Una estrategia para construir un pueblo fuerte, más allá del colapso o del ecofascismo

El pasado fin de semana desarrollé un taller sobre los mecanismos de control empresarial en los centros de trabajo en La Garma, un espacio ubicado en Los Llanos, en medio del campo cántabro. Se trata de un lugar de resistencia y creatividad desde el mundo rural más dinámico y abierto. En La Garma se trabaja el campo, se cosecha, se experimenta con la bioconstrucción, se despliega una fértil comunidad de convivencia y se realizan actividades de formación, campamentos infantiles y juveniles, se dinamiza una escuela alternativa infantil y se desarrollan jornadas de profundización en los más variados temas sociales y culturales.

La comunidad de La Garma se centra en la convivencia y el equilibrio con el ecosistema, en la democracia directa y en la iniciativa individual y colectiva. Es uno de esos espacios rurales donde se demuestra en la práctica que es posible una alternativa ecosocial y creativa a un mundo que se está degradando en recurrentes jirones de violencia, miseria y desesperación.

Hay otros espacios como este en nuestro país. Espacios que, en ocasiones, enfrentan una fuerte represión estatal, como el pueblo autogestionado de Fraguas, en Guadalajara, que en estos momentos solicita la solidaridad de todos nosotros y nosotras para hacer frente a los gastos que su defensa judicial impone. Lugares como el pueblo de Marinaleda, en Andalucía, que, impulsado por el sindicalismo jornalero, ha desarrollado una trayectoria de décadas de autogestión.

También hay espacios urbanos animados por la iniciativa popular y la gestión comunitaria de las necesidades y deseos de las clases subalternas, como los Centros Sociales Autogestionados y ateneos populares de los barrios. Podemos citar, sólo como ejemplos entre muchos otros, el EKO de Carabanchel, el afamado Can Batlló de Barcelona, La Xisqueta de Santa Coloma, o la Escuela Popular de Prosperidad, más conocida por “La Prospe”. También podríamos hablar de los supermercados cooperativos, las redes de economía social y solidaria, las organizaciones del sindicalismo combativo, los movimientos por la vivienda y sus derivas autogestionarias (como la campaña de “La Obra Social de la PAH”), las plataformas de defensa de la Sanidad o la Educación, las asociaciones de migrantes, las organizaciones vecinales, los organismos internacionalistas de solidaridad con Palestina, Rojava o América Latina, etc., etc., etc.

Este tejido de iniciativas de base desmiente la recurrente letanía pesimista y disolvente de muchos grandes nombres de la izquierda alternativa y la ecología política (muy respetables en muchos otros sentidos) que nos intentan, una y otra vez, moralizar actuando como Casandras de un colapso inevitable y una absoluta impotencia de las clases populares.

También desmiente la absurda cabalgada en retirada ideológica de los actores del “asalto institucional” que dicen haber descubierto que la “izquierda no existe” y que lo mejor que podríamos hacer es una especie de traducción de las tesis de Laclau explicado a Bambi en el lenguaje de “Barrio Sésamo”, mientras nos entregamos, “rendido el Ejército Rojo”, a una muda admiración de “nuestros” representantes parlamentarios.

Sin embargo, no negaremos que esta trama ubicua de iniciativas no muestra también sus limitaciones a la hora de la acción social y política, como, por ejemplo, la fragmentación de las propuestas, la falta de un objetivo más amplio, la colonización por parte de la socialdemocracia de los cuadros y los anhelos personales. Pero también, y, sobre todo, la ausencia de una estrategia de conjunto.

Decía John William Cooke (un peronista de izquierda que le gustaría poco a nuestros insomnes mezcladores de Laclau con el nazi Carl Schmidt) que uno de los principales problemas de los movimientos populares es la burocracia. Pero, nos indicaba Cooke, lo que caracteriza a la burocracia no es, como se suele creer, el reformismo, la ocupación de los cargos en las estructuras partidarias, sindicales o estatales, o la cobardía, sino la absoluta falta de una estrategia para transformar la coyuntura.

Lo que caracteriza a la burocracia, por tanto, es que se limita a hostigar al poder según lo acostumbrado, actuando rutinariamente, pensando que este caerá por si sólo en un colapso que nunca llega (y cuando llega no es como se esperaba) o que, ante la proximidad de la debacle, el poder negociará con ella un acuerdo que salve a la sociedad (lo que no ocurre nunca, por el simple hecho de que el poder no tiene ninguna necesidad de negociar con quien no amenaza sus negocios esenciales).

Hay que reconocer que, en este sentido, los militantes de los movimientos sociales y sindicales de nuestro país somos mucho más burocráticos de lo que nos gustaría reconocer. Carecemos de estrategia de conjunto, de sentido de movimiento colectivo y no abundan las propuestas de ruptura y transformación de la coyuntura, sino más bien las costumbres pasivas y las loas a un pesimismo paralizante.

¿Podemos aventurar líneas para una estrategia de ruptura con lo dado, de desvío del futuro al que parecemos estar condenados? Podemos y debemos. Por supuesto, delinear una estrategia de movimiento es un trabajo colectivo, pero que debe partir de iniciativas individuales, de la energía de las y los militantes, de la imaginación, la experiencia y el deseo de las organizaciones populares, y de las mujeres y hombres que las conforman y nutren.

Esto no es una homilía, un sermón, ni una apelación a la bondad desclasada o a una espiritualidad “bonita, pero sin consecuencias”. Hace ya décadas se contaba que, en la selva de Chiapas, los indígenas que querían proponer hacer una mesa, en una asamblea, debían hacerlo con un tablón, un martillo y unos clavos en la mano. En nuestro sindicato lo tenemos en los estatutos: quien propone una iniciativa se compromete a participar en su desarrollo. Así que, si uno habla de la necesidad de una estrategia, debe proponer una, aunque sólo sea a título tentativo, de bosquejo, de primera aproximación a un debate necesario.

Ahí va, por si a alguien se le ocurre aceptar un debate sobre algo más sólido y menos evanescente, que, si “debemos querernos más”, o que, si “en 2080 iremos todos en taparrabos”, una pequeña colección de propuestas para el día de hoy. No están muy trabajadas, no son la última palabra sobre nada. Son la iniciativa de un militante “irrelevante” para muchos, “reformista” para algunos, y probablemente, “ultrarradical” para los que cuentan cuentos enternecedores a “la gente”.

1.-En primer lugar, la base de la estrategia es la inserción social, la construcción de un pueblo fuerte. Para transformar el mundo hay que organizar a las clases populares, articularlas, empoderarlas. No sirve con una vanguardia esclarecida pero alejada de las masas, ni con sustituir al pueblo por los departamentos de márketing político o las élites intelectuales. La transformación implica insertarse en las luchas de las masas, impulsar su iniciativa, su autoorganización. Moverse entre ellas “como el pez en el agua”.

2.-En segundo lugar, el objetivo político fundamental es “ganar población”, como decía Abraham Guillén. Aliarse con los sectores populares, convencer a los trabajadores. La “guerra de posiciones” es un absurdo conservador en el tiempo de las “guerras híbridas”. La participación expandida de los seres humanos es el objetivo y la principal fuente de energía. No se trata de hacer “personal branding”, se trata de crear redes de autoorganización de personas reales.

3.-La mejor forma de convencer a alguien de algo es con las orejas. Escuchar a las masas es iniciar procesos de amplio diálogo con los trabajadores y trabajadoras, con los habitantes de los barrios, con los y las cooperativistas y autónomos/as. Impulsar procesos de encuesta obrera y debates abiertos en los barrios, centros de trabajo e instituciones culturales y educativas. Investigar cuáles son los problemas inmediatos en los barrios y pueblos y los obstáculos reales y locales que limitan nuestra actividad. Desarrollar talleres y dinámicas de grupo para promover la autoexpresión y clarificación de los deseos de los trabajadores y trabajadoras. Menos clases magistrales de académicos en pleno proceso de “personal branding” y más investigación colectiva y participante de lo que está ocurriendo.

