El anarquismo en el laberinto ideológico: Una aproximación histórica

Si alguien estudia la historia del movimiento ácrata podrá darse cuenta, entre otras cosas, que el caso del anarquismo hispano es paradigmático en la historia, tanto por su posición vanguardista a principios del siglo XX, como por la dotación de unas organizaciones y unos procedimientos de lucha que fueron pioneros en lo que respecta a la consecución de derechos sociales y la dotación de una conciencia social y obrera. Y fue, precisamente, por su posición vanguardista, que provocó inevitablemente que el movimiento anarquista tuviera que enfrentarse a diversos debates internos sobre la colaboración con otras ideologías obreristas y de izquierdas, así como saber a quién considerar amigo o enemigo en los tiempos de la guerra social contra la burguesía.

Movimiento libertario y catalanismo progresista

Si hubo una zona del Estado español donde el anarquismo arraigó desde un principio y demostró su gran potencial, fue, sin duda, en Cataluña. Y si era en el ‘Comtat Gran’ donde mayor presencia anarquista hubo, fue de esperar que el movimiento ácrata tuviera que relacionarse con los elementos más progresistas del catalanismo. Dicha relación, alcanzaría su máximo apogeo entre los últimos años de la década de los años ’10 hasta 1923, concretamente hasta el 10 de marzo de este último año, en la que el dirigente cenetista Salvador Seguí murió asesinado por el Sindicato Libre. Y es que Salvador Seguí fue el máximo exponente del anarquismo de corte catalanista y, por extensión, de la relación entre la C.N.T con diversos partidos independentistas, como fue el caso del partido Estat Català, presidido por Francesc Macià. “El Noi del Sucre”  aseguraba que hablar catalán y desear la liberación nacional de Cataluña no implicaba la renuncia a las inquietudes internacionalistas. Por aquellos años, todo el mundo sabía de la gran amistad existente entre Francesc Macià y Salvador Seguí. El Seguí sindicalista y el Macià separatista estaban muy de acuerdo en diversos puntos, tanto referentes a la liberación nacional, como en las reivindicaciones proletarias. Salvador Seguí mostró su catalanismo en el ateneo de Madrid, el 4 de octubre de 1919, como Secretario regional de la C.N.T:

Nosotros, lo digo aquí en Madrid, y si conviene también en Barcelona, somos y seremos contrarios a estos señores que pretenden monopolizar la política catalana, no para conseguir la libertad de Cataluña, sino para poder defender mejor sus intereses de clase y siempre atentos a socavar las reivindicaciones del proletariado catalán. Y yo os puedo asegurar que estos reaccionarios que se autodenominan catalanistas lo que más temen es el enderezamiento nacional de Cataluña, en el caso de que Cataluña dejara de estar sometida. Y como que saben que Cataluña no es un pueblo servil, ni siquiera intentan desligar la política catalana de la española. En cambio, nosotros, los trabajadores, como con una Cataluña independiente no perderíamos nada, al contrario, ganaríamos mucho, la independencia de nuestra tierra no nos da miedo. Estad seguros, amigos madrileños que me escucháis, que si algún día se habla seriamente de independizar Cataluña del Estado español, los primeros y quizás los únicos que se opondrían a la libertad nacional de Cataluña, serían los capitalistas de la Liga Regionalista y del Fomento del Trabajo Nacional.

El cenetista Simón Piera, en sus memorias, explica que en el exilio francés durante la dictadura de Primo de Rivera, en 1924, era habitual ver a anarquistas viviendo –y conspirando- con miembros de Estat Català, y añade que “Los obreros afiliados a la C.N.T no se opondrían nunca a la liberación de una determinada región del poder central que, por su voluntad soberana, decidiese federarse y no ligarse al poder central. No podrían combatir un sistema orgánico que ellos mismos practican por la defensa de sus intereses de clase”.

Joan García Oliver, nos muestra en su autobiografía “El eco de los pasos”, unas palabras muy reveladoras en cuanto a relaciones entre el sindicato C.N.T y Estat Català durante los años ’20 y ’30; García Oliver cuenta que “En Esparraguera y en otras partes de Cataluña, en virtud del acuerdo de la regional catalana de la C.N.T de luchar conjuntamente con el “Comité d’Estat Català” que presidía Macià en París, existían estrechas relaciones entre los sindicalistas y separatistas catalanes”. García Oliver prosigue, esta vez sobre su amistad con Macià: “(…) Visité varias veces a Macià. El aislamiento en que lo tenían los demás políticos acrecentó mi simpatía por él. Perdió su carrera en el ejército español al pasar a ser político separatista, lo que a mí no dejaba de ser un antecedente a su favor”.

La dictadura de Primo de Rivera no hizo más que reforzar esta colaboración entre dos movimientos aparentemente con pocos elementos en común. Tal dictadura hizo que una razón de interés, el interés de la libertad, unificara –aun más- en el combate contra el Estado español a las dos fuerzas más atacadas por el régimen, que eran el independentismo catalán y el anarcosindicalismo. Sobre este tema, el anarcosindicalista Ricardo Sanz en “El sindicalismo y la política” explica que “la dictadura (de Primo de Rivera) había logrado limar asperezas y hasta antagonismos entre el catalanismo y sindicalismo. La mayoría de separatistas eran obreros, por tanto, como tales, conocían la vida de los explotados. Por otra parte, los anarcosindicalistas, cuanto más cultos y capacitados, mejor conocían, por haberlo estudiado, el llamado problema separatista. (…) Frente a la dictadura militarista, los elementos revolucionarios del separatismo catalán no se conformaron con vivir de rodillas, sino que pasaron a la acción subversiva, desde la propaganda escrita al atentado organizado.

Como se ha apuntado anteriormente, fue durante el régimen de Primo de Rivera (1929-1930) cuando el catalanismo de base popular alza su vuelo. En ese preciso momento el catalanismo dejó de ser un ideal romántico perteneciente a los sectores intelectuales y pequeñoburgueses para convertirse en un elemento político más de las masas explotadas, tanto de cariz socialista como anarcosindicalista. El centralismo del Estado español, una vez más, fue contraproducente a la hora de intentar frenar el nacionalismo. La dictadura de Primo de Rivera hizo mucho más por el crecimiento del sentimiento nacionalista e independentista catalán que los partidos nacionalistas catalanes de entonces.

El movimiento anarquista y el marxismo

En el II Congreso de la C.N.T celebrado en el Teatro de la Comedia de Madrid se aprobó la adhesión (provisional) del sindicato libertario a la III Internacional con el respectivo envío de una comisión de delegados a Moscú para dar información de primera mano y establecer relaciones “diplomáticas”. Desde el principio de la Revolución Rusa de 197 el anarquismo hispano se mostró, mayoritariamente, entusiasta y favorable a dicha revolución, gracias a la propaganda anarquista que llegaba desde Rusia y que veían la revolución rusa como la oportunidad para establecer la ansiada sociedad sin clases. Aunque corría un mayor entusiasmo dentro del movimiento ácrata español sobre el proceso revolucionario ruso, sobre todo a raíz del establecimiento de ‘soviets’ (consejo o junta en ruso), el periódico anarquista Tierra y Libertad, hacía apología formal de la revolución proletaria acaecida en Rusia, mientras que Solidaridad Obrera, máximo órgano propagandístico de la C.N.T., se mostraba más reticente a la “dictadura del proletariado”. En verano de 1920, el dirigente anarcosindicalista Ángel Pestaña partió hacia Rusia para entrevistarse con Lenin. Pestaña no debió salir muy contento de dicha entrevista ya que a partir de ese verano todo el apoyo anarquista a la revolución rusa desapareció, a partir, también, de la propaganda “antibolchevique” del movimiento anarquista ruso, el anarquismo hispano empezó a criticar duramente la no existencia de ‘soviets’, la excesiva burocratización y el autoritarismo bolchevique que habían convertido la “dictadura del proletariado” en “dictadura del partido”. Se criticaba, a partir, también, de las noticias traídas por el socialista Fernando de los Ríos, el cual también se entrevistó con Lenin en 1921, la supeditación de los sindicatos rusos al Partido comunista y la gran represión hacia todo el movimiento ácrata.

