Romper con el franquismo, romper con el 78

Felipe VI, cabeza de la monarquía española, condensa en su persona la dirección estratégica escogida por el régimen para salir adelante. Esta no es otra que la del balonazo arriba, expresado en una defensa reaccionaria de la unidad de España. La abdicación de su padre y la coronación de su persona fueron un intento de relegitimar la institución en un momento de impopularidad inédito en democracia, preparando el terreno precisamente para el momento en que se necesitase su intervención. Que su discurso ahora apoye las medidas represivas tomadas por el gobierno del PP (y defendidas por Cs) es un intento de cerrar filas en el bunker posfranquista, que apuesta por sacrificar Catalunya para recuperar crédito en el resto del estado (salvo el País Vasco). Esa relación marcada de la idea de España con una política impositiva, violenta y antidemocrática nos devuelve a las épocas más oscuras de nuestra historia. Nos recuerda que romper con el franquismo hoy implica romper con el régimen del 78, surgido de las entrañas de la dictadura. Quizá no sea más que un detalle el que Felipe de Borbón hablara frente al retrato de Carlos III, el monarca que privilegió el uso del castellano frente al catalán, en el que este sujeta un bastón de mando que recuerda a una porra; pero resulta una imagen poderosa.

Como oleadas constantes frente al régimen han ido golpeando el sindicalismo, las mareas, el 15-M, Podemos, las confluencias y el soberanismo catalán, pero no ha sido suficiente hasta el momento. Las grietas abiertas han logrado que parte del PSOE y su base social estén hoy en la encrucijada de sumarse al bunker soltándose con una defensa patriótica del constitucionalismo (como desearían sus dirigentes y partidarios más derechistas) o, por el contrario, apueste por tender puentes con su izquierda apelando al diálogo y el federalismo (lo que está reclamando parte de su electorado y el PSC). En este momento, la deslegitimación internacional de Rajoy se suma a la que ya sufría como consecuencia de la corrupción, y su tradicional inmovilismo se tiñe ahora con tintes autoritarios. Como resultado, el PSOE tiene muy dificil justificar sus apoyos al PP, pero tampoco puede oponerse abiertamente so pena de ser acusado de romper con la defensa de la unidad de España. De la dirección hacia la que se escoren va a depender en buena medida la capacidad de penetrar desde la izquierda en ese bunker del 78 para tratar de hacerlo saltar por los aires. Es por eso que el PP presiona con adelantar elecciones y el discurso del rey apoya la violencia policial en Catalunya, el objetivo es reforzarse logrando la adhesión del PSOE. Es por eso que la izquierda institucional trata de tensionar al PSOE desde una idea de España que habla de república, socialdemocracia, antifranquismo… las palabras clásicas del marketing socialista.

Acabar con el régimen del 78 es condición necesaria para avanzar hacia en la propuesta democratizadora, socialista y feminista que defendemos los libertarios. Por ello, los anarquistas peninsulares debemos apostar fuerte por el confederalismo, con las ideas que nos traen los vientos desde Rojava, adaptándolas a la realidad española y defendiéndolas desde la calle y los centros de trabajo. Conflictos como el abierto en Murcia por las obras del AVE son los espacios en que debemos trabajar para impulsar el empoderamiento popular y organizar a las personas trabajadoras, aprovechando también los ecos de la Huelga General en Catalunya. Debemos trazar una política de alianzas con el resto de la izquierda que nos permita dar una respuesta conjunta frente a la propuesta represiva y autoritaria que ha trazado la derecha. Nuestra política ha de pasar por la defensa de una idea radical de república comunitaria, democrática y confederal que respete el derecho a decidir y la libre unión de los pueblos, que recupere la soberanía popular frente al capital, que impulse la participación efectiva de las mujeres y feminice la política en las formas y el fondo, que extienda la democracia al ámbito económico y ponga los medios de producción en manos de los sindicatos y asociaciones de trabajadores, que apueste por una vida sostenible y acabe con la destrucción del medio… La influencia del anarquismo en el futuro cercano dependerá de nuestra capacidad de hacer de este proyecto algo deseable y factible.

