Enlaces del mes: Marzo 2013

Volvemos una vez más con la serie de enlaces de interés. En esta ocasión tratando los siguientes temas:

Apuntes sobre El Capital V: Producción de valores de uso y de la plusvalía

El trabajo en general y sus elementos

El uso o empleo de la fuerza de trabajo es el trabajo mismo. El comprador de la fuerza de trabajo la consume haciendo trabajar al que la vende para que produzca mercancías. Para ello, su trabajo debe ser útil, es decir, debe concretarse en valores de uso. El capitalista hace producir al obrero un valor de uso particular pero la intervención del capitalista no modifica la naturaleza misma del trabajo, por lo que vamos a examinar el movimiento del trabajo útil en general. Los elementos simples de un trabajo son los siguientes:

1. La actividad personal del individuo, o el trabajo propiamente dicho. Esta actividad constituye un gasto de las fuerzas de las que está dotado su cuerpo.

2. El objeto en que se ejerce el trabajo. Los materiales naturales a transformar (árboles, rocas…) o las materias primas, que son objetos sobre los que ya se ha ejercido un trabajo (tablones de madera, mineral lavado…)

3. El medio de trabajo. El conjunto de cosas que median entre el productor y el objeto de trabajo. La persona convierte cosas exteriores en órganos de su propia actividad, instrumentos auxiliares para realizar su acción. Además de estas herramientas, los medios de trabajo comprenden todas las condiciones materiales que, sin entrar directamente en las operaciones ejecutadas, son indispensables y cuya carencia haría defectuoso el trabajo.

En la acción del trabajo, la actividad del hombre efectúa, con ayuda de los medios de trabajo, una modificación voluntaria de su objeto. Esa acción tiene su fin en el producto terminado, es decir, en un valor de uso.

Excepto en la industria extractiva (minas, caza, pesca, recolección, tala…) en las demás ramas del trabajo entran materias primas (objetos sobre los que ya se ha efectuado un trabajo). El producto de un trabajo llega a ser así el medio de producción de otro. Además, el mismo producto puede ser la materia prima de diferentes operaciones (que dan lugar a diferentes productos) e incluso el mismo producto puede servir de medio de trabajo y de materia prima al mismo tiempo (por ejemplo el animal que, en la ganadería, funciona como materia prima trabajada y como medio de trabajo preparando estiércol). En definitiva, este carácter del producto depende del lugar que ocupa en el acto del trabajo y puede cambiar de carácter al cambiar de lugar.

El trabajo gasta los elementos materiales que lo constituyen y es también por ello un acto de consumo.

El movimiento del trabajo útil desde el punto de vista general (es decir, como actividad que tiene por objeto la producción de valores de uso) es una exigencia humana, común a todas las formas sociales.

El trabajo ejecutado por cuenta del capitalista

El capitalista compra en el mercado todo lo necesario para la realización del trabajo: medios de producción y fuerza de trabajo.

La naturaleza general del trabajo no se modifica por la intervención del capitalista, salvo por dos particularidades:

  1. El obrero trabaja bajo la inspección del capitalista, a quien pertenece su trabajo.
  2. El producto no es propiedad del productor inmediato, sino del capitalista.

La utilidad de la fuerza de trabajo del productor pertenece así al capitalista. De modo que este último ha añadido el trabajo, elemento activo del producto, a los medios de producción; es decir, a los elementos pasivos.

Análisis del valor del producto

Recordamos que en la producción mercantil (dirigida al mercado) el valor de uso (u objeto útil) solo sirve como portavalor: Lo esencial es que el objeto posea valor cambiable, pues es un objeto destinado a la venta, una mercancía. Recordamos también que el capitalista quiere que el valor de esa mercancía supere al valor de los medios de producción y de la fuerza de trabajo empleados para producirla. En definitiva, quiere producir no solo una cosa útil, sino ante todo un valor y un sobrevalor (o plusvalía).

Vamos a examinar ahora la producción desde el punto de vista del valor:

Vamos a producir 5 kilos de hilo y sabemos que el valor de esta mercancía está determinado por la cantidad de trabajo que contiene. Por un lado, tenemos el valor inicial de la materia prima, por ejemplo, 5 kilos de algodón por valor de 13 €. Por otro lado, el valor del desgaste de los instrumentos empleados en la transformación del algodón a hilo, digamos que unos 3 €. Por tanto, el valor que la materia prima más el desgaste de los medios aportan al hilo es de 16 €. Falta averiguar qué valor aporta el trabajador hilandero al producto.

