Enlaces del mes: Septiembre 2015

Sobre la guerra de Siria, traemos materiales sobre el curso de la guerra y los movimientos geopolíticos de las potencias regionales e imperialistas de la zona así como los conflictos del pueblo kurdo en Siria. Tenemos también una entrevista reciente a un grupo anarquista turco: las DAF, que nos cuentan sobre la historia del anarquismo en Turquía, en qué ámbitos operan dentro del país así como su compromiso de solidaridad y apoyo activo a la revolución social de Rojava. Del mismo modo, también nos llamó la atención la puesta en marcha de cine comunal en Rojava, que tiene su paralelismo histórico en la colectivización de la industria del espectáculo por parte de la CNT a los inicios de la guerra civil española.

¿Qué situación atraviesa actualmente la clase obrera global? Este artículo ofrece un repaso de las luchas obreras a lo largo y ancho del planeta a partir del ascenso del think tank neoliberal The Chicago Boys, en las décadas de los ’70 y los ’80 del siglo XX, época marcada por una reestructuración del capitalismo tras el fracaso del keynesianismo y el auge de la primera ola neoliberal, pasando el colapso de la URSS, los movimientos antiglobalización de los 2000, la ola de protestas de los movimientos sociales amplios y masivos después de la guerra de Iraq y la crisis económica mundial, hasta hoy, donde se menciona también al proletariado industrial del centro de China y el sudeste asiático. La globalización capitalista ha ido parejo a la construcción de una clase obrera a nivel grlobal, lo que plantea una nueva coyuntura y ver qué papeles jugarán la izquierda y el anarquismo ante ésta.

Durante el verano y tras la desconvocatoria de la huelga de técnicos de Movistar, volvieron al puesto de trabajo sin haber logrado sus reivindicaciones, aunque algo se ha conseguido avanzar. No obstante, no en todos los sitios cesaron las represalias. Con el inicio del curso, los y las técnicas de Movistar están valorando volver con las movilizaciones tras hacer un repaso de lo acontecido este verano después de haber repuesto fuerzas.

En esta entrevista a Mario Celis, repasan la trayectoria que ha pasado el movimiento anarquista chileno y lo que les llevó de pasar de un movimiento subcultural, de colectivos y voluntarista a un movimiento político y revolucionario de organizaciones y frentes, y con responsabilidades políticas y sociales. Fue entonces una época de cambios de tendencias que comenzó en los años ’90 con el Congreso de Unificación Anarco-Comunista (CUAC) hasta unos diez años más tarde cuando se consolidó y comenzó a andar la tendencia, reflejada en la OCL, la FeL y la Izquierda Libertaria principalmente. Llama la atención sobre todo que estas experiencias las estamos viendo en el anarquismo en el Estado esañol. Sin duda, una lectura muy recomendada para impulsar este cambio de tendencias que permitan articular el anarquismo como fuerza política y movimiento. “Arriba los que luchan y no luchan”. El Congreso de Unificación Anarco Comunista de Chile (CUAC) y la apuesta libertaria en el siglo XXI. Entrevista a Mario Celis.

Por otra parte, toda la UE estuvo pendiente de las elecciones generales del 20 de septiembre en Grecia, pais que ya votó en unas elecciones generales a comienzos de este mismo año y en un referéndum en julio. Con la bandera de la soberanía abandonada por Syriza y antes por el Pasok y la ND, la prensa neoliberal (El Mundo, en este caso) nos sirvio esta entrevista con un representante de Amanecer Dorado. Su mezcla de nacionalismo xenófobo y perspicacia a la hora de exponer su imagen a los medios puede explicar la persistencia de este partido como (pequeña) tercera fuerza en las instituciones y en la calle.

En clave estatal, una de las polémicas de final de verano fue la celebracion de la fiesta del «toro de la vega» en la localidad vallisoletana de Tordesillas. El hecho de que su alcalde lo sea por el PSOE ya había llevado a Pedro Sánchez a jugar con los medios y con la oposicion al «toro de la vega» en gran parte del Estado en una ocasión anterior. En esta, Jorge Armesto utilizó su tribuna de opinión en Diagonal para tomar este caso como ejemplo de la capacidad del PSOE y otros grandes partidos para crear una imagen que se sobrepone a la misma realidad de sus políticas.

Estrategia y táctica para un anarquismo revolucionario

Una vez escribí que el anarquismo adolecía de visión estratégica. Más tarde, un espontáneo me recomendó un breve texto sobre estrategia y táctica ambientado en el contexto chileno de los años ’70 y de tendencia marxista-leninista. Y puesto que me pareció interesante (no porque fuera marxista ni chileno, sino por los conceptos desarrollados), me propuso adaptarlo para el anarquismo actual. El resultado es un artículo, también disponible para descargar e imprimir, la versión en PDF aquí.

Una pequeña aclaración

¿Por qué un anarquismo revolucionario, si el anarquismo ya de por sí lo es? La respuesta a esta pregunta tiene origen en la atomización que ha sufrido el anarquismo hasta hoy, en el cual, surgieron tendencias que rechazan todo lo que fuese u oliese a intervención sociopolítica, el socialismo libertario como meta final u otras cuestiones, para hacer del anarquismo una parodia radicaloide para la autocomplaciencia y el consumo ideológico, un pasatiempo y estilo de vida individual o de pandillas y colegueo. Esas concepciones liberales del anarquismo es lo que lleva a corrientes incapaces —o que directamente rechazan— de producir análisis de coyuntura, visiones estratégicas, programas, hojas de ruta, propuestas, inserción social, crear estructuras para la lucha social y construir una tendencia política anarquista con un proyecto de mayorías a través de la estrategia del poder popular que apunte hacia el socialismo libertario, ya que no se parte del anarquismo como vía política hacia el socialismo, sino de un anarquismo para vivirlo. Es por esta razón que en el título aparezca la coletilla revolucionario, pues pretendemos que el anarquismo sea una política de transormación revolucionaria y no un radicalismo liberal.

Esta adaptación pretende sentar unas bases para desarrollar las herramientas necesarias para levantar un anarquismo revolucionario sin tener por qué añadir esa coletilla. Para ello, trataremos cuestiones sobre la lucha de clases, la estrategia, la correlación de fuerzas, el programa y más.

Introducción

Partimos de la sociedad de clases resultado de una desigualdad social estructural en el sistema capitalista, donde la clase dominante es la poseedora de los medios de producción, de los recursos de la tierra y el capital por un lado (la clase dominante, la burguesía), y por otro, unas mayorías desposeídas que venden su fuerza de trabajo a los capitalistas para obtener ingresos (las clases trabajadoras).

La existencia de explotados y explotadores traerá consigo un conflicto: la lucha de clases, en el cual cada clase social lucha por sus intereses de clase objetivos. Esta lucha se libra de manera desigual, en donde la burguesía es la que tiene ventaja y pretende perpetuarse en el dominio, mientras que las clases trabajadoras se mantienen desunidas y la gran mayoría sin tener como visos el socialismo y la emancipación como clase.

Pese a todo, alrededor del mundo siguen existiendo organizaciones de clase que pelean defendiendo el salario, el puesto de trabajo, la negociación colectiva, el convenio, condiciones dignas de trabajo, seguridad laboral, etc. Reivindicaciones en general que favorezcan a la clase trabajadora. No obstante, estas reivindicaciones, aunque justas y necesarias para que en las luchas la clase trabajadora aprenda a defender sus intereses, no llegan a ser revolucionarias al faltar un trasfondo revolucionario que apunte a la toma y socialización de los medios de producción, la tierra y los instrumentos de trabajo, en definitiva, al socialismo. Dicho de otra manera, con solo estas luchas no bastan para lograr la emancipación como clase, pues ello solo llegará con una meta socialista.

La izquierda revolucionaria, y con ello el anarquismo, asumimos que la lucha de clases es una guerra prolongada con muchos frentes abiertos, no solo en el plano laboral, y que, como toda guerra, para lograr la victoria final, es necesario dotarnos de herramientas que nos permitan materializar nuestro proyecto político socialista libertario. Ni el tiempo ni la razón ni ninguna abstracción nos llevará inevitablemente hacia el socialismo, es la clase trabajadora la que tendrá que materializarla superando el actual sistema de explotación capitalista, ya que la clase dominante lógicamente no va a ceder su posición de privilegio y se dotará de todas las estructuras y medios necesarios para mantenerse en el dominio. Si queremos implementar el socialismo libertario, tendríamos que empezar por construir contrapoderes que disputen su dominio y se confronten directamente con el statu quo para derrocarles.

Por ello, estas tesis nos lleva a otros planteamientos acerca de las estructuras que necesitamos (¿un partido revolucionario, una organización de cuadros, sindicatos, asambleas de barrio…?), sobre los objetivos inmediatos a resolver (vivienda, trabajo, servicios públicos, territorios…), cómo aumentar las fuerzas populares, su poder real y la creación de contrapoderes, cómo trataremos de divulgar nuestros mensajes y luchas para aumentar dichas fuerzas y consolidarnos como alternativa política y movimiento. Todo esto lo iremos desarrollando a lo largo del texto.

Estrategia y táctica

La estrategia es una serie de métodos de planificación, organización y ejecución de diversas operaciones tácticas para lograr un objetivo concreto. Como dijimos en la introducción, la lucha de clases se entiende como una guerra prolongada, y como tal, para ganar una guerra es necesaria la elaboración e implementación de planes estratégicos que partan del análisis de coyuntura, es decir, de herramientas de análisis que nos permitan conocer la realidad material y social que nos rodea, teniendo en cuenta los siguientes factores. Acompañaremos las explicaciones teóricas con un supuesto práctico (escrito en cursiva):

—El escenario en que se darán las batallas. Es el espacio físico en donde se dará la lucha de clases y sus manifestaciones coyunturales (frentes: laboral, territorial, servicios públicos…)
—La fuerza real y los puntos débiles que posee el enemigo.
—La fuerza real y las debilidades que poseemos.

En una empresa de metro, la dirección quiere hacer una reestructuración de la plantilla sacando un paquete de bajada de baremos que tocan salarios, jornada, turnos y descansos. La plantilla se muestra desconforme con la decisión de la dirección y se abre un conflicto laboral. Supongamos que a priori la empresa lo puede aplicar sin problemas. En la parte trabajadora, contamos con que la mayor parte de la plantilla no está sindicada, y la representatividad del único sindicato combativo que hay es baja en comparación con los mayoritarios, los cuales, tienden más hacia el diálogo que a la confrontación.

Al balance de las fuerzas de ambos bandos los llamaremos correlación de fuerzas, los cuales pueden estar a favor del enemigo cuando sus fuerzas son superiores a las nuestras, o pueden ser favorable a nuestra clase cuando sucede lo contrario. En la actual coyuntura, la correlación de fuerzas es claramente favorable a la clase capitalista. Por tanto, través de la estrategia pretendemos revertir esta situación, tratando de inclinar la balanza de la correlación de fuerzas a nuestro favor.

Como podemos ver, la situación inicial parte de una desigualdad en la correlación de fuerzas en el cual la balanza se inclina a favor de la patronal. No obstante, el clima de la plantilla es de indignación y por ello, se abría una oportunidad para que esa indignación se articulara en una respuesta organizada capaz de frenar los baremos. Aquí es donde se plantea la cuestión estratégica para cambiar esa correlación de fuerzas.

Las tácticas son cada uno de los movimientos que se realizan dentro de un marco estratégico para lograr posiciones de ventaja intermedias que nos acerquen a un objetivo estratégico parcial o final. La diferencia entre un objetivo parcial y uno final es que en el primero, tratan de ganar una posición clave y cambiar parte de la correlación de fuerzas o tener una mejor posición para cambiarla; mientras que en el segundo, se pretende la derrota definitiva del enemigo.

En el marco de una coyuntura dinámica, los planes estratégicos siempre se tienen que adaptar a los cambios que ocurren, y por ello, es imprescindible hacer balances y valoraciones, en los cambio de ciclos, sobre la consecución o no de los objetivos estratégicos marcados anteriormente y adaptar las hojas de ruta y unas líneas estratégicas adecuadas a cada circunstancia. Estos procesos para determinar qué estrategias implementar vendrán de las experiencias mismas del curso de las luchas, en donde se aprenderán de los errores y aciertos.

Mientras los sindicatos mayoritarios llamaban a la calma y a sentarse en la mesa de negociación, la plantilla criticaba la postura moderada que solo planteaba que el paquete de medidas no fuese tan agresivo de estos sindicatos, lo cual, se crea también un ambiente de desconfianza hacia ellos, tanto entre las no sindicadas como las bases de esos sindicatos. La postura del sindicato combativo es convocar una huelga indefinida que termina aprobándose en una asamblea de trabajadores donde participaron la mayoría de la plantilla. Una vez comenzada la huelga, podemos ver los movimientos de cada bando.

