Contra el ghetto y el derrotismo en lo libertario

Quisiera escribir un pequeño artículo a vuelapluma sobre una cuestión de actitud importante en el anarquismo actual. Se trata de la falta de militancia en espacios amplios. No quiero entrar en lo de los espacios políticos amplios, como pueden ser las campañas o las coordinadoras de grupos distintos que tratan una problemática común, ya que poco a poco el sector libertario va estando cada vez más presente; se trata de la falta de inserción en espacios sociales. Yo lo achaco a dos causas que aparentemente se contradicen: al elitismo y al derrotismo.

Comencemos. Considero que el movimiento libertario ha sido el eterno perdedor de las izquierdas durante el siglo XX. Esto nos ha llevado a una situación de marginalidad política en la mayoría de sociedades en las que tenemos presencia. Afortunadamente las ideas y los colectivos anarquistas en nuestros tiempos tienen ya un alcance mundial. Pero seguimos perdidos políticamente, sin capacidad de incidencia, más allá de campañas puntuales o de protestas callejeras visibles.

Esta situación nos conduce a dos conclusiones:

—Una es la que somos lo mejor de la sociedad. Que los demás no están a nuestro nivel teórico o que no han acertado históricamente a dar con las soluciones que han aportado las libertarias, exceptuando posiblemente consejistas, autónomas, luxemburguistas, comunistas de izquierda y otros tipos de marxismos libertarios. De aquí se desprende uno de los grandes problemas de las izquierdas a la hora de hablar con «la gente normal», el elitismo. Inevitablemente nos consideramos mejores que nuestras vecinas por el hecho de ser anarquistas. Y esto se puede trasladar a la hora de cómo consideramos a las demás tendencias políticas que hay en la sociedad. Resultado: «Yo no me junto con ésta o esta otra porque no está a mi altura y no nos entendemos».

—La otra conclusión es la opuesta. Si nos juntamos con otra gente es muy posible que nuestras ideas y prácticas queden diluidas en la cacofonía de las muchedumbres. Nuestra idea es una de tantas y no es probable que se imponga sin una larga, desagradable y desgastante pugna de ideas. Hay quien va más allá y defiende que no merece la pena entrar en espacios plurales porque otras fuerzas políticas se mueven como pez en el agua en esos terrenos. Por tanto, nuestro esfuerzo solo servirá para contribuir a la victoria de esas fuerzas. El resultado es que «yo no entro en esto porque no merece la pena el esfuerzo».

Ambas conclusiones son hijas de un hecho bastante palpable, que es la falta de seguridad, o directamente la negación de la posiblidad de una transformación social (llámese revolución) en un plazo de tiempo breve. Y como este cambio social es para dentro de muchos años, pues los años que nos quedan los aprovechamos en nuestros espacios de confort, que se suele conocer como el «ghetto» o el mundillo. ¿Para qué mezclarse con gente que no te va a comprender? ¿para qué entrar en espacios sociales donde tu existencia será una guerra constante con otras visiones? La respuesta fácil es vivir tranquilamente los años que dure tu socialización como anarquista.

Si el movimiento anarquista ha dejado de creer en la posibilidad del cambio social, ¿a qué juega? Pues a lo que puede jugar: a vivir la anarquía aquí y ahora, dentro del capitalismo. Esto no es otra cosa que dar la espalda a la sociedad que no te comprenderá e intentar una coherencia libresca que te alejará aún más de la sociedad que no te comprende.

La gente que está en los espacios plurales y comunes con otras personas de otras tendencias políticas es raro que esté de otra manera que a título individual. Participas como persona interesada en X, y no como miembro del movimiento libertario que también se interesa en X. Como digo esto cada vez más se va superando en lo social y en el activismo.

Pero donde no se está superando es en la vida cotidiana. Y por ello vemos cosas como que los padres y madres del entorno libertario prefieren crear una escuela libre desde cero a luchar desde el AMPA del cole por una educación decente en una escuela pública. O crear un grupo excursionista desde el Ateneo Libertario que durará 1 año a lo sumo, a integrate en la unión excursionista de tu ciudad. O que es mejor montar un ciclo de cine-forum en tu CSO que no entrar a participar en el grupo de cine de barrio que monta las cosas en el Centro Cívico. O que mejor tener una asamblea popular agonizante o una coordinadora de colectivos que recuperar y revitalizar las asociaciones vecinales. Todo esto son ejemplos de lo expuesto: no nos creemos el cambio social que proclamamos y no buscamos extender nuestras ideas más allá de las paredes de nuestros locales.

