El pan de cada día

Vivimos en una sociedad donde las hambrunas ya no son causadas por las malas cosechas, sino por la miseria que genera el sistema capitalista al priorizar el beneficio privado incluso sobre las necesidades básicas. Así es como se tiran miles de toneladas de comida mientras muchos millones de personas se mueren de hambre. Desde el triunfo de las revoluciones burguesas y la sustitución del feudalismo por el capitalismo, la obtención del pan de cada día ha cambiado desde entonces. Actualmente, ya no es porque sea escaso sino porque, pese al aumento de la producción, el pan tiene un precio por el que hay que pagar y para la mayoría de la gente, la principal fuente de ingresos es el trabajo asalariado. Ahora con la crisis y la reestructuración capitalista, cada vez más personas se ven con mayores dificultades a la hora de conseguir saciar el hambre y, es necesario preguntarnos en estos momentos si nuestras propuestas revolucionarias serán capaces de satisfacer las necesidades más básicas, tanto actualmente como durante una situación revolucionaria y postrevolucionaria. Incluso ya no es solo el pan de cada día, sino también los problemas del acceso a la vivienda, a la energía, al agua, a la sanidad o a la educación.

Las circunstancias materiales son un condicionante muy grande en nuestras vidas y hace que muchas veces nos lleve a contradecirnos con nuestras ideas. Pero sean cual sean las ideas que tengamos, necesitamos alimentarnos, beber agua, vestirnos y cobijarnos para seguir vivas. Esto directamente nos obligaría a jugar nuestro papel en la sociedad para poder sobrevivir y cubrir dichas necesidades. Sí, también tenemos que pelear por nuestro pan día a día, sobre todo cuando nos vemos obligadas a trabajar porque existen muy pocas alternativas al trabajo asalariado, a no ser que sea emprendiendo un negocio y teniendo asalariadas o trabajar en una cooperativa integral. La realidad material no es ajena a nosotras, estamos dentro de ella y si queremos cambiarla, antes tenemos que mantenernos con vida.

Lo inmediato también es un campo de batalla donde podemos encontrar enemigos y amigos. Por tener ideas no significa que seamos inmortales. También enfermaremos o tendremos accidentes, algunos y algunas tendrán descendencia y tendrán que meterlos en la escuela, seguramente tendremos que ganarnos la vida trabajando por cuenta ajena o autoexplotadas siendo trabajadoras por cuenta propia, nos veremos obligadas a desplazarnos en la ciudad o a otro lugar, necesitaremos cobijo, ingresos, etc… Estos aspectos cotidianos pueden llegar a ser verdaderos problemas cuando hay en juego intereses mercantiles que choquen con nuestros intereses. Si lo que hacemos es criticar lo reformistas que son las luchas inmediatas y nos desentendemos de las mismas, estaremos sirviendo en bandeja a las ofensivas neoliberales que pretenden mercantilizar aún más nuestras vidas.

Pero todos estos problemas no se solucionan a base de ideología, de hecho, las ideas no llenan estómagos, al contrario, son los estómagos llenos, la dificultad que requiere y la conciencia sobre ello, los que alimentan los ideales. No estoy hablando de lujos, sino de las necesidades básicas satisfechas. Se está muy cómodo sentado en el sofá disfrutando del privilegio de tenerlo todo hecho diciendo qué lucha es reformista y qué no. Y es así como algunas personas que se declaran revolucionarias menosprecian, por ejemplo, las luchas en defensa de la Sanidad pública, que al parecer, les importan bien poco que se despida personal sanitario, se precaricen sus condiciones, se externalicen algunos servicios, aumenten las listas de espera, cierren quirófanos, camas y plantas, que mueran personas a causa de enfermedades curables… y todo ello para que la Sanidad privada haga negocio donde quienes puedan pagársela no tienen listas de espera ni ningún tipo de incidencias. Tampoco nos olvidamos de la defensa de la Educación, el cual estamos viendo que nos suben tasas, que las aulas se masifican, que las empresas cada vez estén metiendo más la mano… para poner la Educación al servicio de los mercados y reservada a los hijos e hijas de la burguesía mientras los hijos e hijas de clase trabajadora tendrán trabas económicas a la hora de acceder a una educación mejor.  Y no solo esto, también sufriremos el paro y la precariedad laboral fruto de los atropellos de las sucesivas reformas laborales con la complicidad de los sindicatos del régimen. Podría seguir alargando la lista, como la defensa del transporte público, el agua, los barrios, etc… pero el denominador común de todos los problemas cotidianos sigue siendo el capitalismo y el Estado. No obstante, las revoluciones no se producen por arte de magia ni surgen por espontáneos que se aventuraron hacia las montañas a montar sus propias comunas, sino por la continuidad en los conflictos de clase, en mantener una tensión constante contra el sistema dominante articulando siempre respuestas populares. En otras palabras, creando alternativas de confrontación que permitan reconstruir el tejido social perdido, uniendo las luchas sectoriales y acentuando la lucha de clases.

Sabemos que desde la caída de Lehman Brothers el capitalismo occidental entró en una fase de reestructuración que consiste en el progresivo desmantelamiento del Estado del bienestar de la postguerra, y que ya no habrá vuelta atrás. Por eso hay que plantear una salida hacia delante por la vía de la escalada de la conflictividad social en todos los ámbitos y poniendo sobre la mesa el componente de clase en las luchas. Ya no estamos como en los ’90, ni en el siglo de oro de las revoluciones obreras y populares. Estamos entrando en una nueva fase del neoliberalismo y tenemos que levantar cabeza para conquistar el pan de hoy y garantizarlo en el mañana.

Cuando el límite de x no tiende a infinito

Un día cualquiera me encontré con una pregunta de una servidora de Madrid bastante curiosa. No era de matemáticas, sino de política y en concreto son cuestiones acerca de las las limitaciones ideológico-políticas del anarquismo. Más específicamente, haciendo un balance de las distintas aportaciones teóricas a la actual coyuntura y sus limitaciones. Por un lado, estas cuestiones exigen mucho seso, pero por otro, me sabría mal dejarla plantada, dejando además, muchas cosas clave en el tintero. He aquí que me haya decidido responder, y el título precisamente es una parábola a dichos interrogantes.

Para contextualizarnos mejor, nos remontamos a los tiempos convulsos de la reestructuración del régimen franquista, llamado comúnmente como «Transición a la democracia», allá por los años ’77 del siglo XX. En esa época, comenzó a resurgir la CNT una vez ya en la legalidad y poco a poco comenzó a asmoar la cabeza otra vez el movimiento obrero y junto a éste, el movimiento libertario. Sin embargo, no estaban exentos de divisiones internas y pronto las excisiones y el caso Scala terminó por desmoronar el movimiento. Represión, cárcel, terrorismo de Estado y torturas, eso fue la cara oculta de la historia reciente de este país que no sale en los libros. Tras haber neutralizado el movimiento obrero, la historia desde finales de los ’80 hasta hoy ha sido la historia de los partidos políticos. El pueblo había dejado de ser protagonista. En ese período el anarquismo continuó como movimiento marginal, con aires nostálgicos de aquel pasado glorioso del ’36. En los años ’90, comenzó a aparecer tendencias insurreccionalistas que pretendían romper con el inmovilismo de entonces, aunque a falta de hojas de ruta y estrategia política, acabaron desentendiéndose del resto de las luchas y terminando por caer en mera literatura incendiaria. La crisis del anarquismo se hizo patente en ese momento, y se notó cuando estalló la crisis allá por el 2008 por una ausencia casi total de respuestas sociales desde el anarquismo.