4.-La construcción de un pueblo fuerte ha de impulsarse en los espacios naturales de socialización, es decir, en el trabajo (asalariado, autónomo o cooperativo), en el barrio o municipio y en la familia (extensa). Son los espacios de los que todos y todas participamos, querámoslo o no. Retirarnos de ellos para construir burbujas en torno a ideas abstractas es una vía directa a la difusión del sectarismo, la fragmentación y las luchas cainitas. No nos vamos a poner de acuerdo sobre las formas de la abolición del Estado, sobre las dinámicas de la “subsunción real” o sobre “que vendrá tras la crisis ecológica terminal”. Pero nos podemos poner de acuerdo para intervenir en los espacios naturales de socialización impulsando dinámicas reales y concretas de autogestión, reapropiación de nuestras vidas y adaptación ecológica.

5.-El trabajo es el espacio del sindicalismo combativo y el cooperativismo consciente. El sindicalismo de combate debe expandir y reforzar sus coordinaciones locales (como el Bloque Combativo y de Clase, en Madrid, o la Taula Sindical de Catalunya), estructurar y difundir dinámicas de solidaridad con las luchas de otros centros de trabajo más allá de las siglas, buscar maneras de reconducir las fracturas (o, más bien, lejanías muchas veces inconscientes) generadas por la diversidad cultural del Estado y el “patriotismo de organización”. Multiplicar las cajas obreras de resistencia en sus distintos modelos. Impulsar medios de comunicación del conjunto del movimiento obrero y aceptar participar en los debates que se planteen en otras organizaciones.

Por otra parte, se deben constituir “Consejos Productivos Locales” en los que estén representados los sindicatos combativos, las redes de economía social, los centros sociales, las plataformas en defensa de los servicios públicos y las organizaciones de parados y migrantes. La función de estos Consejos es investigar la estructura productiva local, las vías de expansión de la actividad autogestionaria e impulsar la solidaridad entre los distintos pilares de una nueva, pero real, economía social, ecológica, feminista y bajo control de los trabajadores y vecinos.

En el campo, habría que construir organismos comarcales y regionales de coordinación de los sindicatos de trabajadores agrarios, las iniciativas autogestionarias y las comunidades y ecoaldeas. Generar bancos comarcales de recursos (semillas, maquinaria, trabajo voluntario, etc.) para coordinar dinámicas de apoyo mutuo.

6.- En barrios y municipios habría que impulsar asambleas vecinales recurrentes, articular redes de centros sociales e iniciativas culturales, experimentar con mecanismos de financiación colectiva (cooperativas de crédito, banca ética, redes de apoyo mutuo…). Federar y sostener las plataformas de defensa de los servicios públicos, impulsando la investigación de alternativas de gestión comunal-comunitaria, con participación de los trabajadores y usuarios. Defender la remunicipalización de los servicios privatizados. Impulsar el tejido económico autogestionario y cooperativo local mediante la creación de Mercados Sociales. Crear medios de comunicación centrados en el entorno. Ya sabemos que todo esto ya se hace, en una medida u otra, se trata de impulsar la articulación de las experiencias, conformar redes aún más amplias, ligarlas al mundo del sindicalismo y de la lucha ambiental, construir una trama organizada de pueblo en movimiento.

7.-Defender la familia libre y extensa, es decir, superar la deriva a una vida individual aislada y a la familia nuclear (egoísmo a dos) que ha promovido el capitalismo. El feminismo tiene mucho que decir sobre esto. Primos y primas, amigos y amigas, examantes, hijos e hijas, parejas en todos los modelos, comunidades de convivencia, vecinos y vecinas…tramas, diálogos, riqueza de relaciones, apoyo mutuo. Rehacer la familia desde un modelo rizomático en resistencia frente al aislamiento y el autoritarismo. Debatir sobre esto, multiplicar las iniciativas de apoyo mutuo, exigir ayudas sociales para los nuevos modelos de familia y de convivencia. Abrir espacios autogestionados para el bienestar de los menores y dependientes.

8.-Y, sobre todo, contar lo que hacemos. Hablar de ello. Hacer Congresos y Encuentros de la economía popular, el sindicalismo combativo y las iniciativas territoriales. Impulsar los medios de contrainformación. Desbordar el mundo de las organizaciones estructuradas entorno a ideas abstractas y contaminarnos mutuamente desde la práctica de masas. Caminar hacia un gran Congreso del Pueblo, como doble poder, productivo, sindical y territorial, capaz de construir un futuro que convierta al previsible colapso del capitalismo en el inicio de una sociedad del común y la libertad.

Casi nada. Quizás me he puesto demasiado lírico. Pero no basta con “querernos”, con “hacer iniciativas de huertos locales” o con “abandonar la idea de la izquierda y votar” a alguien difuso y confuso. Hay que tomar cartas en el asunto. Todas juntas.

José Luis Carretero Miramar para Kaosenlared

Una estrategia ganadora necesita de llevar la iniciativa

Nadie pensaría que unos humildes agricultores de arroz ganarían una guerra contra el imperio. Si bien la victoria es digna de ser celebrada, los crímenes contra la humanidad cometidos por los yankees es imperdonable. Pero esta vez no vengo a hablaros de la sangre derramada, sino otra vez sobre estrategia, concepto clave y básico para lograr los objetivos que nos propongamos.

Si habéis jugado a cualquier juego de estrategia, os deberían sonar el concepto de iniciativa. Llevar la iniciativa en el plano estratégico implica que un actor o varios son los que marcan el ritmo del juego del resto de fuerzas. En el plano político el concepto es similar. Cuando uno o varios actores políticos son capaces de influir en la agenda y opiniones públicas, desplazar el centro de los debates hacia sus propios discursos, y hacer que la oposición se mueva en tu terreno, diremos que los primeros llevan la iniciativa.

Lo contrario a la iniciativa es la inercia, que describe a aquellos actores que se mueven por los ritmos marcados en vez de llevar unos propios. En otras palabras, éstos permanecen latentes hasta que reciben un estímulo que los lleva a movilizarse. Gran parte del activismo en el plano estratégico son movimientos por inercia, ya que se dejan llevar por la coyuntura: si prolifera el turismo depredador en verano, se hacen campañas contra el turismo; si VOX convoca un acto en tal barrio se convoca una contramani allí o allá; si ha hecho un mes caluroso, hacer una campaña contra el cambio climático… No obstante, la inercia significa la existencia de una oposición y es importante tenerlo en cuenta ya que tiene el potencial de articularse más allá del mero activismo. Una tercera posibilidad que se plantea es la pasividad. La pasividad se describiría aquí como la ausencia de reacción y deja vía libre a cualquier cambio que se le presente.

Volviendo con los ejemplos concretos, la actual izquierda y el antifascismo es un actor totalmente reactivo, mientras que tras el 1O la ultraderecha está ganando la iniciativa en el plano político y mediático. Si bien es sabido que España tiene un Estado profundo franquista, el hecho de que los temas de debate en la opinión pública giren en torno a Vox así como su cobertura mediática, hace que estén en una posición de ventaja. Mientras tanto, la izquierda se encuentra a rebufo de los temas de debate y actos marcados por Vox (legalización de las armas, carpas de campaña, violencia de género, LGTBi…), con el contra y el anti por delante y corriendo a donde montan los actos.

Sin embargo, la relación cambia al hablar del movimiento feminista, que ha sabido poner su discurso y reivindicaciones en la agenda pública haciendo que la derecha se escandalice y comience a hacer mansplaining hablando de feminismo liberal, porque en temas de género se han visto superados por el momento y necesitan una respuesta. En este caso, podemos decir que el movimiento feminista ha llevado la iniciativa al obligarles a tenerlo en cuenta. En su día, Podemos también tuvo la iniciativa a nivel mediático al llevar la centralidad del debate y la opinión públicas hacia la izquierda, que lo acabaron perdiendo ya que fue prácticamente un cascarón vacío, es decir, no existía un respaldo en las calles que sostuvieran sus discursos.

¿De dónde viene la iniciativa y la estrategia? Estos conceptos cobran sentido cuando hay un proyecto político y un programa detrás que marca una serie de objetivos a lograr. Recordemos que la estrategia es la planificación de una serie de tácticas para alcanzar dichos objetivos, y para llevar la iniciativa es necesaria un buen análisis y plan estratégico. Este proyecto político aún por construir debe servir para afilar las puntas de lanza de los movimientos sociales, para que pasen de ser reactivos a tener capacidad para llevar la iniciativa.  En otras palabras, ganaremos una posición más ventajosa cuando llevemos la iniciativa en todos los ámbitos sociales y políticos, y ellos reaccionen a cada movimiento que hagamos pasando a una posición defensiva.

