La necesidad de las emociones

Nuestras vidas están cargadas de emociones de todo tipo: podemos sentir rabia, furia, odio hacia algo que nos repugna, o podemos amar, reírnos, y sentir felicidad con las cosas que nos producen bienestar. Las emociones marcan la forma en la que interaccionamos con lo que sucede a nuestro alrededor, dando forma a nuestras experiencias vitales y a las maneras en las interpretamos dichas experiencias. No obstante, muchas veces encontramos discursos que nos incitan a suprimir nuestras emociones y, en el peor de los casos, encontramos discursos normativos que nos hacen sentir culpables por las emociones que sentimos.

Pongamos un ejemplo: en una manifestación acalorada el cuerpo represor del Estado, esto es, la policía, carga contra les manifestantes dejando tras de sí un reguero de personas tendidas en el suelo. Hay barullo y las cosas se vuelven un tanto caóticas. Entre el desorden un par de agentes se descuelga del grupo y queda rodeado por les manifestantes, quienes habiendo visto la brutalidad de la carga decide emprenderla a palos contra los agentes (y uso aquí el masculino porque esta panda de brutos son normalmente hombres). Los medios de comunicación transmiten los sucesos y los califican negativamente. Incluso algunes manifestantes sienten repugna hacia las acciones de aquelles manifestantes que decidieron dar a los agentes de su propia medicina. Digamos entonces que tras el incidente algunas personas se sienten conformes con lo sucedido. Otras no lo están. Y algunas otras lo están y no lo están al mismo tiempo. A éstas últimas me quiero referir especialmente con este artículo.

Dejemos por un momento el ejemplo a un lado—pero vamos a mantenerlo presente en nuestras mentes—y pasemos a analizar la experiencia desde un aspecto emotivo. Lo primero que hemos de tener en cuenta es que las emociones, lejos de ser meramente biológicas, son en gran medida sociales. El componente biológico de las emociones vendría dado por la potencial universalidad de éstas, es decir, todas las personas en el planeta son capaces de sentir odio, amor, alegría, felicidad, melancolía, etcétera. Sin embargo, esta base biológica es condicionada por códigos culturales y sociales que hacen que experimentemos dichas emociones en situaciones muy variopintas. Así pues, las personas de una sociedad industrializada como la española pueden no sentir pena al ver la tala de un árbol, mientras que les indígenas del Amazonas podrían experimentar la más profundas de las penas pues asocian al árbol una idea que nosotres no tenemos. Hasta aquí no creo que  nadie disienta.

Volvamos a nuestro ejemplo: la violencia, derivada de sentimientos de rabia y odio en nuestro ejemplo—y no tanto de miedo pues recordemos que son dos agentes los que quedan descolgados entre una multitud de manifestantes—es repudiada como algo indeseable. La propia emoción de simpatía para con les manifestantes que toman parte en la acción, o la satisfacción que nos podría producir el presenciar la escena, son también suprimidas por el discurso dominante que los medios de comunicación, siguiendo la ideología del sistema, inculcan en la mentalidad de las personas—¿a alguien le suena el concepto de hegemonía de Antonio Gramsci? De esta manera, si nos paramos a pensar sobre todas las sandeces que dicen los medios de comunicación o las personas que reproducen la ideología del sistema veremos que se otorga máxima prioridad a la ‘razón’, la cual deviene la medida de todas las cosas habidas y por haber. La persona racional es inteligente, fría, no se deja llevar por las emociones que tantas veces han traído a la humanidad calamidades de monstruosas dimensiones. Y a todo esto, ¿tenemos les anarquistas algo que decir? Tenemos, y mucho.

Aristóteles, como uno de los padres fundadores de la ética de las virtudes, ya dijo en su día que la persona virtuosa—aquella que actúa de forma correcta—es la que siente la emoción adecuada ante la situación adecuada. De esta manera, sentir asco ante un caso de violencia machista, y odio hacia el machista, es algo virtuoso. Las emociones que experimentamos reflejan así los códigos morales—nuestra talla moral—que hayamos internalizado. No hay nada malo en sentir odio, asco, y repugna, cosas que alguna religión califica de «emociones negativas» a evitar. Dos cosas de vital importancia surgen en este segundo ejemplo: 1) la emoción de odio o asco que sintamos hacia el machista dice de cómo concebimos el mundo. 2) las emociones que experimentamos nos harán actuar y reaccionar de una forma u otra. Así pues, la persona que sienta odio y repugna hacia los machistas estarán más predispuestas a actuar, a cambiar el estado de cosas que les producen repugna.

Así que de Aristótles y su Ética para Nicómaco nos quedamos con que sentir emociones—aunque sean éstas «negativas»—no está tan mal como afirma la ideología racionalista que impulsa al capitalismo. Las emociones son el reflejo de nuestra capacidad moral como seres humanos, nos ayudan a interpretar los hechos que suceden a nuestro alrededor y nos impulsan también a reaccionar de una forma u otra. No obstante, ya hemos dicho que las emociones no se experimentan de forma universal sin antes pasar por el filtro de lo cultural, y es por ello que algunas personas no sientan repugna, sino simpatía, por cosas como ataques machistas o racistas. Es aquí donde damos el salto a la razón.

