Viejas y aburridas contradicciones del capitalismo

La lucha «sindical» (y meto en esta tanto la que ocurre en el centro de trabajo como la que defiende el salario «diferido» -pensiones, sanidad, educación, bibliotecas o demás servicios sociales-), además de influir desde sus inicios en una contradicción fundamental del capitalismo, la de capital-trabajo, resulta cada vez más esencial. Una parte del anticapitalismo, influido por la necesidad de incorporarse constantemente a nuevas modas militantes, pretende argumentar que dicha contradicción se encuentra superada e incapaz de generar conciencia revolucionaria. Frente a esta idea, defiendo la plena vigencia de la lucha sindical (entendida de la manera amplia que señalo arriba) como una forma de hacer política en el día a día. Una acción que es esencial (y lo va a ser cada vez más) dentro de cualquier estrategia revolucionara anticapitalista y libertaria.

Como revolucionarios anticapitalistas, debemos exponer las contradicciones generadas por el capitalismo en sus procesos principales de extracción de beneficios. Estos son fundamentalmente dos, la explotación del medio y de las personas.

Respecto a la primera, empezaré enunciando en términos clásicos la vieja contradicción (tan vieja como el propio capitalismo) entre capital y trabajo: los resultados de la producción no pertenecen a quienes en realidad son sus creadores (los trabajadores) sino a ciertas personas, los capitalistas, que concentran toda la riqueza social no interés de la sociedad, sino en obtener beneficios privados. Con el objetivo de aumentar sus ganancias, los capitalistas amplían la producción hasta un volumen enorme e intensifican la explotación de los trabajadores. Como resultado de esto, el capitalismo es incapaz de proveer de bienestar a una mayoría social, de modo que esta se ve cada vez más explotada y privada de aquello que ella misma produce. Sirvan como ejemplo los obreros de la construcción que, hoy despedidos tras la explosión de la burbuja inmobiliaria, no pueden pagar su hipoteca y se quedan en la calle.

Un análisis ecologista señala una segunda contradicción. Ese aumento de la producción y la aceleración del ciclo de producción y consumo, que permitió sostener durante años la farsa del bienestar capitalista en Occidente, supuso del mismo modo un aumento exponencial del gasto energético y de recursos. Las políticas neoliberales desreguladoras de las últimas décadas, que supusieron una huida hacia adelante del capital, ahondaron aún más en este problema ecológico, que lejos de solucionarse cada vez se manifiesta con mayor dureza.

Estas son también, por tanto, los centros principales donde ha de desarrollarse las resistencias contra el capitalismo: el terreno de la explotación laboral y el terreno de la explotación del medio.

Me gustaría a continuación argumentar por qué la cuestión sindical se va a tornar prioritaria en el futuro. No voy a repetir el argumento clásico de que resulta necesario mantener las condiciones de vida de hoy para poder, al menos, sobrevivir materialmente en el corazón del capitalismo, más que nada porque esto resulta evidente si no queremos caer en la exclusión y tener la posibilidad de afrontar luchas con capacidad (dar dinero a los colectivos, tener tiempo para la «militancia»…). Tampoco voy a repetir que esta lucha afecta, al igual que aquellas contra los proyectos desarrollistas, al capitalismo en sus procesos fundamentales de extracción de beneficios.

Sí voy a partir de este último hecho, la dependencia del beneficio capitalista de la explotación del medio y de los trabajadores, para argumentar la creciente importancia anticapitalista de la lucha por la reducción de la plusvalía en las dinámicas de explotación laboral.

Partiré para ello del análisis que realiza precisamente el ecologismo radical: El mantenimiento del medio material, ecológico, es esencial para poder construir cualquier futuro (ya no sólo revolucionario). El análisis que hemos realizado desde una visión antidesarrollista es que, por ello, resulta previsible que de aquí a unos años exista una reducción considerable en el consumo y una imposición de políticas ecológicas autoritarias. Aunque alcancemos el colapso, el capitalismo no se descompondrá sin más, el poder no se diluirá sino que tratará de adaptarse al contexto de escasez energética y de recursos. En definitiva, el desarrollismo como política de Estado va a entrar en crisis por un modelo acorde a las necesidades ecológicas. Esto indica que tarde o temprano pero inevitablemente y de manera creciente van a imponerse reducciones al consumo. Un descenso que llegará de cualquier modo.