Paralelamente a esto, hubo un sector, aunque minoritario, del anarcosindicalismo que cada vez se iba acercando más y más a las posturas soviéticas. Fueron el caso de personalidades como Maurín, Pere Bonet o Eusebio Rodríguez, que, aunque intentándolo con todas sus fuerzas, no consiguieron ‘controlar’ ningún sindicato. El 28 de abril de 1921 se decidió elegir a una delegación anarcosindicalista con el propósito de que viajaran a Moscú. Tal delegación estuvo formada por las personalidades anteriormente citadas más Andreu Nin y el francés Gaston Leval. A excepción de Leval, todos los demás abandonaron definitivamente la ideología anarquista y abrazaron el marxismo.

A partir de aquí, las diferencias entre el naciente movimiento comunista y el anarquista son cada vez mayores. Periódicos como Tierra y Libertad, Solidaridad Obrera o La Revista Blanca comenzaron a traducir todos los textos de críticas a la joven Unión Soviética escritos por personalidades de renombre internacional en aquel momento como Emma Goldman o Rudolf Rocker. Estas diferencias tendrían su punto álgido en la Guerra Civil española, concretamente en los sucesos de mayo de 1937, en los cuales se produjo una verdadera “intra-guerra” civil entre el sector anarquista y el sector republicano-comunista.

Anarquismo y republicanismo

El movimiento anarcosindicalista se vio obligado, desde la dictadura de Primo de Rivera, a tener que acercar posturas si querían acabar con la dictadura militar. Alfonso XII, al ver lo impopular que estaba siendo el gobierno de Miguel Primo de Rivera, decidió deshacerse de él, poniendo al mando al General Berenguer en enero de 1930, con la idea de que el nuevo gobierno retornara a una situación constitucional y pacífica. Fue imposible. Las conspiraciones, tanto civiles como militares, contra la monarquía de Alfonso XIII iban en aumento, y republicanos y anarquistas colaboraban cada vez más y más para derrocar al régimen. El marzo de 1930, las fuerzas conspiradoras contra el régimen firmaban el Manifiesto de Inteligencia Republicana, el cual estuvo firmado, también, por la C.N.T. Ángel Pestaña, por aquel entonces, optaba por las vías reformistas y colaboracionistas con el republicanismo, y supo esparcir bien esa idea dentro del seno del movimiento anarcosindicalista. Desde los plenos regionales se censuraba de forma sistemática la oposición de la FAI al reformismo y se abogaba por la vuelta a la legalidad del sindicato rojinegro. La C.N.T. mostró su apoyo a la opinión mayoritaria tendente a la convocación de unas Cortes Constituyentes. Además pedían “el respeto a la jornada legal de ocho horas, libertad sindical y la libertad de todos los presos políticosociales”. En un manifiesto de la CNT, publicado en 1930, se decía:

La CNT debe proclamar su solidaridad circunstancial con todas las fuerzas políticas y sociales que coincidan al exigir la convocatoria de Cortes constituyentes que liquiden el pasado y abran un nuevo cauce a la corriente de pensamiento moderno.

Vemos, pues, como desde la CNT, se consideró que no era incompatible la “solidaridad circunstancial” con el republicanismo, con el ideal anarquista y revolucionario. Asimismo, el Comité Nacional de la CNT, para no recibir críticas desde el sector más ortodoxo del anarquismo y de la FAI, concretó lo siguiente:

El Comité Nacional manifiesta clara y terminalmente que no se ha comprometido con nadie, absolutamente con nadie, para ninguna acción revolucionaria. Ni pactos ni compromisos.

De esta forma la CNT mandaba un aviso a las fuerzas republicanas para hacerles saber que solo apoyarían la voluntad del pueblo a acabar con el régimen monárquico pero que, una vez establecido el futuro régimen republicano, el movimiento anarcosindicalista volvería a ser un movimiento “al que se le deberían apretar los tornillos” desde el Estado.

Las firmas del Manifiesto de Inteligencia Republicana y las distintas acciones conspirativas contra Alfonso XII, hicieron que un sector importante del anarquismo estableciese cada vez más contactos amistosos con las fuerzas republicanas, sobre todo con el republicanismo catalanista. En octubre de 1930, se firmó el famoso Pacto de San Sebastián, en el cual todas las fuerzas republicanas del Estado español expondrían la necesidad de proclamar la República española y poner fin a la monarquía. A la firma de este pacto la CNT no se adhirió, pero sí que envió a dos delegados en calidad de observadores. La monarquía se tambaleaba, y las reuniones clandestinas con planes conspirativos iban en aumento. La CNT consiguió arrastrar a sus filas a algunos militares de la sublevación de Jaca, tales como Fermín Galán, Alejandro Sancho o el mismísimo Ramón Franco, hermano del ‘Caudillo’. Pero las primeras desavenencias con el republicanismo iban apareciendo, y la CNT, considerando como “política dilatoria” los procedimientos de las fuerzas firmantes del Pacto de San Sebastián, decidió ir por libre y comenzar a preparar acciones insurreccionales por toda la geografía española. Se formó un comité anarquista formado por Salvador Quemades y Rafael Vidiella que, con la ayuda de elementos del nacionalismo catalán, se encargaron de preparar las distintas acciones. Se produjeron distintas huelgas y sabotajes en Levante, Zaragoza y Logroño, pero de poca relevancia ya que el diez de octubre de 1930 el gobierno detuvo y encarceló a los militares republicanos implicados, a los republicano-nacionalistas Lluís Companys y Joan Lluhí y a los anarquistas Ángel Pestaña y Clara Sirvent.

El 29 de octubre, una delegación venida desde Madrid y formada por Miguel Maura y Ángel Galarza, se entrevistaron con los cenetistas Joan Peiró y Pere Massoni, con los que acordaron “establecer una inteligencia con los elementos políticos para crear un movimiento revolucionario”. En el mismo momento en que la conspiración antimonárquica alzaba el vuelo, la CNT se dividía en dos. Por una parte el sector más ortodoxo, representado por la FAI, criticaba que el sindicato tuviera relaciones con el movimiento republicano y hacia énfasis en ir por vía libre y dar comienzo a la revolución. Por otra parte, el sector más moderado y pragmático, que consideraba necesario establecer relaciones con el sector republicano y avanzar hacia la Segunda República española. La CNT, en su mayoría, después de las reuniones con los elementos republicanos, apoyó el movimiento pero no pactó nada, no quería hipotecar su libertad. En ese momento, la CNT jugaba un doble papel, por una parte la de no poner obstáculos a las conspiraciones republicanas contra la monarquía, y, por otra, la de mantener una imagen limpia de toda política institucional. Una última acción conjunta del republicanismo y el anarquismo fue la huelga general convocada el 15 de diciembre de 1930, que acabó en represión policial y con las prisiones del Estado repletas de conspiradores ácratas y republicanos. Pero la monarquía de Alfonso XIII ya estaba herida de muerte. El 12 de abril de 1931 se producen las elecciones municipales que, a modo de elecciones plebiscitarias, darían la victoria a las fuerzas republicanas. El voto obrero, y en parte anarquista, fue altamente decisivo para el triunfo de las fuerzas progresistas. Así lo explicaba Joan Peiró:

No voy yo a negar, que los sindicalistas revolucionarios, contribuimos indirectamente al triunfo electoral del 12 de abril. Las masas del pueblo, que sabían del dolor de los aguijonazos de la tirana Dictadura, sentían irresistibles ansias de cambiar el decorado político de España. Sus ansias trocaron en el anhelo republicano y nosotros –y todos los anarquistas también- impotentes por encauzar aquella formidable corriente antimonárquica por cauces superiores a la República, nos echamos a un lado y dejamos que el pueblo desbordado en santo entusiasmo hiciera su voluntad. No dijimos jamás a los trabajadores que acudieran a las urnas electorales; pero tampoco les dijimos que dejaran de ir a ellas.  

Borja

Los métodos de transformación social

Este artículo pretende recopilar y definir los diferentes métodos para llegar a una sociedad socialista. Se trata de un texto de formación política básica.

Entiendo por socialista «sociedad sin clases» o sociedad con economía socializada o con la economía controlada por la clase trabajadora mediante sus organizaciones. Mi concepto del anarquismo es que es una forma de llegar al socialismo a través de la acción directa. Así se concibió en el siglo XIX, aunque posteriormente se fundiría con corrientes individualistas que le darían características diferentes, especialmente en sus principios y valores. Dicho esto pasemos a las formas de transformación social.

Socialdemocracia.

Esta es una forma de llegar al socialismo a través de las instituciones y la lucha parlamentaria. En su origen Marx y Engels y sus seguidores estaban convencidos de que se podría conseguir el socialismo a través de diversos métodos al mismo tiempo. Su concepto de socialdemocracia era mucho más radicalizado que lo que hoy se entiende como tal.