El suelo que compartimos

Acudí hace unas semanas a una presentación de Miquel Amorós en Madrid, cuya transcripción aproximada puede encontrarse aqui. La he releido y me parece, en líneas generales, un buen análisis, muy resumido, de cierto recorrido histórico del capitalismo que nos ha llevado hasta la situación en que vivimos. Eso a pesar de mis diferencias con algunas de las propuestas estratégicas que se derivan del mismo.

Efectivamente, el triunfo del capitalismo fue un triunfo moral. El grado de bienestar logrado para una mayoría social en el primer mundo desarmó cualquier respuesta socialista allí donde estaba más organizada. El capitalismo sedujo con mercancías a la mayoría de la población trabajadora del norte global a costa de acelerar el ciclo de consumo, es decir, de expoliar los recursos del planeta y a tres cuartas partes de su población. Triunfaba así el relato capitalista y se filtraba incluso en las conciencias y los ideales de las personas trabajadoras y las organizaciones de la izquierda, algunas de las cuales viraron irremediablemente hacia la aceptación y gestión de lo existente. Las que no entraron por ese aro (es importante también señalar su papel) fueron derrotadas y se volvieron minoritarias de forma más o menos progresiva, manteniendo discursos que nunca lograron cautivar a mayorías. Es dificil aplicar aquí la brocha gorda. Probablemente, la incapacidad de trazar estrategias conjuntas que apuntasen a la línea de flotación del capitalismo fuese una cuestión que se dirimía en cada conflicto, en cada huelga, en cada decisión política. No obstante, podemos encontrar aspectos comunes que nos remiten a la falta de objetivos colectivos y de una política de alianzas que frenara el enfrentamiento interno en la izquierda.

También el capitalismo jugó bien sus cartas. Supo por ejemplo ocultar el reverso de la sociedad de consumo, un reverso que para Amorós se concreta en: «desigualdad en aumento, enseñanza retrógrada, autoritarismo estatal, patriarcalismo, discriminación de minorías, sobreexplotación de la mano de obra inmigrante, mercantilización del vivir, etc«. A esos aspectos, algunos de los cuales quizá no sean los más relevantes, habría que añadir, al menos, la deslocalización de la producción y de la guerra (en sus términos más crudos).

La piedra de toque de todo este entramado era el crecimiento económico en el primer mundo, apoyado sobre unas bases dificilmente intercambiables: los combustibles fósiles con un alto retorno energético y el desarrollo tecnológico. Sin ello, el castillo de naipes caía, el bienestar se tambaleaba, la desregulación se volvía inevitable, la precariedad (nunca desaparecida) emergía, la desigualdad se generalizaba… En palabras de Amorós, «se inauguraba una época caracterizada por la desvalorización de la fuerza de trabajo y la destrucción del territorio: el descenso de los salarios, el trabajo precario, la pérdida de derechos sociales, la alimentación industrial, las grandes superficies comerciales, la urbanización salvaje, la construcción de autopistas, et turismo de masas, etc., fueron sus rasgos más relevantes. La lógica especuladora y depredadora, típica de las finanzas, se extendió a la producción, a la distribución y a la explotación del territorio. Con las políticas monetarias que desincentivaban el ahorro, con el incremento de la deuda pública y con el crédito a espuertas, se quiso compensar la caída de la inversión privada y la congelación de los salarios. La crisis pudo disimularse un tiempo, pero solo para volver a manifestarse en estos últimos años gracias al estallido de las “burbujas” inmobiliarias y financieras, a las bancarrotas de algunos estados y a los grandes agujeros bancarios«. Lo que no fuimos capaces de hacer entender a una mayoría (aún no lo hemos sido) es que sobre unas bases que exigen un crecimiento ilimitado nunca ha sido posible construir un futuro, sólo un presente depredador: El crecimiento nunca puede ser infinito. El objetivo es construir una sociedad justa, igualitaria, solidaria, libre y del bienestar, sobre unas bases radicalmente distintas: sostenibilidad ecológica, producción socialista, escala humana, comunidades cuidadoras, confederalismo, feminismo, libertad individual, democracia social y económica… O, en palabras de Amorós, «un mundo justo, libre, igualitario, equilibrado, solidario y autogestionado«.

Lo que no fuimos capaces de hacer entender a una mayoría (aún no lo hemos sido) es que sobre unas bases que exigen un crecimiento ilimitado nunca ha sido posible construir un futuro, sólo un presente depredador: El crecimiento nunca puede ser infinito.

En lo estratégico, Amorós propone lo siguiente: «El órgano vertical de la dominación de clase ha de ser criticado en la práctica por organismos horizontales paralelos que atiendan no solo a las necesidades de la información y la lucha, sino a la subsistencia, como por ejemplo los relativos a la ocupación de viviendas, la producción de alimentos y energía, la asistencia médica y jurídica gratuitas o la enseñanza desescolarizada«. No obstante, reconoce que para ello son necesarios amplios movimientos autogestionarios que, en la práctica, «nunca superaron al estadio informal«. La cuestión esencial está entonces en cómo lograr que surjan o se consoliden esos movimientos fuertes y con instituciones propias para enfrentar al modelo de sociedad que promueve el capitalismo.

¿Cómo construimos un movimiento amplio y fuerte que camine hacia este objetivo? No nos sobran aliados. Es imprescindible participar en los espacios de movilización y de lucha de nuestra clase: Conflictos sindicales, huelgas, luchas en defensa de los servicios públicos, luchas por equipamientos en pueblos y barrios, luchas en defensa del territorio… Cuando se participa con ánimo constructivo en esos espacios de lucha, se genera cercanía y se está construyendo conciencia de clase. Es más, es ahí donde los anarquistas podemos disputar y argumentar a favor de nuestra línea política: poner la gestión de lo común en manos de organismos populares (que cabría que definir más detalladamente) antes que en manos de empresarios o burocracias estatales. Lograrlo nos permitiría tener a nuestra disposición (es decir, a disposicion de la gente trabajadora) instituciones no sólo de subsistencia: Instituciones de vida y cuidados para la transformación radical de la vida. Debemos aspirar por tanto no sólo a construir espacios de autogestión, sino a gestionar las empresas y los servicios públicos. Todos esos servicios que son reconocidos y defendidos por buena parte de nuestra clase, como la sanidad, la educación, el transporte, las bibliotecas, los parques y jardines… organizados de manera solidaria y democrática.

Alguien podría ver una oposición entre medios y fines entre la defensa de los servicios públicos y la construcción de movimientos populares revolucionarios. Esa oposición no existe, más allá de la visión dogmática que asocia lo público con lo que es propiedad del Estado y lo autogestionario con lo que es de todas las personas. Lo primero es claramente falso, ya que lo público tiene que ver más con los usos que con la propiedad. Nadie habla de cuarteles públicos o llama público al Palacio de la Zarzuela. Públicas son las plazas, las escuelas, los hospitales… Incluso los bares se consideran espacios públicos aunque la propiedad sea privada. Pero lo segundo es aún peor: confundir deseos con realidades. Las escuelas autogestionarias no cubren hoy las necesidades de una mayoría de la sociedad, y no son por tanto espacios comunitarios. Es la escuela pública quien cubre esa necesidad con muchas dificultades, en algunos casos incluso con prácticas pedagógicas transformadoras. Defender que la mayoría de la población pase a autogestionar su escuela u otros servicios garantes de derechos sin una reflexión profunda sobre las estructuras y los modos de vida actuales, y sin un proyecto mucho más trabajado y concreto de transición, es entregarse a fantasías. Lo es más aún creer que, de hacerlo aquí y ahora, la población autoorganizada va a optar sin más por metodologías radicalmente democráticas, feministas, ecologistas o de algún modo liberadoras en la gestión y los contenidos. Eso sería posible quizás con una población consciente y movilizada, cosa que no se logra únicamente deseándolo, sino actuando (de forma constructiva) dentro de los frentes de lucha de nuestra gente, las personas trabajadoras.

