Las razones del anarquismo social. ¿Es necesario otra vez explicarlo?

Cuando alguien pregunta espontáneamente “Si el anarquismo de por sí es social, ¿por qué creáis otra etiqueta?”, la respuesta rápida viene a ser “Agárrate que vienen curvas” con los Creedence Clearwater Revival sonando de fondo. No precisamente por el tema de la etiqueta, ya que es lo de menos, sino por la explicación del contexto. De todos modos, si a alguien le importa la etiqueta, creo que puede venir de un libro que generó bastante polémica escrito en 1995 por Murray Bookchin y titulado “Anarquismo social o anarquismo personal. Un abismo insuperable”. Ahí es donde diferenció dos grandes corrientes por sus prácticas políticas: una en la que a la práctica no tiene como objetivo la revolución social, y la otra en que sí (lo explico más adelante). Ese libro nació de la frustración del autor de no encontrar ningún espacio anarquista que tuviese arraigo en el territorio, donde la gran mayoría de colectivos se dedicaban a vivir la vida pirata despreocupados de los problemas cotidianos de la clase trabajadora estadounidense.

Para empezar

Más en concreto haciendo hincapié en el mundo occidental, uno de los males que nos ha acompañado desde el fin del mayo del ‘68 y sobre todo desde el comienzo del s.XXI, es la costumbre de reinventar la rueda. Cada vez que se inventaba la misma rueda nacían nuevos mitos y romantizaciones de épocas pasadas, mientras se repiten fórmulas fracasadas de la anterior generación. Ésto impedía el estudio y conocimiento de las memorias reales sobre la militancia y la acción política de organizaciones anarquistas que tuvieron un papel importante en la historia. Pero, ¿no estamos inventando una nueva rueda con ésto del anarquismo social? No. Nuestra principal razón es recuperar la herencia del anarquismo que se materializó en organizaciones fuertes y en militantes comprometidos, capaces de hacer la revolución social e implementar un nuevo modelo de sociedad. Es la tradición socialista con el que nació el anarquismo y razón por la cual fueron posibles las revoluciones sociales.

Lo que hoy llamamos “anarquismo social” por la categoría que vino del libro de Bookchin, en verdad en otras épocas tenían otros nombres, pero encontramos similitudes en la práctica, los principios, los objetivos, las tácticas y estrategias. Una mirada hacia atrás, hace unos cien años, Piotr Arshinov escribió algo similar allá por la dédada de 1920 que viene relacionado con este tema: «La teoría anarquista de la libertad personal, lejos de estar aún suficientemente esclarecida, deja un vasto campo a los malentendidos. Evidentemenate los hombres de acción, que poseen una voluntad firme y un instinto revolucionario fuertemente desarrollado, verán en la idea anarquista de la libertad personal ante todo la idea de respeto hacia la personalidad ajena, la idea de la lucha infatigable por la libertad anarquista de las masas. Pero los que no conocen la pasión de la revolución y los que piensan en primer lugar en las manifestaciones de su propio ‘yo’ comprenden esa idea a su modo. Cada vez que se discute el problema de la organización práctica, de responsabilidad, dentro de la misma organización se escudan en la teoría anarquista de la libertad personal y fundándose en ella, tratan de sustraerse toda responsabilidad. Cada cual se retira en su oasis y practica su propio anarquismo. Las ideas y los actos de los anarquistas son pulverizados así en átomos mínimos.»

Y sin ir tan lejos en la misma época pasada, la militancia anarquista organizaba sindicatos, creaba ateneos populares, escuelas racionalistas, periódicos, …hasta algunos equipos de fútbol. Todas esas estructuras sociales estaban insertas en la clase trabajadora, y creaban a la vez una cultura obrera, atendiendo a las necesidades de la clase a la que pertenecían y trabajaban también en proyectos políticos como el comunismo libertario. A ésta práctica política es a la que denomino como tradición socialista, basada en la confrontación con el sistema capitalista teniendo como modelo de sociedad el socialismo libertario, entendiendo éste como un sistema basado principalmente en la democracia directa, en la planificación económica descentralizada y una sociedad igualitaria. En la actualidad, recuperar la tradición socialista pasa por nuestra participación activa en los movimientos sociales y sindicales, reforzando las dinámicas de lo común, la democracia directa y los lazos entre diferentes sectores en lucha. Encontramos esa similitud primero en el anarquismo organizado latinoamericano, que trabajaría recogiendo el legado dejado por el plataformismo de Makhno. Por mencionar algunas organizaciones, encontramos a la FAU (Uruguay), CAB (Brasil), Vía Libre (Colombia)… y llegando después a occidente las cuales encontramos a Black Rose (EEUU), UCL (Francia), Embat (Catalunya)…

Un abismo insuperable

Después de la destrucción del tejido sindical a finales de los ’70 a causa de las reconversiones industriales, la introducción de la cultura de masas y el consumismo, de algo había que beber. Y aquí importamos lo peor de cada casa: el insurreccionalismo italiano y las americanadas de libertad individual y máxima autonomía. Sí, la década de los ‘90 y ‘00 supusieron la desconexión del anarquismo con los problemas de clase en el mundo occidental, donde estaban de moda la idea de crear sociedades libres a pequeña escala y vivir al margen del sistema mientras la OTAN destruía Yugoslavia y Bosnia e invadía Iraq.

Entonces ese nuevo anarquismo abogó por organizarse en grupos informales o de manera individual, crear islas de libertad o dedicarse meramente a actividades culturales y educativas. Sin embargo, estas prácticas también se dieron en la historia: atentados individuales contra la patronal sin contar con la organización sindical, los grupos naturalistas o simplemente anarcoindividualistas que formaban sus pelotones de milicias independientes para combatir en la revolución. Tanto el insurreccionalismo italiano como el anarquismo vivencial fueron una salida hacia adelante resultado del estancamiento de las viejas guardias.

A pesar de todo, el hecho de haber superado el estancamiento fue positivo ya que evitó la muerte definitiva del anarquismo. No obstante, estas corrientes eran incapaces de influir en la lucha de clases y en algunos casos, ciertos colectivos en la práctica renunciaron a la revolución social, al verse tan lejana y tan poco probable que decidieron apostar por la libertad del aquí y ahora (anarquismo vivencial). Ésto puede tener dos lecturas: la parte positiva es poder experimentar modelos de sociedad no capitalistas que tengan potencial para conectarse con las luchas locales, y la contraparte es la reproducción de actitudes propias del sistema en los espacios y terminen siendo un ghetto. Esta pérdida de la tradición socialista por el inmediatismo (lo queremos aquí y ahora) los deja como un subproducto del liberalismo. El capitalismo tolera otros estilos de vida que no supongan una amenaza al statu quo.

Nuestras razones

Sin embargo, en nuestras razones no entra la confrontación con ese anarquismo, ya que ante la actual coyuntura es necesario destinar recursos y fuerzas a construir nuestro propio proyecto, siguiendo el legado de generaciones anteriores así como aprendiendo o aportando experiencias con quienes compartimos luchas inmediatas y proyectos de futuro. Del mismo modo, nos lleva a tener que compartir espacios y colaborar entre diferentes actores siempre y cuando podamos trabajar, ya que en la práctica se trabaja con quien se pueda y esté dispuesto. Lo que nos ha llevado hasta aquí es el fruto de reflexiones y debates originados en el ciclo de movilizaciones de las primaveras árabes y aquí del famoso 15M, allá por la década del 2010.

En la década del 2010, los debates giraron en torno a las esencias: ¿a favor o en contra del poder? ¿Y los nacionalismos? ¿Social o antisocial? ¿Cantidad o calidad? ¿Reformismo? ¿Etapismo?… Sin embargo, no es el tema a tratar aquí y se pueden consultar en la hemeroteca. Aun así, sí es necesario explicar otra vez las razones del anarquismo social, pero esta vez aterrizamos más en la realidad actual. Podemos resumir aquí las siguientes cuestiones claves:

– El nivel político. El gran olvidado

«La política son como los gases, los cuales tienden a ocupar el mayor espacio posible. Si una fuerza política abandona un espacio, otra la ocupará»

Hablar de hacer política fue un tema tabú en las últimas tres décadas. Los grupos de afinidad, los colectivos y el anarcosindicalismo lo eran todo. ¿Por qué montar organizaciones formales que parecen leninistas, si basta que nos juntemos los anarquistas para hacer cosas? Las acciones por entonces no dejaban de ser activismo con proclamas maximalistas y actos culturales. Estas dinámicas activistas no se diferenciaban tanto de otros activistas no ideologizados, que no pasan más allá de campañas concretas yendo a la defensiva y con objetivos cortoplacistas. Del mismo modo, el “hacer por hacer”, “hay que hacer algo”, y el medir la fuerza en base a la cantidad de movilizaciones, no nos lleva a ningún lado. Las lecciones aprendidas de las experiencias militantes recientes nos han demostrado las limitaciones del activismo y el movimentismo. También nos dimos cuenta que otras fuerzas políticas juegan en el terreno social y sindical. En casi todos los espacios amplios se encuentran militantes de distintos partidos políticos de la izquierda tanto institucional como extraparlamentaria. Y dependiendo de las intenciones de cada partido, habrán quienes los usen para tener algo de calle y/o para hacer de correa de transmisión al partido que predomine en tales colectivos, activando o desactivando luchas según intereses partidistas.