Por que si no haríamos como nuestros sobre-mitificados antecesores que no creaban ateneos libertarios sino ateneos obreros (hasta casi la Guerra civil no hubo el primer ateneo apellidado libertario), que participaban en las agrupaciones esperantistas, en los grupos corales, en las uniones excursionistas, en los equipos de fútbol, en los certámenes literarios y poéticos, en los juegos florales…

Por poner las cosas en su lugar, en 1870 cuando se funda la FRE, sección de la Internacional en España, el congreso decidió abrir un debate público sobre el socialismo con sus oponentes políticos. Invitaron a varios tertulianos burgueses y llevaron a cabo un debate durante varias horas. Creían en lo que hacían. Creían sinceramente en la revolución social. Querían convencer. Querían englobar en su movimiento a su vecindario, a sus compañeros de trabajo, a sus familiares… Y no querían separarse simbólica o estéticamente de su entorno. Y si lo hacían era porque estaban convencidas de su hegemonía total en el territorio.

Fue a partir de los años 50, 60 o 70 (dependiendo del país) cuando apareció la dinámica del consumismo, del individualismo, del querer diferenciarnos de los de al lado. El capitalismo nos representaba como consumidoras únicas e irrepetibles. Nos hablaba a cada una para vendernos sus productos. Con aquella bonanza (más o menos) económica llegó la educación pública para casi todo el mundo. Generaciones de jóvenes recibieron instrucción y fueron socializadas por la publicidad. En aquellos años se iba configurando una identidad juvenil que fue ayudada por la cultura popular de su tiempo, la cultura que iban creando en base a la música y a sus gustos estéticos.

La exaltación del «yo» y definir tu identidad en base a tus gustos estéticos y musicales traspasó a los movimientos contestatarios. Y cuando las opciones radicales fueron derrotadas a finales de los 70, solamente quedó una radicalidad estética y cultural, o subcultural. De esta forma el ghetto activista, izquierdista y anarquista ha estado poderosamente influido por la estética, incluso estética del lenguaje. Al tener la certeza de que tu opción política no cambiará las cosas, te pones a pulir el lenguaje y te encierras en los principios; que obviamente excluyen al resto de la población, que se rige por otros principios.

El ghetto anarquista no es algo nuevo, llegado en los 90. Escritores anarquistas nos definen muy bien el ghetto en París en 1890, en Barcelona en 1905 y en 1931, en Buenos Aires en 1925 o incluso en Moscú en 1918. El crear ghettos es una tendencia incluso lógica en el comportamiento humano que se basa en juntarte con quien tienes afinidad. El problema es cuando te consideras un movimiento revolucionario. Entonces el ghetto supone un freno en las expectativas del cambio social, ya que solamente te interesa tu gente.

Y el ghetto, que se basa en unos clichés, en unas normas sociales de comportamiento, de lenguaje y en unos cuantos principios compartidos, se vuelve en contra de toda posibilidad de cambio social. Cualquier lucha de la gente común no es lo bastante radical. Cualquier cambio, es inútil. Cualquier nuevo movimiento social masivo es reformista. Y así sucesivamente, en una dinámica de apariencia derrotista, ya que no importa lo que se haga, que no servirá para nada.

La pregunta final es, ¿queremos realmente un cambio social o nos gusta vivir la vida pirata dentro del capitalismo?

@blackspartak

Antidesarrollismo: la alternativa humana al determinismo del capital.

La creencia en el dogma del progreso económico sin límites como corrección a los males sociales ha sido inherente al régimen capitalista, y sin embargo, en la actualidad, un número creciente de personas están desligándose de esta verdad absoluta, redirigiendo su visión hacia el futuro de las economías locales insertadas en una red de comunicación libre y de apoyo mutuo.

Una mirada histórica.

La evolución del capitalismo desde el siglo XVIII no ha sido uniforme, sino que ha estado sujeta a numerosos cambios y obstáculos. Este siempre ha sabido mimetizarse, al principio, generar una hegemonía cultural y crear estrategias propias, más tarde, y por último imponerse globalmente.

