Pensando y practicando el espacio y el territorio más allá del paradigma estatal

Una aproximación a la Revolución en Rojava (Norte de Siria) a partir del municipalismo libertario de Murray Bookchin

Introducción y marco histórico:

En el marco de la primavera árabe, la guerra civil siria y la avanzada militar del Estado Islámico, en los territorios del Norte de Siria que limitan con Turquía e Irak se ha constituido un nuevo tipo de relación territorial y política que ha roto diversos paradigmas en torno al papel que cumple el Estado en la Sociedad. Dicha región, con mayoría de la población Kurda, es llamada Rojava, que traduce del Kurdo simplemente “Occidente”, ya que su nación, Kurdistán, se extiende a lo largo de 4 países: Turquía, Irak, Irán y Siria, siendo este último la parte oeste. Para entender el estudio de la propuesta sobre el espacio y el poder desde el pueblo kurdo es preciso entender primero la revolución que desarrollan y la historia que le antecede:

Los Kurdos son un pueblo indoeuropeo que habita las regiones montañosas de los países mencionados, al suroeste de Asia. En la actualidad la mayor parte de Kurdos son musulmanes suníes, aunque existe una gran parte que práctica la religión tradicional kurda, el Yazidismo. A pesar de ser pobladores históricos de la región y ser un amplio porcentaje de la población en sus respectivos países, el pueblo kurdo ha sido discriminado a lo largo de los siglos y se le ha reprimido para que no consiga organizarse de manera independiente y autónoma. La lucha por la liberación nacional se hizo más latente luego del fin del Imperio Otomano en 1923, tras lo cual fue rechazado un tratado para la creación de un Estado Kurdo. Posterior a ello existieron varias insurrecciones kurdas, especialmente en Irán y Turquía, que no prosperaron.

El antecedente más inmediato en el margen temporal que se quiere estudiar aquí, nace en 1978 con la fundación del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (por sus siglas en Kurdo, PKK), de inspiración original Marxista-Leninista e impulsor de las Unidades de Defensa Popular, su brazo militar, con histórica presencia en las regiones montañosas del sur de Turquía y amplia comunicación con el pueblo Kurdo de Rojava (Siria).

A finales de los años 90 y tras años de lucha armada, el PKK comienza a pasar de sus tesis marxistas-leninistas a una nueva propuesta para la organización del territorio que han llamado el Confederalismo Democrático. Esta idea es desarrollada por el líder del PKK, Abdullah Öcalan, quién preso en una cárcel turca, de a poco fue incorporando elementos de teóricos tales como Immanuel Wallerstein y Murray Bookchin, encontrándose en su propuesta una amalgama de tesis del socialismo libertario, el marxismo heterodoxo, el municipalismo libertario y el anarquismo. La influencia de estas ideas fue llegando poco a poco a Rojava, y en medio de la guerra civil que vive Siria desde el 2011, el pueblo kurdo ha iniciado una revolución social en sus territorios teniendo que resistir a la arremetida militar del Estado Islámico y Turquía, aliado estratégico del yihadismo.

El confederalismo democrático en Rojava:

La insurrección de Rojava comienza formalmente el 19 de Julio de 2012, cuando tropas kurdas liberan Kobane, la primera ciudad en Siria que queda por fuera de las manos del régimen Sirio de Al Assad, presidente de dicho país. A partir de entonces su propuesta empieza configurarse desde la práctica y queda cristalizada en la declaración de la hoja de ruta, que se puede considerar una especie de constitución, que han llamado “Contrato Social”. Esta fue elaborada el 6 de Enero de 2014 por la Asamblea Legislativa de la Administración de la Autonomía Democrática, en la Ciudad de Amude.

En Rojava habitan aproximadamente 3 millones de Kurdos y junto a ellos conviven miles de personas de otras culturas. Quizás el principal foco de conflictos en Kurdistán ha sido promovido a través de una pugna entre etnias, religiones y lenguas, que ha facilitado la explotación de recursos minero-energéticos en la región por parte de multinacionales extranjeras. Para las confederalistas democráticas, la solución del problema de la tierra pasa por entender la multiculturalidad en términos de respeto y no de guerra, como lo señala el Contrato Social en su preámbulo:

Nosotros, los pueblos de las regiones autónomas democráticas: kurdos, árabes, asirios caldeos, asirios arameos, turcomanos, armenios y chechenos, por nuestro libre albedrío, enunciamos el siguiente Contrato Social para establecer justicia, libertad y democracia de acuerdo con los principios de equilibrio ecológico, de igualdad, de no discriminación por motivos de género, religión, idioma; para dar cuenta de una sociedad democrática y de una vida en común basada en un marco político y moral que promueve el entendimiento mutuo y la convivencia en la diversidad; y para garantizar los derechos de las mujeres y los niños, la protección, la defensa y el respeto a la libertad de religiones y creencias.

A parte de la construcción del respeto por la diferencia, llama la atención el anunciado del Contrato Social que prosigue al anterior:

La Administración de las comunidades autónomas democráticas no acepta el entendimiento basado en el concepto de Estado-Nación. No acepta una sociedad basada en un estado militar ni religioso, ni acepta la administración en un poder centralizado.