Aquí comenzamos a ver, tras el fin del ciclo del 15M y el inicio del asalto a las instituciones, que cuando no hacemos política, otros lo harán en detrimento nuestro. Y nos quedamos con cara de instrumentos de usar y tirar para que otros hagan sus carreras políticas. Tocó mudarnos al rincón de pensar. Así pues, ¿recordáis cuando la gran mayoría de anarquistas veían la Plataforma de Nestor Makhno como autoritaria? Pues resulta que la minoría de anarquistas que adoptaron el modelo plataformista consiguieron ser una fuerza política con una base social notable en Bulgaria. Volviendo a Makhno, la unidad ideológica, táctica y estratégica no fue un invento suyo para la plataforma. Eso ya vino de antes con otras nomenclaturas o implíticos en los documentos de Bakunin y la organización que fundó. Así es, hablo de la Alianza por la Democracia Socialista, considerada primera organización política anarquista. Nada nuevo bajo el sol, ahora toca trazar planes.

¿Hacia dónde apuntamos? ¡Objetivos! «Qué es lo que queremos». Si aspiramos al comunismo libertario necesariamente hemos de acabar con el capitalismo. Y ésto no basta con buenas intenciones o tener razón, hace falta ser una fuerza política organizada con capacidad material para implementar un nuevo modelo de sociedad, una cierta hegemonía cultural y una sociedad organizada. En todas las revoluciones de la historia veremos estos patrones comunes. Hay que traducir nuestra ideología política en objetivos y plasmarlos en un programa.

¿Cómo llegamos? ¡Estrategias y tácticas! «Cómo logramos nuestros objetivos». Esos programas no se implementan por arte de magia, hacen falta planes para poder llegar. Aquí es donde entra la necesidad de planificar las hojas de ruta, las campañas y las tácticas. Todo tiene un por qué, con qué objetivos hacemos tal o cual acción, cómo distribuimos nuestros recursos y fuerzas, con quiénes establecemos alianzas… En fin, todo aquello que nos sirva para aumentar nuestras fuerzas y, por ello, nos permita caminar con agenda propia y lanzarnos a la ofensiva, superando las limitaciones del activismo y el movimentismo.

¿Dónde está nuestro rincón de pensar? ¡Las organizaciones políticas! «La caja de herramientas. La caja, la caja». Para potenciar la lucha de clases hemos de ir organizadas, aprender en las luchas cotidianas, potenciar los movimientos sociales autónomos y de clase, tener respaldo político, encontrar herramientas como protocolos, documentación, análisis de coyunturas, mapas, etc. Finalmente, hay que dejar claro que el rincón de pensar no hará la revolución, sino la propia clase obrera. Las organizaciones políticas nos sirven para dar ese sentido revolucionario.

Otro punto muy importante son los datos y los análisis. Conocer e interpretar la realidad compleja en la que vivimos y las contradicciones del sistema capitalista es clave para poder desarrollar nuestro proyecto político.

– Cultura militante. Creer en lo que hacemos

«Somos sentimientos y tenemos seres humanos»

Desde julio del 2012 nos llegaron imágenes de milicianas con armas ligeras que rápidamente se ganaron nuestras simpatías. Tras indagar un poco sobre el norte de Siria llegamos a conocer Rojava y todo lo que había detrás montao. Desde el PKK, pasando por el cambio de paradigma, hasta las estructuras de la sociedad revolucionaria kurda, nos sorprendió la influencia de las ideas libertarias en ella. Luego nos dimos algunas hostias cuando algunas de nosotras habíamos llegado a participar en campamentos de convivencia y formaciones que organizaron personas del movimiento kurdo en Europa. La cultura militante estaba en otro nivel. Creen en lo que hacen, trabajan la autocrítica y la autodisciplina, tienen un alto grado de compromiso… y muchos dieron sus vidas por su pueblo.

Ciertamente son situaciones distintas, pero es muestra de que necesitamos trabajar ciertos aspectos para recuperar una cultura militante seria como (por mencionar algunas):

  • Trabajar por proyectos y no a salto de mata. Pasar de hacer microproyectos sin coordinación alguna a pensar proyectos donde cada organización tenga un papel en cada ámbito de actuación.
  • Interpretar la ideología política como base para el desarrollo de proyectos revolucionarios acorde a la coyuntura en la que vivimos. Ver más allá de lo local sin despegar los pies de la tierra y tener visión estratégica.
  • Tener el valor de hacernos autocrítica, mejorar nuestras actitudes, conocer nuestras limitaciones y ser capaces de asumir y confrontar nuestras propias contradicciones.
  • Asumir responsabilidades individuales y colectivas, trabajarnos la autodisciplina.
  • Pensar más en realizar alianzas en base a qué compartimos en común en vez de enemistarnos.
  • Ser capaces de resolver asertivamente las rupturas y diferencias estratégicas.
  • Ser el germen de sociedad que queremos construir. Eliminar los vicios del pensamiento capitalista.

En general, construir una cultura militante que nos permita desarrollar el proyecto político que queremos, no necesariamente desde sociedades paralelas, sino desde lo cotidiano y en contacto con la sociedad. Aunque sea fácil decirlo, aplicarlo es cuestión de voluntad y la claridad que le veamos al proyecto político que defendemos. Hoy más que nunca es necesario recuperar unos valores éticos que el capitalismo nos intenta arrebatar, comola defensa de lo común, el respeto, la humildad, la empatía, la diversidad…

– Inserción social. Meternos en el fregao

«No debemos bajo ningún pretexto, separarnos del pueblo, pues no importa cuán atrasada o limitada puedan ser las personas, son ellas y no el ideólogo, quienes son la fuerza motor indispensable de toda revolución social»

Quizás “inserción social” sea uno de los términos que haya causado bastantes malentendidos, dando a entender erróneamente como sinónimo de paracaidismo o entrismo en los movimientos sociales. Nada más lejos de la realidad, la frase que abre este capítulo es parte de una intervención de Amélée Dunois en el Congreso Anarquista de Amsterdam en 1907, donde salió el debate sobre la necesidad del anarquismo de participar en el sindicalismo.

Queremos que nuestro programa sea asumible por los movimientos sociales y podamos crecer mutuamente, y ésto solo será posible si la militancia anarquista se encuentra a pie de calle y participando activamente en los movimientos sociales. Nuestra manera de hacer política está en el trabajo de base, y hemos de ir organizadas no para instrumentalizar las luchas, sino para radicalizarlas a través de las propuestas y puestas en práctica de tácticas y estrategias que permitan el avance cualitativo de dichas luchas.

– Capacidad de convocatoria. Ganar la batalla cultural

«La neutralidad no existe»

El sistema constantemente está fabricando discurso y propaganda. La no-ideología es su ideología, es la ideología dominante. Cualquier fuerza revolucionaria debe disputarse la hegemonía. Necesitamos que nuestras prácticas tengan altavoces y sirvan como propaganda por el hecho, enfrentando nuestra alternativa política frente a la barbarie capitalista también a nivel discursivo, es decir, defender la legitimidad de nuestros discursos. Tenemos que ser capaces de crear una cultura obrera y un imaginario colectivo socialista libertario que cuestione de raíz este actual sistema. Esto implica que podamos tener capacidad para movilizar a la clase trabajadora ante determinadas coyunturas, tener músculo en la calle y marcar agenda en la acción social y política. En otras palabras, ser la fuerza política que lleve la iniciativa en la lucha de clases.

A modo de conclusión

La revolución no está a la vuelta de la esquina, sino que será un proceso largo que depende de multitud de factores. Nos encontramos actualmente un escenario difícil, con amenazas serias como la derechización de la socidedad y la crisis climática y de recursos. Pero mejor que nos pille lo más preparadas posibles o enfrentaremos escenarios mucho peores. El anarquismo no debería quedarse como ideología que solo sea aplicable a pequeña escala y solo valga para gestionar ecoaldeas, sino que debería ser un proyecto político que pueda implementarse también en las actuales sociedades occidentales complejas, a través de una planificación descentralizada y una sociedad organizada con altos grados de participación social.

Otra Ley de Amnistía al servicio del poder

Llevamos meses oyendo críticas a una ley de amnistía que provienen casi en su totalidad de la extrema derecha. No es la primera en España; la transición y el régimen del 78 se fundamentaron sobre una ley, ley de amnesia, que no incendió tantas pasiones entre la extrema derecha como lo está haciendo esta. A su vez, como decimos, no son tantas las voces que se han alzado desde posiciones de la izquierda radical como cabría esperar. Para muchos está resultando difícil posicionarse políticamente ante una medida de gracia, que tiene como objetivos últimos la obtención de los apoyos suficientes para revalidar el gobierno por el PSOE y el de solucionar la cuestión legal de las élites burguesas nacionalistas catalanas.

Silencio que resulta complicado de entender porque hay mucho que decir y sobre lo que pensar al respecto. Desde su contenido más concreto, ¿a quién afectará esta ley y quién ha quedado fuera?, hasta sus implicaciones más amplias, ¿qué supone políticamente este cierre en la cuestión catalana y sus reclamaciones democráticas? Y, sobre todo, porque nos permite entender cómo sus leyes y su supuesta inmodificable constitución no son tan sagradas como nos pintan y están al servicio de los intereses de las minorías capitalistas y sus expresiones institucionales. Dicho de otro modo, desde el anarquismo social y revolucionario entendemos que posicionarnos políticamente sobre estas cuestiones es esencial porque muestra las contradicciones propias del sistema y los intereses de clase puestos en juego.

 

¿Qué dice la ley de amnistía?

 

La propuesta de ley redactada por el PSOE y consensuada con Junts afectará a unos 300 encausados del movimiento democrático catalán. Sin embargo, dejará fuera a más de 2500 activistas por los derechos sociales, laborales o climáticos que fueron encausados en el mismo periodo y en el mismo territorio. Por supuesto, en su obsesión de convertir Europa en una fortaleza inexpugnable y blanca, deja fuera a todos los migrantes sin papeles. ¿Qué nos dice esto? Que es una ley que solo pretende resolver las cuestiones relativas al conflicto independentista, en particular, allí donde afecta a líderes políticos de la burguesía catalana y que no pretende ampliar su impacto a cuestiones sociales donde se evidencia el conflicto de clases.