En nuestra época las sociedades europeas están situadas más a la derecha a nivel general. Lo que hoy es socialdemocracia es o bien social-liberalismo (hacer que el capitalismo tenga un «rostro humano», que no oprima tanto) o bien neoliberalismo puro (como por ejemplo el PSOE). Hay que intentar hablar con propiedad de la socialdemocracia entendiéndola como una vía hacia el socialismo a través de las reformas legales. Si no pretende llegar a ninguna clase de sociedad socialista no estaremos ante una socialdemocracia.

Problema: que la lucha legal se come todas las energías, y que con el tiempo esa lucha que opta por esta táctica se acaba desviando de sus intenciones inciales.

Poder popular.

El poder popular son todas aquellas experiencias que provocan un empoderamiento colectivo en base a la lucha y la disputa de la legitimidad y del control territorial con el estado. Estamos hablando de luchas sociales que se ganan y que generan esa sensación de que se puede llegar mucho más lejos. Entonces se generan nuevas luchas sociales más ambiciosas. En cuanto existe un control sobre su territorio, se crea un hito, una base desde donde seguir dando pasos adelante.

Y decimos que es un método de avance hacia el socialismo en cuanto que su práctica puede estar ligada a movimientos revolucionarios, como los de la sociedad paralela.

Problema: las derrotas populares echan al traste lo ganado. También son vivero de opciones políticas electoralistas, dado que también la socialdemocracia se puede basar en el poder popular para avanzar sus posturas y negociar con más fuerza ante la oligarquía haciendo pasar el poder popular como sus propias bases (aunque en algunos países realmente lo son).

Sociedad paralela.

Se trata de conseguir una sociedad (o sociedades en plural) comunitaria, comunalista o socialista a través de pequeños proyectos autónomos y autogestionados. Se puede tener como sociedades paralelas tanto al cooperativismo, entendido como experimento o experiencia de economía colectiva, como el neo-ruralismo de los pueblos okupados, como buena parte de la okupación (con «k»), o incluso de alguna manera las fábricas recuperadas. O todo a la vez, como hace la Cooperativa Integral Catalana. La idea es que se vaya conformando un imaginario propio de sociedad que viva al margen o por fuera de los marcos legales del estado, o incluso por dentro pero con sus propias normas, objetivos e ideosincrasia. También nuestros ghettos activistas, okupas o «anarquistas como forma de vida» viven una especie de sociedad paralela.

En los años 30 todo el entramado de ateneos, sindicatos, cooperativas, colectivos, periódicos, etc. conformaba lo que se conocía como la sociedad paralela que agrupaba muchas miles de personas que vivían literalmente en otro tipo de sociedad diferente al del resto del país. Sin embargo, en aquella sociedad paralela había rasgos de lo que llamaremos poder popular.

Problema: el aislamiento al vivir al margen de la sociedad. Es posible caer en actitudes que desdeñen la necesidad de la revolución (o un cambio de sociedad generalizado) dado que ya se está viviendo una experiencia avanzada.

Huelga General Revolucionaria.

Esta es el método clave del sindicalismo revolucionario y del anarcosindicalismo. Se basa en una huelga indefinida que genera un conflicto muy agudo en un territorio. El sindicato o sindicatos que la impulsan tiene un comité de huelga (que a veces ha tomado la forma de «consejos obreros») que llega a controlar territorios. Este control territorial se puede basar en una coalición con cosas preexistentes en el territorio como sociedades paralelas o focos revolucionarios.

Problema: en muchas ocasiones la huelga general revolucionaria se queda en peticiones económicas, que un gobierno un poco habil es capaz de prometer para desactivarla, aplazando el conflicto.

Foquismo.

Teoría revolucionaria del guevarismo (aunque parece ser que inventada por el anarquista Abraham Guillem) que se basa en crear focos revolucionarios en un territorio. Una vez que estos focos funcionan se pasa a otro territorio, y luego a otro. Cuando hay los suficientes se retroalimenta con huelgas generales y revueltas populares. En los años 90 se hablaba de la «zona roja», que venía de la autonomía alemana. Consistía en entrar en un barrio a abrir locales, centros sociales, cooperativas, etc. «colonizándolo» poco a poco y confluyendo con su tejido social. Con el tiempo se tenía un «barrio rojo» y de izquierdas tomado por nuestra propaganda.

Problema: las zonas rojas se pueden convertir en ghettos que no trascienden a su vecindario. Abrir centros sociales y ateneos no es garantía de que tu barrio se hará a tus ideas. Pero es un buen inicio.

Guerra Popular Permanente / Tensión anarquista.

Considero que son dos cuestiones muy similares a pesar de que la primera venga de Mao Tse Dong y la segunda de Bonanno. A grandes rasgos la guerra popular permanente se basa en una lucha a largo plazo, o bien sin tener en cuenta el final, y teniendo una correlación de fuerzas en contra nuestra que tiene lugar en un contexto rural. Poco a poco, golpe a golpe se consiguen algunas victorias, y estas dan pie a zonas liberadas que actuarían de forma similar a un mini-estado socialista a la espera de confluir con huelgas o insurrecciones populares en las ciudades.

Traduciendo todo eso al anarquismo, Bonanno entendía la «tensión» como una guerra permanente con la correlación de fuerzas en contra en un contexto de sociedad occidental, industrial y urbana. Al sistema hay que atacarlo para deslegitimarlo y para sembrar en la población una sensación de que no lo tiene atado y controlado. Los distintos ataques se suceden creando una indefensión que da pie a más represión o incluso a lo contrario, a abrir la mano. Pero si se logra confluir con procesos revolucionarios amplios se puede contribuir a la caída del sistema. También se daba en las organizaciones y grupos de lucha armada occidentales como las RAF, el IRA, Brigadas Rojas o ETA, aunque todos tenían sus movimientos populares que les retroalimentaban.

¿Quien está llevando a cabo este tipo de lucha en nuestro tiempo? Además de los maoístas (en Nepal, India y Filipinas) paradójicamente realizan una guerra popular permanente los yihadistas y los talibanes en el mundo islámico. No esperan ganar de inmediato, no tienen prisa. Golpe a golpe se hacen más fuertes y ganan legitimidad ante la sociedad que con el tiempo le parecerán un mal menor debido a la inefectividad del gobierno de turno para garantizar la seguridad de la población.

Problema: se da un aislamiento en la lucha, como el de muchas organizaciones armadas. La clandestinidad y el secretismo hacen que no sea tan fácil connectar con las luchas reales que está llevando a cabo la sociedad por otras vías. Entiendo que la guerra popular (del maoísmo) o la lucha armada no es autodefensa sino lo contrario, ataque. La lucha armada en los 70 y 80 se convertió en elitista, ya que fue muy por delante de los movimientos populares que la sustentaban. Se aisló y fue derrotada por ello.

Insurrección popular.

La imagen que nos viene a la mente de una revolución social es la de la toma de la Bastilla en la Revolución francesa, o la de la toma del Palacio de Invierno en la Revolución rusa. Una insurrección de masas es un acto de fuerza más o menos espontáneo que derroca un gobierno. Como dice el refrán a «rey muerto, rey puesto», y generalmente toma el poder un sector que ha participado en la insurrección que se da legitimidad para representar el conjunto.

Problema: son procesos muy complejos muy difíciles de controlar. Una insurrección puede poner en el poder a un gobierno incluso peor que el que acaba de derrocar.

La guerra.

Esta forma de imponer el socialismo se da teniendo ya países socialistas que derrotan militarmente otros. Evidentemente se trata de tomar el poder por la fuerza e imponer el socialismo, con todo lo que conlleva como hemos visto en el siglo XX.

Problema: que la sociedad no se cree el socialismo dado que viene impuesto, y a la primera oportunidad pueden querer volver al estado anterior.

Conclusión

Un proceso revolucionario tiene que partir de una situación de crisis del sistema imperante y poco a poco ir conquistando la hegemonía cultural y dar la sensación de que se producirá un cambio radical. Una transformación social profunda se produce con una combinación de varios métodos que hemos expuesto. El anarquismo, como es lógico, deja atrás la lucha parlamentaria de la socialdemocracia, para centrarse en procesos de sociedada paralela, poder popular y huelga general revolucionaria, que generalmente ha sido su campo de actuación hasta producir una insurrección popular. Todo esto ha ido acompañado por fuera del movimiento general de la «tensión» o lucha armada y expropiaciones.

