[Reseña cinematográfica] Carmen y Lola

Carmen y Lola es una película dramática española de 2018 dirigida por Arantxa Echevarría. Fue seleccionada para la pantalla en la Quincena de Realizadores del Festival de Cine de Cannes 2018. El Festival Cinespaña de Toulouse cerró la 23ª edición el 14 de octubre con la proyección de este filme. Además, la película consiguió la Violeta de Oro a la mejor película, logrando además otros dos galardones, el de Moreno Borja como mejor actor y el premio del público.

Sinopsis: Carmen es una adolescente gitana que vive en el extrarradio de Madrid. Como cualquier otra gitana, está destinada a vivir una vida que se repite generación tras generación: casarse y criar a tantos niños como sea posible. Pero un día conoce a Lola, una gitana poco común que sueña con ir a la universidad y dibuja graffitis de pájaros para evadirse de un futuro que parece que ya le está escrito. Carmen desarrolla rápidamente una gran complicidad con Lola, y ambas tratarán de llevar hacia delante su romance, a pesar de los inconvenientes y discriminaciones sociales a las que tienen que verse sometidas por su familia.

El primer largometraje de ficción realizado por esta directora no podría haber tenido un éxito mayor, aunque estando aún en cartelera este filme, aún debe cosechar muchos debates, críticas y seguramente galardones en festivales cinematográficos. Después de comenzar hace ocho años dirigiendo cortometrajes, Arantxa Echevarría ha reunido a un grupo de mujeres en torno a ella, desde la música a la fotografía, y por supuesto, actrices no profesionales que interpretan la narración de esta historia de manera sublime. Una película hecha con mimo cinematográfico, y rabia social para romper tabúes: son mujeres que se empoderan, son gitanas y son lesbianas; en definitiva conforman un sujeto profundamente político hecho a base de resistencias invisibles y cotidianas.

Lola encarna a una gitana madrileña que vive con su padre, su madre y su hermano pequeño en el barrio de la UVA de Hortaleza; una adolescente que imagina otras vidas posibles a la única que su condición de mujer la ofrece socialmente, una joven con vocación de profesora, que ansía poder ser lo que ella quiera, incluso ornitóloga si quisiera. Y es que Lola dibuja hermosos graffitis de pájaros en vuelo, una metáfora de que ella desearía ser ave para volar alto y escapar. Es una feminista sin carnet que acaba sentenciando de manera visceral: ‘Odio ser mujer’, ‘porque por ser mujer solo puedo tener hijos, tener marido, y tener casa para fregar’. ‘Y es que las gitanas, por no tener,no tenemos ni sueños’.

Carmen es también una joven gitana que vive en el barrio de Vallekas, ha dejado los estudios y está a punto de casarse con un gitano de Villaverde tras un acuerdo pactado entre las familias de ambos. Conocer a Lola en el mercado donde sus padres tienen un puesto le abre todo un abanico de nuevas formas de sentir, relacionarse y verse en el mundo. Apegada en un principio al rol que le otorga su cultura social, se abre en ella una brecha que decidirá agrandar hasta tirar el muro, gracias a la ayuda y acompañamiento de Lola, con quien descubrirá que verdaderamente no la sirve en absoluto asumir un futuro como peluquera y buena esposa, el cliché ‘es lo que hay, ya no la sirve ni lo quiere en su vida. Ambas se enamorarán, se apoyarán mutuamente, pero sobre todo descubrirán que la libertad en el contexto que viven solo podrá otorgársela la una a la otra si permanecen unidas.

La familia tradicional es su campo de batalla, deberán enfrentarse cada una con sus propias armas, que son comunes, y con sus experiencias como mujeres sometidas pero nunca derrotadas. La intimidad de ambas protagonistas es presentada en un montaje excepcional, que casi recuerda a una película documental. Los diálogos elaborados, las interpretaciones con verdadero alma, la fotografía costumbrista o los escenarios madrileños de extrarradio (Hortaleza, Suanzes, Vallekas, Moratalaz…) con solares polvorientos y pasos a nivel que atraviesan el ambiente suburbano, son elementos vivos en la película que no solamente construyen una narración verosímil, sino que lo hacen de manera bella y cuidada. La sensación tras aparecer los créditos en la pantalla es de haber visto un peliculón de cine social como hacía tiempo no se disfrutaba.

