Libertarias y comunicación: asignatura pendiente

Por Joan García

Durante estos días saldrán decenas de comunicados sobre la nueva oleada represiva contra el movimiento libertario que se ha orquestado des de el Cuerpo de los Mossos d’Esquadra y la Audiencia Nacional. Antes de que salga otro comunicado anunciando que no nos rendiremos, seguiremos luchando, me gustaría hacer una reflexión sobre estos acontecimientos y una posible causa.

¿POR QUÉ NOSOTRAS?

Me pregunto ¿por qué es el movimento libertario, hoy en día, el punto de mira de la criminalización? Obviamente existe un componente de persecución ideológica y justificación de la represión y control pero, mi pregunta va dirigida hacia otra dirección: ¿por qué las libertarias somos de las únicas en entrar dentro de esta clasificación?

Es evidente que algunas visiones ácratas sobre el actual régimen pueden llegar a ser molestas por las élites pero, sin duda, hay muchas otras organizaciones que, por esta misma razón, podrían estar dentro del mismo saco. Sectores de la izquierda anticapitalista y antifascista, las PAH’s, grupos feministas, incluso algunos sindicatos de base y otros colectivos que practican la desobediencia han tenido un recorrido similar al del movimiento libertario de Barcelona y cercanías durante la última década pero no han sido víctimas de esta demonización. ¿Cómo sucede esto? Antes de expresar una hipótesis, un par de premisas:

• Estos grupos también son objetivos claros de la Ley Mordaza y la nueva Reforma del Código Penal y, en muchos casos, los medios también se han empeñado a deslegitimarlos, no obstante con resultados muy diferentes. Los escraches a políticos impulsados por la PAH fueron comparados con el nazismo, mientras que la derecha más casposa intentó conectar a la portavoz de la Plataforma en su momento, Ada Colau, con el entorno del terrorismo vasco.

• Es infantil y una completa falta de humildad asumir que el discurso o las prácticas del movimiento libertario son más peligrosas que el resto de apuestas antes descritas. Tenemos muy pocos ejemplos de victorias por parte de los anarquistas en los últimos años y no podemos, ni debemos asumir que estas se deban exclusivamente a nuestra intervención. Nada parece indicar que las prácticas autogestionadas hayan de convertirse en una fuerza a temer por parte del estado español en los próximos tiempos.

LA MARGINALIDAD

Si no somos tan peligrosos ni somos las únicas en recibir palos, entonces, ¿por qué hemos sido elegidas para ser el nuevo enemigo interno? Según a mi parecer, os diré que se debe, principalmente, a la marginalidad en la que nos hemos autosometido. Se trata de una marginalida en todos los niveles: con los problemas de las clases populares, con el resto de movimientos sociales, con la actualidad política y, sobretodo, con la era de las redes sociales y los medios de masas.

Creo que no hace falta resaltar las pocas propuestas frente a las luchas contra los deshaucios, los ERE’s o los servicios públicos que los libertarios hemos sabido proponer. Tampoco creo que sea necesario ver como en Barcelona existe un gran resentimiento hacia otras ideologías y lo poco flexibles que somos con las propuestas de alcance más reformista y los dogmas históricos que llevamos demasiado tiempo arrastrando. Nuestra propuesta siempre ha sido la abstención a trabajarcon estos sectores. Tampoco hemos sabido articular discursos de desafecto hacia los cambios políticos: los proyectos soberanistas y las nuevas propuestas electorales nos han pasado la mano por la cara.

Por último y, creo que se trata de lo más grave, ha sido no saber estar a la altura en el momento de trabajar nuevas formas de comunicación. Nuestros discursos son altamente maximalistas y parecen sacados del punk-rock más rabioso de hace 30 años, mientras que nuesta imagen exterior no dista mucho de la que nos intentan marcar. ¿Qué tipo de sociedad pretendemos construir si las únicas imágenes que tenemos son las de gente vestida de negro, caras tapadas y actos de tensión social?

Si bien algunas organizaciones, como la misma Embat, intentan romper esta microvisión sobre la pluralidad libertaria, aún hay sectores que defenderán los disturbios y el imaginario insurreccional como tácticas válidas. Puedo entender, en cierta manera, algunas de sus proclamas pero, debemos reflexionar sobre dos cosas:

• Primero de todo, que la Lucha no se delimita a la guerrilla urbana -por decirlo de alguna manera-. Hemos de recordar que, no solo las fuerzas represivas del Estado son quien nos hace la vida imposible. Las políticas neoliberales, la precariedad laboral, la violencia machista y el fantasma del fascismo son elementos tan peligrosos como la represión juridico-policial y no son precisamente elementos a combatir en las calles. Esta Lucha del que muchas ondean cual bandera debe estar luchada des de diversos frentes y espacios (en casa, en el trabajo, en una misma…) y con diferentes estrategias.

• En segundo lugar, hemos de ver que los medios son un frente en al que le debemos saber sacar partido. Las redes sociales y los mass-media son armas de doble o incluso, triple filo. Si bien hemos visto como muchas compañeras han terminado formando parte de las hordas en defensa de la democracia más banal o algunos periodista han sido cómplices directos de la represión sobre militantes, estos medios también han servido, en otras ocasiones para amplificar ciertos mensajes. Si la transmisión está bien ejecutada, el impacto puede ser mucho mayor que cualquier A dentro de un circulo.

Aquí se demuestra como otros sectores que las élites han intentado criminalizar han terminado siendo aceptados por el conjunto de la sociedad y la aparición de un enemigo interno ha sido anulada: su mensaje hacia el exterior ha sido de calma y empatía. Quien participa de estos espacios no es gente extraña ni violenta -en el sentido más ciudadanista que entiendo- y sus reclamaciones son básicas y necesarias. Esto quiere decir que, si no han caído en el hoyo del terrorismo ha sido porque se han legitimado.

LOS MALOS DE LA PELI

Si nos fijamos en cuál ha sido la respuesta del movimiento libertario de cara a su mala reputación, veremos que hemos tirado hacia un lado totalmente diferente, aceptando totalmente el papel de los malos de la película que nos han querido dar. Y alguien dirá: “pero participar del circo político-mediático es hacerse el juego a los poderes fácticos!”. ¿Pero es que a caso, asumir el rol de los malvados no es también colaborar con ellos y darles un enemigo contra el que luchar?*

Sinceramene creo que nunca se ha hecho una reflexión profunda entorno a este hecho ni se ha trazado ninguna linea estratégica sobre qué hacer ante los medios de comunicación. En la mayoría de los casos, la respuesta se ha resumido en asumir que todo periodista es un buitre en la cerca de carroña para las noticias de las 8 y se ha actuado imparcialmente de manera hostil hacia ellos. ¿Qué esperamos que finalmente terminen diciendo de nosotras?

Y pensaremos que lo que puedan decir los mass-media es algo que no nos interesa pero, si la política parlamentaria es un circo, debemos aceptar que nuestra política es también una obra de teatro en la calle. Hacer una pintada en una pared cualquiera o realizar una manifestación no tiene más objetivo que proyectar un mensaje muy concreto sobre un público que, en teoría, no llegaríamos a través de otros formatos. Gracias a la estética, el discurso y la reputación que nos rodea, el receptor de esta acción no dista mucho de ser el propio emisor.

