[Traducción] La Revolución en Rojava I

Con este artículo doy comienzo a mi labor en este proyecto de comunicación social que es Regeneración Libertaria. Se trata de una traducción del artículo escrito por Meredith Tax y publicado originalmente en la página web de la revista Dissent: The Revolution in Rojava. Este artículo es un buen resumen de la situación revolucionaria actual en Rojava, así como de sus fundamentos, raíces y antecedentes, con lo cual se trata de una lectura totalmente recomendable para aquelles interesades en informarse sobre este acontecimiento social y que aún no tienen mucho conocimiento sobre el mismo.

Lo dividiré en tres partes para facilitar su lectura, pues es un texto ciertamente extenso.

Sin más, ahí va:


Desde el pasado agosto, cuando supe por primera vez de la lucha contra el ISIS en Kobane, me he estado preguntando por qué tan pocas personas en los Estados Unidos están hablando sobre los cantones de Rojava. Une pensaría que sería una gran noticia que existiese un área liberada en Oriente Medio liderada por socialistas-feministas de la hostia, donde el pueblo toma las decisiones a través de consejos locales y las mujeres ostentan el 40 por ciento de las posiciones de liderazgo en todos los niveles. Une pensaría que sería incluso una noticia más grande que sus milicias fueran lo suficientemente fuertes para derrotar al ISIS. Une pensaría que los análisis de lo que hizo posible esta victoria estarían por toda la prensa de izquierdas.

Pero muches en la izquierda de EE. UU. tienen que oír aún la historia de los cantones de Rojava –Afrin, Cizîre y Kobani– en el norte de Siria, o Kurdistán oeste. Rojava –la palabra kurda para «Occidente»– está compuesta por tres enclaves izquierdistas, constituyendo un área ligeramente inferior al estado de Connecticut, en un territorio dominado por el ISIS. A mediados de 2012, las fuerzas de Assad se retiraron masivamente de la zona, y la batalla fue dejada a las milicias kurdas: las YPG (Unidades de Protección del Pueblo) y las YPJ (Unidades de Defensa de Mujeres), las milicias autónomas de mujeres. Estas milicias no son las mismas que les peshmerga iraquíes, a pesar de que la prensa norteamericana use dicho nombre para ambos.

Las YPG y las YPJ, durante la mayor parte de los últimos tres años, han estado centradas en derrotar a los yihadistas, incluso aunque continúan combatiendo con el régimen de Assad (particularmente en y alrededor de la ciudad de Hasakah). El 27 de enero de 2015, lograron una enorme victoria cuando vencieron al ISIS en Kobane. Desde entonces han retomado las estratégicas ciudades de Tel Hamis y Tel Tamr (en los límites del cantón de Cizîre), pero, desde finales de abril, se están preparando para un ataque renovado del ISIS en la zona.

Mientras que la oposición siria está comprensiblemente resentida con que las YPG y las YPJ retiraran la mayor parte de su energía de la guerra con Assad, les izquierdistas de todo el mundo deben estar observando los extraordinarios esfuerzos que están siendo realizados por les kurdes siries y sus aliades para construir un área liberada donde pueden desarrollar sus ideas sobre socialismo, democracia, mujeres y ecología en práctica.

Elles han estado trabajando en estas ideas desde 2003, cuando el PYD (Partido de la Unión Democrática) fue fundado por miembros sirios del ilegalizado partido kurdo de Turquía, el PKK. Para enero de 2014, habían establecido un sistema de gobierno de abajo-arriba en cada cantón, con las decisiones políticas tomadas por consejos locales y con los servicios sociales y las cuestiones legales administradas por estructuras locales de la sociedad civil bajo el paraguas del TEV-DEM (Movimiento por la Sociedad Democrática). El TEV-DEM incluye a personas de todos los grupos étnicos en los cantones, que están representadas por más de un partido político, pero la mayoría de su liderazgo ideológico viene de parte del PYD.

Según Janet Biehl, que formó parte de una delegación académica al cantón de Cizîrê en diciembre de 2014, la comuna de distrito es el bloque de construcción de la estructura al completo. Cada comuna está compuesta por 300 miembros y dos copresidentes electes, un hombre y una mujer. 18 comunas constituyen un distrito, y les copresidentes de todos ellos se encuentran en el Consejo de Distrito del Pueblo, que también está formado por miembros elegidos directamente. Los Consejos de Distrito del Pueblo deciden en materias de administración y economía como la recogida de la basura, la distribución del aceite de calefacción, la propiedad de la tierra y las empresas cooperativas. Mientras que todas las comunas y los consejos están al menos compuestos por un 40% de mujeres, el PYD –en su determinación de revolucionar las relaciones tradicionales de género– también ha creado cuerpos paralelos autónomos de mujeres en cada nivel. Estos determinan la política en materias que conciernen particularmente a las mujeres, como los matrimonios forzosos, los crímenes de honor, la poligamia, la violencia sexual y la discriminación. Desde que la violencia doméstica es un problema continuo, también han construido un sistema de albergues-refugios. Si tiene lugar un conflicto en un asunto concerniente a las mujeres, los consejos de mujeres tienen potestad para sobrepasar y anular a los consejos mixtos.

En resumen, la Revolución de Rojava está cumpliendo los sueños de la Primavera Árabe –y algo más. Si sus ideas pueden sostenerse y prevalecer contra el ISIS, el nacionalismo kurdo y los estados hostiles que rodean a los cantones, Rojava afectará a las posibilidades disponibles para la región entera. Entonces, ¿por qué no está consiguiendo más apoyo internacional?

En octubre, David Graeber escribió un artículo de opinión en The Guardian comparando la lucha de Rojava contra el ISIS con la Guerra Civil Española y se preguntaba por qué la izquierda internacional estaba mostrando tan poca solidaridad en esta ocasión. La respuesta residía en parte en cómo uno define la solidaridad internacional –que en estos días usualmente parece estar limitada a oponerse a cualquier cosa que los Estados Unidos haga. En diciembre de 2014, un panel del In These Times sobre qué hacer respecto a Kobane encuadró la cuestión en términos puramente de una intervención militar de los EE. UU. Richard Falk respondió:

La difícil situación de les kurdes en Kobane y su coraje resistiendo al ISIS plantean un escenario trágico que pone en tela de juicio la especie de antiintervencionismo que siento que está justificado en general, particularmente en Oriente Medio. Pero para superar la presunción contra la intervención militar, especialmente desde el aire, uno precisa de una evidencia muy potente… La intervención del ISIS de hecho no parece diseñada para lidiar con el problema. Más bien parece una proyección del poder de los EE. UU. en la región.

Falk inmediatamente orienta la cuestión hacia los motivos de los EE. UU. más que hacia si Kobane necesita ayuda o si la ha pedido, y qué otros tipos de ayuda, además de los bombardeos, pueden prestarse.

Para Graeber, esta manera de encasillar el problema es tristemente unilateral; la crítica antiimperialista es insuficiente sin la solidaridad. Él visitó Rojava como parte de la delegación académica y, a la vuelta, la describió como “una revolución genuina”:

Pero de un modo que es exactamente el problema. Las principales potencias se han encomendado a sí mismas a una ideología que dice que las revoluciones reales no pueden nunca más tener lugar. Mientras tanto, muches en la izquierda, incluso en la izquierda radical, parecen haber adoptado tácitamente una política que asume lo mismo, incluso aunque elles todavía producen unos superficiales ruidos revolucionarios. Aceptan una especie de marco «antiimperialista» puritano que asume que los jugadores importantes son los gobiernos y les capitalistas, y que ése es el único juego que importa.

¿Cuál es el problema aquí? ¿Somos en Estados Unidos demasiado cínicxs o deprimides como para creer que cualquier cosa nueva puede pasar? ¿Estamos preparades para reconocer ideas revolucionarias cuando vienen de Grecia, España o Latinoamérica, pero no de Oriente Medio? ¿Somos tan sexistas que no podemos asumir la idea de una revolución feminista seriamente? ¿O el problema es simplemente ignorancia? Si es así, conocer la historia puede servir de ayuda. Empecemos con les yazidíes.