Para entender el confederalismo democrático y su propuesta frente a la organización territorial, es preciso primero entender su crítica al paradigma estatal. Como se decía anteriormente, el salto político del marxismo-leninismo a una apuesta libertaria se da con un cambio de cosmovisión que surge dentro del PKK en los años 90, influenciado especialmente por el descubrimiento de los aportes del teórico anarquista y ecologista norteamericano Murray Bookchin (1921-2006).

Bookchin plantea una propuesta llamada “municipalismo libertario” como forma de superar al Estado en el ordenamiento del territorio y la sociedad. Para ello, Bookchin sienta como base una critica al Estado desde la tradición teórica anarquista, que lo define a partir de dos elementos clásicos:

  • El Estado como objeto absoluto de los aspectos sociales, políticos y económicos de un territorio1. De aquí queda explicito el principio de la pretensión del monopolio de la fuerza en manos de una fuerza centralizada.

  • El Estado como despojador de la gestión de las comunidades sobre sus propios asuntos, a través de la democracia representativa 2.

A partir de estos análisis Bookchin reconoce que el Estado se convierte en una herramienta de dominación de clase. Para poder superar las fallas estructurales de la sociedad moderna es preciso desaparecer el Estado, y para Bookchin, la propuesta es el municipalismo libertario. Tal y como lo define el teórico norteamericano, el municipalismo libertario es el nombre del proceso que pretende volver a crear y expandir el ámbito político-democrático como el lugar del autogobierno de la comunidad, es decir, que la vida social, política y económica sea administrada por los habitantes del territorio a través de la democracia directa y la autogestión productiva. Bookchin resume el municipalismo libertario en 5 tácticas:

  • Empoderar legalmente a los municipios existentes intentando así llevar el poder de decisión a las localidades.

  • Democratizar los municipios a través de asambleas de base.

  • Unir a los municipios “en redes regionales y confederaciones más amplias […] que trabajen para reemplazar gradualmente los estados-nación por las confederaciones municipales“, mientras se asegura que “los niveles” más altos “de la confederación tienen principalmente funciones administrativas y de coordinación.”

  • “Unir a los movimientos sociales progresistas” para fortalecer la sociedad civil y establecer “un punto focal común de iniciativas y movimientos de todos los ciudadanos”: las asambleas. Esta cooperación es “no porque esperamos encontrarnos siempre un consenso armonioso, sino —por el contrario— porque creemos en el desacuerdo y la deliberación. La sociedad se desarrolla mediante el debate y el conflicto“. Además, las asambleas deben ser laicas, “combatiendo las influencias religiosas en la política y el gobierno”, y conformando un “escenario para la lucha de clases”.

  • Con el fin de lograr su visión de una “sociedad sin clases, basada en el control político colectivo de los medios de producción socialmente importantes”, se llama a la “municipalización de la economía” y se propone una “asignación confederal de recursos para garantizar el equilibrio entre regiones”. En términos simples, esto equivale a una combinación de la autogestión obrera y la planificación participativa para satisfacer las necesidades sociales: economía anarquista clásica.

Casi que letra a letra pero sabiendo aplicar las propuestas en el contexto concreto del pueblo Kurdo, Öcalan retoma la literatura de Bookchin y la asume para el PKK, extendiendo sus ideas al interior de las filas y reflexionando críticamente sobre el papel de la violencia y el dogma marxista. Para reformar su estrategia, el Partido de los Trabajadores de Kurdistán comienza por abandonar la lucha violenta contra el Estado Turco, guardando las armas para tareas estrictas de autodefensa en sus territorios y haciendo la retirada militar a las comunidades donde prevalecía la presencia de asambleas de base, mientras en las grandes ciudades quedan simpatizantes y activistas. A partir de ello, sus militantes apuntan como objetivo la difusión de las nuevas tesis del PKK en el Kurdistán Turco y en Rojava, promoviendo la construcción de asambleas comunales y redes entre ellas (Cantones), que articuladas conforman la Confederación de los Pueblos de Kurdistán.

Así, la organización territorial se ejerce desde los territorios mismos de manera confederal. El centralismo queda relegado, pero tampoco se asume el federalismo trivial occidental; Las asambleas democráticas y los comités especializados en temas como la economía, la educación, la salud, la recreación y la autodefensa, son finalmente los encargados de definir el rumbo de los territorios kurdos. Esta síntesis, que podemos llamar democracia asamblearia, no se queda reducida a la tradicional perspectiva clasista que caracterizaba al comunismo kurdo de antaño, sino que la ubica en una dimensión de interdependencia con múltiples luchas, como lo describe Eirik Eiglad, activista cercano a Bookchin y estudioso del confederalismo democrático:

Es de particular importancia la necesidad de combinar las ideas de los movimientos feministas y ecológicos progresistas con los nuevos movimientos urbanos y las iniciativas de los ciudadanos, así como con las de sindicatos, cooperativas y colectivos locales […] Creemos que las ideas comunalistas de una democracia asamblearia contribuirán a hacer posible este progresivo intercambio de ideas sobre una base más permanente, y con consecuencias políticas más directas. Aún así, el comunalismo no es sólo una forma táctica de unir estos movimientos radicales. Nuestra llamada a la democracia municipal es un intento de llevar la razón y la ética al primer plano de las discusiones públicas.

