Los Ascaso, una familia campesina comprometida con el anarcosindicalismo

A lo largo de los tiempos han sido millones de personas anónimas quienes han construido silenciosamente la historia; a veces tenemos la fortuna de habernos encontrado la mención en el relato histórico de algunos de estos hombres y mujeres gracias al esfuerzo por rescatar las memorias colectivas. Las biografías personales componen un todo más grande, nos ayudan a tirar del hilo rojo con el que se teje la historia de los pueblos, de sus maneras de sobrevivir, relacionarse, organizarse y resistir en la lucha contra el autoritarismo. En este caso el personaje es colectivo, se trata de la familia Ascaso, aunque destacando la figura de Francisco, militante destacado del anarcosindicalismo español, que integró junto a Buenaventura Durruti y Juan García Oliver el grupo de acción conocido como ‘Los Solidarios’.

Francisco Ascaso nació en 1901 en Almudévar, un pequeño pueblo aragonés de la provincia de Huesca, en el seno de una familia campesina, igualmente naturales de la misma comarca histórica, conocida como la Hoya de Huesca. Fueron un total de diez hermanos, pero tan solo sobrevivieron cuatro; entre los cuales Domingo y Alejandro, también estuvieron comprometidos con las ideas anarcosindicalistas, al igual que su primo Joaquín Ascaso, Presidente del Consejo Regional de Defensa de Aragón entre 1936-1937. Este también participó de un grupo armado conocido como ‘Los Indomables’, contemporáneo a ‘Los Solidarios’ que integró su primo Francisco. En mayo de 1936 había sido nombrado representante del sindicato de Construcción de CNT en Zaragoza, durante la guerra, y tras haber sido hecho preso por cuadros políticos marxistas, huye a Francia por Andorra, y más tarde se estableció en Venezuela junto a otros exiliados anarcosindicalistas. No tanta suerte tuvieron la madre de Francisco, su hermana María, y su compañero el anarquista Luis Riera, además de Sol, la hija en común de ambos, todo murieron en el exilio en los campos de concentración franceses. Alejandro Ascaso se asentó en Costa Rica con una identidad falsa, y Domingo fue asesinado por militantes marxistas en los Sucesos de Mayo de 1937, defendiendo el edificio de la Telefónica en Barcelona.

Desde muy joven, Francisco Ascaso, comenzó a trabajar como camarero y panadero, vinculándose temprano al sindicato CNT, y más concretamente al grupo de acción de ‘Los Justicieros’. Entre los años 1920 y 1922 estuvo preso en la cárcel de Predicadores en Zaragoza acusado de atentados y subvertir el orden social. Se trasladó ese mismo año a Barcelona, y se unió a Buenaventura Durruti y Juan García Oliver, formando el grupo ‘Los Solidarios’. Fueron un grupo de acción integrado por anarcosindicalistas que se enfrentaban a las violencias de los pistoleros pagados por los empresarios catalanes para asesinar a sindicalistas obreros.

Crearon una red perfectamente organizada con depósitos de armas para hacer frente a la represión patronal y del gobierno, y se financiaban mediante el atraco a sedes bancarias como la del Banco de España en Gijón en septiembre de 1923. Se les atribuyó a Francisco Ascaso y Rafael Torres Escartín la ejecución del cardenal zaragozano Juan Soldevilla el 4 de junio de 1923 como venganza por el asesinato del anarcosindicalista Salvador Seguí. Fueron detenidos más tarde por la Audiencia de Zaragoza, aunque Francisco Ascaso logró fugarse de la prisión antes de ser juzgado.

Con el inicio de la Dictadura de Miguel Primo de Rivera en septiembre de 1923, los tres amigos de ‘Los Solidarios’ decidieron huir a Francia, para después pasar a América Latina, donde continuarían atracando bancos y enviando dinero a la lucha contra la dictadura en España. Regresaron a Europa y se establecieron clandestinamente en París, donde organizaron un intento de atentado contra el rey Alfonso XIII durante una visita oficial a la capital francesa en junio de 1926, suceso por el cual fueron expulsados a Bélgica, donde se les permitió su residencia. Con el comienzo de la Segunda República española en 1931 regresaron a Barcelona, donde se integraron en la FAI con el nombre de ‘Nosotros’.

Francisco Ascaso participó activamente de las huelgas e insurrecciones obreras durante el periodo republicano, en concreto tras la rebelión en el Alto Llobregat fue detenido en 1932 y deportado a la isla Fernando Poo en la colonia española de Guinea Ecuatorial; posteriormente trasladado nuevamente a la Península, al penal del Puerto de Santa María. En 1933 fue puesto en libertad, y nuevamente detenido en Sevilla, sufriendo así varios episodios represivos por parte de las autoridades republicanas. En 1934 fue nombrado secretario general del Comité regional de la CNT en Catalunya.

Durante el Golpe de Estado del 18 de julio de 1936, Francisco Ascaso se encuentra en Barcelona, que vivió un estallido revolucionario organizado por los obreros, primeramente defendiendo el territorio de la amenaza fascista, y posteriormente tomando el control de la ciudad. Ascaso participó del asalto al cuartel de Atarazanas junto a otros compañeros de la CNT, sin embargo, será durante este suceso que recibirá un balazo mortal en la frente, muriendo el 20 de julio de 1936.

