Justicia

Justicia, que estás en boca de tantos
y de tantas.
Siempre al opresor haces flaco favor,
¿por qué no escuchas
al pueblo que sufre de miseria y dolor?

Justicia, que estás en el lado del explotador
y nos abandonas.
Pero no eres ciega, tus ojos te vendaron.
¿Por qué no recapacitas,
te quitas las vendas y miras a tu alrededor?

Justicia, acércate a nuestro bando
y verás
que las injusticias del Capital depredador
son una realidad contra el pueblo trabajador.

Justicia, que estás en boca de tantos
y de tantas.
Te queremos en nuestro barco,
Te queremos una realidad y no un mero vocablo.
Porque no hay justicia
donde reine la desigualdad y la explotación.

[Recomendación] Lectura: Firmeza en los principios, flexibilidad en las tácticas

¿Qué papel jugaríamos los anarquistas ante la ofensiva neoliberal contra la clase trabajadora? Ante tales atropellos que se han agudizado más con la excusa de la crisis, han surgido diversos movimientos sociales que empezaron a actuar y a intentar parar estos ataques. Pero, ¿dónde estamos los anarquistas? Llega un momento en que la coherencia ideológica se vuelve un lastre más que como base para la praxis. Es un error pensar que de la teoría parte la praxis y que han de aplicarse los principios en ella como si fuesen mandamientos. Ante esta coyuntura, urge la necesidad de integrarnos en los movimientos sociales y cooperar con otras fuerzas políticas afines como una posición táctica a corto plazo. Esto no quiere decir una renuncia a nuestros principios, el apoyo táctico no significa apoyar políticamente a otras fuerzas políticas. El texto que hoy recomiendo trata expresamente de replantearnos las tácticas que hasta ahora hemos seguido:

Firmeza en los principios, flexibilidad en las tácticas

 

Pongamos los pies en el suelo

La historia es eso, historia. Que si bien es imprescindible la memoria histórica, no podemos seguir durmiendo en los laureles de las glorias del pasado y en sus logros. La historia nos ayuda a concer nuestro pasado y nuestros orígenes, y a la vez nos debe servir para ver en qué hemos fallado y en qué hemos acertado. Pero toca el ahora y el panorama actual no es para tirar cohetes ni por asomo. Nos encontramos con un movimiento anarquista reducido casi a la marginalidad dentro los conflictos sociales, ya no somos una fuerza política capaz de movilizar a las masas como lo fue antaño. ¿Qué es lo que nos ha pasado? Ante la actual coyuntura con la agudización de la crisis capitalista, urge que nos sentemos en la mesa, debatamos, valoremos y reflexionemos sobre nuestro papel hoy y cómo afrontar la situación en lo inmediato y de cara a la reconstitución como fuerza política con presencia en las luchas sociales, elaborando tácticas y estrategias que nos permitan avanzar y crecer tanto cuantitativamente como cualitativamente.

Hablando a nivel de España, la trayectoria del movimiento anarquista desde su desmoronamiento después del Caso Scala hasta hoy, ha estado en general marcado por la poca influencia en la realidad social que ha tenido. Sin embargo, en estos últimos años ha habido un cierto repunte y han emergido recientemente organizaciones de aspiraciones libertarias prometedoras. Aun así, queda mucho por hacer. Paralelamente, debemos reconocer, aunque desde un punto de vista muy crítico, el despertar de la ciudadanía con el 15M, pero al no haber una continuidad y ante la falta de objetivos y estructuras orgánicas más sólidas en muchas ciudades desaparecieron. Cabe especial mención las PAH que irrumpieron en el imaginario colectivo como un movimiento social que visibilizó el problema de la vivienda y toda la trama especulativa que se estaba detrás de ello y superó las espectativas de movilización incluso a los anarquistas, aunque nos duela reconocerlo. Y continúan hoy incansables en la defensa del derecho a la vivienda.

Ahora miremos hacia nosotros mismos. Nos hemos apartado de casi todo y lo que rescataría sería algunas CNTs y CGTs en el ámbito laboral. Pese a que nos duela, la autocrítica se hace imprescindible en estos momentos en los que más necesitamos estar presentes en los conflictos sociales. Si dejamos un vacío político en las calles, serán copados por otras fuerzas políticas que estén dispuestos a involucrarse, como pueden ser la izquierda parlamentaria, la izquierda marxista e incluso grupos filofascistas y neonazis. Sí es verdad que hay, en cierta medida, un anarquismo organizado, aunque en cierto modo de carácter endogámico y autorreferencial. ¿En qué fallamos? Sobrevivimos en gran parte como individualidades aisladas, ha habido cierta tendencia a atrincherarse cada grupito en sus chiringuitos, en algunos casos se llega al panfletarismo incendiario que solo leen la gente dentro del ghetto, a mantenernos al margen de los movimientos sociales por ser reformistas y alardear de nuestra pureza ideológica lanzando proclamas maximalistas… Incluso en algunos casos, el rechazo a la organización en sí y la renuncia a disputarnos un hueco entre los movimientos sociales que no se adapten a nuestro corpus ideológico. Ni tan siquiera algunos han sabido superar una rivalidad que en verdad no tendría mucho sentido entre las CNTs y CGTs. No digo que sean acertadas algunas críticas pero si nos ceñimos a eso, no iremos a ninguna parte.