El confederalismo democrático rechaza cualquier forma de organización territorial dentro del paradigma estatal, como ya se ha dicho. Para ello, la organización de la sociedad se da de “abajo a arriba”. Su génesis primaria, diferente al “constituyente primario” común en los sistemas políticos de los países estatales occidentales, es el denominado “ciudadano libre”, que no necesariamente son excluyentemente kurdos. A partir de él, se determinan las asambleas o consejos de Barrio, que reúnen a los ciudadanos libres que comparten su cotidianidad en el territorio concreto que habitan. Desde ahí se constituyen las asambleas por aldeas, barrios urbanos, distritos, ciudades y regiones, donde las decisiones son tomadas por personas delegadas, rotativas y revocables. La máxima instancia de decisión es el Congreso de la Sociedad Democrática, donde el 60% de sus integrantes son delegados de las asambleas de base mientras el restante 40% lo conforman delegados de organizaciones de la sociedad civil, sindicatos y partidos políticos, de los cuales el 6% aproximadamente está reservado para delegaciones de minorías étnicas, religiosas, académicos o personas con algún punto de vista particular (como teóricos provenientes del exterior).

A partir de las particularidades culturales y territoriales de Kurdistán, el confederalismo democrático ha identificado además una suerte de problemas respecto al ejercicio comunal del poder. Salta a la vista, por ejemplo, el especial énfasis que realiza el PKK sobre el problema de la discriminación de género y empoderamiento de la mujer. Para ilustrar basta con analizar el papel en los comités anteriormente descritos, especialmente en lo relacionado con las Unidades de Protección Popular, que tienen una brigada específicamente femenina: las Unidades de Protección de Mujeres, que se han ganado fama gracias al cubrimiento internacional sobre el conflicto en Medio Oriente y la guerra contra el Estado Islámico, ya que son las principales protagonistas de la defensa de Kobane.

Además de ello, dentro del Congreso de la Sociedad Democrática existe el Consejo de las Mujeres, que impulsa políticas en favor del empoderamiento de las mujeres en sus asambleas y en la critica al patriarcado manifiesto en estas. Uno de sus logros ha sido la instauración de la prácticas como la participación de la mujer en el Congreso de la Sociedad Democrática, donde como mínimo el 40% de su totalidad debe estar conformado por mujeres.

Bibliografía:

1Bakunin, Mijaíl. El principio del Estado. Encontrado en: https://www.marxists.org/espanol/bakunin/princip.htm

2Malatesta, Errico. La anarquía y el método del anarquismo. Encontrado en: http://www.bsolot.info/wp-content/uploads/2011/02/Malatesta_Errico-La_anarquia_y_el_m%C3%A9todo_del_anarquismo.pdf

Errekaleor Bizirik. Las raíces obreras del barrio autogestionado en Gasteiz

Normalmente, y por desgracia, solo cuando sucede alguna noticia de actualidad relevante en las luchas de los movimientos populares (y habitualmente esta noticia suele ser negativa), se dan a conocer proyectos de largo recorrido que antes estaban sumidos al conocimiento solo en el propio territorio local. No obstante, me parece importante que en nuestro medio de comunicación social y libertario, apoyemos siempre cualquier proyecto de autonomía y emancipación obrera, y más si cabe solidarizarnos si es objeto de la represión por parte de la clase dominante.

Es por eso, que una vez más, dada la coyuntura de actualidad política, ponemos de relieve la represión sucedida, en esta ocasión en el barrio de Errekaleor, en Vitoria-Gasteiz, indagando en las raíces del mismo.

El origen de este barrio fue una urbanización construida a las afueras de la ciudad durante el Franquismo, destinada a servir de viviendas para los trabajadores emigrantes fruto de la expansión industrial iniciada en la década de los años 50 del pasado siglo XX. Fundamentalmente lo habitaban obreros de factorías de automóviles, y el barrio tomó el nombre de un pequeño río que forma la vaguada en el que se asienta, aunque, inicialmente, debido a una cooperativa alavesa promocionada por el régimen franquista, se le dio el nombre de «Un mundo mejor» (recuerda irónicamente a la novela Un mundo feliz, de Aldous Huxley). Los principales centros de socialización y culturales del barrio fueron impulsados por sus propios vecinos y vecinas, implicándoles en una dinámica de alta concienciación de sus vidas como parte de la clase trabajadora a la que pertenecían. Uno de los cinco asesinados en los sucesos del 3 de marzo de 1976 por la represión policial, Barroso Romualdo, era vecino del barrio.

Tras la reconversión industrial en los años 80 este barrio fue siendo abandonado por la administración pública, potenciando que se convirtiera en un gueto de pobreza deliberadamente, viendo cómo en su entorno comenzaban a edificarse barrios residenciales de mayor nivel económico. Surgió entonces un proyecto que fue incluido en la ordenación urbanística de la zona sur de la ciudad de Vitoria-Gasteiz aprobado en el año 2000, y finalmente se decretó el realojamiento de sus habitantes para la futura demolición y su reconstrucción como parte integrante del nuevo barrio de Salburua.