Hasta aquí la primera parte de La Revolución en Rojava. En la segunda parte se tratará el heroico rescate del pueblo yazidí en Sinjar en agosto del 2014; las relaciones con el régimen filotalibán de Turquía y el Kurdistán iraquí, y el feminismo en el Movimiento de Liberación Kurdo, así como la historia y características del PKK, el Partido de les Trabajadores de Kurdistán.

Matando al rey Ábaco [Killing King Abacus]

Para la tercera entrega de esta serie contra los relojes del capitalismo, he decidido seguir en la vena insurreccionalista estadounidense (que por cierto, poco se lee fuera de estos círculos sobre la explotación que supone el reloj como símbolo del tiempo capitalista). Hoy os presento el texto que introdujo allá por el año 2000 el primer número de uno de los zines estadounidenses más incendiarios: Killing King Abacus («Matando al rey Ábaco» en castellano). Killing King Abacus, que yo sepa, solamente publicó en 2000 y 2001 dos zines cargados de teoría insurreccionalista, análisis de la situación capitalista, y llamamientos a la acción directa. Se editaba en Santa Cruz, California, pero se distribuía ampliamente en Europa. Sin más, os dejo con el texto, el cual añade al problema temporal el problema espacial en nuestras vidas.

Matando al rey Ábaco [Killing King Abacus]

Traducción del inglés al castellano por La Colectividad

Matar al rey Ábaco es crear relaciones sin medida. Si pretendemos destruir el capitalismo no podemos reproducir su lógica necrofílica, la cual reduce las relaciones a meros números. Matar al rey Ábaco es destruir la red social que privilegia las transacciones e imágenes mediadas sobre las relaciones directas. Dado que el dinero es un equivalente universal y, por lo tanto, casi no tiene límites en sus usos, [el dinero] conquista otros significantes de valor; el capitalismo convierte a otros sistemas de valores en capitalismo. Matar al rey Ábaco es perturbar este proceso de cuantificación. Puede que el dinero sea la puta más indiscriminada, pero el capitalismo no es el único sistema que mide valor. La justicia, la moral, la ley, y la cultura también son sistemas de valores que sopesan, juzgan, y canalizan la acción humana. Nosotros queremos crear relaciones que desafíen tales ecuaciones. Nosotros, por lo tanto, no necesitamos modelos estandardizados dentro de nuestras luchas. En la ausencia de sistemas de valores nuestro deseo dispara en nuevas direcciones. La insurrección es deseo rebelándose contra el valor.

En la Antigua Inglaterra, las partes del cuerpo del rey eran la unidad de medida. El pie del rey era «un pie.» La longitud de la mano del rey era  «un palmo.» A medida que el Estado devino más estandardizado e impersonal, la medición también lo hizo. De esta manera, hoy en día estamos gobernados por un impersonal rey Ábaco, quien no tiene pasión pero está siempre calculando.

Los primeros relojes fueron construidos para regular los rezos islámicos y así poder rezar cinco veces al día en intervalos regulares. Durante la era colonial las misiones eran simultáneamente usadas tato para convertir a las gentes indígenas como para imponer el trabajo diario y semanal. Las campanas de las misiones regulaban ambas cosas: el rezo y el trabajo. El reloj fue un instrumento indispensable para la estandardización de la jornada laboral. La racionalización del tiempo nos ha arrojado a una espiral de apuros en constante crecimiento. Nosotros queremos matar al rey que intenta forzarnos a rezar al dios del trabajo.

Matar al rey Ábaco es crear una ruptura insurreccional con la la existente organización del lenguaje, del tiempo, y del espacio. [Matar al rey Ábaco] es hablar nuestra propia lengua; tomarnos nuestro propio tiempo; hacernos un espacio para nosotros mismo. Si solamente podemos concebir ideas construidas en base al lenguaje del Estado o del capital, entonces no podemos romper libres con su lógica restrictiva. No puede darse una ruptura con esta sociedad si recurrimos a las autoridades que la perpetúan en vez de actuar nosotros mismos. Para recurrir a un sistema o a una autoridad, primero tenemos que hablar su lengua, pero las relaciones que nosotros queremos crear no pueden ser habladas en el idioma de la autoridad. Si vivimos en una serie de momentos medidos por el reloj, el cual corre al ritmo de la productividad, entonces vivimos abstractamente en momentos equivalentes de insulsa repetición.

Al tiempo que el espacio público disminuye y es disciplinado, nos dejan prácticamente con un espacio cuyo uso está restringido a las demandas de la producción y el consumo. Si bien es cierto que teóricos sociales, anarquistas, marxistas, y burgueses han teorizado la dimensión temporal (la historia), el espacio, muy a menudo, ha tenido un papel secundario para detrimento de la teoría. Esto es en parte debido a la influencia que el darwinismo y las teorías de la evolución han tenido en el pensamiento de los siglos XIX y XX. El espacio únicamente re-entró en el marxismo con la teoría del imperialismo de Lenin, y solo a nivel estatal. Los debates desde aquellos días solamente se han centrado en la liberación nacional y en el colonialismo. El espacio ha empezado a tener un papel más destacado en la reciente teoría social, pero también es verdad que sigue enmarcado, a menudo, en el contexto de nacionalismo versus globalización. Esta teorización del espacio sirve a para dos cosas: para re-deificar y para naturalizar al Estado-nación. Nosotros pretendemos profundizar nuestro conocimiento histórico del espacio, nuestro conocimiento espacial del capitalismo, así como explorar la relación entre espacio, capitalismo, y Estado, todo ello en base a una escala bien distinta a la de la nación. Simone de Beauvoir resaltó la importancia del café para la revuelta. [El café] era un espacio donde podíamos encontrarnos directamente; donde podíamos hablar con amigos y con desconocidos. Pero el capitalismo ha comenzado a encontrar formas sobre cómo transformar un lugar de encuentro en un lugar controlado donde solamente podemos consumir y salir pitando para nuestro trabajo mientras miramos el reloj. Si no creamos espacios para nosotros mismos, no tendremos lugar donde encontrarnos, hablar, o actuar por nosotros mismos. Para poder conseguir esto, tenemos que ser capaces de imaginar lo que nos espera más allá de los límites de la racionalidad dominante que perpetúa lo existente.

La persona que se aventura a expandir sus posibilidades de vida más allá de las opciones limitadas que ofrecen el Estado y el capital, se halla afrontando las estructuras de poder y los sistemas de control mediante los cuales se impone la existencia medida. El trabajo, la ley, el gobierno, la escuela, la policía, el consumo de lujo… todo esto conforma un laberinto lleno de barreras para toda persona que desea alcanzar más allá de estos límites; para todo persona que desea vivir su vida a su propia ritmo y no al ritmo del reloj. Por ello, los que queremos proyectarnos hacia la calidad,[1] hacia una plenitud vital que no se puede medir, estamos confrontados con la necesidad de destruir ese laberinto, de crear nuestra proyección de vida de una manera insurreccional. Estamos, por lo tanto, en perpetuo conflicto con esta sociedad. Para destruir estos obstáculos a nuestra propia expansión necesitamos todas las herramientas a las que podamos echar mano; necesitamos tanto las ideas como el fuego.

Notas

[1] Nota de traducción: aquí «calidad» hace referencia al opuesto de «cantidad» («cualitativo» versus «cuantitativo»).

El caso Scala. La estocada final al anarcosindicalismo español

Pasados casi cuarenta años de dictadura franquista, con la caída de los comités –tanto nacionales como en el exilio- durante la década de los cincuenta, y con la muerte del ‘Generalísimo’ Franco, el anarcosindicalismo, al que se daba ya por muerto y bien enterrado, resurgió. Una resurrección recibida con desconfianza por parte de los sectores políticos, tanto del sector tardofranquista como por aquello que llamaron “oposición democrática”, pasando por el minoritario –aunque muy activo- tradicionalismo de corte carlista. No solo los partidos políticos que pretendían tomar parte de la “transacción” española vieron con recelo el resurgimiento del anarcosindicalismo, sino también el sindicalismo ‘amarillo’ (CC.OO y U.G.T) que fue tomando fuerza los últimos diez años de la dictadura. La C.N.T. y su ideología no solo no tenían cabida en el proceso de la Transición, sino que suponía verdaderamente un problema. Así que el Estado español tuvo como objetivo prioritario conseguir, no tanto su desaparición, sino la marginalización de la que en su día fue la fuerza sindical con más afiliado de la historia de España.