Y nos preguntamos, ¿de qué nos ha servido mantener la pureza ideológica?  ¿De qué nos sirven organizaciones sobreideologizadas si no son capaces de dar una respuesta en lo inmediato? O lo mismo, ¿de qué sirve ir por nuestra cuenta separados de la realidad social y construyendo torres de marfil para sobrevivir? ¿De qué nos sirve encerrarnos en un individualismo autocomplaciente y reivindicar las acciones individuales? ¿Es que los movimientos sociales se tienen que adaptar a nosotros? Que el lector o la lectora se responda a sí mismo/a. Asumámolo de una vez: no tenemos la capacidad material para materializar nuestros intereses y reivindicaciones, es algo que hay que ir construyendo, en el cual, el primer paso que debemos dar es poner los pies en el suelo y analizar la realidad social que nos rodea, teniendo en cuenta la coyuntura en que nos desenvolvemos y escoger cuáles son las tácticas y estrategias adecuadas para llevarlas a cabo y trabajar conjuntamente con los movimientos sociales en todos los ámbitos como en lo laboral, lo estudiantil, la vivienda, etc. Asumamos también que la revolución social no será puramente anarquista ni la haremos los anarquistas, sino que será resultado del empoderamiento de la clase trabajadora y el conjunto de explotados como pueblo fuerte.

Derribemos las torres de marfil como refugio para mantenernos puros ideológicamente, derribemos los chiringuitos como muestra de atomización, destruyamos los mitos e idealizaciones nostágicas, dejemos de hacer un anarquismo endogámico solo para consumo propio. Dejemos los personalismos y las proclamas maximalistas, despojémonos la idea de llevar una lucha en solitario sin contar con el resto de fuerzas sociales, dejemos de medir si ésto es reformismo o no y planteemos desde el punto de vista táctico y saber arrancar victorias parciales por la vía de la lucha colectiva y no por la vía institucional. En definitiva, dejemos de actuar como una fuerza al margen, como una estética, como un estilo de vida o una simple filosofía para el desarrollo individual y reconstituyámonos como una fuerza político-social para comenzar a salir del letargo y a caminar sobre suelo firme. Esto supone estar insertos en las luchas sociales aportando nuestras alternativas y nuestras praxis, a la vez que vamos dotando, en la medida de lo posible, a los movimientos sociales de un carácter libertario y mantener en todo momento un horizonte revolucionario. Superemos de una vez por todas el inmovilismo y la inoperancia en que estamos envueltos y aprendamos a avanzar en medio de nuestras contradicciones superándolas. Hagamos de la organización anarquista una herramienta efectiva para la lucha social y clasista, tanto en el plano político como de cara a formar un frente de masas.

Tenemos las bases teóricas y hemos de ponerlas en práctica en el aquí y en el ahora, que a la vez servirá para enriquecernos en la teoría e innovar en la praxis.

La identidad colectiva y la lucha social

Hemos rehusado en varias ocasiones tratar la cuestión identitaria y nos hemos identificado simplemente con nosotros mismos, despojándonos de cualquier identidad colectiva y de las masas. ¿Que qué es esa identidad colectiva? Es aquella construcción social e histórica determinada en cierto territorio y de la cual se distinguen los diversos grupos humanos. Cuando renunciamos a ellas nos impulsa a veces a actuar como individualidades apartados de la realidad social sin darnos cuenta de que estamos integrados en ella y en ella definimos y construimos nuestras características personales. Craso error reivindicar la individualidad sin tener en cuenta que la misma es una construcción social. Aquí no me voy a parar a tratar la cuestión de las identidades nacionales, eso daría para otro artículo.

En el panorama actual con el neoliberalismo como sistema dominante, se ha inculcado en el imaginario colectivo la idea del individuo aislado y enfrentado al mundo, cuyo objetivo es escalar en la pirámide social y que si uno se lo propone, puede llegar a una buena posición, que el fracaso es culpa de sí mismo y que ha de esforzarse más. Desde las sucesivas reconversiones industriales y la tercialización de la economía, las relaciones sociales han cambiado mucho en muy poco tiempo. Ya es casi inexistente ese sentimiento colectivo de pertenecer a un grupo social con una identidad propia, sea como pueblo o de un mismo barrio. Este discurso en parte se ha asimilado por ciertas personas y en concreto en entre algunos pocos anarquistas, aunque no en el sentido neoliberal sino en el concepto del individuo aislado, en el cual solo creen en los individuos, negando identificarse como dentro de la sociedad, de la clase trabajadora o de un pueblo. Esto ha llevado en parte a la poca capacidad de respuesta que hay al no existir casi esos sentimientos colectivos, clave para que desde las clases populares se articulen movimientos de masas revolucionarios.

