La prioridad nacional… A estas alturas

El “área patriota” española sigue a la deriva, entre la fragmentación y el pandillismo navajero de los últimos 30 años. Sin embargo, de ese pandillismo a veces emergen líderes e ideas capaces de aglutinar al suficiente número de antisociales como para hacer pasar a su pandilla de larva a mosca cojonera.

Estos días nos encontramos en prensa con la última genialidad de los ultras del Elche, la campaña #lonuestro. Desde enero y con el correspondiente lavado de cara, esa agrupación local de pandilleros ha ido poniendo en marcha una campaña de marketing para difundir unas ideas muy concretas y que se hace eco de la iniciativa más sonada del “área patriota”, los “Hogares Sociales” del MSR.

Tanto la campaña que el pasado 16 de abril a rellenado minutos telediario como los mensajes del partido que anda detrás de los “Hogares Sociales” de Madrid y Zaragoza, el MSR, circulan en torno al concepto de la “prioridad nacional”. Pero no sólo estos grupúsculos. La prioridad nacional es un punto común de los programas del “área patriota”, aunque con divergencias. Alianza nacional, como buenos nazis sacados de un museo, la vincularían al “derecho de sangre”¹. Plataforma per Catalunya para no empantanarse mucho en su contradicción nacional, lo cual es muy duro para un partido nacionalista, apuesta por un discreto “primer els de casa”. Democracia nacional también lo lleva por bandera, después de muchos años de hacernos pasar por el museo del terror de las campañas de propaganda.

Pero eso no es todo. El afamado Jorge Vestrynge cada vez que puede [1] [2] no hace más que plantear la cuestión de una supuesta “prioridad nacional”, o “nacional-popular” si lo prefieren, para “tratar bien a los de aquí y a los que vienen”.

Pues a estas alturas, con el Mediterráneo ensangrentado, hay que decirlo alto y claro: la “prioridad nacional” YA EXISTE. La población trabajadora migrante se enfrenta a bastantes más barreras que la nativa frente al empleo y no sólo el empleo, también para las ayudas sociales. Existen ciertos requisitos para acceder a un puesto de trabajo (permisos, seguridad social, nivel educativo…), existen largos trámites para obtener permisos de residencia y no digamos ya la nacionalidad, existen barreras según el nivel educativo que son aún más altas cuando hay que convalidar, existen barreras culturales más relevantes que el idioma y que se apoyan en lo que se conoce como racismo, y que está bastante más enraizado de lo que parece. La propuesta de los “patriotas” consiste entonces en endurecerlas, sin más.

¿La “prioridad nacional” nos ha evitado el paro a los no-migrantes? ¿Nos ha evitado que los barrios se conviertan en guetos? ¿Nos ha evitado los desahucios, la precariedad, los bajos salarios…? Vamos a ver por qué no.

La línea argumental de todas estas posturas parte de ver el mundo del trabajo como si fuera un mercado perfecto. “Entra mano de obra a menos precio, el coste de la mano de obra baja porque la demanda de trabajo prefiere pagar menos por el mismo servicio.”, “Entra mano de obra barata a un mercado en el que hay una mano de obra más cara, por lo que la más cara se va quedando fuera del mercado”. Son afirmaciones básicas de la “economía” de mercado. Pero como cualquiera que conozca economía sabrá que si bien estas afirmaciones son válidas en lo que se conoce como “micro-economía”, al escalar estas relaciones la cosa se complica y por la “macro-economía” no sigue reglas tan simples. En el mundo “macro” las cosas no son tan sencillas y por eso la economía neoclásica a este nivel es un sinsentido que no es capaz de predecir 2008 en 2007. Hay quién considera que si las reglas del mundo “micro” no funcionan en el mundo “macro” es porque hay imperfecciones a las que llaman intervencionismo, socialismo, estado, chemtrails o cualquier chorrada. A esa gente la llamamos liberales. Los liberales al menos saben cómo funciona su teoría económica, para aplicarla a un mundo imaginario.

Este caso es un ejemplo en donde la lógica “micro”, en lo “macro” hace aguas. ¿en serio creéis que en el mercado de trabajo sólo interviene el precio, la cantidad de oferta y la cantidad de demanda?¿un conjunto de mano de obra es sustituible de forma perfecta y completa por otro? Claro que no. Los liberales culparían de que esto no fuera así a alguna fuerza maligna: el estado, los vagos, los monopolios, los sindicatos… Otra gente pensamos que simplemente, en el mundo “macro”, no se puede hablar de nada en economía sin contemplar su Historia. No hay leyes inmutables en la economía del mundo “macro”. Así que tenemos que ceñirnos a la realidad que contemplamos. Y eso vamos a hacer.

A principios de siglo, con la llegada de millones de personas como mano de obra a los países centrales del orden económico global, no pasaron millones de personas al paro automáticamente. Ni bajaron inmediatamente los salarios. De hecho, cuando finalmente esto ocurrió no fue por una “saturación” de mano de obra, cosa que podría darse según esas “matemáticas nacionales”, sino que ha ocurrido por un proceso de crisis sistémica del capitalismo. Resulta que las cuentas no salen. Resulta que la “prioridad nacional” no nos protege de nada a las trabajadoras de aquí, puesto que estamos expuestos a fuerzas que nos llevan al paro, a la miseria, a la precariedad y que al final nos llevan a la migración. No conviene perder de vista que las migraciones son consustanciales a la condición de trabajador. Aquí lo explican con palabras que hasta Manolo Canduela entenderá:

LA MAYOR PARTE DE LOS TRABAJADORES SON INMIGRANTES (EN SU PROPIO PAÍS), LES GUSTE O NO.
Los trabajadores no podemos permanecer ligados a nuestras “raíces”. Trabajamos donde hay empleo, pues no nos dan nada más para poder vivir. Cuando la industria del acero del noroeste de Inglaterra cerró porque no lograba beneficios, la gente se trasladó a Londres para encontrar trabajo. Cuando la construcción estaba mejor pagada en Alemania, en los años 90, miles de trabajadores británicos acudieron allí. Ni que decir tiene que cuando el desempleo llegó al 20-30% en Polonia en los 90, nos fuimos de allí. No fuimos nosotros quienes empezamos la guerra en Siria, Ucrania o Somalia, y no queremos combatir por este o aquel contendiente. Así que tenemos que huir de allí. Todos somos inmigrantes en cierto sentido…”

Si la “prioridad nacional” no sólo no nos sirve de nada a los de aquí tan sólo sirve para complicar aún más la vida a nuestros iguales y agravar la diferencia entre identidades. Esto tampoco sale de la nada. De la misma forma que para entender la macroeconomía hay quienes apostamos por contemplar la Historia, para entender que lleva a los pandilleros de rojigualda y navaja a apostar por una campaña así como banderín de enganche hay que ver en qué contexto estamos. La reacción a la mundialización de la economía por un lado y del avance de los movimientos sociales post-68, especialmente feminismo y ecologismo, se está materializando en una vuelta a los fundamentalismos religiosos, incluidos los laicos. En Israel el judaísmo más ultra, el Estado Islámico en el mundo árabe, los neofascismos en Europa, las grandes sectas en China…todos coinciden en aglutinar a grupos sociales descontentos en torno al refuerzo de la identidad excluyente y del patriarcado. En Castilla y otros países de Europa la presión popular contra el fascismo ha mantenido durante años en la marginación a los grupos que abanderan esa reacción identitaria y patriarcal, sin que consigan ser masivos y manteniéndolos en una constante autodestrucción puesto que su composición social se basa en un puñado de antisociales resentidos por su pérdida de estatus ante el avance del feminismo, principalmente.

