Claves para entender el anarquismo II

En la primera entrega nos quedamos en la definición básica de anarquismo: qué puntos son comunes a las diferentes corrientes, y en qué se basan estos. En esta entrega, continuaremos definiendo nociones básicas sirviéndonos de la concepción proudhoniana de la sociedad. Además, dejaremos el terreno listo para entrar en la «entretenida» tarea de comprender el anarquismo filosófico.

Recordando…

Recordemos un momento que, en en la primera entrega, definimos al Estado como:

1) Una entidad soberana, la cual clama tener la absoluta y única autoridad para definir los límites de su territorio y los derechos de sus ciudadanes.

2) Una entidad obligatoria, la cual es impuesta a las personas de cualquier generación. La imposición de la existencia del Estado, además, implica la obligación de aceptar dicha existencia dentro de la legalidad vigente.

3) Una entidad monopolística, es decir, el Estado tiene el monopolio del poder y violencia (fuerza) dentro de su territorio.

4) Una entidad discreta, es decir, diferente y claramente diferenciable del resto de funciones y dinámicas sociales. En este punto se incluirían las relaciones y elementos relacionados con la burocracía, el ejército, la policía, les polítiques, etcétera.

También explicamos que estas definiciones se aplican a cualquier tipo de Estado, ya sea liberal o proletario, puesto que la crítica anarquista se enfoca en la propia existencia del Estado como elemento opresor, no en sus formas específicas.

Proudhon: Estado y economía

Una vez resumida la primera entrega, vamos a dar paso a la definición de Proudhon, quien a lo largo de su obra trata indistintamente Estado y gobierno, siendo esto algo problemático desde un punto de vista teórico. Pero vamos a obviar esto y pasemos directamente a la definición proudhoniana de Estado (Miller, 1984: 7):

1) El Estado es un cuerpo coercitivo que no busca el bienestar de las personas, sino su propia reproducción. No es ni necesario para la coexistencia humana ni propicia la libertad (la reduce).

2) Es un cuerpo punitivo que se excede en el uso de la fuerza sobre aquellas personas que se oponen a sus leyes [1].

3) Es un cuerpo explotador que  obliga a las personas a dar parte de su riqueza a las arcas del Estado que, para Proudhon, son en definitiva «los bolsillos de la clase dominante.» Esta transferencia de riqueza se daría mediante el pago de impuestos y otras regulaciones económicas.

4) Es una fuerza destructiva que produce guerras a gran escala entre diferentes países. Para Proudhon, y otros anarquistas de la época, un mundo sin Estados sería un mundo más pacífico, pues aunque los conflictos violentos no desaparecerían estos se darían en una escala mucho menor.

Sin embargo, a pesar de que los Estados son tan nocivos para la libertad humana, algún elemento positivo han de aportar para que la gente no se subleve de forma automática. Los primeros análisis anarquistas apuntaron, pues, a diferentes elementos como la protección física de la ciudadanía frente a otros Estados violentos, y a la organización a gran escala de las fuerzas productivas. Estos dos puntos ampliamente compartidos en el anarquismo, si se miran con mayor detenimiento, nos muestran un hecho interesante del anarquismo: que ciertas cosas en la vida humana han de ser organizadas de manera social o colectiva, lo que se opondría a la concepción más individualista dentro del anarquismo.

De esta manera, para Proudhon y otras personas anarquistas de la época, las instituciones sociales eran necesarias y válidas. No hay que confundir una institución con un Estado, diría Proudhon, pues en una sociedad anarquista las instituciones sociales serían puramente funcionales, es decir, servirían a algún fin social, pero nunca serían soberanas ni obligatorias (sino voluntarias). Además, estas instituciones estarían organizadas y dirigidas «por personas de a pie», no por un cuerpo de técniques de la burocracia, mucho menos por polítiques.

Para comprender mejor esta distinción entre instituciones deseables e instituciones indeseables, es útil mencionar la postura de muches anarquistas respecto a la religión. Para muches, la religión per se, en sí misma, no es un problema. De hecho, siendo consecuentes con el principio de autonomía individual que defiende el anarquismo, quedaría a disposición de cada cual el creer o no en una religión determinada. Sin embargo, a lo que se opone rotundamente el anarquismo es a la imposición religiosa; a la dominación social de jerarquías eclesiásticas. De la misma forma, las instituciones sociales en tanto que formas de organizar la compleja vida social de los seres humanos pueden ser malas o buenas, pero en sí, a diferencia de los Estados, no tienen por qué ser negativas.

