Rezos, saludos fascistas e insultos homófobos por la unidad de España

La extrema derecha toma las calles de Madrid

Estas semanas hemos podido presenciar el dantesco espectáculo que se producía en torno a la sede del PSOE en la calle Ferraz, situado en el “noble” barrio madrileño de Argüelles. Muchos de los que leerán este artículo que sean de la capital sabrán que es una zona conocida para salir de fiesta y tomar algo, pero que tiene el ligero inconveniente de que, de vez en cuando, es parte del recorrido de neo-nazis es sus cacerías nocturnas. En principio no parece el sitio más idóneo para ubicar la sede de un partido que se autodenomina socialista y obrero, pero sabiendo qué entiende por ambos términos y cuál es su función, se convierte en un lugar como cualquier otro.

El contexto lo conocemos: se preparan las negociaciones entre el PSOE y Junts, se comienza la redacción de una ley de amnistía como condición para recibir los apoyos necesarios para revalidar la toma del gobierno, la derecha mediática y política de toda índole y ralea azuza el avispero y las calles arden durante casi dos semanas.

Pero antes de avanzar en un breve análisis de los diferentes sectores allí reunidos y de ofrecer alguna reflexión sobre cuestiones que nos parecen interesantes debemos matizar eso de “las calles arden”. Sin subestimar la gravedad de las imágenes que nos han ofrecido los medios de comunicación y los propios manifestantes, sin ignorar el asco que producen sus cánticos y pancartas y sin rebajarle ni un ápice de importancia a las declaraciones golpistas de algunos de sus protagonistas, estamos hablando de un apoyo social muy limitado, las cifras como siempre bailan, pero en las estimaciones más abultadas no suelen superar los 2000-3000 participantes.

Madrid es la capital de la derecha y de la extrema derecha

Esto es una obviedad. La ciudad que consiguió frenar el avance del fascismo en una de las defensas más heroicas de las guerras modernas, una vez derrotada, fue transformada en el cortijo del nacional catolicismo, el capitalismo que se enriquecía a su costa, el fascismo más rancio, el tradicionalismo cristiano criminal, centro de las fuerzas armadas represoras y también la monarquía que lo sucedería. Madrid fue el centro de la reconstrucción del poder reaccionario tras el proceso revolucionario y sus calles derrotadas acogían a tullidos de la división azul y a nazis que huían tras su derrota.

Madrid supuso la recentralización del poder territorial para castigar y controlar a los disidentes periféricos y el núcleo desde el que se irradiaba la ideología franquista de la raza, el honor y los valores tradicionales. Y esto estaba planeado antes de que consiguiesen doblegar al pueblo madrileño a base de hambre y bombardeos, por eso el mapa de la ciudad muestra que el hostigamiento desde los aires no afectó a todos los barrios por igual. No bombardearon sus casas en el barrio de Salamanca, para poder llenarlas con lo saqueado una vez traspasasen las defensas.

Desde entonces hasta ahora han cambiado muchas cosas. Pero Madrid sigue siendo una ciudad donde el conservadurismo impera y donde sus formas más oscuras operan. Pijos y nazis. Empresarios y fascistas. Donde las excepciones fiscales hacen del impuesto de sucesiones a las herencias un chiste. Un paraíso para la burguesía y el empresariado del país.

Los objetivos políticos de los diferentes actores

Pero ojo, en este artículo pretendemos ofrecer algunas claves analíticas que quedarían completamente arruinadas si cayésemos en generalizaciones populistas. Nuestra tesis es que la ley de amnistía que han negociado las elites nacionalistas catalanas con el partido socialista es un intento de cierre de la crisis política que estalló el primero de octubre de 2017 con el Referéndum de autodeterminación. Ambas fuerzas políticas quieren sacar partido a ese asunto o, mejor dicho, dependen de que aquello quede “resuelto” para poder proseguir con su actividad. Mientras las elites catalanas quieren poder regresar a su actividad y mostrarse como los protagonistas de las demandas independentistas, Sánchez necesita sus apoyos para poder mantener el gobierno y de paso mostrarse como un político de “talante” negociador y un hombre de Estado.

Evidentemente, a la derecha institucional española esto no le viene nada bien. Entre otras cosas porque les quita la oportunidad de apuntarse el tanto de la resolución del “problema catalán”, sin olvidar que las narraciones de los acuerdos hablen de “lawfare”, es la continuación de la batalla PSOE vs PP por el control del poder judicial.

Por otro lado, tenemos a Vox que quiere adelantar por la derecha a los populares y eleva el tono aún más. Su objetivo es aumentar la crispación y capitalizar el descontento, y como sabemos tiene cierta ventaja en este terreno. La formación popular tiene al menos una mano atada. Tiene que mostrarse como un partido de orden, constitucional, moderado… Vox sabe que su crecimiento institucional le convierte a lo sumo en un partido bisagra para condicionar los gobiernos a los que aspire el PP, y dada la debacle de apoyos electorales que ha sufrido y sus muchos escándalos y fracturas internas, juega esta baza para recolocarse en el tablero.

Nazis, tradicionalistas, fanáticos radicales y cayetanos

Este es el perfil de las manifestaciones que asedian la sede del PSOE. Tenemos a hooligans del Real Madrid y del Atlético, pijos con fachaleco y pulserita, carlistas, conspiranoicos, ultraliberales, fanáticos cristianos, machistas, homófobos, racistas, empresarios de la extorsión y la agresión como desokupa…

Hemos visto gracias a su propia prensa -Ok Diario- a frikis, gente que no se entera de nada, invocaciones a la virgen para que interceda, gritos contra la monarquía y la masonería, peticiones de insurrección a los policías… es difícil no ridiculizarlo, pero hacer bromas sería un error por nuestra parte que nos puede costar caro. Si bien es cierto que han llevado a cabo en sus propias carnes el lema de su heroico legionario Millán-Astray “muerte a la inteligencia”. Hay intereses claros y bien tramados detrás de estas movilizaciones no tan espontaneas.

Los estrategas operando

Como adelantábamos, podemos entender estos sucesos callejeros como parte de una lucha de posiciones entre las diferentes fuerzas de la derecha. Nuestra hipótesis es que Vox, y la parte más populista y radical del PP, logró adelantarse a los movimientos de los populares y llevar las movilizaciones a unos términos en los que poco puede rascar el PP.

Veréis que los voceros mediáticos en los medios de comunicación repiten que el PSOE está perdiendo apoyos por llevar a cabo esta ley de amnistía, y puede que sea cierto, aunque a menor escala de la que vaticinan los opinologos expertos. Pero tampoco es menos cierto que ese fascismo televisado les hace un grato favor a las bases más moderadas del PP. Esta es la razón que ha empujado a realizar concentraciones masivas impulsadas por el PP donde el tono es otro.

Los jueces

La separación real de poderes es un mito fundacional de las sociedades burguesas al servicio del capital tan importante como su supuesta imparcialidad. Los jueces en España, por tradición, por parentesco y por las condiciones que impone su propio nombramiento (años de estudio y de oposición que son incompatibles con las necesidades de las familias trabajadoras), hacen del poder judicial una fuerza principalmente conservadora, cuando no directamente reaccionaria.

Lo hemos visto mil veces: qué difícil es que se juzguen los delitos de corrupción o de violencia policía y que fácil que se condene a los trabajadores que hacen política y luchan por sus derechos, las sentencias asquerosas que exculpan a violadores, o cómo se intentan tumbar leyes en los tribunales que reconocen derechos sociales.

Aquí debemos centrarnos en tres aspectos. El primero es que la judicatura burguesa es irreformable. Al igual que la policía y las prisiones, su función es servir a los intereses de las élites capitalistas. El segundo punto es incidir en que se está produciendo una pelea por el control de este poder del Estado. El PP bloque la renovación del Tribunal Supremo contra el mandato institucional y el PSOE se ve obligado a cuestionar el principio de imparcialidad. En tercer lugar, y por mucho que se empeñen en negarlo, el lawfare es una práctica corriente en el Estado español, que se lanzó contra los independentistas catalanes y que se usa frecuentemente contra todo proceso que cuestione el statu quo. No se restringe, como nos quieren hacer pensar, a ciertas interpretaciones judiciales, hechas por jueces particulares, donde se cuela su ideología normalmente reaccionaria. Es una práctica común y organizada contra cualquier cuestionamiento al sistema.

Los jueces son un agente político y como tal han actuado. Declaraciones de prensa, denuncias públicas de una ley que todavía no se había presentado, oposición al gobierno…

La actuación policial

Los que conocemos bien cómo se desarrolla la actuación policial para disolver y contener protestas sabemos que lo que estamos viendo estos días en la tele es un chiste de mal gusto. Hemos visto a agentes pedir por megafonía que por favor no se arrojasen objetos contra los policías, y sabemos que esta no es una práctica habitual. Lo habitual en manifestaciones donde se llegan a producir más de 40 heridos entre las fuerzas de seguridad es que la otra parte cuente por decenas sus detenidos y heridos y esto no está pasando.

Nosotras sabemos bien que una manifestación no autorizada y violenta jamás sería escoltada por una de las vías principales del centro de la ciudad. Sabemos muy bien que la policía dispone de archivos y registros de militantes y que, si quiere, y normalmente lo hace, continua su represión en los siguientes días tirando puertas de viviendas y llevando a los calabozos a los manifestantes.

Jamás pediremos más represión a la policía ni más contundencia en su función. Pero no podemos dejar de señalar que lo que está pasando no es lo habitual en este tipo de concentraciones y que estamos seguros de que se debe a que desde sus direcciones se les ha pedido no actuar como normalmente lo hacen y que también está suponiendo un problema para muchos de los policías tener que reprimir a sus compañeros políticos. Ya lo dicen los cánticos “Nazi de día, de noche policía.”

El Frente Obrero

El frente obrero se ha presentado en las manifestaciones con banderas republicanas. Esto ya no sorprende a nadie, pero desde la extrema izquierda deberíamos plantearnos cómo hemos actuado ante el crecimiento de este engendro. El miedo a su matonismo, cierta connivencia con sus planteamientos y sobre todo mucho mirar a otro lado ha permitido que la bestia crezca y salga de su guarida.

Ahora toca enmendar el error y combatirles sin cuartel.

La derechización del sentido común y la izquierda institucional y reformista

Muchos periodista, intelectuales y representantes políticos de la izquierda institucional están poniendo el grito en el cielo y pidiendo más presión policial y más democracia. La pregunta es ¿Qué entienden por democracia cuando piden más? La democracia es justo esto: jueces, policías, prensa y legisladores al servicio del sistema capitalista.

Estamos viendo como políticos de Sumar, Podemos, Más País y otras fuerzas reformistas están creando argumentos que criminalizan la protesta. Dicen, por ejemplo: no está bien protestar contra procesos democráticos y legales. Dicen también: no está bien realizar manifestaciones no autorizadas o enfrentar a las fuerzas de seguridad. Debemos señalarles públicamente y preguntarles ¿Lo que estás diciendo es que no debemos movilizarnos contra leyes aprobadas democráticamente como la Ley Mordaza? ¿Qué no debemos participar en el paro de desahucios y frenar a la policía? ¿Qué no debemos tomar las calles si no nos autorizan?

Es imperativo entender que la extrema derecha se fortalece y el sentido común se derechiza cuando la izquierda institucional hace políticas reaccionarias, tiene peticiones represivas y, en definitiva, traslada el sentido común hacia la derecha. Quizás este sea uno de los resultados más desastrosos políticamente hablando de la coalición de gobierno: una vez dentro de él han realizado un éxodo sin precedentes de los posicionamientos más progresistas.

Hemos visto como el PSOE del 155 y del “a por ellos” se intenta mostrar como el conciliador de la ley de amnistía y esto es posible porque la izquierda institucional le ha hecho la cama con tal de asegurarse carteras en su gobierno.

Miguel Brea, militante de Liza

 

La estrategia del Poder Popular

En los años 60 se dio un fuerte proceso de optimismo revolucionario entre la clase obrera urbana, el campesinado y los nuevos sujetos en boga en el continente americano: los pueblos indígenas, las comunidades afro y las mujeres. Mientras que las guerrillas aparecían en todos los territorios, imitando el ejemplo de Cuba de 1959, en las barriadas también se cocían grandes procesos de autogestión popular. Era una época de intensa politización, en la que incluso participaba un sector de la iglesia católica.

Entre las organizaciones revolucionarias, podemos destacar el MIR chileno. Se había constituido como un frente de organizaciones, más que como un partido. En ellas confluían marxistas leninistas, marxistas heterodoxos, anarquistas y militantes de la Teología de la Liberación. Sin embargo, el partido derivó en marxista leninista al uso y pronto se marginó las demás opciones.

Lo que nos puede resultar de interés del MIR es su tesis sobre el Poder Popular. Se trataba de articular su acción político-social mediante la acción directa. Su ejecución se basaba en la toma de terrenos por parte de campesinos y pobladores, así como de la toma de fábricas por los trabajadores industriales. Estas tomas suponían una ofensiva de toda la comunidad, no sólo de la gente que participaba en ellas. Con estas acciones se creaba una base social muy amplia, que era imprescindible para cualquier lucha revolucionaria. Y como partido de vanguardia que era[1], el MIR planteaba este Poder Popular como el primer paso hacia una insurrección popular y la construcción de una sociedad socialista. El campo y la ciudad, sus pobladores, debían ser protagonistas de su propia emancipación.

En Chile, durante el gobierno de la Unidad Popular de Allende, los sectores revolucionarios aplicaron una ofensiva en todos los frentes. Se formaron cordones industriales (algo así como consejos obreros basados en fábricas ocupadas), comandos populares, comedores, nuevas poblaciones autoconstruidas… y en 1972 se formó la Asamblea Popular de Concepción[2].

Formada el 27 de julio, era una asamblea de representantes de los organismos de lucha obreros, estudiantiles y de los pequeños industriales y comerciantes[3]. Su primera tarea fue desconocer el Parlamento nacional, que entendían como reaccionario. La asamblea pretendía impulsar Consejos Comunales de Trabajadores de todas las comunas (municipios) de la provincia. Cuando estuvieran listos se levantaría un programa de lucha.

El mayor problema de esta asamblea fue que todos los sectores de la socialdemocracia y la Unidad Popular (Partido Comunista incluido) se les echaron encima para deslegitimarla. Es relevante notar que esta experiencia se impulsó desde abajo con la intención clara de que crear un poder organizado que fuese una expresión de poder popular paralelo a las instituciones gobernadas por el gabinete de Allende.

Situaciones parecidas, aunque en contextos muy distintos se dieron el Cordobazo (Argentina) de 1966, en los paros nacionales de Colombia de 1977, el caracazo (Venezuela) de 1989, la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (México) de 2006 entre muchos otros procesos similares de construcción de un poder paralelo e incipiente de carácter revolucionario.

El anarquismo latinoamericano entendió rápido la idea del Poder Popular. En el fondo era lo mismo que se había vivido en la Rusia de 1917, en la Alemania de 1919 o en la España de 1936: la construcción de organismos de poder obrero como los soviets rusos, los consejos obreros alemanes (y de otros lugares) o los comités revolucionarios españoles. Cuando el pueblo está organizado suele crear estructuras de autogestión a gran escala que toman una forma bastante similar.