Entre las columnas de las milicias populares que se organizaron para liberar el territorio de Aragón, una de ellas llevó por nombre ‘Columna Ascaso’, y partió de Barcelona la tarde del 25 de julio, tan solo cinco días después de la muerte de Francisco. Fue la tercera columna de milicias que partieron desde la ciudad de Barcelona controlada por las organizaciones obreras; contaba con unos dos mil milicianos y milicianas, unas seis ametralladoras, y cuatro camiones blindados (conocidos como los ‘tiznaos’) transformados en la fábrica metalúrgica de Gavà. Además, a esta columna se incorporaron los grupos internacionales ‘Giustizia e Libertá’ y el ‘Batallón de la Muerte o Centuria Malatesta’, integrados por combatientes italianos antifascistas. Estuvo situada en el sector de la provincia de Huesca, entrando en combate en la ofensiva contra esta cpaital y también en la Batalla de Monte Pelado en agosto de 1936; la columna fue dirigida,entre otros, por Gergorio Jover, o el hermano de Francisco, Domingo Ascaso.

Actualmente, un memorial visitable en el cementerio de Montjuïc, junto a Durruti y Ferrer i Guardia, recuerda a este histórico luchador del pueblo.

Balance trimestral de coyuntura. Enero a marzo 2018

Prólogo

Presentamos este pequeño proyecto tras fusionar lo que veníamos haciendo mensualmente sobre los «Enlaces del mes» y lo que Lusbert ha hecho en sus resúmenes anuales los tres últimos años. El objetivo de estos balances que saldrán trimestralmente de ahora en adelante es, además de resumir los acontecimientos sociales y políticos más relevantes en los últimos tres meses, incluir análisis, un posicionamiento político y posibles direcciones en un futuro próximo. Pretendemos que estos balances sirvan tanto a los movimientos sociales como a organizaciones revolucionarias para tener un análisis, generar posibles debates y trazar hojas de ruta de cara a avanzar cuantitativa y cualitativamente en la lucha social y de clases.

Acontecimientos

Comenzamos el nuevo año con una nueva devaluación del poder adquisitivo de la clase trabajadora. La subida de precios ha afectado a la cesta de la compra, el trasporte público, y los suministros principalmente, mientras que los salarios no se vieron reflejados en el IPC. Tanto es así, que una de las luchas que han protagonizado una mayor movilización social ha sido la reivindicación por unas pensiones dignas ante la ridícula subida de un 0,25%, y que el gobierno español quiso vender la moto de una mejora notable.

Las luchas en los conflictos laborales siguen un mismo camino en los últimos tiempos, la superación de las huelgas laborales, convirtiendo estas luchas en un problema social, con el apoyo de múltiples colectivos sociales. Un ejemplo de ello fue la amenaza de huelga de amarradores en el puerto de Barcelona a mediados de febrero, y gracias a la cual se consiguió la readmisión de los compañeros que habían sido despedidos. Otro caso ha sido la reciente huelga laboral en Amazon España, que ha implicado a casi la totalidad de la plantilla de la planta de San Fernando de Henares, Madrid, y que continuarán sus boicots a la empresa que pretende empeorar sus condiciones laborales.

Si de huelgas hablamos, tenemos que mencionar la histórica huelga de mujeres del 8 de marzo, las repercusiones que tuvo en cuanto a incidencia social, magnitud política del paro, presencia en las calles con movilizaciones masivas y piquetes en centros de trabajo, pero sobre todo la práctica simultánea de empoderamiento y sororidad de las mujeres en una jornada para recordar. Sin duda, destaca el papel de las organizaciones y colectivos feministas que han hecho una excelente campaña y trabajo por detrás de preparación para la huelga, así como la alianza con los sindicatos CNT, que formalizó la huelga general, y CGT, apoyando en la difusión y defendiendo la legalidad de la huelga.

No podemos dejar tampoco sin mencionar la lucha por el soterramiento del AVE en Murcia, pues el barrio del sur está prácticamente sitiado por la policía armada con metralletas. El proyecto de levantar un muro sigue en pie alegando que va a ser una medida provisional, mientras que los vecinos y vecinas están exigiendo que comiencen directamente con las obras de soterramiento ya, porque no quieren quedarse aislados por un muro que divide la ciudad. A razón de la resistencia vecinal, están sufriendo multas por cualquier tontería, tratando de escarmentarlos y desarticular dicha resistencia.

Desgraciadamente, a mayor movilización social y conciencia, también es mayor la represión hacia los colectivos, plataformas y activistas que de una manera u otra suponen un peligro para el régimen español. En este sentido debemos mencionar que se han cumplido ya más de 450 días en prisión sin juicio para tres jóvenes de Altsasu, acusados junto a otras personas del mismo municipio por lesiones y amenazas terroristas en una pelea de bar con dos guardias civiles. La semana negra para la libertad ideológica que vivimos a finales de febrero y que han otorgado un mayor protagonismo en las actuaciones represivas del Estado español: confirman sentencia de 3 años y medio al rapero Valtonyc, prohíben colección de arte sobre presxs políticxs del artista Santiago Serra en la feria de Arco, y secuestran el libro de ‘Fariña’ que denuncia la corrupción y el narcotráfico en las altas esferas de Galicia. No podríamos olvidarnos que la represión contra el independentismo catalán ha continuado, en los tribunales encarcelando a más miembros del govern, obligando a exiliarse a Anna Gabriel (CUP) o Marta Rovira (ERC), y reprimiendo en las calles al pueblo catalán tras cada protesta contra la actuación autoritaria del gobierno español.

Por último, recientemente vivimos un episodio más de racismo institucional con la muerte en plena calle del inmigrante senegalés Mame Mbaye, que cayó fulminado en el suelo en las calles del barrio de Lavapiés siendo perseguido por la policía municipal en una redada contra manteros. La respuesta social de todo un barrio, y de la ciudad de Madrid fue un ejemplo de lucha antirracista contra las políticas de persecusión aplicadas continuamente por el Ayuntamiento de la capital.