¿No es este ya nuestro contexto inmediato? Ya vemos que algunos macroproyectos desarrollistas (puro despilfarro y destrucción) se van quedando sin realizar porque pertenecen a una planificación de otra época (y supongo que por eso vamos sumando noticias positivas sin apenas lucha, como el ejemplo de Eurovegas). Occidente va a ir abandonando el modelo desarrollista y de consumo que triunfó desde los 50 y también el modelo neoliberal financiero que permitió una economía ficticia basada fundamentalmente en la especulación (cuyas bases materiales eran, de nuevo, el desarrollismo urbanizador y el expolio de lo público). Por si esto fuese poco, se habla desde hace tiempo ya de que la crisis económica esconde en el fondo una crisis ecológica con base en la falta de petróleo. ¿Qué queda? El viejo primer capitalismo, declaradamente opresivo en la explotación laboral, que durante años se alejó de Occidente y se desplazó al tercer mundo. Es un hecho: Los recortes sociales y la escasez económica que vivimos (y que, sabemos, han venido para quedarse, hagamos lo que hagamos) están prefigurando una sociedad más desposeida y más docil; un modelo social más jerárquico y autoritario.

Mi primer punto es este: Si el análisis que hacía más arriba es correcto (la reducción del consumo, el abandono más o menos progresivo del desarrollismo sobre todo en occidente, etc.) se desprende de él que poco a poco el único medio de acumulación que va a mantenerse es aquel que caracterizó al primer capitalismo: la extracción de plusvalía en el mercado de mano de obra. Por ello afirmo que la vuelta a las luchas sindicales (tanto por el salario directo como por el diferido) serán fundamentales. Tanto más cuanto más se agote el recurso territorio como espacio de obtención de beneficio. Sabemos que esa tasa de beneficio va a caer, el consumo tampoco va a mantenerse y, por tanto, la ficción de libertad capitalista (que era permisible mientras la gente gastase su dinero en los productos que se les ofrecían) se acaba. Las medidas para robar a la gente serán cada vez más impuestas, aunque se disfracen de necesidades económicas, ecológicas o sociales. Y la explotación más brutal volverá (si no ha vuelto ya) al trabajo. Con esto no quiero decir que el modelo de explotación vaya a reproducirse y que debamos volver a viejas fórmulas. No. La globalización y la deslocalización de empresas, la separación lugar de vivienda-trabajo, la alternancia de periodos paro-trabajo, la inseguridad laboral congénita, la falta de comunidad… Son fenómenos que no eran propios del capitalismo original pero que probablemente sigan existiendo en este revival. Creo que el desafío está en afrontarlos, de algún modo que a mi también me cuesta enfocar. Negarnos la capacidad de hacerlo y negar, por tanto, la potencialidad que van a tener las luchas en el terreno laboral nos condena a la derrota.

Mi segundo punto es: La única resistencia con capacidad (no necesariamente con claridad, pero sí con fuerza) está en esa parte de la sociedad que se opone a estas imposiciones, a los recortes, a los despidos… incluso toda esa parte de la sociedad que defiende una vuelta al estado del bienestar se está oponiendo, sin conciencia de hacerlo, al capitalismo. Porque el capitalismo ha agotado sus cartas y ya no puede proporcionar ni siquiera el falso bienestar consumista de años atrás. Ese modelo nunca va a volver (y menos si aspira a generalizarse, con el crecimiento económico de China, Brasil o la India). Luego ¿Qué perdemos apoyando esas resistencias? Quizá sea una respuesta instintiva, pero es una respuesta desde la que construir conciencia. El bienestar futuro pasa por la construcción de un ecosocialismo libertario, la anarquía, que provea de bienestar a las personas. No el falso bienestar del consumo, sino el que puede aportar una sociedad justa, solidaria, libre y sostenible, donde la técnica vuelva a una escala humana y la economía se subordine a las decisiones políticas tomadas día a día de manera democrática.

