Represión y resistencia

Desde el poder se analizan al detalle las estrategias represivas para parar los pies a los movimientos sociales. En consecuencia, los modelos represivos no son estáticos, van variando con el tiempo, se prueban nuevas tácticas, varían los objetivos… Desde abajo, sin embargo, carecemos de análisis sobre las hostias que nos van cayendo cada vez con mayor frecuencia y somos prácticamente incapaces de adaptar nuestras estrategias antirrepresivas. Repetimos esquemas que son bien conocidos por el poder y acabamos tirando más de corazón que de cabeza para responder a los golpes, con los consiguientes problemas que eso supone: acabamos con más detenidos, perdemos apoyos y nos aislamos. Debemos recuperar un análisis y un debate sobre la represión: Sobre quién se está volcando esta, cómo nos afecta, cómo podemos responder, en qué fallamos… Sirva este texto como unas pinceladas básicas que puedan llevar a un debate colectivo referente a cómo enfrentar la represión.

La represión es una estrategia en contra de los movimientos sociales con un triple objetivo: Amedrentar, desgastar y aislar.

La represión extiende el miedo.

Es la relación más directa y que tenemos mejor analizada. Es lo que lleva al poder a endurecer el código penal o generalizar las multas. Las condenas son ejemplarizantes. Los antecedentes caen como losas sobre personas movilizadas, que de repente sienten reparos incluso para acercarse a una manifestación. Las multas, una forma de represión casi invisible, nos ahogan económicamente.

Frente a esto solo podemos oponer una fuerte solidaridad y una conciencia de obtención de resultados con nuestras acciones. Hay que conseguir que las personas reprimidas no se sientan solas. Eso, unido a que consideren que su acción sirve realmente de algo, es la mejor forma de evitar la desmovilización. Una persona que se gana una multa por algo que cree que no ha merecido la pena, o que luego se demuestra como inútil, tiene más posibilidades de acabar desmovilizada que una persona que, incluso siendo reprimida con mayor dureza, acaba viendo su actuar como algo que ha tenido trascendencia, algo que ha merecido la pena. Ahí juega un papel importante nuestra capacidad, nuestra inteligencia, nuestra constancia en las luchas. Se trata de combatir el cansancio y la sensación de derrota que quieren transmitirnos desde el poder y cambiarla por otra, de fuerza y capacidad.

También hay que evitar, en las acciones solidarias, que la represión se extienda, que haya nuevos detenidos o más multas. Las acciones de solidaridad no tienen que ser desesperadas, tienen que ser reflexionadas, inteligentes y estar bien dirigidas.

Hay otro vector más a considerar en el miedo que produce la represión: la paranoia. El miedo a ser reprimidos desata una visión paranoica sobre la seguridad, realizamos gestos fetiche que creemos que refuerzan nuestra seguridad pero no aplicamos protocolos de manera sensata. Hay que aplicar distintos niveles de seguridad en función de lo que tengamos entre manos. No tiene sentido encriptar un correo con un comunicado que se va firmar y a hacer público, menos si estamos comunicando a gente que es incapaz de manejarse a nivel tecnológico. La seguridad no puede estar reñida con la lógica y la necesidad de sacar adelante el trabajo. Un nivel de seguridad mayor implica mayores inconvenientes (para comunicarnos, para operar) por eso debemos saber adecuar, de manera inteligente, el nivel de seguridad requerido en cada caso. No tiene sentido ponernos trabas de manera paranoica o sin sentido a nosotros mismos. Por supuesto, el nivel de seguridad escogido, sea el que sea, debe mantenerse en contextos informales o en las redes sociales.

La represión nos desgasta.

Nos dejamos tiempo y esfuerzo en apoyar a las personas que han sido reprimidas. Desde el poder pretenden que ese tiempo y esfuerzo lo perdamos para enfrentar otras luchas. Desde su punto de vista: Si están volcados apoyando a sus detenidos y sacando dinero para multas no podrán organizar más protestas, que además les supondrán más multas y detenidos. Hay que romper con ese ciclo. El apoyo a los represaliados es esencial y no podemos abandonarlo, pero debe afrontarse de tal modo que esa solidaridad refuerce el movimiento social, no que lo debilite.