Para la mayoría de la sociedad, los servicios públicos son aquellos que dan cobertura a cualquiera, y muchas personas aspiran a convertirlos en lo más receptivos que sea posible (de ahí las demandas de universalidad en, por ejemplo, la sanidad) y lo más democráticos en su gestión. Tampoco a nivel individual podemos renunciar a la cobertura que nos aportan la sanidad u otros servicios públicos que en gran medida construimos como clase (aunque su gestión esté en manos del Estado). Desde la humildad que confiere el aceptar esta realidad es mucho más sencillo relacionarse con el resto de la izquierda y la mayoría social para construir movimientos fuertes y transformadores. Una propuesta flexible que integre la defensa de lo público con la gestión directa en manos de la comunidad no sólo tiene mayores oportunidades de prosperar, también permitiría trazar una política de alianzas con otros actores de la izquierda y, desde nuestra línea política, proponer la toma de servicios para que pasen a manos de la comunidad. Del mismo modo, una política sindical en las empresas que provean servicios útiles debe encaminarse a poner la producción en manos de los trabajadores y al servicio de la sociedad.

Para la mayoría, la lucha por la gestión directa de los servicios públicos, como tantas otras luchas tildadas de ciudadanistas, no es un intento de humanizar el capitalismo, es una demanda de los trabajadores en línea con lo que los libertarios siempre hemos defendido: la construcción de instituciones populares radicalmente democráticas.

Cuando Amorós tilda a todo esto de ciudadanismo o gestión del capitalismo no hace sino insultar y enfrentarse a nuestros potenciales apoyos, un análisis que nos dirige a una travesía por el desierto en busca de un oxímoron: sujetos revolucionarios acordes al dogma y que al mismo tiempo sean amplios y fuertes como para tener capacidad transformadora. En ese desierto, que algunos hemos recorrido de cabo a rabo, sólo encontraremos idealizaciones múltiples, desánimo y huidas hacia adelante. Ya hay muchas dificultades en la búsqueda de una transformación social revolucionaria como para hacernos trampas al solitario. Para la mayoría, la lucha por la gestión directa de los servicios públicos, como tantas otras luchas tildadas de ciudadanistas, no es un intento de humanizar el capitalismo, es una demanda de los trabajadores en línea con lo que los libertarios siempre hemos defendido: la construcción de instituciones populares radicalmente democráticas. Son esas instituciones las que pueden darnos la oportunidad de construir una vida sin capitalismo.

Aportemos a las luchas de nuestra clase desde nuestra postura: la de construir un ecosocialismo democrático, confederal y feminista. Si lo hacemos con una perspectiva constructiva y en positivo, los frutos superarán la frustración y la incapacidad que nos ha caracterizado durante demasiado tiempo. La urgencia del momento nos lo exige.

[Colombia] La consigna libertaria es no olvidar el año viejo

Una de las grandes deficiencias que tienen los círculos libertarios en Colombia ha sido la falta de sistematicidad, de trazar objetivos y poder evaluar su cumplimiento en un futuro, así sea para hallar los puntos clave donde empiezan a generarse los errores o aciertos de nuestras posturas. Precisamente, la parte de balances es importante para ello, y no se le ha dado la importancia suficiente, por un lado, por guardar estos análisis en los círculos más íntimos militantes, o simplemente quedan en el aire y no logramos aterrizarlos, para su comunicación y debate, dejando morir en el olvido interesantes análisis que se quedan en una conversación informal. Aquí, un breve y humilde aporte a esa labor que parece que, desde diferentes ópticas y miradas, ya venimos dando en el país. Por supuesto, no se intenta hacer un trabajo personal de reflexión, sino de recoger muchos apuntes que se han construido colectivamente en esas informalidades, pero que a lo mejor con un poco de mayor difusión podemos conectar nodos para caminar con una paso más firme y ligero.

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“el anterior año fue de los más trágicos en una guerra perpetua que, parece ser, la elite no quiere acabar contra las pobres”. Foto: Contagia radio

 

Que deja el año viejo:

Un año violento para el pueblo:

Lo primero es realizar un balance de lo que fue el 2017. Por un lado, y bajo una lupa puesta en las manos de los movimientos sociales y las desfavorecidas del país, el anterior año fue de los más trágicos en una guerra perpetua que, parece ser, la elite no quiere acabar contra las pobres. Los saldos oficiales de lideres sociales asesinados fluctúan entre los 100 y 1301, aunque desde diferentes organizaciones de derechos humanos advierten que el número es mayor2, sobre todo si tenemos presente los asesinatos de defensores de derechos humanos, ex-combatientes de la insurgencia, activistas medioambientales y familiares o personas cercanas a todos estos. En ese aspecto, esto no es otra cosa que la consolidación de una estrategia de la elite santista, que a pesar de su retórica pro-paz, su estructura militar, burocrática y partidista se encuentra aún sumida dentro de la lógica guerrerista más retrograda: las amenazas, torturas y desapariciones siguen siendo pan de cada día.

Al cierre del 2017, un ejercicio certero desde el campo libertario, y en general de la izquierda, es empezar a asumir la posición oficial del gobierno respecto al tema: de un lado, actores como la fiscalía, el senado o el propio presidente no se refieren al tema más que como un “efecto secundario” de los diálogos, reduciendo las denuncias a un par de cortas palabras y pasando de agache con uno que otro paño de agua fría; pero de otro lado, el ejército, ministerio de defensa y las bancadas ultra-derechistas son más ofensivas en sus discursos, bien disminuyéndolos a simples líos de faldas y problemas de linderos (como lo expresa el jefe de las fuerzas armadas Luis Carlos Villegas) o justificándolos en cierto grado, incluso, actuando en aparente descordinación con lo planteado desde una posición derechista más “progresista” en tema de resolución social de los conflictos, que son solo palabras frente a la reorganización de las fuerzas armadas para el 2018, con un altísimo grado de establecimiento de batallones microfocalizados y fuerzas de tarea especializadas, dentro del llamado “Plan Estratégico Militar de Estabilización y Consolidación ‘Victoria’”3, redoblando el pie de fuerza en lugares donde históricamente la violación de derechos humanos ha sido una constante. Esto no es una mera táctica de desatinos oportunistas o palabras mal ubicadas: es el discurso oficial que construye y mantiene el régimen respecto al genocidio en la Colombia profunda de quienes se organizan en defensa de los intereses de las personas de abajo. Es importante superar el discurso que ha optado la centro-izquierda y los jefes políticos de la antigua insurgencia y hoy partido político legal de las FARC, donde a pesar de la abierta guerra declarada desde los mandos altos militares con su mirada puesta en otro lado, mantienen bajo la política de “cordialidad” y “no darse duro contra el enemigo” un discurso de “respeto y admiración”, incluso de ingenuidad, hacia el aparato militar-paramilitar del Estado (como en el saludo de Timochenko a las fuerzas militares, desconociendo que la lógica contrainsurgente de estas ni siquiera ha menguado4).

Ante esto, diferentes organizaciones campesinas, indígenas y afro han optado por, de un lado, no confiar en el supuesto copamiento estatal de las zonas antes controladas por las FARC, porque o bien las fuerzas militares entran con un sentimiento revanchista y de venganza (como la región de la Macarena), o simplemente dejan abiertas las puertas a la entrada de grupos paramilitares. La comunidad de paz de San José de Apartadó es una muestra clara de ello: en vísperas del fin de año, 4 paramilitares fueron detenidos por la comunidad cuando cumplían la misión de asesinar a uno de los líderes sociales del territorio, y a pesar de las advertencias que ya se habían hecho, el discurso del ejército y la gobernación de Antioquia es que dichos sicarios políticos eran “bandidos comunes” que iban a robar un supermercado, a pesar de las múltiples pruebas, y finalmente fueron dejados en libertad5. Esto no solo refuerza lo que ya se ha venido diciendo, sino que nos muestra la respuesta natural de las comunidades frente a la avanzada paramilitar de los territorios, en consonancia con la omisión (pero no inacción) del Estado: si bien la mayor parte de los movimientos sociales no están dispuestos a replicar la guerra bajo las lógicas que impartían en antaño las insurgencias, la defensa del territorio de las comunidades es algo que ya no puede descansar el manos del gobierno y son los mismos pobladores organizados quienes van, generalmente de manera pacifica pero contundente y organizada, desarmando a grupos paramilitares, militares e incluso a insurgencias que desafían el poder popular construido por las mismas comunidades, esto último vislumbrado sobre todo en el caso del extremo militarismo del EPL (supuestamente maoísta) en el Norte del Cauca.