Enlaces del mes: Mayo 2014

  • En alasbarricadas.org pudimos aprender sobre los orígenes del primero de mayo.
  • Como única referencia a la abstención activa de los anarquistas, en apoyomutuo.org podemos leer ¿Por qué no votan los anarquistas? Los anarquistas hemos votado en muchos lugares e instancias: sindicatos, cooperativas, centros sociales y populares, asambleas. El problema no es el voto ni la democracia. La cuestión es a qué mecanismo pertenece tal voto y de qué democracia hablamos.
  • En Píkara, un artículo sobre la seducción desde un punto de vista feminista, muy distinto de lo que podemos esperar del gurú del machismo.
  • A principios de mes nos encontrábamos con una ola de indignación por el racismo presente en los campos de fútbol. En La Marea, Nuria Varela reflexiona en torno a cómo el sexismo, sin embargo, no ha generado tantos comentarios.
  • En Anarkismo.net, una traducción de un artículo de Rafael Viana da Silva, donde repasa de forma crítica las formas organizativas que puede tomar el anarquismo.
  • El mundial de Brasil es un mundial contra el pueblo, tal como nos lo argumentan en este artículo de Todo por Hacer.
  • Sobre la reciente e incendiaria resistencia al derribo de Can Vies podemos leer un análisis en Argelaga.
  • Sobre Bakunin traemos un pequeño documental del grupo anarquista Albatros, con motivo de su 200 aniversario. Geniales las entrevistas a Julián Vadillo y Ana Sigüenza.
  • En La Marea nos informan sobre el aburguesamiento de los barrios y su transformación en espacios-marca para la atracción de capitales.
  • No binarios en un mundo binario: 6 artistas que se rebelan contra el género.
  • La entrevista a José Luis Carretero para la revista Letras Rojas, que podemos encontrar en su blog. Nos habla sobre la vigencia del anarquismo: «va a ser imprescindible, ante el fracaso de las opciones clásicas basadas en un  socialismo autoritario y estatista o en el pacto entre clases con una clase dirigente acosada por sus propias contradicciones,  desarrollar un nuevo socialismo, una renovación profunda del proyecto histórico levantado por las clases populares […] Ese nuevo socialismo, que tendrá que ser, inevitablemente, un ecosocialismo claramente consciente de los problemas medioambientales y de reproducción natural de la vida que el despliegue del capitalismo ha acabado por producir, tendrá también que tener entre sus elementos centrales muchas de las cosas que el anarquismo ha defendido siempre: la democracia directa, el fomento de la producción cooperativa y autogestionaria, la mínima delegación, la rotatividad de funciones, el respeto por la pluralidad y la ausencia de dogmas.«

La abstención es un gesto pasivo: La política del día a día.

La abstención es un gesto pasivo. Un no-hacer. Da igual que lo acompañemos del adjetivo «activa» porque, al final, sigue expresando un dejar de hacer, más que un hacer activamente. El gesto activo, en cambio, es la lucha anticapitalista diaria, la organización libertaria, el trabajo de base: anarcosindicalismo, defensa de los servicios sociales, construcción de espacios de socialización y alternativas económicas, resistencia frente a procesos destructores de medio, enfrentamiento político… Quiero poner en duda que, al defender la abstención, incluso al incluir ese adjetivo de activa, estemos consiguiendo de manera efectiva transmitir un mensaje movilizador, que llame a la población a activarse. Quiero ponerlo en duda porque, desde mi punto de vista, la defensa de la abstención eclipsa, más que dar luz, a esa defensa de la toma de conciencia que se expresa de manera constante. Ese que es, en definitiva, el programa de los libertarios respecto a la participación en los asuntos comunes.