El retorno

En diciembre de 1975 se hizo una reunión en un local madrileño una reunión de doscientas personas en la que se decidió la puesta en escena (política), de nuevo, al sindicato ‘cenetista’ a nivel local y elegir un comité regional que asumiera el papel de Comité Nacional Confederal. Lo mismo ocurrió en Barcelona justo un año más tarde. El sindicalismo revolucionario, anarquista, que se había dado por muerto, al parecer no había sido bien enterrado, y volvía a resurgir. Entre quienes organizaron la ‘nueva’ C.N.T. estuvieron aquellos cenetistas que habían continuado vinculados a la organización desde la clandestinidad (y que en muchos casos habían estado ligados al colaboracionismo del ‘cincopuntismo’) y los que mantuvieron contacto con el sindicato desde el exilio francés. Además, también participaron de esta reorganización sindical quienes fueran militantes de los grupos “Liberación” y “Solidaridad”. El primero un agrupación de origen cristiano y de corte consejista. El segundo, también de origen cristiano y nacidos en los años setenta que tenían como referencia ideológica y de acción la carta de Amiens del sindicalismo revolucionario.

En menor medida, también se integraron al sindicato anarquista individuos procedentes de otros colectivos cristiano católico, como la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica), que durante el franquismo habían pertenecido al MOA (Movimiento Obrero Autogestionario) y al FSR (Frente Sindicalista Revolucionario) que se inspiraban principalmente en las ideas anarcosindicalistas.

También, y en gran medida, confluyeron en la organización ácrata una gran cantidad de personas jóvenes que procedían de las ideas anti-autoritarias, situacionistas y posmodernas del mayo de 1968, una confluencia que se hizo, sobretodo, a través de lo que durante la Transición Española se llamó “Grupos Autónomos Armados”. Hubo otro sector que, por suerte o por desgracia, fue minoritario a la hora de reorganizar a la C.N.T. llamados “los integrales” y que fueron partidarios de la creación de una organización “integral”, es decir, que la C.N.T. dejara de ser únicamente un sindicato y se transformara en una organización cuya actuación abarcara todo los campos de lo político y no solo el campo sindical. El sector marxista que tomó parte de esta reorganización cenetista lo compuso mayormente la OCI (organización trotskista) y diversos grupúsculos de marxistas libertarios (consejistas).

La puesta en escena

A finales de julio de 1976 tuvo lugar el primer Pleno Nacional de Regionales de la C.N.T. reconstituida de la que tomaron parte las delegaciones de Cataluña, Levante, Asturias y Castilla. En este primer pleno se decidió que fuera la federación local de Madrid quien se encargara de nombrar al primer comité nacional de la nueva era. Fue tres meses después cuando se decidió, en un pleno de militantes, sus nuevos componentes. El mítico –y ya veterano- Juan Gómez Casas fue escogido secretario general. El panorama sindical era muy confuso en aquel momento. No solo desde el punto de vista jurídico, también desde la implantación de cada organización. Por una parte, el Gobierno de Adolfo Suárez procedió al desmantelamiento del Sindicato Vertical franquista. Por otra parte, comenzó una feroz lucha por ocupar nuevamente el espacio sindical. Comisiones Obreras, U.G.T., U.S.O., S.O.C., y E.L.A-S.T.V., crearon la llamada Coordinadora de Organizaciones Sindicales, basada en la moderación política, la reforma pactada y en la subordinación de los intereses de la clase trabajadora a las directrices del Estado español y ‘su’ patronal. La C.N.T., evidentemente, rechazó participar en tal organización.

Pero la guerra ya había comenzado, tanto la COS como las altas instituciones políticas no iban a permitir que el anarcosindicalismo radicalizara, de nuevo, a la clase trabajadora. A finales de 1976 empezaron a difundirse los rumores de que la C.N.T. tenía lazos con los marxistas del PCE(r) y el GRAPO. Daba igual las grandes diferencias ideológicas entre los dos colectivos, en esta guerra todo valía. Incluso el órgano propagandístico del P.C.E., Mundo Obrero, empezó a difundir que la organización cenetista estaba compuesta por servicios secretos para socavar los cimientos de la ‘nueva’ “democracia”. El 27 de marzo de 1977 tuvo lugar la “furia libertaria” en una plaza de toros de San Sebastián de los Reyes donde la C.N.T. celebró su primer acto público con un inconmensurable éxito. Lo mismo empezó a ocurrir por diversas localidades de todo el Estado, hasta que se llegó al cenit en Barcelona. El 2 de julio cien mil personas se congregaron en Montjuich para demostrar que el anarconsindicalismo no estaba muerto. El 7 de mayo de 1977 se procedió a la legalización de la C.N.T.

Dos días después de su legalización, el sindicato anarquista recibió la invitación del ministro de Trabajo de formar parte en la delegación española que acudiría a la conferencia de la OIT que se celebraría en Ginebra. La C.N.T. declinó tal invitación. Se quiso dejar claro que no se quería entrar en el juego de la Transición Española.

La integración del movimiento obrero fue uno de los objetivos prioritarios del Estado español para la consolidación del proyecto de la “transacción” política. Para con la C.N.T., primeramente, se aplicó un régimen de “apagón informativo”. Comunicados, ruedas de prensa o informaciones varias sobre conflictos laborales donde participaba la C.N.T. fueron totalmente silenciadas. En segundo lugar, el modelo sindical que se fue estableciendo tuvo como objetivo prioritario fortalecer las burocracias frente a la propia actividad sindical. Así se reforzaba la dependencia de los partidos políticos y del propio Estado, se buscaba, pues, la existencia de otro Sindicato Vertical que no pusiera en peligro la nueva “paz social” que se estaba creando. Ya en 1976 se produjeron las primeras acciones violentas que se relacionaban con la C.N.T. en ciudades como Barcelona, Murcia, Málaga y Valladolid. Las páginas de los grandes periódicos de tirada nacional iban copándose cada vez más y más de malas noticias que aparecían relacionadas con el sindicato anarquista.

Los Pactos de la Moncloa

En 1977 la situación de España era terrible. El déficit comercial y la deuda exterior triplicaron las reservas monetarias españolas, la inflación alcanzaba promedios del cuarenta por ciento y el paro llegaba al millón de personas, sin que su mayoría recibiera prestaciones económicas. Una situación que para el Estado podía suponer una traba para la propia Transición. Alcanzar un pacto social se convirtió en prioridad del gobierno de Adolfo Suárez. El encargado de llegar a ese pacto fue Enrique Fuentes Quintana.

Fuentes Quintana, ministro de Economía por aquel entonces, fue el encargado de, durante el mes de agosto de 1977, redactar un documento en el que se proponía llegar al ‘ansiado’ pacto social, basado en una moderación salarial para la clase trabajadora y la aceptación de la política gubernamental, es decir, acatar la monarquía parlamentaria y el capitalismo, por parte de los principales sindicatos y partidos de la oposición. Ese verano estuvo repleto de reuniones interminables entre Fuentes Quintana –y demás altos cargos del gobierno- con los principales dirigentes del PCE, PSOE, UGT y CC.OO. Llegó el otoño y se formó las llamadas comisiones mixtas Gobierno-Oposición que redactaron los apartados del texto final que suscribieron los principales partidos parlamentarios del momento el día 25 de octubre en el Palacio de la Moncloa. Justo dos días más tarde, el Congreso de los Diputados aprobó los que serían conocidos desde entonces como los “Pactos de la Moncloa”. Estos pactos representaban el acuerdo de las fuerzas políticas parlamentarias con las fuerzas sindicales mayoritarias para “reconducir” la alarmante situación económica que padecía España. Un pacto interclasista y reformista que traspasaba al mundo laboral el modelo político de la metamorfosis de la dictadura a una monarquía parlamentaria.