Distopías en línea I: Tecnoilusiones rotas

Nos observa una mirada fija, obsesiva, penetrante. Unos profundos ojos que nos atraviesan, que tratan de investigar en el fondo de nosotros, de conocernos a través de nuestra intimidad virtual. ¿Somos nosotros, como nuestros ídolos, una simple falsificación? ¿Un producto de marketing que consume mentiras y se comunica con otros a través de estas?

A lo mejor es que todos pensamos que Steve Jobs fue un gran hombre incluso sabiendo que ganó billones a costa de niños. O a lo mejor es que sentimos que todos nuestros héroes son falsos. El mundo en sí es una gran patraña. Nos espameamos los unos a los otros con continuos comentarios; mentiras enmascaradas como si en realidad pensáramos así. Redes sociales que nos hacen pensar que de verdad tenemos intimidad. ¿O es que hemos votado para esto? No con nuestras amañadas elecciones, sino con nuestras cosas, nuestras propiedades, nuestro dinero. No estoy diciendo nada nuevo. Todos sabemos por qué hacemos esto. No porque los libros de Los Juegos Del Hambre nos hagan felices, sino porque queremos estar sedados.

No cabe duda de que el monólogo de Elliot, protagonista de Mr Robot, es una crítica a la alienación en la que nos ha sumido el capitalismo que nos gobierna. Encierra en sí mismo un profundo sentimiento de aislamiento y desconexión con la sociedad. Un sentimiento extendido por la cada vez mayor mediación tecnológica entre cada individuo y quienes le rodean, pero también por la extensión de la inseguridad laboral, la falta de derechos, la difusión de modelos falsos e inalcanzables, el individualismo…

Hoy el mundo de Elliot es nuestro mundo hasta tal punto que ni siquiera las referencias se esfuerzan en ocultar su obviedad. Corporaciones como E(vil)-corp (Enron, con características de otros gigantes como Google o Apple) son enfrentadas por hacktivistas como f-society (Anonymous). Un espectáculo pseudorevolucionario que no logra ni detener el creciente control social, ni las políticas antipopulares, ni por supuesto los problemas psicológicos crecientes del individuo atomizado. Más bien al contrario, ayuda a extender la obsesión tecnológica y el aislamiento dentro de un entorno de creciente control social.

La pseudo-revolución de Mr Robot está vacía. Hundimos los bancos, eliminamos las deudas… y nada fundamental ha cambiado. Las proclamas megalómanas de un Elliot obnubilado son un grito en el desierto, un mapa a ninguna parte sin ningún contacto con la realidad. Esas alegorías más que evidentes de Mr. Robot con nuestra realidad sólo están ahí para engañarnos. Es cierto, hoy los hackeos y la exposicion de datos ocurren con relativa frecuencia, hasta el punto de haberse convertido en armas de intervención geopolítica: Hemos visto en primera persona a militares estadounidenses matar impunemente a civiles en Irak y Afganistán, hemos sabido cómo nos vigilan a cada uno de nosotros las agencias dedicadas al control social… A pesar de ello, ni siquiera hemos tomado con determinación la decisión de dejar de entregar nuestra intimidad y nuestras relaciones a las grandes corporaciones. Nos asusta y nos indigna el que Alemania pueda crear un fichero de radicales de izquierda, pero apenas ponemos pegas al hecho de que exista un mercado de datos sobre dónde, cómo y cuándo nos movemos, qué apuntamos, qué tareas hacemos, qué información difundimos… Así, con tan bajo nivel de conciencia sobre cuestiones tan fundamentales, es dificil que las revelaciones escandalosas puedan convertirse en una herramienta para democratizar la sociedad y acabar con la injusticia del actual sistema económico.

Son malas noticias para los pequeños hackers con intenciones revolucionarias: es imposible ser un agente transformador desde el aislamiento. El modelo de héroe individual que cambia el mundo él sólo (o con un pequeño grupo de iluminados desconectados de la mayoría social y firmemente aferrados a sus dogmas) es falso, aunque esto decepcione al egocentrismo de algunos. Toda esa estética hacker y pseudocrítica no es más que buen embalaje para (re)vendernos la fallida idea de vanguardia y alejarnos de la posibilidad real de un cambio revolucionario.