Y aquí es donde entra el último factor a tener en cuenta, y es que hay demasiados autoproclamados anarquistas que se sienten cómodos dentro de la conformidad del gueto, siendo los más coherentes, letrados y críticos con todo lo que no entre en su círculo interno. Es por eso que reivindico que las ideas libertarias deben de estar al alcance de todo el mundo y debemos trabajar para acercarlas. Recordemos que ningún tipo de cambio revolucionario ha sido o será dado por la sola presencia de la ácratas, sino por su participación activa dentro de un marco mucho más amplio. Únicamente de nosotras dependerá si esta transformación tiene más o menos contenido autónomo y autogestionario o si la balanza cae por el otro lado.

CONCLUSIONES

Concluyo exponiendo una serie de propuestas para salir de esta marginalidad y, así, ser capaces de evitar ciertos grados de represión**:

1. Cambiar nuestra imagen, incluyendo la propaganda -carteles, pintadas, portavoces-, lenguaje, símbología y actos públicos

Hay suficiente en empezar con un par de clases de diseño de cartelería o bien copiando ideas ya usadas sobre el papel. L’Observador, la revista libertaria de la Garrotxa (Olot, Girona), copió su diseño de una revista escandinava que poco tenía que ver con sus ideales.

2. Trazar estrategias de comunicación efectivas

Saber aprovechas los medios radiofónicos, televisivos y digitales, sobretodo en momentos de represión y criminalización, sin caer en su mitificación ni en dejar de impulsar los medios propios o cercanos. También significa saber tratar con periodistas, cámaras y reporteras. Un buen ejemplo de ello es la rueda de prensa organizada por los grupos solidarios con las detenidas de esta nueva oleada de detenciones.

3. Flexibilizar nuestras políticas de alianzas y participar de los movimientos sociales de una manera amplia

Por mucho de nos duela, significa entender que nuestras ideas, por ahora, solo las practicamos nosotras y que, si queremos que sean adoptadas por las posiciones afines, no hay más remedio que introducirlas a través de la ósmosis y el ejemplo. Esta práctica nos puede servir para tejer nuevas alianzas y redes de solidaridad y realizar un flujo sano de militantes y proyectos que nos pueden favorecer mutuamente. También se trata de una práctica que nos permitirá romper con la hegemonía entorno al discurso, las movilizaciones y la lucha diaria. Es bien conocida la relación entre el anarcosindicalismo y la izquierda independentista en las comarcas catalanas, así como la histórica conexión que tubieron la CNT y la UGT en los años 20 y 30 del siglo pasado.

He escrito este texto des de una reflexión que lleva tiempo en mi cabeza y con la rábia de tener a compañeros muy cercanos represaliados en este caso. Toda la solidaridad, con el corazon però, sobretodo, con la cabeza.

______

*Se suele dibujar un discurso de ‘ni inocentes ni culpables’. Si bien este lema encaja perfectamente con la doctrina antiestatista, nadie parece entender el mensaje y, al no declararnos inocentes, somos por defecto culpables.

**Pese a que los grandos guerreros de la Anarquía insisten en la inevitable represión, somos muchas las hartas de dedicar el 90% de nuestro tiempo político a organizar actos recaudatorios -conciertos, cafetas con alcohol, comedores, colectas, cajas de resistencia- a causa de las malas praxis a las que estamos aconstumbradas y, si bien sabemos que siempre existirá cierta represión, también debemos intentar evitarla en gran medida. No olvidemos que una compañera encarcelada es una militante menos y somos pocas.

La necesidad de una estrategia

Desde hace varios años, acudo con frecuencia a diferentes ambientes, debates y espacios libertarios. En ellos suelo encontrar reflexiones muy interesantes, debates esclarecedores y análisis profundamente acertados. No obstante, a pesar de que hay en marcha numerosas iniciativas y acciones de todo tipo, suelo echar en falta una propuesta de contestación al poder que sea profundamente integral y a la altura de los problemas que se plantean.

Cada vez que el Estado pone en marcha una remodelación de un barrio, o cada vez que una empresa saca un nuevo anuncio publicitario; ambos lo están haciendo con una estrategia detrás, con unos objetivos y con una serie de medios y recursos específicamente dedicados a que esos objetivos lleguen a buen puerto. En el otro lado, los libertarios reconocemos ese objetivo, esa voluntad de poder, lo señalamos, y, a continuación, más por necesidad que por iniciativa propia, aparece una lucha. Finalmente, esas luchas a veces se ganan y otras veces se pierden, y al final, igual que aparecieron de manera casi involuntaria, esas luchas se desvanecen en la nada. Incluso en los casos que se ha logrado una victoria, no queda claro que hacer con ella, puesto que el fin de la lucha ya ha terminado y es momento de pasar a otra cosa. Un gran síntoma, a mi pesar, de esto es que la mayoría de las veces no se hace un balance ni un análisis a posteriori de cómo ha sido la lucha, que medios se han usado, cuales han sido los factores clave para su éxito/derrota y en qué nueva situación nos coloca.

El resultado esperable de lo anterior, es que el poder autoritario irá consiguiendo experiencia y adaptándose cada vez mejor a cada situación; mientras que el poder popular, en el mejor de los casos, intentará defenderse y retrasar el avance de aquél como buenamente pueda. La cosa empeora si tenemos en cuenta que no disponemos de una coordinación eficaz entre las diferentes luchas sectoriales, ni tampoco tenemos unas líneas de actuación que permita que la gente se sume y canalice sus esfuerzos hacia un destino común y transformador.

La realidad es que sin una estrategia, cada semana, día y minuto que pasa estamos más cerca de la derrota y carecemos de una manera de revertir esta tendencia.

Este panorama nos deja unas perspectivas poco alentadoras a las personas que luchamos y, quizás peor, proyecta una imagen de ineficacia al resto de la sociedad. En mi opinión, si queremos soñar algún día con el cambio social y la desaparición del sistema actual, se torna imprescindible y urgente trazar y poner en práctica una estrategia integral adaptada a los tiempos que corren.

Dicha estrategia debe contener todos los elementos que toda estrategia debe tener: 1) Análisis de la situación actual: Debilidades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades; 2) Definición de objetivos que se persiguen; 3) Descomposición en tácticas, medios y acciones concretas; 4) Ejecución de la estrategia; y 5) Evaluación de los resultados.

Además, la estrategia debe hacer coherente los medios con los fines. Debe tener bien presente los principios del ideario libertario. Debe ser consciente de la idiosincrasia del propio movimiento. Debe dar cohesión a las diferentes vertientes y prácticas del movimiento libertario en la actualidad: anarcosindicalismo, movimiento okupa, movimiento punk, colectivos políticos de diferente índole, grupos de afinidad, cooperativas, etc.

La estrategia debe ser funcional, debe ser amplia y variada en sus métodos de lucha y de participación y, una cosa más, debe ser esperanzadora. Si una estrategia no es capaz de imaginar un escenario victorioso en el que los objetivos se hayan cumplido en su mayoría, no será algo por lo que muchas personas estén dispuestas a sacrificarse.

Una estrategia correctamente formulada y apoyada por una mayoría de la gente que pertenece al movimiento libertario, cambiaría los papeles actuales de luchas meramente defensivas e inconexas, hacia una lucha cohesionada y con perspectivas de impacto social. Sin ella, no conseguiremos más que perpetuar el gueto político libertario y soñar eternamente con un mundo nuevo que jamás se podrá materializar.