La perspectiva antropológica hacia la cultura gitana es sensible y consciente, refleja la vida en las asociaciones vecinales, en sus casas, en la iglesia evangélica… y las dinámicas internas en la comunidad y en los barrios. La crítica social se inserta perfectamente en la narración poética de una historia de ficción y conforman un todo indivisible. El filme no pretende recrearse en el morbo del cliché cultural gitano, tampoco en el de la violencia y agresión machista explícita, pero quedan muy bien retratadas en el desarrollo narrativo. Cuando una periferia urbana estrangulada y sin futuro, perpetúa sobre estas dos mujeres el arrastre de una tradición que las impide ser, la búsqueda de nuevas periferias como horizonte a conquistar se vuelve una necesidad vital.

Carmen y Lola forman el equipo perfecto para transmitir una tierna naturalidad, rebeldía y emocionarnos sin artificios cinematográficos rebuscados. Una película realizada desde el respeto al colectivo gitano, con gran sensibilidad cinematográfica y la clara intención de ser una fotografía social y cultural.

[Reseña cinematográfica] El Reino

El reino es una película española de 2018 dirigida por Rodrigo Sorogoyen, sobre un guión realizado por él mismo e Isabel Peña. Se trata de un thriller centrado en una trama política sobre la corrupción en España. Se estrenó en España el 28 de septiembre de 2018. Esta película estuvo presente en la 65º edición del Festival de cine de San Sebastián​, dónde se llevó a cabo la presentación oficial de un fragmento del largometraje a la que acudieron los protagonistas de la película.

Sinopsis: El protagonista de esta historia es Manuel Gómez Vidal, un influyente vicesecretario autonómico que lo tiene todo a favor para dar el salto a la política nacional, y observa cómo su perfecta vida se desmorona a partir de unas filtraciones que le implican en una trama de corrupción. Manuel es expulsado, señalado por la opinión pública y traicionado por los que hasta hace unas horas eran sus amigos.

Su director se saca de la manga un guión sobresaliente sobre el que plasma una obra con gran poderío visual, una inyección de tensión inesperada y una necesaria trama sobre la corrupción política en España. En esta película no hay buenos ni malos, es la perfecta descripción cinematográfica de un cesto de manzanas podrido hasta el último mimbre que lo compone. Ni siquiera parece ficción, sino un filme documental, donde si bien caben muchos nombres de burócratas de las instituciones que puedan venirnos a la cabeza de golpe, la narración compone un relato que no se ampara en el cliché, sino en la más escrupulosa realidad. Es una historia auténtica, descarnada, e incómoda, una pedrada a las estatuas de muchos personajes, pero también un decidido golpe a sus pedestales.

La interpretación de los personajes es estimulante, realizan un retrato de la corrupción a un ritmo vertiginoso marcado por su apartado musical, donde la electrónica manda sobre el resto de posibilidades musicales que pudieran haber escogido como conductora inigualable de la trama. Un talento incuestionable que convierte a la película en una mirada de rabia incisiva contra un sistema que lleva en los genes la característica de corrupto. No deja lugar a dudas en torno a la corrupción política en España, el sistema no es reformable, no ha derivado en un esperpento de sí mismo, huye del buenismo y nos muestra que la corrupción es la razón de ser el sistema político, es la particular manera que tiene de respirar el capitalismo.

Un desenlace arriesgado pero decididamente acertado, precedido de unas escenas de tensión y persecución que nos ponen la piel de gallina. El debate final en un plató televisivo entre el político corrupto que quiere mostrar las fallas del sistema a la opinión pública, y la periodista al servicio de unos intereses determinados por los lobbies comunicativos, es la exposición de las dos partes que tienen en común un mismo espejo. En realidad, no existe un diálogo enfrentado entre dos posturas distintas, aunque la película corte la respiración con una discusión enconada entre ambos personajes, en ese final abrupto el guión se pone al servicio de una crítica demoledora hacia el sistema en su conjunto, y hacia cada una de las patas que le sostienen.

