Insurrección de 1933 en Zaragoza

Revuelta en la perla del anarquismo.

 

Las calles de Zaragoza agitaban la bandera rojinegra, el pueblo salía con sus armas a defender la insurrección, se había proclamado la huelga general que se extendería por un amplio territorio de Aragón. Si bien la fama de la Rosa de Foc revolucionaria la albergaba Barcelona como la cuna del anarcosindicalismo, Zaragoza era la perla del anarquismo colectivista.

El 8 de diciembre de 1933 se iniciaba la insurrección anarquista, organizada desde la CNT, y que sería la última del ciclo de insurrecciones anarcosindicalistas antes de la Revolución Asturiana de octubre de 1934. Previamente ya se había organizado la huelga revolucionaria del Alt Llobregat en Catalunya en enero de 1932, y la Insurrección de enero de 1933 en la que tuvieron lugar los sucesos de Casas Viejas al proclamarse el comunismo libertario en un municipio gaditano.

 

Frente a la República burguesa y elitista: boicot, huelga y sabotaje.

 

Tras la proclamación de la República española el 14 de abril de 1931, la clase obrera organizada había comprobado con desilusión que el gobierno progresista prometía un conjunto de reformas sociales para mejorar la vida de los sectores más vulnerabilizados de la sociedad, pero que de la estructura estatal solo se podía esperar injusticia social, más capitalismo clientelista y brutalidad militar. El problema de la reforma agraria, de la educación, y del ámbito laboral, no estaban siendo abordados por el gobierno azañista desde la raíz, y no por una cuestión de impotencia política, sino por falta de voluntad ideológica. Evidentemente, ese gobierno no pretendía transformar la sociedad, sino adaptarla y hacerla claudicar lo mejor posible a las necesidades de una clase liberal dominante que se reivindicaba ilustrada. Los sectores populares organizados y los sindicatos vinculados a la CNT contenían un potencial revolucionario enorme, y pronto establecerían una estrategia insurreccional frente a esta república burguesa.

Después de varios estallidos sociales previos, llegaron las Elecciones Generales del 19 de noviembre de 1933, y la coalición de derechas ganó unos comicios en los que la coalición socialista rápidamente responsabilizó a la CNT por su campaña de abstención activa, en lugar de realizar una autocrítica y ver la contundente derrota electoral en la práctica de la violencia que habían ejercido desde el aparato estatal contra el movimiento obrero organizado.

Todavía no se había constituido el nuevo gobierno de derechas, cuando estalló la insurrección anarquista, que pretendía no dar ni un respiro a las fuerzas burguesas vencedoras. La decisión de esta revuelta obrera se había tomado tan solo una semana después de conocerse el resultado electoral. Se reunió un Pleno Nacional de la CNT en Zaragoza el 26 de noviembre, donde se decidió nombrar un comité revolucionario encargado de organizar esta insurrección, y que estaría integrado, entre otros, por Buenaventura Durruti, Isaac Puente, Cipriano Mera o Joaquín Ascaso. La consigna era iniciar un levantamiento popular de masas que se extendiera por otros territorios, que derivara en un enfrentamiento directo entre clases sociales y que determinara el inicio de un proceso revolucionario. Si bien voluntad no faltaba, ni siquiera potencial obrero y una conciencia proletaria muy extendida, esa estrategia no matizaba el camino a recorrer para dar una salto cualitativo de la revuelta a la revolución, y a la defensa de los núcleos liberados.

 

Se inicia la huelga revolucionaria decembrina en Zaragoza y se extiende por Aragón.

 

El 8 de diciembre se reunían por primera vez las Cortes republicanas tras las elecciones, y todavía no se había formado el gobierno que estaría dirigido por la coalición de derechas. Ese mismo día por la mañana el Gobernador Civil de Zaragoza, Elviro Ordiales, un militar que sería posteriormente Director General de Prisiones, declaró el cierre de los locales de CNT en la capital aragonesa y desplegó a las fuerzas represoras por la ciudad. Se había proclamado la huelga general en Zaragoza bajo el lema «Frente a las urnas, la revolución social», y se llamó a la insurrección armada en otros territorios, con un gran seguimiento en las provincias aragonesas.

La misma tarde del 8 de diciembre tuvieron lugar en Zaragoza los primeros enfrentamientos entre los obreros y las fuerzas represoras, que tendrían como consecuencia la muerte de doce personas solamente en el primer día. Se había logrado la paralización total de la ciudad, y al día siguiente estos enfrentamientos se generalizaron cuando los anarquistas logran el control de barrios como el de San Pablo, Delicias, y San José. Los tiroteos se sucederán durante los siguientes seis días, y los revolucionarios instalaron su centro logístico en la iglesia de San Juan de los Panetes. Hubo incluso un intento de asalto a las prisiones de la ciudad donde se encontraban presos anarquistas para ser liberados, por un lado la cárcel en el barrio de Torrero al sur de la ciudad, y también el Palacio de la Aljafería que funcionaba como presidio, sin embargo, estos ataques son repelidos por la Guardia Civil.

El 11 de diciembre los anarcosindicalistas se hacen fuertes en la calle del Conde Aranda y resisten en la Plaza del Portillo, donde al lado se encontraba la Fundición de Averly, fábrica obrera en huelga. Desde ese punto estratégico se ataca un cuartel en el cercano Paseo de María Agustín, que necesitó ser auxiliado por un batallón de zapadores y minadores. Esa misma tarde los insurrectos anarquistas consiguen controlar la Estación del Mediodía, y solo tras fuertes combates una compañía de infantería con ametralladoras logra recuperarla. Las fuerzas policiales intentarán recuperar el barrio de San Pablo donde se encontraban numerosos anarcosindicalistas detrás de las barricadas levantadas, sobre todo en el entorno de la actual Plaza de Santo Domingo. También se desatan enfrentamientos en la Plaza Aragón, donde los anarquistas disparan a las fuerzas militares desde los tejados, habiendo también tiroteos en calles perpendiculares desde el Paseo Independencia hasta Plaza Constitución.

Durante una semana la ciudad está en disputa con las fuerzas represivas republicanas, el Gobernador Civil ordena el cierre de teatros, casinos y cafés; y los obreros habían paralizado parte de los transportes como autobuses, taxis o tranvías. El gobierno republicano enviará al Ejército para aplastar esta insurrección, situando ametralladoras en las calles de Zaragoza, llegando carros de combate y sobrevolando aviones militares el espacio aéreo de la capital maña. Finalmente la insurrección será sofocada el 14 de diciembre, y al día siguiente la propia CNT reconociendo la derrota estratégica decide poner fin a la huelga proclamada. El total de las cifras de estos sucesos serán un centenar de muertos, la mayoría de ellos revolucionarios anarquistas, aproximadamente 300 heridos, y casi 6 mil detenciones en todo el territorio español. Algunas semanas más tarde, el 24 de enero de 1934, una treintena de anarquistas maños asaltaron los juzgados donde se encontraba el Sumario de la insurrección y lo robaron para entorpecer las investigaciones judiciales represivas.

 

El fallido intento de un movimiento revolucionario insurreccional en otros territorios.

 

Este movimiento insurreccional tuvo su epicentro en Zaragoza, pero también trató de superar los límites de la territorialidad aragonesa. En la ciudad de Huesca y en municipios como Amudévar o Gurrea de Gállego, la insurrección resistió durante varios días. En Teruel capital y otras localidades turolenses como Valderrobres o Beceite, se proclamó el comunismo libertario. La proclamación del comunismo libertario en algunos municipios siempre seguía un mismo esquema: apoderarse del cuartel de la Guardia Civil, la detención y reducción de las autoridades o de las fuerzas de poder terrateniente, la quema de los archivos de propiedad y documentos oficiales, y el abastecimiento de productos según una economía de base comunista. Sin embargo, más allá de esas medidas, no se podían defender posteriormente las conquistas realizadas debido a la dura represión gubernamental y la imposibilidad de hacer frente a una fuerza brutal que siempre les superaba en número, en armamento y en estrategia militar.

Hubo igualmente alzamientos anarquistas en algunos puntos aislados de Extremadura, en la cuenca minera de León, o en Catalunya. También incluso en Andalucía, concretamente en la localidad cordobesa de Bujalance, donde tras proclamarse el comunismo libertario, hubo diez muertes y una docena de detenciones. En Euskal Herria, salvo algunos disturbios y sabotajes puntuales no hubo una especial incidencia, salvo en el municipio alavés de Labastida donde hubo un enfrentamiento directo de treinta revolucionarios contra las fuerzas de la Guardia Civil en la madrugada del 9 de diciembre, siendo sofocada en la mañana siguiente con la llegada de refuerzos de la Guardia de Asalto republicana. Una semana después en todos los puntos la situación había sido dominada por las fuerzas represivas republicanas.

 

Las consecuencias políticas inmediatas y el legado histórico anarquista emancipatorio

 

El balance de fuerzas revolucionarias caídas o detenidas en los enfrentamientos con las fuerzas represivas fue un coste demasiado alto a pagar por una insurrección que no consiguió unos objetivos revolucionarios de masa mínimos. A los implicados directamente en esta lucha obrera y su organización táctica se les aplicó una represión brutal a través de la recientemente aprobada Ley de Orden Público de 1933, deportando a bastantes revolucionarios anarcosindicalistas a Guinea Ecuatorial y las islas Canarias, entre otros a Buenaventura Durruti, en el barco mercante Buenos Aires.

Esta derrota insurreccional llevó a la CNT a una grave desarticulación de sus fuerzas más activas, viéndose afectados también sus órganos de expresión. Debió reorganizarse en tiempo récord el anarcosindicalismo para la preparación del Congreso Nacional de la CNT en mayo de 1936 en la capital aragonesa. La memoria social de las revueltas de militantes anarcosindicalistas en el pasado deben rescatarse desde la mirada estratégica en la lucha contra el capitalismo actual. Se elaboran mapas y caminos de aciertos y errores en la historia, y la realidad práctica es que insurrecciones mayoritariamente fueron derrotadas sin lograr una articulación de emancipación de masas. Nuestro desafío en la actualidad consiste en seguir construyendo caminos que superen esas brechas insurreccionales, articular los pasos que conduzcan a una fuerza social y no al vanguardismo desconectado de la realidad política común, porque decididamente nos va la vida en ello.

 

Agradecimiento a la compañera ilustradora y anarcosindicalista Ana Resya, que desde el territorio de Aragón ha inspirado y servido de fuente para la elaboración de este artículo de memoria libertaria.

 

Artículo escrito por Ángel, militante de Liza.

 

 

Bibliografía:

 

«Diario de una ciudad libertaria. Zaragoza, 1871-1936».

 

«La España rojinegra. La insurrección anarquista de diciembre de 1933», Fermín Escribano Espligares, Asociación Isaac Puente.

 

«La Zaragoza anarquista en los años 30. Guía anarcosindicalista de Zaragoza», editada por CNT Aragón y La Rioja.

 

https://www.zaragozamemoriahistorica.com/

 

 

2023 tiene que ser año de la confluencia del sindicalismo combativo

2023 tiene que ser el año para la confluencia del sindicalismo combativo y el anarcosindicalismo.

2023 se presenta como un año cargado de tensiones sociales. La guerra de Ucrania ha desatado un proceso de aumento de la inflación a escala global que los Bancos Centrales tratan de atajar con subidas de los tipos de interés. Todo ello contribuye a hundir el poder adquisitivo de los salarios y a empujar a gran parte de la clase trabajadora a un escenario de miseria, desahucios y escasez de suministros básicos. Además, la crisis climática parece lejos de estar controlada, y los fenómenos atmosféricos extremos se multiplican por el globo.

Las sanciones asociadas a la guerra, además, impactan sobre los mercados alimentarios y energéticos, impulsando un aumento brutal de la pobreza en los países del Sur, que se ve aún más incentivado por las crecientes fugas de capitales provocadas por las subidas de los tipos de interés en los países del Norte. Este proceso alimenta las tensiones geopolíticas al impulsar, en los países emergentes, la simpatía social con las nuevas potencias que ponen en cuestión el orden imperialista global, como Rusia o China, pese a sus estructuras políticas fuertemente autoritarias.

En nuestro país, las contradicciones partidarias han llevado a un “golpe blando” de la derecha judicial, que se ha autoconstituido en una cámara previa de control de lo que puede ser votado en sede parlamentaria. La pasividad del sindicalismo oficialista, que lo fía todo al buen hacer del Ministerio de Trabajo, incapacita a la clase trabajadora para responder a la creciente pérdida de poder adquisitivo de los salarios y a la degradación de los servicios públicos. La clase dirigente europea pretende sostener precariamente a los sectores más vulnerables, para tratar de conjurar una hipotética explosión social, mientras profundiza el proceso de desposesión de la clase trabajadora en su conjunto y las dinámicas de mercantilización de la vida.

Estamos, pues, ante un escenario complejo y ambiguo, dominado por tensiones irresolubles y contradicciones crecientes. Una era de bifurcaciones no reversibles y de pulsiones autoritarias. De ascenso de la ultraderecha y de presiones belicistas. Y, sin embargo…

Sin embargo, la clase trabajadora global da muestras de una vitalidad persistente y no completamente domesticada. Las huelgas se suceden en el Reino Unido, en lo que los medios de comunicación ya llaman “un nuevo invierno del descontento”. Los trabajadores precarios estadounidenses ensayan nuevas formas de organización en las grandes empresas posfordistas. El sindicalismo combativo francés toma las refinerías y sostiene un pulso con la patronal que está cerca de llevar a una huelga general. Las dinámicas de lucha social derriban gobiernos en América Latina y provocan un nuevo “ciclo progresista” en las urnas.

