Oda a la ociosidad

Una oda a la ociosidad presupone una crítica al trabajo[1]. Al ídolo trabajo, alabado por absolutamente todos. El debate y el problema entre ellos estriba en cómo organizar la producción; pero pocos ven el problema en el trabajo mismo. Una lección histórica es que no puede vencerse al enemigo apelando a su propia moral. La moral burguesa del trabajo no es una excepción. Por dos míseros puestos de trabajo, por dos empleados más, se justifica la destrucción de la naturaleza y de la persona. Todos, sin excepción, se ven arrodillados ante este ídolo que no acepta otro Dios a su lado.

Acometer esta crítica no es nada fácil. ¿Cómo hacerlo exactamente? Todo el mundo busca trabajo hoy en día, ¿y uno pretende criticarlo? Es tal la interiorización existente en cada uno de nosotros respecto al trabajo, a la productividad, a la ilusión cuantitativa del capital, que realmente es complicado darse cuenta. Lo rodea todo y a todas horas, incluso a uno mismo. Hasta el término «tiempo libre» es un concepto carcelario, que solamente sirve para que la fuerza de trabajo reponga energías y pueda seguir así produciendo infinitamente, fuera de toda lógica.

Cuando a cualquiera se le pregunta qué es (pregunta ambigua donde las haya, con una enorme cantidad de respuestas posibles), muy posiblemente, sin pensarlo siquiera, te responderá su oficio. «Yo soy peluquero». «Yo soy profesora». Eso es lo que somos. Nuestro trabajo. El capital, tras siglos de adiestramiento, ha sido terriblemente brillante al identificar por completo a la persona con su trabajo. De esta manera, la diversidad humana que se presupone que tenemos se ve reducida a su mínima expresión; al fin último de trabajar para conseguir dinero, para que de esta manera se pueda satisfacer la triste noción de libertad que se tiene actualmente; la de elegir qué mercancía escoger en los estantes de las tiendas.

En mitad de la ilusión cuantitativa del capital y de la abstracción metafísica del trabajo y del tiempo, surge una contradicción inmanente. Ciegos y sordos como son, se han perdido en el laberinto que ellos mismos han construido y no ven ni oyen los gritos de miseria de las tres cuartas partes de la humanidad. Por un lado, el sistema vive y sobrevive a raíz utilizar energía humana de forma masiva, mediante la explotación de la mano de obra en su maquinaria. Por otro lado, la ley de la competitividad empresarial impone un crecimiento constante de la productividad, en la que la fuerza de trabajo humana se sustituye con capital en forma de conocimientos científicos y tecnológicos. Esta contradicción ha hecho que el edificio se derrumbe por su propio peso, y a pesar de todas las evidencias, los gobiernos de todas las ideologías siguen queriendo «dar un empujón» y «hacer lo que sea» para que el edifico en ruinas dé más de sí.

Todos aluden al trabajo como fin humano absoluto que, pase lo que pase, ha de seguir vigente, aunque hoy en día sea innecesario. El desarrollo tecnológico de la microelectrónica está haciendo cada vez más prescindibles a la mayoría de «los proletarios». Este aumento del conocimiento tecnológico, junto con el aumento demográfico a nivel global, está produciendo que cada vez más sectores de la población queden excluidos de la vida moderna. Porque ya se sabe, el que no trabaja no es persona. No es útil, no es rentable, y por lo tanto es desechable. Surgen así núcleos de pobreza en medio de la abundancia, incluso dentro de las propias ciudades capitalistas. En medio de la riqueza reaparece la miseria. El capitalismo se está convirtiendo en un espectáculo global para minorías, y cada vez más minorías.

El trabajo no es una necesidad eterna, como quieren hacernos creer. No es una «ley natural», como los apologistas claman a los cuatro vientos. Si fuera de esta manera, ¿por qué tres cuartas partes de la humanidad sufren de miserias debido a que el sistema del trabajo ya no necesita su trabajo? Es la absurdidad en la que nos encontramos inmersos; que en un momento histórico en el cual el trabajo se está haciendo innecesario se nos inculca que el trabajo es el fin absoluto ante el cual todos debemos arrodillarnos, aunque por meras contradicciones uno nunca llegue a trabajar. Lo importante para el poder es crear la mentalidad adecuada que posibilite la alabanza hacia el trabajo. El hacernos sentir culpables si, simplemente, no hacemos nada. ¿Quién de nosotros no se ha sentido culpable alguna vez por no estar haciendo nada «productivo»? La interiorización de los valores del trabajo y de la productividad en las propias personas excluidas del sistema de producción, el hecho de reducir nuestras existencias a la mínima expresión posible, son los mayores logros del capitalismo.

Hace tiempo que los «nuevos mercados» fueron saqueados. En el pasado estos cumplían la función de compensar la racionalización de las empresas y de superar las contradicciones del sistema de trabajo. Pero actualmente se elimina más trabajo por motivos de racionalización del que se puede reabsorber con la expansión de los mercados. Como consecuencia lógica de la racionalización (impulsada esta a su vez por la competitividad), la electrónica sustituye la energía humana y las nuevas tecnologías de comunicación hacen el trabajo innecesario. Se impone de nuevo la contradicción, y como consecuencias el número de excluidos, de «personas sobrantes» en este mundo adorador del trabajo, crece de forma exponencial.

Por un lado más y más personas son desechadas del sistema productivo, y por otro se aumenta hasta un máximo nunca visto anteriormente la explotación de los que, por el momento, todavía conservan su preciado trabajo. El aumento de los conocimientos científicos y tecnológicos, junto con su aplicación práctica a la industria, presuponía lógicamente la disminución cada vez más pronunciada de los trabajos pesados y repetitivos. Oscar Wilde escribió que la tecnología sustituiría y liberaría a las personas de los trabajos pesados. Pero ha ocurrido lo contrario; las personas que todavía no han sido desechadas están más alienadas debido, precisamente, a la tecnología que supuestamente les liberaría. Las máquinas imponen su ritmo al trabajador en la fábrica, haciendo el tiempo así mucho más rentable debido a que la explotación crece enormemente. Con la aplicación de las máquinas en el proceso productivo, con el mismo tiempo se produce mucho más y a la persona se la comprime también mucho más. Por otro lado, la tecnología de las comunicaciones produce una completa dependencia del trabajo. Cuando el oficinista sale unos días, durante su «tiempo libre», de esa cárcel de ordenadores alineados y se marcha de vacaciones (para que recupere energías y para que sea eficiente en el trabajo futuro, obviamente) se marcha con su ordenador, con su móvil y con todos los aparatos necesarios, por si a última hora se le presenta algún proyecto que no puede esperar. La alienación de los -de momento- incluidos en el sistema productivo es más grande que nunca; su explotación y dependencia es total, y la tecnología, contrariamente a toda lógica, está siendo usada no como medio de liberación humana, sino como medio y fin al mismo tiempo de alienación en pos del trabajo.

