Activarse III

Hemos hablado en anteriores artículos de esta serie Activarse (aquí está el primero y aquí el segundo) del proceso de activación, las causas de la desmovilización política de buena parte de la población y su componente personal. Hemos tratado de dar algunas claves de cómo analizar esa desmovilización y cómo afrontarla a nivel personal. A partir de ahora, hablaremos del proceso de activación en diferentes contextos. Empezamos con este primer artículo sobre la organización territorial en los barrios de la ciudad. ¿Por qué movilizarse en el barrio? ¿Cómo podemos empezar a hacerlo? ¿Qué problemas tienen los colectivos de barrio que les impiden sumar a más personas?

Activarse en el barrio

El barrio en el que vivimos es el espacio donde desarrollamos una parte importante de nuestra vida. Tenemos amigos que viven en nuestro barrio, vecinos con los que compartimos tiempo en la calle, el metro o la parada del bus. Es por eso que resulta un espacio de conflicto y movilización tan importante. Los movimientos sociales han decidido tomar el barrio como espacio de lucha impulsando centros sociales, redes barriales de apoyo mutuo, asociaciones de vecinos o asambleas populares de los barrios.

Activarse en el barrio es tratar de romper el aislamiento (individual y de grupo) desde los espacios que tengamos disponibles, apoyar y potenciar luchas conjuntas (con otras personas y actores políticos) en base a un programa de izquierdas y libertario. Ese programa dependerá (en sus plazos y objetivos parciales) del contexto: De los apoyos con que se cuenta, los actores políticos que operan y la relación de fuerzas entre ellos.

Sobre la organización popular en los barrios ya hemos hablado en esta web. La proliferación de grupos que trabajan a nivel territorial para cubrir las necesidades de los vecinos (asambleas del 15M, grupos de la PAH, reactivación de las asambleas de parados, redes de cooperativas sociales, mareas de los servicios públicos y, en ciertos barrios, oficinas o redes de apoyo mutuo) contrasta con la poca articulación de estos proyectos en un frente común con un proyecto revolucionario.

Un punto esencial para la construcción de la disidencia urbana es recuperar la socialización, es decir, romper con el aislamiento de cada cual en su casa, frente a una pantalla, potenciando el contacto entre las personas que habitan cerca. De ese modo es posible la construcción de comunidad, y esa comunidad es la base para impulsar transformaciones profundas de las relaciones sociales. En esta cuestión deberían jugar un punto esencial los centros sociales, okupados o no, gestionados de modo horizontal, democrático, socialista y, en definitiva, acorde a los principios libertarios. La realidad es que no siempre lo hacen y sirven más como centro de reunión de afines que de espacio de socialización barrial (sobre crítica -y autocrítica- de los centros sociales habría mucho que decir) al que puedan .

A nivel político pueden existir también grupos o espacios de propaganda e intervención específicamente anarquista con los que colaborar y a los que unirse. El papel concreto de estos grupos es intervenir según una práctica libertaria en el tejido del barrio, generar discurso sobre los acontecimientos del barrio, servir de centro de formación… De nuevo, es una práctica común que estos grupos se limiten a relacionarse y apoyarse entre sí mismos y a ser centros autocomplacientes que organizan jornadas culturales con cierta regularidad. Es necesario hacer de ellos espacios de intervención real, útiles al barrio, generadores de proyectos de apoyo mutuo y solidaridad, dinámicos y con distintos niveles de implicación para facilitar la entrada de personas ajenas…

Un ejemplo exitoso de la movilización de un barrio podemos encontrarlo en las movilizaciones del barrio del Gamonal, que lleva años luchando por el mantenimiento de un barrio combativo en Burgos. De esas movilizaciones ya comentamos en anteriores ocasiones, pero me gustaría recordar algo que apuntaba en los comentarios de esa entrada: «Una amplia mayoría social, la que debería constituir nuestra base de apoyo, es capaz de entender hoy que la violencia utilizada por los vecinos estaba justificada. Lo estaba por el uso indiscriminado de la fuerza policial en las manifestaciones, porque el plan urbanístico carecía de cualquier legitimidad y porque se había cerrado cualquier otra vía política para resolver el problema. En definitiva, porque no había más alternativa para evitar una rendición a un plan injusto. Ese contexto es el que ha justificado, a ojos de muchos, la lucha del Gamonal. Y en la capacidad para haber comunicado esta realidad que justificaba el empleo de disturbios está, en mi opinión, la dimensión que ha adquirido esta victoria. Debe valorarse la buena labor comunicativa, la existencia de una base social de apoyo en el barrio (conseguida con un importante trabajo diario que tiene poco de espectacular y algo de asistencial) [y] el evitar enfrentamientos internos debidos a maximalismos.«

¡A la huelga, compañera!

Como todas sabemos, una huelga es un método de presión y una herramienta de lucha de la clase trabajadora para defender los intereses de su clase frente a la burguesía. Sin embargo, una huelga no consiste únicamente en la paralización de la producción, sino que existen más formas de llevar a cabo una huelga. En este artículo repasaremos brevemente los tipos de huelga más conocidos para comprender la diversidad de métodos que se pueden emplear en caso de conflicto laboral, en el cual la empresa no entiende de diálogos y no está dispuesta a ceder. Y como es obvio, una huelga tendrá una duración y abarcará un cierto espacio físico, con lo cual, dividiremos el artículo en tres apartados: según el tipo, según la duración y según su extensión. Al final, apuntaré brevemente el marco legal del Estado español respecto a las huelgas.