Las diferencias entre anarquistas y marxistas latinoamericanos estribaban en el problema del poder y la ruptura revolucionaria. Así, la Federación Anarquista Uruguaya, a comienzos de los años 70, veía en los gérmenes de poder popular unos espacios de socialización del poder político, en donde se comenzaban a ejercer la autonomía, la democracia directa, la autogestión. Entendían el Poder Popular de una forma contraria y antagónica a la naturaleza centralizadora y disciplinadora del Estado que enajena el poder político. Los marxistas, como el MIR y otros partidos similares, entendían el Poder Popular como los primeros pasos de un Estado Obrero y veían la toma del poder y la creación de un gobierno revolucionario como un necesario estado de transición.

Por tanto, los anarquistas pensaban que el Poder Popular se tendría que constituir rápidamente a gran escala como alternativa al estado. Para ello era vital que las organizaciones específicas anarquistas pudiesen tener militantes suficientes para contrarrestar el influjo de las demás fuerzas políticas vinculadas a los procesos revolucionarios. Entendían que las organizaciones, frentes o grupos armados que apoyaban el poder popular eran aliados necesarios en la lucha contra los aparatos represivos de los estados, aunque a largo plazo estallaría el conflicto entre quienes quisieran construir el Estado Obrero y quienes opinaban que el Poder Popular se bastaría a sí mismo o entre el punto de ruptura, que es el Poder Popular, y el reformismo gradualista.

Por último, cabe decir que esta estrategia no tiene nada que ver con el foquismo, que consiste en la acción de una guerrilla para acelerar el conflicto de clases. Ni tampoco con la recuperación de este concepto que hizo el estado cubano a finales de los años 70, asignándoselo a sus ministerios. Para el anarquismo el Poder Popular es una acción directa de masas que construyen los cimientos de la nueva sociedad.

Ahora bien, ¿por qué no utilizamos conceptos más propios del anarquismo ibérico o del autonomismo europeo, como la sociedad paralela o las zonas rojas? La respuesta es que ese tipo de espacios (como ateneos, cooperativas, centros sociales o comunidades intencionales) muy mayoritariamente están impulsados por la militancia más politizada de un territorio y no por procesos de lucha social desde abajo. El Poder Popular tiene una connotación de lucha permanente con la institucionalidad que lo ve como amenaza. No se desdeñan esas experiencias, entendiéndolas como punto de partida o retaguardia de nuestros movimientos revolucionarios, sin que caigan en la endogamia y en dinámicas de ghetto. Pero no nos podemos quedar ahí, dado que se corre el peligro del anquilosamiento o rehuir del conflicto.

Por ello es necesario levantar siempre la bandera de la ofensiva popular. Somos parte del pueblo y de sus procesos. Pero para ser útiles y eficaces, debemos tener nuestra organización específica entre iguales.

[1] Esto se constató en el Congreso de Chillán de 1967, cuando el partido optó por la toma del poder como objetivo estratégico y la violencia revolucionaria para destruir el aparato represivo burgués, rechazando confiar en la vía electoral.

[2] Danny Gonzalo Monsálvez Araneda. La Asamblea del Pueblo en Concepción. La expresión del Poder Popular. https://revistas.udec.cl/index.php/historia/article/view/6381/5922

[3] En América Latina fue y es muy habitual que sectores de la pequeña burguesía se alíen con los sectores proletarios. Por eso se utiliza ampliamente el término “popular”, que incluye los más diversos sujetos.

Las sanciones y la guerra comercial global

La recuperación de la economía china, tras los confinamientos establecidos durante la pandemia, se muestra débil. Los precios al consumo han descendido por primera vez desde inicios de 2021. Mientras el resto del mundo se enfrenta a una inflación que no termina de domar, el “taller del mundo” se ha instalado en una preocupante deflación que algunos analistas equiparan al inicio de la “trampa de la liquidez” que paralizó a la economía japonesa en los años 90.

China tiene dificultades para sustituir la demanda occidental, en retirada por la inflación y la fragmentación de los mercados provocada por las tensiones geopolíticas, por una demanda interna suficiente para absorber su producción. El índice de precios al consumo chino cayó un 0.3 % interanual en julio. El índice de precios a la producción, que cuantifica los precios de los productos a la salida de las fábricas, un 4,4 %.

La economía china sólo creció un 0,8 % entre el primer y el segundo trimestre del año, dificultando alcanzar el prudente objetivo del 5% `para todo el año, indicado por el Gobierno. Las exportaciones se desplomaron un 14 % interanual, en dólares, en julio, la caída más pronunciada desde el inicio de la pandemia. Las importaciones también descendieron un 12,4 %.

El sector inmobiliario también está dañado. Country Garden, la mayor promotora de China, dirigida por Yang Huiyan, la mujer más rica del país prevé perder entre 5.675 y 6.937 millones de euros en el primer semestre del año. Su cotización en la Bolsa de Hong Kong ha disminuido un 64 % en lo que llevamos de 2023. Todo ello dos años después de que Evergrande, otra enorme promotora, fuera intervenida por el gobierno después de acumular una deuda de más de 300.000 millones de dólares.

Las autoridades chinas han intentado recuperar la confianza de los mercados y los ciudadanos, desplegando su estrategia de “circulación dual”, acordada en el Plan Quinquenal actual, que trata de generar una mayor demanda interna. Han recortado algunos tipos de interés y han ofrecido algunos incentivos fiscales a las empresas. En los círculos económicos chinos se multiplican las voces que reclaman al Politburó del Partido Comunista que proceda a un estímulo público decidido de la economía, para impulsar la demanda y la inversión productiva.

Parte de los problemas de la economía china, sin embargo, tienen también que ver con la creciente pugna geopolítica desatada con los Estados Unidos. Las sanciones norteamericanas sobre el sector tecnológico chino acrecientan los costes de las empresas, que están logrando, generalmente, sortear las sanciones asumiendo cadenas de valor más largas y complejas, y que, además, siguen invirtiendo en Occidente mediante participaciones en los fondos globales de capital riesgo, que suelen garantizar una cierta opacidad a sus partícipes. El pasado miércoles 9 de agosto, por ejemplo, Joe Biden acordó una nueva ronda de sanciones, la más importante, de hecho, hasta el momento, contra el sector tecnológico chino, mediante una orden ejecutiva que impone límites a la inversión norteamericana en algunas empresas del país asiático, dedicadas a los semiconductores, la computación cuántica y la inteligencia artificial.

Las sanciones occidentales, por tanto, están teniendo un efecto claro sobre la economía de la República Popular. Pero no todo el que desearían los norteamericanos. Además, si china se resfría el mundo entero estornudará. La interdependencia entre los dos bloques geoeconómicos que han iniciado una nueva “Guerra Fría” sigue siendo enorme, pese a las medidas tomadas por algunas grandes empresas, que procuran diversificar sus cadenas de valor llevándose plantas de fabricación a otros países asiáticos.

De hecho, la insistencia occidental en las sanciones como arma de guerra económica está teniendo resultados ambivalentes incluso en los que se refiere a Rusia, la potencia emergente con la que Occidente está envuelto en un conflicto bélico “por correspondencia” (como lo ha calificado Juan Luis Cebrián en el diario El País). Según un análisis del Financial Times, las empresas europeas han perdido más de 100.000 millones de euros en su retirada del mercado ruso, en cumplimiento de las sanciones impuestas por la Unión Europea. BP, Shell y Total Energies han perdido 40.600 millones, completamente compensados por la brutal subida de los precios del gas y de petróleo tras el inicio de la guerra. Fortum y Uniper han visto como Moscú tomaba el control de sus filiales rusas. Las factorías de Danone y Carlsberg han sido expropiadas por el gobierno ruso. Aún así, se calcula que más del 50 % de las empresas europeas que había en Rusia antes de la guerra siguen en el país, entre las que se cuentan Unilever, UniCredit, Nestlé o Raiffeisen, que alegan numerosas dificultades para encontrar comprador para sus activos.

Así pues, las sanciones son una poderosa arma de destrucción económica, pero, en economías completamente interdependientes y enormemente entrelazadas como lo son las del siglo XXI, la destrucción provocada por las sanciones se reparte, en formas desiguales, entre todos los espacios globales.

Por ejemplo, esta misma semana se hace público por el diario Expansión que el veto norteamericano a la tecnológica china Huawei “atasca” los proyectos gubernamentales de nuestro país para generalizar el 5G en el ámbito rural. El Ministerio de Economía ha atrasado a septiembre la convocatoria del plan “Único Redes Activas”, destinado a desplegar el 5G en el campo, ante la posibilidad de que Orange y Vodafone lo impugnen judicialmente. El trasfondo es que el veto a Huawei deja a Movistar como único licitador viable, ya que el resto de las empresas deberían sustituir la tecnología Huawei, que ya tienen en sus redes, en un plazo excesivamente corto. Además, las empresas de torres de telecomunicaciones (American Tower, Cellnex, Vantage, Totem o Axiom) también han mostrado su descontento:  si sólo hubiera un ganador (en este caso, Movistar) sobrarían la mitad de las torres actualmente desplegadas en el campo, lo que desplomaría el valor de muchos de los activos de las torreras.

La viabilidad de las sanciones y sus efectos puede, de hecho, rastrearse en los resultades presentados recientemente por la empresa que ha sido su principal destinataria: Huawei. Si bien es cierto que la tecnológica china ha visto desplomarse su negocio dedicado a la venta de smartphones en los últimos años (en 2019 era la principal fabricante de móviles del mundo), también lo es que este mismo año 2023 ha conseguido volver a crecer en tecnología de consumo gracias al mercado interno chino. Ha obtenido un beneficio neto, en este año que triplica el del año anterior, aunque sigue facturando, a nivel global, menos de la mitad del año 2019. Sin embargo, el rubro que ahora le aporta mayores beneficios es el de la venta de equipamiento a operadores de telecomunicaciones y empresas. Además, el mercado global que perdió Huawei tras el 2019 ha sido en gran medida recuperado por otros fabricantes chinos como Xiaomi, Oppo y Vivo.

Occidente implementa las sanciones pretendiendo ralentizar el crecimiento del sector tecnológico chino y detener el avance de las potencias emergentes en un mercado global cada vez más acusadamente multipolar. Las sanciones, a su vez, provocan efectos “de rebote”, indeseados, sobre Occidente y, además, impulsan una creciente fragmentación del mercado mundial en áreas económicas diferenciadas, donde cada actor tiene sus socios preferentes y acuerda sus sanciones, expresas o tácitas, sobre el bloque adversario.

La estrategia de las sanciones, sin embargo, no ha logrado revertir el éxito comercial chino. El superávit en la balanza de pagos de China con la Unión Europea y los Estados Unidos no para de crecer. Aunque las exportaciones chinas se resienten de la actual alza de la inflación y de la imposición de las sanciones, el sector exterior europeo también sufre. Incluso en España, donde la crisis energética es mucho más suave que en los países del Norte y Centro de Europa, el Banco de España acaba de alertar sobre un posible frenazo en las exportaciones del sector del automóvil, de la mano de “la evolución de las tensiones geopolíticas y su impacto sobre los mercados de materias primas, tanto energéticas como no energéticas”.

Mientras eleva las sanciones contra las tecnológicas chinas (la iniciativa de vetar a Huawei en el 5G rural español viene de Bruselas), la Unión Europea se prepara para una cumbre con la República Popular en septiembre en la que pretende obtener del gobierno chino que elimine algunas barreras comerciales a los productos europeos. Concretamente, la UE está muy preocupada por la decisión china de restringir sus exportaciones de galio y germanio (una represalia china contra las recientes sanciones occidentales). Estos metales son de uso común en los chips de los vehículos eléctricos y los equipos de telecomunicaciones, así que su escasez puede representar un problema para la electrificación de la industria automovilística europea, justo cuando las empresas de coches eléctricos chinos, extremadamente competitivas, empiezan a inundar los mercados del Viejo Continente. El déficit de la balanza comercial europea con China alcanza los 400.000 millones de dólares, y ha crecido enormemente estos últimos años, pese a las sanciones norteamericanas y pese al bloqueo europeo del Tratado Comercial con China de la última década, que nunca se llegó a ratificar.

Hundir a China, pues, puede ser un pésimo negocio para el capitalismo occidental. Lanzarse a una guerra directa o “por correspondencia” con los países emergentes, también. El gasto de los turistas chinos en España se ha multiplicado por siete desde el fin de la pandemia, duplicando la media del resto de turistas, según un informe de Turespaña. La llegada de turistas chinos a nuestro país ha aumentado un 420% en el primer semestre del año, respecto al año anterior. El turismo ruso, sin embargo, se ha desplomado. Pensemos en las implicaciones que tiene todo ello para el principal sector económico de nuestro país.

El auge de la extrema derecha es funcional, pues, a las estrategias de las clases dirigentes

La guerra entre las potencias capitalistas, militar, económica o política es siempre una guerra contra la clase trabajadora. Implica la destrucción de fuerzas productivas, pero no un decrecimiento ordenado con una finalidad ecológica, sino una extensión del desempleo, la miseria y las tensiones sociales. El auge de la extrema derecha es funcional, pues, a las estrategias de las clases dirigentes en el marco de un proceso de creciente tensión bélica y de aumento de la necesidad de militarizar las economías y a las poblaciones.

Occidente tiene que saber perder su Imperio, para que los pueblos que se liberan lo hagan sin caer en nuevas pesadillas autoritarias

Mientras trabajamos por construir la trama organizativa y cultural de la clase trabajadora global, debemos mantenernos vigilantes para que las tensiones geopolíticas en curso no se transformen en un gigantesco vórtice que devore todas las energías de la Humanidad y las transforme en episodios sangrientos de violencia y miseria, en el marco de una guerra mundial sostenida durante décadas mediante enfrentamientos directos o “por correspondencia”, entre Occidente y las potencias emergentes. Occidente tiene que saber perder su Imperio, para que los pueblos que se liberan lo hagan sin caer en nuevas pesadillas autoritarias. La Humanidad necesita que la gran guerra que ha empezado acabe antes de volverse irreversible.

Kaosenlared

 

Los cimientos para organizarse politicamente: por una cultura militante revolucionaria

En estos úlitmos años hemos puesto sobre la mesa la cuestión de organizarse a nivel político, a raíz de que cada vez más militantes anarquistas se están involucrando en espacios sociales amplios como los sindicatos laborales y de vivienda. Pero nos estamos encontrando un techo que nos está limitando a la hora de aspirar a proyectos más allá de la mera resistencia. La fórmula de la síntesis (organizaciones o colectivos donde entra cualquier anarquista a pesar de las diferencias ideológicas y estratégicas), de nuevo, está demostrando ser incapaz de superar ese techo. Esta falta de organizaciones políticas y estrategias propias nos deja en situación de trabajar para otros proyectos que no son el nuestro.
¿Qué quedó de aquellos movimientos anarquistas que articulaban movimientos de masas, creaba las estructuras de la nueva sociedad y lideraba revoluciones sociales? De esas experiencias revolucionarias históricas podría decir que solo quedan en algunas regiones del Sur Global, en la actual coyuntura del Estado español es inexistente.