@blackspartack

Tenemos que hablar

Este artículo fue publicado el 3 de noviembre en www.eldesperttador.org y se publica nuevamente en este medio por el propio autor.

Cuando me propusieron escribir un artículo sobre feminismo lo primero que pensé fue que yo no tenía nada que decir sobre una lucha en la que ni soy ni quiero ser el principal afectado ni protagonista. Sin embargo, sí que vi que podía ser interesante sumarme a otras voces masculinas que han interpelado al resto de hombres sobre la necesidad de revisar nuestro papel en las relaciones de género y poner de nuestra parte para terminar con la desigualdad y la injusticia en estas.

Creo que es sumamente necesario que los hombres hablemos entre nosotros sobre el papel que estamos desempeñando en el sistema de dominación contra las mujeres que el feminismo ha definido como patriarcado y en el que somos nosotros quienes ejercemos esa opresión. Muchas veces no de forma consciente, no, pero esto tampoco es justificativo. Es nuestro deber tomar conocimiento de lo que significa ser hombre, de lo que implica en cuanto a privilegios y roles, y de la estructura social en la que nos inscribimos como sujeto. No se trata tanto de que tú o yo como hombres concretos no ejerzamos tal o cual violencia. El problema es de conjunto, por lo que actitudes victimistas del tipo de “yo no hago x”, y que todos en algún momento hemos sostenido, deberían quedar desterradas si realmente queremos avanzar hacia la construcción de un modelo más justo.

Es esa quizás la primera tarea que deberíamos abordar para encaminarnos a ese horizonte: reconocer nuestro lugar en el mundo y tomar nota de la forma en la que participamos en este sistema de dominación. Chris Crass señala en un genial y necesario texto (Partes de mí que me asustan, PDF) una serie de actitudes y modos de estar, más o menos sutiles, que resultan indudablemente machistas, producto de este modelo social.  Algunos de estos ejemplos en los que todos nos veremos reconocidos en mayor o menor medida es la infravaloración de lo que dice una mujer sin atender al contenido de su mensaje, la sexualización continua de los cuerpos de las mujeres, dejar que ellas asuman todas las tareas de cuidados o pensar que cuando se quejan de alguna de estas situaciones solo están exagerando. Ello por no hablar de todo tipo de tácticas dedicadas a conseguir tener sexo con una mujer, como insistir después de que ya nos ha dicho que no, emborracharla u otras acciones que ya ubicaríamos en el terreno de la agresión.

Seguro que entre todos somos capaces de sacar muchos ejemplos más en los que hemos visto a amigos o a nosotros mismos. Una vez reconocido que aquí existe un problema, debemos poner los medios para solucionarlo. Ello puede hacerse, precisamente, juntándonos para hablar sobre estos temas y tratar de desentrañar todo lo que implican. Muy probablemente no podremos hacer esto solos, dado el problema no es para con nosotros mismos. Por ello deberemos prestar atención a qué requieren de nosotros nuestras compañeras, dejar de lado cualquier tipo de actitud paternalista y asumir una posición de “aprendiz”, consultar a nuestras compañeras desde el más absoluto respeto y entender, además, que en algunos casos no quieren prestarse a esa labor pedagógica. En definitiva, se trata de asumir una actitud de profunda humildad, ya que, como se indica en el texto antes señalado, si nos ha llevado años construir nuestra conciencia política, ¿por qué iba a ser más fácil construir nuestra conciencia de género?

En cierta medida se ha venido creando un discurso que afirma que a los hombres también nos oprime o perjudica el patriarcado. Dejando a un lado el problema de que entonces no habría sujeto opresor y tendríamos que suponer que este modelo se perpetúa por ciencia infusa, este discurso ha dado lugar a algunas posturas dentro de los grupos de hombres que han decidido actuar por la igualdad  que se han centrado más concretamente en la masculinidad o en los roles que se asumen al ser hombre y que de alguna manera limitan su expresión. Estoy hablando de prestar atención a que usualmente los hombres no lloran, los hombres son duros, no pueden ser sensibles, etc. Si bien es un punto que resolver, considero que en absoluto es el principal, pues en modo alguno se produce aquí una reducción de los privilegios que por ser hombre se tienen. Muy al contrario, se despejan las pocas trabas que el patriarcado marcaba a los hombres. Tenemos muchos asuntos que resolver antes de esto, como atajar la cultura de la violación, los modelos de relaciones posesivas que siguen reproduciéndose en la adolescencia, hablar con nuestros familiares y amigos sobre todo esto, etc. En definitiva, antes de poder ganar aún más, debemos desprendernos de un montón de privilegios.

El texto resulta mucho más corto de lo que un asunto como este requeriría pero, en cualquier caso, la intención era la de señalar una realidad como la opresión hacia las mujeres, y una necesidad, que es que los hombres nos pongamos manos a la obra y asumamos nuestra responsabilidad.

Víctor Terrón Palacios

Introducción al anarquismo (III). Programa, articulación política y estructuración del movimiento

Índice de contenidos a publicar:

1.-Unas bases.
2.-La visión estratégica.
3.-Programa, articulación política y estructuración del movimiento.
4.-El análisis de coyuntura.
5.-En la realidad material.

En el capítulo anterior hemos visto ya la visión estratégica, y a partir de ahora en adelante, partiremos de ésta para tratar los siguientes temarios, a los cuales añado la recomendación de abordarlos colectivamente, es decir, a través de un grupo de lectura o formación, por ejemplo. Aunque igualmente válido para la formación individual.

Programa y articulación política

Una vez hayamos asumido las bases y tengamos claro qué objetivos queremos lograr, es momento de pensar en la necesidad de perfilar nuestro proyecto político que será nuestra meta final a la que queremos aspirar. Dicho proyecto será resultado de debates y experiencias militantes colectivas, así que por ahora, haremos referencia a este proyecto como el socialismo libertario. Para plasmar dicho proyecto sobre papel, elaboraremos el programa, que es un documento que recoge una serie de objetivos a alcanzar y las líneas políticas y estratégicas a seguir. Distinguiremos aquí, básicamente, dos tipos de programas:

—Programa de máximos: es aquel que recoge nuestras metas políticas finales y las líneas estratégicas que apuntan a nuestro proyecto político. Por sí solo, este programa no se puede implementar, pero marca nuestro norte y son las líneas sobre las que iremos creando los programas de mínimos u hojas de ruta.

—Programa de mínimos u hojas de ruta: es aquello que recoge las tácticas y objetivos más inmediatos. Hay cierta discusión en torno al programa de mínimos y las hojas de ruta, donde por un lado, se ve lo primero como unas metas más alcanzables y partiendo de allí, se elaboran las hojas de ruta que serían las líneas tácticas a seguir; y por otro lado, hay posturas que no contemplan el programa de mínimos, sino que toma directamente las hojas de ruta. Independientemente de estas discusiones, tanto el programa de mínimos como las hojas de ruta marcan objetivos muy concretos y específicos, en otras palabras, marcan metas coyunturales a lograr que permitan el avance cualitativo y cuantitativo de nuestro movimiento en sintonía con el movimiento popular.

La cuestión programática va parejo a la elaboración de estrategias y al análisis de coyuntura, este último tema que abordaremos en el próximo capítulo de la serie puesto que es más extenso y la metodología utilizada en este último tiene mucha sustancia. Volviendo al hilo del asunto, la estrategia consiste en una serie de métodos de planificación, organización y ejecución de diversas operaciones tácticas para lograr un objetivo concreto. Este concepto se detalla en el siguiente documento, donde también explico en qué consiste la táctica y qué factores se tienen en cuenta a la hora de trazar unas líneas estratégicas. A su vez, se amplía las definiciones del programa. Todas las explicaciones van acompañadas de un supuesto práctico ambientado en un conflicto laboral. Leer aquí Estrategia y táctica para un anarquismo revolucionario.