~ Quasipodo

Los problemas del sectarismo y las alianzas. El caso de la relación CNT-UGT en 1934-36

@BlackSpartak

Comenzando por el final, La Revolución española, iniciada en julio de 1936 tuvo un brusco final en el verano de 1937. La alianza entre estalinistas, republicanos y la derecha socialista dio pie a un gobierno contrarrevolucionario que logró la hegemonía en el bando republicano liquidando las conquistas revolucionarias.

Hasta aquí, es algo que la mayoría conocemos. Lo que quizás no conozcamos tanto es la implicación de las bases socialistas en los procesos revolucionarios de 1936-37. La UGT participó en numerosas colectividades agrarias y también la industria. Allí donde los liderazgos socialistas se lo permitían las bases se unían alegremente al proceso socializante. Por tanto podemos ver que existía una izquierda socialista partidaria de la revolución, que CNT de hecho pretendía atraerse.

Lo que CNT no tuvo muy en cuenta es que la izquierda socialista en realidad se había “bolchevizado” (concepto de la época que más bien implicaba que se había “estalinizado”). Muchas veces en esta época CNT-FAI propugnaron la unidad CNT-UGT, sin tener en cuenta que en muchos casos decir UGT era decir Partido Comunista. Y en los otros era decir PSOE.

Pero, ¿cómo se pudo hacer la UGT bolchevique? Aquí, ya no me enrollo más y volvemos unos años en el tiempo.

En 1930 los comunistas quisieron contar con una central sindical propia y para ello crearon los “comités de reconstrucción de la CNT”. Sus cuadros se volcaron a crear sindicatos de CNT antes de que los anarquistas reaccionasen para reconstruirla. Pero, he aquí que en muchos lugares ya habían reaccionado, y en otros lugares cuando lo hicieron los sectores comunistas no tuvieron nada que hacer. En el Congreso de Madrid, en junio de 1931, se incluyó una cláusula (por influencia de Joan Peiró) en los estatutos por la que los sindicatos no podrían tener miembros de los partidos políticos en sus juntas y comités. Esto dejaba la vía libre a los anarquistas y se la cerraba a los comunistas y republicanos que pululaban por los sindicatos revolucionarios de CNT.

Entonces los comunistas tuvieron que crear su propia central sindical, que nunca logró salir de la marginalidad. Estamos hablando de que en su mejor momento rondaba los 150-180.000 afiliados según las cifras aportadas por los comunistas. Seguramente eran menos de 100.000 en realidad. Algún autor lo rebaja incluso a 40.000 y otros lo cifran en 90.000.

Los socialistas por su parte habían impulsado la República. Y tras su proclamación participaron del primer gobierno republicano-socialista en los años 1931-33 en el cual tuvieron tres ministerios. Aquel gobierno fue bastante nefasto y no logró sus objetivos básicos de aportar bienestar al pueblo o de desmantelar las estructuras caciquiles y semi-feudales de la monarquía. En dos años 400 personas murieron por causas “sociales”  (por la acción de la Guardia Civil y del ejército generalmente) y 9.600 fueron encarceladas (casi todas de la CNT). Por consiguiente, el anarcosindicalismo le declaró la guerra a este gobierno y lo hizo entrar en crisis interna hasta que en septiembre de 1933 los socialistas se apartaron del gobierno y lo hicieron caer.

El origen de esta crisis interna se basa en dos factores. Por un lado en la política internacional. En enero del 33 Hitler subió al poder y derrotó a socialistas y comunistas que en teoría juntos eran más fuertes que los nazis. El triunfo fascista fue un duro golpe para el socialismo internacional, y el ala izquierda del socialismo español tomó buena nota. El segundo factor fue interno. El socialismo acertó al crear en 1929 una organización campesina propia, la Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra, FNTT. Esta organización era parte de UGT y rápidamente formó parte de su ala más izquierdista, en parte por causa del ambiente que había en el campo andaluz y extremeño (que fueron quienes más muertos pusieron de los que he nombrado arriba). La FNTT en 1932 contaba con 450.000 afiliados y era aproximadamente la mitad de la UGT. Además este dinamismo comenzó a ser compartido por otros sectores del movimiento obrero adscrito al socialismo y la temporada de huelgas de 1933 fue de las más grandes que se recuerda.

Estas luchas sociales crearon un caldo de cultivo para la radicalización intelectual. El partido necesitaba reaccionar o perderían la mitad de su movimiento que inevitablemente buscaría otros referentes. Quien reaccionó fue Largo Caballero, Araquistáin, Nelken, Álvarez del Vayo, etc. que eran las figuras más reconocidas de la izquierda socialista. Largo Caballero fue ministro de trabajo en aquel primer gobierno republicano, y a pesar de ello fue capaz de comprender que desde un gobierno de la pequeña burguesía no se podía cambiar el país. Se necesitaba un gobierno proletario. Este grupo tuvo una gran importancia en el campamento de verano de las Juventudes Socialistas de agosto de 1933 que se saldó con la radicalización definitiva de los jóvenes (con Carrillo y Hernández Zancajo a la cabeza).

Los socialistas no repitieron coalición con los republicanos en noviembre de 1933 y las elecciones las ganó la derecha. Pero en contra de toda lógica, achacaron su derrota electoral a que el fascismo estaba avanzando en España. Por tanto había que confrontarlo. Y al fascismo se lo derrota con la revolución. En estos momentos tienen lugar los duros enfrentamientos en Austria entre el estado fascista y los socialistas, tras el auto-golpe de Dollfuss. La respuesta del socialismo esta vez fue de enfrentamiento armado que duró una semana, a diferencia de Alemania. Este ejemplo sirvió también para clarificar cómo se tenían que hacer las cosas.

En aquellos meses apareció la idea de la Alianza Obrera. Era un concepto acuñado por Joaquín Maurín del BOC y que servía para unificar todo el movimiento obrero en un frente común. Pero ni la CNT ni los comunistas quisieron participar, o lo hicieron de forma irregular.

A lo largo de 1934 tienen lugar una serie de huelga como la de Zaragoza, en la que colaboran CNT y UGT, y la del campo de Extremadura, que son consideradas por muchos como ensayos de la revolución. Nada que ver con las insurrecciones anarquistas previas (quitando la del Alto Llobregat que fue espontánea, y que quizás por ello salió bastante bien) que se saldaron con sonoros fracasos.

De manera que llegamos al 6 de Octubre, momento en el que se desencadena la huelga general revolucionaria contra la entrada en el gobierno de la CEDA, partido que los socialistas consideraban como filo-fascista. La huelga produce enfrentamientos en toda España, pero será famosa por Asturias. Aquí la CNT se une al movimiento revolucionario y el proletariado logra tomar las cuencas mineras cayendo luego sobre Oviedo. Tiene que intervenir el ejército a toda prisa y se ve paralizado por columnas milicianas que lo combaten durante 15 días hasta que se agotan las balas.

El impacto de Octubre es tan grande que conmociona todo el país. Asturias lo cambia todo. Los comunistas se habían unido a la Alianza solamente unos días antes. Luchan bien, tienen los objetivos muy claros, son buenos cuadros, tienen propaganda y sobretodo una buena red de ayuda solidaria. Así, el Socorro Rojo ayuda a 600 huidos, muchos de los cuales eran socialistas. Algunos llegan a incluso la URSS como refugiados. Por otro lado la CNT asturiana demuestra la potencialidad de colaborar con los socialistas. El resto de la Confederación queda en evidencia. Se escudan en que los socialistas no iban en serio, que no había armas, que los iban a traicionar nada más salir a la calle. Bien, lo mismo a priori iba a pasar en Asturias y aún así corrieron el riesgo.