Según el tipo

—Comenzamos con la más extendida de todas: la paralización de la producción. Este tipo de huelgas es la más extendida de todas y consiste en no asistir al centro de trabajo a realizar la jornada laboral durante el transcurso de la huelga, y toda aquella persona que pretenda asistir al trabajo como un día cualquiera será considerada esquirol, puesto que parar la producción es una medida para causarles pérdidas económicas a la empresa, y si se trabaja en los días de huelga, entonces las reivindicaciones perderían fuerza.

—Una variante similar es denominada huelga de brazos caídos, la cual consiste en asistir al centro de trabajo y ocupar el puesto pero quedarse sin hacer absolutamente nada dejando la maquinaria encendida o apagada. Esta táctica es una buena forma de prevenir el esquirolaje, ya que impide su entrada y estorba a quienes quieran seguir con el proceso normal de producción.

—Contrario a la paralización de la producción, tenemos las huelgas a la japonesa que consisten en producir masivamente para aumentar los costes de almacenamiento de la empresa. Estas huelgas pueden ser agotadoras para la plantilla, sin embargo, las consecuencias pueden ser peores que simplemente parar la producción porque se gasta más en materias primas, aumentan los costes de almacenamiento y para poder dar salida a esos productos, quizá obligue a la empresa a bajar los precios. Además, otra ventaja en este tipo de huelgas es que no pueden entrar esquiroles.

—Hay ocasiones en que las huelgas no afectan a toda la empresa, sino que se coordinan los departamentos para alterar el normal funcionamiento del proceso productivo. Se trata pues de huelgas rotatorias y huelgas de tapón, que consisten en coordinarse cada departamento para parar en los días acordados, es decir, que un día para un departamento, al siguiente otro y pasado otro. En las huelgas de tapón, se paran los departamentos o partes de la cadena de producción críticos para obstruir todo el proceso productivo.

—Otra modalidad parecida es la denominada huelga de celo, que consiste en ser extremadamente detallista en una fase del proceso productivo, es decir, cuidarse tanto de la calidad y los detalles de cada producto intencionadamente para ralentizar todo el proceso productivo. En este caso, tampoco dan cabida al esquirolaje y causan enormes retrasos en la producción.

—En ocasiones, las huelgas no solo se hacen en caso de conflicto local con la empresa, sino que se realizan también por solidaridad. Hablamos entonces de las huelgas de solidaridad, que son aquellas que se realizan, no por un conflicto local en la empresa, sino en solidaridad con trabajadoras en lucha de otros centros de trabajo. Este tipo de huelgas tiene más motivaciones en la conciencia de clase que lo relacionado con lo meramente profesional o laboral.

—Por último, tenemos la huelga revolucionaria. Dicha huelga es movida por motivos expresamente políticos orientados a desafiar el orden existente y suprimirlo a través de una revolución socia, lo cual quiere decir que no es motivada por motivos profesionales y/o laborales, sino por un movimiento obrero fuertemente organizado y politizado que busca una transformación radical del sistema.

Según la duración

La duración de una huelga puede variar desde paros parciales, pasando por períodos de tiempo determinados hasta ser indefinidas:

Los paros parciales no ocupan la jornada entera de trabajo, sino parte de ella, lo cual, por regla general no genera mucha repercusión dentro de la empresa.
—Las huelgas que ocupan períodos de tiempo determinados en su mayoría duran un día entero (24h), y en ocasiones dos o más, pero siempre quedan notificados las fechas de inicio y fin de la huelga.
Las huelgas indefinidas son aquellas que tienen fecha de inicio pero no tienen una fecha de fin, sino que durarán indefinidamente hasta que se resuelva el conflicto y sea desconvocada por la asamblea de trabajadoras o el sindicato.

Según su extensión

Cuando hablo de extensión, me refiero aquí al espacio físico en el cual se desarrolla una huelga, en el cual podemos diferenciar entre ámbito profesional, es decir, a nivel de empresas y centros de trabajo, y territorio abarcado, que sería el área geográfica en que se harán efectivas las convocatorias de huelga independientemente de las empresas y ramas productivas que estén dentro de esa área.

Ámbito profesional

Nivel local: en este caso, la huelga solo afecta al centro de trabajo o alrededores.
Por empresa: la diferencia con el nivel anterior es que la huelga se desarrolla en una empresa específica afectando a sus centros de trabajo no necesariamente situados en una misma ciudad.
Por sector o rama productiva: la huelga afecta a todas aquellas empresas que conforman un mismo sector o rama productiva. Así por ejemplo, si se diera una huelga de transportes, afectaría principalmente a los transportes por carretera o vías férreas.
General: afecta a todas las ramas y sectores productivos.

 Territorio abarcado

Regionales: se convocan a nivel de Provincias o Comunidades Autónomas, afectando a todas las empresas dentro del área en donde se convocó.
Estatales: la convocatoria tendrá efecto en todo el territorio nacional.
Internacionales: en teoría, cabría una posibilidad de coordinar una huelga a nivel internacional.