Kant, como uno de los mayores exponente del racionalismo, afirmó que la única manera de llegar a comprender las Leyes de la Moral era por medio de la razón, la cual nos proporciona imperativos y obligaciones. De Kant nos quedamos solamente con esta parte, pues él mismo relegó las emociones a un segundo plano prescindible—de hecho las llegó a calificar como «enfermedades» o «elementos patológicos» que alejan a las personas de la «soberanía de la razón.» De esta manera, de Kant vamos a tomar que la razón nos puede ayudar a considerar que, por ejemplo, asesinar a una persona por motivos étnicos es algo inmoral. Sin embargo, vamos a añadirle que nuestro deber moral de defender a la víctima de un ataque racista no solamente es cuestión de un proceso racional, sino también de un proceso emocional: sentir asco, odio, y repugna hacia la persona racista está al mismo nivel y es igual de importante. Como Aristóteles diría, el agente moral—un término usado en la filosofía kantiana, Aristóteles diría la persona virtuosa—sentiría innegablemente odio y repugna, no sería un frío autómata racional, y acorde con su odio actuaría de una manera específica.

Bien, es momento de volver a nuestro primer ejemplo. Los medios, la escuela, todo a nuestro alrededor en las sociedades capitalistas-liberales nos lleva a condenar la violencia y los sentimientos de odio. La violencia genera más violencia, dicen. El odio nos lleva por el camino de la amargura y de la perdición, añaden. Mantengamos la paz social, aseguran. Y para mantener todas estas proclamas nos educan en un sistema de valores acorde, integrándonos así un código moral que no deriva en la experiencia de ciertas emociones—y si sucede esto es condenado. En el ejemplo de la manifestación, las personas que sienten simpatía genuina por lo sucedido actúan conforme a algo que difícilmente podemos definir pero que podemos sentir como «natural» (con muchas comillas). Esos sentimientos de empatía, simpatía, y solidaridad que las personas somos capaces de sentir de una forma «natural» y «humana» son los que nos hacen pensar, aunque solamente sea por un momento: «se lo merecían. Esos antidisturbios se lo han buscado.» Luego puede llegar la razón y la ideología dominante para acallar la voz de los sentimientos, y podemos llegar a pensar que lo sucedido es condenable.

Pero la misma razón, en un análisis más sosegado, nos puede llevar a identificar la fuente de ese odio y repugna, haciéndonos así comprender los actos de violencia colectiva. ¿Acaso no es la policía la que reprime las voces que claman por los derechos humanos? ¿Acaso no es la policía la que ejerce violencia física con total impunidad amparada bajo el paraguas de las leyes del Estado? Como diría Julio Cortázar, ¿es la misma violencia aquella que viene de les miserables de la que proviene de les que crean la miseria? Y mediante este proceso racional podemos llegar—o no—a la conclusión de que las emociones de odio y repugna que llevaron en nuestro ejemplo a un número de manifestantes actuar de forma violenta son, de hecho, moralmente aceptables y deseables, pues fueron dichas emociones las que posibilitaron la acción virtuosa. Pero todavía más importante es el elemento socializador de este proceso racional y emotivo a partes iguales, pues alguien podría llegar a esta conclusión por vez primera tras pasar por un momento de reflexión detenida, pero tras el cual, con un poco de fortuna, integrarán la experiencia de dichas emociones—en contextos similares al de la manifestación—en su código moral interno, pasando a experimentar estas emociones de forma más automática ante casos semejantes y aumentando su «talla moral.»

La próxima vez que os digan que sentir odio, rabia, furia, y repugna es negativo decidles que no solamente está justificado dado el estado de cosas actuales, sino que también es cosa de personas virtuosas.

¿Y las aspiraciones revolucionarias?

Sin pretensión de lanzar ofensas y queriendo incitar a la reflexión sobre la trayectoria del amplio espectro anarquista, en este artículo planteo una serie de cuestiones encaminadas a resolver la duda de si estamos perdiendo terreno en el imaginario popular como movimiento socio-político. Vivimos una amnesia colectiva ya con la memoria histórica enterrada, aunque los viejos mitos, al igual que las visiones románticas del pasado, no cayeron del todo o no supimos superarlos. No obstante, esos factores no supuso el olvido del anarquismo, aún se pudo rescatar el rico legado que nos dejaron tanto los teóricos como los hombres y mujeres de acción que pudieron materializar los principios anarquistas. Pese a ello, no todos tendrían la suerte de poderlos estudiar y recientemente, con la aparición de nuevas corrientes ligadas al anarquismo o inspiradas en él, hemos visto que en algunos casos, quedaron en la autorreferencialidad, en la contemplación del individuo y su aislamiento del resto de la sociedad. Aquí nos replanteamos, no solo la imagen que tenemos hoy en día del anarquismo, sino también las nuevas aportaciones teóricas tales como el primitivismo, la anticivilización y otros movimientos subculturales.

Aunque nos cueste asumirlo, el aislamiento moral de los individuos a causa del nuevo modo de vida impuesta por el neoliberalismo también ha influido en parte a un cierto sector de anarquistas que, tras ver el fracaso de tener presencia en la sociedad, la niegan, la ven como enemiga. Lo mismo sucede con la idea de civilización, que se ha asociado con todas las connotaciones negativas que se pudieron atribuir. No se quedan atrás las ideas de misantropía, de una visión romántica de las sociedades primitivas o de las revoluciones sociales del pasado siglo. A ello nos preguntamos; ¿y las aspiraciones revolucionarias? ¿qué es del anarquismo como ideología política que en la práctica debería constituir un movimiento político-social revolucionario, más allá de la simple autocomplaciencia, el panfletarismo de vocabulario extravagante e incendiario, de la asociación con movimientos subculturales? Es cierto que las teorías y las praxis del pasado siglo no serían aplicables al contexto actual, pero de esas teorías deberíamos rescatar ese componente político que desde sus inicios siempre ha tenido, y de la praxis, ese imprescindible componente social y clasista.

