Libro en preparación: “La CNT y la Nueva Economía. Del colectivismo a la planificación de la economía confederal (1936-1939)”

En algunos meses se publicará un libro titulado “La CNT y la Nueva Economía”. Se trata de un libro de historia económica que recupera un proyecto poco conocido del movimiento libertario: el Consejo de Economía Confederal.

En ciertos casos, se argumenta que el anarcosindicalismo se configura como un tipo de sindicalismo promovido por anarquistas o basado en principios anarquistas. Sin embargo, esta afirmación queda notablemente limitada, ya que el anarcosindicalismo va más allá: aboga por la socialización de la economía a través de las organizaciones obreras, es decir, los sindicatos. En otras palabras, tanto el sindicalismo revolucionario como el anarcosindicalismo consideran que los sindicatos constituyen la columna vertebral de la futura sociedad socialista.

Ahora bien, retrocedamos al origen. Pierre J. Proudhon, posiblemente la primera figura teórica relevante del anarquismo a nivel internacional, planteaba en 1851 una alternativa al estado burgués. Su propuesta implicaba la disolución del régimen político (el Estado) en el régimen económico (la sociedad). Según él, ambos regímenes estaban en conflicto constante, y el dominio de uno sobre el otro dependía de la correlación de fuerzas. Para que el pueblo organizado tuviera posibilidades, debía estar bien articulado antes de la revolución.

Posteriormente, estas ideas experimentaron un desarrollo crucial en el Congreso de la Primera Internacional, celebrado en Bruselas en 1868. La importancia radica en la aprobación del modelo de socialización de los medios de producción, donde se concebía que la propiedad debería ser ejercida por cooperativas de producción, no como propiedad estatal.

Todos los delegados acordaron que la riqueza natural y social debería pasar a manos de la colectividad, aunque hubo ambigüedad en cuanto al papel del Estado, al afirmar que la colectividad social podría estar representada por un «Estado regenerado y sometido a la ley de la justicia». A pesar de considerar al Estado como una institución fundamentalmente reaccionaria, no encontraron una fórmula más adecuada para describir los casos en los que las actividades y propiedades excedieran los límites de la cooperativa local o sectorial.

Un poco más adelante, según Bakunin, el elemento esencial de la sociedad era la Comuna, concebida como una alianza de todas las agrupaciones obreras de una localidad, con una clara base obrera. Su objetivo era lanzar una ofensiva decisiva para derrotar a la burguesía y, en caso de éxito, administrar el territorio.

Piotr Kropotkin también adoptó la Comuna como ideal social. Según su visión, la humanidad debería vivir en comunidades pequeñas, dedicadas al cultivo de la tierra. La sociedad se configuraría como una federación de comunidades de base territorial o industrial, donde cada comunidad sería, a su vez, una federación de individuos libres que aplicaran sus conocimientos en beneficio de toda la comunidad.

Estas concepciones se perfeccionaron de manera concluyente con el sindicalismo revolucionario. La clase obrera se había dotado de sociedades de resistencia, sindicatos, bolsas de trabajo, mutualidades y cooperativas. El sindicalismo revolucionario sostenía que todos estos elementos debían constituir un entramado social que, en caso de conflicto, como una huelga prolongada o una grave crisis de estado, pudiera gestionar un territorio. La Huelga General se concebía como un proceso insurreccional capaz de establecer el socialismo. La Carta de Amiens (1906) expresaba de manera clara la doble vertiente del sindicalismo revolucionario:

El Congreso precisa, en los puntos siguientes, esta afirmación teórica:

En su labor reivindicativa cotidiana, el sindicalismo trata de coordinar los esfuerzos obreros, aumentar el bienestar de los trabajadores con mejoras inmediatas, como son la disminución de los horarios de trabajo, el alza de salarios, etc.

Pero esta no es más que una de las tareas del sindicalismo; éste prepara la emancipación integral, que sólo se podrá llevar a cabo mediante la expropiación capitalista; defiende como medio de acción la huelga general y considera que el sindicato, hoy agrupación para la resistencia, será en el futuro una agrupación para la producción y el reparto, la base de la reorganización social;

El Congreso declara que esta doble tarea, cotidiana y futura, es producto de la condición de asalariado que pesa sobre la clase obrera y que obliga a todos los trabajadores, sean cuales sean sus opiniones o sus tendencias políticas o filosóficas, a pertenecer a la agrupación esencial que es el sindicato;

En consecuencia, en lo que respecta a los individuos, el Congreso afirma la completa libertad del afiliado para participar, al margen de su agrupación corporativa, en las formas de lucha correspondientes a su concepción filosófica o política, limitándose a pedirle a cambio que no introduzca en el sindicato las opiniones que profesa fuera;

Respecto a las organizaciones, el Congreso declara que, para que el sindicalismo alcance su máxima efectividad, la acción económica debe ejercerse directamente contra la patronal, por lo que las organizaciones confederadas, como agrupaciones sindicales, no deben preocuparse por los partidos y sectas que, al margen de ellas y a su lado, se dediquen en completa libertad a la labor de transformación social.

El espíritu del Congreso de Amiens se resumía en la idea de que «el sindicalismo se bastaba a sí mismo» para organizar la sociedad tanto antes como después de la revolución. Esta misma afirmación fue expresada por Pierre Monatte durante el Congreso Internacional Anarquista de Ámsterdam en 1907. A partir de ese momento, las tesis sindicalistas se difundieron ampliamente en el ámbito del anarquismo internacional, aunque a cambio se demandó que el sindicalismo adoptara como objetivo el comunismo libertario.

Al centrarnos en el ámbito libertario español, es fundamental destacar que el anarcosindicalismo rechazaba rotundamente la participación en las instituciones parlamentarias y defendía la autonomía política de los sindicatos con respecto a la burguesía. Durante el Congreso de la CNT en el Teatro de la Comedia de Madrid en 1919, se aprobó:

Una revolución realizada a base de la intervención decisiva de la organización sindical, tomándose ella la responsabilidad del movimiento y encargándose, a su vez, de consolidar su triunfo, organizando la producción y dándole estos fundamentos económicos…

En 1931, la CNT publicó «Los sindicatos obreros y la revolución social», un libro del francés Pierre Besnard, traducido por Felipe Aláiz y con prólogo de Joan Peiró. Este texto fue muy bien recibido entre los anarcosindicalistas, ya que vino a llenar un vacío teórico existente. Hasta entonces, la literatura anarquista hispana no lograba definir de manera clara y concisa los conceptos fundamentales.

Besnard proponía que las tres demandas básicas del sindicalismo deberían ser la reducción de la jornada laboral, el salario único y el control sindical de la producción. En cuanto a la organización sindical, entendía que los sindicatos debían preparar a sus miembros y diseñar un plan para organizar la producción después de la revolución. Sugería que las Uniones locales y las federaciones regionales desempeñaran roles técnicos y sociales simultáneamente. También señalaba que la CGT francesa ya contaba con un Consejo Económico del Trabajo con representantes de las federaciones industriales. La función de este Consejo Económico era estudiar la capacidad de producción del país, los recursos, las importaciones y exportaciones, y con esta información determinar la cantidad de producción necesaria, redistribuyendo las materias primas de la manera más eficiente. La propuesta de Besnard consideraba al Sindicato y al Municipio como los dos elementos fundamentales de la sociedad.

Al hablar de una situación revolucionaria hipotética, también describía el Consejo de Fábrica, al que asignaba dos roles: técnico y social. Ambas funciones crearían una sección y, entre ambas, formarían el Consejo de Administración de la empresa. Los esquemas fundamentales en el aspecto socioeconómico son los siguientes:

La obra de Besnard también fue difundida en las páginas de la prensa confederal, y algunos militantes destacados, como Joan Peiró o el valenciano Martín Civera, realizaron resúmenes de los puntos más relevantes del libro. De esta manera, Besnard logró influir de manera determinante en las perspectivas del anarcosindicalismo ibérico.

Esta influencia se evidencia tanto en treintistas como en faístas, como Abad de Santillán, Isaac Puente, Ángel Pestaña, Joan Peiró, Martín Civera, Higinio Noja, entre otros, quienes, en los años posteriores, escribieron artículos y libros referentes a la configuración del comunismo libertario. En sus obras destacaban la importancia de la fase previa y la necesidad de establecer una organización sindical sólida. Estos anarquistas entendían que la única forma de evitar el golpismo revolucionario, visto con los bolcheviques, era tener unas organizaciones sindicales bien preparadas para el día después de la revolución.

En el Congreso de 1931, el anarcosindicalismo perfeccionó las funciones de los comités de fábrica y taller, creados hacia 1918-19, otorgándoles una orientación específica para que se prepararan en la gestión y administración técnica de las empresas. Hoy en día esos comités serían el equivalente a las secciones sindicales.

Este Congreso se produjo a los dos meses de la proclamación de la República. El movimiento libertario se estaba preparando para la inminente revolución. Otro avance significativo en ese momento fue la aprobación de las Federaciones Nacionales de Industria, con el objetivo de establecer una fuerza sindical organizada por sectores de producción.