El objetivo final de la empresa es derrotar la huelga y aplicar sus medidas, Para ello recurrirá a diferentes tácticas de rompehuelgas: como tratar de dividir a la plantilla y generar un clima de desunión, utilizar a los sindicatos amarillos para que éstos les convenzan a los huelguistas de desconvocar la huelga, decretar servicios mínimos abusivos, promover el esquirolaje o generar una opinión negativa hacia los huelguistas a través de los medios de comunicación.

El objetivo final (podemos decir que inmediato) para la plantilla es que, dado que esa bajada de baremos no está justificada, debe retirarse en su totalidad. Con la convocatoria de la huelga, la plantilla ha conseguido ya ganar fuerza y así poder avanzar más hacia su victoria. Pero para ello, tendrán que utilizar tácticas que no solo neutralicen los ataques de la patronal, sino que les permitan ganar e imponer sus reivindicaciones. Tácticas como la de ofrecer servicio gratuito mientras dure la huelga y confluir con las demandas de los y las usuarias del metro, harían que se ganasen las simpatías de la población y a la vez podría ser una medida contra los servicios mínimos abusivos, buscar apoyo y cobertura mediática, traspasar la frontera sectorial confluyendo con otros movimientos sociales, crear tablas reivindicativas y forzar posiciones negociadoras acorde a esas tablas…

En el plano militar, podemos ver estos tipos de estrategias:

1.- La estrategia del enfrentamiento directo consiste en utilizar todas las fuerzas disponibles y lanzarlas contra el enemigo en todos los frentes. Esta estrategia es acertada cuando tu fuerza real es mucho mayor que la del enemigo.

2.- La estrategia del cerco consiste en atacar los flancos hasta rodear al enemigo aislándolo e impidiendo que se comunique con el exterior para recibir refuerzos. Esta opción, junto con la siguiente, se utiliza cuando la correlación de fuerzas está más o menos equilibrada o nos es desfavorable.

3.- La estrategia de la división consta de atacar un punto débil y avanzar por éste hasta dividir al enemigo de modo que corte las comunicaciones entre una parte y otra de los territorios enemigos.

La finalidad de la estrategia es aumentar nuestras fuerzas de modo que revierta una situación de correlación de fuerzas desfavorable hacia uno favorable que nos permita la victoria final: la derrota del capitalismo y el triunfo del socialismo libertario. Una buena estrategia es aquella que, partiendo de los análisis de la coyuntura, es capaz de generar unas líneas y métodos de actuación que permitan el avance real de nuestras fuerzas en detrimento de las del enemigo. Una estrategia es errónea cuando parte de análisis erróneos o se obvia la correlación de fuerzas y ello nos podría producir un desperdicio de fuerzas y conducirnos a duras derrotas. Así por ejemplo, la actual tendencia insurreccionalista está utilizando la estrategia del enfrentamiento directo sin tener una fuerza real superior a la del enemigo, lo cual, les está llevando a una guerra perdida de antemano y envuelto en espirales represivas.

Correlación de fuerzas

La correlación de fuerzas es otro factor importante de cara a la elaboración de estrategias. Para ello, hay que entender primero las partes más pequeñas, es decir, la fuerza misma, las cuales distinguiremos dos:

1.- Fuerza real. Es la capacidad material real de un movimiento, una clase social o una fuerza política. En otras palabras, serían los efectivos que existen en un momento dado.

2.- Fuerza potencial o posible. Es aquella que puede llegar a alcanzarse si se toman las estrategias adecuadas para ello, es decir, un sector social que en un determinado momento todavía están fuera del movimiento o fuerza política pero que tienen la posibilidad de formar parte de la fuerza real y aumentar su base efectiva.

Del mismo modo, podemos hablar de correlación de fuerzas real como la situación de las fuerzas reales en el escenario inmediato, y de correlación de fuerzas posible, la que se prevé dependiendo de las estrategias que implementen las fuerzas presentes en el escenario.

A través de la estrategia, se pretende que esa fuerza potencial o posible pase a ser una fuerza real, dando como consecuencia un cambio en la correlación de fuerzas. Cogiendo el supuesto práctico anterior, podríamos decir que la indignación de la plantilla y su disconformidad o indiferencia con respecto a la bajada de baremos sería la fuerza posible de cara a materializar una fuerza real. La fuerza real en ese momento la tendría el sindicato combativo o el sector de la plantilla organizada y movilizada. No obstante, en la correlación de fuerzas en ese momento antes de la huelga, era desfavorable para la plantilla, que cambia cuando se convoca.

El descontento de por sí no es capaz de frenar los recortes, hace falta su organización y su movilización en torno a una serie de demandas o reivindicaciones, no solo de rechazo hacia los ataques de la patronal sino también a exigirles medidas que beneficien a la plantilla, alcanzar mejores posiciones negociadoras o que las negociaciones se lleven a cabo en el terreno y los ritmos que marca la plantilla, no la dirección de la empresa.

En el momento en que el sector organizado y movilizado de la plantilla fue capaz de leer la situación y poner sobre la mesa las herramientas (comité de huelga) que permitan organizar una respuesta real ganándose a ese sector no posicionado o indignado, haciendo que entre todas ellas se trabaje para sacar adelante la huelga y se adhiera a una tabla reivindicativa propuesta desde el comité de huelga, esa fuerza posible se habrá convertido en fuerza real. Será entonces cuando habrá posibilidades de cambiar la balanza de la correlación de fuerzas.

Defensiva y ofensiva

Cuando la balanza de la correlación de fuerzas se inclina a favor de las clases dominantes, plantear una ofensiva directa en esta situación sería un suicido para cualquier tendencia revolucionaria. En esa situación, sería más acertado recurrir a una postura defensiva y de resistencia en vez de rendirse sin más porque entonces es reconocer nuestra derrota definitiva. Así pues, desde la resistencia se pretende ganar tiempo para ir articulando los proyectos necesarios con el que cambiar la correlación de fuerzas y pasar a la ofensiva. Una posición siempre a la defensiva tarde o temprano sería vencida la resistencia tras un desgaste al tratar de frenar las ofensivas enemigas, lo que finalmente termina con la derrota definitiva, o en el mejor de los casos, a funcionar por inercia.

Siguiendo con el supuesto práctico del conflicto laboral en el metro, podríamos plantearlo así:

1.- Si desde ese sindicato combativo se lanzaran directamente a hacer piquetes y tablas reivindicativas, posiblemente acabarían en derrota. En este caso, sería lanzarse a la ofensiva con una correlación de fuerzas desfavorable. A la patronal le sería fácil desacreditarles y poner a la plantilla en contra.

2.- La otra vía es optar por una posición defensiva que les ayude a ganar tiempo y acumular las fuerzas necesarias para llevar el conflicto a otro nivel, donde la correlación de fuerzas esté más equilibrada. Animar a la plantilla a que se opongan al paquete de medidas es un primer paso para poder frenarlos finalmente. No obstante, si quedasen únicamente a la defensiva, al final los recortes se aplicarían tras el desgaste de las fuerzas de la plantilla si no se organizan ni se movilizan, además del riesgo de cooptación por parte de los sindicatos pactistas.

3.- Al ver que con solo el rechazo no basta, a partir de la resistencia creada, ponen sobre la mesa la necesidad de lanzarse a la ofensiva a través de la organización y movilización de la plantilla. Así es como se lleva a cabo la huelga indefinida, se establecen tablas reivindicativas con los cuales se pretende, no solo tumbar los recortes, sino también mejorar las condiciones de trabajo.

Un caso muy ilustrativo de resistencia lo podemos ver en todos los movimientos sociales que han surgido recientemente se articulan en torno a demandas defensivas, tales como el NO a los recortes en servicios públicos, a las reformas laborales, leyes más restrictivas, etc. Los movimientos sociales, al carecer de una orientación política y un modelo sobre el cual trabajar y contraponerse al modelo neoliberal, tenderán a conservar y defender lo que ya está hecho, como por ejemplo, solo se plantea como modelo el de la educación pública antes de los recortes en Educación al igual que el de la Sanidad.

Como podemos observar actualmente, las mareas ciudadanas han desaparecido prácticamente del escenario social. En general, estamos ante el cierre del ciclo de movilizaciones del 15M después de que este movimiento haya tocado techo en 2013, yendo posteriormente en declive, aunque hayan fraguado movimientos como la PAH y algunas asambleas de barrio.

Cuando dichos movimientos sociales habían tocado techo, fue el momento de seguir impulsándolos dotándolos de una orientación política proponiendo nuevos modelos sobre los que trabajar, tales como la gestión comunitaria del sistema educativo, la Sanidad y el resto de servicios públicos, tejer lazos entre diferentes sectores en lucha, etc, e ir consolidando un proyecto político sobre el que pivotar todas las luchas sociales. Solo a partir de este punto podríamos lanzarnos a la ofensiva, enmarcando estas luchas dentro de la estrategia del poder popular.

La estrategia del poder popular

La estrategia del poder popular parte de la premisa de la acumulación de fuerzas en favor de nuestra clase y de generar contrapoderes que confronten el poder dominante y vayan controlando todos los ámbitos de la vida social, tales como los servicios públicos, el sistema educativo, el trabajo, la gestión del territorio, etc, a través de las asambleas de barrio, las organizaciones estudiantiles, AMPAs (asociaciones de padres y madres), los sindicatos y consejos obreros, cooperativas integrales, organizaciones políticas, etc. El poder popular se entiende aquí como la capacidad material de un pueblo para materializar sus reivinidicaciones revolucionarias a través de su propia autoorganización que permita articularse como fuerza política de clase, independiente y autónoma al margen de las instituciones del Estado. Este poder popular se constituiría como un actor político formado por una red de instituciones populares, de movimientos y organizaciones políticas.

En el caso de la huelga, el sindicato sería el órgano que impulsará las movilizaciones en torno a las tablas reivindicativas. Para ello, convoca una asamblea de trabajadores como órgano para que la plantilla participe en las decisiones sobre cómo llevar a cabo el conflicto laboral y determinar las acciones, tácticas y estrategias a implementar en el curso de la huelga, a lo que crean una institución legitimada y con respaldo social para llevar las demandas de la plantilla a las mesas de negociación y mediar con la patronal y las autoridades laborales.

En el marco de esta estrategia, se emplea la táctica de la inserción social, que consiste en participar en los movimientos sociales y tratar de que éstos vayan arrancando pequeñas victorias en las luchas cotidianas, dándoles además continuidad y dinamismo a través de la aplicación de las tácticas, estrategias, hojas de ruta y programas elaboradas desde las organizaciones políticas, con el objetivo de crear un movimiento popular amplio en el cual se crearán las instituciones de poder popular, tales como asambleas de barrio, ateneos populares, centros sociales, etc si hablamos del ámbito barrial; sindicatos, consejos de trabajadores, etc en lo laboral.., sobre los que se articularían las luchas y adquieran la legitimidad para implementar las reivindicaciones de los movimientos populares y la clase trabajadora.

Para poder llevar a cabo esta estrategia, debe estar plasmada en unos programas políticos revolucionarios y tener las estructuras necesarias para llevar dichos programas a los movimientos populares para que se vayan implementando y creando hojas de ruta.

El programa y la organización de cuadros

El programa es un documento que recoge las líneas y los objetivos tácticos y estratégicos a alcanzar y varía dependiendo de cuáles son dichos objetivos y qué estrategias se han de seguir. En otras palabras, ¿por qué necesitamos programas políticos? Para marcar los objetivos y las acciones a implementar en el proceso revolucionario siguiendo una estrategia, creando las estructuras necesarias para llevar a cabo las tareas y tener una dirección clara, en el sentido de tener una orientación, un “Norte” para construir un proyecto político revolucionario y articular las luchas pivotando sobre ese proyecto. Podemos distinguir dos tipos:

Programa de mínimos. Es aquel programa que recoge los objetivos a alcanzar en las coyunturas inmediatas y a medio plazo, preparando el camino hacia el socialismo fortaleciendo la fuerza real de los movimientos populares al incidir en los problemas más actuales para la clase trabajadora como la vivienda, el trabajo, los servicios públicos, la cuestión territorial, etc. El programa de mínimos también podría decirse que sería un programa de transición y se enmarca dentro de la estrategia del poder popular como vía para llegar al socialismo.