La racionalidad de la economía de empresa exige que, por un lado, masas cada vez más numerosas se queden «sin trabajo» de manera permanente y, de esta forma, se vean apartadas de la reproducción de su vida inmanente al sistema; mientras que, por otro, el número cada vez más reducido de «empleados» se vea sometido a unas exigencias de trabajo y de rendimiento tanto mayores.

Se ha de superar la noción entendida por propiedad privada. Solamente pensando que ésta es simplemente un «poder de disposición» en manos de los capitalistas, pudo surgir otra idea como la de afirmar que puede superarse la propiedad privada sobre la base de la producción de mercancías. Se creyó que el Estado es opuesto a la propiedad privada, cuando realmente la propiedad del Estado no es sino una forma derivada de la misma propiedad privada, puesto que el Estado no es sino la imposición general y abstracta de los productores de mercancías. Tanto la propiedad privada como la propiedad estatal quedan obsoletas, ya que ambas presuponen y se basan en el proceso de explotación.

Para los economistas de todas partes y de todas las posturas su sistema funciona a la perfección. ¿Pero se puede afirmar, acaso, que el sistema impositivo del trabajo global ha traído el bienestar, aunque sea de forma remota, a una parte importante de la población? Basta con echar una mirada en las consultas de los psicólogos y psiquiatras. La falta de salud mental es pandémica, debido a que millones de personas languidecen realizando un trabajo sinsentido y enfermando física y psíquicamente, y otros tantos millones de seres se ven excluidos y condenados a la miseria y a la marginación. ¿Se puede llamar funcionar al hecho de convertir al mundo en un vertedero para que la producción siga indefinidamente y poder así sacar dinero a partir del propio dinero? Así es como su maravilloso sistema funciona. Su lema siempre ha sido y es «credo quia absurdum». Creo porque es absurdo.

Se argumentará, siempre falaces estos apologistas del trabajo, que sin propiedad privada, que sin competitividad y que sin los principios del trabajo, toda actividad se anularía. ¿Es esto la confesión de que todo su sistema se basa en la pura imposición? De ninguna manera cesará toda actividad cuando desaparezcan las imposiciones del trabajo. Lo que sí es cierto es que toda actividad cambiará su carácter, cuando ya no se vea encasillada en la esfera sin sentido y autofinalista de tiempos en cadena abstractos y cuando esté integrada en contextos de vida personales siendo la producción afín a las circunstancias y a las necesidades. Siempre habrá actividades necesarias y no todas serán agradables, pero esto no importa demasiado mientras estas mismas actividades ya no te consuman la vida ni se te imponga como «ley natural». ¿Tan difícil sería encontrar el equilibrio entre la realización de actividades necesarias, de ocio y de actividades libremente elegidas? Recordemos que tanto el ocio como la actividad son necesarias; el cuerpo humano necesita tanto desconectar y descansar como liberar la energía sobrante, y nuestra naturaleza social requiere que nos sintamos útiles para con la sociedad, pero el sistema impositivo del trabajo se ha aprovechado de esta necesidad de actividad y la ha comprimido hasta dejarla vacía y distorsionada.

Mientras los humanos poblemos la tierra, se harán todas las actividades necesarias para vivir. Se cultivarán huertos, se educará a los más pequeños, se hará ropa, se construirán casas, etc. Esto es algo obvio. No es esto lo que se pretende criticar, porque sería una tontería. Lo que no es tan evidente, lo que los aduladores del trabajo no ven, o no quieren ver, es que elevan el trabajo a un principio abstracto que determina las relaciones sociales, sin importar las necesidades o las voluntades de los implicados. Se crea de esta manera un mundo aparte, abstracto. El tiempo ya no es vivido; es puesto a disposición de la productividad, de la eficiencia, de la producción, del trabajo.

El trabajo es un cadáver al cual se niegan a enterrar, de manera que su olor pestilente nos afecta a todos, contaminando nuestras mentes, nuestras vidas y los ecosistemas naturales. Pero como buen cadáver que es, está rodeado de carroñeros dispuestos a aprovecharse de él. Tenemos que hacer ver que el uso sensato de las posibilidades no pueden ya ser dirigidas por una «mano invisible» abstracta e impredecible, sino simple y únicamente por una acción social consciente. La riqueza producida es aprehendida directamente según las necesidades, y no según la «capacidad de compra». Para poder aprehender según las necesidades, es necesario antes formar asociaciones libres y consejos que determinen cuándo y qué se coge. Junto con el trabajo, desaparece la generalización abstracta del dinero así como la del Estado. El trabajo ya no sería el eje central sobre el que gira el fin de la vida.

Radix

Notas

[1] El término «trabajo» no está usado en este artículo en el sentido de actividad natural y deseable, sino en sentido negativo de imposición autofinalista.

El retorno del haz de lictor

Hay a quienes hoy en día la idea de un nuevo resurgimiento del fascismo les pareciere una idea ridícula. Lo vencimos, lo erradicamos. Perseguimos a las tropas alemanas hasta el Nido de Águilas, Hitler se suicidó y Mussolini fue colgado por partisanos italianos. Lo vencimos. Entonces vino la democracia, la libertad, los derechos civiles, la derrota del bloque soviético, el fin de la historia, en palabras de Fukuyama, líder espiritual de los neocon.

Nuestro país, más que ningún otro, debería conocer la mentira que todo ello supone. Durante treinta años se mantuvo aquí un régimen de base fascista sin que eso supusiera conflicto alguno con los regímenes demoliberales de su entorno. La relación entre fascismo y Gran Capital ya ha sido de sobras demostrada, nombres tan conocidos como Hugo Boss, Volkswagen, Fiat o Banesto aparecen completamente asociados durante el dominio de los fascismos. Todos ellos son líderes en sus respectivos sectores económicos.

¿Cuál es exactamente esta relación? La historiografía burguesa, es decir, la historiografía de los Estados demoliberales que ganaron la segunda guerra mundial, a menudo explica el fascismo, o su variante nacional-socialista, como producto del empoderamiento de un psicópata. Todos hemos oído esa historia: Hitler, un loco con carisma obsesionado con la supremacía aria, logra engañar al pueblo alemán y hacerse con el poder, tras lo cual desarrolla sus planes de supervillano de la edad de oro del cómic norteamericano.