En esta línea, Juan López presentó el bosquejo del Consejo de Economía justo una semana antes del Pleno Regional de Sindicatos de Cataluña en abril de 1932. Su propuesta planteaba la creación de un nuevo organismo controlado por los sindicatos que, antes de la revolución, se encargara de estudiar las fórmulas administrativas de la sociedad, las empresas, el comercio y el municipio. Además, debía encontrar maneras de distribuir la riqueza y proponer los medios adecuados de consumo individual y familiar. Este mismo organismo, una vez ocurrida la revolución, estaría encargado de controlar el consumo, redistribuir la riqueza y supervisar los intercambios entre regiones.

Entre 1932 y 1936, el anarcosindicalismo aceptó gradualmente la incorporación de los consejos económicos a su corpus teórico. Desde 1919, en el Comité Nacional y en algunos comités regionales, se integraron diversos miembros especializados en estadística, recopilando datos socioeconómicos cruciales para la producción. La idea subyacente era que el sindicalismo podría reemplazar al estado, por lo que esos sindicatos deberían ser capaces de gestionar económicamente toda la sociedad.

Durante la Guerra Civil, se elaboraron varios proyectos para implementar el Consejo Económico, y no sería hasta el Pleno Nacional Ampliado de Economía en enero de 1938, en Valencia, cuando la CNT creó el Consejo Económico Confederal. Este órgano centralizaba y racionalizaba toda la economía bajo el control del movimiento libertario, abarcando colectividades agrícolas, empresas colectivizadas, agrupaciones, talleres socializados, talleres sindicales, laboratorios, cooperativas confederales, entre otros.

A pesar de las esperanzas infructuosas de que los socialistas aceptaran la propuesta del Consejo Nacional Económico, las negociaciones con los gobiernos de Largo Caballero y Juan Negrín no tuvieron éxito. En respuesta, el movimiento libertario decidió avanzar por su cuenta, en la espera de que algún día la UGT adoptara una postura similar.

Dada la coyuntura en la que se implementó, el Consejo Económico Confederal enfrentó numerosos desafíos. No obstante, llevó a cabo proyectos parciales, como la Banca Sindical, la Mutualidad Confederal o el salario único. En última instancia, fue un ejemplo del desarrollo práctico de las ideas sindicalistas revolucionarias que apenas ha sido conocido en las últimas décadas.

Este libro busca arrojar luz sobre el desarrollo de todo este entramado socioeconómico en torno a los sindicatos. Debería servir para la preparación formativa de la militancia anarcosindicalista, anarcocomunista o sindicalista del futuro encarando así los retos que afrontaremos.

Breve repaso histórico a la creación del estado de Israel.

Tras la reactivación del conflicto armado en palestina hace unos meses, el mundo entero ha girado la cabeza, aunque sea por un momento, hacía este territorio ubicado en oriente próximo. Queremos aprovechar este interés por el conflicto, desatado por la escalada de la represión que lleva ejerciendo Israel desde hace tres cuartos de siglo, para hacer un breve repaso a la historia de este conflicto. La intención de este artículo no es otra que la de aportar un pequeño cronograma histórico, centrándonos principalmente en la situación previa a la creación del estado de Israel, ya que es aquí donde, en cierta medida, se asientan las bases del Israel actual. A lo largo del artículo podremos ver como muchas tácticas empleadas por Israel en la actualidad no son más que la continuación de los que se empleaban a principios del siglo pasado, como la burguesía sionista actúa en favor de sus propios intereses, de igual manera ,que lo hacía durante la Alemania Nazi. 

Palestina bajo el mandato británico.

Tras la primera guerra mundial ,y los acuerdos de Sykes-Picot,  los países aliados se reparten lo que anteriormente había sido el Imperio Otomano, de esta manera Gran Bretaña , en contra de anteriores pactos tanto con árabes como judíos, se instaura como potencia colonial en lo que actualmente sería Irak, Jordania, Palestina e Israel. 

El estado británico ya había promovido la creación de un estado judío en Palestina ,en 1917, en plena guerra mundial, el gobierno británico firma la declaración de Balfour. En esta declaración se defiende la creación de un “hogar nacional judío”, buscando generar una convivencia entre la población previamente asentada y la población judía. Es, en cierta medida, por esta declaración, que las naciones unidas le entregan a Gran Bretaña este territorio. 

El mandato británico busca desarrollar un estado en el cual pudieran convivir la población palestina y la nueva inmigración sionista. A raíz de esto, se empieza a fraguar una fuerte tensión entre las fuerzas británicas, las organizaciones sionistas y las palestinas. En este contexto se crean varias organizaciones paramilitares sionistas, como Haganah y, posteriormente Irgúno Leji.

Es en este contexto cuando ,en 1936 estallan las revueltas árabes, tras el aumento de la llegada de colonos sionistas a Palestina. Estos colonos empezaron a crear asentamientos y a comprar las tierras agrícolas en las cuales trabajaba población palestina, desplazando a estos y provocando una empeoramiento en sus condiciones de vida. Esto ayudó a ir generando una brecha económica entre colonos y palestinos. 

El estallido se alarga durante varios años,  reavivándose con distintos niveles de intensidad, hasta que en 1939 y después de una amplia y cruenta represión por parte de colonos sionistas y el ejército  británico, consiguen acabar con la revuelta. 

En 1939 , el gobierno británico publica el libro blanco de MacDonald, el cuál es rechazado por ambas partes, sionistas y palestinos. En él se detallan los planes británicos para con la colonia. Se decide abandonar la idea de dos estados y se busca la creación de un único gobierno en el cuál participen judíos y árabes, buscando respetar las proporciones demográficas. Por otro lado se defiende la limitación a la inmigración judía y el fin de la compra de terrenos por parte de las entidades judías. Estas medidas generan que Haganah ,y el resto de grupos, empiecen a llevar a cabo acciones contra el gobierno británico, ya que entienden que estás medidas, por un lado, les aleja de la constitución de un estado propio, y por otro, les restringe la táctica colonial fundamental del sionismo hasta el momento, como era la compra de tierras y el paulatino desplazamiento de la población local.

La ideología sionista y su auge.

El sionismo empieza a fraguarse al final de XIX como respuesta al crecimiento del antisemitismo que se da principalmente en Europa. Frente a estos ataques y el auge de la ideología nacionalista en el continente, se desarrolla la idea de que el pueblo judío es un sujeto nacional, se empiezan a fraguar organizaciones y publicaciones en la línea de la creación de unidad entre miembros de un pueblo ,el cuál ,estaba disperso  por medio mundo. En esta época se empiezan a desarrollar proyectos de inmigración judía hacia Jerusalén , la cuál ,recordamos, estaba bajo dominio del mandato británico, con el objetivo de ir desarrollando la colonización de esta tierra mediante la creación de asentamientos , con el fin último de crear el estado-nación judío. 

El auge de las organizaciones sionistas en Alemania, llega, en gran medida, con la instauración del III Reich. El partido Nazi, y en especial las SS, ven en la burguesía sionista el perfecto aliado. En este periodo se da una colaboración muy activa entre ambas corrientes, y en 1933 se da el acuerdo Haavara. 

En este, se decide facilitar la inmigración de la población judía en Alemania hacia Palestina beneficiándose económicamente, ya que, a parte de establecer acuerdos comerciales con empresas judías en Palestina,  las personas que salieron del país de esta manera se vieron en la obligación de vender sus propiedades a miembros del régimen alemán a cambio de bienes producidos en alemania que se exportaban a Palestina. En el marco de este acuerdo, se da apoyo militar a haganah por parte del III Reich , en forma de entrenamiento militar a sus fuerzas, para que estas pudieran desarrollar con mayor eficacia sus acciones tanto contra palestinos como británicos.

Es importante resaltar  esta colaboración .En la literatura sionista, haganah, es reconocido como la organización precursora a las fuerzas de seguridad israelies. Esta colaboración nos permite entender declaraciones como las de Netanyahu ante el congreso sionista mundial , donde defiende que hitler no quería exterminar a los judíos, si no que fueron los lideres palestinos quienes les incitarón a hacerlo. La burguesía sionista fue complice del holocausto, eran los comites sionistas quines controlaban los guettos y quienes decidían quienes eran deportados, fue la burguesía sionista quienes desarrollaron relaciones comerciales con el régimen alemán. En definitiva la burguesía sionista no tuvo ningún problema en ignorar las amplias críticas provenientes de la comunidad judía y colaborar con sus ejecutores, con tal de poder reforzar sus planes de colonización en Palestina, además de ,en muchos casos, sacar un reedito económico por ello .  

Fin del mandato británico

Tras el fin de las revueltas árabes y la promulgación del libro blanco la tensión entre las organizaciones sionistas y el mandato británico aumentan y se empieza a agudizar el conflicto armado entre el mandato británico y distintas organizaciones terroristas de corte sionista, como fueron Irgún y Leji .

