto se le ha de añadir la dificultad regional: en algunas regiones el mercado se habrá especializado en ciertas cosas, dependiendo de las importancias para las demás.

¿Y qué debe hacer el vegane responsable ante esto? No tengo la respuesta definitiva, pero sí que sé que ésta pasa por reducir la adquisición de productos importados—con lo que también se estaría reduciendo el apoyo a la explotación humana en muchos casos. Supongo que todo termina siendo una crítica al sistema capitalista ya más que globalizado. Y sobre todo al consumismo frenético al que nos enseñan desde pequeñes. Recuerdo aquella mesa redonda en la que una persona, ya de cierta edad, decía que la «modernidad» había mejorado mucho su vida. Ahora, decía ella, podía comer frutas exóticas que hace años no podría ni soñar con ellas. Y yo me preguntaba: ¿qué tipo de mejora a tu vida aporta el hecho de poder comer aguacates, mangos, o frutas de la pasión?

Lo del tofu, la quinoa, y el seitán creo que sigue una lógica un tanto distinta. Si les veganes tiramos de estos productos es por su valor nutricional alto en proteínas. Pero volvemos a las mismas: ¿no podemos encontrar otras fuentes de proteínas que no impliquen «viajar» miles de kilómetros? Tal vez sea imposible. Tal vez no. O tal vez sea hora de empezar a cultivar nosotres mismes lo que necesitemos. Pero si así lo hacemos, ¿qué impacto tendrá sobre el equilibrio ecológico de nuestra región?—como dije, yo de estos asuntos soy bastante ignorante.

Sea como sea hay tensión. Y la tensión, si no se resuelve, suele acabar mal.

De repúblicas y republicanes

Otra vez llega al Estado español el jolgorio que incita (a muches) la Segunda República. Tanto jolgorio es que piden una tercera, con su primer ministre, presidente de república, su parlamento, y todo. Vaya, una república al completo. En la televisión saldrán les de siempre: les progres del PSOE haciéndose pasar por eso que no son, les típiques de los sindicatos generales con sus consignas, algune que otre de IU para salvar la casa (y para meter algún que otro voto más al saco), intelectuales de turno, actores, cantantes… etcétera y etcétera.

Las calles de las grandes ciudades se llenarán de banderas tricolores. La gente cantará, gritará, solidarizará, y marchará. Darán discursos, comidas (y bebidas), panfletos, contarán batallitas, mencionarán a tal abuelo famosete, a tal abuela irreductible, aplaudirán y lanzarán vítores llenos de júbilo. Tal vez no este año, pero alguno de estos que viene, con el poder de la palabra y la democracia electoral conseguirán derrocar a la monarquía del Estado español. El voto les dará la libertad (piensan elles). Alzarán a las masas adormecidas para que vayan a votar en tropel a los colegios. Las salas se llenarán de votos republicanos. Si no consiguen un referéndum, seguirán marchando y dando consignas para que IU salga con mayoría absoluta en las próximas elecciones (que ya desde la última vez que ejercí mi derecho democrático se me ha olvidado cuándo son). Entonces llegará la tan aclamada Tercera República Española.

Cuando eso suceda se llenarán las calles de gente gozosa. Gente que de tanta alegría llorará sin control. Habrá fiesta por semanas y les pérfides de la familia Borbón mirarán el espectáculo desde algún lugar remoto (pero no tanto, cuidado). Se inaugurará un nuevo ciclo, con muchas caras nuevas en el Congreso. Ánimos renovados y energía nueva para democratizar a España. Harán leyes nuevas, mucho más progres y abiertas, acordes con la ciudadanía del siglo XXI, tan progre y abierta. Les migrantes serán bienvenides con brazos abiertos, para que trabajen los puestos de trabajo que les españoles no quieren. Les homosexuales tendrán todos los derechos que otorgue la nueva Constitución a les heterosexuales, porque todes somos iguales, siempre y cuando no cuestionemos la institución familiar y la monogamia. La gente podrá manifestarse por sus ideas, pero solamente si no atentan contra el sistema de la república. Si lo hacen, de forma razonable, bueno, les dejarán por aquello de la libertad de expresión. Pero ojo, que si se pasan los gloriosos cuerpos de seguridad de la Tercera República intervendrán. Guardias republicanes. Con elegantes uniformes y modernas armas anti-disturbios. Las grandes empresas se nacionalizarán, para que las paguemos entre todes con el sudor de nuestra frente y, también, para que nos beneficiemos un poquito de precios más asequibles (eso sí, les gestores polítiques se beneficiarán un poco más, solamente un poquitín más). Les polítiques serán más justes, aunque habrá alguna que otra oveja negra (sí, esa gente de derechas que también resulta ser republicana. Vaya). Votarán con consciencia por el pueblo, desde el pueblo, y para el pueblo. Todo por el pueblo. Eso sí, no preguntemos al pueblo, que es tonto y no sabe decidir por sí mismo.