Esta reconstrucción se enmarcaba en las dinámicas gentrificadoras que proyectaban modernos edificios y parques sobre ese barrio de raíces eminentemente obreras. Su ya escaso vecindario, en declive desde hace décadas, estableció una plataforma de personas afectadas por este proyecto, quienes veían imparable el avance de las excavadoras pero no querían moverse de su barrio de toda la vida. Sin embargo, será con el estallido de la burbuja inmobiliaria cuando el proyecto urbanístico quedó descartado completamente por el gobierno local y se agudizó aún más si cabe el abandono del barrio.

El ayuntamiento municipal, por lo tanto, desasistió la zona definitivamente, forzando a marcharse a los pocos vecinos y vecinas que aún quedaban, convirtiéndose en una zona de edificios desolados donde algunas personas sin hogar encontraban un techo bajo el que sobrevivir. Sin embargo, en septiembre del año 2013 el movimiento juvenil vasco, principalmente estudiantes, accederá a una de las primeras casas recuperadas, y dos años más tarde serían en torno a un centenar de personas las que habrían decidido ocupar las viviendas para llevar a cabo un proyecto político de rehabilitación común.

Estos años han tratado de revertir el proceso de abandono sometido por las autoridades y destinado a vaciar el barrio. Por lo tanto, se puso en marcha una de las más significativas experiencias de autogestión en la historia reciente, que denominaron Errekaleor Bizirik (‘Errekaleor vivo’ en castellano). El Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, siempre ha mantenido una actitud de rechazo y beligerante contra la reocupación del barrio de Errekaleor, tanto es así que intentó forzar el desalojo del barrio, consiguiendo un efecto absolutamente contrario. Los movimientos sociales y populares de la ciudad se solidarizaron con el proyecto, y sirvió como punto de confluencia entre estos y el movimiento estudiantil de la ciudad.

La asamblea que gestiona el barrio conjuntamente está implicada en numerosas actividades políticas y sociales relacionadas con el antifascismo, la igualdad de género, el movimiento animalista, lucha contra los desahucios, o la juventud independentista vasca. Sin duda, durante estos años el proyecto ha crecido y se ha ido dando a conocer en la propia ciudad, actuando de espacio de cohesión y proyectos en torno al movimiento popular y obrero.

Desgraciadamente, ayer mismo también ha saltado su conocimiento a otros territorios del Estado español debido a la represión que ejerció la Ertzaintza en el barrio de Errekaleor. Varias decenas de ertzainas asaltaron el barrio para que técnicos de la empresa eléctrica Iberdrola pudieran cortar el suministro de luz, a petición del Departamento de Industria del Gobierno vasco. Esa misma empresa eléctrica que día tras días se enriquece a costa del sufrimiento de muchísimas familias trabajadoras para pagar unos recibos de la luz cada vez más abusivos. A pesar de la pronta reacción del vecindario establecido en las viviendas, y los solidarios y solidarias que se desplazaron al lugar, ha sido imposible impedir que los operarios encontraran la manera de cortar los cables.

Un muro humano impedía acceder al transformador principal, y la policía vasca ha actuado ejerciendo violencia contra los compañeros y compañeras, e incluso deteniendo a tres personas en la acción. Las fuerzas policiales asediaron el barrio, sembrando la represión durante su operación y acometiendo aquello que las instituciones vascas y las empresas eléctricas dictaron. Sin embargo, encontraron la resistencia de una juventud y unos movimientos populares organizados, que también se manifestaron en el centro de Vitoria-Gasteiz por la tarde para tomar las calles y mostrar su rechazo a esta acción represiva.

A día de hoy encuentran la solidaridad de muchos colectivos sociales de clase trabajadora de Euskal Herria y de otros territorios, y nuestra mejor aportación a los compañeros y compañeras es dar a conocer esta información y promover una comunicación crítica, activa y de apoyo constante. En la línea de desatomizar lo atomizado, demos a conocer los proyectos de autonomía política, autogestión y empoderamiento desde abajo para que más personas participen de ellos ampliamente.

 

La relación entre el movimiento político y el movimiento popular

Abro este nuevo artículo con ánimos de volver a indagar en el tema histórico para poder aprender alguna cosa para nuestros tiempos. En este 2017 se cumplen 100 años de la Revolución rusa. Me ha parecido muy interesante la entrevista a Julián Vadillo sobre su nuevo libro, que aún no ha caído en mis manos. En ella dice una obviedad que veo necesario destacar, por que en el ambiente libertario no lo es tanto:

Los majnovistas son en esencia anarquistas: Majnó es anarquista, Archinov es anarquista… pero el majnovismo como tal es un movimiento de las masas laboriosas, como ellos mismos dicen. Anatol Gorelik, en El anarquismo en la Revolución rusa, dice que el majnovismo no es anarquista sino que tiene elementos que los une a los anarquistas, y los anarquistas ven en el majnovismo una opción importante para el desarrollo de sus ideas. Aparte está la Confederación Anarquista Nabat, la organización de los anarquistas ucranianos, en la que no está Majnó pero hay una confluencia. Aunque el majnovismo como tal no se defina como anarquista sí es antiautoritario, horizontal, autogestionario y tiene muchos puntos en común con el anarquismo.