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“la defensa del territorio de las comunidades es algo que ya no puede descansar el manos del gobierno”. En la imagen, militares detenidos por la guardía indígena de Nariño, luego de realizar incursiones no deseadas por la comunidad en territorio ancestral. Foto: La FM

 

Y lo anterior en el año 2017 fue historia, de abajo y sin grandes titulares, que sin embargo va marcando unos antes y después en determinadas veredas, resguardos y municipios: el desarme del ejército en Corinto (Cauca), las incautaciones al Ejército Popular de Liberación y disidencias de las FARC en Caloto y Toribío (Cauca), la captura de paramilitares en Apartadó (Chocó), el establecimiento de nuevas guardias campesinas, afros y populares en departamentos como Cauca, Tolima, Valle y Putumayo, la unión multicultural en defensa del territorio en el Catatumbo y Chocó, entre otras experiencias similares. En conclusión: de forma espontánea, a pesar de las equivocadas lecturas de aquella izquierda seducida por el discurso santista, el pueblo va cada vez asumiendo la defensa de su territorio, cosa que tarde o temprano chocará contra el monopolio de la fuerza terrateniente y gamonal que se mantiene en el país, tal como ha venido pasando por ejemplo en Túmaco. No sobra anotar que en esta parte el anarquismo militante ha estado más o menos ausente, y se requiere entender la lógica de la territorialidad como un eje fundamental programático para una certera apuesta por el establecimiento de proyectos políticos de carácter comunitarios y asamblearios, incluso, que abren las puertas hacia la discusión de Estado, el militarismo y la verticalidad dentro de los mismos movimientos sociales, sobre todo en un país como Colombia, donde las insurgencias han tenido una base social impresionante pero han impuesto su propio lógica a estas.

En el aspecto legislativo, a pesar de la supuesta esperanza que se asumían con los diálogos de paz, por ejemplo, respecto a participación política y distribución de la tierra, la ofensiva contra el pueblo no paró. Muchas de las zonas que se negociaron en La Habana y que se iban a dar a los antiguos guerrilleros, así como a familias sin tierra, se han embolatado en proyectos productivos que no han tenido plena financiación, repercutiendo incluso en el abandono de ex-combatientes de sus zonas veredales a causa de la desilusión6. Esto se suma a la ya avanzada de los ejércitos paramilitares anti-restitución, promovidos por terratenientes de diferentes regiones, mientras la legislación de entrega de tierras se encuentra lenta o su ejecución directamente frenada. En vía de ello, la supuesta apertura democrática negociada con las FARC fue pateada por el congreso de la república, no solo por la bancada de extrema-derecha sino por la desidia dentro de los mismos partidos oficialistas, quienes con macabras jugadas legislativas tumbaron la propuesta de entregar 16 curules a los movimientos de víctimas de los municipios que más sufrieron el rigor de la guerra en el país. Como se verá más adelante, a pesar de lo lamentable de la situación, da pie a experiencias democráticas en dichos territorios que pueden ser favorables a posturas libertarias, dada la desesperanza que invade a los movimientos agrarios que pierden cada vez más la fe en el supuesto camino trazado que dejó las negociaciones con la insurgencia, pero aumenta la confianza en la propia organización popular (un poco perdida en varios aspectos, bajo el establecimiento vanguardistas de algunas insurgencias, cuyo diálogo con los actores sociales si correspondía con una lógica militarista de arriba/abajo-ejército/pueblo).

Y a parte de la legislación meramente parlamentaria, dentro de los movimientos sindicales también queda un precedente gravísimo con respecto a la huelga de pilotos de Avianca, donde a pesar de ser una manifestación que contó con una fuerza increíble (siendo la huelga aérea más larga en la historia del país), finalmente fue declarada ilegal, por supuestamente, estar vinculada a la prestación de “servicios públicos”, a pesar de ser eminentemente operada por particulares, y peor aun, particulares históricamente aliados del paramilitarismo como el dueño de la aerolínea, el señor Eframovich. Esto marca un precedente dentro de un movimiento sindical que cada vez da más pasos atrás, por ejemplo, con la pasividad que se asumió el año pasado el paupérrimo aumento del salario mínimo (escenario que se repitió de nuevo para este año) y el ataque a los bolsillos de los pobres que significó la reforma tributaria; en suma, todo ello, parece que la da ciertas ventajas judiciales y de precedentes a la ya poderosa patronal de Colombia.

Las fuerzas alternativas:

En la arena de la izquierda, como se puede entender en un año preelectoral, el establecimiento de alianzas fue el derrotero. Quedan ya marcadas para la contienda electoral 3 posiciones: primero, una complicada alianza anti-corrupción del Polo Democrático, la Alianza Verde y Compromiso ciudadano, que recoge desde las posturas centro cercanas al derechismo civilista (Sergio Fajardo) hasta la izquierda socialdemócrata (Jorge Robledo); segundo, de la izquierda, encabezada por el controvertido Gustavo Petro (movimiento Progresistas) y Clara López (antigua líder del Polo Democrático que viró hacia el ministerio de Trabajo de Santos), secundados por varios movimientos, entre ellos la Unión Patriótica (paralela al Partido Comunista); y finalmente, el movimiento político de las FARC, que ha renunciado a las alianzas con la confianza de las 10 curules legislativas ya aseguradas en La Habana y que le apuestan a cierta relevancia electoral en la presidencia, y sobre todo, en la cámara de representantes desde las regiones donde ha tenido presencia o ganó simpatía con las movilizaciones en defensa de los diálogos de paz en el 2016.

También se hace necesario hacer un balance de las negociaciones entre el gobierno y el Ejército de Liberación Nacional, cuyo mayor logro en el año fue un cese al fuego para cerrar el mismo. Los avances han sido difíciles, de un lado, porque el ELN se ha fortalecido en regiones como el Cauca y Chocó, estratégicos por su pasado bajo el dominio de las FARC y que confrontan trincheras con el paramilitarismo, y de otro, porque dado los incumplimientos del gobierno con lo pactado con las FARC, el ELN no parece querer arriesgar, postura jalada por el sector considerado más “ortodoxo” e influenciado por el Frente de Guerra Oriental, que ha extendido su estrategia a otros frentes, aunque si bien, realmente el crecimiento dentro de una estrategia nacional es más bien corto respecto a lo que se esperaba con los “farianos” que no querían dejar las armas.

El balance a la derecha:

Finalmente, dentro del bloque dominante, el 2017 ha marcado la dinámica bajo la batuta pre-electoral también. Sin embargo, y contrario a otras veces, no son claras las alianzas, sobre todo por juegos de caudillismos y cálculos. El sector santista, que hasta ahora tenia cierto control político en el aparato estatal, entró en crisis tras la salida de Cambio Radical de la Unidad Nacional y los continuos escándalos de corrupción, lo que le ha puesto fecha de vencimiento a ese proyecto, que se ha dispersado sobre todo dentro del Partido Liberal, con la figura mediática de Humberto de la Calle, político tradicional que sin embargo ha recogido a una parte pequeña de la izquierda para su candidatura presidencial. La ultraderecha sin embargo está dividida: no ha podido consolidarse una postura entre los conservadores, el uribismo y sectores más independientes vinculados con el ultra-catolicismo, sobre todo porque no se han logrado consolidar los referentes y existen ciertas rupturas internas (como en el Uribismo, entre el sector ganador de la consulta de Iván Duque y el ala más radical de José Obdulio Gaviria); sin embargo, es muy probable que está alianza llegue a buen puerto, lo que deja en alerta tanto a la izquierda que está en disputa electoral como los movimientos sociales que han centrado su accionar en la movilización. Pero si el 2017 ha dado una sorpresa ha sido el lanzamiento al ruedo de Cambio Radical, un partido que venia acumulando casi en silencio un poderoso aparato electoral regional y fuerza política con la táctica del camaleón dentro del santismo, y que, con condiciones más propicias para lanzarse al ruedo solos, abandona el barco que durante 8 años ayudó a conducir. Vargas Lleras se lanza, si bien por firmas, con el aval de toda esa maquinaria con terrible fuerza en la costa Caribe y el centro del país, y a pesar de los escandalosos casos de corrupción de sus representantes electos, va en firme para una eventual segunda vuelta electoral en el 2018. Estas diferencias dentro de la derecha y los sonados casos de corrupción, hacen que una batalla entre izquierda y derecha se pueda dar, como no la ha habido desde el 2008 (y prácticamente nunca en la historia del país), aunque puede perderse la oportunidad con la división de la izquierda.