Pero llegó el 15M y de allí, el punto de inflexión Si bien el 15M no supuso un impulso real al movimiento libertario, sí que preparó el terreno para la escalada de la movilización social y a la vez, en ese momento se visibilizó la inoperancia del anarquismo en general en el Estado español. Una de las mayores limitaciones dentro del movimiento libertario fue la incapacidad para transmitir nuestros mensajes al resto de la sociedad, concretamente, a gran parte de la clase trabajadora. Junto a ello, la falta de proyectos políticos y económicos claros unido al hermetismo del propio movimiento que llevamos arrastrando desde que se desmoronó tras el Caso Scala, hace del anarquismo algo opaco al resto de la sociedad, una suerte de utopía para soñadores incansables. Estos factores pueden tener raíz en la propia esencia del anarquismo: la diversidad. El anarquismo tiene multitud de interpretaciones, y hay ocasiones en que la diversidad degenera en atomización, que es la fragmentación de las ideas anarquistas en átomos en los cuales cada individuo se forja su propia concepción y se cierra en su burbuja. Por otro lado, la diversidad puede ser un punto fuerte. Para que fuese así, esta diversidad debería ser dialéctica y dinámica, que supere los viejos esquemas siguiendo el método científico y se adapte a las coyunturas donde se dan; una diversidad que admita la unidad teórica entre la diversidad de opiniones y se construya socialmente.

De la diversidad surgieron también diversas corrientes o tendencias dentro del mismo anarquismo. Así pues, podemos distinguir aquellas relativas a la finalidad: anarquismo individualista, mutualismo, colectivismo y comunismo libertario. De las cuales, han bebido las corrientes relativas a la forma organizativa o medios empleados: insurreccionalismo/anarconihilismo, anarcosindicalismo, anarquismo social, etc. Como tratar de detallar cada tendencia daría para escribir muchos artículos, voy a centrarme en aquellos relativos a la praxis inmediata que están más de actualidad y más determinante para los tiempos que corren. Aquí no trataré sobre las corrientes finalistas.

Comenzando con el insurreccionalismo, hemos de señalar que no es una tendencia exclusiva del anarquismo, sino que también puede ser del marxismo revolucionario. El insurreccionalismo no es más que un método que pretende transformar la realidad presente a través de la revuelta y con un claro discurso que apunta a la realización de un fin revolucionario en lo inmediato. Obviamente, esto tiene una gran limitación y viene dado por la omisión de dos importantes factores que determinan la posibilidad de creación y avance de un movimiento revolucionario: las comunidades en lucha y la acumulación de fuerzas. Si bien el insurreccionalismo podría ser una salida al estancamiento, si se desentiende de las problemáticas sociales y de sus procesos de movilización perdiendo así unas posibles bases que amplíen al movimiento, estará abocado al fracaso. Así lo demuestra, por ejemplo, la diferencia entre el anarquismo insurreccionalista griego y el ibérico, por mencionar las más destacadas. Resulta irónico que ciertos insurreccionalistas critiquen la idea de comunidad y de acción colectiva, cuando realmente, las tendencias insurreccionalistas que podrían tener posibilidades de ser actor revolucionario de cambio, son las que han sabido conectar con los problemas sociales inmediatos y crear comunidades. Exarchia, conocido barrio ateniense tomado por anarquistas, no está formado única y exclusivamente por anarquistas, sino también por numerosas personas que ven la autoorganización y la autogestión como alternativas factibles al sistema capitalista. Incluso la pequeña victoria arrancada por Nikos Romanós al ponerse en huelga de hambre, ha sido también gracias a las redes de apoyo y a la solidaridad del tejido social creado en Atenas (y también del resto del mundo), cosa que sin ella, no habría podido llegar hasta este punto y poder aspirar a victorias mayores. En resumen, el insurreccionalismo no tendrá éxito si no es capaz de conectar con la problemática social inmediata ni crear la base social que articule el movimiento. De hecho, es gracias a esa base social la que otorga contenido político y sentido a las luchas.

Hablando del anarcosindicalismo, aunque en el primer tercio del s. XX en el Estado español el anarcosindicalismo haya podido ser una fuerza mayoritaria, hoy no tiene mucha influencia en el panorama laboral, incluso entre el sector de la clase trabajadora sindicada. La principal limitación es su propia naturaleza de ámbito específico: el laboral. El anarcosindicalismo sirve como herramienta para la organización de la clase trabajadora, al margen de su ideología política, en los centros de trabajo en la coyuntura del sistema capitalista. En este sentido, a través del anarcosindicalismo se pretende articular una organización de clase que permita responder a las agresiones de la patronal, y que a su vez, sirva como punto de partida para la concienciación de la clase trabajadora, demostrando además, que mediante la acción directa podemos resolver los conflictos a nuestro favor y defender nuestros intereses inmediatos No obstante, el propio sindicalismo no va más allá de las luchas económicas al ser de ámbito específico y sectorial. Otro problema del anarcosindicalismo, al menos en el Estado español, ha sido la sobreideologización que ha obstaculizado y ha ocasionado que, en algunos casos, ciertos anarcosindicatos (no voy a tratar aquí ninguna sigla en concreto) se conviertan en ghettos y no en herramientas funcionales. Esto puede ser debido, en parte, a la influencia de lo que se podría llamar «anarquismo oficial», aquella corriente nostálgica con los años ’30 y que no supo conectar con la realidad social debido a la falta de análisis rigurosos y centrado únicamente en la pureza ideológica más que en una visión estratégica y de articulación de movimiento. En resumidas cuentas, el anarcosindicalismo debería, ahora más que nunca, constituir la alternativa real al sindicalismo de concertación y volver a impulsar el movimiento obrero de carácter autónomo.

Por último, no cerraría este artículo sin analizar el anarquismo social, de reciente importación al Estado español. La entrada de esta corriente supuso un soplo de aire fresco y una posibilidad real de salir del estancamiento y del estado languideciente del anarquismo actual en este país, para volver a levantar un movimiento libertario con capacidad para impulsar las luchas sociales a través de la organización popular. Otro punto importante a tener en cuenta es la necesidad de articular un movimiento libertario multisectorial, que conecten todas las luchas, tales como en el ámbito laboral-estudiantil, a nivel de barrio, comunitario y territorial, y a nivel político-ideológico. Posiblemente, la limitación residiría en la falta de tejido social en gran parte de la población de la península, tejido social que se perdió en el franquismo y por la «cultura de la Transición«. Aunque en estos últimos años, la movilización social ha ido in crescendo y, a falta de actores políticos revolucionarios que actúen fuera de las instituciones, podrían acaban como extensiones de partidos como Podemos y terminar vaciando las calles.

En general, al menos actualmente en el Estado español, al anarquismo le faltan proyectos políticos más concretos que apunten a finalidades cercanas nuestro alcance, que permitan el avance de las luchas inmediatas fortaleciendo la organización popular en vez de apuntar a la vía institucional y crear alternativas las cuales sean el propio pueblo trabajador y las clases oprimidas quienes sean los y las protagonistas. Una de las limitaciones son las pocas herramientas de análisis de coyuntura que tenemos, cosa que sí tiene el marxismo de los cuales nos podemos inspirar, y que nos permita conocer rigurosamente las distintas fuerzas políticas y sociales en el escenario político y determinar las estrategias adecuadas para impulsar la transformación radical de la sociedad. A pesar de todo, las experiencias históricas en las cuales se pudo materializar el anarquismo, así como las experiencias en Rojava, demuestran que es la única vía para la emancipación social y superar el sistema capitalista.