Vaya por delante que soy abstencionista, por si la cuestión personal resultase relevante para el debate. Considero que es la posición más coherente entre aquellos que rechazamos este modelo de participación política, además de la más util a nivel estratégico en el contexto actual. Pero entre anarquistas esta ha sido siempre una cuestión estratégica más que de principios. Por ello, tampoco creo que la abstención sea la posición más útil en todo contexto, aunque sí en la mayoría (si no todos) los contextos electorales en que pueda verse inmerso hoy día cualquier lector habitual de este artículo.

Pero lo que me interesa cuestionar es lo siguiente: si lo que pretendemos es defender la lucha diaria y de base, ¿por qué lo ocultamos tras la idea de la abstención? ¿De qué forma nos beneficia hablar de abstención (incluso de abstención activa) en lugar de hablar de organización y lucha, de participación directa en política, de devolver esta a una escala local y federalista?

Vale la pena dar una vuelta a la diferencia abstención/abstención activa. El argumento mil veces repetido es que añadir el adjetivo activa cambia el carácter del gesto de una decisión pasiva a una decisión resultado de una toma de conciencia. Bien pero ¿es la abstención requisito o, más bien, resultado del proceso de toma de conciencia y movilización? Porque si se trata de lo segundo, como defiendo, me parece más estratégico trabajar por difundir una toma de conciencia y apelar a la movilización. De tal modo que es ese mismo proceso, más fundamental, el que se concretará en un gesto abstencionista.

¿Por qué defiendo que añadir el adjetivo de «activa» no basta para mejorar la labor movilizadora del concepto? Porque no es lo mismo lo que queremos transmitir que aquello que efectivamente transmitimos. En esto vuelvo a una idea recurrente: La recepción correcta del mensaje no depende sólo de la intencionalidad del emisor, si no también y fundamentalmente de la capacidad del receptor para interpretar el mensaje. Para buena parte de la gente la abstención ACTIVA es aquella que se lleva adelante como gesto político consciente de rechazo al sistema, es decir, diferenciada de aquella abstención que ocurre por pasividad o vagancia. Hasta ahí de acuerdo. Sin embargo, eso no dirige necesariamente (como pretenden algunos) a la idea de la participación diaria y directa en política que defendemos los anarquistas. Valga el ejemplo de la izquierda abertzale que ha llamado a la abstención activa, consciente, cuando su partido de referencia ha sido ilegalizado, pero que no estaban por ello haciendo una defensa de la participación directa (no delegada) en política. De hecho, probablemente haya sido uno de los llamamientos a la abstención activa más exitosos (a nivel cuantitativo) de los últimos años en el estado español.

Otro ejemplo más de la poca capacidad movilizadora del concepto es que, en los pocos debates en los que participamos, se plantea la dicotomía como votar/abstenerse. En ese caso estamos dando lugar a un equívoco que resulta necesario explicar una y otra vez, que no basta con abstenerse sino que además hay que luchar. Sin resultado, porque la idea mayoritaria que permanece es que, simplemente, los anarquistas no votamos. Mi impresión es que la idea que debemos transmitir es que los anarquistas defendemos la participación diaria y directa en política y que por ello el voto nos parece secundario. Mi propuesta es hablar de «Política del día a día» en lugar de «Abstención activa». De otro modo, parece que defendemos la abstención como una alternativa efectiva (en términos de utilidad) al voto, cuando no es tal. La alternativa real está en lo que ya se ha nombrado y que merece la pena repetir: la lucha anticapitalista diaria, la organización libertaria, el trabajo de base… El objetivo está en difundir este mensaje de manera clara y sin vuelta de hoja; hacerlo el día de las elecciones, el día previo a las elecciones y, sobre todo, los días posteriores.