No afirmo, y menos aún teniendo en cuenta su autobiografía, que Hitler fuera lo que entendemos por una persona libre de traumas psicológicos. Sin embargo, su llegada y, sobre todo, su permanencia en el poder no se explican si no se tienen en cuenta el sostén que supuso para su partido la gran burguesía alemana a partir de los años treinta. La cuestión de cómo este sector social acabó dando su apoyo al fascismo, cosa que no solo hizo en Alemania, sino también en Italia y España, se explica con facilidad.

Todos los países en los que el fascismo triunfa tienen varios elementos en común: la descomposición del orden capitalista, especialmente de sus relaciones productivas y de mantenimiento del Estado, la agudización de la lucha de clases y el inevitable fracaso de otras salidas. Es decir, estos países se encontraban en una situación que posibilitaba el triunfo la revolución social de la clase trabajadora. La alta burguesía, atemorizada, cierra filas en torno a los movimientos fascistas con el objetivo de fortalecer hasta el máximo el Estado burgués, unificar a la clase capitalista y liquidar el movimiento obrero revolucionario.

Volviendo al ejemplo de Alemania. Tras la primera guerra mundial Alemania se sume en una crisis producto del endeudamiento que supone la guerra y el debilitamiento tanto del Estado como del ejército. Ante esta crisis la burguesía acaba por partirse y el movimiento obrero se torna revolucionario, protagonizando la formación de consejos y levantamientos populares. Es aquí cuando aparece la socialdemocracia como salida, como pacto de clase entre la clase obrera y la burguesía. Desde el punto de vista de los socialdemócratas, una retirada pactada de la burguesía que dará paso, gradualmente, al socialismo, a la república de los trabajadores. El fracaso de la socialdemocracia alemana de solucionar la crisis del capitalismo, al ser ésta una crisis solo salvable por la revolución de la clase trabajadora, fue lo que aupó al poder al Partido Nacional Socialista. Se ha hablado mucho de la matanza de seis millones de judíos pero muy poco de la persecución que sufrieron los elementos revolucionarios del pueblo trabajador. No digo con esto que lo primero no sea relevante, pues el señalar un mítico  enemigo es el recurso del fascismo para crear un pensamiento único que le permita unir y, en definitiva, subordinar al pueblo al Estado corporativista.

Sin embargo, la destrucción del movimiento obrero es su principal raison d´etre. Solo tras ello pudieron  refundarse, tras la segunda guerra mundial, los regímenes demoliberales en Europa occidental. Volviendo a la cuestión introducida más arriba. ¿Es posible en la actualidad el resurgimiento del fascismo? Lo cierto es que nos encontramos en una crisis que recuerda en cierta medida a la crisis del período de entreguerras. La situación de España o Grecia, endeudadas ante el imperialismo europeo no está muy alejada de aquella República de Weimar, igualmente endeudada ante Francia y Reino Unido. Con todo, las fricciones sociales y la agudización de la lucha de clases aún no ha llegado, menos todavía en España, al nivel de entonces. Mientras esto sea así lo que vamos a ver es la imposición de las salidas pactadas. Aquí distinguimos dos posibles salidas. Por un lado, puede darse (y, de hecho, se está dando) la formación de un Estado autoritario al estilo de la dictadura Primorriverista o del Estado Novo portugués. Las instituciones del régimen demoliberal se tambalean, se forma entonces un gobierno de concentración, se resta importancia al parlamento y se refuerza el aparato represor del Estado, mientras se pretende buscar el pacto con ciertos sectores del movimiento popular (no olvidemos aquí el pacto que se da entre Primo de
Rivera y la UGT o el apoyo del Partido Socialista a la monarquía Italiana). Todos estos elementos los estamos presenciando actualmente en Grecia, España o Italia.

Ocurre, sin embargo, que la salida del Estado autoritario puede no llegar a solucionar las tensiones sociales generadas por el capitalismo en crisis. Aquí es cuando puede producirse la segunda salida, producto de la división de la burguesía y del pacto entre los sectores progresistas-liberales de la burguesía y el movimiento obrero. Es la salida que proponen Syriza en Grecia o Izquierda Unida en España, la configuración de una socialdemocracia. Cuando, repito: inevitablemente, la socialdemocracia Alemana fracasa, cuando fracasa la república de la izquierda burguesa en España, en sus proyectos de alianza de clase es el momento en que, temiendo la revolución obrera
(única salida posible a la crisis del capital) la alta burguesía pasa a dar su apoyo a los fascismos.

Debemos entonces estar advertidos. Ningún pacto de clase es solución a la crisis, ésta solo puede lograrse mediante el triunfo total de la clase obrera, la eliminación del Estado burgués y la imposición de un nuevo orden económico, social y político basado en la libre organización del pueblo trabajador, en la descentralización de la economía y, en definitiva, en el avance del socialismo. Quienes defienden cualquier forma de pacto de clase están defendiendo no la solución al problema del capitalismo, si acaso su prolongación, que solo facilita la posibilidad del resurgimiento del fenómeno social que es el fascismo. Un triunfo de Syriza en los próximos años podría significar, no mucho después, un triunfo de Amanecer Dorado, ya fuera electoral, mediante una tranquila «marcha sobre Roma» (la socialdemocracia tiende a desarmar a la clase trabajadora) o bien mediante un levantamiento violento. A no ser, claro está, que esto sea impedido por el pueblo griego. Paralelo sería el caso de España, si el bipartidismo se descompone y triunfa Izquierda Unida, ¿cuánto tardaría la burguesía en apoyar a un movimiento de carácter fascista? La revolución es la única salida posible. Trabajemos pues, los revolucionarios, en facilitarla y, para ello, necesitamos construir un pueblo fuerte. Solo así es posible el definitivo triunfo ante los haces de lictor.

Fran.

De optimismos y pesimismos

La historia de los Estados-nación modernos está plagada de manipulaciones viles: desde el caso Dreyfus en Francia hasta las últimas detenciones en el Estado español de cinco compañeres anarquistas. En casi todos, si no en todos, los casos los medios de comunicación han jugado una papel de suma importancia, pues son ellos los que manejan la opinión pública al sustentar una supuesta legitimidad informativa envuelta en un ficticio halo de veracidad e imparcialidad. No obstante, puede que esta vez no les salga el tiro como elles esperaban.