No podemos hablar del mismo modo del capitalismo industrial del siglo XIX, aquél que se expandía desde Inglaterra y eclosionó políticamente en las Revoluciones Liberales protagonizando una proletarización masiva, que del capitalismo financiero desarrollado en el siglo XX. De la misma manera, que en la actualidad, debemos aprender a analizar nuestro tiempo dejando a un lado los parámetros clásicos del siglo pasado, para conocer de cerca el nuevo capitalismo tecnológico triunfante, que se impuso tras el nuevo orden mundial de inicios del siglo XXI.

El liberalismo político y económico defendía a bayoneta y cañonazo que ser libre era, exclusivamente, poder contratar, comprar y vender libremente, sin regulaciones, ni obstáculos por parte de un órgano civil. Posteriormente, tras la grave crisis de superproducción de la Segunda Revolución Industrial en el último tercio del siglo XIX, se da un giro hacia un modelo renovado que basa su desarrollo en las nuevas fuentes de energía como petróleo, electricidad o química. El Taylorismo y el Fordismo del siglo XX, que supusieron el desclasamiento proletario, inician la integración de los trabajadores en un modelo capitalista social, que no obligatoriamente democrático, sino también potenciado por los fascismos.

El nuevo capitalismo actual.

A día de hoy, el capitalismo tecnológico ha tendido hacia una reestructuración global tanto del sistema laboral clásico, como de la cultura social, tendiendo a un abuso extremo de instrumentos electrónicos y tecnológicos, así como una dislocación del poder. La exigencia social de reinventarse constantemente, y la dedicación constante a nuevos elementos efímeros en continuo dinamismo, crea seres absolutamente perdidos en una telaraña social imposible de comprender. Se está imponiendo la sustitución del software a la propia mente humana.

Se nos presenta el tecnoparaíso como el nuevo paradigma social de progreso, cuando en realidad este ideal está vinculado a un capitalismo salvaje que explota el presente sin tener en cuenta la necesidad de construir en un futuro a largo plazo. La tensión y desintegración social dada en nuestras comunidades actualmente, como la gentrificación de los barrios o el ensalzamiento cultural elitista, son un reflejo de las consecuencias de dejarnos arrastrar hacia este camino.

En 1998 se publica La Corrosión del Carácter, del sociólogo Richar Sennet, quien a través de este libro afirma que está convencido de que el ser humano no podrá construirse en estas condiciones por lo que apuesta por una revuelta contra esta cultura de la superficialidad. Se nos propone un análisis de este nuevo capitalismo que quiere presentarse desatado de jerarquías y estructuras autoritarias, sumiéndonos en el caos agresivo del darwinismo social. Se nos impone la normalización de la competencia atroz entre individuos, que deben mirar solo por ellos mismos y sus propios intereses, y por tratar de diferenciarse de una masa vulgar e iletrada donde todos son enemigos.

Nuestra labor en el presente y hacia el futuro.

El contrato social en nuestros días requiere no establecer lazos de amistad ni vínculos emocionales a largo plazo, puesto que la deriva es tan efímera y las condiciones tan alterables según las necesidades económicas, que se presentan como algo insignificante. Por lo tanto, nuestras líneas de acción para romper con este camino tomado por el neocapitalismo vienen marcadas por la propuesta del profesor Carlos Taibo (Universidad Autónoma de Madrid), es decir: desurbanizar, destecnologizar y descomplejizar.

Debemos tomar conciencia sobre el derecho a nuestra supervivencia como seres humanos libres, la vida es otra cosa muy diferente a lo que nos presentan a día de hoy. Por lo tanto, habremos de construir partiendo desde esta realidad, para romper con ella desde la pedagogía de la práctica libertaria y la construcción de proyectos nuevos con una profundidad teórica considerable, obtenida a través de la reflexión común. Es completamente necesario generar una economía comunitaria y local, no perder de vista las tesis antidesarrollistas para rehumanizarnos, en definitiva, crear tejido social, porque una salida alternativa a este capitalismo individualista, pasa por edificar a largo plazo y de manera colectiva.

Fascismo, migración y asistencialismo

En el actual escenario socio-político en el que nos encontramos se puede observar por un lado un significativo aumento de las guerras imperialistas y como consecuencia el surgimiento de grupos religiosos radicales y por otro facciones ultra-nacionalistas que buscan expandirse aprovechando vacíos de poder.