La película incluso consigue que sintamos compasión por el individuo, y desarrollemos una rabia visceral y argumentada hacia la maquinaria, hacia ese reino político donde los líderes pueden caer, pero jamás debe hundirse el sistema. Aunque pueda recordar a la trama judicial Gurtel, más específicamente al caso de los papeles de Bárcenas, en realidad el filme construye un retrato particular de la historia de la corrupción en España.

Una lectura clara de esta película es que debemos modificar los conceptos dentro y fuera, aquello de que no se pueden cambiar las cosas desde fuera. La realidad social es el afuera, que debemos reconceptualizarlo, es evidente que lo que hasta ahora conocemos como el adentro, es decir, las instituciones, no son más que una deformación diseñada de una rutina mecánica. Aprender a desapegarse de aquello que está putrefacto solo porque es lo único que conocemos, es como quedarse siempre en una casa atenazante por miedo a construir nuevas realidades más allá de los límites que llevamos en nuestra cabeza; porque el Estado lo llevamos incorporado en nosotros/as, se materializa en nuestro comportamiento social y cultural.

Película que roza el diez, y que merece la pena ver para sacar conclusiones propias, yo compartí con vosotros/as las mías y que seguramente deban complementarse a otras que enriquecerían la opinión colectiva. Nunca más una corrupción sin un debate profundo y a la altura de nuestros padecimientos como pueblo trabajador.

[Reseña cinematográfica] El hombre que mató a Don Quijote

The Man Who Killed Don Quixote —traducido literalmente en español como El hombre que mató a Don Quijote— es una película británica de género fantástico y aventuras dirigida por Terry Gilliam. Inspirada en la popular novela Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra, la película fue iniciada en 1998 pero tras diversos reveses de producción y tras ocho intentos de rodaje fallidos a lo largo de diecinueve años, fue reconocida como una de las producciones más infames del séptimo arte. Después de diecisiete años de producción, la película se estrenó el 19 de mayo del 2018 cerrando el Festival de Cannes de ese mismo año.

Sinopsis: Narra la historia de un anciano convencido en la actualidad de que es Don Quijote y que confunde a Toby, un ejecutivo publicitario, con su fiel escudero, Sancho Panza. La estrambótica pareja de personajes se embarca en un viaje extraño, con saltos hacia atrás y adelante en el tiempo, entre el siglo XXI y el siglo XVII. Poco a poco, Toby, como el caballero de la triste figura, se va contagiando de ese mundo ilusorio incapaz de separar sueño y realidad.

La etapa de preproducción se inició a finales de los noventa con un presupuesto inicial de $32 millones de dólares y con Jean Rochefort, Johnny Depp y Vanessa Paradis en los papeles estelares. El rodaje comenzó en Navarra en el año 2000, pero tras graves problemas durante la grabación, entre ellas la destrucción del equipo de filmación en una inundación, el retiro de Rochefort del proyecto debido a enfermedad, problemas con la aseguradora de la película y otras dificultades de financiación, el filme fue cancelado. El épico intento por grabar la película fue compilado en un documental bajo el nombre Lost in La Mancha, estrenado en 2002. En un intento en vano, el director Terry Gilliam trataría de revivir el proyecto nuevamente entre los 2005 y 2015, sin embargo fracasó nuevamente.

Un año más tarde, Gilliam anunció que las grabaciones se reiniciarían en octubre de 2016 pero el proyecto fracasó una vez más debido a la imposibilidad del productor Paulo Branco de encontrar fondos para la filmación. ​ En marzo de 2017 las grabaciones comenzaron por primera vez en 17 años, esta vez con Jonathan Pryce como Don Quijote. El 4 de junio, Gilliam anunció vía redes sociales que el rodaje había concluido. En este año 2018 ha sido estrenada esta película a la que ha perseguido durante demasiados una maldición, o más bien los obstáculos habituales en su conjunto de la industria cinematográfica.

