Una dosis de irracionalidad (I). La parte sumergida del iceberg

Prólogo

Haciendo una mirada sobre cualquier proceso revolucionario, seguramente nos habremos preguntado más de una vez las causas por las cuales una gran masa de gente se moviliza para hacer la revolución. Miramos hacia Rojava, hacia las zapatistas, hacia las revueltas obreras del s. XX… Estudiamos sus contextos, sus condiciones materiales, los actores políticos y sociales, las organizaciones, etc, con el objetivo de servirnos de inspiración para iniciar un proceso revolucionario en Europa. Con ello, extraemos varias conclusiones, como la necesidad de organizarnos, de incidir en los movimientos sociales y al fin y al cabo, mejorar las condiciones materiales de la clase trabajadora y el pueblo. Si bien estas conclusiones a la hora de crear un proyecto político son acertadas, solo estamos viendo la parte material y racional de la política, pasando por alto un elemento importantísimo para construir nuestro proyecto: la parte irracional de la política, que son todos aquellos factores en los cuales lo emocional del ser humano es determinante a la hora de construir una opinión política, ya que el ser humano sigue siendo un ser emocional.

Comienzo esta serie tratando de abrir un importante debate entre la izquierda revolucionaria y en concreto, del anarquismo, para tratar unas cuestiones claves a entender el por qué la moralina y el tener razón solo sirve para un grupo muy reducido de personas. Para convencer, también se convence con las emociones. y ello implica comprender en qué consiste el relato, el imaginario colectivo, la identidad, el sentimiento de pertenencia a una comunidad y los elementos aglutinadores. En la II parte, trataré el racionalismo y la moral liberal y católica, que va ligada al individualismo y el sentimiento de culpa, finalizando con una 3ª parte más planteando unos retos para el contexto actual y poder trabajar sobre un terreno que está explotando la ultraderecha. La creciente amenaza del fascismo viene dado por sus relatos sobre las identidades utilizando como arma arrojadiza la inmigración, la vuelta al nacionalismo cuestionando la globalización, e incluso un falso discurso de clase y recurriendo al populismo.

La irracionalidad en la política

Los seres humanos, aun poseyendo la capacidad de raciocinio, la parte instintiva y emocional sigue pesando mucho e influyendo en nuestras decisiones racionales. Esto puede explicar en parte la disonancia cognitiva y las actitudes conservadoras. Cuando nos encontramos ante una serie de pensamientos e ideas nuevas que no se ajustan a nuestras creencias, la primera reacción es de rechazo y afirmación de nuestras propias creencias: nos agarramos a lo que ya conocemos y tememos romper la coherencia de dichas creencias porque nos sentimos cómodas así. Así es cómo el refrán «más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer» acierta en la gran mayoría de los casos, donde lo emocional pesa más que lo racional.

No obstante, no tenemos que olvidar que somos seres sociales, y por tanto, no existen los individuos hechos a sí mismos, sino que se construyen socialmente. Aquí es donde intervienen una serie de vínculos emocionales con el entorno en el cual todo ser humano busca un encaje: sentirse reconocido y amparado en el entorno donde se encuentra. Estos factores que no son expresamente materiales son muy importantes a tener en cuenta en nuestros análisis, proyectos políticos y planteamientos estratégicos. Estos elementos irracionales son los siguientes:

Sentimiento de pertenencia a una comunidad. Sentirse dentro de una comunidad, ya sea familiar, del barrio, de una orden religiosa o espiritual, de la tierra, de algún movimiento social, etc, es el vínculo base que forjamos con nuestro entorno cercano. Es el vínculo creado a partir de intereses compartidos. Nos da la tranquilidad de saber que no estamos solas, que tenemos complicidades y así tener un entorno favorable para la sociabilización, donde sentimos que somos parte de ella, podemos encontrar apoyo y nos podemos desenvolver. Hablamos de arraigo cuando estos vínculos se hacen fuertes y el individuo consigue asentarse. Uno de los mayores temores a nivel emocional de la mayoría de seres humanos es el desarraigo, que ocurre cuando es rechazado, excluido o expulsado de la comunidad.

El orgullo de barrio, el vínculo con la tierra y las comunidades migrantes por ejemplo, entran dentro de esta clasificación.

Elementos aglutinadores. Son aquellos elementos que apelan a las masas, en las cuales un gran número de personas se puede sentir interpelada e identificada. También constituyen un campo de disputa política e ideológica por sus características en relación con la sociedad. Dichos elementos son:

– La nación, la patria, y/o el país: normalmente solemos confundir estos elementos con un Estado, pero no estamos hablando de banderas ni del Estado-nación en este caso, sino que son el conjunto de características culturales (lengua, tradiciones, costumbres…), políticas, sociales e históricas en común de una sociedad en un determinado territorio. Estos conceptos son clave para entender las luchas actuales de los últimos 40 años hasta hoy, puesto que este en este siglo las luchas de liberación nacional están siendo de caracter popular y masivas, como es el movimiento de liberación kurdo y las luchas indígenas latinoamericanas, sin dejar atrás al Rif y otras luchas decoloniales.

– El fútbol y el deporte de élite: el fútbol realmente mueve masas alrededor del mundo. Es capaz de llenar bares, estadios y las mismas calles, crea hinchadas radicales tanto de derechas como de izquierdas y en donde se transmite la ideología hegemónica. Los Bukaneros o el Frente Atlético son ejemplos de hinchadas de izquierdas y de derechas, respectivamente. La clave de este elemento es la gran atención mediática que hay sobre los equipos de fútbol y los jugadores, donde también existe una gran censura hacia expresiones políticas que no encajan con el statu quo hegemónico. La vinculación entre fútbol y política es innegable, lo que lo convierte también en terreno de disputa.

– La religión y la espiritualidad: la muerte, el destino, la suerte y lo desconocido por el ser humano, genera temores que necesitan rellenarse con alguna explicación sobrenatural, un camino espiritual para conocerse a sí mismos y los orígenes, o una seguridad y tranquilidad que el mundo terrenal no puede ofrecer. Y no solo eso, todas las religiones tienen sus dogmas, sus valores, códigos de conducta y costumbres que influyen mucho en las culturas humanas. El peso que tienen actualmente las religiones vienen de siglos atrás de expansión, conquista e institucionalización -acceso a cuotas de poder y privilegios entrando en el Estado-. Como en el fútbol, la política y la religión también están ligadas no solo en la imagen de los Estados teocráticos de Oriente Próximo, sino también en las comunidades religiosas populares con unos valores más comunitarios.

– La clase social: este elemento tuvo su edad dorada en durante la época del movimiento obrero y las revoluciones obreras, donde estaba claramente diferenciada una clase de otra por sus condiciones materiales. Actualmente, la imagen de la clase media junto con la destrucción de las comunidades e imaginarios colectivos populares en el mundo occidental, ha barrido toda conciencia de clase al usar como base la capacidad de consumo y los ingresos. No obstante, las clases sociales se determinan por su relación con los medios de producción, y que lo que caracterizaba a la clase obrera es que son todas aquellas personas desposeídas que solo tienen sus manos y su cabeza para ganarse el pan de cada día, y ser la clase social que pone en marcha el mundo.

Relato y marco teórico. El relato es el contenido político e ideológico de los elementos aglutinadores, es lo que explica desde diferentes marcos teóricos la realidad material, y trata de vincularlos con dichos elementos más abstractos y que tienen que ver más con lo emocional. El marco teórico es la teoría política sobre la cual se construyen los distintos relatos que dan una explicación de la realidad material según los intereses políticos que las diversas fuerzas políticas tratan de disputarse la hegemonía. A partir de los relatos se crean diversos imaginarios colectivos que describiré a continuación. Un ejemplo de relato es el actual Régimen del ’78, construido a partir de la cultura de la Transición donde se crea la imagen de la llegada de la democracia a España y el desarrollo de su economía.

Identidad e imaginario colectivo. La identidad es un constructo en el que una persona es dentro de la comunidad y en la sociedad en base a sus orígenes, posicionamientos políticos, creencias, a la comunidad a la que pertenece y a los elementos aglutinadores en donde se sienta interpelado (el país, el equipo de fútbol, la fe y clase social). El imaginario colectivo es el conjunto interrelacionado de todos los anteriores elementos descritos que configuran una perspectiva global y compartida en la sociedad sobre la realidad material. Existen más de un imaginario colectivo, y de ello depende el relato que hay detrás de ello. Por ejemplo, el imaginario colectivo de España se percibe, siguiendo con el relato de la cultura de la Transición, como una democracia, una nación indivisible, con sus características culturales típicas: toros, fiesta, sol, playa…, etc. Pero también existe otro imaginario sobre España como cárcel de pueblos, heredera del franquismo, país de corruptos, etc.

