El anarquismo según su relación con la realidad material

Hemos conocido ya, leyendo los clásicos, las tres principales corrientes del anarquismo según su modelo económico: individualista/mutualista, colectivista y comunista, que de ello derivan los debates en torno a los modelos organizativos del anarquismo, en los que destaco: informal/rechazo a la organización, de masas (anarcosindicalismo) y a dos niveles específica/plataformismo (que incluye la organización de masas con relación directa con la específica), que tiene relación directa con las tres actuales grandes corrientes: nihilismo/insurreccionalismo, anarcosindicalismo y anarquismo social. Pero faltaría por definir su relación con la realidad material, es decir, en su nivel de inserción social e influencia en las luchas sociales que tiene también relación con el punto anterior.

Antes de continuar, querría matizar que, seguramente, en más de una ocasión habremos oído la coletilla de que hay tantos anarquismos como anarquistas, pero ¿no nos hemos parado a pensar en preguntárnoslo si es cierto o no? Realmente, cada vez tengo más certeza de que la afirmación cabe en las sociedades hiperindividualizadas como las actuales de los países occidentales, donde cada cual busca validar su propio anarquismo en el microcosmos libertarios. Es lo equivalente a las opiniones que cada opinólogo busca validársela dentro del cosmos de las opiniones y sus respectivos culos. La búsqueda de las diferencias en vez de los puntos en común, del concepto del individuo soberano y no como parte de un colectivo soberano, así como de la identidad individual frente a la colectiva…, son síntomas de un problema endémico donde el individualismo ha permeado en las capas más profundas de las sociedades capitalistas occidentales.

No obstante, las opiniones personales no son hechas a sí mismas e independientes del espacio-tiempo, sino que encajan dentro de un marco común que los caracteriza si son conservadores, prejuiciosos/tópicos, de izquierdas, de derechas, falacias, machistas, faministas, clasistas, etc. Asimismo, los conceptos sobre el anarquismo que construya cada cual encajará dentro de una de las principales corrientes mencionadas al principio. Es por eso que, efectivamente, no hay infinitos anarquismos, sino que según su relación, conexión y enfoque sobre la realidad material, adquirirán unas u otras características. Partiendo de estos criterios, establezco tres grandes grupos:

Anarquismo filosófico

Nestor Makhno en sus memorias criticó a los anarquistas rusos de quedarse en sus ateneos discutiendo sobre la moralidad de la revolución, mientras los bolcheviques habían tomado el Palacio de Invierno. Piotr Arshinov tampoco se quedó atrás en su crítica hacia ese anarquismo ruso que no se organizó. En su libro Historia del movimiento Makhnovista escribió que cuando Makhno formó su Ejército Negro para defender la revolución, en vez de recibir el apoyo de los anarquistas rusos, recibió críticas y alentó discusiones alrededor de la disciplina y la estructura militar. Ese anarquismo que criticaron los makhnovistas sigue siendo de actualidad, pues es un anarquismo que no sale de la academia ni de las cuatro paredes del ateneo. Su relación con la realidad material es puramente teórica y solo está en los libros y debates de salón, y no tiene más objetivo que alimentar complejos debates de academia sobre la filosofía, con nula o casi nula conexión con la coyuntura actual.

El reflejo que tenemos hoy del anarquismo filosófico lo encontramos en ciertos grupos tanto de las redes sociales como de ciertos ateneos, donde los cuatro gatos con mayor disponibilidad de tiempo se reúnen a debatir sobre cualquier tema por el mero hecho de filosofar.

Anarquismo de estilo de vida

De nuevo, encuentro en la descripción de Murray Bookchin un paralelismo con las críticas del makhnovismo en su época. Este concepto fue definido por él como un anarquismo que no actúa sobre la problemática real de la clase trabajadora en la actual coyuntura, sino que consiste en una suerte de anarquismo que no hace política de cara a la comunidad local donde residen. En otras palabras, no participa en los movimientos locales tanto si es a nivel individual o desde algún colectivo. Esta suerte de anarquismo solo hace política para el mismo grupo cerrado de amistad con unos mismos códigos de conducta, lenguaje y pensamiento. Ni siquiera diría que hiciesen política, sino que se dedican a practicar el anarquismo en el ya dentro de su reducido espacio de amistad, independientemente de su relación con la problemática de la clase trabajadora. Aquí se les reconoce como el ghetto anarco para el contexto del Estado español, ya que incluimos el anarquismo ortodoxo y nostálgico del ’36 y el anarquismo purista e identitario, que claramente se diferencia del ghetto en EEUU en que se enmarca la crítica de Bookchin.

Anarquismo materialista

Continuando con Nestor Makhno y Bookchin, las críticas que han escrito no fueron de ninguna manera destructivas. Detrás de ellas existió y existe una propuesta con mucho potencial. Tanto la plataforma de Makhno como el municipalismo libertario y el anarquismo social de Bookchin, son un gran aporte a un anarquismo que no es considerado una filosofía o un estilo de vida, sino un proyecto político revolucionario y modelo de sociedad que aspire a superar el actual sistema capitalista. He aquí el por qué hablo del anarquismo materialista. A diferencia de los anteriores, el anarquismo materialista se caracteriza por la participación directa en las luchas sociales (por ejemplo, el anarcosindicalismo en el ámbito laboral, el «anarquismo a pie de calle» de la FAGC, las luchas en defensa del territorio…), además de trabajar por la construcción de un proyecto político que dé respuestas y hojas de ruta a las luchas sociales en todos sus ámbitos.

Veremos notablemente que está estrechamente relacionado con el modelo de la organización dual: la organización de masas y la organización política. Precisamente, el anarquismo materialista se caracteriza también por el nivel político, que es clave para su desarrollo y crecimiento como fuerza política en los tiempos que vivimos.

Notas finales

No obstante, estos tres grupos no son clasificaciones aisladas entre sí, sino que tienen ciertas conexiones. Por ejemplo, ¿dónde clasificaríamos un proyecto de okupación rural como Fraguas, donde unos jóvenes se vuelcan en recuperar la vida de un pueblo abandonado, en el cual, está visibilizando la situación del abandono de pueblos que vivimos en territorio español? ¿Dónde entrarían los proyectos de cooperativas integrales? Sobre estos temas los he tratado en otro artículo diferenciando entre lo que son sociedades paralelas y el poder popular. Aun así, dependiendo de las finalidades que tengan, los podríamos clasificar dentro del anarquismo de estilo de vida o del anarquismo materialista.

Con estas reflexiones pretendo aclarar unas cuestiones que considero claves, tales como ir superando el problema del individualismo de la diferencia y la división hasta el infinito, de los personalismos con base en dicho individualismo, y que cada concepción del anarquismo no es una construcción individual, sino que tendrá unas bases comunes que encajará mejor en uno de los tres grupos mencionados. Pretendo que de allí surjan nuevas dinámicas basadas en lo colectivo, en lo común y sobre la realidad material en que vivimos. Claramente soy partidario de un anarquismo materialista, por la simple razón de que considero que es la vía más acertada para producir cambios en la coyuntura que vivimos. Necesitamos un anarquismo organizado, con vocación ganadora pero humilde, con visión estratégica y criterios de análisis materialistas, amplitud de miras e inserto en las luchas sociales, capaz de generar discurso, proyectos políticos y de influir positivamente en los movimientos sociales en clave de avance cuantitativo y cualitativo.