En nuestro país, los metalúrgicos desarrollan amplios procesos huelguísticos y de movilización callejera. Las trabajadoras de Inditex, en Galicia, consiguen un aumento salarial inédito para un sector fuertemente precarizado. El personal sanitario de la Atención Primaria madrileña ocupa el local de la Consejería. Conductores de autobuses en Zaragoza, trabajadoras de la limpieza de edificios en Castelló y de la atención domiciliaria en Asturias y Valencia…los conflictos, dispersos, y muchas veces encauzados rápidamente por el sindicalismo oficialista, se multiplican por toda la geografía española.

El sindicalismo combativo y el anarcosindicalismo tratan de organizar y concienciar a la clase trabajadora para la gran batalla que se avecina. Pese a persistente letanía derrotista de quienes quieren mantener a los trabajadores en un estado depresivo permanente, el sindicalismo combativo se desarrolla lentamente, pero sin pausa. La CGT, el principal sindicato no oficialista de ámbito estatal, despierta de un cierto letargo con una nueva propuesta y se convierte en la organización obrera que más días de huelga convoca en Cataluña. CNT, pese a sus contradicciones internas irresueltas, se vuelca por fin en el sindicalismo y en la organización obrera, lo que provoca un crecimiento limitado pero sostenido de su afiliación. Otras organizaciones se unen para conformar organismos mayores (como AST y CSC, que conforman la nueva Alternativa Sindical de Clase) o, dentro de sus límites, crecen en afiliación y perfeccionan claramente su estructura y sus capacidades de intervención en los centros de trabajo (como hemos hecho en Solidaridad Obrera). Mientras, organismos que se encontraban hace ya tiempo en la esfera de la concertación, derivan claramente hacia la acción sindical combativa, como ELA en Euskadi.

Además, las convocatorias conjuntas de manifestaciones y la generación de plataformas comunes (como el Bloque Combativo y de Clase, o la Taula Sindical de Catalunya) son ya una costumbre asentada en muchas organizaciones. Es la hora de un nuevo sindicalismo combativo que contribuya a construir una fuerza social capaz de detener el brutal salto hacia el abismo al que se ha lanzado el capitalismo global. 2023, es el año en que la respuesta del sindicalismo combativo y el anarcosindicalismo tiene que hacerse audible. Pero ¿cómo?

El sindicalismo combativo y el anarcosindicalismo deben presentar un bloque unido en 2023 sobre la base de un programa mínimo de consenso, que debe comenzar por la defensa de los salarios y los servicios públicos, y la conversión de estos últimos en instituciones comunal-comunitarias con participación protagónica de los/as trabajadores/as y usuarios/as. Debemos plantear una fuerte limitación de la subcontratación y del uso de los falsos autónomos y del trabajo en formación, recuperar la readmisión obligatoria en el despido improcedente y caminar hacia la expansión de los derechos y garantías de las secciones sindicales. Y, por supuesto, debemos delinear cuáles son nuestras reivindicaciones en un gran proceso de debate sindical que alcance a todas las organizaciones y que culmine con una gran demostración de fuerza unitaria (movilización o Congreso Obrero).

Porque nuestra tarea principal en esta etapa es vencer la desesperanza de la clase trabajadora abriendo, en 2023, el camino para la confluencia y la unidad de acción del sindicalismo combativo y el anarcosindicalismo. Una confluencia que se puede construir con nuevas plataformas locales (al estilo de la Taula Sindical de Catalunya) y nuevos debates programáticos y de fondo; con la convocatoria de eventos unitarios (manifestaciones, conferencias abiertas a la ciudadanía, congresos…); generando medios comunes de difusión y debate, y expandiendo la discusión y la reflexión sobre ese nuevo sindicalismo que queremos construir más allá de las siglas y la fronteras organizativas; abriendo espacios para una nueva cultura obrera en los centros sociales o en ateneos sindicales conjuntos; construyendo Consejos Productivos Locales con las entidades de economía social y las plataformas de defensa de los servicios públicos, etc. etc.

Además, por supuesto, debemos tomarnos en serio la internacionalización de las luchas y el apoyo mutuo a través de las fronteras, multiplicando las relaciones con las organizaciones de trabajadores/as de América Latina, con las que compartimos idioma y múltiples códigos culturales, así como con las organizaciones del sindicalismo combativo europeo, que tienen enemigos muy visiblemente equivalentes a los nuestros.

La Federación Sindical Mundial, la Confederación Internacional del Trabajo, la Red Roja y Negra, la Asociación Internacional de los Trabajadores y la Red Internacional de Solidaridad y Luchas, las distintas internacionales a las que pertenecen nuestras organizaciones, deben intercambiar información y apoyarse mutuamente en sus conflictos, contribuyendo a una cultura obrera plural, reflexiva y respetuosa con las diferencias que envíe un fuerte mensaje a todos los trabajadores y trabajadoras de nuestros países: ahora sí, estamos en camino.

Es la hora de que el anarcosindicalismo y el sindicalismo combativo muestren con firmeza su capacidad para hacer frente a la devastación capitalista en curso. Quienes militamos en las organizaciones sindicales que luchan debemos asumir nuestra responsabilidad en este momento histórico y hacerle un gran presente a nuestro pueblo: el regalo de una clase trabajadora organizada, consciente de su fuerza y unida en su diversidad.

2023 tiene que ser el año del inicio del camino hacia la construcción de un gran bloque obrero combativo y con capacidad de parar la economía capitalista para iniciar el trayecto a una sociedad más justa.

 

Kaosenlared

«CGT debería ser el sindicato de referencia para cualquier persona de la clase trabajadora», entrevista al secretariado de la CGT

Entre los días 9 y 12 de junio de este año, la Confederación General del Trabajo (CGT) ha celebrado en Zaragoza su XIX Congreso Confederal, bajo el lema Contra las desigualdades. Durante el mismo, además de considerar más de un centenar de ponencias de los afiliados, se ha elegido a un nuevo Secretariado Permanente (SP) para los próximos cuatro años. De las dos candidaturas que se presentaban, ha salido elegida la conocida como CGT para todas, liderada por Miguel Fadrique.

Desde Regeneración hemos querido hacer algunas preguntas al nuevo SP y desearle acierto en su labor para los próximos años. Responde a las preguntas, en nombre de todo el SP, su secretario de comunicación, Jose Alberto Villaverde, afiliado al Sindicat d’Administració Pública CGT Barcelona.

Antes de nada, queremos daros la enhorabuena por la victoria de la candidatura CGT para todas al Secretariado Permanente (SP) del Comité Confederal de la CGT. ¿Cómo estáis viviendo esta victoria? ¿Lo esperabais? ¿Os sentís respaldadas por la organización después de este resultado?

El resultado lo estamos viviendo con intensidad. Es un cambio grande a nivel personal para cada una de las personas que nos hemos presentado. Es una responsabilidad más en nuestro día a día y hay que reorganizarse para poder dar lo mejor de nosotras mismas al conjunto de la organización.

La verdad es que ha sido un resultado agridulce. Ha sido un trabajo de meses, incluso de años. El hecho de montar una candidatura desde la base no ha sido sencillo. Hemos tenido que poner encima de la mesa problemáticas y cuestiones con las que no ha sido fácil lidiar pero, al mismo tiempo, con un análisis común de cómo creemos que la CGT debía afrontar el futuro de la clase trabajadora. El hecho de sacar adelante el conjunto de acuerdos sociales y sindicales a los que hemos llegado es algo con lo que nos sentimos muy motivadas el equipo actual.

Contadnos un poco sobre quiénes sois y qué os llevó a presentar una candidatura propia al SP. ¿Hay más gente implicada o es un proyecto liderado únicamente por los miembros del SP?

Aunque el SP lo componemos 13 personas de diferentes sindicatos y de varios territorios y sectores, es importante que quede claro que no somos más que la cara visible de un proyecto muy amplio que pretende representar a toda la CGT. De hecho, muchas de las personas que inicialmente impulsaron este proyecto y esta candidatura no forman parte del SP puesto que es una candidatura colectiva.

Lo que nos llevó a presentar la candidatura fue la necesidad de rejuvenecer el sindicato, tejer redes con los movimientos sociales aportando una perspectiva sindical, estrechando lazos para trabajar codo con codo y abordar los problemas socioeconómicos de la clase trabajadora desde todas las visiones: bien para que te suban el salario 900€ o bien para que te bajen el alquiler 900€, estamos defendiendo derechos colectivos.

¿Qué objetivos os marcáis hasta el próximo congreso? ¿Hay algunas líneas que os gustaría desarrollar especialmente?

Lo que creo que debemos abordar es un proyecto común en lo que es la acción social y sindical, que responda a nuestras necesidades inmediatas haciendo frente a los recortes y opresiones bajo las que vivimos como trabajadoras en el mundo capitalista. En ese sentido, en este congreso se han aprobado ponencias importantes, por ejemplo la relativa a una huelga general el año que viene o aquellas que hablan sobre la estabilidad del personal en abuso de temporalidad en la administración pública, que es uno de los problemas a los que creemos que hay que responder con inmediatez desde el sindicato.

¿Cuáles creeis que son las principales amenazas y oportunidades que vamos a tener que afrontar el conjunto de la clase trabajadora en estos próximos años?

Nos encontramos en un escenario post COVID y en mitad de una guerra imperialista en Ucrania. Ambas situaciones nos han llevado a un aumento del gasto público y, por tanto, de la deuda pública, que nos conducen a un futuro escenario de crisis que pagarán las trabajadoras, como ya sucedió con la crisis de 2008. En este contexto, creo que el sindicato tendrá que afrontar y dar una respuesta contundente, con perspectiva de clase, en su debido momento y junto a la sociedad.

Creemos que esta es una de las situaciones que nos espera a nivel social y global. No hay que olvidar en todo esto la perspectiva internacionalista, porque no va a ser una crisis que haya que abordar solo a nivel del Estado español, en los diferentes territorios, sino que además habrá que hacerlo a escala global. Es fortalecer lazos con las diferentes asociaciones y sindicatos que comparten ideología y objetivos de forma amplia, para poder afrontar esta realidad de forma colectiva.

¿Qué puede aportar CGT al conjunto de la clase, y, como nuevo SP de la CGT, qué pretende aportar CGT para todas?

CGT para todas lo que pretende y ha pretendido en todo momento es mejorar la coordinación y el reparto de recursos dentro del sindicato, para mejorar y fortalecer nuestra acción sindical y social.

CGT para todas pretende estar al servicio de cualquier afiliada, para lo que necesite, y que ésta sienta que los medios del sindicato son suyos porque, de hecho, lo son desde todos los puntos de vista: el sindicato no tiene ningún sentido si no es de todas las personas que lo integran.

Una trabajadora cualquiera, ¿por qué debería apostar por afiliarse a la CGT?

Entendemos que CGT debería ser el sindicato de referencia para cualquier persona de la clase trabajadora que quiera tomar las riendas de su vida, que busque construir más y delegar menos con el objetivo de acabar con el sistema deshumanizador en el que vivimos. Las militantes de CGT trabajamos desde el apoyo mutuo, la solidaridad y la sororidad para destruir todas aquellas dinámicas individualistas y competitivas que rigen nuestras relaciones sociales. Tenemos claro que la fuerza de la clase trabajadora se basa en la unidad desde la horizontalidad y la igualdad entre todas las personas que la integran. Estos principios son el ADN de la organización.

Al respecto de la acción sindical, ¿qué aspectos positivos destacaríais del trabajo de la CGT en estos años y en qué aspectos os gustaría mejorar? ¿Alguna victoria de la que estéis especialmente orgullosas?

Uno de los primeros hechos que destacaría es la cantidad de movilizaciones que el sindicato ha sido capaz de encabezar. A pesar de toda la crisis del COVID, con lo que ha supuesto, hemos visto en algunos territorios manifestaciones masivas y huelgas que han funcionado y que el sindicato ha estado abanderando. Las movilizaciones del metal en Cádiz, por la estabilización del personal en la administración pública o los múltiples días de huelga en el sector de la enseñanza son ejemplos que para nosotras son escuela.

El hecho de responder socialmente y en colectivo a las necesidades concretas del momento es el camino para demostrar que nuestro sindicato es capaz de hacer unos buenos análisis de la realidad además de ofrecer la alternativa en las calles dando respuesta a las necesidades de la clase trabajadora.

¿Y respecto a la acción social y la relación con los movimientos sociales (vivienda, feminismo, ecologismo…)?

Por ejemplo, la verdad es que la experiencia que tenemos de colaboración con el sindicato de inquilinas es muy positiva. Es un movimiento que está creciendo, que demuestra que funciona, que consigue resultados tangibles y que responde a necesidades inmediatas. Además, comparte espíritu con CGT: desde abajo, plantando cara contra los grandes capitales que están expoliando este territorio, los fondos de inversión que están hurtando el derecho a la vivienda a las trabajadoras. El sindicato de inquilinas demuestra una capacidad de respuesta que es admirable y que creo que tiene que ser un espejo de lo que nosotras deberíamos llegar a hacer. Es necesario trabajar con movimientos como éste que dan ejemplo de cómo afrontar el futuro de esta sociedad. Porque si no nos enfrentamos contra el Estado, que es quien protege a todos estos grandes capitales, no hay una alternativa real. No existe un mundo mejor sin poner en duda todos estos poderes fácticos que benefician a los grandes capitales en contra de la clase trabajadora.