Estas guerras están suponiendo como todo el mundo sabe un éxodo enorme de las poblaciones que huyen de escenarios de guerra hacia occidente. Este hecho ha captado la atención de los medios de comunicación y de la población de los países desarrollados y ha puesto el foco (otra vez) sobre la inmigración generando una serie de consecuencias sociales y políticas.

Por un lado nos encontramos a las instituciones, ONGs y partidos promoviendo, en su mayoría, el acceso de estas inmigrantes a sus países, concretamente en España se ha promovido el recibo de un gran número de inmigrantes y la asistencia de este tipo de organizaciones hacia estas.

Por otro lado movimientos relacionados con el fascismo, que en los últimos años han experimentado un ligero crecimiento han aprovechado la circunstancia para lanzar mensajes xenófobos sobre este tema y promover campañas de «prioridad nacional»
En ultimo lugar y como hecho menos mediático, grupos de personas anónimas se han organizado de forma más o menos espontanea para intentar organizar ayuda hacia las personas refugiadas y también hacia aquellas personas migrantes que ya se encontraban en el país.

En este artículo pretendo analizar la parte quizá más llamativa y novedosa de este problema (sin olvidarme de las otras partes) que es el auge del fascismo, en España, y concretamente en Madrid. Este hecho que ha sorprendido a mucha gente, era esperable por otro lado, teniendo en cuenta la coyuntura social en la que nos encontramos, pero para tener una visión más global del problema intentaré poner en situación de forma corta sobre qué es y cómo surge el fascismo.

Los origenes del fascismo como ideología moderna se remontan al periodo de entre guerras en el cual Italia se ve sacudida por una fuerte crisis económica y un aumento de los grupos revolucionarios que crean una sensación de temor en la burguesía y las clases medias. Ante esto apoyan a grupos para-militares y contra-revolucionarios como los «fascii di combatimento» que acabarán tomando el poder e instaurando un estado militarista, totalitario y corporativista.

Pero ¿qué pasa con el fascismo en la actualidad?

Tras la muerte de Franco surgen en España los primeros germenes del fascismo actual en forma de grupos tardo-franquistas como los Guerrilleros de Cristo Rey, la triple A o el Batallón Vasco Español que atacan objetivos materiales y humanos relacionados con la «izquierda revolucionaria», el ejemplo más conocido es el secuestro de la activista estudiantil Yolanda González y su posterior asesinato.
Ideologicamente estos grupos tienen poco que ver con el fascismo actual sin embargo con los años derivaran en las actuales organizaciones políticas.

En los años 80 surgen en España los primeros grupúsculos más cercanos al fascismo clásico y otros relacionados con el tercer-posicionismo, algunos ejemplos son CEDADE o Bases Autónomas que se posiciona como nacional-revolucionaria y que tienen su auge con motivo de la llegada del fenómeno skin y ultra a España. Se trata de grupos muy violentos pero muy marginales y con gran presión policial. En esta época los nazis ganan un importante espacio en las calles de Madrid. Con la llegada de los 90 los antifascistas se reorganizan en torno a la Coordinadora Antifascista que tendrá que pelearle la calle a unos nazis que continuaban con los ataques racistas planificados como el de Lucrecia Pérez en 1992.

A partir de este hecho se comienza a expulsar a los grupos nazis que irán perdiendo fuerza progresivamente hasta quedar relegados a pocos barrios donde pueden actuar con cierta comodidad. A comienzos de los 2000 el fascismo comienza a organizarse en torno a partidos y organizaciones que intentan evitar escándalos y estéticas nazis o skins, surgiendo partidos como MSR con un mensaje confusionista y ambiguo.

En el año 2007 con el asesinato de Carlos Palomino, estos grupos que habían surgido vuelven a la marginalidad por la reorganización del movimiento antifascista. Sin embargo en torno al año 2012 se produce un punto de inflexión en el cual a partir de la crisis económica estos grupos consiguen cierto margen de maniobra y construyen un espacio político especialmente en torno a los «Hogares Sociales» y otros proyectos basados en la llamada «prioridad nacional» que principalmente se aprovechan de la pobreza de algunos barrios y la ausencia de organizaciones obreras en estos.

En las ultimas semanas hemos asistido a un acontecimiento preocupante como ha sido la manifestación del Hogar Social Madrid por el barrio de Tetuán, lo cual no solo ha supuesto una demostración de fuerza si no algo más peligroso, una capacidad de dicha organización para atraer a gente normal y por tanto generar su propio espacio políticos.