Es importante aclarar que siempre se habla de “burguesía catalana” como un concepto inseparable, como si no hubiera una burguesía gallega o castellana. Son élites. Y en Catalunya, las élites no estuvieron a favor de la independencia sino que sacaron las empresas de aquí en cuanto lo vieron negro. Quienes apoyaban la independencia eran la pequeña burguesía y la parte catalanoparlante de la aristocracia obrera. [Y el mundo rural catalán y gran parte de la juventud.] Junts son tan indepes como el PSOE es socialista. ERC representa mejor las clases medias.

Dicho de otro modo, más claro. Permite a Junts reaparecer en el tablero político y hacerlo libre de los procesos judiciales con los que fueron atacados, sin que esto suponga el mínimo reconocimiento a las luchas sociales por el derecho a la vivienda, los derechos laborales, las luchas ecoambientales, las peleas por los derechos de igualdad y reconocimiento de las migrantes y las luchas por la extensión de los derechos democráticos. Junts debe hacer equilibrios entre la presión popular que previa al Procés soberanista y el hecho de que el independentismo contradice sus intereses de clase, y también equilibrios entre los intereses de su base electoral y los intereses de la burguesía para la que trabajan.

Sin embargo, esta ley sí se encarga de exonerar de su responsabilidad penal a 73 policías. Teniendo en cuenta lo difícil que es que un policía se siente en el banquillo de los acusados en este país, podemos imaginar el alcance de la brutalidad de sus acciones para estar citados ante un juez. Fue tan alto el nivel de violencia empleado, tan brutales las imágenes de violencia de estado contra los manifestantes y ciudadanos que apoyaron el referéndum del 1 de octubre de 2017 y todas sus movilizaciones, que no pudieron contener. Ya se encarga esta ley de equiparar dichos delitos de estado con la participación en movimientos populares por el derecho a decidir. En esto sí se parece mucho a la ley de amnistía anterior.

 

¿Por qué esta ley?

 

Para el PSOE, era la condición de partida para poder conseguir los apoyos mínimos para sacar adelante cuatro años más de gobierno. Sabemos perfectamente que los “socialistas” no tienen problemas para mover sus posiciones entre la aplicación del artículo 155 y la redacción de una ley de amnistía. No se les caen los anillos. Lo segundo que consigue el partido de Sánchez es venderse como una formación moderada y con altura de estado. Saca de los tribunales el conflicto político, pero no para devolverlo a la calle. Ellos son más de pasillos, restaurantes de lujo y mesas de maderas nobles. Exonerando a los dirigentes burgueses y manteniendo la presión sobre los activistas sociales roban el potencial político de la protesta y lo rentabilizan ellos.

Con Junts pasa algo parecido. Además, consiguen mostrarse ante la sociedad catalana como duros negociadores que no se rinden ante las presiones del estado español y no se venden por cuatro pesetas. Junts no pretende posicionarse mejor ante el independentismo sino ante el empresariado de Catalunya. Está volviendo al papel del “peix al cove” de Jordi Pujol, de negociar cosas con Madrid. El independentismo radical ha quedado huérfano. Por eso han aparecido opciones ultraderechistas y racistas como FNC y similares que sacan los votantes del espacio político de Junts.

No olvidemos que no solo existe el acuerdo para la Amnistía, también hay el lado económico: cesión de impuestos a Catalunya, traspaso de Renfe y… que el PSOE y el Gobierno se trabajen la vuelta a Catalunya de las empresas que trasladaron su sede social: Caixa, Banco de Sabadell, Aigües de Barcelona, Freixenet, Catalana Occidente, Gas Natural, etc. Junts escenifica de alguna manera la vuelta de la Convergència autonomista del régimen del 78. La verdad es que es un intento de cierre del problema independentista desde las instituciones porque el acuerdo incluye la renuncia de cualquier vía que no cumpla con la constitución vigente. Y ya sabemos que la constitución está escrita en piedra para las mayorías sociales. Esto evidentemente supone un afianzamiento de la democracia burguesa y monárquica española. Con todas sus instituciones. Con todas sus corruptelas.

 

¿Por qué reacciona tan airadamente la derecha si no supone una amenaza contra la unidad de España y el régimen burgués?

 

Pues sencillamente porque no lo han tramado y realizado ellos. No pueden anotarse el tanto. Y porque esperaban hacer este mismo cierre, pero aparentando dureza, solidez y contundencia. Porque no debemos olvidar que el Procés mostró que en este sistema que parece infranqueable se abren grietas que pueden servir a los proyectos emancipadores para darle la vuelta a la relación de fuerzas.

Así que banderas de todos los tipos, cánticos fascistas, racistas, homófobos y machistas, muñecas hinchables y saludos romanos. Hablan de golpe de estado, de dictadura, de represión, de ataque sin precedente a las instituciones del estado, pero… nada, de eso no hay nada. Esta es la forma en la que se ha construido la españolidad. Una forma que no permite otras interpretaciones de la idea de España que el proyecto imperial unitario. Desde la periferia ibérica se entendía España como una confederación de pueblos. Desde el centro, se entendía una España construida a expensas de Castilla, extendiéndose entre todos los demás pueblos, al borrar sus identidades. Esta forma de ver las cosas permea desde la expulsión de los judíos, el final del reino de Granada, la expulsión de los moriscos, hasta las guerras entre el absolutismo y el liberalismo, el colonialismo y las guerras coloniales o el franquismo. Es todo un hilo histórico que caracteriza la derecha desde hace siglos.

Para la derecha, no existe el perdón. El perdón es debilidad. Su tradición histórica es arrasar a su rival, obligarle al exilio o llenar el país de tumbas. Por eso, la derecha centralista genera tanto rechazo en la periferia que en las elecciones pasadas la gente de Catalunya y Euskalherria votó al PSOE más que a sus propias opciones. Es una cuestión de supervivencia. También hay que entender que en cuanto vuelva a gobernar la derecha (PP y Vox, por ejemplo), se reactivará inmediatamente el Procés independentista, ya que nadie querrá quedarse en una España así.

 

El anarquismo social ante la ley de amnistía

 

Como decíamos en la introducción, este es uno de esos temas que a muchos anarquistas se nos hace bola. Al fin y al cabo, es una jugarreta dentro del sistema de partidos, disputándose una posición dentro del estado, citando a sus fuerzas represivas, hablando de nacionalismos… sí, no es un tema fácil para aquellos que soñamos con un mundo sin clases, sin dominio, sin naciones y sin estados.

Pero la realidad es la que es. Ignorarla es una irresponsabilidad y un acto de sectarismo. Aquellos proyectos revolucionarios que entienden que la posibilidad de superar a este sistema pasa por la acumulación de fuerza social no pueden ignorar ni todo el potencial que se movilizó en Cataluña en torno al proceso independentista ni las brechas que se abren en este nuevo momento político. Y siempre sin que esto suponga ni un ápice de posibilismo.

Estamos viendo que la ley se hace y se deshace al antojo de las élites. Luchemos y clamemos porque la ley deje de perseguir a los luchadores por la justicia social y reclamemos una amnistía para todas las luchadoras. Estamos viendo que la judicatura y la represión de estado son herramientas al servicio de las élites y del statu quo. Denunciemos una vez más su carácter instrumental para este sistema criminal. Estamos viendo que multitudes ciudadanas y populares se suman a demandas por la democratización de la sociedad. Unámonos a ellas, apoyémoslas y empujemos esas demandas más allá de las reclamas nacionalistas con un posicionamiento socialista e internacionalista, que junto con el derecho a decidir y participar incluya las reclamas por igualdad y justicia.

Escrito por militantes de Embat y Liza

El Anarquismo ante el nuevo ciclo político

Está finalizando un ciclo político y comenzando otro. No sabemos cuáles serán las características de este nuevo periodo, lamentablemente no disponemos de una máquina del tiempo, no terminamos de creer en el tarot y los posos del café nunca nos han ayudado demasiado. Por eso tuvimos que inventarnos algunos métodos de análisis social que usamos para intentar conocer las características socioeconómicas, detectar las diferentes fuerzas políticas y sus operaciones, limitar los agentes políticos y clasificarlos correctamente y, sobre todo, para poder planear con la mayor claridad posible los pasos que nos acercaban a nuestros objetivos, que son hoy, y siempre han sido, la superación de este sistema criminal por otro mundo nuevo donde la igualdad y la libertad sean la base de las relaciones sociales.

Todos nuestros esfuerzos por comprender la sociedad, nuestra obsesión por historizar y contextualizar los sucesos y las condiciones materiales e ideológicas, tienen esta pretensión: ayudarnos en nuestra lucha por el socialismo libertario. Son estos análisis los que nos dicen que en nuestro entorno más cercano un ciclo político está finalizando y comenzando otro.

 

¿De qué ciclo político estamos hablando?

Los ciclos políticos son herramientas analíticas que deben servir para clarificar los fenómenos sociales. Llamamos “ciclos políticos” a los periodos donde las dinámicas sociales siguen un curso determinado coherente. Estos ciclos entran en crisis y se agotan cuando los cauces que se establecieron con anterioridad quedan desbordados por el flujo del acontecer social o se cierran desde sectores de las instituciones.

Nosotros afirmamos que el ciclo que comenzó con la crisis económica de 2008 está tocando a su fin porque las actuaciones de los diferentes agentes políticos que intervinieron en aquel periodo están dejando de producir los efectos que pretendían. En 2011 vivimos un periodo de conflictividad social que algunos llamaron de “Los indignados”. No podemos entrar en profundidad en el análisis de este momento histórico reciente, pero podemos decir que sobre esa fuerza social que se congregaba en las plazas derivó en una institucionalización de la protesta. Esto no pasó por arte de magia, sobre aquellos manifestantes operaron agentes políticos que consiguieron reconducir aquella conflictividad a través de la construcción de un partido político: Podemos.