Paralelamente a estos pactos, que no suponían más que cargar sobre las espaldas de la clase trabajadora los desmanes económicos de cuarenta años de dictadura franquista, proseguían los ataques, sobretodo propagandístico, contra la C.N.T. Incluso desde la prensa española se dio un carácter anarquista a la R.A.F de Ulrike Meinhof cuando se produjo el secuestro y muerte del empresario Hans Schleyer. Muchos rumores desde los principales periódicos y emisoras de radio, como el del secuestro por parte de la C.N.T. del ministro Landelino Lavilla, incidían en toda la población y hacían que, aún más, el anarconsidncialismo fuera una fuerza marginal.

El atentando contra la sala Scala

Domingo 15 de enero de 1978. Esa mañana la C.N.T. había convocado una manifestación en Barcelona contra los “Pactos de la Moncloa”. Quince mil personas se dieron cita esa mañana en el centro de la ciudad condal. La manifestación transcurrió pacíficamente sin indecentes hasta que se desconvocó la marcha. Aun así, sobre las 13:00 horas de la tarde se desencadenó un gran incendio en la sala de fiesta Scala que se encontraba en la calle Consell de Cent con el passeig de San Juan. El incendió fue de tal proporción que no solo destruyó todo el edificio, sino que también causó la muerte de cuatro de sus trabajadores, casualmente afiliados, dos de ellos, a la C.N.T. En un primer momento nadie pensó en un acto terrorista, sino en un intento de atraco con desenlace final trágico. También se habló de una posible “campaña” de apoyo a Albert Boadella, perseguido en aquel momento por la actuación teatral de su obra “La Torna” donde ridiculizaba a las altas estancias militares. Sin embargo, durante la mañana siguiente la Policía Nacional hacía público un documento donde informaba de la detención de cuatro jóvenes militantes de la C.N.T. que supuestamente habían participado en la manifestación. Según la versión policial, después del mitin de finalización de la marcha, se dirigieron a la sala de fiestas contra la que lanzaron seis artefactos incendiarios que originaron el fuego. Se les calificó de “Comando F.A.I.” que, según la policía, era el brazo armado de la C.N.T.

Todos los medios de comunicación comenzaron a relacionar este atentado terrorista con la organización cenetista. Estaba claro que, una vez más, se intentaba identificar a sindicato con atentados, violencia y perturbación de la “paz social”. En tan solo 48 horas se había logrado identificar y detener a los presuntos terroristas, lo cual extrañaba mucho. Los días siguientes se sucedieron más detenciones de militantes cenetistas. Hasta doscientos cenetistas pasaron por las dependencias policiales. Se trataba, pues, de una campaña, para amedrentar a las personas más activas del sindicato ácrata y dar una imagen de organización terrorista para alejar así al cuerpo de afiliados. Terrorismo de Estado puro y duro. El deterioro de la imagen de la C.N.T. fue brutal, y fue un punto de inflexión del cual no se levantaría cabeza nunca más. El estigma fue tan brutal que pertenecer a la C.N.T. era sinónimo de ser terrorista y miles de trabajadores y trabajadoras se dieron de baja del sindicato. El Estado español había conseguido su objetivo. Todos los detenidos e imputados fueron torturados y humillados, así se consiguieron las confesiones por parte de los cenetistas. El caso más terrible fue el contado en el juicio por la cenetista Maite Fabres, que denunció que fue apalizada durante horas y encañonada con una pistola en la cabeza. Un mes más tarde el juez que instruía el caso ordenó el procesamiento de once cenetistas por “delitos de atentado” y “tenencia de explosivos”. Las detenidas comenzaron una largaperegrinación por diversas cárceles españolas, desde Barcelona hasta Segovia, pasado por Ocaña, Burgos y Yeserías.

Un juicio extraño

Como suele ser tradición en los juicios políticos, la instrucción del caso Scala estuvo repleto de irregularidades y trabas. Como por ejemplo la ausencia del ministro de Interior Rodolfo Martín Villa, citado por las defensas, la destrucción rápida del edificio Scala y la negativa judicial de aceptar como testigos a los propios dueños de la sala de fiestas. El juicio fue tan estrafalario que hasta la acusación tildó de anarquista al fiscal del Estado, Alejandro del Toro Marzal, por sus protestas contra lo que consideró un escándalo judicial.

Uno de los puntos negros del caso fue el propio origen del incendio. El juez que comenzó la instrucción del caso Scala pidió un informe a un perito. En su resultado perital aparecían los análisis de laboratorio de las muestras que se recogieron. En ellas se había detectado la presencia de fósforo, componente químico totalmente ausente de los cocteles molotov que se habían lanzado contra la sala de fiestas. Parecía como si se hubiera acumulado el fosforo en la sala Scala para que esta ardiera como una falla. Los testigos de la acusación decían haber oído detonaciones, pero el informe perital dictaminó que las bombonas de propano no explotaron. Otro de los percances con los que se encontró la defensa fue el repentino interés por parte de los propietarios de la sala de fiestas por comprar las fotos tomadas durante el incendio, realizadas por un vecino. Días más tarde los negativos fueron comprados y las fotos no volvieron a ver la luz. Tampoco se hizo caso a las declaraciones de varios testimonios vecinales que aseguraban que el fuego se había iniciado en la parte trasera, justo el lado opuesto donde impactaron los cócteles molotov. La defensa hizo hincapié en que la entrada del local, revestida con moqueta anti-inflamable, estaba intacta. El juez hizo oídos sordos. Todo este juicio político provocó hasta un “enfrentamiento” entre la Audiencia Provincial de Barcelona y la mismísima Audiencia Nacional. La Audiencia Provincial, entendiendo que se trataba de un acto terrorista, envió el sumario del caso a la Audiencia Nacional en Madrid para que fuera esta quien se hiciera cargo. Sin embargo, la Audiencia Nacional le devolvió el caso a la Audiencia Provincial de Barcelona, donde se celebraría la vista judicial finalmente. El “enfrentamiento” venía dado por el criterio de calificación del delito. La fiscalía de la AN no encontraba forma de mantener la acusación de “banda armada” o “delito de terrorismo”. La única prueba de esto fueron las aportadas por la Policía Nacional mediante torturas y humillaciones a los detenidos cenetistas. Tampoco pasó inadvertido el certificado firmado entre el Gobernador Civil de Barcelona con los dueños de la sala Scala en el que se calificaba al incendio como un acto con “carácter político”, lo cual aumentaba la suma monetaria en la indemnización.

Tuvieron que pasar dos años, en enero de 1980, para que la Audiencia Provincial de Barcelona dictara la celebración del juicio. Quedaron oficialmente procesados y casuados Luis Muñoz García, José Cuevas Casado, María José Lopez Jiménez, Francisco Javier Cañadas Gascón, Arturo Palma Segura y María Pilar Álvarez. La otra detenida y torturada durante horas, Maite Fabrés, pasó esos dos años encarcelada y finalmente puesta en libertad sin cargos.

El uno de diciembre se celebró la primera vista en la Audiencia Provincial de Barcelona, tras varios días de encontronazos entre la policía y los manifestantes que clamaban por la amnistía de los acusados. El Tribunal lo formaban Xavier O’Callaghan Muñoz y Ángel de Prada. El desenlace ya venía dictaminado desde fuera, y no era otro que la condena de los acusados. La finalidad de desprestigiar a la C.N.T. ya se había conseguido desde hacía un par de años. En la primera sesión, la defensa, compuesta por Mateo Seguí, Marc Palmés Giró y José María Loperena hicieron hincapié en que las confesiones de los acusados habían sido obtenidas bajo tortura. El Tribunal denegó estudiar si esto era cierto o no. El segundo día de la vista, en mitad del juicio, Maite Fabrés, ya en libertad provisional y el acusado Luis Muñoz se abrazaron efusivamente. Los policías que los vigilaban los separaron de muy malas formas lo cual provocó una gran pelea dentro de la sala entre acusados, policías y parte del público allí presente. El juez ordenó desalojar la sala. Todo el sumario se sustentaba en confesiones obtenidas en comisaria bajo torturas, humillaciones y malos tratos.