Ante este hecho la respuesta en una ciudad como Madrid ha sido vergonzosa, evitando culpas, pero señalando problemas como las quejas a la policía y a la Subdelegación de individuos u organizaciones que se describen como «antifascistas», lo cual no solo refleja que asumen un papel débil y de inferioridad si no que avalan a las fuerzas represivas para actuar contra ellas también.

El fascismo está todavía muy lejos de calar en la conciencia general y de generar un peligro político más allá de lo anecdótico pero su derrota no pasa por pedir ayuda a terceros o por embarcarse (exclusivamente) en una guerra callejera, la derrota del fascismo pasa por cosas mucho más «simples» y «cotidianas» como ayudar a las vecinas de tu barrio, crear alternativas para las personas sin recursos que no sean pedir y esperar (repartos de comida, ayudas económicas, etc) si no que impliquen a las propias afectadas en la solución de sus problemas.

Solo entonces cada barrio será una muralla contra el fascismo.

Perspectiva libertaria

Tres apuntes sobre la huelga general que no fue (pero será)

A finales del año pasado teníamos ya una noticia de lo más interesante: la coordinadora de las Marchas de la dignidad convocaba una huelga general para el 22 de octubre de 2015. Prometía ser todo un reto: la primera huelga general que se haría sin esperar a CCOO ni UGT, y que obligaría a estos supuestos sindicatos a secundar una iniciativa de quienes les desbordamos (en el mejor de los casos) o a boicotearla y retratarse aún más claramente como lastre de las personas trabajadoras (en el peor).

Cuando sólo faltaban dos meses y escaseaban las noticias actualizadas, supimos, por las declaraciones de un representante sindical en una pieza de una web contrainformativa, que el proyecto de huelga había sido «descartado» por «los organizadores». Que se veía que la posible huelga general podía «no tener éxito» porque «[t]odos los procesos electorales y el panorama político ha[n] sacado a mucha gente de la calle por las expectativas electoralistas». Esto ofrece un ejemplo fascinante de lógica absurda, algo así como «no podemos tomar la iniciativa como clase (huelga general) porque estamos muy ocupados posicionándonos con respecto a la iniciativa (elecciones) de la clase enemiga». Incluso si una cree en la utilidad de las instituciones, se está prefiriendo buscar una dirigencia débil a unas bases fuertes, repetir el escenario de Grecia en estos últimos meses (o el de Chile en 1970-1973) antes que evitarlo.

Por sí misma y para facilitar otras más largas y otras movilizaciones en general, entendemos que esta huelga general no puede no tener lugar. Así las cosas, aunque sea ya en 2016, hay tres lecciones que nos parecen bastante claras y que están estrechamente relacionadas entre sí:

1) hasta ahora, la iniciativa ha sido sobre todo de las personas que coordinan las Marchas de la dignidad. A las demás nos ha faltado implicación colectiva y a ellas les ha sobrado, centralización que habrá que superar.

2) En este sentido, nos parece que sería especialmente interesante crear núcleos para organizar la huelga por barrio, distrito o municipio para una implicación más directa, sobre todo en la preparación previa –donde hacemos nuestra la idea de huelga en sus detalles concretos, al fin y al cabo–, pero también en la ejecución. Esto es especialmente interesante para que en cada sitio, según se juzgue útil, se note más o menos la huelga de consumo, de cuidados, la organización de la movilización en el territorio concreto, etc. y podamos complementarnos unas a otras. No en vano, la clásica huelga laboral organizada sólo desde los centros de trabajo deja fuera a la mayoría: jubiladas, paradas, muchas adolescentes, autónomas, cooperativistas, empresarias sin asalariadas…

3) En consonancia con el primer punto, insistimos en que la implicación de algunos de sus promotores en las elecciones por venir (gente, se supone, de Podemos, IU, …) le ha restado fuelle hasta hacer postergarla. Parece necesario que esas personas se pregunten si realmente podemos permitirnos dispersar energías en procesos institucionales y si no están intentando empezar la casa por el tejado.

El nuevo sindicalismo libertario

Este artículo pretende ser una revisión de mi anterior escrito “Precariedad juvenil y viejo sindicalismo” a partir de los comentarios realizados y los sucesos ocurridos desde entonces. En pocas palabras, argumentaba que los jóvenes precarios no podemos tener como referencia la organización sindical, ya que esta era propia de un mundo anterior: el fordismo-keynesianismo. Planteaba la necesidad de llegar a la autonomía a través de colectivizaciones de empresas y la creación de cooperativas.