Aquel desvío se produjo bajo la promesa de defensa de las demandas políticas por los nuevos responsables. Si bien es cierto que aquellas demandas nunca conformaron un programa claro, lo que sucedió en los años siguientes nada tuvo que ver con lo que se planteaba en aquellas plazas. Ni se consiguió más democracia, ni los bancos pagaron la crisis, ni el régimen tuvo que exponerse al poder popular, ni se derogaron las leyes más represivas. Por el contrario, la democracia siguió estando al servicio de las élites. Los bancos y empresas del Ibex siguieron acumulando beneficios a costa de los trabajadores y de las arcas públicas, el régimen monárquico y heredero de la dictadura se consolidó y se profundizo en la desigualdad social y económica amparada por ley y protegida por la fuerza.

Todo esto fue posible por (y no a pesar de… como se empeñan en decir) la entrada en el gobierno de coalición de Unidas Podemos. La fuerza social quedó desactivada, desviada y luego defraudada. Evidentemente esto pasó factura a la formación de Iglesias que, como peces en el agua en la realpolitik, se fracturó, refundó y pseudo radicalizó discursivamente, dependiendo del momento y de sus necesidades particulares.

Mientras tanto la derecha (nueva y vieja, extrema y “centrada”, tradicional y online, conservadora y liberal) no dejó pasar la oportunidad. Con la izquierda institucional escorada cada vez más hacia la derecha, mandando policías a manifestantes, haciendo reformas cosméticas, peleando por asientos y likes, acompañando la militarización de las fronteras y de la protesta, fue sencillo aparecer como una alternativa realista e incluso moderada. Cuando todo se desplaza hacia la derecha el centro también lo hace. Y ante esta situación la izquierda institucional empezó a perder apoyos y poder.

Y a esto nos referimos con un ciclo que empieza y acaba. De la crisis de 2008 y el descontento social, hacia el desvío neorreformista y su posterior hundimiento como opción política. Lejos de aceptar las explicaciones deterministas que nos quieren hacer creer que la calle se moviliza y desmoviliza sola, como si fuese fenómeno climático, nos servimos de herramientas analíticas para comprender qué pasó. Así sabemos que no estamos ante una borrasca, sino ante un fenómeno social y podemos entender mejor, que puede estar por venir y como debemos actuar para lograr nuestros propósitos.

 

¿Y la izquierda radical?

La izquierda radical no estaba preparada ante lo que pasó. No supo intervenir en los procesos de combatividad social que se produjeron durante la crisis y no supo entender ni defenderse del desvío que realizó el neorreformismo.

Muchos sindicatos, asociaciones vecinales y otros proyectos amplios que luchan por las mejoras de las condiciones laborales y sociales tuvieron serios problemas para realizar su actividad frente al “gobierno más progresista de la historia”. Tanto las burocracias reformistas como los medios de comunicación desactivaron gran parte de la conflictividad social. Algunas organizaciones decidieron “experimentar” sumándose o impulsando la vía institucional con lamentables resultados. Los movimientos sociales sufrieron un parón considerable al no poder adaptar su discurso crítico a unos representantes políticos supuestamente afines.

Pero igual que pasó a nivel institucional, fuera de los salones y de los pasillos, también comenzó un periodo de crisis y reflexión con las derivas tomadas. En los últimos años hemos presenciado un estimulante proceso de autocrítica (a veces muy limitada) y de ruptura con prácticas previas y con ella la emergencia de organizaciones nuevas. Aún está por ver cómo de “nuevos” son los planteamientos y las practicas que surgen de este sector, pero lo que no se puede negar es que no es un claro síntoma de fin de ciclo político.

 

¿Y el Anarquismo?

El anarquismo adquiere diversas expresiones, más o menos conscientes y explicitas, que es preciso apuntar para poder producir un análisis. Tradicionalmente es el anarcosindicalismo la expresión más asentada en el estado español. Zarandeado por las agresiones que viene sufriendo la clase trabajadora y sus formas de auto organización y defensa, y desprestigiado por las prácticas de los sindicatos amarillos y o grupúsculos sectarios, el anarcosindicalismo no ha pasado por sus mejores momentos. Se han implementado ciertas tácticas con diferente éxito en sus resultados: la apertura de algunas organizaciones a formulaciones de masas, la reconversión en espacio para movimientos sociales, cierto acercamiento entre las diferentes organizaciones, la modernización del discurso… El anarquismo sindical en el estado español es muy variado, pero su apuesta por la Síntesis (la unión de diferentes corrientes del anarquismo y de trabajadores no libertarios en una misma organización) está generalizada y ni siquiera es explicita y consciente. Allí donde ha virado hacia configuraciones más amplias y abiertas se ha experimentado cierto crecimiento, siempre en detrimento de la posibilidad de generar unidad ideológica y estratégica, como es obvio.

El anarquismo autonomista, integrado principalmente por CSOs, cooperativas y pequeños colectivos integrados en movimientos sociales y diferentes proyectos del anarquismo cultural, ha sufrido por partida doble. A la vez que la conflictividad social bajaba y se reducía su llegada a las masas sociales, se derechizaba la política institucional y mediática, lo que hacía que aumentase la presión y criminalización sobre ellos. esto ha supuesto un claro repliegue del panorama autónomo.

Ante esta situación de resaca generalizada, al igual que pasó en el resto de la extrema izquierda, han surgido procesos de reflexión y autocritica que están produciendo una serie de propuestas teóricas y prácticas que no se habían desarrollado con anterioridad en el espacio libertario.

Anarquismo Social y Organizativo

La crisis del anarquismo quizás ha sido más profunda que la que se ha producido en otros espacios del socialismo. El anarcosindicalismo como máxima expresión de la estrategia de síntesis y el anarquismo autonomista próximo a las dinámicas de los movimientos sociales está en punto muerto. En su seno se producen debates, nuevas y viejas propuestas rescatadas, mucha autocritica y la aparición de proyectos con otras líneas estratégicas. Quizás los dos síntomas más claros de que estamos ante un cambio de ciclo también en el movimiento libertario sean el abandono de mucha militancia hacia el autonomismo socialista con clara apariencia de constitución de un partido marxista leninista y la emergencia del especifismo latinoamericano y del plataformismo, a los que se ha venido a denominar como Anarquismo Social y Organizativo.

Esta corriente, el Anarquismo Social y Organizativo, dentro del movimiento libertario no es nueva. Hunde sus raíces en las propuestas tácticas teorizadas por Bakunin: la estrategia de militancia dual. A diferencia de las propuestas de Síntesis, se apuesta por la construcción de una organización específicamente anarquista, donde se construye una fuerte unidad ideológica y estrategia, así como unos compromisos militantes, desde la que se interviene en los movimientos de masas para potenciar la fuerza social de los mismo. En otras palabras, la organización anarquista interviene en la realidad social intentando producir las condiciones más favorables para la acumulación de fuerza en manos de los trabajadores y trabajadoras en su enfrentamiento con las fuerzas capitalistas.

Lo importante de todo este asunto, de esta reflexión estratégica, es que supone una ruptura con el sentido común que se ha ido imponiendo en el entorno libertario a base de costumbre y falta de reflexión. Y es que este posicionamiento estratégico supone un radical cuestionamiento a las estrategias autonomistas y de síntesis, al insurrecionalismo organizado en pequeños grupos de afinidad y al anarquismo educacional sumido en posiciones reformistas.

 

El estado actual del Anarquismo Social y Organizativo en el estado español

Aunque hablamos de ruptura, no es justo imaginar este proceso como la irrupción repentina y surgida de la nada de unas cuantas iluminadas. La realidad es que este proceso reflexivo lleva años aterrizando en nuestro entorno más cercano, solo es que ahora ha encontrado el terreno fértil y los oídos ligeramente más abiertos a otras ideas. Es necesario por tanto agradecer el duro e ingrato trabajo que han realizado algunas organizaciones y militantes en este sentido. La implantación y la fuerza de las organizaciones del Anarquismo Social y Organizativo en Latinoamérica son sin duda el otro factor que ha posibilitado la llegada de estos planteamientos estratégicos a nuestro territorio.

En la actualidad se han formado en el estado español media docena de organizaciones anarquistas alineadas con el especifismo o el plataformismo. Algunas de ellas ya han iniciado un proceso de coordinación y se han implicado en un profundo debate sobre la posibilidad de la creación de una organización a nivel estatal. Hay que tener en cuenta que “Federación” no significa lo mismo aquí, que en las estrategias de síntesis. En coherencia con la estrategia dual bakuninista, implica la construcción de unidad ideológica y estrategia, por lo que es más laborioso de construir y perfilar. Creemos que están por llegar muchas nuevas y buenas noticias desde esta corriente del anarquismo, lo que nos llena de esperanza y ayuda a sacar los pies de ese pantanoso estado de derrotismo e impotencia.

 

¿Y ahora qué podemos hacer?

Partimos de que estamos ante un cierre de ciclo con el agotamiento de parte del neorreformismo, pero ojo, que esto no significa que hayan dejado de existir. Es más, ahora mismo, los diferentes sectores dentro de Sumar están intentando cerrar todas las grietas que hay abiertas para estabilizar la situación o capitalizarla a su favor. Esto implica que no podemos entender el periodo que se abre como un momento político resuelto a favor de los planteamientos revolucionarios. Esto no es un; el neorreformismo ha fracasado es nuestro turno.