El anarquismo como herramienta y no como utopía

¿Qué es el anarquismo? Probablemente, a esta pregunta le sucederían un montón de respuestas. La particularidad del anarquismo es que cada anarquista tiene su propio concepto, pero compartiendo el común denominador que es una sociedad libre, sin Estado ni clases, basada en el apoyo mutuo y la cooperación, organizada a través de las comunas y éstas se agruparían en una confederación de comunas. Kropotkin lo definió como «principio o teoría de la vida y la conducta que concibe una sociedad sin gobierno, en que se obtiene la armonía, no por sometimiento a ley, ni obediencia a autoridad, sino por acuerdos libres establecidos entre los diversos grupos, territoriales y profesionales, libremente constituidos para la producción y el consumo, y para la satisfacción de la infinita variedad de necesidades y aspiraciones de un ser civilizado.» Pero esta definición, aunque válida, le falta más cosas. De hecho, incluso a muchas definiciones dadas al anarquismo actualmente les faltan. Muchas de ellas apuntan al fin, a esa lejana sociedad libre ideal, pero no concretan los medios. Esta es la cuestión que trataremos, pues aunque el anarquismo no sea una utopía, a partir de ciertas definiciones, da la impresión de que sí lo es.

Hablemos en presente. Actualmente, el sistema dominante es el neoliberalismo, y el anarquismo prácticamente ya no es una fuerza política y constituye en muchos sitios —que no en todos— un movimiento minoritario o casi marginal, aunque hay casos de realizaciones del anarquismo a muy pequeña escala a nivel local. Si algo es realizable quiere decir que no es utópico, pero es discutible, puesto que hoy por hoy, es absurdo pensar que en un período de tiempo relativamente corto, seamos capaces de materializar a mayor escala el anarquismo o socialismo libertario. Sin embargo, también es cierto que los principios antiautoritarios se pueden aplicar igualmente en el presente, y es aquí de donde tiene que partir las herramientas de transformación.

Si presentamos continuamente el anarquismo únicamente como sociedad ideal futura, estaremos diciendo que el anarquismo es utópico. De hecho, a día de hoy, materializar una sociedad anarquista a mediana o gran escala en el actual contexto neoliberal es imposible. Pero que sea imposible no impide que sigamos aspirando a ella. Esto no significa que nos convirtamos en apasionadas soñadoras tratando de ser lo más coherentes posibles con nuestras ideas, sino buscar medios materiales para llegar a los objetivos de largo plazo. Para ello, es imprescindible desde el anarquismo, crear las herramientas para ello sabiendo que la revolución no vendrá espontáneamente sino que será resultado de una acumulación de fuerzas en favor de la clase trabajadora. Lo primero de todo, es esencial conocer el entorno que nos rodea a través del análisis de la coyuntura, y actuar donde existan conflictos sociales, autoorganizándonos y utilizar nuestros principios para aplicarlos en la praxis inmediata. En este sentido, potenciar las estructuras asamblearias para la toma de decisiones colectivas, fomentar la acción directa como método efectivo para la resolución de conflictos, así como las estructuras horizontales en las organizaciones populares, y, en definitiva, poner a disposición de todas nuestros métodos y no hacerlos exclusivamente nuestros.

 Necesitamos más un anarquismo que sirva como herramienta de lucha, porque de lo contrario, por mucho que querramos lograr una sociedad libre sin clases ni Estado, si no tenemos los medios para ello, estaríamos continuamente soñando con utopías mientras vemos cómo continuamente el capitalismo se reestructura en cada crisis. Por ello, cabe añadir a las definiciones del anarquismo como que «no solo es un principio o teoría de la vida que concibe una sociedad sin gobierno cuya armonía se obtiene por el libre acuerdo, sino que también constituye una herramienta para la praxis social y política encaminada a la emancipación social de las clases oprimidas.»

Ante el típico reproche de «lo vuestro es imposible», responderíamos que no se trata de un proyecto de realización inmediata y espontánea ni tampoco se trata de un estilo de vida única y exclusivamente personal, sino que también el anarquismo constituye, a día de hoy, una herramienta de lucha al alcance de cualquiera que desee un cambio radical. Aspiramos a un mundo mejor, por supuesto, y esto nos impulsa a luchar contra todas las agresiones del capital y el Estado, pero no expresamente declarando una guerra abierta, sino pensando bien las estrategias y, partiendo del análisis de la coyuntura, crear las estructuras organizativas adecuadas para cada ámbito de lucha, potenciar los movimientos sociales de base para crear comunidad, buscar alianzas con otras tendencias políticas más afines y constituirnos como actor político revolucionario.

La acción directa como método de resolución de conflictos, el asamblearismo como vía para la toma de decisiones colectivas, la descentralización como estructura organizativa, la autogestión como independencia y autonomía económica, etc, constituyen métodos propios del anarquismo que pueden aplicarse perfectamente en las luchas actuales, los cuales se emplearían, no solo para ganar pequeñas victorias, punto muy importante para llevar la moral alta, atraer a nuevas personas, crear redes y lazos de solidaridad así como comunidades en lucha, sino también llevarnos a la posibilidad de dar un salto cualitativo. Así que, los y las anarquistas no vamos a ir al monte para vivir nuestras vidas, sino que constituiremos una alternativa de confrontación al sistema, dotando de contenido político a las luchas y poniendo sobre la mesa las herramientas necesarias para avanzar en ellas. No es momento para poner excusas escudándose en la coherencia o la libertad personal, es momento de volver a levantar la cabeza, repartir las herramientas y caminar.

Las razones del anarquismo social

He prometido dar una respuesta a la altura de las circunstancias y espero dar la talla en este aspecto. Este artículo es una respuesta a las críticas al anarquismo social del compañero La Colectividad en este artículo y en éste otro, y aprovecho para dejar claro que este artículo no representa al anarquismo social en general, sino mi concepción del mismo apoyado en otras lecturas. Encuentro un cierto paralelismo en este debate con el que se dio hace un siglo aproximadamente, cuando sobre la mesa se planteaba la inserción del anarquismo en el sindicalismo. Al respecto, Malatesta ya en los años ’20 del siglo XX ya defendía la idea de que los y las anarquistas en todo momento no deberíamos separarnos del pueblo, y aunque tales movimientos no sean expresamente antiautoritarios, nuestro papel debería ser el de tratar de que sí lo sean demostrándolo mediante el ejemplo, o al menos hacer de las luchas lo más antiautoritarias posibles. Desde esta premisa parte el anarquismo social.

Orígenes y definición

El anarquismo social se desarrolló en América Latina por parte de la FAU (Federación Anarquista de Uruguay), la FARJ (Federación Anarquista Río de Janeiro), la FEL-Chile, entre otras, hace unos años y fue de reciente importación al Estado español. Entre algunos autores influyentes podemos destacar a Murray Bookchin, Felipe Correa, Frank Mintz y Wayne Price, teniendo influencias también de personajes históricos como Nestor Makhno, Rudolf Rocker, Malatesta, entre otros. El anarquismo social se podría definir como una corriente que pretende ser una vía política que incida en la realidad social, material y política a través de los movimientos populares, y a partir de allí, crear nuevas estructuras sociales que se traduciría en la articulación del poder popular y la acentuación de la lucha de clases llevada por la clase trabajadora misma sin necesidad de partidos. El anarquismo social aspira a ser un actor político que no solo ofrece respuestas ante los problemas inmediatos, sino también construir proyectos de futuro, siendo una fuerza política revolucionaria sobre la cual se lleva a cabo la lucha de clases encaminado a la revolución social y la construcción de una sociedad libertaria. Para ello, se fundamenta sobre los pilares de la organización de los y las anarquistas a dos niveles: social (frente de masas e inserción social) y político-ideológico (articulación de organizaciones específicas anarquistas y creación de programas políticos). Por supuesto, desde el anarquismo social defendemos la necesidad de participar en las luchas sociales que se dan en lo inmediato, sea en asambleas de barrio, en asambleas de parados, en el tajo mediante el anarcosindicalismo, en el movimiento estudiantil, en la defensa de los servicios públicos, etc… pero con ello no pretendemos imponer un método, sino aportar las herramientas que permitan mantener las luchas activas, estructuras horizontales, acumular experiencias en el curso de las luchas, conectar con otros sectores en lucha, mantener su autonomía, así como radicalizar los conflictos y definir proyectos de futuro. En definitiva, construir comunidad a partir de las luchas presentes, sabiendo que si no somos capaces de arrancar victorias en el presente, menos podríamos lograr objetivos futuros.