Llega a ser preocupante cuando los propios anarquistas asocian el anarquismo con el caos, cuya definición viene a ser una presencia caótica e incontrolable para el Estado y el Capital, que puede causar confusiones y malinterpretaciones a la par que no aporta realmente propuestas constructivas; cuando se asocia la lucha anarquista con los enfrentamientos callejeros; cuando la imagen del anarquista es un chico o una chica con estética punk; cuando se pone como fines la vuelta a ser salvajes, a ser niños y recuperar la inocencia perdida; y más cuando se niega la lucha de clases. En definitiva, la disociación del anarquismo con política daría como resultado el despojo del potencial transformador que posee el anarquismo si existen militantes dispuestos a llevarlo a la práctica, reduciéndose a una rebeldía juvenil, una actitud estética extravagante, bohemia y promotora del caos y la destrucción. He aquí, ¿realmente algunos anarquistas han dejado de lado las aspiraciones revolucionarias para quedarse en la estética, la contemplación del «yo» y la vida bohemia? Ni podemos negarlo ni afirmarlo con exactitud, pues paralelamente, el anarquismo social ha podido sobrevivir y sigue teniendo presencia en todo el mundo, aunque no a grandes rasgos.

Nos urge pues rescatar las teorías tanto de la Vieja Escuela como los contemporáneos de la rama social del anarquismo y saber adaptarlas al contexto actual, recuperando el componente político-social y clasista que desde sus inicios ha tenido el anarquismo, de los cuales se pudieron materializar gracias a no solo militantes comprometidos, sino la preocupación por lo social y el trabajo de acción y difusión entre la clase trabajadora, participando activamente en sus luchas y sabiendo darles una perspectiva libertaria. Sabemos que en este contexto es difícil organizarnos, que las relaciones sociales se han deteriorado mucho y la dificultad para entrar en contacto con otros es un gran obstáculo. Sin embargo, dar por sentado el fracaso de llevar la lucha en lo social y optar por separarse de la lucha social y de clases para centrarse en la autorrealización del individuo, en las revueltas espontáneas y en el rechazo de cualquier iniciativa de organización y elaboración de programas políticos antiautoritarios, supone negar las aspiraciones revolucionarias que estuvieron presentes desde los orígenes del anarquismo.

Por un primero de mayo combativo, no folclórico

El 1º de Mayo no puede ser un día de fiesta, ni podemos tomárnoslo como un festivo laboral, ni convertirlo en una celebración folclórica. El trasfondo y el significado de este día son de toda la clase obrera. Podemos pensar que es algo del pasado, algo que ya no tiene nada que ver con nosotros/as, ya que fue en el siglo XIX y estamos en el siglo XXI. Podemos pensar que la situación de los/as trabajadores/as entonces era totalmente distinta a la nuestra, o que la sociedad ha cambiado y de nada sirve tener presente un día como este. O podemos convertirlo en un día donde disfrazarnos, dar un paseo con unos/as cuantos/as liberados/as sindicales y unas banderitas de plástico, echarnos unas risas, tomarnos unas cañas y volvernos a nuestras casas.

Ante la situación actual de la clase obrera, es vital y deber de todos/as los/as anarquistas volver a darle contenido reivindicativo a este día, el cual debería ser de paro total en todo el país y no solo una festividad reconocida y amparada por el gobierno.

El sentido del 1º de Mayo viene de la conmemoración de la revuelta de Haymarket en Chicago, EEUU. En plena revolución industrial, desde el 1 de Mayo de 1886, se vinieron dando una serie de protestas y huelgas para reivindicar la jornada laboral de 8 horas. Esta reivindicación era uno de los máximos exponentes en el movimiento obrero internacional, a través del lema: ocho horas de trabajo, ocho horas para el descanso y ocho horas para la cultura; ya que las jornadas laborales de los/as trabajadores/as (hombres, mujeres y niños/as) podían llegar a las 16 horas fácilmente con un sueldo miserable. Más de 200.000 trabajadores/as conseguirían la reducción de jornada por la sola amenaza de huelga el 1 de Mayo. En Chicago, las movilizaciones continuaron el 2 y el 3 de Mayo.

Tras un montaje policial con un artefacto explosivo al finalizar una manifestación pacífica que iba a ser brutalmente reprimida, se hizo un juicio farsa, reconocido históricamente como ilegítimo y malintencionado, contra ocho militantes obreros de tendencia anarquista, condenando a muerte a cinco de ellos y a reclusión a otros tres:

  • Samuel Fielden, inmigrante ingles de 39 años y obrero textil fue condenado a cadena perpetua.

  • Oscar Neebe, estadounidense de 36 años y vendedor fue condenado a 15 años de trabajos forzosos.

  • Michael Schwab, inmigrante alemán de 33 años y tipógrafo fue condenado a cadena perpetua.

  • George Engel, inmigrante alemán de 50 años y tipógrafo fue condenado a muerte en la horca.

  • Adolf Fischer, inmigrante alemán de 30 años y periodista fue condenado a muerte en la horca.

  • Albert Parsons, estadounidense de 39 años y periodista fue condenado a muerte en la horca.