Desde que el mundo se agitara con la llamada Primavera Árabe, la cual precedió y sirvió de inspiración a otros movimientos sociales a lo largo y ancho del mundo—por ejemplo el 15M en el Estado español, el Occupy Movement en los EEUU, y otros muchos—, la conciencia social parece haber tornado mucho más flexible en cuanto a las definiciones que, desde el poder estatal, se aplican a cosas como «violencia» o «terrorismo.» De esta manera, hemos visto cómo amplios sectores de la sociedad española se han echado a la calle para gritar que «violencia es no llegar a fin de mes», o que los «terroristas son bancos y banqueros.»

Estas muestras de crecimiento en la conciencia política de las personas han de ser recibidas con cierto optimismo. Tener una conciencia crítica, o un conato de la misma, implica disponer de un juicio superior a la hora de tratar los sucesos que acaecen en sociedad. Mientras que hace unos años se condenaba sistemáticamente a aquelles que el Estado definía como «terroristas»—véase el ejemplo de la kale borroka—, hoy pareciera que existe una cierta reticencia a tragarse todo lo que la televisión nos echa de comer. Vimos muestras grandísimas de apoyo a los mineros cuando marcharon hacia Madrid—a pesar de la criminalización que el Estado, usando a los medios de comunicación, intentó adjuntar a la causa minera. También vimos movimientos de solidaridad con Alfón cuando fue detenido en Madrid. Twitter anoche consiguió que la solidaridad con les anarquistas detenidos en Catalunya llegara a hashtag.

Algo ha cambiado en nuestras sociedades en los últimos años. La manipulación mediática que criminaliza la lucha social ya no es tan efectiva como antes. La policía ya no es esa «fuerza del orden» que protege a les ciudadanes. Los discursos del poder se ven así debilitados por la creciente conciencia alternativa que escapa a los medios de comunicación de masas y a la fábrica ideológica del Estado. Sin embargo, tampoco vamos a pecar simplemente de optimistas. Si bien es cierto que este cambio a nivel de conciencia ha hecho que mucha gente se movilice—influyendo también en aquellos sectores sociales entre las clases medias que antes de la crisis no concebían la actividad política en la calle como algo plausible—, todavía queda mucho por hacer. Es más, todavía queda lo más importante por hacer, diría yo.

El terreno se está preparando para la siembra: la gente es más receptiva a discursos alternativos; a ideas políticas que no dominan el Congreso o el Senado; incluso puede que a otras formas de vida. Es ahora cuando les anarquistas debemos presentar con fuerza nuestra alternativa de vida. La manipulación mediática puede que se haya debilitado, pero sigue estando ahí y llegado a cientos de miles de personas. No obstante, estamos personas tienen ahora una mosca en la oreja: el clamor de las manifestaciones en la calle, manifestaciones que ya no están frecuentadas solamente por aquelles «perro-flautas» que las clases medias tanto despreciaban cuando en la televisión algún programa hacía un reportaje sobre la «flora y fauna» de nuestras ciudades. El espectro social que acude a las manifestaciones de hoy en día se ha incrementado tanto que cualquiera fácilmente se puede sentir identificado—o al menos puede sentir aquella «mosca» detrás de la oreja.

Ahora que la gente ya no se cree que une es terrorista por tener un pasamontañas y un par de petardos en casa, es momento de practicar aquello de la inserción social. Aprovechar la apertura de conciencia torna en tarea urgente; hacer uso de esta debilitación del poder simbólico del Estado es fundamental para avanzar hacia la revolución social. Feminismo, ecologismo, veganismo, anarquismo… temas que antes podían levantar uno o dos muros defensivos en las mentes individuales, hoy por hoy están listos para ser debatidos y presentados a más amplios sectores sociales.

Ahora que la televisión y el Estado parecen haber sacado un pie fuera de nuestros salones, aprovechemos para meter el nuestro: desde abajo y compartiendo experiencias. La revolución social es social porque no trata solamente de tomar el poder político como otres quieren hacer. La revolución social se empieza desde dentro de une misme, en las mentes, y ahora que la crisis no es solamente económica sino también de valores—hasta cierto punto, claro está—, tenemos que movernos más que nunca.

De nosotres depende que algo nuevo nazca de esta situación de crisis. Si no nos movemos, elles, les que siempre han poseído el poder, harán como que cambian las cosas para que precisamente no cambie nada. Y entonces las conciencias críticas se apagarán de nuevo y se apoltronarán en el sofá una vez más. Y nosotres nos quedaremos donde siempre: en la marginación ideológica.

Paseando por Atenas (I)

Con este artículo abro una serie de escritos que intentaré mantener a lo largo de esta semana dado que me encuentro de visita en Atenas (y sería una pena no aprovechar esta oportunidad). Estos artículos tendrán un carácter más informal, y pretenden ser tanto un «pasatiempo» para la persona que lee como un testimonio de las sensaciones que un anarquista de la Península Ibérica experimenta en una ciudad tan marcada por el movimiento libertario. Los enmarco en la categoría de «sociología» por su contenido descriptivo. Espero que disfrutéis.

El Jardín Nacional y Plaka

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Ríos de tinta se han escrito sobre la decadente situación socioeconómica en Grecia: que si la crisis, que si disturbios, que si ataques racistas, que si esto o que si lo otro. Tanta información «apocalíptica» nos inoculan mediante los medios de comunicación que uno llega al aeropuerto con el miedo casi metido en el cuerpo; esperando encontrar una situación de guerra o algo parecido. Pero la primera impresión no es para nada apocalíptica: el aeropuerto, nuevo y construido por una empresa alemana al estilo alemán, rezuma una sensación de esplendor y abundancia que, en poco tiempo, queda desmontada por el gran número de personas pidiendo en las calles de Atenas.

Camino desde el norte hacia un parque llamado el «Jardín Nacional» que está pegando con la famosa plaza de Syntagma, donde se encuentra el Parlamento griego. El parque se asemeja al Retiro de Madrid, con sus caminos de tierra entre árboles y pequeños estanques habitados por carpas y tortugas. Les turistas caminan arriba y abajo sacando fotos, un grupo de chavales albanos «juegan» una guerra de naranjas—que por cierto, no son naranjas sino naranjas amargas, que al parecer no es lo mismo—, varios jardineros se ocupan de los olivos… Y entre todo esto que tiene una pinta idílica—de no ser por los chavales lanzando duras naranjas a diestro y siniestro—los sintecho durmiendo en bancos, pidiendo dinero, hurgando en la basura… Y la policía, omnipresente en todo el centro de la ciudad, como si éste fuera una enorme comisaria.