Volviendo a los Estados, si bien es cierto que la oposición a cualquier forma de Estado es algo común a todos los anarquismos (ibid.: 9), para muchos anarquistas de la época de Proudhon (y de hoy en día también) la crítica al capitalismo no es tan obvia. Teóricamente hablando, no está muy claro si los Estados modernos son resultado del capitalismo burgués o si el capitalismo es resultado de los Estados modernos. Debido a este vacío teórico que difícilmente se puede llenar, muchas personas anarquistas conciben que las dinámicas capitalistas son explotadoras y negativas para la humanidad porque se dan en un contexto estatal. En resumen: para algunes anarquistas el capitalismo sería una forma óptima de organización social si tuviera lugar en un mundo sin Estados, pues son estos y no el capitalismo (según estas personas) los que crean las desigualdades sociales.

Ahora que ya hemos acotado los límites de «qué es un Estado,» hemos de pasar a la concepción básica que tiene el anarquismo sobre la economía en relación con los Estados. No obstante, es importante mantener en mente todo lo escrito hasta el momento porque en futuras entregas echaremos mano a esto que podemos llamar «nociones básicas de anarquismo.»

Así pues, en el terreno económico el anarquismo mantiene su disparidad teórica: hay anarquistas que defienden el capitalismo, anarquistas que defienden la propiedad privada de los medios de producción, anarquistas que abogan por la propiedad colectiva, etcétera. Para aquelles que defienden la propiedad privada el elemento clave está en distinguir la propiedad de las personas del monopolio injusto que supone el Estado, el cual concentraría en grandes cantidades el capital de una sociedad. El mejor ejemplo de monopolio estatal sería, sin duda, los Estados «socialistas» como el creado en Rusia. Proudhon ya identificó, mucho tiempo antes de la Revolución Rusa, elementos autoritarios en las ideas de Karl Marx, cosa que también haría Bakunin (ibid.: 10).

Siguiendo con Proudhon y la línea general del anarquismo de la época, es interesante destacar que según su concepción un cambio en el sistema económico no supondría ningún cambio en la naturaleza interna de los Estados, es decir: un Estado proletario es tan malo (o más) que un Estado en un sistema capitalista. A este respecto, Bakunin añadió que los Estados modernos, haciendo especial hincapié en el proletario, serían una brutal maquinaria de control social y opresión que convertirían a la ciencia en la nueva religión y a los científicos sociales en los nuevos sacerdotes.

De todo esto podemos concluir que el anarquismo, per se, no tiene un sistema económico consensuado. Como explica Miller, son tantas las personas que piensan de tan diversas formas dentro del anarquismo que se hace imposible establecer teoría general a este respecto (ibid.: 11). Sin embargo, todas las propuestas de organización productiva y económica que se han realizado desde el anarquismo tienen algo en común: que son propuestas descentralizadas y organizadas de abajo-a-arriba. Esto se mantiene en todas las corrientes anarquistas, defiendan la propiedad privada, la existencia de mercado, o  la propiedad colectiva de los medios de producción. Además, otro elemento que caracteriza a todas las propuestas económicas anarquistas es la voluntariedad, lo que significa que no son obligatorias ni impuestas.

Proudhon,  por ejemplo, realizó  una propuesta que se podría situar en el medio del espectro «propiedad privada VS propiedad colectiva.» Él distinguía entre distintas áreas económicas donde la propiedad sería organizada de diferente manera. Así pues, para las áreas rurales Proudhon hablaba de pequeños propietarios, para la esfera de la artesanía y la pequeña producción también hablaba de pequeños propietarios, aunque aquí introdujo la posibilidad de asociarse a pequeña escala. Y finalmente, la industria sería para Proudhon totalmente colectiva. Como vemos, la propuesta del francés se caracteriza por su flexibilidad dependiendo del contexto que se tenga en cuenta.