La sentencia se hizo pública el día 8 de diciembre de 1980. Se calificaba el incendio como un “delito de imprudencia con resultado de muerte”. Se condenó a 17 años de prisión mayor a José Cuevas, Javier Cañadas y a Arturo Palma, a 5 meses a Rosa López y a 2 años y seis meses a Luis Muñoz. Pilar Álvarez fue absuelta. Los tres restantes quedaron en libertad. También se impuso una indemnización económica a los propietarios de la Sala Scala de Barcelona de 288 millones de las antiguas pesetas y de cinco millones a cada una de las familias de las cuatro víctimas. Como era evidente, la C.N.T. protestó ante esta sentencia basada exclusivamente en las pruebas policiales extraídas bajo torturas.

La ‘muerte’ de un sindicato

Las consecuencias para la  C.N.T. fueron terribles. El caso Scala cortó de raíz su expansión por la clase trabajadora y sus afiliados fueron disminuyendo. Fue una operación, otra más, del Estado español contra el anarquismo en España. La gran repetición de la participación de la C.N.T. en el incendio terminó por hacer creer a la gente sobre su verdadera implicación. Tal hecho terminó por deteriorar, aun más, la imagen del sindicato ácrata y del anarquismo en general. Ser afiliado a la C.N.T. fue algo que se convirtió en sinónimo de tener problemas: Los medios de comunicación lo hicieron impopular y los cuerpos policiales y fascistas peligroso. En esta ocasión, a diferencia de los grandes procesos del Estado contra el anarquismo español, las ideas libertarias no pudieron resistir. El hilo rojinegro se rompió de tanto tensarlo, y hasta el momento no ha podido ser reconstituido. Los ataques a la C.N.T. fueron recibidos con gran alegría por los partidos de “izquierda” como por los sindicatos “mayoritarios” que veían así como desaparecía un fuerte competidor. Todos miraron hacia otro lado. El desprestigio para con la opinión pública sirvió, también, para ahondar en las divisiones internas del sindicato. El seno del sindicato anarquista se dividió entre quienes pensaban que había que defender a los acusados fueran culpables o no, y los que pensaban que tan solo había que defenderlos oficialmente si se demostraba realmente que eran inocentes.

Los años fueron pasando y el caso Scala fue cayendo en el olvido. Los condenados con mayores penas salieron de prisión a los nueve años por buena conducta. La sala de fiestas nunca volvió a construirse. Las familias de las víctimas no percibieron más que un millón de pesetas de indemnización y una pensión de 18.000 pesetas mensuales. Por su parte, la C.N.T., sin desaparecer oficialmente, continuó en declive hasta llegar a la actual situación, de la que intenta resurgir. Nunca más se volvió a reabrir el caso Scala. A nadie parece interesarle “reabir heridas”. Sin duda alguna, lo ocurrido esa fatídica mañana del 15 de enero de 1978 es unomás de los agujeros negros de aquella “modélica” Transición.

El paso de la dictadura “nacional-católica” a la “democracia” parlamentaria en España se hizo sobre un pacto de amnesia y sobre 591 personas muertas. Era necesario desactivar cualquier posibilidad revolucionaria del movimiento obrero. En este hecho estuvo la motivación última del caso Scala.

“No me preocupa ETA, quienes de verdad me preocupan son los anarquistas y el movimiento libertario.” Rodolfo Martín Villa (Ministro de Gobernación) en declaraciones hechas días antes del incendio de la sala Scala.

Borja Libertario

Destruyendo los relojes de la dominación [Willful Disobedience]

El otro día empecé la tarea de publicar textos anarquistas que reflexionan sobre el concepto de tiempo en el sistema capitalista. En el primer artículo, George Woodcock nos exponía una resumida historia del concepto de tiempo (y del reloj) en la civilización capitalista de Occidente. Para esta segunda entrega he decidido presentar algo más «contemporáneo» y agitador. «Destruyendo los relojes de la dominación» (Smashing the clocks of domination) es una corta narración de la guerra contra el reloj en Brasil publicada en Willful Disobedience, que durante los años 1996-2006 publicó numerosos zines repletos de textos explosivos e insurreccionalistas. Su editor era Wolfi Landstreicher, quien ha escrito (y sigue escribiendo, supuestamente) en numerosos proyectos bajo diferentes seudónimos. Wolfi se define como egoísta-personalista en el sentido que pensó Stirner, así como aboga por la práctica insurrecta y activa contra la autoridad y el capital. Sus ideas están plasmadas, pues, en los muchísimos textos de Willful Disobedience (que, por cierto, viene a significar «desobediencia deliberada»), que además tenía la idea de provocar reacciones en aquellas personas auto-definidas como anarquistas. Sin más, ahí os lo dejo.

Destruyendo los relojes de la dominación [Willful Disobedience]

Traducción del inglés al castellano por La Colectividad

El 22 de abril, el gobierno y la clase dominante de Brasil querían celebrar el 500º aniversario de su «descubrimiento» por europeos preparados para dominar y explotar los recursos y las gentes de esa tierra, imponiendo valores expansionistas y mercantilistas. Globo Network,[1] la corporación de entretenimiento más grande de Brasil, es el mayor promotor de esta celebración. Durante varios años, Globo ha venido organizando eventos para promocionar esta celebración, y para celebrar el 500º aniversario han ido construyendo grandes relojes en todas las capitales regionales de Brasil. No obstante, durante la semana que terminó con el 22 de abril, se dio lugar una gran movilización de indígenas, estudiantes, jornaleros, y otros que mostraron su rechazo a las ideas nacionalistas y capitalistas de dicha celebración.

Fue la mayor movilización indígena dada en Brasil hasta la fecha. Los indígenas se dirigían hacia Porto Seguro (donde los portugueses desembarcaron hace 1500 años, y donde la celebración oficial sucedería el 22 de abril), atravesaron Brasilia, la capital de Brasil, y allí dispararon flechas contra el reloj de Globo hasta que lo hicieron parar. Uno de ellos se las arregló para entrar en el Congreso Nacional, y pasando el control de seguridad con una flecha en mano encaró a uno de los hombres más poderosos de Brasil, el Senador ACM, «emperador» del estado de Bahía.

El presidente, Fernando Henrique Cardoso, tenía miedo de ir a Porto Seguro el 22 de abril debido a la movilización de indígenas, jornaleros, y gente en general que allí protestaría contra la celebración. Incluso una semana antes de la celebración, temiendo por su seguridad, este patético gobernante no tenía por seguro si acudiría a la cita. Un telediario tachó a los jornaleros de anti-democráticos por hacer temer a un presidente, democráticamente elegido, de ir a donde quisiera en su país (una acusación que, más que nada, revela la verdadera naturaleza de la democracia).

De hecho, el Estado democrático declaró la guerra a la gente; a los indígenas; a los jornaleros; a los negros; a cualquier persona que pretendiese ir a la movilización en Porto Seguro (o mejor dicho, el Estado calentó la guerra perpetua que los explotadores sostienen contra los explotados). Miles de maderos y soldados pararon a los jornaleros, indígenas, negros, y otros manifestantes en las carreteras de Porto Seguro. Durante las semanas previas a la celebración toda persona y coche que pretendía entrar en la ciudad era registrado en busca de objetos peligrosos.

Hubo una gran confrontación en una de las carreteras, donde un grupo mayoritariamente de indígenas (pero también de jornaleros, negros, trabajadores, estudiantes, y anarco-punks) batallaron a la madera. 150 personas fueron arrestadas. Se escuchó más sobre la violencia y las protestas que sobre la celebración en sí. El Estado democrático de Brasil se vio forzado a mostrar su cara real usando tácticas policiales en su intento de sofocar la movilización y poder así celebrar los 500 años de dominación. Pero, por supuesto, todos sabemos que tras cada democracia está la pistola y la porra para garantizar «la voluntad del pueblo.»