Ya desde mi paseo por Vasileos, una gran vía llena de edificios institucionales, me sorprendo por la presencia policial. Hay de todo: policías urbanos con uniforme azul y sombrerete blanco, policías antidisturbios—los famosos de las fotos con escudo y uniforme verde—, y policías de algún departamento especial pues llevan un modernísimo uniforme azul lleno de bolsillos y muy apretado, como en esas películas de Hollywood sobre antiterrorismo. Lo más impactante es que estos últimos están ahí tan panchos con las metralletas entre las manos, como si nada, fardando de chulería y armamento, listos para «entrar en acción.»

Volviendo al parque, tras un rato paseando y disfrutando del sol—que va y viene entre nubes—, encaro Zappio y de allí al templo de Zeus Olímpico, que queda a unos cuantos pasos de distancia. En estos doscientos o trescientos metros me vuelvo a encontrar, como no, más sintecho y más antidisturbios. Del templo no contaré nada porque para eso cualquiera puede ir a Wikipedia y leer la historia y ver las fotos, solamente diré que la entrada de 12 euros es una barbaridad para lo que ves—menos mal que les universitaries entramos gratis.

Una vez tengo finiquitado el templo, mi compañera que hace de guía por su ciudad natal sugiere ir hacia la Acrópolis, pero en vez de subir todo el camino hacia la colina me dirige hacia un barrio chiquitito, de clase alta, donde las tiendas para turistas se apiñan como las palomas en los parques. El barrio se llama Plaka, y he de decir que tiene un encanto sobrecogedor: calles pequeñas, estrechas, como las que puedes encontrar en el Madrid céntrico. Me sorprendo ante el gran número de iglesias que me voy encontrando por el camino, una tras de otra. En Plaka la realidad social de Atenas me vuelve a golpear: en una pequeña plaza, a la sombra de una iglesia rodeada por naranjos (amargos), un sintecho se tambalea calle arriba con una gran bolsa de arpillera al hombro. Los zapatos comidos por el tiempo. Lleva barba densa y nada aseada. Ropa sucia y mirada perdida. Y mientras camina como puede, todo a su alrededor parece indicar que esta sociedad no le recibe con buenos ojos. Gente «de bien» con abrigos caros, gafas de marca, y mujeres con taconazos. Cafeterías de lujo y tiendas de cerámica de alto standing. En un momento dado, un grupo de adolescentes con uniforme escolar pasa por su lado riendo y bromeando entre ellos. Hablan en inglés, y mi compañera me explica que son del colegio internacional, un carísimo colegio privado para la élite social extranjera que vive en Atenas.

Syntagma y Exarchia

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Mientras camino mi compañera me va explicando un poco la «historia social» de la ciudad: que si aquí una vez los maderos hicieron esto, que si otra vez una manifestación arrasó con esta otra calle, que si allá les anarquistas una vez… Las pegatinas y los graffitis políticos van creciendo en número según te acercas a Syntagma, donde, como todo el mundo sabe, se encuentra el Parlamento fuertemente custodiado por la policía. La plaza se impone en mi memoria, la misma plaza que tantas veces hemos visto en las noticias. Una sensación recorre mi cuerpo cuando camino por el centro, es como revivir un recuerdo de una forma distinta, pues la plaza es completamente reconocible pero la gente no: hombres de negocio, turistas, mujeres «pijas» con bolsas de GAP u otras marcas caras, etcétera. Me acerco al punto donde hemos visto mil y una veces al madero arder por las llamas de un cóctel molotov, y parado allí mismo contemplo el Parlamento. Os sonará muy sentimental, pero algo se movió en mi interior.

Desde la plaza puedes subir las escaleras que encaran al Parlamento y darte la vuelta para observar Syntagma en su totalidad. Un enorme hotel en un costado, edificios comerciales al otro, los autobuses y los taxis… Y los perros, los famosos perros de Atenas que están por todo el centro de la ciudad. Pasean a sus anchas como si la ciudad fuera suya: se tumban a la sombra a dormir tan cómodamente, se acercan a les artistas callejeros y se quedan allí a ver a la gente pasar, incluso los ves cruzando los pasos de cebra como una persona más, se quedan en la acera, esperan a que los coches paren, y los perros cruzan como si tal. Me quedo unos minutos más frente al edificio del Parlamento, sintiendo la historia del movimiento anarquista en mis propias carnes. ¿Cuántas veces habré visto esta calle en los vídeos sobre los disturbios atenienses? Y ahora estoy yo allí de pie mientras mi compañera, también anarquista, me explica diferentes historias del bloque anarquista en las manifestaciones en Syntagma.

Más tarde, siguiendo a unos canes, soy conducido a Exarchia, que queda muy cerca del Parlamento. Exarchia es un barrio donde uno se quedaría a vivir sin pensarlo dos veces. De calles estrechas y caóticas, todas las paredes están cubiertas con murales políticos y consignas anti-Estado. En cierto sentido se parece al barrio madrileño de Lavapiés, pero Exarchia tiene sin duda mucho más contenido político visible. Les anarquistas okupan un parque en la plaza de Exarchia donde han colocado un par de pancartas libertarias. Las cafeterías están llenas de estudiantes y jóvenes que se toman un café tras las clases. Todo el barrio parece una okupa libertaria. No exagero cuando digo que todas las paredes están cubiertas con eslóganes políticos y graffitis muy artísticos. Pero lo que más me impresiona es la callejuela donde el joven Alexis fue asesinado por los matones del Estado en 2008. Allí una gran placa con su fotografía y un montón de rosas rojas le recuerdan.

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Me tiro un buen rato paseando arriba y abajo, pidiendo a mi compañera que me traduzca este graffiti o ese otro cartel propagandístico. Y por el camino más indigentes, personas con problemas de droga, y mujeres con niños pidiendo en las esquinas—si bien es cierto que éstas últimas se encuentran sobre todo en los límites de Exarchia, donde se encuentra una de las principales vías comerciales, una de esas con tiendas caras. Mi compañera me cuenta que la policía empezó hace tiempo a mover a les drogodependientes a los barrios más contestatarios para que la presencia policial estuviera más justificada. Además, de paso crean uno que otro problema a les jóvenes libertaries del barrio, sobre todo a las mujeres, quienes a veces tienen problemas al pasear solas por el barrio de la facultad de Derecho y Políticas.