Anarquismo y política electoral/institucional

Por BlackSpartak

Abro este artículo para hacer un recuento de aquellas experiencias libertarias relacionadas con la participación de militantes en las candidaturas electorales o en la gestión de instituciones sea con ánimo de subvertirlas o no. Es un recorrido por el lado posibilista del anarquismo.

Basándonos en la terminología del siglo XIX se entiende el anarquismo como aquella vía al socialismo basada en la insurrección obrera. Por ello, las escuelas tradicionales del anarquismo se generaban en torno a fórmulas organizativas de ese cuerpo social que se iba a sublevar contra el poder estatal (la comuna, el sindicato, el grupo de acción insurreccional, el individuo concienciado). Ante esto la socialdemocracia aparecía como una vía posibilista y etapista pensando en llevar a la clase obrera a los parlamentos nacionales para desde ellos tener un altavoz ante toda la sociedad. Su objetivo oculto variaba entre algunos que pretendían utilizar estos altavoces como apoyo a la insurrección de masas o bien entre otros que habían abandonado toda pretensión revolucionaria y defendían vías pacíficas y evolucionistas.

Sin buscar mucho en la propia biografía de una de las figuras más conocidas del anarquismo encontramos que Pierre Joseph Proudhon fue diputado de la Asamblea Nacional de la segunda república francesa. No duraría mucho, puesto que Proudhon protestaría enérgicamente ante la represión de los militares desde su puesto, cosa que le costaría abandonar el cargo. En esta época no es raro que aparecieran tribunos de las clases populares, destacando el Cartismo británico, un movimiento de base, obrero, que pedía la ampliación del sufragio universal a las capas más pobres de la sociedad. Esperaban poder ganar más poder para la clase trabajadora así. Si hoy este tipo de cosas nos parecen sumamente naif, en aquella época solían ser corrientes los experimentos o la utilización instrumental de los cargos públicos para otros fines, más acordes con la revolución. Por ejemplo Giuseppe Fanelli disfrutaba de libertad de movimientos (y de viajes pagados) debido a su condición de diputado italiano. De esta manera llegó a España a contactar con el incipiente movimiento obrero autóctono. Fanelli en este caso no seguía el programa político de la corriente que lo había llevado al parlamento sino el programa revolucionario de la Alianza bakunista.

Pero este artículo intentará revisar otro tipo de ejemplos, los de las organizaciones de origen libertario que caen en el apoyo de una táctica que encajaría más con la socialdemocracia.

En este sentido destacaría el Partito Socialista Anarchico Rivoluzionario fundado en 1891 por unos 80 miembros del movimiento libertario y del movimiento socialista italianos. Lo entendieron como un partido u organización política llamada a conformar un movimiento socialista más amplio. Por ello participaron en el Partito Socialista Rivoluzionario junto con otros socialistas. En este caso la alianza incluía una diversidad de tácticas. El año siguiente lanzaron un partido parlamentario, el Partito Socialista dei Lavoratori Italiani en el que ya su ala anarquista pasó a la minoría hasta la creación del Partito Socialista Italiano en 1895 siendo purgada del todo cualquier corriente anarquista. Fruto de esta experiencia es el debate en los medios libertarios italianos entre Errico Malatesta y Saverio Merlino, partidario de participar en el nuevo PSI para no perder el contacto con los trabajadores [1].

Hay que decir que este debate tiene lugar antes de la implantación del sindicalismo revolucionario entre los medios obreros. Por tanto se desarrolla un periodo en el que los anarquistas buscan su lugar en el seno del movimiento socialista. Tengamos en cuenta que la época fue conocida por el fenómeno terrorista, muy espectacular y radical. Pero a la vez produjo la separación del movimiento de numerosos militantes anarquistas que no veían con buenos ojos esta deriva. El sindicalismo revolucionario vino a terminar con esta etapa. Y sin embargo, durante toda la década hubo anarquistas en la Segunda Internacional, constituyendo una minoría revolucionaria. Se ha argumentado incluso que por breves años el anarquismo tuvo mayoría en la Segunda Internacional entre los años 1889 y 1892 [2]. Pero las purgas de todo sector libertario – que solía ser partidario de incluir sindicatos en la Internacional, cosa que ponía en peligro el liderazgo del socialismo alemán – propiciaron que éstos se dedicaran en la segunda mitad de la década de los 1890s a insertarse en los sindicatos. Entre los purgados, por poner nombres, estarían Gustav Landauer y Rudolf Rocker, libertarios que formaban parte de un grupo disidente de la socialdemocracia alemana llamado Die Jungen en 1892.

Otro caso, en 1897 en Chile se fundó una organización que aunaba socialistas y anarquistas, la Unión Socialista. Su programa se basaba en una nueva constitución, la separación de la iglesia y del estado, la abolición de la pena de muerte y de los azotes, de la cadena perpetua y la elección directa del presidente de la república. Pretendían instaurar una sociedad socialista con los medios de producción colectivizados de acuerdo con las necesidades de la sociedad [3].

Hago un pequeño apunte estratégico. Si en la Primera Internacional los anarquistas tuvieron un liderazgo efectivo del movimiento socialista internacional fue gracias a que estaban bien organizados y estructurados. La Alianza por la Democracia Socialista se demostró un acierto completo, al evitar la hegemonía de los demás socialismos autoritarios o centralistas en el movimiento (el de Marx, el de Blanqui, el de Lasalle, etc.) o de los republicanos (Mazzini). El anarquismo internacional mantuvo una internacional desde el Congreso de Saint Imier de 1872 hasta finales de la década a través de la Internacional Negra, activa en Estados Unidos sobretodo. En 1881 se celebró un Congreso Internacional Anarquista en Londres que vino a encumbrar la práctica de la propaganda por el hecho y la acción revolucionaria a toda costa. Esta táctica separó a los anarquistas del movimiento obrero, y como resultado las ideas libertarias languidecieron. Allá donde no se hizo, el movimiento anarquista logró ponerse en cabeza de ciertos procesos colectivos (la huelga de Chicago de 1886, las huelgas de las 8 horas de 1890, la huelga de Jerez de 1891, etc.) aunque en general bien poco en comparación con la década anterior de predominio del bakuninismo. En general en esta década de los 1880s se da un enfrentamiento interno en el seno del anarquismo entre anarco-colectivistas y anarco-comunistas que ayudará a incidir en la parálisis antes relatada. Este es otro de los motivos por los que algunos libertarios estén coqueteando con el socialismo o con el laborismo durante esta época.

En resumen, el movimiento en el cambio de siglo llegará decidido a participar en los sindicatos, reforzando la corriente autónoma que defendía la independencia de los sindicatos de toda opción política. En el fondo se trataba de una corriente reformista, partidaria de mantenerse en las cuestiones reivindicativas y a crear una sociedad paralela. Pero al entrar en bloque la corriente se pudo originar el sindicalismo revolucionario que defendía un socialismo en el que los sindicatos fueran la columna vertebral de la nueva sociedad. No sólo organizarían a la clase en la reivindicación sino que controlarían la economía y la vida social.