Pero como vemos eso no es todo, sino que esta lógica envenenada que como ya se ha señalado aquí hay gente en Podemos que defiende y que está arrasando electoralmente en distintos estados de Europa. Pues nada, habrá que mantener la presión sobre el “área patriota” para que su mundo y sus matemáticas sigan en 2 dimensiones.

Valladolid. Abril de 2015.
@botasypedales

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1.– https://anlostuyos.wordpress.com/que-queremos/
Nota: no ponemos el enlace directo por evitar el trackback.

La banda del Matese: Insurreccionalismo italiano a finales del siglo XIX

La historia del anarquismo italiano en la segunda mitad del siglo XIX, es la narración de los intentos de organización del movimiento libertario, en un contexto de continua convulsión política protagonizada por el Risorgimiento o proceso de unificación italiana. Frente a estos conflictos de ejércitos y alta política liberal, los anarquistas decidieron actuar mediante una serie de tentativas insurreccionales. Fueron tentativas que fracasaron, y a menudo, realizadas de modo aficionado pecando de ingenuidad, sin embargo, es de reconocer que demostraron el esfuerzo y el deseo de obtener de inmediato la justicia social que parecía que sólo podría llegar a través de la revolución y el acto de insurrección. Por un lado fueron explotadas por los gobiernos para dar crédito a la imagen habitual del anarquista bandido y causante de terror, por otro contribuyeron con su resonancia, al conocimiento y la difusión de las ideas libertarias.

Carlo Cafiero y Errico Malatesta, declararon en 1876 en el Congreso de la Internacional antiautoriataria en Berna:

«La Federación Italiana considera que el hecho insurreccional, destinado a afirmar con la acción el principio socialista, es el medio más eficaz de la propaganda y el único que, sin engañar y corromper a las masas puede penetrar en los estratos más profundos de la sociedad…».

En un recién nacido Estado italiano tras la unificación definitiva, debido a la toma de Roma y a la consolidación del reinado de Vittorio Emanuele II, todavía se encontraban ocupados en celebrar esta unidad nacional que para las clases inferiores había sido solamente un cambio de dueño, los anarquistas, invitaban a los explotados a construirse ellos mismos su propio destino.

La primera insurrección fallida tuvo lugar en Bolonia en 1874, el movimiento anarquista italiano tuvo que enfrentarse a una gran crisis como consecuencia de la dura represión a la que fue sometido: persecución, arrestos, la disolución de las diferentes organizaciones, etc. En junio de 1876, después del proceso contra los movimientos perseguidos por los hechos de Bolonia, algunos anarquistas involucrados consiguieron obtener la libertad, estaban convencidos más que nunca de la necesidad de reiniciar la actividad revolucionaria.

La conocida como Banda del Matese estaba compuesta por Carlo Cafiero, Errico Malatesta, Francesco Pezzi, Cesare Ceccarelli y Napoleone Papini como integrantes más prominentes. Eligieron la zona del Matese, en la región de La Campania, como el área más adecuada para las acciones de guerrillas revolucionarias, convencidos de que la población local, en su mayoría pobres, les seguirían con entusiasmo.

El día 3 de abril 1877, Cafiero y Malatesta llegaron a San Lupo, pueblecito de la provincia de Benevento, haciéndose pasar por turistas británicos. Ellos descargaron gran parte del material que debería servir a la guerrilla en los siguientes días, toda la dotación de armas, municiones, mochilas o cantimploras. En la tarde del 5 de abril, llegaron otros revolucionarios a la Taberna Jacobelli, casa donde se hospedaban. Desafortunadamente para ellos, un tal Salvatore Farina, que se suponía iba a servir de enlace con los agricultores locales, vendió la información en su poder a la policía. El Ministro del Interior en persona, estaba al corriente de los proyectos insurreccionales, el objetivo era evidentemente tenderles una trampa en el momento oportuno y preparar una estrategia política alrededor de todo el suceso.

Esa misma noche, algunos internacionalistas son descubiertos en los alrededores de la casa por una patrulla de carabinieri, se vieron obligados a huir después de un tiroteo que causó heridas a dos policías, uno de los cuales murió más tarde. Se revocó el plan de insurrección para San Lupo, ya que los alimentos y suministros se dejaron abandonados en la casa tras la huida. Sin embargo, la inesperada irrupción de la patrulla que causó un notable daño a la eficiencia de la banda, al mismo tiempo, precipitó la situación, se había obligado a los anarquistas a anticipar el inicio de los disturbios, en un momento en el que la famosa trampa del ministro Nicotera no estaba todavía lista para desplegarse. Y así fue como la banda del Matese podría cumplir en los siguientes días, al menos en parte, las acciones que había programado.

Malatesta, Cafiero y Cesare Ceccarelli no se desanimaron, rotándose en los cargos, continuaron dirigiendo la operación insurreccional. Trataron de dirigirse hacia los lugares habitados más aislados donde, con toda probabilidad, la alarma habría llegado con cierto retraso. Tras marchar por caminos rurales de los montes del Matese para no ser descubiertos, pernoctaron en una masía abandonada. La mañana del domingo 8 de abril los anarquistas entraron en el pueblo de Letino, donde fueron acogidos por la gente asombrada, acompañados de una gran bandera rojinegra. Inmediatamente ocuparon el ayuntamiento, se retiró al instante el retrato del rey Vittorio Emanuele y se proclamó que la monarquía había caído. Declararon abolido el impuesto sobre la harina y quemaron todos los papeles de propiedades particulares de los terrenos municipales. Cafiero se subió a los pilares de una gran cruz, sustituida con la bandera rojinegra, y explicó a la muchedumbre los principios de la revolución social, sus fines y sus métodos.