Me explico mejor con un ejemplo: Si dos personas participantes de una movilización contra los desahucios son detenidas, no podemos abandonar el trabajo en el tema de vivienda para realizar únicamente acciones de apoyo a los compañeros (conciertos recaudatorios, concentraciones de apoyo…). Debemos encontrar el modo de hacer que el apoyo a los detenidos fortalezca al mismo tiempo la visibilización de las luchas que estas personas estaban desarrollando en el momento de ser detenidas.

El desgaste también se extiende con la frustración. Hay que celebrar las acciones que salen bien. Aunque en medio de una situación de derrota generalizada nos parezca ridículo, hay que saber encontrar lo positivo, lo que hemos hecho bien. Está bien tener objetivos elevados, pero también hay que ser conscientes de la dificultad de alcanzarlos y hay que saber lidiar con la sensación de frustración que nos genera esa dificultad. Poner objetivos secundarios alcanzables y felicitarnos cuando cumplimos con lo que se esperaba de nosotros.

El desgaste tiene una última vertiente y es la que se traduce en enfrentamientos internos. Hay que evitar que los represaliados se sientan como una carga para los colectivos, del mismo modo que hay que tratar de evitar posturas paternalistas.

La represión nos aisla.

Cargarnos de multas, de palos, de detenciones es un intento de aislarnos de la gente, de colocarnos en un rol de seres extraños, antisociales a los que es mejor no acercarse. Hay que tener claro y dejar claro que no somos nada de eso, que nos vemos abocados a esas situaciones o incluso a estar presos no porque seamos despreciables, sino porque aspiramos a un mundo mejor para la mayoría y este sistema nos lo impide.

A veces somos incapaces de transmitir esto, ni siquiera a las personas que podrían constituir nuestro apoyo, nuestra base social. Los muestras de odio y de amor por el disturbio tampoco ayudan. No somos violentos antitodo. No nos divierte que nos peguen, que nos detengan, que nos multen o que nos metan en la cárcel (y si a alguien le parece divertido, que se lo haga mirar) pero tampoco podemos mantenernos impasibles con la situación que vivimos: explotación, falta de libertad, injusticia, destrucción del medio… Por eso nos manifestamos y nos rebelamos. Hay que saber demostrar esto, que nuestros actos no están faltos de sentido.

Hay que comunicar que no somos los terroristas y violentos que muestran en los medios. Muchas veces estamos en las manifestaciones y los disturbios, sí, pero también realizamos cientos de acciones solidarias a lo largo del año, somos los que apoyamos a las familias que van a echar de sus casas, los que defendemos la libertad de abortar y de cada uno y cada una a decidir sobre su cuerpo, los que construimos espacios de autogestión en los barrios, los que estamos defendiendo servicios sociales esenciales como la sanidad, la educación, las pensiones… Y todo, en conjunto, forma parte de nuestro compromiso revolucionario por mejorar las condiciones de vida de la mayoría.

No estamos sabiendo comunicar a quienes pudiesen apoyarnos toda esa otra dimensión creativa de nuestra lucha… y eso nos aisla de todo apoyo social y nos condena a estar solos frente a los golpes represivos, que somos incapaces de encajar.

Comunicándonos III

Superando la endogamia. ¿Qué imagen proyectamos?

El objetivo de la comunicación es, fundamentalmente, llegar a un público no afín o que no conoce el mensaje que queremos transmitir. Sin embargo, con regularidad el tipo de material, el canal utilizado o el lenguaje elegido hacen inviable salir de los círculos más próximos, generando esa cultura de la autoreferencialidad, del gueto.

El desconocimiento de los distintos públicos y la forma de acercarse a cada uno de ellos hace que muchos movimientos sociales generen materiales supuestamente orientados a la difusión externa que, sin embargo, terminan siendo de uso interno. De ahí que resulte fundamental el desarrollo de una buena estrategia comunicativa haciendo uso de las herramientas que hemos mencionado (u otras).

Pero más allá de eso, también resulta necesario tener en cuenta el imaginario social que se construye sobre nosotros a raíz de nuestras charlas, talleres, ruedas de prensa, comunicados, artículos, entrevistas en radio o televisión, etc. Este imaginario no es unívoco y mucho menos estático. Se construye a distintos niveles, pero da como resultado la imagen que la sociedad tiene de nosotros.

En todo momento es necesario tener las siguientes preguntas presentes:

¿Qué actitud tenemos como asociación ante la imagen que proyectamos a la sociedad?