Es una película que ha recibido críticas generalmente intermedias cuando no negativas, calificándola de fiasco o de obra cinematográfica que nunca debió producirse, debido a sus múltiples fallidos intentos desde hace casi una veintena de años. Este gafe ha perseguido a la película desde sus inicios, y sin embargo, el resultado no es tan malo como las críticas afirman. La idea es profundamente original, desarrollada al más puro estilo de Terry Gilliam, con viajes temporales y realidades imaginarias, una narración repleta de excentricidades y estupendas locuras para contarnos una historia fiel al espíritu de ‘Don Quijote de la Mancha’. La superposición de la realidad actual con un imaginario histórico, permite situar escenas anacrónicas cargadas de fina crítica social a la realidad del presente.

El batiburrillo de ideas grotescas  se va desarrollando desde un inicio prometedor hacia un final convenientemente resuelto con espíritu quijotesco y gran audacia. Las imágenes y las escenas son muy ricas a la hora de mostrarnos una deformación carnavalesca de la realidad actual, nos invita a sumirnos en la locura a la que pretende acercarnos su director. La muerte de Don Quijote de la Mancha supone el cénit a esta enajenación cinematográfica.

Esta tragicomedia molida a palos por la crítica, no ha sido en absoluto valorada ni entendida, imprime un estupendo ritmo de flash-back iniciando una aventura metaficcional y elaborando un digno homenaje a la figura de El Quijote. Se encuentra  mucho más cerca del verdadero Quijote que otras adaptaciones menos arriesgadas que se conformaron con una prudente narrativa lineal, ya que ha costado tanto terminar de realizarla al menos Gilliam ofrece una película distinta. También debe reconocerse la labor de vestuario, caracterización, fotografía y escenarios, y sobre todo la obsesión de Gilliam por acabar una obra que parecía inacabable en la que hay aventura entretenida y un mensaje contra la sociedad frívola, interesada y cobarde.

 

 

Racismo en la cultura mainstream

El racismo es un hecho cultural y que se evidencia en grados diferentes en el cine o en las series que se emiten en diferentes plataformas de Internet. El cine y la televisión está dominada por hombres blancos, es el canon de lo correcto, de lo que se tiene que ser. Todo lo que salga de ahí, es una deformidad, una rareza. Así, la cultura mainstream1 ha reforzado un esquema de valores que se perpetúan en la sociedad, manteniendo, a través de su programación, prejuicios y privilegios que alimentan el racismo. La invisibilización de las personas no blancas y de las mujeres ha sido una constante en las series televisivas de mayor audiencia; en otras ocasiones, las personas no blancas han servido de aliciente para la broma fácil a través de estereotipos que se escudan en el humor.

Se podría afirmar que las cosas han cambiado, que el racismo en Hollywood o en el mundo del espectáculo ya no es como en años pretéritos, casi hay que agradecer que ya no se produzcan películas de añoranza de la esclavitud como Lo que el viento se llevó (1939), todo un largometraje que romantiza a los soldados confederados y presenta a unos personajes negros infantilizados, menores de edad, que tienen que ser tutelados por los blancos. Es cierto que han aparecido series tan interesantes como Master of None o Dear White People, series que critican abiertamente los privilegios de los blancos, a ellas irán dedicadas unas palabras más adelante.

La intención de estas líneas es poner el foco de atención sobre aquellas producciones audiovisuales contemporáneas o recientes donde el racismo se expresa de diferentes modos, tanto en la gran pantalla como en series de televisión bien conocidas por todos. Se parte de la premisa de que el racismo no es, necesariamente, el agravio a una persona en razón de su etnia u origen, sino que también lo es su invisibilización, la no presencia de actores no blancos (negros, latinos, asiáticos, etc.) es también racismo.

No vamos a hablar de aquellas tan evidentes como El nacimiento de una nación (1915), Un día de furia (1992), Una tribu en la cancha (1994), El precio del poder (1983)2, ¿De qué color me quieres? (1986), El Planeta de los simios (1968) o Apocalipsis Now (1979), La lista, por cierto, es aún más larga, simplemente aquí se han expuesto algunas películas donde el racismo es evidente.