La banda dejó Letino hacia la una del mediodía y se dirigió al pueblo vecino de Gallo, a apenas cinco kilometros de marcha. Al entrar en ese pueblo volvieron a dirigirse al ayuntamiento, Malatesta abrió la cerradura a pistoletazos y los compañeros penetraron en el interior. El poco dinero que se recuperó de las cajas de la Oficina Municipal de recaudación de impuestos, fue distribuido entre el entusiasmo de los campesinos pobres. Las tropas gubernativas, aunque aún no se habían dejado ver, no se habían quedado impasibles ante los hechos. Al mando del general De Sanget, casi doce mil hombres habían puesto bajo asedio al mismo tiempo toda la región del Matese. De esta manera, cuando quisieron abandonar el pueblo de Gallo, los internacionalistas se encontraron prácticamente y de improviso rodeados. Los hombres pasaron todo el 9 y 10 de abril en la doble tarea de encontrar refugio y de superar el cerco, pero sin resultados. Estaban cansados, hambrientos, y sus armas empapadas por la lluvia incesante, por lo que no podían siquiera plantearse como último extremo el enfrentamiento armado.

El día 11 de abril, la banda encontró por fin refugio en la masía Concetta, cerca de Letino y aquí decidieron pararse para retomar fuerzas. La intención era esperar a que el tiempo mejorase y entonces tratar, otra vez, de desembarazarse del asedio de las tropas gubernativas. Sin embargo, las cosas no saldrían como esperaban, porque un campesino, esperando recompensa, había informado a los soldados. El 12 de abril una sección del ejército irrumpió en la granja sorprendiendo a los anarquistas, y dadas las malas condiciones que tenían no hubo resistencia. La insurrección del Matese había llegado a su fin.

Después de su detención, los miembros de la banda fueron encarcelados en la prisión Santa Maria Capua Vetere. Inicialmente, la intención era la de juzgar a los insurgentes por un tribunal de guerra, lo que seguramente hubiera significado la pena de muerte por fusilamiento. Afortunadamente esto no sucedió, y en su lugar fueron juzgados por un tribunal civil. Resultó determinante la intercesión de Silvia, la hija de Carlo Pisacane, héroe patriota italiano, que había sido adoptada por el Ministro del Interior Nicotera y que probablemente había tenido contacto con los internacionalistas. El abogado Carlo Gambuzzi, amigo de Bakunin, fue quien la pidió ayuda, consiguiendo evitar la amenaza de un juicio sumarísimo, resolviéndose finalmente celebrar un juicio civil.

Tras la muerte del rey Vittorio Emanuele II, el nuevo rey Humberto I, decretó una amnistía el 19 de enero de 1878 para iniciar su reinado con un lavado de cara. Gracias a esta medida se extinguían casi todos los delitos atribuidos a los internacionalistas, salvo las heridas a los policías, quedando veintiséis revolucionarios imputados. El proceso contra la banda del Matese se celebró entre el 14 y el 25 de agosto de 1878 ante la Audiencia de Benevento (Campania). La defensa de los acusados ​​la llevaron cuatro abogados, destacando el joven abogado napolitano Francesco Saverio Merlino, gracias a los que todos los anarquistas quedaron absueltos de los cargos. Durante el proceso la población de Benevento fue ocupada militarmente, pero las muestras de simpatía y de apoyo de sus habitantes hacia los imputados fueron impresionantes. Más de dos mil personas festejaron por las calles de Benevento la sentencia absolutoria. Muchos de los revolucionarios absueltos optaron por el exilio.

Bibliografía – Bruno Tomasiello, La banda del Matese 1876-1878. I documenti, le testimonianze, la stampa dell’epoca, Galzerano editore 2009

Filmografía – LALIBERTA’. 1874: cronaca di una rivolta mancata, cortometraje sobre la tentativa insurreccional anarquista del Castel del Monte. Dirigida y escrita por Mimmo de Ceglia.

Movimientos y multisectorialidad

Al hacer un breve análisis de los movimientos sociales actuales, podemos observar que no trabajan de manera conjunta, es decir, de manera síncrona entre los movimientos que actúan en diferentes ámbitos de lucha. Antes que nada, decir que este artículo es un complemento de la traducción del artículo Un debate sobre la política de alianzas, donde trazaré unas pinceladas acerca de los numerosos ámbitos o sectores de lucha y pensar en cómo construir un movimiento multisectorial, es decir, un movimiento amplio formado por una red de movimientos sociales que trabajan coordinados en diferentes sectores y a la vez se articulen con base al denominador común de la autonomía, el feminismo y el anticapitalismo.

Sabemos que la raíz de todos los problemas reside en el sistema capitalista y los Estados modernos que lo sustentan, y que con base en este sistema económico, político y social se sustenta un modelo productivo basado en la propiedad privada sobre los medios de producción y el beneficio privado como principio fundamental. Todo ello constituye lo que conocemos como lo estructural, y sus manifestaciones en todos los ámbitos de nuestras vidas, se conoce como lo coyuntural, lo que podríamos destacar principalmente: territorio, trabajo, servicios públicos, alojamieto y represión. Cuando analizamos el espacio político-social, debemos reconocer los problemas coyunturales que se manifiestan a consecuencia de la estructura material:

—Dentro de la cuestión territorial se englobarían los ámbitos en los cuales los intereses de la clase dominante sobre el territorio entran en conflicto con los de la clase trabajadora. Es el espacio físico en el cual tendrán todas las luchas, así que podemos destacar los siguientes ámbitos: de barrio, vecinal o de distrito si hablamos de ciudades, rural y las luchas por la tierra si hablamos de zonas no urbanizadas o no industrializadas, e incluso podríamos incluir las luchas de liberación nacional por la autodeterminación de los pueblos frente al imperialismo. El ecologismo y la soberanía alimentaria entraría también dentro de esta categoría.

—El trabajo aquí constituiría uno de los ejes principales del conflicto de clases. Es el campo de batalla donde se encuentran más directamente el capital y el trabajo. En este ámbito podemos mencionar el movimiento obrero que se articula en torno al sindicalismo. Aunque hemos de diferenciar entre el sindicalismo que aboga por la paz social, ese modelo que lleva siempre a la conciliación de clases traicionando a la clase obrera; y entre el sindicalismo revolucionario o de clase que aboga por la agudización del conflicto de clases en los centros de trabajo.

—La lucha por la vivienda es un movimiento que se remonta atrás algo más de un siglo durante el éxodo rural provocado por el desarrollo industrial y la creación de barrios obreros. Hoy, con la reestructuración capitalista en marcha, de nuevo en los países capitalistas avanzados y los que están en desarrollo, el acceso a la vivienda vuelve a ser un problema social que afecta a la clase trabajadora al verse con menos capacidad económica para afrontar hipotecas y alquileres, así como acceso a una vivienda digna. Ante este problema, en numerosos países han surgido movimientos contra los desahucios y con algo más de anterioridad, el movimiento okupa.