En 1935 toda la izquierda hace balance. La CNT acaba aceptando la unidad pero seguirá aislada. Serán los comunistas quienes se beneficien. En primer lugar casi sin proponérselo coinciden en las cárceles con los socialistas que han participado en la revolución. La izquierda socialista se siente traicionada por su partido. El ala “centrista” (Indalecio Prieto) los dejó en la estacada e impidió que la revolución triunfase. Falló el envío de armas. Además exigen la expulsión del Partido de toda el ala “derechista” (Julián Besteiro) que se opuso a la revolución. Las bases socialistas van poco a poco posicionándose con el sector izquierdista que fue quien mejor las supo representar.

Hay que mencionar que el sector izquierdista no tenía una idea muy clara de “cómo era una revolución”. El referente de la época era Rusia que la había hecho hacía solamente 18 años antes. Por aquellos años se tenía muy buen concepto de los logros del sistema soviético, incluso en los países liberales. La Internacional Comunista era excelente en el “márketing político” y por tanto la dictadura del proletariado se veía con buenos ojos.

En cuanto al Partido Comunista, éste en 1934 aún era una secta marginal. Estaba enfrentado a todo el resto de la izquierda y en general era tenido como un partido dogmático y poco tratable. Pero justo antes de los hechos revolucionarios de Octubre dieron un giro de 180º a su línea política y defendieron la Alianza Obrera como si nunca hubieran defendido otra cosa antes. Por tanto se fueron acercando en 1935 a la izquierda socialista, en especial a las juventudes que entonces estaban buscando otros referentes fuera del partido.

Pero la cuestión de las alianzas fue más allá de lo previsible y lo que se puso sobre la mesa fue la construcción del “partido revolucionario”, que sería el instrumento para dirigirla. En este sentido su acercamiento a la izquierda socialista se produjo en el momento justo. En muchos sectores del socialismo se veían con buenos ojos este nuevo sentimiento de unidad. Para facilitar el trabajo los comunistas integraron su central sindical, la CGTU, en la UGT. En realidad no estaban aportando mucho, dado que sus sindicatos eran pequeños. Pero aportaron cuadros sindicales muy dinámicos, experimentados y con las ideas bien claras que arrastraban a sus compañeros socialistas. En pocos meses estos cuadros estaban dirigiendo algunas federaciones locales y sectoriales.

Esta entrada de los comunistas decantó el equilibrio interno dentro de la UGT hacia la izquierda. Los comunistas hicieron suya estratégicamente la figura de Largo Caballero, que veían como el “Lenin español”. Al controlar la UGT definitivamente, el turno fue de las Juventudes, que entraron en proceso de fusión con los comunistas. En este caso se unieron, en abril de 1936, unos 40.000 jóvenes militantes socialistas con algunos miles de la UJCE para formar la Juventud Socialista Unificada, JSU. A partir de entonces sería la organización juvenil más grande de España y la prensa comunista y socialista engrandeció aún más su importancia. Para julio de 1936 posiblemente había alcanzado la cifra de 100.000 jóvenes (250.000 según la prensa) siendo una organización marxista-leninista.

Todo esto creaba un ambiente propicio para la izquierda socialista en el Partido. Aún así la postura centrista pudo ocasionarle un par de reveses poco esperados. En diciembre de 1935 el Partido expulsó a Largo Caballero del Comité Ejecutivo. Y en enero en la creación del Frente Popular, el Partido logró imponer la alianza con los republicanos en contra del parecer del ala izquierda. De hecho no debió de ser mala idea esta coalición puesto que ganó las elecciones. Por su parte Largo Caballero impuso la participación del PCE y de otros partidos obreros en el Frente Popular. El PCE estaba sobrerrepresentado y los resultados electorales le beneficiaron sobremanera.

Pero a partir de febrero del 36 la situación se desbocó. La izquierda socialista apostaba por la revolución. Detrás de esto había no poco de demagogia y de grandes dosis radicalismo verbal, es cierto, pero lograron transmitir a las bases del socialismo un estado de ánimo propicio para una revuelta de masas. Las 100.000 personas que ocuparon tierras en la primavera de 1936 en la provincia de Badajoz así lo atestiguan. Aquel año tuvo lugar una auténtica avalancha de huelgas que hizo avanzar las posturas más radicales del movimiento obrero (el anarcosindicalismo y el comunismo). Además los actos masivos se multiplicaron por todo el país. Había macro-movilizaciones de hasta medio millón de personas (quizá era una exageración de la prensa, pero refleja qué expectativas creaba) de los socialistas y comunistas juntos.

Bien, el caso es que todo este proceso ayudó a cimentar un Partido Comunista que mes a mes iba absorbiendo a miles de militantes provenientes del socialismo. Si en febrero del 36 tenía 10.000 militantes y en julio rondaban ya los 50.000 (aunque declaraban 100.000) sería bastante plausible pensar que se trataba de gran parte de aquellas primeras Juventudes Socialistas (y no pocos ugetistas) que se habían hecho marxista-leninistas en aquel tiempo.

En definitiva, el socialismo llega al 19 de julio de 1936 como un gran movimiento de masas, que arrastraba alrededor de 1,5 millones de personas. Tenía una fuerza casi idéntica al anarcosindicalismo. Por tanto por fuerza el socialismo y el anarcosindicalismo eran los dos motores de cualquier hecho revolucionario en la España de aquellos años. No había otros. Pero dentro del movimiento socialista opera el comunismo.

Cuando Largo Caballero asume el gobierno en septiembre de 1936 se abre una ventana a la expansión de la revolución. Parecía que iba a ofrecer una mano amiga a la CNT y que juntos podrían entenderse para la transformación del país en un sentido socialista. Sin embargo todo el entorno del presidente (y él mismo también) estaba influido por el mensaje comunista (me refiero a “estalinista”) y pronto se impuso el “real-politik” en Gobierno. Si bien Largo Caballero no se decidía a desatar la revolución con todas sus consecuencias, se fue organizando la derecha y el centro del partido en un frente anti-revolucionario, en el cual poco a poco fueron convergiendo aquellos sectores de la izquierda comunista que comulgaban con el estalinismo.

Puede parecer una contradicción, pero tiene su sentido. Tenemos una izquierda socialista que se ha radicalizado en 1934-36. Tenemos un movimiento comunista muy disciplinado que obedece las consignas de Moscú al pie de la letra. Cuando ambos movimientos se encuentran los comunistas, mucho más avispados que los socialistas, consiguen arrastrarlos. Pero luego estalla la Guerra Civil y se produce un nuevo viraje político del comunismo. Aparece el estalinismo con toda su crudeza en la política española. Y como llevan meses trabajando conjuntamente, muchos socialistas le siguen la corriente a los comunistas. Ya se habían “estalinizado”. Por esto se explica la aparición de Juan Negrín (socialista, pero de tendencia pro-comunista) que sustituirá a Largo Caballero en mayo de 1937. Negrín será apoyado por el ala derecha del Partido y por los comunistas.