Como he señalado antes, en el Estado español es una corriente bastante reciente, lo cual es falso decir que es la corriente mayoritaria. La que sí es mayoritaria, es el anarcosindicalismo representado en la CNT y la CGT, incluido ciertos aires de romanticismo por la revolución del ’36. Aun así, con el poco tiempo de implantación del anarquismo social aquí, podemos ver reflejado sus características desde una parte el movimiento estudiantil. Tal es el caso del ELS (Estudiantes Libertarios de Sevilla), el CEL (Colectivo Estudiantil Libertario) con presencia en A Coruña, Compostela, Vigo y Ourense, FES (Frente Estudiantil y Social) en Zaragoza, por mencionar las más destacadas, que comenzaron hace pocos años a andar y siguen la estrategia de la inserción social. Ahora mismo, en verano se reunieron en un congreso en Madrid y fundaron la FEL a nivel estatal. Tampoco nos olvidamos del Procés Embat, un proceso para levantar una organización anarco-comunista a nivel de Catalunya como actor político anarquista de cara a la construcción del poder popular.

Social o antisocial. Normal o anormal

Respecto a las críticas al anarquismo «antisocial» desde el anarquismo social, sobra decir que desde el anarquismo social defendemos la libertad individual, pero no una libertad individual como excusa para rehusar de la responsabilidad colectiva y la asunción de compromisos, una suerte de egocentrismo que sirve solo como autocomplaciencia, sino una libertad individual lograda a través de la libertad social. Esto se puede resumir en un párrafo de Piotr Arshinov que dice así: «La teoría anarquista de la libertad personal, lejos de estar aún suficientemente esclarecida, deja un vasto campo a los malentendidos. Evidentemente los hombres [y mujeres] de acción, que poseen una voluntad firme y un instinto revolucionario fuertemente desarrollado, verán en la idea anarquista de la libertad personal ante todo la idea de respeto hacia la personalidad ajena, la idea de la lucha infatigable por la libertad anarquista de las masas. Pero los [y las] que no conocen la pasión de la revolución y los [y las] que piensan en primer lugar en las manifestaciones de su propio ‘yo’ comprenden esa idea a su modo. Cada vez que se discute el problema de la organización práctica, de responsabilidad, dentro de la misma organización se escudan en la teoría anarquista de la libertad personal y fundándose en ella, tratan de sustraerse toda responsabilidad. Cada cual se retira en su oasis y practica su propio anarquismo. Las ideas y los actos de los [y las] anarquistas son pulverizados así en átomos mínimos.» Esta crítica está contextualizada en las experiencias del movimiento makhnovista, claramente marcado por la organización en la disciplina voluntaria, la unidad teórica y de acción.

Ciertamente debo admitir que lo «social» está siendo tan utilizado como «democracia», en el cual diferentes corrientes políticas han utilizado estos términos para su favor y camuflar populismos bajo el paraguas de lo «social». Sin embargo, que sea utilizado para esos fines no quiere decir que por ello les demos vía libre. ¿Acaso aceptamos anarquismo como caos, desorden y barullo porque así lo describe la RAE y la mayoría de la gente lo toma así? ¿Vamos a dejar que sigan creyendo que el anarquismo es caos y destrucción? Lo «social» de esta corriente del anarquismo viene por la necesidad de articular, de forma colectiva, un movimiento anarquista organizado como actor político y referente en la lucha de clases y contra todas las opresiones, diferenciándose de las tendencias individualistas que apuntan a la liberación personal en vez de la liberación social, en en el estilo de vida y no en una vía política, en las alternativas de huida (desentenderse de los problemas actuales y marcharse al monte) en vez de las alternativas de confrontación (enfrentarse al sistema dominante y aspirar a derrocarlo construyendo el socialismo libertario). Recuperar el significado de lo «social» como sinónimo de comunidad, lazos de solidaridad y cooperación entre las personas no es para nada descabellado.

Lo «social» aquí no significa tener una visión idealizada de la sociedad, sino en defender la acción colectiva y la autoorganización del pueblo trabajador. Obviamente, pretender abarcar toda la sociedad es, hoy por hoy, idealista, lo cual, sí somos conscientes de la inercia de la mayoría de la gente hacia las posturas revolucionarias y antiautoritarias y que a la mayoría no le interesa la política. Así que en lo que se enfoca el anarquismo social es en los movimientos sociales/populares y conflictos inmediatos que surgen en el día a día, en otras palabras, el anarquismo social pretende ser una herramienta útil para llevar adelante las luchas presentes dando unas respuestas ante los problemas inmediatos. Ya de paso, incluso se nos ha llegado a acusar de idealizar a la clase trabajadora, pero cuando se parte de análisis erróneos se llega a conclusiones erróneas, tal es el caso de partir de la confusión entre conciencia de clase y condición de clase. La condición de clase son las condiciones materiales objetivas de un individuo o grupo social, pero no expresamente va ligada a la conciencia de clase. La conciencia de clase es tener conocimiento de la situación material y la realidad que lo rodea, y saber que dicha realidad puede ser transformada. La conciencia de clase se adquiere de una manera u otra, no se nace con ella, sin embargo, las condiciones de clase, vienen en muchas ocasiones, dada. Las condiciones de clase no determinan la conciencia de clases, aunque puedan ejercer cierta influencia. Por tanto, no creemos que por ser clase trabajadora se es santo o santa. Lo mismo que un obrero puede ser liberal y de derechas, una mujer puede reproducir actitudes machistas o una persona no blanca puede reproducir actitudes supremacistas blancos. Y no, no pretendemos poner a las personas pertenecientes a colectivos socialmente oprimidos como víctimas y santos de devoción con una moral y ética muy cultivadas, sino como personas que por sus condiciones materiales se encuentran desfavorecidos en una estructura social autoritaria, racista, heteropatriarcal y clasista.

En cuanto a los interese de clase, habría que diferenciar entre intereses personales e intereses comunes. Todas tenemos nuestros propios intereses personales independientemente de la clase social a la que pertenecemos, no obstante, podemos compartir intereses comunes con el resto de personas. En particular, los intereses de clase no son inherentes a cada clase, aunque, al igual que la conciencia de clases, las circunstancias materiales influyan en mayor o menor medida. En la misma clase obrera, pueden haber intereses diferentes, como por ejemplo, ganar más dinero, levantar el país, gozar de más derechos o aspirar a realizar una revolución. En ningún momento creemos que por ser clase trabajadora ya aspiren a realizar la revolución, porque si fuese verdad eso, ya estaríamos viviendo en socialismo libertario. La clave aquí es que a través de las luchas, consigamos extender los intereses a realizar una revolución social expropiando y autogestionando los medios de producción, en detrimento de los intereses inculcados por el sistema capitalista.