Marco legal

En el Estado español, el derecho a la huelga está recogido en la Constitución del ’78 y es considerado como un derecho fundamental. La legislación que regula el derecho a la huelga data del ’77 del pasado siglo, ningún partido político lo ha tocado. No obstante, las únicas huelgas legalizadas en el Estado español son las de paralización de la producción y la de solidaridad únicamente cuando se realiza por intereses profesionales y laborales, lo que quiere decir, que si se realiza por motivos políticos u otros, sería considerado ilegal. Durante una huelga, los contratos quedan en suspensión, es decir, que las trabajadoras que hagan huelga dejarán de percibir el salario y las cotizaciones correspondientes a los días en que dure la huelga. En caso de despido por secundar una huelga, sería declarado automáticamente nulo ya que supondría la vulneración de un derecho fundamental y así quede demostrado aunque la empresa haya puesto otros motivos. Sin embargo, el despido puede ser procedente si la huelga realizada fuese ilegal. Asimismo, también es ilegal que la empresa subcontrate otros trabajadores para sustituir a la plantilla en huelga, aunque puede dejar que quienes no secunden la huelga vayan a trabajar. Otra cuestión importante relacionado con este tema son los servicios mínimos que decretan las administraciones públicas en sectores críticos como la Sanidad, los Bomberos, Emergencias o trenes. Estos servicios se deben respetar sí o sí, por lo que hay ocasiones en que pueden decretar servicios mínimos abusivos para minimizar el efecto de una huelga.

Apuntes finales

A lo largo de la historia, el movimiento obrero ha desarrollado numerosos métodos de lucha y presión, la huelga sin duda es el más extendido, aunque se puede complementar con otras prácticas como el boicot, que consiste en denunciar públicamente los atropellos de la empresa sensibilizando a la sociedad y así minar su reputación para disminuir sus ventas; sabotaje, que consiste en dañar o destruir la maquinaria y demás capital fijo para obstruir todo lo posible el proceso productivo. Hay que apuntar también que el sabotaje siempre se realiza contra el patrón, nunca contra consumidores. No obstante, la clase empresarial también tiene métodos para romper huelgas: como las listas negras, la contratación de esquiroles, enviar a la policía, y a través del cierre patronal, que consiste en cerrar la empresa o el centro de trabajo para dejar en la calle a las trabajadoras. Legalmente, el cierre patronal está permitido siempre y cuando suponga peligro de daños a personas y materiales durante una huelga y esté comunicada a la Autoridad Laboral.

Volviendo al hilo, también existen huelgas fuera del ámbito laboral, tales como las siguientes: las huelgas estudiantiles, aunque no afectan a ningúnn proceso productivo, sí sirven para abrir espacios que posibiliten la expresión de las reivindicaciones del estudiantado, presionar a la dirección del centro, concienciar a otras estudiantes y como entrenamiento ante los conflictos al entrar al mundo laboral. Las huelgas de inquilinos consisten principalmente en impagos colectivos de alquileres para denunciar los precios abusivos y presionar para que los rebajen. Sobre las huelgas de comsumo supongo que sabremos que consisten en no comprar para minimizar el volumen de ventas en general por un período de tiempo determinado. Este tipo de huelgas se podrían complementar con las laborales para tener mayores efectos. Por último, las huelgas de hambre y sed se realizan cuando ya no quedan más alternativas de lucha que poner su vida en peligro como método de presión ante las injusticias. Estas huelgas las suelen realizar presos y presas políticas cuando el régimen carcelario los castiga duramente y la justicia burguesa hace oídos sordos.

Así pues, las huelgas no se encuentran úncamente en los conflictos laborales, sino que podrían extenderse igualmente en otros conflictos sociales. No obstante, siempre existirá un denominador común entre todo tipo de huelgas: que las realiza la clase trabajadora y el conjunto de clases explotadas.

Caminando hacia la huelga general: Dignidad y Educación

Mañana sábado 21 de Marzo vuelven las marchas de la Dignidad a Madrid bajo el lema «Pan, techo, trabajo y dignidad». En este largo caminar avanzan hacia la movilización de Octubre, que tendrá su colofón en una Huelga General laboral, de consumo y social. Como se puede leer en su comunicado, desde la última movilización hace ya un año la situación no sólo no ha mejorado, sino que ha empeorado para muchísimas familias (un 30% de la población en situación de pobreza). Todo eso a pesar de la campaña mediática del PP para defender que sus políticas de ahogo a la población nos están sacando de la crisis. Sí, están sacando a la economía financiera de la crisis destruyendo las pocas conquistas sociales con que contábamos y a costa de arruinar a las familias.

Las demandas de las marchas son una exigencia al gobierno, pero también un punto de enfoque de lo que queremos conseguir a corto plazo:

  • No al pago de la deuda, ilegal, ilegitima y odiosa,
  • La defensa de los servicios públicos para todos y todas,
  • Trabajo digno con derechos y salario suficiente, reducción de la jornada de trabajo y renta básica,
  • Por el derecho a decidir de las personas, los pueblos y las naciones del estado en los aspectos que atañen a su vida y futuro,
  • La defensa de los derechos de la mujer y por un futuro para nuestra juventud.
  • Contra la precariedad laboral y social. No a las reformas laborales.
  • Contra la represión y contra la Ley Mordaza.
  • No a los tratados entre gobiernos y transnacionales contra los derechos sociales. No al TTIP,
  • Por el derecho a una vivienda digna y no al corte de los servicios esenciales de luz, agua y gas.
  • No a la OTAN, No a las guerras.