La articulación política es el resultado de la consolidación de una tendencia política bajo la unidad de unas líneas estratégicas, políticas y de actuación a través de las organizaciones políticas y de tendencia. En el Manifiesto comunista libertario de Georges Fontenis se explica con más detalle esta cuestión. En dicho manifiesto, explica unas nociones básica acerca del comunismo libertario y defiende una línea de clase en contraposición de una visión humanista e idealizada sobre la sociedad. También es interesante la visión que tiene acerca de la vanguardia revolucionaria vista desde el leninismo y vista desde el comunismo libertario, donde defiende que la organización política anarquista debe ir en sintonía con los movimientos populares en vez de ir separado de éstos. Plantea otros asuntos relevantes sobre la organización interna como la unidad ideológica, acción colectiva, la disciplina, el federalismo y la democracia interna; el poder, el Estado, la revolución y la libertad, donde distingue el poder directo de la clase trabajadora frente al poder dominante de la clase capitalista; y más aspectos por los que merece la pena leer este manifiesto.

Estructuración del movimiento

Una vez articulada nuestra tendencia, hemos de irnos dotando de estructuras que conformarán un movimiento. Antes de pasar a hablar de unas estructuras más amplias, es imprescindible que tratemos la cuestión organizativa, algo crucial dentro del anarquismo. En este punto, podemos encontrar tres posturas respecto al tema:

—La primera postura es la antiorganizacional, la que no concibe ninguna forma de organización al considerarla contraria a la libertad individual, aunque en la práctica se asimila el informalismo, que consisten en relaciones por afinidad en el cual no existen grados de compromiso y responsabilidades de los miembros que forman el grupo.

—La segunda premisa solo concibe la organización de las anarquistas a nivel social, como pueden ser en los sindicatos de clase o en la movilización en asambleas de barrio (el frente comunitario). En la praxis, se construyen organizaciones amplias que agrupan a muchas personas de distinta afinidad ideológica, o bien, organizaciones llamadas de síntesis donde no están definidas unas líneas comunes de actuación sino que agrupan a anarquistas de diversas tendencias. Dicho de otro modo, se les podrían denominar coordinadoras.

—La tercera tesis concibe la articulación del anarquismo a dos niveles: una que son los frentes de masas que son las organizaciones que trabajan a nivel social de la segunda premisa, y otra que consiste en organizaciones específicas que trabajan a nivel político. Este modelo también es denominado como dualismo organizacional, ya que se considera que únicamente la lucha en lo social es insuficiente y por ello, defiende la necesidad de la construcción de unas líneas políticas anarquistas comunes para todo el movimiento dotándolo de una orientación política y estratégica.

Sobre estos puntos profundizarán en este artículo «Cuestiones organizativas del anarquismo».

Para la configuración de un movimiento libertario estructurado, pasaremos de un movimiento de colectivos y grupos de afinidad a un modelo de movimiento de organizaciones. La diferencia entre éstas y los colectivos y grupos de afinidad está en el caracter y las dinámicas que llevan unas y otras. La organización nace de la necesidad de la responsabilidad política de transformación radical de la sociedad acorde al proyecto político socialista libertario. Para ello, nos dotamos de herramientas con el objetivo de implementar los programas, las líneas estratégicas y de actuación, y que dichas experiencias no se pierdan. A la vez, una organización tiene la pretensión de ser un actor político de cambio y referente en las luchas sociales. Los colectivos y grupos de afinidad siguen una dinámica distinta, y al no regirse por una responsabilidad política y disciplina interna en su mayoría, derivan en una suerte de voluntarismo y en muchas ocasiones actúan por inercias en las cuales terminan en consumo interno. Similarmente pasa con los grupos de afinidad, que debido a que en su mayoría poseen un carácter informal y al no rendir cuentas ante nadie, con el transcurso de su trayectoria, comienzan a aparecer códigos de conducta propios y liderazgos informales. Este tema queda reflejado en el artículo «Organización vs grupo de afinidad: el proceso de hiperautonomización y las debilidades estructurales de un colectivo anarquista«.

Reconocer las debilidades internas propias debe servir para solucionarlas. Necesitamos un cambio en nuestra cultura militante y en la manera de ver las cosas y de actuar. Obviamente, todas queremos el comunismo libertario, pero nuestro proyecto político ha de realizarse a través de la disputa de lo existente. Organizarse por organizarse no tiene sentido, lo que le da sentido a la cuestión organizativa es la necesidad de llevar a cabo nuestras tareas revolucionarias en el actual contexto, lo cual quiere decir que debemos también configurar un Modelo de movimiento libertario integrando las organizaciones de tendencia o políticas con organismos amplios y la inserción de nuestro movimiento en los frentes de lucha existentes en la actual coyuntura.

En la siguiente entrega, trataremos una herramienta muy importante que nos permitirá actuar en la coyuntura que nos toca. Ir a la 4ª parte.

¿La Tercera Revolución? Resistencia campesina al gobierno bolchevique

Traducido por @blackspartak

Nick Heath

Durante la Guerra Civil en Rusia, el gobierno de Lenin tuvo que afrontar varios levantamientos predominantemente campesinos que amenazaron con derrocar el régimen. ¿Puede justificarse la acusación de que estaban dirigidos por kulaks (campesinos ricos), respaldados por la reacción Blanca, con el apoyo de los campesinos más pobres, inconscientes de sus intereses de clase? ¿O era, como algunos oponentes del bolchevismo por su izquierda defienden, el comienzo de la “Tercera Revolución”?

Todos aquellos que realmente llevan la revolución social en el corazón deben deplorar la fatal separación que existe entre el proletariado de las ciudades y el del campo. Todos sus esfuerzos deben enfocarse a destruirla, porque todos nosotros debemos ser conscientes de ella – que en tanto a que trabajadores de la tierra, los campesinos, no sean apoyados por los trabajadores de las ciudades en una acción revolucionaria común, todos los esfuerzos revolucionarios de las ciudades estarán condenados inevitablemente al fracaso. Toda la cuestión revolucionaria está ahí; debe ser resuelta o perecerá.

– Bakunin, de las Obras Completas «Sobre el Pan-Germanismo Alemán».

El marxismo ortodoxo despreciaba el papel revolucionario del campesinado

Según el marxista alemán Karl Kautsky, el pequeño campesinado estaba condenado. Era tácticamente útil movilizar las masas campesinas. En su Cuestión Agraria, defendía que los objetivos a corto plazo de los campesinos y de las clases medias, sin mencionar los de la burguesía, eran opuestos a los intereses de toda la humanidad comprendida en la idea de la sociedad socialista. “Cuando el proletariado [queriendo decir clase trabajadora industrial] llega a probar y explotar los logros de la revolución, sus aliados – el campesinado – se volverán ciertamente contra él […] El camuflaje político del campesinado lo priva de cualquier papel activo y le impide lograr su propia representación de clase […] Por naturaleza es burgués y muestra su esencia reaccionaria claramente en ciertos campos […] Es así porqué la propuesta ante el congreso que habla solo de la dictadura del proletariado apoyado por el campesinado […] El campesinado debe ayudar al proletariado, no el proletariado al campesinado, en el logro de sus últimos deseos.” (Leo Jogiches “La dictadura del proletariado apoyado por el campesinado” en el Sexto Congreso del Partido de los Social-Demócratas de Polonia en 1908). Y siguiendo las discusiones del congreso se afirmaba que “el campesinado no puede jugar un papel autónomo junto al proletariado, al que los bolcheviques se han adscrito.” Rosa Luxemburg compartía la desconfiaza de Jogiches hacia el campesiando y sólo podían verlo como una fuerza reaccionaria.

El propio Lenin, extremamente flexible a nivel táctico, y extremamente rígido a nivel ideológico, era consciente de que lo que estaba haciendo cuando el Partido levantaba el lema de la dictadura del proletariado y el campesinado. Después del triunfo bolchevique “sería entonces ridículo hablar de la unidades de las voluntades del proletariado y del campesinado, de poder democrático […] Entonces tendremos que pensar en la dictadura de los socialistas, de los proletarios”. (Dos tácticas de la Social Democracia en la Revolución Democrática, 1905).

Por su parte Trotsky tenía una actitud más dura hacia el campesinado, y no estaba convencido sobre una alianza temporal con él: “El proletariado entrará en conflicto no sólo con los grupos de la burguesía que apoyaron al proletariado durante la primera etapa de la lucha revolucionaria, sino también con las grandes masas de campesinos” (1905, escrito en 1922).