En relación al valor, es indiferente el género especial de trabajo o su objeto, lo importante es su cantidad; es decir, no importan las necesidades que el trabajo pretende satisfacer, sino el tiempo de trabajo. Recordemos también que el trabajo complejo no es más que cierta cantidad de trabajo simple y que el tiempo necesario en las condiciones ordinarias de la producción es el que determina la formación del valor.

Supongamos que el valor diario de la fuerza de trabajo, al realizarse la contratación del hilandero, se ha fijado en 4 €. Esta suma sería el equivalente al trabajo necesario para producir lo necesario para el sustento diario del trabajador. El trabajador aporta de ese modo un valor de 4 € al precio del producto.

Ajustemos ahora la cuenta del valor total del producto: a los 16 € anteriormente calculados habría que sumar los 4 € aportados por la fuerza de trabajo, dando un valor total de 20 € contenido en el producto. El precio final del producto (20 €) es equivalente al de los precios gastados inicialmente por la compra de los elementos integrantes del mismo: 13 € de materia prima, 3 € por desgaste de los medios y 4 € de la fuerza de trabajo. No se ha generado plusvalía y, en consecuencia, el dinero no se ha convertido en capital.

Diferencia entre el valor de la fuerza de trabajo y el valor que puede crear

El valor final de 5 kg de hilo es, por tanto, 20 €.

Supongamos ahora que el trabajador transforma 5 kg de algodón en 5 kg de hilo en media jornada. Eso no implica que no pueda trabajar la jornada completa o producir más: el valor que la fuerza de trabajo posee (el coste de las subsistencias que lo mantienen) y el que puede crear difieren en magnitud.

El trabajador, como todo mercader, obtiene el valor cambiable y cede el valor de uso. No puede obtener el primero sin entregar el segundo. En su venta, el valor de la fuerza de trabajo viene determinado por sus gastos de sostenimiento diario. En su uso, sin embargo, puede producir en un día más valor del que ha costado. Esta es la particularidad de la mercancía fuerza de trabajo y es lo que permite la creación de plusvalía.

El capitalista ha pagado el valor diario de la fuerza de trabajo. El hecho de que el sustento diario de esa fuerza solo cueste media jornada de trabajo pudiendo trabajar la jornada entera es lo que genera una producción de sobrevalor.

Volviendo al ejemplo: si el obrero encuentra en el taller los medios de producción necesarios para toda una jornada de trabajo, el valor total de las mercancías empleadas en la operación es de 36 €: 26 € por 10 kg de algodón, 6 € por el desperfecto de las herramientas y 4 € por la jornada de trabajo.

Sin embargo, con el precio de 5 kg de hilo establecido previamente (20 €, o lo que es lo mismo, 4 € el kilo) el precio final de los 10 kg producidos será de 40 €. De tal modo, los 36 € adelantados se convierten en capital, pues han generado una plusvalía de 4 €. Así pues, el problema de la transformación de dinero en capital está resuelto.

La transformación del dinero en capital

El capitalista compra en el mercado cada mercancía en su justo valor y luego, como cualquier comprador, consume su valor de uso. Siendo el consumo de la fuerza de trabajo, al mismo tiempo, producción de mercancías, genera para el capitalista un producto: 10 kg de hilos por valor de 40 €. Tras ello, el capitalista vuelve al mercado como vendedor y vende el producto a 4 € el kilo, ni un céntimo más de su valor y, sin embargo, obtiene 4 € más de lo que había puesto.

En esta transformación del dinero en capital la circulación solo sirve como intermediaria. La fuerza de trabajo se vende en el mercado, pero es en la producción donde se revela como origen de plusvalía. Esta plusvalía, a su vez, no es más que la producción de valor prolongada más allá de cierto límite. Este límite viene marcado por el valor que porta la fuerza de trabajo en sí o, lo que es lo mismo, por el valor de las subsistencias necesarias para que un trabajador se mantenga durante una jornada completa.

Si la acción del trabajo durara solo hasta el momento en que alcanzara el valor de la fuerza de trabajo pagada por el capital, habría simple reproducción de valor. Al pasar de ese límite, hay producción de plusvalía.

Enlaces del mes: Febrero 2013

Segundo mes de esta serie de entradas con enlaces de interés. Una vez más cargados de contenido interesante: Feminismo, corrupción, autogestión y acción directa.