Buena parte del espacio libertario lleva desde la Transición sin referentes claros y, en cierta medida, sin entender que nuestro trasfondo político y militante está influenciado por el sustrato cultural occidental. La falta de memoria, de experiencias acumuladas, de relevos y de romper temas tabú, son un cúmulo de factores que han derivado en la situación actual del anarquismo, con nuevas generaciones que repiten los errores de las anteriores y hechos que se dan por asumidos sin cuestionamiento alguno. Somos en buena medida el resultado de ésta herencia, sin plantearnos qué hay más allá de lo que siempre se ha estado haciendo.

De dónde venimos

Para entrar en contexto, repaso la historia reciente del anarquismo español en general. La época post-mayo del ‘68 en la cual las izquierdas fuera del bloque soviético salieron derrotadas políticamente. Todo ello se juntaba con la ofensiva neoliberal representada por el eje Reagan-Thatcher. A la par del retroceso de los sindicatos de masas, esta derrota política provocó que las tendencias de la izquierda revolucionaria occidental acaben encontrando una salida hacia adelante en lo subcultural y vivencial. De ahí el movimiento punk, el skin, el okupa (squats), bajo el lema “no future”, que descartaron la idea de una revolución de masas y por tanto, construir un nuevo modelo de sociedad a través de la revolución social.

Tras la muerte de Franco, los movimientos sociales volvieron a aflorar en España, entre ellos el anarquismo (mención a parte tendría el MIL y la resistencia armada, en cierto grado, vinculada a las luchas populares y obreras). La CNT del interior que estaba en la clandestinidad, donde parte de esa militancia pasó a los maquis y Defensa Interior, junto con sindicalistas que se metieron a los sindicatos católicos y luego a CCOO, que en sus inicios era combativo hasta que lo instrumentalizó el PCE, para agitar las luchas obreras, vieron una oportunidad para volver a ser un movimiento de masas. Pero la CNT del exilio se volvió conservadora. Boicoteaba el interior desde una posición estancada y a la vez alejada del anarcosindicalismo de años 20-30 (que construía movimientos de masas) y de la realidad del momento, quedándose en una especie de guardián de las esencias y sobreideologizada. Esta tendencia, a la legalización de la CNT después de los pactos de la Moncloa, comenzó a regresar a España. Las divisiones internas ya estaban servidas: entre partidarios de entrar en comités de empresa y elecciones sindicales y detractores de ello. Ésto terminará en una dura excisión en el V Congreso, donde nacerá la CGT. El Caso Scala terminaría por rematar la faena y la afiliación caerá a mínimos, no solo al ver las duras peleas de la división, sino también por la infiltración policial y las campañas masivas de criminalización del anarcosindicalismo.

En la CNT se acabará imponiendo la línea ortodoxa del exilio entrados en los ‘80, incapaces de remontar el duro golpe del Caso Scala y quedándose como microsindicatos con apenas actividad sindical pero mucho de contracultural de autoconsumo. En esa época el movimiento okupa y el punk tuvieron sus mejores momentos y a la vez los peores: los barrios obreros comenzaban a sufrir el azote de la droga con la complicidad de la policía y luego la posterior estigmatización de los medios y la política del país. Una gran parte del movimiento punk acabó también en la droga y en el nihilismo. Tampoco la CGT se libraba del todo de esta influencia tribuurbanista y contracultural. Se hablaba de un movimiento libertario con poca base social, muy identitario y endogámico.

Entrados en los ‘90-’00 llegaron las ideas del insurreccionalismo italiano. La crítica a la burocratización de las centrales anarcosindicalistas, e incluso de los resquicios de las viejas organizaciones del movimiento libertario como la FIJL y la casi inexistente FAI propiciaron una huida hacia adelante a través de la acción directa y el ataque directo contra el sistema. La oleada insurreccionalista fue un toque de atención a las viejas glorias y se dieron duras críticas hacia éstas, pero descartaron un punto clave para el desarrollo de cualquier movimiento: el trabajo de base. No existía ninguna conexión con la clase trabajadora en sí ni había voluntad de ello, algo que sí que lo tuvo el MIL durante su existencia en ‘70, que atracaba bancos para financiar huelgas y luchas sociales.

Esta oleada insurreccionalista terminaría siendo derrotada fácilmente al carecer de dicha base. La criminalización del Estado no se hizo esperar: aislar el anarquismo de la sociedad calificándolos de guerrillas urbanas y terrorismo de baja intensidad. Han aprovechado para fabricar un nuevo enemigo interno a la vez que desgastaba la bandera del terrorismo de ETA. En cuanto comenzaron los golpes represivos, la actividad comenzó a girar en torno a eventos de recuadación de dinero para los costes antirrepresivos y a volcarse en la lucha anti-carcelaria, a los cuales siempre acudían las mismas caras. Cayeron en una espiral repreresiva del cual no salieron, y muchas terminaron abandonando la lucha sufriendo penas desorbitadas. Una lucha de grupos reducidos de personas contra todo un aparato represivo sin una estrategia ni un vínculo con el pueblo era un completo suicidio. A los pocos años, esta represión dejó un balance desolador: montajes policiales, penas desorbitadas de prisión, multas… Entretanto, la paranoia, el aislamiento, los personalismos, roles de poder informales y los dramas internos fueron un desgaste en salud mental arrollador.

Los 2000 sería la década de la bonanza económica. El anarquismo fue pasando esos años sin pena ni gloria entre las okupas, lo contracultural, saliendo de las campañas antimilitaristas y haciendo campañas por apostatar (darse de baja de la Iglesia Católica, básicamente). Paralelamente, surgían los movimientos anti-globalización, que acostumbraban a organizar black blocs allá donde se celebraban las cumbres. Entretanto, lxs anarquistas en parte participaban de ese movimiento, pero sin ser tendencia organizada. En 2003 tuvieron lugar las movilizaciones masivas contra la guerra de Iraq y las mentiras del 11M. El anarcosindicalismo tendría poca influencia en este período. Las luchas más sonadas fueron a la campaña de boicot al Mercadona y la SGAE (autores y copyright, que también salpicó al portal alasbarricadas.org).

El anarquismo en el Estado español se quedó sin referentes fruto de la desmemoria y de la derrota política del ‘68. Por eso la herencia actual del anarquismo en general es un amalgama de esta ortodoxia purista e identitaria de la CNT del exilio, lo contracultural y vivencial de aquella época dorada del movimiento punk y okupa, y las dinámicas informales propias del insurreccionalismo italiano. No nos hemos reconstituido como una fuerza política, al contrario, se rechazaba la organización formal y el trabajo político, grandes errores que nos han llevado a ser algo marginal, haciendo del anarquismo una parodia de sí mismo donde nunca se planteó el traducir los principios y la ideología en línea política, estrategia y táctica para tener capacidad para desarrollar un trabajo de base real.

La conclusión hasta aquí es que hay una parte del anarquismo ha renunciado al objetivo revolucionario de construir un nuevo modelo de sociedad. No es la excepción, en los países occidentales la influencia de la ideología liberal en todos los aspectos de la vida desde los ‘70 (comienzo de la ofensiva del proyecto neoliberal) ha apartado de los movimientos revolucionarios de este objetivo último en la práctica. Otro ejemplo desastroso es el anarquismo estadounidense en los 90-00, volcado hacia el individualismo y lo vivencial.

Mi perspectiva política

Parto de las lecturas de otras experiencias militantes de algunos compañeros de Embat y de lecturas políticas del movimiento anarquista tanto histórico como actual, cuyo denominador común es la de organizar movimientos de masas y ser una fuerza política impulsora de las revoluciones sociales. Este anarquismo en la actualidad queda reflejado en las revueltas populares y movilizaciones masivas en Chile, Brasil, Ecuador, Argentina y Colombia, y en las revoluciones sociales con inspiraciones en el anarquismo como la zapatista y la kurda.

Este anarquismo social es el anarcocomunismo, la corriente política del anarquismo que tiene como estrategia general la articulación de movimientos populares de masas (poder popular) y la apuesta política de que dichas masas sean el sujeto político de la revolución social (el pueblo trabajador) y como objetivo político la configuración del nuevo modelo de sociedad, usando como modelo organizativo el dualismo: un nivel de masas y un nivel político. Esta tendencia en la actualidad recoge la herencia de las revoluciones sociales de la historia, las cuales destacan la mexicana de 1910, la Makhnovista del 1919, la comuna de Shinmin y Shangai en los años 20, la revolución social del ‘36, junto con las experiencias sindicalistas revolucionarias de Alemania e Italia de la misma época y el anarcocomunismo búlgaro. A nivel teórico-organizativo, la línea comienza en la Alianza por la Democracia Socialista de Bakunin, pasando la plataforma de Makhno, el partido de Malatesta y llegando al especifismo latinoamericano.

En los años ‘20, con los makhnovistas en el exilio, se dio un importante debate en torno a la organización anarquista. La publicación Dielo Truda fue la que divulgó las experiencias makhnovistas y puso sobre la mesa un modelo para la organización anarquista basada en la unidad ideológica, estratégica, táctica y de acción: la plataforma. Este modelo fue criticado y Volin defendió un modelo organizativo en el cual cabían anarquistas de cualquier tendencia: individualistas, sindicalistas, colectivistas y comunistas. A la práctica, los hechos les darían la razón al modelo plataformista, ya que el modelo de síntesis era incapaz de desarrollar trabajo político porque a la hora de discutir estrategias, responsabilidades y disciplina conjuntas era imposible el acuerdo.

Aquí pongo como ejemplo la Federación Anarquista Comunista de Bulgaria, quienes adoptaron el plataformismo como modelo organizativo mientras el anarquismo a nivel internacional lo rechazó y se decantó por la síntesis. Esta organización articuló, desde 1920, un movimiento popular de masas, consiguiendo ser 3a fuerza política en un país muy convulso políticamente en aquella época, habiendo sido capaz de sobrevivir a ejecuciones de militantes y dos golpes de Estado fascistas hasta los años 40 que fue destruida por la represión estalinista.

La II Guerra Mundial mató todas esas luchas revolucionarias. Sin embargo, muchos luchadores siguieron combatiendo en la resistencia contra la ocupación nazi en Francia o lucharon como partisanos.

En la post-guerra, el anarcocomunismo comenzó a sacar cabeza aunque muy tímidamente. En los años ‘50 George Fontenis rescató el modelo plataformista y escribió “El manifiesto comunista libertario”, un texto que recoge la herencia de todas esas revoluciones históricas y planteará la necesidad de organizar el anarquismo como opción política.

En Sudamérica, esta corriente se tradujo en el especifismo de la cual la Federación Anarquista Uruguaya (FAU) fue pionera (1968). Fue realmente una actualización del plataformismo en el cual el sujeto político ya no es únicamente la clase trabajadora y pasa a ser el pueblo, de la cual la lucha de clases sería un frente. Desde entonces, la corriente especifista se extendió y de las cuales heredaron organizaciones como Resistencia Libertaria, y heredan hoy Acción Socialista Libertaria, Federación Anarquista Rosario, Federación Anarquista Río de Janeiro, Coordinadora Anarquista Brasilera, Vía Libre (Colombia), entre otras.

Una mirada hacia nuestras experiencias recientes

La actualidad en el Estado Español tiene, sin embargo, unas experiencias de anarquismo social muy enriquecedoras. Todo vino al calor del 15M, fue un ciclo político que despertó conciencias e hizo que muchas personas nos replanteemos todo. Hablaré aquí de las más sonadas y de las que más tengo por la mano.

– La FAGC (Federación Anarquista de Gran Canaria)
Nacieron como cualquier colectivo anarquista al uso hasta un punto en que, según las palabras de Ruymán, en un momento que estaban repartiendo panfletos sobre veganismo, un señor había tomado uno de ellos y a pocos metros lo encontraron buscando comida en un contenedor. En ese momento a algunas personas se les rompieron esquemas. ¿cómo es posible que hablemos de veganismo teniendo personas que no tienen nada para llevarse a la boca? Ahí comenzó la ruptura. Quienes se quedaron fueron los que se volcaron de lleno al trabajo de base, comenzando por parar desahucios y poco a poco irían abriendo casas. Pasaron muchas contradicciones y se encontraron que nada era perfecto: desde personas que se aprovechaban para conseguir entrar en un piso y vender la llave hasta gente que una vez hecho la entrada chantajeaba con denunciar si no cumplían con lo que querían. Pero de ahí llegaron a construir la okupa más grande de España: unas 200 personas en un bloque de viviendas, la Comunidad La Esperanza, todas ellas gente que no tiene ni idea del anarquismo y con actitudes de mierda que con pedagogía aprendieron a convivir. Ahora es una comunidad autogestionada en que la FAGC había hecho de asesores.

Actualmente mientras escribo estas líneas el trabajo de la FAGC no ha parado: han creado el Sindicato de Inquilinas de Gran Canaria, han okupado huertos donde ahora viven personas sin papeles en autogestión y han conseguido ganar el conflicto de la Marisma, una pequeña comunidad víctima de una estafa inmobiliaria.

Sin saberlo, la FAGC acabó reproduciendo el modelo del dualismo organizacional del anarcocomunismo, estando la FAGC actuando como organización específica/política y el Sindicato de Inquilinas como organización de masas. La diferencia es únicamente semántica y elles lo llaman “anarquismo de barrio”, un anarquismo que se involucra en primera línea luchando al lado del pueblo ofreciendo las herramientas y metologías del anarquismo al servicio de la clase trabajadora y de la comunidad, no de forma asistencial, sino empoderándola.

– La FES-FEL (Frente Estudiantil y Social)
Actualmente la FEL ha tenido un cambio generacional, pero tuvo sus mejores años durante las movilizaciones del 15M (~2012 en adelante). La etapa del FES Zaragoza, que en poco tiempo acabarían siendo la FEL montando sus núcleos en la UAM, Somosaguas, Carlos III (Madrid), habría sido de las mejores en el movimiento estudiantil. Caso es de las experiencias del FES-FEL Zaragoza, logrando a ser referentes del movimiento estudiantil en la Universidad de Zaragoza durante unos cuantos cursos consiguiendo además implementar la unidad táctica a través de una política de alianzas de otros actores del movimiento estudiantil. Aquello impulsó aún más el movimiento estudiantil en la uni, llegando a realizar huelgas exitosas y con un grado de participación considerable, manteniendo además a raya a entidades estudiantiles filofascistas.

– Apoyo Mutuo
Esta organización nació como una red de militantes allá por el 2015 que pasó poco a poco a consolidarse como organización política que pretende ser de ámbito Estado español. Actualmente el núcleo que está teniendo rodaje es en Aragón, donde están sacando “Colectiviza!” una publicación de las luchas sociales en Aragón y han tenido su I Congreso.

– Embat
También al calor del 15M, Embat nació primero como un “procés” de construcción de una organización política de Catalunya. Tuvo el proceso similar a Apoyo Mutuo, comenzando a ser una Este proceso le llevó unos años de debates y formaciones sobre cuestiones que estoy yo escribiendo en esta carta. La organización como tal no se habrá formalizado hasta 2016-17. Desde entonces hay militantes en CGT Ensenyament, en habitatge y sindical. Fue parte del grupo motor del 1er Congrés d’Habitatge de Catalunya y también parte del grupo motor de Batzac. Actualmente como organización política ya tiene terminada la línea política.