Veamos, pues, algunos ejemplos de películas en las que su racismo podría pasar desapercibido, puesto que este mantenimiento de los privilegios de los blancos tiene que seguir existiendo, pero de una manera más disimulada, vamos a exponerlos según su fecha de estreno

  • La misión (1986): Este drama histórico dirigido por Roland Joffé nos cuenta la historia de unos jesuitas que quieren proteger a los indígenas de la caza furtiva de esclavos, para ello se enfrentan directamente a los intereses de las Coronas española y portuguesa. En ella vemos toda una justificación para la imposición cultural y la evanvelización de los indígenas y, por otro lado, se disfraza la labor de los jesuitas, la presencia de los blancos como salvadores y civilizadores.

  • La guerra de las Galaxias Episodio I: La amenaza fantasma (1999): En la ya penúltima trilogía, George Lucas desarrolló una serie de personajes en los que se reflejaban estereotipos raciales como el jamaicano con rastas Jar Jar Binks, que si se ve la película en su versión original, podrá escucharse el acento que le adjudican a este personaje. También tenemos al ávaro mercader judío representado en Watto.

  • La milla verde (1999): El afable papel de Michael Clarke no es más que la representación del negro dócil, incapaz de hacer nada, excepto violar a blancos. Esta misma docilidad de los negros aparece en libros como La cabaña del Tío Tom de la caucásica Harriet Beecher Stowe.

  • El último Samurai (2003): En esta película vemos una constante que aparece en otros largometrajes como Avatar (2009), Danza entre lobos (1990) o la reciente The Great Wall (2016) y que ya adelantamos en La misión: El blanco como salvador. Nathan Algren interpretado por Tom Cruise es un borracho soldado estadounidense que termina en Japón y, se desconoce cómo, pero decide que debe preservar el estilo de vida Samurai. A esto lo llamamos apropiación cultural.

  • Apocalypto (2006): Si antisemita fue su Pasión de Cristo mucho mejor no lo pudo hacer con esta película. La intención de Mel Gibson era promover la cultura maya y aupar a los jóvenes a hablar en su lengua, de ahí que se filmara en maya yucateco. Sin embargo, Gibson se deja llevar por los estereotipos y muestra una cultura violenta, sangrienta, sedienta de sangre y sacrifios humanos, cuando no existe evidencia histórica que permita hacer tales afirmaciones sobre los mayas. Lo que pudo haber sido una bonita oportunidad para hablar sobre estos maravillosos pueblos precolombinos fue desaprovechada.

  • Transformers (2007): Esta superproducción contó con la subvención del Ejército de los Estados Unidos y con su ayuda para grabar en varias bases del propio ejército. El personaje de Jazz, uno de los Autobots, es un negro cuyas frases están llenos de esterotipos y palabras mal sonantes. Este personaje tiene muy pocas líneas en el guión, disminuyendo su visibilización y reduciéndolo a frases como What’s up, little bitches?, entre otras del mismo tipo.

  • El mayordomo (2013): Cecil Gaines (Forest Whitaker) es un afroamericano que comienza a servir como mayordomo en la Casa Blanca. En ella conoce a Eisenhower y a todos sus sucesores, al tiempo que se nos expone el crecimiento del descontento de los afroamericanos por la segregación racial existente. Aquí vemos dos líneas interesantes: por un lado a unos presidentes blancos preocupados por el racismo en su país, en una de las escenas aparece un John. F. Kennedy (James Marsden) realmente afligido por el ataque del Ku Klux Klan a un autobus lleno de afroamericanos, quien acaba promulgando la Ley de Derechos Civiles de 1964, de nuevo el blanco salvador. Por otro, uno de los hijos comienza a militar en los Black Panther y a seguir a Malcolm X, a lo que su padre, el mayordomo, se opone. Así pues hay dos tendencias: la de los afroamericanos que buscan acabar con la segregación con la acción directa y, por otro, a los Martin Luther King, quienes representan la docilidad y la obediencia al blanco.