El siguiente movimiento con participación institucional sería el mexicano, el Partido Liberal Mexicano. Los liberales no eran otra cosa que socialistas libertarios, aunque con participación de militantes republicanos posicionados en el socio-liberalismo. Conformaron una vasta red de clubes liberales por todo el país y en el exilio, que fueron la escuela política de la mayoría de dirigentes de la futura revolución mexicana de 1911. Este movimiento liberal fue responsable de huelgas e insurrecciones que marcaron el inicio de la revolución. Pero al no lograr imponerse al movimiento burgués de Ignacio I. Madero cayó en la derrota y la descomposición. Parte de sus cuadros pasaron al maderismo, otros se unieron a Villa y a Zapata para proseguir en el proceso revolucionario hasta que terminó en 1920. Otros se integraron en las estructuras de la república mexicana incluso ostentando cargos, como Antonio Villarreal que fue gobernador de Nuevo León en 1914, entonces partidario de Álvaro Obregón.

Cuando Durruti y Ascaso visitaron México en 1926 constataron que el anarquismo – entonces organizado en la CGT mexicana – era muy partidario del gobierno. No lo entendían, y lo veían como una deriva reformista alejada de cualquier conflicto con el estado. La causa misma fue la derrota de esta tendencia en la revolución y la necesidad de sobrevivir a la irrupción del comunismo mexicano, mucho más dinámico y revolucionario.

Parecido al caso chileno será el Partido Socialista Revolucionario de Paraguay, fundado en 1914 a partir de varios grupos, entre ellos el Centro de Estudios Rafael Barret, de origen libertario. También había varios militantes de la Federación Obrera de la Región Paraguaya. Si bien este partido fracasó y sus cuadros pasaron al comunismo a finales de los años 20, los libertarios volvieron a intentar otro tipo de experiencia unitaria. Esta vez sería la Alianza Nacionalista Revolucionaria, fundada por anarquistas en 1928 y cuyo objetivo era la implantación de una república comunera, cosa que intentaron en la insurrección de 1931 en Encarnación. Más tarde tendrían una nueva oportunidad en 1936.

Si esto hacían en Paraguay, en Colombia también hubo un Partido Socialista Revolucionario, creado en 1927. En él participaron algunos militantes libertarios que solían mezclarse con el ala izquierda del Partido Liberal en la convulsa política interior colombiana. Estos mismos militantes participaron en los sindicatos anarcosindicalistas del Magdalena, que fueron destruidos por la represión brutal del gobierno. Aquella represión acabó con el movimiento libertario y con el PSR, marcando el inicio de la hegemonía liberal en la izquierda colombiana. Al menos durante tres décadas. Es similar este aporte libertario al PSR al que tuvo en Perú el APRA. Pero en el caso peruano podríamos hablar de libertarios que abandonaron el movimiento por el aprismo y el comunismo. Pero ya que estamos en el Perú, podríamos comentar que en las municipales de 1916 hubo un candidato libertario, Carlos Barba, en Cusco. Lo hacía no como militante del anarquismo sino del movimiento social de la época, el Comité Pro-Abaratamiento, un movimiento anti-oligárquico.

En España es conocido el Partido Sindicalista de Ángel Pestaña de 1934. Menos conocido es que hubo algún otro intento previo como el Grupo Sindicalista de Gijón, de 1917 [4]. O que siempre hubo una tendencia republicana federalista en CNT, que muy probablemente influía a los obreros de manera directa. El anarquismo ibérico tuvo responsabilidades institucionales en la guerra civil en centenares de municipios y en todas las administraciones públicas. Pero como este es un ejemplo conocido no nos detendremos aquí.

Pasemos a Francia. En 1950 la Federación Anarquista estaba dirigida por una facción plataformista, llamada Organisation Pensée Bataille (OPB). Se dice que en 1953 toman el control de la FA cuando 13 de 16 grupos federados estaban bajo la órbita de OPB. Entre sus figuras destacaba Georges Fontenis. En este año la FA cambiará su nombre a Fedération Comuniste Libertaire, FCL. En 1954, sin casi desarrollo, dará su apoyo a la independencia argelina, y en 1956 presentará una lista a las elecciones legislativas con 10 candidatos de la FCL [5]. La lista obtiene unos 2600 votos. El movimiento libertario fue destrozado por la represión en 1957-58 y no levantará cabeza hasta 1967. Las organizaciones herederas de la FCL no volverían a incurrir en procesos electorales. De la FCL surgiría una nueva organización, les Groupes Anarchistes d’Action Révolutionnaire, que criticarían duramente el dogmatismo anarquista que no se acababa de posicionar en la guerra de Argelia, así como su apoyo a la liberación nacional.

Otro caso interesante fue la colaboración de militantes anarquistas con el Movimiento del 26 de Julio cubano [6]. Si este movimiento popular tuvo un arraigo entre la población, fue también con la participación de militantes procedentes de la Alianza Libertaria Cubana y de los sindicatos. También con auténticos free-riders como Abraham Guillén, libertario español residente en México que apoyó a la guerrilla y le dió su característica original: el foquismo. O en otras palabras, la generalización de puntos rebeldes en diversos puntos de un país desde donde se irradiaría la revolución conectando con otros actores [7]. Esta fue la premisa táctica del guevarismo. Los anarquistas cubanos sufrieron una traición en 1961 al llegar Fidel Castro al poder y querer establecer un estado comunista.

Siguiendo en América Latina encontramos el caso de Ernesto Miranda. En la postguerra mundial los sindicatos obreros influidos por lo que quedaba del anarcosindicalismo tradicional participaron de la reconstrucción de un sindicalismo unitario chileno en 1953, la CUT. Pero los libertarios fueron minoría y las cúpulas comunistas y socialistas dieron al traste con algunas movilizaciones interesantes en 1955. Esto animó a los anarquistas participantes en la CUT a organizarse políticamente. En este sentido tenemos el Movimiento Libertario 7 de Julio, que es una organización política creada en 1957, entre la que destaca la figura del mencionado Miranda. Al no encontrar un movimiento revolucionario o insurreccional se van coaligando con otros sectores de la extrema izquierda, como el de Clotario Blest. Con éste ya habían compartido militancia para construir la CUT. Blest engancha a los libertarios en su proyecto de crear un movimiento unitario, que primero se llamaría Movimiento 3 de Noviembre, y luego Movimiento de Fuerzas Revolucionarias. Durante la década de los 60s estas fuerzas se irían agrupando junto con otras hasta constituir el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR en 1965. El MIR será el ala revolucionaria de todo el proceso chileno hasta el golpe de estado de Pinochet. Y si bien el MIR estaba influido por el marxismo-leninismo en realidad tenía una corriente libertaria en su seno.

En las elecciones de 1972 – las que dieron el triunfo a Allende – se inscribió una pequeña fuerza llamada Movimiento Sindical Libertario, encabezada por Ernesto Miranda logrando unos escasísimos 1000 votos [8]. Otros libertarios participaron en Vanguardia Organizada del Pueblo, una organización guevarista de acción armada.