  • August Vicent Theodore Spies, inmigrante alemán de 31 años y periodista fue condenado a muerte en la horca.

  • Louis Lingg, inmigrante alemán de 22 años y carpintero fue condenado a muerte y se suicidó en su propia celda.

No olvidemos que, en España, las 8 horas no llegaron hasta el año 1919, a través de la huelga general que se vivió en Barcelona durante el conflicto con la central eléctrica “La Canadiense”, auspiciado por la CNT. En la misma, se paralizó el 70% de la industria. Ganado el conflicto, se implantó esta reivindicación obrera internacional, las 8 horas.

Actualmente la situación de la clase obrera en España cada vez dista menos de las condiciones en las que vivían los obreros del siglo XIX. Si nos paramos a pensar, podemos ver que vivimos en un país con más del 25% de la población activa en situación de desempleo. Esta situación crea enormes dramas personales y sociales: la mayor parte de la población joven y de los/as trabajadores/as en paro no tiene acceso al mercado laboral, por lo que no tienen acceso a adquirir lo más básico para la supervivencia y el desarrollo personal; las familias se desestructuran; se genera un sentimiento de fracaso que lleva a la desesperación, a la drogadicción o al suicidio; se desahucian a los/as trabajadores/as de las viviendas construidas con las manos y el sudor de otros/as trabajadores/as, de las cuales se apoderan los bancos y por las que nos obligan a pagar la mayor parte del sueldo en forma de hipoteca durante 40 o 50 años.

Los/as que pueden trabajar se enfrentan a la precariedad y a la flexibilidad en el mercado laboral, el cual no da estabilidad a los/as trabajadores/as para llevar una vida digna, mantiene a los/as jóvenes en una precariedad absoluta con la promesa de conseguir un puesto fijo en cualquier empresa que solo busca mano de obra flexible y barata.

El paro funciona como un látigo que azota la espalda de los/as obreros/as para meterles miedo y que solo hace que agachen la cabeza y obedezcan, para que no sean ellos/as los/as que se queden en la calle, sin posibilidad alguna de volver a acceder al mercado laboral, arruinando así su vida y la de su familia.

Las medidas de protección social que ha repartido el gobierno a través del plan PREPARA, se han visto totalmente insuficientes, y, lejos de frenar la agitación social como se pretendía, solo han creado nuevos dependientes de los subsidios estatales que nunca podrán llegar a volver a adquirir autonomía como individuos y reincorporarse al mercado laboral. Así pues, la forma en la que el gobierno quiere enfrentarse a la agitación social que desde hace unos años se extiende por la península e islas, se basa en invertir en nuevos cuerpos represivos, armar a la policía, aumentar sus efectivos, aumentar el control social y, por tanto, la represión contra cualquier tipo de movimiento social.

Uno de los objetivos de esta vuelta de tuerca que supone la crisis en Europa, es el desmantelamiento y privatización del sector social, educativo y sanitario del que se gozaba hasta ahora, para que sean las empresas privadas las que gestionen nuestras vidas. Seremos tratados como clientes y mercancía que requieren un servicio y pagarán por el mismo. La gente con mejor poder adquisitivo tendrá un acceso mejor a la sanidad, mientras que los/as trabajadores/as tendremos una sanidad pésima o directamente no tendremos acceso a la misma. Así es como funciona el modelo norteamericano, y como dentro de poco funcionará en España.

Seremos adiestrados en las escuelas y las universidades como entes productivos y competitivos al servicio de los/as empresarios/as. Todo/a aquel/la que no se adapte a este funcionamiento, será desechado y no tendrá acceso nunca al mercado laboral. A las universidades solo tendrán acceso quienes tengan dinero, mientras que los/as hijos/as de los/as obreros/as serán rechazados/as. Estas mismas serán gestionadas por entidades privadas que adiestrarán al antojo y según las necesidades del mercado en cada momento.

Otro objetivo es el desmantelamiento completo del sector de producción en España, dejando a este país como una marca comercial para el turismo. La industria, ya desde tiempos del PSOE en los años 80, está siendo desmantelada y deslocalizada a países en vías de desarrollo, donde la mano de obra es mucho más barata y cuya situación política es mucho más férrea y autoritaria que la española. Así pues, es ya bien sabido cómo las principales marcas del sector textil tienen sus fábricas en Asia. Adidas tiene fábricas proveedoras en la India y China donde trabajan niños/as (jornadas de 12 horas y duermen en el suelo de la fábrica), mujeres a las que se acosa sexualmente, y la regularización de la relación laboral es prácticamente inexistente (salario por debajo de la legalidad, trabas a la actividad sindical, castigos físicos, salarios de 21 céntimos de euro a la hora, imposibilidad de coger bajas por enfermedad, control de embarazos, etc.).

Para no irnos más lejos, uno de los españoles más ricos del mundo, Amancio Ortega, ha engordado su emporio de Inditex deslocalizando las fábricas de España a otros países para ser más competitivo. Su última desfachatez ha sido el cierre de Confecciones Corrochano de Talavera de la Reina para trasladar la producción a Marruecos, dejando en la calle a 50 familias. Allí, las trabajadoras tendrán un contrato esclavista (si llegan a tenerlo), una jornada laboral de más de 50 horas semanales con una carga de trabajo mucho mayor, un salario mucho menor que el de España y una nula libertad de sindicación ni de organización. Además, el vicepresidente de este emporio ha declarado de manera reciente que acepta el trabajo infantil como “un mal menor”.