Empezó un periodo en el cuál el terrorismo sionista no se limitó a atacar a la población palestina sino que se lanzaron numerosas campañas centradas en atacar y boicotear elementos claves de la administración británica así como a militares, policías y altos cargos británicos. Las actividades de Irgún y Leji pasaron por altibajos, hasta que, en el 46, se produce el atentado contra el hotel rey David en Jerusalem. Este hotel era la sede del cuartel general británico y del gobierno civil del mandato, Irgún coloca varios explosivos en el sótano del edificio los cuales llegan a volar las siete plantas del mismo dejando 91 muertos y una gran cantidad de heridos. Este atentado,  junto con todo el desgaste sufrido por la constante violencia que se vivía en la región, aumentó el hartazgo del gobierno británico, el cuál se veía en la necesidad de destinar amplios contingentes militares a un territorio el cuál ya no era nada rentable mantener. Por lo que  se empieza a promover la idea entre la política británica y la opinión pública de la necesaria salida de Gran Bretaña del territorio. 

En el año 1948 la ONU aprueba un resolución en la cuál se expone que Gran Bretaña debía abandonar Palestina y se proponía la creación de dos estados. Uno árabe y otro judío, siendo Jerusalem un territorio administrado por la ONU. El judío sería de aproximadamente el 55% del territorio del mandato , pese a representar únicamente poco más del 30% de la población total. Esta resolución fue ampliamente apoyada por la mayoría de las organizaciones judías, aunque hubo excepciones, como Irgún, mientras que la población palestina se opuso a esta de forma considerablemente unánime. 

Nakba.

A las pocas horas de que Gran Bretaña retirará lo que restaba de su personal desplegado en Palestina, el 14 de mayo de 1948, en Teal Aviv, el gobierno provisional declara la independencia de Israel . 

Comienza con esto la Nakba, el exilio de la población palestina huyendo de las fuerzas sionistas. Se estima que tres cuartas partes de la población palestina se vio obligada a abandonar sus casas en el 48. Tras esto las fuerzas israelíes arrasaban las aldeas  ,buscando borrar cualquier resto árabe en el nuevo estado, para posteriormente expropiarlas y entregarles  la tierra a los nuevos colonos.

Al día siguiente  las fuerzas de la liga árabe declaran la guerra a Israel, comenzando así una guerra que duraría más de un año. Israel convirtió a Haganah en la base de su nuevo ejército, dando paso a la creación de las IDF, el resto de grupos armados fueron paulatinamente integrados en estas, así como veteranos judíos de la Segunda Guerra Mundial. Israel acabaría saliendo reforzada del conflicto, consiguiendo mantener el territorio previo a la guerra y anexionando entorno a un 25% más de territorio con respecto al asignado en la resolución previa de las naciones unidas. 

Tras la guerra la ONU reconoció de los refugiados palestinos a poder volver a sus tierras (ahora bajo control israelí), teniendo que devolver Israel las propiedades confiscadas durante el Nakba a los exiliados o su descendencia. Israel, siguiendo su política de colonización, se negó, provocando que el exilio palestino nunca pudiera regresar a su tierra, y obligando a la población que permaneció en el territorio a vivir múltiples desplazamientos aún hasta día de hoy. 

Las razones del anarquismo social. ¿Es necesario otra vez explicarlo?

Cuando alguien pregunta espontáneamente “Si el anarquismo de por sí es social, ¿por qué creáis otra etiqueta?”, la respuesta rápida viene a ser “Agárrate que vienen curvas” con los Creedence Clearwater Revival sonando de fondo. No precisamente por el tema de la etiqueta, ya que es lo de menos, sino por la explicación del contexto. De todos modos, si a alguien le importa la etiqueta, creo que puede venir de un libro que generó bastante polémica escrito en 1995 por Murray Bookchin y titulado “Anarquismo social o anarquismo personal. Un abismo insuperable”. Ahí es donde diferenció dos grandes corrientes por sus prácticas políticas: una en la que a la práctica no tiene como objetivo la revolución social, y la otra en que sí (lo explico más adelante). Ese libro nació de la frustración del autor de no encontrar ningún espacio anarquista que tuviese arraigo en el territorio, donde la gran mayoría de colectivos se dedicaban a vivir la vida pirata despreocupados de los problemas cotidianos de la clase trabajadora estadounidense.

Para empezar

Más en concreto haciendo hincapié en el mundo occidental, uno de los males que nos ha acompañado desde el fin del mayo del ‘68 y sobre todo desde el comienzo del s.XXI, es la costumbre de reinventar la rueda. Cada vez que se inventaba la misma rueda nacían nuevos mitos y romantizaciones de épocas pasadas, mientras se repiten fórmulas fracasadas de la anterior generación. Ésto impedía el estudio y conocimiento de las memorias reales sobre la militancia y la acción política de organizaciones anarquistas que tuvieron un papel importante en la historia. Pero, ¿no estamos inventando una nueva rueda con ésto del anarquismo social? No. Nuestra principal razón es recuperar la herencia del anarquismo que se materializó en organizaciones fuertes y en militantes comprometidos, capaces de hacer la revolución social e implementar un nuevo modelo de sociedad. Es la tradición socialista con el que nació el anarquismo y razón por la cual fueron posibles las revoluciones sociales.

Lo que hoy llamamos “anarquismo social” por la categoría que vino del libro de Bookchin, en verdad en otras épocas tenían otros nombres, pero encontramos similitudes en la práctica, los principios, los objetivos, las tácticas y estrategias. Una mirada hacia atrás, hace unos cien años, Piotr Arshinov escribió algo similar allá por la dédada de 1920 que viene relacionado con este tema: «La teoría anarquista de la libertad personal, lejos de estar aún suficientemente esclarecida, deja un vasto campo a los malentendidos. Evidentemenate los hombres de acción, que poseen una voluntad firme y un instinto revolucionario fuertemente desarrollado, verán en la idea anarquista de la libertad personal ante todo la idea de respeto hacia la personalidad ajena, la idea de la lucha infatigable por la libertad anarquista de las masas. Pero los que no conocen la pasión de la revolución y los que piensan en primer lugar en las manifestaciones de su propio ‘yo’ comprenden esa idea a su modo. Cada vez que se discute el problema de la organización práctica, de responsabilidad, dentro de la misma organización se escudan en la teoría anarquista de la libertad personal y fundándose en ella, tratan de sustraerse toda responsabilidad. Cada cual se retira en su oasis y practica su propio anarquismo. Las ideas y los actos de los anarquistas son pulverizados así en átomos mínimos.»

Y sin ir tan lejos en la misma época pasada, la militancia anarquista organizaba sindicatos, creaba ateneos populares, escuelas racionalistas, periódicos, …hasta algunos equipos de fútbol. Todas esas estructuras sociales estaban insertas en la clase trabajadora, y creaban a la vez una cultura obrera, atendiendo a las necesidades de la clase a la que pertenecían y trabajaban también en proyectos políticos como el comunismo libertario. A ésta práctica política es a la que denomino como tradición socialista, basada en la confrontación con el sistema capitalista teniendo como modelo de sociedad el socialismo libertario, entendiendo éste como un sistema basado principalmente en la democracia directa, en la planificación económica descentralizada y una sociedad igualitaria. En la actualidad, recuperar la tradición socialista pasa por nuestra participación activa en los movimientos sociales y sindicales, reforzando las dinámicas de lo común, la democracia directa y los lazos entre diferentes sectores en lucha. Encontramos esa similitud primero en el anarquismo organizado latinoamericano, que trabajaría recogiendo el legado dejado por el plataformismo de Makhno. Por mencionar algunas organizaciones, encontramos a la FAU (Uruguay), CAB (Brasil), Vía Libre (Colombia)… y llegando después a occidente las cuales encontramos a Black Rose (EEUU), UCL (Francia), Embat (Catalunya)…

Un abismo insuperable

Después de la destrucción del tejido sindical a finales de los ’70 a causa de las reconversiones industriales, la introducción de la cultura de masas y el consumismo, de algo había que beber. Y aquí importamos lo peor de cada casa: el insurreccionalismo italiano y las americanadas de libertad individual y máxima autonomía. Sí, la década de los ‘90 y ‘00 supusieron la desconexión del anarquismo con los problemas de clase en el mundo occidental, donde estaban de moda la idea de crear sociedades libres a pequeña escala y vivir al margen del sistema mientras la OTAN destruía Yugoslavia y Bosnia e invadía Iraq.

Entonces ese nuevo anarquismo abogó por organizarse en grupos informales o de manera individual, crear islas de libertad o dedicarse meramente a actividades culturales y educativas. Sin embargo, estas prácticas también se dieron en la historia: atentados individuales contra la patronal sin contar con la organización sindical, los grupos naturalistas o simplemente anarcoindividualistas que formaban sus pelotones de milicias independientes para combatir en la revolución. Tanto el insurreccionalismo italiano como el anarquismo vivencial fueron una salida hacia adelante resultado del estancamiento de las viejas guardias.