Ahondando un poco más en la teoría económica de Proudhon, para él los precios de las mercancías no se han de establecer por medio de los mercados, es decir, a través de la competencia, la oferta, y la demanda. Para Proudhon el precio de las cosas vendría dado por el coste de producción, esto es: compramos cosas al precio que costaron hacerlas. Pero, ¿cómo se establece este precio? Proudhon propuso, pues, que el precio de las mercancías fuera dado por las horas de trabajo necesarias para producir algo, las cuales se transformarían en vales o notas de cambio (no dinero) que se usarían para comprar todo tipo de cosas. Además, estas notas de cambio las produciría una entidad popular que él denominó como Banco de la Gente (Banco Popular), el cual también serviría para hacer préstamos sin intereses a les trabajadores.

No obstante, los intentos económicos de Proudhon fallaron estrepitósamente. De hecho, él mismo se arruinó intentando poner en práctica sus ideas. Entonces, ¿qué es lo que falló? Si se piensa detenidamente, la organización económica propuesta por el francés depende de un único elemento que, de fallar, echa a abajo todo el edificio teórico. Este elemento es la solidaridad (incluyendo dentro de ella la confianza). Para que una nota de cambio tenga un valor real, la persona que la acepta tiene que confiar en que la otra parte realmente ha trabajado esas horas. Es más, tiene que confiar también en que lo que está comprando ha requerido, realmente, esas horas de trabajo. Por otro lado, el fabricante no tiene que intentar estafar a sus compradores. Hoy en día se nos hace difícil imaginar un sistema de mercado bajo estas premisas: casi todo el mundo intentaría «inflar» sus notas de cambio exagerando el tiempo que ha costado producir algo. Esto nos llevaría a una crítica de la cultura y la ideología dominante como vehículo para la consecución de la sociedad anarquista, cosa que ahora mismo nos queda un poco lejos [2].

Por otra parte, habréis reconocido en la teoría de Proudhon uno de los elementos básicos de la teoría anarquista: el rechazo al Estado como elemento necesario. Bajo la organización proudhoniana de la sociedad, el Estado no sería garante del mercado ni de las dinámicas económicas, pues todo esto sería llevado a cabo por la propia gente agrupada en organizaciones libres (o de manera individual). Este rechazo hacia el Estado ha fomentado una línea antiparlamentaria dentro del movimiento anarquista, la lógica es evidente: si el Estado es la fuente de casi todos los males de nuestras sociedades, ¿por qué íbamos a querer ser partícipes de él? No obstante, algunas corrientes anarquistas, como señala Miller (ibid.: 11), han participado en el sistema en mayor o menor medida. La lógica anarquista dicta que el control popular del poder legislativo es imposible, pues es ineficaz y entraña grandes riesgos de corrupción, y he aquí la explicación para rechazar la organización social bajo partidos políticos. Malatesta nos diría al respecto que, la participación en el sistema, podría ser beneficiosa siempre y cuando se mantengan en mente metas revolucionarias a corto plazo, es decir: el anarquismo se podría beneficiar de una lógica más práctica, atendiendo a estrategias en el corto plazo que guíen el camino hacia un contexto social más proclive para la revolución.

Pero ya son muchas las cosas dichas en esta entrega, así que vamos a dejarlo aquí. La próxima semana hablaremos sobre uno de los temas más complejos dentro de la teoría anarquista: el anarquismo filosófico. Trataremos las posturas filosóficas de tres autores fundamentales para entender el movimiento anarquista, ellos son: Godwin (utilitarismo), Stirner (egoísmo), y Wolff (neo-kantismo). Una vez más, a modo de «deberes» que faciliten la comprensión de la próxima entrega, recomiendo leer:

William Godwin en la enciclopedia filosófica de la Universidad de Stanford [Inglés]

William Godwin en Wikipedia [Castellano]

Max Stirner: Mi Poder, páginas 61-65 (capítulo de El Único y su Propiedad) [Castellano]

Robert P. Wolff: Chapter 1. The conflict between authority and autonomy (en In Defense of Anarchism) [Inglés]

Como el tema de la próxima entrega será bastante complejo y abstracto, las lecturas recomendadas arriba son de gran ayuda para la comprensión del tema. Son lecturas cortas que no os supondrán más de 1 hora, por lo que son «asequibles» en esos términos.