¿Es posible que algunas de nuestras principales cualidades no estén siendo proyectadas?

¿Cómo difundir aquellas cosas que mejor nos definen en vez de las anecdóticas o las que a algunos medios interesa difundir?

Decimos que este imaginario es dinámico porque parte de la interacción social: lo que decimos como organización o colectivo es decodificado para ser comprendido, pero esto ya supone del procesamiento y la interpretación por parte de los receptores (la sociedad receptora). Este eje pragmático señala que el receptor interpreta los signos según las reglas sociales, culturales y psicológicas que determinan el uso particular del lenguaje en un momento dado.

Esto es importante porque muchas veces caemos en el idealismo de pensar que el receptor interpreta nuestros signos en base a nuestras reglas, las nuestras como emisores. Al contrario, somos nosotros como emisores lo que debemos adecuar la forma al receptor si aspiramos a comunicarnos y que se nos entienda. El uso de códigos indescifrables (palabras de uso determinado en nuestros círculos), anticuados o directamente hostiles a los utilizados en el contexto en el que nos movemos suele ser habitual y muchas veces solo sirve para dificultar nuestra labor comunicativa. Alterar las formas comunicativas para hacerlas más efectivas no tiene que entrar en contradicción con el mantenimiento de las ideas de fondo.

Caso de estudio: El conservadurismo estadounidense

Los conservadores estadounidenses, explica Lakoff en No pienses en un elefante, han invertido billones de dólares desde los años setenta en think tanks, en financiar investigadores y encuentros dedicados a estudiar la mejor forma de estructurar y comunicar sus ideas y de destruir las posibilidades de su adversario. Lo lograron. Consiguieron definir las grandes cuestiones políticas en sus términos y etiquetar a sus opositores desde su lenguaje y sus valores.

Las políticas conservadoras se fundamentan en una visión de la moral familiar, que se extienden a la política y a otros ámbitos. La familia conservadora se estructura en torno a la imagen del padre estricto que cree en la necesidad y el valor de la autoridad, que es capaz de enseñar a sus hijos a disciplinarse y a luchar en un mundo competitivo en el que triunfarán si son fuertes, afirmativos y disciplinados.

El gran logro de la estrategia de los conservadores ha sido el de estructurar todos los asuntos políticos en torno a estos valores básicos y profundamente asentados en la mentalidad de gran parte de los ciudadanos. Profundizando ese sistema de conceptos y valores, los intelectuales al servicio de los republicanos estadounidenses han sido capaces de elaborar un discurso articulado y un lenguaje eficaz. Eficaz porque reconoce el poder de nombrar, que es el de empotrar cada denominación en un marco conceptual que implica valores y sentimientos de los que las audiencias son generalmente inconscientes. Y ese lenguaje bien armado con sus implicaciones morales y emocionales tiene el poder de definir las realidades una vez introducido y reiterado en los medios de comunicación. La «guerra contra el terror» es un ejemplo. Activa el miedo a un terror difuso —y con el miedo, el marco del padre estricto— y asocia terrorismo con «guerra», que requiere un comandante en jefe, un «presidente de guerra», poderes especiales para la guerra, así como naciones que atacar, etc.

Competencia discursiva

A la hora de tratar determinada cuestión, el espacio discursivo se va construyendo con la interacción de las distintas visiones de una misma idea. De esa forma, el discurso libertario se mezcla con el discurso del resto de tendencias políticas en los movimientos sociales, entrando en competencia comunicativa con otros discursos ideológicos. El discurso (también las prácticas) de los movimientos sociales se construirá en base a cómo se distribuya la hegemonía de las distintas tendencias dentro del movimiento social. De la habilidad de los libertarios dependerá evitar la preponderancia de las tendencias reformistas o autoritarias, manteniendo la autonomía del movimiento.

Asimismo, el discurso resultante de los movimientos sociales entrará en competencia discursiva con el de otros agentes de la sociedad: Empresas, instituciones estatales, think tanks y grupos de poder. Por ejemplo el discurso ecologista sobre el cambio climático entra en competencia con el discurso del gobierno, el discurso empresarial favorable a las renovables, el discurso que niega el cambio climático… De esa competencia la mayoría de la sociedad integrará su visión sobre el tema. De ahí que sea esencial desarrollar nuestras habilidades comunicativas para ser un vector de influencia en la construcción del discurso hegemónico.