A pesar de todo, el hecho de haber superado el estancamiento fue positivo ya que evitó la muerte definitiva del anarquismo. No obstante, estas corrientes eran incapaces de influir en la lucha de clases y en algunos casos, ciertos colectivos en la práctica renunciaron a la revolución social, al verse tan lejana y tan poco probable que decidieron apostar por la libertad del aquí y ahora (anarquismo vivencial). Ésto puede tener dos lecturas: la parte positiva es poder experimentar modelos de sociedad no capitalistas que tengan potencial para conectarse con las luchas locales, y la contraparte es la reproducción de actitudes propias del sistema en los espacios y terminen siendo un ghetto. Esta pérdida de la tradición socialista por el inmediatismo (lo queremos aquí y ahora) los deja como un subproducto del liberalismo. El capitalismo tolera otros estilos de vida que no supongan una amenaza al statu quo.

Nuestras razones

Sin embargo, en nuestras razones no entra la confrontación con ese anarquismo, ya que ante la actual coyuntura es necesario destinar recursos y fuerzas a construir nuestro propio proyecto, siguiendo el legado de generaciones anteriores así como aprendiendo o aportando experiencias con quienes compartimos luchas inmediatas y proyectos de futuro. Del mismo modo, nos lleva a tener que compartir espacios y colaborar entre diferentes actores siempre y cuando podamos trabajar, ya que en la práctica se trabaja con quien se pueda y esté dispuesto. Lo que nos ha llevado hasta aquí es el fruto de reflexiones y debates originados en el ciclo de movilizaciones de las primaveras árabes y aquí del famoso 15M, allá por la década del 2010.

En la década del 2010, los debates giraron en torno a las esencias: ¿a favor o en contra del poder? ¿Y los nacionalismos? ¿Social o antisocial? ¿Cantidad o calidad? ¿Reformismo? ¿Etapismo?… Sin embargo, no es el tema a tratar aquí y se pueden consultar en la hemeroteca. Aun así, sí es necesario explicar otra vez las razones del anarquismo social, pero esta vez aterrizamos más en la realidad actual. Podemos resumir aquí las siguientes cuestiones claves:

– El nivel político. El gran olvidado

«La política son como los gases, los cuales tienden a ocupar el mayor espacio posible. Si una fuerza política abandona un espacio, otra la ocupará»

Hablar de hacer política fue un tema tabú en las últimas tres décadas. Los grupos de afinidad, los colectivos y el anarcosindicalismo lo eran todo. ¿Por qué montar organizaciones formales que parecen leninistas, si basta que nos juntemos los anarquistas para hacer cosas? Las acciones por entonces no dejaban de ser activismo con proclamas maximalistas y actos culturales. Estas dinámicas activistas no se diferenciaban tanto de otros activistas no ideologizados, que no pasan más allá de campañas concretas yendo a la defensiva y con objetivos cortoplacistas. Del mismo modo, el “hacer por hacer”, “hay que hacer algo”, y el medir la fuerza en base a la cantidad de movilizaciones, no nos lleva a ningún lado. Las lecciones aprendidas de las experiencias militantes recientes nos han demostrado las limitaciones del activismo y el movimentismo. También nos dimos cuenta que otras fuerzas políticas juegan en el terreno social y sindical. En casi todos los espacios amplios se encuentran militantes de distintos partidos políticos de la izquierda tanto institucional como extraparlamentaria. Y dependiendo de las intenciones de cada partido, habrán quienes los usen para tener algo de calle y/o para hacer de correa de transmisión al partido que predomine en tales colectivos, activando o desactivando luchas según intereses partidistas.

Aquí comenzamos a ver, tras el fin del ciclo del 15M y el inicio del asalto a las instituciones, que cuando no hacemos política, otros lo harán en detrimento nuestro. Y nos quedamos con cara de instrumentos de usar y tirar para que otros hagan sus carreras políticas. Tocó mudarnos al rincón de pensar. Así pues, ¿recordáis cuando la gran mayoría de anarquistas veían la Plataforma de Nestor Makhno como autoritaria? Pues resulta que la minoría de anarquistas que adoptaron el modelo plataformista consiguieron ser una fuerza política con una base social notable en Bulgaria. Volviendo a Makhno, la unidad ideológica, táctica y estratégica no fue un invento suyo para la plataforma. Eso ya vino de antes con otras nomenclaturas o implíticos en los documentos de Bakunin y la organización que fundó. Así es, hablo de la Alianza por la Democracia Socialista, considerada primera organización política anarquista. Nada nuevo bajo el sol, ahora toca trazar planes.

¿Hacia dónde apuntamos? ¡Objetivos! «Qué es lo que queremos». Si aspiramos al comunismo libertario necesariamente hemos de acabar con el capitalismo. Y ésto no basta con buenas intenciones o tener razón, hace falta ser una fuerza política organizada con capacidad material para implementar un nuevo modelo de sociedad, una cierta hegemonía cultural y una sociedad organizada. En todas las revoluciones de la historia veremos estos patrones comunes. Hay que traducir nuestra ideología política en objetivos y plasmarlos en un programa.

¿Cómo llegamos? ¡Estrategias y tácticas! «Cómo logramos nuestros objetivos». Esos programas no se implementan por arte de magia, hacen falta planes para poder llegar. Aquí es donde entra la necesidad de planificar las hojas de ruta, las campañas y las tácticas. Todo tiene un por qué, con qué objetivos hacemos tal o cual acción, cómo distribuimos nuestros recursos y fuerzas, con quiénes establecemos alianzas… En fin, todo aquello que nos sirva para aumentar nuestras fuerzas y, por ello, nos permita caminar con agenda propia y lanzarnos a la ofensiva, superando las limitaciones del activismo y el movimentismo.

¿Dónde está nuestro rincón de pensar? ¡Las organizaciones políticas! «La caja de herramientas. La caja, la caja». Para potenciar la lucha de clases hemos de ir organizadas, aprender en las luchas cotidianas, potenciar los movimientos sociales autónomos y de clase, tener respaldo político, encontrar herramientas como protocolos, documentación, análisis de coyunturas, mapas, etc. Finalmente, hay que dejar claro que el rincón de pensar no hará la revolución, sino la propia clase obrera. Las organizaciones políticas nos sirven para dar ese sentido revolucionario.

Otro punto muy importante son los datos y los análisis. Conocer e interpretar la realidad compleja en la que vivimos y las contradicciones del sistema capitalista es clave para poder desarrollar nuestro proyecto político.

– Cultura militante. Creer en lo que hacemos

«Somos sentimientos y tenemos seres humanos»

Desde julio del 2012 nos llegaron imágenes de milicianas con armas ligeras que rápidamente se ganaron nuestras simpatías. Tras indagar un poco sobre el norte de Siria llegamos a conocer Rojava y todo lo que había detrás montao. Desde el PKK, pasando por el cambio de paradigma, hasta las estructuras de la sociedad revolucionaria kurda, nos sorprendió la influencia de las ideas libertarias en ella. Luego nos dimos algunas hostias cuando algunas de nosotras habíamos llegado a participar en campamentos de convivencia y formaciones que organizaron personas del movimiento kurdo en Europa. La cultura militante estaba en otro nivel. Creen en lo que hacen, trabajan la autocrítica y la autodisciplina, tienen un alto grado de compromiso… y muchos dieron sus vidas por su pueblo.

Ciertamente son situaciones distintas, pero es muestra de que necesitamos trabajar ciertos aspectos para recuperar una cultura militante seria como (por mencionar algunas):

  • Trabajar por proyectos y no a salto de mata. Pasar de hacer microproyectos sin coordinación alguna a pensar proyectos donde cada organización tenga un papel en cada ámbito de actuación.
  • Interpretar la ideología política como base para el desarrollo de proyectos revolucionarios acorde a la coyuntura en la que vivimos. Ver más allá de lo local sin despegar los pies de la tierra y tener visión estratégica.
  • Tener el valor de hacernos autocrítica, mejorar nuestras actitudes, conocer nuestras limitaciones y ser capaces de asumir y confrontar nuestras propias contradicciones.
  • Asumir responsabilidades individuales y colectivas, trabajarnos la autodisciplina.
  • Pensar más en realizar alianzas en base a qué compartimos en común en vez de enemistarnos.
  • Ser capaces de resolver asertivamente las rupturas y diferencias estratégicas.
  • Ser el germen de sociedad que queremos construir. Eliminar los vicios del pensamiento capitalista.

