Enlaces del mes: Marzo 2014

Soy anarquista: soy NORMAL, no un puto cliché.

Me encontraba leyendo en la parada del bus cuando se me acercó un hombre entrado en años, con barba, los ojos hundidos tras unas gafas. Parecía tener ganas de conversar, pues empezó preguntándome si ese era el autobús que llevaba a su destino y cuánto solía tardar. Le dije que sí y que probablemente estaría al llegar, pero siguió hablándome del tiempo y, viendo que yo cerraba mi libro y le prestaba atención, acabó contándome que él mismo había trabajado de conductor de autobús para la EMT hacía tiempo.

Según me comentó su vida había cambiado mucho desde entonces. Ahora sobrevivía encadenando contratos temporales precarios y en este momento, con un empleo a tiempo parcial de teleoperador que concluiría al poco, intentaba terminar de pagar su hipoteca, gracias también al apoyo económico de su hija. Por si fuera poco, el día anterior su coche había empezado a fallar y ahora tenía que tomar este autobús, que justo aparecía en ese momento, y otro más para llegar a su trabajo en un trayecto de cerca de una hora. Ya ni el fútbol le consolaba, pues al parecer su Atleti había vuelto a perder a pesar de llevar un buen año.

Subimos juntos al autobús. Desde mi perspectiva activista se me ocurrió comentarle que podría acercarse a un sindicato como CNT a asesorarse, si no para hacer sindicalismo en el curro con visos de continuidad, sí al menos para ver si podía meter mano a la empresa por el contrato, conseguir algún tipo de indemnización cuando finalizase… algo. Sorprendentemente, me dijo que conocía CNT. De su tiempo en la EMT había participado en las luchas de los trabajadores, formaba parte de la Plataforma de Trabajadores que había llevado adelante algunas luchas en los 90. Desde entonces mantenía su compromiso con las ideas revolucionarias y libertarias, aunque durante mucho tiempo había dejado el sindicalismo y la militancia activa. Había vuelto a movilizarse con el 15M y las iniciativas que habían surgido a raíz de este en su barrio, como el grupo de consumo. Le miré sorprendido de nuevo y me aseguró sonriendo que sí, que era anarquista desde entonces. Me quedé pasmado, el peso de los estereotipos no me permitía concebir a un anarquista cincuentón con coche, hijos, hipoteca…

Al rato me despedí, tuve que bajar en mi parada, pero luego le dí una vuelta al tema y pensé que no era para extrañarse. El anarquismo es un movimiento revolucionario, que aspira a una transformación social basada en el deseo de las mayorías. Y resulta que la mayoría de la gente no sigue el estereotipo de joven anarquista, okupa o neorrural. Buena parte de la sociedad está en una situación similar a la de este hombre, muchas personas se metieron en una hipoteca porque creyeron que eso libraría a sus hijos de depender eternamente de un casero, otras se compraron un coche porque eran accesibles y les permitía desplazarse para ir al trabajo o salir el fin de semana a algún lado con la familia, ojalá muchos más conocieran y defendieran al anarquismo. ¿Vamos a rechazar a toda esa gente si decide sumarse al proceso de transformación social? Porque resulta que hay gente así que, además, se considera anarquista y mucha más que podría considerarse así en el futuro: Bien hacen sindicalismo de acción directa, o participan en el centro social o las asambleas del barrio, o en el grupo de consumo, o conocen y difunden la historia del movimiento obrero, o critican la autoridad y la jerarquía en las movilizaciones en que participan defendiendo la organización por asambleas… Y además aspiran al socialismo libertario, a una sociedad basada en la solidaridad y el apoyo mutuo, a la anarquía.

¿Es eso algo malo? ¿Son esas personas, como este hombre, unos borregos, unos estúpidos, unos gilipollas como han señalado algunos en twitter a raíz de la difusión en nuestra cuenta de la imagen que abre esta entrada? La imagen es obra de L’Observador, de cara a un artículo en el número 9 de su publicación y la publiqué yo mismo en los perfiles de Regeneración en redes sociales. La cosa es, a toda esa gente que nombro, ¿debemos despreciarles? La pureza anarquista no existe. Somos falibles, tenemos contradicciones, asumamos de una vez que por considerarnos anarquistas no somos mejores ni estamos por encima de nadie. Al parecer todo esto molesta a una serie de personas que han visto en el anarquismo un modelo de afirmación personal, una guía que les permite mirar a los demás por encima del hombro y sentirse especiales. Pero el anarquismo no surgió para que los individuos que nos adscribimos al mismo podamos sentirnos bien, calentitos al calor de los que son como nosotros. Surgió para generalizarse entre la población, para cambiar el mundo.