El movimiento jornalero organizó su propia «celebración», intensificando de esta manera la ocupación de tierras. En muchas ciudades, los relojes de Globo (el principal símbolo de la celebración y cruel, irónico recordatorio de cómo el tiempo de la dominación pesa sobre los explotados) fueron destruidos en las semanas previas a la celebración. En Fortaleza, el 18 de abril, 400 estudiantes y trabajadores el reloj de Globo y combatieron a la madera. En Recife, el 22 de abril, jornaleros y sintecho lanzaron cócteles molotov contra el reloj. Se dice que en Río de Janeiro los indígenas destruyeron el reloj de Globo, aunque esto no ha sido confirmado. En Porto Alegre, una ciudad gobernada por izquierdistas en un Estado izquierdista, el reloj fue completamente quemado el 22 de abril. En Florianopolis, el mismo día, alrededor de 300 personas (la mayor parte estudiantes) lanzaron pintura al reloj y organizaron una manifestación con más acción directa, okupando así un parque que había sido cerrado por el alcalde. Hubo ocho arrestos y numerosas personas heridas, incluyendo una persona que fue herida en la cara por el impacto de una bala de goma. Es probable que los relojes de Globo en las otras 20 ciudades en las que fueron construidos también fueran atacados.

No coge por sorpresa que los celebrantes usaran el símbolo supremo de medida de la explotación para celebrar el aniversario del comienzo de su dominación en la región, como tampoco es de sorpresa que aquellos que se levantaron contra su gobierno atacaran el símbolo monstruoso que es el tiempo que gobierna sobre sus vidas.

Notas

[1] Nota de traducción: Rede Globo en Brasil. En el texto se usa el término inglés o simplemente Globo.

La tiranía del reloj [George Woodcock]

A lo largo de estos días que vienen iré presentando varios textos anarquistas que contemplan uno de los más potentes instrumentos de control masivo que tiene el capitalismo: el tiempo. Como concepto abstracto, el tiempo capitalista esclaviza a millones de personas a través de una herramienta material, que viene a ser el reloj. El reloj como objeto material no solamente presenta un problema para la libertad personal, sino que refuerza e impone las relaciones sociales que el concepto abstracto que existe detrás crea en el marco capitalista. Para introducir a aquellas personas que nunca antes se habían planteado el problema que se deriva del mismo concepto de tiempo, qué mejor que empezar con un texto del siempre interesante George Woodcock. «La tiranía del reloj» (The tiranny of the clock) es un ensayo corto originalmente publicado en War Commentary en el año 1944. Sin más, ahí os lo dejo.

La tiranía del reloj (George Woodcock)

No hay ninguna característica que separe con mayor claridad la sociedad que ahora existe en Occidente de las antiguas sociedades, tanto europeas como orientales, que su concepto de tiempo. Para los antiguos chinos y griegos, para los pastores árabes o los actuales peones mejicanos, el tiempo queda representado por los procesos cíclicos de la naturaleza, la alternancia de la noche y el día, el paso de una estación a la siguiente. Los nómadas y granjeros medían y aún miden su día desde el amanecer hasta la puesta de sol, y su año en términos de siembra y cosecha, de caída de las hojas y de deshielo de lagos y ríos. El granjero trabajaba según los elementos, el artesano durante todo el tiempo que le pareciera preciso para la perfección de su producto. El tiempo era visto como un proceso de cambios naturales, y la humanidad no se preocupaba por la exactitud con que fuera medido. Por este motivo, unas civilizaciones altamente desarrolladas en otros aspectos dedicaban instrumentos sumamente primitivos para el cómputo del tiempo: el reloj de arena o de gotas de agua, el reloj de sol, inútil en los días nublados, y las velas y candiles, cuyo remanente de aceite o cera indicaba las horas. Todos estos utensilios, aproximativos e inexactos, devenían con frecuencia inútiles a causa del clima o del grado de pereza de la persona a su cargo. En ninguna parte del mundo de la Antigüedad o del Medioevo se hallará sino una minoría de hombres que se preocupe por el tiempo en términos de exactitud matemática. El hombre moderno, occidental, habita sin embargo un mundo regido por los símbolos mecánicos y matemáticos del tiempo cronometrado. El reloj dicta sus movimientos e inhibe sus acciones. El reloj transforma el tiempo, que pasa de ser un proceso natural a una mercancía que puede ser medida, comprada y vendida como si de jabón o pasas se tratara. Y debido a que sin los medios para medir con precisión el tiempo nunca se hubiera llegado a desarrollar el capitalismo industrial ni podría seguir explotando a los trabajadores, el reloj representa un elemento de tiranía mecánica en las vidas de los hombres modernos mucho más poderoso que cualquier explotador en tanto individuo o que cualquier otra máquina. Es de utilidad recordar el proceso histórico mediante el cual el reloj ha influido en el desarrollo social de la civilización europea moderna.

Es un hecho frecuente en la historia que una cultura o civilización desarrolle la herramienta que posteriormente será propiciará su destrucción. Los antiguos chinos, por ejemplo, inventaron la pólvora, la cual fue desarrollada por los expertos militares de occidente y eventualmente condujo a la destrucción de la propia civilización china mediante los fuertes explosivos del armamento bélico moderno. Del mismo modo, el logro supremo del ingenio de los artesanos de las ciudades medievales europeas fue la invención del reloj mecánico, que, al trastocar revolucionariamente el concepto de tiempo, colaboraron materialmente con el crecimiento del capitalismo explotador y a la destrucción de la cultura medieval.

Según algunos relatos, el reloj apareció en el siglo XI, como dispositivo para hacer sonar las campanas a intervalos regulares en los monasterios, los cuales, con la vida organizada que imponían a sus internos, fueron el modelo más próximo de la edad media a las actuales fábricas. El primer reloj propiamente dicho, no obstante, apareció en el siglo XIII, y tan sólo a partir del siglo XIV comenzaron los relojes a adornar las fachadas de los edificios públicos de las ciudades alemanas.

Estos relojes primerizos impulsados pesas no eran especialmente precisos, y no se alcanzó un cierto grado de fiabilidad hasta el siglo XVI. Por ejemplo, se dice que el primer reloj preciso de Inglaterra fue el de Hampton Court, fabricado en 1540. E incluso la precisión de los relojes del siglo XVI resulta relativa, dado que sólo estaban equipados con manecillas para las horas. Ya en el siglo XIV habían pensado los primeros matemáticos en medir el tiempo en minutos y segundos, pero con la invención del péndulo en 1657 se obtuvo la precisión necesaria para la adición de una manecilla que señalara los minutos, mientras que la manecilla destinada a los segundos no fue introducida hasta el siglo XVIII. Ambos siglos, se observará, son aquellos en que el capitalismo creció en tal grado que le fue posible aprovechar la tecnología de la revolución industrial para así establecer su dominio sobre la sociedad.

El reloj, como ha señalado Lewis Mumford, representa la maquinaria cardinal de la era de la maquinaria, tanto por su influencia sobre la tecnología como por su influencia en las costumbres humanas. Técnicamente, el reloj fue la primera máquina auténticamente automática que adquirió verdadera importancia en la vida de las personas. Antes de su invención, las máquinas habituales eran de tal naturaleza que su manejo dependía de alguna fuerza externa y de escasa fiabilidad, como la musculatura humana o animal, el agua o el viento. Es cierto que los griegos habían inventado ciertos mecanismos automáticos primitivos, pero sólo se los empleaba, como ocurría con la máquina de vapor de Herón, para procurar efectos “sobrenaturales” en los templos o para entretener a los tiranos de las ciudades orientales. Pero el reloj fue la primera máquina automática que consiguió importancia pública y una función social. La fabricación de relojes se convirtió en la industria a partir de la cual fueron aprendidos los rudimentos de la fabricación de máquinas y se obtuvo la habilidad técnica necesaria para la revolución industrial.