Otro ejemplo que no puedo dejar de destacar son las compañeras feministas en todo el Estado poniendo en jaque al capital. Cada feminicidio tiene una respuesta colectiva, cada día no cesan en señalar al patriarcado como aliado indiscutible del sistema. Entendemos que más allá de que muchas afiliadas y militantes del sindicato participen en los espacios del movimiento feminista, como pueden ser todas las asambleas feministas de barrios, pueblos y ciudades en todo el territorio, es necesario que su sindicato, la CGT, sea feminista y les de el apoyo necesario para que sigan luchando por un mundo nuevo donde las relaciones entre las personas sean entre iguales.

¿Alguna cosa que os gustaría añadir?

Nos gustaría añadir un agradecimiento a todas las personas que han estado colaborando y que han puesto su granito de arena para que este proyecto salga adelante. También a todas aquellas que siguen apoyando y seguirán estando ahí para que el sindicato sea realmente un actor principal en la defensa de la clase trabajadora, para que realmente lleguemos a emanciparnos socialmente. No desistiremos en sacar este proyecto adelante. Aunque el enemigo sea más grande nosotras somos más y estamos mejor organizadas. Animamos a toda la afiliación, y a las personas que se lo estén pensando, a que participen en este proyecto de forma activa.

Muchas gracias.

Gracias a vosotras. Suerte y acierto.

Las relaciones entre la AIT y la CNT durante la Guerra Civil española

Miguel G. Gómez (@BlackSpartak) para alasbarricadas.org

Foto: Delegados del Congreso de 1922-23 de la AIT. Berlín. Fuente: La Alcarria Obrera.

El anarcosindicalismo ha sido – y es – la mayor corriente relacionada con las ideas anarquistas. Su característica principal es la fusión de unos principios claramente anarquistas con un movimiento de masas, el movimiento obrero. Además, sus organizaciones se declaran abiertamente comprometidas con el objetivo final: el comunismo libertario. Su táctica principal es la acción directa, aunque como veremos aquí, de todo hubo.

En este artículo veremos los debates del movimiento sindicalista revolucionario a lo largo de sus décadas de mayor esplendor y nos centraremos en su actuación, a nivel internacional, durante la Guerra Civil española, que supuso su mayor prueba a todos los niveles.

Los primeros años

Desde finales de la primera década del siglo XX, el sindicalismo revolucionario pretendía organizarse a escala internacional. Como heredero de la Primera Internacional esta opción socialista – el sindicalismo – carecía de organización global. En cambio, la Segunda Internacional ya disponía de un Secretariado Internacional de Centrales Sindicales desde 1893. De esta manera, logró atraerse sindicatos que no estaban dirigidos por corrientes socialdemócratas como la CGT francesa y el National Arbeids Sekretariaat, NAS, holandés.

Sin embargo, tras el Congreso Anarquista Internacional de Ámsterdam de 1907, la organización holandesa decidió abandonar la Internacional Sindical Socialista y lanzó la propuesta de crear una nueva organización que reuniese el sindicalismo revolucionario a escala internacional. En cambio, la CGT ignoró esta propuesta prefiriendo mantenerse en la Internacional Sindical Socialista.

Tras varios preparativos que se alargaron años, el primer encuentro se tenía que realizar en Londres, en febrero de 1913. Se cursaron invitaciones a militantes sindicalistas de numerosos países. Sin embargo, los franceses no estaban por la labor. La CGT era crítica de la propuesta y pretendía preservar la unidad del movimiento obrero, mientras que otros militantes cegetistas libertarios franceses que sí que apoyaban el congreso pidieron aplazarlo. Querían más tiempo para convencer a sus compañeros más reacios.

Finalmente, el congreso se celebró el 27 de septiembre. Participaron 38 delegados pertenecientes a 65 organizaciones y periódicos obreros con una representación aproximada de 250.000 afiliados entre todas. Por contraste el sindicalismo socialista reunía 7 millones ese mismo año. Este congreso culminó con una declaración de principios y la creación de un Buró Internacional con sede en Ámsterdam. Por desgracia, el estallido de la guerra mundial dio al traste con todo el proyecto.

Las circunstancias excepcionales de la guerra desorganizaron todo el movimiento obrero afín al sindicalismo revolucionario. Cada organización tuvo que hacer la lucha por su cuenta y se perdieron los contactos durante años. Quizás la excepción a esta situación fue el Congreso de la Paz de El Ferrol, celebrado en 1915 e impulsado por el movimiento libertario ibérico.

Sea como sea, el movimiento sindicalista revolucionario llegó a 1918-19, años donde las revoluciones estallaban en todas partes, sin organización internacional. Pero esto no quitaba para que no estuviese vinculado a un proceso de revolución mundial. Hay muchos casos de huelgas declaradas en solidaridad con la Revolución rusa, tales como las que impulsó la FAUD alemana, por ejemplo.

En esta etapa se podría decir que la oleada revolucionaria mundial benefició a las organizaciones sindicalistas revolucionarias, pero éstas no se consiguieron organizar a escala mundial hasta que no fueron convocadas por los bolcheviques en 1921, como ahora veremos.

El nacimiento de la AIT

La Revolución Rusa benefició a todas las ramas del socialismo que utilizaban métodos revolucionarios para llegar al socialismo. Este ambiente impulsó sobremanera el anarquismo y el sindicalismo revolucionario, como ramas antiautoritarias del socialismo. Aunque no hubiese casi ningún conocimiento de primera mano entre 1917 y 1919, sobre cómo se desarrollaba la revolución en Rusia, ésta servía como aliciente para propagar la idea de la revolución por la revolución. Era un hecho histórico incontestable: el proletariado ruso había logrado derrocar el zarismo. Rusia significaba que se podía vencer. Era un símbolo poderosísimo.

En general, todos los sindicatos de izquierda aumentaron su afiliación de forma exponencial. Haciendo un cálculo rápido podemos contabilizar la corriente sindicalista revolucionaria en algo más de dos millones de adherentes entre 1919 y 1920. Evidentemente no había una simetría a nivel global. Había países con sindicatos muy relevantes (España, Italia, Portugal y Argentina, sobre todo) y muchos otros donde estas ideas eran más bien secundarias y no tenían posibilidades de generar las condiciones para una revolución social.

La convocatoria del Primer Congreso de la Internacional Sindical Roja en Moscú, el 3-19 de julio de 1921, fue un punto de partida para la reorganización del sindicalismo revolucionario a escala mundial. El Congreso de Moscú organizó una internacional sindical afín al comunismo bolchevique que recibió el nombre de Profintern. Pero en aquella ocasión también se pudieron ver las caras determinados sindicalistas de tendencia libertaria, tales como Armando Borghi de la USI italiana, Agustín Souchy de la FAUD alemana, Ángel Pestaña de la CNT española o Gregory Maximov de los sindicatos rusos. De hecho, incluso los sindicatos comunistas de numerosos países estaban constituidos en ocasiones por antiguos militantes sindicalistas revolucionarios, militantes que durante estos años se “bolchevizaron”.

Como tantas veces, la falta de una organización internacional bien estructurada se puso de manifiesto. El movimiento libertario carecía de estos elementos de coordinación que hacían fuertes a otras corrientes socialistas. Por ejemplo, el Congreso de Moscú se posicionaba abiertamente contra la tendencia reformista de la Internacional Sindical de Ámsterdam, de tipo socialdemócrata.

Así pues, se hizo necesario crear una nueva estructura internacional que aglutinase a la corriente sindicalista revolucionaria. De esta manera se celebró en Berlín, entre el 25 de diciembre de 1922 y el 2 de enero de 1923, el Primer Congreso de la Asociación Internacional del Trabajo. Se recogía a propósito el nombre oficial de la Primera Internacional.

Organizaciones representadas:

Federación Obrera de la Región Argentina
Argentina 200.000
Trabajadores Industriales del Mundo
Chile 20.000
Unión para la Propaganda Sindicalista
Dinamarca 600
Freie Arbeiter Union Deutschland
Alemania 120.000
Unione Sindacale italiana
Italia 500.000
Confederación General del Trabajo
México 30.000
Norsk Syndikalistik Federation
Noruega 20.000
Confederaçao Geral do Trabalho
Portugal 150.000
Sveriges Arbertares Centralorganisation
Suecia 32.000
National Arbeids Sekretariaat
Países Bajos 22.500
TOTAL 1.095.100

Los datos proceden de Rudolf Rocker. Es posible que exagerase las cifras de algunos países. Sin embargo, al faltar la mayor organización, la CNT española – que podría tener medio millón de afiliados en aquel 1923 – sin duda se eleva el número de trabajadores representados hasta más de millón y medio. Rocker además, indica que envió su adhesión la Coordination Sindicaliste Revolutionaire de Francia, que por aquel entonces aglutinaba unos 100.000 sindicalistas más. Era una red de sindicatos radicalizados que aún pertenecían a la CGT. Otro sindicato que no figura es Industrial Workers of the World, que tenía decenas de miles de afiliados, pero que en esos momentos sufría una represión gubernamental, llamada “Red Scare”.

La característica más importante de esta nueva organización era la declaración de plena autonomía de los sindicatos respecto de los partidos políticos. De hecho, se entendía que el sindicato mismo tenía una personalidad política propia. Los sindicatos eran a la vez una organización social y una organización política. El sindicalismo revolucionario tenía la propuesta de organizar la sociedad post-revolucionaria en base a los sindicatos. Por tanto, éstos tenían que tener una visión global de la sociedad.

El desarrollo del sindicalismo revolucionario en los años 20

Como punto de partida, este anarcosindicalismo (que en su mayoría aún era conocido como “sindicalismo puro” o sindicalismo revolucionario) no tenía mucho que envidiar a la Internacional Sindical Roja. Si bien esta era mayor – el Profintern declaró 17 millones de adherentes en su primer congreso de 1921 –, si solamente contemplamos los que había fuera de la Unión Soviética, entonces los números se acercaban a los de la AIT, aunque es cierto que los mejoraban.

Sin embargo, el mayor problema de la AIT obedecía a haberse fundado en un momento en el que las cosas se empezaban a calmar. El ciclo abierto en 1917 se cerraba. En algunos países se estaban dando desafiliaciones masivas, en otros los gobiernos hicieron algunas concesiones y cooptaron el sindicalismo, mientras que en otros lugares la respuesta fue el autoritarismo y la dictadura militar. Este último caso golpeó a tres de las principales organizaciones anarcosindicalistas: a la italiana, la portuguesa y la española. Todas quedaron fuera de juego entre 1923 y 1926.

Otro factor esencial fue la irrupción de la corriente comunista en el sindicalismo internacional. No pocas centrales sindicales que acabaron en la ISR habían tenido unos inicios anarcosindicalistas. La falta de militantes libertarios solventes, con buena formación y organizados específicamente se hizo notar, y el movimiento anarquista no tuvo nada que hacer ante militantes comunistas preparados para tomar las estructuras sindicales y arrastrarlas hacia el proyecto bolchevique. De alguna manera esta toma del sindicalismo por parte de los comunistas fue el motivo de la aparición de muchas organizaciones anarquistas en los años 20. O el anarquismo se organizaba o quedaría totalmente arrinconado ante el auge comunista.

En la segunda mitad de los años 20 el foco se trasladó hacia América Latina. Allí floreció una segunda oleada de anarcosindicalismo, incluso introduciéndose en nuevos países: Bolivia, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Perú o Paraguay. Mientras que siguió gozando de cierta fuerza en los anteriores bastiones de Argentina, Brasil, Chile, Cuba, México y Uruguay. Para aglutinar este movimiento, en 1929 se creó la Asociación Continental Americana de Trabajadores, ACAT.

Sin embargo, el desarrollo del anarcosindicalismo en estos países se vio truncado por la división del movimiento obrero en ramas que competían entre sí: anarquistas, anarcosindicalistas, comunistas, liberales, sindicalistas puros y socialistas, fundamentalmente. La división del movimiento obrero lo debilitó ante la nueva oleada reaccionaria que golpeó el continente americano en aquellos años. Las dictaduras militares trataron muy duramente al movimiento libertario. No estaba preparado para una clandestinidad sin medios y ante una competencia creciente de otras fuerzas que sí disponían de ellos. Por si fuera poco, algunos dictadores jugaron muy bien sus cartas y favorecieron un sindicalismo populista de unidad nacional, que en pocos años sería hegemónico en algunos países.

En cuanto al sindicalismo comunista, la Internacional Sindical Roja no volvió a celebrar congresos desde 1929. Los sindicatos quedaron totalmente sometidos a los intereses del Partido y del Komintern. Y esos intereses en 1937 pasaron por liquidar esa internacional sindical e integrarla en la Federación Sindical Internacional que dirigía la socialdemocracia y que los bolcheviques llamaban peyorativamente Internacional de Ámsterdam.

El declive de los años 30

Para 1931, la AIT era esto:

Secretariado de la AIT: Rudolf Rocker, Agustin Souchy, V. Orobón Fernández.