En general, construir una cultura militante que nos permita desarrollar el proyecto político que queremos, no necesariamente desde sociedades paralelas, sino desde lo cotidiano y en contacto con la sociedad. Aunque sea fácil decirlo, aplicarlo es cuestión de voluntad y la claridad que le veamos al proyecto político que defendemos. Hoy más que nunca es necesario recuperar unos valores éticos que el capitalismo nos intenta arrebatar, comola defensa de lo común, el respeto, la humildad, la empatía, la diversidad…

– Inserción social. Meternos en el fregao

«No debemos bajo ningún pretexto, separarnos del pueblo, pues no importa cuán atrasada o limitada puedan ser las personas, son ellas y no el ideólogo, quienes son la fuerza motor indispensable de toda revolución social»

Quizás “inserción social” sea uno de los términos que haya causado bastantes malentendidos, dando a entender erróneamente como sinónimo de paracaidismo o entrismo en los movimientos sociales. Nada más lejos de la realidad, la frase que abre este capítulo es parte de una intervención de Amélée Dunois en el Congreso Anarquista de Amsterdam en 1907, donde salió el debate sobre la necesidad del anarquismo de participar en el sindicalismo.

Queremos que nuestro programa sea asumible por los movimientos sociales y podamos crecer mutuamente, y ésto solo será posible si la militancia anarquista se encuentra a pie de calle y participando activamente en los movimientos sociales. Nuestra manera de hacer política está en el trabajo de base, y hemos de ir organizadas no para instrumentalizar las luchas, sino para radicalizarlas a través de las propuestas y puestas en práctica de tácticas y estrategias que permitan el avance cualitativo de dichas luchas.

– Capacidad de convocatoria. Ganar la batalla cultural

«La neutralidad no existe»

El sistema constantemente está fabricando discurso y propaganda. La no-ideología es su ideología, es la ideología dominante. Cualquier fuerza revolucionaria debe disputarse la hegemonía. Necesitamos que nuestras prácticas tengan altavoces y sirvan como propaganda por el hecho, enfrentando nuestra alternativa política frente a la barbarie capitalista también a nivel discursivo, es decir, defender la legitimidad de nuestros discursos. Tenemos que ser capaces de crear una cultura obrera y un imaginario colectivo socialista libertario que cuestione de raíz este actual sistema. Esto implica que podamos tener capacidad para movilizar a la clase trabajadora ante determinadas coyunturas, tener músculo en la calle y marcar agenda en la acción social y política. En otras palabras, ser la fuerza política que lleve la iniciativa en la lucha de clases.

A modo de conclusión

La revolución no está a la vuelta de la esquina, sino que será un proceso largo que depende de multitud de factores. Nos encontramos actualmente un escenario difícil, con amenazas serias como la derechización de la socidedad y la crisis climática y de recursos. Pero mejor que nos pille lo más preparadas posibles o enfrentaremos escenarios mucho peores. El anarquismo no debería quedarse como ideología que solo sea aplicable a pequeña escala y solo valga para gestionar ecoaldeas, sino que debería ser un proyecto político que pueda implementarse también en las actuales sociedades occidentales complejas, a través de una planificación descentralizada y una sociedad organizada con altos grados de participación social.

Insurrección de 1933 en Zaragoza

Revuelta en la perla del anarquismo.

 

Las calles de Zaragoza agitaban la bandera rojinegra, el pueblo salía con sus armas a defender la insurrección, se había proclamado la huelga general que se extendería por un amplio territorio de Aragón. Si bien la fama de la Rosa de Foc revolucionaria la albergaba Barcelona como la cuna del anarcosindicalismo, Zaragoza era la perla del anarquismo colectivista.

El 8 de diciembre de 1933 se iniciaba la insurrección anarquista, organizada desde la CNT, y que sería la última del ciclo de insurrecciones anarcosindicalistas antes de la Revolución Asturiana de octubre de 1934. Previamente ya se había organizado la huelga revolucionaria del Alt Llobregat en Catalunya en enero de 1932, y la Insurrección de enero de 1933 en la que tuvieron lugar los sucesos de Casas Viejas al proclamarse el comunismo libertario en un municipio gaditano.

 

Frente a la República burguesa y elitista: boicot, huelga y sabotaje.

 

Tras la proclamación de la República española el 14 de abril de 1931, la clase obrera organizada había comprobado con desilusión que el gobierno progresista prometía un conjunto de reformas sociales para mejorar la vida de los sectores más vulnerabilizados de la sociedad, pero que de la estructura estatal solo se podía esperar injusticia social, más capitalismo clientelista y brutalidad militar. El problema de la reforma agraria, de la educación, y del ámbito laboral, no estaban siendo abordados por el gobierno azañista desde la raíz, y no por una cuestión de impotencia política, sino por falta de voluntad ideológica. Evidentemente, ese gobierno no pretendía transformar la sociedad, sino adaptarla y hacerla claudicar lo mejor posible a las necesidades de una clase liberal dominante que se reivindicaba ilustrada. Los sectores populares organizados y los sindicatos vinculados a la CNT contenían un potencial revolucionario enorme, y pronto establecerían una estrategia insurreccional frente a esta república burguesa.

Después de varios estallidos sociales previos, llegaron las Elecciones Generales del 19 de noviembre de 1933, y la coalición de derechas ganó unos comicios en los que la coalición socialista rápidamente responsabilizó a la CNT por su campaña de abstención activa, en lugar de realizar una autocrítica y ver la contundente derrota electoral en la práctica de la violencia que habían ejercido desde el aparato estatal contra el movimiento obrero organizado.

Todavía no se había constituido el nuevo gobierno de derechas, cuando estalló la insurrección anarquista, que pretendía no dar ni un respiro a las fuerzas burguesas vencedoras. La decisión de esta revuelta obrera se había tomado tan solo una semana después de conocerse el resultado electoral. Se reunió un Pleno Nacional de la CNT en Zaragoza el 26 de noviembre, donde se decidió nombrar un comité revolucionario encargado de organizar esta insurrección, y que estaría integrado, entre otros, por Buenaventura Durruti, Isaac Puente, Cipriano Mera o Joaquín Ascaso. La consigna era iniciar un levantamiento popular de masas que se extendiera por otros territorios, que derivara en un enfrentamiento directo entre clases sociales y que determinara el inicio de un proceso revolucionario. Si bien voluntad no faltaba, ni siquiera potencial obrero y una conciencia proletaria muy extendida, esa estrategia no matizaba el camino a recorrer para dar una salto cualitativo de la revuelta a la revolución, y a la defensa de los núcleos liberados.

 

Se inicia la huelga revolucionaria decembrina en Zaragoza y se extiende por Aragón.

 

El 8 de diciembre se reunían por primera vez las Cortes republicanas tras las elecciones, y todavía no se había formado el gobierno que estaría dirigido por la coalición de derechas. Ese mismo día por la mañana el Gobernador Civil de Zaragoza, Elviro Ordiales, un militar que sería posteriormente Director General de Prisiones, declaró el cierre de los locales de CNT en la capital aragonesa y desplegó a las fuerzas represoras por la ciudad. Se había proclamado la huelga general en Zaragoza bajo el lema «Frente a las urnas, la revolución social», y se llamó a la insurrección armada en otros territorios, con un gran seguimiento en las provincias aragonesas.

La misma tarde del 8 de diciembre tuvieron lugar en Zaragoza los primeros enfrentamientos entre los obreros y las fuerzas represoras, que tendrían como consecuencia la muerte de doce personas solamente en el primer día. Se había logrado la paralización total de la ciudad, y al día siguiente estos enfrentamientos se generalizaron cuando los anarquistas logran el control de barrios como el de San Pablo, Delicias, y San José. Los tiroteos se sucederán durante los siguientes seis días, y los revolucionarios instalaron su centro logístico en la iglesia de San Juan de los Panetes. Hubo incluso un intento de asalto a las prisiones de la ciudad donde se encontraban presos anarquistas para ser liberados, por un lado la cárcel en el barrio de Torrero al sur de la ciudad, y también el Palacio de la Aljafería que funcionaba como presidio, sin embargo, estos ataques son repelidos por la Guardia Civil.

El 11 de diciembre los anarcosindicalistas se hacen fuertes en la calle del Conde Aranda y resisten en la Plaza del Portillo, donde al lado se encontraba la Fundición de Averly, fábrica obrera en huelga. Desde ese punto estratégico se ataca un cuartel en el cercano Paseo de María Agustín, que necesitó ser auxiliado por un batallón de zapadores y minadores. Esa misma tarde los insurrectos anarquistas consiguen controlar la Estación del Mediodía, y solo tras fuertes combates una compañía de infantería con ametralladoras logra recuperarla. Las fuerzas policiales intentarán recuperar el barrio de San Pablo donde se encontraban numerosos anarcosindicalistas detrás de las barricadas levantadas, sobre todo en el entorno de la actual Plaza de Santo Domingo. También se desatan enfrentamientos en la Plaza Aragón, donde los anarquistas disparan a las fuerzas militares desde los tejados, habiendo también tiroteos en calles perpendiculares desde el Paseo Independencia hasta Plaza Constitución.