Largo Caballero se fue desengañando con el tiempo de los comunistas hasta que vio a los anarcosindicalistas como el auténtico aliado. Pero éstos fueron destruidos políticamente en mayo de 1937 al dejarse desarmar por la República y renunciar a la revolución social en curso.

Rebobinando de nuevo hasta 1934, podemos ver que el hecho crucial de toda esta época fue la Alianza Obrera. Al no participar en ella CNT, se auto-marginó del resto de la izquierda. Era lógico no fiarse a priori del Partido Socialista. Pero los hechos futuros demostraron que los contactos entre las bases de las izquierdas producidos por las alianzas lograron un positivo cambio de mentalidad en todos. El anarcosindicalismo no fue considerado como referencia por la izquierda socialista, por la sencilla razón de que le era hostil. Además jugaba en contra de la confluencia la gran arrogancia que se desprendía de la intelectualidad marxista, que trataba a los anarquistas poco menos que como niños perdidos. Queda para la política-ficción saber qué habría pasado de colaborar de verdad.

En definitiva, el triunfador del momento fue el movimiento comunista debido a su capacidad de propaganda, a su compromiso en las luchas sociales, a su claridad de objetivos, tácticas y estrategias, a su disciplina, a su Internacional… de tal forma que lograron influir en una fracción mayoritaria de otro movimiento político-social y lo arrastraron hacia posturas revolucionarias (en la primavera 1935), y luego arrastraron a una importante facción de aquella izquierda socialista que habían ayudado a consolidar hacia la contrarrevolución (en el otoño 1936).

La enseñanza de todo esto es la necesidad de tener una política de alianzas preparada para cualquier contexto. Tu organización no va a poder comerse el mundo sola. Es un hecho. Necesitará hacerlo con otras. Por último dejar claro que las alianzas se deben hacer buscando mínimos comunes. No es útil buscar acuerdos de máximos (o sea, ponerse de acuerdo en principios, tácticas y objetivos) porque esto ya sería buscar una fusión, más que una alianza. La alianza forma parte de una táctica, no es un objetivo.

El anarquismo ante el cierre del ciclo electoral

El ciclo electoral de este año va a tocar pronto su fin. Desde las elecciones Europeas, pasando por las municipales y ahora, se nos viene encima las generales. La apuesta por el asalto insticional de los movimientos sociales tras el cierre del ciclo de movilizaciones del 15M pronto verá su estancamiento y fracaso. A pesar de los ayuntamientos ganados por las candidaturas ciudadanas como el de Madrid, Barcelona, Zaragoza, A Coruña, y algunos más, están teniendo poco margen de maniobra y en el caso de Madrid, están llegando las decepciones, como por ejemplo con esa oficina antidesahucios que no atiende casos de desahucios por alquiler. En buena parte de las medidas tomadas por estos ayuntamientos, se perciben como lentas y en ocasiones, insuficientes. Ahora se acercan las elecciones generales del 20D, donde en algunas encuestas ponen a Ciudadanos, el partido de una derecha renovada, algo ligeramente por encima de Podemos. Se especula que el PP podría gobernar pactando con C’s o con el PSOE. Podemos parece que quedaría en la oposición, o ni llega. El caso es que después de las elecciones la coyuntura cambiará y qué papel nos tocará jugar.

Primero, comencemos por superar las tendencias autodestructivas y derroteras a causa de la influencia de los valores individualistas del neoliberalismo, y luego la inercia de las campañas por la abstención activa. Cada vez que se acercan las elecciones respondemos con lo mismo una y otra vez, sin llevar a cabo una batería de propuestas alternativas enfocadas a potenciar el movimiento popular y la posibilidad de elaborar unas hojas de ruta de ofensiva, sin siquiera pretender articularnos políticamente como movimiento y fuerza política. Cada vez estoy más convencido de que esa abstención activa solo sirve para lavarse las conciencias ante la farsa electoral. En sí mismo, no estoy en contra de quien esté convencida de abstenerse por motivos de conciencia ideológica, ética y/o política, pero no podemos conformarnos con eso. La clave es que se nos presenta un futuro inmediato en que la ilusión del asalto a las instituciones se va a desvanecer (si es que ya está ocurriendo), y que ante las derrotas de las izquierdas, quedará el neoliberalismo y el fascismo. Para superar las sensaciones de derrota y las tendencias autodestructivas, es imprescindible el dejar de ir a la deriva en estos mares revueltos renunciando a disputar nuestro hueco en el espacio social y político. Tomemos el timón de una vez y pongamos rumbo a nuestro barco, pasemos del voluntarismo y las inercias a la responsabilidad política, es decir, abordar los problemas actuales a través de una política que apunte a la revolución social y a la conquista por lo existente desde la lucha de clases. He aquí una serie de propuestas e ideas a debatir y desarrollar desde lo libertario;

En cuanto a la cuestión interna

Durante este último año, el anarquismo está experimentando un cambio de tendencias y comienzan a darse procesos de debates internos y surgen nuevas dinámicas de actuación que viran hacia la inserción social y la construcción de una línea política. Este proceso se da en el Estado español con organizaciones de tendencia como la FEL en varios puntos del territorio español y Liza en el ámbito gallego, y organizaciones políticas como Embat en Catalunya y Apoyo Mutuo que pretende ser a nivel nacional. Luego cabría mencionar a la CNT que están organizando su XI congreso este mes de diciembre, y CGT, continuando con su andadura en lo sindical. Cabe mencionar también a la FAGC por su gran labor en la lucha por la vivienda digna a través de los realojos y expropiaciones de viviendas. Durante este año se han detectado los problemas que surgen al pasar al terreno de la praxis y estamos viendo las carencias que tenemos. Es momento de que vayamos encontrando soluciones y vayamos logrando experiencias militantes, a la vez que generemos aportaciones teóricas a partir de estas experiencias y los procesos de debates que se dan y se darán. Ante este nuevo ciclo, las tareas que nos competen como anarquistas que aspiramos a construir un movimiento revolucionario serían, por ejemplo, éstas:

La formación es imprescindible, pero no nos sirve la formación por la formación, sino la formación destinado a un objetivo concreto, que en nuestro caso es la construcción de la tendencia revolucionaria del anarquismo, pasando también por un cambio en nuestra cultura militante. Para ello, es necesario la creación de itinerarios formativos específicos en los siguientes aspectos: como por ejemplo, sobre teoría revolucionaria, historia del movimiento obrero y el papel del anarquismo en ella; sobre estructura orgánica interna de nuestras organizaciones, las experiencias militantes, la comunicación y las relaciones con el entorno, etc. Interesante es mencionar esta serie de Introducción al Anarquismo (I, II, III, IV y V), donde se abrirá un proceso de debate y hay aportaciones de material formativo al respecto.

Ir perfilando el modelo de sociedad que queremos trabajando estos campos: sistema político y política económica, marco de relaciones laborales, ordenación del territorio y gestión de los recursos, gestión comunitaria de los servicios públicos, la autodeterminación de los pueblos, el empoderamiento de la mujer, las cuestiones culturales y étnicas, relaciones internacionales con otros pueblos oprimidos, migración… que constituirían primero un proyecto de país y luego nuestro proyecto político socialista libertario: socialización de los medios de producción y los instrumentos de trabajo, administración política democrática, descentralización de la ordenación del territorio, soberanía alimentaria…

Elaborar los programas y hojas de ruta acordes al proyecto político que queremos construir y trazar la línea política, estratégica y de actuación comunes a seguir e implementar en conjunto con el movimiento popular. En otras palabras, articular políticamente el anarquismo e intervenir como actor político y social en la coyuntura dada.