Todas estas experiencias militantes están en nuestras memorias, pero gran parte de las nuevas generaciones que se politizan no la conocen.

La praxis política del anarquismo dista mucho de ser una parodia de rebeldía adolescente. Pongo los ejemplos del Estado español porque considero que no es necesario buscar ejemplos lejanos (que los hay), sino que ya son parte de la historia reciente y continúan a día de hoy a pesar de no ser tan visibles en algunos casos. Son ejemplos a tomar porque necesitamos preservar la memoria de estas experiencias para que no se pierda lo acumulado y poder aprender de ellas.

Un cambio de cultura militante. Recuperar nuestra tradición socialista

El ciclo de muchos colectivos anarquistas vienen a ser períodos cortos donde se hace activismo y en cuanto las circunstancias de la vida de las personas del colectivo cambian, el colectivo muere. Así vuelta a empezar de 0. Parece que nos guste reinventar la rueda para volver a hacer lo mismo, es la pescadilla que se muerde la cola.

La debilidad del anarquismo actual radica en las pocas responsabilidades y disciplina exigidas, así como la no-resuelta cuestión del poder y los liderazgos nos llevan a ser incapaces de tomar decisiones con agilidad. Se da mucha manga ancha a la libertad individual sin buscar ese equilibrio necesario en la responsabilidad colectiva. La militancia en una organización no es para que cada cual exponga su pedrada sino luchar por unos objetivos políticos en base a una unidad estratégica y de acción usando la organización como herramienta.

Es necesaria una disciplina interna y voluntaria, compromiso, decisión, sentido de organización, visión estratégica, sinceridad, humildad y tener visiones realistas. Capacidad para asumir liderazgos, saber cederlos, delegar, crítica y autocrítica, ser constructive, transmitir conocimientos, escuchar, comunicar… Si nos queremos tomar en serio el proyecto que asumimos, hemos de trabajarnos estos aspectos. Estar en una organización no es para reafirmarse en la identidad anarquista ni limpiarse la conciencia ni hacer colegas, estar en una organización implica luchar por aquello que creemos colectivamente y encontrar esta afinidad en el proceso.

Una disciplina militante tiene sentido si hay objetivos por los que luchar y tener estrategias para lograrlos, tanto para los inmediatos como para los finalistas. Es por ello que una Línea Política es esencial en una organización, ya que da el marco de actuación y marca las estrategias a seguir.

Queremos abarcarlo todo (capacitismo, antiespecismo, transfeminismo, antirracismo…) y estamos siendo débiles en todo. Nos creemos que todo es igual de importante sin tener siquiera una línea política trabajada, sin conocernos a nosotres mismes ni de dónde venimos. Seguimos haciendo lo mismo de siempre una y otra vez: anticarcelario, vivir okupando haciendo kafetas, ponernos la etiqueta por delante, crear comunidades endogámicas y herméticas (el ghetto anarco) con dinámicas tóxicas que vienen de no cuestionar la ideología liberal y la moral cristiana de nuestra cultura occidental. Negamos el poder reproduciendo roles de poder, negamos el liderazgo reproduciendo liderazgos informales, incluso en otros espacios donde se rechazan los partidos, se reproducen de manera informal el accionar partidista. Acusamos de reformista todo aquello que no nos guste pero reproducimos la ideología liberal en nuestros colectivos camuflado bajo un lenguaje radical, cuando la diferencia entre reforma y revolución, radica en que lo primero acepta el sistema de dominación con maquillaje, y lo segundo aspira a implementar un modelo de sociedad construyendo un contrapoder propio. Tachamos de marxista aquello de línea política y estrategia.

Esa ética militante por la que hemos pasado bastantes militantes y que actualmente se sigue reproduciendo en algunos entornos, queda reducido a una épica digna de cuentos de fantasía completamente desconectada de todo accionar político real, reduciendo la política en lo vivencial. Esa es la ilusión de radicalidad y de creer que eso es revolucionario. Pero la realidad no llega ni a ser reformista, ya que en la práctica aceptan el liberalismo puesto que en vez de confrontar el sistema articulando movimientos populares, crean falsas “islas de libertad”. Al fin y al cabo, estilos de vida que el capitalismo tolera.

Por tanto, todo anarquismo que no aspira a la creación y articulación de un movimiento de masas con la finalidad de que las actuales estructuras de autoorganización popular pasen a ser los futuros organismos de administración de la futura sociedad, es liberalismo. Así es que tanto el anarcoindividualismo como la práctica del anarquismo vivencial son liberales, ya que a la práctica están de acuerdo con el sistema puesto que su accionar político se basa en vivir el momento y realizar actividades de autoconsumo en comunidades cerradas ajenas en su mayoría a los problemas de la sociedad bajo un discurso radicaloide, renunciando a crear movimientos de masas y ser una opción política, y por tanto, renunciar al objetivo final socialista o comunista libertario. Este anarquismo vivencial no es más que liberalismo radical. Del mismo modo se podría aplicar a otras tendencias que en la práctica no realizan ningún trabajo de base.

No obstante, las experiencias de economía colectiva y de infraestructuras libertarias no entran dentro de ese anarquismo viviencial si dichas experiencias se conectan con las luchas populares. Por ejemplo, el proyecto de Fraguas nació siendo vivencial pero a raíz de la amenaza de desalojo, se reconvertió en un proyecto de repoblación rural y recuperación de la memoria de ese pequeño pueblo. De la misma manera, Can Tonal (St Antoni de Vilamajor) es una experiencia de economía colectiva que participa también de las luchas sociales en el pueblo.

Ser opción de poder no significa tomar los aparatos del Estado, sino ser una opción política con capacidad material de implementar nuestro modelo de sociedad tomando, no solo los medios de producción y la economía, sino el control territorial y la administración política de la nueva sociedad: el socialismo libertario, entendido éste como modelo en el cual convivan diversos modelos como el colectivismo, el cooperativismo, el comunismo, entre otros. Es el modelo que tienen los territorios zapatistas, Rojava, los territorios mapuches, la Minga y los territorios naxalitas (maoístas de India, muy cercanos a lo libertario). En otras palabras, es recuperar la libertad y la soberanía de los pueblos: la capacidad de los pueblos para decidir su propio destino y todos los aspectos de la vida. El anarquismo que yo defiendo apunta a ésto. Recuperar la tradición socialista consiste en volver a nuestros orígenes, y así lo demuestran todas aquellas experiencias revolucionarias donde el anarquismo ha sido fuerza política protagonista.

La ética militante del movimiento kurdo y de cualquier proceso revolucionario queda reflejada en personas comprometidas con la causa del pueblo, las cuales asumen la responsabilidad de, no solo crear la tesis política de emancipación social sino materializarla. En el movimiento kurdo, esta figura de máximo compromiso es el quadro, quien posee formación política, capacidad de liderazgo y experiencias de organización comunitaria. De la misma manera, la figura del ‘organiser’ del sindicalismo revolucionario anglosajón (la línea sindical de IWW) son militantes sindicales y van allá donde se necesite organizar campañas y secciones sindicales. En los movimientos populares latinoamericanos se les denominan “líderes sociales”, que son personas motoras y activadoras de luchas populares, pues se dedican a organizar comunidades en lucha desde el arraigo territorial. Estos ejemplos de compromiso distan muchísimo de la actual cultura militante y demuestran el error de crear comunidades con base en la afinidad ideológica con nula proyección hacia el pueblo y cero arraigo territorial. Hay que hacer política para el pueblo y la clase trabajadora.

Tal propuesta de cambio de cultura militante es un proceso que nos debe interpelar a toda la militancia, es un planteamiento que debe llevarse a cabo desde el conjunto de las organizaciones anarquistas y de las diferentes organizaciones de masas del pueblo, la clase trabajadora y el conjunto de oprimides. Estar al lado del pueblo es nuestro deber y saber el encaje que tendremos en el futuro movimiento libertario.

Unas palabras finales

Recuperar nuestra memoria es clave para situarnos y conocer nuestro papel. He visto con rabia e impotencia cómo militantes libertarios acaban buscándose otros espacios políticos tras ver que nada cambiaba y tanto por el cambio de las circunstancias de vida personales, como tener problemas y necesidades a las cuales no encontrarán en la militancia libertaria, o como tener la necesidad de una militancia más a nivel político, se encontraron con el vacío. Caso es un compañero que antes llevaban la editorial Klinamen de Madrid que terminó en Más País (Héctor Tejero), es también Íñigo Errejón que vino de las JJLL de Madrid, de Jordi Martí Font o David Fernández que terminaron en la CUP, y otras más anarquistas que acabaron militando en los círculos de Podemos allá en 2014-2015.

Es un reflejo de que cómo las dinámicas autodestructivas de siempre terminan quemando a la gente y la militancia más válida acabe trabajando para otros proyectos políticos que no son el nuestro. Necesitamos ser una opción política real y no una suerte de paraguas donde caben todas las frikadas posibles haciendo del anarquismo una parodia de sí mismo y una estética de rebeldía adolescente. Es la única manera de salir del círculo vicioso de siempre: la militancia veterana se quema y se marcha, entra una generación nueva, reproduce las mismas dinámicas y cuando se dan cuenta de que no funcionan, están en minoría y al final acaban yéndose. Repitiéndose ese ciclo generación tras generación ya que nada se acumula y constantemente se reinventa la rueda.

Afortunadamente, en la actualidad estamos observando cambios positivos: tanto la CGT como la CNT están creciendo en afiliación y secciones sindicales, a la vez que se consolidan poco a poco las organizaciones políticas del anarquismo social. Cada vez hay más militancia anarquista participando en los movimientos sociales locales y están saliendo debates para organizarse político. Por tanto, hay un cambio positivo en la cultura militante, aunque es un proceso largo y requiere de consolidarla y materializarla en un movimiento libertario estructurado en organizaciones de distinto ámbito. Dar estos pasos hacia un anarquismo capaz de intervenir en la sociedad ahora es clave para construir nuestro futuro.

La coyuntura política actual está sufriendo cambios acelerados ante una creciente conflictividad social: desde el colapso de Líbano y Sri Lanka, pasando por la toma del poder de los talibanes, las revueltas populares en Latinoamérica y sus cambios de gobierno…, hasta las revueltas en Irán. Nos encontramos ante un mundo cada vez más multipolar. Occidente ahora mismo es el único bloque que aún preserva cierta paz social, pero tampoco exenta de movilizaciones sociales y huelgas (Francia y en menor medida Reino Unido en este último trimestre del 2022). La coyuntura post-covid en rasgos generales es de crisis a todos los niveles, y ya hay quienes apuntan que el colapso ya está en proceso.

Sin embargo, al capitalismo aún le queda vida por delante, vendiéndonos falsas promesas de un futuro próspero a la vez que continúa provocando guerras. La amenaza de la ultraderecha es real, la actual opinión pública está virando hacia la derecha. Del mismo modo, estamos contemplando el rearme y la reorganización de la ultraderecha. Todo ello con el horizonte del cambio climático, el fin de los combustibles fósiles y la escasez mundial de recursos.

La reacción al momento político que vivimos contrasta entre aquellos intentos de huida hacia adelante aparentando que todo va bien y que habrá futuro, y aquellas perspectivas de lucha contra la incertidumbre y construir un mundo nuevo. Si decidimos tomar el camino de luchar por el mundo que queremos hemos de recuperar la esperanza. Aspirar a ser opción de poder no es más que implementar el modelo de sociedad que queremos superando el capitalismo. Evitemos caer en el basurero de la historia como perdedores, necesitamos estar a la altura del momento histórico en que estamos y recuperar ese anarquismo capaz de articular movimientos populares de masas e implementar el socialismo libertario.

«CGT debería ser el sindicato de referencia para cualquier persona de la clase trabajadora», entrevista al secretariado de la CGT

Entre los días 9 y 12 de junio de este año, la Confederación General del Trabajo (CGT) ha celebrado en Zaragoza su XIX Congreso Confederal, bajo el lema Contra las desigualdades. Durante el mismo, además de considerar más de un centenar de ponencias de los afiliados, se ha elegido a un nuevo Secretariado Permanente (SP) para los próximos cuatro años. De las dos candidaturas que se presentaban, ha salido elegida la conocida como CGT para todas, liderada por Miguel Fadrique.

Desde Regeneración hemos querido hacer algunas preguntas al nuevo SP y desearle acierto en su labor para los próximos años. Responde a las preguntas, en nombre de todo el SP, su secretario de comunicación, Jose Alberto Villaverde, afiliado al Sindicat d’Administració Pública CGT Barcelona.

Antes de nada, queremos daros la enhorabuena por la victoria de la candidatura CGT para todas al Secretariado Permanente (SP) del Comité Confederal de la CGT. ¿Cómo estáis viviendo esta victoria? ¿Lo esperabais? ¿Os sentís respaldadas por la organización después de este resultado?

El resultado lo estamos viviendo con intensidad. Es un cambio grande a nivel personal para cada una de las personas que nos hemos presentado. Es una responsabilidad más en nuestro día a día y hay que reorganizarse para poder dar lo mejor de nosotras mismas al conjunto de la organización.

La verdad es que ha sido un resultado agridulce. Ha sido un trabajo de meses, incluso de años. El hecho de montar una candidatura desde la base no ha sido sencillo. Hemos tenido que poner encima de la mesa problemáticas y cuestiones con las que no ha sido fácil lidiar pero, al mismo tiempo, con un análisis común de cómo creemos que la CGT debía afrontar el futuro de la clase trabajadora. El hecho de sacar adelante el conjunto de acuerdos sociales y sindicales a los que hemos llegado es algo con lo que nos sentimos muy motivadas el equipo actual.

Contadnos un poco sobre quiénes sois y qué os llevó a presentar una candidatura propia al SP. ¿Hay más gente implicada o es un proyecto liderado únicamente por los miembros del SP?

Aunque el SP lo componemos 13 personas de diferentes sindicatos y de varios territorios y sectores, es importante que quede claro que no somos más que la cara visible de un proyecto muy amplio que pretende representar a toda la CGT. De hecho, muchas de las personas que inicialmente impulsaron este proyecto y esta candidatura no forman parte del SP puesto que es una candidatura colectiva.

Lo que nos llevó a presentar la candidatura fue la necesidad de rejuvenecer el sindicato, tejer redes con los movimientos sociales aportando una perspectiva sindical, estrechando lazos para trabajar codo con codo y abordar los problemas socioeconómicos de la clase trabajadora desde todas las visiones: bien para que te suban el salario 900€ o bien para que te bajen el alquiler 900€, estamos defendiendo derechos colectivos.

¿Qué objetivos os marcáis hasta el próximo congreso? ¿Hay algunas líneas que os gustaría desarrollar especialmente?

Lo que creo que debemos abordar es un proyecto común en lo que es la acción social y sindical, que responda a nuestras necesidades inmediatas haciendo frente a los recortes y opresiones bajo las que vivimos como trabajadoras en el mundo capitalista. En ese sentido, en este congreso se han aprobado ponencias importantes, por ejemplo la relativa a una huelga general el año que viene o aquellas que hablan sobre la estabilidad del personal en abuso de temporalidad en la administración pública, que es uno de los problemas a los que creemos que hay que responder con inmediatez desde el sindicato.