Los escasos libertarios del Perú que había en los años 60, nucleados en el Instituto de Estudios e Investigación de Cooperativas y Comunidades (Indeicoc), pudieron realizar su actividad en un ambiente de tolerancia (y cuando no de apoyo) gubernamental, siendo el gobierno del general Velasco el único de signo izquierdista del continente americano que logró durar en el tiempo. El Indeicoc tenía como misión la difusión de la autogestión y del cooperativismo entre la clase productora. Algunos de los militantes de este grupo serían difusores de las ideas libertarias en los años 80 y 90 en otros proyectos culturales y socio-políticos.

Otro movimiento de carácter unitario en clave unidad popular sería la FAU, Federación Anarquista Uruguaya. Creada en 1956, tendría un importante desarrollo en un país tan pequeño pero tan politizado como Uruguay. Creó varios frentes de trabajo que dieron sus frutos en la fundación de la CNT en 1964 y en el movimiento estudiantil. Al ser ilegalizada en 1967 crearán un frente de lucha armada, la Organización Popular Revolucionaria [9]. En aquella época cambian el tradicional color rojinegro del movimiento por los colores nacional-populares de Uruguay. El proceso de lucha armada los hizo colaborar activamente con los tupamaros, situación que fue paralela en Argentina al colaborar los libertarios de Resistencia Libertaria con los montoneros. Un grupo de militantes de la FAU junto con otros militantes comunistas, guevaristas y demás, fundaría en 1975 el Partido por la Victoria del Pueblo en 1975. La represión destrozó esta organización que ingresaría en el Frente Amplio con posterioridad.

Similar a estos procesos es la historia de los Gruppi Anarchici d’Azione Proletaria, GAAP. Estos grupos fueron una facción anarco-comunista de la FAI iniciados en 1949. Tienen cierto arraigo en el Lazio y la Toscana. Entablarían relaciones con la FCL francesa intentando crear una internacional, que fracasó rápidamente. En 1950 la FAI expulsa estos grupos, que son solamente 4. A continuación irían desarrollando su revista, L’Impulso, pero con el tiempo confluirían con varios grupos de la izquierda comunista creando una nueva organización Azione Comunista en 1956 perdiendo toda relación con el movimiento libertario [10]. Lo que quedó de este movimiento en la década siguiente fue a parar a Lotta Comunista, que fue una de las impulsoras de la radicalización proletaria del momento.

Resulta interesante constatar los intentos de ciertas figuras del exilio libertario español por crear una organización política. Por ejemplo García Oliver pensaba que el movimiento libertario tenía que crear un Partido Obrero del Trabajo, para que participara como brazo político del movimiento en los gobiernos republicanos en el exilio, ya que la CNT sobraba de esta entidad y la FAI la entendía como un organismo cultural y filosófico. Parecido pensaba Horacio Prieto con su proyecto de Partido Libertario, que tampoco fue seguido. Por último existió un Partido Laborista, iniciado por libertarios, pero en este caso no era para articular el movimiento libertario si no para integrarlo en el régimen franquista. Puede que la fuerte personalidad de los que hacían estas propuestas jugara en contra de crear estructuras estables y con posibilidades. En este caso el movimiento libertario que conocemos – al ser el movimiento español el más fuerte – habría cambiado decisivamente.

Por último mencionaré en este recorrido el movimiento revolucionario alemán. En este caso su origen se encuentra en el pacifismo antinuclear de los años 50. En la década siguiente el movimiento coge una impronta propia y se masifica. Logra arraigar entre los estudiantes del SDS, juventudes socialistas, y a partir de ahí enraíza con otras expresiones del movimiento juvenil. Ante el pacto de gobierno entre la CDU y el SPD – la socialdemocracia – el movimiento juvenil convocaría un congreso y se estructuraría en la llamada Oposición Extraparlamentaria [11]. Esta oposición era un conjunto de muchas fuerzas de izquierdas que con el tiempo fueron conformando tanto el movimiento estudiantil como las fuerzas de lucha armada de la década de los 70. Y dentro de esta experiencia un sector poco a poco se fue metiendo en la construcción del Partido Verde que fue a elecciones. Existe cierto paralelismo con Estados Unidos donde el movimiento estudiantil de los 60 fue el creador de los cuadros revolucionarios de la década siguiente. El fracaso de la lucha armada también dio lugar a partidos verdes y a intentonas de reforzar el movimiento popular desde el municipalismo. De ahí la propuesta de Murray Bookchin por ejemplo.

Como última curiosidad ver de donde sale Bernie Sanders. El candidato del Partido Demócrata fue elegido por primera vez en Burlington, Vermont, en 1981. Vermont, había recibido desde finales de los 60s un par de oleadas de jóvenes comuneros que huían de las ciudades. Intentaron hacer su revolución pacífica a través de una vasta red de cooperativas y de pequeñas comunidades intencionales. No lograron hacer la revolución pero en cambio lograron cambiar la ideosincrasia del estado, volviéndolo el más progresista de todo Estados Unidos. Uno de aquellos izquierdistas que se vincularon a Vermont sería el propio Bookchin, una de las cabezas pensantes del Centro Obrero de Vermont de los 70. Posteriormente fundaría allí su famoso Instituto de Ecología Social, desde donde desarrollaría y difundiría sus ideas. Sanders, que igual que Bookchin venía de Nueva York, sería otro hijo de esta época solo que claramente socialdemócrata.

En los últimos años también ha habido algunos casos curiosos, como el de Cara Jennings, que se definía como anarquista (venía de las Radical Cheerleaders) y se presentó a la alcaldía de Lake Worth, Florida. O el de Jón Gnarr, aquel alcalde punk de Reikjavik. Tampoco os voy a engañar. En la izquierda abertzale también había militantes que se autodefinían como libertarias y que tenían – o tienen – cargos institucionales. Y en Podemos y en las CUP también… ¿están vinculadas al movimiento anarquista? No, pertenecen a otros movimientos políticos, como Jennings o Gnarr. Aunque sus creencias personales sean esencialmente libertarias, sus actos políticos no lo son, forman parte de otros proyectos. Este tipo de comportamiento individual, que no ha sido raro en la lucha política del último siglo y pico, no es exactamente lo mismo que una organización libertaria que se “mete en política”.

¿Qué balance se puede hacer de todo esto? Bien, se trata de una larga colección de fracasos que tiene su origen en los fracasos del propio movimiento libertario para crear una chispa revolucionaria. En política el fracaso de una vía revolucionaria provoca la creación de una via reformista o parlamentaria; y viceversa, al fracasar la vía reformista se promueve un ciclo de lucha armada que al ser derrotado, vuelve a poner las bases de una línea pública y de masas. El anarquismo es una corriente de liberación, pero se entiende que la frustración al no lograr las metas en un tiempo razonable de militancia lleva a parte del movimiento a experimentar con otras vías que no son vistas como tradicionales pero que en realidad sí que lo han sido a lo largo de las décadas. En este caso tenemos que diferenciar dos cosas distintas: la de quienes abandonan el movimiento y pasan a movimientos socialistas o comunistas, y la de quienes siguen vinculados al movimiento anarquista y que después de esta experiencia vuelven a participar en otras formas organizativas libertarias que entendemos como “clásicas”.