Sin embargo, debo reconocer que la precariedad no es un invento reciente. Un repaso a la historia de las luchas obreras nos muestran como se conquistó la jornada laboral de ocho horas, la prohibición del trabajo infantil o la mejora de la higiene en los barrios obreros. Las conquistas obtenidas en el mal llamado “Estado del Bienestar” han sido un paréntesis en el desarrollo capitalista, no la norma.

No deja de ser curioso que este año hayamos sido testigos de una huelga indefinida que entre otras cosas pedía la jornada laboral de ocho horas, derecho por el que murieron miles en la masacre de Haymarket o en la huelga de la Canadiense en Barcelona.

Hablamos de la huelga de técnicos de Movistar.

Estos técnicos tienen poca estabilidad laboral, una carga ingente de trabajo y sufren la externalización de servicios, son contratados como falsos autónomos y deben poner hasta la furgoneta con la que trabajan. Su lucha ha sido mediática y comprometida, movilizando a un sector totalmente post-industrial y clave en el desarrollo de las TIC en el estado español. La huelga indefinida ha sido promovida por el pequeño sindicato AST, que se declara autónomo y de clase, rechazando la burocracia UGT-CCOO y las subvenciones estatales.
Los sindicatos alternativos, que han tenido la iniciativa en la lucha, a pesar del intento de boicot de UGT y CCOO, han cedido el protagonismo a las asambleas de base, que han conformado una auténtica Marea Azul con impacto en las agendas mediáticas y políticas. A día de hoy, el movimiento se encuentra en una fase de recomposición después del agotamiento de la huelga: las promesas de los pactos acordados no se cumplen y caen represalias sobre los participantes en la huelga indefinida.

Tal y como se me argumentó, hay otros ejemplos de huelgas en las que participaron sujetos políticos no asimilables a la categoría de “clase trabajadora tradicional”. Se trata del sector de la informática, un sector innovador dentro del capitalismo español y que atrae a miles de trabajadores jóvenes (y precarios). Las huelgas protagonizadas por la Coordinadora de Informática de la CGT han conseguido resucitar el sindicalismo en un sector normalmente ajenos a las actividades anticapitalistas. Cito un párrafo de un artículo de la Coordinadora que sitúa perfectamente esa transformación:

“(…) Los seguimientos han sido muy elevados, en Capgemini y Atos se paró un artículo 41, en Alten se puso a la empresa contra la espada y la pared y mención aparte los 7 días de huelga de HP seguidos por más del 85% de sus 2300 trabajadores, con piquetes de 300 personas, manifestaciones y asambleas masivas diarias que permitió la retirada del recorte salarial del 10% por parte de la empresa. El conflicto de HP y sus imágenes podrían haber sido extraídas del imaginario de cualquier lucha relevante del sector industrial. Jugamos a ser clase obrera y resultó que lo éramos.

Además, creo que también se puede destacar otra gran huelga que se realizó en el ámbito de la educación pública: la oposición al TIL por parte de la Assemblea de Docents de les Illes Balears. La huelga consiguió una gran repercusión. Los padres, profesores y alumnos implicados pudieron participar a través de las asambleas en los centros y de una asamblea central, de dónde surgió el comité de huelga (desgraciadamente monopolizado por CCOO, UGT y STEI).

Por último, creo que interesante echarle a un ojo a la propuesta de la Oficina Precaria en Madrid. Este colectivo del entorno del 15M y de Juventud Sin Futuro intenta luchar contra la sustitución de puestos de trabajo estables por becarios sin derechos laborales a través de su campaña “No más becas por trabajo” y la asesoría para la creación de cooperativas. Desde un punto de vista estratégico, la Oficina Precaria tiene poca capacidad de activación y debe ser un apoyo a un Frente Estudiantil, que es el que tiene la potencia necesaria como para oponerse a la contratación de becarios y la creación de la Universidad/FP supeditada a las empresas.

Creo que todas estas experiencias recientes muestran un camino a seguir, que nadie ha diseñado desde ningún despacho, sino que nace espontáneamente de la adaptación a la nueva realidad social. Este nuevo sindicalismo combativo es una fusión perfecta entre dos elementos: el anarcosindicalismo clásico y el activismo propio de las protestas del 15M.