Notas

[1] Miller hace una aclaración muy pertinente en este punto de su libro: el anarquismo no se opone necesariamente al castigo de las infracciones sociales, sino más bien se opone al abuso de poder coercitivo.

[2] El tema se tratará más adelante en esta serie de artículos. Si alguien tuviera interés en ir leyendo cosas sobre el tema, algún texto de Malatesta sobre acción anarquista valdría como buen comienzo, pues en muchos de ellos trata el tema de la formación, la educación, y la ideología.

El poder en la anarquía

Para muchas anarquistas las cuestiones acerca del poder son abordadas desde la oposición al concepto, considerando una característica del libertarismo la ausencia de poder –que es muy parecido a otorgar a cada persona el mismo grado de autoridad-. No obstante, ¿se está realizando esta declaración desde la comprensión científica del término? Nos aproximaremos a la teoría del poder para defender la compatibilidad del mismo con la anarquía.

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El tribalismo como aprendizaje

Algunas variantes ideológicas derivadas del anarquismo o consideradas parte del mismo mantienen estrechos vínculos con el tribalismo e, incluso, con el retorno a formas primitivas de convivencia y existencia. Para el anarquista, ¿es posible encontrar alguna suerte de inspiración en formas de vida arcaicas y tradicionales? Queriendo responder a esta cuestión nos aproximaremos a los pueblos pastún y checheno.

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Claves para entender el anarquismo I

Inicio con este artículo un camino, más bien largo, que ya comencé a andar en el blog La Colectividad. A lo largo de este viaje intentaré analizar histórica, filosófica, y sociológicamente eso que se ha venido a llamar anarquismo. Además, es mi intención que los artículos de «Claves para entender el anarquismo» estén al alcance de todes, para que así personas sin estudios previos en el tema o con escasa formación teórica puedan avanzar en su personal entendimiento de una ideología tan apasionante como la anarquista. Sin más, espero que mi esfuerzo sirva al menos para despertar en vosotres la pasión de pensar críticamente.

Introducción

Los primeros artículos de «Claves para entender el anarquismo» se centrarán en bosquejar los límites de «qué significa ser anarquista.» Empezaremos analizando los elementos comunes a todas las ramas del anarquismo para, en futuros artículos, ir descendiendo paso por paso a cada tipo de anarquismo. Empezar por lo general para después descender a lo particular nos permitirá entender mejor los matices de cada tipo de anarquismo. En estos primeros artículos nos apoyaremos en el libro «Anarchism» de David Miller (quien no es anarquista, sino socialista de mercado como él mismo se define, pero sí uno de los más valiosos estudiosos de la historia del anarquismo). No perdamos más tiempo, vamos a lo nuestro.

Qué es el anarquismo

Muchas son las ideas que se asocian a la palabra anarquismo. Hoy en día, para gran parte de la sociedad, les anarquistas son poco más que personas destructivas que disfrutan destrozando contenedores de basura, quemando locales de la cadena Starbucks, o lanzando ladrillos a la policía. Esta idea generalizada sobre les anarquistas es reproducida y socializada (es decir, internalizada y aceptada como verdad) a través de los medios de comunicación, el sistema educativo en Occidente, y las relaciones cotidianas de las personas. De esta manera, el anarquismo seguramente sea una de las ideologías más tergiversadas en la historia de la humanidad. Sin embargo, nada de lo arriba escrito es absolutamente verdad. Si bien es cierto que algunas personas consideradas anarquistas disfrutan quemando contenedores, el anarquismo como ideología es mucho más. Les anarquistas no son solamente personas violentas y encapuchadas (que también); otres muches anarquistas son personas constructivas y creadoras.

Así pues, el anarquismo lejos de ser una ideología que busca la destrucción del mundo es una ideología profundamente constructiva que ha teorizado complejas alternativas sociales al capitalismo (Miller, 1984: 2). Es más, el anarquismo es tan complejo y tan constructivo que se hace muy difícil hablar de una ideología anarquista. Todas las ideologías políticas albergan en su seno contradicciones puntuales (es decir, no hay ideología política que sea absolutamente congruente), pero en el caso del anarquismo encontramos un gran abanico de posturas diferentes que son, a todas luces, opuestas. No obstante, sí que podemos identificar una lista de elementos básicos que unifican a todas las posturas anarquistas.