Cabe añadir que las hojas de ruta y las agendas forman parte de las tareas programáticas. Las primeras consisten en líneas de actuación concretas en un ámbito específico para avanzar en materia en el corto plazo. Las segundas, son calendarios de acciones a realizar y no son solamente movilizaciones, sino también reuniones, asambleas, creación de estructuras, establecer acuerdos, etc.

Programa de máximos. Es aquel programa finalista donde se plasma el proyecto político o nuevo modelo de sociedad que queremos: el socialismo. Y la vía política por el cual optaremos: el anarquismo. Aquí se recogen las medidas a implantar una vez derrotado el capitalismo, tales como la socialización de los medios de producción y por consiguiente, la reorganización del modelo productivo en general, reordenación urbana, organización, gestión y administración de los recursos y el territorio,… y todas aquellas cuestiones a tratar para poner en marcha dicho modelo de sociedad. Este programa tiene relación con el anterior en cuanto que es el marco sobre el que se crean los programas de mínimos adaptados a una determinada coyuntura y es la que establece el objetivo finalista evitando que los programas de mínimos acaben sin ninguna dirección política y la relación entre ellas es imprescindible para el avance del proceso revolucionario, siendo el programa de mínimos parte de éstos.

Es importante distinguir entre estos dos tipos de programas ya que, mientras que el programa de máximos no varía mucho y no es aplicable en el corto y medio plazo (en el largo plazo dependerá de la trayectoria de las fuerzas políticas revolucionarias); el programa de mínimos necesariamente sufrirá modificaciones ya que tendrá que actualizarse a los cambios de coyuntura, sea por factores ajenos al movimiento (crisis capitalistas, cambios de gobierno y las leyes, cambios en los ciclos de los movimientos sociales…), o por factores propios (articulación de contrapoderes en los barrios, multisectorialidad en los movimientos sociales, crecimiento y radicalización del tejido sindical, etc).

No obstante, hay otra visión diferente en cuanto a la cuestión programática y es aquella que solo contempla el programa de máximos sin necesidad de hacer programas de mínimos. En su lugar, se partiría de hojas de ruta que serían la elaboración de objetivos, tácticas y estrategias con base en el programa de máximos adaptada a una determinada coyuntura y vinculada a la realidad en que se elaboren dichas hojas de ruta.

En el actual anarquismo, al menos a nivel del Estado español, se observan en algunos colectivos y grupos de afinidad, finalidades que tienen semejanza con los programas de máximos en cuyos puntos aparecen la abolición del capitalismo y el Estado, la autogestión generalizada, la colectivización, la libre federación de territorios, etc. Pero al carecer de estrategias, programas de mínimos y hojas de ruta que permitan ir avanzando en la coyuntura inmediata hacia el objetivo final, tales grupos de afinidad no son capaces de realizar cambios materiales algunos, ni servir como referente político para los movimientos populares, puesto que el programa no está adaptado a la realidad social inmediata, sino a una meta lejana e incapaz de materializarse dada la correlación de fuerzas actual. Por tanto, es imprescindible tener un programa de mínimos si queremos impulsar un cambio realmente. De la manera contraria, tampoco sería viable asumir como único programa el de mínimos puesto que se perdería la dirección revolucionaria necesaria para llegar al socialismo.

Los programas se realizarían entre los movimientos populares en sintonía con la organización de cuadros, es decir, una organización formada por militantes con formación en diferentes disciplinas de las ciencias sociales (política, economía, historia…), con experiencias en las luchas sociales y con capacidad de liderazgo tanto dentro de la organización como en las luchas en que esté involucrado, que se organizan en una entidad con cohesión interna, disciplina voluntaria y unas líneas estratégicas y políticas compartidas. El papel de este tipo de organizaciones será, además de las tareas programáticas, realizar análisis de coyuntura, trazar planes estratégicos e implementarlos, tener vinculación con el movimiento popular e inserción, llevar hojas de ruta a partir de programas mínimos en las luchas sociales, etc.

La estrategia comunicativa

Nuestra opción política está enmarcada dentro de un proyecto de mayorías, eso es, que debemos contar con las mayorías sociales para construir el poder popular. Para ello, en la actual sociedad de la información, necesitamos la elaboración de una estrategia comunicativa adecuada para lograr la mayor difusión y repercusión mediática posible.

Una estrategia comunicativa acertada será aquella capaz de distinguir los diferentes sectores del público a los que nos dirigimos y además ser capaces de adaptar las consignas a dicho público dentro de una coyuntura dada sin caer en abstracciones. Es tan simple como que al hablar de anarquismo al resto de la población, solo conseguimos que se asusten y salgan corriendo. Así por ejemplo, si hablásemos al público o a los movimientos sociales con el mismo discurso que usamos dentro de nuestro ámbito, posiblemente muchas cosas se malinterpretarían o simplemente no se entenderían. Y si realizamos un discurso adelantado o atrasado a los tiempos que corren, o simplemente alejado de la realidad y por tanto lleno de retórica, caeríamos en abstracciones.

Desde el sindicato combativo, tienen claro que su objetivo es la socialización de los medios de producción y el control obrero de las empresas. No obstante, saben que si utilizan ese discurso de cara a movilizar al resto de la plantilla, quedaría como bonita retórica sin plantear cuestiones reales, propuestas y hojas de ruta que permitan la movilización y la organización de la plantilla para conseguir los objetivos más inmediatos, que son frenar los recortes y mejorar las condiciones existentes.

Para ello, en vez de cargar directamente contra las otras centrales sindicales, critica lo que se hacen desde sus cúpulas y trata de acercarse a sus bases del mismo modo que al resto de la plantilla no sindicada. La difusión en el centro de trabajo de hacer asambleas abiertas convocadas con un orden del día de cara a preparar y organizar la huelga, en este caso, sería un acierto.

Un ejemplo de por qué debemos utilizar diferentes niveles discursivos lo vemos en el lenguaje científico puro y el científico divulgativo; mientras que el primero es expresamente técnico que solo lo entienden los científicos, el segundo es un lenguaje adaptado a que sea inteligible para la mayoría de la población. Pero ambos elementos discursivos transmiten unas mismas tesis, solo varía el lenguaje utilizado. En este sentido y a modo de ejemplo, para referirnos a nuestro proyecto político internamente podríamos hablar de anarquismo social, comunismo y/o socialismo libertario, para los movimientos sociales como poder popular y de cara al público, como democracia política y económica.

Los y las huelguistas se dieron cuenta de que el silencio mediático podría ser una de las claves de la derrota, puesto que se corre el riesgo de caer en el aislamiento y la criminalización del conflicto laboral poniendo a la opinión pública en contra de la plantilla. Tienen que jugar, entonces, en el terreno mediático llevando el conflicto fuera del centro de trabajo: a las calles, a los barrios, a confluir con otros movimientos sociales y conflictos laborales, a realizar ruedas de prensa, a generar contenido audiovisual y utilizar unos discursos cercanos, sinceros y realistas que encajen también con las demandas de los usuarios del metro para generar complicidades y despertar la solidaridad popular y de clase.

Además del plano discursivo, también sería necesario poner sobre la mesa objetivos como una renovación estética, tener nuestros propios medios de comunicación profesionales para conseguir una cobertura mediática constante sobre nuestros movimientos, organizaciones, propuestas políticas, acciones… y toda temática social con vinculación a nuestro proyecto, crear una imagen pública fácilmente identificable de nuestro movimiento, un movimiento con identidad propia y hasta presencia en los medios convencionales. Todo ello formaría parte de la estrategia comunicativa, sin olvidar que lo mediático tiene que tener un respaldo real que es el propio movimiento popular.

En resumidas cuentas

La visión estratégica es una mirada hacia la realidad desde un punto de vista de transformación social que parta de esta misma realidad y las dinámicas que se dan en ella, superando el sesgo ideológico, el inmovilismo y las actitudes derroteras. La falta de visión estratégica impide que podamos construir un movimiento revolucionario. La necesidad de la estrategia viene dada porque asumimos la lucha de clases como una guerra prolongada, en el cual, nos posicionamos a favor de la clase trabajadora y queremos el triunfo de nuestra clase sobre la actual clase dominante: la clase capitalista y propietaria. Para llevar a cabo los objetivos estratégicos, primero debemos articularnos políticamente, construir un nuevo modelo de movimiento libertario y consolidar un proyecto político socialista, para ir elaborando líneas de actuación comunes y un programa donde se recoja el nuevo modelo de sociedad que queremos: el socialismo, del cual partimos para realizar programas de mínimos u hojas de ruta con el fin de avanzar en la coyuntura inmediata. En estas hojas de ruta, trataremos las problemáticas sociales que atraviesa la clase trabajadora actual, solventándolos a través de la estrategia del poder popular y la táctica de la inserción social. A la vez que vamos consolidando esta nueva tendencia, es imprescindible contar con una buena estrategia comunicativa

Esta adaptación, actualizada a los tiempos que corren, pretende ser un pequeño aporte a los necesarios cambios que han de consolidar un anarquismo revolucionario con capacidad para intervenir social y políticamente en el escenario. Queda mucha tarea delante por hacer y un largo camino que recorrer. Ahora solo es el comienzo de un proyecto que se está construyendo poco a poco y que esperemos dé sus frutos en los próximos años. Queda pues, primero, ir detectando los errores que nos encontremos para aprender de ellos y corregirlos, cambios en la cultura militante, la construcción de un nuevo modelo de movimiento, su estructuración orgánica, su articulación y su inserción en los frentes, la creación de unas líneas de actuación comunes a todo el movimiento libertario, la consolidación de un proyecto político y un programa revolucionarios, la recuperación de los valores de lo común y una cultura popular basado en la solidaridad y la lucha social, partir de la realidad que tenemos delante para ir socializando nuestras tácticas y estrategias, insertarnos en los movimientos sociales en el marco de la estrategia del poder popular, creando a partir de ello movimientos populares amplios con institucionalidades propias como contrapoderes, y un largo etcétera de tareas que irán surgiendo en el curso de nuestra actividad.

 

Organización versus grupo de afinidad: el proceso de hiperautonomización y las debilidades estructurales de un colectivo anarquista

Tomando como marco de experiencia el complejo panorama del movimiento libertario heleno, el autor realiza un análisis del funcionamiento de los grupos de afinidad anarquistas que, de una manera más o menos generalizada, funcionan como base del movimiento libertario en Grecia. En el texto se repasan las limitaciones prácticas de este modelo organizativo, centrándose especialmente en el proceso de hiperautonomización derivado del progresivo aislamiento de muchos grupos de afinidad que operan en este país. Finalmente, el autor plantea la necesidad de mejorar la coordinación e integración de los frentes de lucha a través de la paulatina consolidación de una organización libertaria que contribuya, por un lado, a la federación de grupos ácratas y, por otro, a superar las debilidades organizativas del movimiento anarquista heleno.

«Por nuestra experiencia hasta el momento, creemos que la falta de acceso a la sociedad es lo que nos hace inofensivos para el poder estatal. Porque la revolución social no la hacemos nosotros y nuestro grupo de afi nidad, sino el conjunto de los explotados, convirtiendo en realidad el sueño anarquista. Esto significa que quien no ve la necesidad de estructurar y organizar nuestro ámbito –con los correspondientes golpes seleccionados contra el Estado– está poniendo, inconscientemente y con una práctica dogmática y corta de miras, obstáculos a la evolución del movimiento anarquista en Grecia y convirtiendo el sueño anarquista en una pesadilla cotidiana». Es cierto que, en la mayoría de los casos, y debido a las cortas edades imperantes en el movimiento griego anarquista, el proceso por el cual se forma un colectivo anarquista/ antiautoritario se realiza en términos de grupo de afinidad. Esto, en un primer momento, no se juzga de facto como algo negativo: nadie puede, por ejemplo, considerar una desgracia la creación de un colectivo a partir de un grupo de amigos ya existente que se politiza al mismo tiempo en una ciudad de provincias o un barrio de Atenas. Estructuralmente, pues, la creación de un colectivo político basado inicialmente en relaciones de confianza y amistad no es algo negativo. El problema se localiza en un estadio ulterior, en la evolución y la forma que el grupo experimenta a lo largo del tiempo.