Pero ni la conciencia de clases ni las ideas anarquistas ni el feminismo ni el antirracismo caen del cielo, se adquieren por influencia externa y no por revelación divina. Preguntémonos cómo hemos llegado a ser lo que somos y hallaremos las respuestas. Es por eso que tenemos que saber comunicar nuestro mensaje demostrando que este mundo lleno de injusticias, explotación y autoritarismos puede cambiarse radicalmente. Por tanto, si el anarquismo se aparta de la sociedad, y más concretamente de las luchas sociales y de clases, el único sitio que le quedaría sería el olvido y el ostracismo, o la más absoluta marginalidad. Otra cosa a tener en cuenta es que incluso siendo anarquista, no se es mágicamente feminista, antirracista o anti-homófoba, lo que quiere decir que no basta solo la conciencia de clases, sino también deconstruirnos. Así que pregunto, ¿dónde ves la idealización?

Hemos sido en el pasado lo que ahora, una vez politizados y politizadas, llamamos «gente normal». Es idealista pensar que por ser anarquista se es mejor que los y las demás, y por ello, los y las anarquistas estén desligados de las circunstancias materiales. Nada más lejos de la realidad, las circunstancias materiales nos afectan como a cualquier otro mortal. Del mismo modo, de cerca, nadie es normal, aunque socialmente esa normalidad sea lo que tú has descrito: autoritarismos, sexismo, racismo, insolidaridad, e incluso el propio individualismo. Rechazo estos valores como parte de la normalidad, no la normalidad en sí porque ¿y si la normalidad fuese todo lo contrario, que las ideas extendidas sean el feminismo, el antirracismo etc? Claro, para que eso fuese así, tendríamos que construirlo, no solo destruir los valores ya existentes. «Solo se destruye lo que se sustituye», esto es, extender los valores de la solidaridad, el apoyo mutuo, la cooperación, etc, para sustituir los vicios de esta sociedad. Sacar a relucir clichés estéticos como que el anarquista es aquella persona que solo rompe cosas, vive del pillaje y la okupación, no se relaciona con la gente considerada normal, no trabaja ni estudia ni se preocupa de los problemas sociales, etc; no es sino buscar la marginalidad en el desesperado intento de creerse especiales siguiendo el «no me gusta, pues cojo y me voy» en vez del «no me gusta y aspiro a cambiarlo y que la gente en mis mismas condiciones materiales trate de comprenderlo». Hay que destruir estos clichés y no tanto rechazar una normalidad para refugiarnos en estéticas destructivas de rebeldía adolescente. Hay que hacer del anarquismo una ideología política y práctica como herramienta para la emancipación social y no un juego de egos.

Estrategia y acumulación de fuerzas

El anarquismo en gran parte adolece de estrategia política, es por ello que desde el anarquismo social se pretende paliar este problema. La falta de una estrategia política clara nos lleva a actuar como una fuerza marginal, en muchas ocasiones, incluso sin llegar a ser una fuerza. En muchas ocasiones se repite el esquema del «todo o nada», sin haber antes analizado rigurosamente el entorno que nos rodea. El resultado es que al final terminamos en nada. Nada más idealista el pensar que podemos tomar el todo de un día para otro o en un período de tiempo relativamente corto, de un plumazo y por la acción de unas pocas personas que, declarándose completamente libres, van iluminando el camino mediante la destrucción del espectáculo capitalista, y que por ello se van uniendo cómplices. Sin embargo, la realidad material no es tan simple y todos los acontecimientos sociales son procesos en los cuales entran en juego multitud de factores, tales como: antecedentes (evolución histórica), causas del conflicto, tejido social y actores políticos. Entender estos procesos sociales nos lleva a jugar nuestro papel en el escenario político y social si realmente queremos aspirar a la revolución social y no quedarnos como fuerza marginal.

El compañero La Colectividad ha expuesto en un comentario un ejemplo sobre estrategia con el ajedrez. Bien, pero en el ajedrez no se trata solo de hacerle jaque al rey para luego dar el mate, sino que implica saber desplegar correctamente las piezas, encontrar flancos débiles o crear situaciones para desestabilizar las defensas enemigas, y a la vez, no descuidar las defensas de casa; hasta poder darle el mate. No obstante, una partida de ajedrez puede estar ganada incluso antes de dar el mate: quien haya conseguido una mejor posición respecto al enemigo, tendrá prácticamente la partida en su favor. En este caso, se podría decir que no siempre se gana por el jaque mate, sino también por quién haya obtenido una mejor posición con respecto al enemigo. Pero el ajedrez es insuficiente para explicar este tema porque se parte desde la igualdad de fuerzas, mientras que en la vida real, jugamos en desventaja. Para ello preferiría tomar el ejemplo en un juego de mesa de estrategia militar llamado Risk. En este tablero, cada fuerza política quedaría representada en una facción militar, con su territorio y sus efectivos, en los cuales se disputan el control de todos los territorios, la mayor parte de éstos o neutralizar a las otras facciones. Si partimos de una desventaja, tratar de combatir a un enemigo superior sería un suicidio, o en el mejor de los casos, un enorme desgaste de fuerzas. Esto nos lleva a adoptar otra estrategia. Tendremos que jugar a las alianzas: con quiénes sería más favorable aliarnos, es decir, qué facción o fuerza política es más afín y concuerda más con nuestros intereses inmediatos. Tendremos que ver quiénes son los enemigos potenciales (que serían una amenaza futura), quiénes los reales o inmediatos. Conocer cómo funciona, cuáles son sus movimientos y qué aliados tienen los enemigos. Qué territorios nos serían favorables, en dónde conseguir provisiones o tomar posiciones estratégicas… En definitiva, ganar fuerzas para tener mayores posibilidades para derrocar al enemigo o enemigos. Aquí es de donde parte la estrategia de acumulación de fuerzas.

Analizando la realidad material, nos encontramos en un escenario en el cual actúan múltiples fuerzas dentro de la misma sociedad. Volcando el ejemplo del Risk a la vida real, podemos observar que las fuerzas políticas dominantes buscan su perpetuación a través de la persuasión y la represión física, incluso dentro de las fuerzas políticas dominantes hay disputas entre, por ejemplo, una burguesía más progresista y liberal y otra más conservadora y autoritaria. Mientras, en las fuerzas de oposición están, desde las que buscan una conciliación de clase, hasta las que quieren imponer una dictadura fascista o «del proletariado». En este terreno, el anarquismo busca tanto la destrucción del sistema capitalista como del Estado para construir una nueva sociedad basada en la libertad y la cooperación. Si queremos que nuestras aspiraciones materiales se materialicen, hemos de construirlas en el aquí y ahora, impulsando los conflictos ya existentes y aportar alternativas políticas reales.

No obstante, aquí existe una bifurcación en las estrategias a seguir. Mientras que la propuesta insurreccional es mediante el combate directo con el sistema dominante contra toda autoridad y conquistar la libertad por la destrucción de este sistema mediante la revuelta armada; la propuesta del anarquismo social es la de la acumulación de fuerzas y la inserción social. Pero ¿por qué la estrategia de acumulación de fuerzas? Porque para derrotar a un enemigo superior militarmente que ejerce el poder a través de una estructura material, es inútil tratar de golpearle directamente sin tener una base social que articule las luchas. En este sentido, tratamos de crear esta fuerza necesaria a través de las luchas que se dan actualmente, aportando las herramientas adecuadas para la construcción del poder popular, que sería la fuerza para crear estructuras horizontales y autogestionadas que desafíen al poder burgués. Pero a diferencia del marxismo, entendemos poder popular como capacitación material del pueblo, el cual, a través de la autoorganización se construya un pueblo fuerte que no necesite partidos ni cuadros centralizados que lo guíe. Una estrategia de acumulación de fuerzas se basa en el constante análisis de la coyuntura y saber cómo incidir en la realidad material e impulsar cualquier lucha que nazca en el seno de la clase trabajadora, de manera que sea a través de la acción directa y la organización, el medio para conseguir victorias en lo inmediato. Y la inserción social es la parte de la estrategia de acumulación de fuerzas por la cual insertamos los métodos anarquistas en las luchas sociales, buscando puntos comunes y tratar de que se extienda la autoorganziación. Cada victoria podría ser insignificante, pero ayuda levantar la moral, ofrece experiencias y facilita los medios para que la gente que no esté involucrada en la acción política, pueda participar.