Durante una semana la ciudad está en disputa con las fuerzas represivas republicanas, el Gobernador Civil ordena el cierre de teatros, casinos y cafés; y los obreros habían paralizado parte de los transportes como autobuses, taxis o tranvías. El gobierno republicano enviará al Ejército para aplastar esta insurrección, situando ametralladoras en las calles de Zaragoza, llegando carros de combate y sobrevolando aviones militares el espacio aéreo de la capital maña. Finalmente la insurrección será sofocada el 14 de diciembre, y al día siguiente la propia CNT reconociendo la derrota estratégica decide poner fin a la huelga proclamada. El total de las cifras de estos sucesos serán un centenar de muertos, la mayoría de ellos revolucionarios anarquistas, aproximadamente 300 heridos, y casi 6 mil detenciones en todo el territorio español. Algunas semanas más tarde, el 24 de enero de 1934, una treintena de anarquistas maños asaltaron los juzgados donde se encontraba el Sumario de la insurrección y lo robaron para entorpecer las investigaciones judiciales represivas.

 

El fallido intento de un movimiento revolucionario insurreccional en otros territorios.

 

Este movimiento insurreccional tuvo su epicentro en Zaragoza, pero también trató de superar los límites de la territorialidad aragonesa. En la ciudad de Huesca y en municipios como Amudévar o Gurrea de Gállego, la insurrección resistió durante varios días. En Teruel capital y otras localidades turolenses como Valderrobres o Beceite, se proclamó el comunismo libertario. La proclamación del comunismo libertario en algunos municipios siempre seguía un mismo esquema: apoderarse del cuartel de la Guardia Civil, la detención y reducción de las autoridades o de las fuerzas de poder terrateniente, la quema de los archivos de propiedad y documentos oficiales, y el abastecimiento de productos según una economía de base comunista. Sin embargo, más allá de esas medidas, no se podían defender posteriormente las conquistas realizadas debido a la dura represión gubernamental y la imposibilidad de hacer frente a una fuerza brutal que siempre les superaba en número, en armamento y en estrategia militar.

Hubo igualmente alzamientos anarquistas en algunos puntos aislados de Extremadura, en la cuenca minera de León, o en Catalunya. También incluso en Andalucía, concretamente en la localidad cordobesa de Bujalance, donde tras proclamarse el comunismo libertario, hubo diez muertes y una docena de detenciones. En Euskal Herria, salvo algunos disturbios y sabotajes puntuales no hubo una especial incidencia, salvo en el municipio alavés de Labastida donde hubo un enfrentamiento directo de treinta revolucionarios contra las fuerzas de la Guardia Civil en la madrugada del 9 de diciembre, siendo sofocada en la mañana siguiente con la llegada de refuerzos de la Guardia de Asalto republicana. Una semana después en todos los puntos la situación había sido dominada por las fuerzas represivas republicanas.

 

Las consecuencias políticas inmediatas y el legado histórico anarquista emancipatorio

 

El balance de fuerzas revolucionarias caídas o detenidas en los enfrentamientos con las fuerzas represivas fue un coste demasiado alto a pagar por una insurrección que no consiguió unos objetivos revolucionarios de masa mínimos. A los implicados directamente en esta lucha obrera y su organización táctica se les aplicó una represión brutal a través de la recientemente aprobada Ley de Orden Público de 1933, deportando a bastantes revolucionarios anarcosindicalistas a Guinea Ecuatorial y las islas Canarias, entre otros a Buenaventura Durruti, en el barco mercante Buenos Aires.

Esta derrota insurreccional llevó a la CNT a una grave desarticulación de sus fuerzas más activas, viéndose afectados también sus órganos de expresión. Debió reorganizarse en tiempo récord el anarcosindicalismo para la preparación del Congreso Nacional de la CNT en mayo de 1936 en la capital aragonesa. La memoria social de las revueltas de militantes anarcosindicalistas en el pasado deben rescatarse desde la mirada estratégica en la lucha contra el capitalismo actual. Se elaboran mapas y caminos de aciertos y errores en la historia, y la realidad práctica es que insurrecciones mayoritariamente fueron derrotadas sin lograr una articulación de emancipación de masas. Nuestro desafío en la actualidad consiste en seguir construyendo caminos que superen esas brechas insurreccionales, articular los pasos que conduzcan a una fuerza social y no al vanguardismo desconectado de la realidad política común, porque decididamente nos va la vida en ello.

 

Agradecimiento a la compañera ilustradora y anarcosindicalista Ana Resya, que desde el territorio de Aragón ha inspirado y servido de fuente para la elaboración de este artículo de memoria libertaria.

 

Artículo escrito por Ángel, militante de Liza.

 

 

Bibliografía:

 

«Diario de una ciudad libertaria. Zaragoza, 1871-1936».

 

«La España rojinegra. La insurrección anarquista de diciembre de 1933», Fermín Escribano Espligares, Asociación Isaac Puente.

 

«La Zaragoza anarquista en los años 30. Guía anarcosindicalista de Zaragoza», editada por CNT Aragón y La Rioja.

 

https://www.zaragozamemoriahistorica.com/

 

 

Otra Ley de Amnistía al servicio del poder

Llevamos meses oyendo críticas a una ley de amnistía que provienen casi en su totalidad de la extrema derecha. No es la primera en España; la transición y el régimen del 78 se fundamentaron sobre una ley, ley de amnesia, que no incendió tantas pasiones entre la extrema derecha como lo está haciendo esta. A su vez, como decimos, no son tantas las voces que se han alzado desde posiciones de la izquierda radical como cabría esperar. Para muchos está resultando difícil posicionarse políticamente ante una medida de gracia, que tiene como objetivos últimos la obtención de los apoyos suficientes para revalidar el gobierno por el PSOE y el de solucionar la cuestión legal de las élites burguesas nacionalistas catalanas.

Silencio que resulta complicado de entender porque hay mucho que decir y sobre lo que pensar al respecto. Desde su contenido más concreto, ¿a quién afectará esta ley y quién ha quedado fuera?, hasta sus implicaciones más amplias, ¿qué supone políticamente este cierre en la cuestión catalana y sus reclamaciones democráticas? Y, sobre todo, porque nos permite entender cómo sus leyes y su supuesta inmodificable constitución no son tan sagradas como nos pintan y están al servicio de los intereses de las minorías capitalistas y sus expresiones institucionales. Dicho de otro modo, desde el anarquismo social y revolucionario entendemos que posicionarnos políticamente sobre estas cuestiones es esencial porque muestra las contradicciones propias del sistema y los intereses de clase puestos en juego.

 

¿Qué dice la ley de amnistía?

 

La propuesta de ley redactada por el PSOE y consensuada con Junts afectará a unos 300 encausados del movimiento democrático catalán. Sin embargo, dejará fuera a más de 2500 activistas por los derechos sociales, laborales o climáticos que fueron encausados en el mismo periodo y en el mismo territorio. Por supuesto, en su obsesión de convertir Europa en una fortaleza inexpugnable y blanca, deja fuera a todos los migrantes sin papeles. ¿Qué nos dice esto? Que es una ley que solo pretende resolver las cuestiones relativas al conflicto independentista, en particular, allí donde afecta a líderes políticos de la burguesía catalana y que no pretende ampliar su impacto a cuestiones sociales donde se evidencia el conflicto de clases.

Es importante aclarar que siempre se habla de “burguesía catalana” como un concepto inseparable, como si no hubiera una burguesía gallega o castellana. Son élites. Y en Catalunya, las élites no estuvieron a favor de la independencia sino que sacaron las empresas de aquí en cuanto lo vieron negro. Quienes apoyaban la independencia eran la pequeña burguesía y la parte catalanoparlante de la aristocracia obrera. [Y el mundo rural catalán y gran parte de la juventud.] Junts son tan indepes como el PSOE es socialista. ERC representa mejor las clases medias.

Dicho de otro modo, más claro. Permite a Junts reaparecer en el tablero político y hacerlo libre de los procesos judiciales con los que fueron atacados, sin que esto suponga el mínimo reconocimiento a las luchas sociales por el derecho a la vivienda, los derechos laborales, las luchas ecoambientales, las peleas por los derechos de igualdad y reconocimiento de las migrantes y las luchas por la extensión de los derechos democráticos. Junts debe hacer equilibrios entre la presión popular que previa al Procés soberanista y el hecho de que el independentismo contradice sus intereses de clase, y también equilibrios entre los intereses de su base electoral y los intereses de la burguesía para la que trabajan.

Sin embargo, esta ley sí se encarga de exonerar de su responsabilidad penal a 73 policías. Teniendo en cuenta lo difícil que es que un policía se siente en el banquillo de los acusados en este país, podemos imaginar el alcance de la brutalidad de sus acciones para estar citados ante un juez. Fue tan alto el nivel de violencia empleado, tan brutales las imágenes de violencia de estado contra los manifestantes y ciudadanos que apoyaron el referéndum del 1 de octubre de 2017 y todas sus movilizaciones, que no pudieron contener. Ya se encarga esta ley de equiparar dichos delitos de estado con la participación en movimientos populares por el derecho a decidir. En esto sí se parece mucho a la ley de amnistía anterior.