Por el contrario, es el momento de organizarse, plantear alternativas y estrategias aprovechando la experiencia reciente. Esta vez tenemos que estar preparados para evitar que las burocracias y los tecnopopulistas consigan desviar la fuerza social que surgirá del descontento y la indignación. Allí es donde deben estar las anarquistas, organizadas y armadas de una estrategia coherente que nos permita avanzar en el camino hacia la emancipación.

Escrito por Miguel Brea, militante de Liza.

Grupo de estudio de pensamiento y estrategia anarquista en Madrid

Desde la Secretaria de Acción Social, Cultura y Exteriores de CNT-CIT Madrid en colaboración con Liza se ha impulsado el “Grupo de estudio de pensamiento y estrategia anarquista” que tendrá su primer encuentro el día 13 de diciembre en el local de CNT Madrid. El proyecto parte de generar un grupo de lectura, reflexión y debate desde de las teorizaciones de revolucionarios libertarios clásicos como Malatesta, Bakunin o Emma Goldman, en otros, pero no descarta evolucionar hacia donde los participantes consideren en un sentido multidisciplinar propio de la tradición anarquista.

Los objetivos son muchos: generar un punto de encuentro distendido donde conozcamos a otros militantes y proyectos, un espacio de debate que produzca reflexiones prácticas para nuestras luchas cotidianas, el rescate colectivo de las experiencias e ideas de las revolucionarias que nos precedieron… pero, sobre todo, pretende romper con las prácticas activistas irreflexivas, que no inician sus acciones políticas desde análisis rigurosos y proyecciones realistas. Es, por tanto, el objetivo principal del grupo de estudio romper con las tradiciones asumidas y los sentidos comunes que nos distancian de una actitud crítica y realmente comprometida con el pensamiento revolucionario.

Para la primera sesión se ha preparado la lectura colectiva de un texto clásico de Malatesta que nos sirva para iniciar un debate entre los asistentes. Desde esta lectura trataremos de desgranar las aportaciones teóricas y estratégicas y ponerlas en diálogo con nuestras posiciones y contextos actuales. No se trata de aprender de memoria las aportaciones realizadas en otros periodos de lucha de clases, queremos partir de esas reflexiones y dialogar con ellas para que surjan ideas y propuestas que tengan un sentido real en las luchas de hoy.

La sesión está pensada para que todas las militantes que deseen participar puedan hacerlo independientemente de su trayectoria y de sus conocimientos específicos sobre pensamiento revolucionario. Se trata de que entre todas construyamos las bases para una práctica militante efectiva. Reflexionar, analizar y proyectar es una tarea tan importante para la acción política como estar presente en los espacios liberados, sindicatos, colectivos y manifestaciones. Es más, sin un proceso reflexivo previo la práctica queda determinada por la suerte, las costumbres tácitas o las direcciones de unos pocos.

Los cimientos para organizarse politicamente: por una cultura militante revolucionaria

En estos úlitmos años hemos puesto sobre la mesa la cuestión de organizarse a nivel político, a raíz de que cada vez más militantes anarquistas se están involucrando en espacios sociales amplios como los sindicatos laborales y de vivienda. Pero nos estamos encontrando un techo que nos está limitando a la hora de aspirar a proyectos más allá de la mera resistencia. La fórmula de la síntesis (organizaciones o colectivos donde entra cualquier anarquista a pesar de las diferencias ideológicas y estratégicas), de nuevo, está demostrando ser incapaz de superar ese techo. Esta falta de organizaciones políticas y estrategias propias nos deja en situación de trabajar para otros proyectos que no son el nuestro.
¿Qué quedó de aquellos movimientos anarquistas que articulaban movimientos de masas, creaba las estructuras de la nueva sociedad y lideraba revoluciones sociales? De esas experiencias revolucionarias históricas podría decir que solo quedan en algunas regiones del Sur Global, en la actual coyuntura del Estado español es inexistente.

Buena parte del espacio libertario lleva desde la Transición sin referentes claros y, en cierta medida, sin entender que nuestro trasfondo político y militante está influenciado por el sustrato cultural occidental. La falta de memoria, de experiencias acumuladas, de relevos y de romper temas tabú, son un cúmulo de factores que han derivado en la situación actual del anarquismo, con nuevas generaciones que repiten los errores de las anteriores y hechos que se dan por asumidos sin cuestionamiento alguno. Somos en buena medida el resultado de ésta herencia, sin plantearnos qué hay más allá de lo que siempre se ha estado haciendo.

De dónde venimos

Para entrar en contexto, repaso la historia reciente del anarquismo español en general. La época post-mayo del ‘68 en la cual las izquierdas fuera del bloque soviético salieron derrotadas políticamente. Todo ello se juntaba con la ofensiva neoliberal representada por el eje Reagan-Thatcher. A la par del retroceso de los sindicatos de masas, esta derrota política provocó que las tendencias de la izquierda revolucionaria occidental acaben encontrando una salida hacia adelante en lo subcultural y vivencial. De ahí el movimiento punk, el skin, el okupa (squats), bajo el lema “no future”, que descartaron la idea de una revolución de masas y por tanto, construir un nuevo modelo de sociedad a través de la revolución social.

Tras la muerte de Franco, los movimientos sociales volvieron a aflorar en España, entre ellos el anarquismo (mención a parte tendría el MIL y la resistencia armada, en cierto grado, vinculada a las luchas populares y obreras). La CNT del interior que estaba en la clandestinidad, donde parte de esa militancia pasó a los maquis y Defensa Interior, junto con sindicalistas que se metieron a los sindicatos católicos y luego a CCOO, que en sus inicios era combativo hasta que lo instrumentalizó el PCE, para agitar las luchas obreras, vieron una oportunidad para volver a ser un movimiento de masas. Pero la CNT del exilio se volvió conservadora. Boicoteaba el interior desde una posición estancada y a la vez alejada del anarcosindicalismo de años 20-30 (que construía movimientos de masas) y de la realidad del momento, quedándose en una especie de guardián de las esencias y sobreideologizada. Esta tendencia, a la legalización de la CNT después de los pactos de la Moncloa, comenzó a regresar a España. Las divisiones internas ya estaban servidas: entre partidarios de entrar en comités de empresa y elecciones sindicales y detractores de ello. Ésto terminará en una dura excisión en el V Congreso, donde nacerá la CGT. El Caso Scala terminaría por rematar la faena y la afiliación caerá a mínimos, no solo al ver las duras peleas de la división, sino también por la infiltración policial y las campañas masivas de criminalización del anarcosindicalismo.

En la CNT se acabará imponiendo la línea ortodoxa del exilio entrados en los ‘80, incapaces de remontar el duro golpe del Caso Scala y quedándose como microsindicatos con apenas actividad sindical pero mucho de contracultural de autoconsumo. En esa época el movimiento okupa y el punk tuvieron sus mejores momentos y a la vez los peores: los barrios obreros comenzaban a sufrir el azote de la droga con la complicidad de la policía y luego la posterior estigmatización de los medios y la política del país. Una gran parte del movimiento punk acabó también en la droga y en el nihilismo. Tampoco la CGT se libraba del todo de esta influencia tribuurbanista y contracultural. Se hablaba de un movimiento libertario con poca base social, muy identitario y endogámico.

Entrados en los ‘90-’00 llegaron las ideas del insurreccionalismo italiano. La crítica a la burocratización de las centrales anarcosindicalistas, e incluso de los resquicios de las viejas organizaciones del movimiento libertario como la FIJL y la casi inexistente FAI propiciaron una huida hacia adelante a través de la acción directa y el ataque directo contra el sistema. La oleada insurreccionalista fue un toque de atención a las viejas glorias y se dieron duras críticas hacia éstas, pero descartaron un punto clave para el desarrollo de cualquier movimiento: el trabajo de base. No existía ninguna conexión con la clase trabajadora en sí ni había voluntad de ello, algo que sí que lo tuvo el MIL durante su existencia en ‘70, que atracaba bancos para financiar huelgas y luchas sociales.

Esta oleada insurreccionalista terminaría siendo derrotada fácilmente al carecer de dicha base. La criminalización del Estado no se hizo esperar: aislar el anarquismo de la sociedad calificándolos de guerrillas urbanas y terrorismo de baja intensidad. Han aprovechado para fabricar un nuevo enemigo interno a la vez que desgastaba la bandera del terrorismo de ETA. En cuanto comenzaron los golpes represivos, la actividad comenzó a girar en torno a eventos de recuadación de dinero para los costes antirrepresivos y a volcarse en la lucha anti-carcelaria, a los cuales siempre acudían las mismas caras. Cayeron en una espiral repreresiva del cual no salieron, y muchas terminaron abandonando la lucha sufriendo penas desorbitadas. Una lucha de grupos reducidos de personas contra todo un aparato represivo sin una estrategia ni un vínculo con el pueblo era un completo suicidio. A los pocos años, esta represión dejó un balance desolador: montajes policiales, penas desorbitadas de prisión, multas… Entretanto, la paranoia, el aislamiento, los personalismos, roles de poder informales y los dramas internos fueron un desgaste en salud mental arrollador.

Los 2000 sería la década de la bonanza económica. El anarquismo fue pasando esos años sin pena ni gloria entre las okupas, lo contracultural, saliendo de las campañas antimilitaristas y haciendo campañas por apostatar (darse de baja de la Iglesia Católica, básicamente). Paralelamente, surgían los movimientos anti-globalización, que acostumbraban a organizar black blocs allá donde se celebraban las cumbres. Entretanto, lxs anarquistas en parte participaban de ese movimiento, pero sin ser tendencia organizada. En 2003 tuvieron lugar las movilizaciones masivas contra la guerra de Iraq y las mentiras del 11M. El anarcosindicalismo tendría poca influencia en este período. Las luchas más sonadas fueron a la campaña de boicot al Mercadona y la SGAE (autores y copyright, que también salpicó al portal alasbarricadas.org).