A nivel internacional también hemos vivido sucesos que nos parece muy importante destacar. Sin duda, uno de los acontecimientos más destacados de este trimestre ha sido la ofensiva de Turquía sobre Afrin, el cantón kurdo más occidental de Rojava, separado por una franja de los otros dos cantones. El ataque por parte del segundo Ejército más grande de la OTAN, comenzó el 20 de enero, contra un pueblo en armas que se ha movilizado para defender un territorio que ha gozado de cierta paz en medio de la guerra. El bombardeo contra la población civil y el avance del Ejército turco con el apoyo de Rusia y el silencio de Occidente ha sido aplastante, y hasta la actualidad las milicias kurdas han procurado presentar batalla exclusivamente para asegurar corredores de huida de los cientos de miles de refugiados. En esta batalla, cayeron mártires los y las internacionalistas como Samuel Prada, Anna Campbell, Alina Sanchez, cientos de civiles y milicianos. Con la caída de Afrin, las YPG/YPJ han prometido pasar a la guerra de guerrillas contra los invasores otomanos hasta liberar el cantón.

En Palestina, la activista Tamimi Ahed fue encarcelada por las fuerzas armadas israelíes, juzgada y condenada por abofetear a un soldado israelí. El hecho se produjo en el contexto del conflicto que se suscitó entre el gobierno de Israel y el pueblo palestino, tras la decisión del presidente norteamericano Donald Trump de trasladar su embajada a la ciudad de Jerusalén. Ese hecho provocó numerosas movilizaciones palestinas que fueron reprimidas duramente por el ejército israelí, dejando un saldo de más de 450 palestinos detenidos.

También en el mes de marzo vimos cómo era asesinada Marielle Franco a tiros por sicarios vinculados a la ultraderecha del Ayuntamiento de Rio de Janeiro en Brasil. Era una activista feminista que luchaba por la mejora de la vida de las mujeres en los barrios más marginados de la ciudad, toda una piedra en mitad del camino de la impunidad y la violencia narcotraficante. Por último, destacar que la movilización del 8 de marzo de las mujeres tuvo un impacto mundial, y concretamente en Chiapas, México, las mujeres zapatistas lograron reunir a miles de mujeres de todo el mundo en el primer Encuentro Internacional de Mujeres, que esperamos que se repita por muchos años más.

Unos apuntes finales

Durante este último trimestre, destacaríamos el papel del movimiento feminista que ha ido creciendo estos últimos meses y nos ha demostrado sobradamente la fuerza que ha conseguido acumular gracias a la constancia y el esfuerzo colectivo. La huelga general del 8M en España es el vivo ejemplo de ello, que a pesar de no haber conseguido un seguimiento igual en todos los sectores, las manifestaciones fueron multitudinarias en las ciudades del territorio, consiguiendo visualizar la problemática de la mujer en esta sociedad patriarcal: la violencia machista, feminización de la pobreza, la brecha salarial, el no reconocimiento del trabajo de cuidados y reparto desigual de las tareas domésticas, la falta de guarderías, etc. Otra cuestión clave a destacar en este sentido es la complicidad que se ha creado con el sindicalismo alternativo al convocar conjuntamente una jornada de huelga de 24h, frente al sindicalismo de concertación que solo convocó un paro de 2h. Hemos de mantener la alianza que se ha forjado entre el movimiento feminista y el sindicalismo combativo, no solo de cara al 1M, sino para potenciar la presencia sindical en los sectores más precarizados y feminizados.

Este año, el sindicalismo de clase está consiguiendo potencial para ganarle cada vez más terreno a CCOO y UGT: la huelga del 3-O en Catalunya, la reciente del 8M y la de Amazon en su centro logístico de San Fernando de Henares son ejemplos de ello. Este significa un paso muy importante para superar el modelo sindical amarillista, desplazándolo en favor del sindicalismo de clase y combativo.

El fin de la hucha de las pensiones públicas es un problema grave no solo para nuestros abuelos y abuelas, también lo serán para nuestros padres, nuestra generación y las venideras. Sobre ellas se viene encima la amenaza de implementarse un modelo nefasto de planes de pensiones privados similar al modelo de las AFP chilenas. Es por esa razón por la que hemos de tomarlo como un ataque a toda la sociedad civil.

La situación catalana todavía queda en el aire, pero sí se barajan opciones del fin del Proces y vuelta al autonomismo. Parece que el Proces haya vuelto de nuevo a los cauces institucionales. Todo lo que se ha construido hasta ahora en los CDRs necesitará una nueva dirección, más cuando ANC y Omnium han perdido su protagonismo en las movilizaciones ciudadanas. No obstante, ante el envío a prisión por pare del juez Llanera para Turull, Rull, Romeva, Forcadell y Bassa, la ciudadanía ha vuelto a las calles. También Puigdemon ha sido detenido en Alemania y ya han iniciado los trámites para la extradición. En las movilizaciones se oyeron gritos de «vaga general», pero no sabemos si habrá fuerzas para sacarlo adelante.

En este mismo año también ha dado comienzo una campaña por la remunicipalización del agua en Barcelona, ya que su gestión está en manos privadas de parte de Agbar, una sociedad filial de una multinacional. Esta lucha por el agua pública será también una lucha por el derecho a la ciudad, donde se está viendo que hay un entramado de corrupción detrás de todo esto.

Las YPG/YPJ siguen necesitando nuestra solidaridad internacional para recuperar Afrin y frenar los planes genocidas y de limpieza étnica de Erdogan, que ve a Rojava una amenaza para su país. Manbij parece ser el próximo objetivo que Turquía tiene en su punto de mira con el beneplácito de EEUU.