Un año que viene:

Elecciones y elecciones:

Como se ha hecho evidente, el reto coyuntural y táctico del 2018 será abordar el tema electoral. Claro, no bastará simplemente repetir de forma vacía la consigna anti-electoral de “el voto no sirve y la lucha sí”, si los sectores libertarios no evidenciamos, dentro del amplio espectro del campo popular, que efectivamente estamos a la altura histórica que requiere la lucha, y por sobre todo, que esa lucha da resultados. Así, el debate habrá que darlo desde las aristas que nos sean más favorables, que puedan recoger el amplio de los sentires de abajo pero que se puedan viabilizar en alternativas de resistencia, que trasciendan la coyuntura y se conviertan en un verdadero camino estratégico de mediano plazo.

intencion-voto

El 2018 será un año electoral, y el gran reto para el movimiento libertario inscrito dentro de la lucha social es lograr mantener la independencia mientras se acumulan fuerzas que no se vayan con la coyuntura.

Queda claro también que una postura en el 2018 frente a las elecciones parte de una gran claridad política, ya que no es extraño (como pasó en el plebiscito del 2016), que el miedo a la avanzada derechista lleve a varias compañeras a votar o incluso hacer campaña abierta por algunas de las alternativas, y tal cual como lo repite la socialdemocracia cada 4 años, “hay que ganar porque es mucho lo que está en juego”. Precisamente, las alternativas de verdadera transformación se cierran si se piensa que dentro de la Coalición Colombia hay una propuesta que, si bien su punta de lanza es la lucha contra la corrupción, no logra consolidar un programa mínimamente antineoliberal y mucho menos anticapitalista; de otro lado, dentro de la lista de la decencia de Petro y Clara López, esta última representa un sector oportunista y peligroso infiltrado dentro de la izquierda, que ante los mínimos coqueteos burocráticos cede sus supuestos principios por un cargo de verdugo contra las de abajo, legislando contra las trabajadoras como lo hizo López en el ministerio de Trabajo; y finalmente, las FARC parecen ensimismarse cada vez más en ellas mismas, producto de equivocados cálculos políticos, donde la práctica (y ciertas posturas ambiguas) les terminarán acorralando a sumarse a la campaña de De la Calle, bien sea directamente o indirectamente, pues es muy difícil que alguna de las otras candidaturas “alternativas” les quiera recibir. Así, el reto es saber expresar estas desconfianzas en los movimientos sociales, si bien tampoco reduciendo el mensaje al “no votar”, ni tampoco colocándolo como barrera comunicativa. Una postura que nos puede ser de utilidad es no colocar la contradicción del voto-no voto, sino precisamente dedicar las fuerzas a articular las luchas, de un lado, para darle énfasis a que es ahí donde se resuelven de fondo los problemas y bajo los ritmos que se decidan abajo, y de otro lado, que puede prepararse para enfrentar un gobierno de derecha o mantener la independencia de un gobierno progresista. Para ello, es preciso recurrir al “encontrarse desde la lucha”, donde se hace necesario mantener las lógicas de articulación, lectura de actualidad y proyecciones de todos los escenarios, donde lo trascendental no sea el voto, sino la fuerza e independencia que tengan aquellos movimientos populares cuyas prácticas se han venido intersectando con las nuestras.

Una propuesta estratégica:

Esto se puede materializar aun más para el largo plazo con la ola de consultas populares medioambientales que se han dado en el país, y que han logrado ser punto de encuentro de movimientos sociales, procesos de pobladores, campesinos, indígenas, afros, ecologistas y colectivos independientes, y puede desafiar el modelo minero-energético a la vez que no deja perder todas las fuerzas en la dinámica electoral, muy a pesar de que no tengamos la fuerza suficiente para que ello termine pasando.

“¿Será una combinación territorial-medio ambiental la estrategia que marcará un trabajo libertario como actor político de peso en el país?”. Foto: Revista semana

Pero no es gratuito que se plantee la lucha contra la gran minería y la extracción de hidrocarburos como un punto de partida para dar un debate a nivel nacional, sino que precisamente recurrimos a aquello que ya nos hacia mención Murray Bookchin desde hace décadas: el capitalismo internacional va situando sus contradicciones cada vez más en declive del planeta contra el consumismo desenfrenado, donde una sociedad ecologista y libertaria no será ya una utopía de minorías militantes, sino una necesidad de supervivencia para los pueblos. Esto parece ser una preocupación central si analizamos coyunturas regionales en el año anterior, como los bloqueos al relleno sanitario doña Juana y el paro de la cuenca del río tunjuelo en Bogotá, así como las movilizaciones en defensa de los páramos en el Tolima o Santander, solo por citar unos ejemplos. No es de extrañar que esto se agudiza más con el escenario del posconflicto, donde las puertas de la mayoría de las grandes bioreservas nacionales quedaron abiertas tras la salida de las FARC como agentes armados, y que ya se ha saldado con el inicio del ecocidio en regiones como la serranía de la Macarena. Así, si lo pensamos, los conflictos socio-ambientales representan el nodo que puede articular diversas luchas, como las ya mencionadas respecto al ejercicio de control territorial de las comunidades (donde las guardias populares no solo tendrán que afrontar al paramilitarismo, sino también la entrada de multinacionales, si bien ambos aliados), y en la otra cara, recurre a un tema de importancia central para diversos movimientos sociales y personas desposeídas que aun se encuentran alejadas, por ignorancia o fastidio a la vieja izquierda, de la lucha popular, pero que tienen una preocupación ambiental. Esto además de ser un escenario donde resalta el abandono de las principales fuerzas de izquierda, quienes ahora enfilan militancia dentro de las urnas y que, como pasará en muchos casos, luego de salir “quemadas”, querrán volver a vincularse a las movilización más actuales y con resonancia. ¿Será una combinación territorial-medio ambiental la estrategia que marcará un trabajo libertario como actor político de peso en el país?

Primero, organizar la casa:

Pero para consolidar una estrategia de dicha envergadura, no falta con diversos colectivos o militantes libertarios dispersos, sino que se hace necesaria la articulación libertaria. No es de extrañar a estas alturas, que así como la izquierda y la derecha llegan al escenario pre-electoral divididas, con cierta mofa, podamos hablar de que las libertarias llegamos al escenario pre-anti-electoral también divididas, y casi que por las mismas razones de personalismos y falta de voluntad, pero también, para ser críticos, por la falta de criterio político para establecer una linea común de trabajo, muy insuficiente en anteriores espacios de encuentro. En ello, quedan dos retos:

Primero, lograr establecer esos “objetivos” en común, es decir, como mínimo, que en el 2018 podamos, en el encuentro de la lucha y desde abajo, establecer metas comunes a pesar de no caminar estrictamente juntas, lo que podría dar pasos para en un futuro no tan lejano lograr establecer al movimiento libertario como un referente dinámico e importante dentro del campo popular colombiano. Se hace necesario que los espacios de encuentro sean lo más aterrizados posibles, y recurran incluso a ciertas delimitaciones necesarias para no llevar los debates a la estratosfera: encuentros de territorio, juveniles, agrarios o de economías alternativas son centrales en esto, que dejen acumulados sistematizados para poder luego evaluar lo conseguido o perdido, sobretodo si queremos realizar análisis serios luego de las elecciones.

Segundo, es importante establecer una corriente de acción y pensamiento clara. Para ello, las labores de propaganda, agitación, de referencias y discursivas son aspectos fundamentales, que debemos darlas con concreción y sencillez, para resolver las necesidades reales con procesos prácticos realizables. Esto se puede fortalecer si como punto de partida colocamos las luchas que ya acompañamos como referentes para otras regiones del país, tales como la liberación de la Madre Tierra del Norte del Cauca o los ya mencionados conflictos socio-ambientales de Cajamarca o el Santander, incluso, poniendo a diálogar otras experiencias internacionales como el confederalismo democrático de Kurdistán. Una propuesta que ha surgido últimamente ha sido la del autonomismo comunitario, desde la cual se intenta plasmar ciertas prácticas que podríamos llamar “antiautoritarias” y que buscan desarrollarse dentro de los movimientos sociales para logran horizontes de transformación, con una apuesta que pretenda desarrollar las diferentes caras de la autonomía: económica (con una apuesta autogestiva de producción), cultural (acompañadas de procesos educativos populares y étnicos, por ejemplo), política (bajo la batuta del asamblearismo, la democracia directa y participativa, y principios como la rotatividad, revocabilidad y no centralidad) y pueda superar errores tradicionales de las fuerzas alternativas (con principios antipatriarcales, antiracistas y descentralización); todo esto bajo una perspectiva de abocamiento completo por la comunidad, proyectos que sin embargo solo se dan mientras halla un territorio sobre el cual asentar el proyecto, lo que nos conecta con lo planteado antes: la necesidad de la disputa y defensa del territorio.