El anarquismo en el Estado español se quedó sin referentes fruto de la desmemoria y de la derrota política del ‘68. Por eso la herencia actual del anarquismo en general es un amalgama de esta ortodoxia purista e identitaria de la CNT del exilio, lo contracultural y vivencial de aquella época dorada del movimiento punk y okupa, y las dinámicas informales propias del insurreccionalismo italiano. No nos hemos reconstituido como una fuerza política, al contrario, se rechazaba la organización formal y el trabajo político, grandes errores que nos han llevado a ser algo marginal, haciendo del anarquismo una parodia de sí mismo donde nunca se planteó el traducir los principios y la ideología en línea política, estrategia y táctica para tener capacidad para desarrollar un trabajo de base real.

La conclusión hasta aquí es que hay una parte del anarquismo ha renunciado al objetivo revolucionario de construir un nuevo modelo de sociedad. No es la excepción, en los países occidentales la influencia de la ideología liberal en todos los aspectos de la vida desde los ‘70 (comienzo de la ofensiva del proyecto neoliberal) ha apartado de los movimientos revolucionarios de este objetivo último en la práctica. Otro ejemplo desastroso es el anarquismo estadounidense en los 90-00, volcado hacia el individualismo y lo vivencial.

Mi perspectiva política

Parto de las lecturas de otras experiencias militantes de algunos compañeros de Embat y de lecturas políticas del movimiento anarquista tanto histórico como actual, cuyo denominador común es la de organizar movimientos de masas y ser una fuerza política impulsora de las revoluciones sociales. Este anarquismo en la actualidad queda reflejado en las revueltas populares y movilizaciones masivas en Chile, Brasil, Ecuador, Argentina y Colombia, y en las revoluciones sociales con inspiraciones en el anarquismo como la zapatista y la kurda.

Este anarquismo social es el anarcocomunismo, la corriente política del anarquismo que tiene como estrategia general la articulación de movimientos populares de masas (poder popular) y la apuesta política de que dichas masas sean el sujeto político de la revolución social (el pueblo trabajador) y como objetivo político la configuración del nuevo modelo de sociedad, usando como modelo organizativo el dualismo: un nivel de masas y un nivel político. Esta tendencia en la actualidad recoge la herencia de las revoluciones sociales de la historia, las cuales destacan la mexicana de 1910, la Makhnovista del 1919, la comuna de Shinmin y Shangai en los años 20, la revolución social del ‘36, junto con las experiencias sindicalistas revolucionarias de Alemania e Italia de la misma época y el anarcocomunismo búlgaro. A nivel teórico-organizativo, la línea comienza en la Alianza por la Democracia Socialista de Bakunin, pasando la plataforma de Makhno, el partido de Malatesta y llegando al especifismo latinoamericano.

En los años ‘20, con los makhnovistas en el exilio, se dio un importante debate en torno a la organización anarquista. La publicación Dielo Truda fue la que divulgó las experiencias makhnovistas y puso sobre la mesa un modelo para la organización anarquista basada en la unidad ideológica, estratégica, táctica y de acción: la plataforma. Este modelo fue criticado y Volin defendió un modelo organizativo en el cual cabían anarquistas de cualquier tendencia: individualistas, sindicalistas, colectivistas y comunistas. A la práctica, los hechos les darían la razón al modelo plataformista, ya que el modelo de síntesis era incapaz de desarrollar trabajo político porque a la hora de discutir estrategias, responsabilidades y disciplina conjuntas era imposible el acuerdo.

Aquí pongo como ejemplo la Federación Anarquista Comunista de Bulgaria, quienes adoptaron el plataformismo como modelo organizativo mientras el anarquismo a nivel internacional lo rechazó y se decantó por la síntesis. Esta organización articuló, desde 1920, un movimiento popular de masas, consiguiendo ser 3a fuerza política en un país muy convulso políticamente en aquella época, habiendo sido capaz de sobrevivir a ejecuciones de militantes y dos golpes de Estado fascistas hasta los años 40 que fue destruida por la represión estalinista.

La II Guerra Mundial mató todas esas luchas revolucionarias. Sin embargo, muchos luchadores siguieron combatiendo en la resistencia contra la ocupación nazi en Francia o lucharon como partisanos.

En la post-guerra, el anarcocomunismo comenzó a sacar cabeza aunque muy tímidamente. En los años ‘50 George Fontenis rescató el modelo plataformista y escribió “El manifiesto comunista libertario”, un texto que recoge la herencia de todas esas revoluciones históricas y planteará la necesidad de organizar el anarquismo como opción política.

En Sudamérica, esta corriente se tradujo en el especifismo de la cual la Federación Anarquista Uruguaya (FAU) fue pionera (1968). Fue realmente una actualización del plataformismo en el cual el sujeto político ya no es únicamente la clase trabajadora y pasa a ser el pueblo, de la cual la lucha de clases sería un frente. Desde entonces, la corriente especifista se extendió y de las cuales heredaron organizaciones como Resistencia Libertaria, y heredan hoy Acción Socialista Libertaria, Federación Anarquista Rosario, Federación Anarquista Río de Janeiro, Coordinadora Anarquista Brasilera, Vía Libre (Colombia), entre otras.

Una mirada hacia nuestras experiencias recientes

La actualidad en el Estado Español tiene, sin embargo, unas experiencias de anarquismo social muy enriquecedoras. Todo vino al calor del 15M, fue un ciclo político que despertó conciencias e hizo que muchas personas nos replanteemos todo. Hablaré aquí de las más sonadas y de las que más tengo por la mano.

– La FAGC (Federación Anarquista de Gran Canaria)
Nacieron como cualquier colectivo anarquista al uso hasta un punto en que, según las palabras de Ruymán, en un momento que estaban repartiendo panfletos sobre veganismo, un señor había tomado uno de ellos y a pocos metros lo encontraron buscando comida en un contenedor. En ese momento a algunas personas se les rompieron esquemas. ¿cómo es posible que hablemos de veganismo teniendo personas que no tienen nada para llevarse a la boca? Ahí comenzó la ruptura. Quienes se quedaron fueron los que se volcaron de lleno al trabajo de base, comenzando por parar desahucios y poco a poco irían abriendo casas. Pasaron muchas contradicciones y se encontraron que nada era perfecto: desde personas que se aprovechaban para conseguir entrar en un piso y vender la llave hasta gente que una vez hecho la entrada chantajeaba con denunciar si no cumplían con lo que querían. Pero de ahí llegaron a construir la okupa más grande de España: unas 200 personas en un bloque de viviendas, la Comunidad La Esperanza, todas ellas gente que no tiene ni idea del anarquismo y con actitudes de mierda que con pedagogía aprendieron a convivir. Ahora es una comunidad autogestionada en que la FAGC había hecho de asesores.

Actualmente mientras escribo estas líneas el trabajo de la FAGC no ha parado: han creado el Sindicato de Inquilinas de Gran Canaria, han okupado huertos donde ahora viven personas sin papeles en autogestión y han conseguido ganar el conflicto de la Marisma, una pequeña comunidad víctima de una estafa inmobiliaria.

Sin saberlo, la FAGC acabó reproduciendo el modelo del dualismo organizacional del anarcocomunismo, estando la FAGC actuando como organización específica/política y el Sindicato de Inquilinas como organización de masas. La diferencia es únicamente semántica y elles lo llaman “anarquismo de barrio”, un anarquismo que se involucra en primera línea luchando al lado del pueblo ofreciendo las herramientas y metologías del anarquismo al servicio de la clase trabajadora y de la comunidad, no de forma asistencial, sino empoderándola.

– La FES-FEL (Frente Estudiantil y Social)
Actualmente la FEL ha tenido un cambio generacional, pero tuvo sus mejores años durante las movilizaciones del 15M (~2012 en adelante). La etapa del FES Zaragoza, que en poco tiempo acabarían siendo la FEL montando sus núcleos en la UAM, Somosaguas, Carlos III (Madrid), habría sido de las mejores en el movimiento estudiantil. Caso es de las experiencias del FES-FEL Zaragoza, logrando a ser referentes del movimiento estudiantil en la Universidad de Zaragoza durante unos cuantos cursos consiguiendo además implementar la unidad táctica a través de una política de alianzas de otros actores del movimiento estudiantil. Aquello impulsó aún más el movimiento estudiantil en la uni, llegando a realizar huelgas exitosas y con un grado de participación considerable, manteniendo además a raya a entidades estudiantiles filofascistas.

– Apoyo Mutuo
Esta organización nació como una red de militantes allá por el 2015 que pasó poco a poco a consolidarse como organización política que pretende ser de ámbito Estado español. Actualmente el núcleo que está teniendo rodaje es en Aragón, donde están sacando “Colectiviza!” una publicación de las luchas sociales en Aragón y han tenido su I Congreso.

– Embat
También al calor del 15M, Embat nació primero como un “procés” de construcción de una organización política de Catalunya. Tuvo el proceso similar a Apoyo Mutuo, comenzando a ser una Este proceso le llevó unos años de debates y formaciones sobre cuestiones que estoy yo escribiendo en esta carta. La organización como tal no se habrá formalizado hasta 2016-17. Desde entonces hay militantes en CGT Ensenyament, en habitatge y sindical. Fue parte del grupo motor del 1er Congrés d’Habitatge de Catalunya y también parte del grupo motor de Batzac. Actualmente como organización política ya tiene terminada la línea política.

Todas estas experiencias militantes están en nuestras memorias, pero gran parte de las nuevas generaciones que se politizan no la conocen.

La praxis política del anarquismo dista mucho de ser una parodia de rebeldía adolescente. Pongo los ejemplos del Estado español porque considero que no es necesario buscar ejemplos lejanos (que los hay), sino que ya son parte de la historia reciente y continúan a día de hoy a pesar de no ser tan visibles en algunos casos. Son ejemplos a tomar porque necesitamos preservar la memoria de estas experiencias para que no se pierda lo acumulado y poder aprender de ellas.