Termino mi visita en una de las cafeterías favoritas de mi compañera, que al parecer se las conoce todas. Es un local anarquista donde se suelen juntar los grupos más radicales antes y tras los disturbios. Tomando un «frapé»—que es un gran vaso de café instantáneo, con azúcar y hielo, agitado para crear una densar espuma, algo muy «de moda» entre les jóvenes parece ser—me doy cuenta de algo: en menos de cuatro horas uno se da cuenta de los problemas que respira el país. El gran número de indigentes y gente pidiendo, vendiendo, o trapicheando en la calle es alarmante. Pero igualmente preocupante es la presencia de los maderos, quienes se pasean por las calles con las metralletas entre las manos como si fuera una película americana.

Mañana me espera un gran día: Acrópolis y más Exarchia. Si todo va bien llegaré a tiempo a una reunión en una okupa libertaria a la cual he sido invitado. Digo si todo va bien porque el tráfico estará insoportable dado que viene Hollande de visita a Atenas…

PD: la crisis se ve bien en las calles céntricas de la ciudad, pero luego a la noche, un lunes, los bares estaban a rebosar de clientes jóvenes. Y no exagero si digo que no he visto tanta gente bebiendo en una misma noche, ni en Madrid un viernes tras exámenes. ¡Ah! En Atenas dejan fumar dentro de los locales, aunque no estoy muy seguro de hasta qué punto esto está amparado por la legalidad vigente. Que le den a la legalidad, estamos en Atenas.

Nota: dado que no soy muy aficionado a la fotografía, ninguna de las fotos es mía.

Sobre desahucios, buitres, cuervos, y zorras

Por Alonso Gómez

Martes, 13-11-2012 RNE: “La sociedad entera, encabezada por sus instituciones se enfrenta al drama de los desahucios…”

Con esta aseveración comienza una de esas vergonzosas tertulias que demuestran la total libertad de expresión de la que gozamos, participadas por invitados del  amplísimo espectro político de su democracia. Están todos de acuerdo, faltaría más, en la tragedia que supone que la gente sea expulsada de su dulce hogar, aludiendo a los últimos suicidios. Se congratulan de que el gobierno y el partido principal de la oposición se reúnan para adoptar soluciones.

No exoneran de responsabilidad a los embargados,  “personas que no han sabido administrar sus recursos”. Hacen hincapié en el agravio comparativo que supondría el que quien no pague la hipoteca no pierda la casa frente a los esforzados y responsables ciudadanos  solventes, además, alertan del posible efecto llamada. Resaltan la exquisita sensibilidad de jueces y policías para con los afectados, y se detienen en reseñar que el PSOE ha pedido perdón  a la ciudadanía por no haber actuado antes.

Dos días después, con la huelga de por medio, tenemos la solución, una moratoria de dos años a los casos mas graves , entiéndase rentas bajas con enfermos, bebés, impedidos, mujeres maltratadas…

ANTE  ESTO, NOSOTRAS DECIMOS:

Que estamos hastiadas de padecer estas comedias en todos  sus medios de comunicación, falsos debates donde varios tertulianos (la voz de sus amos, todos fundamentalistas demócratas) hacen cerrada defensa del orden vigente, sólo les separan matices insustanciales.

Desgraciadamente, no es toda la sociedad, únicamente una  ínfima y digna minoría se ha implicado en la defensa de las amenazadas por los desahucios, o sea, por jueces, bancos y policías. Esto ha llevado, eso sí, a que más gente, aunque no se implique, tome posición.

Las leyes de mercado electoral, hacen que ahora los políticos pretendan tenernos en cuenta, e incluso nos pidan disculpas, como hace poco ya hiciera  Su Majestad.

Por cierto, las instituciones, no son de la Sociedad, del Pueblo, son del Estado, y defienden sus intereses frente a los del Pueblo, enfrentados.

Lo cierto es que la referencia en la defensa de los afectados y en la denuncia de esta felonía, la iniciativa parte del pueblo organizado en asambleas, no de las instituciones. Las instituciones son las que nos desahucian, que quede bien claro. Y ahora pretenden ponerse de nuestro lado para amortiguar su descrédito y la creciente desafección de la gente, oportunismo puro y duro, lavado de imagen tan solo. Pretenden contrarrestar la iniciativa popular, ningunear el poder popular, la autoorganización de quienes ni piden ni suplican, acometen.

Cuando este hatajo de sinvergüenzas acusan de falta de responsabilidad a  quienes  nos hemos embarcado en préstamos a los que no somos capaces de hacer frente, eluden y distraen la que tienen los banqueros, los constructores, todos los artífices de la burbuja inmobiliaria, los que sobretasaron y embaucaron, los que inflaron los precios artificialmente. Así, llegado el caso, los hipotecados no podemos vender el piso para pagar la deuda, pues vale mucho menos de lo que nos costó. Nos engañan, nos estafan, nos despiden, y resulta que no nos sabemos administrar. Nos recuerda a la viñeta de “El Roto” en la que un opulento empresario le reprochaba a un pobre obrero: ¿En qué te has gastado el sueldo, sinvergüenza, que has disparado la inflación?

El posible agravio comparativo entre el que no paga y no pierde la casa y el que paga y tampoco, no va a existir, no se caracterizan los usureros por ser dadivosos, precisamente. Eso sí, se puede escribir un extenso libro con incontables e insultantes agravios e injusticias flagrantes que ellos provocan y mantienen y ante los que se hacen la manicura.

El efecto llamada que temen no es  que miles ante su espontánea generosidad dejemos de pagar la hipoteca y nos lo gastemos en caprichitos, temen el efecto llamada de quienes constatan que la unión hace la fuerza, y que pueden esperar todo de sus iguales, y nada mas que palos de las instituciones, y si no, ¿Cómo y quiénes han parado los desahucios hasta ahora, y quienes van a seguir haciéndolo? Lo que pretenden es que volvamos al redil de la legalidad democrática que renunciemos al enfrentamiento con el poder y al apoyo mutuo entre iguales.

 Las asambleas autónomas, la acción directa sin intermediarios, es temible para ellos, pues constituyen per se la más profunda crítica y desautorización del orden político vigente.

Por eso ahora todos quieren parecer buenos, solidarios, los lobos se visten la piel del cordero.

Los jueces, los cuervos, que aplican una justicia invertida, unas leyes que mantienen los privilegios de los privilegiados…  el presidente del Tribunal supremo nos informa de la sensibilidad del poder judicial ante el drama.