Una vez formado todo colectivo, comienza el proceso de construcción de un espacio común entre sus miembros. Los miembros van tomando forma colectivamente, desarrollan su discurso político común y construyen una cotidianeidad colectiva, que en la mayoría de los casos se convierte en “su propia” realidad. En este último punto se encuentra, en nuestra opinión, la fuente del problema.A falta de un control exterior (nos referimos evidentemente al control colectivo en el marco de una Organización o Federación más amplia), el grupo crea una concepción exclusivamente suya sobre el acontecer social y político, por no estar comprometido con ningún otro colectivo, se hace más real a cada momento y con cada acción, al encarnarse en una experiencia vivida colectivamente (el proceso de hiperautonomizacion de la asamblea). Esta concepción aparece como una coordenada de diversos factores como las lecturas comunes, la cotidianeidad común, las experiencias comunes del movimiento y, por último, la infl uencia de personalidades destacadas de cada asamblea, que por diversos motivos dotan al grupo y a sus miembros de la terminología, las fuentes teóricas y la estructuración central de su pensamiento.

Los “capitanes invisibles” o “luchadores influyentes”, de acuerdo con el término más condescendiente son, en nuestra opinión, un fenómeno natural e inevitable, congénito a los principios de la organización colectiva y la evolución humana (edad, experiencia, agudeza, sustrato cultural), muy cerca de la microfísica del poder de Foucault. Pero el problema no es este fenómeno en sí, sino el marco informal en el que se desarrolla y la dinámica que adquiere.

La jerarquía informal no se afronta refunfuñando, sino mediante el control colectivo, democrático y político que emana no solo de la voluntad de algunos, sino de la propia estructura. El dirigismo político de algunas asambleas por parte de ciertas personas no es problema exclusivo de esas personas, sino sobre todo de la propia asamblea, de su propio sistema de funcionamiento.

Una personalidad ocupa el espacio que le dejan libre los demás; no es casual que haya grupos que, privados de una o dos personas, vegetan. Y ahí es donde llegamos a la cuestión de la acumulación de capital de experiencia y conocimientos (una especie de capital social al nivel pequeño de una asamblea).

Lo referido demuestra que los “luchadores influyentes” tienen cierto tipo de “conocimientos técnicos”. Conocimientos técnicos que, en lugar de ser compartidos con la asamblea, constituyen un monopolio en manos de ciertas personas que consiguen dominar en una relación de dependencia. Estos conocimientos técnicos no proceden exclusivamente de su capacidad retórica, sino de un proceso de acumulación de plusvalía intelectual: del capital experiencial acumulado de toda la asamblea que, en su redistribución, sufre un cortocircuito. Por decirlo más llanamente, todo colectivo acumula a través de sus acciones y experiencia un capital experiencial y de conocimientos. Inicialmente, este capital existe solo como producto colectivo, es decir, existe como capital colectivo del grupo, sin ser individualizado. Pero la inercia de muchos miembros, a falta de objetivación y posicionamientos políticos concretos a nivel de grupo (atribuimos la responsabilidad a las estructuras y no a las personas), en combinación con las capacidades naturales del “luchador influyente”, llevan este capital acumulado a manos de unos pocos, que se benefifician así (muchas veces sin querer) de las desigualdades estructurales del informalismo.

Lo que necesitamos, pues, no es expulsar a esos pocos, sino crear un mecanismo que distribuya igualitariamente el capital en cuestión entre todos los miembros de la asamblea. El informalismo es el libre mercado de un movimiento, y donde hay libre mercado, hay quienes dominan el capital.

El proceso de hiperautonomización descrito anteriormente no se ve interrumpido tampoco por los nuevos miembros de un colectivo que, en mayor o menor medida, se ven obligados a ser absorbidos por la microrrealidad del grupo y a velar por la preservación de la deseada autonomía.

Los nuevos miembros tienen que afrontar a su vez una serie de problemas: desde un sistema ya establecido de comunicación interna en el grupo (terminología, frases hechas, humor interno, cuestiones tabú, referentes políticos), hasta el respeto informal (espontáneo) a sus miembros más destacados/activos y, en defi nitiva, la aceptación o el confl icto con una estructurada concepción de su propia realidad, la “realidad” del colectivo antes mencionada.

Bajo el peso de la obligación de adaptarse a un nuevo microcosmos, estructurado sin ellos, estos nuevos miembros tienen tres opciones fundamentales: (a) adaptarse al marco existente y aceptar las normas, (b) intentar cambiarlo en mayor o menor medida, y, por último, c) rechazarlo y abandonar el grupo. El problema es que, entre las dos primeras opciones existe una desigualdad inherente que, en nuestra opinión, procede también de la falta de estructura.

En un examen más atento observamos que, en la inmensa mayoría de los casos, la balanza se inclina a favor de la primera opción (dejamos de lado la tercera). Es decir, un nuevo miembro se adapta antes o después a la ya configurada realidad del grupo, sin intentar siquiera cuestionar el marco existente. Esto se debe, principalmente, a la inseguridad que experimenta, no solo en relación con si tiene capacidad para hacerlo, sino con si ha entendido el propio marco, si ha entendido a qué se va a enfrentar. Dicha desigualdad reside en la debilidad estructural de los nuevos miembros para cambiar el marco existente. Una debilidad que se debe a dos razones fundamentales: (a) la diferencia de edad entre nuevos y “veteranos”, con lo que ello conlleva, y (b) la relatividad del marco político de cada colectivo.

De entrada, es bien sabido que nuestro “ámbito” atrae nuevos miembros casi exclusivamente de corta edad, especialmente de estudiantes y jóvenes. De este modo, para un chaval, la diferencia de edad, experiencia y sustrato teórico entre él mismo y los miembros más antiguos, se percibe enormemente, sobre todo por su parte. Además, en la mayoría de los casos, desgraciadamente, el nuevo miembro no se va a encontrar con un marco de posicionamientos políticos coherente, confi gurado por un conjunto de personas más amplio que supere los estrechos límites del colectivo. Por el contrario, se va a enfrentar a un conjunto de ideas y prácticas que conforman, como se ha dicho, la realidad de un grupo de veinte personas. La relatividad del objeto, pues, que potencialmente podría ser cuestionado, priva de sentido el cuestionamiento.

Para decirlo más claramente, esta relatividad reside en la falta de posicionamientos políticos formulados expresamente y en irresponsabilidad (política) que campa en los pequeños colectivos desconocidos, en ausencia de un ente político más amplio con nombre y reconocible. A consecuencia de esta relatividad, toda crítica choca con un funcionamiento casi ritual de cada grupo que, en la mayoría de los casos, tiene por consecuencia que no se puedan resolver políticamente las diferencias. A falta de posicionamientos políticos bien establecidos, estatutos, etc., toda crítica se produce exclusivamente sobre la “táctica” de un colectivo, y no en la correlación de esta táctica con sus posicionamientos. Además, mientras la necesidad de adoptar tal o cual acción se juzga siempre a partir de la percepción o la voluntad de las personas que forman un colectivo, y no viene determinada por la propia necesidad social o por el peso de una decisión más amplia para una acción a nivel de toda Grecia, la diferencia aflorará en términos de crítica personal dentro del colectivo, y no en términos de coherencia política y responsabilidad social. Lo que defendemos, pues, es que las presiones externas (en el marco de una Organización) no “someten” a un colectivo, sino que, por el contrario, lo ayudan a clarificar su marco político, a tomar distancia con respecto a los puntos ambiguos y a politizar sus diferencias y sus conflictos internos.

Por otra parte, su hiperautonomización lo convierte en un grupo de amigos que resuelve sus diferencias con el único criterio de su cohesión y la correlación cualitativa entre sus particulares aspiraciones políticas y el rendimiento de sus miembros. De acuerdo con el marco actual, si un colectivo consigue materializar sus anhelos políticos, con independencia de lo que las circunstancias políticas impongan, marcha bien. Es decir, su compromiso comienza y termina en las coordenadas de los deseos y aspiraciones de sus miembros.

En resumen

Por ejemplo, cinco colectivos que a veces se encuentran en procesos del movimiento y colaboran en un marco de nula responsabilidad política uno con respecto a otro (que no va más allá de la solidaridad y el apoyo mutuo), son en realidad cinco grupos diferentes, con un sustrato ideológico común, muy en general, que aportan en cada ocasión cinco realidades diferentes. Esto ocurre, como hemos dicho al comienzo, porque en el momento de su formación no había ningún compromiso, ninguna comunicación (política) esencial y ningún control colectivo por parte de un ente político superior (Organización, Federación), con el resultado de que la visión de la realidad no se ve “fi ltrada” colectivamente y no es directamente cuestionada por ninguna fuerza que no sea el propio colectivo.

El grupo de afifi nidad, de este modo, crece dentro de su propio mundo, a merced de las desigualdades naturales y sociales implícitas en las relaciones entre personas de diferente edad, clase social, vivencias, experiencia, tendencia, etc., y se queda luchando solo con sus propios demonios.

Sin el apoyo de un ente político, el colectivo aislado se percibe a sí mismo no como parte de un organismo que construye la revolución social, sino como un organismo independiente, que colabora con los demás por voluntad y no por necesidad. Como parte de un organismo, estás obligado a trabajar, a fin de que todo el organismo funcione en una relación de interdependencia, mientras que como organismo independiente basta desear colaborar con otros en un momento determinado, en un marco y bajo unos términos que nadie sabe cómo se van a determinar.

El organismo/colectivo/grupo de afinidad autónomo es el rey de su microcosmos. Tiene su propio territorio, su sede, su ejército, su consejo y el entorno de allegados que de vez en cuando refuerzan sus bloques y sus actos. Todos estos reyes juntos conforman el ámbito antiautoritario griego; un mundo dispersamente poblado con una fuerte comunicación interna formal, estructurado sobre un extraño principio: el informalismo y los conflictos internos que este conlleva es la base de su existencia, un medio de cohesión y armonía internas.

Por decirlo brevemente, el informalismo domina como un mal menor para evitar tempestuosos confl ictos en el interior del ámbito anarquista. Es decir, como un intercambio para mantener una amistad y una comunicación internas, basadas en la proximidad ideológica entre colectivos que conviven, estableciendo una solvencia ideológica abusiva no temporal, a costa de la responsabilidad social y política de su época.

La realidad del colectivo aislado, su visión global de las cosas, que a veces no es sino la visión de un solo individuo, la relatividad de su marco político y su hiperautonomización toman, a través del informalismo, elementos de absolutismo, alienación y heteronomía. Por otra parte, la organización en un ente político anarquista más amplio crea los imprescindibles mecanismos de control colectivo, basados en principios y posicionamientos decididos colectiva y públicamente por el conjunto de colectivos que la componen; desarmando así estructuralmente la arbitrariedad y el abuso y cimentando la verdadera autonomía de cada parte de ese cuerpo. Adoptando, en pocas palabras, el marco político de un “anarquismo social, que busca la libertad a través de estructuras y responsabilidades mutuas (…)”. Por tanto, mientras el informalismo siga desempeñando el papel de la metadona, el movimiento anarquista griego seguirá pareciendo un cuerpo enfermo, que se esfuerza conscientemente por mantener sus dependencias. Y como la historia, según parece por la práctica mantenida hasta ahora, se transmite más oralmente que por escrito para cada generación, la obsesión anti-organizativa conlleva el riesgo de que el anarquismo en Grecia acabe siendo una palabra “inofensiva desde el punto de vista político y social, un simple capricho que escandalice de manera divertida a los pequeñoburgueses de todas las épocas”. En estos tiempos en que el movimiento anarquista, como la parte más orgánica del mecanismo para dar la vuelta a lo establecido, está pagando un alto precio por su actitud, la estructura no se presenta ya como una simple posibilidad, sino como una necesidad para que el anarquismo siga siendo una palabra peligrosa política y socialmente.

Antonis Drakonakis. Traductor: Rafael Herrera, (SOV de Málaga de la CNT-AIT).

Roller Derby. Autogestión y empoderamiento sobre ruedas

Qué es el Roller Derby y cuál es su origen

Es un deporte de contacto constante, de velocidad, resistencia y técnica,  que se juega en patines en una pista lisa sobre un espacio demarcado con forma ovalada, y las jugadoras, actualmente, son mujeres. El Roller Derby tiene su origen en los EE.UU en la década de 1930 del siglo pasado, y nació como simples carreras de patines. Años más tarde se profesionalizó como deporte para hombres y mujeres por separado, alcanzado una gran fama en el país estadounidense. Este modelo clásico de Roller Derby inicial se derrumbó a mediados de la década de 1970 y no ha sido hasta los años 2000 cuando ha vuelto a resurgir con fuerza.