A lo arriba comentado, hemos de sumar la práctica del whitewashing que sigue siendo muy habitual en el cine contemporáneo. Consiste en actores blancos que hacen de personas no son blancas, el caso más famoso es el de Mickey Rooney en Desayuno con diamantes (1961) donde su papel es un japonés. Sin embargo, en la última década son muchas las películas que han usado el whitewashing, impidiendo así la aparición en la gran pantalla de actores y actrices no blancos. Entre los más recientes tenemos títulos como Dragonball Evolution (2009) donde Justin Chatwin interpreta a Goku. A esta podemos sumar otros como Prince of Persia: las arenas del tiempo (2010), Jake Gyllenhaal interpreta a un príncipe persa; The social Network (2010) en la que Max Minghella tiene el papel de Divya Narendra, confundador de ConnectU quien es de origen indio; en Argo (2012) Ben Affleck interpreta al jefe de operaciones de la CIA, Tony Mendez; y más recientemente Ghost in the Shell (2017) donde Scarlett Johansson o Michael Pitt interpretan papeles que en los personajes animados son japoneses, por no hablar de toda la filosofía oriental que ha sido ignorada en el film.

Todo el cine representado ha sido producido en los Estados Unidos, no porque el cine europeo este libre de ello, sino porque la intención es mostrar la cultura mainstream, y el cine europeo suele estar fuera de dicha categoría. Por otro lado, hay series muy interesantes donde el racismo se ha expresado de una manera más fina y cuidada. Veamos algunas series o programas de televisión:

  • Friends (1994 – 2004): Esta sitcom no cuenta en su elenco a ningún personaje no blanco invisibilizando una parte de la demografía de una ciudad tan multicultural como es Nueva York. Solamente vemos la aparición de Charlie en las últimas temporadas, una paleontóloga afroamericana que saldrá con Joey y Ross. La serie Cómo conocí a vuestra madre (2005 – 2014), hija directa de Friends, caerá en los mismos defectos que esta serie, añadiendo al personaje de Barney, un auténtico misógino con unos chistes machistas que perpetúan el patriarcado.

  • The Big Bang Theory (2007 – actualidad): Que una serie contenga en su elenco a un personaje no blanco como Kunal Nayyar quien interpreta al indio Rajesh Koothrappali, no la hace no ser racista. El personaje de Koothrappali sirve como blanco perfecto para las bromas racistas sobre su condición de hindú, así como por su exagerado acento, que el guion le obliga a hacer. Mientras otros personajes son víctimas de los chistes por su comportamiento asocial (el caso de Sheldon Cooper), las que se hacen sobre el personaje indio son de índole racista o de burla contra su cultura. Por ejemplo, en uno de los episodios la madre de Sheldon ha ido a visitarles y dice la siguiente línea: «He hecho pollo, creo que no es uno de esos animales que tu gente cree que es mágico». Incluso la propia MTV de la India tiene un artículo muy interesante que se explaya más sobre por qué esta serie es racista3.

  • The Walking Dead (2010 – actualidad): Esta trama postapocalíptica tiene todos los estereotipos que desea toda buena serie estadounidense: el hombre heterosexual blanco proveedor y líder (Rick Grimes interpretado por Andrew Lincoln) y los personajes no blancos que cuando mueren son reemplazados por otros personajes no blancos. Es en las últimas temporadas cuando parece comenzar a vislumbarse cierta paridad racial y en la exposición social de los tramas, quizá porque así lo requiera. Sin embargo, los líderes de los clanes (por asignarle un concepto antropológico) son y han sido, en todas sus temporadas, blancos. Normalmente varones.

  • Juego de Tronos (2011 – actualidad): Esta superproducción nos muestra un mundo en el que los blancos son los amos y señores, ¿cuántos no blancos poseen algún señorío? Solo son sirvientes o guerreros incapaces de tener descendencia. Que quede bien claro: ¡los blancos son los amos y señores de los Siete Reinos!

Fuera de esta lista quedan series como Modern Family, Breaking Bad, The Strain entre otras por cuestión de espacio, pero con ello lo que se pretende es evidenciar la falta de personajes no blancos en un país donde los blancos ya no son la mayoría demográfica. No obstante, ha habido un cambio de paradigma, también de mercado y eso lo han sabido ver los productores en los Estados Unidos.