Freie Arbeiter Union Deutschland Alemania Rüidiger y Karl Windhof
Oficina Internacional Antimilitarista Países Bajos Albert De Jong
Confederaçao Geral do Traballho Portugal Manuel Joaquim de Souza, Juan Miranda
Asociación Continental Americana de Trabajadores (A.C.A.T.) América Latina Diego Abad de Santillán, Ismael Martí
Federación Obrera Boliviana Bolivia Jerónimo Rodríguez
Federación Obrera Regional Uruguaya Uruguay Joaquín Cortés
Confederación General del Trabajo Sindicalista Revolucionaria (C.G.T.S.R.) Francia Pierre Besnard, Lucien Huart
Confederación Nacional del Trabajo España Avelino González, Eusebio C. Carbó
Agrupación Obrera de Estudios Sociales Costa Rica José Alberola
Grupos varios Bulgaria P. Wassilief. [Pano Vasilev]
Sveriges Arbetares Centralorganisation (S. A. C.) Suecia A. Jensen
Nederlandsch, Syndikalistich (N. S) Países Bajos Wolthuis Rousseau, J. Woaci
Fondo de Socorro ruso Rusia Poliakoff
Federación Anarquista Polaca Polonia Soundy

Estas eran las organizaciones representadas en el Congreso de Madrid, celebrado el 16-21 de junio de 1931. La mayoría de las organizaciones representadas eran ya una sombra de las que se reunieron en Berlín. Otras eran grupos no sindicales, como las secciones de Costa Rica, Holanda, Polonia o Rusia. Se decía en la prensa libertaria que en este congreso asistieron delegados que representaban 600.000 afiliados. No obstante, la CNT española constituía un grueso de 535.565 afiliados, contabilizados en el congreso que realizó la CNT en Madrid en aquellas semanas. Si bien es cierto, que años después, despuntó el anarcosindicalismo en otros lugares, tales como Bulgaria o Polonia, lo cierto es que en 1931 la AIT era bien poca cosa.

A finales de 1932, el ruso Alexander Shapiro fue enviado a Barcelona para mediar en el conflicto interno que separaba la CNT entre treintistas (partidarios de una línea moderada, de carácter sindicalista) y faístas (partidarios de la FAI, de la línea revolucionaria). El Secretariado – procedente de Ámsterdam – estuvo residiendo un tiempo en Barcelona con Eusebio Carbó y Valeriano Orobón como miembros. Con esta composición, la AIT no tomó partido por ninguno de los dos bandos y trató de desempeñar un papel conciliador.

Aun así, en pleno octubre de 1934, estando Asturias en plenos combates revolucionarios, Shapiro presentó un informe sobre el funcionamiento de los comités de defensa hasta entonces. En él se criticaba ampliamente la táctica insurreccional seguida hasta entonces, que había sido de improvisación constante y que había dejado exhausta la Organización confederal, dejándola casi fuera de juego ante una revolución proletaria como la que se vivía en esos mismos días.

Aunque este informe estaba alineado con la postura mayoritaria dentro de la CNT de aquellos meses, en los que se terminó abandonando la táctica insurreccional en beneficio de algo más sólido, hacemos notar que estaban tomando partido por un sector de una sección de la Internacional.

En paralelo, en aquellos mismos años, se estaban desarrollando otros debates respecto a forma que tendría que tener la organización específica libertaria. Fueron los años de los debates sobre la Plataforma de Makhno, Archinov e Ida Mett. Era una propuesta organizativa para la militancia anarquista. Pedían la unión general de los anarquistas en una organización y que establecieran un programa de acción basándose en una unidad táctica y estratégica y asumiendo una disciplina interna.

Esta propuesta fue combatida por considerarla autoritaria por Malatesta o Sebastian Faure, quienes propusieron un anarquismo de síntesis, que combinase distintas formas de entender el anarquismo juntando desde individualistas hasta sindicalistas. Esta última propuesta fue muy del gusto de las corrientes libertarias no obreristas, más partidarias de generar estilos de vida libres que de organizar a la clase trabajadora.

La Plataforma tuvo repercusión en Francia a través de Union Anarchiste y en Bulgaria, con la Federación Anarquista Comunista de Bulgaria, que inició su propio proceso revolucionario – que no pudo culminar. No solo esto, sino también hubo otros compañeros de ruta del “plataformismo”, del estilo British Anti-Parliamentarist Communist Federation, la Federación Anarco Comunista Argentina y la también argentina Asociación Obrera Spartacus. Eran organizaciones específicas de raíz anarquista que buscaban la intervención estratégica allí donde lo estimaran oportuno (en el movimiento obrero, en los barrios, en el movimiento campesino o entre la juventud) y bajo la táctica que estimaran más conveniente a sus ideas. Por ejemplo, el anarquismo búlgaro impulsó sindicatos campesinos y obreros, y luego guerrillas. El comunismo libertario francés apostó por militar en la CGT socialista, olvidándose de la CGTSR anarcosindicalista, a la que veían en plena deriva hacia la marginalidad y el dogmatismo.

Parecido proceso al francés tuvo lugar en Argentina, con una FACA y una AOS orientadas a la organización de sindicatos industriales sin meterse en la FORA, que entendían anquilosada y anclada en el gremialismo. La particularidad de la FORA era su auto-consideración como organización anarquista. Es decir, el “forismo” entendía el sindicato como organización anarquista en sí mismo. Esto lo hacía distinto del resto del anarcosindicalismo, que entendía que los sindicatos eran una cosa y las organizaciones anarquistas otra distinta (lo que se conoce como “dualismo organizativo”). Como se ve, son dos líneas tácticas distintas. Aún hoy en día existen sindicatos anarcosindicalistas que se tienen más bien las características de un grupo anarquista, antes que de un sindicato. También podemos mencionar la Federación Anarco-Comunista de Corea, que en 1929-31 realizó una revolución, aunque era desconocida por completo en Europa y América.

Para 1935, la AIT celebró un congreso en París. Era el punto más bajo para el anarcosindicalismo desde su fundación. La única función relevante del congreso fue sustituir el Secretariado, que recayó en Pierre Besnard, Helmut Rüdiger y el español Nemesio Galve. No hubo ninguna referencia sobre el congreso en la prensa confederal más destacada en España. La mayor parte de las declaraciones de la AIT se centraron en condenar la invasión de Etiopía por parte de la Italia fascista.

Pero en el año 1936 la situación cambió radicalmente. En Francia el Frente Popular, compuesto por una coalición de republicanos de izquierda, socialistas y comunistas, ganó las elecciones el 3 de mayo. Este pacto se combinó con la fusión de las dos centrales sindicales más importantes, la CGT, socialista, y la CGTU, comunista. A los pocos días de las elecciones, desde el 11 de mayo, se desató por todo el país una lucha de clases de una escala nunca vista con anterioridad. Se produjeron unas 17.000 huelgas, en las que participaron unos 2,5 millones de trabajadores. Además, en muchos centros de trabajo, unos 300, la plantilla decidió ocupar las fábricas evitando la entrada de esquiroles o cierres patronales (lock-outs). Las huelgas terminaron con la firma de un acuerdo entre el nuevo gobierno de Léon Blum y la CGT que mejoró las condiciones.

En la extrema izquierda este momento se vivió como una etapa pre-revolucionaria. La CGTSR anarcosindicalista, que no entró en el proceso de fusión de la CGT ganó nueva afiliación llegando a 8.000 afiliados (otras fuentes lo rebajan a 5 o 6.000), mientras que Union Anarchiste, llegó a 4.000 adherentes. La militancia de esta organización, la UA, estuvo activa dentro de la CGT mayoritaria y consideraba la organización anarcosindicalista como un grupo sectario con el que era difícil entenderse. Indiquemos que la CGT contaría con cuatro millones de afiliados a finales de ese año.

Otro caso fue Portugal. En enero de 1934 comunistas y anarcosindicalistas lanzaron una huelga general insurreccional, que no tuvo éxito, aunque tuvo el país en vilo durante semanas. El estado luso vivía una dictadura militar asfixiante. Para 1936, antes de la Guerra Civil española, hubo algunos motines entre los marineros e incluso un barco de la marina lusa llegó a izar la bandera roja.

Estas informaciones eran recogidas en la prensa confederal española, así como importantes huelgas en Estados Unidos, Argelia, Argentina o México, intentos revolucionarios en Brasil o Paraguay y numerosos golpes de estado y hasta magnicidios. Eran años muy movidos y de gran violencia política.

Y de esta forma llegó la guerra civil.

La guerra y la revolución

A nivel práctico, el mismo 22 de julio, Agustín Souchy propuso la creación de la Oficina de Propaganda Exterior de la CNT-FAI. La confederación confió en el alemán. Souchy fue el representante de la AIT en Barcelona durante los primeros meses. Desde bien pronto se editaron boletines en diversos idiomas desde los que se difundían noticias de la guerra, de la política y de la revolución. Hubo boletines en francés, inglés, sueco, alemán, portugués, esperanto, búlgaro, ruso y uno especial para América Latina. Así pues, la AIT participó desde el comienzo en las iniciativas del anarcosindicalismo ibérico tanto en la propaganda como en el envío de ayuda material.

A nivel político, en julio de 1936 la CNT-FAI renunció a tomar el poder estableciendo un pacto antifascista con otras fuerzas políticas y sindicales. En las zonas que podía influir apoyó o impulsó la revolución social. En ningún momento puso en cuestión la continuidad de la República. Eso sí, entendían que la guerra había dado lugar a un nuevo modelo de país, de carácter federal y socialista, sobre el que influían en buena manera. Esta opinión se concretó en el Pleno Nacional del Movimiento Libertario de España (entiéndase por ello, la coordinación entre CNT, FAI y Juventudes Libertarias) de septiembre de 1937. El Movimiento acabó adoptado el modelo de República Federal, que en la práctica implicaba implantar una especie de “estado sindical” en las zonas que controlaban. Ahora lo veremos.

Antes de eso, en noviembre de 1936 la CNT entró en el gobierno de la República y la organización anarcosindicalista pasó a controlar cuatro ministerios. Esta decisión fue del desagrado del Pleno Internacional de la AIT, celebrado en aquellos días. La entrada en el gobierno también provocó protestas por la base, que opinaba que la CNT-FAI estaba renunciando a su programa del Congreso de Zaragoza (mayo de 1936), que consistía en implantar el comunismo libertario en todo el país. Aunque no entraremos a especificar estos conflictos internos, cabría indicar que tuvieron su apogeo entre abril y agosto de 1937. Del mismo modo, la AIT acataba la decisión de la sección española debido a las condiciones anómalas de la guerra, pero también afirmaba que debía “tomar en sus manos” la propaganda exterior, si bien de acuerdo con la CNT.

Otro factor de discordia fue la aceptación de la militarización de las milicias por parte de la CNT y la FAI. Los anarquistas extranjeros la rechazaban, aunque finalmente la acataron a regañadientes. Así, por ejemplo, la Sección francesa de la CNT (es decir, franceses que vivían o fueron a España durante la guerra) celebró una asamblea sobre este asunto. Se aceptó que quienes rechazasen la militarización abandonaran las milicias, mientras que el resto se militarizaría sin causar problemas. Esto ahondó aún más las diferencias tácticas entre la CGTSR y la CNT. Y como era la sección francesa la que dominaba la AIT, esta división se convirtió en una cuestión oficial. En Francia incluso se llegó a crear en mayo de 1937 una Association Révolutionnaire des Milicies d’Espanges, ARME, que agrupaba milicianos retornados, algunos huyendo de la persecución de los estalinistas y otros desanimados por lo que entendían como renuncias o hasta traición de la CNT a los principios.

En abril, por acuerdo de la AIT, Rüdiger pasó a encabezar la Oficina de Propaganda, destituyendo a Souchy en contra de la opinión de la CNT. Es de notar que ambos estaban enemistados. La CNT protestó diciendo que el nuevo delegado de la AIT actuaba como si la Internacional estuviese al mando de la propaganda. Como hemos visto, en noviembre así lo había acordado la Internacional y así se le informó al delegado de la CNT en una reunión en París. La AIT quería ejercer el control sobre la propaganda exterior. El secretariado de esta Oficina estaba compuesto, además de Rüdiger (por la AIT), por Joaquín Cortés (por la FAI) y Martín Gudell (por CNT). Había en nómina entre una docena y veinte personas.

Respecto a la ayuda humanitaria, la CNT se dio cuenta que necesitaba un organismo más ágil que la AIT para canalizarla mejor. Hasta entonces cada sección de la AIT (en especial Argentina, Uruguay, Francia y Suecia) crearon comités de solidaridad que recogían aportaciones económicas y materiales que enviaban a España. El flujo de voluntarios internacionales para las milicias iba por otros cauces.

Viendo el tremendo éxito del Socorro Rojo Internacional, controlado por la Internacional Comunista, al que incluso recurrían algunas unidades militares anarquistas y al que estaban afiliados no pocos confederales, la CNT-FAI decidió lanzar su propia organización humanitaria. En el mes de abril la documentación interna se refería a esta futura entidad como la Sociedad de Amigos de la Revolución Española. El informe comentaba que “las organizaciones puramente anarquistas o anarcosindicalistas, no constituyen en ningún país, salvo en Suecia, una fuerza apta para este trabajo; estas organizaciones no representan más que una ínfima minoría de obreros y sus mítines no atraen más que el interés de pequeños grupos simpatizantes”. Aunque esencialmente cierto, esto último podría ser injusto para el esfuerzo real que hicieron las organizaciones libertarias, en especial las de Argentina, Estados Unidos, Francia y Uruguay. La CNT veía que el discurso oficial en el exterior era el de una guerra entre el fascismo y la democracia. Necesitaba de una mayor proyección de su ideario. Por eso requería de una nueva organización internacional que ampliase su base social.