LigaRDMjun2013El Roller Derby contemporáneo se ha internacionalizado, es fundamentalmente femenino y practicado por aficionadas. En el año 2004, las diferentes ligas femeninas crearon la Women´s Flat Track Derby Association (WFTDA), que coordina unas normas consensuadas entre diversos equipos de las diferentes ligas. De esta manera, las ligas pertenecientes a dicha asociación organizan viajes en los que unas ligas compiten contra otras en partidos regionales e internacionales. No obstante, algunas ligas que no son miembros de la asociación han organizado de forma independiente a sus equipos de viaje y sus interligas. Aunque no estén directamente vinculadas, muchas ligas independientes de todo el mundo han adoptado las normas WFTDA, ya sea enteramente o como base para generar sus propias reglas.

Conceptos básicos para comprender el Roller Derby

Un partido de Roller Derby consta de dos tiempos de treinta minutos, dividido cada periodo en carreras, también llamadas Jams, con una duración de dos minutos como máximo o hasta que la jugadora conocida como Lead Jammer decide cortar la carrera.

Sobre la pista juegan dos equipos formados por cinco jugadoras cada uno, y existen tres diferentes categorías o funciones:

           – Jammers: Son las jugadoras que marcan los puntos, una por cada equipo, y se las distingue porque llevan una estrella en el casco. Son las corredoras de cada equipo y se sitúan detrás de la línea de jammer, la primera en superar el pack de bloqueadoras se la denomina Lead Jammer y puede cortar la carrera antes de dos minutos, haciendo un gesto tocando repetidamente sus caderas. Anota un punto para su equipo por cada oponente que adelanta a partir de la segunda vuelta completa.

          – Bloqueadoras: Son las cuatro jugadoras en cabeza de cada equipo, y se suelen denominar pack, porque las jugadoras de ambos equipos patinan compactadas bloqueando cada grupo a la jammer rival y ayudando a la suya propia a adelantar al pack el mayor número de vueltas posible.

            – Pívot: Es una jugadora por cada equipo, forma parte de las bloqueadoras pero su función es situarse a la cabeza del pack, encargada de coordinar al mismo y organizar la estrategia de su equipo. Se distinguen de las demás bloqueadoras por llevar una cubierta de casco con una raya. Sin embargo, también pueden realizar la función de jammer durante la carrera si la jammer de su equipo le pasa legalmente su cubrecasco con el indicativo de la estrella.  

Dinámica del juego y algunas normas del Roller Derby

Al principio de cada carrera el pack de bloqueadoras se sitúa entre la línea de pívot y la de jammer. A la señal del silbato comienza la carrera y tanto el pack como las jammers comienzan a rodar sobre la pista, siempre en sentido contrario a las agujas del reloj. Un árbitro observa a cada jammer y lleva la cuenta de los puntos que va haciendo, y hay otros árbitros que controlan el pack, patinando tanto por fuera como por la parte interior del óvalo de la pista. Un partido de Roller Derby puede tener hasta siete árbitros (hombres y mujeres) en patines, también existen otros oficiales sin patines que colaboran en el buen desarrollo del juego ya sea anotando los puntos, anotando las faltas, tomando el tiempo del jam, tomando el tiempo general del juego, tomando el tiempo en la caja de penalización para cada jugadora que entre a ella, etc.

Qué-es-el-Roller-Derby-3Es imprescindible que haya siempre un máximo de tres metros de separación entre las jugadoras ambos equipos. Si se destruye el pack, los árbitros lo marcan inmediatamente para volver a juntarse y mientras no se pueden hacer bloqueos.

Si una jugadora es sacada legalmente de la pista, ya que en este juego el contacto es esencial aunque no violento, esta deberá reincorporarse a la pista por detrás de la jugadora que la sacó fuera, o de las que se encontraban a su misma altura.

Está prohibido bloquear con codos, cabeza, antebrazos o patines, contra el centro de la espalda o en el sentido contrario a la dirección del juego. Tampoco se puede impedir el paso a una contraria agarrando a una compañera del mismo equipo. Aquella jugadora que cometa una falta pasará treinta segundos en el penalty box, zona también rodada de la pista situada fuera del terreno de juego.

Los valores implícitos en el Roller Derby

El Roller Derby genera un importante vínculo entre las jugadoras, pues se requiere de un arduo trabajo en equipo para poder llevar a cabo las estrategias en el juego. Sin embargo, los valores del Roller Derby van mucho más allá, dando lugar a la construcción de nuevas oportunidades a raíz de la actividad deportiva.

En primer lugar, como ya se apuntaba, se trata de de un deporte por el momento practicado por aficionadas, no está homologado oficialmente y por lo tanto, parte de una premisa muy básica: “Háztelo tú misma”. Por ejemplo, Roller Derby Madrid es una liga autogestionada, autofinanciada y las decisiones se toman de manera consensuada desde sus inicios. La organización y el trabajo de la misma, se reparte en los distintos comités.

Al principio, las jugadoras de Roller Derby Madrid tenían problemas para entrenar, ya que empezaron en canchas públicas en la calle, pero durante los meses de invierno constituía un serio problema. Actualmente se entrenan en polideportivos municipales, que es donde disputan los partidos también. Sin embargo, la cesión del espacio no es gratuita, y como el Roller Derby está en el último escalafón de los deportes a tener en cuenta, no son pocos obstáculos los que se les presenta en algunas ocasiones. De esta manera optaron por la autogestión como modelo para practicar la actividad deportiva. Han generado un variado merchandising, cobran una pequeña entrada que no supera los 5€ para el alquiler de la pista, que en ocasiones llega a los 400€. Además también realizan fiestas en garitos o centros sociales para sufragar gastos. A nivel personal, el material necesario para practicar este deporte: patines, casco, rodilleras y coderas; lo lleva cada jugadora individualmente.

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En el Estado español ha habido un gran repunte de este deporte en los últimos años, surgiendo más de una veintena de equipos, los más antiguos están en Canarias, Valencia, Catalunya, Andalucía y Madrid. Se coordinan de manera que se disputen partidos no oficiales esporádicamente de carácter regional, pero también internacionales, pues en muchas ocasiones se contacta con equipos europeos de Roller Derby para organizar partidos. En dichos desplazamientos el vínculo entre las jugadoras se hace más evidente aún, porque las jugadoras del equipo local acogen en sus propias casas a las jugadoras del equipo de fuera.

En segundo lugar, el Roller Derby es un exponente fundamental de empoderamiento feminista. Las mujeres logran romper patrones culturales herméticos practicando un deporte de contacto y velocidad, normalmente asociado solo a hombres. Además, se manejan en espacios que ellas mismas han construido, generando hábitos saludables, un gran hermanamiento y compromiso. Por lo tanto, podríamos afirmar que el Roller Derby supone una vía de escape con valores feministas. Además, se cuida bastante el aspecto de difundir que este deporte no exige ningún físico particular, cada jugadora con sus características físicas personales, aporta igual que el resto de sus compañeras.

En tercer lugar, se combate la idea de que el deporte debe de ser rivalidad, ya que en el Roller Derby se lucha por lo mismo de manera cooperativa. Así, se convierte en una actividad deportiva muy atractiva de desear participar, y también de seguir de cerca como aficionada en los partidos. A lo largo del año en Roller Derby Madrid se hacen pruebas para entrar en el equipo como jugadora, o también para ser árbitro sobre patines (hombres y mujeres) y oficial sin patines.

Esperamos que este artículo sirva para dar a conocer un deporte, que por sus características, merece la pena acercarse a él. El ocio si se construye desde unos valores populares, desde la autogestión en colectividad y el igualitarismo, nos sabe mejor a todas.

Roller Derby Madrid está presente en las redes sociales, tanto en Twitter, como en Facebook, además de su página web: http://www.rollerderbymadrid.com/

Los anarquistas rusos en el movimiento obrero a principios del siglo XX

Nota del traductor: No conozco mucho sobre la historia del anarquismo ruso, y encontré este artículo interesante ya que este se presenta con el objetivo de desmontar el tópico, escuchado por algunos marxistas de que el anarquismo es fruto de la pequeña burguesía. Hoy también se escucha el tópico de que los “okupas”,”antisistema” o ”anarquistas” son hijos de familia de bien, reproduciendo el argumento para desprestigiar.

Así que a pesar de la propaganda soviética que tuvo que justificar su dominio, en un periodo tan interesante como la Revolución Rusa creo importante rescatar las experiencias sepultadas por las autoridades de autogestión que se dieron, recordando que no solo en la España del 36 se dieron procesos de colectivización libertaria. Por eso he traducido este artículo de Anatoly Dubovik.


Los anarquistas rusos en el movimiento obrero a principios del siglo XX
por Anatoly Viktorovich Dubovik

En nuestra ciencia histórica nativa, la base social del movimiento anarquista ruso en el comienzo del siglo XX es tradicionalmente vista como pequeña-burguesa. Esta, en obras de la época soviética aparece de manera típica en opiniones como la de S.N. Kanyev, quien escribió que los elementos dominantes entre los anarquistas rusos fueron “la pequeña burguesía campesina… pequeños propietarios, artesanos, y parte de la intelligensia.” [1]. Nociones similares sobre “el típico anarquista” ha persistido incluso después del colapso de la USSR y de la liberación de las ciencias históricas de muchos dogmas previos. Por ejemplo, la enciclopedia de “Partidos políticos de Rusia” nos informa: “la base social de las organizaciones anarquistas estuvieron compuestas predominantemente de artesanos, pequeños trabajadores, aunque el movimiento también atrajo campesinos, trabajadores y a la intelligensia. [2] Paradójicamente, estos mismos autores, cuando era momento de elaborar eventos concretos y hechos de la historia del anarquismo ruso, no descubrieron entre sus adherentes ni trabajadores ni artesanos, y se vieron obligados a limitar su discusión principalmente hacia los trabajadores anarquistas.

Nos parece que el único método fiable de determinar la “base social de las organizaciones anarquistas” al principio del ultimo siglo es el uso matemático de las estadísticas para encontrar las proporciones de los miembros de los diferentes estatus sociales. El autor de este ensayo ha estado ocupado el mismo durante varios años colectando y sistematizando información biográfica acerca de los participantes del movimiento anarquista en el territorio del imperio ruso y de la USSR, usando fuentes publicadas y no publicadas (de archivo). El resultado obtenido refuta las nociones estándar a priori que originaron ya en el periodismo político pre-revolucionario de los socialdemócratas. Por las razones de hacer más comprensible el texto, hemos dividido estos resultados en tres periodos: 1) el pre-revolucionario, des del origen del movimiento anarquista en Rusia en 1900 hasta 1916, 2) la revolución y la Guerra Civil de 1917 a 1921; 3) El periodo del fin de la Guerra Civil Rusa hasta la destrucción física de los últimos anarquistas Ruso a finales de la década de los 30.

En el periodo que va de 1900 a 1916 hemos identificado 2400 anarquistas: se han establecido profesiones para 1,593 de ellos. De este número, la mayoría (59.1%) eran representativos de la clase trabajadora (fabricas, transporte, y otros trabajadores) Otras 72 personas (4,5%) pertenecían a las ocupaciones de cuello blanco (trabajadores de correos/telégrafos, trabajadores del clero, asistentes de tiendas, contables, paramédicos, profesores, etc.) situados socialmente cerca del proletariado. Dejarnos enfatizar especialmente en que el 59% no incluye ex trabajadores sirviendo en las fuerzas armadas o los “llamados” revolucionarios profesionales, ni tampoco incluye los hijos de los trabajadores estudiando en la escuela elemental o secundaria. En algunos sitios, el porcentaje de los trabajadores de fábrica o de transportistas son incluso más altos aun. Por ejemplo, en Yekaterinoslav estos constituían alrededor del 78% de los miembros de la Federación de Anarquistas local. Sus ocupaciones profesionales más comunes entre los trabajadores anarquistas fueron los trabajadores del metal y los maquinistas (111) sastres y costureras (47), impresores (40) trabajadores de la industria de la comida (37) marineros de la marina mercante (35), y también un numero significante de trabajadores del ferrocarril, metalúrgicos, zapateros, ebanistas y mineros.