Un argumento recurrente en defensa de la abstención es que esta deslegitima al sistema. Tampoco me parece del todo correcto, si bien es el argumento más profundo en favor de su utilidad. La legitimidad de un gobierno con un porcentaje de voto ínfimo podría (y debería) ser puesta en entredicho: Este gobierno carece de apoyo para gobernar. Hasta ahí bien, puesto que es una importante baza con la que jugar, que además el resto de la izquierda se niega a contemplar cuando presenta sus propuestas electorales fragmentadas y con un margen de maniobra mínimo (y este es el caso incluso en el reciente «triunfo electoral» de Podemos). Con todo y haciendo un análisis realista, los gobiernos muy minoritarios siguen gobernando sin que su falta de legitimidad se lo impida. ¿Por qué? Porque si bien la abstención sirve para no-legitimar, el desgaste y la paralización real de los gobiernos solo puede venir de un movimiento organizado que trabaje de manera constante, que haga política en el día a día. Para ese movimiento la abstención podría ser un arma más, por supuesto. Pero de nuevo volvemos sobre la prioridad fundamental de potenciar la movilización, el trabajo diario y de base frente al gesto de la abstención. Gesto que sin movimiento real que lo justifique carece de potencia.

¿Qué aspectos positivos presenta, a cambio, el hecho de una defensa de un concepto como la política del día a día? Fundamentalmente, que activa el marco teórico de que la lucha es un compromiso constante. Que pone lo fundamental por encima: No el gesto abstencionista, si no el compromiso que lleva a cuestionar el voto.

Lo que quiero decir, en definitiva, es que la idea que ha calado es que el anarquismo no vota, frente a la idea que nos interesaría proyectar de que el anarquismo, ante todo, prima la organización y la lucha diaria. Afirmo que el uso del concepto abstención activa tiene mucho que ver en ese problema, ocultando lo fundamental y poniendo por delante lo accesorio. Que faltan conceptos que hagan referencia a la organización permanente en política, falta comunicarlos y desarrollarlos (¿Cómo nos organizamos? ¿Cómo se lucha?) y falta llevar estas propuestas a la práctica. La idea-fuerza que debe calar es que las cosas solo se consiguen luchando cada día y que esto es una evidencia práctica, no un principio rector ni un empeño teórico. Para ello, propongo adoptar el concepto de política del día a día, dándole forma como alternativa libertaria al voto desde el apoyo mutuo y la acción directa.

Acumular e incinerar

Uno lee el periódico y se extraña de que las noticias no se expandan como una llamarada que incendie todas sus páginas. Si uno de verdad leyese y no se limitase a posar la vista y suspirar ante los desastres cotidianos, se quemaría las manos. Cada uno de nosotros tiraría el diario al suelo y se levantaría para extender la deflagración por el vagón, la oficina o la plaza donde se encontrase leyendo. Cada uno de nosotros se vería imbuido de una irresistible pasión incineradora que, junto al deseo abrasador de nuestros semejantes, calcinaría esta realidad opresiva de una vez y para siempre.

Pero no ocurre así, y hay motivos. Las verdades dolorosas se limitan ya a ser molestas. Hoy las noticias se sufren en silencio. O, si uno aprende a destacar la bazofia insustancial y abstraerse de lo significativo, ni siquiera se sufren. Uno podría gritarle al presentador de las noticias, pero no lo hace porque sabe que nadie escucha tras la pantalla. Así que es mejor seguir comiendo sin alteraciones, menear el bigote y, como mucho, decirse a uno mismo que esto no puede ser… sin mover un dedo para que deje de serlo. La mayoría aún prefiere el arrullar de sirena de la miseria cotidiana que el discordante sonido atronador del cambio. La victoria de la apatía no es total, pero le anda cerca.

La teoría de la insurrección espontánea, que ve en cada individuo un resorte a punto de salirse de sus ejes, se demuestra también equivocada. El enfrentamiento cotidiano, vanguardista y de baja intensidad, no se extiende. Más bien al contrario, se criminaliza, se le apunta con el dedo acusador del poder y se le convierte en el Goldstein de turno para los minutos de odio. La vanguardia se aisla y acaba encerrada sin que una sola voz discordante se alce, porque para alzarse habría de tener la fuerza para hacerlo y esa fuerza, sin acumulación, no existe. El señor Assange nos dice que un nuevo orden se forma allí donde la gente se arma con la verdad. A esto cabe decir ¿De qué sirve sembrar verdades en el terreno baldío de la desidia? O lo que es peor ¿Quién tiene la capacidad de ser escuchado?