Son demasiadas cosas para centrarnos en una sola las que anuncia la descomposición del régimen del 78, incapaz de sostener a la sociedad, y del propio capitalismo, que nos empuja al fondo del hoyo. Desde este blog ya nos expresamos al respecto: La dignidad se conquista. El bienestar real es el que toma en cuenta la sostenibilidad con el medio y el desarrollo pleno de todas las personas y pueblos.

Los libertarios estaremos en la movilización sumando, codo a codo con cientos de miles de los de abajo, demostrando nuestro trabajo en la consecución de estos cambios que ayudan al empoderamiento popular revolucionario (por mucho que algunos desconocidos hayan elegido la marginalidad carente de reflexión y estrategia). Para nosotros estas demandas, que sobre todo en algunos de sus puntos cuenta con un consenso general de la mayoría de la sociedad, no se quedan en la movilización puntual de mañana. Ésta ha de servir para concretar y visibilizar el trabajo diario de lucha que estamos realizando en los movimientos sociales mediante la acción directa: en los desahucios, en los centros sociales, en las facultades, en los medios de contrainformación, en los puestos de trabajo… Porque la acción directa es política del día a día, es el pueblo organizado marcando su propia agenda, al margen de los representantes parlamentarios.

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Movilización educativa

Seguidamente a la convocatoria de marchas tenemos la movilización en Educación. Los trabajadores y estudiantes de todas las universidades del Estado están llamados a secundar la Huelga del próximo martes 24 de marzo. También algunas agrupaciones que componen la Federación de Estudiantes Libertarios han convocado a la movilización dicho día. El lema de la movilización:

En Madrid, los estudiantes organizados en Toma la Facultad (coordinadora de asambleas de facultad) convocan 2 días más de huelga en las universidades madrileñas, extendiéndola hasta el jueves, bajo el lema: No al 3+2. Por una educación pública gratuita, crítica y universal.

El 3+2 es un paso más en la mercantilización de la educación superior que comenzara a principios del presente siglo con la reforma de la LOU, el proceso de Bolonia y las sucesivas reformas, como el Tasazo aprobado por el gobierno en el año 2012. En concreto, el 3+2 supone una subida de tasas encubierta. Al reducir un año el grado y aumentar un año el master, con un precio por crédito mayor, la misma formación pasa de costar 10.000€ a 14.000€ sin que el cambio implique ninguna mejora. Más bien al contrario, pues la reducción en la financiación en universidades supone un empeoramiento manifiesto del nivel educativo en la universidad pública. Hay que recordar que el proceso de Bolonia ya preveía este aumento de tasas, dirigido a un repago de la educación superior (a través de impuestos y de manera directa); y que con la implantación del modelo de grado y máster 4+1 ya supuso un encarecimiento (de menos de 6.000€ a los 10.000€ que señalábamos antes). Sobre la mercantilización de la educación superior podemos leer este texto de Chomsky. O ver el documental Universidad S.A.

La lista de reivindicaciones de los estudiantes movilizados incluyen:

  • No al decreto 3+2
  • No al plan EU2015
  • No a la externalización de los servicios en las universidades.
  • No a las privatizaciones de los servicios y la subcontratación
  • No a la LOU lomce, no a bolonia, no a nuevas formas de elitización de la universidad.
  • Absolución estudiantes detenidas

También merece la pena leerse el comunicado de tomalafacultad. Las movilizaciones convocadas en Madrid para el martes y el jueves pueden verse en la imagen inferior.

Es de destacar el proceso de movilización seguido por los estudiantes, que llevan años organizados desde la base. Sobre todo frente a la convocatoria de los sindicatos mayoritarios, que se han limitado a convocar desde las cúpulas, sin dar lugar a un verdadero debate entre los trabajadores que permitiera que la convocatoria fuese el resultado de la movilización y el trabajo de las personas implicadas. También ha dejado que desear la comunicación de la convocatoria, ya que al margen de Toma la facultad resulta dificil descubrir qué organizaciones están convocando y cuáles se limitan a apoyar.

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Activarse II

Como concluíamos en el anterior artículo, la activación política es un proceso personal que depende de una componente colectiva: Las condiciones materiales y psicológicas que permiten el proceso. Por ello, podemos centrarnos en el aspecto personal de la militancia política libertaria para analizar cómo esta puede iniciarse.

Formación

Un individuo que desea activarse debe estar decidido a formarse. “Un pueblo inculto es un pueblo facil de dominar”. Formarse implica ser crítico con todo comportamiento adquirido por la cultura hegemónica, pero también serlo con el espacio de militancia y con la adquisición de nuevos códigos, comportamientos o valores. La formación no puede consistir, como está ocurriendo, en la repetición y adopción de códigos del gueto estético-político. Este parece ser el deseo de algunos anarquistas, que se limitan a discurrir por los mismos callejones sin salida en los que llevamos años enredados. La formación libertaria consiste en la reflexión constante sobre las formas de actuación de cada uno, desde una perspectiva no sólo ética, sino también estratégica. La crítica social unida a la autocrítica personal, pero asumiendo las incoherencias que sólo se superarán en el proceso de ruptura revolucionaria que se está construyendo. Una persona decidida a activarse debe ser capaz, por tanto, de separar críticamente las aportaciones radicales y revolucionarias (que le interesa asumir e interiorizar) de aquellas superfluas, marginantes y desmovilizadoras.