Lo que nos está diciendo Vadillo no es otra cosa que el makhnovismo (que a menudo se trata como si fuera una organización anarquista sin más) era un movimiento popular y de masas y no era un movimiento específico anarquista. La específica es Nabat, que actúa de organización política de los anarquistas.

De aquí se transmite una idea muy interesante de dualismo organizativo, en los que un movimiento revolucionario está compuesto por una organización política y por una organización de masas. En este caso el makhnovismo estaba dirigido y dinamizado por anarquistas, de ahí que tuviera tantos rasgos comunes con el anarquismo, si bien era un movimiento de carácter campesino y popular.

En esto se parece al movimiento zapatista (el de Emiliano Zapata, no el actual) de la época que no se adscribía a ninguna corriente ideológica en particular pero que también compartía rasgos con el anarquismo. En este caso destaca el papel de Antonio Díaz Soto y Gama, anarquista proveniente del Partido Liberal Mexicano (organización política) y de la Casa del Obrero Mundial (sindicato anarcosindicalista). Su papel, fue relevante en el Ejército Libertador del Sur de Zapata, generando un discurso propio del movimiento, que estaba en sintonía con las ideas que había defendido el PLM.

Como vemos se trata de una nueva participación clave de militantes libertarios en un movimiento de masas revolucionario, que ayudan a construirlo. Su ejemplo se podría trasladar a Mikail Gerdzhikov y la comuna de Strandhza en la Bulgaria de 1903 y muchos otros casos similares a lo largo de la historia.

Las alianzas no se hacen por que sí. Ambas son tácticas que se supone que benefician a todas las partes. De la misma forma que podremos ver casos en los que las alianzas salieron mal, tenemos muchos otros tipos de alianzas que ayudaron a que el movimiento revolucionario creciera. De la misma forma crear un movimiento grande, plural y amplio es una forma para crear una organización con posibilidades revolucionarias. Y llevarlo a cabo debería ser responsabilidad de cualquier persona que se considere revolucionaria. Como es probable que solos no podamos crear un movimiento popular con garantías de ser una entidad de transformación social, pues tendremos que apoyarnos y colaborar con otra gente de otras tendencias y corrientes que nos apoyen en esta tarea. Lo último que hay que hacer es quedarse en la parálisis de la vida interna de los movimientos exclusivamente políticos o específicos.

@BlackSpartak

 

Okupación: apuntes sobre la experiencia en Madrid

El movimiento de okupación en Madrid tiene ya un largo recorrido histórico desde mediados de los años 70, y en un principio ligado a las asociaciones vecinales y grupos sindicales. Muchos han sido los barrios y pueblos madrileños que han contado con experiencias de okupación, casi siempre criminalizadas desde los medios de comunicación y reprimidas por las instituciones estatales, autonómicas y locales, pero también con un gran apoyo social y político por los movimientos populares que las han impulsado. Las siguientes temáticas o puntos clave que resumen la experiencia de la okupación en Madrid en la actualidad, son fruto de la reflexión tras el debate surgido en las jornadas que organizaron en el E.S.O.A. La Dragona en el barrio de la Elipa, con motivo de su octavo aniversario.

Asistencialismo o actividad política.

El concepto de okupación es eminentemente político y va ligado inevitablemente al mismo. La recuperación de un terreno o un edificio deshabitado, temporal o permanentemente, con fines de convertirlo en un espacio cultural y de acción, supone dotarle de vida como experiencia política. Además, se denuncia al mismo tiempo el derecho de propiedad privada en una lógica económica capitalista, entendiéndose el propio hecho de okupar ya un acto de subversión. Por lo tanto, un espacio okupado no implica un traspaso nominal de propiedad al margen de la legalidad, sino que pretende construir un proyecto de aprovechamiento de espacios vacíos con fines sociales y políticos. Se trata, en definitiva, de reconquistar parcelas y herramientas robadas por el sistema económico capitalista y el Estado.

Por lo tanto, estos espacios sociales okupados no deben ser lugares donde practicar un asistencialismo puntual hacia el barrio, para ello es imprescindible dar un sentido político a la construcción misma de estos espacios culturales, y en ocasiones, de ocio alternativo. Cada espacio okupado es un mundo aparte con dinámicas y flujos distintos (que son el reflejo de la voluntad de sus integrantes), con normas consensuadas por su asamblea de gestión y con unas herramientas de comunicación y unas sensibilidades políticas con matices diversos, pero fundamentalmente con una ideología detrás que sustenta la construcción del espacio.

En un espacio okupado habitualmente se dan propuestas a corto plazo y un calendario semanal, que convive a la vez con unas propuestas a largo plazo de estrategia o ideología política más amplia. Un punto muy importante es no acabar convirtiéndose en un gueto, sino ser la expresión política de los movimientos populares de un barrio o una comunidad. Por eso mismo, es totalmente necesario explicarles a ese barrio qué es un centro social okupado, pues su asamblea no pide permiso a ninguna institución para okupar pero solo tiene sentido si se construye junto a la comunidad, pues eso genera la legitimidad que lo sustenta.