Esa falta de respuesta no es casual pero tampoco es parte de nuestra naturaleza. Se trata de una estrategia política derivada de una respuesta psicológica bien estudiada: La indefensión aprendida. Como esa profesora que plantea problemas irresolubles a sus alumnos solo para mostrarle cómo después tiran la toalla ante aquellos que sí tienen solución. Cuando nuestra acción deja de tener conexión con cualquier tipo de resultado, el aspecto motivacional que nos lleva a actuar decae; nos sentimos pequeños e incapaces y dejamos de responder. Las condiciones materiales que permiten que la ruptura se manifieste en actitudes valientes, solidarias, justas y revolucionarias parten de la existencia de herramientas que sustenten la lucha: Espacios de socialización, medios de subsistencia, redes de apoyo y aprendizaje conjunto en cada lucha. Y alegría por las victorias, aunque sean exiguas. Esa es la acumulación que puede servir de base para las insurrecciones cotidianas y convertirlas en rebeliones conscientes, en situaciones prerrevolucionarias.

Acumular es una palabra maldita. Parece que todo debiese ocurrir ya, en este mismo instante. Hijos de nuestro tiempo estamos acostumbrados a la recompensa instantánea, como de videojuego, y esperamos un cambio revolucionario a la vuelta de la esquina. Si no ocurre haremos arder los barcos, tiraremos por la borda todas las teorías y formas organizativas, daremos la vuelta a todo para empezar desde la nada. Como Sísifo, rodaremos eternamente la piedra ladera abajo para volver a cargar con ella… Nos cuesta aceptar que suele ser mejor encender una vela que maldecir a la oscuridad. Pero esas pequeñas velas, que individualmente a duras penas iluminan la habitación, quizá le sirvan a alguien para encontrar el lanzallamas oculto en una esquina; ese preparado para calcinar esta realidad opresiva de una vez y para siempre.

Enlaces del mes: Abril 2014

  • En Público, un artículo de Jorge Moruno en torno al empleo nos deja una idea clave: Quizá la única solución colectiva, antes que seguir precarizando nuestras vidas y dando alas a la injusticia para ser competitivos, sea un cambio radical que priorice el bienestar social sobre la obtención de beneficios para unos pocos. «El empleo estaba pensado como un medio para vivir y si no cumple esa función, sino garantiza seguridad vital, no sirve. Si el empleo dicen, tiene que ser cada vez más precario tendremos que buscar otras vías para garantizar bienestar y seguridad, vías que no tengan que pasar únicamente por el hecho de tener o no tener empleo. No puede ser que cada vez haya más riqueza en menos manos, y cada vez haya más pobreza entre más gente. Repartamos también la riqueza más allá del empleo, cambiemos de medios para alcanzar mejores fines. Para ello necesitamos repensar cómo encontrar a la fuerza del trabajo en la separación entre el trabajo y el empleo. Buscando construir la autonomía social sobre el tiempo propio, desvinculando el acceso a los medios de subsistencia de los medios de empleo, es decir, de la obligatoriedad de ser valorizables por otro para poder vivir. Estamos ante dos formas de ver un mismo cambio de paradigma civilizatorio: o caminamos hacia la neoservidumbre o asentamos las bases de un nuevo tiempo de bienestar para todos y todas.«
  • En el blog colaborativo de Tecnoácratas nos revelan la cara más retrógrada de La Sexta, ese canal que se pretende de izquierdas. Aprovechamos desde aquí para mandar ánimos a los compañeros que se han lanzado con este proyecto.
  • En Pikara Magazine, Beatriz Gimeno lanza la pregunta, ¿por qué las mujeres no devuelven los golpes? ¿Por qué no se enfrentan de forma violenta al patriarcado? Los hombres que pegan a las mujeres no lo hacen porque sean más fuertes y estén seguros de que van a ganar la pelea. Pegan porque saben que en ningún caso la víctima se va a revolver. […] Pegan a una mujer porque saben que pueden, porque ella está completamente desempoderada, también físicamente.
  • José Luis Carretero nos da su visión del encuentro euro-mediterraneo de fábricas recuperadas que tuvo lugar a finales de enero de este 2014 en Marsella.
  • Respecto a la Huelga en la FNAC, Álex Portero y Daniel Bernabé apoyan a los trabajadores y se dedican a cerrar las bocas de algunos escritores aburguesados que prefieren promover la insolidaridad por puro interés. Desgraciadamente el mundo del que venimos -ese en el que el orgullo de la identidad obrera se lleva como una condecoración- está en retroceso; a cambio se nos ofrece un páramo posmoderno en el que el egoísmo, la frivolidad y lo ruín campan a sus anchas: serviles con el fuerte despiadados con el débil es la máxima a seguir.
  • En el blog de Testigo Incómodo una reflexión en torno a la violencia, la mafia, el Estado y la verdad de aquello que hace girar al mundo.
  • Por último, enlazar a varios textos de la revista Argelaga que han sido publicados en internet en este mes de abril:
    • Crítica de la denuncia jurídica como estrategia de lucha contra los centros de menores: Jorge del Arco plantea en este artículo un cambio de perspectiva en la lucha contra las cárceles para niños «infractores» y la denuncia del maltrato que es habitual en ellas. Considera insuficiente el recurso jurídico y propone una transformación de la sociedad, creando otra que no necesite confinar a una parte creciente de la población, sea adulta, menor de edad o extranjera. Aboga por la coordinación de colectivos y asociaciones específicas en pro de una transformación radical de las relaciones sociales.
    • Interrogantes sobre el cenit del petroleoJosé Ardillo nos introduce en los cauces y remolinos que el más que probable agotamiento del crudo o peak oil abre en el proceso de acumulación capitalista y en cada uno de nosotros.
    • Breve exposición de la noción de territorio y sus implicaciones: Miquel Amorós analiza la noción de territorio: Cómo su ordenación corresponde a la ordenación de la propia vida y cómo, en su defensa y desorden, se encuentra la resistencia.