Relaciones internacionales. En un mundo globalizado, también sería positivo tener contactos en otros países para intercambiar experiencias o aprender de movimientos revolucionarios como el kurdo en Rojava y Bakur (Kurdistán norte).

Creación de una línea gráfica atractiva y fácilmente identificable con nuestro proyecto político, nuestras organizaciones, nuestro discurso y nuestra tendencia, además de una estrategia comunicativa renovada que apunte a la inserción social y a la visibilización de nuestra alternativa política en el movimiento popular y entre la clase trabajadora. Además, necesitaremos tener contactos con periodistas que puedan darnos más cobertura mediática, y no hablo solo de crear nuestros medios que sean solventes y vayan haciéndose hueco en el espacio mediático.

Dotación de las estructuras necesarias para llevar a cabo nuestras tareas políticas y sociales: organización de militantes, organizaciones juveniles, organizaciones feministas, articulación de movimiento en frentes de masas, articulación multisectorial de los frentes que impulsamos, política de alianzas con otras tendencias políticas, consolidación de organismos del poder popular (asambleas de barrio, sindicatos, cooperativas integrales, …), configurar redes de solidaridad y apoyo mutuo, organismos antirrepresivos, medios de comunicación profesionales propios etc.

Participación en espacios amplios y configuración de una política de alianzas. En vez de crear algo libertario desde cero, insertarse ya en los espacios sociales existentes tratando de que dichos espacios vayan adquiriendo métodos libertarios, contribuir a su fortalecimiento y defender su autonomía. Fomentar la creación de estructuras amplias como asambleas de estudiantes, de parados, de trabajadores, de barrio…, secciones sindicales… Meterse en AMPAs, asociaciones de vecinos, campamentos, scouts, asociaciones deportivas, etc, y pelear desde allí con los problemas que surjan serían otras opciones a tener en cuenta. Luego, la política de alianzas es otro aspecto a desarrollar, ya que tendremos que trabajar en los frentes amplios con otras tendencias políticas y sumar fuerzas por lograr objetivos comunes.

La clave está en que después de las elecciones vayamos asentándonos poco a poco dejando atrás los vicios derrotistas, nihilistas y de autoconsumo, para ir construyendo y consolidando una alternativa política real desde la responsabilidad política, con esfuerzo, trabajo constante y paciencia.

¿Qué hacer?

Obviamente, la estructuración de nuestra tendencia debe servir como punta de lanza para producir los cambios sociales en estos tiempos. Por eso, a la vez que vamos consolidando nuestra tendencia, tenemos que ir reflejándolo en trabajo real en los siguientes ámbitos. Son muchos frentes que tendríamos que ir abriendo, así que a continuación mencionaré algunos ejemplos de ellos y pondré ideas de hojas de ruta:

Vivienda y barrios. Los desahucios seguirán habiendo, tanto por impagos del alquiler o la hipoteca como por ocupación. En este aspecto, la PAH está abordando el tema de manera bastante eficaz con las obras sociales, ocupaciones de sucursales y la ILP. Sin embargo, aún podríamos empujar un poco más, y en este aspecto, la expropiación de las viviendas de la SAREB (el banco malo utilizado para absorber los activos tóxicos financiado con dinero público y propietario de viviendas vacías), podría estar en el punto de mira.

Género. Las violencias machistas son un problema social bastante considerable. No solo hablaríamos del maltrato y los asesinatos, sino también el acoso callejero, el aborto, la brecha salarial y la desigualdad de oportunidades, los cuidados, la discriminación,  etc… Temas que deberían ser tratados a través de los feminismos y las organizaciones feministas.

Trabajo. La reducción del paro que tanto alardea el gobierno del PP es sinónimo de precariedad y trabajo temporal o a tiempo parcial. La actitud pasiva y servil de los sindicatos mayoritarios hacen que la patronal se frote las manos, y si a eso le sumamos las peleas de los sindicatos pequeños, ya se descojonan. En este sentido, potenciar estos sindicatos alternativos así como la creación de asambleas en el centro de trabajo, secciones sindicales y asambleas de parados, sería un buen punto de partida. Por otro lado, una posible estrategia de ofensiva pasaría por ganar representatividad en las empresas en pos de controlar la contratación, firmar convenios, controlar bolsas de empleo e incluso prestaciones, si nos ponemos ambiciosos. También desde el sindicalismo de clase se puede plantear la configuración de un nuevo marco de relaciones laborales que sea favorable a la clase trabajadora: derogación de la actual reforma laboral, reducción de jornada sin reducción de salario, etc.

Represión. Los golpes represivos están sangrando al movimiento popular y es necesario poner sobre la mesa medidas de contraataque. Como ya se dijo anteriormente, la represión afecta a todo el movimiento popular y es necesario responder desde allí a través de la creación de mesas multisectoriales, contactos con abogados, contar con asesoría legal y lograr visibilización mediática. Una interesante campaña desde donde articular una respuesta antirrepresiva amplia es el de la amnistía social y empujar desde allí por la absolución de activistas sociales, huelguistas y sindicalistas, ecologistas y militantes de diversas tendencias de izquierda. Por otro lado, exigir la derogación de la Ley Mordaza también sería un buen punto. Es necesario un frente amplio y coordinado a nivel estatal con sus redes para estrechar lazos solidarios e impedir que nos aíslen y criminalicen.

Servicios públicos. Ya se puso sobre la mesa desde los movimientos sociales la cuestión de la remunicipalización, propuesta bastante interesante para ir recuperando el expolio que supone las privatizaciones y las externalizaciones. En este sentido, no solo queremos que, por ejemplo, la Sanidad y la Educación sean públicos, sino lanzar una ofensiva desde los movimientos populares a por la gestión popular, que consiste básicamente en la gestión democrática de dichos servicios con la participación de profesionales y trabajadores del sector y los y las usuarias.

Y podríamos seguir tratando más asuntos como la memoria histórica, el medio ambiente, la cuestión nacional, migración, el movimiento estudiantil, etc… y aspirar a la articulación multisectorial de todos los frentes de lucha abiertos, es decir, que todas las luchas estén conectadas. Tenemos que volver a ilusionar, levantar nuestra propia moral, echar abajo las actitudes derroteras y recoger el testigo que dejó el anarquismo revolucionario del primer tercio del siglo XX. El «no hay alternativa» es influencia burguesa y de Thatcher, impropio de una tendencia política que se declara revolucionaria y aspira al socialismo. Para este próximo 2016, será nuestro momento para ir aplicando las tareas que compete al anarquismo revolucionario. Nos queda pues mucho trabajo por delante y es momento de ponernos manos a la obra preparándonos para una coyuntura que se va a presentar agitada y que si no cogemos el tren en estos momentos, seguramente lleguemos tarde y el fascismo se haga con el poder. En estas próximas elecciones, el votar o abstenerse es una decisión personal y de una importancia menor. Lo realmente importante es que al cierre del ciclo electoral vayamos preparándonos para abrir un nuevo ciclo de luchas y constituirnos como actor político referente en impulsar esas luchas.