Los números y la orientación política

Nuestra posición no es la de hacer proselitismo y actuar como vanguardia ni actuar aislados de la realidad material preocupándonos solo de nuestra propia liberación, hacer una suerte de política asistencialista o caritativa desde una posición de superioridad moral, sino impulsar las luchas desde abajo «fomentando toda clase de organizaciones populares…» (Malatesta). La inserción social parte de este punto, de analizar la coyuntura teniendo en cuenta factores como el panorama laboral y sindical, el grado de presencia de movimientos sociales y las fuerzas políticas existentes, y actuar en el seno de la clase trabajadora en conjunto con aquellas personas que vean la vía de la lucha como opción de cambio, ofreciendo herramientas tanto para la organización popular como para conseguir victorias a través de ello, a la vez que vemos imprescindible la organización de los y las propias anarquistas y la definición de programas políticos anarquistas. No creemos por ello que la clase obrera sea per se revolucionaria, pero es la única clase social potencialmente revolucionaria«potencialmente» en sentido aristotélico, es decir, aquello que tiene posibilidad de materializarse, que permanece latente—, ya que el trabajo es la única fuente de valor y es la clase trabajadora la que realmente pone en marcha el sistema productivo y la que sería capz de gestionar la producción y reorganizarla. No obstante, que sea potencialmente revolucionaria no implica que inevitablemente se haga real. Esa potencialidad podría permanecer eternamente allí, a no ser que seamos capaces de impulsar y extender las luchas. Además, lucha de clases no sería completa si en ella no se incluye el feminismo, el antirracismo, el antiautoritarismo y el internacionalismo basado en el reconocimiento de la diversidad cultura de los pueblos, ya que todas las opresiones están relacionadas unas con otras.

Si aspiramos a la revolución social, debemos saber que la revolución no es precisamente un estallido violento surgido de la nada, sino que es el resultado de un proceso de acumulación de fuerzas a favor de las clases explotadas. Una revolución jamás se hizo porque al primer loco se le ocurrió que el sistema estaba mal y comenzó a atacarlo, jamás se hizo desde grupos clandestinos que practicaban el terrorismo y las guerrillas urbanas. Todas las revoluciones se hicieron, no porque fuese guiada por un grupo reducido de iluminados e iluminadas, sino, básicamente, porque las clases populares en masa se organizaron, crearon nuevas estructuras materiales y se lanzaron contra el sistema. Otra cosa sería el rumbo que tomase y quiénes terminen absorbiendo el descontento popular recuperándolo para sus intereses de clase, realmente opuestos a los de las clases populares. Estudiando la historia podemos ver, desde las insurrecciones campesinas en la Edad Media, la Revolución francesa (aunque fuese burguesa ya que cooptaron las luchas populares, realmente fue el pueblo llano quienes tuvieron un importante papel), la Revolución Rusa (no fue Lenin, sino gran parte del proletariado que se organizó en soviets antes del ascenso de Lenin para dirigir la revolución), la Revolución Makhnovista, la Revolución social del ’36, la Comuna de Shinmin… y la lista sería larga hasta llegar a la Revolución de Rojava o la insurgencia zapatista. El común denominador de todos estos acontecimientos revolucionarios siempre ha sido y es la base social, la comunidad, la organización popular y la presencia de uno o varios actores políticos revolucionarios.

Las luchas inmediatas, pese a sus marcadas limitaciones al ser éstas en su mayoría articulada desde estructuras volátiles, reivindicaciones cortoplacistas y únicamente defensivas en vez de posturas de avance; sí que a través de ellas se gestan los gérmenes que podrían llevar a una escalada del conflicto y articular una fuerza revolucionaria: la construcción de comunidad. La unión y el encuentro entre distintas comunidades en lucha formarían el tejido social y a partir de allí, se crean los movimientos sociales. Tales movimientos sociales no nacen de la conciencia de clases, sino de la puesta en común de los problemas cotidianos y la búsqueda de una solución a ellos mediante la lucha social. Pero ante la ausencia de actores políticos revolucionarios, serán propensos a caer en el reformismo y a ser extensiones de partidos para captar votos. Es por eso que debemos tener en cuenta este factor si queremos que no terminen recuperados y desmovilizados, tendríamos que ver en los movimientos sociales una oportunidad para el encuentro entre anarquistas con otras personas y colectivos en lucha para dar la posibilidad de pasar de la mera defensa de lo que tenemos, a poner sobre la mesa problemas comunes, análisis, posibles soluciones, etc, y perseguir objetivos más ambiciosos a medio plazo, tales como el control obrero o la autogestión de las empresas privadas, la gestión popular de la Sanidad, la Educación, etc, barrios autogestionados…

Se nos critica peyorativamente que sumar es malo, que el preocuparnos por la cantidad es absurdo, cuando en verdad, el número sí cuenta. Lo podemos encontrar en el mundo animal, en aquellas especies gregarias, las cuales son descritas por Kropotkin como las que más éxito en la supervivencia tienen y las cuales pueden defenderse mejor de depredadores más fuertes. En la lucha social sucede lo mismo: desde el simple acto de parar un desahucio o parar un desalojo de una okupa; hasta hacer retroceder a la policía en una manifestación, correr a los fascistas de nuestros espacios, llevar una huelga con éxito, impedir que la policía y los fascistas entren en el barrio, etc… Incluso para superar la represión es necesario tener una amplia red antirrepresiva y de apoyo a los y las presas políticas, que provendría desde las comunidades creadas a través de la lucha social, del tejido y las bases sociales creados. Aunque claro, evidentemente, esto tiene sus limitaciones y si nos obsesionamos por sumar nos podría llevar a perder nuestros objetivos a largo plazo. Por esta razón, es necesaria una orientación política. La orientación política no es más que aportar dentro de las luchas sociales. no solo las herramientas para mantener la autonomía y la creación de estructuras horizontales, sino también para dar la posibilidad de un salto cualitativo, de darle continuidad a las luchas y radicalizar los movimientos. En este sentido, las luchas presentes nos ayudarían a definir programas políticos acordes al contexto en el que se dan los conflictos. Dichos programas serían hojas de ruta no solo para mantener las luchas constantes, sino para que avancen cualitativamente.

La práctica del anarquismo social

«No debemos bajo ningún pretexto, separarnos del pueblo, pues no importa cuán atrasada o limitada puedan ser las personas, son ellas y no el ideólogo, quienes son la fuerza motor indispensable de toda revolución social» Amélée Dunois en una intervención del Congreso Anarquista de Amsterdam en 1907.