Más allá de eso, también se intuye ahí la necesidad estratégica de “empujar hacia la izquierda” el discurso del resto de actores sociales. A la inversa del caso del conservadurismo estadounidense que nombrábamos, si son los valores propios de la izquierda libertaria los que se establecen socialmente, es decir, los que se vuelven hegemónicos, el resto de actores tendrá que construir sobre ellos su discurso, lo que dificultará su labor comunicativa. De ahí que sea interesante para los anarquistas que ciertos valores que les son propios se generalicen (lo que entra en contradicción con el “cuanto peor, mejor” que defienden algunos).

El marco discursivo

Como hemos dicho, estamos comunicando nuestro proyecto político a cada momento. Sin embargo, hay espacios discursivos de especial notoriedad, como los que de vez en cuando surgen en los grandes medios de comunicación.

Resulta necesario valorar la oportunidad y la capacidad de un marco discursivo a la hora de participar en él. ¿Va a salir reforzada nuestra posición o va a ayudar a dar a conocer nuestro argumentario? ¿Tenemos capacidad para expresarnos en ese marco? Si es así debemos aprovecharlo. La pregunta, en definitiva, no es otra que: ¿Merece la pena?

Parte del movimiento anarquista se ha negado a hacer uso de los medios de masas casi por principio, pero la cuestión es más bien estratégica. Por supuesto, para aprovechar los espacios de especial notoriedad debemos estar preparados, tener una buena estrategia comunicativa (saber qué y cómo se va a decir) y habilidades comunicativas (capacidad para expresarse adecuadamente).

Otros actores tienen clara la necesidad de expresar su argumentario en los medios de masas. Es paradigmático el caso de Pablo Iglesias, apareciendo como tertuliano habitual en cada vez más programas televisivos. ¿Está ayudando a reforzar socialmente su argumentario político? Y, sobre todo ¿Podría el anarquismo hacerlo con el que le es propio? ¿Por qué no lo hace?

[Recomendación] Perritos perdidos

Texto extraido de uno de los antiguos blogs de Alasbarricadas.org. En concreto el del Sr. Povondra, también conocido por otros nombres. Vaya el homenaje para él, donde quiera que esté:

Perritos perdidos

Un perro perdido es ese perro sin amo que se va siempre detrás del primero que pasa y que los puedes ahuyentar a pedradas si quieres o hacerles mil putadas. Todos tenemos necesidades afectivas y las relaciones, esporádicas o estables, nos ayudan a satisfacerlas y son buenas para la autoestima cuando son gratificantes. Otra cosa es cuando eso se busca compulsivamente o degrada a las personas que, por lo que sea, están dispuestas a intercambiar sexo por aceptación o un par de palabras amables y después se sienten un trapo.

Los «antisistema» estamos aburridos de advertir (casi siempre en ojo ajeno) sobre el peligro del consumismo compulsivo, el alcoholismo compulsivo, el pastilleo, los porros… La anorexia también la vemos mal, pero se nos queda fuera la sexualidad compulsiva, que es algo que también fomenta la televisión hora sí y hora también y se ha convertido en una forma de relación que todavía se contempla como guay y casi casi necesaria para no sentirte un miserable en esta vida. Y la sexualidad es algo muy delicado que influye en las personas por lo menos tanto como las drogas. ¿Qué pasa, que porque juguemos a detectar la sexualidad subliminal de la publicidad comercial y no compremos coches estamos ya liberados de todas las dinámicas mentales opresoras?

Cuando se habla de promiscuidad se trata de definir una conducta de sexualidad que puede ser libre o meramente desordenada, sin distinguir ni pararse a mirar en lo que mueve a las personas a adoptar esa forma de sexualidad. Desde el machismo tradicional hay muchos nombres para las promiscuas: calentorra, cachonda, ninfómana, puta… Esos nombres sirven para despreciar a las mujeres que no llegan vírgenes al matrimonio –qué escándalo- o no casan con las normas tradicionales, pero también etiquetan a algunas mujeres que realmente son incapaces de controlar su propia sexualidad y se convierten en objeto y presa de quien quiera pasárselas por la piedra.