—En cuanto a los servicios públicos estatales, ante esta fase de reestructuración capitalista, en dichos servicios públicos están los mercados metiendo cada vez más la mano en ellos a través de recortes presupuestarios, externalizaciones y privatizaciones. Aquí podremos mencionar: Educación, Sanidad, aguas y saneamiento, transporte público, pensiones, entre otros. Y los respectivos movimientos sociales que surgen como respuesta ante los recortes y privatizaciones, tales como el movimiento estudiantil, marea blanca y otras plataformas contra la privatización de las aguas, la subida contra las subidas de tasas en el transporte público, etc.

—Por último y no menos importante, todos los movimientos contestatarios reciben la represión del Estado, por lo tanto, es importante que comencemos a ver la represión como un obstáculo y problema social que pretende frenar nuestras actividades sociales y políticas, a la vez que les sirve a la clase dominante para perpetuar su dominio. En este aspecto, debemos hablar de la cuestión antirrepresiva y afrontar la represión en colectivo y fuera de nuestros propios círculos militantes, como otro movimiento social más.

Cabría decir que dentro de cada sector existirían subsectores. Por ejemplo, dentro del movimiento estudiantil, no será el mismo aquellos que se mueven en la Universidad que los de formación profesional y los de enseñanzas medias. En el mundo laboral, el movimiento obrero quedaría dividido entre las diversas ramas productivas tales como la construcción, el transporte, los servicios, etc. En otras palabras, las reivindicaciones de fondo del movimiento estudiantil serían las mismas sean del subsector que sean aunque difieran en cuestiones particulares y específicas. Esto se ve también dentro del movimiento obrero, en donde las reivindicaciones de fondo pueden ser el aumento del salario mínimo, reducción de jornadas, etc, y las reivindicaciones particulares serían mejoras en el convenio de sector, por ejemplo.

No obstante, no debemos tomar todos estos sectores en lucha como elementos aislados, sino como un conjunto de frentes de batalla coyunturales que tienen origen en el sistema capitalista, y por tanto, conectados entre sí. Y aquí entra la cuestión principal: ¿cómo conectar estos sectores en lucha bajo un común denominador político-social que tenga como bases el anticapitalismo, el feminismo, el antirracismo y el internacionalismo? Buscar la conexión entre diversos sectores no es muy difícil. Veamos algunos ejemplos:

—Los barrios y la lucha por la vivienda así como el movimiento okupa.
—La soberanía alimentaria, el ecologismo y la lucha del campesinado por sus tierras.
—El movimiento estudiantil y el movimiento obrero. Este ya es un clásico.
—El movimiento contra la subida de las tasas del transporte público con las trabajadoras del sector.
—Los frentes antirrepresivos con los barrios.

En los ejemplos anteriores, podemos ver que tienen puntos en común entre sí, lo que puede llevarles a confluir y superar la sectorialidad, es decir, el trabajar aisladamente en un ámbito específico sin coordinación con el resto. Podemos ir incluso un poco más allá y conectar los movimientos barriales, la okupación, el antidesahucios con el municipio, con los movimientos obrero y estudiantil, constituyendo una red de movimientos que podrían unir lazos con el movimiento campesino e indígena (esto se daría en los países latinoamericanos principalmente, cosa que en Europa o EEUU sería muy difícil). Y puesto que todos esos movimientos sociales sufrirán la represión junto con los colectivos y organizaciones político-sociales, es importante que la lucha antirrepresiva sea articulada desde los barrios, las asociaciones vecinales, etc.

Hace un siglo, en pleno desarrollo industrial, el movimiento obrero ocupaba el pilar central del conflicto social y de clases. Hoy en día ya no podemos seguir con esa premisa y ningún frente está cobrando mayor importancia que el resto, lo cual, nos lleva a desechar la jerarquía de las luchas para poner sobre la mesa la idea-fuerza de los movimientos en red. Llegados a este punto, es cuando debemos plantearnos la multisectorialidad, es decir, articular unos discursos comunes que permitan la alianza de los diversos sectores en lucha, respetando su autonomía pero manteniendo unas bases comunes sobre las cuales construir movimientos amplios, escalar los conflictos y pasar de la resistencia, es decir, las posiciones defensivas, a la ofensiva.

Guerra y Revolución: Joaquín Ascaso, el primer presidente aragonés y El Consejo de Aragón

Ante el fracaso del golpe de Estado en gran parte del país, se desencadenó, a partir del 19 de julio de 1936, un proceso revolucionario sin precedentes en la historia de España. El movimiento anarquista vio el momento de llevar a la práctica su ansiada revolución social. Con la colaboración de algunas fuerzas políticas y sociales, y con la oposición de otras, comenzó lo que ha sido el último intento de transformación social, económica y política realizado en Europa, inspirado mayormente en los planteamientos anarquistas. Aún con la férrea oposición a este singular proceso revolucionario por parte del republicanismo liberal y del marxismo mayoritario (PCE-PSUC), no faltaron las propias dificultades desde dentro de las mismas estructuras anarquistas. Como en las demás grandes revoluciones europeas, la revolución social española devoró a algunos de sus hijos. Fue el caso de Joaquín Ascaso Budría.

Aragón se convirtió en el estandarte máximo de la evolución que experimentó toda la sociedad española a partir del 19 de julio de 1936. No solo por la profundidad a la que se llegó en el proceso revolucionario, sino también por la creación de una institución política encargada de impulsarlo, el Consejo de Aragón.

Un orden revolucionario 

 Ante el desmantelamiento de toda estructura estatal en la zona aragonesa, el movimiento anarquista tuvo que hacerse cargo de la reorganización de la vida social, política y económica. Los cenetistas comenzaron la reorganización  de la estructura regional en agosto de 1936 en la famosa localidad de Caspe, además de la creación, en Bujaraloz, de la primera gran entidad anarquista dedicada a encauzar el proceso revolucionario, acabar con el vacío administrativo y evitar que Aragón se convirtiera en una “colonia” de la Generalitat de Cataluña, el Consejo Regional de Defensa de Aragón.

La creación de este Consejo no tuvo un origen únicamente de ideología anarquista. Otros motivos políticos fueron, también, los que suscitaron la necesidad de la creación de este Consejo, como el deseo de paliar las operaciones militares catalanas en suelo aragonés y saldar el vacío administrativo y organizativo existente, sobretodo en la zona rural. El regionalismo “popular” creciente durante esos años en la tierra de Francisco de Goya no se hizo esperar más y se puso manos a la obra. Lo que impulsó este “levantamiento” cantonalista fue la irritación que le provocaba al pueblo aragonés el papel secundario que se les asignaba por una Cataluña directora de la guerra y de la organización social, mientras que ellos proporcionaban mucho más aprovisionamiento y capital humano para la guerra. Al Consejo  se le sumaban nuevas instituciones regidoras de la vida pública que habían surgido de forma casi espontánea ante el vacío administrativo republicano, tales como el Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña, el Comité de Salud Pública de Málaga o el Comité Ejecutivo valenciano.