Todos estos elementos irracionales no están en el aire, sino que se asientan sobre una base material como la estructura de las clases sociales, el Estado y el territorio. La importancia clave de tener análisis de lo irracional en la política radica en conocer la parte sumergida del iceberg que es la que realmente nos da el potencial de construir un movimiento revolucionario masivo. De hecho, si volvemos a analizar los movimientos revolucionarios a lo largo de la historia observaremos que todos ellos se han construido en base, primero a una comunidad en lucha, y luego a un imaginario colectivo, unos elementos aglutinadores (la nación en los movimientos de liberación nacional, la clase social como los movimientos obreros, o a la vez) junto con un relato y marco teórico revolucionarios, y una nueva identidad (el o la militante kurdo, el «nuevo hombre» que hablaba el Che Gevara, …). Esto quiere decir que es insuficiente con presentar un proyecto político que aspire al socialismo libertario en clave materialista, también es necesario construir nuevos imaginarios colectivos, recuperar las comunidades e identidades destruidas en Europa, un nuevo relato y marco teórico, y disputar la hegemonía en los elementos aglutinadores. Por eso, no basta con tener la razón o la fuerza, también hay que ganar en el campo irracional.

Balance final de año: Octubre a Diciembre 2018

El equipo de Regeneración Libertaria os desea un feliz año nuevo, consciente y repleto de victorias en las luchas de las comunidades sociales de todo el mundo. GRACIAS!

Habitualmente la época otoñal en el hemisferio norte, y primaveral en el sur, suele ser un periodo de una actividad política incesante. Los ritmos marcados por las coyunturas sociales, cada vez más globalizadas y con un flujo de información gigante debido a los numerosísimos medios y herramientas de comunicación digitales, se tornan frenéticos. Nuestro balance de este periodo último del año 2018 quiere establecer unas líneas comunes en las movilizaciones populares y presentar con perspectiva algunas conclusiones parciales de las luchas locales, estatales e internacionales que se han desarrollado y que siguen en un proceso abierto y continuado.

Luchas en el Estado español.

Abrimos este último trimestre del año con un acontecimiento que tiene como antecedente la represión del 1-O del pasado año a manos de la policía española. Esta vez, a tan solo dos días de la Diada del 11 de Septiembre, diversas organizaciones de la extrema derecha convocan una manifestación unionista en Barcelona con autobuses que venían del resto del territorio español en clave claramente provocadora. Este acontecimiento puso en pie fundamentalmente a la juventud, evidenciando una notable organización antifascista en el territorio catalán. También el pasado 21 de diciembre, un nuevo movimiento estratégico del Estado español, situando en Barcelona la celebración del Consejo de Ministros, obtuvo una respuesta reivindicativa en las calles con numerosos cortes de carretera y paralización de la ciudad, además, tan solo tres días después de haberse iniciado el juicio contra los presos políticos catalanes en el Tribunal Supremo. El apoyo a presos/as y exiliados/as sigue siendo incondicional, incluidas personas menos conocidas mediáticamente como Adri, miembro del CDR de Esplugues y huido actualmente en Europa. Los Comités de Defensa de la República, en tanto que movimientos populares siguen encontrando fuerza en sus acciones y nutriéndose de respaldo, y sin embargo, se evidencia cierto hartazgo al conocido como ‘Processisme’, o vía política resultante del ‘Procés’ catalán, además de un rechazo social amplio a los Mossos de Esquadra como policía represora. Los ritmos institucionales acaban deteriorando las movilizaciones sociales, que deberían tener una agenda propia, y la sacrosanta vía pacífica conduce a la inacción de sectores de los movimientos populares ciertamente cansados de recibir represión y humillaciones, porque si no se practica la confrontación, la lucha carece de sentido.

El otoño es estación de tormentas, en la cual destacamos la riada en Sant Llorenç, un pueblo de Mallorca que causó daños considerables en el poblado y dejado una decena de fallecidos. A causa de ello, el rey Felipe VI ‘El Preparao’ y Letizia se desplazaron hacia el lugar del desastre en el cual rechazó el ofrecimiento de una escoba por parte de un joven para que ayudaran a las tareas de limpieza. Esto causó un aluvión de críticas a la monarquía. Ciertamente la institución monárquica pasa por el tiempo de la historia reciente española con menor apoyo social, debido a las múltiples situaciones de privilegio y opresión cada vez más evidentes y encarnadas en toda la familia real. Así se han venido fraguando durante este trimestre otoñal, y aún se están realizando o están programadas, consultas populares por el derecho a decidir y que están fomentando que se cuestione socialmente a la monarquía. Un movimiento popular que en clave libertaria debe tomarse exactamente con el objetivo que tiene: fomentar acciones sociales para socavar la imagen idealizada e institucional de la monarquía. Si bien esta no se encuentra al borde de ningún precicipio, todo movimiento social que ayude en este sentido es trabajo desde la base que suma a la lucha contra el régimen.

También en el ámbito estatal el Tribunal Supremo rectifica una sentencia en favor de los bancos, y determina que los impuestos de las hipotecas deberán ser pagados por los clientes. El mercado inmobiliario en España se puede resumir en dos cuestiones: los precios de alquiler siguen subiendo; y los particulares que controlan el mercado son grandes propietarios. Frente a esta situación de vida precaria, la juventud es la más golpeada, y la sociedad trata de autodefenderse con herramientas al alcance, que si bien son a pequeña escala, señalan vías que explorar. Nos referimos por ejemplo a la reokupación rural de pueblos abandonados con un proyecto de autonomía política y asamblearismo. A la toma de solares en los barrios de las ciudades para devolverles actividad en favor de la comunidad social, los proyectos autogestivos y de economía local con valores libertarios que tratan de escapar de las prácticas mercantiles capitalistas. También la organización de sindicatos de barrio para el asesoramiento laboral, como sindicatos de inquilinas acerca de la defensa frente al alza del precio de alquileres, u otras cuestiones sociales que afecten a la comunidad. Como contrapunto, el capitalismo sigue poniéndole trabas a la autoorganización del pueblo, y para ello aprovecha un buen caldo de cultivo social donde las relaciones se individualizan cada día más. Surgen por toda la geografía urbana casas de apuestas que arruinan en lo económico y lo colectivo a las clases populares, responsabilizándonos además de nuestras desgracias, como si no estuvieran enmarcadas en una desigualdad de clases sociales.

Los trabajadores de Amazon están en la punta de lanza de la lucha sindical en la actualidad, ya que han retomado las acciones para protestar contra el convenio en la planta situada en San Fernando de Henares. Convocaron varios días de huelga en diciembre y enero, coincidiendo con fechas de alto consumo protagonizando una incidencia en el normal desarrollo de una jornada laboral. El gigante comercial del multimillonario Jeff Bezos pretende reajustar las condiciones laborales al mínimo de derechos, equiparando las medidas precarias en las tres plantas españolas.

Se hace necesario señalar el reto que como sociedad tenemos por delante de organizar un antifascismo fuerte, decidido y que impregne todas las capas de nuestra vida cotidiana. En este trimestre vimos la manera en que partidos institucionalistas como PP, Ciudadanos y Vox, que riegan sus discursos de la ideología de extrema-derecha, decidían ir al pueblo navarro de Altsasu en clara intención provocadora. Muchas personas de toda Euskal Herria acudieron para plantar cara a estos grupos de extrema-derecha, las pancartas y pintadas en el pueblo, o la voz del antifascismo en las calles y el campanario del municipio, ensordecieron el discurso de odio y autoritario que querían sembrar. De igual manera hemos presenciado una subida como la espuma de la formación política Vox, que desde el mitin realizado en el Palacio de Vistalegre en Madrid, y gracias a la campaña mediática y el apoyo económico de lobbies empresariales, han encumbrado a ese partido a conseguir 12 escaños (de unos aproximadamente 400 mil votos) en las elecciones autonómicas andaluzas. Esta tendencia desenvuelta de una extrema-derecha que se siente triunfante, y que siempre ha seguido activa en las cloacas del régimen español tras quedar todo atado y bien atado; hace necesaria la organización antifascista como un movimiento que actúe en red coordinadamente. El antifascismo debe despejar dudas sobre sus medios y objetivos, tenemos el deber social de atesorar la memoria colectiva de un país que ha sufrido el fascismo encarnado en el terrorismo del Estado español; y las personas antifascistas debemos comprometernos a garantizar que la ultraderecha no triunfe con sus discursos xenófobos y de odio.