Tampoco debemos olvidar que parte de la culpa de estas situaciones la tenemos todos/as aquellos/as que nos dejamos llevar por las campañas de marketing, y nos hemos acostumbrado a consumir de forma continuada por mero placer, sin necesidad de ello, y que buscamos comprar cada vez más barato, para poder comprar más cantidad y más a menudo.

Viendo la nula disposición de los/as empresarios/as españoles/as para solucionar algo más que aquello que les conviene, como la congelación y reducción de salarios, limitar el derecho a huelga, limitar la actividad sindical, flexibilizar el mercado laboral, y vivir sin hacer nada más que enriquecerse del trabajo de los/as demás, podemos echar un vistazo a los/as políticos/as. Estos/as llevan años y años enriqueciéndose, robando y expoliando a los/as pobres a base de pelotazos urbanísticos, malversación de fondos, concesiones y favores de empresas privadas, y viviendo de subvenciones, sin producir absolutamente nada. Nos dan la imagen de la derecha y de la izquierda, de que todos miran por los/as trabajadores/as, con la desfachatez de presentarse el PP como el partido popular de los/as trabajadores/as, o el PSOE como el partido socialista de los/as obreros/as. Tras más de 35 años de democracia a medias, ha quedado totalmente demostrado que, tanto el PP y el PSOE, como otros más minoritarios, como IU y UPyD, carecen de orientación ideológica definida, ya que solo crean cargos para que los/as amigos/as de las cabezas visibles puedan parasitar sin trabajar ni producir. Velan tanto por sus intereses, como por los de los/as empresarios/as, la alta nobleza y los grandes bancos, y se aseguran un buen retiro como consejeros/as en las grandes empresas, como Telefónica, Gas Natural, Iberdrola, etc. Así pues, los términos “izquierda” y “derecha” han sido abolidos del panorama político y electoral desde la transición. Tenemos una clase política que se comporta como lo que es, empresarios/as que engañan a los/as trabajadores/as con marketing y discursos bonitos a través de personas carismáticas, para legitimar el sistema político postfranquista y el económico capitalista que nos ahoga tanto a nosotros/as, como al planeta, a pasos agigantados.

Una mención especial en el engranaje del capitalismo la tienen los sindicatos. La gran mayoría depende del gobierno, ya que están subvencionados por el mismo y no tienen ningún pudor en comportarse como auténticas empresas gestoras de conflictos laborales. Tienen delegados/as con privilegios sobre los/as demás trabajadores/as, funcionan de manera verticalista, se presentan a elecciones sindicales haciendo promesas como si fuesen políticos/as, y desmovilizando a los/as trabajadores/as, haciéndolos/as ajenos/as a la conflictividad, firman EREs y reciben dinero por la hazaña, tienen asalariados/as a los/as que explotan y por cuya producción y plusvalía ganan dinero, aplican las reformas laborales entre sus asalariados/as, no tienen reparos en ir de la mano de la policía y de apoyar sus luchas, están metidos en casos de corrupción política, etc. Han perdido su función de defensa de los/as trabajadores/as; actualmente tienen como objetivo ahogar y dirigir al fracaso cualquier tipo de agitación obrera. La última prueba del servilismo de los sindicatos a los intereses de la patronal y del gobierno la tenemos en Iberia, donde los mayoritarios han firmado 3.141 despidos a espaldas de los/as trabajadores/as, así como la paz social con la empresa.

Viendo la situación de la clase obrera en España en el siglo XXI, con un férreo sistema capitalista, una clase política parásita que se legitima y sustenta en base a la represión y al exterminio, y una pérdida de derechos constante de la clase obrera, se hace legítimo dar al 1º de Mayo sentido como una jornada de lucha contra el miedo y los ataques que recibimos constantemente de los/as empresarios/as y del gobierno.

Abogamos por un 1º de Mayo que rompa con las organizaciones de izquierdas tradicionales (PSOE, IU, UGT, CCOO, etc.), las cuales, como se ha argumentando anteriormente, solo son organizaciones subvencionadas y mantenidas por el poder, y que mantienen vivo el engranaje capitalista. Abogamos por un 1º de Mayo en el que los/as trabajadores/as pierdan el miedo al látigo del paro y al fracaso, digan basta, se rebelen y sean capaces de organizarse entre iguales en los centros de trabajo, de estudio y en las calles. En el que se muestre a los/as demás que el anarcosindicalismo es la mejor forma de defensa de nuestros intereses como trabajadores/as, y de promoción de la autogestión a través de la toma de fábricas y tierras, o construyendo otras iniciativas desde la autogestión y el asamblearismo, demostrando que se puede vivir sin empresarios/as, siendo los/as trabajadores/as los/as dueños/as de nuestra producción y de nuestras vidas.

Por un 1º de Mayo combativo y anarquista que haga ver que hoy, como en 1886, los/as explotadores/as y el poder encontrarán resistencia y personas con la intención de construir un mundo justo sin explotación, sin guerras entre pueblos y sin desigualdad.

El principio fundamental de la anarquía es la abolición del salario y la sustitución del actual sistema industrial y autoritario por un sistema de libre cooperación universal, el único que puede resolver el conflicto que se prepara. La sociedad actual sólo vive por medio de la represión, y nosotros hemos aconsejado una revolución social de los trabajadores contra este sistema de fuerza. Si voy a ser ahorcado por mis ideas anarquistas, está bien: mátenme.