Al año de instaurar la Tercera República  habrá un desfile, el más glorioso que jamás se haya visto en estas tierras patrias republicanas. Los aviones militares volarán los cielos de la capital echando humo (tóxico) de colores. Les soldades marcharán con orgullo bajo la atenta mirada de la persona que elijamos presidente de la república. ¡Todes saludarán a tan valientes hombres y mujeres! La economía irá mejor porque estará gestionada por gente que trabaja para el pueblo. El Estado cuidará de todes nosotres, así que nadie se tiene que preocupar. El Estado llegará a todos los rincones de la geografía. Se abrirán sedes, oficinas, instituciones, para que el pueblo pueda hacer llegar su voz al Congreso. En definitiva, todo será mucho mejor cuando esa gente que se manifiesta con banderas tricolores consigan poner en el Congreso (mediante unos papelitos metidos en cajas) a les suyes.

Entonces les anarquistas seguiremos luchando contra el Estado y la autoridad. Nos darán de hostias guardias republicanes, que suena mejor. Respiraremos gas republicano en las manifestaciones (que nos hagan el favor de ponerlo a tres colores). Nos meterán en cárceles republicanas y no nos llamarán preses polítiques, sino «agentes provocadores que intentan desestabilizar la república.» Nos seguirán matando como lo hace hoy la monarquía parlamentaria. Seguiremos yendo al trabajo a pelearnos con les jefes por un mísero salario (tranquiles, el Estado se ocupa de vuestras pensiones), y cuando organicemos una huelga nos llamarán «derechistas» o «pequeñes burgueses.» Pero, tal vez, la gente consiga vivir más feliz: que te explote una república suena mejor a que te explote una monarquía. Banderitas tricolor para la señora. Gorrito tricolor para el nene. Todes felices, ¡abajo con la monarquía! ¡Viva el poder popular y la Tercera! ¡Que peguen con los huesos en la cárcel esos anarquistas! Total, ya lo hicieron, y algunes dicen que la historia se repite.

Cuando la bandera tricolor se alce en lo alto de los edificios todo habrá cambiado para que, precisamente, nada cambie. Nosotres seguiremos quemando sus banderas, sean del color que sean, hasta que todas sean negras y ya no exista autoridad impuesta en la tierra.

Ucrania 2014: ecos del pasado

A poco que pongamos un poco de atención al discurso internacional sobre lo que está pasando en Ucrania nos damos cuenta que la cosa suena familiar: ¿están les gringues hablando de la Guerra Fría, o de la Ucrania de 2014? En estas últimas semanas hemos podido leer en Internet comparaciones directas entre la situación actual y la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría, o incluso algunes se han atrevido a calificar los hechos de Nueva Guerra Fría o Tercera Guerra Mundial (¡hala!)

Lejos de ser exageraciones de los típicos grupos amantes de las conspiraciones internacionales, la verdad es que este discurso belicista (que no deja de ser preocupante) viene promovido por «altas personalidades» de la prensa y política mundial (léase Estados Unidos). En el Washington Post podíamos leer hace unas semanas al neo-conservador Charles Krauthammer decir que los Estados Unidos deberían mandar una flotilla al Mar Negro y asistir económicamente a Ucrania con 15 billones de dólares norteamericanos (que se dice pronto). John Kerry, actual Secretario del Estado, amenazaba también a la Rusia de Putin con restricciones económicas y asistencia a la (nueva fascista) Ucrania. Unas amenazas que si las pensamos de nuevo no tienen legitimidad alguna: sí, la movilización de tropas rusas en Crimea rompieron con ciertas leyes internacionales[1], pero que John Kerry lo haya señalado una y otra vez tiene su qué. Después de todo, ¿no han causado los Estados Unidos un significante número de guerras solamente para perseguir sus intereses nacionales? Un ejemplo: Iraq (Otro: Siria. Y otro más: Libia). Y que nosotres sepamos, Iraq no es limítrofe con los Estados  Unidos (como sí lo son Ucrania y Rusia).