Como dicen por ahí: «Si se repasan películas, cuadros, lienzos, fotos y grabados, se ve que la gente que hizo las revoluciones pasadas, era gente corriente y moliente, que seguramente era analfabeta, bebía vino y se lavaba cuando ya el picor le resultaba insoportable. ¡Por el amor del lagarto!, ¡mirad a María Antoñeta subiendo a la guillotina!, la gente que aplaudía la revolución, era pero que bien burra. La gente que coge la dinamita, el bardeo o que maneja la maxím, no es Santa Marta precisamente, y si lo es, en cuanto la guardia la tirotea le entra una mala hostia que no veas.»

Exacto, las revoluciones las hace la gente que lucha, gente que vive ahora mismo, llena de defectos y manías, pero también de rechazo a la explotación y la miseria, gente con mil errores pero cargada de pasión por cambiar el mundo. Personas normales, entre ellas las anarquistas.

Enlaces del mes: Febrero 2014

Enlaces del mes: Enero 2014

  • En Todo por Hacer leímos un artículo que analiza la ley mordaza, que pretende atajar la protesta social aumentando la represión y la mano dura contra los movimientos sociales.
  • Un audio donde Rafael Cid nos habla de sus impresiones sobre el proyecto de Pablo Iglesias y cómo este se sale de las dinámicas que generalizó el 15M. También podemos leer las palabras de Carlos Taibo al respecto.
  • En Borroka Garaia Da analizan la conexión de las luchas en Gamonal con las luchas en EH, concluyendo: «Lo que está ocurriendo en Gamonal está lejos de tener una conexión vasca. Y no hablo de la kale borroka sino del modelo de participación horizontal de democracia participativa, de la auto-organizacion asamblearia como punta de lanza y no accesoria y subsidiaria. Es decir, apartando parte de los males que han asediado a la izquierda, el protagonista no son ni partidos ni organizaciones sino el mismo pueblo».
  • Un texto sobre la relación entre la falta de conciencia de clase y la burla generalizada hacia los canis.
  • De cómo el gobierno utiliza el discurso de los derechos de las personas con discapacidad para limitar la libertad de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, en Pikara Magazine.
  • En alasbarricadas.org podemos leer un análisis sobre los escenarios donde podría tener cabida e incidencia el municipalismo libertario.
  • Un artículo sobre cómo distintas formas de autoritarismo estatal se asemejan al fascismo. La idea de la democracia representativa no es más que una fachada para un trasfondo de pobreza masiva, sumisión a las corporaciones, manipulación mediática, intervenciones paraestatales y, en definitiva, opresión de la mayoría a manos de una minoría en el poder.
  • El futuro ha de ser verde, rojo, negro y femenino; así se expresa Robert Jensen: «La especie humana ha de reconocer que cualquier futuro que nos permita retener nuestra humanidad tendrá que prescindir del capitalismo, el patriarcado y la supremacía blanca —y basarse en una visión del mundo ecológica—».
  • Dos entrevistas muy interesantes en el periódico CNT. La primera, a Heleno Saña: «En su fase de plenitud, el anarquismo era un movimiento de masas […] gracias a cuya militancia fue posible, en el curso de la guerra civil, colectivizar la economía, una gesta que desde entonces no se ha repetido en ningún otros sitio y que quedará como testimonio imperecedero de lo que puede ser una sociedad autogestionada. […] Lo que queda de anarquismo y anarcosindicalismo es «hoy solo una pálida sombra de lo que fue en el pasado, también en España»[…] lo más triste es la división que reina en el seno del movimiento libertario, también las rivalidades y querellas internas entre los diversos grupos y bandos y las animosidades personales». La segunda, a Laure Akai, nueva secretaria general de la AIT: «Creo que sería positivo que pasemos más tiempo discutiendo para poder desarrollar unas buenas ideas y aplicarlas a la realidad, que tratando de hacer una docena de cosas para una impresionante lista de planes. La verdadera prueba para nosotros es hacer algo viable y positivo de estas ideas».