NOTAS

[1] Anarquismo y elecciones.

http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/politica/elecciones_y_anarquismo/elecciones.html

[2] En este sentido se suele nombrar a William Morris, un socialista libertario británico cercano al anarquismo. Pero se dieron también otras expulsiones además de las del socialismo alemán, como las del holandés Domela Niewenhuis entre otros.

http://blocs.xtec.cat/mmompart/2012/08/05/la-segunda-internacional/

[3] Unión Socialista.

https://es.wikipedia.org/wiki/Uni%C3%B3n_Socialista_(Chile,_1897)

[4] Anarquismo ibérico [https://serhistorico.net/2017/04/13/algunos-precedentes-del-partido-sindicalista-de-angel-pestana/]

[5] Georges Fontenis

https://fr.wikipedia.org/wiki/Georges_Fontenis

[6] Un poco de historia del anarquismo cubano y su represion y muerte en manos del castrismo.

http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/29686

[7] El “foquismo” guerrillero.

https://www.anarkismo.net/article/17385

[8] Ernesto Miranda

https://es.wikipedia.org/wiki/Ernesto_Miranda

[9] La FAU

http://www.anarkismo.net/newswire.php?story_id=3701

[10] GAAP

https://it.wikipedia.org/wiki/Gruppi_Anarchici_di_Azione_Proletaria

[11] Oposición Extraparlamentaria

https://es.wikipedia.org/wiki/Oposici%C3%B3n_extraparlamentaria

 

9M: Resaca emocional y breves reflexiones

Por Araceli Pulpillo extraído de Amanece Metrópoli
Las críticas que produce el feminismo es lo mejor que ha dado el siglo XX. Es la postura política que va más al fondo, porque va a discutir justamente que cualquier jerarquía puede encontrar un lugar natural en los cuerpos y debe ser desarticulada desde allí.
Diana Maffía – Desafíos actuales del feminismo

El pasado 8 de marzo la calle gritó feminismo desde cada lugar del Estado. En una convocatoria que venía ya gestándose desde hace un año y que pretendía ser diferente a la de años anteriores. Y lo ha sido. Porque la valentía del movimiento feminista ha sabido articular una Huelga General más allá del ámbito laboral y de consumo. Más allá de la mente patriarcal. Poniendo las desigualdades asignadas al binomio mujer-hombre que hay en toda la estructura social en el centro de la lucha para erradicarlas.

Ese día desde por la noche a las 00.00, en Tirso de Molina, emprendí la marcha con compañeras para colocar carteles y pegatinas llamando a la Huelga. Llevábamos un altavoz donde sonaba A la Huelga compañeras de La Tía Carmen, canción con la que íbamos cantando y bailando mientras caminábamos, las mujeres nos sonreían y alzaban los brazos. Mi primera emoción vino desde bien temprano en la jornada. Antes de entrar a Sol para participar en la cacerolada unos 15 policías nacionales rodearon a mis compañeras y a mí y nos pidieron la documentación. Al principio confusión y un poco de miedo. Después un rio de mujeres que se acercaron con cacerolas, rodearon el círculo en el que nos tenía, empezaron a vociferar Nos tocan a una, nos tocan a todas (ahora mismo, mientras lo cuento, se me eriza el vello). Tras diez minutos de abrazo feminista, los nacionales se marcharon con la cabeza gacha y con los oídos un poco más sordos. Continuamos nuestra marcha.

Por la mañana participé en diferentes piquetes informativos en Leganés, Villaverde Bajo, Villaverde Alto… En todas partes había un chorro de mujeres haciendo actos y leyendo manifiestos cargados de fuerza y llamando a la manifestación de la tarde en Atocha. Con los coches pitábamos y la gente de la calle se unía a los pitidos y cánticos. Se acercaban para coger los dípticos informativos. Al medio día, unos compañeros nos habían preparado la comida en el Ateneo. Una sopa calentita de verduras y unas hamburguesas veganas sin gluten con patatas de guarnición. Estaban sosteniendo la Huelga y se encargaron de los cuidados a los que renunciamos por un día para que se hiciera visible su importancia. Llevábamos lazos anarcofeminstas que hizo una compañera semanas antes y nos los colocábamos las unas a las otras con emoción. En la sobremesa hablábamos sobre la manifestación de después, sobre reuniones tras el 8, sobre actos y mesas redondas que queríamos hacer, sobre cómo continuar trabajando. Empezamos a inflar globos para el camión. Todas las allí presentes nos pusimos a una a inflar un montón de globos. La fuerza de la unión. En diez minutos ya estaban inflados. Adornamos el camión. Nos pusimos en marcha para Puerta de Alcalá.

En el camino ya notaba que las calles eran un río de mujeres y hombres que iban a la manifestación. El tren y el metro lleno de mujeres con las caras pintadas y con pancartas de lemas feministas: No es no, Somos las nietas de las brujas que no pudisteis quemar, Hoy grito por todas las que no pueden… Una vez en Puerta de Alcalá hubo un mitin del bloque sindical combativo. Me emocioné con las palabras de Ana Sigüenza, la primera y única mujer, por desgracia, secretaria general de un sindicato en el Estado español (CNT): decía que «nosotras lo que queremos es acabar con la desigualdad, acabar con la verticalidad, acabar con los privilegios, mañana empezaremos a trabajar mejor todavía» y a mí los vellos de punta. Después nos dirigimos a Cibeles para esperar a la cabecera de la organización. Esperamos durante más de una hora, miraba a mi alrededor y veía a miles de mujeres por todas partes. Cuando llegó al fin la cabecera, me subí al camión y divisé que no había fin para la marea de personas que avanzaba. Me volví a emocionar. Éramos un río. Mujeres de todas las edades. Voces de mujeres en todos los altavoces. Cánticos al unísono. Saltos que eran miles. Miradas de compañeras casi con lágrimas en los ojos. Cuando al fin pudimos avanzar entre tantas personas, nos dejamos la voz, literalmente, gritando fuerte que el feminismo ha venido para quedarse.

Ha sido diferente. Sí. Hemos aparecido a nivel internacional en numerosos periódicos y aunque esta convocatoria haya sido un éxito antes incluso del mismo día de Huelga, también nos debe servir para reflexionar de cara a que las críticas sean cada vez más certeras y más inclusivas. Para seguir construyendo juntas lazos que nos hagan avanzar en una sociedad más justa e igualitaria.