En completa relación con esta lucha antifascista, e impensablemente disociada de esta idea, la comunidad social debe organizarse frente a los feminicidios y la violencia diaria contra las mujeres. El movimiento feminista es fuerte en nuestro país, tiene una cada vez más extendida y arraigada perspectiva de clase, pues no podría ser de otra manera. Las mujeres salieron a las calles masivamente el 25 de noviembre en el Día contra las violencias machistas. Sin embargo, el sobreseimiento del proceso judicial por las violaciones a las jornaleras de la fresa en Huelva, o el secuestro y asesinato recientemente de la joven profesora Laura Luelmo en la misma provincia son noticias de extrema gravedad que dejan a las mujeres vapuleadas en una sensación de absoluta indefensión social, judicial y a todos los niveles. Pero golpeadas no significa derrotadas, y por delante quedan muchos espacios que están conquistándose desde la perspectiva feminista día tras día, y que auguran que la simbólica fecha del próximo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora y su lucha, alcanzará nuevas cotas históricas aún no contempladas.

Movimientos internacionales.

Para iniciar el balance internacional, pero sin desligarnos aún de España, a finales del pasado mes de octubre la filósofa y luchadora Angela Davis estuvo en Madrid en una conferencia con aforo para algo más de medio millar de personas, y que colgó el cartel de aforo completo dejando fuera a más de mil personas interesadas en el debate con esta figura mundial. El mensaje que nos dejó fue bien claro: El feminismo será antirracista, o no será.

En nuestro país vecino, Francia, el anuncio de la subida de los precios de los carburantes ha originado una oleada de protestas por todo el país que continúa hasta hoy. Es el movimiento conocido como los «gilets-jaunes» (chalecos amarillos), que salieron a las calles en contra de esta medida que trata de imponer el ahora primer ministro francés, Emmanuel Macron. El contexto que ha provocado este estallido viene por la cantidad de personas que se ven obligadas a utilizar el coche para desplazarse hacia el centro de trabajo. Pero este solo es un factor más que se suma a los retrocesos en derechos sociales. Nos llegan desde allá imágenes de una dura represión, disturbios por las calles de las principales ciudades francesas, cortes de carreteras, etc. Al conocer más este movimiento desde dentro, nos encontramos con un movimiento sumamente heterogéneo en cuanto a clases sociales abarcando desde autónomos y pequeños patronos hasta la clase trabajadora, y diferencias ideológicas que van desde una derecha cercana a Marine Le Pen, hasta la izquierda clásica, y los y las libertarias que acaban de involucrarse recientemente.

El presidente turco, Erdogan, sigue a la ofensiva con su política de limpieza étnica hacia la población kurda y amenaza con atacar Kobane y Tel Abyad como los primeros objetivos de una más que probable ofensiva sobre Rojava. Esta amenaza supondría una grave profundización de la crisis en Siria, ya actualmente con la situación de guerra en que vive, al ser la vía para la restauración del terror del Daesh no solo por Rojava, sino también para el resto del territorio, poniendo en peligro la única democracia de base de Oriente Próximo y agravando aún más la crisis humanitaria. Turquía está ya movilizando tropas hacia la frontera con Siria para atacar Rojava, un ejemplo de proyecto político de carácter socialista libertario que nos inspira al resto de movimientos revolucionarios del mundo. Tras la pérdida del cantón de Afrin, las potencias como Rusia y EE.UU. comienzan a retirarse de Rojava abandonando al movimiento kurdo a su suerte, ya que no les interesa un enfrentamiento militar contra Turquía. Aunque, una buena noticia es la respuesta del Ejército de Siria ante el llamamiento de las YPG/YPJ a la defensa contra las amenazas de Turquía y han movilizado tropas hacia Manbij. No sabremos qué va a ocurrir, pero tenemos la certeza de que el movimiento kurdo seguirá luchando por sobrevivir y defender este proyecto, y necesita de nuestra solidaridad internacional.

Poniendo la mirada sobre América Latina, la pobreza, la violencia e inestabilidad política de Honduras ha causado un flujo masivo de migrantes conocido como la caravana migrante con destino hacia EE.UU., un éxodo provocado mismamente por la política exterior de EE.UU. hacia América Latina por tratar de imponer un gobierno neoliberal en los países latinoamericanos alineados a los intereses del imperio. Si bien este hecho ya es algo frecuente, estos últimos meses ha entrado en la agenda pública de Trump al considerarse como «una amenaza para la seguridad nacional» y amenazar con cortar las ayudas al gobierno hondureño si no frenara la emigración. El gobierno mexicano de Peña Nieto también ha intervenido a base de criminalización y refuerzo de la frontera sur desplegando sus fuerzas represivas. No obstante, el pueblo mexicano se ha mostrado solidario con la caravana migrante al repartirles comida, ropa y hasta juguetes, y saliendo a las calles a mostrar su solidaridad. Sin abandonar México, el primero de diciembre tomó posesión de su cargo Andrés Manuel López Obrador, nuevo presidente inmerso en una línea de cambio y progresista que basa sus promesas en la regeneración de un nuevo país. Son bastantes las voces que advierten que poner fin a la corrupción y la desigualdad no se puede realizar desde el bastón de mando simbólico a nivel parlamentario ni bajo promesas de mandato popular a través de consultas nacionales. Actualmente el nuevo presidente mexicano encuentra una vía libre sin oposición política institucional, pues los principales partidos opositores han caído en el absoluto descrédito social a fuerza de sus políticas represivas y empobrecedoras. Sin embargo, la oposición se viene fraguando hace mucho tiempo desde abajo y a la izquierda, el Consejo Nacional Indígena representan la visibilidad de unas comunidades hastiadas de capitalismo y patriarcado, que practican una vía efectiva contra estos sistemas enfrentándolos a través de la resistencia activa. Este 1 de enero se cumplen 25 años del levantamiento en Chiapas, y aunque ya no sea mediático, el mundo debe conocer que ese camino tomado por los y las zapatistas no ha cesado, son la esperanza y la brecha que trata de derribar el muro de un sistema criminal que declaró hace mucho tiempo la guerra a la sociedad.

Internacionalmente también habría muchos movimientos, hechos y consecuencias que señalar de las dinámicas de esta lucha y la guerra del capitalismo contra los pueblos. En Brasil ya cuentan con su candidato electo de la extrema-derecha, Jair Bolsonaro, personaje misógino y autoritario apoyado por las elites empresariales evangélicas del país. Sus grupos de apoyo en las calles han protagonizado una extrema violencia con palizas, asesinatos e intimidación a activistas de izquierdas. Si bien el estrago ya está consumado, la labor de respuesta de las minorías sociales atacadas como colectivo LGTBI, indígenas y militantes obreros está comenzando a fraguarse, porque América Latina lleva escrita en sus venas la resistencia a lo largo de siglos.

Sin abandonar el continente suramericano, el asesinato del joven indígena mapuche Camilo Catrillanca el pasado 14 de noviembre en Chile, puso el foco sobre la violencia policial en este país contra estas comunidades. La absolución de los tres asesinos de la menor Lucía Pérez, drogada, violada y asesinada en 2016 en Mar de la Plata, Argentina, levantó una vez más al movimiento feminista argentino, en constante movilización desde hace meses tras el fuerte apoyo popular a la aprobación de la Ley abortiva, que fue rechazada por el Senado.

Casi al terminar el año, nos deja este 24 de diciembre el periodista, militante sindical, historiador, escritor libertario Osvaldo Bayer, autor de la obra «La Patagonia Rebelde». Originario de Argentina, ha estado siempre en el lado del pueblo en las asambleas, las marchas y las discusiones. Que la tierra sea leve, compañero.

Unas notas finales.

Si hay algo que ha marcado los acontecimientos de estos años es el avance del fascismo y la ultraderecha en el mundo, evidenciado principalmente por grandes flujos migratorios como los refugiados de Siria hacia Europa y la caravana migrante desde Honduras hacia EE.UU. Las situaciones de guerra, la pobreza e inestabilidad social y política son las principales causas por las cuales se producen estos flujos migratorios, tema que está en la agenda pública de muchos países de Occidente y que la derecha sabe rentabilizar con un discurso xenófobo y racista basado en tópicos y prejuicios para ganar votos y apoyo popular. El auge de las ideologías basadas en el odio al diferente viene dado, por un lado, por la tolerancia y manga ancha de los medios de comunicación al difundir los discursos de los líderes de los partidos de extrema-derecha, tanto conservadores como abiertamente fascistas, calificándolos de patriotas o ultras, pero nunca señalándolos como nazis y fascistas. Por otro lado, el fracaso de la socialdemocracia y la falta de una oposición real de izquierdas de carácter popular, de clase y masivo deja un camino despejado para nuestros enemigos. En el Estado español, la derecha se ha crecido por el conflicto catalán, que se vanagloria de la dura represión en el 1-O y creen estar ganando la batalla por la unidad de España.