Recordemos que el anarquismo social aspira a ser un actor político revolucionario, ¿qué es eso? Ser actor político es ser una fuerza política referente para las luchas sociales y orientarlas hacia una vía revolucionaria, de transformación radical del sistema. A diferencia de la vanguardia leninista construida por un partido central y cuadros militantes satélites, una fuerza política anarquista sería aquella fuerza emanada desde la propia organización popular y de clase con sus múltiples colectivos y asociaciones según su ámbito de lucha: sindicatos de todos los sectores productivos, prensa, asambleas de barrio, ateneos populares, centros sociales okupados o no, organizaciones medioambientales, juveniles… y organizaciones políticas, las cuales serían las que mediante el análisis de coyuntura, definan programas generales y hojas de ruta para coordinar las distintas organizaciones de ámbito más específico. Éstos constituirían una red federativa o confederal desde donde se articularía el poder popular. Este modelo se dio en el Estado español del primer tercio del siglo XX y es el que permitió realizar la revolución social cuando se produjo el golpe de Estado fascista, y también comparte cierta similitud con el confederalismo democrático.

Podría teorizar hasta el infinito la inserción social, así que expondré dos ejemplos prácticos que conozco que resultaron bastante exitosos:

—El primer reconocimiento es para la Federación Anarquista de Gran Canaria (FAGC) por su labor en la lucha por una vivienda digna. Han llevado a cabo con éxito su programa de realojo de familias desahuciadas, así como en parar desahucios, y han permitido la creación de una comunidad de vecinos y vecinas conocida como la Comunidad La Esperanza. Pero lejos de buscar protagonismo, han recalcado que es la gente la que, organizada y a través de la acción directa, pueden lograr victorias. Otro aspecto importante es que han roto los falsos estereotipos dela anarquista que todo lo critica y se desentiende de las luchas sociales, dela anarquista que solo busca el caos y la destrucción.

—Otro merecido reconocimiento sería para el FEL-Chile, que a pesar de la deriva electoralista que tiene, han conseguido ser una fuerza anarquista estudiantil destacada dentro el movimiento estudiantil chileno. Comenzaron a andar hace más de diez años y ahora tiene fuerte presencia en las principales universidades chilenas, constituyéndose a la vez como uno de los referentes en la lucha estudiantil. De igual manera, también podría mencionar a las organizaciones estudiantiles del Estado español mencionadas al principio.

No terminaría sin mostrar casos del cómo mediante la construcción de comunidad y el aumento cuantitativo, se han permitido victorias en las luchas, también tiene su reflejo en la praxis, tanto históricamente como en los conflictos recientes:

—El ejemplo más visible es la defensa de Can Vies. De cómo el barrio de Sants pudo parar el derribo y conseguir que les dejaran en paz no se debe únicamente a la violencia desatada, sino a sus 17 años de presencia y actividades para el barrio. Hay que sumarle a esto que Sants ha tenido desde hace mucho más tiempo un tejido social mayoritariamente obrero.

—Las protestas por el parque Gezi en Turquía hace unos años es otro ejemplo de que la suma de fuerzas unida a la solidaridad y la organización popular, consiguieron defenderlo exitosamente. El mismo reflejo lo tendríamos en Gamonal.

—El conocido barrio anarquista de Atenas Echarxia no sería tal de no ser por la presencia de un tejido social construido muchos años atrás. No todas las que viven en ese barrio son anarquistas, sino gente cualquiera que ve en la autogestión y la cooperación social una solución real y efectiva.

—Las comunidades zapatistas y el movimiento de liberación kurdo del Kurdistán turco y sirio también son ejemplos vivos que tuvieron y tienen como base la construcción de comunidad en torno a una identidad colectiva cultural.

Si los números no cuentan, ¿no se debió el triunfo de Gamonal por la solidaridad que se desplegó en casi todo el Estado español? ¿Cómo se podría haber parado el derribo de Can Vies de no ser por las miles y miles de personas que bloquearon las calles durante el día y se enfrentaron con los mossos al caer la noche? Si el tejido social y la comunidad no son importantes, ¿cómo habrían conseguido los y las zapatistas lograr un territorio autónomo y el autogobierno? ¿Cómo en el barrio de Echarxia podría estar limpio de policías, tener parques autogestionados, numerosas cooperativas y hasta un centro de salud formado por personal sanitario voluntario? Es más, sin comunidad ni tejido social, no existiría en Chile un movimiento estudiantil tan extendido ni sobrevivirían las comunidades mapuche. Sin comunidad ni tejido social, la revolución social de Rojava no hubiese sido posible, ¡siquiera existiría el movimiento de liberación kurdo! De hecho, sin estos factores, no hubiese siquiera existido el movimiento obrero ni llegaríamos a conocer siquiera el anarquismo.

Desde el anarquismo social, pretendemos romper con la marginalidad en que está envuelta el anarquismo y volver a ser una fuerza política en la lucha de clases como lo fue antaño en las revoluciones sociales de la historia. Para ello, creemos necesario la reconstrucción del tejido social perdido en los barrios y las comunidades en lucha, potenciar el sindicalismo de clase en los conflictos laborales así como el movimiento estudiantil de base, etc, para extender los valores de la solidaridad de clase, el apoyo y mutuo y la cooperación, y sobre estas bases, articular un movimiento que no solo responda a las necesidades inmediatas, sino que tenga capacidad para aspirar a objetivos más ambiciosos. Todavía aquí en el Estado español la presencia no es muy grande pero demuestra ser esperanzador pese a los pocos ejemplos que hay. Llevamos desde la «Transición» muchos años sin levantar cabeza y reproduciendo discursos caducos, ya es hora de que volvamos a ser movimiento social y fuerza política.

Kobanê. La guerra continúa

La situación se está volviendo favorable a las YPG e YPJ desde que el día 16 de octubre avanzaran 4km por el frente oeste expulsando al EI. Sin embargo, los yihadistas todavía no han sido repelidos de la ciudad, aunque en el frente del sur y el este hubo ligeros avances en los días 18 y 19 de octubre. Al día siguiente, finalmente EEUU ha decidido enviarles municiones y material médico procedentes del Kurdistán iraquí a Kobane por vía aérea. También, el gobierno turco ha decidido permitir la entrada de los pershmergas, las milicias del Kurdistán iraquí, a través de la frontera turca para unirse a la resistencia contra el EI. Pese a todo, las condiciones de la guerra todavía se están haciendo notar: escasean medicinas y ya no hay ambulancias a causa de los disparos con mortero del EI, muchos civiles duermen en campamentos fuera de la ciudad mientras que los y las milicianas duermen en troncos y debajo de las piedras, y hay graves daños en los edificios de la ciudad, así como cadáveres de mercenarios yihadistas. Muchas infraestructuras destruidas, la frontera cerrada y prácticamente no llega la ayuda humanitaria.

En la madrugada del 20 de octubre, se produjo una gran batalla entre las YPG/YPJ y el EI a causa de una nueva ofensiva yihadista con refuerzos. Tal feroz choque se ha saldado con la muerte de unos 195 guerrilleros y cerca de 1300 del bando enemigo. El objetivo no fue más que un desesperado intento por parte del EI de recuperar el terreno perdido y conquistar Kobanê antes de que lleguen refuerzos a éste. EEUU ha decidido intervenir enviando municiones a los y las combatientes kurdas y bombardeando algunas posiciones del EI, para evitar que los combates llegaran hasta la frontera turca. En esta misma noche, en Turquía se produjo una manifestación armada en solidaridad con Kobanê levantando barricadas, disparando al aire y difundiendo por megáfono los mensajes. Finalmente se dispersaron para no ser capturados por las fuerzas represivas del gobierno turco.

Fuentes llegadas desde Kobanê denuncian también que el EI utiliza armas químicas contra un barrio del este de la ciudad, tales como gases clorados y otras sustancias que causan lesiones cutáneas y quemaduras químicas a los y las vecinas del lugar. Sin embargo, ante la falta de personal médico y materiales adecuados para los tests, no pueden determinar con exactitud de qué tipos de armas y sustancias se tratan.