Si miramos atrás en la historia del siglo XX la cosa adquiere morbo. En 1945, en la ciudad de Yalta (precisamente en Crimea), se realizó una conferencia entre Churchill, Stalin, y Roosevelt para lograr una paz internacional. Todo ha cambiado, y los contextos no son idénticos, pero sí que observamos similitudes que nos traen ecos del pasado. La derecha estadounidense parece haber entrado en un estado de pánico, endemoniada por fantasmas del pasado que susurran dos palabras: Guerra Fría (o jodides comunistas). El parecido más interesante entre ambos contextos históricos es el gran papel del ejército (de lo militar), el cual dicta las reglas del juego diplomático. Y es que el problema con Ucrania no es ni la soberanía de sus gentes, ni la economía. El problema parece ser el de siempre: poder. Hay que tener en cuenta que los Estados Unidos y la Unión Europea llevan largo tiempo intentando diezmar el poder ruso en el ámbito internacional. A mi parecer el aspecto más importante son los límites de la OTAN.

Ni Rusia está preocupada por los lazos económicos con Ucrania, ni los nuevos lazos económicos que ésta pueda desarrollar con la Unión Europea (después de todo, el gas ruso sigue siendo necesario en muchos países europeos). A Rusia le interesa mantener su dominio estratégico en el este, y a «Occidente» le interesa debilitar dicho dominio para aumentar su dominio. A fin de cuentas: poder, que viene a ser el problema que atormenta a nuestra raza desde tiempos inmemorables. Una Ucrania pro-Occidente significaría una expansión inmediata de las fronteras de la OTAN en términos de bases, ejercicios militares, nuevas alianzas… ¿Os imagináis qué piensa Rusia ante la idea de tener una flota estadounidense operando en una base de la OTAN en el Mar Negro? Más datos confirman que lo que prima en este conflicto es lo militar (tan ligado al concepto de poder). Para empezar, la ayuda que la Unión Europea promete a Ucrania no viene «de gratis», sino que conlleva los típicos compromisos con el neoliberalismo y, además (algo que los medios burgueses no se han dignado en mencionar hasta donde yo sé), la integración de Ucrania en el aparato militar de la Unión y todo lo que conlleva: cooperación armamentística, ejercicios comunes, simulaciones de crisis, etcétera y etcétera. Además, Rusia tiene todo el derecho de sospechar de Occidente: desde la unificación de Alemania, tres ex-repúblicas soviéticas[2] se han unido a la OTAN (y eso que los Estados Unidos aseguraron que la intención no era prolongar la Guerra Fría ni un ápice). A pesar de todo, hoy encontramos puestos militares de la OTAN en Georgia, un lugar que queda muy cerca de los intereses de Rusia.

Como anarquista toda esta retórica ultra-nacionalista me produce arcadas. Y la histeria estadounidense me parece de chiste dado el historial de rupturas con sus amadas leyes internacionales. Pero tampoco creo que el análisis anarquista de la actual situación en Ucrania requiera de tanto desdén. He leído bastantes veces en nuestros círculos que la economía es lo que está promoviendo la crisis ucraniana; que esto es una especie de «empujón capitalista» para agrandar su territorio. No creo que éste sea el principal motor de los hechos. Como he expuesto, el poder creo que prima en todo este asunto: el encuentro entre el poder de dos bloques hegemónicos que todavía existen (uno de forma muy distinta, claro está).

Notas

[1] No es que me importen, personalmente, las leyes internacionales, pero obviamente son un elemento vital para entender las relaciones internacionales entre naciones-estado.

[2] Además de un considerable número de países que firmaron el Pacto de Varsovia, el cual en pocas palabras pretendía no empeorar la situación entre la Unión Soviética y la OTAN.

Manual: cómo inhabilitar cámaras de seguridad

CamOver

A continuación paso a traducir una guía interesante de les compañeres de CamOver. Si recordáis, la iniciativa surgió en el año 2013, en Alemania, como una especie de «juego» que pretendía difundir la acción directa, específicamente aquella dirigida a las cámaras de seguridad. En su sitio web podréis encontrar más información sobre la historia del «juego», sus razones de ser, etcétera. Sed buenes.