El invierno ya está aquí pero el mundo no se termina aquí. Volverán a florecer los campos en primavera y para ello, necesitamos un cambio de dinámicas, cultura militante y líneas políticas en lo que entendemos hoy por antifascismo. Tenemos que deshacernos la idea de que el antifascismo es cosa de la izquierda radical, de anarquistas y comunistas, para interpelar a toda la clase trabajadora y las clases populares. Para frenar el avance del fascismo no nos vale con manifestaciones, boicots de actos y denuncias públicas a grupúsculos de extrema derecha. Necesitamos un movimiento popular masivo configurado por sindicatos de inquilinas, de barrio y laborales, cooperativas, colectivos sociales, organizaciones políticas, ecologistas y feministas, etc; arraigar en el tejido social del barrio, y lo más importante: tener una agenda y discursos propios que no vayan siempre con el «contra» delante, sino capaz de proponer y crear, tratar temas que como anarquistas en particular consideramos tabú tales como: la seguridad ciudadana, la inmigración, la cuestión identitaria, etc; ser un movimiento activo -es decir, con iniciativa propia y capacidad de convocatoria y movilización- que no tire por inercia. En resumidas cuentas, necesitamos un antifascismo de carácter popular y no identitario que sea parte de un movimiento popular masivo y un anarquismo organizado como catalizador de dicho movimiento. Solo de esta manera podremos pararles los pies e iniciar el camino hacia la revolución social.

Tenemos también el punto de mira en Francia, donde la lucha social de los chalecos amarillos está siendo una gran ventana de oportunidades para la izquierda y en concreto, para el anarquismo, en cuanto a radicalizar las reivindicaciones y a proponer alternativas reales y factibles. Ahora, las reivindicaciones de los chalecos amarillos ya no es solo que suspendan la subida de precios de los carburantes, sino la mejora de las condiciones de vida en general. Este contexto puede ser el inicio de una oposición real en las calles contra el avance de la ultraderecha y el fascismo, de huella popular y anticapitalista.

Como propósitos de año nuevo, debemos seguir manteniendo los pies en las calles siempre del lado del pueblo, a la vez que vamos asentando un anarquismo organizado con un proyecto político factible para la actual coyuntura. La razón del anarquismo social y organizado es servir como facilitador de las luchas sociales y construir un movimiento popular como sujeto político de transformaciones profundas.

Calibán y la bruja

La transición entre el feudalismo y ese nuevo modelo de organización económica y social que acabaríamos por llamar capitalismo fue un proceso lento y terriblemente violento. Una parte importante de esa violencia debe atribuirse a la guerra de clases, expresada en la resistencia activa de una mayoría de la población a perder sus modos de vida y sus costumbres, a ser desplazada de sus tierras, a convertirse en fuerza de trabajo asalariado y, en definitiva, a proletarizarse. En este momento histórico, ampliamente analizado por socialistas de diversa índole para descubrir los terrenos de explotación capitalista y también aquellos de resistencia, cabe recuperar especialmente el papel vivido por las mujeres. Eso es lo que hace con gran maestría Silvia Federici en su libro “Calibán y la bruja”.

Su subtítulo, “Mujeres, cuerpo y acumulación originaria”, aporta ya varias claves del asunto. Acumulación originaria es uno de los conceptos fundamentales de El Capital, la obra de Karl Marx. Hace referencia a un proceso generalizado y fundamental para el surgimiento del capitalismo, consistente en la privatización de todo tipo de medios de producción: Cercamientos de tierras, expropiaciones al campesinado, políticas de represión y encarcelamiento para asegurar la fuerza de trabajo, monetización y mercantilización de las relaciones sociales, etc. Las relaciones de servidumbre precapitalistas que establecían los campesinos con sus señores feudales suponían una vinculación directa de estos con la tierra trabajada ya que, si bien podían ser expulsados, no era algo común en una economía cerrada y donde las luchas sociales se emprendían de manera colectiva. Eso generaba una experiencia de autonomía campesina que, unida a la existencia de espacios comunes (praderas, bosques, lagos, pastos…) imprescindibles para la economía, constituía las bases de un modo de vida a extinguir en pro del capitalismo. El primer capítulo del libro (El mundo entero necesita una sacudida. Los movimientos sociales y la crisis política en la Europa medieval) se detiene precisamente en estudiar las expresiones de resistencia llevadas adelante por las comunidades agrarias europeas y también los movimientos milenaristas y heréticos como expresión reiterada de esta resistencia. También expone cómo las luchas contra los cercamientos o la mercantilización fueron, en multitud de ocasiones, lideradas por mujeres: «Cuando se perdió la tierra y se vino abajo la aldea, las mujeres fueron quienes más sufrieron. Esto se debe en parte a que para ellas era mucho más difícil convertirse en vagabundos o trabajadores migrantes: una vida nómada las exponía a la violencia masculina, especialmente en un momento en el que la misoginia estaba en aumento».

Federici advierte también en este capítulo frente a los riesgos de idealizar la comunidad servil medieval como ejemplo de comunalismo. Esta no alcanzó los objetivos de tierra para quien la trabaja, compartición de bienes y solidaridad, en lugar de lucro personal, como fundamento de relaciones sociales. La sociedad no controlaba sus medios de subsistencia, ni todos los miembros de la misma tenían igual acceso. La aldea medieval no era una comunidad de iguales: Existían diferencias sociales entre campesinos libres y aquellos con estatuto servil, entre campesinos ricos y pobres, entre aquellos con seguridad en acceso a la tierra y jornaleros sin tierra que trabajaban en la demesne (tierra del señor), y por supuesto también entre mujeres y hombres, siendo estos últimos quienes heredaban y recibían entregas de tierra.

El capítulo finaliza con un análisis de la herejía popular como movimiento de resistencia. Las sectas heréticas como los cátaros, los valdenses, los “pobres de Lyon” y otras muchas eran conformadas en esta época por el campesinado pobre. «Tenían un programa social que reinterpretaba la tradición religiosa y, al mismo tiempo, estaban bien organizadas desde el punto de vista de su sostenimiento, la difusión de sus ideas e incluso su autodefensa». Se trataba, por tanto, de todo un movimiento amplio de protesta que aspiraba a una democratización radical de la vida social.

El segundo capítulo (La acumulación de trabajo y la degradación de las mujeres. La construcción de la diferencia en la transición al capitalismo) dibuja el capitalismo como la contrarrevolución que destruyó las posibilidades que habían surgido de esta lucha antifeudal. Aquí, Federici extiende el concepto de acumulación originaria de lo productivo hasta lo reproductivo y argumenta cómo el cuerpo de las mujeres se convirtió en un espacio más de conquista. El cuerpo se convirtió en fuerza de trabajo, y las mujeres debieron ser sometidas para la reproducción de esta fuerza de trabajo. Como resume Amparo Moreno Sardá en una reseña que merece la pena revisar, «la crisis de población de los siglos XVI y XVII convirtió la reproducción y el crecimiento poblacional en objeto de debate intelectual y asunto de Estado. Para regular la procreación, y quebrar su control por parte de las mujeres, se intensificó la persecución de las “brujas”, se demonizó cualquier forma de control de la natalidad y de sexualidad no-procreativa, y se impusieron penas severas a la anticoncepción, el aborto y el infanticidio». En palabras de Federici, los úteros de las mujeres «se transformaron en territorio político controlado por los hombres y el Estado: la procreación fue directamente puesta al servicio de la acumulación capitalista».

«[los úteros de las mujeres] se transformaron en territorio político controlado por los hombres y el Estado: la procreación fue directamente puesta al servicio de la acumulación capitalista»

Del mismo modo, en la América colonial, la trata de esclavos fue la respuesta del poder a los problemas de mano de obra tras el genocidio de los pobladores originarios. La violenta sobreexplotación de esclavos (originarios y africanos) en las plantaciones imprimió un fuerte empuje a las economías europeas, que estaban desarrollándose en una dirección capitalista con una tasa de acumulación sin precedentes. El capitalismo nunca hubiese despegado sin la sangre y el sudor de los esclavos, que producían más y a un ritmo mayor que los trabajadores europeos. Además, estas prácticas prefiguraron algunas de las relaciones comerciales y de producción que definen al capitalismo. Por ejemplo, la división internacional del trabajo o la orientación de la producción a la exportación. «Con esta inmensa concentración de trabajadores y una mano de obra cautiva, desarraigada de su tierra —que no podía confiar en el apoyo local—, la plantación prefiguró no sólo la fábrica sino también el posterior uso de la inmigración y la globalización dirigida a reducir los costes del trabajo». Esta y otras claves permiten a Federici destacar cómo de estrechamente conectadas estaban la vida de los trabajadores esclavizados de América y la de los asalariados en Europa, a pesar de la incapacidad para generar una comunidad de intereses entre ambos.