Así, han nacido series como Master of None (2015 – actualidad), protagonizada, producida, dirigida y escrita por Aziz Ansari (Dev Shah en la serie) un joven de origen indio quien tiene que lidiar con el racismo cotidiano al que se enfrenta. Es especialmente revelador como en el episodio 4 de la pimera temporada, en un capítulo llamado «Indios en la tele», vemos porqué está bien que haya más de un personaje gay blanco en una serie (clara referencia a Modern Family), pero no así que haya más de un indio, la respuesta es porque entonces los espectadores creerán que es un programa para minorías étnicas. Esto demuestra que los blancos están tan acostumbrados a ser los dueños del ocio televisivo que cualquier show que no los tenga a ellos como protagonistas, entonces estará dirigido a minorías.

También vale la pena mencionar Dear White People (2017 – actualidad) serie que se ambienta en la exclusiva Universidad de Winchester, es toda una denuncia a los privilegios de los blancos, serie dirigida, por cierto, por el afroamericano Justin Simien. A su estreno hubo un gran revuelo en las redes, se la calificó de racista contra los blancos, lo cual es realmente imposible, los blancos jamás podrán sufrir racismo, porque el racismo es una cuestión de privilegios y los blancos los tienen todos.

Sin embargo y a pesar del entusiasmo que puedan suscitar estas dos series, junto con otras como Orange is the New Black, Being Mary Jane, Insecure o la interesante The RuPaul Show, no podemos olvidar que bien pueden permitir un empoderamiento de las personas no blancas, solamente están aprovechando la influencia de movimientos sociales como el feminismo o el antirracismo para obtener buenos beneficios económicos.

El racismo está muy presente en nuestra cotidianeidad y es importante detectarlo, por muy escondido que se encuentre. Ya está bien que los no blancos nos veamos representados en personajes latinos como narcotráfiantes, camellos o bandas armadas. Tampoco queremos ser presentados como el Jim Crow u otro estereotipo que refuerce a los blancos. No parece que vayamos por mal camino, ya nuestra presencia incomoda como se evidenció en los Óscar del 2016, donde varios actores y directores acusaron de racismo a estos premios, ya que no hubo ningún no blanco nominado a los galardondes de mayor relevancia. No faltaron reacciones de blancos que ven sus privilegios amenazados, tal y como expresó la británica Charlotte Rampling, afirmando que boicotear los Óscar es racismo contra los blancos4… Cuando hayan sufrido la mitad de genocidios, discriminaciones y rechazo los blancos por su color de piel, entonces comprenderán que esas palabras esconden un profundo reforzamiento de los privilegios de los blancos. Cuando no de odio étnico.

Cerremos estas líneas con unas estadísticas recogidas en un estudio del que se hace eco la revista Cinemanía5 y veamos si, después de todo, sigue habiendo o no racismo en Hollywood. El 44% del público que va al cine en los Estados Unidos es no blanco, mientras que los filmes protagonizados por blancos son el 76% de lo que se estrena. De 500 películas estrenadas entre 2007 y 2012, solo 33 de ellas eran dirigidas por negros y dos mujeres. Sí, lo que vemos en nuestros cines y en las pantallas de nuestros ordenadores sigue siendo racista y machista.

1Es una dominación actual para el fenómeno de cultura de masas, con especial relevancia gracias a los medios de comunicación de los siglos XX y XXI

2Además de ser una película profundamente anticomunista

4https://elpais.com/cultura/2016/01/22/actualidad/1453466448_655181.html

5http://cinemania.elmundo.es/noticias/el-cine-de-hollywood-sigue-siendo-racista/

[Película] El hombre del corazón de hierro

El hombre del corazón de hierro, es una película de drama y thriller de guerra francesa, dirigida por Cédric Jimenez, y escrita por David Farr, Audrey Diwan y el propio Cédric Jimenez basándose en la novela del autor francés Laurent Binet. La historia se centra en la Operación Antropoide, el asesinato del líder nazi Reinhard Heydrich en Praga durante la Segunda Guerra Mundial.

La película está protagonizada por Jason Clarke, Rosamund Pike, Jack O’Conell, Jack Reynor y Mia Wasikowska. Fue rodada en las ciudades de Praga y Budapest entre el mes de septiembre de 2015 y febrero de 2016. Finalmente estrenada mundialmente en julio del año 2017, recibiendo críticas generalmente positivas.