También en estos días, fuera de Kobanê, el EI vuelve a acorralar en el monte Shingal a la población yezedí que ha quedado atrapada de nuevo. Esta zona se encuentra en Iraq, cerca de la frontera con Siria. Ante la dura batalla que se está librando en Kobanê, parece que no será posible abrir un pasillo humanitario como hicieron las YPG/YPJ meses atrás. No obstante, sí hay presencia de algunas milicias del PKK y algunas fuerzas locales yazidíes entrenados por las YPG que están haciendo lo que pueden con armamento ligero frente a la superioridad militar del EI.

Mientras tanto, los combates a las afueras de la ciudad y dentro de ella persisten y las reiteradas ofensivas del EI siempre acaban repelidas por las YPG/YPJ. Esto se está convirtiendo en una guerra de desgaste para los y las combatientes kurdas, sabiendo que para poder acabar realmente con el EI hay que cortarles el suministro de municiones y la adhesión de nuevos mercenarios a sus filas. Sin embargo, ocurre todo lo contrario. Los yihadistas tienen armamento traído desde Iraq además de las que entran por Turquía con la complicidad de la OTAN, mientras Kobanê sufre un bloqueo que impide la entrada de ayuda terrestre.

La actitud de Turquía es de pura hipocresía y doble moral, pues mientras declara que facilitará la entrada de los pershmergas a Kobanë, los pueblos fronterizos cerca del enclave kurdo están bajo ocupación militar, así como no sabemos con certeza de si permitirán pasar a Kobanê a las milicias del PKK. No solo eso, Turquía permite a los mercenarios del EI cruzar la frontera libremente para, bien recibir ayuda médica o bien para vender petróleo conseguido de las zonas capturadas en su mercado negro. En resumen, por un lado, reprimen las protestas kurdas dentro de su territorio y dan apoyo al EI, pero por otro, anuncian que dejarán entrar refuerzos desde el Kurdistán iraquí.

La situación bélica se ha complicado mucho y va más allá del fragor de las batallas. Comienzan a entrar en escena los intereses geopolíticos. Los EEUU, aunque teniendo más intereses en Iraq que en Kobanê, están de alguna manera dando apoyo a las YPG/YPJ mediante bombardeos a las posiciones yihadistas y envíos de armamento a Kobanê. Esta situación resulta bastante peligrosa a largo plazo pero en el inmediato, a EEUU le sirve para lavarse la imagen y a las milicias kurdas, una ayuda necesaria contra el EI. Pero los intereses de ambas partes son diametralmente opuestos: mientras que las YPG/YPJ están defendiendo la revolución social en Rojava y la construcción de la autonomía democrática, a EEUU solo le interesa el control de los recursos en Oriente Medio y el comercio. Por eso, no se sabe cuándo EEUU abandonará al pueblo kurdo a su suerte. Turquía aquí juega el mismo papel que jugó Churchill durante la Guerra Civil española respecto a defender el bando republicano, a los anarquistas y comunistas. Quieren que el EI acabe destruyendo la autonomía democrática construida por los y las kurdas, pero a diferencia de Churchill, Turquía ofrece apoyos directos al EI. Esta jugada podría chocar con las posiciones de la OTAN y EEUU y su coalición anti-EI, ya que Ankara está alineado con el imperialismo occidental. Cabe señalar igualmente que fuentes de las YPG/YPJ han confirmado que el Ejército de Liberación de Siria (FSA) está luchando del lado de Kobanê, siendo un grupo armado con cierto apoyo occidental que lucha contra el régimen de Assad. De manera similar, dudo que el FSA tenga interés en la revolución social de Rojava. Relativo a esto, corrieron rumores de que el régimen de Assad envió armas a las YPG/YPJ, pero han sido desmentidas por las propias milicias. De la misma manera, Barzani, presidente del Kurdistán iraquí que tiene buenas relaciones con Turquía y EEUU, no tiene los mismos intereses que el PYD y la KCK, lo cual, la entrada de los pershmergas a defender Kobanê podría no ser beneficiosa a largo plazo ya que aumentaría más la presencia de grupos kurdos afines a Barzani en Rojava.

El cómo terminará todo esto dependerá de cómo se jueguen las cartas, pues al entrar tantas fuerzas políticas y sociales en la contienda, las posibilidades serían muchas. En todo caso, Kobanê no puede quedar abandonada como pasó con los y las anarquistas durante la Guerra Civil española y tenemos que seguir apoyándoles presionando en los propios países occidentales y/o enviando dinero hacia Kobanê.

Termino aquí añadiendo un podcast de Radio Topo de Zaragoza sobre el Kurdistán.

El papel de la organización anarquista

 Traducción de los acuerdos del WSM (Workers Solidarity Movement) aprobados en octubre de 2014.
Texto original: Role of the Anarchist Organization

Nota: Aunque estos puntos sean acordados en el contexto irlandés, pienso que sería igualmente interesantes para tomarlos como una pequeña aportación de cara a construir y fortalecer un movimiento anarquista organizado:

1. Popularizar la idea de que una sociedad anarquista es deseable y alcanzable si mucha gente se organizase por ello.

2. Potenciar el uso de la metodología anarquista en el día a día organizando sus esfuerzos.

3. Visibilizar la naturaleza de clase de la sociedad capitalista y demostrar que la organización de clase es fundamental para derrocar el capitalismo y crear una nueva sociedad.

4. Demostrar las conexiones entre los problemas por las que la gente lucha y cómo esas luchas no siempre están aisladas unas de otras.

5. Fomentar el rigor en los métodos y análisis de la organización como un cuerpo colectivo en lugar de una colección o conjunto de individualidades.

6. Actuar como estructura sobre los que se podrán formar rápidamente nuevas redes.

7. Conservar los contactos procedentes de una lucha para transportarlos a otras.

8. Mantener la experiencia de una lucha para transmitirla a otras.

9. Recopilar noticias e información de la comunicación con las grandes redes de personas y presentar esa información para las nuestras.

10. Participar constantemente en los debates colectivos y análisis de cara a desarrollar una comprensión más profunda de los retos y oportunidades.

11. Transmitir estos análisis a un gran círculo de personas interesadas.

12. Actuar como centro de entrenamiento para acumular y transmitir las habilidades esenciales para el desarrollo de redes.

13. Traer entre todos y todas las experiencias de una amplia gama de luchas a través del tiempo y el espacio para desarrollar y propagar un análisis intersectorial completo del cambio que es requerido.

14. Desarrollar las SOP (Procedimientos Operativos Estándar, algo que supongo que será similar a los principios, tácticas y finalidades) para maximizar los resultados de la organización de los esfuerzos y preparar a los miembros en su uso.

15. Construir grandes redes de comunicación tanto en términos de infraestructura como también en la propagación de la verdad.

16. Acumular recursos en la forma de espacios físicos, equipos y fondos, para que la infraestructura esté disponible sea para el curso de la organización como en el auge  de la lucha.

17. Crear más y más redes entre personas quienes están convencidos de que el capitalismo debe ser sustituido por el comunismo libertario.

18. Preparar os miembros y organizadores capaces de:

  • Motivarse para una fuerte administración.
  • Prepararse mediante una serie de habilidades.
  • Comunicarse efectivamente tanto mediante la palabra como en lenguaje escrito.
  • Pensar críticamente de manera colectiva.
  • Tomar decisiones colectivas bajo presión.

19. La organización revolucionaria necesita ser escalable. Eso es lo que necesitamos, y preparar métodos que serán útiles para desarrollar unos procedimientos organizacionales e integrar un número significante de nuevos miembros en períodos relativamente cortos de tiempo.

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