«Con esta inmensa concentración de trabajadores y una mano de obra cautiva, desarraigada de su tierra —que no podía confiar en el apoyo local—, la plantación prefiguró no sólo la fábrica sino también el posterior uso de la inmigración y la globalización dirigida a reducir los costes del trabajo»

Federici cuestiona también la posibilidad de haber desarrollado lazos entre las mujeres europeas, indígenas y africanas en base a una experiencia común de discriminación sexual. «¿Podría haber sido diferente el resultado de la conspiración de Calibán si sus protagonistas hubiesen sido mujeres?». No ocurrió así. «Fuera cual fuera su origen social, las mujeres blancas fueron elevadas de categoría, esposadas dentro de las filas de la estructura de poder blanco. Y cuando les resultó posible, ellas también se convirtieron en dueñas de esclavos, generalmente mujeres, empleadas para realizar el trabajo doméstico». Lo cierto es que el racismo, al igual que el sexismo, fue una estrategia para crear las condiciones necesarias para la expansión del capitalismo. Una estrategia que se apoyaba en un bagaje sexista y xenófobo importado de Europa, pero que también se impuso a golpe de legislación.

En el tercer capítulo (El gran Calibán. La lucha contra el cuerpo rebelde) la autora complementa el análisis de Foucault sobre el disciplinamiento de los cuerpos, ese «intento por parte del Estado y de la Iglesia para transformar las potencias del individuo en fuerza de trabajo». Ahí donde el filósofo francés hace un análisis histórico indiferenciado por género, Federici pone sobre la mesa una perspectiva feminista aludiendo a la persecución extremadamente violenta sufrida por las mujeres acusadas de brujería. El cuarto capítulo (La gran caza de brujas en Europa) es una genealogía de la caza de brujas, así como un análisis de sus motivaciones principales. Moreno Sardá lo resume de nuevo a la perfección: «La caza de brujas fue […] una guerra para degradar, demonizar y destruir el poder social de las mujeres. En las cámaras de tortura y en las hogueras se forjaron los ideales burgueses de feminidad y domesticidad. Las prácticas perseguidas en la caza de brujas coinciden con las prohibidas en las leyes que regularon la vida familiar y las relaciones de género y de propiedad en Europa Occidental».

«La caza de brujas fue […] una guerra para degradar, demonizar y destruir el poder social de las mujeres. En las cámaras de tortura y en las hogueras se forjaron los ideales burgueses de feminidad y domesticidad».

El libro finaliza con un análisis de la colonización y la cristianización en el nuevo mundo (La colonización, la cristianización y la caza de brujas en el Nuevo Mundo) como un proceso, similar al vivido en Europa, de desposesión, cercamiento, persecución y desestructuración comunitaria. Una ofensiva capitalista lanzada sobre los pobladores originarios supervivientes y las mujeres que contó con todo el repertorio incluyendo, por supuesto, la caza de brujas. La Iglesia difundió, como un medio de deshumanización, la imagen de los “indios” como adoradores del Diablo, caníbales y sodomitas. Justificó de ese modo el genocidio y el expolio, frente a los que surgieron (también aquí) movimientos milenaristas de resistencia. Uno de los primeros conocidos, Taki Onqoy en el actual Perú, se formó en favor de una alianza pan-andina contra la colonización, lo que pudo suponer una amenaza seria al construir una identidad capaz de sobrellevar las divisiones vinculadas a la organización familiar tradicional. Como respuesta, el poder colonial redobló su persecución. Se hicieron comunes los juicios anti-idolatría como el ocurrido en la península de Yucatán en 1562, donde más de 4500 personas fueron capturadas bajo el cargo de practicar sacrificios humanos y torturadas públicamente para quebrar sus cuerpos y su moral. El Estado aumentó el régimen de explotación, dislocó los modos de vida originarios y reestructuró la sociedad de acuerdo a sus prejuicios misóginos. Se entregaron tierras comunales en propiedad a los jefes locales, expropiando a las mujeres de sus derechos de uso sobre la tierra y el agua. «En la economía colonial, las mujeres fueron así reducidas a la condición de siervas que trabajaban como sirvientas —para los encomenderos, sacerdotes y corregidores— o como tejedoras en los obrajes. Las mujeres también fueron forzadas a seguir a sus maridos cuando tenían que hacer el trabajo de mita en las minas —un destino que la gente consideraba peor que la muerte». A pesar de ello, «La caza de brujas no destruyó la resistencia de los colonizados. Debido, fundamentalmente, a la lucha de las mujeres, el vínculo de los indios americanos con la tierra, las religiones locales y la naturaleza sobrevivieron a la persecución, proporcionando una fuente de resistencia anticolonial y anticapitalista durante más de 500 años».

«La caza de brujas no destruyó la resistencia de los colonizados. Debido, fundamentalmente, a la lucha de las mujeres, el vínculo de los indios americanos con la tierra, las religiones locales y la naturaleza sobrevivieron a la persecución, proporcionando una fuente de resistencia anticolonial y anticapitalista durante más de 500 años»

El libro finaliza con la advertencia de que persecuciones similares perviven, dirigidas hacia nuevas sociedades colonizadas. Ciertamente vivimos un nuevo proceso de acumulación primitiva que amenaza a las personas trabajadoras en todo el mundo. En África, en Latinoamérica, en Asia y en tantos otros lugares sufrimos (y seguiremos sufriendo si no lo detenemos) las mismas consecuencias del capitalismo: expropiación de tierras, privatización y destrucción de bienes comunales, apropiación del cuerpo de las mujeres, empobrecimiento masivo, desestructuración de comunidades cohesionadas, saqueo de bienes públicos…

¡A la huelga compañeras! Libertarias en el 8M

Por Regeneración, Alasbarricadas y Portal Oaca

El 8 de Marzo de 2018 vivimos una movilización sin precedentes en las últimas décadas. Ese día se evidenció la fuerza de un movimiento decidido a enfrentarse al patriarcado y con ello, remover los mismos cimientos de nuestra sociedad.

Aún faltan varios meses para la próxima convocatoria, pero las asambleas organizadoras de muchas localidades y territorios ya se están reuniendo para preparar la próxima huelga feminista, que de nuevo contará con cuatro ejes: laboral, cuidados, consumo y estudiantil. En este contexto, de reflexión sobre la experiencia pasada y de trabajo de cara al futuro, hemos hablado con compañeras de organizaciones feministas y libertarias de diversas partes del estado sobre lo que implicó esta jornada de lucha para ellas, sus organizaciones y su entorno.

Os presentamos aquí un resumen de este intercambio en las palabras de algunas de sus protagonistas: Maribel, de Valencia, con 40 años de militancia a sus espaldas en colectivos libertarios, ecologistas, feministas y anticarcelarios; Nora, de Sevilla, que forma parte del colectivo Boreal; Yolanda, de Madrid, militante de CNT y Mujeres Libres que además colabora en el colectivo feminista de su barrio; y Kris, de la Ribera de Nafarroa, que tras participar en centros sociales de su zona milita en el sindicato de CNT de Gasteiz.

«Nos organizamos rápido y dejando muy de lado las diferencias políticas»

¿Qué es lo que ha propiciado la eclosión de una huelga organizada por y para las mujeres? Maribel nos habla del cambio de mentalidad que ha percibido en los últimos años: «las mujeres hemos llegado a un punto de saturación y de inflexión, estamos ya muy rabiosas y nada nos va a parar. Lo de La Manada ha hecho que el vaso rebose». El despertar de la rabia coincide con la certeza de que el sistema judicial sienta sus bases en una ideología profundamente patriarcal y reaccionaria, que en España «lo tiene todo atado y bien atado, tal como lo dejó el dictador». También fuera de nuestras fronteras existen referentes de la creciente tensión social en lo relativo a los derechos y la dignidad de las mujeres, las personas migrantes, y otros colectivos oprimidos, como las movilizaciones que tuvieron lugar durante el verano en Argentina en defensa de la ley del aborto, o la Women’s March en EEUU, que se celebró por primera vez en 2017 tras la victoria de Donald Trump y como reacción a las declaraciones machistas y racistas del presidente.