  • La financiación de los partidos políticos en España: Corrupción y deslegitimación. La revista Estudios nos ofrece este análisis donde conocer las vías y tipos de financiación a través del marco legal establecido, el itinerario seguido por el dinero que termina en las arcas de los partidos políticos, o de sus afiliados; o los diferentes casos de corrupción unidos a este aspecto. Aunque la revista ya tiene un tiempo este artículo ha sido difundido durante el mes pasado en diferentes medios de contrainformación, de ahí que entre en los enlaces de este mes.
  • Entrevista a Carlos Taibo. Donde el autor habla sobre decrecimiento, movimientos sociales y el futuro de estos. Realizada por Mayka de Castro para Kaos en la red.
  • Fabrica ocupada en Grecia comienza la producción bajo control obrero. En alasbarricadas.org nos informan de este paso adelante de los trabajadores griegos, sumidos en una de las situaciones más complicadas del continente
  • El periódico anarquista Avancemos, de Perú, nos habla de los mecanismos de acción directa utilizados en conflictos históricos del movimiento obrero.
  • Entrevista a la autora de Prácticas, sentidos y representaciones sociales de mujeres que participan en movimientos sociales, que nos muestra la fuerza de las mujeres en los movimientos sociales argentinos. Piqueteras, desocupadas y trabajadoras sin tierra que se enfrentan a las consecuencias del neoliberalismo

Kairós: Ocupar espacios para construir lo público

Iban a ser clases, iban a ser despachos, iba a ser un museo… Muchas excusas pero una sola realidad: La antigua librería de la Universidad Autónoma de Madrid era un espacio abandonado, sin uso, lleno de polvo y escombros. Como tantos otros en la UAM, que recientemente ha inaugurado su Plaza Mayor, un pabellón de servicios con el estilo arquitectónico de los modernos centros comerciales, moles horribles que se agolpan por las circunvalaciones de Madrid. Un pelotazo inmobiliario que no cubre ningún servicio nuevo, pero cuyo coste económico y social aún está por cubrir.

Hoy ese espacio abandonado, la antigua biblioteca de la UAM, es un espacio lleno de actividades y encuentros. Un espacio de trabajo colectivo, de formación e investigación multidisciplinar, donde la política se mezcla con las relaciones sociales, los estudios, las preocupaciones económicas y las ganas de transformar la realidad. Las asociaciones de estudiantes encuentran en Kairós un local donde pueden desarrollar sus proyectos y almacenar su material; las asambleas de estudiantes y trabajadores, un lugar donde centralizar las luchas contra los recortes y en defensa de lo público; profesores, estudiantes e investigadores, nuevos modelos de aprendizaje y enseñanza, lejos de la burocracia y las líneas fijas de los programas; los revolucionarios, un espacio donde conspirar para impulsar nuevas formas de relación; y cualquiera, un sitio donde encontrarse con sus iguales, que tienen mucho de diferente por descubrir.

Hay quien ha definido la situación social actual como un tango. En el baile, uno va ocupando rítmicamente el hueco dejado por su pareja. Del mismo modo el sector privado y la cultura mercantil van conquistando el espacio que deja lo público. Kairós es también un modo de dar un giro a este baile. En un momento en que no parábamos de retroceder, decidimos dar un paso adelante. Tomar un espacio privado en los terrenos de la universidad para convertirlo en un espacio gestionado de manera directa por los trabajadores y estudiantes. Donde en apenas una semana se han dado clases, se han proyectado películas, se han montado grupos de estudio (y se ha estudiado mucho), se ha discutido de literatura y de música, se ha hablado de recortes, de grupos de consumo, de feminismo y de la legitimidad política de una acción como esta. Se ha reactivado la lucha en la universidad y se ha recabado el apoyo de profesores, investigadores, trabajadores del PAS e, incluso, de vicedecanos que nos han propuesto la realización de exposiciones, que nos han echado una mano con las charlas o incluso con la limpieza del espacio. También ha habido problemas, discusiones y roces. Por ejemplo, con cierta burocracia sindical que justifica en cualquier normativa su más absoluta insolidaridad e inoperancia. Por supuesto, con el equipo rectoral, defensores del viejo mundo, cómodos con la mercantilización e incapaces de comprometerse con la universidad más allá de lo estético.

Con todo, las relaciones construidas, que rompen con el modelo social del individuo atomizado, ya tienen de por sí mucho de positivo. Lejos de conformarnos, queremos seguir profundizando en la brecha abierta, ahora que somos cercanos y nos conocemos tenemos más fuerza. Doy personalmente las gracias a los compañeros que nos han apoyado con la difusión en radios libres, periódicos, webs y redes sociales. Nos queda mucho que mejorar y aún hay mucho por hacer.

kairosuam.wordpress.com

Apuntes sobre El Capital IV: Transformación del dinero en capital

Circulación simple de las mercancías y circulación del dinero como capital

La forma inmediata de circulación de las mercancías es la transformación de la mercancía en dinero y nuevamente en mercancía: Vender para comprar. Esta es la circulación ordinaria de la mercancía para convertirse en objeto útil. Partiendo de las manos de quien no le da uso, la mercancía va a parar a manos de quien la va a utilizar. Para que esta persona pueda adquirir la mercancía, ha necesitado vender algo previamente, para disponer del dinero necesario para comprarla. Este proceso constituye un cambio de la forma mercancía-dinero-mercancía: Vender para comprar.