En nuestra especie, como en todas, la sexualidad marca las relaciones sociales. La ligamos a la afectividad pero, a través del lenguaje, también a la jerarquía. El lenguaje de la sexualidad puede dividir nuestro mundo en jodidos y jodedores: las personas jodidas, machos o hembras, son rebajadas, valen menos. Esa ambigüedad en el lenguaje no es casual. A todos nos ha puesto el gato el culo en pompa para reconocer su sumisión y la sodomía también es una forma de establecer jerarquías entre animales gregarios. Hasta hace bien poco era normal entre las personas elegir una mujer y ligarla a ti por medio de la violación, que es lo habitual en el resto del reino animal y no deja de ocurrir entre personas. Violentar la voluntad ajena a través del sexo sigue siendo una forma de obtener sumisión.

De acuerdo con que hemos sido capaces de civilizarnos más allá de esos esquemas de manada de mandriles y sabemos que la sexualidad también se puede vivir de una manera más libre, pero también puedo visitar páginas porno y ver lo que esperan muchos hombres de las chicas que se abren de piernas ante la cámara: junto con toda la colección de mujeres de otras razas, sexo con animales y demás podemos encontrar: lolitas, cachondas, borrachas… y me temo que los ojos de algunas “sucias adolescentes rusas” mirando a la cámara los he visto fuera de las fotos, en la «vida real». El gran negocio del porno suele reproducir el esquema del sexo como acto de dominación. Las miradas de muchas de esas mujeres son terribles.

Igual que existe la figura del tonto del pueblo existe otra menos publicitada: la puta del pueblo. A la “puta” de mi pueblo se la han follado entre varios más de una vez, le han hecho de todo. También he oído contar historias de “putas” de pueblo tiradas desnudas en cunetas, con la memoria bloqueada, folladas entre varios sobre una mesa de billar, penetradas con animales, objetos… igual que sabemos que se viola en grupo a muchas inmigrantes para quebrar su voluntad y poder prostituirlas más cómodamente. A eso se le llama esclavitud sexual y no sólo lo practican los rumanos malosos, sino también Fuenteovejuna. Igual que el virgo sigue garantizando en más de medio mundo que quien lo rompa poseerá a la desvirgada para siempre. El lenguaje del sexo y la posesión vuelve a entrelazarse. No siempre hay violencia en estos actos, a menudo es mera cuestión de costumbre. A veces la función de los chulos se diluye en el colectivo pero sigue funcionando.

Hay veces que la “puta” tiene una necesidad compulsiva de cariño o aceptación (que aumenta con cada nueva humillación) y se deja arrastrar a donde sea. Piensa que a través de su sexualidad va a poder ejercer poder u obtener respeto y en realidad …(susurro o apunte mental: “esta es una cachonda”). Piensa que obtendrá ese poder y esa autoridad, esa estima que se niega a sí misma, a través de las que tiene quien se la folla. Lo que se llama la erótica del poder, de donde nacen las groupies. Y seguro que hay infinidad de motivos más y que siempre se combinan tantos como el cacao mental de quien los arrastra. También hay mujeres que, efectivamente, ejercen y obtienen poder a través del sexo, pero ahora no estamos hablando de ellas.

No sé cómo habrán roto o abusado de la curiosidad sexual infantil de aquellas mujeres que sólo saben relacionarse afectivamente abriéndose de piernas, no sé qué hostias puede haberle pasado a cada una de ellas. Ahora no estamos hablando del subidón de ¡qué tía estás hecha!, sino de las mujeres que se entregan para escapar del bajón de ‘no valgo nada’. No son conquistas sino rendiciones, no son vencedoras sino carnaza. Mucha gente no consigue escapar de su papel de víctima, incluso se recrea en él. ¿debemos por ello aprovecharnos de la situación los demás? En la tele se hartan de decirnos que hay que follar mucho (risas enlatadas).

¿Miseria sexual? ¿Quién, nosotros? ¿Nosotras? ¡Pero si llevamos camisetas políticas y vamos a centros sociales! ¡No ponemos etiquetas machistas! ¡No existe algo así como la puta del centro social!