En principio, este nuevo organismo político aragonés no pretendió ser una entidad regional administrativa, sino un organismo que diera respuesta a la nueva situación revolucionaria. Aun así, no se pudo obviar la presencia del Gobierno republicano. Por este mismo hecho la C.N.T. buscó un reconocimiento legal de dicho organismo aragonés. Tal reconocimiento se saldó con la creación del Consejo de Aragón con la presencia de las demás organizaciones que conformaban el Frente Popular, tal consejo quedó compuesto por una mitad cenetista y por la otra mitad compuesta por miembros comunistas, socialistas y republicanos liberales. Este hecho significó que el nuevo organismo fuera adoptando procedimientos administrativos más propios del Estado burgués que no del ideal revolucionario con el que había nacido. Como por ejemplo con la sustitución, en 1937, de los comités municipales, que habían sustituido a los ayuntamientos desde 1936, por Consejos Municipales que tiraron por la borda todos los logros económicos y sociales conseguidos gracias a la colectivización de los medios de producción.

Hasta su ocupación por parte de las tropas comunistas de Líster en el verano de 1937, en Aragón existieron tres niveles diferentes de poder. El Consejo de Aragón, formado por cuatrocientos delegados de los consejos municipales. En segundo lugar, la Federación Regional de Colectividades, que se encargaba de crear las conexiones locales y comarcales para los asuntos de agricultura y comercio. Y el último escalón de poder lo conformaba la propia estructura anarcosindicalista de la C.N.T. que, con su red de sindicatos, en algunas ocasiones ejerció de árbitro entre los dos anteriores niveles de poder político.

La colectivización aragonesa y el Consejo de Aragón

El Consejo Regional de Defensa de Aragón se fundó como tal en el Pleno Extraordinario de la C.N.T. de Aragón, la Rioja y Navarra celebrado en la localidad de Bujaraloz el 6 de octubre de 1936. Tal consejo fue compuesto por 174 representantes de 139 municipios y de las milicias anarcosindicalistas que luchaban en el frente de Aragón. En la ponencia del pleno extraordinario se propuso, desde un primer momento, al destacado militante cenetista Joaquín Ascaso Budría como presidente del Consejo de Aragón. Además, para darle pluralidad política a esta nueva institución revolucionaria, se decidió que participaran las distintas fuerzas políticas y sindicales aragonesas en una proporción en la cual de cada 10 representantes, uno fuera republicano y dos fueran de la U.G.T. En un primer momento, ni republicanos ni ugetistas respondieron al ofrecimiento anarquista, así que desde el principio todos los puestos quedaron ocupados por militantes cenetistas. El primer “gobierno” quedó formado por Joaquín Ascaso Budría como presidente, Miguel Chueca Cuartero como consejero de Trabajo, Adolfo Arnal Francia en la consejería de Economía, Francisco Ponzán Vidal en Transportes y Comunicaciones, Miguel Jiménez Herrero como consejero de Información, José Mavilla Villa se ocupó de la consejería de Agricultura, y, por último, Adolfo Ballano Bueno fue el consejero de Justicia y Orden Público. Todos los estos consejeros aragoneses, así como el resto de los 174 delegados que conformaban el Consejo de Aragón, provenían del mundo académico (éstos fuertemente influenciados por las enseñanzas del jurista y economista aragonés Joaquín Costa) y del mundo laboral (camareros, albañiles, etc).

El Consejo Regional de Defensa de Aragón se presentó desde su primera ponencia como un organismo popular, nacido de la nueva situación revolucionaria y del deseo de emancipación proletaria, decidido a reglamentar la economía y la vida cultural, social y política. Desde un primer momento, este nuevo organismo se topó con la oposición tanto del Gobierno republicano como de la Generalitat de Cataluña. El propio presidente Manuel Azaña, en un alarde del clásico elitismo liberal, despreciaba a esos nuevos consejeros aragoneses refiriéndose a ellos como “trabajadores elevados a ministros”. La campaña comunista, liderada por el Secretario General del PCE en Aragón, no se hizo esperar. No dudaron en aliarse con el republicanismo liberal para catalogar al nuevo “cantón” aragonés como una “nueva Ucrania makhnovista” y una organización apologista del delito, la violencia y el terror.

El 31 de octubre una comisión del Consejo de Aragón se entrevistó con el presidente del gobierno republicano. De tal reunión nació el compromiso de avalar ‘legalmente’ al organismo anarquista e incorporar las distintas entidades frente-populistas. He aquí la muerte en vida del Consejo Regional de Defensa de Aragón, el cual había nacido como una puesta en práctica de los planteamientos federales libertarios, y que ahora se convertía en una región autónoma avalada por la República y que declaraba a Joaquín Ascaso como “delegado del gobierno”. Aun con la entrada en el CRDA de consejeros de Izquierda Republicana, U.G.T. y P.C.E. la estructura republicana anterior al golpe de Estado no pudo restablecerse, y aun con ciertas renuncias anarquistas, el organismo del Aragón libre siguió con su inmensa tarea de organización de la vida política y social.

Si la aparición de esta nueva entidad política supuso un viraje radical en la vida del pueblo aragonés, la mayor radicalidad supuso la puesta en escena del proceso colectivista de campos e industrias. La colectivización fue más una necesidad económica que una simple opción revolucionaria. En febrero de 1937, en la famosa localidad aragonesa de Caspe, se creó la Federación Regional de Colectividades.  El buen funcionamiento de la colectivización aragonesa fue tal que se realizaron nuevas construcciones agrícolas y de riego, hospitalarias, educativas y asistenciales, además de proporcionar cantidades ingentes de abastecimiento a los pueblos de la retaguardia de Madrid y Cataluña.

Tras los sucesos de mayo de 1937 y el fin de la hegemonía anarquista, el 11 de agosto se decretó oficialmente la disolución del Consejo de Aragón por parte del Estado. Las persecuciones, encarcelamientos y asesinatos de militantes anarquistas no tardaron en llegar. El decreto de disolución supuso que la misma madrugada del 10 de agosto de 1937 las 11, 27, 30 y 43 Divisiones del Ejército Popular comenzara a tomar posiciones de ataque. Al mando de estas divisiones estaba el famoso militar comunista Enrique Líster, conocido con el sobrenombre del “asesino de anarquistas” desde que ordenara fusilar a cientos de libertarios castellanos por haber colectivizado zonas de Castilla y León, cosa que había “prohibido” el PCE castellano. El mismo día del decreto de disolución, las tropas de Líster destruyeron por la fuerza todo el progreso revolucionario conseguido hasta entonces en tierras aragonesas, se instaló el nuevo gobernador comunista, José Ignacio Mantecón, se asaltaron los locales de la C.N.T., F.A.I. y F.I.J.L. con la detención de cientos de anarquistas y las tierras e industrias colectivizadas fueron devueltas a sus antiguos dueños o se les asignaron nuevos propietarios. El cambio de situación trajo un gran deterioro de la economía aragonesa y la vida de la retaguardia. Las vueltas de la tierra a propiedad individual provocaron el resurgimiento del caciquismo y el abandono del cultivo de grandes extensiones de tierra. Las estructuras de distribución y comunicación quedaron inutilizadas y se generalizó un despilfarro de recursos y una gran suspensión de casi todas las labores agrícolas. El descalabro llegó a tal punto que el propio secretario del Instituto de Reforma Agraria, el marxista José Silva, reconoció públicamente el error que supuso haber disuelto las colectividades aragonesas. El quebrantamiento de las promesas de progreso social por parte de la república en abril de 1931 tuvo su secuela en agosto de 1937 con el estrangulamiento del proceso revolucionario en Aragón.  La C.N.T. perdió su “feudo” aragonés, su militancia descendió de los 140.000 a 76.000 y el Consejo de Aragón pasó a mejor vida.