El proceso de organización y coordinación de una jornada como la del 8M tuvo distintas modalidades, según las capacidades de los colectivos implicados en su puesta en marcha. Maribel valora muy positivamente el proceso de autoorganización que desembocó en la huelga: «mucha participación, muchas acciones, mucha organización, mucho debate». Además, «todo trabajo colectivo crea redes, y eso es algo positivo e imprescindible para que la lucha tenga mayor éxito». Nora vivió la huelga «con mucha ilusión; nunca pensamos que pudiera llegar a tener tantísimo seguimiento en Sevilla». Añade que «nos pasamos semanas con la pancarta, haciendo panfletos y asistiendo a las reuniones de la AFUS (Asamblea Feminista Unitaria de Sevilla) ». Una convocatoria cuyo éxito se basó en la colaboración entre distintas asambleas y colectivos. Como afirma Yolanda, a pesar de que las mujeres anarquistas y libertarias eran minoría en Madrid, «nos organizamos rápido y dejando muy de lado las diferencias políticas. Los fines era comunes y eso era lo que importaba».

No faltan las voces críticas, centradas en las posibilidades que ofrecería una organización más horizontal. Yolanda, por ejemplo, encontró cierta verticalidad en la toma de decisiones dentro de la organización madrileña del 8M, a pesar de que «[las organizadoras] se definan continuamente como un movimiento asambleario y horizontal». Para ella, uno de los principales problemas sería dejar el liderazgo en manos de una minoría: si este movimiento «parase [con] el beneficio de unas pocas, se convertiría en un movimiento burgués. Me decepcionaría bastante». También está preocupada por el oportunismo de cara a la organización de la próxima cita. «Espero del próximo encuentro más claridad y más objetivos». Pese a todo, Maribel se mantiene optimista: «nos falta costumbre. Hubo algunas cosas confusas; la próxima irá mejor».

«Cuando me di cuenta, no podía moverme de donde me encontraba porque estaba repleto de gente»

La huelga, los paros, y las marchas en las distintas ciudades del estado español tuvieron un seguimiento masivo. De la situación en Sevilla nos habla Nora: «Estábamos en Plaza Nueva media hora antes de la hora de comienzo y ya había bastante gente, así que cogí el taco de panfletos y me fui a repartir. Cuando me di cuenta, no podía moverme de donde me encontraba porque estaba repleto de gente, me fue imposible volverme a reencontrar con mis compañeras hasta el final del recorrido. La policía tuvo que abrir calles paralelas a las del recorrido para que la gente pudiera pasar, aquí las calles en el centro son bastante estrechas». «En Valencia como en todas las ciudades, la huelga fue brutal», explica Maribel.

Pero la acción no se limitó a las concentraciones y las manifestaciones. Kris nos cuenta que »la presencia de mujeres en la calle fue increíble durante todo el día; hubo muchas acciones y piquetes».

«Algunas multas. Éstas fueron asumidas por el movimiento feminista de Gasteiz de manera colectiva»

La represión se ha centrado en lo económico. En Valencia »hubo multas a varios colectivos de mujeres por hacer piquete y repartir propaganda que creo que aún están por resolver». En Sevilla «ha habido multas en las manifestaciones contra la Manada, y la que se hizo a favor de Juana Rivas». A estos percances se ha respondido de manera solidaria: «como siempre, hemos intentado ayudar a las multadas montando actos y vendiendo cosas», nos cuenta Nora. Según Yolanda, «decidimos que el dinero que teníamos en la asamblea lo donaríamos a represaliadas que lo necesitaran, y mi sindicato decidió ayudar también a personas que no estuvieran sindicadas». En el caso de Kris «no hubo represión ni demasiada presencia policial. En los piquetes estuvimos prácticamente solas. Entramos al edificio del Corte Inglés y tuvieron que cerrar las puertas hasta que nos fuimos, entramos a numerosas tiendas de ropa, precintamos tiendas abiertas, repartimos mucha propaganda. Y apenas vino la policía, por lo menos de manera identificable. Incluso una treintena de mujeres entraron a la sede de la seguridad social y aunque vino la policía acabamos yéndonos casi voluntariamente. Esta cuestión de la no presencia policial nos enfadó un poco… ¿No nos toman en serio o que?. Hicimos esas reflexiones porque en la mayoría de las acciones, como digo, apenas apareció la policía, y eso que en Euskal Herria, cuerpos policiales hay de sobra.» Posteriormente hubo «algunas multas. Éstas fueron asumidas por el movimiento feminista de Gasteiz de manera colectiva. En CNT se hizo una caja de resistencia y no hemos tenido que usarla. »

«Si eres un sindicato mayoritario, dirigido en su mayoría por hombres, que estás atado a unas subvenciones…»

Respecto al papel de los sindicatos, no hay una postura unánime. En palabras de Yolanda, con «algunos me quito el sombrero [por] cómo curraron con las asambleas del 8M y entre nosotras», mientras otros «intentando saltarse las asambleas y haciendo nada, solo porque sabían que era una huelga muy mediática; en lo legal no se mojaron y en la práctica robaron protagonismo a las mujeres». Nora es mucho más tajante: «De UGT y CCOO imagino que la valoración que puedo dar es similar a la de las demás compañeras del país: nefasta. En las consignas no decían ni huelga feminista, sino “igualitarista”… Sin comentarios. Nos costó más de un cabreo». Para Maribel lo fundamental era que «las mujeres de un sindicato se organizasen y seguro que lo hicieron, al menos las de sindicatos anarquistas y nacionalistas». Para Yolanda la huelga representó una continuidad con su militancia sindical: «Estoy acostumbrada, como sindicalista, a trabajar la huelga desde mi organización. Tenemos nuestras dinámicas y pautas para hacerlo. En la calle no tuvimos problema. Estamos acostumbradas: trabajamos en los centros sociales, en los barrios, en las asambleas populares… ».

Para Kris la actuación de los sindicatos mayoritarios fue «Vergonzosa. Creo que los sindicatos quisieron dejar contentas a todas las partes con su propuesta de paros. También creo que el problema fue del mismo movimiento feminista porque se delegó en las representantes de los sindicatos que había dentro del movimiento feminista la cuestión de la cobertura legal de huelga. Considero que después del 8 de marzo de 2017 el resto de huelgas serán huelgas de 24 horas en las que no cabrá una propuesta de paros por lo absurda que era en sí misma. Hubo mujeres, que por ejemplo trabajaban en comedores escolares, que tuvieron que ir a trabajar de 15.00 a 15.15 porque el paro se acababa a las 15.00. Algunas mujeres que participaban en el movimiento feminista se escudaban en que era muy difícil realizar una huelga. Yo entiendo que si eres un sindicato mayoritario, dirigido en su mayoría por hombres, que estás atado a unas subvenciones y que tienes que cumplir unos cupos cuando propones alguna acción, desde ahí sea difícil. Me faltó humildad. Me faltó sinceridad. Me faltó que asumieran que desde esos sindicatos no se veía la huelga, y que se dejaran de excusas». «Entonces, hubo un proceso dentro de CNT entre las ciudades de Bilbao, Donostia, Iruñea y Gasteiz donde todas las mujeres afiliadas a CNT creamos comités de huelga para legalizar la huelga del 8 de marzo y que todas las mujeres que quisieran hacer la huelga de 24 horas pudieran hacerla con cobertura legal. Le propusimos al movimiento feminista de Gasteiz, en nuestro caso, y me consta que otras compañeras lo propusieron en otras asambleas del movimiento feminista, que también se difundiera esta cuestión, es decir, que aparte de difundir los paros propuestos por el resto de sindicatos, se difundiera que había cobertura legal para realizar la huelga y enfocar el 8 de marzo como se llevaba enfocando desde el resto de asambleas. Y así fue. El propio día las mujeres de CNT se unieron a todas las acciones que se habían propuesto desde el movimiento feminista, movimiento en el que algunas también participábamos para el 8 de marzo.» Aunque señala que «es verdad que la mayoría de las mujeres secundaron los paros propuestos por los sindicatos antes que la huelga. Esto se percibía en la acciones, puesto que las acciones mayoritarias fueron las que estaban comprendidas en esos horarios.»