Albert Parsons
Asesinado por el gobierno de EEUU en la horca por los sucesos de Chicago

Grupo Anarquista Tierra

Federación Anarquista Ibérica (FAI)

Internacional de Federaciones Anarquistas (IFA)

http://www.i-f-a.org/index.php/es/2012-11-27-16-29-10/292-1-de-mayo-combativo-no-foclorico

La base del fascismo griego no nos dista tanto

«Gracias, Grecia. Nuestra Herencia» es el título del famoso vídeo que unes estudiantes de instituto en Murcia hicieron en honor a la «cultura griega.» En un intento de dar ánimo a la sociedad griega—que tan malamente lo está pasando a causa de la crisis capitalista—, les chavales enumeran en el vídeo una gran lista de elementos altamente valorados: que si filosofía, que si dialéctica, que si democracia… Pero con tanto «que si esto» y «que si lo otro» lo que hicieron no fue otra cosa que reproducir, una vez más, la base del ultranacionalismo griego que todo el mundo acepta sin rechistar.

El primer atropello que me viene a la cabeza es el querer identificar la sociedad actual del Estado griego con la sociedad ateniense—entre otras polis independientes—de la época clásica. Nada, absolutamente nada, tiene que ver la una con la otra, y si hoy en día la historia oficial dibuja un continuo histórico entre la Atenas de Sócrates y la Atenas del capital en crisis es por cuestiones nacionalistas. Si atendemos un poco a la historia de la creación del Estado griego, veremos con facilidad que el movimiento nacionalista se sirvió desde un primer momento de la historia de las personas que vivieron en la península siglos atrás, aunque poco o nada tuvieran en común. Las gentes de eso que hoy llamamos «Grecia» estuvieron por siglos separadas en ciudades independientes, para posteriormente pasar a estar bajo dominio Otomano por unos cuatro siglos. En esos cuatrocientos años nada de lo que se cocía en Europa pasó a «Grecia.» Ni el Renacimiento, ni la Ilustración, ni la Revolución Industrial.

La idea de que la sociedad moderna griega desciende directamente de la «Grecia clásica» coge fuerza a principios de siglo XIX, y no lo hace precisamente en territorio griego sino en Europa, donde la gente ilustrada traza una genealogía del pensamiento occidental que lleva directamente a los filósofos de la Grecia clásica. De esta manera se empieza a hablar con fuerza de «la herencia griega», de «las raíces griegas», de «nuestros padres griegos.» La democracia, esa forma de organización política que tantas mentes radicales agitaba en el siglo XIX también era asociada directamente con la Grecia clásica. Esto indudablemente alentó a las fuerzas liberales y conservadoras de Grecia para luchar por la unificación pan-helénica, librándose así del yugo turco. Hasta mediados de siglo XIX no se realiza en la academia ninguna conexión directa entre la «Grecia clásica» y la «moderna.» Lo hace Konstantinos Paparrigopoulos, a pesar de las dudas que el historiador austriaco Fallmerayer—quien dudaba de esta «herencia griega»—puso años antes, específicamente en 1830. El movimiento nacionalista adquirió mucha fuerza dentro de las fronteras, pero sobre todo fuera de ellas—¿sabíais que la «herencia griega» alcanzó tanto caché que en los primeros años de independencia estadounidense se planteó instaurar el griego como idioma oficial en vez de el inglés?

Esta obsesión por lo clásico se refleja muy bien en la educación del Estado griego. Hasta 1976 les chavales aprendían en el colegio una forma «purificada» del griego moderno—o katharevousa. La gente hablaba en su vida cotidiana otro griego, el «griego hablado o demótico.» Pero si algo ha propiciado esta obsesión con las «glorias del pasado» es una sociedad profundamente nacionalista, segura y orgullosa de eso que llaman «su pasado», lo que es indudablemente un gran factor propiciador de cosas como el fascismo—aunque no el único, ni suficiente elemento, desde luego. Pero como todo nacionalismo—todos ellos artificiales y sesgados—, el nacionalismo griego sólo coge del pasado lo que le interesa, y así se olvida de cuatrocientos años de influencia otomana. Ya desde el siglo XIX, cuando se empezó a elaborar el discurso nacionalista-conservador, se identificaba «turco y Turquía» con «barbarie y retraso»—como si las gentes de Grecia hubieran vivido al margen del Imperio Otomano. De la noche a la mañana todas las gentes de la región griega quedaron unificadas bajo el paraguas de un «dorado pasado común», el cual era profundamente anti-turco. El mantenimiento de la estructura de la iglesia ortodoxa también influyó en el sentimiento nacional, pues es otro elemento que les distingue de muchas gentes de Europa.

Y de todo esto bebe el fascismo de Amanecer Dorado. Que si la democracia es un invento suyo. Que si son los maestros de la política y la dialéctica. Que si la civilización europea no es nada sin Grecia. En definitiva, que si lo uno y que si lo otro—lo más estúpido que he leído al respecto es que el sushi japonés es una copia de las dolmades griegas. Vamos, que la humanidad entera estaría perdida sin la Grecia clásica. Gracias Dios por mandarnos a los gladiadores de Amanecer Dorado que protegen nuestra raíces. «Nuestra  herencia.»