Joaquín Ascaso Budría: El “primer presidente” de Aragón 

Joaquín Ascaso nació el 5 de junio de 1906 en Zaragoza y, como en muchos otros casos, pasaba más tiempo en el exilio y la cárcel que en libertad. Empieza a destacar en la militancia revolucionaria a partir de la proclamación de la Segunda República española y la vuelta de su exilio en Francia. Arduo militante de todas las luchas sociales de la época, participó también en la creación de las Juventudes Libertarias, a cuya directiva perteneció. Además, fue el fundador del “Sindicato de Parados”. Después de 1931 pasó a formar parte del Sindicato de la Construcción, siendo elegido presidente del comité de la sección de albañiles. En el segundo congreso de la C.N.T. aragonesa celebrado en Zaragoza él fue del sector cenetista que pedía una mayor radicalidad en la lucha contra el régimen republicano. Hasta 1934 Joaquín Ascaso supo hacerse un nombre, tanto en las filas de la militancia revolucionaria, como en la propia oposición republicana, lo que le costó que a comienzos de 1933 su nombre fuera incluido, por el gobierno republicano, en la “lista negra” de los anarquistas aragoneses sometidos a arresto en la prisión de Pina de Ebro.

Joaquín Ascaso y la caída del frente aragonés

Cuando las tropas comunistas y republicanas comenzaban la disolución forzosa del Consejo de Aragón, Ascaso se encontraba en Valencia asistiendo en el pleno nacional de regionales. El día 9 de agosto de 1937 partió dirección a Zaragoza. No había recorrido más de diez kilómetros en su automóvil cuando las fuerzas comunistas le dieron el alto. La orden era clara y concisa, evitar a toda costa que Ascaso estuviera presente cuando comenzara la ocupación de la comuna aragonesa. Mientras el día 11 las unidades militares del Ejército Popular asaltaban la colectividad aragonesa, Joaquín Ascaso ya estaba encarcelado en una celda de la prisión valenciana. Salió en libertad un año después, sin ningún tipo de cargos. Nada más salir de prisión comenzó a cocerse la leyenda del tesoro de Ascaso, desde “La Pasionaria” –y el PCE-, y hasta finales de los años setenta, se mantuvo siempre la versión de que Joaquín Ascaso se había hecho con los “tesoros” de Aragón mientras era presidente del Consejo aragonés y que pasó su exilio en Sudamérica repleto de riquezas y lujos. No fue más que un bulo sin fundamentos: Ascaso sobrevivió después de la cárcel gracias a la ayuda y solidaridad de antiguos amigos. Sin recursos económicos y sin recibir ningún apoyo de los organismos de ayuda a exiliados malvivió cual vagabundo durante toda la Segunda Guerra Mundial. A partir de los años 50 a Joaquín Ascaso se le pierde la pista. Tan solo se sabe que se exilió en 1947 a Venezuela donde vivió hasta su muerte en marzo de 1977 trabajando como conserje de un hotel de Caracas.

Esta es la historia de cómo un hombre, simple, llano y trabajador como Joaquín Ascaso Budría, pasó de presidente del Consejo Regional de Defensa de Aragón, el que fuera el mayor avance revolucionario de nuestra historia, a vivir en casi la indigencia, exiliado, repudiado y olvidado en el ostracismo. Es por ello que, por deber histórico –y revolucionario-, debemos recordarlo como un hombre que dio su vida por la emancipación de la humanidad bajo la enseña rojinegra.

Borja Salvador Paz

Enlaces del mes: Marzo 2015

Una noticia sobre la huelga de estudiantes contra el decreto del 3+2, convocada en Madrid por Toma la Facultad, y que se desarrolló con un gran éxito. Una más en una movilización que lleva años produciéndose contra la mercantilización de la educación y que ha retenido y retrasado los procesos privatizadores y que pretenden desmantelar la educación pública. Un proceso del que ya hablamos este mes en Regeneración y que queda bien expresado en este artículo de Chomsky y en el documental Universidad S.A. Los compañeros de la Federación Estudiantil Libertaria (FEL) realizan el siguiente análisis sobre la universidad del mercado y su futuro.

Este artículo nos cuenta de manera breve los orígenes del día internacional de la mujer, al mismo tiempo que nos invita a reflexionar sobre el mismo y repensarlo en la actualidad.

El grupo Albatros de la Federación Anarquista Ibérica(FAI)  nos presenta el documental que han producido: Ouróboros. En él se muestra la verdadera cara de las organizaciones cercanas a la Iglesia Católica dedicadas a la caridad, a las que el gobierno ha volcado su apoyo tras su demolición de las políticas sociales conquistadas por los trabajadores durante años.

En el programa de radio de Economía Directa, Andrés Ruggeri nos habla sobre la experiencia de autogestión y empresas recuperadas en Argentina. En una línea similar de socialización popular nos encontramos este texto sobre la experiencia de cooperación en el centro social okupado de Can Batlló.

Entrevista a Joan Martinez Alier, teórico del decrecimiento, sobre las deudas ecológicas que contraen los países ricos con el medio (daños ambientales, calentamiento global…) y cuya factura pagamos todos. Deudas que son más tangibles que aquellas financieras con las que esclavizan al mundo. Martinez Alier también reparte contra los teóricos del crecimiento verde y la economía circular: «No puede quemarse petroleo dos veces, el ambiente intelectual en Bruselas es deplorable».

Una crítica de Cesar Rendueles a la política del boom cultural de consumo, que deja detrás una democratización falsa, fallida, del mundo de la cultura. Frente a esta propuesta política defiende un modelo popular, amateur, de las canchas de deportes llenas de vida o de las viejas bibliotecas.

Un par de artículos sobre la situación actual en Grecia. Este sobre la evolución de Syriza en lo referente a su política económica, las ideas de su ministro de finanzas y su relación con el capital internacional. Este otro sobre su primer mes de gobierno. Cualquiera de ellos muestra la decepción en que han resultado sus promesas de librar al país heleno de la coacción de la deuda, así como su negativa a romper radicalmente con el capitalismo.