El 27 de mayo se constituyó definitivamente esta organización, llamada Solidaridad Internacional Antifascista, SIA. Detrás de ella estaba el Movimiento Libertario Español. La SIA estaba planteada como organismo separado de las organizaciones anarcosindicalistas y sus secciones tenían que estar presididas por alguna personalidad destacada del movimiento anarquista. Y, por supuesto, no podía haber dentro grupos que hiciesen propaganda comunista.

Y a todo esto, la CNT en su Pleno Nacional de Regionales del 29 de mayo de 1937, indicó que la sede de la AIT debería residir en España, quedando en París un secretariado dependiente de la sede española. Ahí se lanzaba un órdago. A su vez, la AIT celebró un Pleno en París unos días después, el 11-13 de junio, con delegados de Suecia, Holanda, Francia, Italia, Polonia, Bélgica y Chile. La resolución pedía que la CNT “permaneciera fiel a los principios y doctrinas de la AIT”. La sección española se abstuvo, puesto que en esos días iba a pedir su reingreso en el gobierno (había salido del gobierno republicano tras los Hechos de Mayo). La ruptura estaba en el aire.

Planteamiento del conflicto entre la sección francesa y la española

Ahora trataremos el conflicto de intereses entre la sección francesa y la española dentro y fuera la AIT. El conflicto tiene una base ideológica: la sección francesa denunciaba que CNT había aceptado entrar en el gobierno de la República y al hacerlo había pisoteado los principios anarquistas más elementales. Por el contrario, la CNT defendía que entrar en el gobierno era defender la revolución social de sus oponentes contrarrevolucionarios. Pero también hay un trasfondo político en este conflicto, el control de la AIT por una u otra organización. Estos problemas se dirimían también en Francia de otras maneras.

En agosto de 1936, la Federación de Grupos Anarquistas de Lengua Española en Francia (que formaba parte de la FAI ibérica) propuso crear un comité unitario para apoyar la revolución española. La CGTSR, la Federación Anarquista Francesa y Union Anarchiste (UA) entre otras entidades menores, se unieron para crear el Comité anarcho-syndicaliste pour la défense et la libération du prolétariat espagnol.

Antes de nada, hay que decir que la UA había acordado, en su congreso de abril de 1936, favorecer el entendimiento con otras fuerzas de izquierdas para combatir el fascismo. Más tarde, ya durante la guerra española, sufrió una escisión por parte de un sector de militantes que se quejaban del excesivo obrerismo de esta organización específica. Esta escisión se constituyó como la Federación Anarquista Francesa, organización de síntesis anarquista.

El motivo final de la ruptura entre UA y CGTSR fue el mitin celebrado el 23 de octubre de 1936 en París ante 15.000 personas. Lo organizaba la UA y estaba presidido por su secretario, Louis Lecoin. En la tribuna participaron Magriñá, Travall y Mavilla por la CNT, Jaume Miravitlles por ERC y Julián Gorkin por el POUM. Pero también tomaron parte las organizaciones francesas: Jean Zyromski por la SFIO socialista, Josse de Jeunes y Léon Jouhaux por la CGT. Esta presencia horrorizó a la CGTSR. Aunque estaba invitado, Besnard declinó su participación en el evento. Desde el punto de vista de la UA este mitin era la conclusión lógica del proceso de creación de un frente revolucionario. En cambio, la CGTSR veía en Jouhaux su bestia negra, ya que fue impulsor de la “Unión Sagrada” de 1914 que se llevó a más de un millón y medio de franceses a la tumba en la Gran Guerra.

En definitiva, todo esto acabó provocando la expulsión de la UA del Comité Anarcho-syndicaliste. Así que ésta decidió crear por su cuenta el Comité pour l’Espagne Libre. Y este nuevo comité recibió el apoyo de la CNT-FAI en 1937. La CEL realizó numerosos actos en apoyo de la causa de la CNT-FAI, destacando el mitin de Federica Montseny y Joan García Oliver en París, en junio de 1937. En él defendieron la postura oficial de la CNT y unos militantes de la CGTSR presentes en el acto protestaron. Éstos a su vez fueron tratados de “fanáticos”. Además, en el mes de mayo desapareció la Sección francesa de la CNT por desavenencias internas entre los partidarios de cada sector.

En octubre, tras un congreso de la UA, la CEL se transformó en la sección francesa de la Solidaridad Internacional Antifascista, ampliándose a otros sectores libertarios, sindicalistas e incluso socialistas. Llegó a contar con 45.000 personas asociadas (otras fuentes dicen que 15.000) y sobrepasó ampliamente el público al que podía llegar el movimiento libertario francés. No pretendía ser una Cruz Roja, sino una organización humanitaria revolucionaria. Estaba presidida por Louis Lecoin, director de Le Libertaire y militante destacado de la UA.

Pero volvamos a España. En Valencia, el 17 de septiembre, el antes mencionado Pleno Nacional de Regionales del Movimiento Libertario de España (CNT-FAI-FIJL), llegaba a la conclusión que el Movimiento solamente contaba con sus propias fuerzas. No le iba a llegar apoyo sustancial de ningún país como para cambiar la correlación que sufría en su contra. Por ello, el Movimiento Libertario se sintió impulsado a hacer un cambio drástico de planteamientos, caminando hacia una mayor centralización y renunciando definitivamente al programa comunista libertario del Congreso de Zaragoza.

A partir de entonces la CNT-FAI-FIJL aparecieron defendiendo la República Federal Socialista y un socialismo corporativo y de base sindical. En su cuerpo teórico aparecía claramente el sindicalismo vinculado al nuevo modelo de estado, en lo que algunas ocasiones calificaban de “estado sindical”.

Es decir, al Movimiento Libertario Español ya no le aportaba demasiado el internacionalismo libertario, al contrario, le estaba dando problemas ya que éste daba alas a una oposición interna de carácter revolucionario (Los Amigos de Durruti, periódico Acracia, sectores de las Juventudes Libertarias, etc.) que cuestionaba las decisiones estratégicas y la forma de funcionar de los comités dirigentes del Movimiento.

Por ello, al aparecer grupos internacionales que compartían su estrategia de frente internacional antifascista y que le concedían su apoyo sin condiciones (tales como la FACA argentina, la UA francesa o la SAC sueca) la CNT-FAI apostó por profundizar en esta colaboración mediante la SIA.

Pero aún existía la AIT.

El congreso de la AIT de 1937

Del 6 al 17 de diciembre de 1937 tuvo lugar el Congreso Extraordinario de la AIT en París. Había diversas materias a resolver. Entre otras, valorar la actuación de la CNT española.

En este sentido, meses antes, en ese contexto de mal ambiente, el secretario Besnard había enviado a las secciones una circular en donde se hacían cinco preguntas. En ellas se puede observar un cierto grado de hostilidad:

1.- ¿Debe entregar la Secretaría de la AIT al Delegado de la CNT todas las cantidades recibidas para el fondo internacional antes del 11 de junio de 1937 y el 80% desde aquella fecha aún si los dirigentes no responden a las cartas de la AIT o si ellos informan que la CNT se separa de la AIT?

2.- En caso de retiro, ¿debe la Secretaría exigir que las cuotas que debe la CNT de los años 1936 y 1937 sean pagadas? La CNT no ha pagado ninguna cuota desde la fundación de la AIT.

3.- ¿Debe la Secretaría de la AIT considerar la existencia de una oposición dentro de la CNT? ¿una oposición que podría cambiar la orientación de la Central española y afirmar la adhesión de la CNT a la AIT?

4.- Si la CNT se retirase de la AIT, ¿Qué actitud tomaría entonces esta oposición en cuestión de las doctrinas, decisiones y principios de la AIT o en cuestión de las decisiones de sus Congresos y Plenos? ¿Debe la Secretaría, entonces, darle su apoyo pecuniario del fondo internacional de la AIT?

5.- Finalmente, ¿en caso que consideréis imposible responder a estas preguntas y si la CNT no responde a las cartas o informa de su retirada de la AIT, ¿debe esta secretaría convocar dentro de dos meses un congreso extraordinario de la AIT, el cual reemplazará al congreso ordinario de 1938, para discutir la situación creada?

La circular está fechada el 13 de julio de 1937. Por tanto, los meses siguientes presenciaron un intercambio de circulares de respuesta y contra-respuesta, con acusaciones veladas de unos a otros, y con la defensa de la SAC a la CNT.

Ante la afirmación de no haber pagado ninguna cuota a la AIT desde la fundación de la Internacional, la CNT se defendió sacando a la palestra su complicada historia, cargada de épocas de ilegalidad. Además, argumentaban en su favor haber donado 50.000 francos a la Internacional en abril de 1937, que fueron destinados a propaganda y difusión. Cierto es que esto era un donativo y no una cuota.

Ante esta circular, que insinuaba que la CNT iba abandonar la AIT, tanto la SAC como la CNT respondieron que esto era un asunto interno y que la AIT no debería inmiscuirse. De seguir así las cosas entendían que la AIT podría favorecer una escisión apoyando sectores de la oposición revolucionaria y esto no era lo que tocaba en ese momento. La CNT pedía un cierre de filas.

La CNT envió una circular de respuesta respondiendo al ataque. Lo más interesante del documento es que pedía el relevo de Besnard. En el intercambio de misivas de aquellas semanas previas al Congreso, cabe destacar una carta de Rudolf Rocker a Helmut Rudiger, en la que entendía como un desastre que la AIT le volviera la espalda a la CNT, cosa que implicaría la disolución de la Internacional. Pero ésta no estaba muy boyante por entonces: las únicas organizaciones que habían demostrado alguna actividad en la Internacional durante esos meses fueron la CNT, la SAC y la CGTSR.

En el congreso – según Peirats – estuvieron representadas directamente, además de la CNT española, la SAC de Suecia, la CGT de Portugal, la CGTSR francesa, la NSV de Holanda, la USI de Italia, la CGT chilena, la FAUD de Alemania, los Grupos anarcosindicalistas de Bélgica, la Federación Anarquista de Polonia, los Grupos anarcosindicalistas de la misma nación, y la FORA argentina. Mandaron adhesión la IWW norteamericana y la FORU del Uruguay.

Otro punto de interés en ese congreso era valorar la trayectoria de la sección anarcosindicalista polaca. Entrando un poco en este asunto, cabe mencionar que la organización sindical llamada ZZZ se había creado en 1931 a partir de la fusión de diversas iniciativas. También se habían adherido todos los sectores anarquistas y anarcosindicalistas del país, vehiculados a través de la Federación Anarquista Polaca. En sus primeros años (1930-1936) la mayoría de la organización era pro-gubernamental y nacionalista. Esto no supuso un problema. El sector libertario realizó tal trabajo interno que en 1937 ya se podía considerar la unión de sindicatos ZZZ como una organización lo suficientemente sindicalista revolucionaria como para integrarse en la AIT. Desde luego, esto fue una victoria muy inesperada, dado que la ZZZ contaba con 120.000 adherentes – o 170.000 según otras fuentes. Los podemos comparar con los 400.000 de la mayoritaria, central socialista. Como vemos, no estaban tan alejadas.

La sección belga, Centrale Unitaire Belge, contaba con solo 3.000 afiliados. Aun así, se mostraban quizás exageradamente optimistas y consideraban que el país vivía un momento pre-revolucionario, con una situación social explosiva debido a las huelgas generales. Otra de las adhesiones fue la Confederación del Trabajo Búlgara, impulsada desde la Federación Anarco-Comunista Búlgara, con mucho trabajo por delante. Su momento de gloria llegaría tras la Guerra Mundial. Por el contrario, se constataba la pérdida de la CGT mexicana. Siguiendo el camino contrario que la sección polaca, la sección mexicana cayó en manos del reformismo político y se acabó disolviendo en 1936.

En total, como hemos visto, el peso de la SAC, con 31.000 afiliados, y la ZZZ, elevaban el total de adherentes a la AIT fuera de España a cerca de 200.000. La CNT española, por su parte, se había convertido en un gigante. En el momento de máximo apogeo, en el verano de 1937, la CNT contaba con 1,7 millones de afiliados, según sus propios cálculos. La AIT en su conjunto ahora se aproximaba a los 2 millones.

El orden del día del Congreso Extraordinario comenzaba con una valoración de la trayectoria seguida por la CNT durante la guerra, desde el 19 de julio, y continuaba con la propuesta de un frente antifascista internacional. En aquellos días Italia había abandonado la Sociedad de Naciones.

Como hemos visto antes, la CNT española parecía estar a la defensiva, como esperando recibir los ataques de la CGTSR, fundamentados en la ruptura de los principios. Sin embargo, el Congreso aprobó el informe de valoración de trayectoria de la CNT. Rüdiger presentó un informe sobre España en el que se defendía la táctica de la CNT-FAI de participar en el gobierno. Como gustó tanto a los anarcosindicalistas españoles, en 1938 la CNT, por medio de Horacio Prieto, lo publicó como folleto bajo el título de El anarcosindicalismo en la revolución española.