Con la idea de formación pretendo englobar todos los aspectos individuales del proceso de activación. Así pues, formarnos no quiere decir únicamente leer libros de autores anarquistas. Formarse es un proceso teórico y práctico donde cada cual va adquiriendo madurez en sus ideas (a base de confrontarlas con la realidad y entender sus errores y sus aciertos). De tal modo se aprenden y se refinan las estrategias para la participación política en un proceso que no termina nunca. En este aprendizaje es importante que los movimientos, agrupaciones y colectivos recojan las valoraciones sobre aciertos y errores de luchas o actividades concretas llevadas a cabo, pues permiten la acumulación de conocimiento y evitan en la medida de lo posible la repetición de viejos errores.

Para ello, también es necesario que los colectivos no desaparezcan o se diluyan cada pocos años, si no que al menos algunos de ellos constituyan referentes, que acumulen lo aprendido en una herencia rica de luchas y de reflexiones sobre las mismas, que aborden desde ahí el aspecto formativo de las personas que se activan y que alberguen en su seno debates de corrientes a nivel estratégico.

Por último, apuntar que no se trata sólo de formación política. El conocimiento técnico, científico, sensible, humanista e incluso la misma intuición pueden ser perfectamente aplicados al trabajo revolucionario. Quienes defendemos una gestión directa de los asuntos públicos debemos estar capacitados para gestionar en común todos los aspectos de la sociedad.

Sófocles Parra Salmerón, uno de muchos anarcosindicalistas encarcelados tras la Guerra Civil, cuenta cómo en la prisión él y sus compañeros tomaron todos los puestos posibles para acceder al control de aspectos vitales de la cárcel con el objetivo de mejorar las condiciones de vida y empoderar a los presos, recordarles sus capacidades, su inteligencia, su dignidad: cocinas, correos, comunicaciones… hasta convertir el funcionamiento de la propia cocina en un modelo de colectividad.

Del mismo modo, para liberarnos de la autoridad es indispensable aprender a encargarnos colectivamente de desarrollar y mantener nosotros mismos las estructuras sociales, con el fin de transformarlas.

Alcorcón, epicentro de la catástrofe

En noviembre de 2013, algunos nos despertamos con la noticia de que un terremoto de 3,5 grados en la escala de Ritcher había sacudido Alcorcón y el sur de la zona metropolitana de Madrid. No fue el primero, pero sí el más destacado, de una serie de pequeños seísmos que se estaban produciendo en una zona caracterizada precisamente no por su elevada actividad sísmica. Aunque la explicación pertinente nos dejó algo “fríos”¹, el suceso no pasó de ser una mera anécdota para la población y la noticia simpática del día para los telediarios. Sin embargo, no pasó tan inadvertida para el gobierno municipal, que enseguida puso en marcha su maquinaria mercadotécnica para hacer de ello algo para recordar. A comienzos de 2014, el ayuntamiento –con su alcalde David Pérez a la cabeza‐ anunciaba que el próximo año Alcorcón sería el escenario de un simulacro de terremoto. Más allá de la hilaridad que puede producir la visión de un simulacro en un municipio con más de 170.000 habitantes, la idea parece que tomó cuerpo entre diversos organismos y ya no asistiremos a una mera exhibición sino que el evento ha ascendido a la categoría de Congreso Internacional de Intervención en Grandes

Catástrofes

Este Congreso nace supuestamente bajo la necesidad de “coordinar, preparar y entrenar a nuestros profesionales” (fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, sanitarios, organismos públicos…) para dar una respuesta “rápida y eficaz” a las situaciones de emergencia y se reduzcan sus “trágicas consecuencias”. El mega‐evento de cinco días incluirá talleres y ponencias de diferente tipo con la presencia de especialistas en emergencias, ong’s, bomberos y militares de diversas partes del mundo y estará presidido por la mismísima reina en persona.

Lo terrorífico es la normalidad

Todas las estadísticas confirman que las catástrofes naturales son un suceso excepcional. No obstante, la proliferación de congresos de esta índole y la toma de medidas legislativas de carácter excepcional en todos los ámbitos parecen indicarnos que caminamos en la dirección opuesta. Casi a diario nos llegan  noticias  sobre  catástrofes  naturales  de  todo  tipo  a  lo  largo y ancho del planeta (algunas de ellas, y sin disimulo alguno, consecuencia directa  o indirecta  de  guerras). La  elección  misma  de  la  expresión  catástrofe  natural  lleva  implícito el sentido de aleatoriedad, de azar, de imposibilidad de prever. Bajo este paraguas  quedan,  por  tanto,  incluidas  en  teoría  todos  aquellos  accidentes  producidos  por  la  naturaleza.

Como  se  entenderá,  el  problema  podría  pasar  por  definir  qué  puede  considerarse  catástrofe  natural  y  qué  no². Sin  embargo,  bajo  la  óptica  en  la que  nos  encontramos  –la  óptica  de  los  congresos  y  de  los  profesionales  de  la  emergencia‐  la  importancia no radica en si son producto de la propia naturaleza o son producidas por  efecto  de  la  acción  humana  sobre  el  medio  sino en  su  inclusión  y  asimilación  como  contratiempo inevitable en nuestro devenir cotidiano. No nos encontramos ya en la época  de  la  negación  de  las  catástrofes:  éstas  se  producen  sin  más  y,  por  lo  tanto, se  hace  necesaria  su  gestión.  Y  ésta,  pasa  por  acostumbrarnos  a  su  presencia,  es  decir,  a  aprender a convivir con ellas³.