Contenido

1. ¿Por qué destruir circuitos cerrados de televisión?
2. Tipos de cámaras
2.1) Cámaras falsas
2.2) Cámaras escondidas
2.3) Cámaras sobre muros
2.4) Cámaras sobre tejados
2.5) Cámaras en postes
3. Métodos de ataque
3.1) Bolsa de plástico
3.2) Pegatinas y cinta
3.3) Pistola de pintura
3.4) Puntero láser
3.5) Cortar cables
3.6) Objetos pesados
4. Preparación
4.1) Trabajando juntes
4.2) Mantener la forma
4.3) Conocer el terreno
5. Ejemplos de anarquistas griegues

1. ¿Por qué destruir circuitos cerrados de televisión?

Confía en tu intuición. Pero si de todas formas necesitas una justificación intelectual, entonces lee lo siguiente:

«La vigilancia de las cámaras no recae por igual sobre todas las personas de la calle, sino que recae sobre aquellas personas estereotípicamente predefinidas como potencialmente desviadas. O bien sobre aquellas personas, que por su apariencia y comportamiento, son clasificadas como indecentes por les operadores. De esta forma, la juventud, especialmente aquella que ya está social y económicamente marginada, puede ser objeto de mayores niveles de intervención autoritaria, así como de mayores niveles de estigmatización. En vez de contribuir con mayores niveles de justicia social mediante la reducción de los niveles de victimización, las cámaras de vigilancia son meras herramientas de injusticia al servicio de una vigilancia diferenciadora y discriminatoria.»

«. . . instrumento de control social y disciplinamiento; producción de conformidad anticipativa; certeza de observar con rapidez desviaciones sociales; recopilación de archivos individualizados de la población vigilada.»

Fuente: The Unforgiving Eye: CCTV Surveillance in Public Space, por Dr. Clive Norris y Gary Armstrong, del Centre for Criminology and Criminal Justice de la Hull University, Reino Unido

«Lo que hemos demostrado es que las cámaras de seguridad no reducen el crimen (en todo caso ha aumentado). Tampoco reducen el miedo ha cometer un crimen, sino que, de resultar en algo, las cámaras incrementan levemente los niveles de ansiedad.»

Fuente: Profesor Jason Ditton de la Sheffield University, Reino Unido

2. Tipos de cámaras

2.1) Cámaras falsas

Estas cámaras deben ser inhabilitadas dado que cohíben e infligen miedo al castigo.

«Las cámaras falsas incluyen lentes y soportes. Usan una carcasa real para que parezcan de verdad.»

2.2) Cámaras escondidas

Sirven para reforzar la vigilancia en instalaciones donde las cámaras primarias son más básicas. Las cámaras escondidas ofrecen una segunda vigilancia en caso de que le intruse desactive las cámaras primarias. Este tipo de cámaras suelen ser usadas de manera temporal para captar repetidas actividades criminales.

2.3) Cámaras sobre muros

Normalmente están instaladas fuera del alcance de las personas, pero pueden ser accesibles por dos personas trabajando juntas. Protegen sobre todo propiedades privadas, pero a menudo también cubren espacio público.

2.4) Cámaras sobre tejados

Normalmente son cámaras usadas por la policía para controlar el tráfico, pero a veces son también usadas por instituciones privadas o complejos de oficinas.

2.5) Cámaras en postes

Usualmente son operadas por autoridades locales para vigilar áreas comerciales y tráfico urbano.

3. Métodos de ataque

3.1) Bolsa de plástico

Una bolsa de plástico con pegamento sirve de maravilla. Es un método barato y tan eficaz como cualquier otra técnica a corto-plazo. Usa bolsas industriales, pues éstas son más gruesas. A veces las cámaras que están siendo reparadas son cubiertas, por lo que visualmente esta técnica no llama tanto la atención. Si la cámara puede ser cubierta por una bolsa sin dificultad, significa que está al alcance. De ser así, no dudes en destruir el cristal, la lente, y demás componente (hecho esto, no cubras la cámara con una bolsa: la gente necesita ver la cámara destruida como muestra de que no sirven).