El movimiento anarquista ruso nunca fue capaz de conseguir una unidad en asuntos de tácticas y organización. En el momento de la Revolución de 1905-1907, una fracción significante de anarquistas, incluyendo aquellos que pertenecían a los trabajadores, consideraron que su tasca era dirigir la lucha directa contra el gobierno zarista y la burguesía, concentrándose en las acciones militantes y el rechazo a la participación en cualquier movimiento “no revolucionario” y “oportunista”, incluyendo el movimiento sindicalista. En el mismo momento, los seguidores de Kropotkin y algunos otros ideólogos anarquistas defendieron la organización de sindicatos de trabajadores y campesinos, los cuales ellos concebían como los “órganos naturales de la lucha directa contra el capital” y los embriones de la futura sociedad socialista libertaria. Ellos también estuvieron a favor de “preparar la Huelga General de los desposeídos, tanto de las ciudades como de los pueblos, los cuales… podrían empezar la Revolución Social” [3]. Los defensores de estas perspectivas, llamados así mismos “anarcosindicalistas”, fueron participantes activos en el movimiento laboral organizado, que incluía los sindicatos. En consecuencia, en Petersburgo, los anarquistas y sus aliados ideológicos, los “sindicalistas revolucionarios”, ejercieron una fuerte influencia en los sindicatos de impresores, patronistas, electro-tecnicistas, litógrafos y metalúrgicos. En Moscú, miembros del grupo anarquista “Buntar” (insurgente), “Svoboda” (Libertad) y “Svobodnaya kommuna (Comuna libre) trabajaron en el “Sindicato de Refinamiento del Metal” y en los sindicatos de los trabajadores de la construcción/arquitectura, fontanería, impresión e ingenieros de centrales eléctricas; ellos lideraron huelgas de trabajadores de instalaciones eléctricas y del gas, así como varias huelgas de fundiciones y fábricas de maquinaria. En Kharkov los anarquistas cogieron la iniciativa creando el “Sindicato de los trabajadores por la defensa de nuestros derechos”; En Riga fue formado el “Sindicato del Trabajo Libre” [4]. La participación de los anarquistas en los sindicatos tomo lugar también en Baku, Warsaw, Nikolayev, Petrokov (Piotrków), y otras ciudades. La organización anarcosindicalista más conocida de ese tiempo fue “Registración” [Registración, elegido y gestionado por los mismos marineros, su nombre deriva del hecho de que realizaba un intercambio laboral rellenando las vacantes en todos los barcos de Odessa. (Nota del traductor original)] de Odessa y su sucesor, el Sindicato de Marineros del Mar Negro, activo en 1906-1918 y responsable de la organización de varias huelgas de los marineros de la marina mercante y de los trabajadores del puerto durante 1906-1907 [5]. En otras regiones las organizaciones anarquistas fueron fruentemente formadas de manera simultánea a diferentes oficios y así de este modo adquirieron características de los sindicatos. Por ejemplo, el núcleo de la Federación Anarquista de Yekaterinoslav en 1907 consistió en las federaciones anarcocomunistas de la fábrica de tuberías, los talleres de ferrocarriles, la fábrica de Briansk y de interfábrica, [6]; El grupo anarcocomunista de Bialostok fue reorganizado al final de 1905 en una asociación de federaciones de trabajadores del textil, del cuero, sastres y ebanistas [7]; El grupo federado de Vilna fue compuesto por organizaciones de trabajadores del cuero, carniceros y sastres [8]. La actividad entre el proletariado era considerada como de de vital importancia incluso por aquellos anarquistas que no pertenecían a la clase obrera. Fue típico el ejemplo del grupo anarcocomunista de Kiev “Bandera Negra”, compuesto básicamente por estudiantes, pero centrado en la organización y la propaganda entre los trabajadores de la fábrica “Arsenal”, trabajadores de la industria alimenticia, carreteros y trabajadores de la refinación del azúcar. [9]

A parte de tomar parte en la actividad sindical, realizando agitación y propaganda, creando grupos de estudio obreros, y etc. – formas tradicionales de acción en el movimiento de los trabajadores – una característica distintiva de la practica de los anarquistas y de los Socialrevolucionarios-Maximalistas, ideológicamente cercanos a ellos durante los aproximadamente primeros doce años del siglo XX, fue la aplicación extendida del terror económico. Durante las huelgas, los anarquistas fruentemente ideaban actos de subversión y sabotaje, destruyendo equipamiento y bienes manufacturados. Los ejemplos mas bien conocidos de estas practicas fueron la serie de actos de sabotajes que acompañaron las huelgas prolongadas de los marineros del Mar Negro (noviembre 1906- 1907), cuando varios barcos de vapor fueron volados por anarquistas y el numero de perdidas totales de la Flota Rusa de Vapor y de la Sociedad de Comercio excedió un millón de rublos [9]. Las huelgas fueron fruentemente acompañadas de confiscaciones armadas y transferidas a los trabajadores en huelga con dinero, comida y otros bienes de primera necesidad; La mayoría de este tipo de actos fueron reportados en la Rusia Noroccidental, pero también tuvieron lugar en Odessa. De todos modos, la forma más extendida de terror económico fueron los intentos de asesinato dirigidos a los empresarios, los gerentes de fábrica, y los rompehuelgas. Los anarquistas llevaron a cabo su primer acto de terror económico en Agosto de 1904 en el pueblo de Krynki, en la gobernación de Grodno, cuando N. Farber, trabajador anarquista de Bialostok mató a A. Kagan, propietario de un gran taller de manufactura de zapatos. [10]; El último incidente conocido de este tipo en la historia del anarquismo antes de 1917 ocurrió en la primavera de 1912, cuando los miembros del revivido grupo anarcocomunista de Riga realizaron diferentes ataques a ingenieros y capataces de las fabricas locales. [11]. Dejarnos anotar que el terror económico no fue aplicado no solo como herramienta de presión hacía la administración de las empresas, sino que también fue un medio de venganza exigente hacía la “clase enemiga”. Por ejemplo, en Mayo de 1906, después de que la huelga de trabajadores de transportes de Moscú fuera suprimida, el trabajador anarquista Zuyev asesino el ingeniero Krebs, administrador de la cochera de tranvías de Miusskiy; y en Abril de 1907, los anarquistas de Yekaterinoslav P. Arshinov y V. Babeshko dispararon a Vasilenko, cabeza de los talleres de ferrocarriles Alexandrovsk, en represalia por los disparos en masa hacía los huelguistas [12].

Durante la Revolución de 1905-1907, los eslóganes, y especialmente la práctica, de los anarquistas rusos, llamaban a una parte significante de la clase obrera, sobretodo a los elementos más determinados y radicales de esta. Su punto de vista fue expresada, por ejemplo, en las famosas palabras de A.N Matyushenko, líder de revuelta en el acorzado Potemkin: “Cuanto más golpeen a los propietarios, mejor son ellos”. Esta práctica terrorista llevó hacia la más severa represión dirigida hacia los participantes del movimiento anarquista. Los líderes veteranos y la nueva generación de anarquistas que apareció en la víspera de la Primera Guerra Mundial, acabó con la necesaria conclusión de las lecciones que habían recibido: durante los últimos años de la era zarista, los anarquistas tomaron parte del movimiento obrero revolucionario como antes, pero el uso del terror se volvió un fenómeno extremadamente raro.

Para el segundo periodo bajo análisis (1917 – 1921), analizamos las biografías de más de 2.800 anarquistas. La profesión de ellos fue establecida para unos 2.062 de ellos, de los cuales 886 (43,0) fueron trabajadores de collar azul, y 127 (6.2) fueron empleados de collar blanco de bajo nivel de las categorías mencionadas antes. La caída de los números relativos de trabajadores entre los anarquistas es explicada tanto por la expansión de las ideas anarquistas entre los campesinos (la proporción de campesinos anarquistas incremente del 8,5% al 16,3%) como por el descenso de la fuerza numérica de la clase trabajadora rusa debido a la Guerra Mundial y la devastación económica. Las principales profesiones representadas entre los trabajadores anarquistas de este periodo fueron obreros del metal y maquinistas (87) trabajadores de ferrocarriles (45), metalúrgicos (44) y trabajadores de la industria alimenticia (39); menos cantidades fueron identificadas para otras como trabajadores del transporte marino, tipógrafos, mineros y electricistas.

Durante estos años los anarquistas tomaron parte de todas las organizaciones de la clase trabajadora – soviets, sindicatos, comités de fábricas, cooperativas de producción y consumo, etc. A juzgar por los registros de los congresos de los sindicatos panrusos que fueron realizados en 1918-1920, los anarcosindicalistas disfrutaron de una influencia significativa en los sindicatos de los trabajadores del metal, de los ferrocarriles, del textil, del transporte marítimo y de los trabajadores portuarios, panaderos, mineros y entre los empleados del telégrafo y del servicio postal. Una amplia serie sindicatos fueron operados bajo liderazgo de anarquistas, incluyendo el Sindicato de Moscú de Panaderos, el Sindicato de Moscú de Químicos y Perfumistas, el Sindicato de Marineros del Mar Negro, el Sindicato de Correos y Telégrafos de Petrogrado, el Sindicato de Trabajadores de Transporte del Rio Volga, el Sindicato de trabajadores del Metal, Madera y Otros oficios de Gulyai-Polye, Sindicato de Mineros de Oro de funcionamiento sobre Principios Cooperativos de la Trans-Baikal, etc. En el comité central del Sindicato del Metal Panruso (VSRM), los anarquistas fueron representados por A.K Gastev y A.Z Gol’Tsman. Los anarquistas fueron también elegidos para líder posiciones en las ramas locales del VSRM en las provincias de Yekaterisnoslavskaya, Orlosvkaya y Kharkovskaya como también en los Urales. Los anarquistas fueron también miembros del comité central del Sindicato de Empleados de Correos y Telégrafos Panruso [13]

Una fracción importante de los anarquistas vio los sindicatos como una “forma obsoleta” del movimiento obrero, opuesta a los comités de fábrica (fabzabkoms). Anarquistas de diferentes tendencias vieron en estos órganos novedosos en Rusia el instrumento mediante el cual podrían permitir al proletariado establecer un “control obrero real”, seguido de la autogestión de la producción y la distribución, culminando en la reorganización de de toda la vida económica del país en la base de un socialismo sin Estado. Fue con esta perspectiva con la que delegados anarquistas participaron en las conferencias de los fabzabkcoms de Petrogrado y cercanías en Junio-Diciembre de 1917, en el Primer Congreso de Fabzabkoms Panruso en Octubre de 1917, y en el Primer Congreso de Sindicatos Panrusos en Enero de 1918. Entre los más conocidos activistas del movimiento anarquista trabajando en los Fabzabkoms, incluso dirigiéndolos, podemos mencionar a K.V. Akashev y G.P Maksimov (Petrogrado), V.P Bekrenyev y M.S Khodunov (Moscú), M.A Petrovsky (Odessa), Yu. Rotenberg (Kharkov), I.P Zhuk (Schlüsselburg), B. K. Shatilo (Kuzbass), y otros activistas. El anarcosindicalista de Petrogrado V.S Shatov fue elegido al final de 1917 en el comité ejecutivo central panruso de los fabzabcoms. [14]

A finales de 1917 – principios de 1918, mientras el viejo sistema estatal se desintegraba y el nuevo, el Estado Bolchevique, aun estaba tomando forma, los anarquistas procedieron a la llamada socialización de las empresas, es decir, la transición hacia el control total de los colectivos de trabajadores. Desde el punto de vista de los propios anarquistas, este era solo el primer paso, del cual después vendría la reorganización de todas las regiones, y después de todo el país. La socialización fue concebida como la realización directa de uno de los principales eslóganes de la Revolución de Octubre: “Las fábricas para los trabajadores”. Pero poner este programa a la práctica ya había encontrado oposición de las autoridades Soviéticas, las cuales sus economías políticas se limitaron a un sistema de control obrero, y después fue reducido a la nacionalización total de toda la economía. A pesar de la oposición, los anarquistas disponían del apoyo de colectivos obreros, llevando a cabo la socialización de la flota mercante del Mar Negro (junto los puertos de Odessa y sus astilleros), las fábricas de la industria del cemento y maquinaria industrial, negocios en los sectores de servicio (cafeterías, restaurantes, hoteles) en el óblas [División administrativa dos escalones inferior a lo nacional (nota de traducción)] de Kubano-Chernomorskaya, minas en la cuenca de Cheremkhovskaya (gobernación de Irkustk), y empresas individuales de otras regiones, incluyendo algunas grandes como la fábrica de pólvora de Schlüsselburg [15].