Otro gran problema que estamos sufriendo a nivel global es el cambio climático, cuyo síntoma más notable es el registro de temperaturas del Ártico, llegando a superar los 0º Celsius cuando la media debería estar alrededor de -25º. Consecuencia de ello, es la desaparición del hielo glaciar y la amenaza al hábitat de oso polar. También la subida general de temperaturas en varias zonas del globo podrían alterar la vida salvaje, harían aparecer con más frecuencia las las condiciones meteorológicas extremas (sequías, lluvias torrenciales, heladas, olas de calor, vientos huracanados…), enfermedades que hasta ahora solo se dan en zonas tropicales, así como posibles catástrofes naturales en zonas donde antes no se darían. Sobre ello, ninguna potencia mundial parece dispuesta a ceder su afán de expandir sus industrias ni a reducir los niveles de emisión de gases de efecto invernadero.

La primavera ha comenzado también para los movimientos sociales.

Reavivar la llama del sindicalismo de clase: Ahora o nunca

En medio del crisol de organizaciones de todo tipo que afloran el día de la conmemoración por antonomasia de la clase obrera, el 1 de Mayo, viene al pelo analizar la situación del sindicalismo y las causas que lo han llevado a la actual desconexión con los y las trabajadoras.

Históricamente, el sindicalismo ha sido una de las corrientes que más en comunión ha estado con la clase obrera en el seno de sus problemas: el entorno laboral. A su vez, gracias a la lucha que ha surgido de este movimiento generalista (podríamos desgranarlo en función de sus matices, pero nos llevaría otro artículo), se han logrado cuantiosos triunfos para dicha clase, materializados en forma de derechos laborales; ahora básicos y esenciales, aunque antaño parecieran quiméricos y/o largoplacistas.

Sin duda, es innegable el papel de las organizaciones sindicales en tales luchas y victorias. Especialmente en épocas en donde la represión contra la movilización obrera estaba a la orden del día.

Inevitablemente me surge una serie de preguntas que iré respondiendo a lo largo del artículo.

¿ES QUE YA NO HACE FALTA EL SINDICALISMO?

Vivimos una época gloriosa para la paz social, adentrados en la entelequia de la clase media. Ahora ya no somos obreros luchando contra malvados explotadores, sino trabajadores con pretensiones de alcanzar una cierta estabilidad en nuestros puestos de trabajo mientras vivimos en un limbo de insana incertidumbre. Tampoco somos aquellos individuos fabriles, miembros de una cadena de producción fordista, que se pasan doce horas realizando la misma tarea de forma mecánica, sino sujetos hiperespecializados en tareas concretas trabajando en alguna empresa de cara amable en donde se valora tu magnífica “proactividad” y tu buena “gestión de las complicaciones”.

Antaño no había más derechos de los que imponía el propietario de la fábrica, actualmente nos venden la imagen del sacrificio por la empresa como algo necesario y unitario, buenrollista diríase. En una forma burda de menoscabar los derechos laborales de los que ahora nos beneficiamos, la apelación al sacrificio y al “todo por la empresa” (discurso similar al del patriotismo fascista con su “todo por la patria”), quien no sea capaz de someterse a tales designios, que se considere un paria y un mal ciudadano, que alguien ya estará dispuesto a hacer su mismo trabajo bajo esas condiciones.

Las malas prácticas empresariales no han cedido, llevan ahí desde que la sociedad es sociedad. Pero al igual que han ido variando en función de las distintas etapas históricas, esta vez se han metamorfoseado y adaptado a la vida contemporánea.  Por lo tanto, se puede concluir que el sindicalismo es igual de necesario ahora que en el siglo pasado, pero que su discurso, tiene que estar en consonancia con los problemas actuales, alejados de la mirada dogmática y arcaica que a veces profesan.

SITUACIÓN DEL SINDICALISMO

No hay duda de que el discurso justificador de la explotación modernizada vociferado desde las clases dominantes ha calado en la mentalidad popular.
Es habitual escuchar o leer comentarios de compañeros y compañeras de clase trabajadora cargados de bilis contra los taxistas “que monopolizan el sector”, los “privilegiados” estibadores “que sólo cargan cajas en barcos”, los “subvencionados y prejubilados” mineros, los médicos “que cobran más que nadie” o los profesores “que tienen muchas vacaciones”. La cultura del sacrificio lleva unos años asentándose entre nosotros y su alternativa es un discurso victimista y anticuado, por parte del sindicalismo partidista, que se consume en sus propio incendio mientras empresarios, políticos y medios, avivan las ascuas con su propaganda anti-sindical.

Bajo este paradigma, no es sorprendente que la afiliación de los dos sindicatos mayoritarios del estado español (CCOO y UGT) haya bajado en sus cuatro últimos años un 21%, pese a suceder en un contexto de inestabilidad política y económica y con una clase obrera azotada por cuantiosos recortes y dos reformas laborales abrumadoras.

Esto no sería un problema grave si se tradujese en un aumento sustancial en la afiliación del sindicalismo alternativo o de clase, pero muy al contrario, la mayoría abandona con resignación la militancia sindical.

La tasa de afiliación de España es aproximadamente del 16%. De las más bajas de la UE.

MOTIVOS DE LA BAJA AFILIACIÓN: LA FALTA DE CONCIENCIA DE CLASE, DESCONFIANZA Y ALTERNATIVAS POCO VISIBLES

A raíz de todo lo analizado, es bastante previsible saber por dónde van los tiros de la pésima situación del sindicalismo en España.