Más que acciones aisladas y grandilocuentes necesitamos un compromiso individual que se haga colectivo y que empiece por negarnos a que se trafique con nuestra intimidad. Necesitamos también un programa ecosocial, que demuestre aprecio por lo real no virtual y por lo comunitario; que se enfrente al individualismo tecnófilo, profundamente ingenuo sobre el momento actual y el futuro que nos espera. Y necesitamos, finalmente, estrategias para una decidida acción colectiva que ponga coto a los abusos de las multinacionales y se anime a prefigurar sociedades habitables.

En el horizonte cultural de la mayoría el futuro oscila, en el mejor de los casos, entre dos polos. Uno, ilusiones tecnológicas a la desesperada que ni siquiera carecen de aspectos distópicos. Otro, la pesada realidad de un previsible colapso ecológico, que habita como un miedo abstracto en el fondo de nuestras psiques, al que preferimos no conjurar. Lo que me devuelve a la pregunta inicial sobre si somos algo más que meros consumidores de marketing, si podemos cuestionar el contenido de los productos culturales que consumimos. Si es así, apostemos por una cultura que difunda modelos críticos, anclados en lo común frente a lo individualista, lo material real frente a la ilusión tecnológica, la movilización frente a la pasividad y la ética frente a la estética. Eso implica repensar cómo vemos y deseamos el futuro, cómo hablamos de él en el presente. Recuperar una aspiración utópica de izquierdas que nos impulse a avanzar; es decir, una utopía materialista, viable, sostenible y feliz.

[Cortometraje] El empleo

2008 ‧ Cine dramático/Cortometraje ‧ 7 min

Un cortometraje argentino realizado mediante acuarelas que nos llama a reflexionar sobre lo absurdo de una vida dominada por el trabajo asalariado, donde productividad y alienación se dan la mano para transformar al ser humano en un autómata.

Fecha de estreno: julio de 2008
Director: Santiago Bou Grasso
Historia de: Patricio Plaza
Guion: Patricio Plaza
Productores: Santiago Bou Grasso, Patricio Plaza

Una moción de censura a las instituciones del régimen

Después de semanas y meses de actividad en las instituciones del régimen del 78, y tras varios días de la sonada moción de censura presentada por Unidos Podemos, la aritmética parlamentaria sigue siendo la misma. Todas las fichas que defienden un cambio progresista desde las instituciones del régimen siguen cerca de la casilla de salida y tampoco las encuestas vaticinan grandes cambios a pesar de las maniobras tácticas de todos los partidos.

El inmovilismo parlamentario del PP contrasta con su actividad desatada dirigida a controlar los mecanismos judiciales. Es un comportamiento digno de los herederos del franquismo, que no tienen problemas en actuar como una banda mafiosa y menos cuando, como ahora, se encuentran asediados por su corrupción. Rivera y los suyos siguen cumpliendo su papel de sostenedores del régimen del 78 allí donde tienen presencia, apoyando al bipartidismo y ejerciendo de ariete contra la izquierda parlamentaria. Sus pobres malabares argumentales para vender como responsabilidad de estado las traiciones constantes a su programa y a sus promesas no parece que les estén costando demasiado.

En el caso paradigmático del PSOE, Pedro Sánchez vuelve a gobernar un partido que estuvo a punto de hundirse en manos de su ala más conservadora. Una vuelta al día de la marmota que nos deja la buena noticia de que la mayoría de simpatizantes socialistas ya no comulgan con El País, Felipe Gonzalez y demás altavoces del poder. Al menos eso. Las próximas reuniones anunciadas con Cs y UP no parecen ser más que confeti para legitimarse ante su militancia y distraer la atención. Aunque el anunciado giro a la izquierda pueda ser utilizado para arrancar alguna concesión mínima, el PSOE no va a moverse de su agenda neoliberal.

Por su parte, Unidos Podemos presentó una moción de censura que ha tenido atareados durante semanas a los medios de comunicación, mayoritariamente reaccionarios, que han vertido acusaciones y ataques de todo tipo. Una actividad frenética de derribo para una propuesta bastante inocua, lo que da muestras de la oposición que genera UP y, al mismo tiempo, de la debilidad mediática de la izquierda, que fuera de internet carece de medios de comunicación afines. Lo cierto es que la moción ha servido poco más que para marcar posiciones en la oposición parlamentaria y demostrar el machismo insoportable del PP. Tampoco se ha cumplido el objetivo declarado de «cavar trincheras en la sociedad civil» utilizando la iniciativa como elemento movilizador.