Pero antes de explicar esos elementos básicos del anarquismo, tenemos que identificar de qué estamos hablando cuando decimos anarquismo. Empezamos a hablar de anarquismo a finales del siglo XVIII, precisamente con el estallido de la Revolución Francesa en 1789. Antes de este momento histórico tan importante se pueden encontrar ideologías y cosmovisiones muy cercanas al anarquismo (pues los deseos de libertad han existido desde los primeros seres humanos), pero no podemos hablar del anarquismo como ideología política hasta finales de siglo XVIII, cuando todos esos deseos de libertad e ideales de emancipación se unifican y articulan bajo un mismo nombre para así crear un sistema de ideas que hoy llamamos anarquismo.

Tras la Revolución Francesa el anarquismo se expandió rápidamente por todo el mundo (ibid.: 4), llegando a ser una de las ideologías más importantes en los movimientos obreros europeos y norteamericanos. El anarquismo experimentó un incremento exponencial a partir de la década de 1860, cuando el movimiento obrero, impulsado por el marxismo [1], se asentó con contundencia entre les trabajadores del campo y, sobre todo, de la ciudad. Fue en este contexto de efervescencia social cuando el anarquismo adquirió fuerza y apoyo popular, llegando a conformar una importante rama del movimiento socialista. De hecho, les anarquistas del siglo XIX se consideraban como les verdaderes socialistas (ibid.: 2).

A grandes rasgos se puede afirmar con rigor que el anarquismo busca la creación de una sociedad justa, en la cual el individuo pueda ser libre pero que, al mismo tiempo, tenga una mayor conciencia social basada en la solidaridad entre las personas. Esta idea abstracta, sin embargo, se puede materializar de muy diversas maneras, y una vez más, a grandes rasgos, podemos identificar dos posturas diferentes dentro del anarquismo: una postura más individualista (promovida por autores como Godwin y Stirner), y una postura más colectivista (Bakunin y Kropotkin entre otres). Esta diferenciación, lejos de ser de matiz, supone una gran división dentro de la ideología anarquista, puesto que los postulados filosóficos sobre la naturaleza del individuo y de la vida social son pensados de forma muy distinta [2].

Como ya anticipé, afortunadamente podemos identificar varios elementos que nos permiten hablar de una ideología anarquista. El primero de ellos es la oposición a la existencia de un Estado. Todas las corrientes anarquistas abogan por la destrucción del Estado moderno para así poder organizar la sociedad de otra manera. Pero una vez más nos encontramos con un obstáculo en nuestro camino hacia la comprensión del anarquismo, y es que para muches autores los conceptos Estado y gobierno son intercambiables (viniendo a sugerir que son la misma cosa), mientras que para otres no lo son. Así pues, vamos a dejar este punto a un lado por el momento y consideremos que Estado y gobierno no son la misma cosa. Por lo tanto, un Estado para el anarquismo sería (ibid.: 5):

1) Una entidad soberana, la cual clama tener la absoluta y única autoridad para definir los límites de su territorio y los derechos de sus ciudadanes.

2) Una entidad obligatoria, la cual es impuesta a las personas de cualquier generación. La imposición de la existencia del Estado, además, implica la obligación de aceptar dicha existencia dentro de la legalidad vigente.

3) Una entidad monopolística, es decir, el Estado tiene el monopolio del poder y violencia (fuerza) dentro de su territorio.

4) Una entidad discreta, es decir, diferente y claramente diferenciable del resto de funciones y dinámicas sociales. En este punto se incluirían las relaciones y elementos relacionados con la burocracía, el ejército, la policía, les polítiques, etcétera.