La narración divide la película en dos partes claramente diferenciadas, la primera parte se centra en la juventud de Reinhard Heydrich en el ejército naval alemán, cómo conoce a su futura mujer y la manera en que llega a conocer a Heinrich Himmler por el cual entra a formar parte de las SS. La segunda parte se centra en los dos jóvenes checos que viajan desde Gran Bretaña y se infiltran en la resistencia en la ciudad de Praga para acabar con el hombre del corazón de hierro, Heydrich. La primera parte logra construir un filme biográfico que refleja perfectamente la ostentosa parafernalia nazi y algunos sucesos históricos como la purga del partido en junio de 1934, conocida ‘la noche de los cuchillos largos’. La segunda parte construye una historia clásica bélica de contraespionaje y acción, que si bien trata de huir del heroísmo o romanticismo más tópico de esta clase de filmes, tiene algo de ambos elementos en justa medida, no impidiendo contarnos con gran acierto una historia apasionante.

La narración del atentado contra Heydrich está separado en tres escenas distintas diseminadas a lo largo del metraje, donde se van conociendo poco a poco los elementos y personajes del momento exacto, y que le aportan una tensión e intriga de estupenda calidad, posiblemente el mejor acierto de la película.

Sin ahogarse en la trama de la resistencia checa en Praga contra la ocupación nazi, nos cuenta muchísimos sucesos históricos igualmente sin alargar pesadamente el metraje, parece increíble que en tan solo dos horas cuente tanto y tan bien esta película. Si la narración es un punto clave de este filme, queda complementada por una inmejorable fotografía, profundamente cuidada y detallada, que ayuda a construir una perfecta atmósfera intimista, a la par que una banda sonora que pone los pelos de punta.

 

Pride

Durante la manifestación del orgullo gay de 1984, un grupo de gays y lesbianas recaudan dinero. Dinero destinado a apoyar la huelga minera que ese mismo año había comenzado en Reino Unido. Basada en una historia real, la película Pride nos cuenta cómo el colectivo Lesbians and Gays Support the Miners (Lesbianas y Gays apoyan a los mineros) se enfrentan a todas las adversidades con las que se encuentran para apoyar a otro colectivo oprimido: el de los mineros.

Como bien dicen al principio de la película (tranquilos, no hay spoilers, además todos sabemos cómo terminó la huelga) si la policía no nos está acosando, es porque ahora mismo tienen otros objetivos. Pero nuestros protagonistas deciden no quedarse parados. Ese otro objetivo que está sufriendo necesita ayuda, económica entre otras cosas, y ellos pueden aportarla. Pero no va a ser tan fácil, porque, ¿cómo van a aceptar unos mineros, hombres duros y fuertes, el dinero de un grupo de gays?

Pues bien, ante el rechazo de los sindicatos, este grupo de gays decide ponerse en contacto con los propios huelguistas. con ciertas reticencias iniciales por ambas partes, ambas comunidades se ponen en contacto y se conocen, teniendo las mujeres un papel clave especialmente en mejorar la interacción entre los dos grupos que en un principio aparecen recelosos. Diferencias que en un principio parecen insalvables acaban en una fuerte unión.

Y no sólo eso. También nos habla, aunque brevemente, de la opresión de ambos sexos en el sistema heteropatriarcal. Hombres con miedo a bailar en público, mujeres con miedo a hablar de sexo, mientras se tratan temas que siguen vigentes como el miedo al sida por desconocimiento o la falta de aceptación por parte de personas cercanas hacia sexualidades no normativas.

Todo ello contado desde el humor, aunque no falten momentos de angustia. Una hora y media de altibajos y conversaciones sencillas pero de gran significado que muestra hasta qué punto luchas que aparentemente no están relacionadas se necesitan.

Una grandísima muestra de la transversalidad de las luchas, que culmina con los mineros acudiendo masivamente a la manifestación del orgullo al año siguiente. Una película con protagonistas homosexuales que no está centrada en sus historias románticas. Sólo con eso, ya diría que es algo totalmente recomendable que nos despeja la mente de la línea festiva de las fiestas institucionales del orgullo que se están celebrando estas semanas en diversas ciudades. (Recordamos la convocatoria de esta tarde para la manifestación del orgullo crítico en Madrid en la plaza de Cabestreros).

 

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