Una vez aprobado el informe de la CNT, ésta fue mucho más allá. Presentó la propuesta de crear un Comité de Enlace con las demás internacionales obreras, establecer un pacto de no agresión entre ellas, convocar un congreso mundial de unificación para la salvaguarda de los pueblos democráticos y para apoyar la revolución española y otras naciones oprimidas atacadas por el fascismo internacional y para propagar el socialismo – se puede leer en Solidaridad Obrera (8 de diciembre) –. El Consejo Internacional resultante de esa unificación estaría facultado para colaborar con los partidos burgueses antifascistas para poder derrotar el fascismo. Esta propuesta era la concreción de la idea cenetista del Frente Antifascista Proletario Internacional, frente que se tendría que realizar con otras internacionales obreras con la intención de movilizar a las masas obreras contra la no intervención en España.

La ambiciosa propuesta fue aprobada a pesar de que – según como se interprete – se podría leer como una petición de fusión de las internacionales y por tanto la liquidación de la AIT. A primeros de 1938, cumpliendo el mandato del congreso, la AIT le envió una solicitud de colaboración en la lucha contra el fascismo a la Federación Sindical Internacional. La propuesta no llegó a buen puerto. La socialdemocracia no se acababa de decidir.

Otro de los asuntos a tratar era el funcionamiento del Secretariado. Hasta entonces éste se componía de un secretario general y dos secretarios adjuntos. Tenían un período de actuación de tres años y estos miembros no podían ser reelegidos. En 1937, la SAC propuso un comité administrativo que funcionase en una misma sede. La SAC se quejó de que, tras la dimisión de Galve, el secretariado de la AIT había quedado en manos de Pierre Besnard, con el que no tenían buenas relaciones, acompañado solo por Rüdiger. La SAC proponía un comité de cinco personas, que podían repartirse la carga de trabajo de forma más equitativa. Abría la posibilidad de reelegir a miembros del secretariado anterior, debido a la dificultad de encontrar militantes con la valía suficiente para el cargo.

El Congreso apoyó esa propuesta de establecer un Secretariado ampliado. En enero fueron elegidos Horacio Prieto y Manuel Mascarell por la CNT; Pierre Besnard, por la CGTSR; Helmut Rüdiger, por la FAUD; y, por la CGT portuguesa, Agostinho das Neves. Además F. Roca y Nemesio Galve serían delegados adjuntos, por la CNT. La SAC se extrañó de no contar con ningún representante. El plebiscito que decidió la composición definitiva se celebró el 31 de enero de 1938. Los cinco componentes eran: Prieto, Roca, Besnard, Rüdiger y das Neves. Sin embargo, Horacio Prieto dimitió nada más conocer el resultado, argumentando motivos de salud. Fue sustituido por Mascarell, que sería el secretario general interino hasta el futuro congreso ordinario. Sin embargo, Mascarell aún pasó un tiempo en España y Roca tampoco pudo ejercer. Así pues, el Secretariado volvió a estar ocupado por tres personas hasta la incorporación definitiva de Mascarell, que fue nombrado secretario general.

De alguna manera, el Congreso Extraordinario de 1937 sirvió para aliviar la tensión entre la CNT y Besnard. La CNT española salió completamente reforzada. Pero esto no implicaba recuperar la relación con la CGTSR. Uno de los puntos de fricción entre las organizaciones fue la utilización del Fondo de Socorro Internacional para costear la llegada de refugiados anarquistas que huían de España. La CNT no quería que se los atendiera puesto que huían de su responsabilidad o se trataba de gente que no respetaba la disciplina interna y no quería que recibieran apoyo.

Por último, otro de los proyectos congresuales fue la creación de la revista llamada Internacional, que tendría que ser dirigida por André Prudhommeaux, muy crítico con la línea gubernamentalista de la CNT-FAI. La revista vio la luz en junio de 1938, tras algunos retrasos, pero esta vez dirigida por un Rüdiger ya favorable a las tesis de la CNT española, como hemos visto. Éste incluso logró influir en (y atenuar) la línea crítica contra la CNT de Le Combat Syndicaliste, órgano de la CGTSR.

Mientras tanto la CNT estaba impulsando decisivamente la SIA. En los últimos meses de 1937 se crearon secciones en Portugal, Reino Unido, Suecia y en el Norte de África, además de Francia. Su método de constitución era similar en todas partes. Al frente se ponía una figura de prestigio y se constituía un comité. Luego se animaba a toda la gente libertaria y sindicalista a hacerse socia. En Gran Bretaña fue Emma Goldman quien se encargó, mientras que en Estados Unidos fue Rudolf Rocker. En el primer semestre de 1936 se crearon secciones en Argentina, Australia, Chile, México y Uruguay. Y más tarde en Estados Unidos, Países Bajos e incluso en China. Para primeros de 1939 la SIA había crecido hasta contar con 20 secciones. Era un éxito notorio.

El congreso de la AIT de 1938

Muchas de las decisiones del Congreso Extraordinario tendrían que refrendarse en un Congreso Ordinario programado para la primera semana de agosto. Sin embargo, la CNT española y la CGT chilena pidieron su aplazamiento y se programó para octubre de ese año. Ahora bien, antes de celebrarse tuvo lugar un conflicto que estuvo a punto de hundir la Internacional para siempre.

El 24 de septiembre, estando reunido Manuel Mascarell con el representante de la CNT irrumpieron en su despacho el secretario general y el tesorero de la CGTSR, Jacques Toublet y René Doussot, respectivamente. Después de excusarse, Mascarell les dio largas, haciéndoles esperar, ante sus airadas protestas. Al rato, Mascarell, Rüdiger y das Neves se reunieron con los delegados franceses. La causa de su visita era pedir urgentemente medios económicos para octavillas, carteles y un número de Le Combat Syndicaliste dedicado en exclusiva contra la guerra, incitando al pueblo a la revolución social. El secretariado pidió una hora para deliberar. Los delegados franceses demostraron impaciencia. Aun así, acataron la espera y salieron del local.

Tras este rato, se les entregó una carta que denegaba la petición por razones económicas. Además, indicaba que si se le concedía esta ayuda a la CGTSR otras secciones podrían argumentar lo mismo ya que todas estaban contra la guerra. El Secretariado había salido del local para redactar esta carta. Pero al volver a su sede, se encontraron con los delegados de la CGTSR en la puerta. Éstos leyeron esta carta inmediatamente, delante del Secretariado. Tras asimilar su contenido, los franceses la emprendieron a insultos y después se marcharon visiblemente molestos.

Por la tarde, Secretariado estaba reunido con un delegado polaco, André, por unos puntos sobre el Congreso de la AIT – a celebrarse el 24 de octubre. De pronto, se escuchó un gran alboroto. Unos 30 individuos irrumpieron en el local, capitaneados por los mismos Toublet y Doussot. En cuanto vieron a Mascarell, le dijeron “Esta mañana hemos venido una Delegación a pediros dinero, y como nos lo habéis denegado, ahora venimos una Comisión a exigirlo”. Mascarell les espetó que si querían dinero se lo pidieran a Besnard, que era el tesorero de la AIT. La tensión subió de tono con diversos intercambios de opiniones, a cuál más tenso. En un momento dado, Agostinho das Neves se levantó de la silla para reprocharles su comportamiento. En seguida se le echaron encima tres individuos, que le propinaron varios puñetazos y patadas, haciéndole rodar por el suelo. También recibió varios golpes el delegado polaco. A das Neves y a Mascarell los cogieron por la solapa y les quitaron sus carteras. El dinero que tenía Mascarell – 8.500 francos – se lo habían enviado diversos sindicatos internacionales para la CNT. A das Neves le sacaron otros 4.000 francos. Bajo coacción les hicieron firmar unos recibos con las cantidades como si las hubieran entregado de buen grado. Los atacantes se llevaron documentación diversa, destacando una carpeta con la correspondencia entre el secretariado de la AIT y la SAC sueca.

La protesta conllevó la ruptura temporal de relaciones, que incluso secundó Besnard tras su vuelta. No olvidemos que era el representante de la CGTSR ante la AIT. El secretariado dejó que escribiera él mismo la carta de protesta. Su misiva a la CGTSR es de total reproche moral, aunque les dejaba abierta la posibilidad de una reparación. La CGTSR respondió la carta diciendo que habían encontrado una carta en francés, entre la correspondencia de la SAC, en la que el Secretariado se mostraba a favor de la guerra. Sin conocer qué opiniones se vertían en ese documento, hay que poner sobre la mesa que en aquellos momentos en la República española se valoraba arrastrar a otros países hacia la guerra, para salvar así la situación española. Así que es posible que se tratase de opiniones en ese sentido vertidas por el Secretariado.

Cuando esta noticia llegó al Pleno Nacional de la CNT, la Regional Catalana pidió la expulsión de la CGTSR. La posición final de CNT fue exigirle a la CGTSR que Toublet y Doussot no pudiesen ejercer de secretarios y esperar si la central francesa lo cumplía o se solidarizaba con ellos. Tras las disculpas correspondientes la situación se recondujo y se evitó el desastre.

El Congreso de París, en sí, no fue muy resolutivo. Fue un congreso de declaraciones en contra de la guerra mundial, que ya se vislumbraba. Por aquellos días se había producido la partición de Checoslovaquia, lo cual era visto como una infamia ante la cesión de las potencias democráticas a los intereses fascistas. Respecto a España se declaraba el “respeto hacia el sacrificio del proletariado español y la oposición a la política de no intervención de las potencias burguesas, retomando la acción solidaria”. Apuntemos que criticar la “no intervención” es favorecer la intervención, y por ende la guerra.

Es interesante hacer notar que Solidaridad Obrera no publicó ninguna nota referente al Congreso de la AIT hasta el 10 de noviembre. Y lo hizo en un recuadro pequeño de apenas 11 líneas en la última página. Resulta significativo este desinterés con el que la CNT trataba en ese momento los asuntos de la Internacional.

Esta impresión se puede constatar por la publicación en aquellos mismos días en la prensa confederal de las resoluciones del Pleno Nacional del Movimiento Libertario de España. En él no hay una sola mención a la AIT y sí que hay varias al proletariado internacional. No sólo esto, sino que el Pleno le envió efusivos saludos a la CGT francesa y a las Trade Union británicas.

A primeros de noviembre, la CNT envió a Mariano R. Vázquez al congreso de la CGT francesa, en el que participó junto al secretario de la UGT, Rodríguez Vega. Recibieron un aplauso entusiasta de los 15.000 delegados presentes. Solidaridad Obrera cubrió este congreso en varios números y transmitía que esta CGT tenía tres líneas, una centrista (que defendía el Congreso de Múnich, que acababa de sellar el destino de Checoslovaquia) y dos izquierdistas: Vie Ouvrière, de carácter comunista, y, la otra, la de los “maestros” o del semanario Syndicats, que el corresponsal de Solidaridad Obrera (publicado el 15/11/1938) calificaba de “pacifista integral” representando a los “viejos sindicalistas” y que pedía la independencia total de la Confederación de todos los partidos políticos. Esta era la tendencia que apoyaban los afines al sindicalismo revolucionario. Aun así, el congreso apoyó la línea proclive al Frente Popular, defendida por centristas y comunistas. También se escucharon algunos discursos de apoyo a intervenir militarmente en España, que era lo que los enviados españoles querían oír. Pero esto quedaba en manos del gobierno francés, que nada hizo en este sentido.

La derrota republicana en la guerra de España en 1939 supuso el final de todo este período. El anarcosindicalismo español se dedicó a luchar por sobrevivir en los campos de concentración franceses o en los presidios y campos españoles.

Poco más tarde, nada pudo hacer la AIT ante la inminencia de la guerra europea. La guerra no se paraba con declaraciones ni manifiestos. En los primeros compases de la guerra Alemania invadió Polonia, quedando liquidada la sección polaca con ello, y en el primer semestre de 1940, Noruega, Dinamarca, Países Bajos y Bélgica, cayeron como fichas de dominó ante el empuje alemán. Todos contaban con pequeñas secciones de la Internacional sindicalista que desaparecieron.

Además, al poco de declararse la guerra, el gobierno francés ilegalizó todas las organizaciones que se oponían al conflicto bélico. Esto afectaba a comunistas y anarquistas por igual. Con este golpe la AIT quedaba desarticulada. A partir de ese momento, la sede del Secretariado Internacional se trasladó a Suecia, reducido ya a una oficina sin contacto real con las secciones.

En 1940 la AIT sobrevivía en países neutrales como Suecia y América Latina. Y en este último caso, languideciendo hasta su desaparición definitiva. En la postguerra la CNT española cambiaría drásticamente de orientación, llevando a cabo un ejercicio de revisión y balance que condenó su actuación de la guerra española. Este viraje dejaría a la SAC fuera de juego, con lo que comportaría en el futuro. Seguramente sin pretenderlo, la CNT española del exilio ocupó ese papel que antes había jugado la CGTSR.

Conclusiones

Tal como hemos podido leer, el Secretariado de la AIT tiene su importancia política interna. Según las personas que lo componen, éste podrá tomar una dirección u otra distinta. Así que su composición nunca fue un mero trámite en absoluto, si no que influía el desarrollo de toda la Internacional dado que siempre hay secretarios más proactivos que otros.

No deja de llamar la atención que el control de la AIT durante la Guerra Civil española estuviera en París, antes que en otros lugares. Las secciones española, polaca y sueca siempre fueron más fuertes que la francesa y, en cambio, permitieron que la sede de la Internacional residiera en el país galo. Quizás se debería a la centralidad histórica de Francia a nivel político, económico y cultural. Incluso se podría añadir que París era central a nivel geográfico, dada su ubicación en Europa, así como sus buenas comunicaciones. O quizás se debió a que fue la única sección que se ofreció en su momento, como tantas veces ocurre.