El discurso se reproduce por todo el mundo de boca en boca, y lo hace sin despertar sospecha ni crítica. Me consta muy bien que el vídeo de les estudiantes del instituto murciano no fue muy bien recibido por los movimientos anarquistas y de izquierdas, precisamente porque elles están intentando romper con esta idea nacionalista. Los diferentes estados del planeta ya se encargan, a través de los medios de comunicación y de educación, de inculcarnos estas ideas nacionalistas que justifican la existencia de esos aparatos represores que son los estados—los mismos aparatos que alimentan, protegen, y utilizan a grupos fascistas para ejercer su dominación.

Cerrando ya esta opinión, lo peor de todo, diría yo, es que los discursos nacionalistas atraviesan fronteras y adquieran una existencia tan objetiva que la gente los toma por verdades absolutas. Que la «democracia» es un invento «griego» es tan verdad como que el sol saldrá mañana—o así lo piensan muches. Pero lo que es mucho peor: la gente, alentada por la propaganda nacionalista-fascista, acepta que esos «inventores griegos» son los «abuelos de los griegos de hoy.» Alguien les debería recordar los cuatrocientos años de influencia otomana. Pero sobre todo alguien nos debería recordar a todes que todos los nacionalismos son artificiales; no existe en el mundo ni tan siquiera una nación «natural.» Si se quiere, la única nación: la raza humana.

El machismo en la izquierda

Por Cora Álvarez

Veo que cada vez es más importante defender el feminismo día a día. En la izquierda aún queda mucho por aprender sobre el tema. Los micromachismos son lo que más cuesta ver y no por ser menos importantes hay que dejar de denunciarlos ya que forman parte de la estructura patriarcal y también los que la sustentan.

Todos y todas hemos pronunciado algo machista a lo largo de nuestra vida y es por eso que no nos damos cuenta de lo que realmente implica. Pero lo que más me preocupa es el machismo en la izquierda. Es curioso porque muchos me dicen que si eres de izquierdas no puedes ser machista pero, por desgracia, hay mucha gente que lo es. Me preocupa más que el machismo en la derecha porque ya sabemos cómo es su moral, sabemos que van de cara con el machismo y no es algo que me sorprenda por su parte. Por eso sólo me queda confiar en la izquierda, pero veo que muchos se disfrazan de feministas y luego son igual de machistas que la derecha.
Es entonces cuando sucede que si alguna feminista denuncia este tipo de actos machistas en la izquierda muchos saltan y comienzan con que son «paranoias». Insultan y a no quieren escuchar ni entender. Por eso no quiero compartir una revolución que no sea feminista y menos si tengo al lado a un supuesto compañero que me llama «feminazi» o «hembrista», utilizando así el lenguaje del patriarcado. Si hacemos las cosas tenemos que hacerlas bien.

La excusa muchas veces es «después de la revolución ya nos preocuparemos por eliminar el machismo». Error. La revolución debe ser feminista desde el principio, y para ello debemos saber qué es el feminismo mucho antes. Sigue siendo difícil empatizar y por eso el machismo se extiende más por los hombres que por las mujeres. Nosotras somos las oprimidas por el machismo, día a día sufrimos este tipo de violencia y por eso vemos más fácilmente las injusticias y las cosas que para muchos son «tonterías sin importancia».

Todo esto viene a cuento también por el último disco y la portada de Pablo Hasél. Como de él puedo decir muchos otros, pero me han llovido críticas negativas más que nunca por comentar este tema.
Hasél nos muestra una portada en la que dice: «Sigue desnudándose la dictadura del Capital» y debajo una mujer que se está masturbando entre billetes. ¿Cuál es el problema? Relacionar la dictadura del capital con una mujer no es nada acertado, mucho menos si se está masturbando. Es decir, la mujer de la imagen= dictadura de la capital, la mujer se está masturbando= iguala que una mujer se masturbe con una dictadura del capital.

Está el argumento que me han dado algunos de que ella es la Justicia y por eso es una mujer. Eso ya lo sabía, pero me deja igual. ¿El hecho de que toda la vida la figura de la Justicia fuese una mujer sirve como excusa para seguir haciéndolo? ¿O sólo podemos criticar cosas que son «de toda la vida» menos lo patriarcal? É ahí la cuestión. La discusión no es si pone a un hombre o a una mujer, la discusión es que ha puesto a una mujer, y siglo tras siglo seguimos relacionando cosas malas con las mujeres.

Sí, puede que Hasél no lo hiciese con mala intención ni se diese cuenta de lo que suponía todo esto, pero las buenas intenciones no bastan. Es curioso cómo se escudan en el hecho de ser comunistas, cómo si eso les absolviese de hacer o decir cosas machistas.
Si en vez de poner excusas intentasen escuchar lo que les decimos aprenderían cómo son sus comportamientos. Parece que para saber sobre comunismo debes leerte un montón de libros de Marx pero para ser feminista no hace falta leer nada. Quizá muchos deberían recordar las discusiones de Lenin con Kollontai o Zetkin.

Veo difícil cambiar esa mentalidad aunque creo que cada vez somos más feministas y que muchos empiezan a comprender que es necesario corregir actitudes que llevan repitiendo a lo largo de su vida. El ser de izquierdas no nos da derecho a pensar que tenemos la razón absoluta. Las conductas machistas deben eliminarse, ya no sólo en cuanto a la imagen de la mujer como símbolo negativo sino también en muchos insultos misóginos y cosas tan normales como un «piropo» en la calle (acoso callejero).

Ojalá empecemos a cuestionarnos a nosotros mismos con un poco de autocrítica. Son un conjunto de acciones que, por desgracia, están universalizadas y debemos cambiar entre todos.