Haciendo una pequeña lista, creo que las principales características de este renovado sindicalismo libertario son las siguientes:

Asambleas de base. Todos pueden participar en asambleas en las que los colectivos políticos se diluyen para conformar una Coordinadora o Marea que representa a todos los afectados.

Redes sociales. Sirven para “rompen el hielo” y llegar a más gente, difundiendo las acciones y exigencias. Dan una imagen pública de la organización y además permiten una mayor coordinación. Se debe vigilar su seguridad claro, ya que es evidente que la privacidad está muy limitada por Corporaciones y Estado.

Presión mediática. Lo que sale en los medios es objeto de debate y discusión. Sin unos medios de comunicación libres y autogestionados, estaremos sometidos a la criminalización y la manipulación de los medios del capital. Sin embargo, salir en el telediario puede conseguir una mayor difusión.

Huelgas indefinidas sectoriales. Ante la inutilidad de las huelgas de uno o pocos días, las huelgas indefinidas con exigencias concretas pueden poner contra la cuerdas sectores enteros, como la educación o las telecomunicaciones.

Acción directa. Las asambleas están por encima de Comités y Delegados y si existen deber de estar bajo el control directo de las asambleas. Se abandonada la cultura pactista típica de CCOO y UGT para ir al ataque. Si bien el anarcosindicalismo jamás ha abandonado esta línea, mi opinión es que los nuevos movimientos potenciados por el 15M también adoptan la acción directa. Son, como diría Carlos Taibo, libertarios sin ser “identitariamente” anarquistas.

El papel de los anarquistas, en mi opinión, puede ser clave para que este nuevo sindicalismo se consolide y sustituya lo antes posible a la actual burocracia traidora. Queda pendiente saber si pueden haber puentes entre el cooperativismo autogestionario y el sindicalismo de clase, para que se potencien mutuamente. Los anarquistas de la tendencia Organizativa y Social podemos acercar estos movimientos a la autonomía, alejándolos de las injerencias de los partidos autoritarios que pretenden poner en el foco en las instituciones. Construir un Frente Laboral fuerte puede ser un gran avance para alcanzar el mundo nuevo que llevamos en nuestros corazones.

Anónimo

Cinco observaciones sobre las movilizaciones por el derecho a asilo

En los últimos meses, el flujo de personas que intentan llegar a la Unión Europea sin los papeles exigidos por las autoridades ha alcanzado cantidades enormes. El tema ha conseguido una creciente visibilidad mediática a base de acumular naufragios en el Mediterráneo oriental y en el mar Egeo, así como de traer –y en abundancia– a la UE imágenes especialmente duras de personas agolpadas en masa en las fronteras macedonias y húngaras, flotando a la deriva o muertas al naufragar. Esta situación ha provocado un cierto revuelo, inusual, que, en la región española, ha propiciado que sectores de la población presionaran a los ayuntamientos de sus municipios en favor del derecho de asilo, lo que ha permitido a su vez a estos presionar al gobierno central en este sentido y llevar el tema a las portadas de los periódicos. Todo ello mientras, en el caso concreto de Madrid, se convocaban asambleas la primera y segunda semana de septiembre donde la población intentaba movilizarse en lo explícitamente político y preparar la acogida en un sentido más material.

A pesar de lo inmediato que pueda resultar, la asistencia a esas dos asambleas y a la manifestación del sábado 12 nos empuja a unas cuantas observaciones, que pretenden ser rápidas, pero no apresuradas.

1) Se constató que había una gran vocación de organizarse y movilizarse por el derecho a la libre migración, sin entrar en debates tramposos sobre quién es migrante y quién exiliada… pese a lo cual hubo voces en todo momento, y siguen ahí, que quisieron marcar esa diferencia, entendiendo que las instituciones están mucho más comprometidas con las refugiadas por factores como la legalidad internacional y que la presión será mucho más eficaz si se trata de evitar que las refugiadas sean devueltas a sus países, internadas en CIEs o algo así. Entendemos que esto obvia el agravio comparativo que supone para quienes todavía hoy huyen del hambre, la miseria o, simplemente, la precariedad –y seguirán haciéndolo– y para quienes ya han llegado aquí y, en muchos casos, llevan adelante su propia lucha contra CIEs, abusos policiales y demás y/o se integran en aquellas luchas de nuestra clase aquí y ahora que no entienden de orígenes geográficos, administrativos ni étnicos.