Podemos encontrar una forma de cambio totalmente distinta, la de dinero-mercancía-dinero, esto es: Comprar para vender. El objetivo de este movimiento es únicamente la producción de capital y solo existe como operación completa desde el punto de vista del capitalista.

Mientras que la circulación ordinaria de las mercancías empieza por la venta y termina por la compra, la circulación del dinero como capital empieza por la compra y termina por la venta.

La plusvalía y la fórmula general del capital

El cambio mercancía-dinero-mercancía se explica por las diferencias en el valor de uso (esto es, en la diversa utilidad) de las distintas mercancías. Si tengo dos pares de zapatos y necesito una silla, vendo uno de los pares de zapatos (del que puedo prescindir) y a continuación, con el dinero obtenido, compro la silla. El dinero solo media en la satisfacción de una necesidad.

¿Qué sentido tiene cambiar una cantidad de dinero por la misma cantidad de dinero, mediando la compra de una mercancía? O lo que es lo mismo ¿Qué sentido tiene la forma de cambio dinero-mercancía-dinero? En principio ningún sentido. puesto que del dinero solo es determinante el valor de cambio. ¿Y si la cantidad de dinero inicial y final varía? En ese caso esta transformación empieza a cobrar sentido. En definitiva, la circulación dinero-mercancía-dinero solo adquiere sentido si genera plusvalía (sobrevalor, aumento de valor). Por ejemplo: 100€ – varios kilos de manzanas – 150€. A este acrecentamiento del valor en 50€ lo llamamos plusvalía. Asímismo, al valor anticipado (los 100€ iniciales) lo llamamos capital.

Es importante notar que este movimiento, que tiende al aumento de valor, no tiene límites. El dinero resultante de este movimiento sirve para iniciar un nuevo movimiento del mismo tipo. El movimiento continuo de la ganancia tiene como único objetivo la ganancia misma, generar plusvalía sin preocuparse por el valor de uso de las mercancías que median en el proceso.

La fórmula general del capital, tal como se manifiesta en la circulación, es la siguiente: comprar para vender más caro.

Contradicciones de la fórmula general del capital

Vamos a analizar si la circulación de mercancías es lo que permite el aumento de los valores que entran en ella, esto es, la formación de plusvalía. En principio, el cambio de 500€ de trigo por 500€ de vino no representa aumento de la riqueza para ninguno de los implicados. Estos cambios de forma no implican cambio de la cantidad de valor, como tampoco lo hay en cambiar un billete de 100€ por cinco billetes de 20€. La formación de plusvalía no puede proceder de la circulación en sí.

¿Y si admitimos el cambio de valores desiguales? Supongamos que hay 500€ de trigo en poder de Ana y 200€ de vino en poder de Bernardo. Bernardo convence a Ana de que su vino vale tanto como el trigo (o bien que Ana considera que su trigo no vale más que el vino de Bernardo) por lo que intercambian sus productos. Ahora Bernardo tiene 500€ de trigo y Ana 200€ de vino. El resultado es equivalente a que Bernardo hubiese robado 300€ a Ana. A pesar de ello, lo esencial es que la cantidad de valor se mantiene constante, aunque se haya modificado su distribución. El valor de las mercancías no ha crecido.

En definitiva, podemos afirmar que la circulación o el cambio de mercancías no genera ningún sobrevalor y, por tanto, no es el origen de la plusvalía. Debe ocurrir algo fuera del cambio que haga posible la formación de plusvalía.

Por tanto, las condiciones del problema son estas: El capitalista debe comprar primero mercancías en su justo valor, venderlas después en lo que valen y, sin embargo, recoger de esta segunda venta un valor mayor que el anticipado inicialmente. Esta transformación del dinero en capital debe operarse en el campo de la circulación (pues en la transformación dinero-mercancía-dinero es donde se adquiere la plusvalía) pero, al mismo tiempo, no se ha de realizar en él (pues, como hemos demostrado, no puede ser la propia circulación la que genere este sobrevalor).

La fuerza de trabajo, origen de la plusvalía

Tras la última afirmación, no queda más que una suposición posible: El aumento de valor tiene lugar durante el uso o consumo de la mercancía. Tras su compra y antes de su venta, la mercancía debe alterar (al alza) su valor cambiable, de manera que el acto de usarla equivaliese a crear valor. La mercancía en cuestión se llama fuerza de trabajo y comprende al conjunto de facultades físicas e intelectuales que una persona debe poner en acción para producir cosas útiles.