Cada fin de semana por lo menos un rollo, a ser posible, entre gente que se pone hasta el culo de todo y olvida que no se debe utilizar a los demás para satisfacer las propias necesidades y sálvese quien pueda y quien no, que se joda. A lo mejor estamos siguiendo conductas compulsivas, dañinas en muchos aspectos, mientras mantenemos la ficción del buen rollo, de creernos todos libres (¡nosotros: la vanguardia de las libertades venideras!) y curados de espanto. Al no empezar a plantearnos a partir de qué grado de borrachera te estás aprovechando de la situación. Al no reflexionar (es muy complicado todo) si puede haber daño sin violencia. Porque casi todos y casi todas podríamos llegar a sentirnos mal en un momento dado y es mejor correr un tupido velo que enfrentarse a las propias miserias. Y por eso la conciencia de la miseria sexual no se da ni en el ámbito privado, la única miseria sexual parece ser que no se folle, ¡como para abordar abiertamente el tema si mucha gente no conoce o no se plantea la mierda que le rodea!

Los machistas de toda la vida han condenado a mujeres con una labilidad que puede ser pasajera (un error o una mala racha) o simplemente entienden la sexualidad de otra manera a ser eternamente putas, cachondas, ninfómanas porque esa etiqueta da patente de corso a los triunfadores, que suelen ser ellos mismos una panda de borrachos frustrados de la vida. Sin embargo, sin ser puta oficial de ningún colectivo especialmente machista, también hay mujeres que van dando tumbos de grupo en grupo hasta que, se cansan de ellas, las rechazan o pasan a otro ambiente donde no las conocen todavía ni se les ocurre pensar que lo suyo es un problema. ¿Nadie ha conocido a nadie así? Tampoco ayuda lo contrario: pensar que esas personas que van dando tumbos de asiento trasero en asiento trasero, váter en váter y cama en cama son triunfadoras admirables.

Si ya es duro reconocer que se está deprimido o se tiene un desorden alimenticio, qué duro debe de ser vivir con un problema con implicaciones tan directas con nuestra afectividad y nuestro lugar en el grupo, qué duro ver que te has dejado utilizar, recuperar la autoestima y afrontar lo que viene después de la resaca con la cabeza alta y la mente despejada. No es raro que las personas huyamos hacia delante.

Comunicándonos II

Desarrollando una estrategia comunicativa efectiva

Una estrategia comunicativa efectiva exige determinar de manera previa dos variables. Primero, el público objetivo. Segundo, los fines de la comunicación o, lo que es lo mismo, el tipo de relación que se quiere establecer con el público (o los públicos) seleccionados.

Respecto a los públicos, la edad, la condición social o la tendencia ideológica son variables que permiten distinguir distintos tipos. La estrategia comunicativa decidirá centrarse en uno o algunos de ellos.

Respecto a la relación a establecer con el público: informar, educar o provocar son fines distintos y determinan modelos de actuación que no siempre pueden o deben coexistir en una campaña comunicativa. Estos tipos de acciones comunicativas tienen sentido o no siempre en función del público al que se dirigen.

Para desarrollar una estrategia comunicativa efectiva es necesario tener en cuenta las siguientes cuestiones:

Presencia de la comunicación. Normalmente los movimientos sociales no parten de la necesidad de elaborar una estrategia comunicativa coherente, sino que directamente comunican cuando consideran que hace falta. De esta forma, entre las actuaciones comunicativas no hay un hilo conductor predefinido, sino que gana el día a día (lo urgente frente a lo importante). Es necesario reconocer la necesidad de la comunicación desde el primer momento, situando la comunicación como parte orgánica del trabajo del colectivo.

Comunicación planificada. Delimitar plazos concretos para cada paso de la campaña e indicadores para evaluar su influencia (cantidad de material repartido, apariciones en prensa, incremento de visitas en web…) Hacer un listado general (aproximado) de la gente con la que contamos para cada acción, evento, labor de la campaña…

Comunicación concreta. Buscar pocas ideas-fuerza importantes a transmitir. Análisis de 1. objetivos que se persiguen, 2. público al que nos dirigimos y 3. mensajes que se quieren difundir. Esencial especificar lo máximo posible estos objetivos para evitar sensación de “incumplimiento de metas”. En consecuencia, seleccionar metas alcanzables y que sea posible evaluar.

Comunicación enfocada. ¿Qué efecto queremos producir en el público? informar, divertir, provocar una actitud o una conducta específica, transmitir valores, enseñar… Conocer los públicos a los que podemos llegar es esencial para toda actuación comunicativa.

Algunas técnicas para la selección del público y la estrategia comunicativa

Dinámica de los círculos concéntricos de afinidad

Dos objetivos: Delimitar los públicos e intentar conocerlos y reflexionar sobre nuestro papel comunicativo.