Días antes en la portada de “El País” el 11-12-2012 destacó un gran titular: “Los jueces se alían para paliar el efecto de la crisis a los más débiles”, y desarrollaba, “Los cuarenta y siete jueces decanos de España se han convertido en estos días en la inesperada punta de lanza de un movimiento reivindicativo para paliar los efectos sociales del derrumbe económico (…). La justicia esta llamada a encabezar el discurso público contra la crisis (…) han suscrito en una iniciativa que ha removido los cimientos del Poder Judicial, han obligado al Gobierno a plantear reformas legales y han forzado a los dos principales partidos políticos a buscar fórmulas de consenso para cambiar a toda prisa la dura legislación sobre ejecuciones hipotecarías ya cuestionada en la UE”. Acompañado de una encuesta de Metroscopia que informa de que el  95% de los ciudadanos exige cambiar la ley de desahucios. En la misma portada,  otro titular, “Golpe mortal de Mohammed a la ley de desalojos” , este hombre desalojado el año pasado de su casa junto a su esposa y dos hijas llevó el caso al tribunal de la UE, y lo ha ganado.

Los quebrantahuesos, el secretario general del Sindicato Unificado de Policía asegura que apoyarán a los agentes que se nieguen a participar en desahucios. Dice que se escucha a polis con problemas de conciencia (no sabíamos que tuviesen de eso), refieren situaciones desagradables, llanto de niños que les ponen mal cuerpo; algunos llevan el casco y la visera en el interior del domicilio de los desdichados, pero no por peligrosidad, ¡para ocultar las lágrimas! ( conmovedor, sin duda); el silencio sepulcral en el furgón de antidisturbios al regreso de tan heroica acción; incluso alguno ha llegado a vomitar descompuesto y afectadísimo , parece ser , por la injusticia perpetrada… Literalmente narrado por un policía en RNE, 13-11-2012.

Terminan diciendo que se sienten identificados, pero el  “trabajo” hay que hacerlo ( las comillas son nuestras, por supuesto).

La policía, y los antidisturbios no son precisamente una excepción, son voluntarios, si están donde están es por gusto o como poco por propia decisión. Fueron hombres y mujeres, ahora sólo son polis, saben para quien trabajan y sus lágrimas las compran en las rebajas. Desde que existen, miles han vomitado sangre, perdido ojos, dientes y la vida, abortado, sufrido tremendas palizas a manos de estos mercenarios índigos que no se detienen ni ante el llanto, ni ante las súplicas, ni ante los gritos de horror de sus  “trabajos del día”. Son el enemigo, y aunque quieran lavar su imagen, la sangre de sus víctimas es indeleble. Ellos son las Fuerzas de Seguridad del Estado, ante las que no podemos sentirnos más que inseguras. Lo que escuchamos de su boca, nos recuerda al miserable e indecente maltratador que tras golpear a su mujer, le dice lo mucho que la quiere. Ellos nos comprenden, entre paliza y paliza.

La zorras, los políticos y sus partidos, gobiernen o no  las astutas raposas utilizaran mil argucias para convencer a sus víctimas de que van de buenas, que son dignas de confianza y nada hay que temer de ellas, hasta que sea demasiado tarde. Malabaristas especializados en llevarse el gato al agua. El 26-12-2012 Cayo Lara se reunió en el Congreso con una delegación de la  Plataforma de los Afectados por las Hipotecas (PAH). Izquierda Unida se ha comprometido a llevar al parlamento las exigencias de colectivos y asociaciones afectados por este problema. Que oportunos y enrrollaos, quieren ser nuestra voz en el Parlamento, quieren volver al Parlamento, a la legalidad, democratizar las luchas que se pueden ir de madre, dejarnos claro que es allí donde debe resolverse todo conflicto con su desinteresada mediación.

Los buitres, los banqueros usureros que nada aportan, únicamente hurtan, interpretan su papel en este teatro, se lamentan de ser ellos sobre los que recae todo el peso de los alquileres sociales, es decir, de tener que prestar a los desahuciados algunos de los miles de pisos que atesoran vacíos tras haber puesto a sus moradores en la rue.

Lo cierto es que ya es cuestionada en Europa la ley de desahucios española por su severidad  y es mucho el dinero que les resta por recaudar de los millones de estafadas por sus hipotecas abusivas, por su ultrausura. La poderosa Banca no tiene intención alguna de “perdonar” un solo céntimo del botín de guerra del saqueo, lo que esta aconteciendo, ha de percibirse como sus maniobras para de una u otra manera no tener que renunciar ni a una miga del pastel.

La paralización de desahucios en casos de extrema necesidad, la moratoria de dos años, es pura publicidad, propaganda barata del poder, queda mal sacar a un enfermo en camilla, a un impedido, a un anciano decrépito, a un bebé llorón ante las cámaras de televisión. Además, lo de los dos años será a ver si se recupera la economía y se crean unos puestos de trabajo basura post-tropecientas reformas laborales y con sus miserables sueldos podamos seguir pagándoles ante el temor de acabar bajo un puente, o quizá esperan que en dos años los viejos y enfermos mueran y los bebés crezcan…. Y el alquiler social… reproducimos textualmente lo que un trabajador inmigrante dijo en desayunos de TVE,el 16-11-2012 a las 09:12: “Agradecer que me han dado un alquiler social, PUES NO, después de que un piso me cueste doscientos sesenta y tres mil euros y ahora he visto con mis ojos que cuesta cincuenta y cinco mil. No puedo estar agradecido al Sistema ni a los políticos ni a los bancos. Yo ya he pagado con creces.”

Eso sí, de las preferentes ya  no les gusta hablar tanto, de miles y miles de personas, la mayoría ancianos estafados vilmente, peor que el timo de la estampita…no son más que unos miserables trileros. El 28-11-2012 Bankia anuncia, exigencia europea, la quita de preferentes: un 39 % a particulares que llega al 46% a propietarios de deuda subordinada perpetua.

Unos 37.000 millones de euros de ayuda europea a la banca, que cerrará la mitad de sucursales,… unos miles de despedidos más. Recordemos que las cajas, sus consejos, estaban politizados, y según los gobiernos regionales, así se los repartían. Tenían consejeros los partidos, Izquierda Unida incluida, y los dos grandes sindicatos… eso en los años de la locura inmobiliaria, de la que todos participaron.

No olvidemos que si se ha montado todo este revuelo político- mediático ha sido por las muertes acaecidas, sobre todo por los dos últimos suicidados: un hombre ahorcado en Granada y una mujer defenestrada en Euskadi. Gente desesperada que toma una decisión desesperada.