Por otro lado, si ciertos cambistas carecen de medios de producción (materias primas, herramientas…) serán incapaces de producir las mercancías necesarias para obtener, mediante el cambio, aquellas que satisfagan sus necesidades. Como consecuencia, se verán obligados a vender su fuerza de trabajo, única mercancía de que disponen para transformar. La falta de medios de producción para todos asegura al capitalista la disposición de la mercancía fuerza de trabajo. Esta relación entre el poseedor de los medios de producción y el asalariado, que caracteriza a la época capitalista, no tiene un fundamento natural ni es común a todos los períodos de la historia.

Valor de la fuerza de trabajo

Como cualquier otra mercancía, la fuerza de trabajo tiene un valor determinado por el tiempo de trabajo necesario para su producción. Dicho valor viene determinado por el de los medios de subsistencia necesarios para el que la pone en acción (alimentos, vestido, vivienda…), por el de la educación que ha sido necesaria para modificar el nivel de habilidad y rapidez de este y, también, por todo lo necesario para asegurar su reproducción (las necesidades de los hijos de los asalariados).

Como apunte, el precio de la fuerza de trabajo llega a mínimo cuando se reduce al valor de los medios de subsistencia mínimos. Aquellos que no pueden reducirse sin exponer de manera inmediata la vida del trabajador. En ese caso, su precio es muy inferior a su valor.

Volviendo al valor de la fuerza de trabajo: Si este valor, que ha requerido el gasto de una cierta cantidad de trabajo social (para alimentar al asalariado, vestirlo, educarlo, etc.), estaba determinado antes de entrar en la circulación; su valor de uso, que consiste en su ejercicio, solo se manifiesta después.

El valor de uso entregado por el trabajador al comprador a cambio de dinero sólo se manifiesta en su empleo, es decir, en el consumo de la fuerza de trabajo vendida. Este consumo, que es a la vez producción de mercancías y de plusvalía, se efectúa fuera del mercado. No en el dominio de la circulación, sino en el campo de la producción.

Sí se puede

La transformación radical de la sociedad es posible. En medio de la crisis es más necesario que nunca recordar que podemos impulsar un cambio hacia una vida y unas formas de relación más justas, más solidarias y más libres. Pero no es fácil, exige pelear día a día en el barro político y social de hoy, plagado de frustraciones y desencantos, pero también de gente con capacidad, imaginación e ideas.

El período esperanzador que se abrió con el 15M da la impresión de cerrarse poco a poco. Las bofetadas del gobierno, en forma de recortes, han llegado sin pausa y las mareas, ocupaciones y otras formas de lucha van decreciendo en intensidad, a pesar de algunas victorias parciales y ciertas luchas que constituyen excepciones notables en su crecimiento. El resto, necesitamos retomar fuerzas y recuperar las ganas para afrontar el futuro.

Tenemos las formas de organización y la seguridad de que el descontento es generalizado ¿Qué falta? Demostrar cómo mediante el compromiso pueden cambiarse las cosas y que la exigencia da sus frutos. Para ello debemos ofrecer una práctica de lucha que demuestre capacidad y con objetivos claros, que no espere más para concretarse. En la situación que nos encontramos solo nos queda darlo todo.

Unas pautas para reflexionar sobre nuestra acción colectiva:

-Sobre nuestra incidencia: ¿Tenemos los objetivos claros y bien definidos? ¿Son concretos, podemos conseguirlos y que sirvan como escalón para objetivos más elevados? ¿Son adecuados los medios que utilizamos? ¿Estamos trabajando con lo que tenemos o paralizados esperando por gente con la que no podemos contar?

-Comprometerse con la defensa de lo común, los servicios de todos y para todos: Sanidad, educación, agua… Cubren las necesidades esenciales de los trabajadores. De lo poco construido en base a valores comunitarios en un mundo donde la insolidaridad manda. Esenciales tanto a nivel práctico como de valores. Al mismo tiempo, debemos aspirar a transformar su funcionamiento de acuerdo a las propuestas y necesidades de todos, sin dejarlos en manos de los gobernantes.

-Construir alternativas de subsistencia que sean ejemplificantes y profundicen la autonomía revolucionaria. Las cooperativas deben trabajar conjuntamente y participar en las luchas, para construir redes de apoyo mutuo y solidaridad que cubran las necesidades que el Estado abandone a causa de los recortes.

Hay un mundo por cambiar. De todos nosotros depende.

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