Siete torres y un bulevar

Subo al autobús medio dormido, camino del trabajo. Me encojo en mi asiento individual, envuelto en mi abrigo, las manos resguardadas en los bolsillos, todo dispuesto para dejarme llevar plácidamente hasta mi destino. Imposible, dos ancianos discuten a mi espalda. Cojo la conversación a medias:

– ¿Y qué si vienen de otros sitios? ¿Que vienen del pueblo de al lado a apoyarles ya son etarras? Está la policía dándoles, la prensa llamándoles marginales…

– Pero que no se puede, que están quemando todo, los coches, los bancos, las tiendas… Eso no se puede. Que no estará bien eso de la obra, pero hay que saber estar.

– Es que si no, no les hacen caso. Hombre, que lo sabes bien, que te dicen que sí, que muy bien, que por supuesto y luego hacen lo que quieren. Y si no, ¿Qué queda?

¿Que queda? La pregunta resuena mientras los dos hombre se apean en su parada y yo sigo adelante. Tres frases cogidas al vuelo que hablan, claro, de lo que ha ocurrido los últimos días en el Gamonal, barrio burgalés donde el alcalde, el constructor de turno y algún otro pretendían dar otro pelotazo urbanístico con el que enriquecer sus bolsillos.

Me salto el poneros en antecedentes. Han corrido ya ríos de tinta sobre el tema y cualquiera puede encontrar información al respecto. Encontrar información decente es otra cosa pues la mayoría de artículo van cargados de veneno contra los vecinos que se oponen al bulevar, pero aún se encuentran algunos que merece la pena leer. Afortunadamente los propios vecinos se han encargado de demostrar que ni radicales violentos ni imbéciles dirigidos, que son personas con opinión y la dignidad suficiente para defenderla.

Esa dignidad no es una novedad. Por el contrario, lleva años cultivándose en las aceras de este barrio obrero. El Gamonal (nombrado así en honor a la abundancia del gamón, planta local que florece junto al orgullo rebelde) ya puso en jaque al ayuntamiento en 2005, en una lucha histórica contra la construcción de un parking en la avenida Eladio Perlado que acabaría con la rendición del consistorio en enero de 2006. El documental que narra esta lucha deja con su título otra pregunta en el aire ¿De quién es la calle? Los vecinos contestan hoy con sus pancartas, su resistencia y su nueva negativa al plan urbanístico: La calle es nuestra. No son de los que se dejan comprar por un carril bici, como tampoco se dejarían comprar por un circuito de Fórmula 1, porque sienten aún responsabilidad sobre el suelo que pisan.

Heinrich Mann preguntó una vez en París a un compatriota suyo «¿Siguen todavía en pie la siete torres de nuestra común patria chica?». Recordaba las siete torres de Lübeck, su ciudad natal, ante el desmoronamiento de Alemania. En el Gamonal no quieren ver cómo la calle Vitoria y el resto del vecindario se desmoronan por el peso de la especulación urbanística. Van a defender sus torres.

Llego a mi parada y salto del autobús dándole vueltas. Explicaciones aparte, lo que más me sorprende es el tono de la conversación escuchada, en general de apoyo. Abiertamente comprensiva una de las personas, crítica la otra pero con un acuerdo de base: Las obras son contra una mayoría y para enriquecer a unos pocos. El barrio es de los vecinos y son ellos quienes ellos deben decidir. Algo tan evidente es la base de la lucha del Gamonal. No las barricadas, no los enfrentamientos; sino el uso, por parte de los vecinos, de todos los medios a su alcance (incluidos el fuego y los palos) para hacer público lo evidente, para comunicarlo más allá del ruido mediático que pretende distorsionar su lucha. No es algo fácil de conseguir. No suele conseguirse. Frente a la oposición mediática hasta los más fuertes languidecen y se arrugan, incapaces de proyectar su mensaje.

Camino por la calle y las reflexiones me hacen sonreir. En el espacio de unos meses hemos visto al menos dos victorias importantes, dos triunfos de la organización popular de los trabajadores mediante la acción directa. Hoy es en el Gamonal paralizando temporalmente (y esperemos que definitivamente) la obras, pero ayer fue la huelga de los barrenderos de Madrid, que ensuciaron las calles sacando a la luz la mierda que el poder quiere esconder bajo la alfombra. Por supuesto, seguimos rodeados de basura: paro, explotación, autoritarismo, represión policial, desmantelamiento de servicios sociales, especulación… pero cada victoria nos devuelve la esperanza, la ilusión, las ganas de seguir luchando por lo que es nuestro. Las ganas de seguir resistiendo y construyendo. A desalambrar, que diría Victor Jara, que esta tierra es de nosotros y no del que tiene más.

Vecinos de Gamonal, habeis dado un gran paso, hay que seguir caminando.

Enlaces del mes: Diciembre 2013

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