No  albergamos  esperanza  alguna  de  que  ponencias  como  “El  accidente  de  Fukushima: lecciones  identificadas” cuestione  de  raíz  todo  lo  relacionado  con  la energía nuclear más allá de consideraciones preventivas o de carácter técnico. Tampoco  esperamos  que  hablar  sobre «La  importancia  de  los  sistemas  de  agua  potable autogestionados”  nos  dote  de  las  herramientas  colectivas  necesarias  que  nos  permitan  concebir dicho recurso de una manera distinta a la actual. Lo substancial de todos estos  encuentros  y  congresos  y  de  las  enseñanzas  de  las  situaciones  de emergencia  reside únicamente  en  la  adquisición  de  mayores  conocimientos  sobre  el  desastre  para  su divulgación, convirtiendo la emergencia en normalidad.

Esta  adaptación  a  la  catástrofe  se  manifiesta  de  múltiples  formas  y  avanza  en todos  los  campos.  La  presencia  en  el  Congreso  de  militares,  y  de la  funesta  Unidad Militar de Emergencias (UME) en particular, sólo puede ser conducente a la aceptación de  la  soldadesca  en  labores  que anteriormente realizaba  población  civil  y  a  su normalización en cada vez más facetas de la vida cotidiana, haciéndolos más útiles, más cercanos,  en  definitiva: humanizando  lo  militar.  La  clásica  imagen  de  militares  en contiendas  bélicas  ha  sido  transformada  por  la  estampa  de  las  misiones  de  paz  y  de ayuda  humanitaria  en  zonas  de  conflicto,  sumándose  ahora  las  de  auxilio y  salvamento  en zonas  de  catástrofe  natural,  convirtiendo  algo  que antaño  se  antojaba  excepcional  –la presencia militar fuera de los cuarteles‐ en una circunstancia cada vez más habitual. Y lo  que  tiene  aún  mayor calado:  convirtiendo  su  presencia  en  necesaria  dentro  de  los esquemas  de  las  situaciones  de  emergencia.  El  estado  de  alarma  implantado  en  Barajas durante  la  huelga  de  controladores  aéreos  (2010),  el  terremoto  de  Lorca  (2011),  los incendios  forestales,  su  inclusión  en  los  cuerpos  de policía  local (2014)…son  sólo  la cara más visible de esta incursión de lo militar. Siguiendo esta senda de excepcionalidad, podríamos hacer mención a la escalada represiva llevada a cabo tanto a golpe de legislación como de actuaciones policiales. La implantación del nuevo código penal y de la ley de seguridad ciudadana constituyen un paso más hacia la normalización de lo excepcional. La repugnante masacre del Charlie Hebdo, escenificada en forma catástrofe, es decir, como situación inevitable –no sabemos si natural o no‐ debe ser asimilada y nos debe hacer a todos partícipes de la constante situación de criminalidad permanente en la que vivimos. La presencia policial y militar en las calles de Francia, Bélgica o Dinamarca no nos tendría que sorprender; su falta es lo que nos debería empezar a preocupar, puesto que presagia la próxima llegada de algún tipo de cataclismo.

A partir de este momento, lo extraño será no pasear por las calles bajo la atenta mirada  de  funcionarios  públicos  y  cientos  de  cámaras  de  seguridad.  La  simple existencia  de  peligros  inminentes  que  penden  sobre  nuestras  cabezas  cual  espada  de Damocles justifica que así sea. Las numerosos redadas policiales llevadas a cabo a nivel local  e  internacional  (presentes  o  futuras),  convertidas  en  espectáculos públicos masivos al  ser televisadas y radiadas  prácticamente  en  directo,  lo  deberían  poner  de manifiesto. El ideal de seguridad aspira a imponerse como el principal y hegemónico, si no lo ha hecho ya. Como vemos, todas estas medidas auguran un nuevo período de planificación y control social –dentro de la normalidad‐ que alcanzará su culminación en el momento en que ya no sea posible distinguir entre normalidad o emergencia, cuando lo excepcional sea la regla.

Alcorcón, Estado de emergencia

La  elección  de  Alcorcón  como  lugar  para  celebrar  este  congreso  no  podía  ser más adecuada. No entendida en el sentido de sus altos índices de desastres naturales producidos por terremotos, inundaciones, actividad volcánica o incendios de miles de hectáreas,  sino  como  metáfora  visionaria que bien  han  sabido  captar  nuestros dirigentes municipales.

A diferencia de experimentos anteriores, el evento en cuestión no supondrá la creación de miles de puestos de trabajo ni será un motor de primer nivel para el desarrollo económico de la región. En esta ocasión, el Congreso de Catástrofes lo que logrará será situar  en  el  mapa  a  Alcorcón  como  una  ciudad comprometida  en  la  “protección  de  la vida,  la  seguridad  y  la  solidaridad  humana”.  Dirigido  a  autoridades,  directivos  y cuerpos de emergencia, no supondrá siquiera la dinamización de la economía local (a no  ser  que  queramos  entender  con  ello  el  pago  de  los  250€  que  cuesta  asistir)  pero  nos reportará  prestigio  de  cara  a  nuestra  capacidad  de  organización  futura  en  eventos  de similares dimensiones.  Lo  de  situar  un  territorio  en  el  mapa no  es  algo  que  nos  coja  desprevenidos.