¿Cuáles creeis que son las principales amenazas y oportunidades que vamos a tener que afrontar el conjunto de la clase trabajadora en estos próximos años?

Nos encontramos en un escenario post COVID y en mitad de una guerra imperialista en Ucrania. Ambas situaciones nos han llevado a un aumento del gasto público y, por tanto, de la deuda pública, que nos conducen a un futuro escenario de crisis que pagarán las trabajadoras, como ya sucedió con la crisis de 2008. En este contexto, creo que el sindicato tendrá que afrontar y dar una respuesta contundente, con perspectiva de clase, en su debido momento y junto a la sociedad.

Creemos que esta es una de las situaciones que nos espera a nivel social y global. No hay que olvidar en todo esto la perspectiva internacionalista, porque no va a ser una crisis que haya que abordar solo a nivel del Estado español, en los diferentes territorios, sino que además habrá que hacerlo a escala global. Es fortalecer lazos con las diferentes asociaciones y sindicatos que comparten ideología y objetivos de forma amplia, para poder afrontar esta realidad de forma colectiva.

¿Qué puede aportar CGT al conjunto de la clase, y, como nuevo SP de la CGT, qué pretende aportar CGT para todas?

CGT para todas lo que pretende y ha pretendido en todo momento es mejorar la coordinación y el reparto de recursos dentro del sindicato, para mejorar y fortalecer nuestra acción sindical y social.

CGT para todas pretende estar al servicio de cualquier afiliada, para lo que necesite, y que ésta sienta que los medios del sindicato son suyos porque, de hecho, lo son desde todos los puntos de vista: el sindicato no tiene ningún sentido si no es de todas las personas que lo integran.

Una trabajadora cualquiera, ¿por qué debería apostar por afiliarse a la CGT?

Entendemos que CGT debería ser el sindicato de referencia para cualquier persona de la clase trabajadora que quiera tomar las riendas de su vida, que busque construir más y delegar menos con el objetivo de acabar con el sistema deshumanizador en el que vivimos. Las militantes de CGT trabajamos desde el apoyo mutuo, la solidaridad y la sororidad para destruir todas aquellas dinámicas individualistas y competitivas que rigen nuestras relaciones sociales. Tenemos claro que la fuerza de la clase trabajadora se basa en la unidad desde la horizontalidad y la igualdad entre todas las personas que la integran. Estos principios son el ADN de la organización.

Al respecto de la acción sindical, ¿qué aspectos positivos destacaríais del trabajo de la CGT en estos años y en qué aspectos os gustaría mejorar? ¿Alguna victoria de la que estéis especialmente orgullosas?

Uno de los primeros hechos que destacaría es la cantidad de movilizaciones que el sindicato ha sido capaz de encabezar. A pesar de toda la crisis del COVID, con lo que ha supuesto, hemos visto en algunos territorios manifestaciones masivas y huelgas que han funcionado y que el sindicato ha estado abanderando. Las movilizaciones del metal en Cádiz, por la estabilización del personal en la administración pública o los múltiples días de huelga en el sector de la enseñanza son ejemplos que para nosotras son escuela.

El hecho de responder socialmente y en colectivo a las necesidades concretas del momento es el camino para demostrar que nuestro sindicato es capaz de hacer unos buenos análisis de la realidad además de ofrecer la alternativa en las calles dando respuesta a las necesidades de la clase trabajadora.

¿Y respecto a la acción social y la relación con los movimientos sociales (vivienda, feminismo, ecologismo…)?

Por ejemplo, la verdad es que la experiencia que tenemos de colaboración con el sindicato de inquilinas es muy positiva. Es un movimiento que está creciendo, que demuestra que funciona, que consigue resultados tangibles y que responde a necesidades inmediatas. Además, comparte espíritu con CGT: desde abajo, plantando cara contra los grandes capitales que están expoliando este territorio, los fondos de inversión que están hurtando el derecho a la vivienda a las trabajadoras. El sindicato de inquilinas demuestra una capacidad de respuesta que es admirable y que creo que tiene que ser un espejo de lo que nosotras deberíamos llegar a hacer. Es necesario trabajar con movimientos como éste que dan ejemplo de cómo afrontar el futuro de esta sociedad. Porque si no nos enfrentamos contra el Estado, que es quien protege a todos estos grandes capitales, no hay una alternativa real. No existe un mundo mejor sin poner en duda todos estos poderes fácticos que benefician a los grandes capitales en contra de la clase trabajadora.

Otro ejemplo que no puedo dejar de destacar son las compañeras feministas en todo el Estado poniendo en jaque al capital. Cada feminicidio tiene una respuesta colectiva, cada día no cesan en señalar al patriarcado como aliado indiscutible del sistema. Entendemos que más allá de que muchas afiliadas y militantes del sindicato participen en los espacios del movimiento feminista, como pueden ser todas las asambleas feministas de barrios, pueblos y ciudades en todo el territorio, es necesario que su sindicato, la CGT, sea feminista y les de el apoyo necesario para que sigan luchando por un mundo nuevo donde las relaciones entre las personas sean entre iguales.

¿Alguna cosa que os gustaría añadir?

Nos gustaría añadir un agradecimiento a todas las personas que han estado colaborando y que han puesto su granito de arena para que este proyecto salga adelante. También a todas aquellas que siguen apoyando y seguirán estando ahí para que el sindicato sea realmente un actor principal en la defensa de la clase trabajadora, para que realmente lleguemos a emanciparnos socialmente. No desistiremos en sacar este proyecto adelante. Aunque el enemigo sea más grande nosotras somos más y estamos mejor organizadas. Animamos a toda la afiliación, y a las personas que se lo estén pensando, a que participen en este proyecto de forma activa.

Muchas gracias.

Gracias a vosotras. Suerte y acierto.

Las relaciones entre la AIT y la CNT durante la Guerra Civil española

Miguel G. Gómez (@BlackSpartak) para alasbarricadas.org

Foto: Delegados del Congreso de 1922-23 de la AIT. Berlín. Fuente: La Alcarria Obrera.

El anarcosindicalismo ha sido – y es – la mayor corriente relacionada con las ideas anarquistas. Su característica principal es la fusión de unos principios claramente anarquistas con un movimiento de masas, el movimiento obrero. Además, sus organizaciones se declaran abiertamente comprometidas con el objetivo final: el comunismo libertario. Su táctica principal es la acción directa, aunque como veremos aquí, de todo hubo.

En este artículo veremos los debates del movimiento sindicalista revolucionario a lo largo de sus décadas de mayor esplendor y nos centraremos en su actuación, a nivel internacional, durante la Guerra Civil española, que supuso su mayor prueba a todos los niveles.

Los primeros años

Desde finales de la primera década del siglo XX, el sindicalismo revolucionario pretendía organizarse a escala internacional. Como heredero de la Primera Internacional esta opción socialista – el sindicalismo – carecía de organización global. En cambio, la Segunda Internacional ya disponía de un Secretariado Internacional de Centrales Sindicales desde 1893. De esta manera, logró atraerse sindicatos que no estaban dirigidos por corrientes socialdemócratas como la CGT francesa y el National Arbeids Sekretariaat, NAS, holandés.

Sin embargo, tras el Congreso Anarquista Internacional de Ámsterdam de 1907, la organización holandesa decidió abandonar la Internacional Sindical Socialista y lanzó la propuesta de crear una nueva organización que reuniese el sindicalismo revolucionario a escala internacional. En cambio, la CGT ignoró esta propuesta prefiriendo mantenerse en la Internacional Sindical Socialista.

Tras varios preparativos que se alargaron años, el primer encuentro se tenía que realizar en Londres, en febrero de 1913. Se cursaron invitaciones a militantes sindicalistas de numerosos países. Sin embargo, los franceses no estaban por la labor. La CGT era crítica de la propuesta y pretendía preservar la unidad del movimiento obrero, mientras que otros militantes cegetistas libertarios franceses que sí que apoyaban el congreso pidieron aplazarlo. Querían más tiempo para convencer a sus compañeros más reacios.

Finalmente, el congreso se celebró el 27 de septiembre. Participaron 38 delegados pertenecientes a 65 organizaciones y periódicos obreros con una representación aproximada de 250.000 afiliados entre todas. Por contraste el sindicalismo socialista reunía 7 millones ese mismo año. Este congreso culminó con una declaración de principios y la creación de un Buró Internacional con sede en Ámsterdam. Por desgracia, el estallido de la guerra mundial dio al traste con todo el proyecto.

Las circunstancias excepcionales de la guerra desorganizaron todo el movimiento obrero afín al sindicalismo revolucionario. Cada organización tuvo que hacer la lucha por su cuenta y se perdieron los contactos durante años. Quizás la excepción a esta situación fue el Congreso de la Paz de El Ferrol, celebrado en 1915 e impulsado por el movimiento libertario ibérico.

Sea como sea, el movimiento sindicalista revolucionario llegó a 1918-19, años donde las revoluciones estallaban en todas partes, sin organización internacional. Pero esto no quitaba para que no estuviese vinculado a un proceso de revolución mundial. Hay muchos casos de huelgas declaradas en solidaridad con la Revolución rusa, tales como las que impulsó la FAUD alemana, por ejemplo.

En esta etapa se podría decir que la oleada revolucionaria mundial benefició a las organizaciones sindicalistas revolucionarias, pero éstas no se consiguieron organizar a escala mundial hasta que no fueron convocadas por los bolcheviques en 1921, como ahora veremos.

El nacimiento de la AIT

La Revolución Rusa benefició a todas las ramas del socialismo que utilizaban métodos revolucionarios para llegar al socialismo. Este ambiente impulsó sobremanera el anarquismo y el sindicalismo revolucionario, como ramas antiautoritarias del socialismo. Aunque no hubiese casi ningún conocimiento de primera mano entre 1917 y 1919, sobre cómo se desarrollaba la revolución en Rusia, ésta servía como aliciente para propagar la idea de la revolución por la revolución. Era un hecho histórico incontestable: el proletariado ruso había logrado derrocar el zarismo. Rusia significaba que se podía vencer. Era un símbolo poderosísimo.

En general, todos los sindicatos de izquierda aumentaron su afiliación de forma exponencial. Haciendo un cálculo rápido podemos contabilizar la corriente sindicalista revolucionaria en algo más de dos millones de adherentes entre 1919 y 1920. Evidentemente no había una simetría a nivel global. Había países con sindicatos muy relevantes (España, Italia, Portugal y Argentina, sobre todo) y muchos otros donde estas ideas eran más bien secundarias y no tenían posibilidades de generar las condiciones para una revolución social.

La convocatoria del Primer Congreso de la Internacional Sindical Roja en Moscú, el 3-19 de julio de 1921, fue un punto de partida para la reorganización del sindicalismo revolucionario a escala mundial. El Congreso de Moscú organizó una internacional sindical afín al comunismo bolchevique que recibió el nombre de Profintern. Pero en aquella ocasión también se pudieron ver las caras determinados sindicalistas de tendencia libertaria, tales como Armando Borghi de la USI italiana, Agustín Souchy de la FAUD alemana, Ángel Pestaña de la CNT española o Gregory Maximov de los sindicatos rusos. De hecho, incluso los sindicatos comunistas de numerosos países estaban constituidos en ocasiones por antiguos militantes sindicalistas revolucionarios, militantes que durante estos años se “bolchevizaron”.

Como tantas veces, la falta de una organización internacional bien estructurada se puso de manifiesto. El movimiento libertario carecía de estos elementos de coordinación que hacían fuertes a otras corrientes socialistas. Por ejemplo, el Congreso de Moscú se posicionaba abiertamente contra la tendencia reformista de la Internacional Sindical de Ámsterdam, de tipo socialdemócrata.

Así pues, se hizo necesario crear una nueva estructura internacional que aglutinase a la corriente sindicalista revolucionaria. De esta manera se celebró en Berlín, entre el 25 de diciembre de 1922 y el 2 de enero de 1923, el Primer Congreso de la Asociación Internacional del Trabajo. Se recogía a propósito el nombre oficial de la Primera Internacional.

Organizaciones representadas:

Federación Obrera de la Región Argentina
Argentina 200.000
Trabajadores Industriales del Mundo
Chile 20.000
Unión para la Propaganda Sindicalista
Dinamarca 600
Freie Arbeiter Union Deutschland
Alemania 120.000
Unione Sindacale italiana
Italia 500.000
Confederación General del Trabajo
México 30.000
Norsk Syndikalistik Federation
Noruega 20.000
Confederaçao Geral do Trabalho
Portugal 150.000
Sveriges Arbertares Centralorganisation
Suecia 32.000
National Arbeids Sekretariaat
Países Bajos 22.500
TOTAL 1.095.100

Los datos proceden de Rudolf Rocker. Es posible que exagerase las cifras de algunos países. Sin embargo, al faltar la mayor organización, la CNT española – que podría tener medio millón de afiliados en aquel 1923 – sin duda se eleva el número de trabajadores representados hasta más de millón y medio. Rocker además, indica que envió su adhesión la Coordination Sindicaliste Revolutionaire de Francia, que por aquel entonces aglutinaba unos 100.000 sindicalistas más. Era una red de sindicatos radicalizados que aún pertenecían a la CGT. Otro sindicato que no figura es Industrial Workers of the World, que tenía decenas de miles de afiliados, pero que en esos momentos sufría una represión gubernamental, llamada “Red Scare”.

La característica más importante de esta nueva organización era la declaración de plena autonomía de los sindicatos respecto de los partidos políticos. De hecho, se entendía que el sindicato mismo tenía una personalidad política propia. Los sindicatos eran a la vez una organización social y una organización política. El sindicalismo revolucionario tenía la propuesta de organizar la sociedad post-revolucionaria en base a los sindicatos. Por tanto, éstos tenían que tener una visión global de la sociedad.

El desarrollo del sindicalismo revolucionario en los años 20

Como punto de partida, este anarcosindicalismo (que en su mayoría aún era conocido como “sindicalismo puro” o sindicalismo revolucionario) no tenía mucho que envidiar a la Internacional Sindical Roja. Si bien esta era mayor – el Profintern declaró 17 millones de adherentes en su primer congreso de 1921 –, si solamente contemplamos los que había fuera de la Unión Soviética, entonces los números se acercaban a los de la AIT, aunque es cierto que los mejoraban.

Sin embargo, el mayor problema de la AIT obedecía a haberse fundado en un momento en el que las cosas se empezaban a calmar. El ciclo abierto en 1917 se cerraba. En algunos países se estaban dando desafiliaciones masivas, en otros los gobiernos hicieron algunas concesiones y cooptaron el sindicalismo, mientras que en otros lugares la respuesta fue el autoritarismo y la dictadura militar. Este último caso golpeó a tres de las principales organizaciones anarcosindicalistas: a la italiana, la portuguesa y la española. Todas quedaron fuera de juego entre 1923 y 1926.