 

¿Por qué esta ley?

 

Para el PSOE, era la condición de partida para poder conseguir los apoyos mínimos para sacar adelante cuatro años más de gobierno. Sabemos perfectamente que los “socialistas” no tienen problemas para mover sus posiciones entre la aplicación del artículo 155 y la redacción de una ley de amnistía. No se les caen los anillos. Lo segundo que consigue el partido de Sánchez es venderse como una formación moderada y con altura de estado. Saca de los tribunales el conflicto político, pero no para devolverlo a la calle. Ellos son más de pasillos, restaurantes de lujo y mesas de maderas nobles. Exonerando a los dirigentes burgueses y manteniendo la presión sobre los activistas sociales roban el potencial político de la protesta y lo rentabilizan ellos.

Con Junts pasa algo parecido. Además, consiguen mostrarse ante la sociedad catalana como duros negociadores que no se rinden ante las presiones del estado español y no se venden por cuatro pesetas. Junts no pretende posicionarse mejor ante el independentismo sino ante el empresariado de Catalunya. Está volviendo al papel del “peix al cove” de Jordi Pujol, de negociar cosas con Madrid. El independentismo radical ha quedado huérfano. Por eso han aparecido opciones ultraderechistas y racistas como FNC y similares que sacan los votantes del espacio político de Junts.

No olvidemos que no solo existe el acuerdo para la Amnistía, también hay el lado económico: cesión de impuestos a Catalunya, traspaso de Renfe y… que el PSOE y el Gobierno se trabajen la vuelta a Catalunya de las empresas que trasladaron su sede social: Caixa, Banco de Sabadell, Aigües de Barcelona, Freixenet, Catalana Occidente, Gas Natural, etc. Junts escenifica de alguna manera la vuelta de la Convergència autonomista del régimen del 78. La verdad es que es un intento de cierre del problema independentista desde las instituciones porque el acuerdo incluye la renuncia de cualquier vía que no cumpla con la constitución vigente. Y ya sabemos que la constitución está escrita en piedra para las mayorías sociales. Esto evidentemente supone un afianzamiento de la democracia burguesa y monárquica española. Con todas sus instituciones. Con todas sus corruptelas.

 

¿Por qué reacciona tan airadamente la derecha si no supone una amenaza contra la unidad de España y el régimen burgués?

 

Pues sencillamente porque no lo han tramado y realizado ellos. No pueden anotarse el tanto. Y porque esperaban hacer este mismo cierre, pero aparentando dureza, solidez y contundencia. Porque no debemos olvidar que el Procés mostró que en este sistema que parece infranqueable se abren grietas que pueden servir a los proyectos emancipadores para darle la vuelta a la relación de fuerzas.

Así que banderas de todos los tipos, cánticos fascistas, racistas, homófobos y machistas, muñecas hinchables y saludos romanos. Hablan de golpe de estado, de dictadura, de represión, de ataque sin precedente a las instituciones del estado, pero… nada, de eso no hay nada. Esta es la forma en la que se ha construido la españolidad. Una forma que no permite otras interpretaciones de la idea de España que el proyecto imperial unitario. Desde la periferia ibérica se entendía España como una confederación de pueblos. Desde el centro, se entendía una España construida a expensas de Castilla, extendiéndose entre todos los demás pueblos, al borrar sus identidades. Esta forma de ver las cosas permea desde la expulsión de los judíos, el final del reino de Granada, la expulsión de los moriscos, hasta las guerras entre el absolutismo y el liberalismo, el colonialismo y las guerras coloniales o el franquismo. Es todo un hilo histórico que caracteriza la derecha desde hace siglos.

Para la derecha, no existe el perdón. El perdón es debilidad. Su tradición histórica es arrasar a su rival, obligarle al exilio o llenar el país de tumbas. Por eso, la derecha centralista genera tanto rechazo en la periferia que en las elecciones pasadas la gente de Catalunya y Euskalherria votó al PSOE más que a sus propias opciones. Es una cuestión de supervivencia. También hay que entender que en cuanto vuelva a gobernar la derecha (PP y Vox, por ejemplo), se reactivará inmediatamente el Procés independentista, ya que nadie querrá quedarse en una España así.

 

El anarquismo social ante la ley de amnistía

 

Como decíamos en la introducción, este es uno de esos temas que a muchos anarquistas se nos hace bola. Al fin y al cabo, es una jugarreta dentro del sistema de partidos, disputándose una posición dentro del estado, citando a sus fuerzas represivas, hablando de nacionalismos… sí, no es un tema fácil para aquellos que soñamos con un mundo sin clases, sin dominio, sin naciones y sin estados.

Pero la realidad es la que es. Ignorarla es una irresponsabilidad y un acto de sectarismo. Aquellos proyectos revolucionarios que entienden que la posibilidad de superar a este sistema pasa por la acumulación de fuerza social no pueden ignorar ni todo el potencial que se movilizó en Cataluña en torno al proceso independentista ni las brechas que se abren en este nuevo momento político. Y siempre sin que esto suponga ni un ápice de posibilismo.

Estamos viendo que la ley se hace y se deshace al antojo de las élites. Luchemos y clamemos porque la ley deje de perseguir a los luchadores por la justicia social y reclamemos una amnistía para todas las luchadoras. Estamos viendo que la judicatura y la represión de estado son herramientas al servicio de las élites y del statu quo. Denunciemos una vez más su carácter instrumental para este sistema criminal. Estamos viendo que multitudes ciudadanas y populares se suman a demandas por la democratización de la sociedad. Unámonos a ellas, apoyémoslas y empujemos esas demandas más allá de las reclamas nacionalistas con un posicionamiento socialista e internacionalista, que junto con el derecho a decidir y participar incluya las reclamas por igualdad y justicia.

Escrito por militantes de Embat y Liza

El Anarquismo ante el nuevo ciclo político

Está finalizando un ciclo político y comenzando otro. No sabemos cuáles serán las características de este nuevo periodo, lamentablemente no disponemos de una máquina del tiempo, no terminamos de creer en el tarot y los posos del café nunca nos han ayudado demasiado. Por eso tuvimos que inventarnos algunos métodos de análisis social que usamos para intentar conocer las características socioeconómicas, detectar las diferentes fuerzas políticas y sus operaciones, limitar los agentes políticos y clasificarlos correctamente y, sobre todo, para poder planear con la mayor claridad posible los pasos que nos acercaban a nuestros objetivos, que son hoy, y siempre han sido, la superación de este sistema criminal por otro mundo nuevo donde la igualdad y la libertad sean la base de las relaciones sociales.

Todos nuestros esfuerzos por comprender la sociedad, nuestra obsesión por historizar y contextualizar los sucesos y las condiciones materiales e ideológicas, tienen esta pretensión: ayudarnos en nuestra lucha por el socialismo libertario. Son estos análisis los que nos dicen que en nuestro entorno más cercano un ciclo político está finalizando y comenzando otro.

 

¿De qué ciclo político estamos hablando?

Los ciclos políticos son herramientas analíticas que deben servir para clarificar los fenómenos sociales. Llamamos “ciclos políticos” a los periodos donde las dinámicas sociales siguen un curso determinado coherente. Estos ciclos entran en crisis y se agotan cuando los cauces que se establecieron con anterioridad quedan desbordados por el flujo del acontecer social o se cierran desde sectores de las instituciones.

Nosotros afirmamos que el ciclo que comenzó con la crisis económica de 2008 está tocando a su fin porque las actuaciones de los diferentes agentes políticos que intervinieron en aquel periodo están dejando de producir los efectos que pretendían. En 2011 vivimos un periodo de conflictividad social que algunos llamaron de “Los indignados”. No podemos entrar en profundidad en el análisis de este momento histórico reciente, pero podemos decir que sobre esa fuerza social que se congregaba en las plazas derivó en una institucionalización de la protesta. Esto no pasó por arte de magia, sobre aquellos manifestantes operaron agentes políticos que consiguieron reconducir aquella conflictividad a través de la construcción de un partido político: Podemos.

Aquel desvío se produjo bajo la promesa de defensa de las demandas políticas por los nuevos responsables. Si bien es cierto que aquellas demandas nunca conformaron un programa claro, lo que sucedió en los años siguientes nada tuvo que ver con lo que se planteaba en aquellas plazas. Ni se consiguió más democracia, ni los bancos pagaron la crisis, ni el régimen tuvo que exponerse al poder popular, ni se derogaron las leyes más represivas. Por el contrario, la democracia siguió estando al servicio de las élites. Los bancos y empresas del Ibex siguieron acumulando beneficios a costa de los trabajadores y de las arcas públicas, el régimen monárquico y heredero de la dictadura se consolidó y se profundizo en la desigualdad social y económica amparada por ley y protegida por la fuerza.