Viene  siendo  costumbre,  con  cierta  antigüedad  ya  en  tierras  ibéricas,  lo  de promocionar  el  pueblo  de  uno  ya  sea  mediante  expos, eventos  deportivos, parques temáticos o infraestructuras de cualquier  tipo.  Competir  con  otros  lugares  (por  otra parte,  idénticos  en  esencia  al  tuyo) para  convertirlo en único y diferenciarlo de todos los demás es el guión asumido en casi todas partes: Alcorcón se limita a hacer, ni más ni  menos, lo que  hacen  el  resto  de  poblaciones.  En  este  sentido,  Alcorcón  no  es paradigmático  en  lo  que  se  refiere  a  su  comportamiento  como  entidad  municipal particular sino como modelo normalizado de funcionamiento.  La  construcción  de  una  imagen  diferencial  asociada  a  un  territorio  forma  parte de la  necesaria  adecuación  de  las  urbes  de  cara  a  poder  competir  en  el  mercado internacional de ciudades si lo que se quiere es acceder a inversiones y a la llegada de empresas e industrias. Esto, lo único que viene a demostrar es que las ciudades son un reflejo  más  de  los  cambios  producidos  en las relaciones  económicas,  cuya manifestación  más  palpable  se  da  en  forma  de  transformación del espacio urbano (tanto en lo que se refiere a su estructura como a su organización social). La ciudad se trasmuta en producto, producto que mercantiliza todo lo que ella contiene, habitantes incluidos.

Si la imagen que ahora se pretende proyectar es la asociada a la “protección de la  vida”  y  la  “seguridad”,  antaño  lo  fueron  la  cultura,  el  deporte  de  base,  la  familia,  la integración o la multiculturalidad. Transitados ya todos estos escalones, imaginamos que algunos se repetirán en el futuro. (Únicamente echamos de menos –aunque seguro que por  falta  de  memoria  del  que  escribe  esto‐  el  argumento  de  la  sostenibilidad,  el  medio ambiente y la ciudad verde).  Lo  cierto,  es  que  la  imagen  que  transfiere  Alcorcón  a  sus  habitantes  en  la actualidad –insisto, la misma que podría arrastrar otra población de cualquier latitud ibérica‐  se  encuentra  más  cercana  al  concepto  de  decadencia.  Quizá  el  calificativo  de nicho  sea  excesivo,  pero  expresa  bien  la  capacidad  para  almacenar  personas  en  un mismo  lugar  y  está  más  próximo  al  ideal  securitario  que  las  condiciones  actuales confieren.  Pasear  por  Alcorcón  es  ver  cientos  de  locales  y  naves  industriales  vacías, desarrollos  urbanos  a  medio  hacer  y esqueletos  de  edificios  abandonados;  es  ver suciedad  en  las  calles,  arbolado  enfermo,  policía  y  banderas  patrias  ondeando  en cualquier  rotonda.  Si  a  todo  esto  se  le  suma  nuestra  experiencia  en  proyectos megalómanos de la peor especie, podemos concluir que, efectivamente, Alcorcón no es noticia  por  sus  cientos  de  casos  de ébola  sino  porque  nos  encontramos  sumidos  en  la catástrofe más absoluta. El perpetuo ruido de sirenas de ambulancia y policía solamente visibiliza  el  estado de emergencia permanente  en  el  que  nos  encontramos (y no debido precisamente a los  altos índices de criminalidad).  No  esperemos,  pues,  diluvios universales ni plagas apocalípticas, el desastre en ciernes que se nos anuncia no es tal, estamos instalados en él desde hace tiempo.

La  transformación  del  espacio  urbano  en  Alcorcón  ha  llevado  siempre  el  sello indiscutible  de  la  urbanización,  de  la  expansión  geográfica  más  allá  de  todo  límite como receta única. Así podemos encontrarnos hectáreas completas dedicadas a centros comerciales (Parque Oeste y CC Tres Aguas) y kilómetros de atascos en torno a ellas, además de centros de ocio nocturno cerrados desde hace años (CC Opción), entre otros… Si  por  algo  nos  hemos  caracterizado  en  los  últimos  tiempos,  es  por  el  empeño  de nuestros regidores municipales por dejarnos grandes obras para la posteridad. Si a uno se  le  ocurrió  la  magnífica  idea  de  levantar  inmensas  moles  de  acero  y  hormigón  –todavía sin acabar y sin visos de hacerlo en un futuro próximo‐ para instalar un Centro de  Creación  de  las  Artes  (CREAA),  el  actual  soñaba  con  el  excitante  sonido  de  las máquinas  tragaperras  de  Eurovegas.

Después  de  estos  antecedentes,  ¿qué  mejor  sitio para albergar un congreso de catástrofes de carácter internacional? Aún así, no nos hemos desviado ni un ápice de esta fórmula y se continúa tras la  senda  del  progreso  materializado  en  nuevos  desarrollos  urbanos:  más  casas  para  la zona  de  Retamar de  la  Huerta  y  la  construcción  definitiva  del  polígono  industrial  El Lucero  (otro  proyecto  paralizado  desde  hace  años).  Por  si  esto  fuera  poco, empresas inmobiliarias  como  el  Atlético  de  Madrid  continúan  al  acecho  –más  aún  si  cabe después de saber que el magnate chino Wang Jianlin se ha hecho con los terrenos de Campamento‐  para  urbanizar  el  último  resquicio  libre  de  cemento  en  Alcorcón,  su zona  norte.  Si  esa  es  la  línea  a  seguir no  debemos  desfallecer  por  el  fiasco  que  ha supuesto  Eurovegas,  en  breve  será  sustituido  –de  forma  mucho  más  humilde‐  por  la nueva Ciudad del Bricolaje (¿o acaso pensabais que os ibais a quedar sin trabajar?). Más allá de todos estos episodios, concretos pero en esencia comunes a muchas zonas  de  las  áreas  metropolitanas  de  las  grandes  ciudades,  la  preocupación  por  la catástrofe  pasa  a  nuestro  entender  por  el  papel  que  juegan  las  personas  en  este escenario.  No  hay  peor  situación  que  aquella  en que  la  imagen  proyectada  por  la ciudad es asumida en la práctica (y no hacemos referencia a la imagen de gran ciudad promovida  por  los  ayuntamientos  sino  a  la  más  cercana  a  la  realidad,  la  decadente).