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Coordinación real entre grupos sociales.

Los centros sociales okupados responden a su realidad más cercana, es decir, trabajan con lo más inmediato espacialmente. Se tienden redes de solidaridad frente a amenazas y desalojos, o campañas puntuales más amplias, independientemente de las afinidades particulares entre las mismas. En Madrid es bastante complejo establecer una coordinación amplia y fuerte por las características de la ciudad. Las realidades en los barrios son muy distintas, y las dinámicas políticas que se construyen tienen cada una su propia idiosincrasia. La dedicación a los espacios de cada comunidad genera que se tenga poco tiempo para una coordinación de mayor envergadura. También influye notablemente el esfuerzo de cada espacio okupado por su propia subsistencia, ya que el status de la okupación es ilegal, y por lo tanto está fuertemente perseguido y reprimido desde los propietarios especuladores, administraciones municipales y tribunales estatales.

Pesa a estos impedimentos para crear una amplia coordinación del movimiento okupa en Madrid, existe la experiencia desde hace unos años de la conocida como Oficina de Okupación de Madrid, ubicada en el CS(r)OA La Quimera de Lavapiés. Un espacio que articula la información en torno al asesoramiento legal y asesoramiento técnico para promover proyectos de okupación, y poder contar con la ayuda necesaria o el bagaje ya aprendido en años de diversas experiencias. Esta oficina ha editado incluso un manual de okupación (http://www.okupatutambien.net/wp-content/uploads/2011/11/ManualOkupacion1aEd.pdf)  al alcance de cualquier persona para formarse sobre todos los aspectos relacionados con la okupación de un espacio.

No obstante, más allá de esta ligera articulación y contactos puntuales, no se ha dado ninguna coordinadora de okupas de Madrid. Como trabajo pendiente para el futuro, deberíamos sacudirnos el lastre que supone a veces sumergirnos plenamente en el barrionalismo pues nos limita a ver más allá de las fronteras de nuestros centros. Es necesaria una verdadera coordinación de los espacios okupados madrileños, pues su potencial tiene mucho que aportar a la configuración de comunidades que se establezcan como un contrapoder real a las instituciones municipales. No debemos caer tampoco en la simpleza de entender los centros sociales okupados como entidades libertarias al margen del capitalismo y que serán la base de la sociedad igualitaria futura. Los espacios okupados son una herramienta en las luchas del presente, lugares donde poner en marcha la pedagogía de la desobediencia y espacio de encuentro de los movimientos populares para articular una ruptura social frente al capitalismo.

puerta Remunicipalización de los espacios okupados

Durante este último tiempo hemos visto en Madrid una evidente ofensiva contra los espacios sociales okupados, dirigida desde el ayuntamiento gobernado por el experimento político reformista de Ahora Madrid. Al principio cabía la sorpresa de que viniera este ataque desde esta administración municipal en concreto, y no desde el gobierno municipal anterior de sesgo ideológico mucho más conservador.

No obstante, el espacio político en juego es de gran importancia para los intereses del Ayuntamiento de Madrid, puesto que este no puede permitir que la base social madrileña contestataria al capitalismo, le desborde por la izquierda y le ponga en incómodas situaciones frente a los poderes económicos fácticos. De esta manera el gobierno local ha impuesto a varios espacios okupados de la capital la obligación de pasar por el aro de la legalidad, y administrar los espacios desde las instancias municipales.

Esto supone una ruptura absoluta del sentido político básico de estos espacios okupados, y ante esa imposición, los centros okupados están respondiendo negativamente a las expectativas municipales. Sin embargo, el Ayuntamiento quiere culpabilizar a los centros sociales okupados como la parte intransigente en la negociación. Su propuesta conlleva un maquillaje y desvirtualización de las actividades, un engaño de base a nosotros/as mismos/as. En su comunicación con estos espacios okupados, aunque pueda parecer increíble, están jugando sucio, tratando de generar divisiones internas en las asambleas de gestión y sembrando tensiones o desilusiones. Además, la administración local está proponiendo soluciones ilícitas, como la cesión de espacios sin que salgan a concurso público, o peticiones irrealizables como solicitar condiciones de reforma de los espacios que ascienden a cientos de miles de euros.

La okupación no hay quien la pare

Es importante ser conscientes precisamente de lo que supone ideológicamente la okupación, y cuáles son sus objetivos políticos. No debemos aferrarnos a un edificio aunque este sea significativo y útil, el mantenimiento de un espacio solo se debe contemplar cuando este siga siendo utilizable. Con esto no debemos pensar que estamos claudicando, como ya hemos expuesto la okupación supone una evidente confrontación con la legalidad y un continuo peligro de represión. Ante esto debemos de actuar inteligentemente, puesto que el beneficio de un espacio okupado es social, y administrado desde los movimientos populares, por lo que la actuación de la asamblea debe ser consecuente con este punto.