Kris explica por qué la legalizaron de 24 horas: «Desde CNT la tuvimos que convocar porque no había otra, no porque seamos mejores, sino porque CNT tiene otra organización que permite convocar y preparar otra serie de cosas.» Y subraya que el movimiento feminista debe tomar marcar las pautas y no convertirse en un terreno de pugna entre sindicatos: «Creo que si la huelga feminista la propone el movimiento feminista y estamos de acuerdo y convergemos con sus ideas y principios los sindicatos deben reducir su trabajo al ámbito laboral, pero tiene que ser la asamblea la que decida. Al delegarse desde el principio esta cuestión, cada sindicato barrió para su casa. La propuesta de paros era absurda cuando el discurso de todas las asambleas que convocaron la Huelga para el 8 de marzo hablaban de huelga de cuatro ejes, como sabemos: huelga laboral, estudiantil, de cuidados y de consumo. ¿Cómo encajar la propuesta de paros en esos cuatro ejes? ¿Cuido de mis hijos e hijas desde que se levantan hasta las 11, de 11 a 15h no cuido, y de 15h hasta el siguiente paro si? No se sostenía. Por eso me pareció una actuación bastante vergonzosa, barrieron para su terreno sin tener en cuenta las condiciones de la huelga.»

«Terminamos muy, muy hartas de las preguntas de los hombres»

Yolanda no la vivió de forma muy distinta a otras huelgas. «No es la primera vez que la CNT apoya con su convocatoria legal una huelga con un contenido no sólo laboral. Ya lo hicimos con la huelga regional de la guerra de Irak, cuando el trabajo de difusión fue especialmente duro, ya que fue claramente boicoteado por los sindicatos mayoritarios que no apoyaron la huelga y se dedicaron a decir en los centros de trabajo que no era una huelga legal». Aunque para Maribel «sí que hubo diferencias respecto a la preparación de otras huelgas». En su opinión «no fue fácil explicar y dar a entender los objetivos hacia el exterior, pero hubo muy buena acogida por parte de mujeres ajenas al movimiento feminista».

El papel de los hombres fue otra de las cuestiones comentadas. Para Maribel «terminamos muy, muy hartas de las preguntas de los hombres de «¿y yo que hago?». Creo que más que no poder entender, no querían entender, ya que quedaba muy claro que lo único que no podían hacer era organizar; y después cada cual que piense y actúe como mejor crea pero sin ningún protagonismo, cosa a la que no están acostumbrados». «Creo que dentro de los hombres hay poca participación activa en el feminismo y media población no puede lograr nada sin la otra media». Para Yolanda «fue un mensaje confuso. Pero como mujer que está en una organización mixta legalizando una huelga, mi mensaje estaba claro». Kris nos cuenta que en CNT Nafarroa: «algunos de los compañeros del sindicato se organizaron para hacer el desayuno, la comida y la cena para ese día. También hicieron una caja de resistencia con lo correspondiente a sus sueldos de ese día para nosotras».

«Ha dado pie a tejer alianzas y a otorgar más repercusión»

La huelga ha conseguido poner el feminismo en la primera plana. Para Kris «la huelga ha supuesto la visibilización del trabajo que se lleva haciendo desde el feminismo en los últimos años, creo que ha servido de herramienta tanto para adentro como para afuera. Para afuera de los círculos feministas porque ha reflejado el empeño, la fuerza y el valor que hay en nosotras. La capacidad y las herramientas que hemos adquirido para poder conseguir el fin del patriarcado. Para adentro, por un lado, por exactamente lo mismo, por hacernos conscientes de lo que somos capaces, de que este camino es el correcto, de que la mayoría de personas que asistieron a las acciones y a las manis de ese día están ahí fuera en el mundo velando por una sociedad mas justa, más feminista.» Nora percibe que «desde entonces, resulta más sencillo difundir por redes sociales». Claro, que como señala Nora, «todo el mundo es feminista. Da igual si sabes algo más a parte del “es que todo somos iguales”, eres feminista, tienes una camiseta de Frida Kahlo comprada en ZARA. Se trata de un feminismo neutro, del que no molesta. Luego estamos las que molestamos un poquito y ya somos misándricas.»

La huelga también ha servido de revulsivo dentro de las organizaciones que la han apoyado. Maribel nos cuenta que «en nuestra organización sindical, el feminismo está más presente, se han creado espacios o herramientas». Kris nos cuenta que para las mujeres de CNT «el proceso de la huelga ha dado pie a juntarnos entre nosotras, a organizarnos con mujeres cenetistas de otras partes de Euskal Herria, de querer y ponerse hacer proyectos en común para abrir un proceso interno de debate a través del cual poder integrar el feminismo dentro de la organización». Un cambio que no se restringe a las mujeres pues «ha sido un pulso al patriarcado que se esconde dentro de algunas pautas, dinámicas y relaciones dentro de la mayoría de organizaciones y de la que no se encuentra exenta CNT. Un pulso que hemos ganado y que su eco ha sido «estamos aquí, no nos vamos a ir y el anarquismo será feminista o no será». Un pulso que se ha visto reflejado en muchos procesos que hemos abierto para dentro: expulsiones de acosadores, denuncias hacía artículos machistas que se encontraban vinculados a CNT. Y en el proceso de debate interno y de protocolo de agresiones en el que se está trabajando.»

En cuanto a las relaciones entre organizaciones y entre activistas Nora cree que «desde el 8M [las mujeres feministas] estamos mucho más unidas en Andalucía. Estamos intentando crear una coordinadora andaluza, y crear un encuentro feminista a nivel andaluz, nos gustaría reivindicar el poder de nuestra tierra, una gran olvidada». Yolanda, en la misma línea dice que «nos ha brindado la oportunidad de conocer [organizaciones] o de que se creasen otras nuevas muy interesantes». Kris ha observado que «la huelga ha dado pie a tejer alianzas y a otorgar más repercusión en las acciones propuestas desde los colectivos feministas». Para Maribel «todo trabajo colectivo crea redes y eso es algo positivo», pero dentro de unos límites, pues entiende que «el feminismo como todas sabemos abarca a derechas, a izquierdas, y a anarquistas; un amplio abanico que es irreconciliable porque dentro de él, como bien dice Ángela Davis hay mujer, raza y clase».

«Que se pare todo. Que tomemos las calles enteras y que solo estemos ahí fuera»

Pese a la reticencia de unos y otros, las mujeres organizadas están haciendo avanzar a toda la sociedad. Nora destaca que «son cada vez más pequeñas las chicas que veo en las manifestaciones, cada vez más pequeñas se dan cuenta de la opresión que sufrimos». Según Maribel «la huelga ha servido para que muchas personas conozcan y tomen conciencia del feminismo. Para que pierdan el miedo, aprendan la autoorganización y suelten toda la rabia que llevan dentro». Para Yolanda «que grupos grandes de personas que no se conocen se junten y hagan cosas ya es un paso. A nivel social ha devuelto la chispa».

Y para que esa chispa prenda, en lugar de apagarse, resulta fundamental la organización para el próximo 8M. Maribel espera que «siga adelante con más experiencia y formación». Yolanda considera fundamental «que se sigan reclamando como mínimo las propuestas que lucharon el año pasado y que ni el gobierno anterior ni el actual han solucionado». Para Nora, su mayor ilusión es que esta lucha continúe. «Ojalá tenga tantísima difusión como este año. Ojalá todo el trabajo de este año no haya quedado en vano, y todo lo que hacemos y trabajamos diariamente haya calado, al menos, un poco en la gente. Ojalá todo el esfuerzo se vea recompensado poco a poco». Kris espera «que más mujeres secunden la huelga de 24h. Que se pare todo. Que tomemos las calles enteras y que solo estemos ahí fuera, en ningún sitio más. Me gustaría que pudiéramos llegar a esas mujeres que no pudieron secundar la huelga, a esas mujeres que curran en curros sin contrato, que les supone muchisimo dejar de currar ese día, que su curro no es remunerado porque curran en casa». Pero también que se mejoren algunos aspectos, «el papel de los sindicatos dentro de las asambleas, el delegacionismo de la propia asamblea, el poco espacio para el debate…»

¿Puede la clase trabajadora cambiar el mundo?

Traducción de la reseña de Ian Angus del libro «Can the working class change the world?» de Michael Yates (Monthly Review Press, 2018).

El título del nuevo libro de Michael Yates es una pregunta que todos los socialistas han escuchado muchas veces. La escuchamos por parte de los liberales, que piensan que los cambios solo pueden hacerse trabajando desde dentro del sistema. La escuchamos de los radicales, que son simplemente incapaces de imaginar a las personas que trabajan yendo en contra del sistema. Y, si somos honestos, admitiremos que cuando la actividad radical está en un período de calma y es difícil ser escuchados, a veces nos lo preguntamos también a nosotros mismos.

¿Es realmente posible que las personas que votaron por Trump o Clinton, dos caras de la reacción global, puedan algún día derrocar al capitalismo?

Si te sientes así, este libro es el antídoto perfecto. En menos de 200 páginas escritas de forma clara, muestra cómo la gente trabajadora ha cambiado ya el mundo de una manera profunda, así como lo que queda por hacer (mucho) y lo que debe suceder para que la clase obrera cumpla su potencial como fuerza revolucionaria.