A sabiendas de que la propuesta de moción de censura dificilmente prosperaría en el parlamento, UP planteaba esta propuesta como un reclamo para la movilización popular. Sin embargo, la movilización no se construye a toque de corneta. Menos aún cuando buena parte de los efectivos de los movimientos sociales de los últimos años se encuentran entretenidos trabajando en instituciones posfranquistas. Lo cierto es que, a pesar de una menor proyección mediática, construyen más movilización los pasos efectivos dados en dimensiones distintas a la actividad parlamentaria, como es el caso de la ocupación de La Ingobernable en Madrid: participación frente a la pasividad y esperanza frente a la frustración.

En este sentido, la imagen de Podemos pactando la moción de censura con los sindicatos entraña una reflexión. Hay un grave problema de organización popular cuando son los sindicatos del régimen, plenamente integrados desde los pactos de la Moncloa, los principales interlocutores de la sociedad civil para la izquierda parlamentaria. ¿Qué organizaciones aparte de la PAH pueden jugar ese papel? ¿Qué necesitamos para fomentar esas organizaciones, para impulsarlas y legitimarlas? Esa pregunta es la que deberían realizarse aquellas propuestas que, como La Ingobernable y otras, quieran convertirse en vectores de construcción de poder popular.

Los escándalos judiciales de los últimos meses están retratando a algo más que al PP. Están retratando las formas de la dictadura económica que nos gobierna. Podemos lo ha llamado trama. Se trata de la élite oligárquica que, más que parasitar las instituciones, las dirige y controla, principalmente porque las diseñó a su medida. Sin mecanismos de participación popular, sin organizaciones fuertes de trabajadoras y trabajadores que funcionen como contrapoder efectivo y no como correa de transmisión vertical, no es posible hablar de democracia. Para ello, es fundamental actuar como pegamento de lo social. Aglutinar y organizar han de ser algo más que palabras. Han de ser hechos para la construcción de un proyecto comunitario de institucionalidad propia que, además, dispute la gestión de instituciones como los servicios públicos. Quienes apostamos por la democracia socialista tenemos por delante el desafío de concretar ese proyecto y echar de una vez a la mafia capitalista que nos gobierna.

Enlaces del mes: Febrero 2017

Este mes pudimos leer cómo las críticas de cierta izquierda reafirman a la ultraderecha que se abre paso. Pasó en la elección de Trump como presidente de EEUU y volverá a ocurrir en Francia con Le Pen si algo no lo remedia. La izquierda debe volver a situarse como herramienta de los de abajo, organizando a la clase trabajadora y abandonando un elitismo clasista. Mientras, la ultraderecha se mueve.

En el otro país vecino, Portugal, una coalición de izquierdas gobierna entre el silencio mediático. Ese gobierno ha logrado algunos avances gobernando contra las políticas de austericidio que merece la pena conocer: Recuperación de los sueldos públicos y reducción de la jornada de trabajo, subida del salario mínimo y de las pensiones. Una demostración de que las políticas de austeridad no son ineludibles, sino la opción ideológica impuesta por el poder para robar al pueblo.

Si el ejemplo de Portugal nos demuestra que sí se puede llevar adelante una política progresista, los estibadores nos muestran un camino para quienes la defendemos mediante el poder popular y no mediante las instituciones. No debemos permitir que se siga precarizando el empleo. Necesitamos seguir trabajando para construir una organización sindical fuerte y revolucionaria.

Mientras tanto, en España sigue mandando el IBEX. En esta entrevista Rubén Juste analiza las relaciones del poder político y económico para desvelar cómo este último impone su dictadura de mercado, el régimen posfranquista español.

Las mujeres lideran la lucha popular con un ejemplo de acción directa contra la violencia machista. 25 puntos exigidos mediante una acampada en la plaza de Sol y una huelga de hambre sostenida por ocho mujeres desde el pasado 9 de febrero, que mantendrán hasta que los partidos cumplan sus demandas.

Pero la lucha contra el patriarcado no se limita a denunciar el asesinato y la violencia física, porque el machismo nace en actitudes cotidianas y es necesario combatirlo desde la calle y la plaza hasta la misma alfombra roja y los comportamientos aprendidos. Leticia Dolera, actriz española, nos habla de las contradicciones que vive una feminista en la gala de premios Goya.