[Recomendación] ¿Cómo inmunizarnos a la estrategia del Shock?

Cualquier crisis o desastre es susceptible de convertirse en la excusa ideal para que el capitalismo apriete las tuercas de la clase trabajadora. La psicología social, golpeada por un suceso impactante, se acoge a cualquier salvavidas que se le presente, aunque resulte ser una trampa de los tiburones capitalistas. El auge del capitalismo del desastre, como lo nombrara Naomi Klein en su libro La doctrina del Shock, que documentaba prácticas idénticas de imposición de medidas impopulares durante más de treinta años.

Tanto es así que el capitalismo, lejos de limitarse a aguardar estos acontecimientos se ha lanzado a provocarlos activamente. De este modo, los mismos que destruyen todo a nuestro alrededor nos venden la receta para reconstruirlo, siempre a nuestra costa y pensando en su propio beneficio. La estrategia es perfecta, como la de esos que se enriquecen contaminando mientras nos venden productos ecológicos y soluciones verdes.

Qué duda cabe de que esta «crisis» en que nos encontramos (y que para muchos no ha sido otra cosa que una estafa) está siendo aprovechada para recortar derechos, destruir conquistas y profundizar la explotación a la que la mayoría social estamos sometidos. Un ejemplo más de esa doctrina del shock capitalista que pretende vaciarnos de alternativas y llevarnos a la aceptación de este estado de emergencia social.

En el blog de Soy Pública podemos encontrar un artículo sobre cómo inmunizarnos ante esta estrategia del shock, cómo empoderarnos y pasar por encima del miedo y la parálisis que pretenden inocularnos. Nos habla de la indefensión aprendida y de cómo superarla, de cómo evitar caer en la falacia del castigador indefenso, así como de cuáles son las verdaderas causas de la crisis (frente a las mentiras que pretenden contarnos desde el poder).

En definitiva, un artículo esencial para hacer frente a un tiempo en que la disidencia es más que necesaria:

http://soypublica.wordpress.com/2012/06/03/como-inmunizarnos-a-la-estrategia-del-shock/

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