Otro factor esencial fue la irrupción de la corriente comunista en el sindicalismo internacional. No pocas centrales sindicales que acabaron en la ISR habían tenido unos inicios anarcosindicalistas. La falta de militantes libertarios solventes, con buena formación y organizados específicamente se hizo notar, y el movimiento anarquista no tuvo nada que hacer ante militantes comunistas preparados para tomar las estructuras sindicales y arrastrarlas hacia el proyecto bolchevique. De alguna manera esta toma del sindicalismo por parte de los comunistas fue el motivo de la aparición de muchas organizaciones anarquistas en los años 20. O el anarquismo se organizaba o quedaría totalmente arrinconado ante el auge comunista.

En la segunda mitad de los años 20 el foco se trasladó hacia América Latina. Allí floreció una segunda oleada de anarcosindicalismo, incluso introduciéndose en nuevos países: Bolivia, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Perú o Paraguay. Mientras que siguió gozando de cierta fuerza en los anteriores bastiones de Argentina, Brasil, Chile, Cuba, México y Uruguay. Para aglutinar este movimiento, en 1929 se creó la Asociación Continental Americana de Trabajadores, ACAT.

Sin embargo, el desarrollo del anarcosindicalismo en estos países se vio truncado por la división del movimiento obrero en ramas que competían entre sí: anarquistas, anarcosindicalistas, comunistas, liberales, sindicalistas puros y socialistas, fundamentalmente. La división del movimiento obrero lo debilitó ante la nueva oleada reaccionaria que golpeó el continente americano en aquellos años. Las dictaduras militares trataron muy duramente al movimiento libertario. No estaba preparado para una clandestinidad sin medios y ante una competencia creciente de otras fuerzas que sí disponían de ellos. Por si fuera poco, algunos dictadores jugaron muy bien sus cartas y favorecieron un sindicalismo populista de unidad nacional, que en pocos años sería hegemónico en algunos países.

En cuanto al sindicalismo comunista, la Internacional Sindical Roja no volvió a celebrar congresos desde 1929. Los sindicatos quedaron totalmente sometidos a los intereses del Partido y del Komintern. Y esos intereses en 1937 pasaron por liquidar esa internacional sindical e integrarla en la Federación Sindical Internacional que dirigía la socialdemocracia y que los bolcheviques llamaban peyorativamente Internacional de Ámsterdam.

El declive de los años 30

Para 1931, la AIT era esto:

Secretariado de la AIT: Rudolf Rocker, Agustin Souchy, V. Orobón Fernández.

Freie Arbeiter Union Deutschland Alemania Rüidiger y Karl Windhof
Oficina Internacional Antimilitarista Países Bajos Albert De Jong
Confederaçao Geral do Traballho Portugal Manuel Joaquim de Souza, Juan Miranda
Asociación Continental Americana de Trabajadores (A.C.A.T.) América Latina Diego Abad de Santillán, Ismael Martí
Federación Obrera Boliviana Bolivia Jerónimo Rodríguez
Federación Obrera Regional Uruguaya Uruguay Joaquín Cortés
Confederación General del Trabajo Sindicalista Revolucionaria (C.G.T.S.R.) Francia Pierre Besnard, Lucien Huart
Confederación Nacional del Trabajo España Avelino González, Eusebio C. Carbó
Agrupación Obrera de Estudios Sociales Costa Rica José Alberola
Grupos varios Bulgaria P. Wassilief. [Pano Vasilev]
Sveriges Arbetares Centralorganisation (S. A. C.) Suecia A. Jensen
Nederlandsch, Syndikalistich (N. S) Países Bajos Wolthuis Rousseau, J. Woaci
Fondo de Socorro ruso Rusia Poliakoff
Federación Anarquista Polaca Polonia Soundy

Estas eran las organizaciones representadas en el Congreso de Madrid, celebrado el 16-21 de junio de 1931. La mayoría de las organizaciones representadas eran ya una sombra de las que se reunieron en Berlín. Otras eran grupos no sindicales, como las secciones de Costa Rica, Holanda, Polonia o Rusia. Se decía en la prensa libertaria que en este congreso asistieron delegados que representaban 600.000 afiliados. No obstante, la CNT española constituía un grueso de 535.565 afiliados, contabilizados en el congreso que realizó la CNT en Madrid en aquellas semanas. Si bien es cierto, que años después, despuntó el anarcosindicalismo en otros lugares, tales como Bulgaria o Polonia, lo cierto es que en 1931 la AIT era bien poca cosa.

A finales de 1932, el ruso Alexander Shapiro fue enviado a Barcelona para mediar en el conflicto interno que separaba la CNT entre treintistas (partidarios de una línea moderada, de carácter sindicalista) y faístas (partidarios de la FAI, de la línea revolucionaria). El Secretariado – procedente de Ámsterdam – estuvo residiendo un tiempo en Barcelona con Eusebio Carbó y Valeriano Orobón como miembros. Con esta composición, la AIT no tomó partido por ninguno de los dos bandos y trató de desempeñar un papel conciliador.

Aun así, en pleno octubre de 1934, estando Asturias en plenos combates revolucionarios, Shapiro presentó un informe sobre el funcionamiento de los comités de defensa hasta entonces. En él se criticaba ampliamente la táctica insurreccional seguida hasta entonces, que había sido de improvisación constante y que había dejado exhausta la Organización confederal, dejándola casi fuera de juego ante una revolución proletaria como la que se vivía en esos mismos días.

Aunque este informe estaba alineado con la postura mayoritaria dentro de la CNT de aquellos meses, en los que se terminó abandonando la táctica insurreccional en beneficio de algo más sólido, hacemos notar que estaban tomando partido por un sector de una sección de la Internacional.

En paralelo, en aquellos mismos años, se estaban desarrollando otros debates respecto a forma que tendría que tener la organización específica libertaria. Fueron los años de los debates sobre la Plataforma de Makhno, Archinov e Ida Mett. Era una propuesta organizativa para la militancia anarquista. Pedían la unión general de los anarquistas en una organización y que establecieran un programa de acción basándose en una unidad táctica y estratégica y asumiendo una disciplina interna.

Esta propuesta fue combatida por considerarla autoritaria por Malatesta o Sebastian Faure, quienes propusieron un anarquismo de síntesis, que combinase distintas formas de entender el anarquismo juntando desde individualistas hasta sindicalistas. Esta última propuesta fue muy del gusto de las corrientes libertarias no obreristas, más partidarias de generar estilos de vida libres que de organizar a la clase trabajadora.

La Plataforma tuvo repercusión en Francia a través de Union Anarchiste y en Bulgaria, con la Federación Anarquista Comunista de Bulgaria, que inició su propio proceso revolucionario – que no pudo culminar. No solo esto, sino también hubo otros compañeros de ruta del “plataformismo”, del estilo British Anti-Parliamentarist Communist Federation, la Federación Anarco Comunista Argentina y la también argentina Asociación Obrera Spartacus. Eran organizaciones específicas de raíz anarquista que buscaban la intervención estratégica allí donde lo estimaran oportuno (en el movimiento obrero, en los barrios, en el movimiento campesino o entre la juventud) y bajo la táctica que estimaran más conveniente a sus ideas. Por ejemplo, el anarquismo búlgaro impulsó sindicatos campesinos y obreros, y luego guerrillas. El comunismo libertario francés apostó por militar en la CGT socialista, olvidándose de la CGTSR anarcosindicalista, a la que veían en plena deriva hacia la marginalidad y el dogmatismo.

Parecido proceso al francés tuvo lugar en Argentina, con una FACA y una AOS orientadas a la organización de sindicatos industriales sin meterse en la FORA, que entendían anquilosada y anclada en el gremialismo. La particularidad de la FORA era su auto-consideración como organización anarquista. Es decir, el “forismo” entendía el sindicato como organización anarquista en sí mismo. Esto lo hacía distinto del resto del anarcosindicalismo, que entendía que los sindicatos eran una cosa y las organizaciones anarquistas otra distinta (lo que se conoce como “dualismo organizativo”). Como se ve, son dos líneas tácticas distintas. Aún hoy en día existen sindicatos anarcosindicalistas que se tienen más bien las características de un grupo anarquista, antes que de un sindicato. También podemos mencionar la Federación Anarco-Comunista de Corea, que en 1929-31 realizó una revolución, aunque era desconocida por completo en Europa y América.

Para 1935, la AIT celebró un congreso en París. Era el punto más bajo para el anarcosindicalismo desde su fundación. La única función relevante del congreso fue sustituir el Secretariado, que recayó en Pierre Besnard, Helmut Rüdiger y el español Nemesio Galve. No hubo ninguna referencia sobre el congreso en la prensa confederal más destacada en España. La mayor parte de las declaraciones de la AIT se centraron en condenar la invasión de Etiopía por parte de la Italia fascista.

Pero en el año 1936 la situación cambió radicalmente. En Francia el Frente Popular, compuesto por una coalición de republicanos de izquierda, socialistas y comunistas, ganó las elecciones el 3 de mayo. Este pacto se combinó con la fusión de las dos centrales sindicales más importantes, la CGT, socialista, y la CGTU, comunista. A los pocos días de las elecciones, desde el 11 de mayo, se desató por todo el país una lucha de clases de una escala nunca vista con anterioridad. Se produjeron unas 17.000 huelgas, en las que participaron unos 2,5 millones de trabajadores. Además, en muchos centros de trabajo, unos 300, la plantilla decidió ocupar las fábricas evitando la entrada de esquiroles o cierres patronales (lock-outs). Las huelgas terminaron con la firma de un acuerdo entre el nuevo gobierno de Léon Blum y la CGT que mejoró las condiciones.

En la extrema izquierda este momento se vivió como una etapa pre-revolucionaria. La CGTSR anarcosindicalista, que no entró en el proceso de fusión de la CGT ganó nueva afiliación llegando a 8.000 afiliados (otras fuentes lo rebajan a 5 o 6.000), mientras que Union Anarchiste, llegó a 4.000 adherentes. La militancia de esta organización, la UA, estuvo activa dentro de la CGT mayoritaria y consideraba la organización anarcosindicalista como un grupo sectario con el que era difícil entenderse. Indiquemos que la CGT contaría con cuatro millones de afiliados a finales de ese año.

Otro caso fue Portugal. En enero de 1934 comunistas y anarcosindicalistas lanzaron una huelga general insurreccional, que no tuvo éxito, aunque tuvo el país en vilo durante semanas. El estado luso vivía una dictadura militar asfixiante. Para 1936, antes de la Guerra Civil española, hubo algunos motines entre los marineros e incluso un barco de la marina lusa llegó a izar la bandera roja.

Estas informaciones eran recogidas en la prensa confederal española, así como importantes huelgas en Estados Unidos, Argelia, Argentina o México, intentos revolucionarios en Brasil o Paraguay y numerosos golpes de estado y hasta magnicidios. Eran años muy movidos y de gran violencia política.

Y de esta forma llegó la guerra civil.

La guerra y la revolución

A nivel práctico, el mismo 22 de julio, Agustín Souchy propuso la creación de la Oficina de Propaganda Exterior de la CNT-FAI. La confederación confió en el alemán. Souchy fue el representante de la AIT en Barcelona durante los primeros meses. Desde bien pronto se editaron boletines en diversos idiomas desde los que se difundían noticias de la guerra, de la política y de la revolución. Hubo boletines en francés, inglés, sueco, alemán, portugués, esperanto, búlgaro, ruso y uno especial para América Latina. Así pues, la AIT participó desde el comienzo en las iniciativas del anarcosindicalismo ibérico tanto en la propaganda como en el envío de ayuda material.

A nivel político, en julio de 1936 la CNT-FAI renunció a tomar el poder estableciendo un pacto antifascista con otras fuerzas políticas y sindicales. En las zonas que podía influir apoyó o impulsó la revolución social. En ningún momento puso en cuestión la continuidad de la República. Eso sí, entendían que la guerra había dado lugar a un nuevo modelo de país, de carácter federal y socialista, sobre el que influían en buena manera. Esta opinión se concretó en el Pleno Nacional del Movimiento Libertario de España (entiéndase por ello, la coordinación entre CNT, FAI y Juventudes Libertarias) de septiembre de 1937. El Movimiento acabó adoptado el modelo de República Federal, que en la práctica implicaba implantar una especie de “estado sindical” en las zonas que controlaban. Ahora lo veremos.

Antes de eso, en noviembre de 1936 la CNT entró en el gobierno de la República y la organización anarcosindicalista pasó a controlar cuatro ministerios. Esta decisión fue del desagrado del Pleno Internacional de la AIT, celebrado en aquellos días. La entrada en el gobierno también provocó protestas por la base, que opinaba que la CNT-FAI estaba renunciando a su programa del Congreso de Zaragoza (mayo de 1936), que consistía en implantar el comunismo libertario en todo el país. Aunque no entraremos a especificar estos conflictos internos, cabría indicar que tuvieron su apogeo entre abril y agosto de 1937. Del mismo modo, la AIT acataba la decisión de la sección española debido a las condiciones anómalas de la guerra, pero también afirmaba que debía “tomar en sus manos” la propaganda exterior, si bien de acuerdo con la CNT.

Otro factor de discordia fue la aceptación de la militarización de las milicias por parte de la CNT y la FAI. Los anarquistas extranjeros la rechazaban, aunque finalmente la acataron a regañadientes. Así, por ejemplo, la Sección francesa de la CNT (es decir, franceses que vivían o fueron a España durante la guerra) celebró una asamblea sobre este asunto. Se aceptó que quienes rechazasen la militarización abandonaran las milicias, mientras que el resto se militarizaría sin causar problemas. Esto ahondó aún más las diferencias tácticas entre la CGTSR y la CNT. Y como era la sección francesa la que dominaba la AIT, esta división se convirtió en una cuestión oficial. En Francia incluso se llegó a crear en mayo de 1937 una Association Révolutionnaire des Milicies d’Espanges, ARME, que agrupaba milicianos retornados, algunos huyendo de la persecución de los estalinistas y otros desanimados por lo que entendían como renuncias o hasta traición de la CNT a los principios.

En abril, por acuerdo de la AIT, Rüdiger pasó a encabezar la Oficina de Propaganda, destituyendo a Souchy en contra de la opinión de la CNT. Es de notar que ambos estaban enemistados. La CNT protestó diciendo que el nuevo delegado de la AIT actuaba como si la Internacional estuviese al mando de la propaganda. Como hemos visto, en noviembre así lo había acordado la Internacional y así se le informó al delegado de la CNT en una reunión en París. La AIT quería ejercer el control sobre la propaganda exterior. El secretariado de esta Oficina estaba compuesto, además de Rüdiger (por la AIT), por Joaquín Cortés (por la FAI) y Martín Gudell (por CNT). Había en nómina entre una docena y veinte personas.

Respecto a la ayuda humanitaria, la CNT se dio cuenta que necesitaba un organismo más ágil que la AIT para canalizarla mejor. Hasta entonces cada sección de la AIT (en especial Argentina, Uruguay, Francia y Suecia) crearon comités de solidaridad que recogían aportaciones económicas y materiales que enviaban a España. El flujo de voluntarios internacionales para las milicias iba por otros cauces.