2) Dada esta fijación con las refugiadas en general y con las sirias en particular, cuando se intenta señalar la hipocresía de la UE se olvida el caso libio (no menos crucial y donde las autoridades españolas se mancharon más las manos), las inquietantes relaciones de nuestra clase dirigente con la de estados que no están siendo muy cuestionados y también son clave en el tema (por ejemplo, Marruecos) y se intenta hacer un análisis maniqueo de más de cuatro años de guerra civil en aquel país del Mediterráneo asiático. Es insultante y además aburrido tener que escuchar, todavía en septiembre de 2015, que lo que hay en Siria es «una revolución donde 200.000 personas han sido masacradas por el régimen de Bashshar Al-Asad» –cosa que hoy día no dice ni la oposición siria más deshonesta– o, al contrario, como dijo cierto dinosaurio del PCE que nos honró con su presencia y la de un grupo de palmeros y palmeras (sobre todo para repetir lo que ya había dicho un interviniente anterior), que lo que hay en Siria son sólo «grupos terroristas financiados por Occidente» y punto. No obstante lo cual, algún tipo de visión política de las causas de la emigración es necesaria, no sólo para entender la situación, sino para presionar a quienes en nombre nuestro siembran hoy las crisis que nos traerán las oleadas de personas (exiliadas o migrantes, poco importa) del mañana.

3) La asociación que las convocó (Asociación Sin Papeles Madrid) tuvo la apertura y generosidad de convocarlas como asambleas abiertas. Una idea tan bienintencionada, por otra parte, fue de la mano de una falta de dinamización casi total, lo que condujo a una esterilidad ya conocida en el asamblearismo: personas que se extienden demasiado, otras que intervienen sin siquiera tener algo que aportar, otras que consumen muchos más turnos de palabra que ninguna otra persona, una primera asamblea convocada sin propósito claro ni orden del día (ni siquiera aproximado), más de cien personas intentando oírse en una plaza de Lavapiés sin megáfono (en el caso de la primera asamblea; alguien, a título personal, llevó uno a la segunda), ningún tipo de recordatorio a las intervinientes sobre estos u otros aspectos fundamentales, …

4) Se habló de apoyo material para las refugiadas que vengan, tanto mantas, ropa, comida y similares, como espacios donde puedan vivir de manera más transitoria o más a medio o largo plazo. ¿Por qué se enfoca así? Apenas hubo alguna intervención para recordar que ya existen iniciativas de clase como las RSPs y otros bancos de alimentos, los grupos de apoyo muto o las asambleas de vivienda y PAHs donde participamos juntas inmigrantes y nativas (venidas, por lo general, de la migración interna, por otra parte), ¿cómo se explica? Ese afán por doblar esfuerzos innecesariamente es incomprensible, además de servir de munición a esa extrema derecha que nos imagina más preocupadas por las nacidas fuera que por las nacidas aquí.

5) Por último, es verdad que esta reacción es una buena noticia. La falta de reacción que ha habido hasta ahora era indignante y, no obstante, la reacción en contra parece apoyarse en prejuicios, como que estos náufragos (mayoritariamente árabes, kurdos, etc.) nos preocupen más que los más habituales náufragos negros o que el que puedan estar a merced de policías de Europa del este y central (con los tópicos heredados de la Guerra fría en el imaginario colectivo) nos preocupe más que la suerte de quienes se las ven con la Guardia Civil, Carabinieri, etc. La geopolítica europea, donde a nadie le gusta el actual gobierno nacionalista húngaro, también parece haber ayudado a favor de la preocupación por las refugiadas. No obstante, por los factores superficiales mencionados y por nuestro propio funcionamiento como masa, existe un claro riesgo de que esta movilización se convierta en una moda y decaiga rápidamente (quizá antes de que lleguen la mayor parte de refugiadas, incluso) y, visto el perfil de las movilizadas en Madrid, una moda casi circunscrita a quienes ya participamos en otras iniciativas. La invisibilidad de que han sido objeto hasta ahora las exiliadas colombianas (incluso comparadas con las que ahora vuelven allí desde Venezuela) o las 260.000 huidas de Ucrania –en plena Europa– en menos de dos años da ejemplos bastante elocuentes.

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