Que el feminismo es anticapitalista, antirracista, antifascista, antihomófobo, y anti toda teoría e ideología que pretenda subyugar a las personas, es algo que sabemos las que llevamos militando o acercándonos al feminismo desde hace tiempo (o no tanto). Las muestras desde los medios de “información” de intentar vaciar este contenido han sido numerosas. También es cierto que tienen herramientas suficientes para tergiversar y para quedarse en la superficie de lo que realmente sucede en las asambleas y en las calles… Por eso debemos estar atentas a que el capitalismo y sus vasallos (como suelen hacer con todo lo que puede llegar a beneficiarle) no se apropien de nuestra lucha. Que el parlamentarismo no nos convenza de nada. Y este, a pesar de ser un trabajo arduo, ha de ser necesario. Ya vemos como empresas que explotan a mujeres en países colonizados, o en nuestros propios países, venden camisetas con el lema I`m feminist y como se compran a cascoporro; o como líderes y lideresas de partidos que atacan constantemente con sus políticas económicas y sociales a las mujeres se abogan abanderados del feminismo; hasta han intentado rescatar al dictador Franco como feminista. Aquí se intenta sumar todo el mundo, pero el feminismo es mucho más que una tendencia, y nosotras, las feministas, tenemos la responsabilidad de defenderlo.

El feminismo pone la vida en el centro y busca el buen vivir. Como precaria, vivo en mis propias carnes la dureza de este sistema perverso. Llevo militando en Comando Sororidad cinco años desde mi etapa estudiantil, donde he aprendido mucho como feminista. Ahora que pretendo hacerme un hueco en este mercado laboral lleno de obstáculos, he visto como una necesidad de clase militar también en un sindicato. Digo esto porque siento orgullo de que el sindicato al que estoy afiliada, CNT, haya sido uno de los que han formalizado a nivel laboral la convocatoria de 24 horas que pedíamos desde el movimiento feminista. Y lo digo como una crítica en ambas direcciones. El sindicalismo necesita feminizarse y dejar de copar las primeras filas. El feminismo necesita contemplar el sindicalismo como una herramienta de alianza. No todos los sindicatos son iguales. El sindicalismo combativo está demostrando ser una herramienta útil. Y creo que el feminismo debe tejer una red con los sindicatos que han sabido vivir en su tiempo. Además, ahora vendrá la represión contra algunas mujeres que han ido a la Huelga General Feminista y debemos trabajar conjuntamente para arropar a todas en estos procesos que pueden llegar a ser largos y tediosos.

«El feminismo blanco insiste en que todas somos mujeres, eso es un problema con el privilegio […] si hay una cosa que yo intento siempre aclarar es que el feminismo negro del que yo hablo, no es el feminismo, es parte del discurso de la mujer». Estas son las palabras de Antoinette Torres, fundadora de Afroféminas, en una entrevista que le hice hace unos meses para Labio Asesino Fanzine. Y las dejo aquí para entender la posición del portal de no ir a la Huelga. Quizá esta es una de las críticas al feminismo que más llevo reflexionando desde hace tiempo. Porque las feministas blancas debemos revisar nuestros propios privilegios, debemos hacer un ejercicio de interseccionalidad para crear alianzas con mujeres que hacen feminismo desde otras posiciones y opresiones; mujeres gitanas, musulmanas, negras, latinoamericanas, andaluzas, con diversidad funcional; personas que no forman parte del binomio impuesto mujer-hombre como transexuales o intersexuales; mujeres con orientaciones diversas: lesbianas, bisexuales, asexuales… Su voz debería estar incluida en el oleaje feminista, pero la realidad es bien distinta. Aún hay resistencias dentro del feminismo para transformar nuestra mirada en una mirada más inclusiva. Aún cuesta la autocrítica y el tomar posiciones más distantes para que sean compañeras atravesadas por otras opresiones diferentes a las nuestras las que tomen posiciones en primera fila. Debemos seguir remando para ser más certeras.

Andamos y construimos. Debemos aprehender(nos) en el proceso. El feminismo ha venido para quedarse pero también para desarticular(nos) y para hacer críticas que apunten directamente al corazón de nuestras propias creencias como sociedad. Después de la resaca emocional del día 8, debemos seguir trabajando. Debemos aprovechar los lazos creados en este proceso para cuidarlos. Debemos seguir haciendo lazos con otras realidades para ser aún más fuertes.

Qué hacer ante la represión policial y sus prácticas tránsfobas

Tras profundizar durante unos meses sobre la realidad de las personas transexuales he descubierto nuevas perspectivas y me he planteado cosas que nunca había hecho, ya que mi realidad como mujer cis no lo había necesitado. La reflexión que dejo aquí, surge a partir de haber asistido, el 30 de abril de 2017, a una charla sobre represión a personas no cis-normativas, desde una perspectiva transfeminista, enmarcada en las jornadas del Tattoo Circus, llevadas a cabo en Vallekas. La charla fue expuesta por el colectivo catalán El Nudo Transfeminista(1), a raíz de la presentación de un fanzine donde exponen la realidad y las pautas a tener en cuenta en caso de represión a personas trans o no cis-heteronormativas. Lo que vais a leer a continuación no son más que algunas notas, pasadas por el filtro de mi propia subjetividad en el proceso de asimilación, pero me parecen lo suficientemente importantes para tenerlas en cuenta, ya que desde la perspectiva mayoritariamente cis de los movimientos políticos, no suelen valorarse:

Pese a que una persona trans socialice con una identidad concreta, si le detienen/registran/identifican y se identifica con esa identidad, diferente a la que aparece en su carnet de identidad, puede ser tomado como una falta hacia la policía o un obstáculo a su labor. Es necesario saber muy bien cómo actuar en esos casos, porque ellas(2) tienen derecho a identificarse con cómo se sienten y no como están registradas por un sistema que no las tiene en cuenta. Si la policía no respeta la identidad con la que se identifica y socializa una persona trans está incurriendo en un delito. La policía debe estar informada de la ley(3) y si no la aplica puede ser denunciada por delito de transfobia.

Algunas cosas que se deben tener en cuenta en el caso de la represión a personas transexuales son:

– Avisar a un/a abogado/a e informarle de la situación y, en caso de conocer algunos requisitos legales específicos referentes a las personas trans, hablarle de ellos y especificar, siempre que sea posible, el artículo concreto en que hace referencia, ya que muchas veces no suelen estar formados/as en algo tan específico y dar esta información puede ayudar a que se agilice el proceso.

– Haber acordado previamente con la persona si en caso de detención quieren que se avise a sus familias (esto sirve para cualquier caso represivo, pero con más razón en personas trans, donde las relaciones familiares pueden haberse visto especialmente afectadas por el tránsito).

– Informar al/la abogado/a (y al cuerpo de policía si procede, sin poner en peligro a la persona que lo haga) de si la persona detenida está tomando algún tipo de medicación concreta, ya que están obligados a dársela.

En algunas regiones se están empezando a crear leyes concretas, sobre represión en personas trans. En el caso concreto de Catalunya, se ha elaborado una nueva ley, que reconoce incluso el derecho de la persona trans a elegir con qué grupo quiere ser encerrado de forma que sus seguridad e integridad no se vean comprometidas.

Además el colectivo que llevó a cabo la charla, reivindicó algunas cosas a las que, como mujer-cis me sumo en apoyo: la necesidad de tener en cuenta las diferentes realidades sociales que a traviesan a las personas trans, una teoría homogeneizante sobre transexualidad no sirve para todos los casos (me permito añadir: ni en transexualidad, ni en feminismo, ni en muchas otras reivindicaciones políticas), los colectivos antirrepresivos, cuenten o no con una persona trans dentro de su organización, especialmente si cuentan con ella, deben tener en cuenta, no sólo la teoría sino lo que verdaderamente significa sentirse trans, se deben fomentar los cuidados emocionales en las dinámicas de acción y organización, especialmente en casos de detenciones.
Los movimientos anti-fascistas/capitalistas/racistas/machistas, etc. deben dejar de invisibilizar y desprestigiar la lucha de las personas
trans, catalogándolas de actividades de reivindicación festiva.