Le dan menos publicidad a otras acciones de gente desesperada, sin muertos. Nos referimos a lo que hizo entre suicidio y suicidio el bueno de Víctor, vecino de Sotopalacios, Burgos. Este castellano de 72 , que lleva 30  currando en su carpintería metálica e hinchándose a pagar impuestos, como todo hijo de vecino, tras intentar infructuosamente renegociar la deuda de un préstamo de 24.000 euros para su negocio  con el banco, y después de que el juzgado ordenase el embargo de una finca suya valorada en 90.000 euros, se presento en la sucursal con un bidón de 20 litros de gasolina , y tras desalojar a los cuatro empleados, procedió a su desinfección con un éxito rotundo… quedo totalmente destruida. Igual que nos entristece conocer los suicidios, nos alegra la decisión de Víctor, que en vez de destruir su vida, ha hecho algo constructivo, le felicitamos, y hacemos un llamamiento a que se le apoye frente a la justicia que va a querer escarmentarle  temerosa de que cunda el ejemplo. Quemar bancos ya no es un saludable deporte practicado en exclusiva por jóvenes radicales, es una expresión de justicia del Pueblo.

El 28-11-2012 se suicida en Santesteban, Navarra un hombre de 59 años , debía 4.200 euros de alquiler y el juzgado decretó el desalojo por impago… El mismo día de la toma de posesión de José Antonio Sánchez como nuevo fiscal jefe de Navarra que ha expresado sus “condolencias mas sentidas” a la familia y ha aseverado que “esta muerte no es imputable a la administración de justicia”. Todos son inocentes, nadie es responsable de nada, ni bancos, ni jueces, ni políticos…, la culpa es de los suicidas y de su escaso apego a esta bonita vida con la que hemos sido obsequiados por cortesía de todos ellos, mil gracias!

Hacemos una llamada a la reflexión, ¿Qué es lo que está pasando aquí? De repente el gobierno toma cartas en el asunto, el PSOE hace la del Rey, jueces y policías se muestran condescendientes, y los periodistas lo festejan. Nada se puede esperar de bancos, polis, jueces, partidos y medios de comunicación más que usura, palos, condenas, oportunismo y manipulación.

El principal Problema es que las trabajadoras hemos de mantener al hipertrofiado y costosísimo Estado, a todos los mentados, y a muchos más. En resumidas cuentas, demasiadas sanguijuelas para tan débil huésped.

El Pueblo no puede ni debe mantener a estas huestes de parásitos, que para colmo tienen la desfachatez de presentarse como nuestros valedores, volviendo al símil, cómo el maltratador que no sólo pega a su mujer, además le hace creer que no será capaz jamás de salir adelante sin él, la minusvalora, la desprecia y se muestra paternalista, la hace sentir dependiente.

Atentos hemos de estar, vigilantes ante movimientos que sólo piden más de lo mismo, la perpetuación del Estado y la dictadura democrático- parlamentaria. No todo vale, no todo lo aparentemente contestatario hay que aplaudirlo, el  “Rodea el  Congreso” del 25-S  sin ir más lejos, habla de “nuevo proceso constituyente”, de la convocatoria de nuevas elecciones. La presencia de personajes de la catadura de García Trevijano, autor del libro “Libertad Constituyente “tras el cotarro, ya dice bastante. En el bicentenario de la infausta Constitución de Cádiz, que significo el absoluto triunfo del Estado sobre el Pueblo ejecutado a sangre y fuego.

Algunos pretenden que nuestra derrota sea per sécula, y modernizar, actualizar las constituciones para mejor continuar  la total dominación.

Cual ave fénix, el poder se renueva y renace de sus cenizas para cuando acaba un ciclo, con otra careta, empezar otro. Sólo cambia la apariencia, y las apariencias engañan. Los mismos perros con distintos collares.

Lo que es urgente e imprescindible es la constitución de una comunidad humana en lucha frente a sus opresores, con conciencia de si misma y del común enemigo, cuyos miembros seamos plenamente conscientes de nuestra pertenencia a ella, y cuyo ideario, cuyos signos identitarios sean valores propios y comunes enfrentados a los del enemigo: Solidaridad, Apoyo Mutuo, Horizontalidad, Asamblearismo, Comunitarismo, Interdependencia, Autogestión, Antiparlamentarismo, Equidad, Libertad…pues esta comunidad en lucha real, con aspiraciones reales, con el sueño de un futuro común y mejor nunca podrá generarse a partir de, haciendo bandera de reivindicaciones económicas, desde dentro del mundo de las matemáticas y el dinero, del pordioseo al Estado. Ha de transcenderlo necesariamente.

Imprescindible es, de igual manera, la denuncia de las ridículas e insultantes piruetas y el dañino papel desempeñado por los grandes sindicatos amarillos, vendidos literalmente al poder por unos miles de sueldos, favores y prebendas. Más culpables de la actual situación de integral desprotección de la clase trabajadora que la patronal, más enemigos del obrero que su jefe. Su última colosal payasada en el cotidiano espectáculo circense que protagonizan estos mamporreros apagafuegos, es la exigencia de la celebración de un referéndum en el que la ciudadanía apruebe o repruebe las medidas de recorte de gastos del Gobierno no anunciadas en la última campaña electoral. Debe de ser su contribución a la “profundización democrática”. Salta a la vista el impresionante clamor popular en aras de tan deseado e imprescindible plebiscito tras el cual  la vida tendría otro color. Lanzar balones fuera se llama a esto. La denuncia de y el enfrentamiento con estas tóxicas organizaciones paraestatales de sindicalistos, cuyo descrédito llevan lustros ganándose ellos solitos a pulso, no ha de tener tregua.

Somos y seremos maltratadas por los de arriba, inexorablemente, hasta el día en que no tengamos a nadie por encima. Este debería ser nuestro sueño, nuestro ideario, el ser libres, capaces de organizar la vida social entre todas, y aquí y ahora. Enfrentarnos a los parásitos opresores, y en simbiosis con nuestras semejantes, con las que también quieran ser libres, entre nosotras, ayudar y que nos ayuden, defender y que nos defiendan.

El Estado del Bienestar, el bienestar del Estado  es el bienestar del ganado, y el ganado es conducido, apacentado y estabulado según conviene al ganadero, primando la rentabilidad de la explotación. Nuestra más elevada aspiración, es dejar de ser ganado humano, es decir, ser mujeres y hombres libres, dueños y actores de nuestro presente y nuestro futuro común.

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