Los bolcheviques definían los “kulaks” como campesinos ricos capaces de vender sus productos en el mercado así como producirlos para su propio uso, capaces de emplear trabajadores asalariados y de vender el exceso de sus productos. Se los veía como representantes de los elementos reales de la pequeña burguesía en el campo, listos para desarrollar la agricultura con los avances capitalistas. En la segunda etapa de la revolución, después de la etapa inicial burguesa, los kulaks (y una “parte sustancial del campesinado medio”, Lenin) se uniría a la burguesía, mientras que el proletariado atraería a los campesinos pobres. Pero como apunta Ferro, “La búsqueda del kulak era en parte falsa, como perseguir sombras, ya que los kulaks a menudo habían desaparecido, o se habían hundido a nivel de los muzhiks, desde la Revolución de Octubre” [1]. Lo que es cierto es que a nivel práctico los bolcheviques se alienaron vastas masas de campesinos con los años del “Comunismo de Guerra” de 1918 hasta 1921, en particular con las requisas de grano y la represión chequista.

Los bolcheviques buscaban traer la guerra de clases al campesinado. Para ello exageraban la importancia y la riqueza de los kulaks. Selunskaia informa que de hecho sólo el 2% podría ser clasificado como “claramente kulaks” [2]. Una estadística oficial da las siguientes cifras: en 1917, el 71% de los campesinos cultivaban menos de 4 hectáreas, el 25% tenían entre 4 y 10 hectáreas, y sólo el 3,7% tenía más de 10 hectáreas; estas categorías cambian para 1920 al 85, 15 y el 0,5%. Otro criterio, la posesión de un caballo, según las mismas estadísticas, puede utilizarse para mostrar una relativa riqueza. El 29% no tenía ninguno, el 49% tenía uno, el 17% tenía dos, y el 4,8% tenía más de 3 (en 1917). Para 1920, las cifras habían cambiado respectivamente al 27,6%, el 63,6%, el 7,9% y el 0,9% [3]. De hecho, el número de kulaks – y nos referimos a las normas bolcheviques para ser considerado “rico” – estaba decayendo, y el proceso de igualación continuaba. En cuanto a las requisas, el líder bolchevique Kubanin admitía que la mitad de los alimentos recolectados se pudrieron, y que mucho ganado murió en los trayectos en ferrocarril debido a la falta de agua y comida [4].

El Comunismo de guerra

En reacción al comunismo de guerra, estallaron varias insurrecciones. En Ucrania occidental, el movimiento makhnovista, inspirado y dirigido militarmente por el campesino anarquista Nestor Makhno, fue uno de los movimientos más desarrollados ideológicamente. Debe recordarse que los makhnovistas habían controlado esta parte de Ucrania desde antes de la llegada del Ejército Rojo, y que habían derrotado sucesivamente a las tropas Austro-alemanas y a las Blancas. Los makhnovistas invitaron a varios anarquistas, que huían del norte y de la persecución bolchevique o que volvían del exilio en el extranjero, a trabajar a través de la Confederación Anarquista Nabat (La Campana, o la Alarma) en tareas de propaganda, educativas y culturales entre el campesinado. Los makhnovistas veían la amenaza Blanca como mayor que la de los bolcheviques, y llevaron acabo varias alianzas con éstos en un frente común contra los líderes Blancos: Denikin y Wrangel. De hecho, parece haber evidencias de que Wrangel podría haber tomado Ucrania y llegado hasta Moscú y destruido el gobierno bolchevique de no haber sido por los esfuerzos makhnovistas. Al final de la campaña conjunta contra los Blancos en Crimea, los comandantes makhnovistas fueron invitados al cuartel del Ejército Rojo y fusilados sumariamente. El propio Makhno los combatió durante meses, antes de verse forzado a retirarse cruzando la frontera [5].

La Cheka y la prodrazverstksa (las escuadras de requisa de alimentos) nunca aparecieron en el centro makhnovista de Hulyai-Polye antes de 1919, sin embargo los campesinos que vivían en las áreas de Ekaterinoslav y de Alexandrovsk ya tenían experiencia con ellos. En otras zonas de insurrección la oposición inicial era más directamente consecuencia de la política del “comunismo de guerra” de los bolcheviques.

En Siberia Occidental, (y en realidad en toda Siberia) el régimen se enfrentaba probablemente a su peor amenaza, y es posible que fuera esto, incluso más que la insurrección de Kronstadt en el mismo año, lo que forzó el cambio de los acontecimientos. Krasnaya Armiya («Ejército Rojo», publicación de la Academia Militar, y enfocado a un pequeño círculo de lectores comunistas) tenía que admitir en su editoria de diciembre de 1921 que haber llevado a cabo las requisas en la primavera de 1921 levantó al campesinado siberiano contra los comunistas y que “el movimiento en la región de Ishimik tenía los mismos lemas que los que defendían los marineros de Kronstadt”. «Ejército Rojo» tenía que admitir que la ineptitud, la mala gestión económica y la toma “criminal” de la propiedad habían sido, entre otras, las causas del malestar campesino. El periódico reconocía el efecto en la moral cuando veían de primera mano las requisas de sus alimentos pudrirse en los vagones. Los “actos provocadores” de representantes del gobierno en las agencias de recaudación de impuestos
habían provocado a menudo levantamientos de aldeas enteras. El periódico tambén informaba de un movimiento “muy particular” en las regiones del Don y de Kubán, dirigido por Maslakov, ex-comandante del Ejército Rojo, con el objetivo de declarar la guerra a los “saboteadores del poder soviético, a los comunistas con mente de comisario” [6]. De hecho, se trataba de toda una brigada del Ejército Rojo.

Vínculos

Ciertamente el levantamiento de Maslakov en febrero de 1921 en Ucrania oriental rápidamente se unió a los makhnovistas a través de el destacamento del comandante makhnovista Brova. Los comandantes del Ejército Rojo se rebelaron, como el batallón en Mikhailovka dirigido por Vakulin, y luego Popov en el norte del territorio de los Cosacos del Don (desde diciembre de 1920). Vakulin parece haber tenido una fuerza de unos 3.200 soldados – seis veces la cantidad con la que empezó – cuando partió hacia el este a la región de los Urales. Logró apresar una fuerza del Ejército Rojo de 800. Pero el 17 de febrero de 1921 perdió una batalla en la que resultó muerto, y el cosaco del Don F. Popov, socialista revolucionario, quedó a cargo. El grupo de Popov atravesó las provincias de Samara y Saratov, cogiendo fuerza por el camino. El Ejército Rojo estimaba que llegaría a unos 6.000 por entonces. Logró capturar un batallón entero del Ejército Rojo. Parece que fue totalmente destruido, si creemos las fuentes bolcheviques.

En Samara el oficial del Ejército Rojo y socialista revolucionario de izquierda, Sapozhkov, se rebeló poniéndose a la cabeza de «elementos anárquicos y del SR” (según el historiador soviético Trifonov). Él mismo fue campesino en aquella provincia. Este levantamiento comenzó el 14 o el 15 de julio de 1920 con una fuerza de 2.700. Sapozhkov cayó en batalla el 6 de septiembre, después de dos meses de combates. Su lugar fue tomado por Serov, que aún fue capaz de reunir 3.000 combatientes y que siguió combatiendo hasta el verano de 1923, más tiempo que cualquier banda rebelde hubiera estado combatiendo, excepto Makhno.

En la región de Tambov, estalló otra seria insurrección en agosto de 1920 bajo el liderazgo de Alexander Stepanovitch Antonov. Aquí una vez más la revuelta fue instigada por la requisa de grano. El propio Antonov era un ex-socialista revolucionario, que hablaba de defender tanto a los obreros como a los campesinos contra los bolcheviques. Los líderes de este movimiento eran socialistas revolucionarios, socialistas revolucionarios de izquierda y anarquistas. Los «antonovistas» fueron capaz de tener en combate a la vez a unas 21.000 personas. El anarquista Yaryzhka dirigió un destacamento del movimiento antonovista bajo la bandera negra del anarquismo. Cuando estuvo en el ejército durante la Primera Guerra Mundial había golpeado a un oficial en 1916, fue encarcelado y se hizo anarquista por consecuencia de sus experiencias. Comenzó a luchar en otoño de 1918, combatiendo hasta que resultó muerto por los bolcheviques en el otoño de 1920.