A las personas cuya sensibilidad se haya visto afectada por lo dicho, os recomiendo que antes de lanzar comentarios a la defensiva os reviséis vuestros privilegios y hagáis un esfuerzo de autocrítica, si hoy comparto esto aquí después de tantas semanas es porque yo misma he intentado hacerlo y sensibilizarme ante esta realidad que, si bien no me toca de forma directa, procuro comprender despacio y con esfuerzo, y no, aún no lo sé todo ni lo sabré nunca en tanto en cuanto no podré ponerme nunca en su piel y sentir, como sienten ellas sus agresiones, macro o micro(4) por nuestra parte, por parte del sistema. 

1- Nudo Transfeminsita. Para más información podéis poneros en contacto con ellxs a través de su correo electrónico elnudotransfeminista@riseup.net

2- Ellas. Cuando utilizo el pronombre ellas, hago referencia a personas, ya que en el idioma castellano no existe un neutro reconocido, y aún pudiendo usar alternativas como –e –x -@, no estoy segura de que ninguna de estas terminaciones u otros artículos tengan la capacidad de representar las diferentes realidades identitarias no normativas. Si bien esta elección puede no ser la más adecuada, la he tomado bajo la perspectiva consciente de que aún me queda mucho por conocer y matizar.

3- Sujetas al reglamento jurídico de cada Comunidad Autónoma. 

4- macro/micro. Esta categorización hace referencia a la teoría feminista y las agresiones micromachistas, tal y como Luis Bonino acuña el término: haciendo alusión no a su “importancia” o “tamaño”, sino al nivel de visibilidad de la violencia ejercida por su normalización cultural.

 

Nuria E.

La Universidad Pública de nuestros días: el reino del capitalismo académico

¿Os acordáis cuando de adolescentes nos decían eso de “estudia para tener un futuro”?… Ese relato forma parte ya de la historia. Se ha desvanecido. Forma parte de los valores de la modernidad pasada donde existían relatos estables, previsibles, donde existía un horizonte y certezas.

El proceso de privatización y decadencia de la Universidad Pública empezó en el 2000 con las reformas del Plan Bolonia. Con estas reformas las funciones culturales, críticas, educativas en su significado más integral y transversal, terminarían reducidas a su mínima expresión, aumentando la tendencia profesionalizante y pragmática de las titulaciones académicas dirigidas a emplear a los ejércitos mujeres y hombres que pasan por las aulas de las universidades. Esa masa de mujeres y hombres estudiantes no sólo están dirigidos a su empleabilidad en un contexto tan difícil y salvaje como en la fase del capitalismo actual, sino que también se inocula al alumnado la ambición y el sacrosanto valor de la competencia dentro y fuera de las aulas basada en la falacia de la meritocracia. Una competencia atroz que vacía de contenido la propia finalidad esencialmente educativa y crítica que antaño tenían las universidades, sobre todo, nuestras universidades públicas.

Pero la peor “batalla” que vengo a denunciar con este escrito es lo que pasa en el interior de la estructura universitaria. Lo que ocurre en las estructuras de poder, en los departamentos, en las áreas de conocimiento, lo que ocurre con nuestras condiciones laborales del profesorado y con la calidad educativa. La precariedad socioeconómica y existencial del profesorado en la Universidad es tan cruda, expandida y perversa que se ha llegado a naturalizar tanto que una pasea por los pasillos pensando ¿qué ha pasado para que exista este pacto de silencio en esta institución? En esta situación, la figura del Profesorado Sustituto Interino (PSI) es el último eslabón de la cadena de precariedad de la Universidad Pública, sin que los sindicatos mayoritarios (UGT, CCOO, CSIF) que copan estos espacios parezcan mover un solo dedo por una lucha sindical que dignifique nuestro trabajo. Parece haberse afianzado como una “ley” que sistemáticamente se vulneren nuestros derechos laborales y sociales. Sí, en las universidades, y en los departamentos se vulneran derechos laborales constantemente. Las condiciones laborales de un PSI pasan en primer lugar por contratos inestables, precarios, y muy pero que muy mal pagados para toda la formación y currículum que se exigen. Las condiciones laborales del Profesorado Sustituto Interino son susceptibles de estar sujetas a la arbitrariedad de mando de las direcciones de los departamentos donde te adscribas. Se produce un limbo ético en el que pasas a ser una ficha que mueven según los intereses de competencia que convengan en cada momento. En este contexto, damos la docencia que sobra, sin capacidad de elección, lo que no quieran el resto del departamento mejor posicionado, en una jerarquía y actitud de sumisión constante. Un departamento puede convertirse en un cortijo de relaciones de influencias que recuerda más a relaciones feudales que al siglo XXI. El profesorado que no queramos comulgar y pasar por esas “tragaderas” estamos condenados al ostracismo, a tener más obstáculos para la promoción de nuestra carrera académica o, directamente, a abandonar esa trayectoria laboral.

Las reformas universitarias impulsadas en los últimos años por los sucesivos gobiernos se inscriben en la matriz de las políticas públicas neoliberales propias del contexto en el que vivimos. La era del sujeto neoliberal se plasma en la Universidad pública en todos los rincones. Un espacio donde la solidaridad se convierte en competencia, la igualdad en arbitrariedad autoritaria, la dignidad en relaciones de influencia… Todo esto es consecuencia y reflejo de cómo ha sido todo el proceso de implantación de las reformas universitarias, donde ha habido un evidente déficit democrático representando un nuevo autoritarismo tecnocrático que acompaña al modelo neoliberal imperante en la sociedad de hoy. Como dice el sociólogo Juan Irigoyen, la neutralización del pensamiento crítico que ha producido la universidad es una cuestión esencial para el avance del proyecto neoliberal, así como la absorción de las élites universitarias por el proyecto global y las fuerzas transversales que lo impulsan. Así nace el capitalismo académico, que determina una relación de intercambio entre la industria y los/as investigadores/as, maximizando la producción de conocimiento a fines industriales y comerciales, y minimizando los saberes tradicionalmente críticos que han identificado a la universidad moderna. La implementación de este modelo tiene como consecuencia principal la reprofesionalización del profesorado, el establecimiento de una jerarquía entre los mismos y la precarización máxima.

La racionalidad sobre la que se asienta la gestión de nuestras universidades es la evaluación permanente que es el instrumento principal para establecer un orden equivalente al del sagrado mercado. Aquí emergen las ideologías de la “calidad” y la “excelencia”, imprescindibles para instituir una cultura y un imaginario profesional que respalde los procesos de competencia atroz que se da en cada ámbito universitario. En España la ANECA (Agencia Nacional de la Evaluación de la Calidad y la Acreditación) es el “monstruo que llama a la puerta” y evalúa bajo unos ítems adecuados a este capitalismo académico si nuestra trayectoria, nuestro curricular como profesorado e investigadoras/es son válidos o no. Esto no hace más que producir sujetos vulnerables, sujetos frágiles articulados para la competencia. Lo importante es ganar siempre en la competencia con los iguales. Así se debilita el tejido colectivo y se produce una subjetivación disciplinada que se funda en el miedo.