Sin embargo, la CGTSR no era una organización sindical al uso, sino que para entonces era más bien una organización política no muy distinta de las demás organizaciones específicas anarquistas, aunque con características sindicales. Sus rivales la descalificaban llamándola la CGT Sans-Rien (o la CGT “Sin Nada”). Otros libertarios (como la UA) se organizaban al margen de este proyecto y preferían sindicarse en la CGT mayoritaria y no perder el contacto con los trabajadores.

A la hora de la verdad la AIT contribuyó como pudo a la Revolución española, con una fuerza pequeña, pero nada desdeñable. Sin embargo, la sección francesa le intentó imponer una línea estratégica distinta a la que llevaba la sección española. Y lo hacía desde una realidad orgánica fundamentalmente distinta: la sección francesa era una organización política libertaria (con estructura de sindicato), siendo casi toda su militancia afín a una ideología, a unos análisis y unas prácticas comunes, mientras que la sección española era un movimiento de masas con distintas corrientes en su seno que afrontaba una guerra y una revolución y que, además, según su punto de vista, representaba los intereses la clase obrera española en su conjunto. Esta visión pesó decisivamente en su propuesta de frente antifascista internacional.

Este conflicto de intereses perjudicó a toda la AIT y eventualmente provocó que la sección española crease otra internacional al margen – de carácter humanitario, pero internacional, al fin y al cabo –, la SIA, apoyándose en sus organizaciones sindicales y específicas afines del ámbito internacional.

Entre unas cosas y otras, la CNT sintió que la AIT no servía a sus intereses y mediante la propuesta de frente antifascista de la sección española la AIT bien se pudo haber acabado integrada en la Federación Sindical Internacional. De hecho, ese interés podría deducirse al ver el acercamiento de la CNT a la CGT francesa mientras ignoraba la Internacional anarcosindicalista a finales de 1938.

La debilidad estructural acompañó a la AIT durante toda su andadura en este período de entreguerras. Las organizaciones anarcosindicalistas sufrieron divisiones, ilegalizaciones, ataques, participaron en huelgas e insurrecciones, siempre según el contexto. Prácticamente nunca gozó de estabilidad alguna. La Internacional sirvió para tener relaciones formales con el movimiento libertario de otros países, para recibir o enviar apoyo social y humanitario o para tener un lugar al que ir en caso de necesitar exiliarse.

Incidamos en este asunto. A falta de una internacional anarquista, para varias secciones, el relacionarse en la AIT era más una cuestión específica libertaria que sindical. En este caso podemos destacar que el movimiento libertario de esos años careció de una entidad orgánica específica de carácter internacional, como la que hubo en los tiempos de la Primera Internacional. Nos referimos a una orgánica que pudiera decidir estrategias, valorar tácticas, sistematizar un cuerpo teórico o generar corrientes de apoyo a las ideas libertarias en campos en los que el sindicalismo industrial no podría llegar. Precisamente la única coordinación internacional del momento fue la Federación Anarquista de Asia Oriental, que quedaba fuera del radar de un anarquismo demasiado eurocéntrico.

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Los ciclos políticos y la moral colectiva

La muerte de Franco, los pactos de la Moncloa, el Caso Scala, la Transición, la entrada a la OTAN, la guerra de Iraq, el 15M, la huelga del 14N, la huelga feminista del 8M, el 1 de Octubre, entre otros, son acontecimientos históricos recientes que nos sonarán más o menos, pero entre ellos podemos diferenciar lo que son ciclos políticos, y otros que cambian la moral colectiva.

Dotarnos de criterios de análisis es importante a la hora de hacer nuestras lecturas políticas del momento y así tener herramientas para desarrollar nuestro trabajo político, es decir, poder tener cierta previsión y planificación para escenarios futuros. Así pues, los ciclos políticos se describen como acontecimientos acotados en el tiempo y espacio de una determinada coyuntura, con sus motivos catalizadores, los diferentes posicionamientos y bandos, los cambios coyunturales… Cada ciclo tiene su inicio y final que marca siempre un antes y un después en el tablero político de un período determinado. Por ejemplo, el ciclo del 1 de Octubre tuvo lugar desde septiembre del 2017, con una disputa creciente entre el nacionalismo español y el independentismo, y que habrá terminado con el fin de la actividad de los CDR. Durante este ciclo hubo varias huelgas generales y experiencias de autoorganización popular que hacía años que no se vivían, las cuales habrán quedado marcadas para la posteridad.

Por otro lado, el concepto de moral colectiva viene en parte de conflictos bélicos, es el componente psicológico en cualquier conflicto. La lucha de clases en estos momentos en Occidente es una guerra de baja intensidad, en el cual no se ha llegado aún a la lucha armada. La moral colectiva es un factor determinante en los procesos de cuestionamiento del sistema y de autoorganización popular. Una moral alta se traduce en mayor actividad política y social del pueblo, y de ahí, mayor permeabilidad y potencialidad para desarrollar procesos revolucionarios. Una moral colectiva alta es una ventana de oportunidades en las cuales el pueblo está más dispuesto a la lucha, y por tanto, a pensar alternativas, asumir programas políticos y tablas reivindicativas. Por contra, una moral colectiva baja indica que el pueblo no está dispuesto a la lucha con el miedo de perder lo poco que se tiene u otros factores.

Continuando con el ejemplo del 1 de Octubre, estas experiencias de autoorganización popular sobrepasaron todas las espectativas que esperábamos. Esto es indicativo de una moral colectiva alta: la gente creía por ese instante poder cambiar las cosas y se generaba el ambiente perfecto y propicio para que se lanzaran a experimentar y hacer. No obstante, una moral colectiva baja la podemos encontrar tras el fin de ciclo del 15M, pues la mayoría de la gente se fue para casa y lo poco que quedó de movimiento acabó aterrizando en los barrios. Sin tener ninguna hoja de ruta, muchos no le encontraban el sentido a seguir con las asambleas y acabaron abrazando la ilusión del “asalto institucinal”. Esta moral ya venía en declive cuando las asambleas de las plazas iban aflojando y al final el fenómeno de Podemos acabó por rematar la faena.

Aunque ambos conceptos son diferentes, están estrechamente relacionados entre sí. Si bien con éstos ejemplos podemos llegar a concluir que cuando hay una moral alta, existe la posibilidad de abrir un nuevo ciclo político, pero no siempre ocurre. El ejemplo reciente son las manifestaciones por la libertad de Pablo Hasel que no abrieron otro ciclo político, aunque sí fue resultado de un momento de subidón de la moral colectiva sin terminar de cuajar en cambios a nivel político en el país.

¿Cómo podemos leer y aprovechar esos momentos? La respuesta está en estar preparadas resultado de estar organizadas políticamente y con las lecciones aprendidas de los ciclos pasados que, o bien no supimos aprovecharlas por habernos desentendido de ellos, o bien por ser una fuerza muy minoritaria con poca capacidad de influencia social en aquel momento, o bien por tener lecturas equivocadas. Así pues, en los ciclos políticos donde reina la paz social y con una moral colectiva baja, toca organizarnos, prepararnos a través del trabajo de base, la formación política y militante, e ir construyendo pueblo poco a poco en los conflictos locales. Esta es la vía de la inserción social y la acumulación de fuerzas. Un aumento de la conflictividad social viene de la mano de un aumento de la moral colectiva, ahí es cuando el trabajo de base da resultados y nos da más posibilidades al poder multiplicar nuestra capacidad de influencia por llegar estudiadas y preparadas para el momento. En los momentos de moral colectiva alta es cuando se han de agitar aún más las calles y pasar a la ofensiva junto al movimiento popular. Ahí es cuando estaremos abriendo un nuevo ciclo político, aumentando la polarización de la sociedad a través de la lucha de clases y batallando a nivel político a través del programa, hojas de ruta y tablas reivindicativas, así como disputando la hegemonía del discurso y el relato.

Para este curso político 2021-2022 (y los venideros), lo que podríamos denominar post-confinamiento, afrontaremos un escenario complicado pero con una moral colectiva considerablemente baja y con nuestros enemigos políticos a la ofensiva y aumentando sus fuerzas (léase neoliberalismo con sus políticas antiobreras más la ultraderecha y sus discursos de odio), además con una grave crisis climática causada por el sistema capitalista. Urge superar las miserias del gueto ideológico, el activismo de hacer por hacer y las disputas internas, para pasar a traducir la ideología en un proyecto político y en un programa, que se materialice a través de la organización política y de construir alianzas entre los diversos actores del movimiento popular profundizando nuestra implicación en las luchas sociales. Si realmente nuestros objetivos políticos son revolucionarios, hemos de estar a la altura de las circunstancias y ser la opción política capaz de articular un movimiento revolucionario, potenciando la moral colectiva y abriendo un nuevo ciclo político de cambios sociales en favor de la clase trabajadora.

La Revolución asturiana de 1934 y el papel de la CNT

Por Borja M. Barriobero (https://twitter.com/borjalibertario)

 

Para entender la Revolución asturiana de 1934, así como la Revolución social puesta en marcha en 1936, hay que estudiar atentamente las innumerables acciones e insurrecciones que el proletariado hispano llevó a cabo desde los albores del asociacionismo obrero en la década de los sesenta del siglo XIX. La revolución de la que nos vamos a ocupar en el presente artículo, la de Asturias, la que hizo nacer la “Comuna asturiana”, nombre que recibió en honor de la memorable Comuna de París, no puede entenderse como una acción espontánea realizada por una masa de incontrolados obreros que sabían lo que tenían que destruir pero no qué construir, sino todo lo contrario. La revolución de Asturias tiene sus raíces en la conciencia popular, en más de medio siglo de luchas e insurrecciones, que lejos de solo servir para asustar a la vieja oligarquía parasitaria y aristocrática, también servía para entrenar a la clase trabajadora para su fin más preciado, esto es, la emancipación, por vía revolucionaria, económica, política y cultural de la clase trabajadora. Este entrenamiento, al cual un ilustre líder anarquista como fue Joan García Oliver llamaría gimnasia revolucionaria, sirvió al proletariado para pensar y organizar, en todos sus aspectos, la nueva sociedad que estaba aun por nacer.

Pero para entender la insurrección asturiana primero hay que entender la evolución de la Segunda República española nacida el 14 de abril de 1931. Todas las promesas y discursos del republicanismo liberal, así como las del socialismo democrático, que se hicieron en los Pactos de San Sebastián, fueron diluyéndose cada vez más en el pozo de las miserias de la clase trabajadora, pues ninguna de las reformas prometidas llegaba a tiempo ni arreglaba el problema de raíz que fustigaba día y noche al proletariado. Cuando llegó al poder del gobierno, tras las elecciones del 19 de noviembre de 1933, la CEDA de José María Gil Robles junto con el Partido Radical de Alejando Lerroux, el fracaso de la República como solución de los problemas al pueblo español se hizo más que patente. De esta forma la CNT se dirigía a la UGT, la cual desde un primer momento había defendido a la Segunda República española.

«Causas ajenas a la organización confederal en general, impidieron a ésta dirigirse antes a la clase trabajadora, como hubiera sido su deseo. Reunido el pleno nacional con la representación de todas las regionales, estudió detenidamente la situación política y social de España, constatando que, tanto las libertades individuales como los derechos ciudadanos se encuentran en la actualidad restringidos y conculcados como en los peores tiempos de la monarquía. Los daños de represión consecutiva por parte de los elementos republicanos y socialistas que han gobernado el país, han dado la razón, a lo propagado por la Confederación Nacional del Trabajo en el sentido de que la República, como todos los regímenes conservadores y democráticos, no puede dar satisfacción a las necesidades y aspiraciones de la clase trabajadora.

Y considerando que la conducta de la República española tiende a conducir al país a la implantación del fascismo, el Pleno determina marcar la posición de la organización, demostrando a través de ella a la clase trabajadora que la Confederación Nacional del Trabajo, respondiendo a su trayectoria revolucionaria, y atenta a las manifestaciones de los organismos representativos de la U.G.T., está dispuesta, como siempre, a contribuir con todas sus fuerzas a todo movimiento revolucionario que tienda a la manumisión de toda, pero toda, la clase trabajadora, sin que esta manifestación harto conocida implique compromiso o pacto alguno con fuerzas o partidos políticos.

Por lo tanto, la Confederación Nacional del Trabajo emplaza a la U.G.T. a que manifieste clara y públicamente cuáles son sus aspiraciones revolucionarias. Pero téngase en cuenta que al hablar de revolución no debe hacerse creyendo que se va a un simple cambio de poderes como el 14 de abril, sino a la supresión total del capitalismo y del Estado.

Aceptan y acuerdan por unanimidad Andalucía, Centro, Galicia, Cataluña, Baleares, Norte, Asturias, Levante, Aragón, Rioja y Navarra.»

Con la publicación de este texto, se dejaba patente la necesaria alianza revolucionaria de las distintas organizaciones obreras para hacer la ansiada revolución, aprovechando la llegada al poder del “fascismo blanco” de Gil Robles y Lerroux. Las agitaciones obreras en las calles de la geografía española empiezan a expandirse rápidamente para impotencia del gobierno. Entre huelgas y manifestaciones llega octubre de 1934, la clase obrera asturiana también proclama la huelga general revolucionaria y se lanza a por el todo, dominando toda la cuenca minera y la región de Oviedo.