Un cambio de cultura militante. Recuperar nuestra tradición socialista

El ciclo de muchos colectivos anarquistas vienen a ser períodos cortos donde se hace activismo y en cuanto las circunstancias de la vida de las personas del colectivo cambian, el colectivo muere. Así vuelta a empezar de 0. Parece que nos guste reinventar la rueda para volver a hacer lo mismo, es la pescadilla que se muerde la cola.

La debilidad del anarquismo actual radica en las pocas responsabilidades y disciplina exigidas, así como la no-resuelta cuestión del poder y los liderazgos nos llevan a ser incapaces de tomar decisiones con agilidad. Se da mucha manga ancha a la libertad individual sin buscar ese equilibrio necesario en la responsabilidad colectiva. La militancia en una organización no es para que cada cual exponga su pedrada sino luchar por unos objetivos políticos en base a una unidad estratégica y de acción usando la organización como herramienta.

Es necesaria una disciplina interna y voluntaria, compromiso, decisión, sentido de organización, visión estratégica, sinceridad, humildad y tener visiones realistas. Capacidad para asumir liderazgos, saber cederlos, delegar, crítica y autocrítica, ser constructive, transmitir conocimientos, escuchar, comunicar… Si nos queremos tomar en serio el proyecto que asumimos, hemos de trabajarnos estos aspectos. Estar en una organización no es para reafirmarse en la identidad anarquista ni limpiarse la conciencia ni hacer colegas, estar en una organización implica luchar por aquello que creemos colectivamente y encontrar esta afinidad en el proceso.

Una disciplina militante tiene sentido si hay objetivos por los que luchar y tener estrategias para lograrlos, tanto para los inmediatos como para los finalistas. Es por ello que una Línea Política es esencial en una organización, ya que da el marco de actuación y marca las estrategias a seguir.

Queremos abarcarlo todo (capacitismo, antiespecismo, transfeminismo, antirracismo…) y estamos siendo débiles en todo. Nos creemos que todo es igual de importante sin tener siquiera una línea política trabajada, sin conocernos a nosotres mismes ni de dónde venimos. Seguimos haciendo lo mismo de siempre una y otra vez: anticarcelario, vivir okupando haciendo kafetas, ponernos la etiqueta por delante, crear comunidades endogámicas y herméticas (el ghetto anarco) con dinámicas tóxicas que vienen de no cuestionar la ideología liberal y la moral cristiana de nuestra cultura occidental. Negamos el poder reproduciendo roles de poder, negamos el liderazgo reproduciendo liderazgos informales, incluso en otros espacios donde se rechazan los partidos, se reproducen de manera informal el accionar partidista. Acusamos de reformista todo aquello que no nos guste pero reproducimos la ideología liberal en nuestros colectivos camuflado bajo un lenguaje radical, cuando la diferencia entre reforma y revolución, radica en que lo primero acepta el sistema de dominación con maquillaje, y lo segundo aspira a implementar un modelo de sociedad construyendo un contrapoder propio. Tachamos de marxista aquello de línea política y estrategia.

Esa ética militante por la que hemos pasado bastantes militantes y que actualmente se sigue reproduciendo en algunos entornos, queda reducido a una épica digna de cuentos de fantasía completamente desconectada de todo accionar político real, reduciendo la política en lo vivencial. Esa es la ilusión de radicalidad y de creer que eso es revolucionario. Pero la realidad no llega ni a ser reformista, ya que en la práctica aceptan el liberalismo puesto que en vez de confrontar el sistema articulando movimientos populares, crean falsas “islas de libertad”. Al fin y al cabo, estilos de vida que el capitalismo tolera.

Por tanto, todo anarquismo que no aspira a la creación y articulación de un movimiento de masas con la finalidad de que las actuales estructuras de autoorganización popular pasen a ser los futuros organismos de administración de la futura sociedad, es liberalismo. Así es que tanto el anarcoindividualismo como la práctica del anarquismo vivencial son liberales, ya que a la práctica están de acuerdo con el sistema puesto que su accionar político se basa en vivir el momento y realizar actividades de autoconsumo en comunidades cerradas ajenas en su mayoría a los problemas de la sociedad bajo un discurso radicaloide, renunciando a crear movimientos de masas y ser una opción política, y por tanto, renunciar al objetivo final socialista o comunista libertario. Este anarquismo vivencial no es más que liberalismo radical. Del mismo modo se podría aplicar a otras tendencias que en la práctica no realizan ningún trabajo de base.

No obstante, las experiencias de economía colectiva y de infraestructuras libertarias no entran dentro de ese anarquismo viviencial si dichas experiencias se conectan con las luchas populares. Por ejemplo, el proyecto de Fraguas nació siendo vivencial pero a raíz de la amenaza de desalojo, se reconvertió en un proyecto de repoblación rural y recuperación de la memoria de ese pequeño pueblo. De la misma manera, Can Tonal (St Antoni de Vilamajor) es una experiencia de economía colectiva que participa también de las luchas sociales en el pueblo.

Ser opción de poder no significa tomar los aparatos del Estado, sino ser una opción política con capacidad material de implementar nuestro modelo de sociedad tomando, no solo los medios de producción y la economía, sino el control territorial y la administración política de la nueva sociedad: el socialismo libertario, entendido éste como modelo en el cual convivan diversos modelos como el colectivismo, el cooperativismo, el comunismo, entre otros. Es el modelo que tienen los territorios zapatistas, Rojava, los territorios mapuches, la Minga y los territorios naxalitas (maoístas de India, muy cercanos a lo libertario). En otras palabras, es recuperar la libertad y la soberanía de los pueblos: la capacidad de los pueblos para decidir su propio destino y todos los aspectos de la vida. El anarquismo que yo defiendo apunta a ésto. Recuperar la tradición socialista consiste en volver a nuestros orígenes, y así lo demuestran todas aquellas experiencias revolucionarias donde el anarquismo ha sido fuerza política protagonista.

La ética militante del movimiento kurdo y de cualquier proceso revolucionario queda reflejada en personas comprometidas con la causa del pueblo, las cuales asumen la responsabilidad de, no solo crear la tesis política de emancipación social sino materializarla. En el movimiento kurdo, esta figura de máximo compromiso es el quadro, quien posee formación política, capacidad de liderazgo y experiencias de organización comunitaria. De la misma manera, la figura del ‘organiser’ del sindicalismo revolucionario anglosajón (la línea sindical de IWW) son militantes sindicales y van allá donde se necesite organizar campañas y secciones sindicales. En los movimientos populares latinoamericanos se les denominan “líderes sociales”, que son personas motoras y activadoras de luchas populares, pues se dedican a organizar comunidades en lucha desde el arraigo territorial. Estos ejemplos de compromiso distan muchísimo de la actual cultura militante y demuestran el error de crear comunidades con base en la afinidad ideológica con nula proyección hacia el pueblo y cero arraigo territorial. Hay que hacer política para el pueblo y la clase trabajadora.

Tal propuesta de cambio de cultura militante es un proceso que nos debe interpelar a toda la militancia, es un planteamiento que debe llevarse a cabo desde el conjunto de las organizaciones anarquistas y de las diferentes organizaciones de masas del pueblo, la clase trabajadora y el conjunto de oprimides. Estar al lado del pueblo es nuestro deber y saber el encaje que tendremos en el futuro movimiento libertario.

Unas palabras finales

Recuperar nuestra memoria es clave para situarnos y conocer nuestro papel. He visto con rabia e impotencia cómo militantes libertarios acaban buscándose otros espacios políticos tras ver que nada cambiaba y tanto por el cambio de las circunstancias de vida personales, como tener problemas y necesidades a las cuales no encontrarán en la militancia libertaria, o como tener la necesidad de una militancia más a nivel político, se encontraron con el vacío. Caso es un compañero que antes llevaban la editorial Klinamen de Madrid que terminó en Más País (Héctor Tejero), es también Íñigo Errejón que vino de las JJLL de Madrid, de Jordi Martí Font o David Fernández que terminaron en la CUP, y otras más anarquistas que acabaron militando en los círculos de Podemos allá en 2014-2015.

Es un reflejo de que cómo las dinámicas autodestructivas de siempre terminan quemando a la gente y la militancia más válida acabe trabajando para otros proyectos políticos que no son el nuestro. Necesitamos ser una opción política real y no una suerte de paraguas donde caben todas las frikadas posibles haciendo del anarquismo una parodia de sí mismo y una estética de rebeldía adolescente. Es la única manera de salir del círculo vicioso de siempre: la militancia veterana se quema y se marcha, entra una generación nueva, reproduce las mismas dinámicas y cuando se dan cuenta de que no funcionan, están en minoría y al final acaban yéndose. Repitiéndose ese ciclo generación tras generación ya que nada se acumula y constantemente se reinventa la rueda.

Afortunadamente, en la actualidad estamos observando cambios positivos: tanto la CGT como la CNT están creciendo en afiliación y secciones sindicales, a la vez que se consolidan poco a poco las organizaciones políticas del anarquismo social. Cada vez hay más militancia anarquista participando en los movimientos sociales locales y están saliendo debates para organizarse político. Por tanto, hay un cambio positivo en la cultura militante, aunque es un proceso largo y requiere de consolidarla y materializarla en un movimiento libertario estructurado en organizaciones de distinto ámbito. Dar estos pasos hacia un anarquismo capaz de intervenir en la sociedad ahora es clave para construir nuestro futuro.