Es vital e imprescindible desarrollar una nueva sociabilidad en la Universidad que supere la jungla de la competitividad en la que la han convertido. Es necesario respaldar unas condiciones laborales dignas del profesorado que apueste por garantizar una educación superior de calidad e impregnada de los valores democráticos que tanto se dice defender.

Vanessa Gómez Bernal,

es trabajadora social, antropóloga. Máster en Género, Identidad y Ciudadanía y Doctora en Estudios de Género y de la discapacidad. Actualmente trabaja como Profesora Sustituta Interina en la Universidad de Cádiz. Cobra 328’10€/mes por un contrato parcial como tanto profesorado en la absoluta precariedad que trabaja en las universidades españolas…

La semana negra de la libertad ideológica

El pasado mes de febrero, y en el espacio temporal de tan solo una semana, conocimos tres noticias de actualidad social separadas entre sí, que analizadas conjuntamente resultan preocupantes y un claro indicio de la nula libertad ideológica que se respira en el Estado español.

La primera de estas noticias fue la confirmación de la condena por el Tribunal Supremo al rapero balear Valtonyc, que le sentencia a entrar en prisión un total de tres años y medio por las letras de sus canciones contra la monarquía y la represión de las fuerzas de seguridad. Le han condenado por los delitos tipificados en el Código Penal español como incitación al odio, injurias a la Corona y enaltecimiento del terrorismo. Recientemente Valtonyc ha publicado un nuevo tema musical en youtube reafirmándose en sus críticas hacia las instituciones del Estado y su autoritarismo.

La segunda fue la retirada de la obra “Presos Políticos” de la feria de Arte Contemporáneo de Madrid (ARCO) que se celebraba en el pabellón de Ifema. Su autor, el artista Santiago Serra, había seleccionado más de veinte imágenes de presos políticos en el Estado español, pixelándoles la cara y explicando en un breve resumen la represión que han sufrido en cada caso. Ese mismo fin de semana la obra se presentó en la Fundación Anselmo Lorenzo, de Madrid, teniendo un gran acogimiento entre público crítico con la represión.

La última noticia fue el secuestro del libro ‘Fariña’, escrito por Nacho Carretero, y publicado por la editorial Libros del K.O., que trata ampliamente las diferentes tramas de corrupción ligadas al narcotráfico en Galicia, salpicando a personajes de las altas esferas políticas y empresariales. La respuesta de muchas librerías ha sido la defensa incondicional de este libro, y además en las redes sociales se ha puesto a disposición de muchas personas libremente.

Numerosas campañas, colectivos sociales y políticos, o personalidades individuales hablan de un retroceso en la libertad de expresión en el Estado español. Hace poco nuestro compañero Boro, del medio de comunicación La Haine, nos indicaba que seguramente tenemos que comenzar a hablar más apropiadamente de la abolición de facto de la libertad ideológica. Todos los días se expresan muchísimas opiniones públicamente, que si parten desde entidades oficiales, individuos u organizaciones de extrema derecha, no son condenadas socialmente ni juzgadas institucionalmente. Solo aquellas expresiones desde la izquierda o voces decididamente críticas con las cloacas del poder político español son llevadas a la palestra, y condenadas socialmente en los medios de comunicación.

Esto demuestra que la libertad de expresión no es ningún tesoro a defender, no soy partidario de que nos aferremos a un derecho al fin y al cabo creado por la misma autoridad que nos reprime. Sin la libertad de pensamiento e ideológica como ejercicio autónomo y colectivo, el derecho de la libertad de expresión pierde su sentido completamente. Además, en el caso particular del Estado español, todos estos derechos que se le suponen a una democracia liberal, quedan suspendidos si atendemos al devenir histórico autoritario desde el Franquismo hasta la Monarquía en la actualidad, heredera directa de su régimen antecesor.

En los círculos de activismo político cada vez somos más conscientes y menos temerosos de hablar de dictadura autoritaria en el Estado español por los episodios de represión continuada y cotidiana que sufren las organizaciones en contra del régimen político. Sin embargo, el punto clave donde debemos detenernos a analizar sería en la estrategia que habría que utilizar para extender esa idea que nosotros y nosotras tenemos clara, y que sea compartida socialmente desde una perspectiva mayoritaria. Es evidente que no podemos confundir estrategias, tácticas y campañas con el análisis ideológico y nuestras conclusiones como personas organizadas en colectivos sociales. Cada nivel mencionado requiere de sus espacios y dinámicas, de la reflexión colectiva para encontrar los mejores medios, o crearlos, y para comunicar efectivamente nuestras conclusiones sin interferir en las mismas a través de una decisión poco conveniente que acabe tergiversando el mensaje. En la actualidad vivimos una cultura generalizada de la inmediatez, de la actuación apasionada, automática y de la repetición robótica sin reflexión profunda detrás, debemos cuidarnos mucho de eso al tratar de la manera más honesta y coherente posible la represión ideológica.

Además, hay que ser conscientes de que actualmente la sensación de deriva autoritaria hacia la vulneración de la libertad de expresión es motivada porque conocemos mejor los casos de represión y las redes de colectivos para darlos a conocer funcionan correctamente, gracias también en gran parte a la difusión tecnológica. Otro factor es la notable extensión de organizaciones que cuestionan el régimen político español desde muchos ámbitos distintos, que aunque no quiera decir que el fin del mismo esté cercano, sí que se ve reflejado en el aumento del hostigamiento y la represión social, y las condenas que pretenden servir de ejemplo y advertencia al resto de las organizaciones comprometidas con una transformación radical de la sociedad.

Conviene pararnos a reflexionar que la represión es inevitable si nuestro objetivo es subvertir por completo este sistema desigualitario y de dominación, y como comunidad social consciente debemos entender que no por reclamarle el cumplimiento de derechos a las mismas instituciones que nos reprimen estamos avanzando en el fin de la represión, sino acrecentando que a una mayor respuesta social, la escalada de represión se incremente y sigamos dentro del mismo círculo sin romper la baraja. ¿Esto quiere decir que ante la represión no debemos hacer nada? Por supuesto que no, pero debemos ser creativos e y consecuentes en nuestras repuestas y caminos a tomar frente a la misma.

El fin del capitalismo dominante es el fin de su represión y viceversa, ambas son variables que están íntimamente unidas. Es posible que la clave se sitúe no ya en exigir el fin de la represión como un grito de rabia y desesperación, pues mientras siga habiendo un régimen autoritario seguirá habiendo represión, ni siquiera en reformarlo para no sentir la represión más evidente, sino en potenciar los cuidados mutuos, precauciones legales, cajas de resistencia, abogados afines… y todos aquellos mecanismos que nos faciliten continuar con nuestra lucha para construir otro mundo radicalmente distinto al que padecemos actualmente.

 

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