Viendo el tremendo éxito del Socorro Rojo Internacional, controlado por la Internacional Comunista, al que incluso recurrían algunas unidades militares anarquistas y al que estaban afiliados no pocos confederales, la CNT-FAI decidió lanzar su propia organización humanitaria. En el mes de abril la documentación interna se refería a esta futura entidad como la Sociedad de Amigos de la Revolución Española. El informe comentaba que “las organizaciones puramente anarquistas o anarcosindicalistas, no constituyen en ningún país, salvo en Suecia, una fuerza apta para este trabajo; estas organizaciones no representan más que una ínfima minoría de obreros y sus mítines no atraen más que el interés de pequeños grupos simpatizantes”. Aunque esencialmente cierto, esto último podría ser injusto para el esfuerzo real que hicieron las organizaciones libertarias, en especial las de Argentina, Estados Unidos, Francia y Uruguay. La CNT veía que el discurso oficial en el exterior era el de una guerra entre el fascismo y la democracia. Necesitaba de una mayor proyección de su ideario. Por eso requería de una nueva organización internacional que ampliase su base social.

El 27 de mayo se constituyó definitivamente esta organización, llamada Solidaridad Internacional Antifascista, SIA. Detrás de ella estaba el Movimiento Libertario Español. La SIA estaba planteada como organismo separado de las organizaciones anarcosindicalistas y sus secciones tenían que estar presididas por alguna personalidad destacada del movimiento anarquista. Y, por supuesto, no podía haber dentro grupos que hiciesen propaganda comunista.

Y a todo esto, la CNT en su Pleno Nacional de Regionales del 29 de mayo de 1937, indicó que la sede de la AIT debería residir en España, quedando en París un secretariado dependiente de la sede española. Ahí se lanzaba un órdago. A su vez, la AIT celebró un Pleno en París unos días después, el 11-13 de junio, con delegados de Suecia, Holanda, Francia, Italia, Polonia, Bélgica y Chile. La resolución pedía que la CNT “permaneciera fiel a los principios y doctrinas de la AIT”. La sección española se abstuvo, puesto que en esos días iba a pedir su reingreso en el gobierno (había salido del gobierno republicano tras los Hechos de Mayo). La ruptura estaba en el aire.

Planteamiento del conflicto entre la sección francesa y la española

Ahora trataremos el conflicto de intereses entre la sección francesa y la española dentro y fuera la AIT. El conflicto tiene una base ideológica: la sección francesa denunciaba que CNT había aceptado entrar en el gobierno de la República y al hacerlo había pisoteado los principios anarquistas más elementales. Por el contrario, la CNT defendía que entrar en el gobierno era defender la revolución social de sus oponentes contrarrevolucionarios. Pero también hay un trasfondo político en este conflicto, el control de la AIT por una u otra organización. Estos problemas se dirimían también en Francia de otras maneras.

En agosto de 1936, la Federación de Grupos Anarquistas de Lengua Española en Francia (que formaba parte de la FAI ibérica) propuso crear un comité unitario para apoyar la revolución española. La CGTSR, la Federación Anarquista Francesa y Union Anarchiste (UA) entre otras entidades menores, se unieron para crear el Comité anarcho-syndicaliste pour la défense et la libération du prolétariat espagnol.

Antes de nada, hay que decir que la UA había acordado, en su congreso de abril de 1936, favorecer el entendimiento con otras fuerzas de izquierdas para combatir el fascismo. Más tarde, ya durante la guerra española, sufrió una escisión por parte de un sector de militantes que se quejaban del excesivo obrerismo de esta organización específica. Esta escisión se constituyó como la Federación Anarquista Francesa, organización de síntesis anarquista.

El motivo final de la ruptura entre UA y CGTSR fue el mitin celebrado el 23 de octubre de 1936 en París ante 15.000 personas. Lo organizaba la UA y estaba presidido por su secretario, Louis Lecoin. En la tribuna participaron Magriñá, Travall y Mavilla por la CNT, Jaume Miravitlles por ERC y Julián Gorkin por el POUM. Pero también tomaron parte las organizaciones francesas: Jean Zyromski por la SFIO socialista, Josse de Jeunes y Léon Jouhaux por la CGT. Esta presencia horrorizó a la CGTSR. Aunque estaba invitado, Besnard declinó su participación en el evento. Desde el punto de vista de la UA este mitin era la conclusión lógica del proceso de creación de un frente revolucionario. En cambio, la CGTSR veía en Jouhaux su bestia negra, ya que fue impulsor de la “Unión Sagrada” de 1914 que se llevó a más de un millón y medio de franceses a la tumba en la Gran Guerra.

En definitiva, todo esto acabó provocando la expulsión de la UA del Comité Anarcho-syndicaliste. Así que ésta decidió crear por su cuenta el Comité pour l’Espagne Libre. Y este nuevo comité recibió el apoyo de la CNT-FAI en 1937. La CEL realizó numerosos actos en apoyo de la causa de la CNT-FAI, destacando el mitin de Federica Montseny y Joan García Oliver en París, en junio de 1937. En él defendieron la postura oficial de la CNT y unos militantes de la CGTSR presentes en el acto protestaron. Éstos a su vez fueron tratados de “fanáticos”. Además, en el mes de mayo desapareció la Sección francesa de la CNT por desavenencias internas entre los partidarios de cada sector.

En octubre, tras un congreso de la UA, la CEL se transformó en la sección francesa de la Solidaridad Internacional Antifascista, ampliándose a otros sectores libertarios, sindicalistas e incluso socialistas. Llegó a contar con 45.000 personas asociadas (otras fuentes dicen que 15.000) y sobrepasó ampliamente el público al que podía llegar el movimiento libertario francés. No pretendía ser una Cruz Roja, sino una organización humanitaria revolucionaria. Estaba presidida por Louis Lecoin, director de Le Libertaire y militante destacado de la UA.

Pero volvamos a España. En Valencia, el 17 de septiembre, el antes mencionado Pleno Nacional de Regionales del Movimiento Libertario de España (CNT-FAI-FIJL), llegaba a la conclusión que el Movimiento solamente contaba con sus propias fuerzas. No le iba a llegar apoyo sustancial de ningún país como para cambiar la correlación que sufría en su contra. Por ello, el Movimiento Libertario se sintió impulsado a hacer un cambio drástico de planteamientos, caminando hacia una mayor centralización y renunciando definitivamente al programa comunista libertario del Congreso de Zaragoza.

A partir de entonces la CNT-FAI-FIJL aparecieron defendiendo la República Federal Socialista y un socialismo corporativo y de base sindical. En su cuerpo teórico aparecía claramente el sindicalismo vinculado al nuevo modelo de estado, en lo que algunas ocasiones calificaban de “estado sindical”.

Es decir, al Movimiento Libertario Español ya no le aportaba demasiado el internacionalismo libertario, al contrario, le estaba dando problemas ya que éste daba alas a una oposición interna de carácter revolucionario (Los Amigos de Durruti, periódico Acracia, sectores de las Juventudes Libertarias, etc.) que cuestionaba las decisiones estratégicas y la forma de funcionar de los comités dirigentes del Movimiento.

Por ello, al aparecer grupos internacionales que compartían su estrategia de frente internacional antifascista y que le concedían su apoyo sin condiciones (tales como la FACA argentina, la UA francesa o la SAC sueca) la CNT-FAI apostó por profundizar en esta colaboración mediante la SIA.

Pero aún existía la AIT.

El congreso de la AIT de 1937

Del 6 al 17 de diciembre de 1937 tuvo lugar el Congreso Extraordinario de la AIT en París. Había diversas materias a resolver. Entre otras, valorar la actuación de la CNT española.

En este sentido, meses antes, en ese contexto de mal ambiente, el secretario Besnard había enviado a las secciones una circular en donde se hacían cinco preguntas. En ellas se puede observar un cierto grado de hostilidad:

1.- ¿Debe entregar la Secretaría de la AIT al Delegado de la CNT todas las cantidades recibidas para el fondo internacional antes del 11 de junio de 1937 y el 80% desde aquella fecha aún si los dirigentes no responden a las cartas de la AIT o si ellos informan que la CNT se separa de la AIT?

2.- En caso de retiro, ¿debe la Secretaría exigir que las cuotas que debe la CNT de los años 1936 y 1937 sean pagadas? La CNT no ha pagado ninguna cuota desde la fundación de la AIT.

3.- ¿Debe la Secretaría de la AIT considerar la existencia de una oposición dentro de la CNT? ¿una oposición que podría cambiar la orientación de la Central española y afirmar la adhesión de la CNT a la AIT?

4.- Si la CNT se retirase de la AIT, ¿Qué actitud tomaría entonces esta oposición en cuestión de las doctrinas, decisiones y principios de la AIT o en cuestión de las decisiones de sus Congresos y Plenos? ¿Debe la Secretaría, entonces, darle su apoyo pecuniario del fondo internacional de la AIT?

5.- Finalmente, ¿en caso que consideréis imposible responder a estas preguntas y si la CNT no responde a las cartas o informa de su retirada de la AIT, ¿debe esta secretaría convocar dentro de dos meses un congreso extraordinario de la AIT, el cual reemplazará al congreso ordinario de 1938, para discutir la situación creada?

La circular está fechada el 13 de julio de 1937. Por tanto, los meses siguientes presenciaron un intercambio de circulares de respuesta y contra-respuesta, con acusaciones veladas de unos a otros, y con la defensa de la SAC a la CNT.

Ante la afirmación de no haber pagado ninguna cuota a la AIT desde la fundación de la Internacional, la CNT se defendió sacando a la palestra su complicada historia, cargada de épocas de ilegalidad. Además, argumentaban en su favor haber donado 50.000 francos a la Internacional en abril de 1937, que fueron destinados a propaganda y difusión. Cierto es que esto era un donativo y no una cuota.

Ante esta circular, que insinuaba que la CNT iba abandonar la AIT, tanto la SAC como la CNT respondieron que esto era un asunto interno y que la AIT no debería inmiscuirse. De seguir así las cosas entendían que la AIT podría favorecer una escisión apoyando sectores de la oposición revolucionaria y esto no era lo que tocaba en ese momento. La CNT pedía un cierre de filas.

La CNT envió una circular de respuesta respondiendo al ataque. Lo más interesante del documento es que pedía el relevo de Besnard. En el intercambio de misivas de aquellas semanas previas al Congreso, cabe destacar una carta de Rudolf Rocker a Helmut Rudiger, en la que entendía como un desastre que la AIT le volviera la espalda a la CNT, cosa que implicaría la disolución de la Internacional. Pero ésta no estaba muy boyante por entonces: las únicas organizaciones que habían demostrado alguna actividad en la Internacional durante esos meses fueron la CNT, la SAC y la CGTSR.

En el congreso – según Peirats – estuvieron representadas directamente, además de la CNT española, la SAC de Suecia, la CGT de Portugal, la CGTSR francesa, la NSV de Holanda, la USI de Italia, la CGT chilena, la FAUD de Alemania, los Grupos anarcosindicalistas de Bélgica, la Federación Anarquista de Polonia, los Grupos anarcosindicalistas de la misma nación, y la FORA argentina. Mandaron adhesión la IWW norteamericana y la FORU del Uruguay.

Otro punto de interés en ese congreso era valorar la trayectoria de la sección anarcosindicalista polaca. Entrando un poco en este asunto, cabe mencionar que la organización sindical llamada ZZZ se había creado en 1931 a partir de la fusión de diversas iniciativas. También se habían adherido todos los sectores anarquistas y anarcosindicalistas del país, vehiculados a través de la Federación Anarquista Polaca. En sus primeros años (1930-1936) la mayoría de la organización era pro-gubernamental y nacionalista. Esto no supuso un problema. El sector libertario realizó tal trabajo interno que en 1937 ya se podía considerar la unión de sindicatos ZZZ como una organización lo suficientemente sindicalista revolucionaria como para integrarse en la AIT. Desde luego, esto fue una victoria muy inesperada, dado que la ZZZ contaba con 120.000 adherentes – o 170.000 según otras fuentes. Los podemos comparar con los 400.000 de la mayoritaria, central socialista. Como vemos, no estaban tan alejadas.

La sección belga, Centrale Unitaire Belge, contaba con solo 3.000 afiliados. Aun así, se mostraban quizás exageradamente optimistas y consideraban que el país vivía un momento pre-revolucionario, con una situación social explosiva debido a las huelgas generales. Otra de las adhesiones fue la Confederación del Trabajo Búlgara, impulsada desde la Federación Anarco-Comunista Búlgara, con mucho trabajo por delante. Su momento de gloria llegaría tras la Guerra Mundial. Por el contrario, se constataba la pérdida de la CGT mexicana. Siguiendo el camino contrario que la sección polaca, la sección mexicana cayó en manos del reformismo político y se acabó disolviendo en 1936.

En total, como hemos visto, el peso de la SAC, con 31.000 afiliados, y la ZZZ, elevaban el total de adherentes a la AIT fuera de España a cerca de 200.000. La CNT española, por su parte, se había convertido en un gigante. En el momento de máximo apogeo, en el verano de 1937, la CNT contaba con 1,7 millones de afiliados, según sus propios cálculos. La AIT en su conjunto ahora se aproximaba a los 2 millones.

El orden del día del Congreso Extraordinario comenzaba con una valoración de la trayectoria seguida por la CNT durante la guerra, desde el 19 de julio, y continuaba con la propuesta de un frente antifascista internacional. En aquellos días Italia había abandonado la Sociedad de Naciones.

Como hemos visto antes, la CNT española parecía estar a la defensiva, como esperando recibir los ataques de la CGTSR, fundamentados en la ruptura de los principios. Sin embargo, el Congreso aprobó el informe de valoración de trayectoria de la CNT. Rüdiger presentó un informe sobre España en el que se defendía la táctica de la CNT-FAI de participar en el gobierno. Como gustó tanto a los anarcosindicalistas españoles, en 1938 la CNT, por medio de Horacio Prieto, lo publicó como folleto bajo el título de El anarcosindicalismo en la revolución española.

Una vez aprobado el informe de la CNT, ésta fue mucho más allá. Presentó la propuesta de crear un Comité de Enlace con las demás internacionales obreras, establecer un pacto de no agresión entre ellas, convocar un congreso mundial de unificación para la salvaguarda de los pueblos democráticos y para apoyar la revolución española y otras naciones oprimidas atacadas por el fascismo internacional y para propagar el socialismo – se puede leer en Solidaridad Obrera (8 de diciembre) –. El Consejo Internacional resultante de esa unificación estaría facultado para colaborar con los partidos burgueses antifascistas para poder derrotar el fascismo. Esta propuesta era la concreción de la idea cenetista del Frente Antifascista Proletario Internacional, frente que se tendría que realizar con otras internacionales obreras con la intención de movilizar a las masas obreras contra la no intervención en España.

La ambiciosa propuesta fue aprobada a pesar de que – según como se interprete – se podría leer como una petición de fusión de las internacionales y por tanto la liquidación de la AIT. A primeros de 1938, cumpliendo el mandato del congreso, la AIT le envió una solicitud de colaboración en la lucha contra el fascismo a la Federación Sindical Internacional. La propuesta no llegó a buen puerto. La socialdemocracia no se acababa de decidir.