Así, como punto de partida para el año que viene, debemos organizar las perspectivas y caminar la defensa del lugar que nuestros pies pisan, y solo con ello, plantear que necesariamente, solo la lucha dará los frutos que los de arriba nos han negado históricamente.

Steven Crux
Enero 2018

3Para un análisis más detallado, se recomienda el Documento de análisis del PCC sobre cambios en política militar

Anarquismo ¡Claro!, Pero… ¿Social y organizado?

La libertad es como la mañana: Hay quienes esperan dormidos a que llegue, pero hay quienes se desvelan y caminan en la noche para alcanzarla.”
Sub. Insurgente Marcos.

Algo hermoso que tiene el anarquismo es que es a su vez “los anarquismos”: rompe con la barrera de lo singular y nos muestra múltiples interpretaciones y variantes de principios básicos como el anti-estatismo, la libertad integral y la lucha contra toda autoridad; diferentes vertientes económicas, políticas, estratégicas y hasta de interpretación de conceptos. Para finales del siglo XIX e inicios del siglo XX el debate giraba en torno a sí el “día después” de la revolución se implantaría una línea comunista o colectivista, si los sindicatos autogestionarían las empresas o sería necesario formar órganos aparte -los llamados consejos de fabrica-, si en la revolución social las anarquistas deberían participar directamente en la mayor parte de los órganos de autogobierno o se encontrarían con más tendencias políticas, inclusive divergentes del pensar libertario. La mayor parte de estos debates los solucionó la experiencia histórica misma, y hoy de nuevo se pone sobre la mesa nuevas discusiones en torno a la estrategia del anarquismo para llegar a la revolución social.

Para nosotras, después de las derrotas que ha sufrido el anarquismo –no solo por la represión externa sino también por mostrarnos impotentes para afrontar coyunturas insurreccionales y revolucionarias en muchos casos– se hace preciso desarrollar nuevas maneras para enfrentar al Estado y al capital, que han mutado a las nuevas formulas del siglo XXI: la apertura neoliberal, el “Estado mínimo”, la aldea global y demás conceptos similares prefabricados, por ello ahora más que nunca la idea libertaria se debe reescribir a sí misma, centrando el debate en el ‘como’, lo que nos lleva a pensar diferentes estrategias y tácticas para diferentes anarquismos, es aquí donde planteamos nuestra primera premisa: los medios y objetivos para ir construyendo la anarquía se deben plantear de manera detenida y revisando minuciosamente la coyuntura, el contexto y la correlación de fuerzas, sí no es así entramos a “actuar por actuar”. Optamos por rechazar la ortodoxia libertaria para poder pensar que la utopía solo será posible bajo estructuras y organizaciones que deseen cambiar un mundo de millones de personas, de millones de complejidades, de millones de problemas; pensarse el anarquismo como algo más que un abstracto sueño lejano: como una realidad venidera. Aquí ya va uno de nuestros “apellidos” para el anarquismo que nos pensamos: Organizado.

Del mismo modo sostenemos que esa utopía será realizable en la medida que existan las condiciones para crearla, estas se potencian dentro de la lucha de clases del hoy. El papel de nosotras como anarquistas organizadas es estar en la primera línea de la contienda: implica meternos de cabeza en la guerra social, por eso debemos ser pueblo y actuar como tal, he aquí el otro apellido: Social (o popular si se le quiere decir), que a su vez nos da una claridad dentro del más amplio pensamiento anarquista, aquel que se plantea la relación individuo-sociedad como una dialéctica en la que se entienden ambas esferas, como dirá Bakunin en su tan famosa frase “No soy verdaderamente libre más que cuando todos los seres humanos que me rodean, hombres y mujeres, son igualmente libres”, por esto nos apartamos de las tesis individualistas que promulgan una lucha eterna entre el yo y la sociedad, siendo una negación de la otra; por el contrario, entendemos que la realización de la libertad es una construcción siempre colectiva. Nuestro nombre completo: Anarquismo Social y Organizado.

Quizás alguien dirá “¿Eso no es sectarismo?, ¿Jugar a etiquetas?”, y respondemos que, para nosotras, después de hacer el recuento sobre los errores cometidos en tiempos pasados (que no caben en este texto) preguntamos ¿Acaso no hay que actualizar el anarquismo para hacerlo viable en el aquí y ahora, no solo para nosotras sino para nuestras comunidades y territorios?, y ello amerita –como ya se ha dicho– organización, estructura y meterse de lleno en la lucha de clases, por tanto, se debe recuperar ese ‘vector social’ que se ha descuidado, que también implica rechazar otras tácticas y estrategias, no negándolas como propuestas legitimas y anarquistas, sin embargo, optando por una vía propia: la inserción social.

Es así como las diferentes expresiones organizadas y socialistas libertarias deben recoger en su seno solo a aquellas militantes preocupadas por levantar un proyecto político en miras hacia un horizonte revolucionario, quienes más allá de pensarse el anarquismo como una mera filosofía de vida desean verlo, en camino a realizarse, como una alternativa para cambiar el mundo que se gesta desde nuestro actuar cotidiano y en la forma como nos realizamos con las demás. Del mismo modo creemos que lo primordial para las libertarias debe ser la inserción social, el trabajo de base y la propaganda en todos los niveles, siendo los combustibles que deben acelerar el motor de la lucha de clases, por ello rechazamos el limitado papel del “placer armado”[1] –que nos termina aislando del movimiento popular– o encerrándonos en el importante pero no suficiente trabajo de la difusión y la agitación-, del mismo modo nos oponemos a prácticas anti-organizativas que solo buscan paralizar, limitar o crear división, pues la única manera en que el nuevo mundo avanza es cuando sus militantes están comprometidas y la disposición al consenso logra que los proyectos colectivos se efectúen lo mejor posible, en cambio los prejuicios de un individualismo liberal simplemente se reducen a una crítica que pocas veces busca cambiar, en lo concreto, la realidad material de las oprimidas.

Creemos que el anarquismo de matriz popular debe mostrarse como una vertiente libertaria que se diferencia de las demás por sus métodos, pero de ninguna manera debe considerarse una escuela misma, porque más que una etiqueta es una estrategia que caracteriza diferentes praxis, revisemos: Como bien se ha dicho, el anarquismo social y organizado se caracteriza a grandes rasgos por meterse en la lucha de clases de una manera estratégica, pero esto no es nada nuevo para la historia de nuestro movimiento, desde los postulados de Bakunin, Malatesta y Kropotkin en el siglo XIX se ha reivindicado la necesidad de formar estructuras políticas anarquistas que no tienen porque ideologizar el movimiento popular, por el contrario, deben insertarse en él y darle prácticas libertarias, es este el caso de la Alianza Internacional de la Democracia Socialista fundada en 1868, organización política antiautoritaria que no pretendía reemplazar la I Internacional de Trabajadoras, quien se veía como un espacio amplio que no tenia porque definirse explícitamente con cualquier tendencia política. Con el desarrollo teórico del pensamiento anarquista se ve como la práctica misma de éste va cogiendo forma, ejemplo de ello es la Makhnovichina, experiencia revolucionaria ucraniana que va desde 1918 hasta 1922, donde un anarquismo alejado del nihilismo y el ensimismamiento fue promovido desde la Confederación Nabbat, organización que en nunca pretendió gobernar o dirigir los órganos revolucionarios –soviets libres– sino que promovía la autoorganización de las trabajadoras y campesinas a través de sus militantes más combativas. Del mismo modo nos encontramos con el fuerte movimiento anarcosindicalista en Europa Occidental – curiosamente criticado por el grupo Dielo Truda–, especialmente en España, donde un largo trabajo dentro de la guerra popular verá sus frutos en la revolución social de 1936, en la que anarquistas preocupadas por barrer el fascismo y desarrollar la transformación de la sociedad se encontraran en la FAI, desde donde se insertaran dentro de la CNT para promover la autogestión obrera, incluso haciéndolo con las más variadas tendencias políticas de izquierda al ver que la coyuntura misma desbordo la fuerza de la central anarcosindical. Para terminar este pequeño recuento podemos mencionar la Federación Anarquista Uruguaya, organización política que bebe de los postulados de Bakunin y Malatesta, además de la rica experiencia española de los 30’s; La FAU insistirá en la reformulación de las tácticas del anarquismo, especialmente tras la violenta sacudida que vivió Latinoamérica por la Revolución Cubana y los acontecimientos en República Dominicana, sucesos que llevarán a la federación a desarrollar una praxis libertaria, que reconociendo su larga historia, debe también reescribirse y desenvolverse en la América latina contemporánea, así nace el especifismo, nombre dado a la estrategia desarrollada por las anarquistas uruguayas que planteaba la necesidad de un grupo propiamente revolucionario cuyo objetivo principal es insertarse en el movimiento popular a través de tendencias amplias, promoviendo una praxis antiautoritarias.