Una reflexión sobre organización: El arte de ceder en las asambleas. «Con unas asambleas en las que sus miembros acudan con la predisposición de llegar a acuerdos colectivos y de ceder cuando sea necesario (disintiendo, como ya he dicho, cuando se crea preciso, por supuesto), el éxito del trabajo del grupo está en gran parte asegurado, pues unas asambleas efectivas se traducen en una repartición de trabajo efectiva y una fluidez y rapidez en la acción colectiva, así como en la satisfacción de les integrantes de la asamblea al ver que van sacando adelante sus actividades y objetivos sin tener que pasar por un martirio en cada reunión.» Otra reflexión interesante que hemos visto publicada este mes, también sobre organización, es esta sobre la cuestión generacional en el movimiento libertario.

Al respecto de la salud personal y la alimentación encontramos un par de noticias relevantes este mes:

Primero, este análisis en La Marea sobre el lobby español de la mala alimentación, que presiona mediante argumentario y puertas giratorias para negar la incidencia de ciertos productos (como los ácidos grasos saturados y trans, los azúcares y la sal) en las elevadas tasas de obesidad y otras enfermedades (diabetes, hipertensión arterial, caries dental, enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer).  «Lo más preocupante aparece cuando se echa un vistazo a las cifras de obesidad y sobrepeso infantil, porque ahí España ocupa el primer puesto en la Unión Europea y el segundo en el mundo, justo detrás de Estados Unidos, aunque muy cerca.»

Por otro lado, la confirmación por parte de la OMS de que varios insecticidas y herbicidas, entre los cuales se encuentra el glifosato (el herbicida más usado del mundo, y el producto estrella de Monsanto para sus cultivos trangénicos), afectan muy negativamente a nuestra salud. Según el informe: «Hay pruebas convincentes de que el glifosato puede causar cáncer en animales de laboratorio y hay pruebas limitadas de carcinogenicidad en humanos (linfoma no Hodgkin). También causa daño en el ADN y en los cromosomas de las células humanas.» Recordemos que la OMS había negado durante años estos mismos resultados, determinando que el glifosato no era neurotóxico, no provocaba daños en el ADN, que no afectaba al desarrollo del feto o que no podía causar cáncer. Monsanto ya ha rechazado este estudio, asegurando que se pondrá en contacto con la OMS para pedir explicaciones.

Finalmente la OMS confirma que el glifosato nos está matando

Reflexiones para crear una respuesta no institucionalizada en el contexto actual

El año 2015 se abre en la sociedad española en un contexto político y económico muy particular, en el que mucha gente alberga esperanzas próximas de cambio real que por fin logren superar las tremendas dificultades que la sociedad viene sufriendo desde el inicio de la crisis en el año 2008. Sin embargo, dichas ilusiones de cambio vienen en gran parte de la mano de proyectos electoralistas cuyo objetivo es alcanzar las instituciones para usarlas y transformarlas de tal manera que resuelvan o al menos mitiguen los efectos de la crisis que, en no pocos aspectos, ha llegado a un punto límite y extremadamente trágico. En este contexto nos paramos a preguntarnos por qué se vuelve a fijar la mirada en nuevas (o no tan nuevas) propuestas electoralistas y en qué posición se encuentran aquellas propuestas de salida no solo de la crisis, sino de las condiciones económicas y políticas que la generaron, que no pasan por la vía institucional, como lo son por ejemplo las propuestas anarquistas. Para ello vemos necesario hacer un breve repaso a las transformaciones sociopolíticas que la sociedad española ha experimentado en los últimos años.

Como punto de partida tenemos que situarnos en el 15M, puesto que la irrupción de este movimiento en el año 2011 supuso un antes y un después, ya que consiguió desbloquear lo que parecía una sociedad tremendamente pasiva ante los duros efectos de una crisis que venía sufriendo desde hacía 4 años e iniciar un nuevo ciclo de movilizaciones y luchas. El 15M fue el despertar de la conciencia colectiva ante el paro brutal, la pérdida progresiva de derechos y el enriquecimiento general de la población, que veía cómo paralelamente aquello que en los últimos tiempos se ha venido llamando “casta”, es decir, las elites que manejan este país (tanto políticas como económicas) continuaban enriqueciéndose, manteniendo e incluso aumentando sus privilegios. El 15M puso en cuestión por primera vez aquel constructo nacido del pacto del 78, tanto en lo referente a las formas tradicionales de hacer política (basadas en un delegacionismo extremo y una enorme pasividad ante los problemas y responsabilidades propias) como en una serie de mitos o mantras repetidos durante décadas (por ejemplo, la idea de que el estudio y el esfuerzo personal tendría como recompensa un trabajo estable, decente y con un salario digno). El 15M abrió la puerta a una crítica generalizada del bipartidismo (y no solamente, puesto que el sistema de partidos en su conjunto fue puesto en cuestión), al inoperante y burocratizado sindicalismo de concertación (con CCOO y UGT como máximos exponentes), a instituciones hasta entonces “intocables” como lo era la Monarquía, e incluso al papel de los medios de comunicación. Dentro del 15M surgieron infinidad de preguntas que animaban a cuestionarse todos y cada uno de los pilares del sistema actual y a buscar alternativas al mismo. El ciclo de movilización y de luchas que se abrió en aquel momento comenzó a plantar cara de forma seria a los mazazos que daba la crisis y a expandirse a lo largo y ancho del territorio estatal. Sin embargo no podemos olvidar que las críticas y luchas que iban apareciendo no eran nuevas, sino que desde hacía muchos años venían produciéndose, eso sí, desde colectivos más minoritarios, pero que siempre habían estado planteando alternativas sistémicas. Como ejemplo tenemos la experiencia que aportó el movimiento okupa de cara a la liberación de espacios donde realizar asambleas, actos de financiación de las luchas o directamente para servir de viviendas al colectivo tan afectado de desahuciados, que a través de la PAH supo articular una de las luchas más ejemplares e importantes. Asimismo queremos destacar (como ya se ha hecho anteriormente en bastantes ocasiones) la influencia de las ideas y (quizás principalmente) las prácticas utilizadas tradicionalmente por movimientos y colectivos anarquistas o cercanos al anarquismo. La práctica asamblearia, si bien no es exclusiva del anarquismo, es defendida como la base de toda organización, fue en todo momento de la mano del 15M; la autogestión, la acción directa, el apoyo mutuo, muchas de las críticas y propuestas que se lanzaban desde las asambleas tenían claros antecedentes libertarios. Sin embargo, la respuesta del anarquismo propiamente dicho no fue en todos los casos de apoyo y colaboración activa con el movimiento; atendiendo a diferentes contextos particulares de cada pueblo, barrio o ciudad, los colectivos afines al “movimiento libertario” se acercaron de forma diferente al 15M. En algunos casos se volcaron con las asambleas, en otros se aceptaba aunque con cierta distancia e incluso recelo y en otros (por suerte, creemos, los más minoritarios) directamente se rechazaba y criticaba al 15M.