Pasos

  1. Elaborar un gráfico con 6 o 7 círculos concéntricos. El círculo más interno representará nuestra asociación. Los círculos más cercanos a este (más internos) representarán los públicos más afines, mientras que los más externos representarán grupos sociales más alejados de nosotros, menos sensibilizados con los temas que tratamos.
  2. Durante unos 15 minutos y de manera individual, cada participante en la dinámica incluirá en los círculos los grupos que considere adecuados, valorando de manera personal la proximidad de cada público con nuestra asociación. Los grupos deben incluir tanto aquellos a los que ya llegamos como aquellos a los que nos gustaría llegar (estos pueden haberse consensuado previamente, pero no es necesario).
  3. Puesta en común. Se consensúa entre los participantes en la dinámica un gráfico con los distintos colectivos y su nivel de proximidad.
  4. Selección de públicos objetivos. Se decide a qué públicos queremos darles prioridad en nuestra labor comunicativa. Se clasifican los públicos en una lista de prioridad. Parece evidente que no necesariamente son los públicos más afines los más prioritarios, a veces nos puede interesar dirigirnos al público menos sensibilizado con las temáticas que tratamos o bien a un público en una posición intermedia.
  5. Se reparten los públicos objetivos entre las personas de la dinámica, con el fin de investigar más en profundidad a ese público y elaborar un propuesta estratégica para mejorar la comunicacación con ese grupo. Es importante asesorarse sobre los distintos canales de comunicación con cada grupo.
  6. Unos días después cada persona trae los resultados de su investigación, se debate y se elabora un manual que describe los distintos públicos y define estrategias comunicativas para llegar a cada uno de ellos. Este manual servirá de referencia para dirigir la labor comunicativa de las campañas de la asociación.

Estudio de los públicos: Recursos sociológicos

El estudio de los públicos puede realizarse utilizando material disponible de manera pública: Encuestas de opinión, investigaciones sociológicas, estudios de mercado sobre preferencias y gustos, etc. Hay que tener cierta experiencia para analizar toda esa información, pero el coste es bastante menor que tratar de realizarlos nosotros mismos. Algunas de estas fuentes:

  • Estudios del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas). Los barómetros del CIS permiten comparar históricamente la opinión de los encuestados y además de temas generales, incluyen temas específicos que pueden sernos de interés.

  • El INE, Instituto Nacional de Estadística nos ofrece mucha información sobre la población y sus hábitos. Cuenta con publicaciones periódicas y temáticas.

  • En el ámbito europeo, el Eurostat ofrece multitud de informes y estudios. También el portal de la Unión Europea permite acceder a esa información.

  • El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo realiza publicaciones anuales. Una de las más conocidas es el Informe Sobre Desarrollo Humano.

  • Informes del Observatorio de Sostenibilidad en España (OSE), sobre distintos aspectos de nuestro modelo de desarollo (uso de los recursos, del suelo, de las tecnologías, etcétera..). El OSE realiza informes anuales y otros informes temáticos.

Test del material comunicativo

El objetivo de esta técnica es probar el impacto real del material que elaboramos sobre el público al que lo dirigimos. Un test del material comunicativo entre un grupo de personas que representan los distintos públicos potenciales a los que queremos llegar puede ayudarnos a mejorar su diseño, el tono del lenguaje utilizado, etc. Tendremos que elaborar un cuestionario con los elementos que investigamos. Por ejemplo, si ponemos a un representande de nuestro público obejtivo ante un tríptico, podríamos elaborar un cuestionario como el siguiente:

  1. ¿Se entiende correctamente el tríptico?
  2. ¿Cuál es la idea más importante que destaca el texto? (pregunta para corroborar la correcta comprensión del texto)
  3. ¿Te ha gustado el diseño del tríptico? ¿Qué es lo que más te ha gustado? ¿Qué cambiarías?
  4. ¿La tipografía utilizada te parece adecuada? ¿Se lee bien el texto?

Integrar la comunicación

Por encima de todo, resulta necesario integrar la labor comunicativa en el trabajo diario del grupo. De acuerdo a las siguientes fases:

  1. Planificación: Estudio del público, la orientación de la campaña, análisis del material, establecimiento de objetivos y de indicadores para evaluación de la campaña
  2. Coordinación: Reparto eficaz de las tareas comunicativas, desde la elaboración del material al reparto del mismo.
  3. Realización: Llevar efectivamente a cabo las tareas repartidas.
  4. Evaluación: Análisis de los resultados en función de los indicadores establecidos previamente.