Sonaban campanas de guerra por toda España, pero especialmente en la zona minera asturiana. En marzo de 1934, la CNT firma finalmente el tan ansiado pacto de unión obrera y sindical con la UGT con el objetivo exclusivo de aunar fuerzas para el cometido final: la revolución social. Se perfilaba así la guerra proletaria contra el régimen burgués y el “fascismo blanco” que gobernaban la República española.

Ya es octubre en aquella España del proletariado revolucionario, de la agitación sindical, del ojo por ojo contra la patronal. Y más que carbón, lo que se respira en toda la cuenca minera es olor a emancipación. La revolución, aun así, no se expande por toda la geografía española, sino que se perfila en Asturias, en forma de revolución obrera, y en Cataluña, en forma –aparentemente- de revolución política.

La revolución en Asturias no fue un acto espontáneo, por sus formas y procedimientos parecía que llevaban años preparándolo al dedillo en un despacho, pues para sorpresa de muchos (del Estado principalmente) las defensas del Gobierno fueron barridas el primer día por la clase trabajadora. Los revolucionarios se hicieron dueños completos de Asturias en 24 horas. Quizá, y así lo asegura el periodista anarquista Manuel Villar, el primer triunfo de esta revolución se debió a que no tuvo adjetivos, es decir, no fue una revolución socialista, anarquista o bolchevique, sino una revolución hecha por todo el pueblo asturiano, por todos los elementos ideológicos y procedimentales, incluso por los sin partido y sin organización. Era una revolución hecha por todo el pueblo y para todo el pueblo.

Los primeros conatos revolucionarios empiezan en la madrugada del 5 de octubre de 1934. En pocas horas la insurrección se va extendiendo por toda la cuenca minera, desde Avilés a Gijón, pasando por Pola de Lena y Puerto Pajares, e incluso hasta Palencia y León. La dinamita fue el arma más poderosa de los revolucionarios, sobre todo hasta que socializaron las fábricas de armas, pues gracias a la dinamita cercaron todos los cuarteles de la Guardia Civil para así tener toda Asturias bajo su control en escasas horas. Con cada población que va siendo liberada por el proletariado revolucionario, se establece rápidamente un sistema anticapitalista, anarquista allá donde la CNT tenía mayor presencia, y bolchevique allá donde la UGT (junto al PCE) era mayoritaria. En la mayoría de lugares quedó suprimida la circulación del dinero y el consumo, ante el desabastecimiento, quedó reglamentado por un comité de abastos y otro de distribución. Como intérprete de la voluntad popular y de las demandas de la propia revolución, la Alianza Obrera (CNT, UGT, PSOE y PCE) establecía un Comité Revolucionario en cada Concejo (municipio) que tuvo como función establecer las medidas y normas necesarias para el curso positivo de la insurrección obrera. Las distintas directrices que lanzaban cada Comité revolucionario era un ejemplo gráfico de las distintas doctrinas ideológicas que componían la revolución asturiana. Este ejemplo se podía ver perfectamente en el Comité revolucionario del Concejo de Mieres, el cual era bolchevique cien por cien, y el Concejo de Grado, el cual era de filiación anarquista. Así mismo, la población de Sama se convirtió en el cuartel general del socialismo y bolchevismo, mientras que La Felguera fue la central del anarquismo y anarcosindicalismo.

En el aspecto económico y de consumo los procedimientos fueron muy diversos, según si la zona era más afín al socialismo o al anarquismo. Incluso en muchas localidades los comités revolucionarios eran mixtos y estaban compuestos de igual manera por socialistas, comunistas y anarquistas. Se pudieron ver pueblos donde la moneda fue integralmente abolida, en otros se requisaron los bienes de consumo para proceder a su reparto equitativo, en otros tan solo se requisan y reparten los bienes de consumo más indispensable para repartirlos igualitariamente mientras se mantiene el dinero para conseguir otros productos no considerados elementales. Pese a que parece que Asturias entera ha sido liberada por los revolucionarios, los hombres del General López Ochoa y del General Bosch comienzan a llegar a las distintas regiones asturianas, con la inestimable ayuda de los Regulares de África, para sofocar el último reducto de la revolución.

¿Cómo fue la reorganización económica? Tal empresa fue abordada desde diversos flancos, por una parte tenemos el sector del abastecimiento, el cual se caracterizó por el hecho de que cada Comité revolucionario se hizo cargo de socializar los productos de primera necesidad ante el desabastecimiento provocado por la insurrección. Todo establecimiento dedicado a los comestibles quedaba en manos de los revolucionarios. Se adjudicaron una serie de delegados por barrio, los cuales participaban en los Comités de Abastos fijando la cantidad de productos necesarios para las familias de cada barriada. En el aspecto laboral también se constituyeron Comités de Trabajo, con la función de organizar las jornadas laborales, las horas y los niveles de producción, sobre todo en las fábricas de armas y en las minas. Tanto sanidad como transporte son también dos sectores totalmente socializadas y volcados a favor de las demandas de la revolución. Uno de comités más importantes en el devenir de la insurrección fue el llamado Comité de Guerra el cual era el encargado de utilizar teléfonos y enlaces para unificar a todos los Comités de Asturias, para que hubiera una perfecta coordinación y armonía entre éstos y siempre se tuviera constancia de cuantos hombres hay en la batalla, cuantos en reserva y cuantos haciendo función de orden público (vigilando los pueblos y servicios de información).

Para poder estudiar el papel del anarquismo en la Revolución de Asturias debemos poner nuestros ojos en el concejo de Langreo, concretamente en la población de La Felguera. Esta parroquia fue sin duda alguna el centro vital de la emanación del anarquismo en la insurrección asturiana de 1934. La Felguera fue el punto más importante de la lucha social en toda Asturias desde hacía décadas, llegando a albergar a unos cuatro mil militantes en el sindicato CNT de la zona. El ambiente que se respiraba en aquella región metalúrgica era de lucha, solidaridad y ansias de libertad. Los valerosos proletarios anarquistas de La Felguera demostraron con coraje y con valor que nada tenían que envidiar a las poblaciones de mayoría socialistas, como Sama. La parroquia comunista libertaria por excelencia supo cumplir muy bien su función para con la revolución al igual que para la propia población. Sin aplastar la iniciativa popular y respetando la libertad del individuo, La Felguera mostró un claro ejemplo de organización coherente, racional y eficaz en todos sus aspectos.

Los primeros chispazos revolucionarios de La Felguera y del concejo de Langreo los encontramos el día 4 de octubre, a un día del comienzo de la insurrección. Los hombres de La Felguera se preparan toda la noche para tal empresa y reúnen los 400 fusiles, las 6 ametralladoras pesadas y la abundante dinamita con la que cuentan. Los obreros no aguantan más las ganas de lanzarse a luchar contra quienes durante siglos han oprimido y vilipendiado al proletariado. El primer ataque por parte del movimiento anarquista de La Felguera se produce en la toma del Cuartel de la Guardia Civil. Dicha toma fue tremendamente dura y encarnizada, por lo cual los revolucionarios ordenaron a los habitantes de las casas colindantes que abandonaran sus viviendas en aras de evitar muertes inocentes. Finalmente, a las tres de la madrugada se consigue tomar el cuartel, mediante el uso de dinamita, causando la muerte a dos guardias civiles y a una de sus mujeres. Por la parte de los revolucionarios, cayeron en combate dos hombres. El resto de guardias civiles acaban rindiéndose ante el proletariado en armas.

A partir de este suceso, se pusieron manos a la obra con el triunfo de la revolución en toda la zona. El ayuntamiento quedó en manos del Comité Revolucionario, la iglesia fue incendiada, el convento de los frailes dominicos incautado y se socializaron los medios de producción y los víveres de primera necesidad. Seguidamente, ya afirmado el nuevo orden revolucionario, se hizo una gran asamblea popular donde asistió toda la población y se ratificaron los miembros del Comité Revolucionario, el cual se encargó de la reorganización económica y social sobre los preceptos del anarquismo.

El triunfo total del comunismo libertario en La Felguera hizo que el ideal anarquista se expandiera por todo el concejo rápidamente. Uno de los municipios donde llegó el anarquismo fue Valdesoto, el cual emitía esta nota una vez triunfada la revolución:

«El Comité Revolucionario de Valdesoto, al pueblo en general

Triunfante la Revolución social en infinidad de pueblos de Asturias y provincias, este comité se pone en relación con el pueblo para daros a conocer lo siguiente:

Según acuerdos del pueblo reunido queda abolida la propiedad privada y con ésta la moneda. El pueblo para mantener sus necesidades alimenticias o de otra índole debe dirigirse a los comités de reparto residentes en Lagarón y Paes los cuales entregarán vales para dirigirse a los comercios por toda clase de artículos.

El comité revolucionario advierte a todos aquellos compañeros que no se hayan incorporado al movimiento se den cuenta de la falta moral que cometen, y lo hagan inmediatamente. Si algún comerciante o almacenista se negase a dar artículos será inmediatamente juzgado por el Tribunal del pueblo.

Viva el Socialismo Libertario

EL COMITÉ»

Oviedo fue sin duda alguna el centro neurálgico de la revolución de Asturias y la población con mayor importancia, tanto para el bando revolucionario como para el propio gobierno republicano. En esta ciudad, el Comité Revolucionario no contó en un primer momento con los delegados de la CNT, pues eran mayoría los socialistas y así pretendieron mantenerse. De forma paralela los anarquistas conquistaron un buen puesto y una muy buena consideración mediante sus acciones e iniciativas.

Pero Oviedo no cae rápidamente en manos del proletariado revolucionario, cosa que acabará por pasar factura al devenir total de la insurrección. La Guardia de Asalto y los soldados del ejército español se habían afincado de buena manera en la Catedral de Oviedo; por una parte la CNT propone derribar el edificio mediante dinamita para acabar con el último reducto de la reacción, mientras que los socialistas instan a mantener la joya arquitectónica de la ciudad, como si la cantidad de vidas humanas que se estaban perdiendo fueran menos importantes que un elemento arquitectónico. Tal respeto a la Catedral acabó siendo un error táctico enorme, reconocido más tarde por los mismos socialistas, que no hizo más que prolongar la lucha encarnizada por toda la ciudad haciendo aumentar el número de vidas revolucionarias perdidas en la contienda. Ante tal situación, los socialistas acaban aceptando a los delegados cenetistas en el Comité Revolucionario viendo que las críticas e indicaciones de los anarquistas habían sido certeras.

El día 11 de octubre, ante la situación fatídica que está sufriendo Oviedo, y la cantidad de fuerzas republicanas que están llegando a la cuenca minera, el Comité llega al acuerdo doloroso de dictaminar que el movimiento revolucionario había tocado a su fin y que no podía vencer de ninguna manera. Incluso con la victoria ya en manos del Gobierno republicano, sus fuerzas de choque no muestran piedad alguna y hasta el último momento siguen aterrorizando a la población asturiana. Así lo explicaba en una nota el Comité Provincial Revolucionario el 15 de octubre:

«Estad prevenidos, hermanos proletarios; nuestra revolución sigue su marcha ascendente. De esta realidad que nadie se aparte; de nuestra potencia es un exponente la debilidad de las fuerzas enemigas, acusada en los procedimientos asesinos que emplean en la lucha, penetrando en las casas de Oviedo de los barrios pobres y degollando con la gumia en uso en las cabilas del Rif seres inocentes, niños en presencia de sus madres, provocando la locura de éstas, mártires por muchos conceptos, para luego rematarlas con fruición demoniaca.»

La Comuna de Asturias recibió el golpe mortal del cual no se repondría al caer Oviedo en manos del Estado. La revolución tocaba a su fin. La ciudad más importante había caído, la huelga general había sido sofocada en toda España y Lerroux-Gil Robles tenían las manos libres para aplastar a aquel pueblo que se había levantado contra la opresión. El 18 de octubre de 1934 tocaba a su fin oficialmente la revolución de Asturias, y así lo anunciaba el Comité Provincial Revolucionario en el que sería su último comunicado:

«A todos los trabajadores:

El día cinco del mes en curso comenzó la insurrección gloriosa del proletariado contra la burguesía, y después de probada la capacidad revolucionaria de las masas obreras para los objetivos de gobierno, ofreciendo alternativas de ataque y defensa ponderadas, estimamos una tregua de lucha, deponiendo las armas en evitación de males mayores. Por ello, reunidos todos los comités revolucionarios con el provincial, se acordó la vuelta a la normalidad, encareciéndoos a todos os reeintegréis, de forma ordenada, consciente y serena, al trabajo. Esta retirada nuestra, camaradas, la consideramos honrosa por inevitable. La diferencia de medios de lucha, cuando nosotros hemos rendido tributo de ideales y de hombría en el teatro de la guerra, y el enemigo cuenta con elementos modernos de combate, nos llevó por ética revolucionaria a adoptar esta actitud extrema. Es un alto en el camino, un paréntesis, un descanso reparador después de tanto ‘surmenaje’. Nosotros, camaradas, os recordamos esta frase histórica: Al proletariado se le puede derrotar, pero jamás vencer.

¡Todos al trabajo y a continuar luchando por el triunfo!

18-10-1934.»

Al día siguiente, la clase trabajadora volvía al trabajo con normalidad, como habían hecho hasta ahora, pero sabiendo que la victoria para el proletariado llegaría tarde o temprano, y que por ello no había que bajar la guardia. Esta fue la historia de la Comuna asturiana.

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