Todo esto fue posible por (y no a pesar de… como se empeñan en decir) la entrada en el gobierno de coalición de Unidas Podemos. La fuerza social quedó desactivada, desviada y luego defraudada. Evidentemente esto pasó factura a la formación de Iglesias que, como peces en el agua en la realpolitik, se fracturó, refundó y pseudo radicalizó discursivamente, dependiendo del momento y de sus necesidades particulares.

Mientras tanto la derecha (nueva y vieja, extrema y “centrada”, tradicional y online, conservadora y liberal) no dejó pasar la oportunidad. Con la izquierda institucional escorada cada vez más hacia la derecha, mandando policías a manifestantes, haciendo reformas cosméticas, peleando por asientos y likes, acompañando la militarización de las fronteras y de la protesta, fue sencillo aparecer como una alternativa realista e incluso moderada. Cuando todo se desplaza hacia la derecha el centro también lo hace. Y ante esta situación la izquierda institucional empezó a perder apoyos y poder.

Y a esto nos referimos con un ciclo que empieza y acaba. De la crisis de 2008 y el descontento social, hacia el desvío neorreformista y su posterior hundimiento como opción política. Lejos de aceptar las explicaciones deterministas que nos quieren hacer creer que la calle se moviliza y desmoviliza sola, como si fuese fenómeno climático, nos servimos de herramientas analíticas para comprender qué pasó. Así sabemos que no estamos ante una borrasca, sino ante un fenómeno social y podemos entender mejor, que puede estar por venir y como debemos actuar para lograr nuestros propósitos.

 

¿Y la izquierda radical?

La izquierda radical no estaba preparada ante lo que pasó. No supo intervenir en los procesos de combatividad social que se produjeron durante la crisis y no supo entender ni defenderse del desvío que realizó el neorreformismo.

Muchos sindicatos, asociaciones vecinales y otros proyectos amplios que luchan por las mejoras de las condiciones laborales y sociales tuvieron serios problemas para realizar su actividad frente al “gobierno más progresista de la historia”. Tanto las burocracias reformistas como los medios de comunicación desactivaron gran parte de la conflictividad social. Algunas organizaciones decidieron “experimentar” sumándose o impulsando la vía institucional con lamentables resultados. Los movimientos sociales sufrieron un parón considerable al no poder adaptar su discurso crítico a unos representantes políticos supuestamente afines.

Pero igual que pasó a nivel institucional, fuera de los salones y de los pasillos, también comenzó un periodo de crisis y reflexión con las derivas tomadas. En los últimos años hemos presenciado un estimulante proceso de autocrítica (a veces muy limitada) y de ruptura con prácticas previas y con ella la emergencia de organizaciones nuevas. Aún está por ver cómo de “nuevos” son los planteamientos y las practicas que surgen de este sector, pero lo que no se puede negar es que no es un claro síntoma de fin de ciclo político.

 

¿Y el Anarquismo?

El anarquismo adquiere diversas expresiones, más o menos conscientes y explicitas, que es preciso apuntar para poder producir un análisis. Tradicionalmente es el anarcosindicalismo la expresión más asentada en el estado español. Zarandeado por las agresiones que viene sufriendo la clase trabajadora y sus formas de auto organización y defensa, y desprestigiado por las prácticas de los sindicatos amarillos y o grupúsculos sectarios, el anarcosindicalismo no ha pasado por sus mejores momentos. Se han implementado ciertas tácticas con diferente éxito en sus resultados: la apertura de algunas organizaciones a formulaciones de masas, la reconversión en espacio para movimientos sociales, cierto acercamiento entre las diferentes organizaciones, la modernización del discurso… El anarquismo sindical en el estado español es muy variado, pero su apuesta por la Síntesis (la unión de diferentes corrientes del anarquismo y de trabajadores no libertarios en una misma organización) está generalizada y ni siquiera es explicita y consciente. Allí donde ha virado hacia configuraciones más amplias y abiertas se ha experimentado cierto crecimiento, siempre en detrimento de la posibilidad de generar unidad ideológica y estratégica, como es obvio.

El anarquismo autonomista, integrado principalmente por CSOs, cooperativas y pequeños colectivos integrados en movimientos sociales y diferentes proyectos del anarquismo cultural, ha sufrido por partida doble. A la vez que la conflictividad social bajaba y se reducía su llegada a las masas sociales, se derechizaba la política institucional y mediática, lo que hacía que aumentase la presión y criminalización sobre ellos. esto ha supuesto un claro repliegue del panorama autónomo.

Ante esta situación de resaca generalizada, al igual que pasó en el resto de la extrema izquierda, han surgido procesos de reflexión y autocritica que están produciendo una serie de propuestas teóricas y prácticas que no se habían desarrollado con anterioridad en el espacio libertario.

Anarquismo Social y Organizativo

La crisis del anarquismo quizás ha sido más profunda que la que se ha producido en otros espacios del socialismo. El anarcosindicalismo como máxima expresión de la estrategia de síntesis y el anarquismo autonomista próximo a las dinámicas de los movimientos sociales está en punto muerto. En su seno se producen debates, nuevas y viejas propuestas rescatadas, mucha autocritica y la aparición de proyectos con otras líneas estratégicas. Quizás los dos síntomas más claros de que estamos ante un cambio de ciclo también en el movimiento libertario sean el abandono de mucha militancia hacia el autonomismo socialista con clara apariencia de constitución de un partido marxista leninista y la emergencia del especifismo latinoamericano y del plataformismo, a los que se ha venido a denominar como Anarquismo Social y Organizativo.

Esta corriente, el Anarquismo Social y Organizativo, dentro del movimiento libertario no es nueva. Hunde sus raíces en las propuestas tácticas teorizadas por Bakunin: la estrategia de militancia dual. A diferencia de las propuestas de Síntesis, se apuesta por la construcción de una organización específicamente anarquista, donde se construye una fuerte unidad ideológica y estrategia, así como unos compromisos militantes, desde la que se interviene en los movimientos de masas para potenciar la fuerza social de los mismo. En otras palabras, la organización anarquista interviene en la realidad social intentando producir las condiciones más favorables para la acumulación de fuerza en manos de los trabajadores y trabajadoras en su enfrentamiento con las fuerzas capitalistas.

Lo importante de todo este asunto, de esta reflexión estratégica, es que supone una ruptura con el sentido común que se ha ido imponiendo en el entorno libertario a base de costumbre y falta de reflexión. Y es que este posicionamiento estratégico supone un radical cuestionamiento a las estrategias autonomistas y de síntesis, al insurrecionalismo organizado en pequeños grupos de afinidad y al anarquismo educacional sumido en posiciones reformistas.

 

El estado actual del Anarquismo Social y Organizativo en el estado español

Aunque hablamos de ruptura, no es justo imaginar este proceso como la irrupción repentina y surgida de la nada de unas cuantas iluminadas. La realidad es que este proceso reflexivo lleva años aterrizando en nuestro entorno más cercano, solo es que ahora ha encontrado el terreno fértil y los oídos ligeramente más abiertos a otras ideas. Es necesario por tanto agradecer el duro e ingrato trabajo que han realizado algunas organizaciones y militantes en este sentido. La implantación y la fuerza de las organizaciones del Anarquismo Social y Organizativo en Latinoamérica son sin duda el otro factor que ha posibilitado la llegada de estos planteamientos estratégicos a nuestro territorio.

En la actualidad se han formado en el estado español media docena de organizaciones anarquistas alineadas con el especifismo o el plataformismo. Algunas de ellas ya han iniciado un proceso de coordinación y se han implicado en un profundo debate sobre la posibilidad de la creación de una organización a nivel estatal. Hay que tener en cuenta que “Federación” no significa lo mismo aquí, que en las estrategias de síntesis. En coherencia con la estrategia dual bakuninista, implica la construcción de unidad ideológica y estrategia, por lo que es más laborioso de construir y perfilar. Creemos que están por llegar muchas nuevas y buenas noticias desde esta corriente del anarquismo, lo que nos llena de esperanza y ayuda a sacar los pies de ese pantanoso estado de derrotismo e impotencia.

 

¿Y ahora qué podemos hacer?

Partimos de que estamos ante un cierre de ciclo con el agotamiento de parte del neorreformismo, pero ojo, que esto no significa que hayan dejado de existir. Es más, ahora mismo, los diferentes sectores dentro de Sumar están intentando cerrar todas las grietas que hay abiertas para estabilizar la situación o capitalizarla a su favor. Esto implica que no podemos entender el periodo que se abre como un momento político resuelto a favor de los planteamientos revolucionarios. Esto no es un; el neorreformismo ha fracasado es nuestro turno.

Por el contrario, es el momento de organizarse, plantear alternativas y estrategias aprovechando la experiencia reciente. Esta vez tenemos que estar preparados para evitar que las burocracias y los tecnopopulistas consigan desviar la fuerza social que surgirá del descontento y la indignación. Allí es donde deben estar las anarquistas, organizadas y armadas de una estrategia coherente que nos permita avanzar en el camino hacia la emancipación.

Escrito por Miguel Brea, militante de Liza.

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