Comunicándonos I

Comenzamos una serie de entradas sobre comunicación para movimientos sociales. Esperamos que puedan servir para mejorar nuestras habilidades comunicativas con el objetivo de dar a conocer la propuesta política anarquista.

Los movimientos sociales juegan un importante papel en la difusión de ideas críticas y la sensibilización de la mayoría de la sociedad en determinadas problemáticas. Por ello, su dimensión comunicativa es innegable. Dentro de los MMSS, cada grupo se ve regularmente ante la necesidad de dar a conocer su trabajo, sus posicionamientos ideológicos, su argumentario y su propuesta de acción. Sin embargo, la capacidad comunicativa de estos movimientos es muy limitada. Muchas veces por falta de recursos e ideas, pero también por la falta de estrategias comunicativas coherentes. No dar a la labor comunicativa la suficiente importancia resulta en falta de habilidad a la hora de transmitir, con formas de comunicación que reproducen una y otra vez los mismos errores, que condenan a los colectivos al aislamiento y a sentirse incapaces de influir.

La comunicación es una parte esencial del quehacer político que puede llevar a un verdadero proceso de transformación social: Romper con el aislamiento, llegar a la sociedad, construir conciencia crítica… para todo ello resulta esencial integrar en el trabajo de los colectivos algunos métodos para evaluar y mejorar los procesos comunicativos.

En concreto los anarquistas, a nivel comunicativo, nos encontramos en el vagón de cola de las tendencias políticas de clase. Parece evidente que la influencia social del anarquismo es más que limitada, a pesar de que ciertas ideas-fuerza libertarias tienen bastante aceptación dentro de las luchas sociales: El asamblearismo, el rechazo a los partidos… todo eso parece ocurrir a pesar del movimiento anarquista y no gracias a él. La autorreferencialidad, la obsesión por determinadas estéticas, el minusvalorar las formas en que se produce la comunicación, ignorar la comunicación no verbal, repetir los mismos esquemas comunicativos, conformarnos con las mismas técnicas de siempre… Todas esas miserias constituyen los límites a nuestra capacidad comunicativa.

Sirvan estos apuntes sobre comunicación para tratar de mejorar nuestras habilidades en este campo.

Algunas consideraciones previas sobre la comunicación

La comunicación no es solo algo verbal y no es siempre intencionada

Tenemos asociada la comunicación a las palabras que pronunciamos (lo que decimos o escribimos) pero en realidad la comunicación va mucho más allá. Nos comunicamos con nuestra ropa, con nuestras acciones…. Nuestros logos, carteles e incluso la maquetación de nuestras revistas influyen en el proceso de la comunicación. Comunicamos al demostrar compromiso y capacidad en nuestros proyectos (por ejemplo, no abandonándolos a las primeras dificultades, cumpliendo los objetivos marcados, manteniendo la calidad…). Comunicamos con nuestra actitud ante determinada situación (por ejemplo, la solidaridad que mostramos durante un conflicto sindical). En muchas ocasiones también estamos diciendo algo sin ser conscientes de ello, por ejemplo con nuestros gestos. En realidad estamos comunicando continuamente nuestro proyecto a la sociedad.

La forma es tan importante como el contenido

En la comunicación entran en juego varios factores, el elemento informativo siempre está conectado al sentido que le aportan el canal, el contexto o el propio código del mensaje. Las cosas se pueden decir de muchas maneras, hasta el punto de negar lo que el mensaje afirma. Es el caso de esas campañas publicitarias cuyo slogan parece ir contra lo que promocionan, donde habitualmente la imagen contradice el slogan. También influye de manera determinante el contexto en el que se desarrolla la comunicación, modificando sustancialmente el mensaje a transmitir. Por ejemplo, un cartel que anuncie tabaco no funciona igual en un estadio que en un cementerio.

El lenguaje visual es complejo

Solemos menospreciar las posibilidades de los lenguajes no verbales y, sin embargo, los códigos que se manejan en el lenguaje gráfico dan para decir mucho. Muchas veces una imagen vale más que mil palabras. Conviene recordarlo.

Seguiremos en la próxima entrada

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