Socialmente el reloj tuvo una influencia más radical que la de cualquier otra máquina, en tanto era el medio por el cual se podía obtener mejor la regularización y organización de la vida necesaria para un sistema industrial de explotación. El reloj proporcionaba los medios para que el tiempo —una categoría tan elusiva que ningún filósofo ha podido hasta el momento determinar su naturaleza— pudiera ser medido concretamente en los términos tangibles del espacio representado como circunferencia por la esfera de un reloj. Se dejó de considerar el tiempo como duración, comenzándose a hablar y pensar permanentemente de “tramos” de tiempo, como si se estuviera hablando de retales de tela. Y el tiempo, ahora mensurable en símbolos matemáticos, pasó a ser visto como una mercancía que podía ser comprada y vendida del mismo modo que cualquier otra.

Los nuevos capitalistas, en particular, devinieron rabiosamente conscientes del tiempo. El tiempo, que en este caso quería decir el trabajo de los obreros, era visto por ellos casi como si constituyera la materia prima principal de la industria. “El tiempo es dinero” se convirtió en uno de los eslóganes cruciales de la ideología capitalista, y oficial cronometrador fue el más representativo de los empleos creados por la administración capitalista.

En las primeras fábricas los patronos llegaron a manipular sus relojes o a hacer sonar las sirenas en momentos distintos a los indicados a fin de defraudar a sus trabajadores esta valiosa y nueva mercancía. Más adelante semejantes prácticas se hicieron menos frecuentes, pero la influencia del reloj impuso una regularidad en las vidas de la mayoría que previamente sólo se había conocido dentro de los monasterios. Las personas pasaron a ser de hecho similares a relojes, actuando con una regularidad repetitiva carente de parecido con la vida rítmica de un ser natural. Pasaron a ser, como reza el dicho victoriano, “puntuales como relojes”. Únicamente en los distritos rurales, donde las vidas naturales de animales y plantas y los elementos aún dominaban la vida podía librarse una parte mayoritaria de la población de sucumbir al mortífero tic-tac de la monotonía.

En un principio esta nueva actitud ante el tiempo, esta nueva regularidad de la vida, fue impuesta por los señores propietarios de relojes sobre los pobres, que se resistían a ella. El esclavo industrial reaccionaba en su tiempo libre viviendo en una caótica irregularidad que caracterizaba las barriadas empapadas en ginebra del industrialismo de principios del siglo XIX. Se huía hacia un mundo sin tiempo de bebida o de inspiración metodista. Pero gradualmente la idea de regularidad se fue extendiendo hasta llegar a las capas más bajas de los obreros. La religión del siglo XIX y la moral desempeñaron un papel nada desdeñable al proclamar que “perder el tiempo” era un pecado. La introducción de relojes y relojes de bolsillo producidos masivamente en los años 1850 extendió la conciencia del tiempo entre aquellos que previamente habían meramente reaccionado al estímulo de unos golpes en la puerta o de la sirena de la fábrica. En la iglesia y en la escuela, en la oficina y en el taller, se consideraba la puntualidad la mayor de las virtudes.

A partir de esta esclava dependencia del tiempo mecánico, que se extendió insidiosamente por todas las clases en el siglo XIX, creció la desmoralizadora regimentación de la vida que caracteriza el trabajo industrial de nuestros días. El hombre que no se adapta a ella se aboca a la censura de la sociedad y la ruina económica. El trabajador que llegue con retraso a la fábrica perderá su trabajo e incluso, en los días en que nos encontramos, puede verse encarcelado.[1] Las comidas presurosas, el periódico apiñarse en trenes y autobuses cada mañana y cada tarde, la tensión de tener que trabajar de acuerdo con horarios, todo ello contribuye a los desórdenes digestivos y nerviosos, a la ruina de la salud y a la brevedad de las vidas.

Tampoco puede decirse que, a largo plazo, la imposición financiera de regularidad conduzca a un mayor grado de eficacia. De hecho, la calidad de los productos es habitualmente muy inferior, debido a que el patrón, al considerar el tiempo una mercancía por la cual ha de pagar, obliga a sus operarios a mantener tal velocidad que necesariamente han de escatimar su trabajo. El criterio principal es preferir la cantidad a la calidad, y del trabajo en sí mismo desaparece todo disfrute. El trabajador no hace sino vigilar el reloj, preocupado únicamente por el momento en que pueda escaparse hacia el magro y monótono ocio de la sociedad industrial, en que se dedica a “matar el tiempo” atracándose de goces tan planificados y mecanizados como el cine, la radio y los periódicos en la medida que su salario y su cansancio se lo permitan. Únicamente si es capaz de aceptar los riesgos de vivir conforme a sus convicciones o su ingenio puede un hombre sin dinero salvarse de vivir como un esclavo del reloj.

El problema del reloj es, en general, similar al de la máquina. El tiempo mecánico es valioso como medio para coordinar las actividades en una sociedad altamente desarrollada, lo mismo que una máquina es valiosa como medio de reducir el trabajo innecesario al mínimo. Tanto el uno como la otra son valiosos por la contribución que realizan al buen curso de la sociedad, y sólo han de utilizarse en la medida en que sirvan a la humanidad para eliminar eficientemente entre todos el esfuerzo monótono y la confusión social. Pero no ha de permitirse que ninguno de los dos dominen la vida de las personas como ocurre hoy día.

Por ahora el movimiento del reloj establece el ritmo de las vidas humanas. El hombre se convierte en un criado del concepto de tiempo que él mismo ha creado, y en cuyo temor se le mantiene, como le sucedió a Frankenstein con su propio monstruo. En una sociedad cuerda y libre, semejante dominación de las funciones humanas por relojes y máquinas sería, como es obvio, impensable. La dominación del hombre por una creación del hombre resulta incluso más ridícula que la dominación del hombre por el hombre. El tiempo mecánico sería relegado a su verdadera función de instrumento para la referencia y coordinación, y la humanidad recobraría una visión equilibrada de la vida, que ya no estaría dominada por la adoración al reloj. Una plena libertad implica la liberación de la tiranía de abstracciones del mismo modo que rechaza las reglas humanas.

Notas

[1] El autor se refiere, evidentemente, a las regulaciones de guerra vigentes en el momento de la publicación de este artículo en War Commentary. Nota del ed.

Recuperación de la Sanidad Universal: estrategias para desvincular el beneficio económico del beneficio social

paceinte-con-garrotaLa industria sanitarias actual hay que entenderla como entramado económico sectorial en que tan importante para nuestro bienestar son los hospitales como las aseguradoras que dan acceso a los servicios, mutuas, clínicas que suplen carencias, farmacias que suministran el material o servicios sociales que evitan el deterioro de nuestra calidad de vida. Pero tan importante es la industria farmacéutica como las Universidades o los medios de comunicación, que forman el imaginario social sobre los Servicios de Salud, nuestra percepción y grado de satisfacción.

Tal hecho no pasa desapercibido para los capitalistas que aprovechan cualquier resquicio de debilidad de su propio sistema para obtener beneficio personal, a costa de lo que sea, incluida nuestra salud. Con el tiempo vemos claras las estrategias empleadas, pero también las formas de corregirlas.

Estrategia empresariales: obtención de liquidez para emplearla en Fondos de inversión

La sanidad privada se frota las manos cada vez que en una parte del territorio se hace una concesión de un Servicio.  Cabe destacar las 256 empresas privadas en Madrid. De entre todas resaltamos a Capio, Quirón, Mapfre, Adeslas, Sánitas, Cruz Roja, Orden de San Juan de Dios como algunas de las más poderosas. Estas empresas son las que dominan el mercado privado. El Lobby sanitario en España se agrupa en Sedisa, una asociación de 900 directivos de la industria sanitaria que ponen dinero para comprar legisladores y controlar las concesiones.

Aquí una relación de empresas sanitarias en el Estado Español: http://empresite.eleconomista.es/Actividad/SANIDAD-PRIVADA/.

No solo la industria sanitaria, representada por sus infames buques insignia están interesados en la privatización de la Sanidad, también la infame industria de los Seguros, organizados en su no menos infame lobby Adecose. No solo se pretende la privatización del sistema sanitario, sino también el de las pensiones públicas para que pasen a manos privadas, potenciar los seguros y seguir la fiesta de los mercados por medio de los fondos de inversión. Es una cadena en la que éstos últimos son los verdaderos interesados. Los cambios son graduales, pero evidentemente decididos. Entre los operadores en españa encotramos pesos pesados como AXA, Allianze, Atlantis, Reale, Mapfre,  o los capos nacionales como Mutua Madrileña, Mútua Catalana, Patria Hispana o Pelayo.