Se puede ver que todos estos levantamientos o movimientos de oposición al leninismo entre los campesinos ocurrieron al mismo tiempo, en torno al período de 1920-1921. De hecho, tomados junto con el levantamiento de los marineros en Kronstadt de 1921, conformaron una amenaza mortal frente al poder bolchevique. Los objetivos de los insurgentes de Kronstadt parecen haber tenido eco en los movimientos campesinos. Apenas sorprende considerar que muchos marineros de Kronstadt tenían orígenes campesinos. Los levantamientos de Siberia occidental adoptaron las demandas de Kronstadt [6], como decía Krasnaya Armiya. Después de la insurrección de Tambov, las autoridades bolcheviques encontraron las resoluciones de Kronstadt en un importante refugio de los antonovistas. El propio Antonov quedó tan apenado por la aniquilación del levantamiento de Kronstadt que se dice que se dio un atracón de Vodka. Parece ser que algunos marineros de Kronstadt escaparon a la derrota y que se unieron a la antonovschina. El 11 de julio, la caballería bolchevique tuvo un encontronazo con una pequeña banda de élite de los antonovistas, obreros y marineros socialistas revolucionarios. Combatieron “desesperadamente” hasta el fin, según el chequista Smirnov, cuando los pocos supervivientes dispararon primero a sus caballos y luego a sí mismos. Un bolchevique informaba en 1921 que “los anarquistas-makhnovistas de Ucrania están reimprimiendo la llamada de los de Kronstadt, y que en general no esconden sus simpatías por ellos.” [7]

Acusaciones

Está claro que los de Kronstad se oponían a la restauración zarista, y que habían sido la clave para derrocar el régimen de Kerensky. Los makhnovistas fueron igualmente implacables hacia los Blancos. Nunca se llegó a considerar ninguna alianza con éstos contra los bolcheviques, y de hecho los makhnovistas formaron alianzas anti-Blancas con los bolcheviques, la última de las cuales provocó su propia caída como hemos dicho. El movimiento makhnovista estaba muy influido por el anarquismo, y era poco probable que aceptara una colaboración con uno de sus enemigos mortales los blancos. En tanto a Maslakov, él había sido un comandante Rojo fiable, y parece que estuvo luchando por un comunismo sin comisarios. Krasnaya Armiya admitía que los insurgentes de las regiones del Don y Kuban “desaprueban y luchan contra la agitación de la Guardia Blanca”. En tanto a Antonov, él “no llevó a cabo ninguna acción comprometedora contra los bolcheviques, como cortar la comunicación tras las líneas del frente, sino que se conformaba con combatir los destacamentos punitivos enviados contra los campesinos” [8]. Antonov estuvo preso durante el zarismo por sus actividades como Socialista Revolucionario durante y después de la Revolución de 1905, cumpliendo una condena de 12 años en Siberia, y su movimiento campesino es poco probable que hubiera apoyado ninguna vuelta al antiguo régimen zarista.

Otra acusación contra los movimientos campesinos era que era dirigido por kulaks, arrastrando al resto del campesinado tras de sí. Un análisis de los líderes del movimiento makhnovista al menos desmiente esta acusación. Trotsky decía que “la liquidación de Makhno no significa el fin de la makhnovschina, que tiene raíces en las masas campesinas ignorantes”. Sin embargo todos los makhnovistas de los que tenemos una referencia biográfica surgieron del campesinado pobre, incluyendo al propio Makhno, y en pocos casos del campesinado medio. Como dice Malet, “los bolcheviques han deformado totalmente la naturaleza del movimiento de Makhno. No era un movimiento de kulaks, sino un movimiento de masas campesino. Especialmente de los pobres y los de clase media.” [9] Tenemos pocas pruebas empíricas de la composición de los levantamientos campesinos de las zonas del Don y del Kubán. Radkey ha dado alguna información sobre la insurrección de Tambov mediante investigaciones bajo condiciones difíciles, y ha encontrado que Antonov era hijo de un artesano de aldea – ¡desde luego no un kulak! Hay pruebas de que algunos líderes antonovistas eran de origen kulak, (basadas en los archivos bolcheviques) aunque un historiador de la Cheka tuvo que admitir que “una parte considerable del campesinado medio” apoyaba la insurrección [10]. Hay pruebas de que Antonov tenía el apoyo de los campesinos pobres y de algunos obreros en la provincia [11].

Reservas

Se deben tener reservas sobre las acusaciones del “caracter kulaks” de estos levantamientos. Incluso si se admite que algunos kulaks tomaron parte en estos levantamientos, se debe garantizar, a partir de las pocas pruebas disponibles, que otros sectores del campesinado tomaron parte activa. ¿Qué hay de cierto sobre las alegaciones de que lejos de ser contrarrevolucionarios, estos levantamientos campesinos eran el inicio de una “Tercera Revolución” (partiendo de las revoluciones de Febrero y Octubre)?

Este término parece haber sido creado por anarquistas del movimiento makhnovista, apareciendo en una declaración de un órgano makhnovista, el Soviet Militar Revolucionario, en octubre de 1919. Reapareció durante la insurrección de Kronstadt. Anatoli Lamanov lo desarrolló en las páginas del Kronstadt Izvestia, el periódico de los insurgentes, del que era editor. Lamanov era líder de la Unión de Socialistas Revolucionarios Maximalistas en Kronstadt, y veía Kronstadt como el comienzo de la “Tercera Revolución” que podía derrocar la “dictadura del Partido Comunista con su Cheka y capitalismo de estado” y la transferencia de todo el poder a los “soviets libremente elegidos” y transformar los sindicatos en “asociaciones libres de trabajadores, campesinos e intelligentsia trabajadora” [12]. Los maximalistas, una escisión de los Socialistas Revolucionarios, exigían una inmediata revolución agraria y urbana, una República trabajadora de soviets federados, anti-parlamentaria y sin partidos. No hay pruebas de vínculos entre ellos y los makhnovistas, aunque es poco probable que este lema surgiera en los dos sitios de forma totalmente independiente. “Aquí en Kronstadt, se ha puesto la primera piedra de la Tercera Revolución, golpeando los últimos opresores de las masas trabajadoras y abriendo un nuevo camino a la creatividad socialista”, proclamaban en Kronstadt [13].

El término “Tercera Revolución”, sin embargo, parece vago, sin una idea clara de cómo llevar a cabo tal revolución. Tenía sus partidarios en los círculos makhnovistas y posiblemente en Siberia Occidental, y con Maslakov, pero nunca operó de una forma unificada para conseguir llevarse a cabo. Lo que distinguía al movimiento makhnovista del de Tambov era la ideología específica del primero. El movimiento de Antonov no tenía ideología, “sabían de lo que estaban en contra… pero sólo tenían vagas nociones de cómo organizar Rusia a la hora de la victoria” [14]. Los antonovistas eran un movimiento local con perspectivas locales. Los makhnovistas tenían una visión amplia, y establecieron vínculos con Maslakov. El propio Makhno llegó a hacer campañas hasta el Volga, atravesando el área del Don y absorviendo bandas similares. Se envió un destacamento bajo las órdenes de Parkhnomenko a la región de Voronezh a comienzos de marzo de 1921 y pudo haber sido un intento de unirse a los destacamentos antonovistas bajo Kolesnikov.

Pero la vasta extensión de la Unión Soviética impedía los lazos entre los movimientos. Parece haber estado muy extendida la ignorancia mutuoa de la existencia o de los objetivos de los distintos movimientos campesinos.

En donde hubo una comprensión de la situación, parece haber habido poco esfuerzos para combinar los movimientos en una misma oleada contra el gobierno bolchevique. La insurrección de Kronstadt fue derrotada varios meses antes de sus garantías de éxito [15]. El localismo y la falta de una estrategia más global condenó igualmente a los frustrados movimientos de Antonov y los de las regiones del Don, del Kubán y de Siberia occidental, así como la propia espontaneidad de los levantamientos. Los makhnovistas parecen haber tenido una mejor idea de la situación, pero fracasaron al unir la oposición y se aliaron una vez más con los bolcheviques, a pesar de experiencias previas desafortunadas. De todas formas, la suma de todos estos levantamientos presentó una gravísima amenaza al régimen, obligándolo a pasar del Comunismo de Guerra a la Nueva Política Económica.