Conseguir  que  espacios  y  calles  que  todavía  conservaban  algo  de  bullicio  y  de encuentro entre las vecinas hayan sido reducidas al mero tránsito o sustituidas por la permanencia  en  nuestras  casas,  nos  debería  llevar  a  interrogarnos  sobre  nuestras verdaderas  necesidades  y  deseos  y  el  lugar  al  que  han  sido  relegados.  En  definitiva, preguntarnos,  tal  y  como  lo  hacía  una  canción  de  los  años  ochenta,  cómo  nos  han convencido para llevar esta ridícula vida.

Tal  vez  este  congreso  no  suponga  una  transformación  urbana  al  estilo  de  la vislumbrada en el proyecto Eurovegas, pero sí trasluce el deseo de normalizar cada vez más  el  desastre  (este  desastre  cotidiano),  de  hacernos  vivir  bajo  una  cultura  de  la emergencia  permanente.  Somos  conscientes de  que  un  mayor  grado  de  conocimiento sobre la catástrofe por sí mismo no mejorará nuestra vida ni presupone de entrada un factor de rebelión, más bien nos prepara para hacerla más sostenible e incorporarla a la cotidianidad.  Por  ello,  si  hemos  de  imponernos  la  tarea  de  reconstruir  el  territorio,  de gestionar de manera  común el espacio, deberemos ante todo arrebatarle su condición de mercancía: potenciar los pequeños espacios existentes que permanecen refractarios y ajenos al mercado, poner límites a lo urbano, paralizar todos los planes de ordenación territorial rechazando la institucionalización ‐por definición integradora y normalizadora‐ y combatir la degradación social recuperando la facultad usurpada para tomar decisiones y ponerlas en práctica desde lo colectivo. En las circunstancias actuales, no cabe duda de  que  caminar  entre  las  ruinas  (metafóricas  y  no  metafóricas)  formará  parte  de  este periplo,  lo  que  dependerá  de  nosotros  mismos  –los  afectados‐  es  determinar  durante cuánto tiempo.

Alcorcón, febrero 2015.

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Notas
1.- Según el Jefe de Área de Geofísica de la Red Sísmica del Instituto Geográfico Nacional, el terremoto se produjo por la rotura de “una pequeña falla fría que no está cartografiada”. Otros científicos y expertos lo relacionan incluso con el Proyecto Castor.

2.- Para una visión de ello, puede leerse el texto ‘No existen catástrofes naturales’ incluido, entre otros, en el libro Si vis pacem. Repensar el antimilitarismo en la época de la guerra permanente (Ed. Bardo, 2011).

3.- Pasos para vivir con la catástrofe: 1º) Al principio, no hay ningún peligro en absoluto; 2º) Con el paso del tiempo, aparecen peligros pero la ciencia y la técnica serán capaces de dominarlos; 3º) Por último, es preciso considerar esos peligros como algo natural y vivir con ellos, pues no hay forma de dominarlos.‐Roger Belbeoch: Chernoblues. De la servidumbre voluntaria a la necesidad de servidumbre (Malapata Ed./ Hermanos Quero, 2011).

4.- Palabras del alcalde David Pérez en la bienvenida del congreso.

5.- Algunas quizás recuerden aquel “Alcorcón, municipio abierto” de los socialistas, cuando nos hermanábamos con ciudades latinoamericanas (viajes de confraternización incluidos).

6.- Nos han convencido para llevar una ridícula vida….‐ Incorruptible, canción del grupo RIP.

[Recomendación] Lectura: Plan B

¿Qué está pasando con las publicaciones anarquistas que ya no se hablan de los mismos temas de siempre? Ninguna novedad, puesto que las tendencias anarquistas también están cambiando, es lógico que estemos viendo publicaciones distintas a las tradicionales, es decir, los típicos fanzines que casi siempre habla de lo mismo: el Estado, el voto, la libertad, el capitalismo… Este texto que os traigo no es otro más de teoría pura y dura, tampoco de los años ’90 o ’00 de nuestra era. Es una publicación que toca temas más actuales, así como la fibra sensible de ciertas personitas, y más cercanas a la realidad que vivimos en el día a día. En esta revista podremos encontrar diversos temas los cuales tratan algo respecto a la persecución de anarquistas como terroristas, la cuestión nacional, algo de literatura, movimiento libertario en el nuevo siglo, cambio de tendencias, sindicalismo, etc con un toque de humor (y plagios, algo de cuyos autores y autoras se enorgullecen). Sin más, os dejo el link de descarga directa y no el de ISSUU que es para hipsters que tienen cuenta. Así que pongo este panfleto al alcance de los y las lúmpens, que lo disfrutéis:

Plan B

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