Por un lado tenemos la baja credibilidad de estas organizaciones, ocasionada por la propia actitud de los grandes sindicatos estatales: sumidos en tramas de corrupción, afinidad y dependencia de distintos partidos políticos, falta de representatividad y acción visible, abandono hacia los desempleados, la extrema burocratización, las subvenciones públicas, las figuras poco representativas del comité de empresa y el delegado sindical…

Por otro, a pesar de la cantidad de bazas que muestra el sindicalismo estatista, las alternativas sindicales de clase no acaban de ser una fuerza de choque suficientemente potente. Muy a menudo por su falta de visibilización, su anclaje a una jerga y unas praxis arcaicas y poco adecuadas para la sociedad actual y sobretodo, por la cantidad de luchas intestinas que rompen con cualquier ápice de unidad, enfrentando y atomizando (más si cabe) a obreros conscientes, fomentando así el descontento general y fomentando el prejuicio anti-sindical.

Por último, todo esto no se puede entender sin un contexto un poco más social; es decir, la realidad material en la que vivimos.

La mentalidad posmoderna fomenta la representación del individuo contra el mundo. La referencia para un obrero o un estudiante ya no es una turba de obreros enfadados exigiendo derechos a cualquier precio, sino la figura del emprendedor. De aquél personaje “hecho a sí mismo” y fuera de todo contexto que ha sido capaz de, mediante esfuerzo y dedicación, superar la lucha de clases llegando a formar parte de la clase dominante en vez de acabando con las clases en sí.

Esta mentalidad, de notable influencia visible en la actualidad, fomenta la alienación del trabajador respecto a su clase y le acerca a la aceptación de las normas sociales convenidas por el aparato de dominación. Es decir, las clases populares acaban sintiendo como suyos los intereses de las clases dominantes aunque supongan una contrariedad con sus intereses propios.

ALTERNATIVAS: LO QUE TODAVÍA PODEMOS HACER

En este clima de pesimismo y llanto, abogo por aportar algunas soluciones que pueden ayudar al sindicalismo a encontrar la luz al final del túnel en el que se halla sumido.

Para los sindicatos de clase

– Aprovechar la tesitura de descontento generalizado con los sindicatos estatales para deslegitimarlos y postularse como alternativa viable.

– Aumentar la presencia en conflictos no exclusivamente laborales, sino también fomentar el activismo y la interrelación con colectivos políticos no estrictamente laboralistas (ej. Can Vies, desahucios, Rodea el Congreso…)

– Mayor y mejor presencia en Internet. Fortalecer el contenido a recursos online y la comunicación a través de redes sociales, aprovechando la ventaja que nos brinda la descentralizada red, como contramedida hacia los medios generalistas.

– Abandonar el discurso anticuado, regenerándolo y adaptándolo a las necesidades actuales. Aunque las opresiones no sean distintas, la forma de oprimir si lo es y por lo tanto, hay que responder con alternativas dialécticas a la altura.

– Anteponer la unidad de los trabajadores a los problemas internos e interorganizacionales, como forma de evitar la tan perjuiciosa ruptura de la clase obrera.

Para los trabajadores sindicados

– Fomentar la afiliación en el entorno laboral y la participación de todos los trabajadores, argumentando sobre la necesidad de hacerlo.

– Mediar en los conflictos que se produzcan en el entorno laboral y fomentar la convivencia entre trabajadores, pese a ser de ramas distintas.

– Conocer las necesidades y ser consciente de la situación de los compañeros y las compañeras del entorno laboral.

Para los trabajadores no sindicados

– Buscar activamente alternativas sindicales que se adecúen a nuestra forma de actuación y a la rama profesional.

– Afiliarse en un sindicato que responda a las expectativas y por supuesto, militar en medida de lo posible, ya que sin acción no hay consecuencia positiva.

A ochenta años de la revolución libertaria

Muchas décadas han pasado desde que aquella generación, intentara poner en marcha un sistema en libertad, igualdad y fraternidad, hoy, ochenta años después, siguen habiendo resistencias, propuestas e iniciativas, que se podrían considerar continuadoras de la iniciada por las anarcosindicalistas de la CNT. Pero, también, es cierto, que la mayoría de estas iniciativas, no se ven reflejadas y referentes del anarcosindicalismo.

Éste desde aquel dramático exilio, ha continuado su andadura y siempre ha estado al lado de las trabajadoras, muchas veces encontrándose solo, en esa lucha. Pero también se ha visto enredado en luchas intestinas, debates eternos, que le hicieron perder, paulatinamente, un discurso que llegara a la gente. Quedándose muchas veces replegado de puertas para adentro, sin entender los cambios que se daban en la sociedad y sin darse cuenta de que la mayoría de ésta dejaba de tenerlo como referente y se alejaba o se mantenía indiferente ante sus debates. Muchas veces anclado en sus símbolos e identidad, sacando a relucir “su glorioso pasado” o cayendo en aptitudes autoritarias e inmovilismo.

No es menos cierto que éste continúa resistiendo a las embestidas del capital y ha servido de apoyo a muchas personas y movimientos sociales, pero ha perdido su influencia “política”, ya no es un referente ni para la mayoría de las nuevas generaciones de libertarias.

Alguna de las corrientes que se reclaman del anarcosindicalismo, se encuentra en una maraña, mezclada de sectarismo, expulsiones, desfederaciones… de la cual aún apenas han logrado salir.

La corriente mayoritaria, se encuentra, en mi opinión, en gran parte atrapada por unas estructuras que fueron diseñadas para un mundo laboral que desaparece y que no dan, en muchas ocasiones, respuesta a las precarias trabajadoras, que un día trabajan aquí y otro allá. Inmerso en un sistema de elecciones sindicales, en el cual dice participar de forma crítica, pero al que está más adaptado de lo que se debería y lejos de crear su propio sindicalismo. Vaciando de contenido este sindicalismo orquestado desde el propio sistema, para hacer de él, una herramienta poco eficaz. Así como un funcionamiento interno, que complica muchísimo la participación de personas sin recursos sindicales. Habiendo un abismo entre esas trabajadoras a los cuales aún les queda algún derecho y a una amplia mayoría la cual no tiene ninguno.