Yates presenta su tesis en seis capítulos, empezando por qué es la clase trabajadora, pasando sobre por qué debe terminarse el reinado mortal del capitalismo, hasta cómo la gente trabajadora debe organizarse para obtener un cambio radical. En cada paso, ilustra sus puntos con ejemplos concretos de luchas reales en todo el mundo.

El primer capítulo sostiene que la definición formal de la clase trabajadora —todos los que trabajan por un sueldo o salario— es inútil para determinar quién puede cambiar el mundo. La policía y los guardias de la prisión trabajan por un salario, pero no están de nuestro lado. Tampoco los políticos, los ejecutivos corporativos y «otros abogados altamente cualificados y apologistas de los negocios». Por otro lado, hay millones de personas que no reciben salarios pero son parte de la clase trabajadora o aliados potenciales: aquellas cuya responsabilidad a tiempo completo es criar niños, personas desempleadas, trabajadores de la economía informal, pequeños agricultores que viven permanentemente al borde del hambre.

“En todo momento hay varios miles de millones de personas trabajando o en el ejército de reserva de mano de obra. Si se encontraran formas de organizar y unificar, por ejemplo, incluso solo al 20 por ciento de ellos, seguramente podrían cambiar el mundo».

El segundo capítulo proporciona un marco analítico para entender el capitalismo como «un sistema social hegemónico», que se basa en la explotación en el lugar de trabajo, pero que «busca dominar la mayor cantidad de aspectos de nuestras vidas como sea posible». Yates muestra que «los trabajadores son explotados y expropiados, haciendo imposible que alcancen una verdadera libertad, autonomía y vida no alienada en una sociedad capitalista «.

El tercer capítulo analiza concretamente la explotación y la opresión, y explica por qué los marxistas ven a las personas trabajadoras como agentes del cambio social. No solo considera las fuerzas que unen a los trabajadores contra el sistema, sino también las barreras (niveles de habilidad, nacionalidad, raza y género, en particular) que los enfrentan y debilitan la lucha.

El cuarto capítulo aborda un tema que incluso los socialistas experimentados a menudo descuidan, las victorias y los cambios que las luchas de la clase trabajadora ya han ganado, sobre la oposición decidida de los patrones y los gobiernos capitalistas. En ese sentido importante, las personas trabajadoras no solo pueden cambiar el mundo, sino que ya lo han hecho.

“Solo el pensamiento y la actuación radicales tienen alguna posibilidad de evitar los niveles acelerados de barbarie. Se deben forjar nuevos instrumentos: sindicatos y partidos políticos radicalmente democráticos, una ampliación de las actividades colectivas de apoyo mutuo, niveles masivos de ‘ocupar, resistir, producir’ … Llevará tiempo para una clase partida por tantas divisiones fundamentales (principalmente por raza, género y por el imperialismo) unificarse y destruir a su enemigo de clase».

El quinto capítulo demuestra que, a pesar de esas victorias, el poder del capital sigue intacto, y algunos avances importantes, incluyendo las exitosas revoluciones en Rusia y China, se han revertido. Mientras el capitalismo siga dominando globalmente ninguna victoria para la democracia y la justicia es permanente.

Al igual que el libro en su conjunto, el capítulo seis se titula ¿Puede la clase trabajadora cambiar el mundo? La primera palabra de esa pregunta es importante: está claro que los trabajadores pueden cambiar el mundo, pero ¿lo harán? Llegar de la posibilidad de hacerlo a la voluntad de hacerlo no va a ser fácil ni rápido.

En este capítulo, Yates analiza los “múltiples terrenos de lucha” que serán fundamentales para construir nuevas organizaciones basadas en la democracia y la solidaridad, y que luchen por ganancias inmediatas sin perder nunca de vista el objetivo central.

“No hay razón para que exista un proyecto político de clase trabajadora a menos que su objetivo sea la derrota del capital. Las demandas deben ser radicales y de principios, y deben ser respetadas. El compromiso táctico puede ser necesario a veces, pero nunca puede ser una estrategia».

Michael Yates ha trabajado durante muchos años como educador laboral, formando a personas trabajadoras en las aulas y reuniones sindicales en los EE. UU. Esos años le enseñaron algo muy importante: cómo expresar las ideas marxistas en un lenguaje cotidiano, sin condescendencia, sin falsas bravatas ni ilusiones, y sin indicio alguno de dogmatismo. El resultado es una excelente descripción popular de lo que va mal con el capitalismo y de lo que las personas trabajadoras deben hacer para librarse de él. Incluso si crees que sabes todo esto, deberías leerlo para aprender, gracias a un brillante ejemplo, cómo explicar las ideas socialistas en términos claros, concisos y convincentes.

«¿Puede la clase obrera cambiar el mundo?» debería encontrarse en cada librería ecosocialista. Más que eso, debería estar en manos de todos los trabajadores radicales. Es un libro para ser leído, discutido y aplicado. Michael Yates ha hecho una importante contribución a la construcción de movimientos que no solo pueden cambiar el mundo, sino que deben hacerlo.

Original en inglés: https://climateandcapitalism.com/2018/11/13/can-the-working-class-change-the-world/

Díselo con contenedores

Qué extraña imagen: Pedro Sánchez quemando contenedores, Rajoy prendiendo fuego a papeleras, la élite política entregada en pleno al vandalismo. Suena imposible, el vandalismo es cosa de gente desharrapada: chavales aburridos y/o hooligans políticos, ¿no? Después de según qué huelgas o manifestaciones, oímos hablar de destrozos, ¿cuánto cuestan? He intentado averiguar cuánto cuesta un contenedor de basura nuevo y veo una gama de precios que oscila muchísimo (entre 200 y algo más de 1.000 €) en función de la marca, el modelo y, cabe suponer, el volumen de los pedidos, el transporte y -quién sabe- quizá prefiramos comprárselos a algún amigo o familiar que casualmente se dedique a ese ramo. Suspicacias aparte, el resultado es interesantísimo.

Por ejemplo, el regalo que le hizo el Estado al BBVA al venderle Catalunya Caixa-Catalunya Banc (fusión de Caixa Catalunya, Caixa Manresa y Caixa Terrassa), por ejemplo, que ascendió a 11.400 millones de euros -es la diferencia entre el precio que se les pidió y el precio de mercado- son casi doce millones de contenedores-de-los-caros quemados, más de 50 millones de los más baratos. Los 15.000 millones de euros que los vándalos de la Comisión Europea reclamaban que nos recortaran a corto plazo cuestan, pues, al menos quince millones de contenedores quemados, hasta 75. Podríamos seguir con los recortes en sanidad, que en el periodo 2009-2016 fueron de 33.167 millones de euros, serían de al menos 33 millones de contenedores -insistimos, hasta 165 millones de ellos- o el esperpento de los submarinos S-80 del ejército español. La diferencia entre el coste previsto y el que finalmente han tenido los bochornosos submarinos -no se hicieron de forma que se pudiera garantizar que volvieran a la superficie- estaría entre 1.771.000 y 8.500.000 contenedores quemados de sobrecostes. Las obras en el muelle de Cartagena para que entren los dichosos submarinos, entre 16.000 y 80.000 contenedores.
La joya de la corona, por supuesto, es el rescate de Bankia, estimado en 147.800 millones de euros entre capital, avales y otros, así que nos está saliendo por entre 150 y más de 700 millones de contenedores (pero ¿hay tantos contenedores en toda la región española?).

Si buscamos el morbo, no será por cálculos: al sueldo de un juez español (unos 4.000 €/mes) le podemos descontar el de un pobre diablo (salario mínimo interprofesional = 655,20 €/mes), y la sobrealimentación de más de 5.000 jueces nos sale como quemar 16.000-80.000 contenedores al mes. La manida «equiparación» salarial de Guardia Civil y Cuerpo Nacional de Policía con Mossos y Ertzaintza costará 366,7 millones de € (al año), que es como 350.000-1.833.333 contenedores. La elusión fiscal (fraude fiscal legal practicado por multinacionales), entre casi 5 y 25 millones de contenedores. Las subvenciones para que los sindicatos siguieran dando la patita y pasando por el aro de fuego en 2016 (10,33 millones), un poco más caras que la familia Borbón, nos salen a 10.000-50.000 contenedores churruscados  y las de los ayuntamientos a la tauromafia (20.116.278 € en 2013), 20.000-100.000 contenedores on fire.
Quien después de todo eso considere más preocupantes los disturbios que el vandalismo presupuestario tiene un problema de percepción aún mayor que el de echar cuentas.

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