Fuera como fuese, el movimiento se extendió a los barrios (que no así a los centros de trabajo, uno de sus grandes fallos o incapacidades), impulsando y desarrollando luchas variadas durante los años siguientes, creciendo tanto cuantitativa como cualitativamente, e impregnando determinadas luchas relativamente potentes (hablamos, por ejemplo, de las luchas en sanidad o en educación, las llamadas mareas, aunque también podríamos hablar de otro tipo de luchas como las protestas del barrio de Gamonal). Asistíamos a manifestaciones y concentraciones masivas que tenían un impacto mediático importante (muchas veces porque acababan en enfrentamientos con la policía): la marcha minera que concluyó en Madrid, los diferentes Rodea el Congreso. La más multitudinaria de esas manifestaciones, la que se produjo el 22 de marzo de 2014 cuando confluyeron las Marchas de la Dignidad en Madrid, y también la más espectacular (y no solo por los duros disturbios del final de la manifestación), supuso el fin del ciclo de luchas abierto el 15M. A partir de aquí, ya con una nueva formación política que pretendía recoger todo el descontento que había explosionado en 2011 (hablamos, evidentemente, de Podemos), parece que asistimos a un desinflamiento de las movilizaciones y de las protestas a la par que aumentaba el interés por el nuevo partido político. Desde entonces hasta ahora la desmovilización en la calle es más que evidente, y de nuevo parece que se vuelven a poner esperanzas en la vía institucional, las elecciones y los partidos políticos.

En vista de todo lo anterior cabe preguntarnos, como anarquistas, ¿por qué este cambio?, y ¿cuál está siendo la actitud y la influencia del movimiento anarquista? Respecto a la explicación de este cambio de posturas habría que hacer un análisis de los fallos que arrastraba el 15M, que no eran sino la continuación de fallos e incapacidades de los movimientos sociales anteriores a él (por ejemplo, la incapacidad de crear organizaciones fuertes, unidas y constantes, que enfrentasen a problemas concretos y consiguieran soluciones prácticas, con la salvedad de la PAH). Con el paso del tiempo y la agudización de los problemas sociales, la sensación de incapacidad (al menos aparente), de que no se generan victorias (o no las suficientes), y de que se está siendo incapaz de transformar la sociedad en la línea que la enorme ilusión que nació con el 15M preveía, puede generar impotencia y hacer aumentar la tentación hacia otras vías en principio más rápidas: las elecciones y las instituciones. Tampoco vamos a obviar que la situación de mucha gente es extrema, y el reclamo y búsqueda de soluciones inmediatas es una necesidad (habría que analizar hasta qué punto las instituciones son una vía más rápida y efectiva de resolución de estos problemas, aunque no analizaremos esto aquí).

El punto más importante y que queremos resaltar más aquí es la postura y actitud del movimiento anarquista. Las críticas del movimiento libertario hacia la opción que postula Podemos son constantes y necesarias (nosotros mismos somos partícipes de estas críticas), sin embargo en ocasiones parecen críticas más fruto de la impotencia y la frustración propias, con argumentos a veces infantiles y muy pobres, y también con determinados análisis erróneos a nuestro parecer. Con todas las críticas que se le puedan (y deban) hacer a Podemos, pensamos que también es necesario ser humildes y hacer un amplio ejercicio de autocrítica; reconocer que la estrategia que se está siguiendo por parte de estas posturas institucionales (estrategia, eso sí, que no compartimos) les está dando, al menos en estos primeros momentos, frutos considerables; que han conseguido atraerse a gran parte de la sociedad y que han abierto una brecha importante en el régimen del 78 (si bien no es esto lo único necesario, puesto que se echa en falta una crítica más abierta hacia el capitalismo, que es lo que realmente genera la miseria y desigualdad, y no el bipartidismo). Tenemos que reconocer que el anarquismo no está consiguiendo un avance notable, estamos siendo incapaces de terminar de conectar con la gente y de generar un contrapoder efectivo basado en principios libertarios y con objetivos netamente anarquistas. Sí es cierto que hemos conseguido algunos pequeños avances, como por ejemplo el aparecer ante la sociedad con una cara más amable de la que tradicionalmente se ha achacado al anarquismo, el ganar simpatías y acercamiento a la gente, fruto de haber participado codo con codo en desahucios, asambleas de barrios, manifestaciones y todo tipo de protestas desde la efervescencia del 15M. Pero más allá de esta simpatía, en ocasiones condescendiente (“las anarquistas tenéis buenas intenciones, pero vuestras ideas son utópicas”), no hemos roto la barrera para que la gente vea en nuestras propuestas una solución a sus problemas cotidianos que les haga abrazar las ideas, organizaciones y finalidades anarquistas. En esto los principales culpables somos nosotros mismos. Adolecemos de determinados problemas que no somos capaces de superar y que deberíamos revisar, como por ejemplo nuestras estrategias comunicativas, el lenguaje, simbología y actitud que adoptamos, cargados en no pocas ocasiones de cierto sectarismo o arcaísmo. También la apelación constante al pasado es un escollo que debemos salvar; es necesario estudiar y aprender de experiencias históricas, pero no siempre son útiles para los retos del presente, y nuestra preocupación máxima ha de ser, precisamente, la realidad actual y el futuro que queremos construir. Otro de los graves problemas, a nuestro entender, es la fragmentación del movimiento libertario, que a pesar de la enorme variedad de organizaciones que posee (sindicatos, colectivos, grupos, editoriales, etc) se mantiene disperso, sin una estrategia común que, creemos, lo ayudaría a cohesionarse y a avanzar.

El anarquismo tiene una potencialidad enorme en los tiempos que vivimos, pero tenemos que saber desarrollarla y aprovecharla. Hemos de saber ofrecer a la sociedad algo más que un conjunto de ideas “bonitas” y justas (pero vistas como utópicas), tenemos que ofrecer alternativas reales y efectivas que logren resolver a corto-medio plazo los problemas cotidianos de la gente y a partir de ahí continuar en la lucha por la emancipación total. Si logramos concretar nuestras propuestas habremos dado un paso de gigante. Pero para ello primero tenemos que hacer, una vez más, un enorme e importantísimo ejercicio de autocrítica, de reelaboración de nuestros esquemas analíticos y de nuestro lenguaje, y quizás un diálogo conjunto de todo el espectro libertario para definir nuestra acción en los años venideros. El anarquismo que viene será, ni más ni menos, que aquel que los y las anarquistas seamos capaces de articular.

ANARQUISTAS CONTRA EL GUETO

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