Estos experimentos en socialización de la economía no duraron mucho. Alrededor de la primavera- verano del 1918, los anarquistas se encontraron así mismos de vuelta a la clandestinidad en Ucrania, Siberia, los Urales y en las regiones del Volga y de Kubano-Chernomorskaya, todas las cuales fueron ocupadas por intervencionistas y la Guardia Blanca. En el mismo tiempo, las autoridades Soviéticas empezaron a perseguir a los anarquistas. A pesar de esto, una facción de anarquistas continuó viendo a los Bolcheviques como unos aliados en la lucha contra el sistema burgués, quedándose en sus puestos en los órganos del Estado Soviético. Otros se levantaron en oposición al régimen bolchevique, que incluyó la participación en huelgas económicas (Petrogrado, Bryansk, Tula, Ryazan, etc.) [16] y la creación de sindicatos ilegales, un ejemplo del cual fue la “Federación de Trabajadores de la Industria Alimenticia”, organizada en Moscú por anarquistas y Socialrevolucionarios-Maximalistas a comienzos de 1920. Finalmente, muchos anarquistas participaron en luchas abiertas armadas contra el Bolchevismo, principalmente en las filas del movimiento insurgente Majnovista. Roles importantes de este movimiento fueron realizados por destacados activistas del movimiento de trabajadores ruso como P.A Arshinov, que fue miembro del comité central del Sindicato de Trabajadores del Textil Panruso, y P.A Rybin, que estuvo en el Buró territorial del Sindicato de Trabajadores del Metal del Sud de Rusia.

EL tercero intervalo de nuestra periodización del movimiento anarquista abraza los años del 1922 hasta el final de los años 30 de la década siguiente. De los aproximadamente 1.100 anarquistas que conocemos de este periodo, hemos establecido la ocupación de 543. Entre ellos solo encontramos 156 trabajadores (28.8%); no es posible hasta el momento de ser más específico sobre las ocupaciones representadas.

Los estudios sobre la historia del anarquismo ruso de las décadas de los años 20 y 30 del siglo XX han sido pocos y fragmentados en su naturaleza. Sin embargo, hay información disponible sobre unos cuantos grupos anarquistas de esos tiempos, incluyendo grupos de anarquistas de clase trabajadora. Los grupos y círculos ilegales, compuestos tanto de veteranos del movimiento como de representantes de la nueva generación de anarcocomunistas y sindicalistas, fueron activos predominantemente en Moscú. Leningrado, Kharkov, Odessa y Yekaterinoslav (Dnepropetrovsk). En estos centros históricos del movimiento, hacia los principios de 1930 la agitación fue continuada entre varios estratos de la población, incluyendo los trabajadores. Hubo intentos de publicar literatura ilegal, y se realizaron huelgas para demandas económicas. [17]. De acorde a diferentes fuentes, un de los últimos grupos anarquistas clandestinos estaba activo en 1937 entre los trabajadores de la fabrica de tractores de Stalingrado [18].


Este artículo fue presentado en la Conferencia Internacional Cientifico-Práctica sobre “El movimiento obrero y la Izquierda contra el Autoritarismo y el Totalitarismo: pasado, presente y perspectivas futuras (Moscú, noviembre 3-4-2011).

Anatoly Viktorovich Dubovik, un activista anarquista desde 1989, ha publicado un amplio abanico sobre la historia del anarquismo.

Traducido del ruso al inglés por Malcom Archibald. Traducido del inglés al castellano por Víctor A.

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Fuentes bibliográficas:

1. S. N. Kanev, Oktyabr’skaya revolyutsiya i krakh anarkhizma [La Revolución de Octubre y la caída del anarquismo] (Moscú, 1974), p. 29.

2. V. V. Kriven’kiy, Anarkhisty. // Politicheskiye partii Rossii. Konets XIX – pervaya tret’ XX veka. [Anarquistas. // Partidos políticos de Rusia. Final del siglo XIX – primer tercio del siglo XX] (Moscú: ROSSPEN, 1996), p. 31.

3. Rezolyutsii Londonskikh s»yezdov anarkhistov-kommunistov 1904 i 1906 gg. [Resoluciones del congreso anarcocomunista de Londres 1904 y 1906]// Anarkhisty. Dokumenty i materialy. Tom 1. 1883-1916 gg. [Anarquistas. Documentos y materiales. Vol. 1. 1883-1916.] (Moscú: ROSSPEN, 1998), pp. 68, 167-170.

4. V. V. Kriven’kiy, Anarkhisty-sindikalisty. [Anarcosindicalistas.] // Politicheskiye partii Rossii. Konets XIX – pervaya tret’ XX veka. [Partidos políticos de Rusia. Final del siglo XIX – primer tercio del siglo XX] (Moscú: ROSSPEN, 1996), pp. 38-39; Al’manakh. Sbornik po istorii anarkhicheskogo dvizheniya v Ros-sii. T. 1. [Almanaque. Una colección de artículos sobre la historia del movimiento anarquista en. Vol. 1.] (Paris, 1909), pp. 55-57, 60-61; B. I. Gorev, Apolitichnyye i antiparlamentskiye gruppy (anarkhisty, maksimal-isty, makhayevtsy) [Grupos apolíticos y antiparlamentarios (anarquistas, maximalistas y Majnóvistas)] // Ob-shchestvennoye dvizheniye v Rossii v nachale KHKH veka. T. 3. Kn. 5. [Movimientos sociales en Rusia al principio del siglo. Vol. 3. Bk. 5.] (St. Petersburg, 1914), p. 23.

5. D. Novomirskiy, Anarkhicheskoye dvizheniye v Odesse. [The Anarchist movement in Odessa.] // Mikhailu Bakuninu. 1876-1926: Ocherki istorii anarkhicheskogo dvizheniya v Rossii. [Para Mikhail Bakunin. 1876-1916: Esbozos de la historia del movimiento anarquista en Rusia] (Moscú: Golos truda [La voz del trabajo], 1926), pp. 246-278; V. Savchenko, Anarkhisty-terroristy v Odesse (1905-1913). [Terrorismo anarquista en Odessa (1905-1913).] (Odessa: Optimum, 2006), pp. 120-123, 186-188, 190-193; A. Sukhov, Odesskiy port v 1906 godu. Vospominaniya agitatora. [EL Puerto de Odessa en 1906. Memorias de un agitador.] // Kandal’nyy zvon. [The Clanking of shackles.] Izdaniye Odesskogo otdeleniya Vsesoyuznogo ob-shchestva byvshikh politkatorzhan i ssyl’noposelentsev. [A Publication of the Odessa branch of the All-Russian society of former political prisoners and exiles.] (1926, № 5), pp. 15-29.

6. Anarkhisty. Dokumenty i materialy. Tom 2. 1917-1935. [Anarquistas. Documentos y materiales. Vol. 2. 1917-1935.] (Moscú: ROSSPEN, 1998), pp. 642-643.

7. Al’manakh. Sbornik po istorii anarkhicheskogo dvizheniya v Rossii. T. 1., p. 19.

8. Anarkhizm. Iz dokladnoy zapiski Departamenta Politsii v 1909 g. [Anarquismo. De los informes del departamento de la policía en 1909] // Chernaya Zvezda [Estrella Negra], (Moscú, 1995).

9. Anarkhisty. Dokumenty i materialy. Tom 2. 1917-1935., pp. 316-317, 641; V. Savchenko, Anarkhisty-terroristy v Odesse (1905-1913). (Odessa: Optimum, 2006), pp. 120-121, 130-131.

10. Anarkhisty. Dokumenty i materialy. Tom 2. 1917-1935., pp. 128-130.

11. See the biographies of V. Ya. Krevin, Ya. Ya. Krumin, y otros anarquistas rusos en: Politicheskaya katorga i ssylka. Biograficheskiy spravochnik chlenov Obshchestva politkatorzhan i ssyl’noposelentsev. [Katorga política y exilio. Directorio biográfico de los miembros de la Sociedad de prisioneros políticos y exiliados] (Moscú, 1929).

12. Al’manakh. Sbornik po istorii anarkhicheskogo dvizheniya v Rossii. T. 1., p.63; P. Arshinov, Dva pobe-ga. Iz vospominaniy anarkhista. 1906-1909 gg. [Dos escapes. De la memorias de un anarquista. 1906-1909.] (Paris: Una publicación de Dielo truda [La Causa Obrera], 1925), pp. 18–21.

13. 14. V. V. Kriven’kiy, Anarkhisty-sindikalisty. // Politicheskiye partii Rossii. Konets XIX – pervaya tret’ XX veka., pp. 38-39; P. Avrich, Russkiye anarkhisty. 1905-1917. [Los anarquistas rusos. 1905-1917. (Moscú: ZAO Tsetnrpoligraf, 2006), pp. 154, 175; O. M. Movchan, O. P. Reínt, Mízhpartíyna polítichna bo-rot’ba u profspílkovomu rusí Ukraí ̈ni (1917-1922) [La lucha política interior en el movimiento sindicalista ucraniano (1917-1922)] // Ukraí ̈ns’kiy ístorichniy zhurnal [Revista de Historia Ucrania] (Kiev, 1995), № 5, p. 11; G. P. Maksimov, Sindikalisty v russkiy revolyutsii. [Sindicalistas en la Revolución Rusa] n. d., n. p.; V. Savchenko, Anarkhisty-terroristy v Odesse (1905-1913), pp. 200-201; A. A. Shtyrbul, Anarkhistskoye dvizheniye v Sibiri v pervoy chetverti 20 v.: Antigosudarstvennyy bunt i negosudar-stvennaya samoorganizatsiya trudyashchikhsya: Teoriya i praktika. [El movimiento anarquista en Siberia en el primer cuarto del siglo XX: Rebelión antiestatista y la autoorganización no-estatista de la clase trabajadora: Teoría and practica.] (Omsk: Izd-vo OPU, 1996), Part 1, pp. 146-147; Politicheskiye deyateli Rossii. 1917. Biograficheskiy slovar’. [Activistas políticos de Rusia. 1917. Diccionario Biográfico.] (Moscú: BRE, 1993), p. 404; Anarkhisty. Dokumenty i materialy. Tom 2. 1917-1935., pp. 39-41, 264-265.

15. V. Savchenko, Anarkhisty-terroristy v Odesse (1905-1913)., pp. 214-215. V. Degot’, Pod znamenem bol’shevizma. Zapiski podpol’shchika. [Bajo la bandera del bolchevismo. Notas de un activista clandestino.], Izdatel’stvo Vsesoyuznogo obshchestva politkatorzhan i ssyl’noposelentsev. [Una publicación de la sociedad de todos los presos políticos y exiliados.] (Moscú, 1933), pp. 232, 255; A. I. Kozlov, Vo imya revoly-utsii. [En el nombre de la revolución.] (Rostov, 1985), pp. 104-107; ; G. P. Maksimov, Sindikalisty v russkiy revolyutsii., n. d., n. p.; A. A. Shtyrbul, Anarkhistskoye dvizheniye v Sibiri v pervoy chetverti 20 v., Part 1, pp. 183-186.

16. See, e. g., Grazhdanskaya voyna i voyennaya interventsiya v SSSR [LA Guerra Civil y la intervencion militar en la URSS] (Moscú, 1983), p. 34; Goneniya na anarkhizm v Sovetskoy Rossii. [La persecución del anarquismo en la Rusia Soviética.] (Berlin, 1922), p. 50.

17. A. Razumov, Pamyati yunosti Lidii Chukovskoy [Memorias de juventud Lidiya Chukovskaya] // Zvezda (San Petersburgo, 1999, № 9), pp. 117-136; Unknown Anarchists: Nicholas Lazarevitch // Kate Sharpley Library Bulletin (Londres, 1997, № 11); Sobstvennoruchnyye pokazaniya Belasha Viktora Fedorovicha. [Las confesiones de Viktor Fedorovich Belash.], del libro: L. D. Yarutskiy, Majnó i Majnóvtsy. [Majnó y los majnovistas] (Mariupol, 1995). V. A. Savchenko, Anarkhistskoye podpol’ye v Odesse v 20-30-ye gg. XX veka. [ Los anarquistas clandestinos en Odessa en los 1920-1930] // Yugo-Zapad. Odessika (Odessa, 2009). № 7, pp. 108-135; A. V. Dubovik, K istorii anarkhicheskogo dvizheniya v Ukraine (1922-1938). [Hacia una historia del movimiento anarquista en Ucrania (1922-1938).] // Yugo-Zapad. Odessika (Odessa, 2011), № 7, pp. 182-198; D. I. Rublev, Istoriya odnoy listovki i sud’ba anarkhista Varshavskogo (iz istorii anarkhistskogo soprotivleniya totalitarizmu). [La historia de un folleto y el destino del anarquista Warshavskiy (De la historia de la resistencia anarquista al totalitarismo) // 30 oktyabrya, № 66, 2006; materiales del grupo «Soprotivleniye rossiyskikh sotsialistov i anarkhistov posle oktyabrya 1917 g.» [«Resistencia de los socialistas y anarquistas rusos después del Octubre de 1917»] en NIPTS «Memorial» [Información Científico y Centro Educativo «Memorial»] (Moscú).