Estos cuatro puntos son compartidos por todas las corrientes anarquistas. De una forma más detallada, el primer punto se relaciona con la creación unidireccional de la realidad social, es decir: lo permitido y lo no-permitido, lo posible y lo no-posible, etcétera, son cosas dadas por el Estado. El segundo punto tiene que ver con la idea de pacto social (por el momento vamos a dejarlo en que las personas que no participaron en dicho pacto son igualmente obligadas a aceptar la existencia, poder, y autoridad del Estado). El tercer punto tiene ecos weberianos [3], y como se verá más adelante, hace alusión a la incapacidad formal de las personas de sublevarse contra el Estado, puesto que es éste el que sustenta la violencia legal (el adjetivo legal aquí tiene una importancia mayúscula). Finalmente, el cuarto punto es resultado del gran esfuerzo teórico de los primeros autores anarquistas: en él se pretende decir que el Estado es claramente un elemento distinto del resto de dinámicas sociales. Como se verá más adelante, es vital acotar analíticamente (teóricamente) al Estado, pues la gran crítica de la ideología anarquista está orientada hacia el mismo.

Para terminar de comprender estos cuatro puntos tenemos que tener en cuenta, también, lo siguiente:

• Los cuatro puntos anarquistas que definen un Estado son aplicables de la misma forma a un Estado liberal de tipo hobbesiano como a un Estado socialista proletario. En próximos capítulos veremos la importancia de definir al Estado como un concepto más allá de su expresión material; para el anarquismo el problema es el Estado, no el tipo de Estado.

• El anarquismo, de cualquier tipo, se opone a la idea liberal de «pacto social» [4]. Aquí encontramos dos grandes argumentos en contra (ibid.: 6): uno es, ¿por qué iba alguien a aceptar la existencia de un Estado cuando éste es más opresor que el poder de individuos separados? Hemos de pensar que el Estado moderno nace desde un contexto feudal, en el cual el poder se fue concentrando poco a poco en ciudades-Estado que más tarde pasarían a conformar los Estados modernos. La crítica de los primeros anarquistas hace alusión a este hecho: pareciera que un Estado es más opresivo que un señor feudal, por lo tanto no se explica tal «pacto social.» El segundo argumento enlaza con el segundo punto de arriba: el «pacto social» se impone a las nuevas generaciones, las cuales no han tomado parte en ese supuesto «pacto social.»

Si hemos comprendido estos cuatro puntos definitorios, más la característica elemental del anarquismo (la oposición al Estado de cualquier tipo), y estas dos últimas argumentaciones, estamos preparades para pasar a analizar con un poco más de detalle los elementos de los Estados modernos. Pero esto lo vamos a dejar para la próxima entrega, en la cual se verá:

• La definición proudhoniana de Estado.

• El modelo alternativo propuesto por Proudhon.

• Seguiremos diferenciando corrientes anarquistas e identificando puntos comunes entre las mismas.

Como esta serie de artículos tienen una clara intención formativa, es pertinente recomendar unas cuantas lecturas para facilitar la comprensión del próximo artículo (el cual será más abstracto que esta introducción). A modo de «deberes», recomiendo leer un breve capítulo del libro de Capelleti «La ideología anarquista.» El capítulo en concreto se titula «Nacimiento del anarquismo: Pierre Joseph Proudhon.» Os dejo el enlace a la lectura aquí mismo, encontraréis el capítulo recomendado en las páginas 37-45.

Si alguien estuviera más interesade todavía en profundizar en el tema que trataremos en el próximo artículo, recomiendo la lectura de «El principio federativo» de Proudhon. La lectura la podéis encontrar en este link.

Notas

[1] Recordemos que el «Manifiesto del Partido Comunista» se publica por primera vez en febrero de 1848. Las ideas de Karl Marx y Friedrich Engels calaron con notabilidad en las décadas posteriores, durante las cuales se asentaron las bases del movimiento obrero.

[2] Entraremos a analizar con más detalle las diferentes corrientes anarquistas en futuros artículos de «Claves para entender el anarquismo.» Que nadie se impaciente, es muy importante ir desgranando poco a poco los elementos comunes y generales para luego entender mejor las diferencias entre las distintas corrientes anarquistas.

[3] Max Weber, uno de los padres de la sociología, definió al Estado como el monopolio de la violencia legal (gewaltmonopol des staates en el alemán original de la obra). Hoy en día su definición sea, seguramente, una de las más populares y aceptadas en la academia.