____________

Notas
1. p.138 Ferro
2. Izmeniia 1917-20, en Atkinson.
3. L Kritsman, The Heroic Period of the Great Russian Revolution, 1926 de Skirda.
4. Kubanin ‘The anti-Soviet peasant movement during the years of civil war (war communism) 1926, de Skirda.
5.Palij, Malet, Skirda todos citan la evidencia de los logros makhnovistas de guardar el capital bolchevique
6. p.148, Maximoff
7. Lebeds, citado por Malet.
8. p.82 Radkey
9. p122 Malet
10. Sofinov, en Radkey. p106.
11. p107-110 Radkey
12. ver Getzler
13. p243 Avrich
14. p.69 Radkey
15. ver Avrich

Bibliografía
Avrich, P. Princeton (1970) Kronstadt 1921
Atkinson,D. Stanford (1983) The end of the Russian Land Commune 1905-1930
Lewin, M. Allen & Unwin (1968) Russian Peasants and Soviet power
Mitrany, D. Weidenfeld & Nicholson (1951) Marx and the Peasant.
Malet, M. MacMillan (1982). Nestor Makhno in the Russian Civil War
Palij, M. Washington (1976) The Anarchism of Nestor Makhno.
Radkey, O. Hoover (1976) The Unknown Civil War in Soviet Russia.
Maximoff, G. P. Cienfuegos (1976) The Guillotine at Work.
Skirda, A. Paris (1982) Nestor Makhno, Le Cosaque de l’Anarchie.
Ferro, M. RKP (1985) The Bolshevik Revolution, A Social History of the Russian Revolution.
Getzler, I. Cambridge University Press (1983) Kronstadt 1917-1921, the Fate of a Soviet Democracy.

Glossary
Kulak – a better off peasant
Muzhik – the poorer peasants
Whites – the reaction to the Russian Revolution, gathered around the Tsarists
Socialist-Revolutionaries – revolutionary party that saw a key role for the peasants and thought that Russian society could avoid capitalism and go straight to a socialist society
Left Socialist-Revolutionaries – a more radical split from the SRs

Introducción al anarquismo (II). La visión estratégica

Índice de contenidos a publicar:

1.-Unas bases.
2.-La visión estratégica.
3.-Programa, articulación política y estructuración del movimiento.
4.-El análisis de coyuntura.
5.-En la realidad material.

La visión estratégica

La estrategia es una metodología para lograr un objetivo determinado teniendo un punto de partida distinto, es decir, si lo que aspiramos  es hacia una sociedad sin clases ni Estado y estamos en una sociedad con clases y con Estado, necesitamos elaborar una metodología para poder realizar nuestro objetivo final avanzando en el presente y el futuro inmediato. Plantearnos esta cuestión es muy importante, ya que cualquier movimiento revolucionario debe dotarse de una estrategia política. Volveremos en el siguiente capítulo sobre la cuestión estratégica, ahora partamos primero acerca de en qué consiste una visión estratégica. Tener una visión estratégica implica ver y analizar los acontecimientos, acciones y movimientos de las diversas fuerzas sociales y políticas —tanto las nuestras como las del entorno que nos rodea— de la realidad material teniendo en cuenta el significado estratégico que hay en ellas. Esta visión es contraria a la perspectiva ideológica, que es una visión que no ve los sucesos como flujos dinámicos de la sociedad, sino que aplica una capa de abstracción donde únicamente operan las ideologías que llevan detrás una u otras fuerzas políticas y sociales. No obstante, una visión estratégica sin bases ideológicas y sin estar adscritas a una tendencia política específica sería inútil. La diferencia entre la visión estratégica y la perspectiva ideológica es que lo primero transforma las bases ideológicas en teoría revolucionaria orientada a construir una tendencia política capaz de articular un movimiento revolucionario ambicioso, y siempre orientado a la conquista de victorias en las luchas cotidianas e inmediatas a favor de nuestra clase social sin perder de vista el objetivo final: el socialismo libertario. En cambio, a través de lo segundo, se transforman las bases ideológicas en principios sobre los cuales cumplir coherentemente y a rajatabla.

La falta de visión estratégica impide que el anarquismo llegue a ser una fuerza política revolucionaria como motor y actor de transformaciones radicales de la sociedad, puesto que no aspira a disputar el terreno, lo que significa relegar el anarquismo a posiciones marginales, para el estudio académico o para lavarse las conciencas. Por ello, es necesario un cambio de tendencias y de perspectivas, que tomen el anarquismo siguiendo su tradición de clase, política, social y revolucionaria. A través de la visión estratégica veremos las cosas de distinta manera, más amplias y mucho más claras que a través de la perspectiva ideológica, pues ésta más bien actúa como sesgo en vez de algo que nos permita conocer las dinámicas del entorno, y elaborar planes y líneas estratégicas para intervenir en la realidad material. Esta visión la podemos aplicar en diversos ámbitos de la vida real donde se dan los conflictos sociales. Pondré como ejemplo el tema afrontar la represión desde la visión estratégica: nos damos cuenta de que uno de los principales objetivos de la represión es aislarnos y neutralizarnos a través de la violencia física (arrestos, palizas, torturas…), psicológica (acoso, aislamiento, amenazas, privación de libertad…), mediática (criminalización) y económica (multas). Para contrarrestar sus objetivos, sería necesario tener abogadas afines, visibilizarnos lo máximo posible y, puesto que estamos en una situación de desigualdad de fuerzas con respecto al enemigo de clase y sus gestores (el Estado), construir organismos, crear frentes amplios y tejer alianzas con movimientos de distinta tendencia también afectadas por la represión. Además, hemos visto que la represión no solo golpea al anarquismo, sino a todo el conjunto del movimiento popular: sindicalistas y huelguistas, activistas antidesahucios, ecologistas… y en general, a las clases desposeídas. Por lo tanto, si queremos frenar la represión, nos lleva a extender los lazos solidarios más allá de nuestros círculos y trazar estrategias conjuntas con los movimientos sociales y otras tendencias políticas. El sentido estratégico de optar por esta vía podría ser el siguiente:

—Superar el «cada tendencia mira por sus presos», que en nuestro caso sería el pedir únicamente la libertad de las anarquistas. Esta es una manera de romper el aislamiento, superar los sectarismos y comenzar a tender puentes con otras represaliadas y compartir la solidaridad y el apoyo mutuo.
—Aprender a comunicarnos con el entorno que nos rodea transmitiendo los mensajes adecuados en vez de hablarnos para nosotras mismas. Hacer ruedas de prensa y que nuestro mensaje tenga cierta repercusión mediática también sería un buen punto ganado. Este aspecto es imprescindible para darnos a conocer y contrarrestar la criminalización.
—Reforzar los lazos solidarios entre el conjunto del movimiento popular a través de la inserción social. Reconociéndonos en las luchas sociales nos ayudará a que nos reconozcan como personas —o como movimiento y fuerza política— comprometidas  que luchan por una sociedad más justa. Esto es la reciprocidad.
—Compartir unas dinámicas de trabajo distintas e involucren la mayor cantidad de personas posibles. Muchas cabezas pensantes y muchas manos trabajando por un objetivo común siempre es mejor que cada cual por separado.

Ante las elecciones, hemos arrastrado siempre la inercia de la abstención sin poner sobre la mesa los problemas sociales a tratar como la vivienda, el trabajo, los servicios públicos… Aquí es donde más diferencias hay entre la perspectiva ideológica y la visión estratégica, pues mientras lo primero, aunque es cierto que es imposible conseguir cambios profundos en las elecciones, no lleva más propuestas alterntivas y de avance que contraponer a la farsa electoral. Desde la visión estratégica, no se pone énfasis en el no votar o votar, sino en el fortalecimiento de los movimientos populares y en sacar propuestas y modelos que permitan una estrategia de ofensiva, como por ejemplo, impulsar un nuevo marco de relaciones laborales en pro de la clase trabajadora o una campaña amplia por la amnistía social. Sobre este asunto, ya se trató aquí y más adelante volveremos a ello.

Esto solo es un ejemplo de lo que puede aportar la visión estratégica, no solo en la cuestión antirrepresiva, sino que, como dije antes, también en otros frentes de lucha e incluso en las movilizaciones. Además, la visión estratégica aporta amplitud de miras y humildad, conlleva asumir una responsabilidad política y es una manera de superar el actuar por inercias. Esta manera de ver las cosas rompe con los dogmatismos basados en principios incuestionables y también constituirá el primer paso para comenzar a tratar cuestiones que derivan de esa responsabilidad política de lograr el socialismo libertario, como es la necesidad de consolidar un proyecto político sobre el cual elaborar el programa, las hojas de ruta, las líneas estratégicas, el dotarnos de estructura y la inserción social, el ser parte del movimiento popular e impulsar las luchas sociales.

En la siguiente entrega trataremos más a fondo la cuestión estratégica que va ligada a la creación de programas, proyectos políticos, hojas de ruta y modelos de estructuración de movimiento. Ir a la 3ª parte.

1 35 36 37 38 39 96