18. Sobstvennoruchnyye pokazaniya Belasha Viktora Fedorovicha, del libro: L. D. Yarutskiy, Majnó i Majnóvtsy. [Majnó y los Majnóvistas] (Mariupol, 1995).

El modelo organizativo del nuevo movimiento libertario

Desde hace tiempo quienes desde el campo libertario estamos apostando por un modelo organizativo diferente al tradicional llevamos avisando que un movimiento político basado en colectivos no funciona como movimiento político. Casi todos los colectivos libertarios están formados por personas con diversas inquietudes que se traducen en distintas tendencias dentro del anarquismo. Así, encontramos colectivos que mezclan el comunismo libertario con tendencias individualistas, o el insurreccionalismo con la autonomía obrera y el comunismo antiautoritario. En pocos casos existen colectivos con una línea concreta de cara afuera, salvo algunos colectivos exclusivamente insurreccionalistas o bien el anarcosindicalismo en general. Por tanto la mayoría de los colectivos se dedican a temas culturales, sociales o de ámbito exclusivamente local.

Las nuevas organizaciones libertarias que poco a poco van floreciendo en el estado español planteamos que el movimiento debe evolucionar desde los colectivos hacia las organizaciones. No es un paso fácil de realizar, ya que los colectivos suelen ser por naturaleza afinitarios. Y aunque no lo fueran en un principio con el tiempo es lógico que surjan las afinidades personales que marcarán la línea política del grupo. Los liderazgos informales, el asamblearismo ad infinitum en el que toman las decisiones quienes más tiempo tienen, la falta de empoderamiento de personas por miedo a no pasar por la asamblea, la adscripción a unas ideas en base a una estética y un lenguaje estético… nos parecen problemáticas. Un movimiento libertario basado en colectivos y grupos de afinidad lo lógico es que se organice en base a federaciones en las que los grupos serán autónomos. Las federaciones son así una especie de suma de recursos entre grupos diferentes y realmente suponen un avance puesto que se supera el campo de visión basado en lo local.

Pero los colectivos libertarios son fuertemente celosos de su autonomía y no estarán dispuestos a renunciar a ella. Ni en cuanto a su manera de funcionar, ni a su identidad, etc. Por ello las federaciones de grupos autónomos no acaban de ser todo lo ágiles que debieran. Las federaciones se ven limitadas por la apuesta por la autonomía total o casi total de los grupos y dejan de ser ágiles por ello. Parte del colectivo no se siente parte integrante de la federación y le parece un freno para su trabajo local, otra parte del colectivo es la que se cree la federación y va asumiendo el rol de estar en contacto con el resto de los colectivos. Entre la pasividad de una parte y la delegación en la otra se produce un desequilibrio que a la larga dificulta cualquier evolución de las federaciones.

Por ello creemos que el movimiento libertario, o la parte de él que esté dispuesta, debiera caminar hacia un modelo como el que sigue:

Organización de militantes. Sería la base fundamental del modelo. Se basa en un grupo de personas que tienen las mismas líneas de actuación e inserción social. Habrán llegado a ellas en base a un debate sobre tácticas y estrategias y no tanto en base a la ideología. Esta organización requiere de una cohesión táctica y estratégica, y no vale una convivencia entre tendencias. Antes bien, es mejor formar dos organizaciones si las diferencias internas son demasiado grandes. Es más fácil colaborar entre organizaciones que vivir en una eterna pelea interna. La organización de militantes sirve para elaborar líneas estratégicas y para planificar una inserción social adecuada de las prácticas e ideas libertarias. Al fin y al cabo nos organizamos para proyectar mejor la acción libertaria.

Organización feminista. Dada la tendencia a marginar o impedir tácitamente la participación de las mujeres inherente a la mayoría de los
colectivos y movimientos, ocurre que la mujer no se anime a participar en colectivos y organizaciones libertarias. Por tanto es necesario un espacio político propio donde podamos desarrollarnos políticamente. Será una organización tanto de formación como de debate político. En nuestro caso su enfoque debería ser hacia el feminismo de clase, dado que hay que buscar hablarle a la mayoría de las mujeres. Enfocarse en cuestiones que afectan a una pequeña fracción de ellas es un error y de cierta manera contribuye a la atomización de las luchas y la especialización. Se pueden llevar a cabo luchas propias del feminismo típico como el tema del aborto, la lucha contra la violencia de género, la discrimininación laboral, los roles de género, crianza y maternidad, la presión de la estética, etc. Pero además en denunciar cómo le afecta el capitalismo a la mujer trabajadora. Se trata de que el feminismo traspase las barreras del activismo y llegue a los barrios obreros y sus entidades. En América Latina esto lo intentan a base de obras de Teatro del Oprimido, yendo a sindicatos a hacer educación popular, creando sindicatos de mujeres, concretando cómo le afectan a la mujer los problemas que crea el capitalismo…

Organización juvenil. Es necesaria una organización juvenil que vaya formando a la juventud en las ideas libertarias y en la forma de actuar que propone la organización de militantes. La organización debería enfocarse en los problemas que tiene la juventud (paro masivo, estudios, barrios y comunidades, cultura y ocio, etc.) y debería intentar generar organismos juveniles unitarios de barrio y de comunidad como asambleas de jóvenes y otras. La función de la organización es ir empoderando y preparando a la juventud para la acción política y social. Es un campo de experimentación en y de la militancia. Se puede complementar con la gestión de locales y espacios, la organización de eventos festivos y de jornadas de formación política. Nuestro punto de vista es que hay que crear un movimiento juvenil ajeno a las corrientes antiorganización y tendientes al ghetto de autoconsumo presentes en el anarquismo.

Las organizaciones deben ser entendidas como algo compacto, cohesionado. Y se subdividen en núcleos o grupos locales y territoriales compuestos por personas de la organización que viven en una zona determinada. No debería empezarse un grupo local cuando no lo conforma gente que comparte todas las estrategias y tácticas de la Organización. La función del núcleo es llevar a cabo las líneas de la organización adaptándolas a su realidad concreta. No se trata de un colectivo más, sino que el grupo es la Organización en ese territorio.

Los Frentes

Se trata de lo que hace la militancia cuando sus líneas políticas se aplican a un campo de acción. Normalmente no se tratan de organizaciones independientes, sino que se supeditan a las necesidades de inserción social del movimiento político y son orientadas por éste. Recordemos que no queremos construir un movimiento social bajo premisas libertarias desde cero sino ayudar a fomentar el movimiento social tal como es, y que éste una vez fuerte y consolidado sea políticamente autónomo y por sí mismo evolucione a líneas libertarias. Desde luego respetamos a quienes intentan hacer lo primero, pero nos parece que hay que priorizar esfuerzos.

Se pueden plantear una serie de frentes:

Frente Estudiantil. Es el campo de acción del estudiantado en su globalidad y pluralidad. Se trata de aplicar las líneas de actuación a lo estudiantil, que generalmente es un mundo que lleva una vida propia en paralelo a los ritmos de la sociedad en general. Por lo general debería haber una relación estrecha entre la organización juvenil y este frente. También tanto la organización política como la organización feminista deberían realizar tareas de formación entre el estudiantado.

Frente Laboral. Se trata del campo de actuación del movimiento político en el mundo del trabajo. Aquí hay que buscar una pluralidad en las formas de actuación ya que buscará la adecuación a los proyectos de la organización y no será un sindicato más.

La diferencia con el anarcosindicalismo, es que éste, debido a ser un Sindicalismo Revolucionario entiende que la sociedad Socialista a la que aspira deberá tener como columna vertebral el sindicato para poder funcionar. De esta forma entiende que los distintos sectores de la población (estudiantes, jubilados, amas de casa, inquilinos…) se deben organizar sindicalmente. El anarcosindicalismo de esta forma es a la vez una organización política. Por eso se ve a sí mismo como una sociedad paralela alternativa donde todo el mundo debería militar.

Nuestro punto de vista es que hoy por hoy la sociedad no se puede organizar entera de forma sindical. Por tanto hay que partir desde los distintos puntos de vista y conectarlos en una lucha hacia el socialismo libertario. Por ello tenemos que tener una inserción en las cooperativas, entre las asociaciones de parados y paradas, entre las pensionistas y también en los sindicatos (en el movimiento obrero en general). Pero no es nuestra idea crear otro sindicato más, sino que la clase obrera organizada vaya asumiendo poco a poco las líneas de nuestro movimiento político. Y por ello también hay que dirigirse a los barrios, a los institutos y a los espacios de relación y socialización de la clase. El anarcosindicalismo es por tanto aliado, pero no somos lo mismo.

El frente laboral se entiende a sí mismo como un organismo amplio de conexión de luchas que fomentan un poder popular obrero y una conciencia de clase, que contemplan avances económicos y mejoras materiales inmediatas como pasos a dar en busca del empoderamiento colectivo.

Frente Comunitario. Este frente va hacia el resto de ámbitos de actuación que afectan a la gente: salud, vivienda, educación, cultura, energía, medio ambiente, etc. La idea es conectar las distintas luchas entre sí hacia la generación de un movimiento popular comunitario capaz de tener voz propia a nivel político. Alguno de estos ámbitos se puede convertir en Frente en sí mismo, dependiendo de lo grande que sea la militancia o de las necesidades específicas. Por ejemplo:

Frente Municipalista. Si la militancia de los barrios decidiera llevarlo a cabo se podría realizar un frente municipalista que tuviera como objetivo dar la batalla en lo local para generar contrapoderes comunitarios. En este sentido se articularía a la militancia que está en asambleas populares, asociaciones vecinales, ateneos, etc. e incluso a las militantes que participen en las instituciones con programa similar al nuestro (y que asuman nuestras líneas – al fin y al cabo mejor tenerlas de aliadas que al servicio de otros movimientos políticos). Esos contrapoderes embrionarios se deberían coordinar y fortalecer para hacerlos mayores y más estables ya que serán medios de generar poder popular.

Los grupos de trabajo

El movimiento político necesitará de accesorios que faciliten o mejoren tanto su funcionamiento como su proyección pública. En este caso nombraré algunos aspectos que me parecen interesantes y que se pueden ir implementando.

Centro de Estudios. Todo movimiento político debería tener un lobby, Think tank o un organismo que sirva para engarzar la teoría y la ideología con las líneas políticas del mismo. Además servirá para elaborar un programa formativo para la militancia.

Medios de comunicación. Cualquier movimiento político tiene sus propios medios de comunicación, sean boletines o sean redes sociales. Hay que tener una estrategia mediática y comunicativa adecuada a las intenciones del movimiento. Los medios pueden ir desde boletines hasta una editorial propia de libros, revistas de pensamiento y teoría o bien publicaciones orientadas hacia la población en general.

Unidades culturales. En línea con lo anterior se puede tener de colaboradores o pertenenciendo al movimiento político algunos grupos culturales como pueden ser muralistas, teatro social, grupos de música, etc.

Línea gráfica. El movimiento en general, o sea, tanto las organizaciones como los frentes deberían tener una misma identidad visual o línea gráfica. De esta manera las ideas fuerza lanzadas por cada una de las partes del movimiento serán reconocibles rápidamente por parte de la población.

Organismo antirrepresivo. Sea una comisión, una organización o una caja de resistencia, el caso es que un movimiento político debe disponer de este tipo de organismos. En un principio se puede asumir el de otros movimientos populares, pero con el tiempo debería haber un grupo de personas que trabajen el tema y que cubran las necesidades de todo el movimiento así como el de los colectivos afines y los movimientos sociales y populares.

En resumen, puede haber todo tipo de grupos de trabajo o comisiones que lleven a cabo tareas concretas o cortas en el tiempo. Por ejemplo un grupo de sociología o antropología social puede llevar a cabo un informe. O un grupo de periodistas afines publicar alguna cosa concreta en consonancia con las necesidades comunicativas o las campañas. Se trata de ser flexibles en la medida de lo posible.

Organización amplia

Por último cabría hablar de posibles organizaciones o frentes «de masas» impulsadas por nuestro movimiento. En principio las organizaciones de masas que buscamos son las propias que crea el movimiento popular. Pero en un momento dado podemos querer crear una organización-movimiento. Se podría crear en base a sumar todas las partes componentes anteriormente descritas que deberían funcionar coordinadas. De esta manera se sellaría la pertenencia a este movimiento y se daría entrada a toda la gente simpatizante con el mismo y no sería ya un movimiento de militantes, sino de militantes y simpatizantes. O se podría crear en base a una organización que sigue las líneas políticas del movimiento pero que se creará en base a asambleas abiertas y públicas.

@BlackSpartak

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