[4] El concepto de «pacto social», tal cual se entiende normalmente, fue acuñado por el filósofo francés Jean-Jacques Rousseau (aunque ideas similares se encuentran también en autores como Hobbes o Locke). La idea general se basa en abandonar el estado natural del ser humano (el cual ha sido definido de diversas formas). A grandes rasgos y sin entrar en abstractos conceptos teóricos, podemos definir el pacto social como aquel pacto que realizan las personas para vivir en una sociedad civilizada, abandonando así un estado «natural» previo. La conceptualización de Rousseau de pacto social implica perder libertad para ganar derechos (y deberes) en una sociedad civilizada. El garante de dichos derechos sería el Estado, así como el encargado de hacer cumplir con los deberes de sus ciudadanes. Asimismo, estos derechos no son inmutables (estáticos), sino que son mutables (pueden cambiar). La crítica anarquista apunta en esta dirección: si las «normas del Estado» se pueden cambiar… ¿cómo es que no se nos permite hacerlo?

Y el anarquismo volvió a Saint-Imier

Casi siglo y medio después los anarquistas de todo el mundo volvieron, entre el 8 y el 12 de agosto, a reunirse en la pequeña localidad Suiza de Saint-Imier.

Todo comenzó por iniciativa de la Cooperative Espace Noir, en colaboración con Féderation Anarchiste francesa (FA), la Organisation Socialisme Libertaire (OSL, suiza) y la Federación Libertaire des Montaignes (también suiza), en colaboración con las internacionales de específicas IFA (Internacional de Federaciones Anarquistas) y Anarkismo (nótese que la «k» proviene de esta en esperanto la palabra, y no por reminiscencias punkarras). Acudieron, según los organizaciones, casi 5.000 personas y, según la presnsa suiza, unas 3.000, de muy distintos países, organizándose una serie de charlas y conferencias durante los cuatro días que duró el encuentro.

Sin embargo, más allá del simbolismo que supone reunirse en la misma localidad en la que Bakunin fundó la Internacional Antiautoritaria de 1872 (tras la expulsión de la corriente libertaria de la AIT), me gustaría examinar que ha supuesto este encuentro para el anarquismo presente.

Para empezar, ha significado el encuentro de tendencias del anarquismo organizado que llevaban décadas sin entablar relaciones. Así, hemos podido ver a delegados de la IFA (como las FAI ibérica e italia o la FA francobelga) y a enviados de organizaciones de la red Anarkismo (como a la AL francesa) en un mismo espacio. Siendo estas corrientes organizativas políticas del anarquismo (la sintetista y la especifista) que pocas veces habían mantenido contacto.
A ello se unen representantes de los sindicatos de la AIT (CNT, FAU…) y de la Coordinadora Roja y Negra (CGT, CNT-Vignoles…), dos tendencias del sindicalismo libertario y revolucionario divididas desde hace más de 30 años. Sin olvidar representantes de organizaciones estudiantiles como el FEL chileno y argentino.

Recordemos, sin embargo, que fue un encuentro y no un congreso. Una aproximación que ha supuesto conocer al otro, abandonando antiguos prejuicios, pero sin llegar a ningún pacto de futuro. Con todo, es algo tremendamente positivo que el movimiento anarquista, tan atomizado como está y ante la situación actual, haga esfuerzos en pro de la unión de fuerzas.
Hay que tener en cuenta también que, por desgracia, el anarquismo organizado tiene todavía mucho camino que recorrer. Así, el historiador Frank Mintz, presente en el encuentro, contaba en una entrevista a Radio Klara* que, a pesar de todas las charlas, de todo el contacto entre organizaciones, había allí mucho «anarquista cloacal», de aquellos que más que a un encuentro político y social pensaban que iban a un festival. Y es que queda todavía mucho de tribalismo urbano en el seno del anarquismo.
Se ha probado, al menos, que somos capaces de seguir organizando, de seguir construyendo; que el anarquismo, como movimiento político, sigue vivo.

Espero pues que los anarquistas (los que tienen una preocupación social auténtica) continuemos, dejando a un lado sectarismos rancios, haciendo avances en pos del levantamiento de organizaciones y de la lucha social, lo que siempre se traduce en la contrucción del socialismo libertario y el fin de la barbarie capitalista.

*Crónicas del primer y segundo día del encuentro, por Frank Mintz.

El Regeneración de los hermanos Flores Magón

Este proyecto de comunicación virtual toma nombre en recuerdo a un periódico anarquista mexicano fundado, allá por el año 1900, por los hermanos Flores Magón.