Más allá de la blogosfera libertaria

Este artículo surge como respuesta al texto de Juan Cruz en la revista Estudios—el cual podéis leer aquí. En él se analiza el papel que los blogs y demás medios de comunicación en Internet juegan a la hora de difundir el pensamiento anarquista. Poco o nada más se puede escribir al respecto, pues el texto de Juan Cruz expone con clarividencia el tema, pero siento la necesidad de ir un poco más allá.

Sin duda Internet ha facilitado muchísimo la difusión de nuestra ideología libertaria, así como ha facilitado el dar a conocer proyectos «en la vida real» y demás actividades de grupos anarquistas muy variados. Internet también ha hecho posible luchar directamente el monopolio informativo del Estado y del capital, pues numerosos son los portales de noticias que ofrecen una visión diferente del mundo y de lo que en él acaece. No obstante, pienso yo, Internet ha de ser usado por todes nosotres con un objetivo muy claro en mente: agitar la mente de las personas.

A todas luces, la teoría queda vacía si no va acompañada de hechos y acciones. Teoría y praxis han de ir de la mano en todo momento, y ésta no es una relación unidireccional como muches puedan pensar. Es decir, la teoría no estructura la acción ni la acción fomenta la producción teórica exclusivamente. Ambos elementos actúan el uno sobre el otro de una manera sumamente inextricable, o al menos así debiera ser. Muchas veces nos encontramos con páginas web que solamente publican análisis y artículos teóricos, mientras que otras se dedican a la difusión de acciones y eventos libertarios. Desde mi punto de vista, esta difusión sesgada queda incompleta por no abordar de una manera integral los problemas del mundo en el que vivimos.

Muchas veces pecamos, y yo el primero, de escribir artículos que no van más allá del análisis de tal o cual aspecto teórico del anarquismo. Y esto se suele hacer de una manera meramente informativa, normativa, o explicativa. Hacemos así «anarquismo de salón», o si se quiere «anarquismo desde el sillón.» No niego que los artículos teóricos de por sí fomenten el pensamiento crítico, el cual, potencialmente, puede animar a la gente a moverse. Pero sería un grave error pensar que la teoría per se anima a la gente a implementar la anarquía en sus vidas cotidianas.

El mayor problema que veo yo es el modo en el que escribimos este tipo de artículos: abordamos los conceptos de una manera tan abstracta que ponemos a la anarquía por las nubes, y así muchas veces se nos queda una sensación de «¿y ahora qué? ¿Qué hacemos con esto?» Por lo general no solemos proporcionar maneras claras y concretas de «pasar a la acción.» Y no solamente esto, el lenguaje que empleamos al escribir tampoco facilita la tarea,  pues muchas veces damos mil cosas por supuestas o entendidas; suponemos que les lectores han leído las lecturas que nosotres hemos hecho, o suponemos que la gente sabe qué es la hegemonía, la anomia, o cualquier otro concepto que podamos encontrar en los textos teóricos. De esta manera hacemos una especie de «anarquía intelectual» que termina alejándose de la realidad material de les trabajadores y demás personas oprimidas por el sistema.

Bajar la teoría de las nubes y ponerla a un nivel más real sería el primer paso para mejorar esta blogosfera libertaria que tanto crece hoy en día. No pongo en duda la calidad de los muchísimos artículos teóricos que se pueden encontrar en Internet, pero algo falla cuando la anarquía se queda simplemente en conceptos abstractos. Soy consciente de la ardua tarea que esto supone, pero no creo que sea imposible, ni mucho menos. No entiendo, ni sé muy bien, cuándo decidimos alejarnos de la difusión agitadora para pasar a escribir «anarquismo de salón.» Tal vez sea el perfil de les que decidimos escribir en blogs, pues no me extrañaría leer que una gran mayoría de nosotres seamos estudiantes de universidad o personas que hemos pasado por ella, convirtiendo así al anarquismo en ensayos académicos—abstractos y sumamente teóricos.

Con esto no digo que no existan sitios web que fomenten la implementación de la anarquía, pero no creo que sea la normal general. Echo en falta en la blogosfera libertaria escrita en castellano los textos griegos, tan inflamatorios y agitadores como teóricos e informativos. Tal vez encontremos más ejemplos en las publicaciones latinoamericanas, pero no tantos en los textos que se centran en el Estado español, sin duda. Como articulista, si es que así se nos puede llamar, entiendo que ésta es una labor difícil que requiere no solamente de conocimientos teóricos, sino de creatividad a la hora de escribir, «gancho», y tener los pies en la tierra—y no la cabeza en las nubes. Los artículos anarquistas de calidad son aquellos que hacen pensar a la persona no-anarquista: «anda, esto es el anarquismo y así es como lo hacen.» También son los que otorgan a las personas anarquistas herramientas conceptuales para ponerlas en práctica. Si no simplemente nos quedamos en caricias a nuestro ego anarquista; en vacías reafirmaciones de nuestro ideal—y de esto hemos pecado todes alguna vez.

Sin querer erradicar la teoría de Internet, ni sin querer limitar la Red a notas informativas sobre esta o aquella acción, sí que veo necesaria una combinación de ambos extremos. Internet nos proporciona el medio, nosotres ponemos el contenido, mediante el cual subvertimos la propia estructura de la Red. Tal vez debamos retomar la cultura panfletaria que tanto agitó el movimiento obrero del siglo pasado. Pero esta vez no sería solamente en papel.

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