3.2) Pegatinas y cinta

Simplemente pega una pegatina o un poco de cinta en la lente. Esta técnica sirve de entrenamiento y muestra claramente que la cámara está «fuera de juego.»

3.3) Pistola de pintura

Hazte con una pistola de agua de las que usan les niñes y llénala con pintura. Esta técnica es rápida, divertida, sencilla, y no requiere que escales nada (muy recomendada). Puedes inutilizar muchas cámaras en poco tiempo (con una hora de actividad puedes fácilmente poner fuera de juego 10 cámaras). No te olvides llevar pintura de repuesto en recipientes de plástico. Tampoco te olvides quitar las impurezas para evitar que la pistola se bloquee. Apunta a la lente de la cámara y después hazte cargo del resto de la cámara y el área en la que esté. La pintura se limpia fácilmente, por lo que es una técnica de corto-plazo, pero sirve para indicar con claridad a la gente dónde hay una cámara.

Nosotres usamos los modelos de pistola Super Soaker 400 – 2000 (versión camuflaje para acciones urbanas nocturnas). Usamos una mezcla 50/50 de agua y pintura de emulsión, con lo que podemos alcanzar sin dificultad alturas de hasta 4,5 metros sobre nosotres. Esta mezcla obstruye por completo la lente de la cámara una vez aplicada al objetivo. Prepárate para mancharte, por lo que lleva ropa desechable.

3.4) Puntero láser

Los punteros láser de considerable potencia se pueden comprar por precios razonables. Para garantizar una acción eficaz se recomiendan punteros láser más potentes. Ten en cuenta que puedes dañar tu visión si no apuntas bien, o si el cristal de la cámara refleja el láser. También considera que, en distancias largas, es difícil mantener el láser fijado sobre el objetivo. El puntero láser puede ser instalado sobre unos binoculares para aumentar la precisión. Esta técnica no muestra a la gente que la cámara está inutilizada, por lo que no es recomendada.

3.5) Cortar cables

Los cables de las cámaras pueden ser cortados con herramientas afiladas como las usadas en jardinería. Asegura que la herramienta te aísle de la electricidad de los cables. Si dejas los cables colgando de manera casual mostrarás a la gente que la cámara está inutilizada. Además, obligarás a reparar (y pagar) el cableado de la cámara. Produce chispas de satisfacción.

3.6) Objetos pesados

Escala hasta el tejado del edificio donde la cámara está montada. Desde lo alto, deja caer un objeto pesado como un bloque de hormigón. Puedes calcular la posición correcta si primero dejas caer piedras de menor tamaño. La cámara será destruida con una exhibición de chispas. Pero ten en cuenta que escalar edificios altos con objetos pesados requiere que estés en buena forma física. Considera también la seguridad de les viandantes que se puedan encontrar en la calle. Ésta técnica es cosa seria.

4. Preparación

La preparación (entrenamiento) es esencial no solamente para adquirir la forma física necesaria, sino también para adquirir la destreza necesaria (y más importante: te prepara para salir de situaciones inesperadas).

4.1) Trabajando juntes

Conoce bien a tus colaboradores (sus habilidades y carencias). También es importante saber en qué medida podéis confiar les unes en les otres.4.2) Mantener la forma
Nunca puedes estar demasiado en forma, por lo que haz una gran variedad de ejercicio (aunque la mejor forma de prepararte es inhabilitando cámaras de verdad). «Juega» en el terreno en el que actuarás, y empieza con algo sencillo como poner pegatinas.

4.3) Conocer el terreno

Familiarízate con todos los aspectos del terreno en el que actuarás. Explora el área tanto de día como de noche. Escala todos los árboles; todos los edificios. Explora todos los callejones, callejuelas, arbustos, y túneles. Salta todos los muros, barandillas, y vallas. No uses las calles o caminos (solamente crúzalos por los ángulos seguros). Si crees que el área está vigilada por helicópteros entrena tus habilidades de contra-vigilancia aérea, es decir, busca coberturas, usa bengalas, bombas de humo, etcétera.

5. Ejemplos de anarquistas griegues

Veamos cómo les compañeres en Grecia inhabilitan cámaras de seguridad:

Vídeo 1, Vídeo 2, Vídeo 3, Vídeo 4, Vídeo 5, Vídeo 6, Vídeo 7, Vídeo8, Vídeo 9

Manual de les compañeres de CamOver. Traducido al castellano por La Colectividad

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