Pretendo con esta entrada, a modo de pequeño homenaje, introducir que es lo que fue ese periódico – que llegó a tener una tirada de 20.000 ejemplares a la semana-  y quienes fueron sus fundadores.

Los hermanos Jesús, Enrique y Ricardo Flores Magón fueron un trío de políticos y periodistas de México. En 1906 participaron en la fundación del Partido Liberal Mexicano, un partido que,  a pesar de su nombre, más que liberal, era cercano al socialismo libertario y que promulgó el mítico lema que resonaría durante la revolución mexicana «Tierra y Libertad». Los dos menores, Enrique y Ricardo, acabaron por decantarse por el anarquismo mientras que Jesús adoptó una postura más moderada.

El pensamiento de los hermanos Magón, a veces llamado magonismo (término que siempre rechazaron por el culto a la personalidad que ello implicaba), constituía una síntesis del comunismo libertario europeo junto con valores propios de las comunidades indígenas mexicanas, siendo en esto precursores del posterior pensamiento de Emiliano Zapata y del actual neozapatismo del EZLN.*

Dos de estos hermanos, Jesús y Ricardo, fundaron en 1900 un periódico que se proponía regenerar la realidad social mexicana, abriendo un espacio para la crítica, la cultura y el debate que constituía un auténtico peligro para la dictadura militar de Porfirio Díaz. En él participaron, junto a los Magón, otros miembros del PLM, revolucionarios como Práxedis Guerrero (autor de la famosa frase «Prefiero morir de pie a vivir de rodillas») o Antonio Villareal.

Podemos distinguir, en el Regeneración de los hermanos Magón, tres épocas diferenciadas:**

  • Entre 1900 y 1905 la ideología inicial del periódico se identificaría, más bien, con un republicanismo de corte radical editándose en México y, desde 1904, en el exilio, en los Estados Unidos. Es allí donde los hermanos Magón comenzarán a adoptar unas posturas más socialistas, dando paso a la segunda época.
  • En esta segunda época, que va de 1906 a 19011, el periódico se convierte en el órgano de expresión del PLM, adoptando posturas cada vez más revolucionarias. Desapareciendo el periódico entre 1907 y 1910 pero publicando sus mismos autores el «Revolución«. En 1910, fecha del inicio de la revolución, Jesús Flores Magón vuelve a México, donde comienza a publicar un Regeneración moderado, mientras sus dos hermanos comenzarían a editar, aún en los EEUU, un Regeneración cada vez más radicalizado. Este hecho significaría la escisión del PLM en dos tendencias, derivando la mayoritaria hacia el anarquismo.
  • Ya en 1912 y hasta su desaparición en 1918 el periódico atraviesa una cuarta época. El PLM se declara oficialmente anarquista y el periódico adopta una postura comunista libertaria como «semanal revolucionario». Su ideario se convirtió en un referente para el ejército liberador del Sur de Emiliano Zapata. Con la contrarrevolución y el declive de las fuerzas libertarias vino el fin del periódico.

El periódico viviría una breve reaparición entre 1937 y 1938, editado por Efrén Castejón, tendría como razón de ser el dar apoyo internacional a los anarcosindicalistas españoles. Posteriormente, entre 1941 y principios de los ochenta se convertiría en el órgano oficial de la Federación Anarquista Mexicana. Pequeña organización magonista que desapareció tras sufrir problemas de financiación.

Los que trabajamos en este espacio web, homónimo de aquel histórico periódico, es posible que no nos identifiquemos del todo con las concepciones del mismo. Los tiempos han cambiado, y las ideas con ellos. Sin embargo, queremos mantener ese espíritu de preocupación por lo social, ese interés por ofrecer alternativas y ese ímpetu revolucionario, presente en la publicación mexicana.

*El Ejército Zapatista de Liberación Nacional, junto con otras organizaciones indígenas y libertarias, proclamaron en 1997 el año ciudadano Ricardo Flores Magón, reivindicando el magonismo como uno de sus principales referentes políticos.

**MEDRANO MARISCAL, Joel, Tésis: Índice del periódico Regeneración (primera época), Ciudad de México, 2007, Universidad Nacional Autónoma de México.

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