Como hemos visto, el anarquismo social y organizado no es un invento de algún grupo o desarrollo teórico plasmado en un único texto, sino un acumulado de experiencias que son dinámicas de acuerdo al momento y lugar donde se vaya gestando la idea libertaria, estos movimientos “autóctonos” nos demuestran que existen muchos caminos para forjar organización, por ello debemos desarrollar en el aquí y ahora un anarquismo “criollo” que nos permita ir avanzando a contracorriente hacia la nueva sociedad.

Steven Crux

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[1] Concepto que introduce Alfredo Bonnano sobre el insurreccionalismo, el papel de la violencia como fin y medio, y la organización informal anarquista.

Enlaces del mes: Agosto 2017

El mes vacacional por excelencia no está exento de conflictos. Mientras los temas principales a pie de calle y en las redes son las vacaciones, Juego de Tronos y memes, al otro lado del muro hubo conflictos laborales, atentados, la ofensiva de Raqqa, turismofobia y una historia de supervivencia. Os dejamos pues una recopilación con lo que más nos ha conmovido y llamado la atención.

Abrimos mes con la desaparición de Santiago Maldonado, un activista que se solidarizó con los mapuche en territorio argentino y desapareció aquel día 1 de agosto tras un operativo represivo sobre la comunidad de Cushamen, en la provincia de Chubut. A un mes de su desaparición forzada, por todo el mundo nos preguntamos ¿DÓNDE ESTÁ SANTIAGO? Exigiendo su aparición con vida.

Nos llega también un texto que, a pesar de haber sido escrito unos 2 años atrás y haberse publicado en estas fechas, plantea cuestiones extensas y claves sobre las estrategias -o falta de ellas- en el movimiento libertario. En concreto, se trata de una crítica que desmiente las idealizaciones, la mitología y las leyendas en el movimiento libertario inyectando unas buenas dosis de una realidad llena de contradicciones e imperfecta.

Sobre la estimatización social a la que se somenta a las personas neurofuncionales o con patologías mentales poco se ha hablado, y creemos erróneamente que este problema sea individual, o los tratamientos existentes son eficaces y accesibles, o que unas simples palabras de ánimo ayudarían adecuadamente.

La historia de supervivencia mencionada al principio es la de una madre a la cual le quieren quitar los hijos por la demanda de su maltratador. Se trata de Juana Rivas, una madre luchadora junto con sus hijos que permaneceron siempre a su lado. Un maltratador jamás será buen padre.

A raíz de un ataque que no pasó a mayores contra un bus turístico en Barcelona, y del rechazo hacia el turismo masivo durante este verano, se puso de moda la palabra turismofobia. No obstante, la cara oculta del turismo es precariedad laboral, degradación y gentrificación de los barrios y expulsión de vecinas. La repercusión del turismo masivo sobre una ciudad la podemos encontrar en Venecia, donde casi ya no hay población local y se ha convertido en un parque temático y parada de megacruceros.

Para ir abriendo boca con temas sindicales, CNT ha realizado una escuela de verano para sus afiliados y afiliadas en Traspinedo, Valladolid. Un momento para aprovechar verse las caras y consolidar la línea sindical. También podemos conocer aquí la historia del sindicalismo revolucionario, remontándonos a tiempos de auge del movimiento obrero junto con el marxismo y el anarquismo.

Sobre conflictos laborales, encontramos una entevista a un afiliado de la seccion sindical de CNT en el metro BCN tras finalizar las jornadas de paro meses anteriores. Aquí nos explica Álvaro los motivos que les llevaron a iniciar un conflicto laboral con TMB: externalizaciones, temporalidad, falta de contratación…

Sin duda, una de las huelgas más sonadas es la que se convocó en el aeropuerto del Prat por trabajadores y trabajadoras de EULEN, una empresa que consiguió el concurso para prestar el servicio de control del aeropuerto. Dicha huelga se inició el 14 de agosto. Durante el curso de la huelga, tanto el Gobierno central como la Generalitat se pusieron de acuerdo en poner a la Guardia Civil a sustituir las funciones de los trabajadores. Como anécdota, un ejemplo de dignidad fue la suspensión de la huelga a causa del atentado en las Ramblas el día 17. Finalmente el conflicto termina a favor de la plantilla con un complemento de 200€ que debe abonar EULEN junto con los salarios mensuales. Una victoria más de la clase trabajadora que celebramos.

La repercusión mediática de la huelga demuestra una vez más que cuando se alteran los flujos de capital, y a la que el gobierno no duda en responder con la militarización de la huelga. Además, esta huelga se ha dado en un contexto de supuesta recuperación económica tras una serie de privatizaciones que no llega a verse reflejado en la contratación, derechos laborales y salarios. Así lo expresaba José Luis Carretero en su artículo: Aquí, precisamente, encontramos una de las claves del presente: la que vincula las privatizaciones con el ataque contra los salarios y las condiciones de vida de la clase trabajadora, la que expresa la potencia de desestructuración social que tiene un capitalismo trasnacional y desregulado, animado por un hambre voraz de superbeneficios.

Tenemos también el testimonio de un vigilante sobre cómo ha vivido el conflicto laboral, donde el boicot lo realizaba la Guardia Civil y la presión empresarial comprometía la seguridad de los ciudadanos.

Otras huelgas no tan sonadas, en una encontramos la convocada por CGT y USO que afectó al servicio de a bordo de Renfe, sin repercutir en el funcionamiento habitual de los horarios y los trenes. Y otra, en Canarias, donde hubo un amplio seguimiento de la convocatoria de una huelga indefinida entre la plantilla de la entidad pública Centro de Arte, Cultura y Turismo.

Agosto también ha sido agitado. En Charlottesville los neonazis y supremacistas blancos convocaron marchas en dicha ciudad, a la cual respondieron multitud de colectivos y organizaciones antifascistas. Allí se produjo un atentado neonazi contra un grupo de manifestantes atropellando a una veintena de personas, dejando una asesinada: Heather Hayer. No nos quedaremos pasivas ante este crimen de odio.

Unos días más tarde, se produjo otro atentado yihadista en la Rambla de Barcelona y un intento en Cambrils. Entre el miedo y el caos, la gente solidaria y los movimientos sociales de Barcelona respondieron y rechazaron los mensajes oportunistas de odio vertidas por la derecha, así como se señaló a los culpables de financiar al Daesh.  Ante los mensajes de odio hacia la comunidad musulmana, ésta respondió con el apoyo de la población barcelonesa, y aquel sábado 26, miles de personas salieron a las calles en rechazo a la hipocresía de las autoridades. Como anécdota, la amenaza del Daesh nos deja sin embargo una buena tirada de memes.

Tampoco hemos de olvidar los muchos atentados yihadistas ocurridos en otras partes del mundo que no reciben tanta atención mediática como los cometidos en suelo europeo. Estos atentados son mucho más sangrientos y dejan más muertes que se cuentan como cifras, no como persona.

Por último, la ultima superviviente de la matanza de casas viejas nos dejaba. Descanse en paz, Catalina.

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