Por supuesto, sigue siendo necesario la organización de las trabajadoras, ésta es fundamental, quizá más hoy que nunca, tampoco se está afirmando que haya que renunciar a lo que se ha conseguido, ni a la representación en las empresas. Pero se ha de reconocer que hay una gran mayoría de personas a las cuales, no se les logra organizar, ni se identifican con el sindicalismo actual

Es necesario una organización menos rígida y más participativa, hace décadas que no se hacen cambios en nuestras formas de organización. A diferencia de los que nos precedieron que adaptaban las estructuras del sindicato, para ser útiles a la realidad laboral que vivían, como ejemplo, los sindicatos únicos o federaciones de industria. Ir a la calle y los centros de trabajo a preguntarle a la gente porque no acuden a nuestras convocatorias. Que la autogestión deje de ser una consigna para pasar a ser una realidad palpable y practicada dentro de nuestra organización, visible para las demás personas, dando apoyo, real, a las personas que deciden emprender iniciativas, aunque estás se salgan del sindicalismo puro y duro. Practicar el apoyo mutuo, acudiendo allí, donde se nos necesite y dejar de utilizar la ideología como arma arrojadiza, para englobar al máximo número de personas, tengan estas el ADN Rojinegro o no.

Ser oposición permanente y una crítica atroz no es suficiente, ni saludable, hay que tener humildad, escuchar a esas personas despolitizadas en vez de juzgarlas. El número es importante, pero si este no se traduce en militancia, en traspasar la puerta de nuestro centro de trabajo o local, sino se es capaz de conectar con las nuevas generaciones de jóvenes, es como un cascaron vacío de contenido. Como se va pretender cambiar nada, cuando vemos como la participación en la mayoría de asambleas es testimonial, es necesario preguntarse ¿Por qué?

Esto no es un ataque contra nadie, reconozco el esfuerzo de muchas compañeras, su lucha en los centros de trabajo y la represión que sufren, es simplemente una reflexión personal. Yo mismo me incluyo en la crítica, al no haber sido capaz en mis diez años de militancia anarcosindicalista de consolidar una organización y cumplir mínimamente mis objetivos.

De la revolución de 1936 debe quedar el sacrifico, la humildad y la construcción en el día a día de una sociedad paralela al sistema, con comportamientos y valores distintos. Es momento de debate y de perder miedos a renunciar a algunas de las cosas que siempre habríamos creído, en ese debate no sobra nadie y deberían estar todas las que creen en una sociedad sin jerarquías y explotación.

Ese es el reto de las organizaciones de hoy, si es que es posible que sean ellas mismas las que inicien ese camino, para volver a ser un referente de las trabajadoras. Ante la crisis y la paralización de las organizaciones institucionales, es el momento de retomar los valores del anarquismo que pregonamos. Intentando ser un reflejo, lo más cercano posible a la sociedad que decimos querer construir, poniendo en la práctica la democracia directa, el apoyo mutuo, la autogestión, adaptando nuestra organización a los tiempos que vivimos y dejando paso a las nuevas generaciones, para que construyan con sus errores y aciertos su propio camino. Abriendo los ojos a la realidad que nos rodea y escuchando a esas miles de personas que tanto están sufriendo. Siendo humildes y reconociendo que hay vida, más allá del anarcosincalismo, empapándonos mutuamente de la variedad de movimientos sociales y, sobretodo, poniendo el énfasis en la construcción y menos en la pura crítica que muchas veces la gente no comprende.

Debate, reflexión y acierto. Continuamos llevando un mundo nuevo en nuestros corazones.

ALEXIS POBLET MARCO.

Por qué no soy anarquista

Murray Bookchin en los últimos años de su vida llegó a romper definitivamente con el anarquismo ya que el panorama que vio en su entorno era horrible, pues era un anarquismo mayoritariamente de estilo de vida, contracultural e individualista. Sin embargo, sus obras fueron cruciales para el PKK y su cambio de paradigma para desarrollar el movimiento de liberación kurdo que está siendo la única fuerza política democrática en medio del conflicto en Oriente Próximo. No obstante, aunque el título dé a entender que a priori fuera yo a romper con el anarquismo públicamente, realmente no es expresamente así. Simplemente quiero aclarar que solo soy anarquista en cuanto a pensamiento político y al programa (aún por realizar) que me adscribo, netamente socialista libertario. Pero a nivel personal, soy como otro cualquiera que vive en la realidad material, con sus problemas, sus vicios, sus contradicciones… en definitiva, con sus pros y sus contras.

Por la forma en que nos expresamos, da la sensación de que «ser anarquista» significa «vivir pensando como anarquista» o algo similar, del estilo «soy anarquista, soy especial, wow, so different to other people, so cool, y como anarquista no voto, odio el fútbol, el cole, a la policía, a los carnacas, a la gente normal… solo tengo amigos anarquistas, me mola lo rural, mi huerto autogestionado individualmente es lo más y escucho punk…», vamos un tipo coherente con sus ideas y principios que parece vivir en un mundo paralelo ajeno a los problemas de la gente común en su día a día. Pues en ese sentido, no soy anarquista. O al revés, que esos que tanto reivindican su identidad anarquista en realidad solo sean egoístas que quieren mantener su moral limpia tras leer a los autores clásicos anarquistas. Posiblemente sea eso.