Los espacios son desechables, y lo verdaderamente importante es seguir desarrollando un proyecto autogestionado en cualquier otro espacio. El problema es que los espacios se defienden por motivos de apego emocional, son muchas las experiencias colectivas vividas en estos centros sociales, espacios que nos ayudan a crecer también individualmente. Abandonar para abrir otro espacio no es una derrota de la resistencia sino un cambio para sobrevivir, aunque la resistencia es perfectamente una vía frente a las instituciones que quieren robarnos los espacios que hemos recuperado. La institución ni es legítima ni se la considera un interlocutor válido.

También es cierto que no deberíamos comunicar públicamente el desalojo de nuestros espacios okupados como un acto ilegal por parte de las autoridades, puesto que la misma okupación es un acto ilegal, pero con el cual estamos de acuerdo por encontrarlo legitimado en la propia lucha de las clases populares. De esta manera no caeremos en la contradicción de querer defender los espacios okupados con la legalidad en la mano, pues sabemos que esta no se ha creado en beneficio del pueblo. Esperemos que en el futuro continúen surgiendo proyectos okupados en muchos espacios de Madrid, que consigan aunar fuerzas suficientes en barrios, universidades e incluso centros laborales.

Okupa, resiste, crea.

Antidesarrollismo: la alternativa humana al determinismo del capital.

La creencia en el dogma del progreso económico sin límites como corrección a los males sociales ha sido inherente al régimen capitalista, y sin embargo, en la actualidad, un número creciente de personas están desligándose de esta verdad absoluta, redirigiendo su visión hacia el futuro de las economías locales insertadas en una red de comunicación libre y de apoyo mutuo.

Una mirada histórica.

La evolución del capitalismo desde el siglo XVIII no ha sido uniforme, sino que ha estado sujeta a numerosos cambios y obstáculos. Este siempre ha sabido mimetizarse, al principio, generar una hegemonía cultural y crear estrategias propias, más tarde, y por último imponerse globalmente.

No podemos hablar del mismo modo del capitalismo industrial del siglo XIX, aquél que se expandía desde Inglaterra y eclosionó políticamente en las Revoluciones Liberales protagonizando una proletarización masiva, que del capitalismo financiero desarrollado en el siglo XX. De la misma manera, que en la actualidad, debemos aprender a analizar nuestro tiempo dejando a un lado los parámetros clásicos del siglo pasado, para conocer de cerca el nuevo capitalismo tecnológico triunfante, que se impuso tras el nuevo orden mundial de inicios del siglo XXI.

El liberalismo político y económico defendía a bayoneta y cañonazo que ser libre era, exclusivamente, poder contratar, comprar y vender libremente, sin regulaciones, ni obstáculos por parte de un órgano civil. Posteriormente, tras la grave crisis de superproducción de la Segunda Revolución Industrial en el último tercio del siglo XIX, se da un giro hacia un modelo renovado que basa su desarrollo en las nuevas fuentes de energía como petróleo, electricidad o química. El Taylorismo y el Fordismo del siglo XX, que supusieron el desclasamiento proletario, inician la integración de los trabajadores en un modelo capitalista social, que no obligatoriamente democrático, sino también potenciado por los fascismos.

El nuevo capitalismo actual.

A día de hoy, el capitalismo tecnológico ha tendido hacia una reestructuración global tanto del sistema laboral clásico, como de la cultura social, tendiendo a un abuso extremo de instrumentos electrónicos y tecnológicos, así como una dislocación del poder. La exigencia social de reinventarse constantemente, y la dedicación constante a nuevos elementos efímeros en continuo dinamismo, crea seres absolutamente perdidos en una telaraña social imposible de comprender. Se está imponiendo la sustitución del software a la propia mente humana.

Se nos presenta el tecnoparaíso como el nuevo paradigma social de progreso, cuando en realidad este ideal está vinculado a un capitalismo salvaje que explota el presente sin tener en cuenta la necesidad de construir en un futuro a largo plazo. La tensión y desintegración social dada en nuestras comunidades actualmente, como la gentrificación de los barrios o el ensalzamiento cultural elitista, son un reflejo de las consecuencias de dejarnos arrastrar hacia este camino.

En 1998 se publica La Corrosión del Carácter, del sociólogo Richar Sennet, quien a través de este libro afirma que está convencido de que el ser humano no podrá construirse en estas condiciones por lo que apuesta por una revuelta contra esta cultura de la superficialidad. Se nos propone un análisis de este nuevo capitalismo que quiere presentarse desatado de jerarquías y estructuras autoritarias, sumiéndonos en el caos agresivo del darwinismo social. Se nos impone la normalización de la competencia atroz entre individuos, que deben mirar solo por ellos mismos y sus propios intereses, y por tratar de diferenciarse de una masa vulgar e iletrada donde todos son enemigos.

Nuestra labor en el presente y hacia el futuro.

El contrato social en nuestros días requiere no establecer lazos de amistad ni vínculos emocionales a largo plazo, puesto que la deriva es tan efímera y las condiciones tan alterables según las necesidades económicas, que se presentan como algo insignificante. Por lo tanto, nuestras líneas de acción para romper con este camino tomado por el neocapitalismo vienen marcadas por la propuesta del profesor Carlos Taibo (Universidad Autónoma de Madrid), es decir: desurbanizar, destecnologizar y descomplejizar.