Introducción al anarquismo (III). Programa, articulación política y estructuración del movimiento

Índice de contenidos a publicar:

1.-Unas bases.
2.-La visión estratégica.
3.-Programa, articulación política y estructuración del movimiento.
4.-El análisis de coyuntura.
5.-En la realidad material.

En el capítulo anterior hemos visto ya la visión estratégica, y a partir de ahora en adelante, partiremos de ésta para tratar los siguientes temarios, a los cuales añado la recomendación de abordarlos colectivamente, es decir, a través de un grupo de lectura o formación, por ejemplo. Aunque igualmente válido para la formación individual.

Programa y articulación política

Una vez hayamos asumido las bases y tengamos claro qué objetivos queremos lograr, es momento de pensar en la necesidad de perfilar nuestro proyecto político que será nuestra meta final a la que queremos aspirar. Dicho proyecto será resultado de debates y experiencias militantes colectivas, así que por ahora, haremos referencia a este proyecto como el socialismo libertario. Para plasmar dicho proyecto sobre papel, elaboraremos el programa, que es un documento que recoge una serie de objetivos a alcanzar y las líneas políticas y estratégicas a seguir. Distinguiremos aquí, básicamente, dos tipos de programas:

—Programa de máximos: es aquel que recoge nuestras metas políticas finales y las líneas estratégicas que apuntan a nuestro proyecto político. Por sí solo, este programa no se puede implementar, pero marca nuestro norte y son las líneas sobre las que iremos creando los programas de mínimos u hojas de ruta.

—Programa de mínimos u hojas de ruta: es aquello que recoge las tácticas y objetivos más inmediatos. Hay cierta discusión en torno al programa de mínimos y las hojas de ruta, donde por un lado, se ve lo primero como unas metas más alcanzables y partiendo de allí, se elaboran las hojas de ruta que serían las líneas tácticas a seguir; y por otro lado, hay posturas que no contemplan el programa de mínimos, sino que toma directamente las hojas de ruta. Independientemente de estas discusiones, tanto el programa de mínimos como las hojas de ruta marcan objetivos muy concretos y específicos, en otras palabras, marcan metas coyunturales a lograr que permitan el avance cualitativo y cuantitativo de nuestro movimiento en sintonía con el movimiento popular.

La cuestión programática va parejo a la elaboración de estrategias y al análisis de coyuntura, este último tema que abordaremos en el próximo capítulo de la serie puesto que es más extenso y la metodología utilizada en este último tiene mucha sustancia. Volviendo al hilo del asunto, la estrategia consiste en una serie de métodos de planificación, organización y ejecución de diversas operaciones tácticas para lograr un objetivo concreto. Este concepto se detalla en el siguiente documento, donde también explico en qué consiste la táctica y qué factores se tienen en cuenta a la hora de trazar unas líneas estratégicas. A su vez, se amplía las definiciones del programa. Todas las explicaciones van acompañadas de un supuesto práctico ambientado en un conflicto laboral. Leer aquí Estrategia y táctica para un anarquismo revolucionario.

La articulación política es el resultado de la consolidación de una tendencia política bajo la unidad de unas líneas estratégicas, políticas y de actuación a través de las organizaciones políticas y de tendencia. En el Manifiesto comunista libertario de Georges Fontenis se explica con más detalle esta cuestión. En dicho manifiesto, explica unas nociones básica acerca del comunismo libertario y defiende una línea de clase en contraposición de una visión humanista e idealizada sobre la sociedad. También es interesante la visión que tiene acerca de la vanguardia revolucionaria vista desde el leninismo y vista desde el comunismo libertario, donde defiende que la organización política anarquista debe ir en sintonía con los movimientos populares en vez de ir separado de éstos. Plantea otros asuntos relevantes sobre la organización interna como la unidad ideológica, acción colectiva, la disciplina, el federalismo y la democracia interna; el poder, el Estado, la revolución y la libertad, donde distingue el poder directo de la clase trabajadora frente al poder dominante de la clase capitalista; y más aspectos por los que merece la pena leer este manifiesto.

Estructuración del movimiento

Una vez articulada nuestra tendencia, hemos de irnos dotando de estructuras que conformarán un movimiento. Antes de pasar a hablar de unas estructuras más amplias, es imprescindible que tratemos la cuestión organizativa, algo crucial dentro del anarquismo. En este punto, podemos encontrar tres posturas respecto al tema:

—La primera postura es la antiorganizacional, la que no concibe ninguna forma de organización al considerarla contraria a la libertad individual, aunque en la práctica se asimila el informalismo, que consisten en relaciones por afinidad en el cual no existen grados de compromiso y responsabilidades de los miembros que forman el grupo.

—La segunda premisa solo concibe la organización de las anarquistas a nivel social, como pueden ser en los sindicatos de clase o en la movilización en asambleas de barrio (el frente comunitario). En la praxis, se construyen organizaciones amplias que agrupan a muchas personas de distinta afinidad ideológica, o bien, organizaciones llamadas de síntesis donde no están definidas unas líneas comunes de actuación sino que agrupan a anarquistas de diversas tendencias. Dicho de otro modo, se les podrían denominar coordinadoras.

—La tercera tesis concibe la articulación del anarquismo a dos niveles: una que son los frentes de masas que son las organizaciones que trabajan a nivel social de la segunda premisa, y otra que consiste en organizaciones específicas que trabajan a nivel político. Este modelo también es denominado como dualismo organizacional, ya que se considera que únicamente la lucha en lo social es insuficiente y por ello, defiende la necesidad de la construcción de unas líneas políticas anarquistas comunes para todo el movimiento dotándolo de una orientación política y estratégica.

Sobre estos puntos profundizarán en este artículo «Cuestiones organizativas del anarquismo».

Para la configuración de un movimiento libertario estructurado, pasaremos de un movimiento de colectivos y grupos de afinidad a un modelo de movimiento de organizaciones. La diferencia entre éstas y los colectivos y grupos de afinidad está en el caracter y las dinámicas que llevan unas y otras. La organización nace de la necesidad de la responsabilidad política de transformación radical de la sociedad acorde al proyecto político socialista libertario. Para ello, nos dotamos de herramientas con el objetivo de implementar los programas, las líneas estratégicas y de actuación, y que dichas experiencias no se pierdan. A la vez, una organización tiene la pretensión de ser un actor político de cambio y referente en las luchas sociales. Los colectivos y grupos de afinidad siguen una dinámica distinta, y al no regirse por una responsabilidad política y disciplina interna en su mayoría, derivan en una suerte de voluntarismo y en muchas ocasiones actúan por inercias en las cuales terminan en consumo interno. Similarmente pasa con los grupos de afinidad, que debido a que en su mayoría poseen un carácter informal y al no rendir cuentas ante nadie, con el transcurso de su trayectoria, comienzan a aparecer códigos de conducta propios y liderazgos informales. Este tema queda reflejado en el artículo «Organización vs grupo de afinidad: el proceso de hiperautonomización y las debilidades estructurales de un colectivo anarquista«.

Reconocer las debilidades internas propias debe servir para solucionarlas. Necesitamos un cambio en nuestra cultura militante y en la manera de ver las cosas y de actuar. Obviamente, todas queremos el comunismo libertario, pero nuestro proyecto político ha de realizarse a través de la disputa de lo existente. Organizarse por organizarse no tiene sentido, lo que le da sentido a la cuestión organizativa es la necesidad de llevar a cabo nuestras tareas revolucionarias en el actual contexto, lo cual quiere decir que debemos también configurar un Modelo de movimiento libertario integrando las organizaciones de tendencia o políticas con organismos amplios y la inserción de nuestro movimiento en los frentes de lucha existentes en la actual coyuntura.