Los videojuegos no se libran de un marcado sesgo machista. En el reportaje «Me pido a la chica», las compañeras de Píkara analizan a los personajes femeninos de los videojuegos: «En la mente de la mayoría de los programadores (recordemos, hombres), los “temas serios”, como la guerra (Call of Duty), las mafias (Grand Theft Auto) o las intrigas políticas y de espionaje (Metal Gear Solid), se instalan en terrenos muy masculinizados, mientras que ciertos juegos de corte minoritario parecen venir de fábrica destinados a nosotras. […]

Con todo […] la que personalmente me parece la verdadera cumbre como personaje femenino de todo el universo de los videojuegos no es otra que Ellie, coprotagonista del maravilloso The Last of Us. Una espabilada chiquilla de apenas catorce años que demuestra tener más agallas que nadie en el desarrollo de la trama, empoderada, resuelta y, además, lesbiana (o al menos bisexual), como quedó demostrado en la preciosa escena de su beso con Riley en la precuela Left Behind y que desató las críticas de los mismos descerebrados de siempre.»

También un ejemplo de solidaridad nos llega desde Grecia, donde el activismo anarquista busca soluciones para la crisis humanitaria. El barrio de Exharchia se organiza para acoger a los refugiados.

Pero la solidaridad debe ser más que un modo de resistencia, debe ser una herramienta para transformar la sociedad por completo. Podemos aprender mucho mirando hacia el Kurdistán sobre esa necesidad de revolución y sobre cómo llevarla adelante. Abdullah Öcalan, lider del PKK, contribuye con un pequeño análisis para pensar en la revolución en nuestro siglo.

La revolución es, si cabe, más urgente a nivel ecológico en una sociedad que ha sobrepasado los límites biofísicos del planeta y que sigue dependiendo del crecimiento tecnológico y económico. Frente al futuro de colapso al que nos condena el capitalismo, Ted Trainer nos propone la vía de la simplicidad, un modelo de sociedad democrática y descentralizada para vivir mejor y respetar el medio ambiente.

Finalmente, un espacio para la memoria histórica en el testimonio de la superviviente de la mayor masacre llevada a cabo por el franquismo durante la Guerra Civil Española: La desbandá, en Málaga: Legionarios del Tercio, los novios de la muerte sedientos de sangre, allanaban las casas y lo edificios en busca de la “canalla roja”. Los Regulares yihadistas –Franco les prometió el paraíso– con sus cuchillos afilados se preparaban a degollar a esos ateos y apóstatas que ofendían a Jesucristo (su amado profeta). “¡Qué vienen los moros!”. La gente gritaba y corrían como almas que lleva el diablo. Las palabras de Queipo de Llano (el pionero del terrorismo mediático) retumbaban en su cerebro: “Nuestros valientes legionarios y regulares han enseñado a los rojos lo que es ser hombres. De paso, también a las mujeres de los rojos, que ahora por fin han conocido hombres de verdad y no castrados milicianos”

[Documental] La revolución silenciosa

 

En Afrin, una zona rural norteña de la provincia de Alepo, Siria, los kurdos se preparan para celebrar el primer Newroz (el Año Nuevo kurdo que coincide con el equinoccio de primavera) sin la presencia del régimen de Bashar al-Assad. Sin embargo, este año esta fiesta, llena de carga identitaria, se ha vivido en un contexto especial: el país ya hace dos años que está en guerra y, además, la minoría kurda de Siria (que apuesta por la solución política en medio de la guerra siria) ha aprovechado esta inestabilidad para hacerse con el poder de sus territorios y reivindicar su identidad, reprimida desde hace casi cincuenta años.

Afrin es uno de los tres cantones en que los kurdos de Siria han organizado el territorio del kurdistán sirio, Rojava. Los otros dos cantones son Kobane y Cizire.

Finalmente los kurdos debieron entrar en guerra, tanto por la irrupción de ISIS como contra milicias yihadistas y milicias apoyadas por Turquía.

La revolución silenciosa / O. Gracià y D. Meseguer / 2013 / VOSE / Celofán Audiovisual

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