Debemos tomar conciencia sobre el derecho a nuestra supervivencia como seres humanos libres, la vida es otra cosa muy diferente a lo que nos presentan a día de hoy. Por lo tanto, habremos de construir partiendo desde esta realidad, para romper con ella desde la pedagogía de la práctica libertaria y la construcción de proyectos nuevos con una profundidad teórica considerable, obtenida a través de la reflexión común. Es completamente necesario generar una economía comunitaria y local, no perder de vista las tesis antidesarrollistas para rehumanizarnos, en definitiva, crear tejido social, porque una salida alternativa a este capitalismo individualista, pasa por edificar a largo plazo y de manera colectiva.

Enlaces del mes: Septiembre 2015

Sobre la guerra de Siria, traemos materiales sobre el curso de la guerra y los movimientos geopolíticos de las potencias regionales e imperialistas de la zona así como los conflictos del pueblo kurdo en Siria. Tenemos también una entrevista reciente a un grupo anarquista turco: las DAF, que nos cuentan sobre la historia del anarquismo en Turquía, en qué ámbitos operan dentro del país así como su compromiso de solidaridad y apoyo activo a la revolución social de Rojava. Del mismo modo, también nos llamó la atención la puesta en marcha de cine comunal en Rojava, que tiene su paralelismo histórico en la colectivización de la industria del espectáculo por parte de la CNT a los inicios de la guerra civil española.

¿Qué situación atraviesa actualmente la clase obrera global? Este artículo ofrece un repaso de las luchas obreras a lo largo y ancho del planeta a partir del ascenso del think tank neoliberal The Chicago Boys, en las décadas de los ’70 y los ’80 del siglo XX, época marcada por una reestructuración del capitalismo tras el fracaso del keynesianismo y el auge de la primera ola neoliberal, pasando el colapso de la URSS, los movimientos antiglobalización de los 2000, la ola de protestas de los movimientos sociales amplios y masivos después de la guerra de Iraq y la crisis económica mundial, hasta hoy, donde se menciona también al proletariado industrial del centro de China y el sudeste asiático. La globalización capitalista ha ido parejo a la construcción de una clase obrera a nivel grlobal, lo que plantea una nueva coyuntura y ver qué papeles jugarán la izquierda y el anarquismo ante ésta.

Durante el verano y tras la desconvocatoria de la huelga de técnicos de Movistar, volvieron al puesto de trabajo sin haber logrado sus reivindicaciones, aunque algo se ha conseguido avanzar. No obstante, no en todos los sitios cesaron las represalias. Con el inicio del curso, los y las técnicas de Movistar están valorando volver con las movilizaciones tras hacer un repaso de lo acontecido este verano después de haber repuesto fuerzas.

En esta entrevista a Mario Celis, repasan la trayectoria que ha pasado el movimiento anarquista chileno y lo que les llevó de pasar de un movimiento subcultural, de colectivos y voluntarista a un movimiento político y revolucionario de organizaciones y frentes, y con responsabilidades políticas y sociales. Fue entonces una época de cambios de tendencias que comenzó en los años ’90 con el Congreso de Unificación Anarco-Comunista (CUAC) hasta unos diez años más tarde cuando se consolidó y comenzó a andar la tendencia, reflejada en la OCL, la FeL y la Izquierda Libertaria principalmente. Llama la atención sobre todo que estas experiencias las estamos viendo en el anarquismo en el Estado esañol. Sin duda, una lectura muy recomendada para impulsar este cambio de tendencias que permitan articular el anarquismo como fuerza política y movimiento. “Arriba los que luchan y no luchan”. El Congreso de Unificación Anarco Comunista de Chile (CUAC) y la apuesta libertaria en el siglo XXI. Entrevista a Mario Celis.

Por otra parte, toda la UE estuvo pendiente de las elecciones generales del 20 de septiembre en Grecia, pais que ya votó en unas elecciones generales a comienzos de este mismo año y en un referéndum en julio. Con la bandera de la soberanía abandonada por Syriza y antes por el Pasok y la ND, la prensa neoliberal (El Mundo, en este caso) nos sirvio esta entrevista con un representante de Amanecer Dorado. Su mezcla de nacionalismo xenófobo y perspicacia a la hora de exponer su imagen a los medios puede explicar la persistencia de este partido como (pequeña) tercera fuerza en las instituciones y en la calle.

En clave estatal, una de las polémicas de final de verano fue la celebracion de la fiesta del «toro de la vega» en la localidad vallisoletana de Tordesillas. El hecho de que su alcalde lo sea por el PSOE ya había llevado a Pedro Sánchez a jugar con los medios y con la oposicion al «toro de la vega» en gran parte del Estado en una ocasión anterior. En esta, Jorge Armesto utilizó su tribuna de opinión en Diagonal para tomar este caso como ejemplo de la capacidad del PSOE y otros grandes partidos para crear una imagen que se sobrepone a la misma realidad de sus políticas.

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