Parece ser que confundimos el anarquismo como una suerte de filosofía de vida bohemia, donde el mantener su moral limpia y lo más antiautoritaria posible sea el objetivo principal, y desde allí desarrollar una actividad política que no va más allá de la propaganda identitaria y netamente destinada para consumo propio. Dicen además que si votas, eres futbolera, comes carne, lees autores marxistas o cosas así, es que no eres anarquista. Sobre todo lo de votar, que parece que si echas la papeleta mágicamente dejas de ser anarquista. Pero yo no creo en la magia, no estamos en Hogwarts. ¿Hemos olvidado acaso la influencia del anarquismo en esas luchas obreras de hace unos cien años y las revoluciones que se han materializado tales como el makhnovismo, la del ’36, Shinmin… y ahora tomamos referencias en el movimiento de liberación kurdo? Si leemos acerca de todos esos acontecimientos históricos un poco más en detalle, veremos que el anarquismo fue una expresión política, en otras palabras, la entendieron como bases sobre las que levantar un movimiento revolucionario, un proyecto de sociedad que emancipe a la clase trabajadora de la opresión capitalista. El makhnovismo fue paradigmático en este caso, donde deja en evidencia la diferencia entre tomar el anarquismo como una filosofía y estilo de vida, y tomar el anarquismo como política revolucionaria. Arshinov lo describió muy claro en su libro sobre el movimiento makhnovista, criticando la falta de apoyos desde el anarquismo ruso a la causa revolucionaria y que en su lugar, estaban en sus ateneos discutiendo sobre cuestiones morales acerca de la revolución. Hasta en las memorias de Makhno se recogen relatos similares (si mal no recuerdo…).

Pues el caso es que no vivo como anarquista, ni tengo por qué interpretar la realidad con un filtro rojinegro delante. Ante todo, soy persona y vivo mi realidad, la que me ha tocado. Tengo mis problemas, mis vicios, mis debilidades y mil imperfecciones, puedo hablar de fútbol, de elecciones, de naturaleza, y miles de chorradas estando de tranquis con amigos y amigas. No soy especial, soy otro común mortal más. No me siento superior moralmente porque mi pensamiento político sea anarquista o socialista libertario, ni llevo el pensamiento político a nivel personal, ni miro por encima del hombro de nadie que no piense como yo teniendo en mente lo de «ciudadanos borregos» y similares. En definitiva, no soy anarquista como tal. Solo lo soy en cuanto a pensamiento político y es en lo que creo: que el anarquismo sea tomado como política revolucionaria, que nos sirva como base para construir un actor político impulsor de movimientos populares de caracter revolucionario que pelee por su soberanía frente al neoliberalismo, que se materialice en un proyecto político asentado en la realidad como respuesta ante la crisis, proponiendo alternativas reales a este sistema y vuelva a ser motor de cambios sociales radicales como lo fue antaño. Es una tarea pendiente, un camino difícil de recorrer, pero necesario en estos tiempos revueltos donde este mundo está virando hacia la derecha -y también hacia la ultraderecha- ante la retirada de las izquierdas. Y si no somos capaces de ilusionar ni de configurar un proyecto político que atraiga a las clases trabajadoras como sí está haciendo la derecha, el anarquismo acabará en el baúl de los recuerdos como una bella utopía para soñadores y soñadoras.

El Sindicato Libre y la época del pistolerismo

Nos situamos a finales de 1919 y la famosa huelga de ‘La Canadiense’ ya ha pasado, provocando, entre otras cosas, una disparidad de opiniones en el seno del movimiento obrero y sindical sobre la radicalidad de los procedimientos en la lucha contra la patronal y el Estado. El diez de diciembre de ese mismo año, el carlista Ramón Sales, antiguo militante del Sindicato Mercantil de Barcelona en la CNT y miembro de la organización tradicionalista ‘Grup Crit de la Pàtria’, se reunía con varios militantes carlistas y miembros del Centro Obrero Legitimista. El objetivo de esa cita era crear la Corporación General de Trabajadores de los Sindicatos Libres de España, lo que pasaría a la historia como el Sindicato Libre o simplemente “El Libre”. De forma paralela a esto, el día doce de diciembre de 1919 se convertía en Primer Ministro de España el maurista Manuel Allende Salazar, el cual puso como Gobernador Civil de Barcelona al Conde de Salvatierra. Comenzaba así un recrudecimiento de la presión -y represión- patronal contra el movimiento obrero (especialmente anarquista), la cual se caracterizaría por una connivencia en materia represiva entre las fuerzas de seguridad del Estado, los sicarios de la patronal y los carlistas del recién nacido Sindicato Libre.