Estrategia Mediática: Profesores, científicos y periodistas en nómina

El siguiente artículo muestra cómo la industria sanitaria usa todos los medios posibles para hacerse con los servicios sanitarios de los distintos países. Es inquietante la relación que mantiene con sociedades científicas y medios de comunicación, siempre dispuestos a publicar estudios a la carta que beneficien a sus mecenas. Profesores, científicos, periodistas, políticos y consejeros son parte del aparato propagandístico.

El envejecimiento de la población no disparará los costes sanitarios- CAS

A la inversa de lo que pregona el discurso difundido estos últimos años desde diversas tribunas, el envejecimiento de la población no conllevará un aumento exponencial de gastos sanitarios, mantiene el Instituto de Investigación y de Informaciones Socioeconómicas (IRIS) en un reciente estudio, cuyos autores afirman que el “catastrofismo” discursivo es una estrategia al servicio de la privatización.

[…]

El “auxilio” de la privada
El IRIS habla de un incremento anual de gastos de apenas 1,28 % asociado al envejecimiento — situación “perfectamente sostenible”, precisa Hébert. “El discurso alarmista prepara el terreno de la privatización masiva. Cuando el Estado se declara incapaz de asumir la oferta de servicios sanitarios, la gente se dice que habrá que pedir socorro a la privada.”
El estudio concluye que “el riesgo mayor en materia de envejecimiento es la ideología neoliberal que informa la casi totalidad de las reformas estatales y la implementación de políticas públicas.”

Fuentes: http://iris-recherche.qc.ca/publications/vieillissement vía Coordinadora Anti-privatización de la Sanidad Pública de Madrid

Por suerte el pensamiento único y la propaganda ubicua se ven compensados por los medios alternativos y contrainformativos que cada vez tienen más aceptación en la sociedad. Se necesitan demasiadas mentiras demasiado evidentes para mantener el sistema.

Estrategia política: puertas giratorias

También resulta curioso comprobar cómo un servicio público necesario, no electivo, es cedido a las compañías privadas por el doble o triple del precio.

Tal pérdida de capital público solo se explica por la retroalimentación  entre el poder político y los intereses privados; realizan acuerdos en la sombra, usurpando el control de estas maniobras a los representantes públicos (partidos de la oposición, organizaciones sindicales y profesionales). Hay, en estas prácticas, flagrantes conflictos de interés y un uso abusivo y vergonzante de las puertas giratorias.

Algunos personajes (Lamela, Güemes, Rocío Mosquera, Antonio Burgueño) han alcanzado notoriedad por practicar con habilidad el «revolving door». El daño que provocan estas actuaciones -a la sociedad, al sistema sanitario y a sus trabajadores, a nuestra salud y a nuestros descendientes-, es inconmensurable. Estas prácticas fraudulentas esquivan el control social y la supervisión de los organismos públicos y de la justicia. Pero se convierten en hechos consumados que, en algunos casos, serán difícilmente reversibles. Diario digital Nueva Tribuna

Recuperación de la Sanidad universal: Estrategias Sociales en la Sanidad

Problemas actuales:
Someramente caben destacar problemas generales derivadas de nuestras necesidades. El principal objetivo sería es el mantenimiento de los servicios y asegurar su funcionalidad futura.

– La principal amenaza es la falta de presupuestos y las deudas contraídas.
– La actual gestión semiprivada se muestra deficitaria y encarece el servicio a más del doble con respecto a la gestión totálmente pública, por lo que en el actual escenario de inestabilidad económica pone en peligro la viabilidad a medio plazo de los servicios.

Soluciones parciales:

La solución de los distintos gobiernos, tanto centrales como regionales, en su acervo neoliberal, es privatizar de servicios y la concertación, lo cual encarece aún más el gasto por paciente, convirtiendo el sistema en insostenible. La solución es aún peor que el mantenimiento del sistema actual.

Una solución rápida sería la internalización de los servicios privatizados, lo cual haría disminuir el precio del servicio por paciente a prácticamente la mitad.

Otra solución a medio plazo sería replantear la estrategia general de los servicios sanitarios, actualmente con una medicina dominada por la Industria Farmacéutica y centrada en las causas biológicas. Habría que replantear los conceptos de Salud-Enfermedad y el abordaje de las causas psico sociales. Aquí ya comenzarían los problemas y resistencia de las oligarquías al incidir en el orden y sistema imperante.

Pero todo esto mantendría los problemas estructurales actuales: despilfarro y escasez, duplicidades, burocratización, desvío de fondos, nepotismo o incompatibilidades que llevan a la sanidad a ser un producto al servicio de los poderes económicos y políticos, lleno de parásitos y al borde de la ineficiencia y no un servicio público.

Solución final: desvincular el beneficio económico del beneficio social

Para que la sanidad sea sostenible y eficiente necesitamos desvincular el beneficio económico del beneficios social. Esto no se podría hacer mediante un modelo estatal o privatizado.

El modelo actual es insostenible. Pero no solo para la sanidad, sino para cualquier servicio público. Es un modelo empresarial de gestión que potencia el beneficio en términos económicos escudándose en índices de salud marcados por los agentes sociales. Pero estos agentes también se mueven en los mismos términos empresariales, por lo que los objetivos mercantiles se trasportan a los servicios públicos en los mismos términos. 

Mientras el modelo actual, empresarial y politizado continúe se seguirán reproduciendo las deficiencias, conflictos de intereses que llevan a la sanidad a ser uno de los principales problemas presupuestarios del país.

Se necesita un cambio de modelo: los empresarios y políticos son incapaces de satisfacer nuestras necesidades sanitarias. Necesitamos unos servicios gestionados y controlados por empleados y usuarios y no por empresarios, técnicos o políticos con intereses personales en aprovecharse de su posición de privilegio para sacar ventaja como vemos hoy en día.

El método sería organizar servicios gestionados por las comunidades de forma horizontal.  Lo cual requeriría:
Formas de gestión específicas, superando el modelo empresarial, ya no solo en los centros sanitarios, sino en barrios, distritos, ayuntamientos y regiones.
Revisión de la cartera de servicios
Reordenar el organigrama basado en unidades de gestión y comisiones y no en cargos directivos. 
Revisión de las competencias de los cargos: electos o rotativos, revocables y despolitizados, sin cargos de confianza.
– Revisión de los conciertos con otras instituciones

Cambio de modelo: Unidades de Gestión Independientes y Asambleas de Distrito

El cambio de modelo ya se ha realizado otras veces, por lo que sabemos que es posible y ha funcionado. La clave y el problema reside en conseguir apartar al poder político del económico.

Para conseguir el control, sostenibilidad y el suministro racional del bien social vital se propuso la autogestión económica, plasmada en los planes de la CNT, que incide en la gestión de los medios de producción orientados en la demanda, y no en la oferta. El modelo es bien simple: los trabajadores organizados en unidades de trabajo independientes, autogestionados, coordinados y federados racionalizan la producción. Un plan lógico, económico (barato), transformador, pero que está lejos de las expectativas sociales actuales. Los capitalistas también se dan cuenta del poder de esta estructura, pero cuando estas unidades son gestionadas de modo empresarial son un desastre, una forma de introducir la privatización, aumentar los costes y disminuir servicios. Esto es debido a que ni son unidades, ni gestionan ni son independientes.

La propiedad privada está demasiado protegida por los medios represivos, por lo que un inicio posible sería separar a los políticos, que suelen ser empresarios, de sus cargos políticos. Echarlos de los ayuntamientos, instituciones y cargos.

Una Asamblea de Distrito que organizase una Comisión de Sanidad podría tener posibilidades de introducir algunos cambios, sobre todo en la cartera de servicios y los conciertos con otras instituciones, pero la política general está marcada por el estado y la Ley de Sanidad. Como posibilidad reconocemos un gran potencial.

Publicado 5.5.2015, última edición 8.5.2015

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