La coyuntura política actual está sufriendo cambios acelerados ante una creciente conflictividad social: desde el colapso de Líbano y Sri Lanka, pasando por la toma del poder de los talibanes, las revueltas populares en Latinoamérica y sus cambios de gobierno…, hasta las revueltas en Irán. Nos encontramos ante un mundo cada vez más multipolar. Occidente ahora mismo es el único bloque que aún preserva cierta paz social, pero tampoco exenta de movilizaciones sociales y huelgas (Francia y en menor medida Reino Unido en este último trimestre del 2022). La coyuntura post-covid en rasgos generales es de crisis a todos los niveles, y ya hay quienes apuntan que el colapso ya está en proceso.

Sin embargo, al capitalismo aún le queda vida por delante, vendiéndonos falsas promesas de un futuro próspero a la vez que continúa provocando guerras. La amenaza de la ultraderecha es real, la actual opinión pública está virando hacia la derecha. Del mismo modo, estamos contemplando el rearme y la reorganización de la ultraderecha. Todo ello con el horizonte del cambio climático, el fin de los combustibles fósiles y la escasez mundial de recursos.

La reacción al momento político que vivimos contrasta entre aquellos intentos de huida hacia adelante aparentando que todo va bien y que habrá futuro, y aquellas perspectivas de lucha contra la incertidumbre y construir un mundo nuevo. Si decidimos tomar el camino de luchar por el mundo que queremos hemos de recuperar la esperanza. Aspirar a ser opción de poder no es más que implementar el modelo de sociedad que queremos superando el capitalismo. Evitemos caer en el basurero de la historia como perdedores, necesitamos estar a la altura del momento histórico en que estamos y recuperar ese anarquismo capaz de articular movimientos populares de masas e implementar el socialismo libertario.

2023 tiene que ser año de la confluencia del sindicalismo combativo

2023 tiene que ser el año para la confluencia del sindicalismo combativo y el anarcosindicalismo.

2023 se presenta como un año cargado de tensiones sociales. La guerra de Ucrania ha desatado un proceso de aumento de la inflación a escala global que los Bancos Centrales tratan de atajar con subidas de los tipos de interés. Todo ello contribuye a hundir el poder adquisitivo de los salarios y a empujar a gran parte de la clase trabajadora a un escenario de miseria, desahucios y escasez de suministros básicos. Además, la crisis climática parece lejos de estar controlada, y los fenómenos atmosféricos extremos se multiplican por el globo.

Las sanciones asociadas a la guerra, además, impactan sobre los mercados alimentarios y energéticos, impulsando un aumento brutal de la pobreza en los países del Sur, que se ve aún más incentivado por las crecientes fugas de capitales provocadas por las subidas de los tipos de interés en los países del Norte. Este proceso alimenta las tensiones geopolíticas al impulsar, en los países emergentes, la simpatía social con las nuevas potencias que ponen en cuestión el orden imperialista global, como Rusia o China, pese a sus estructuras políticas fuertemente autoritarias.

En nuestro país, las contradicciones partidarias han llevado a un “golpe blando” de la derecha judicial, que se ha autoconstituido en una cámara previa de control de lo que puede ser votado en sede parlamentaria. La pasividad del sindicalismo oficialista, que lo fía todo al buen hacer del Ministerio de Trabajo, incapacita a la clase trabajadora para responder a la creciente pérdida de poder adquisitivo de los salarios y a la degradación de los servicios públicos. La clase dirigente europea pretende sostener precariamente a los sectores más vulnerables, para tratar de conjurar una hipotética explosión social, mientras profundiza el proceso de desposesión de la clase trabajadora en su conjunto y las dinámicas de mercantilización de la vida.

Estamos, pues, ante un escenario complejo y ambiguo, dominado por tensiones irresolubles y contradicciones crecientes. Una era de bifurcaciones no reversibles y de pulsiones autoritarias. De ascenso de la ultraderecha y de presiones belicistas. Y, sin embargo…

Sin embargo, la clase trabajadora global da muestras de una vitalidad persistente y no completamente domesticada. Las huelgas se suceden en el Reino Unido, en lo que los medios de comunicación ya llaman “un nuevo invierno del descontento”. Los trabajadores precarios estadounidenses ensayan nuevas formas de organización en las grandes empresas posfordistas. El sindicalismo combativo francés toma las refinerías y sostiene un pulso con la patronal que está cerca de llevar a una huelga general. Las dinámicas de lucha social derriban gobiernos en América Latina y provocan un nuevo “ciclo progresista” en las urnas.

En nuestro país, los metalúrgicos desarrollan amplios procesos huelguísticos y de movilización callejera. Las trabajadoras de Inditex, en Galicia, consiguen un aumento salarial inédito para un sector fuertemente precarizado. El personal sanitario de la Atención Primaria madrileña ocupa el local de la Consejería. Conductores de autobuses en Zaragoza, trabajadoras de la limpieza de edificios en Castelló y de la atención domiciliaria en Asturias y Valencia…los conflictos, dispersos, y muchas veces encauzados rápidamente por el sindicalismo oficialista, se multiplican por toda la geografía española.

El sindicalismo combativo y el anarcosindicalismo tratan de organizar y concienciar a la clase trabajadora para la gran batalla que se avecina. Pese a persistente letanía derrotista de quienes quieren mantener a los trabajadores en un estado depresivo permanente, el sindicalismo combativo se desarrolla lentamente, pero sin pausa. La CGT, el principal sindicato no oficialista de ámbito estatal, despierta de un cierto letargo con una nueva propuesta y se convierte en la organización obrera que más días de huelga convoca en Cataluña. CNT, pese a sus contradicciones internas irresueltas, se vuelca por fin en el sindicalismo y en la organización obrera, lo que provoca un crecimiento limitado pero sostenido de su afiliación. Otras organizaciones se unen para conformar organismos mayores (como AST y CSC, que conforman la nueva Alternativa Sindical de Clase) o, dentro de sus límites, crecen en afiliación y perfeccionan claramente su estructura y sus capacidades de intervención en los centros de trabajo (como hemos hecho en Solidaridad Obrera). Mientras, organismos que se encontraban hace ya tiempo en la esfera de la concertación, derivan claramente hacia la acción sindical combativa, como ELA en Euskadi.

Además, las convocatorias conjuntas de manifestaciones y la generación de plataformas comunes (como el Bloque Combativo y de Clase, o la Taula Sindical de Catalunya) son ya una costumbre asentada en muchas organizaciones. Es la hora de un nuevo sindicalismo combativo que contribuya a construir una fuerza social capaz de detener el brutal salto hacia el abismo al que se ha lanzado el capitalismo global. 2023, es el año en que la respuesta del sindicalismo combativo y el anarcosindicalismo tiene que hacerse audible. Pero ¿cómo?

El sindicalismo combativo y el anarcosindicalismo deben presentar un bloque unido en 2023 sobre la base de un programa mínimo de consenso, que debe comenzar por la defensa de los salarios y los servicios públicos, y la conversión de estos últimos en instituciones comunal-comunitarias con participación protagónica de los/as trabajadores/as y usuarios/as. Debemos plantear una fuerte limitación de la subcontratación y del uso de los falsos autónomos y del trabajo en formación, recuperar la readmisión obligatoria en el despido improcedente y caminar hacia la expansión de los derechos y garantías de las secciones sindicales. Y, por supuesto, debemos delinear cuáles son nuestras reivindicaciones en un gran proceso de debate sindical que alcance a todas las organizaciones y que culmine con una gran demostración de fuerza unitaria (movilización o Congreso Obrero).

Porque nuestra tarea principal en esta etapa es vencer la desesperanza de la clase trabajadora abriendo, en 2023, el camino para la confluencia y la unidad de acción del sindicalismo combativo y el anarcosindicalismo. Una confluencia que se puede construir con nuevas plataformas locales (al estilo de la Taula Sindical de Catalunya) y nuevos debates programáticos y de fondo; con la convocatoria de eventos unitarios (manifestaciones, conferencias abiertas a la ciudadanía, congresos…); generando medios comunes de difusión y debate, y expandiendo la discusión y la reflexión sobre ese nuevo sindicalismo que queremos construir más allá de las siglas y la fronteras organizativas; abriendo espacios para una nueva cultura obrera en los centros sociales o en ateneos sindicales conjuntos; construyendo Consejos Productivos Locales con las entidades de economía social y las plataformas de defensa de los servicios públicos, etc. etc.

Además, por supuesto, debemos tomarnos en serio la internacionalización de las luchas y el apoyo mutuo a través de las fronteras, multiplicando las relaciones con las organizaciones de trabajadores/as de América Latina, con las que compartimos idioma y múltiples códigos culturales, así como con las organizaciones del sindicalismo combativo europeo, que tienen enemigos muy visiblemente equivalentes a los nuestros.

La Federación Sindical Mundial, la Confederación Internacional del Trabajo, la Red Roja y Negra, la Asociación Internacional de los Trabajadores y la Red Internacional de Solidaridad y Luchas, las distintas internacionales a las que pertenecen nuestras organizaciones, deben intercambiar información y apoyarse mutuamente en sus conflictos, contribuyendo a una cultura obrera plural, reflexiva y respetuosa con las diferencias que envíe un fuerte mensaje a todos los trabajadores y trabajadoras de nuestros países: ahora sí, estamos en camino.

Es la hora de que el anarcosindicalismo y el sindicalismo combativo muestren con firmeza su capacidad para hacer frente a la devastación capitalista en curso. Quienes militamos en las organizaciones sindicales que luchan debemos asumir nuestra responsabilidad en este momento histórico y hacerle un gran presente a nuestro pueblo: el regalo de una clase trabajadora organizada, consciente de su fuerza y unida en su diversidad.

2023 tiene que ser el año del inicio del camino hacia la construcción de un gran bloque obrero combativo y con capacidad de parar la economía capitalista para iniciar el trayecto a una sociedad más justa.

 

Kaosenlared

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