Antes de explicar los sucesos violentos entre el  Libre y el movimiento anarquista, veamos qué fue aquel sindicato fundando por carlistas y que, erróneamente, se le consideró -y se le sigue considerando- un sindicato a sueldo de la patronal (e incluso creado por ésta). Como hemos dicho anteriormente, fue fundado el diez de diciembre de 1919 por Ramón Sales -un joven de 19 años, antiguo miembro de la CNT, cristiano católico devoto y de ideología carlista- junto a cien trabajadores tradicionalistas. La creación de este sindicato se debió a varios motivos: la radicalización ideológica dentro de la CNT, la fuerte presencia de pistoleros y de procedimientos violentos para defender los intereses de la clase obrera y el supuesto impedimento a mejoras salariales a causa de los dos anteriores factores. El Sindicato Libre contó con dos etapas durante su vida. La primera, desde su nacimiento hasta principios de 1921, en la que la afiliación era escasa (10.000 afiliados, aproximadamente) y existía un ‘pacto no escrito’ entre el Libre y el sector industrial por el que no se hizo ninguna huelga o boicot, funcionando pues como sindicato amarillo. En la segunda fase, sin embargo, las cosas cambiaron radicalmente. Desde mediados de 1921 hasta octubre de 1922, el Libre comenzó a establecer acuerdos con Martínez Anido, que por aquel entonces era Gobernador Civil de Barcelona, consiguiendo así su protección. También se establecieron acuerdos de financiación con la Unión Patronal, presidida por Félix Graupera, y hasta con el propio presidente Eduardo Dato, el cual utilizó fondos públicos para financiar al Sindicato Libre. En esta temporada llegó a tener hasta 150.000 afiliados, gracias a la clandestinidad a la que pasó la CNT. Uno de los sambenitos que tuvo que acarrear -y actualmente sigue acarreando- el Libre fue su consideración como sindicato que tuvo la misión única y exclusiva de la defensa de los intereses empresariales y que, incluso, había sido creado por la propia patronal catalana. Nada más lejos de la realidad, ya que no fue una simple herramienta de transmisión de los intereses empresariales y estatales, sino que fue un sindicato que guardó siempre su autonomía y dirigió sus esfuerzos a ser una especie de alternativa al sindicalismo revolucionario de la CNT. Aunque es cierto que fue un sindicato amarillo, contrario a la emancipación de la clase trabajadora y una suerte de policías-obreros. De hecho, mantuvieron siempre una actitud ‘obrerista’ frente a la clase empresarial a la hora de pedir todo tipo de demandas, lo cual también provocó que cierto sector de la burguesía tuviera igual de aversión al Sindicato Libre como a la CNT o UGT. «Solamente más tarde llegaría la instrumentalización por parte de la patronal y de las fuerzas del Estado», escribía Amalia Pradas.

La época del pistolerismo fue uno de los episodios más duros de la historia de Cataluña, en lo que a violencia política se refiere, donde la guerra social entre la burguesía y el proletariado llegó a cotas sin precedentes y que no serían superadas hasta la Revolución Social de 1936. Ante la increíble fuerza que estaba consiguiendo el sindicato anarquista CNT, tanto en afiliación como en procedimientos de lucha, la patronal se las tuvo que ingeniar para poder poner fin, de forma total o parcial, al movimiento obrero en general y al anarquista en concreto. La clase empresarial catalana de la época usó tres ‘armas’ para luchar contra el movimiento anarcosindical: declarar lockouts, ‘comprar’ tanto a políticos como a cuerpos de seguridad del Estado y armar a pistoleros-sicarios para eliminar físicamente a sindicalistas de la CNT. La patronal utilizó todas estas ‘estrategias’ para combatir al sindicato CNT convirtiendo así las calles de Barcelona en un auténtico campo de batalla donde el único seguro de vida de cualquier trabajador afiliado a la CNT era portar un arma de fuego encima.

El primer gran incidente armado entre miembros armados de la CNT y pistoleros del Sindicato Libre ocurrió el seis de julio de 1920, en el que murió en el barrio del Raval Joan Purcet, líder destacado del Libre. Como venganza, los pistoleros amarillos asesinaban dos días después al líder cenetista Vicenç Roig en la plaza de Urquinaona. Se daba así inicio al famoso ‘ojo por ojo’, creándose una vorágine de venganzas entre los dos sindicatos en los que los muertos de un bando precedían a otros tantos del otro bando. Desde 1916 hasta 1923 ésta fue la cotidianidad de la clase obrera catalana y del movimiento anarquista, endureciéndose sobre todo a partir de 1920. El movimiento anarquista evolucionó del clásico terrorismo individual del siglo XIX al llamado ‘terrorismo de masas’ de los años ’20; la diferencia entre los cuales la explicaba de esta manera la escritora Amalia Pradas:

El primero se consideraba un mártir por la idea, que decidía libre e individualmente su suerte y no trataba de huir después de haber cometido una acción. Los delegados de los grupos de acción cenetista [pistoleros de la CNT] se consideraban más bien profesionales del atentado, fríos ejecutores de una consigna emanada de instancias superiores, y su intervención violenta se realizaba con todas las garantías posibles de seguridad: planificación previa sobre el terreno, instrumentos modernos de acción (automóvil, armas automáticas, etc…), ataques sorpresa y plan de huida previsto.

Este nuevo método de lucha, el terrorismo de masas, fue empleado de forma necesaria por el movimiento anarcosindicalista para defenderse ya no solo de los ataques propios de la clase burguesa contra la clase trabajadora, sino también para aguantar las embestidas del Estado y lo que algunos historiadores catalogaron como ‘plan de exterminio’ de los cuadros de la CNT (los llamados ‘Grupos de Acción’). Todo esto provocó tanto un incremento del ‘ojo por ojo’ como el hecho de que se ‘obligara’ a todo afiliado de la CNT a llevar una pistola encima por si tuviera que defenderse en cualquier momento.

Vemos entonces que fue a partir de la formación del nuevo Gobierno de Allende Salazar que el Estado comenzó a trazar un plan de ataque contra la CNT y todo el movimiento anarquista. El prefacio de ese plan de ataque se haría con una gran puesta en escena de 45.000 voluntarios del Somatén marchando por el Passeig de Gràcia el 24 de abril de 1921.

La época del pistolerismo se saldó con más de 800 atentados y 226 víctimas mortales, muchas de ellas ilustres como el Conde de Salvatierra (ex-Gobernador Civil de Barcelona), Francesc Layret (abogado obrerista), el Presidente del Gobierno Eduardo Dato o el famoso Secretario General de la CNT en Cataluña Salvador Seguí ‘El noi del sucre’. Esta situación de continua violencia fue uno de los motivos por los cuales Miguel Primo de Rivera daría un golpe de Estado en 1923 poniendo fin así a la época de la Restauración borbónica.

@borjalibertario

1 2 3 4 6