Miremos por ejemplo al pueblo mapuche o a otros pueblos indígenas, cuyos individuos que nacieron en el seno de esas sociedades se identifican como tales: hombres y mujeres trabajadores de la tierra y que en ella viven y la defienden de las agresiones imperialistas. Mismamente encontramos un ejemplo paralelo en las minorías kurdas, donde existe un sentimiento colectivo, sienten la necesidad de defender su gente y por ello luchan por la liberación del pueblo kurdo. Lo mismo podría ser aplicado en las identidades colectivas surgidas de barrios obreros. Obviamente estos sentimientos pueden ser aprovechados por la clase dominante para imponer sus intereses de clase, y por ello urge que nos identifiquemos también como clase trabajadora (asalariados, desempleados, y la mayoría de estudiantes y jubilados), como la clase social que produce la riqueza social y pone en marcha la sociedad, pero que carecemos de medios de producción y que el fruto de nuestro trabajo nos es usurpado.

La identidad colectiva es clave para la construcción de poder popular y el avance en la lucha social, pues nos define como pueblo trabajador, nos permite crear sentimientos de unidad y crear vínculos de solidaridad de clase y entre la gente y los pueblos que sufren la misma opresión, lo que no contradice el internacionalismo ya que dichos pueblos pueden hermanarse y por ello, solidarizarse. No obstante, apunto que no sería una negación de la identidad individual, ésta en realidad se construye socialmente y que sería respetado como tal. Renunciar a ella es renunciar a un punto clave para la capacitación material del pueblo y la clase trabajadora para caminar hacia la revolución social. El poder real y efectivo está en la organización social, está en la capacidad de los pueblos y la clase trabajadora de poder defender sus intereses, así como su emancipación social. Jamás desde las individualidades aisladas se consiguieron articular movimientos de masas radicales y transformadoras. Sé que recuperar estas identidades en el aquí y el ahora no son tarea fácil, y que probablemente deje muchas cosas en el aire en este artículo, pero como primer paso que tenemos que dar es intentar crear vínculos sociales perdidos, de saber que somos clase trabajadora y que sufrimos las mismas opresiones y las mismas injusticias sociales.

[Recomendación] Lectura: Cómo derrocar a los Illuminati

Tras tanto tiempo yendo a rebufo de los trapicheos de los Illuminati, dimos con la solución de cómo derrocarlos: declarando la conspiranoia sobre los Illuminati como ciencia ficción. Si bien los Illuminati existieron en la historia, concretamente en la época de expansión de la Ilustración, terminaron disolviéndose pese a que los teóricos de la conspiración digan que pasaron a la clandestinidad.

El texto que hoy recomiendo trata precisamente de refutar las teorías Illuminati, de cómo unas teorías conservadoras y elaboradas por la clase dominante para intentar explicar los grandes movimientos de masas, al no entender que pudiesen llegar a tales magnitudes de movilización contra la misma clase dominante, puedan no tener algún líder que los guíe, y que hoy en día se ha asimilado por ciertos sectores de la clase explotada para tratar de explicar su propia opresión. Aunque es aplicado a la coyuntura estadounidense, pienso que es igualmente un buen aporte.

La actual teoría Illuminati se sienta en las siguientes bases: la existencia histórica y documentada de los Illuminati bávaros y la francmasonería, el antisemitismo y el anticristo. Sin embargo, los análisis de la realidad social que ofrece la teoría Illuminati no deja lugar a la aplicación del método científico al haberse construido como una teoría inmutable, donde no deja lugar a sucesos casuales en la historia aludiendo a que todo está controlado por los mismos de siempre: los todopoderosos Illuminati. Esto a la vez tira por la borda toda la historia social documentada hasta hoy. Además, dichas teorías son elitistas al considerar al resto de la población una gran masa uniforme de esclavos manipulados y dominados por un reducido y conocido grupo que supuestamente controla todo el sistema, lo que conlleva también una simplificación de la realidad social y la negación de las relaciones de poder entre las clases sociales. Debido a la explicación errónea de la realidad social y al mostrar al enemigo tan lejos del alcance de la población, a quien considera un rebaño de ovejas, se muestran inoperantes y desmovilizadoras, no permiten una articulación de respuestas sociales inmediatas y el empoderamiento del pueblo. Por lo tanto, se podría decir que dichas teorías son conservadoras.

La diferencia entre la conspiranoia Illuminati y el análisis materialista es que los primeros se centran únicamente en la personificación del dominio, ignorando que la explotación de una clase sobre otra la otra -que de ello se deriva la acumulación de capital en manos privadas, y por tanto, da como consecuencia el dominio de una clase sobre otra- es la base en la que se sustenta el capitalismo y que debemos acabar con esta relación de explotación para poder acabar con la opresión. Como bien expone una frase en el texto, «Las teorías solo mueven a la gente a actuar cuando ofrecen explicaciones certeras a situaciones que viven y ofrecen vías viables de acción para cambiarlas. Las teorías conspirativas no ofrecen ninguna.», os dejo que disfrutéis con la lectura y a deshacernos de esas ideas reaccionarias y desmovilizadoras:

Cómo derrocar a los Illuminati

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