En la siguiente entrega, trataremos una herramienta muy importante que nos permitirá actuar en la coyuntura que nos toca. Ir a la 4ª parte.

Introducción al anarquismo (II). La visión estratégica

Índice de contenidos a publicar:

1.-Unas bases.
2.-La visión estratégica.
3.-Programa, articulación política y estructuración del movimiento.
4.-El análisis de coyuntura.
5.-En la realidad material.

La visión estratégica

La estrategia es una metodología para lograr un objetivo determinado teniendo un punto de partida distinto, es decir, si lo que aspiramos  es hacia una sociedad sin clases ni Estado y estamos en una sociedad con clases y con Estado, necesitamos elaborar una metodología para poder realizar nuestro objetivo final avanzando en el presente y el futuro inmediato. Plantearnos esta cuestión es muy importante, ya que cualquier movimiento revolucionario debe dotarse de una estrategia política. Volveremos en el siguiente capítulo sobre la cuestión estratégica, ahora partamos primero acerca de en qué consiste una visión estratégica. Tener una visión estratégica implica ver y analizar los acontecimientos, acciones y movimientos de las diversas fuerzas sociales y políticas —tanto las nuestras como las del entorno que nos rodea— de la realidad material teniendo en cuenta el significado estratégico que hay en ellas. Esta visión es contraria a la perspectiva ideológica, que es una visión que no ve los sucesos como flujos dinámicos de la sociedad, sino que aplica una capa de abstracción donde únicamente operan las ideologías que llevan detrás una u otras fuerzas políticas y sociales. No obstante, una visión estratégica sin bases ideológicas y sin estar adscritas a una tendencia política específica sería inútil. La diferencia entre la visión estratégica y la perspectiva ideológica es que lo primero transforma las bases ideológicas en teoría revolucionaria orientada a construir una tendencia política capaz de articular un movimiento revolucionario ambicioso, y siempre orientado a la conquista de victorias en las luchas cotidianas e inmediatas a favor de nuestra clase social sin perder de vista el objetivo final: el socialismo libertario. En cambio, a través de lo segundo, se transforman las bases ideológicas en principios sobre los cuales cumplir coherentemente y a rajatabla.

La falta de visión estratégica impide que el anarquismo llegue a ser una fuerza política revolucionaria como motor y actor de transformaciones radicales de la sociedad, puesto que no aspira a disputar el terreno, lo que significa relegar el anarquismo a posiciones marginales, para el estudio académico o para lavarse las conciencas. Por ello, es necesario un cambio de tendencias y de perspectivas, que tomen el anarquismo siguiendo su tradición de clase, política, social y revolucionaria. A través de la visión estratégica veremos las cosas de distinta manera, más amplias y mucho más claras que a través de la perspectiva ideológica, pues ésta más bien actúa como sesgo en vez de algo que nos permita conocer las dinámicas del entorno, y elaborar planes y líneas estratégicas para intervenir en la realidad material. Esta visión la podemos aplicar en diversos ámbitos de la vida real donde se dan los conflictos sociales. Pondré como ejemplo el tema afrontar la represión desde la visión estratégica: nos damos cuenta de que uno de los principales objetivos de la represión es aislarnos y neutralizarnos a través de la violencia física (arrestos, palizas, torturas…), psicológica (acoso, aislamiento, amenazas, privación de libertad…), mediática (criminalización) y económica (multas). Para contrarrestar sus objetivos, sería necesario tener abogadas afines, visibilizarnos lo máximo posible y, puesto que estamos en una situación de desigualdad de fuerzas con respecto al enemigo de clase y sus gestores (el Estado), construir organismos, crear frentes amplios y tejer alianzas con movimientos de distinta tendencia también afectadas por la represión. Además, hemos visto que la represión no solo golpea al anarquismo, sino a todo el conjunto del movimiento popular: sindicalistas y huelguistas, activistas antidesahucios, ecologistas… y en general, a las clases desposeídas. Por lo tanto, si queremos frenar la represión, nos lleva a extender los lazos solidarios más allá de nuestros círculos y trazar estrategias conjuntas con los movimientos sociales y otras tendencias políticas. El sentido estratégico de optar por esta vía podría ser el siguiente:

—Superar el «cada tendencia mira por sus presos», que en nuestro caso sería el pedir únicamente la libertad de las anarquistas. Esta es una manera de romper el aislamiento, superar los sectarismos y comenzar a tender puentes con otras represaliadas y compartir la solidaridad y el apoyo mutuo.
—Aprender a comunicarnos con el entorno que nos rodea transmitiendo los mensajes adecuados en vez de hablarnos para nosotras mismas. Hacer ruedas de prensa y que nuestro mensaje tenga cierta repercusión mediática también sería un buen punto ganado. Este aspecto es imprescindible para darnos a conocer y contrarrestar la criminalización.
—Reforzar los lazos solidarios entre el conjunto del movimiento popular a través de la inserción social. Reconociéndonos en las luchas sociales nos ayudará a que nos reconozcan como personas —o como movimiento y fuerza política— comprometidas  que luchan por una sociedad más justa. Esto es la reciprocidad.
—Compartir unas dinámicas de trabajo distintas e involucren la mayor cantidad de personas posibles. Muchas cabezas pensantes y muchas manos trabajando por un objetivo común siempre es mejor que cada cual por separado.

Ante las elecciones, hemos arrastrado siempre la inercia de la abstención sin poner sobre la mesa los problemas sociales a tratar como la vivienda, el trabajo, los servicios públicos… Aquí es donde más diferencias hay entre la perspectiva ideológica y la visión estratégica, pues mientras lo primero, aunque es cierto que es imposible conseguir cambios profundos en las elecciones, no lleva más propuestas alterntivas y de avance que contraponer a la farsa electoral. Desde la visión estratégica, no se pone énfasis en el no votar o votar, sino en el fortalecimiento de los movimientos populares y en sacar propuestas y modelos que permitan una estrategia de ofensiva, como por ejemplo, impulsar un nuevo marco de relaciones laborales en pro de la clase trabajadora o una campaña amplia por la amnistía social. Sobre este asunto, ya se trató aquí y más adelante volveremos a ello.

Esto solo es un ejemplo de lo que puede aportar la visión estratégica, no solo en la cuestión antirrepresiva, sino que, como dije antes, también en otros frentes de lucha e incluso en las movilizaciones. Además, la visión estratégica aporta amplitud de miras y humildad, conlleva asumir una responsabilidad política y es una manera de superar el actuar por inercias. Esta manera de ver las cosas rompe con los dogmatismos basados en principios incuestionables y también constituirá el primer paso para comenzar a tratar cuestiones que derivan de esa responsabilidad política de lograr el socialismo libertario, como es la necesidad de consolidar un proyecto político sobre el cual elaborar el programa, las hojas de ruta, las líneas estratégicas, el dotarnos de estructura y la inserción social, el ser parte del movimiento popular e impulsar las luchas sociales.

En la siguiente entrega trataremos más a fondo la cuestión estratégica que va ligada a la creación de programas, proyectos políticos, hojas de ruta y modelos de estructuración de movimiento. Ir a la 3ª parte.

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