Otro de los asuntos a tratar era el funcionamiento del Secretariado. Hasta entonces éste se componía de un secretario general y dos secretarios adjuntos. Tenían un período de actuación de tres años y estos miembros no podían ser reelegidos. En 1937, la SAC propuso un comité administrativo que funcionase en una misma sede. La SAC se quejó de que, tras la dimisión de Galve, el secretariado de la AIT había quedado en manos de Pierre Besnard, con el que no tenían buenas relaciones, acompañado solo por Rüdiger. La SAC proponía un comité de cinco personas, que podían repartirse la carga de trabajo de forma más equitativa. Abría la posibilidad de reelegir a miembros del secretariado anterior, debido a la dificultad de encontrar militantes con la valía suficiente para el cargo.

El Congreso apoyó esa propuesta de establecer un Secretariado ampliado. En enero fueron elegidos Horacio Prieto y Manuel Mascarell por la CNT; Pierre Besnard, por la CGTSR; Helmut Rüdiger, por la FAUD; y, por la CGT portuguesa, Agostinho das Neves. Además F. Roca y Nemesio Galve serían delegados adjuntos, por la CNT. La SAC se extrañó de no contar con ningún representante. El plebiscito que decidió la composición definitiva se celebró el 31 de enero de 1938. Los cinco componentes eran: Prieto, Roca, Besnard, Rüdiger y das Neves. Sin embargo, Horacio Prieto dimitió nada más conocer el resultado, argumentando motivos de salud. Fue sustituido por Mascarell, que sería el secretario general interino hasta el futuro congreso ordinario. Sin embargo, Mascarell aún pasó un tiempo en España y Roca tampoco pudo ejercer. Así pues, el Secretariado volvió a estar ocupado por tres personas hasta la incorporación definitiva de Mascarell, que fue nombrado secretario general.

De alguna manera, el Congreso Extraordinario de 1937 sirvió para aliviar la tensión entre la CNT y Besnard. La CNT española salió completamente reforzada. Pero esto no implicaba recuperar la relación con la CGTSR. Uno de los puntos de fricción entre las organizaciones fue la utilización del Fondo de Socorro Internacional para costear la llegada de refugiados anarquistas que huían de España. La CNT no quería que se los atendiera puesto que huían de su responsabilidad o se trataba de gente que no respetaba la disciplina interna y no quería que recibieran apoyo.

Por último, otro de los proyectos congresuales fue la creación de la revista llamada Internacional, que tendría que ser dirigida por André Prudhommeaux, muy crítico con la línea gubernamentalista de la CNT-FAI. La revista vio la luz en junio de 1938, tras algunos retrasos, pero esta vez dirigida por un Rüdiger ya favorable a las tesis de la CNT española, como hemos visto. Éste incluso logró influir en (y atenuar) la línea crítica contra la CNT de Le Combat Syndicaliste, órgano de la CGTSR.

Mientras tanto la CNT estaba impulsando decisivamente la SIA. En los últimos meses de 1937 se crearon secciones en Portugal, Reino Unido, Suecia y en el Norte de África, además de Francia. Su método de constitución era similar en todas partes. Al frente se ponía una figura de prestigio y se constituía un comité. Luego se animaba a toda la gente libertaria y sindicalista a hacerse socia. En Gran Bretaña fue Emma Goldman quien se encargó, mientras que en Estados Unidos fue Rudolf Rocker. En el primer semestre de 1936 se crearon secciones en Argentina, Australia, Chile, México y Uruguay. Y más tarde en Estados Unidos, Países Bajos e incluso en China. Para primeros de 1939 la SIA había crecido hasta contar con 20 secciones. Era un éxito notorio.

El congreso de la AIT de 1938

Muchas de las decisiones del Congreso Extraordinario tendrían que refrendarse en un Congreso Ordinario programado para la primera semana de agosto. Sin embargo, la CNT española y la CGT chilena pidieron su aplazamiento y se programó para octubre de ese año. Ahora bien, antes de celebrarse tuvo lugar un conflicto que estuvo a punto de hundir la Internacional para siempre.

El 24 de septiembre, estando reunido Manuel Mascarell con el representante de la CNT irrumpieron en su despacho el secretario general y el tesorero de la CGTSR, Jacques Toublet y René Doussot, respectivamente. Después de excusarse, Mascarell les dio largas, haciéndoles esperar, ante sus airadas protestas. Al rato, Mascarell, Rüdiger y das Neves se reunieron con los delegados franceses. La causa de su visita era pedir urgentemente medios económicos para octavillas, carteles y un número de Le Combat Syndicaliste dedicado en exclusiva contra la guerra, incitando al pueblo a la revolución social. El secretariado pidió una hora para deliberar. Los delegados franceses demostraron impaciencia. Aun así, acataron la espera y salieron del local.

Tras este rato, se les entregó una carta que denegaba la petición por razones económicas. Además, indicaba que si se le concedía esta ayuda a la CGTSR otras secciones podrían argumentar lo mismo ya que todas estaban contra la guerra. El Secretariado había salido del local para redactar esta carta. Pero al volver a su sede, se encontraron con los delegados de la CGTSR en la puerta. Éstos leyeron esta carta inmediatamente, delante del Secretariado. Tras asimilar su contenido, los franceses la emprendieron a insultos y después se marcharon visiblemente molestos.

Por la tarde, Secretariado estaba reunido con un delegado polaco, André, por unos puntos sobre el Congreso de la AIT – a celebrarse el 24 de octubre. De pronto, se escuchó un gran alboroto. Unos 30 individuos irrumpieron en el local, capitaneados por los mismos Toublet y Doussot. En cuanto vieron a Mascarell, le dijeron “Esta mañana hemos venido una Delegación a pediros dinero, y como nos lo habéis denegado, ahora venimos una Comisión a exigirlo”. Mascarell les espetó que si querían dinero se lo pidieran a Besnard, que era el tesorero de la AIT. La tensión subió de tono con diversos intercambios de opiniones, a cuál más tenso. En un momento dado, Agostinho das Neves se levantó de la silla para reprocharles su comportamiento. En seguida se le echaron encima tres individuos, que le propinaron varios puñetazos y patadas, haciéndole rodar por el suelo. También recibió varios golpes el delegado polaco. A das Neves y a Mascarell los cogieron por la solapa y les quitaron sus carteras. El dinero que tenía Mascarell – 8.500 francos – se lo habían enviado diversos sindicatos internacionales para la CNT. A das Neves le sacaron otros 4.000 francos. Bajo coacción les hicieron firmar unos recibos con las cantidades como si las hubieran entregado de buen grado. Los atacantes se llevaron documentación diversa, destacando una carpeta con la correspondencia entre el secretariado de la AIT y la SAC sueca.

La protesta conllevó la ruptura temporal de relaciones, que incluso secundó Besnard tras su vuelta. No olvidemos que era el representante de la CGTSR ante la AIT. El secretariado dejó que escribiera él mismo la carta de protesta. Su misiva a la CGTSR es de total reproche moral, aunque les dejaba abierta la posibilidad de una reparación. La CGTSR respondió la carta diciendo que habían encontrado una carta en francés, entre la correspondencia de la SAC, en la que el Secretariado se mostraba a favor de la guerra. Sin conocer qué opiniones se vertían en ese documento, hay que poner sobre la mesa que en aquellos momentos en la República española se valoraba arrastrar a otros países hacia la guerra, para salvar así la situación española. Así que es posible que se tratase de opiniones en ese sentido vertidas por el Secretariado.

Cuando esta noticia llegó al Pleno Nacional de la CNT, la Regional Catalana pidió la expulsión de la CGTSR. La posición final de CNT fue exigirle a la CGTSR que Toublet y Doussot no pudiesen ejercer de secretarios y esperar si la central francesa lo cumplía o se solidarizaba con ellos. Tras las disculpas correspondientes la situación se recondujo y se evitó el desastre.

El Congreso de París, en sí, no fue muy resolutivo. Fue un congreso de declaraciones en contra de la guerra mundial, que ya se vislumbraba. Por aquellos días se había producido la partición de Checoslovaquia, lo cual era visto como una infamia ante la cesión de las potencias democráticas a los intereses fascistas. Respecto a España se declaraba el “respeto hacia el sacrificio del proletariado español y la oposición a la política de no intervención de las potencias burguesas, retomando la acción solidaria”. Apuntemos que criticar la “no intervención” es favorecer la intervención, y por ende la guerra.

Es interesante hacer notar que Solidaridad Obrera no publicó ninguna nota referente al Congreso de la AIT hasta el 10 de noviembre. Y lo hizo en un recuadro pequeño de apenas 11 líneas en la última página. Resulta significativo este desinterés con el que la CNT trataba en ese momento los asuntos de la Internacional.

Esta impresión se puede constatar por la publicación en aquellos mismos días en la prensa confederal de las resoluciones del Pleno Nacional del Movimiento Libertario de España. En él no hay una sola mención a la AIT y sí que hay varias al proletariado internacional. No sólo esto, sino que el Pleno le envió efusivos saludos a la CGT francesa y a las Trade Union británicas.

A primeros de noviembre, la CNT envió a Mariano R. Vázquez al congreso de la CGT francesa, en el que participó junto al secretario de la UGT, Rodríguez Vega. Recibieron un aplauso entusiasta de los 15.000 delegados presentes. Solidaridad Obrera cubrió este congreso en varios números y transmitía que esta CGT tenía tres líneas, una centrista (que defendía el Congreso de Múnich, que acababa de sellar el destino de Checoslovaquia) y dos izquierdistas: Vie Ouvrière, de carácter comunista, y, la otra, la de los “maestros” o del semanario Syndicats, que el corresponsal de Solidaridad Obrera (publicado el 15/11/1938) calificaba de “pacifista integral” representando a los “viejos sindicalistas” y que pedía la independencia total de la Confederación de todos los partidos políticos. Esta era la tendencia que apoyaban los afines al sindicalismo revolucionario. Aun así, el congreso apoyó la línea proclive al Frente Popular, defendida por centristas y comunistas. También se escucharon algunos discursos de apoyo a intervenir militarmente en España, que era lo que los enviados españoles querían oír. Pero esto quedaba en manos del gobierno francés, que nada hizo en este sentido.

La derrota republicana en la guerra de España en 1939 supuso el final de todo este período. El anarcosindicalismo español se dedicó a luchar por sobrevivir en los campos de concentración franceses o en los presidios y campos españoles.

Poco más tarde, nada pudo hacer la AIT ante la inminencia de la guerra europea. La guerra no se paraba con declaraciones ni manifiestos. En los primeros compases de la guerra Alemania invadió Polonia, quedando liquidada la sección polaca con ello, y en el primer semestre de 1940, Noruega, Dinamarca, Países Bajos y Bélgica, cayeron como fichas de dominó ante el empuje alemán. Todos contaban con pequeñas secciones de la Internacional sindicalista que desaparecieron.

Además, al poco de declararse la guerra, el gobierno francés ilegalizó todas las organizaciones que se oponían al conflicto bélico. Esto afectaba a comunistas y anarquistas por igual. Con este golpe la AIT quedaba desarticulada. A partir de ese momento, la sede del Secretariado Internacional se trasladó a Suecia, reducido ya a una oficina sin contacto real con las secciones.

En 1940 la AIT sobrevivía en países neutrales como Suecia y América Latina. Y en este último caso, languideciendo hasta su desaparición definitiva. En la postguerra la CNT española cambiaría drásticamente de orientación, llevando a cabo un ejercicio de revisión y balance que condenó su actuación de la guerra española. Este viraje dejaría a la SAC fuera de juego, con lo que comportaría en el futuro. Seguramente sin pretenderlo, la CNT española del exilio ocupó ese papel que antes había jugado la CGTSR.

Conclusiones

Tal como hemos podido leer, el Secretariado de la AIT tiene su importancia política interna. Según las personas que lo componen, éste podrá tomar una dirección u otra distinta. Así que su composición nunca fue un mero trámite en absoluto, si no que influía el desarrollo de toda la Internacional dado que siempre hay secretarios más proactivos que otros.

No deja de llamar la atención que el control de la AIT durante la Guerra Civil española estuviera en París, antes que en otros lugares. Las secciones española, polaca y sueca siempre fueron más fuertes que la francesa y, en cambio, permitieron que la sede de la Internacional residiera en el país galo. Quizás se debería a la centralidad histórica de Francia a nivel político, económico y cultural. Incluso se podría añadir que París era central a nivel geográfico, dada su ubicación en Europa, así como sus buenas comunicaciones. O quizás se debió a que fue la única sección que se ofreció en su momento, como tantas veces ocurre.

Sin embargo, la CGTSR no era una organización sindical al uso, sino que para entonces era más bien una organización política no muy distinta de las demás organizaciones específicas anarquistas, aunque con características sindicales. Sus rivales la descalificaban llamándola la CGT Sans-Rien (o la CGT “Sin Nada”). Otros libertarios (como la UA) se organizaban al margen de este proyecto y preferían sindicarse en la CGT mayoritaria y no perder el contacto con los trabajadores.

A la hora de la verdad la AIT contribuyó como pudo a la Revolución española, con una fuerza pequeña, pero nada desdeñable. Sin embargo, la sección francesa le intentó imponer una línea estratégica distinta a la que llevaba la sección española. Y lo hacía desde una realidad orgánica fundamentalmente distinta: la sección francesa era una organización política libertaria (con estructura de sindicato), siendo casi toda su militancia afín a una ideología, a unos análisis y unas prácticas comunes, mientras que la sección española era un movimiento de masas con distintas corrientes en su seno que afrontaba una guerra y una revolución y que, además, según su punto de vista, representaba los intereses la clase obrera española en su conjunto. Esta visión pesó decisivamente en su propuesta de frente antifascista internacional.

Este conflicto de intereses perjudicó a toda la AIT y eventualmente provocó que la sección española crease otra internacional al margen – de carácter humanitario, pero internacional, al fin y al cabo –, la SIA, apoyándose en sus organizaciones sindicales y específicas afines del ámbito internacional.

Entre unas cosas y otras, la CNT sintió que la AIT no servía a sus intereses y mediante la propuesta de frente antifascista de la sección española la AIT bien se pudo haber acabado integrada en la Federación Sindical Internacional. De hecho, ese interés podría deducirse al ver el acercamiento de la CNT a la CGT francesa mientras ignoraba la Internacional anarcosindicalista a finales de 1938.

La debilidad estructural acompañó a la AIT durante toda su andadura en este período de entreguerras. Las organizaciones anarcosindicalistas sufrieron divisiones, ilegalizaciones, ataques, participaron en huelgas e insurrecciones, siempre según el contexto. Prácticamente nunca gozó de estabilidad alguna. La Internacional sirvió para tener relaciones formales con el movimiento libertario de otros países, para recibir o enviar apoyo social y humanitario o para tener un lugar al que ir en caso de necesitar exiliarse.

Incidamos en este asunto. A falta de una internacional anarquista, para varias secciones, el relacionarse en la AIT era más una cuestión específica libertaria que sindical. En este caso podemos destacar que el movimiento libertario de esos años careció de una entidad orgánica específica de carácter internacional, como la que hubo en los tiempos de la Primera Internacional. Nos referimos a una orgánica que pudiera decidir estrategias, valorar tácticas, sistematizar un cuerpo teórico o generar corrientes de apoyo a las ideas libertarias en campos en los que el sindicalismo industrial no podría llegar. Precisamente la única coordinación internacional del momento fue la Federación Anarquista de Asia Oriental, que quedaba fuera del radar de un anarquismo demasiado eurocéntrico.

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